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Giro liberal en Alemania

Mientras que Zapatero se empeña en fustigar a las clases medias y bajas con más impuestos que le permitan seguir incrementando al leviatán estatal, los tres grandes partidos alemanes entendieron que la ciudadanía no consentiría subidas impositivas y pujaron a ver quién ofrecía mayores rebajas. El mayor recorte lo ofrecía el Partido Liberal que liderado por Guido Westerwelle entrará en el nuevo gobierno de la mano de Angela Merkel. Detrás venía el CDU, la sección bávara de los democristianos. A los de Bavaria les seguía la matriz democristiana con Merkel a la cabeza, prometiendo una contundente rebaja fiscal e importantes recortes en el gasto público. Cerrando el pelotón de la rebaja fiscal estaba el Partido Socialdemócrata que a pesar de su ideología no barajó en ningún momento una subida de impuestos porque según su líder, Frank-Walter Steinmeier, "subir los impuestos sería catastrófico en esta coyuntura".

Pero la política de saqueo del contribuyente mediante subidas impositivas con el objeto de que el Estado siga engordando y aumentando el gasto mientras la ciudadanía trabaja de contener el suyo también estaba representada. Su líder era nada más y nada menos que Oskar Lafontaine, el Zapatero germano. A pesar de obtener una pequeña subida, su partido, Die Linke (La Izquierda) se queda en torno al 12%. Los Verdes, que parecían secundar la política económica confiscatoria de la izquierda radical (ya saben, la salvación del planeta bien vale alargar la crisis todo lo que haga falta), han obtenido aproximadamente un 10% de los votos.

Parece que los alemanes no son tan dóciles ni masoquistas como los españoles. Menos de una cuarta parte del electorado ha respaldado a partidos dispuestos a aumentarles los impuestos. Allí una subida podría haber provocado una revuelta. Aquí mucho me temo que ni siquiera vaya a provocar movilizaciones sociales ni objeción fiscal. ¿O sí?

Alemania vota contra Zapatero

La primera consecuencia es un cambio de Gobierno. Aunque Merkel seguirá siendo la canciller alemana, nuestro vecino ha perdido cuatro años por las ataduras de la Grossen Koalition y no ha podido ni tomar las medidas más eficaces para vadear la crisis ni adoptar una posición clara frente a problemas de primer orden, como la política de cerrar las 17 centrales nucleares que hay en funcionamiento.

No menos importante que el giro liberal del Gobierno es la crisis en que se sume la izquierda alemana. Los verdes mantienen un apoyo importante y la izquierda neocomunista obtiene un apoyo muy notable. Juntas casi alcanzan la fuerza electoral de los socialdemócratas. En consecuencia, el voto a la izquierda queda muy dividido. No hay un discurso común y parte del esfuerzo de los líderes de estos partidos se tiene que dedicar a ponerse mutuamente como no digan dueñas.

También es llamativo el éxito electoral de los liberales. Los buenos aficionados a la política en Alemania saben que los liberales (el FDP) son conscientes de que ese partido sube cuando su discurso es más auténtico y baja cuando lo traiciona. Y el discurso del líder, Guido Westerwelle, es el más liberal de las últimas décadas. Su éxito, por tanto, es notable pero no sorprendente. Los que se habrán quedado sorprendidos son todos los que hablaban del auge en Europa de la ultraderecha. Los neonazis han quedado incluso por detrás del Partido Pirata.

Merkel ha prometido una gran rebaja fiscal si, como ha sucedido, ganaba las elecciones. Está claro que España se va a quedar atrás, muy atrás, del resto de Europa.

La gaya ciencia de Zapatero

El tal evento consistía en la alineación de dos liderazgos progresistas, una conjunción en tiempo y espacio de José Luis Rodríguez Zapatero y Barack Obama.

Superado el primer rubor, zarandeados por la asimilación, absurda, entre el baile elegante e inexorable de los planetas y el encuentro entre el garbo zumbón de Obama y el meneo robótico de Zapatero, rompimos todos a reír como niños, a mandíbula batiente. La Historia, dos veces y media centenaria del otro lado, y varias veces milenaria del nuestro, tampoco es que se fuera a revolver por el casto ayuntamiento de los dos líderes. Más y más pensamientos chocantes y absurdos, trufados de coñas y risas, corrían en las reuniones de trabajo, en los bares, en la calle, a costa del planetario encuentro de ambos dos, predicho por el oráculo pajínico.

Sí, ¡cuánto reímos entonces, ignorantes de nosotros! Porque es brava, atrevida y desenvuelta la ignorancia, quedamos todos en ridículo al pretender que era ella, la orácula, quien se había merecido la mofa, esta sí, de dimensiones astronómicas. Los ridículos fuimos nosotros, fue España entera. Porque no caímos en el significado profundo de sus palabras.

Este miércoles, el dirigente Zapatero, sin querer darse importancia, sin trompetas ni fanfarrias, ofreció todas las claves escondidas en la predicación de Pajín. En la sede de la ONU, la habitación más planetaria que nos permite esta vieja esfera, José Luis Rodríguez Zapatero proclamó a la rosa de los vientos que la actual crisis económica hunde sus raíces nada menos que en el cambio del clima.

Sí, señores. Aquél encuentro será planetario porque el discurso de Zapatero surge de las entrañas de la Tierra. Zapatero es el Zaratustra de la Gaya ciencia. O, más bien, de la Gaya teoría, que entiende que nuestro planeta es un ser vivo, con sus equilibrios internos y sus flujos constantes. Vivo y puñetero, como todos los demás. Y si se le toca la moral, se revuelve y nos atiza una crisis económica de Dios Padre y muy Señor Mío. Y así estamos.

¿Qué? ¿Entienden ahora lo del encuentro planetario?

Señor presidente, no lo haga

Señor presidente del Gobierno:

Hay vías alternativas: reduzca más el gasto, elimine ayudas a dictadores, a programas inútiles, a los actores, privatice las tierras del Estado devolviendo a la gente lo que fue suyo. Legalice las drogas y prostitución, abra mercados de verdad como el de la seguridad privada. Elimine burocracia para crear más empresas y que reporten más dinero. Detenga su plan belicista en Oriente Medio. Elimine funcionarios y cargos públicos. Elimine las subvenciones a los rentistas estatales como sindicatos, patronal, profesiones del paro, medios de comunicación, agricultores…

José Luis Rodriguez Zapatero. Presidente del Gobierno. Este no ha de ser el "Gobierno del uno". Si así es, como decía Étienne de La Boétie, será tiranía.

¡No lo haga, no suba los impuestos!

Un economista llamado Zapatero

Zapatero, preclaro intelectualillo que confundía la progresividad con la regresividad fiscal y que supuestamente aprendió el contenido de una de las ciencias sociales más complejas que existen en apenas dos tardes, ha sentenciado ante la ONU, sin rubor alguno, que el cambio climático es una de las causas de la recesión.

¿Por qué? Pues no queda muy claro con sólo una frase tan seca y tajante. Al menos los delirios de Jevons tenían cierta relación con la realidad, pues el inglés pensaba que el tamaño de las manchas solares provocaba alteraciones en el clima que a su vez generaban malas cosechas, incrementos en los precios de los productos agrícolas y, a través de estos, crisis económicas.

Pero, ¿y Zapatero? El que está acumulando méritos para convertirse en el economista español más original del s. XXI no ha querido desarrollar su visionaria teoría. Lástima, nos quedaremos de momento con las ganas de descubrir cómo ha influido el cambio climático en la burbuja inmobiliaria: tal vez sea que la calor abochornara al bueno de Alan Greenspan y lo impulsara a favorecer una de las mayores expansiones crediticias de nuestra historia.

Tampoco llegaremos a entender cómo España, uno de los países más ecologistas del mundo, que se ha sumado a todas las iniciativas habidas y por haber en torno al cambio climático y que ha inundado con miles millones de euros a las eléctricas para promover el negociete de las energías renovables, es a la vez uno de los que más está sufriendo ­–y más va a sufrir– los achaques de esta crisis que nos trajo el cambio climático.

Curioso, por cierto, esto del ciclo económico. Algunas de las mentes más brillantes de la historia se han dejado las neuronas en redactar decenas de miles de páginas sobre el asunto, y nuestro insigne presidente, al que no se le conoce escrito alguno que no quepa en una servilleta de papel, lo ha zanjado en un par de frases.

Aunque, en realidad, más verosímil me parece la hipótesis de que Zapatero siga teniendo hoy los mismos conocimientos económicos y los mismos prejuicios ideológicos que antes de convertirse en discente del posteriormente defenestrado Sevilla. Lo que buscaba el presidente del Gobierno con tales malabarismos era justificar que esté aprovechándose de la crisis para promover todo tipo de leyes disparatadas –como la Ley de Crecimiento Sostenible– que en absoluto atacan las causas de la recesión ni favorecen la recuperación: nos inventamos un muñeco de paja que nos permita no tomar ni una decisión correcta pero sí bastantes catastróficas.

Al fin y al cabo, a Zapatero le importa bastante poco que los españoles salgan de la crisis en la que, en buena medida, su Gobierno nos ha metido. Como él mismo ha declarado: "Los intereses que tiene España para defender en Naciones Unidas es Naciones Unidas", véase: "una garantía de paz que atienda la salud en el mundo, la lucha contra la pobreza y ahora que atienda también la lucha por el cambio climático". Los españoles no tenemos intereses porque han sido sustituidos por los de Naciones Unidas, esto es, por la agenda izquierdista global que Zapatero lidera en nuestro país. Hay que acabar con la pobreza en el mundo mientras la vamos multiplicando en España. Cómo no habremos caído antes.

Suicidios en France Télécom

Pasaron los días, y se calmó el asunto. Parece que la oleada no era tal, y que la tasa de suicidios se mantenía en niveles similares a otros ejercicios, aunque de todas formas el Gobierno francés tomó cartas en el asunto, llamando a capítulo a Didier Lombart, presidente de la empresa.

Dios me libre de presumir las razones que pueden llevar a una persona a una decisión tan desesperada, pese a que los sindicatos de la compañía tienen claro que es por los traslados de los empleados que está realizando la misma. Pero, aprovechando que el Sena pasa por Paris, sí quiero realizar un par de reflexiones. Ambas se relacionan con el papel que se podría atribuir al Estado en esta oleada.

En primer lugar, France Télécom, como buen operador histórico, está sujeto a múltiples regulaciones por su gobierno. Y muchas de ellas tienen como consecuencia directa la reducción de sus ingresos. Una de las más recientes, por ejemplo, es la imposición de un nuevo impuesto para financiar a las televisiones públicas. Medida que, por cierto, ha tenido aquí su remedo.

Ocurre que, por mucho que no les guste a políticos y reguladores, cada reducción de ingresos impuesta de esta forma, exige una correlativa reducción en gastos para mantener el rendimiento. Y no porque lo quieran los jefazos del operador, sino porque lo quieren los accionistas e inversores, que no están dispuestos a sacrificar rentabilidad para su dinero. Si los directivos no responden de forma efectiva, la gente preferirá meter sus ahorros en otras empresas y en otros sectores, y entonces estará en riesgo el futuro de la compañía en su totalidad.

Y, en telecomunicaciones, la reducción de gastos se consigue casi siempre mediante "reestructuraciones" de personal. Así pues, cabe la posibilidad de que dicha medida, y los suicidios consecuentes, tengan más relación con estos ajustes forzados por el Estado que con los exigidos por el mercado en competencia.

En segundo lugar, France Télécom, también como buen operador histórico, ha sido durante gran parte de su historia un verdadero ministerio. De hecho, aún en la actualidad, el Gobierno francés tiene el 27% de las acciones, lo que le convierte en el principal accionista de la entidad.

Todo el que ha trabajado en una entidad más o menos pública sabe que las condiciones de su trabajo tienen poco que ver con su rendimiento o capacidad. Al contrario que en las entidades privadas, donde el empresario sufre en sus beneficios por los errores que cometa al respecto, en las entidades públicas invita el contribuyente. Y esto permite un cierto grado de flexibilidad a la hora de elegir gente por sus rendimientos (nótese la ironía, por favor). Por tanto, la gente se encuentra con que su carrera o su posición tras las reestructuraciones no tiene relación con su desempeño en el trabajo, como tendería a ocurrir en una empresa privada, sino con factores políticos sobre los que no tiene control.

A los empleados de France Télécom se les hurta en gran medida la posibilidad de influir en su propio destino. Decisiones arbitrarias del gobierno, sea en la regulación de su actividad o en el plano organizativo, están condicionando sus vidas. ¿Hay algo más desesperante que creer que no puedes hacer nada para influir sobre tu propio destino?

¿Neocones o neoprogres?

Pero hoy en día casi nadie se preocupa por el significado original del término "neoconservador" o "neocón", que se ha convertido en arma arrojadiza de la izquierda contra quienes no comulgan con sus ideas, especialmente los liberales. Algunos han reaccionado aceptando el epíteto como si fuera un piropo –declarándose liberales a fuer de neocones–, sin reparar en la grieta ideológica que separa el neoconservadurismo del liberalismo clásico. No en vano el grueso del movimiento liberal y muchos conservadores en Estados Unidos marcan claras distancias con los neoconservadores, a quienes acusan de haber traicionado los principios anti-estatistas y aislacionistas de la vieja derecha. El propio Kristol no se consideraba a sí mismo liberal, ¿por qué tendríamos que considerarnos neocones los liberales?

En el albur de la Segunda Guerra Mundial, Irving Kristol era de convicciones comunistas y se enfrentaba a la disyuntiva de cómo responder al pacto de Hitler y Stalin y a la ocupación de Europa por parte de dos regímenes totalitarios. El debate en el seno del principal grupo trotskista americano, el Socialist Workers Party, llevó a enfrentar a los trotskistas ortodoxos favorables a la Unión Soviética con los revisionistas, liderados por Max Shachtman y James Burnham. Esta segunda facción se escindió, Kristol se fue con ellos y otros le siguieron.

Kristol evolucionó a posiciones anti-comunistas, pero dentro de los parámetros de un progresismo centrista alineado con el Partido Demócrata. En 1965 fundó la revista The Public Interest, junto con Daniel Bell, que aglutinó a la que sería la primera generación de neoconservadores: Nathan Glazer, James Q. Wilson y Seymour Martin Lipset, entre otros. Norman Podhoretz, otro prominente neoconservador que venía de la izquierda, editaba por aquel entonces la revista Commentary.

Kristol acuñó la frase "un neoconservador es un progresista asaltado por la realidad". El economista Lester Thurow propuso una definición distinta: "un progresista asaltado por la realidad que decide no presentar cargos". El neoconservadurismo nació en parte como reacción al exceso de intervencionismo de la Great Society de Lyndon Johnson, pero en general se mostró complaciente con el Estado del Bienestar. Kristol señalaba en su libro Reflections of a Neoconservative que "un Estado del Bienestar, adecuadamente concebido, puede ser una parte integral de una sociedad conservadora". En su artículo The Neoconservative Persuasion, Kristol afirmaba que el crecimiento del Estado en el pasado siglo no produce alarma ni ansiedad a los neoconservadores, es visto como algo natural e inevitable. "Los ideales decimonónicos tan nítidamente expresados por Herbert Spencer en su The Man Versus the State son una excentricidad histórica". Calvin Coolidge y Barry Goldwater, probablemente el presidente y el presidenciable más liberales que ha tenido Estados Unidos en el siglo XX, no eran santos de su devoción. En materia de políticas sociales y culturales, Kristol apuntaba que los neoconservadores no son muy tradicionalistas pero encuentran más puntos en común con la derecha religiosa que con la derecha de corte liberal.

En política exterior, el principal objetivo de los neoconservadores durante la Guerra Fría era la eliminación del estalinismo, ahora enemigo mortal, por medios militares (algunos defendieron un ataque nuclear preventivo contra la Unión Soviética). Se distanciaron de Reagan en su segundo mandato porque se aproximó a Gorbachov. Es significativo que Kristol dijera que "para mí no hay ningún ‘después de la Guerra Fría’". Refleja el estado mental de "guerra permanente" en la que los neoconservadores parecen inmersos. Esta actitud agresiva en política internacional sería el rasgo definitorio del neoconservadurismo, que alcanzaría el cénit de su influencia durante la Administración de George W. Bush.

En contraste con el conservadurismo de la época de Robert Taft o el paleoconservadurismo actual, los neocones se caracterizan, pues, por defender una política exterior ambiciosa e idealista. Pero esta actitud no tiene raíces conservadoras sino progresistas. El movimiento progresista de finales del siglo XIX y principios del siglo XX simpatizaba con la expansión territorial y fue Woodrow Wilson el que inició la cruzada para "hacer un mundo seguro para la democracia". Como señala el historiador William Leuchtenburg, "pocas personas veían un conflicto entre las reformas sociales y democráticas en casa y la nueva misión imperialista". Eran dos caras de la misma moneda. La vieja derecha se oponía, en cambio, al intervencionismo militar ideológico, arguyendo que la guerra es la salud del Estado y el interés nacional exige una postura defensiva y prudente, no aventurista.

Justin Raimondo, una de las plumas más críticas con el neoconservadurismo, ha calificado la "revolución global por la democracia" de Bush de neo-trotskista, poniendo en relación el pasado de neoconservadores como Kristol y la visión de Trotsky sobre la necesidad de extender la revolución por el mundo en lugar de circunscribirla solo a Rusia. Quizás Raimondo se excede en su interpretación, pero su conclusión sí parece acertada: Irving Kristol y los demás neoconservadores contribuyeron a alejar el movimiento conservador de sus posiciones radicalmente anti-estatistas y a concentrarlo en torno a una actitud pro-activa en política exterior. Hay quienes se sentirán cómodos con este cambio, pero algunos preferimos el conservadurismo de antaño.

Zapatero no quiere héroes

En contextos de bienestar económico y paz social la demagogia no funciona electoralmente, de ahí que el socialismo suela llegar al poder únicamente en situaciones de gran convulsión, como acredita la trayectoria del Partido Socialista Obrero Español, especialmente la más reciente.

Si empeñar el patrimonio personal en llevar a cabo una idea para satisfacer las necesidades de los futuros clientes exige siempre cierta dosis de arrojo, mantener a flote una empresa por pequeña que sea, en medio de una recesión económica y con el gobierno legislando en contra, es ya una cuestión de heroísmo. Los autónomos y pequeños empresarios son esos héroes, pero en lugar de agradecimiento sólo cosechan el resentimiento de los envidiosos e incapaces que viven del esfuerzo ajeno.

Los autónomos españoles se quejan, con toda razón, de que están soportando lo más duro de la crisis. Ni son tan grandes como para fagocitar el presupuesto público a base de subvenciones, ni tan pequeños como para recoger las migajas que el socialismo dispersa entre los últimos eslabones de la cadena productiva. Y sin embargo son la columna vertebral de nuestra economía, los que hacen funcionar el país y los que crean riqueza y empleo en un porcentaje mucho mayor que el resto de agentes económicos, circunstancia que si en tiempos normales pasa desapercibida para los políticos, con Zapatero en el poder les convierte en objetivo prioritario de su tarea destructiva.

Zapatero va a sospechar siempre de quienes demuestran con su trayectoria vital independencia de criterio para idear nuevas formas de beneficio y agallas para transformarlas en realidad. Con ellos no puede, porque conocen cómo funciona la vida real y, en consecuencia, no aceptan la demagogia de la izquierda. Tampoco de la derecha.

Lo más extraordinario es que no piden subvenciones ni gabelas al estilo sindical, sino impuestos bajos y líneas de crédito para mantener su negocio a flote. Tendrán, ya lo están experimentando, todo lo contrario.

La España de Zapatero no paga a héroes, sólo a traidores, así que la única solución que les queda a nuestros pequeños empresarios es resistir. Bien pensado, el felipismo también parecía eterno y "sólo" duró catorce años.

Los últimos éxitos del periodismo disperso

John Nolte hace notar una contradicción sólo aparente: no ha sido la flagrante parcialidad de los principales medios norteamericanos lo que los está llevando a la ruina, ha sido la aparición de internet, la blogosfera y sus altavoces radiofónicos y televisivos (Fox News, prácticamente en exclusiva) los que están destruyendo la credibilidad de la prensa. Walter Duranty podía alabar a Stalin en las páginas del New York Times y recibir un Pulitzer; hoy posiblemente terminaría despedido y el director del diario habría dimitido para afrontar nuevos retos en cierto puesto burocrático de la compañía editora. La diferencia entre entonces y ahora es que existe un quinto poder con capacidad para ejercer de contrapeso al cuarto y denunciar sus abusos: el periodismo disperso.

No obstante, hay que hacer notar que por sí sola la blogosfera no puede hacer nada. Necesita de altavoces mayores. Dispone en muchos casos de información extraordinaria, de gran valor, pero perdida entre un mar de datos falsos, opiniones y poca capacidad de llegar al gran público. Sigue siendo necesario que un medio tradicional ejerza de altavoz; en concreto, una televisión nacional, que siguen siendo las principales fuentes informativas del ciudadano medio. Esa es la principal diferencia entre Estados Unidos y España: allí existe Fox News, aquí no; los posibles candidatos a convertirse en la Fox española son demasiado pequeños, tienen poco dinero y escasa audiencia. Mientras, la gente se sigue informando en TVE, Antena 3, Telecinco, Cuatro y La Sexta. No son precisamente los sitios donde uno esperaría encontrarse en horario de máxima audiencia a alguien como Glenn Beck.

Ha sido este periodista, quien por cierto entrevistó hace unos meses a Gabriel Calzada, quien parece haber encontrado la fórmula perfecta. En cierto modo se parece al mecanismo descrito por Eric S. Raymond en su ensayo La catedral y el bazar mediante el cual se desarrolla el software libre. Beck acude a su programa con información de interés que afecta negativamente al Gobierno o a los demócratas y pide colaboración; personas de todo el país se ponen a buscar con ahínco y terminan encontrando cosas que Beck jamás habría podido hallar por sí mismo.

Es lo que ha provocado la caída de Van Jones, el "zar" de Obama para impulsar la llamada economía verde y las energías renovables. Mientras la prensa hablaba más bien poco de él, como no fuera para ponerlo como una de las 100 personas más influyentes del mundo en la lista de Time y con artículo apologético del gran intelectual Leonardo DiCaprio, Beck lo denunció por ser comunista. Algo que aquí le daría caché, pero es que en Estados Unidos son raros y miran mal a quienes comparten ideas con los asesinos de más de 100 millones de seres humanos. A partir de ahí el periodismo disperso comenzó a actuar y pronto pudo poner un vídeo donde llamaba gilipollas a los republicanos e informar de que en 2004 firmó una petición donde se exigía una investigación a fondo del 11-S y en la que se acusaba a Bush de haber permitido a propósito los ataques.

El resultado fue la dimisión de Jones, algo impensable, por cierto, por estos lares. En vista del éxito, Beck ha repetido un par de veces más la jugada. Primero, emitiendo un reportaje con cámara oculta hecho por dos aficionados veinteañeros ataviados de chulo y puta, respectivamente, en el que se demostraba que en las oficinas de ACORN se incitaba al fraude fiscal y se hacía la vista gorda incluso ante la trata de blancas. Consecuencia: el Senado ha votado retirarles los fondos públicos a esta organización con la que trabajó Obama.

En segundo lugar, Beck publicó un vídeo sacado a la luz en un blog en el que la directora del National Endowment for the Arts –la agencia que subvenciona el arte en EEUU– animaba a los artistas a hacer propaganda a favor de Obama. Consecuencia: Yosi Sergant fue "recolocada".

Mientras tanto, la prensa se dedicaba a buscar todo lo posible sobre el yerno de Sarah Palin, que ya no tiene ningún cargo público. No es de extrañar que la confianza del público en la profesión haya bajado al 29 por cierto, la peor cifra desde que comenzaron a medirla. La culpa, sí, es de la blogosfera y Glenn Beck y el periodismo disperso todo. Pero especialmente de unos periodistas que, ante la certeza de que no podrían seguir saliéndose con la suya haciendo lo de siempre, decidieron intentarlo unos años más.

¿Cuándo comprar piso?

Desde principios de 2008, el Ministerio de Vivienda, mes sí y mes también, anima insistentemente a la población a que se embarque en la aventura de convertirse en propietario, ya que el descenso de precios facilita la adquisición de vivienda. Sin ir más lejos, la ministra Beatriz Corredor afirmó el pasado 16 de septiembre que "los indicadores económicos muestran la tendencia a la estabilización del mercado inmobiliario".

Además, "el esfuerzo requerido para adquirir una vivienda se ha desplomado más de nueve puntos en el último año, del 40,3% al 31% de la renta bruta disponible, llegando a niveles de 2006". Es decir, "hoy cuesta menos acceder a un hogar que hace un año".

Este tipo de mensajes no sólo son engañosos, sino que constituyen una gravísima irresponsabilidad institucional por el elevado riesgo que conllevan estas recomendaciones. El precio de la vivienda en España todavía no ha tocado suelo. Precisamente, éste es uno de los principales problemas que arrastra la economía nacional, ya que la recuperación económica se retrasará hasta que no se produzca el necesario ajuste de precios.

Así, tras sufrir una de las mayores burbujas a nivel mundial, España aún se sitúa a la cola del Top 10 de depreciaciones inmobiliarias, por detrás de EEUU, Reino Unido o Dinamarca. Desde mediados de 2008, el precio medio de los pisos apenas ha caído un 10%, por lo que la vivienda aún sigue sobrevalorada casi un 30% con respecto a sus fundamentales. Por ello, en caso de que se mantenga este lento ritmo de ajuste, el precio seguirá cayendo durante, al menos, otros tres años (entre finales de 2011 y principios de 2012).

Sin embargo, existen otras variables a tener en cuenta. España contaba a finales de 2008 con más de 1,6 millones de pisos sin vender (stock), mientras que la demanda apenas alcanzaba las 218.000 unidades. Es decir, a este ritmo de ventas, la oferta no se extinguirá hasta dentro de siete años. Y ello, sin necesidad de poner un solo ladrillo.

La clave, sin embargo, no radica tanto en el stock como en las dificultades financieras de familias y empresas del sector. El aumento del paro, la posible subida de tipos de interés en 2010 y el incremento de la morosidad amenazan con hundir el precio de los pisos por debajo, incluso, de sus fundamentales.

A 31 de diciembre de 2008, la banca acumulaba ya cerca de 32.000 viviendas procedentes de ejecuciones, mientras que otras 93.000 se encontraban en situación de mora por impago de hipoteca. El pasado junio, los bancos y cajas de ahorros acumulaban en sus balances activos inmobiliarios por valor de 20.256 millones de euros, según datos del Banco de España… Y creciendo.

En la actualidad, son las entidades financieras, no las inmobiliarias, quienes realmente están fijando el precio de los pisos, manteniéndolos artificialmente por encima de su valor de mercado con el fin de evitar la depreciación de sus balances y, por tanto, entrar en pérdidas. ¿Cómo? Por un lado, han endurecido las condiciones crediticias en el caso de la vivienda usada, al tiempo que refinancian los créditos morosos de propietarios y grandes inmobiliarias en quiebra.

De este modo, las entidades concentran la concesión de préstamos en condiciones favorables hacia las viviendas que mantienen en cartera (sobre todo, nuevas) con el fin de darles salida, al tiempo que tratan de retrasar, en la medida de lo posible, el impago de créditos mil millonarios por parte de las grandes empresas del ladrillo, en un proceso conocido como roll-over.

¿Problema? Varios. La falta de crédito presionará aún más a la baja el precio de la vivienda usada. Además, los promotores cuentan con un margen muy estrecho a la hora de hacer rebajas. Según los balances consolidados de las inmobiliarias a 2006/2007, el ratio de resultado de explotación se situaba entre el 15% y el 20%, con lo que la flexibilidad máxima de precios sería de ese orden, para no incurrir en pérdidas. Y es que, antes de vender el piso por debajo del precio de coste, las promotoras entregan sus activos a los acreedores para saldar la deuda.

Por otro lado, pese a la refinanciación masiva, el sector del ladrillo está en quiebra, por lo que la banca, finalmente, tendrá que asumir un gran volumen de activos inmobiliarios al vencimiento de los créditos concedidos a esas empresas (entre 2010 y 2012). De este modo, el desplome de precios y, por lo tanto, el necesario ajuste, se producirá cuando a la banca no le quede más remedio que desprenderse de los activos embargados a pérdidas.

Así pues, aún queda tiempo para buscar con calma un precio atractivo para comprar casa, como mínimo un par de años. De todos modos, existen dos indicadores útiles para saber si ha realizado una buena compra: por un lado, un PER (número de años que precisaría alquilar un inmueble para recuperar el monto inicial de la inversión) igual o inferior a 19; y por otro, que el valor del piso no supere en más de tres veces su renta bruta anual (salario).