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¿Es Rubalcaba más listo que el mercado?

…un despotismo muy poco ilustrativo que desconocía las limitaciones de su propia razón.

Nada de lo anunciado hoy por Rubalcaba es algo que no hubiesen podido decidir consumidores, productores o intermediarios de acuerdo con su conocimiento particular del mercado: los conductores que quisieran ahorrar podían conducir a 110 km./h; los que consideraran el transporte por carretera demasiado caro con respecto al ferroviario, podían optar por este último; y las petroleras y los fabricantes de automóviles que consideraran que el biodiesel era el futuro, podían ofrecer sus compuestos y sus vehículos adaptados a tal proyección.

Pero el Gobierno ha decidido dar un empujoncito intervencionista que, como de costumbre, puede tener efectos inesperados. Primero, apostar por que los muy subvencionados biocombustibles son el futuro energético de la automoción es sólo eso: una apuesta que a la larga puede salirnos muy cara. Otros opinan que la solución pasa por el gas natural o incluso por un coche eléctrico que se abastezca de centrales de carbón y nucleares. Simplemente no sabemos qué alternativa es mejor, por cuanto ni siquiera conocemos cuáles van a ser los precios de las distintas materias primas –es decir, sus escaseces e importancias relativas– dentro de un mes; no digamos, pues, dentro de un año o de una década. Si ahora nos adentramos hacia una dirección que resulta ser la incorrecta, ¿quién pagará los platos rotos cuando haya que cambiar toda la vajilla?

Además, al subvencionar los biocombustibles y obligar a los productores y distribuidores de gasoil a adquirirlo, sólo estamos cebando aun más una demanda artificial que está contribuyendo, en parte, a encarecer el ya de por sí disparado precio de los alimentos. ¿Cuál será el siguiente paso de Rubalcaba? ¿Establecer controles de precios a los alimentos que más se encarezcan?

Segundo, ¿es malo que el precio del petróleo se dispare? Sólo si su aumento se debe al recalentamiento de la economía vía actividades improductivas (como los planes E de Zapatero/Rubalcaba o los "estímulos" monetario à la Bernanke). En el resto de casos, si el petróleo sube porque los agentes económicos desean hacer un uso más intensivo del mismo, la escalada de precios servirá paras diversos fines: a) distribuirlo hacia aquellos más urgentes, b) incentivar el ahorro energético, c) promover la búsqueda de alternativas más baratas.

Con todo, estos dos últimos puntos dependen críticamente de que los agentes económicos consideren que el petróleo se mantendrá elevado durante un horizonte temporal lo suficientemente prolongado. No basta con que el petróleo esté alto un par de meses o unos años; muchos proyectos de investigación, de transición y de explotación de energías alternativas requieren, para ser rentables, que el barril se mantenga estructuralmente encarecido; lo cual es muy probable, pero semejante predicción también está sometida a errores fatales, como error fatal fue para muchos el período desde mediados de 2008 a mediados de 2010 y como error fatal podría ser tratar de saber con certeza qué pasará con el petróleo tras las revueltas en el mundo árabe.

Si el Gobierno arbitra mecanismos para rebajar artificialmente el precio del petróleo –ahorro energético vía parches absurdos como el de limitar la velocidad– sólo estaremos retrasando la investigación y la transición hacia nuevos motores y hacia nuevas centrales eléctricas. De nuevo: con los precios no se juega; son uno de los principales mecanismos de comunicación a la hora de indicar dónde deben concentrarse los recursos. Si los españoles quieren ahorrar energía, que la ahorren; si no, que paguen sus sobreprecios (y renuncien, por tanto, a otros bienes y servicios que podrían adquirir ahorrando energía), financiando así una parte del cambio de modelo energético que en algún momento necesitaremos (aunque aún ignoramos qué modelo en concreto, algo que sólo puede descubrir, vía prueba y error, el propio mercado).

Claro que el problema de fondo de todo este asunto es que el mercado energético en España, y en casi todo el mundo, no se distingue demasiado de uno soviético. Por eso tiene que salir Rubalcaba con su plan quinquenal; por eso se confía más en unos burócratas que son en gran medida responsables del desaguisado productivo en que está sumida España que en el conocimiento disperso y descentralizado de millones de personas. Marx antes que Hayek. De esos polvos vienen estos lodos.

Una sentencia contra la libertad

…incluyendo algún montaje gráfico de muy mal gusto, que los usuarios de su foro habían publicado contra Ramoncín. Ahora, tras un largo proceso judicial en diversas instancias que se ha alargado la friolera de tres años y cinco meses, el Tribunal Supremo viene a confirmar el fallo inicial con argumentos similares a los que en su día ofreció el juzgado madrileño.

Como entonces, los jueces han realizado una interpretación sumamente estricta (incluso peculiar) de la legislación para condenar al sitio denunciado y, de sentar jurisprudencia, su decisión puede ser un duro freno a la libertad de expresión en la red. De hecho, si se dictaran más sentencias de este tipo, lo que podríamos ver es a Facebook y demás redes sociales cerrando sus servicios en España y a todos los periódicos digitales quitando a sus lectores la posibilidad de comentar las noticias y artículos publicados.

El Supremo exprime al máximo el artículo 16 de la LSSI para convertir una ilicitud "patente y evidente" que los responsables de Alasbarricadas.org tenían que haber visto en un "medio efectivo de conocimiento" de lo condenable de los insultos a Ramoncín. De triunfar esta interpretación judicial, todo sitio web que permita que los usuarios se expresen en él tendrá que hacer de policía y borrar cualquier comentario del que sospeche que puede llegar a ser considerado no lícito. Si se tiene en cuenta que en las redes sociales hablamos de decenas de miles de aportaciones de los internautas cada día, dicha labor resulta inviable. Y en los medios digitales, aunque las cifras son menores, la cantidad es tan alta que deberían tener a varias personas monitorizando de forma constante las respuestas de los lectores, lo que resulta prácticamente imposible. Dicho de otro modo, internet perdería la frescura y la constante interactuación que le caracteriza en la actualidad.

Pero hay otro punto que sorprende de la sentencia. El fallo considera que una dirección de correo electrónico no es una forma de contacto eficiente. Así que, a partir de ahora, cualquiera que tenga un blog u otro tipo de web no comercial –estas ya están obligadas a ofrecer una dirección postal física– deberá informar en el mismo sobre dónde vive para que un juzgado u otro "organismo competente" (la Sección Segunda creada por la Ley Sinde, por ejemplo) pueda enviarle sus comunicaciones allí. No parece que eso responda al sentido común.

Tras sentencias como esta, a uno le entra miedo ante los comentarios con los que los lectores puedan responder a un artículo suyo. Así que ya sabe, si tiene algo que decir, hágalo con suma educación y sin expresar nada que pueda parecer un insulto. Supongo que no quiere que este periódico y yo mismo nos veamos ante un tribunal por algo que usted ha escrito.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

Esto no pinta bien

¿Pero qué ocurre si la hormiga falla en sus cálculos y el invierno, en lugar de durar una estación, se prolonga tres años? Ya seamos hormigas o cigarras, es lo que nos está pasando en España.

Según un informe del BBVA, nuestra renta disponible (el dinero que nos queda para consumir y ahorrar) descenderá este año un 1,7%. Súmele el casi 6% del año anterior. El problema radica en que al ciudadano se le está acabando lo que ahorró en los buenos años y no tiene un flujo de entrada de dinero lo suficientemente amplio como para crear excedentes dinerarios significativos.

Otros dos factores corren en nuestra contra. La inflación empieza a subir de forma acusada. Las perspectivas no son buenas a medio plazo. El Euribor se está disparando y los swaps sobre los tipos de interés a todos los plazos muestran que en un año el Euribor podría llegar incluso a doblarse. Nuestra renta disponible baja, la inflación sube y aumenta el coste de adquirir nueva financiación o de renovar la que ya tenemos.

A esta degradación generalizada de nuestra economía no han ayudado nada los gobernantes. No solo los del Gobierno central, sino tampoco las administraciones locales. Independientemente de las pueriles mentes socialistas que aún creen en el mito del buen gobernante, el Estado se comporta como cualquier otra persona u organización. Intenta sobrevivir a toda costa. Es lo natural. El peligro reside en que el Gobierno tiene el monopolio de la fuerza y aplica su violencia contra la gente cuando más le conviene sin atender a las circunstancias del ciudadano. Las mentiras y fraudes también le salen gratis. ¿Cómo pudo Montilla mentir sobre las cuentas de la Generalitat como lo ha hecho y aún estar campando por el mundo? Si hubiese sido el CEO de una empresa ya estaría en prisión con todo su equipo.

Con la licencia para el robo, el embuste y la extorsión de la que disfrutan los gobernantes, nos han subido todos los impuestos que han podido estos años. Muchas administraciones locales tienen serios problemas de dinero al igual que el Gobierno central. Teniendo esta foto y vislumbrando el adverso futuro, ¿qué cree que harán los políticos? Lo acertó: subir más impuestos y reducir privilegios sociales. Pagamos más, obtenemos menos. La principal culpa es del ciudadano por haber cedido su libertad al monopolio de la fuerza. Los políticos, más que nunca, son el principal enemigo de la sociedad civil.

Aunque nos culpemos por no haber previsto una situación como la actual y no haber ahorrado, gastado con prudencia o realizado inversiones serias a largo plazo, ¿qué derecho tiene el Gobierno a hundirnos más? En el cuento de la hormiga y la cigarra, la última pagaba su irresponsabilidad. Hoy día, el cuento cambia si personificamos a los políticos en el cuerpo de la cigarra. En momentos de expansión económica no ahorró nada y siguió saqueando nuestro dinero. El cuento se vuelve más espeluznante cuando llega el largo invierno económico. No se queda en un rincón y se muere de hambre, no. Viene a nuestra despensa, nos pone una pistola en el pecho para multarnos, nos saca más de nuestra producción, nos retira los privilegios y sigue viviendo como en la época de felicidad.

Me temo que no es la situación económica la que tenemos que arreglar, sino nuestra mortal relación con el Gobierno y sus políticos. Los burócratas están creando más pobres que nunca. La llamada clase media no se había encontrado jamás en este estado de excepción. Nuestro trabajo es luchar por nuestro nivel de vida, pero no lo conseguiremos agachando la cabeza como siempre y siendo

Alemania vota quiebra

Su partido (CDU) ha fracasado estrepitosamente en la primera gran prueba de fuego con las urnas, ya que aún restan otras seis citas regionales en 2011 de cuyo resultado dependerá la consolidación de su liderazgo o bien la ratificación de su futura derrota electoral a nivel federal.

Se trata de un hecho relevante para determinar cómo se resolverá la crisis de deuda pública que sufre la zona euro y, por tanto, la nueva configuración de la Unión Monetaria, eje del debate político que se desarrolla en Bruselas desde hace meses. Lo importante aquí es que Merkel está siendo vapuleada por los electores pese a la buena evolución económica del país germano, con un crecimiento del 3,6% en 2010 y una tasa de paro del 7,4%, la más baja desde 1992.

¿Cómo es posible? El castigo de los alemanes no viene determinado tanto por la situación interna sino, más bien, por el desarrollo de los acontecimientos a nivel europeo. El votante medio rechaza frontalmente el rescate de países miembros –Grecia e Irlanda, por el momento– tolerado por su Gobierno. Y es que el pueblo alemán está a favor de las quiebras soberanas en el seno de la Unión. Lo cual es lógico, pues es plenamente consciente de que el coste de dichos rescates recaerá finalmente sobre su bolsillo. No obstante, una cosa es pagar la reunificación germana y otra muy distinta asumir la factura de los dispendios griegos, irlandeses, portugueses o españoles.

Merkel lo sabe, de ahí precisamente su plan de quiebra ordenada de países, pero también es consciente de que su implantación levantará ampollas entre sus colegas de la zona euro, muchos de los cuales (los países díscolos) abogan insistentemente por la creación de los ansiados eurobonos, no sólo para salvar la situación actual sino para garantizar igualmente la financiación de sus despilfarros futuros.

De ahí que, poco a poco y paso a paso, vaya cobrando fuerza la idea de combinar el denominado "Gobierno económico europeo" con el establecimiento del "mecanismo de estabilidad financiero permanente", cuyas líneas generales serán discutidas en una cumbre europea clave prevista para el próximo marzo. La aprobación de estos dos planes paralelos supondrá el mayor cambio político y económico de la Unión Europea desde la implantación del euro.

¿Y esto qué significa? Las claves del gobierno europeo están contenidas en el famoso Pacto de Competitividad ideado por Alemania y Francia. Un proyecto que contempla algunos aspectos positivos, tales como ligar la evolución de los salarios a la productividad, y no a la inflación como sucede en España, y otros muy negativos como, por ejemplo, aplicar una presión fiscal homogénea en todos los países miembros.

A ello se sumaría, por supuesto, el endurecimiento de las sanciones para los gobiernos que incumplan los límites máximos de déficit (3% del PIB) y deuda (60%) que marca el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, tal y como defiende el propio Banco Central Europeo. ¿Funcionará? El problema es que dicho Pacto nunca se llegó a aplicar en serio: en la UE se registraron 97 casos (país/año) de déficits por encima del 3% hasta 2010, y de éstos menos de un tercio (29) coincidieron con una gran recesión interna, con lo que no habría base alguna para justificar los 68 casos restantes.

Así pues, el primer punto se resumiría en más Estado europeo y menor soberanía nacional. El segundo, el plan de quiebras, consistiría en aplicar quitas a los tenedores de deuda pública mediante el intercambio de bonos. Es decir, en lugar de los préstamos actuales, el Fondo de rescate europeo proporcionaría una especie de bonos de reemplazo, garantizados por el conjunto de la zona euro, que el gobierno en cuestión podría ofrecer a aquellos acreedores cuya deuda venza, pero sólo bajo la condición de que acepten un descuento (haircut) de entre el 20% y el 50% sobre el valor nominal. Es muy posible que en marzo se despejen muchas dudas. Por el momento, los votantes alemanes ya han dado su opinión.

Público contra las agencias de rating

El reportaje es sorprendente porque demuestra que la izquierda sigue viviendo en otro planeta, en una realidad alternativa en la que todos sus dogmas ideológicos encuentran acomodo.

Los hechos: las agencias de rating –Moody’s, Fitch y Standard and Poor’s– son un oligopolio privado construido por los Estados; muy en particular por Estados Unidos y Europa. Hasta los años 70, el mercado de estas compañías se encontraba abierto a la competencia; las diversas agencias prestaban un servicio de asesoría financiera: si una persona o una institución quería invertir en un bono de, por ejemplo, General Motors, podía acudir a alguna de las numerosas agencias y pedir su opinión, previo pago por el servicio. A partir de los años 70, Estados Unidos comenzó a exigir indirectamente que todas las emisiones llevaran asociadas una calificación especial que sólo podía ser proporcionada por aquellas agencias que contaran con una licencia emitida por la SEC (la CNMV yanqui). De este modo, las agencias con licencia se convertían en un cartel aislado del resto de potenciales competidores (empresas sin licencia) y sus clientes pasaban a ser, no los individuos o empresas que querían invertir en deuda, sino las compañías que deseaban emitirla. Posteriormente, los países europeos que suscribieron Basilea II ratificaron este cartel, pues el tratado sólo permitía a las agencias "internacionalmente reconocidas" (las tres de arriba) emitir calificaciones que el tratado reconociera como válidas.

El resultado de este blindaje es de sobras conocido: las agencias de rating han fracasado estrepitosamente durante esta crisis y, sin embargo, siguen gozando de muy buena salud. Es lo que suele suceder con los monopolios de verdad. En este caso, los clientes últimos de las agencias no son las empresas que emiten deuda, sino los reguladores; pues son ellos quienes exigen que la deuda privada se evalúe exclusivamente en esas tres agencias.

Ahora vayamos a la información de Público: según este nada tendencioso diario, estas agencias han perjudicado gravemente la economía porque al principio de la crisis inflaron artificialmente los ratings de las subprime y demás activos tóxicos pero luego, cuando los benevolentes Estados comenzaron a gastar y gastar sin freno, redujeron taimada y de nuevo artificialmente los ratings de la deuda pública, dificultando y encareciendo el endeudamiento estatal.

Si es que estas agencias son unas desagradecidas: primero los Estados les conceden un lucrativo oligopolio privado y luego los castigan rebajando falsamente su solvencia. ¿O no? Puestos a conspirar, ¿no sería más lógico pensar que debe de haber un contubernio entre estas tres empresas y los Estados que las han agraciado con numerosos privilegios para mantener artificialmente inflados sus ratings?

En cualquier caso, me temo que sólo alguien muy alejado de los mercados puede creerse que los grandes inversores deciden comprar o vender la deuda pública en función de las calificaciones de estas agencias; los ratings sólo sirven para calcular los requisitos de capital del sector financiero… y poco más (esos requisitos de capital tan dados a manipulaciones contables inducidas por los propios Estados para no reconocer que su banca está quebrada). Es un hecho constatado que primero los tipos de interés suben porque los inversores huyen en desbandada de la deuda pública y sólo bastante tiempo después y a regañadientes las agencias degradan sus calificaciones. ¿Cómo se explica si no que el tipo de interés de España se disparara durante noviembre de 2010 sin que estas agencias modificaran su rating?

Es más, ¿no habíamos quedado en que si los tipos de interés subían era por los malvados especuladores que vendían al descubierto? ¿Qué pintan ahora las agencias de rating? ¿Son condiciones necesarias para las subidas? ¿Suficientes? ¿O más bien irrelevantes? Para cierta izquierda, todos, todos son culpables salvo… ¿adivina? Sí, los propios Estados que se están endeudando de manera insostenible y que amenazan con impagar sus obligaciones.

Y sobre el supuesto conflicto de intereses que detecta Público mejor no hablamos demasiado. El razonamiento es tan brillante que no merece mucho comentario: como el sector financiero es el principal cliente de las agencias de rating (son los que realizan más emisiones de deuda que requieren de calificación) y, al mismo tiempo, es el principal inversor en deuda pública, es evidente que las agencias han bajado las calificaciones de la deuda pública para que el sector financiero perciba mayores cobros en concepto de intereses. Fantástico, sólo tiene un problema: ¿en qué beneficia a los bancos que han invertido millonadas en deuda pública que los tipos de interés suban y suban hasta el punto de abocar a la quiebra a Estados como Grecia, Irlanda o puede que Portugal y España? ¿Tan tonta es la plutocracia neoliberal que gobierna el mundo?

El IPCC se queda sin la subvención de Obama

La enmienda a la ley de presupuestos, propuesta por el republicano Blaine Luetkemeyer, fue aprobada tras una contundente votación 244 a 179.

Luetkemeneyer convenció a la mayoría de los congresistas con un discurso en el que planteó que si las familias norteamericanas están apretándose el cinturón en cuestiones importantes, qué menos que el Estado haga lo propio dejando de financiar a un panel de Naciones Unidas cuya objetividad científica está en tela de juicio desde hace años. Son muchos los científicos que se han retirado de este panel –y más aún los que se niegan a colaborar con sus trabajos– debido a las tendenciosas conclusiones que suelen incorporar en el resumen para políticos.

El IPCC, que compartió el premio Nobel de la Paz con Al Gore en 2007 por sus trabajos sobre Cambio Climático, mantuvo durante años la teoría del Palo de Jockey contra el criterio de numerosos científicos. Sólo cuando Steve McIntyre desmontó pieza por pieza esa teoría catastrofista, el IPCC se desembarazó de ella sin dar explicaciones. Pero el Luetkemeyer no se refirió a estas cuestiones sino a la participación de muchos de los científicos que colaboran activamente con el Panel, en el Climategate, el escándalo de los e-mails gracias a los que se supo que muchos de los líderes científicos del catastrofismo calentólogo habían escondido datos, ocultado importantes dudas, boicoteado a todo el que no pensara como ellos, silenciado voces discordantes y retorcido las series estadística todo lo que habían podido para que la "realidad" encajara de algún modo en sus teorías alarmistas.

Otro argumento de Luetkemeyer que ayudó a convencer al Congreso (de mayoría republicana: 242 frente a 193 desde el descalabro de partido de Obama en los midterms de finales del años pasado) fue que más de 700 prestigiosos científicos internacionales han contestado al último informe del IPCC en un informe de 740 páginas. Entre estos científicos se encuentran miembros del Departamento de Energía y Defensa de los EEUU, de la Fuerza Aérea y Naval, de prestigiosas universidades como Harvard, MIT o Princeton, e incluso de la Agencia de Protección Medioambiental de los EEUU.

La eliminación de la partida de 13 millones de dólares que Obama pensaba conceder al IPCC en la ley de presupuestos que estudia en este momento la Casa de Representantes estadounidense supondría, de confirmarse en el Senado, un duro golpe político y financiero para Naciones Unidas y su plan de instaurar un sistema de racionamiento de emisiones a escala global. La decisión, que se produjo a las dos de la mañana (habrá que reconocer que los congresistas estadounidenses trabajan más que los nuestros), llega pocos días después de que el Gobierno estadounidense se diera por vencido en su intento de establecer un sistema de racionamiento de emisiones de CO2 y comercio de derechos de emisión en el país. Las encuestas muestran que los ciudadanos rechazan mayoritariamente ese tipo de medidas y los líderes republicanos no han tenido más que mostrar el video en el que Obama reconocía, poco antes de ser nombrado presidente, que esas medidas que intentaría aprobar necesariamente dispararían el precio de la electricidad. En fin, lo que ha pasado aquí en España, donde la electricidad se ha disparado desde que Zapatero llegó al poder defendiendo ese tipo de medidas. La diferencia es que Zapatero ya se las encontró aprobadas por el Gobierno del PP.

¿Quién crea los desequilibrios, Bernanke?

En opinión del presidente de la Fed, el déficit exterior de EEUU va de la mano del superávit exterior chino, de modo que para "enfriar" los flujos de capital desde Asia a Norteamérica habría que dejar que el mercado revaluara el yuan (restando competitividad a los chinos y minorando su superávit).

El simplismo de Bernanke es sin duda pavoroso, casi tanto como que semejante cabeza esté dirigiendo la Reserva Federal y el futuro del dólar. Como ya expliqué en otras ocasiones, los dólares que consigue China y que reinvierte en Estados Unidos no proceden de otro sitio que de la expansión crediticia que de continuo implementa el sistema bancario yanqui asistido por la Reserva Federal. Cuando los bancos generan mucho crédito, parte del mismo se filtra al extranjero –a China– para, finalmente, acabar regresando a Estados Unidos en forma de inversión extranjera.

Por supuesto, si China dejara flotar su divisa, el yuan se encarecería y una parte del crédito estadounidense que ahora se dirige a importar mercancías, se quedaría dentro del país. Pero, ¿cuál sería en tal caso la diferencia para Bernanke? ¿Qué más le da que el crédito de EEUU se vaya a China y vuelva desde allí a EEUU a que, en cambio, se quede dentro del país sin pasar por el gigante asiático? Pues parece que sí le da, porque Bernanke lo quiere es envilecer el dólar –generar inflación– y mientras los estadounidenses puedan comprar a precios fijos o decrecientes las importaciones chinas, esa inflación interna se diluye enormemente o se concentra en ciertos productos muy escasos que –como las materias primas– ni siquiera China puede fabricar a corto plazo en grandes cantidades.

Lo que teme Bernanke, pues, no es que se genere otra burbuja con el crédito artificial que él está estimulando a crear, sino que sea incapaz de provocar una intensa inflación para así diluir el valor real de las deudas y estafar a los acreedores estadounidenses (internos y externos). He ahí expuesta en toda su miseria la preocupación por el déficit exterior, el (falso) ahorro asiático y los desequilibrios internacionales.

Chapó, Álex

Ni mucho menos. Somos muchos los que, desde hace años, ansiábamos escuchar a alguien de peso perteneciente al sector cinematográfico español defender, aunque fuese mínimamente, algunas de las ideas expresadas el pasado fin de semana por este brillante director.

Su intervención, sin duda, dejó boquiabiertos a propios y extraños. Sus palabras marcan un antes y un después, ya que reconoció lo evidente y admitió lo inevitable. Esto es, que el cine atraviesa una profunda e irreversible "crisis". Y el término crisis, como bien definió el propio De la Iglesia, significa "cambio, y el cambio es acción". O adaptarse o morir. No hay más.

Supongo que De la Iglesia, al igual que el 99% de los cineastas y actores españoles, defenderá las subvenciones públicas e, incluso, imagino –lo desconozco– que, al igual que la mayoría del sector, apoyará el intenso intervencionismo estatal que históricamente persiste en este particular ámbito que muchos engloban bajo el concepto de "cultura" y yo prefiero calificar de "ocio". Ni lo sé ni me importa. Su discurso fue vibrante, pasional, sincero, realista, muy valiente y, por encima de todo, netamente liberal, lo cual supone todo un hito en boca de un artista. De ahí, precisamente, que sus palabras no hayan dejado indiferente a nadie –más de 440.000 visiones en YouTube así lo certifican–.

Y es que las perlas que lanzó De la Iglesia ante lo más granado del cine español y la cúpula gubernamental, artífice de esa apisonadora de libertades llamada Ley Sinde, suponen una auténtica revolución, en el mejor sentido de la palabra. Lean con atención.

"Somos parte de un todo y no somos nadie sin ese todo". Se refiere al público, es decir, al mercado, único actor legítimo para sustentar su actividad y, por tanto, llenar sus bolsillos. Así, "una película no es película hasta que alguien se sienta delante y la ve […] Sin público esto no tiene sentido, no podemos olvidarlo jamás".

Para, a continuación, añadir que "la esencia del cine se define por dos conceptos: una pantalla y una gente que la disfruta". Cabe destacar que en ningún momento alude al tipo de "pantalla" en la que poder visionar una película, tratando así por igual al cine, la televisión o el ordenador.

Tras este ligero aperitivo cargado de sustancia, De la Iglesia empezó a desgranar su plato estrella, el meollo del debate que subyace en el sector desde hace años: "Internet ha revolucionado el mercado del cine"; que se vean o no películas ya no es sólo "cuestión de llevar a la gente a las salas"; "internet no es el futuro, como algunos creen, internet es el presente"; "de las decisiones que se tomen ahora dependerá todo"; "nada de lo que valía antes vale ya"; "las reglas del juego han cambiado", sentenció.

Y tras el plato (o palo) fuerte, para deleite de muchos y desgracia de los menos –los allí presentes, incluida Sinde y Pajín–, el cineasta procedió a servir el postre en bandeja de plata: "Estamos en un punto de no retorno y es el momento de actuar. No hay marcha atrás"; "los internautas son nuestro público. Ese público que hemos perdido no va al cine porque está delante de una pantalla de ordenador. No tenemos miedo a internet poque internet es, precisamente, la salvacion de nuestro cine".

Para terminar, café y deliciosas pastas: "Sólo ganaremos al futuro si somos nosotros los que cambiamos, los que innovamos, adelantándonos con propuestas imaginativas, creativas, aportando un nuevo modelo de mercado que tenga en cuenta a todos los implicados […] Se necesita una crisis, un cambio, para poder avanzar hacia un nueva manera de entender el negocio del cine".

Se puede decir más alto, pero no más claro. Desconozco el "nuevo modelo de mercado" que ondea en la mente del cineasta, si es que tiene alguno, pero su discurso, este discurso, supone ya de por sí un cambio de rumbo radical digno de alabanza y admiración. Por todo ello, ¡bravo Alex! Chapó.

Leganés, oasis radioeléctrico

Y todo se lo deben a su consistorio e imagino que al preclaro alcalde que eligieron democráticamente y al que tendrán oportunidad de renovar su confianza en unos meses. ¿Que qué han hecho estos señores? Convertir a Leganés en la primera zona franca de España (y de Europa, y del mundo), en un área limpia de contaminación radioeléctrica.

Así es: los grupos municipales del PSOE, IU y Unión por Leganés acordaron hace unos meses que las antenas de los operadores móviles sólo podrían emitir a una potencia 4.000 veces menor que el mínimo permitido en la actualidad en el resto de España. Allá los demás españolitos, inconscientes de que se están cociendo en sus propios móviles.

De hecho, cualquier persona con dotes de observación se habrá percatado de que, desde hace un tiempo, los empleados de Telefónica, Vodafone, Orange, Yoigo y demás visten un tejido transparente de microfibras que, adherido a la piel, impide la penetración de las ondas radioeléctricas en su cuerpo. Con este diseño, se evita infundir innecesario pánico entre los vecinos y conocidos, clientes que pronto devendrán mutantes. Parece que visten como cualquier otro individuo; pero ellos están protegidos, tanto como un bombero en su traje de amianto, sin tanta extravagancia en el atuendo.

En su afán de proteger al ciudadano, el ayuntamiento también invertirá un dinerillo (público) en instalar un sistema informativo para que los ciudadanos puedan consultar en tiempo real la potencia radioeléctrica que sufren sus células. Suponemos que, si se superan los mínimos ordenados, saltarán alarmas por todo Leganés cual si la atacaran bombarderos, y los vecinos tendrán tiempo de acudir a los refugios anti-emisión radioeléctrica que a buen seguro habilitarán las autoridades locales.

Cuánto no se habrán arrepentido de su pasado estas autoridades locales, las mismas que inauguraban en 2005 la red WiFi más grande de Europa, para lo que metieron en el tostadero a más de 3.000 escolares. Por suerte, todos aquellos oscuros tiempos están a punto de pasar.

Aguanten un poco más los pepineros, sufran un poco más esas radiaciones, y en breve serán nuestra envidia. Pues cuando por fin entre en vigor el límite ordenado, sus teléfonos móviles dejarán de molestarles. La mayor parte del municipio se convertirá en zona libre de emisiones, y también de timbres, de conversaciones, de correos en el móvil y de aplicaciones en el iPhone y el iPad. Solo los pobres desgraciados que, inadvertidamente, se encuentren en las proximidades de uno de esos focos de mal que son las antenas móviles, tendrán un atisbo de lo que sufre el resto de España (y de Europa, y del mundo).

Bienvenidos a Leganés, oasis radioeléctrico… y ciudad sin móvil.

Las subvenciones matan el ingenio

Dice así: [Las subvenciones son necesarias] porque si no existieran, no podrían hacerse las cosas. Ni en el cine, ni tampoco en otras muchas actividades económicas".

En realidad, ya de entrada, la frase es una contradicción en los términos. Las actividades que no pueden desarrollarse sin subvenciones no son económicas, sino antieconómicas. Son la negación misma de la economía, esa ciencia que tiene como propósito destinar nuestros escasos medios a la satisfacción de nuestras más urgentes necesidades. Subvencionar es subvertir el orden de prelación de nuestros fines: despilfarrar medios escasos en la consecución de necesidades superfluas, de necesidades mucho menos urgentes que otras que, a causa de la subvención, quedarán insatisfechas.

No sé si los españoles, que son quienes han pagado coactivamente Pa Negre, valoran lo suficiente la película como para renunciar a otras de sus necesidades. Ni lo sé yo, ni lo sabe nadie: para eso está el mercado, para que la gente vote y se pronuncie. ¿Que Pa Negre es rentable? Entonces es que la gente valora más ese producto que los bienes alternativos que podrían haberse fabricado con los recursos que ha empleado y, en tal caso, más que subvenciones necesita una buena comercialización. ¿Que no lo es? Entonces es que los bienes y servicios que no se han llegado a crear por alumbrar Pa Negre resultaban más valiosos que la película y, por tanto, no debería subvencionarse.

Que Villaronga no conciba su trabajo sin subvenciones dice poco del atractivo que espera que le vayan a asignar los españoles a su filme. Pero dice mucho del efecto anestesiante que tienen las subvenciones. En un mercado libre, el empresario se esfuerza continuamente por conseguir que sus productos resulten de interés. Su escasa imaginación no es excusa para que se pasen por el forro los deseos de los consumidores, sino que representa una creíble amenaza de que serán expulsados del mercado a menos que se busquen las habichuelas para producir los bienes que los consumidores demandan con mayor urgencia.

La sinceridad de Villaronga es pues de agradecer: ni sabe cómo crear cine que agrade a los españoles… ¡ni falta que le hace! Las subvenciones matan el ingenio y permiten que los empresarios ineficientes se adormezcan subyugando a los consumidores. Tan destructoras son que el cine español ni se imagina cómo sería el mundo fuera de la subvención: es imposible; punto final. Bueno, entonces será que deberán ir dedicándose a otras cosas que probablemente les resulten a ustedes menos agradables y peor remuneradas pero que los consumidores sin duda apreciarán más. O eso, o aprendan a hacer cine de calidad que sobreviva sin desplumar al contribuyente.