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La nueva dictadura europea

Por un lado, la imposibilidad de volver a aplicar quitas soberanas como las aprobadas recientemente en el caso de Grecia. En este sentido, los líderes europeos han enfatizado que la suspensión de pagos aplicada a Atenas es "excepcional" y "única" –es decir, no volverá a pasar–, en un intento a la desesperada por tratar de tranquilizar a los inversores. Sin embargo, un anuncio de estas características, aparte de resultar poco creíble para el mercado, implica que Bruselas mantiene la firme convicción de extender su estrategia de rescates soberanos y bancarios cueste lo que cueste, con el consiguiente perjuicio para el contribuyente europeo, al tiempo que supone la rendición de Alemania a la hora de tratar de imponer su plan inicial de quiebra ordenada de países y bancos.

Asimismo, otro de los puntos destacados de la Cumbre radica en adelantar la puesta en marcha del Fondo de rescate europeo permanente (ESM por sus siglas en inglés) a 2012 cuando, inicialmente, se concebía para 2013. Y es, precisamente, esta decisión la que cobra especial relevancia dentro del citado plan de rescates indiscriminados. No en vano, ¿conocen realmente los europeos qué implica este mecanismo? Para empezar, el citado Fondo cuenta con un Tratado propio, aprobado el pasado julio, cuyas claves son las siguientes:

Artículo 8: capital social autorizado de 700.000 millones de euros.

Artículo 9: los miembros del ESM, de forma irrevocable e incondicional, se comprometen a abonar el capital que les corresponda en siete días.

Artículo 10: la junta de gobernadores del ESM tendrá autoridad para modificar el capital autorizado inicialmente y, por tanto, cambiar el artículo 8.

Artículo 27: el ESM goza de inmunidad judicial y, además, las leyes de ningún otro gobierno o parlamento se pueden aplicar sobre la organización y funcionamiento del propio Fondo, gozando así de un estatus jurídico específico y extraordinario.

Artículo 30: los gobernadores, consejeros, directores y personal del ESM serán inmunes a todo procedimiento judicial.

Así pues, el citado documento supone una profunda reforma encubierta de la zona euro y de la UE, ya que su funcionamiento podrá influir de forma sustancial en los presupuestos nacionales de los países miembros, con la consiguiente cesión implícita de soberanía. Y ello, a través de un particular cuerpo de burócratas no electo que, como gestores del ESM, gozarán de inmunidad judicial, sin necesidad de rendir cuentas ni ante los tribunales ni ante los electores.

El vídeo explicativo sobre las claves del citado Fondo, disponible también en español, ha alcanzado una gran difusión en países como Alemania y Holanda en las últimas semanas. No es de extrañar que entre los contribuyentes del norte de Europa arraigue con fuerza un creciente sentimiento antieuropeísta a la vista de cómo actúa el Gobierno de la UE: rescates indiscriminados, inmunidad judicial, cesión de soberanía presupuestaria… ¿Es ésta la nueva Europa que pretende imponer Bruselas? ¿Un ente difuso y opaco con plena capacidad para decidir el rescate de países o bancos sin necesidad de consultar previamente a los contribuyentes y sin ningún tipo de supervisión ni control?… ¿Será éste el germen de la nueva dictadura europea? Habrá que esperar a su configuración definitiva, pero sus actuales términos arrojan muchas más sombras que luces.

UFM: excelencia, coraje y libertad

Los setenta fueron una década nefasta para la causa de la libertad. La derrota incondicional en Vietnam, los escombros del mayo parisino, el triunfo de la revolución cubana, la proliferación de guerrillas en la América hispana y de bandas terroristas en Europa, el afianzamiento y expansión del sistema soviético, que esclavizaba a cerca de la mitad de la población mundial, llevaron a que las sociedades abiertas fuesen abjurando de sus convicciones. El socialismo era algo inevitable. Más tarde o más temprano la humanidad toda terminaría rindiéndose a sus encantos. No era una casualidad. Las universidades europeas, marxistizadas hasta el tuétano, llevaban medio siglo disparando a discreción contra el edificio judeo-cristiano y liberal que guardaba las esencias de Occidente. Un edificio ya corroído por la carcoma y abandonado por la desidia de quienes decían custodiarlo.

En ese momento, cuando todo parecía perdido, sucedió lo impensable en el más insospechado lugar del globo. En 1971, un grupo de siete soñadores capitaneado por el ingeniero guatemalteco Manuel Ayau Cordón, se armaron de coraje y fundaron una universidad en su pequeña y aperreada patria. Pretendían crear un centro de centro académico muy especial, un oasis donde, aparte de formarse convenientemente, los estudiantes lo hiciesen con criterio. Con un espíritu emprendedor fuera de lo común, este español de ultramar y sus socios levantaron en mitad de un bosque tropical un templo del saber consagrado a la excelencia educativa y la difusión, en sus propias palabras, “de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables”.

Propósito ambicioso que iba preñado de un proyecto inédito, no ya en los países de habla hispana, sino en el mundo entero. Para que quedase clara su voluntad de romper con lo que existía, bautizaron a la nueva universidad con el nombre de Francisco Marroquín, un religioso montañés que llegó hasta Guatemala en el siglo XVI junto a los hombres de Alvarado. Marroquín fue el primer obispo de Guatemala y el primero de lo que entonces se conocía como “Tierra Firme”, es decir, el continente americano en todo su esplendor.

Con esa carta de presentación –el nombre de un obispo políticamente incorrecto y la libertad individual por bandera– echó a andar la Universidad Francisco Marroquín hace ya cuarenta años. En todo este tiempo, que es mucho a escala humana pero poco si lo comparamos, por ejemplo, con la intelectualmente anodina Universidad de Salamanca (fundada en 1218 por Alfonso X), la Marroquín se ha convertido en un referente mundial. Que era eso, y no otra cosa, lo que sus padres fundadores pretendían el día que anunciaron su intención de abrir una universidad en medio de un páramo a medio conquistar por la guerrilla castrista.

Algo ha tenido que ver en ello la figura del propio Ayau, fallecido recientemente. Un hombre de una pieza, de hormigón armado, inasequible al desaliento, un idealista de los pies a la cabeza, pero de ese tipo de idealistas que le hacen bien a la humanidad y no de la variedad jacobina tan del gusto de la izquierda mundial. Estaba convencido de que el mundo lo gobiernan las ideas y que, ante la “avalancha socializante abrumadora” como la que padecemos aún hoy, el progreso pacífico y la libertad de las personas sucumbiría irremediablemente. Su visión era la de evitar que las “víctimas bien intencionadas” de esa avalancha se deslizasen por el lado oscuro que no conduce más que a la servidumbre, la miseria y el colapso necesario de la civilización. Por eso una universidad y no un periódico o un canal de televisión.

El tiempo, que es juez inapelable, ha terminado dándole la razón y, sobre todo, premiando un tesón a prueba de huracanes. Hoy la Francisco Marroquín es un modelo en el que se miran otras muchas universidades de los dos hemisferios. Cuenta con diez facultades: Arquitectura, Ciencias Económicas, Ciencias Sociales, Derecho, Educación, Estudios Políticos, Medicina, Nutrición, Odontología y Psicología, a las que hay que sumarle una prestigiosa Escuela de Negocios, un Seminario de Filosofía y una Escuela de Verano dirigida a estudiantes de habla inglesa. Pero lo que la hace única no son los estudios que se imparten, sino el modo en que se esto se hace y la asignaturas transversales que todas las carreras incorporan.

En la Marroquín todos los alumnos, sin importar la carrera que hayan cursado, se llevan un buen bagaje de buenas ideas. Aprenden, por ejemplo, por qué hay sociedades que prosperan y otras se empobrecen moral y económicamente. A esta formación extraordinaria la denominan “pensum” y consiste en varios cursos en los que se estudia Economía, Filosofía e Historia… todo con mayúsculas, naturalmente. De este modo, cuando un alumno se licencia y abandona la facultad, dispone de un abanico de conocimientos muy amplio que no se limita a la materia propia de su carrera y que le ayuda, además de a desenvolverse en su profesión, a entender el mundo que le rodea.

Uno de los principios rectores de la Marroquín es que allí no se enseña, allí se aprende. El aprendizaje es un proceso de descubrimiento individual y voluntario, en definitiva, es imposible enseñar a la fuerza. Eso ha de interiorizarlo el alumno y actuar en consecuencia si es que quiere seguir aprendiendo. La enseñanza tradicional abunda en exactamente lo contrario. El profesor dicta y los alumnos escuchan… o no, lo que deviene fácilmente en adoctrinamiento, y éste en prejuicios, los mismos que abarrotan las cabezas de los jóvenes egresados de las universidades de todo el mundo. Y cuando decimos prejuicios todos sabemos bien de qué tipo de prejuicios estamos hablando. 

Pero no sólo se exige al estudiante. El profesor de la Marroquín tiene que ganarse su puesto constantemente. La universidad no contrata indefinidamente a los docentes, a los directores de departamento se les exige cuadrar el presupuesto y todo el que llega al claustro lo hace por méritos contrastados en sus respectivos campos, no por enchufes, cabildeos u oposiciones. No existe nada parecido al profesor-funcionario que lastima a las universidades estatales malbaratando sus objetivos fundacionales. Los profesores tienen, asimismo, que atenerse al espíritu y la metodología de la universidad donde imparten clase. El primero se condensa en sus principios inaugurales, la segunda sigue un camino relativamente novedoso, pero que está arrojando resultados excepcionales.

En la Marroquín impera lo que denominan el “método socrático”. Las clases son una conversación entre el profesor y los alumnos. Esto consigue dos efectos muy beneficiosos: por un lado incentiva el trabajo, por otro, desincentiva la vaguería. Así de simple. El estudiante tiene que llegar leído al aula, y el profesor no las tiene todas consigo porque el alumno no vegeta adocenado y en silencio al fondo del aula, sino que dispone de voz. Se genera de este modo un círculo virtuoso cuyo único fin es el aprendizaje. Como con casi todo en esta sorprendente universidad, detrás de este método hay un hombre, su actual rector, Giancarlo Ibárgüen Segovia, que hace ya casi diez años decidió que había que progresar regresando “a la forma milenaria de educarse”, que no es otra que el diálogo socrático. La innovación de Ibárgüen, digno heredero de Ayau, es recuperar una “tecnología” de interacción humana de hace dos mil quinientos años, que sigue funcionando a las mil maravillas.

El diálogo socrático hunde sus raíces en la Grecia antigua, el nombre de la universidad en la América colonial y los principios que la rigen en la mejor tradición liberal europea. Un cóctel semejante no podía dar más que buenos resultados. La Marroquín es una universidad privada sí, que es lo que debe de ser cualquier institución que aspire a la independencia política y a la excelencia académica. Estudiar allí no es barato, pero cualquiera con talento y dispuesto a esforzarse puede hacerlo. La universidad, es decir, los estudiantes que sí pueden pagar, corren con los gastos del que no dispone de medios económicos gracias a un ambicioso programa de becas. Es, en suma, una verdadera universidad pública, que no estatal, en la que los ricos pagan la enseñanza a los pobres, y no como sucede en Europa, donde los pobres pagan, vía impuestos, la universidad a los hijos de la clase media. Justicia genuina que nos llega de Guatemala, de nuestra Guatemala, quien lo iba a decir. 

Los bancos centrales alimentan la crisis con caos

No hay peor información que la de los medios de comunicación masivos. Acciones así ya las han estado realizando las autoridades monetarias sin resultado alguno para los "hogares y empresas". Los bancos comerciales simplemente se dedican a devolver los fondos al Banco Central en forma de depósitos sin que lleguen al mercado doméstico.

La acción del miércoles ni siquiera tuvo nada de coordinada. Fue una iniciativa de la Reserva Federal (FED). El órgano de Bernanke ha puesto el turbo a su imprenta, y el resto de bancos centrales se dedicarán a colocar estos billetes virtuales en los bancos europeos ahogados por la deuda soberana de Europa.

¿Y por qué ahora?

Porque era ahora o nunca. La renta variable estaba alcanzando un deterioro total. Los bonos soberanos de algunos países europeos estaban en fase terminal, lo que arrastraba también a las bolsas de Estados Unidos. A un nivel más global, el diferencial del Euribor-OIS (diferencia entre la financiación a corto entre bancos fuera del canal oficial) se había disparado desde niveles de marzo de 2009. Este indicador nos informa un poco de las tensiones de liquidez, o "necesidad" de dinero de la banca. En otras palabras, se estaba gestando una debacle bíblica en los mercados a muy corto plazo. Y éstos lo estaban anunciando a gritos. La acción política solo ha empeorado el ambiente.

¿Qué fuerzas del mercado se han desatado?

Liquidez en el mercado es sinónimo de beneficios. Lo que ha hecho la FED, y de forma pasiva el resto de bancos centrales, es dirigir la economía financiera. Ha actuado de dictador de la producción. Todo el dinero "ocioso" ha visto una oportunidad de "multiplicarse" con lo que ha entrado apresuradamente en renta variable, en las divisas y materias primas. A la vez se ha retirado de la renta fija, lo que ha hundido los diferenciales soberanos de los PIIGS. Alemania ya está dando rendimientos negativos en la deuda a seis y doce meses (Suiza también está dando rentabilidades negativas en sus bonos a dos años desde hace un mes).

…Y, aparte de esto, ¿la cosa mejorará?

Esta medida, por sí misma, solo sirve para alimentar a los especuladores y aliviar temporalmente a los bancos comerciales. La FED hizo una medida similar en setiembre de 2008, y solo empeoró la situación. Puede verlo aquí: La acción de Bancos Centrales coordinados ya no funcionó en su momento. La última acción coordinada, en setiembre de este año, tampoco ha servido de nada.

El inmovilismo de la UE solo sorprende en el mismo grado al silencio de Rajoy tras ganar las elecciones. Fíjense que no han hecho nada. Los PIIGS tienen un problemón con el pago de la deuda. El famoso fondo europeo de rescate (FEEF) no cubre. Aunque cubriese, da igual. No puede rescatar a Italia y España. Estos dos países son insalvables por magnitud. Tampoco está claro que el FMI quiera rescatarlos. Aunque los mercados lo olían desde hace un año, este martes China ha confirmado que puede estar en el abismo económico y financiero rebajando el coeficiente de caja en medio punto. Los datos de China asustan. Se habla de grandes bancos que han forzado la intervención de la FED porque están sin un céntimo en sus arcas. Y otro dato que pulula, de momento sin demasiada importancia. El estúpido enfrentamiento entre Irán e Israel. De producirse un conflicto serio, el precio del petróleo puede dispararse, lo que no va a ayudar a nadie.

En el futuro inmediato, todo depende de lo que hagan las élites. La intromisión de los bancos centrales es cosmética, no arregla nada por sí mismo. Están comprando tiempo. Muchos frentes abiertos con malas perspectivas y los políticos, como siempre, incapaces de hacer nada bien.

Expresado de otra forma

El ciudadano, los especuladores, deudores, rentistas, asalariados, gobiernos… están en la UCI. El médico (banqueros centrales) no sabe cómo curarnos porque ni siquiera está en su mano hacerlo, así que nos da un placebo (QE, más imprenta, más rescates, más acciones ‘coordinadas’ de los bancos centrales…) y pese a que estamos con una fiebre alta, pone el termómetro en la nevera un par de minutos para afirmar que estamos muy bien de temperatura. La alegría del enfermo le durará solo hasta el próximo achaque. Déjeme terminar con la mejor explicación de dinero que he leído jamás, de la mano de Toni Mascaró:

El dinero sólo tiene valor cuando la riqueza ya existe. Su razón es precisamente la de representar riqueza que ya ha sido producida o se está produciendo pero que todavía no se ha consumido, es decir, bienes y servicios que podemos intercambiar por otros.

Políticos, banqueros centrales y jurasico-progres economistas que ganan millones al año como Krugman entienden el proceso al revés. Y es que más dinero, no es más riqueza, es más inflación, es más crédito y es más deuda. Si tenemos una crisis de deuda y dinero barato, la solución será erradicarla, no fomentarla.

El Gobierno se la juega a un torpe PP

El futuro Gobierno de Rajoy se quitaba de en medio la "patata caliente" de tener que ser el encargado de sacar adelante tan impopular norma. O eso creían. Al final la realidad resultó muy diferente y a ZP y los suyos la jugada les salió redonda.

Además de por una incapacidad evidente para gobernar de forma correcta, el Ejecutivo de Zapatero se ha caracterizado durante estas dos legislaturas por su habilidad para tomar el pelo al que ha sido estos años el principal partido de la oposición. Y está dando muestra de ello hasta el último momento. Antes del Consejo de Ministros, Soraya Sáenz de Santamaría reconocía que el PP había apoyado que el Gobierno en funciones aprobara el reglamento en cuestión. Como era previsible, en las redes sociales muchos aprovecharon para pasar el foco de la indignación del PSOE al partido de Rajoy. El ardid socialista había sido un éxito.

El PP había caído una vez más en una trampa hábilmente tendida por el PSOE para dejarle en mal lugar. Y buena parte de la responsabilidad de ello recae en la propia víctima, no sólo en el tramposo. En la calle Génova deberían haber tenido en cuenta que este tipo de jugadas caracterizadas por la total falta de sinceridad y lealtad institucional forman parte de la manera de actuar del socialismo español. Ha sido así a lo largo de estas dos últimas legislaturas, y no tenía por qué cambiar durante los últimos días de un moribundo Gobierno en funciones.

Rajoy y los suyos deberían haber tenido en cuenta algo que resulta evidente y que ya comentamos en este espacio digital una semana antes de que el PP cayera en la trampa. A un PSOE que está pasando su peor momento en décadas no le conviene aprobar el reglamento de la Ley Sinde cuando ya gobierna en funciones. Le resulta mucho más práctico dejar este asunto en manos del próximo Ejecutivo. Como el Partido Popular apoyó la norma en el Congreso, va a tener difícil hacer frente (si es que tiene voluntad de ello) a las presiones de los sectores interesados en que el reglamento vea la luz.

Lo realmente difícil y decisivo comienza ahora

Esa fundamental tarea corresponde a los empresarios, a los ahorradores y a los trabajadores tanto nacionales como extranjeros; son ellos quienes han de sanear su situación patrimonial, rehacer sus planes de negocio y, en definitiva, volver a generar riqueza. Así, la misión de Rajoy a partir de hoy no consiste en ser un "buen gestor", sino en dejar de meterles el dedo en el ojo o en la llaga a quienes sí les corresponde y sí son capaces de serlo dentro de sus propias economías: empresarios, ahorradores y trabajadores.

En una economía libre, semejante prescripción equivaldría a que Rajoy se encerrara en La Moncloa e incordiara lo menos posible al personal; en una economía ultraintervenida como la española, significa justo todo lo contrario: los populares, si es que de verdad aspiran a que podamos superar la crisis, tendrán que desfacer todo el entuerto gestado no sólo por el zapaterismo, sino por el dirigismo socialista que ha gobernado este país durante décadas. Y para ello tendrán que pisar muchos callos: los de unos sindicatos ultraprivilegiados, los de los grupos de presión apesebrados y, sobre todo, los de una sociedad española acostumbrada a vivir amamantada por el Estado.

Bien está, pues, que el PP haya ganado las elecciones con una holgada mayoría absoluta. La necesitará. Mas por sí misma la mayoría absoluta no soluciona ninguno de nuestros problemas. Lo que requerimos con urgencia son reformas, no nuevos gestores políticos que no deberían gestionar nada. El momento de la verdad empieza ahora, tanto para una derecha que deberá demostrar si está dispuesta a llegar hasta el final en la senda reformista o, en cambio, opta por dejarnos a casi todos tirados por el camino, como también para una izquierda que tendrá que recomponerse y decidir si aspira jugar la carta del populismo socialista e indignado.

Cambio de Gobierno sin reformas –y sin reformas drásticas– no servirá de nada: ahí está el caso de Passos Coelho en Portugal, cuya prima de riesgo sigue estancada por encima de los 1.000 puntos básicos desde que en junio llegó al poder aun cuando está haciendo caso a las directrices de la Unión Europea. Cambio de Gobierno con reformas sí podría servir: ahí está el caso de Irlanda, que desde julio ha reducido los tipos de interés que paga por su deuda desde el 15% al 8% gracias a que está adaptando su mercado mucho más rápido de lo encomendado por Bruselas.

¿Y qué reformas son ésas? Fundamentalmente la fórmula que ya se ha acredito con éxito en aquellos países que han tenido la gallardía de aplicarla: austeridad pública y liberalización privada. Lo primero significa una reducción muy intensa del gasto público sin castigar vía impuestos a un sector privado que ya se encuentra suficientemente asfixiado por sus deudas: todas las administraciones deberían reducir su gasto a los niveles previos a la burbuja inmobiliaria (y al zapaterismo), lo que, corrigiendo por inflación, implicaría aproximadamente un recorte de casi 100.000 millones de euros. Sólo así despejaremos las dudas sobre la solvencia de nuestro Estado y sólo así el conjunto de nuestra economía dejará de depender de la financiación que ya no nos podemos permitir. Este importantísimo ajuste habría que ponerlo en práctica como tarde para 2013, esto es, mucho antes de lo que nos exige Bruselas, pues quien nos presta el dinero no es Durao Barroso, Merkel o Sarkozy, sino unos ahorradores nacionales y extranjeros que no se fían de nosotros. Sí, es posible que con ello entremos en recesión: pero no olvidemos que de lo que se trata es de volver a generar riqueza de manera sostenible, no de mantener una economía descompuesta en respiración asistida por la vía del extraordinario e insostenible endeudamiento que nuestras Administraciones Públicas cada vez tienen más complicado captar. Ahora mismo, criticar que reduciendo el gasto público la economía volverá en la recesión equivale a haber criticado en 2005 que reduciendo la inversión en nuevas viviendas la economía española habría crecido menos y no habría creado tanto empleo.

Lo segundo, la liberalización privada, pasa por eliminar de raíz la negociación colectiva para poder negociar con libertad las condiciones laborales, por suprimir la maraña absurda de regulaciones en el mercado eléctrico (acabar con las nuevas primas a las renovables, recortar las ya comprometidas y mantener en funcionamiento la energía nuclear) y por derruir todos los obstáculos a la creación, disolución y gestión de nuestras empresas. Es decir, Rajoy tendrá que plantarles cara al lobby sindical, al lobby ecologista y al lobby de aquellas grandes empresas que viven de la teta pública y de la restricción legal de la competencia. Los pactos, el diálogo y el temple pueden estar muy bien si no se cede un ápice en las reformas necesarias, pero en este caso, cuando se trata de poner fin al modo de vida parasitario que muchos de estos organismos han mantenido durante décadas, es de prever que poco entendimiento cabrá con ellos. Y si lo hay, probablemente habrá un gato muerto encerrado.

Pero no sólo necesitamos austeridad y liberalización. A estas alturas de la película, con el crédito del país por los suelos, es imprescindible poner las medidas sobre la mesa lo antes posible, tanto por cuestiones de índole política –la resaca de su aplastante victoria y las esperanzas de cambio no durarán demasiado tiempo– como económica –no tenemos tiempo que perder–. Ahora que ya tiene asegurada la mayoría absoluta, Rajoy debería salir esta misma semana a la palestra y anunciar cuál será su plan de Gobierno; es decir, si es que lo tiene –y, si no, ya podemos ir haciendo todos las maletas, que el capital hará lo propio–, ha llegado la hora de que revele su famosa agenda oculta.

En cualquier caso, tengamos todos bien claro que de un modo u otro –con o sin reformas– los próximos años serán muy duros: España tiene ante sí un largo período de reducción de nuestras deudas privadas, lo que significa un cierto estancamiento semidepresivo de nuestra economía hasta que familias, empresas y bancos hayan terminado de sanear sus balances y rehacer sus planes de negocio. La diferencia es que con reformas el sufrimiento no será en balde e irá seguido de una mejora de nuestra economía, y sin reformas sufriremos tanto o más y nos hundiremos en el abismo. Hoy se ha acreditado que Rajoy tiene la capacidad de hacerlas –no sólo en el Gobierno central, sino en la mayoría de ejecutivos autonómicos– y eso, en sí mismo, es una buena e incluso esperanzadora noticia. Sin embargo, nos falta por conocer si de verdad posee la voluntad de implementarlas incluso ante una calle que sindicatos, ecologistas, indignados, comunistas y no sabemos si también socialistas se encargarán de incendiar. Ésa es la incógnita que debería despejar lo antes posible para que todos, también "los mercados", sepamos a qué atenernos.

¿Qué quiere salvar Europa?

Y no es porque tengan que tomar medidas impopulares. Todos los países de Europa, intervenidos o no, están haciendo cambios muy poco populares. La crisis está evidenciando lo que siempre ha ocurrido pero nadie antes quería ver: a los gobernantes no les importa en absoluto sus súbditos. La pregunta es ¿qué quieren salvar los políticos europeos? ¿A la gente? No, quieren salvar su sistema que les otorga ilimitado Poder y dinero.

Desde la creación de la Unión Europea (UE) se nos ha dicho que este proyecto era una alianza común para hacer frente a otras potencias. En realidad nunca fue así. Ahora lo vemos claro. La UE no es más que la herramienta de Alemania para controlar más territorio (son su socio francés en doble fila). La UE es un conjunto de países al servicio de políticos franco alemanes. Desde hace unos años, la UE actúa más como el Fondo Monetario Internacional, que como una unión de países amigos. SarkoMerkel ha cambiado los gobiernos de los países rezagados ya sea mediante elecciones anticipadas o destituciones. La única excepción ha sido España. Pero no se preocupen, la intervención de nuestro país después del 20N, ya sea directamente o de forma oculta, es inevitable si es que no lo han pactado ya. Muy posiblemente, incluso, el nuevo gobierno estará formado por tecnócratas que se irán apoyando en el consenso de la oposición para acatar las órdenes de la UE (aunque el PP tenga mayoría absoluta, podría hacer un Gobierno de coalición con el PSOE y hasta CiU para agradar más al inversor internacional y casta europea).

Los nuevos dirigentes de Grecia e Italia son gente del Poder. Trabajaron en Goldman Sachs, al igual que Draghi, el nuevo presidente del Banco Central Europeo. Son gente que tienen un gran sentimiento corporativista y deestablishment, pero no democrático. De hecho, Platón definió su ideal de gobernante, la tiranía, "como el gobierno de los sabios". Es decir, el gobierno de los tecnócratas que diríamos ahora. La única diferencia de la tiranía de Platón con la actual, es que el filósofo apostaba por uno solo tecnócrata, mientras que SarkoMerkel apuesta por un tirano en cada ministerio, cartera y país.

Europa se ha vuelto claramente una oligarquía dirigida por un eje franco-alemán que tampoco tardará mucho en hacer aguas ante las nefastas políticas económicas que usan. El único fin de los burócratas de la UE no es salvar a la gente, ni siquiera resolver la crisis, sino refinanciar cada uno de los estados a costa de los esfuerzos de la economía privada, esto es, la gente. Más impuestos, más recortes, más inflación crediticia, más rescates millonarios y más leyes que burocraticen nuestras vidas. Algo así no puede tener por objetivo retomar la dignidad del ciudadano europeo.

Si la UE estuviera interesada en salvar a la gente, lo primero que harían es delegar sus funciones a la economía privada y a la ciudadanía. Esto se ve claramente con los recortes. Los europeos están muy enganchados a los favores del Gobierno. Está muy bien que el Estado lo recorte todo, pero ha de dar una salida a la gente. El capitalismo es un sistema que necesita de mucha energía (la destrucción creativa de Schumpeter). Necesita de mucha creatividad y libertad, de lo contrario, no funciona porque se convierte en puro capitalismo de estado como ya se ha visto. Si los gobiernos mantienen las regulaciones al emprendedor con leyes que solo dificultan la creación de empresas, lo único que tendremos es más desempleo. Este es el caso clamoroso de España. Ahora las empresas solo están para echar a gente. No habrá empresas que contraten más empleados hasta que la economía no esté claramente saneada, sin embargo, el Gobierno no da salidas a esta situación. Abrir una empresa es más fácil en Zimbabue y Venezuela que en España. Entre más cosas, el desempleo se cura eliminando barreras burocráticas, leyes, sacando las prohibiciones a productos y servicios y aboliendo impuestos. Puede ser algo temporal incluso. Tan elemental ha sido en la historia que hasta Lenin cambió su política comunista durante un tiempo por otra más abierta (la NEP) que alivió las tensiones de la URSS hasta el nuevo plan quinquenal de Stalin.

Las medidas de Europa no es que sean erróneas, es que no tienen por fin aliviar a su ciudadano de la crisis. Lo único que pretenden es reforzar el Estado con el dinero del europeo medio. Así, los europeos están condenados.

¿Nos sacará Rajoy del euro?

Tales señales de alegría resultarían del todo lógicas en circunstancias más o menos normales, pero no es el caso. Por desgracia, España se enfrenta al mayor desafío económico de su historia reciente: la suspensión de pagos y la posible salida del euro.

El tiempo se agota y el nuevo Gobierno salido de las urnas tendrá que enfrentarse cara a cara a la realidad y, por tanto, o bien adopta de forma firme e inmediata uno de los mayores paquetes de reformas y medidas de ajuste fiscal de la historia de este país o bien sufrirá en sus propias carnes las consecuencias derivadas del default (suspensión de pagos) soberano.

De ahí que a alguno sorprenda hasta el extremo la complacencia y el optimismo que desprende el discurso del líder popular. O Rajoy, como buen gallego, oculta su verdadera preocupación en lo más hondo de su fuero interno al tiempo que es plenamente consciente de lo que hay que hacer o, simplemente, vive en una ignorancia supina exacerbada por la orgía electoral que reina en sus filas. Y es que el mero cambio de Gobierno no solventa absolutamente nada, ya que lo importante no es quién gobierne sino cómo se gobierne.

Sin embargo, al menos dos factores hacen temer lo peor. En primer lugar, el propio programa electoral del PP, que si bien presenta indudables ventajas y mejoras respecto al del PSOE, resulta del todo insuficiente para lidiar con la actual situación económica. Así, de entre todas sus medidas, destaca sobremanera el hecho de que prometa, por encima de todo, garantizar el actual Estado del Bienestar. Según Rajoy, esta tarea es posible siempre y cuando España logre crecer y crear empleo nuevamente. Pero el PP se equivoca de plano: el enorme tamaño que presenta hoy el Estado es resultado directo de la pasada burbuja crediticia, y ésta llegó a su fin hace ahora casi cinco años. Es decir, por mucho que recorte en otras partidas, es esencial que, de una u otra forma, acometa reformas de calado en el mal llamado Estado del Bienestar.

En segundo lugar, según admiten en privado algunos altos cargos del PP, el equipo económico del partido ostenta la ilusoria idea de que la crisis que sufre España es casi exclusivamente una cuestión de confianza. Muerto -políticamente- Zapatero, acabada la rabia. Si Rajoy confía en dicho diagnóstico su chasco será monumental. La economía española registra graves problemas estructurales que impiden su crecimiento; el sector financiero aún no se ha saneado, y la tarea a realizar en este ámbito será ardua y complicada hasta el punto de que, muy posiblemente, aún haciendo las cosas bien, el Gobierno tendrá que solicitar ayuda externa para reestructurar el sistema; por si fuera poco, las cuentas públicas cerrarán este año con un déficit superior al 7% del PIB, y eso sin contar las ingentes facturas pendientes sin contabilizar que dejarán los socialistas; y todo ello, en un contexto internacional que se debate entre la recesión y el estancamiento de cara a 2012.

En definitiva, no es tiempo para alborozos ni patéticas soflamas partidistas al más puro estilo hooligan. Rajoy se juega el futuro del país durante su mandato. Cosas de la vida, ya que si bien Aznar logró introducir a España en el euro, una mala o insuficiente gestión por parte de Rajoy bien nos podría conducir de nuevo a la peseta o a un euro de segunda división, cuyos efectos no sólo serán dramáticos para el conjunto de los españoles sino para el devenir de su propio partido. Yo que usted, señor Rajoy, dejaría de botar tanto…

La jaula de oro europea

El pasado jueves, Steffen Kampeter, Secretario de Estado del Ministerio de Finanzas alemán, pronunció una conferencia con el ambicioso y sonoro título The future of Europe and the challenges ahead.

Lo más destacable del conferenciante: su habilidad para comunicar, su inglés fluido, su espontaneidad, credibilidad, saber estar… No pude evitar comparar con nuestro José Manuel Campa y el resultado era para llorar.

Sus mensajes fueron claros, tanto los expresados como los que se deducen de una lectura entre líneas. En primer lugar: el euro es menos importante que la Unión Europea. La moneda única es solamente una de los beneficios que los miembros no solamente de la Unión Europea, sino de toda la zona euro, disfrutan. El valor de la Unión Europea reside en dos cuestiones mucho más relevantes: paz y libertad. Y a continuación Kampeter desglosó las razones por las que afirmaba que la Unión Europea es la responsable de ambas cosas.

En primer lugar, a partir del siglo XX, la paz europea nunca fue tan duradera como desde la creación de la Comunidad Europea, primero y la UE después. Y aludió a las dos guerras mundiales que, como alemán, sabía de sobra lo destructivas que son y lo que han marcado las generaciones de sus padres y sus abuelos. En segundo lugar, la Unión Europea ha sido la garantía de libertad de los países miembros, y como alemán sabe que los vecinos de la Alemania comunista valoran el significado de la palabra libertad y han padecido la ausencia de ella durante muchos años. La libertad y unificación alemanas son uno de los frutos de la Unión Europea. Como ejemplos de esta libertad destacó la libertad de expresión, el libre movimiento de personas y la libertad de actividad económica en los territorios pertenecientes a la UE.

Hasta aquí, cualquiera diría que se trataba de un miembro del gobierno alemán que marca las condiciones de los préstamos y que lidera de alguna manera junto a Francia la marcha económica de la UE, le pese a quien le pese. Pero el mensaje no explícito, la conclusión que saqué de este discurso es ¿qué necesidad tenía de justificar la existencia de la Unión Europea como garante de la paz y la libertad y demostrar con tanto denuedo su vigencia? La respuesta me la dio la segunda parte de la conferencia: ¿qué hacer con el "problema griego"? Grecia no puede salir de la Unión Europea, debe tomar las medidas necesarias y cuanto antes mejor, y si Papandreou no está dispuesto a hacerlo, caerá, y el nuevo gobierno sí será capaz. Todo esto lo dijo la misma tarde que Papandreou se echó atrás respecto al referéndum y se comprometió a retirarlo si la mayoría de los parlamentarios estaban en contra. Curiosamente el domingo Papandreou anunció que renunciará en cuanto haya acuerdo sobre cuál será la coalición que gobernará el país.

La crisis que nos está vapuleando se superará con un euro protegido por todos los miembros y se hará lo que sea necesario para que así sea.

¿No plantea esta afirmación tan rotunda un problema incompatibilidad entre la tajante estrategia europea y la soberanía de las diferentes naciones? Pues sorprendentemente para Kampeter no existe tal problema, sino que se complementan, la soberanía de las naciones se ve reforzada por la pertenencia a la UE. Cada nación debe actuar con "responsabilidad nacional" y elegir la opción europea. ¿Cómo no hacerlo si es la garantía de paz y libertad de los países miembros? Y ahí estaba el razonamiento trampa. Cualquiera que elija una opción que no sea la comunitaria está eligiendo un mundo en el que no está asegurada la paz y la libertad. Y en ese caso, que cada palo aguante su vela.

En el turno de preguntas, como no podía ser de otra manera, algún incauto le preguntó qué percepción existe en Alemania y en las autoridades europeas respecto a las elecciones del 20N españolas, al comportamiento de Zapatero ante la crisis y ante el posible recambio electoral. Con su diplomacia habitual, el Secretario de Estado alemán explicó que nadie es quién para juzgar a nadie, que los españoles son los más indicados para evaluar la gestión de la crisis por el presidente y que espera que actuemos con "responsabilidad nacional" y sabiendo que lo que se decida ese día no solamente afectará a España sino que es relevante para el resto de los países, ya que la evolución de la economía europea está íntimamente ligado al comportamiento de la economía española. Y lo dijo con mirada cómplice picarona de "ustedes sabrán lo que hacen, se la juegan". Y tiene razón ¿qué partido será más capaz de tomar las medidas necesarias?¿saben cuáles son esas medidas? Porque no vale con decir que hay que sacar la tijera, hay que saber dónde se mete primero, hay que campear el temporal del saneamiento en una economía ya muy deteriorada y con un nivel de desempleo insoportable. Ninguno de los partidos (excepto los que nada se juegan) pueden prometer recortes en temas sensibles porque serían acusados por el otro. Pero ¿cuál será capaz de saltarse el programa electoral para hacer lo que hay que hacer?

En mi opinión, ya está pactado. Las reuniones que Kampeter ha tenido con líderes de los dos partidos mayoritarios me dan qué pensar. Me da la impresión de que la suerte está echada… y aún no se han celebrado las elecciones.

Draghi: ¡A por el oro de Berlín!

…o impulsar nuevas medidas de estímulo fiscal para incentivar la demanda interna, destaca por encima de todas una: hacerse con el oro de los bancos centrales, especialmente del Bundesbank alemán, para reforzar el Fondo de rescate europeo con 50.000 ó 60.000 millones de euros adicionales.

La noticia ha causado un auténtico terremoto este fin de semana en Alemania. Según la prensa germana, esta iniciativa partió directamente del presidente de EEUU, Barack Obama, el francés, Nicolás Sarkozy, y el primer ministro británico, David Cameron. En concreto, el banco central germano habría tenido que aportar unos 15.000 millones de euros de esos 50.000 ó 60.000 millones. ¿Cómo? Cediendo sus divisas extranjeras y, sobre todo, parte de su oro al FMI. El comunicado del G-20 señalaba lo siguiente: "[…] seguiremos asegurándonos de que el FMI continúa teniendo los recursos para desarrollar su papel sistémico […] estamos preparados para asegurarle que todos los recursos adicionales que necesite serán movilizados en el momento apropiado".

Entre las distintas opciones para recaudar fondos, citaba aumentar las contribuciones bilaterales de los estados miembros al FMI, la emisión de Derechos Especiales de Giro (su particular moneda) o la creación de una estructura especial, una especie de nuevo fondo al que hacer contribuciones voluntarias. El G-20 barajó hacer uso de las divisas extranjeras y el oro de los bancos centrales nacionales para poner en marcha estas dos últimas iniciativas.

Pero la propuesta no prosperó debido, precisamente, alrechazo frontal de la canciller Merkel, que fue advertida de la estratagema por el presidente del Bundesbank, Jens Wiedmann. Tras la protesta germana, la medida, consistente en expropiar el oro alemán, fue retirada de la agenda del G-20. Sin embargo, los líderes europeos acordaron seguir estudiando esta opción en la reunión de los ministros de Finanzas del Eurogrupo que se celebra este lunes. Es decir, parece que pese al "no" germano, no cejan en su empeño.

Esta surrealista situación alcanza, sin embargo, tintes aún más dramáticos de ser cierta la siguiente información: la idea, si bien fue propuesta por Obama, Sarkozy y Cameron, partió del propio BCE. La entidad, presidida ahora por el italiano Mario Draghi, lo niega, pero los germanos así lo constatan. La controversia ha generado una enorme desconfianza entre el Bundesbank y el BCE.

Las tensiones internas existentes entre los alemanes y el resto de socios presentes en la institución monetaria vienen de lejos. Tan sólo hay que recordar el abandono de Axel Weber, ex presidente del Bundesbak, y el posterior de Jürgen Stark, ex economista jefe, como consejeros del BCE para percatarse que se lleva fraguando una dura batalla en el seno de la institución desde hace tiempo. En concreto, desde el mismo momento en que, violando sus estatutos, comenzó a comprar bonos periféricos (mayo de 2010).

La llegada de Draghi está acelerando hasta límites insospechados esta irresponsable política monetaria. No en vano, apenas lleva unos días en el cargo y ya ha disparado un 138% la adquisición de deuda de alto riesgo: la semana pasada, la primera bajo su mandato, el BCE compró 9.520 millones de euros en bonos -la mayoría italianos-, frente a los 4.000 millones de la semana precedente. Además, en su primer consejo decidió reducir el tipo de interés hasta el 1,25%, tumbando las recomendaciones germanas de ir subiendo progresivamente tipos -tarea iniciada por Trichet-. Pero todo esto se queda corto ante la última sandez del italiano: ¡Quitarle el oro a Berlín!, el último vestigio de solidez y ortodoxia monetaria, una idea genial para desarticular por completo las reticencias alemanas contra la monetización masiva de deuda y los rescates indiscriminados de países.

Este artículo paga a Ana Pastor

Sin embargo, no está alejado de la realidad. Para ser precisos, quien paga el sueldo de Ana Pastor y los millonarios pagos de la televisión pública a diversas productoras es usted, estimado lector, con la factura de su conexión a internet. Cuando el Gobierno de ZP decidió eliminar la publicidad de Televisión Española impuso a las operadoras de telecomunicaciones la obligación de financiarlas. En concreto, obligó a estas compañías a entregar el 0,9 por ciento de sus ingresos para mantener un monstruo burocrático y sobredimensionado que, con la excusa del servicio público, se dedica a adoctrinar y a ofrecer programas como Corazón, Corazón.

Desde la Comisión Europea ya se ha advertido que dicho canon a las operadoras puede ser ilegal, y hasta el propio PSOE reconoce en su programa electoral que es probable que las instituciones europeas obliguen a eliminarlo. Sin embargo, Zapatero, Rubalcaba y los suyos están empeñados en mantenerlo. Y no sólo eso. La CMT, un regulador teóricamente independiente pero en la práctica al servicio del Gobierno, ha decidido apretar todavía más las tuercas a Telefónica y le obliga a tirar otros 38 millones de euros a ese pozo sin fondo que son los presupuestos de RTVE.

El mantenimiento de esa televisión pública de la que algunos se sienten tan orgullosos supone un pesado lastre para el avance de la red en España. Los pagos que las operadoras están obligadas a hacer para financiar la ruinosa RTVE perjudican de manera grave sus cuentas de resultados. Y, que nadie se lleve a engaño, terminan perjudicando a sus usuarios. El dinero utilizado para pagar el sueldo de Pepa Bueno o la serie Cuéntame no puede ser invertido, por ejemplo, para mejorar los servicios de los proveedores de internet o, por qué no, para que les compense ofrecer mejores ofertas a sus clientes.

Nadie ha explicado con argumentos convincentes en qué lógica se basa imponer a los proveedores de internet, y por tanto a sus clientes, la obligación de mantener económicamente a Televisión Española. Lo único que queda claro es que esto perjudica tanto a dichas empresas como a sus usuarios.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.