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El verdadero derecho a internet

A Intereconomía le ha caído, literalmente, la del pulpo, 100.000 eurazos, por emitir un autopromocional en el que se criticaba el desfile del Orgullo Gay. No es que la multa sea totalmente desproporcionada para el presunto delito del que se acusa a la cadena, es que tal delito no existe. En un país libre cada uno puede criticar lo que y a quien le plazca siempre que, al hacerlo, no acuse a alguien de ser algo que no es. Es decir, que no se puede llamar a alguien “hijo de puta” sino estamos en condiciones de demostrar que la madre del aludido se dedica al viejo oficio de la prostitución. Punto. A partir de ahí entramos en el terreno de la opinión, santuario sagrado donde una democracia se la juega. La nuestra se la juega continuamente y suele perder.

En España como no teníamos suficiente con el engendro ese del “derecho al honor”, nos estamos inventando continuamente leyes y regulaciones nuevas que imponen lo que se puede y no se puede decir, escribir o difundir por las ondas hercianas. A Intereconomía la han cogido con un artículo perdido de una ley que, a su vez, se acoge a una directriz comunitaria. El típico caso de Leviatán legislativo que lo único que persigue es atemorizar al personal opinante para que se lo piense dos veces antes de emitir un juicio. El poderoso lo celebra y el ofendido se regodea como gato panza arriba sabiendo que desde ya mismo es inmune a la crítica.

La izquierda, que es muy arrojada y muy de llamar asesino a Aznar sin necesidad de demostrar nada, tiene una epidermis finísima, de apenas unas pocas micras de grosor. Ellos, como es lógico, tienen carta blanca para decir lo que les venga en gana, pero, ¡ay!, como los de enfrente hagan lo mismo arman la de San Quintín y se ponen a toda leche el camisón de la abuela de Caperucita. Son los dos raseros. El de unos, el suyo, es de malla gruesa que lo deja pasar todo. El de los otros, el nuestro, es de malla fina de esa que retiene hasta las impurezas microscópicas.

Esto es así porque, en su universo simbólico, ellos representan el Bien y nosotros el Mal, ellos el luminoso mañana y nosotros el pasado retrógrado. Como la gasolina que pone en marcha el motor de explosión del cerebro progre son los mantras, es fácil saber sobre quién debe caer todo el peso de una ley hecha sólo para los malos. Por eso, a igualdad de “delito”, con Intereconomía se ceban mientras que los mismos que han promovido el castigo pueden seguir desfilando vestidos de obispo blasfemo con un miembro viril de gomaespuma colgando de la sotana. Y no les pasará nada. Faltar el respeto es algo que sólo ellos se pueden permitir.        

Los dos raseros

No obstante, esta vuelta de tuerca, que a todas luces debería abrir un nuevo proceso constituyente, intensificará en el futuro la insostenibilidad de las cuentas regionales y el consiguiente despilfarro autonómico, tal y como ya hemos analizado. Sin embargo, el actual sistema arropa un tercer problema estructural aún más importante: la indeseada fragmentación del mercado nacional.

La amalgama de competencias que aglutinan en sus manos las respectivas comunidades autónomas han desembocado en un intenso intervencionismo público generalizado sobre diversas y amplias materias que, a modo de compartimentos burocráticos diferenciados, dificultan el desarrollo libre y natural de la actividad económica y, por tanto, del crecimiento. El caso de los fabricantes de tragaperras es tan sólo uno de los múltiples ejemplos que sirven para evidenciar el galimatías regulatorio que existe actualmente en España. Este sector ha de destinar un volumen sustancial de recursos para sortear con éxito el sinfín de trámites, licencias y regulaciones a los que están sometidos sus máquinas. Pero lo mismo sucede en el comercio (véase la obligación de rotular en catalán), las cadenas de distribución, el sector inmobiliario, las grandes superficies, sector servicios, industria, etc.

El empresario ha de enfrentarse constantemente a una compleja y voluminosa red de procesos burocráticos, tanto a nivel regional como nacional, para desarrollar su actividad, lo cual, como es lógico, desincentiva, y mucho, el fundamental espíritu emprendedor. No es casualidad que la mayoría de los jóvenes aspiren a ser funcionarios. En España es muy difícil hacer negocios gracias a nuestros queridos políticos. Crear una empresa se convierte aquí en un proceso arduo, caro y tedioso, al igual que en muchos países del Tercer Mundo, mientras que en Singapur o Hong Kong, por ejemplo, legalizar una sociedad no lleva más de un día y, además, a coste cero.

Así, resulta evidente que, más allá de la ineficiencia estática (redistribución y gestión de recursos disponibles), el principal problema que sufre la estructura estatal española radica en su falta de eficiencia dinámica. ¿Y esto qué significa? Pues que lo importante en Economía no es tanto administrar con diligencia una casa o empresa (eficiencia estática) sino saber cómo incrementar la hacienda actuando empresarialmente y comerciando con ella (eficiencia dinámica).

Y es que la función empresarial (acción humana), tal y como enfatizaba Ludwig von Mises en su Tratado de Economía, no consiste en asignar de forma óptima unos determinados recursos disponibles sino en buscar, descubrir y darse cuenta de nuevas oportunidades de negocio capaces de generar beneficio. Es decir, la clave radica en propiciar las condiciones socioeconómicas adecuadas para incentivar con fuerza la creatividad empresarial.

Pare un momento y pregúntense lo siguiente: ¿Quién ha hecho grande a Estados Unidos en el último siglo? Sin duda, un inmenso ejército de empresarios dispuestos a satisfacer necesidades ajenas (oportunidades de negocio) con el fin de lograr beneficios (crecimiento económico); ¿a qué se debe el espectacular desarrollo chino en los últimos años? A la relativa apertura económica que ha experimentado su régimen al permitir, aunque de forma aún muy limitada, el disfrute de la propiedad privada a sus ciudadanos; ¿por qué no ha surgido durante décadas ningún Bill Gates en Cuba o Corea del Norte? Supongo que ya sabrán la respuesta.

De este modo, para lograr una creciente eficiencia dinámica es necesario orientar la política económica hacia la configuración de un marco institucional que respete al cien por cien la propiedad privada, potencie los intercambios comerciales de carácter voluntario, garantice el cumplimiento de los contratos y, en resumen, favorezca la actividad empresarial en toda su variedad y riqueza de matices.

En este sentido, el levantamiento de barreras administrativas entre regiones impide y dificulta el intercambio comercial, de ahí la importancia de la unidad de mercado. Además, el intenso intervencionismo que ejercen los poderes públicos, a todos los niveles, tan sólo tiende a generar pobreza y miseria. Da igual que éste sea impuesto a nivel central (régimen chino o cubano) o regional, ya que la clave no es quién detenta el poder sino cómo se detenta. Por ello, en el actual sistema autonómico, los gobiernos regionales que apuesten por una mayor eficiencia dinámica tenderán, sin duda, a registrar mayores tasas de crecimiento y menor paro (Madrid), mientras que las menos eficientes tan sólo generarán pobreza y estancamiento… ¿Adivinan cuáles?

Eficiencia dinámica

El poder lo que puede hacer es o bien reconocerlos y protegerlos, o bien violarlos, que es lo que ha hecho casi siempre desde que el mundo es mundo. Son los derechos a la vida, a la libertad, a la propiedad; esos que se llaman "negativos" porque para respetarlos basta con no atacar a los demás.

Pero durante el siglo XX los socialistas de todos los partidos decidieron que, puesto que sus propuestas obligaban a violar estos derechos, debían llamar a todas las medidas que apoyasen "derecho", y así justificar que estuvieran cargándose nuestras libertades. Si el "derecho a una información veraz" está al mismo nivel que la libertad de expresión, entonces está justificado montar tribunales administrativos de orden público que impongan multas y quiten licencias de emisión a quienes no digan lo que los socialistas quieren que se diga.

La última moda, inaugurada por Finlandia pero que ya amenazan con seguir con entusiasmo las demás socialdemocracias europeas, consiste en considerar el acceso a internet a una velocidad mínima de 1 Mbps como un "derecho fundamental" que debe garantizarse a un "precio razonable", que ha cifrado en 30 o 40 euros. La traducción de este grandilocuente enunciado es que dicha conexión debe ofrecerse en régimen de "servicio universal", de modo que aunque uno viva en una cabaña de Laponia donde hace años que no llega nadie y ni siquiera se ha enterado de que las copas de Europa ahora se llaman champions lij, las operadoras de telecomunicaciones deben darte internet si lo pides a 40 euros al mes como mucho.

Cuando nos quitamos de encima la retórica socialdemócrata nos daremos cuenta de que esto es ni más ni menos que una redistribución de la renta, darle a unos lo que le quitamos a otros. En este caso es menos visible, porque no es el Estado quien lo hace, sino los operadores, que cobrarán más a los usuarios que viven en el centro de Helsinki a dos metros de la centralita para poder pagar las conexiones de quienes viven a tomar viento de la civilización occidental, y que los 40 euros al mes no son capaces de sufragar ni de lejos. Pero lo llaman "derecho", y todo son "ahs" y "ohs" de admiración por los grandes avances de los países escandinavos.

Eso no es dar derecho a internet, sino obligar a unos a pagar a otros. Que oye, que puedes estar a favor de eso, pero sería un detallazo que lo llamaras por su nombre.

Lo que sí es tener derecho a internet es que el Gobierno no pueda bajo ningún concepto prohibir a un operador dar servicio a un cliente si ambos están de acuerdo en los términos. Es decir, es reconocer que el Estado no nos puede quitar algo que los ciudadanos ya tenemos. Tener derecho a internet es la no existencia de leyes como la francesa de los tres avisos. Tener derecho a internet es que el Estado no censure los contenidos que no quiere que veas. Tener derecho a internet, en definitiva, es lo que disfrutamos en general en los países occidentales, y de lo que carecen en Cuba, China, Irán, Túnez y demás países admirados por el tenaz Moratinos. Hagan el favor de no desvirtuar algo tan valioso llamando "derecho" a la última ocurrencia de unos políticos parar lograr, dicen, que el 99% de los ciudadanos se conecten a internet, enorme salto cualitativo frente al 96% que lo hace en la actualidad.

Daniel Rodríguez Herrera es subdirector de Libertad Digital, editor de Liberalismo.org y Red Liberal y vicepresidente del Instituto Juan de Mariana.

El legado europeo de Zapatero

El presidente español, que había soñado con la gloria del Olimpo europeo, ha cosechado duras críticas por su pésima gestión, durante estos seis meses, por parte de gran parte de la prensa europea.

La debacle comenzó antes de la presidencia. La presentación de los objetivos del Gobierno español ya merecieron duras críticas por parte de un buen número de mandatarios. Zapatero se había propuesto dictar la fórmula de la salida europea de la crisis. Su receta consistía en la aplicación del keynesianismo más rancio a euroescala y en el buenismo político combinado con el negacionismo económico que con tanto éxito ha practicado en España. Traducido al román paladino, su idea era glorificar las políticas de gasto público como solución a la crisis económica, fomentar políticas asociales y negar cualquier recaída económica. Además, pretendía exportar a toda Europa el intervencionismo energético que ha aplicado en nuestro país con desastrosas consecuencias.

Ya entonces algunos dirigentes extranjeros y medios de comunicación de gran prestigio como The Economist o Financial Times sugirieron a Zapatero que mejor buscara objetivos más modestos para la Unión y dedicara más tiempo y empeño a la resolución de la gran crisis española. Pero como para Zapatero la recuperación española era "inminente" no había motivo para escuchar aquellos consejos.

El encuentro con la realidad ha sido duro para nuestro presidente. Primero vino la crisis griega, un desastre financiero que el propio gobierno socialista griego no dudó en atribuir a un exceso de Estado; demasiado tamaño, demasiadas atribuciones y demasiado despilfarrador. Zapatero culpó a los especuladores y sacó pecho afirmando que España rescataría a Grecia junto con los países más sanos de Europa. Luego llegó el plantón de Obama, que ignoró la invitación de Zapatero para participar en su gran evento del año. Poco más tarde hizo acto de presencia el descalabro financiero español y el Ejecutivo no supo reaccionar inicialmente de otra forma que como lo hacen las mafias de las películas: amenazando con la cárcel a los inversores que huían de su política manirrota. Por aquel entonces ya había quedado claro para todos los europeos que Zapatero era algo así como la antítesis del Rey Midas: todo lo que tocaba perdía valor.

La crisis de la deuda de España y los otros PIGS que le acompañaban en su caída por el despeñadero del gasto público se ha transformado en la crisis de la deuda soberana europea. El día 7 de mayo España estuvo al borde del colapso. Desde entonces, estamos siendo rescatados por el Banco Central Europeo, que financia el gasto de Zapatero a través de la banca. Nuestros socios en el euro y nuestros acreedores se han hartado y han dejado de reírle las gracias a nuestro presidente. Por eso le llaman insistentemente para exigirle recortes del gasto público y estabilidad presupuestaria. Tienen miedo de perder todo lo que le han prestado a nuestro país o de que el euro se hunda por la irresponsabilidad presupuestaria del gobierno zapateril. El caos económico y político es el legado europeo de Zapatero. Europa le recordará por mucho tiempo.

Orgullo (gay) herido

Claro, que es lo menos vistoso de este desfile. Los alardes tienen honda tradición en España, pero ninguno se ha parecido ni remotamente a este, autodenominado marcha del orgullo gay. Desnudez y sexualidad a la vista, adornadas no precisamente para pasar desapercibidos en El Corte Inglés. Hay algo de autoafirmación en todo ello, de reivindicación e incluso de imposición. Decir que tienen todo el derecho a mostrarse tan llamativos como deseen, a provocar toda la atención e incluso el escándalo de que sean capaces es una obviedad innecesaria.

Tienen derecho a todo ello, claro es. Lo que no pueden pretender es controlar lo que los demás piensen de su comportamiento. No le tiene por qué gustar a todos. No pueden prohibir a los demás que consideren que lo que hemos visto desfilar por la centenaria Gran Vía no es lo normal, lo ordinario, lo convencional. ¿Cuántos de quienes han realizado la marcha del orgullo gay consideran el espectáculo normal? Intereconomía hizo el año pasado una campaña de autompromoción con esa idea. En un spot se comparaba el día del orgullo gay con "364 días de orgullo de la gente normal y corriente".

El Ministerio de Industria, el departamento de Miguel Sebastián, se ha erigido en policía del pensamiento en España. Y no tolera esa contraposición entre las desnudeces aladas en la calle y la normalidad del ciudadano medio, por lo que ha multado a Intereconomía con 100.000 euros. La piel de Sebastián, que es así de fina. Tanto derecho tienen los participantes de la marcha a hacer lo que desean como los demás a pensar de ellos lo que les dé la gana. Pero este Gobierno no piensa así en absoluto. Le hace un traje a medida a la sociedad, y si una extremidad no entra por sus mangas, se amputa y santas pascuas. Han convertido a los homosexuales en un colectivo definido y condicionado por su condición sexual e hiperprotegido frente a cualquier consideración que no se adapte a sus propios esquemas. Los comportamientos más normales se convierten, a los ojos del Gobierno, en una perversión punible, y a los alardes más estrafalarios no se les puede contrastar con la normalidad sin castigo.

Esto de que Industria pueda multar a un medio de comunicación por no ajustarse a sus criterios es propio de la experiencia democrática venezolana, pero no de un país miembro de la Unión Europea. La cabra de Zapatero, que tira a los montes de Perijá. ¿Cómo hemos llegado a aceptar que Industria imponga multas a los medios de comunicación sin escándalo? Sin menoscabo de otros motivos más festivos, este sí que es motivo para salir a la calle.

La Unesco da asco

Hasta aquí nada digno de destacar. Sin embargo, hay algo en todo esto que debiera producir un profundo asco a cualquier persona que tenga aprecio a la libertad humana. El galardón está financiado por el dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, y lleva su nombre.

Ante las protestas de organizaciones de derechos humanos y destacados periodistas reprimidos por otros dictadores de todo el mundo, la UNESCO decidió retrasar la entrega del premio. Por lo tanto, sigue en espera. Esto no es suficiente, pues debería ser directamente anulado. El galardón, oficialmente, está destinado a reconocer "los logros científicos que mejoran la calidad de la vida humana", por lo que no resulta aceptable que se haya bautizado con el nombre de tan siniestro dictador. Obiang ha sumido a las tres cuartas partes de la población de su país en la más absoluta pobreza y reprime las libertades más básicas que necesita un ser humano para poder considerar que vive dignamente.

La UNESCO da asco por el simple motivo de instituir el premio, que otorga al dictador de Guinea Ecuatorial una dignidad que no se merece. Y esta organización se ensucia todavía más cuando se limita a retrasar su entrega en vez de anularlo de forma definitiva. El organismo de Naciones Unidas para la cultura no escucha ni tan siquiera a aquellos a los que concedió un galardón, en esta ocasión sí, digno. Siete receptores del Premio Mundial a la Libertad de Prensa UNESCO / Guillermo Cano han escrito los últimos días una carta en la que recuerdan "la grave represión en Guinea Ecuatorial" y expresan su rechazo a un reconocimiento que lleva por nombre el del dictador Obiang.

Este organismo internacional nunca ha destacado por su defensa de la libertad. Ya durante la Guerra Fría hizo suyas las posturas soviéticas contra el libre flujo de información, y poco ha cambiado desde entonces. En 2008, tras anunciar que participaría en el Día por la Libertad de Internet, dio marcha atrás para no molestar a los países que aplican la censura online. Por tanto, que la UNESCO no se decida a cancelar un premio con el nombre de un tirano no tiene nada de sorprendente. Es coherente con una trayectoria que tan sólo puede y debe asquear a quienes creen que hay que oponerse a las dictaduras.

El gobierno global experimenta con España

Cada vez parece más probable que España entre en default a corto plazo y los políticos de aquí son incapaces de hacer nada.

La ciudadanía está dividida. No saben si se han de celebrar elecciones anticipadas, cambiar el Gobierno o sólo al presidente. La mayoría están de acuerdo en lo mismo: al Gobierno actual le viene grande la situación y algo ha de cambiar. Pero la pregunta es, ¿por qué cambiar? La situación ha escapado de las manos del Gobierno nacional.

El destino de nuestras vidas se ha visto afectado por un gobierno global que no tiene sede en ninguna parte, nadie conoce, apenas disfruta de estructura, que se ha ido construyendo sin intención expresa ni plan alguno. Los intereses políticos y buenas intenciones que vinieron después de la II Guerra Mundial han llevado a la situación actual casi por accidente.

No me confunda con ningún paranoico del Club Bilderberg. No hay una agenda global, ni un plan detallado para planificar el Nuevo Orden Mundial (NOM). De igual forma que el nacimiento de la moneda o el sistema capitalista no fueron diseñados por una persona ni grupo, sino que surgieron de las circunstancias que condicionaron tales épocas, la dominación política mundial (el NOM) ha germinado igual. Ha sido fruto de las casualidades y avance del "socialismo moderado".

España es el ejemplo más palpable del NOM. Zapatero ha pasado de una política de subvenciones y dinero para todos, a reducir el sueldo a funcionarios y crear una "economía de guerra" –lo que llaman "neoliberalismo" que no deja de ser socialismo y colectivismo– de un día para otro y sin estar en una situación de quiebra oficial. Eso es lo alucinante.

Tras varias llamadas de atención, el "Gobierno Mundial" ha actuado. En marzo Obama llamó a Zapatero para que pusiera orden a sus balances y todo cambió. Un mes después, el FMI se da una vuelta por España para examinar la situación del país. Después, representantes de la Reserva Federal y del Tesoro americano se vinieron aquí a dar instrucciones al Ejecutivo. La canciller alemana Ángela Merkel también ha dicho cómo ha de ser el plan de austeridad y reducción del déficit en el menor tiempo posible. Incluso la UE ya tiene un fondo para salvar a España de 750 mil millones de euros (aunque digan que se ha hecho para Europa, es para nosotros). Y el Banco Central Europeo, como siempre, dejando dinero y retirándolo según le da la gana y de forma arbitraria.

Esta malgama es lo que crea un Gobierno Mundial. Macroinstituciones heredadas y un policía del mundo (Estados Unidos) con un gran poder que sólo cuidan de sus intereses. La lucha por el bien común sólo parece ser posible con la sumisión y esclavitud del individuo. Somos el rebaño de los políticos. Ya de paso, vea este video que lo ilustra bastante bien: La historia de vuestra esclavitud.

Si cambian el Gobierno en bloque o a su cabecilla o si el pelele de la oposición pasa a gobernar, ¿cree que va a cambiar algo? Keynes no sólo mató la economía, sino que plantó la semilla del totalitarismo –de las buenas intenciones– que con los años ha liquidado la democracia y libertad individual. ¿Podemos votar al líder del FMI, al presidente de Estados Unidos, de la UE o del Banco Central Europeo? Los oligarcas del poder y dictadores de la producción han subido un peldaño y ahora mangonean a nivel global. Demasiado tarde para hacer absurdas manifestaciones, demasiado temprano para una revolución.

PD: Sabe que en la presidencia española de la Unión Europea, aquella que fue un éxito según Zapatero, se aprobó el documento 8570/10 que permite espiar a los "radicales". Dicho en roman paladino, a los que no se consideran establishment-borregos-del-sistema, ya sean de derechas o de izquierdas. Vigile lo que escribe en su blog, Twitter o Facebook. El gobierno global le vigila bajo el amparo de la ley.

A la calle

…una prebenda protegida por el poder coactivo del Estado para impedir que un trabajador sea despedido y sustituido por otro cuando se niega a realizar las funciones a las que se ha comprometido contractualmente.

Es sencillamente inaceptable que se proteja la holganza, el sectarismo o la estrechez de miras de unos cientos de empleados que no quieren trabajar ni dejar que el resto trabajen cuando hay cinco millones de candidatos a ocupar su puesto. Es sencillamente intolerable que cuando millones de personas han perdido todas sus fuentes de renta porque sus empresas han quebrado o se han reestructurado, una tropa de privilegiados se acoja a la prebenda del derecho de huelga para protestar contra una rebaja del 5% de sus salarios destinada a evitar que quiebre la compañía que los contrata, el Estado, mantenida mediante el expolio sistemático de, entre otros sufridos contribuyentes, los cinco millones de desempleados. Es sencillamente inadmisible que un grupo protegido y financiado por ese Estado al borde de la quiebra, los sindicatos, trate de lograr beneficios políticos y crematísticos saboteando el normal funcionamiento de una empresa capitalizada para más inri con el dinero de todos los madrileños.

Porque, no lo olvidemos, el perjuicio económico y social que generan los huelguistas no procede de que ellos en concreto se nieguen a trabajar, sino de que impiden por la fuerza que cualquier otra persona ponga en funcionamiento y utilice el costosísimo equipo de capital de Metro Madrid. Su huelga no consiste en no acudir al trabajo, sino en secuestrar una maquinaria y unas infraestructuras que no les pertenecen a ellos, sino a todos los ciudadanos madrileños que las han sufragado coercitivamente con sus impuestos.

Y siendo, pues, una huelga inaceptable, intolerable e inadmisible no podemos ni aceptarla, ni tolerarla ni admitirla un segundo más. Como mínimo, todos los empleados públicos que han llegado a superar los generosísimos límites de esa prebenda estatal que es el derecho de huelga sometido a unos servicios mínimos deben ser despedidos ipso facto y, en su caso, reemplazados por alguno de esos millones de demandantes de empleo de nuestro país que a buen seguro estarán deseosos de ocupar su puesto.

Si los huelguistas deseaban conservar su empleo, lo tenían muy fácil: bastaba con que hubiesen cumplido con sus obligaciones laborales y con que hubiesen aceptado percibir un salario que la Administración les podía abonar sin declarar directamente la bancarrota y sin incrementar su rapiña fiscal sobre el resto de ciudadanos. Si se han negado a trabajar a cambio de un salario un 5% inferior, que busquen otro empleo en el sector privado, que por lo visto allí las cosas deben andar mucho mejor que en una compañía que pace en el presupuesto público.

Al menos Kant exigía que prevaleciera la justicia para aceptar que reventara el mundo. Otros parece que tienen bastante con llenarse el bolsillo a fin de mes a costa de unos madrileños a los que machacan inmisericordemente tan pronto como se les toca el fuero. Mientras la maquinaria estatal cuente con gas suficiente para seguir extrayendo sus emolumentos de una economía moribunda, poco les importa que tengamos cinco o diez millones de parados y que el Estado impague o no a sus acreedores.

Mientras prevalezca la injusticia –sus privilegios– el resto del mundo puede irse al carajo. Va siendo hora de que noten algo del frío que hace ahí fuera causado, entre otros motivos, por la hipertrofia de un sector público que ellos contribuyen a consolidar.

Los diez mandamientos del profeta Blanchard

…un artículo publicado junto a Carlo Cottarelli, donde tratan de aleccionarnos sobre cómo se deben ejecutar los planes de consolidación fiscal que ya se están implementando en diversos países.

Para algunos, estos planes levantan grandes preocupaciones e incluso rechazo. El caso paradigmático sería el de Paul Krugman, quien continúa defendiendo que hay que continuar con los estímulos fiscales, y que el déficit público no debería ser una preocupación en estos momentos, con altas tasas de desempleo y una producción muy por debajo de su potencial.

Para otros, estos planes responden a una perentoria necesidad: poner por fin las finanzas públicas en orden, aunque sea de forma parcial, y abandonar esa práctica –tan alabada por algunos, aunque de forma sutil– de gastar muy por encima de nuestras posibilidades, que es la que en parte nos ha llevado a la situación de crisis.

Blanchard se situaría en una especie de punto medio entre estas dos posiciones. Se debe proceder a la consolidación fiscal, pero hay que tener cuidado con llevarla demasiado lejos, porque podría perjudicar la recuperación económica, sostiene. Las claves para llevarla a cabo con éxito son varias: ser claros, concretos y creíbles en los objetivos de reducción de déficit/deuda, implementar las adecuadas reformas estructurales, y recibir un poco de ayuda de la política monetaria y el crecimiento de los países emergentes.

El Gobierno español podría tomar nota de algunas de estas recomendaciones, evidentes para la mayoría de expertos. Desde comienzos de la crisis, la política informativa de Zapatero ha dejado bastante que desear, con contradicciones múltiples entre distintos miembros del Ejecutivo; gran ambigüedad en las propuestas de política económica, como es el caso de la reforma laboral. Además, la credibilidad no es uno de los activos que gocen de mejor salud en la administración socialista.

Pero del texto de Blanchard también se incluye algún recadito para que Obama y su Administración abandonen el doble rasero en el que están incurriendo en relación a las finanzas públicas. Al menos así lo interpreto cuando dice que "Las promesas de acción futuras [de cara al ajuste fiscal] no serán suficientes". Hasta ahora, el gobierno norteamericano, con Obama y su secretario del Tesoro Geithner a la cabeza, se ha llenado la boca de promesas y de la necesidad de reducir el disparado déficit a niveles más sensatos, pero no han pasado ni mucho menos de las palabras a los hechos.

Si bien parte de sus recomendaciones, como las anteriores, pueden tener bastante sentido, habría que añadir importantes matices sobre Blanchard. En primer lugar, antes de exigir orden en instituciones ajenas, debería ser más exigente con la institución de la que él es economista jefe: el FMI, con errores garrafales en sus previsiones y recomendaciones discutibles. En segundo lugar, era este mismo organismo internacional quien hasta hace nada recomendaba continuar con los estímulos fiscales para evitar una recaída en la actividad económica. De no haber sido por sus recomendaciones, muy posiblemente no tendríamos los graves problemas fiscales que sufrimos en algunas economías avanzadas, y hacia las que se dirigen los "mandamientos". Y desde el punto de vista teórico, las ideas que ha propuesto Blanchard tras la crisis, con el fin de construir un nuevo consenso entre los macroeconomistas, también dejan bastante que desear como ya analizara Juan Ramón Rallo.

Después de todo, quizás sea mejor desconfiar de presuntos profetas económicos que, lejos de acertar en sus previsiones del futuro a través de la revelación divina, yerran estrepitosamente gracias a un juicio humano más que discutible.

Camino de servidumbre

Se trata de Camino de servidumbre, el primer libro escrito por Friedrich A. Hayek más allá de la economía. La obra, ya desde el título, era una advertencia a Gran Bretaña y a todo Occidente, que estaba luchando contra el socialismo nacionalista en Alemania, pero abrazaba sus mismas ideas en casa.

Fue un completo éxito. Vendió medio millón de ejemplares en Estados Unidos y también desaparecía con rapidez de las librerías británicas. Pero era un libro pensado para aquellos días, desde los cuales han pasado ya 66 años. ¿Cómo es posible que ahora se convierta en un superventas, sin necesidad de hacer mención de vampiros adolescentes o periodistas suecos? La respuesta más inmediata se llama Glenn Beck. Este hombre ha pasado de estar en lo más bajo personal y profesionalmente a convertirse en el periodista con más impacto en Estados Unidos y, según parece, también en un líder social. Recientemente habló con dramatismo del futuro de socialismo y opresión que se cernía sobre su país, y dijo que un libro ya había advertido de todo ello, lo había visto de forma preclara. En Alemania, los aliados lo censuraron porque resultaba crítico con el New Deal. En Rusia se pasaba secretamente entre los disidentes en versiones manuscritas. Muchos de los millones de estadounidenses que seguían a Beck se lanzaron a la librería on-line para reservar su copia.

Pero esa es sólo parte de la respuesta. En noviembre de 2008, exactamente cuando ganó las elecciones Barack Obama, las ventas de Camino de servidumbre se multiplicaron por cuatro. La Rebelión de Atlas, una distopía que relataba cómo se desvanecía la sociedad por el triunfo del colectivismo, volvía a venderse como nunca. Una parte de la sociedad teme la deriva socializante que iba a imprimir Obama a un pueblo que nació con una idea sobre todas las demás y era la del orgullo de vivir en libertad. Y quería recordar qué habían dicho los que mejor han sabido exponer los errores, intelectuales y morales, del socialismo. Glenn Beck ha sido un potente detonante, pero la necesidad de saber a qué nos enfrentamos estaba ahí, latente.

El libro de Hayek es una llamada valiente a reconocer las virtudes del "camino abandonado", que es el de una sociedad libre, y un alegato contra una sociedad sometida, subyugada e infantilizada en manos del poder. Explicó las viejas ideas detrás de las propuestas sólo aparentemente nuevas. Señaló a los totalitarios dentro de una sociedad todavía libre. Mostró el peligro que suponía la planificación para la democracia y para la libertad. ¿Necesita más elementos para interesarle al lector de hoy? Camino de servidumbre será siempre un libro de actualidad. No podría ser de otro modo, ya que está dedicado "a los socialistas de todos los partidos".