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El Titanic se hunde

…vociferando eslóganes desfasadísimos o directamente ajenos al mundo del trabajo, erigiéndose en portavoces de una clase, la trabajadora, que no hace sino darles la espalda pero que tiene la desgracia de padecerlos y depender de ellos por mor de la infausta negociación colectiva.

Aquí les dejo las reflexiones que me suscitó el pasado Primero de Mayo.

1. Nunca he podido aceptar que existan unos derechos de los trabajadores distintos a los derechos de los ciudadanos y a aquellos que libre y autónomamente pacten en sus contratos de trabajo. Todo lo demás son privilegios mediante los cuales unos grupos organizados (sindicatos) explotan a otros grupos desorganizados (trabajadores no sindicados, empresarios no afines al poder y accionistas de empresas) gracias a la coacción estatal.

2. La retórica de la lucha de clases, del trabajo contra el capital, no es que esté caduca y desfasada: es que jamás tuvo un gramo de verdad. Los trabajadores sólo pueden enriquecerse y mejorar su calidad de vida convirtiéndose en capitalistas o siendo beneficiarios de un aumento de sueldo –como consecuencia de un incremento en sus niveles de productividad–. En ambos casos precisarán de más capital. En ambos casos se encontrarán enfrente a una izquierda retrógrada y reaccionaria que exhibe altiva en las calles su poca vergüenza. El líder de IU, Cayo Lara, ha expresado muy bien los deseos de buena parte de las izquierdas: "La solución viene por meter el diente al beneficio y al capital y a eso no se atreven porque parecen intocables".

3. Las únicas reivindicaciones legítimas del Día del Trabajo serían aquellas que exigieran al Gobierno que no impida a los individuos trabajar o convertirse en capitalistas. Se trata de una petición bastante razonable, ¿no creen?, sobre todo en un país como el nuestro, con casi cinco millones de parados y un misérrimo sistema de pensiones en quiebra. Pero no: el pasado 1 de Mayo no se abogó por abolir la negociación colectiva, ni por abaratar el despido, ni por flexibilizar la negociación y renegociación de los salarios, ni por reducir las cotizaciones a la Seguridad Social, ni por reducir la tributación de las plusvalías, ni por ir transitando hacia un sistema de pensiones de capitalización; al contrario: los sindicatos se centraron en defender a un presunto prevaricador, en alabar la exitosa política laboral del Gobierno y en pedir a los trabajadores que no llegan a fin de mes que consuman como posesos.

4. Con la que está cayendo, esa cerrilidad que muestran Gobierno y sindicatos, entente socialista que en cosa de cuatro años ha llevado el país al borde de la suspensión de pagos –con el voto favorable del Partido Popular–, no es lo mejor que podemos exhibir en el exterior. Con un paro del 20%, un déficit del 11% del PIB en 2009 –y creciente en 2010– y un sistema bancario descompuesto, no puede causar sino temor que estos irresponsables –ignorantes y ruines a partes iguales– estén al mando. El socialista Papandreu terminó de cargarse Grecia con la inestimable colaboración de una clase sindical que bloqueaba a golpe de insurrección cualquier alternativa al desastre. Sin embargo ahora, los estómagos agradecidos de Toxo y Méndez –que cobran de los impuestos de los trabajadores a los que ellos mismos impiden trabajar– critican a Merkel por dudar a la hora de financiar el sarao socialista griego. La mala de la película, la codiciosa e insolidaria, es quien no quiere esquilmar a sus ciudadanos para pagar las bacanales griegas: que las paguen –dice, con toda la razón– los que se las corrieron. No tardaremos en ver reproducido ese esquema para España.

5. El mismo ministro de Trabajo que se muestra incapaz de dar una sola respuesta a los cinco millones de parados –salvo filtrar un escuálido y manipulado dato del INEM–, ni sobre una Seguridad Social pública tan ineficiente que ya no puede ni pagar las bajas pensiones que prometía, se indigna de que le den consejos "quienes pactan pensiones millonarias". Será que él no tiene asegurada una pensión millonaria una vez deje la política, en pago por su impecable hoja de servicios; será que no ha alcanzado el poder que le va a procurar ese chollazo por su defensa del discurso socialista que nos ha llevado a la bancarrota; será que la escenografía izquierdista no le ha servido para amasar una fortuna a costa de unos ciudadanos a los que ha negado la posibilidad de construirse un patrimonio amplio y obtener unas rentas crecientes. Por no dejar, hoy, ni les deja trabajar.

Cinco reflexiones sobre el 1º de Mayo

Y a la vista de las últimas declaraciones oficiales del Gobierno alemán, todo indica que, llegado el caso, Berlín no está dispuesto a extender el plan de salvamento griego a otros países de la zona euro. Lo cual, no sólo es lógico sino razonable, deseable y sano para el bolsillo de los contribuyentes germanos.

Esta negativa, sumada al riesgo real de que la tragedia griega se contagie a las economías más débiles de la Unión Monetaria –Portugal, Italia, Irlanda y España–, está provocando la huida de capitales de sus respectivos mercados de deuda pública. La cuestión es muy simple, pese a ser trágica. Tal y como señaló el ex economista del Fondo Monetario Internacional (FMI) Simon Johnson:

La pesadilla para Europa no es Grecia o Portugal sino el rendimiento de los bonos italianos y españoles. El rendimiento –tipos de interés que paga el Tesoro– de la deuda española está subiendo porque los inversores, que hasta ahora pensaban que dichos bonos eran casi tan seguros como el dinero en efectivo, están empezando a darse cuenta de que existe un riesgo razonable de que pierdan un valor considerable e, incluso, puedan llegar a una situación de default (suspensión de pagos).

España cuenta con uno de los déficits públicos y exteriores más elevados de los países ricos y las peores perspectivas económicas de la OCDE. Y ello, en un contexto en el que asistimos a una burbuja de deuda pública internacional de grandes dimensiones, ya que todos los gobiernos se han lanzado a una emisión récord de bonos para salvar a sus respectivos sistemas financieros e intentar salir, ilusoriamente, de la recesión.

El mercado está empezando a discriminar entre países solventes y menos solventes y, puesto que el Gobierno de Zapatero no ha hecho absolutamente nada para reducir la brecha fiscal y ganar competitividad liberalizando al máximo la economía, España tiene todas las papeletas para convertirse en la nueva Grecia si la política económica no registra un drástico cambio de rumbo.

La situación es de emergencia nacional. El tiempo se acaba, el iceberg asoma ya por el horizonte y el capitán del barco (Zapatero y sus secuaces) siguen en el salón de fiestas brindando con champán al ritmo de los violines mientras el Titanic se dirige de cabeza hacia el hundimiento. Y no será porque no nos lo hayan advertido. El primer toque de atención de los inversores a Moncloa se produjo el pasado febrero, que pasará a la historia como la primera semana negra de 2010 en bolsa. El segundo resonar de trompetas no será tan tibio.

Tan sólo un dato: el mercado detectó el pasado enero que Atenas estaba en quiebra técnica cuando descubrió con horror el ocultamiento de su deuda y déficit público, y en apenas tres meses su Gobierno se ha visto obligado a implorar un rescate ante la negativa del mercado internacional a seguir financiando su elefantiásica estructura pública. Veremos cuánto margen conceden a Zapatero. Lo triste, sin embargo, es que la situación podría resolverse en 24 horas. Basta con que el Ejecutivo apruebe un recorte inmediato de entre 40.000 y 50.000 millones de euros y liberalice todos los sectores productivos del país para que esos malvados especuladores que ahora venden España comiencen a comprar de nuevo bonos de Tesoro para felicidad y tranquilidad de nuestros políticos.

Y es que, tal y como me ha explicado hoy mismo un buen amigo que trabaja en el mercado de valores internacional:
 

lo más razonable para explicar las últimas caídas de la Bolsa en España sería la del efecto huida de los inversores extranjeros, que se viene produciendo de un modo creciente desde 2008. Parece lógico que esta huida se siga agravando, ya que España no es ni de lejos un país atractivo donde invertir teniendo en cuenta que hay economías mucho más saneadas y con perspectivas de crecimiento mucho más positivas. Esto unido a la gran incertidumbre que existe respecto al rescate de Grecia, la limitada capacidad de maniobra de la UE y la contrastada inutilidad del Gobierno de Zapatero provoca que la Bolsa española se tambalee día sí y día también.

Se puede decir más alto, pero no más claro.

Un plan sencillo para salir de la crisis

Tim Evans y otros reformistas británicos le propusieron medidas cuya descripción no excedía de una página. Valga lo mismo para enumerar las medidas necesarias para salir de la crisis. Lisa y llanamente.

La prioridad es reducir el déficit, dicen todos. Comencemos por revitalizar la economía. Uno a uno, levantemos los grilletes que aún quedan en forma de trabas a la apertura de empresas y a lo que hacen: regulaciones medioambientales, las mínimas. Que quepan en uno o dos folios a dos espacios. Las regulaciones de seguridad de los productos que sea privada. La marca que quiera contratar un servicio de calidad, que lo pague, y la que no tenga esa estrategia comercial, que se lo ahorre.

Desaparezcan las licencias y permisos, que sólo benefician a los políticos y no cumplen ninguna función social. Horarios y condiciones de oferta, las que elijan los oferentes, que ya están los consumidores para elegir, entre éstos, lo que más les convenga. La relación entre empresario y trabajador será la que libremente acuerden entre ambas partes, sin más protección para ambos que los códigos civil y mercantil. Desatada la producción, los ingresos del Estado sólo pueden crecer.

Impuestos: un único tipo marginal que grave todo ingreso no destinado al ahorro, y valga eso para familias y empresas. La declaración de la renta de Telefónica y la de cualquier hogar sería formalmente idéntica. A partir del tipo general, que cada Comunidad Autónoma sume su propio tipo marginal, que le darán los únicos ingresos con los que financie los servicios que decida ofrecer. Así competirán por ofrecer mejores servicios al menor impuesto, en lugar de alimentar los particularismos con quejumbrosas justificaciones insolidarias. De paso acabamos con el nacionalismo como problema político.

Sigamos, que hoy vamos a batir un récord. Nada de reformar las pensiones. Aquí la reforma consiste siempre en ajustar lo que se paga a lo que se puede pagar, y como es un timo de base piramidal, cada vez habrá que pagar más para recibir menos del sistema. Así que acabemos con él. Los que quieran, que se aferren al viejo sistema y los demás que se apunten al nuevo, en que las cotizaciones se ahorran en una cuenta privada. Los nuevos cotizantes, todos, entrarán en el sistema privado. Tarda dos décadas o más, pero acabamos con el problema y favorecemos el ahorro, el progreso, y la entrada de los trabajadores en el mundo capitalista.

Para la sanidad y la educación bien me gustaría a mí acabar con la oferta pública, pero valga la solución intermedia del cheque escolar para las aulas y un cheque sanitario para los servicios de salud. Adiós a las subvenciones, que aparte de establecer clientelismos no ofrecen función social alguna.

Adiós a los puestos permanentes en la Administración. Que los puestos desaparezcan a los ocho años como mucho, y que sólo se puedan renovar una vez. Que los presupuestos se aprueben en dos tiempos: uno en marzo, que fijará el nivel de gasto y la previsión de ingresos, y otro en septiembre, en el que se decidirá qué parte de ese gasto, ya intocable, se destina a qué partida. Y un programa ambicioso de privatizaciones y venta de haberes públicos.

La última medida es la que prometió el gobierno de Ucrania y no se atrevió a llevar a la práctica: la eliminación del ministerio de Economía. Ganaríamos todos, menos los periodistas especializados en política, que acabarían por aburrirse, y los propios políticos. Y todo en un solo año de reformas, que no hace falta más. ¿Alguien se apunta?

Carlos Alberto Montaner, un gigante de la libertad

El Instituto Juan de Mariana celebró su cuarta Cena de la Libertad, durante la cual hizo entrega de su premio a una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad. El galardonado no era otro que Carlos Alberto Montaner, que, tras medio siglo de exilio se ha convertido en un símbolo vivo de la oposición a la tiranía castrista y se ha ganado un lugar destacado entre los grandes intelectuales en lengua española de las últimas décadas.

Carlos Alberto Montaner dejó su patria apenas saliendo de la adolescencia. Aun así, cuando marchaba al exilio desde su Cuba natal ya conocía la experiencia de las prisiones de un entonces recién instaurado régimen castrista y del hacinamiento durante meses en una embajada en la que se refugió junto a docenas de personas. Desde entonces, la lucha contra la dictadura que sufre su pueblo ha ocupado un lugar central en su vida. Eso no le ha impedido, sin embargo, reflexionar, escribir e implicarse personalmente en el esfuerzo por la libertad de millones de seres humanos en muchos otros puntos del planeta.

El gigante homenajeado el pasado viernes denuncia la falta de libertad bajo cualquier tirano, con independencia de en nombre de qué ideología ejerza su poder, en cualquier punto del planeta. Ha hecho suya también la causa por la igualdad (la auténtica, no la de cuotas y similares) de todos los seres humanos con independencia de sexo, raza u orientación sexual. Una igualdad que, por cierto, es negada en los hechos a negros, mujeres y homosexuales en la Cuba de los hermanos Castro.

Buena muestra de su compromiso con la libertad y de su talla intelectual es el hermoso discurso con el que recogió el premio concedido por el Instituto Juan de Mariana. Especialmente emotivo resultó que terminara su intervención dedicando el galardón a Orlando Zapata Tamayo, una de las últimas víctimas mortales del castrismo. Tanto Montaner como Zoe Valdés, exiliada en París que acudió a España para participar en la entrega del premio, lograron llegar al corazón de todos los presentes. Sin rencor, pero con firmeza, las palabras de ambos fueron de compromiso con la libertad.

No en vano el castrismo siente un especial temor ante Montaner. Con su trayectoria intachable de honestidad, valor y fuerza intelectual, la suya es la voz de la esperanza para millones de seres humanos que sueñan cada día con una Cuba libre.

Felicidades, maestro, nunca un premio fue tan merecido

Si fuéramos una empresa privada, ya habríamos quebrado

…tal como demuestra que durante toda la crisis griega el coste de su deuda pública sólo haya aumentado en 25 puntos básicos.

No estaría de más que el propio Krugman o nuestro muy transparente Gobierno nos aclararan si este comentario ha estado motivado por, digamos, algún tipo de agradecimiento monetario o se debe una vez más a la empanada mental del estadounidense. Al fin y al cabo, el propio Nobel escribía hace unos meses que "el gran problema de la eurozona no es Grecia, es España. Es cierto, España está incurriendo en enormes déficits presupuestarios, pero eso es consecuencia de su colapso económico".

Estipendios al margen, lo cierto es que no sé dónde podemos encontrar una pizca de esa credibilidad fiscal de España que pregona Krugman. Es cierto que la relación de su deuda pública con el PIB sigue estando en torno al 55%, por debajo de la media de la Unión Europea, pero este dato aislado no significa nada. Déjenme citar a Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, dos economistas que han elaborado uno de los estudios más extensos sobre los impagos de deuda pública:

Sólo el 16% de los países que quebraron entre 1970 y 2008 tenían una deuda pública que superara el 100% del PNB; más de la mitad de todas las quiebras ocurrieron a niveles inferiores al 60% e incluso el 20% de las suspensiones de pagos se produjeron a niveles menores del 40%.

Podemos seguir echándonos deuda a la espalda con el pretexto de que todavía tenemos margen para alcanzar a Japón, cuyos pasivos soberanos copan casi el 200% de su PIB. Pero sólo estaríamos cavando nuestra propia tumba. No conozco a ninguna empresa que esboce una sonrisa cuando anuncia que sigue perdiendo irremediablemente dinero pero que, al menos, todavía posee cierto margen de endeudamiento para conseguir pagar los salarios de sus trabajadores.

Porque la situación de España es exactamente ésa: una empresa que pierde año tras año 120.000 millones de euros (déficit presupuestario), que tiene una deuda pendiente de 550.000 millones (deuda pública), con un quinto de la plantilla cobrando y durmiendo al Sol (desempleo del 20%), con unos inviables compromisos futuros en concepto de pagos de pensiones a sus trabajadores (Seguridad Social en quiebra) y a la que no le queda más remedio que endeudarse para poder hacer frente a sus gastos corrientes y obligaciones pasadas (gastos presupuestarios y refinanciación de deuda). Todo ello con varios agravantes: las pérdidas anuales de esa empresa, lejos de reducirse, han crecido hasta marzo casi un 20%; los consumidores que deberían adquirir los productos de esa empresa (los contribuyentes que pagan impuestos) tienen unas deudas que son dos veces superiores a sus ingresos anuales (una deuda privada del 190% del PIB), y los bancos que prestan a la empresa están casi quebrados (sistema financiero español). ¿Credibilidad fiscal? Tanta como Krugman debería poseer credibilidad económica.

Es increíble que estemos avanzando hacia el abismo y todos sigan tocando la lira, aunque sospecho que la mayoría lo hace mientras se llena los bolsillos a costa de aquellos a quienes les queman sus hogares. Grecia sí está en el horizonte a menos que alguien rectifique: catástrofe o sacrificio. Lean el plan de ajuste del país heleno para ver qué se nos avecina: recorte de sueldo a los funcionarios, paralización de las contrataciones durante tres años, rebaja de las pensiones en un 15%, segunda subida del IVA hasta el 23%, incremento de los impuestos especiales y congelación salarial del sector privado. Todo lo cual, probablemente, ni siquiera sea suficiente. El futuro de los griegos es trabajar más para vivir peor, todo por cortesía de unos políticos y sindicatos que se fundieron la riqueza futura de los helenos durante más de una década. Exactamente como aquí en los últimos tres.

En España vamos por el mismo camino de la mano de los Zapateros, Salgados, Toxos y Rajoys. Como digo, si fuéramos una empresa ya habríamos quebrado hace meses.  Y no se crean que la ficción del Estado, por mucha capacidad para expoliar que posea, puede durar eternamente. Ni siquiera con maporreros como Krugman.

Terminator contra los videojuegos

Sin embargo, la norma nunca ha llegado a aplicarse debido a que un tribunal de apelación consideró que atenta contra la libertad de expresión reconocida en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Sin embargo, el promotor de la restrictiva regulación, el senador estatal Leland Yee, y el Ejecutivo de "Governator" no se dieron nunca por vencidos.

El Tribunal Supremo de EEUU ha aceptado el recurso presentado por las autoridades californianas, por lo que la máxima instancia judicial será la encargada de decidir en última instancia si la ley en cuestión viola o no la libertad de expresión. Con independencia del desenlace, no deja de resultar sorprendente que un Gobierno encabezado por el actor que ganó una fortuna con películas como las que conforman la saga Terminator, Commando o Depredador se haya empecinado en una ofensiva tan larga contra la violencia en la ficción.

Como no podía ser de otra manera, la Asociación de Software de Entretenimiento (ESA, por sus siglas en inglés) y las empresas implicadas en el sector (editoras, distribuidoras y vendedoras) se oponen con fuerza a la norma. El presidente de la ESA, Michael Gallagher, ha recordado algo que debería resultar de sentido común: "Los videojuegos deberían tener las mismas regulaciones que los libros, las películas y la música".

Esto último es la clave del asunto. Yee y Schwarzenegger pretenden imponer a los videojuegos una ley mucho más restrictiva que las existentes para otro tipo de entretenimientos. De hecho, seguramente "Governator" no hubiera querido jamás una ley similar para las películas, muchas de ellas con un altísimo contenido violento, que él mismo protagonizó durante su etapa de actor de cine.

Con su empeño, el gobernador de California se pone en esta cuestión a la altura de Hugo Chávez. El caudillo venezolano, al que le encanta fotografiarse con armas y en uniforme y no duda en utilizar la violencia, también prohibió el mismo tipo de software de entretenimiento. Eso debería hacer reflexionar a Terminator. Ninguno de los dos (y otros muchos en numerosos países, por cierto) parece querer aceptar que son los padres quienes deben decidir si un videojuego es adecuado o no para sus hijos. Lo mismo que con las películas o los libros, ni más ni menos

El socialismo, es lo que tiene

…así que no resulta extraño que en todo este tiempo hayan depurado sus técnicas hasta alcanzar el grado sublime que tienen en la actualidad.

Esas abultadas dosis de propaganda, a base de frases sencillas y acusaciones metafísicas que influyen en el terreno emocional de la gente de a pie, es lo que permite a nuestros socialistas contemporáneos seguir blasonando de que su principal objetivo es defender el bienestar de los más desfavorecidos. El PSOE dice que va a castigar a los ricos y los pobres le creen, aunque los realmente adinerados, en este o cualquier otro país, disfruten de muchas más gabelas cuando manda la izquierda que cuando lo hace la derecha. La consecuencia es que, aunque los trabajadores pasen hambre como ya está ocurriendo en muchos casos, prefieren votar a un partido que les regala los oídos estimulando el sentimiento de la envidia, sin el cual el socialismo perdería gran parte de sus expectativas.

Cuando aparece algún socialistón que se ha enriquecido de forma asombrosa, las víctimas del telediario saldan el expediente acusándole de no ser realmente de izquierdas. Al contrario. Precisamente por ser socialista se ha enriquecido mientras la población normal se empobrece. Ese es el resultado inapelable de la aplicación de las ideas socialistas: una casta de ungidos encaramados al poder que se enriquece, unos grupos de presión que le hacen el trabajo sucio a cambio de que sus miembros vacíen el bolsillo ajeno y, en contraposición, una clase media destruida y millones de obreros viviendo del mísero subsidio estatal.

Lo dramático es que precisamente cuando la injusticia social es más notoria, es cuando los más perjudicados exigen una dosis mayor de socialismo; no de otra forma cabe entender que, a estas alturas, Zapatero siga generando un notorio apoyo popular que le puede llevar a revalidar su victoria electoral en 2012 si antes no revienta por completo nuestra economía.

El socialismo es el mayor agente destructor de riqueza y la garantía de que los pobres lo van a ser cada vez más, mientras un ejército de parásitos vive en la abundancia desvalijando a los que no tienen capacidad suficiente para defenderse de las coacciones del Gobierno. Eso es el socialismo y esos son los socialistas. En una pena que no sólo estén en el PSOE.

La auténtica tolerancia

¿La joven que insiste en cubrirse con un pañuelo? ¿Sus compañeros a quien nadie obliga a cubrirse o a relacionarse con ella?

La decisión del instituto de Pozuelo de prohibir a Najwa llevar pañuelo en clase ha sido aplaudida por no pocos conservadores, cada vez más seducidos por la afrancesada política de integrar al inmigrante a golpe de decreto. Algunos se amparan en la autonomía del centro, pero es problemático justificar la discriminación en una escuela pública. Los padres de Najwa también pagan sus impuestos. Más aún cuando la prenda de la disputa es un simple pañuelo en la cabeza, que ni oculta la cara ni es distinto al velo cristiano tradicional que aún se lleva en diversas regiones y contextos.

Es cierto, como apunta Ferran Caballero, que la joven puede cambiar de centro si no le gustan sus normas, y esta aproximación descentralizada se adapta mejor a las preferencias de los padres que una imposición uniforme del Ministerio. No es justo para Najwa, pero es peligroso dotar al Ministerio del poder para "corregirlo". La pendiente prohibicionista es muy resbaladiza, por mucho que la izquierda gobernante se rasgue ahora las vestiduras ante esta falta de tolerancia.

Hablemos de tolerancia, siguiendo a Robin Hanson. La gente se cree muy tolerante. Se siente orgullosa de tener amigos homosexuales o ateos, sentarse junto a un negro en el autobús, tener una pareja que lleva un piercing. Está bien ser así de tolerante, pero no tiene mucho mérito cuando se trata de respetar comportamientos que hemos integrado en nuestro estilo de vida o no nos molestan en absoluto.

La tolerancia de verdad se demuestra respetando comportamientos que realmente nos disgustan o repugnan, por chocar con nuestras intuiciones sobre lo que es una conducta recta. La poligamia, la poliandria, la prostitución, las orgías, el sadomasoquismo, porno infantil creado digitalmente, la promiscuidad, la negación del Holocausto, las ideas racistas, el insulto, los símbolos franquistas, la quema de banderas, la venta y el consumo de drogas, el nudismo, el suicidio y la eutanasia, fumar, comer grasa saturada, la barra libre y el happy hour, la violencia en el cine, los toros, la caza y la pesca, mofarse de Mahoma en unas viñetas, negar el cambio climático, gastarse 150 euros en una cena, contratar una madre de alquiler, pagar a un donante de riñón, trabajar para un hedge fund, cobrar un bonus de 2 millones, apostar, educar en casa, ser miembro de una secta, mendigar, hacer streaptease en un escaparate de Preciados, enseñar diseño inteligente, ser un hombre-anuncio, llevar burka, hacer topless en la playa, cubrirse con un velo. No pretendo equipararlas, sólo son ejemplos de actividades sin víctimas que unos u otros quieren prohibir porque les desagradan o repugnan. A priori ninguna de ellas interfiere en la libertad de nadie. Los que claman por castigarlas suelen aludir al vicio y a la depravación moral, no a las víctimas y a la pérdida de libertad. Si se refirieran al daño causado quizás la prohibición tuviera a veces algún mérito, pero que sea ésa la razón, no la excusa.

Hanson advierte que el futuro pondrá a prueba nuestra capacidad de tolerar la diferencia, y que más vale que nos vayamos entrenando con las pequeñas variaciones actuales si el día de mañana queremos convivir y prosperar en lugar de pelearnos. En el campo de la eugenesia, la nanotecnología o la inteligencia artificial pueden darse desarrollos insólitos. Algunas posibilidades dan miedo. La realidad virtual, drogas que alteran la mente o el alargamiento de la vida permitirán un abanico más amplio de comportamientos exóticos. Pero también es cierto, aunque Hanson no parezca apreciarlo, que cada vez somos más tolerantes. Lo que antes requería esfuerzo en tolerar, ahora lo aceptamos como algo normal. ¿No vamos en la dirección de una mayor tolerancia?

Sea como fuere, la gente confunde la tolerancia con la indiferencia o incluso la aprobación. Seguramente algún lector sigue escandalizado por algunos de los comportamientos que considero que no deberían prohibirse, como si ello implicara que los apruebo, ¡o que los practico! Este es uno de los problemas de esta sociedad que se jacta de su tolerancia mientras busca en el Estado la forma de imponer su concepción de la vida buena. Una cosa es tener valores propios, otra querer imponerlos a los demás.

La catástrofe tiene nombre

Pero no convendría olvidar que sus mayúsculos errores se han debido a su excesivo optimismo, a haber mantenido unos ratings absurdamente elevados. ¿O acaso las agencias de calificación, fieles aliadas de los gobiernos, no están ahora tratando de retrasar al máximo la rebaja de los ratings soberanos? ¿O acaso S&P no se ha visto forzada a clarificar que el rating español "dista mucho" de la griega minutos después de que recortara nuestro rating?

En todo caso, pues, estarán falseando nuestra realidad al alza: quien quiera lavarle la cara al Gobierno, mejor haría en no agitar demasiado este argumento, ya que si S&P nos califica como AA, probablemente sea que estemos peor.

Tampoco es de descartar que esta catástrofe humana, social, política y económica que es la izquierda de nuestro país vuelva ahora a agitar el fantasma del enemigo exterior; ya saben, esos especuladores extranjeros que conspiran por hundir el Gobierno de progreso de Zapatero negándole el pan y la sal. Pero no, el problema de España no es que los inversores foráneos no se dejen estafar por las promesas de mal pagador, de trilero consumado, de nuestro Tesoro (In Spain we trust, ¿recuerdan?). El problema originario no es ni siquiera que nuestro paro haya alcanzado el 20%, que tengamos un déficit de más de 100.000 millones de euros o que nuestro sistema bancario se encuentre al borde de la bancarrota.

Tiempo habrá para analizar los efectos concretos de la rebaja del rating sobre nuestras enormes necesidades de financiación exterior; sobre unos bancos y cajas que, maltrechos por la burbuja inmobiliaria, llevan años comprando una deuda pública española cada vez de peor calidad y que amenaza con costarles un ojo de la cara en forma de fondos propios; sobre un déficit cuyos intereses cada vez nos resultarán más onerosos, hasta el punto de amenazar con merendarse el futurible crecimiento económico de nuestro país.

Todo esto es cierto, pero sería un error –en el que cae mucha izquierda autocomplaciente– pensar que el Gobierno socialista tiene que atajar de manera inminente todos estos problemas mediante una reforma laboral y una dura consolidación presupuestaria. No, este Gobierno sólo tiene que hacer una cosa: dimitir en pleno. Irse a su casa de una vez, dejar toda función ejecutiva y convocar elecciones. Ya lo dije hace justo un año y lo repito doce meses después: no queda otra salida que la dimisión de Zapatero. Porque podríamos lamentarnos si no supiéramos cuál es el camino a seguir o si no tuviéramos los medios para avanzar por ese camino.

Pero no es el caso; Zapatero sabe desde 2007 qué medidas hay que adoptar, pero se niega a hacerlo. Prefiere que España quiebre a rectificar, a reconocer que su nefasta ideología ha sido uno de los causantes y agravantes de esta crisis. Y con estos bueyes no se puede arar, de ninguna manera; podemos soportar a un inepto, pero no a un demente cuya única obsesión, cuya única preocupación es desviar la atención, mentir y confundir a los ciudadanos para no tomar ninguna de las medidas que nos son inaplazables.

Mas no hay tiempo para que se sigan riendo de nosotros. No hay tiempo para que Zapatero nos siga repitiendo que ya estamos saliendo de la crisis mientras continúa soterrado por los escombros económicos del país, para que De la Vega diga que están haciendo los deberes cuando han traspasado el muerto a unos sindicatos tan o más cerriles que ellos, para que Campa le reste importancia a la rebaja del rating aduciendo que los cálculos de crecimiento del Ejecutivo, esos mismos que han fallado siempre en esta crisis, son mejores que los de S&P. Basta de sainetes.

Esta gente está arruinando nuestras vidas, las de nuestros vecinos, amigos, parejas e hijos. No es aceptable que sigan arrastrándonos a todos al abismo de su incompetencia con esa insultante indiferencia que exhiben. Porque aun cuando nos suban los impuestos, lleven a miles de empresas a la quiebra, manden al paro a cinco millones de españoles, se fundan los ahorros de todos los ciudadanos salvo los de su círculo cercano, conduzcan a los bancos, a la Seguridad Social con su Fondo de Reserva y al Estado a suspender pagos y nos cierren por décadas la financiación exterior, pese a todo, ellos continuarán viviendo de las rentas amasadas durante estas dos legislaturas a costa de nuestros impuestos y de la jubilación dorada obtenida gracias a los fueros que ellos mismos han redactado y aprobado. ¿Qué poco les vamos a importar los simples y pobretones mortales?

Greenpeace condecora al Instituto Juan de Mariana

Nada más terminar la sesión desinformativa de Greenpeace, los medios más afines al ecolojetismo nos llamaron. Tenían un problema y querían ver si les podíamos ayudar a solucionarlo. Greenpeace les había presentado una teoría conspiranoica según la cual nuestro estudio estaba respaldado por las grandes multinacionales petroleras pero los periodistas, según nos comentaban, tenían la impresión de que Lopez Uralde y sus fieles guerreros no habían hecho otra cosa que buscar en Google posibles relaciones lejanas y tratar de ligar al Instituto Juan de Mariana con la industria petroleras.

A nosotros, claro, nos entró la risa. Hace un año Greenpeace aseguraba que tenía pruebas de que Exxon Mobil estaba detrás del estudio y del Instituto. En aquel entonces ya dijimos que mentía descaradamente y les invitábamos a probarlo (claro que para qué molestarse si ya me lo explicó en una ocasión el propio López Uralde al término de un debate en televisión: "¿a quién va a creer el público, a ti o al director de Greenpeace?).

Pero además les aclarábamos que no nos importaría que Exxon nos ayudara en el futuro, siempre y cuando se tratara de una donación sin contrapartida. Es más, en otro debate en televisión con un alto representante de Greenpeace respondía a esas falsedades diciéndoles que si bien lo que decían era puro embuste, merecía la pena hacer un ejercicio mental imaginando que mi relación con Exxon fuese sumamente estrecha: supongamos que el presidente de Exxon fuera mi padre. ¿Y qué? ¿Es que ya no vamos a debatir argumentos si ese fuera el caso? ¿O es que los únicos estudios válidos son los que financian las administraciones públicas o algunas petroleras como BP?

No sé si BP ha financiado alguna vez a Greenpeace pero lo que sí sé es que la organización radical tuvo durante bastante tiempo en su página web del Reino Unido una solicitud para sus seguidores: comprar gasolina de BP, la petrolera que financia todo tipo de estudios, campañas y proyectos que supongan quitarle dinero al contribuyente para dárselo a las grandes multinacionales que, como la propia BP, desarrollan proyectos que los consumidores no quieren costear. Sí, ya lo sé. Huele que apesta, pero nosotros nos tapamos la nariz y tratamos de atender a los argumentos de los ecologistas y de otras partes con claros intereses en la materia.

En esta ocasión Greenpeace vuelve a mentir a lo bestia y se inventa una trama de apoyo al Instituto por parte de una empresa llamada Koch, que en España parece vender papel higiénico y otros productos similares a través de Colhogar. Bueno, ya se pueden imaginar la risa que nos entró. Una vez más les invitamos a demostrar lo indemostrable y una vez más les repetimos que si así fuera lo importante seguiría siendo atender a los argumentos, algo que no suele gustar al ecolojetismo rojiverde.

Para suplir esa laguna argumental, López Uralde y sus mariachis lanzaron dos afirmaciones que suenan a chiste a todos aquellos que se tomen esto del ecologismo con buen humor, pero que resultan patéticas para quien no tenga la suerte de poder reírse del radicalismo, las contradicciones y el odio a las libertades individuales que desprenden las campañas de estos grupos.

La primera dice que tratamos de buscar apoyos en el PP, intentando incluso involucrar a Aznar en evitar un acuerdo global contra el cambio climático. Se ve que no nos conocen nada. No nos interesa involucrar a Aznar ni al PP. Lo que nos interesa es transmitir nuestros argumentos a la opinión pública y participar seriamente en el debate de las ideas. Eso fue lo que hicimos con nuestro estudio acerca del coste sobre el empleo de las subvenciones a las energías renovables. El estudio ha tenido una acogida espectacular a nivel mundial.

Greenpeace intenta rebajar las más de mil noticias, reportajes y editoriales positivos en la prensa internacional con las opiniones de un bloguero ecologista en el Wall Street Journal. A "eso" Greenpeace le llama que el Wall Street Journal sea crítico con el estudio, cuando lo cierto es que este periódico ha dedicado tres (sí, tres) editoriales a alabar la metodología, el enfoque y la seriedad del estudio. Pero Greenpeace, fiel a su política de intoxicación, silencia esos tres editoriales laudatorios y trata de dar rango de editorial a lo que no es más que el blog producto de un acuerdo entre el Wall Street Journal y una institución ecologista.

Claro que tampoco habla de los editoriales que nos dedicaron The Economist y otros medios especializados, incluyendo la entrevista en la cadena medioambientalista estadounidense E&E. ¿Para qué iban a hacerlo si resulta que la verdad no encaja con su intento de distorsionar toda esta historia?

La segunda "refutación" de nuestro estudio es una empanada de cartas y un informe del Laboratorio Nacional de las Energías Renovables (NREL por sus siglas en inglés). Los autores del informe de NREL dicen que no les gusta nuestra metodología, que no somos transparentes y que no tenemos estadística que nos apoye. Para quienes conozcan la historia de este estudio, el tema tiene su gracia.

NREL es una agencia estatal (Federal) llena de funcionarios dedicados a promocionar las energías renovables a través de investigaciones. Así que cabe esperar que sean críticos con un estudio que pone en duda los supuestos beneficios de las subvenciones que se otorgan a las energías que ellos defienden. Pero lo más curioso es el tipo de crítica que recibimos. En el informe al que se refiere Greenpeace critican la metodología que utilizamos que no es otra que la del coste de oportunidad de las ayudas concedidas a la producción eléctrica renovable y de los empleos creados. Ellos hubiesen preferido usar tablas input-output, el método que Leontief inventó para ser usado en la planificación centralizada soviética. Entiendo que a Greenpeace y a López Uralde le guste la metodología que propone el NREL pero no puede esperar que un grupo de profesores que entienden los beneficios de los mercados libres y de la libertad individual defiendan y usen una metodología pensada para suprimirlos. Además, el informe de NREL ha caído en el descrédito total en EEUU después de que esta agencia tuviera que hacer públicos unos emails en los que se prueba que el estudio fue realizado por unos activistas, que los evaluadores que lo habían aprobado fueron elegidos a dedo previa comprobación de que iban a estar de acuerdo fuera cual fuera su argumento y, sobre todo, que el informe fue ideado, supervisado y coordinado por un lobby de empresas renovables.

A nosotros no nos importa que el lobby renovable estuviera detrás de la contestación, pero a la opinión pública estadounidense le molestó bastante que le vendieran aquel informe crítico como un ejercicio académico contra un estudio pagado por las petroleras, cuando la realidad era casi la contraria: se trataba de un informe auspiciado por el lobby renovable contra un estudio académico de unos profesores de economía españoles sobre las consecuencias del sistema de ayudas español a la producción eléctrica renovable. A la luz del escándalo sobre la oscura línea y la oscura historia de este informe, resulta simpatiquísimo que los de Greenpeace afirmaran que nuestro estudio, aceptado para su publicación en una revista académica, no fuera transparente y acusara de una falta de apoyo estadístico cuando todas nuestras afirmaciones están respaldadas por notas en las que los referenciamos y cuando tenemos un apéndice estadístico dedicado a quienes quieran ver desmenuzada toda la batería de datos utilizados.

Y por último están las cartas que esgrime Greenpeace contra nuestro estudio. ¿Qué van a decir las cartas de las administraciones públicas que han puesto en marcha todo el tinglado de ayudas con el dinero del contribuyente? Pues lo que cabe esperar: que lo que decimos no es cierto y que ellos han visto tantos o cuantos trabajadores verdes por aquí o por allá. Una especie de charla de taberna puesta en una carta sin el más mínimo rigor académico y enviadas al Congreso de los EEUU. Allí se han debido quedar de piedra porque los remitentes no eran capaces ni siquiera de diferenciar entre personas contratadas y empleos equivalentes. Y allí puede que los políticos sean igual de peligrosos que aquí, pero están bastante más preparados.

La mejor de las cartas es la del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, firmada por la Secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera Rodríguez. En ella, aparte de repetir lo que venía diciendo el lobby renovable, la señora secretaria de Estado miente descaradamente al asegurar que la fuente de nuestro cálculo es desconocida. Si ella no conoce nuestras fuentes es porque no se lo leyó y si se lo leyó, miente cuando afirma que no tenemos unas fuentes que en realidad mostramos en todo momento. Quizá la falacia de Teresa Ribera la hagan una perfecta candidata para un puesto en Greenpeace cuando se le acabe el trabajo en el Ministerio y deje de vivir de nuestros impuestos.

Viniendo de Greenpeace, todo lo que dicen sobre nosotros nos parece una verdadera condecoración. Aprovechando esta distinción, invito desde aquí a López Uralde y a Teresa Ribera a un debate público sobre estos interesantes e importantes asuntos en los que nos jugamos el progreso económico y el verdadero cuidado del medio ambiente.