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Una de cal y otra de arena

A lo largo de sus respuestas al periodista, el político socialista también revela que sigue sin tener ni la menor idea de cómo hemos llegado a tener el modelo económico que tenemos ni por qué estamos sufriendo esta crisis.

Lo primero es más cierto de lo que parece a simple vista. Los políticos de izquierda se sienten muy a gusto con las subidas de impuestos. Yo casi diría que es casi consustancial a ser de izquierdas. Después de todo, les define el intento de igualar a los individuos por medio de la redistribución y qué mejor forma de hacerlo que subiendo los impuestos. Claro que si fuera necesario, lo de bajar los impuestos también podría ser de izquierdas. Entre otros motivos porque las bajadas de impuestos pueden ayudar a ganar elecciones con lo que de vez en cuando, aunque no sea lo que a un político de izquierdas le pide el cuerpo, bajar los impuestos puede resultar aceptable.

Pero es que el "también" de Chaves podría estar refiriéndose a que subir los impuestos conjuga con ser de izquierdas y también con ser de derechas. Si eso es lo que quiso decir, puede que no le falte razón. A los políticos les gusta subir los impuestos, punto. Un político decidido a bajar los impuestos para devolver poder de decisión y libertad a los ciudadanos es una rara ave en medio de un estercolero, una especie en verdadero peligro de extinción. Aunque por fortuna todavía quedan algunos.

Por otro lado, Chaves asegura que el modelo de crecimiento basado en el ladrillo "es consecuencia del sistema de mercado". En el fondo de este argumento subyace la idea de que por más que el Gobierno socialista ha tratado de trasformar el modelo desde que llegara al poder hace más de cinco años, el libre mercado ha logrado imponer sus malévolas reglas. Desde luego, lo contrario está mucho más cercano a la verdad que lo que asevera este dinosaurio de la política. El urbanismo es junto a la agricultura y al sector financiero, la parte de la economía en la que menos pinta el mercado. Desde la ley del suelo hasta los planes generales de urbanismo, el ladrillo está dirigido con un poderoso mando a distancia desde el Palacio de la Moncloa y los diferentes palacetes regionales. El estímulo financiero del modelo del ladrillo se consiguió gracias a la expansión artificial del crédito llevado a cabo a golpe de bajadas de tipos de interés que el mercado no ofrecía y que políticos con el perfil de Chaves impusieron. Para colmo, todo ese crédito político al sector del ladrillo se materializó principalmente gracias a la labor de las cajas de ahorro, unas opacas instituciones financieras que actúan al margen del mercado y son dirigidas por marionetas de los mandamases de turno en cada comunidad autónoma.

En fin, se ve que tanto tiempo manejando a su antojo las cajas de Andalucía y aprobando planes territoriales de urbanismo no le han servido a este señor para entender lo más mínimo sobre este sector. Al menos acierta en lo de los impuestos. Una de cal y otra de arena para construir el socialismo español del siglo XXI.

Una vida que vale millones de vidas

A instancias del Gobierno de México, y con financiación privada de la Fundación Rockefeller, Borlaug y su equipo comenzaron a cruzar distintas variedades del trigo y lograron una variedad resistente a la roya, una enfermedad fúngica que diezmaba la cosecha. Sólo con ello, Borlaug logró un aumento de la productividad de entre el 20 y el 40 por ciento. La segunda aportación consiste en la obtención de unas variedades semienanas con un alto índice de cosecha y con una gran adaptación a condiciones muy diversas. Borlaug, además, introdujo una nueva técnica para acelerar el proceso de mejora: obtener dos generaciones anuales, con lo que el tiempo se reduce a la mitad.

Su proyecto arrancó en 1943, y en sólo once años permitió que México pasase de ser deficitario en este cereal a ser autosuficiente. En la primera mitad de los 60 introdujo nuevas variedades de trigo que permitieron que la producción mundial se multiplicase.

Su ejemplo, y sus métodos, se transplantaron en el cultivo del arroz y se obtuvieron variedades que, por tener el ciclo más corto, una mayor resistencia a plagas y enfermedades o una floración independiente de la duración del día, entre otras características, lograron resultados espectaculares. Como resultado de la "revolución verde", la producción mundial de grano pasó de apenas 700 millones de toneladas en 1950 a 1.900 en 1992, con una superficie cultivada similar. Borlaug ha muerto cuando daba todavía su impulso, ya nonagenario, al proyecto Global 2000 Africa, que pretende llevar a ese continente los métodos aplicados con éxito en América y Asia.

En los 80 se desarrolló una segunda revolución verde debida a las variedades "modificadas genéticamente", y que ha recibido incluso mayor oposición que la primera. Especialmente por parte de los ecologistas, a pesar de que, como ha recordado recientemente Francisco García Olmedo, la obtención de variedades resistentes a plagas o a enfermedades gracias a la modificación genética "contribuye al doble objetivo de aumentar el rendimiento y permitir una agricultura más limpia, al ahorrar cantidades significativas de productos agroquímicos". Borlaug, también en este aspecto, ha defendido a la ciencia frente a los supersticiosos antiguos y modernos.

Borlaug ejemplifica el triunfo de la tecnología, de la aplicación de la ciencia y de la razón a la vida. Sus resultados se cuentan en decenas de millones de personas a las que se ha rescatado de una muerte segura por inanición. Norman E. Borlaug es el contraejemplo de los ecologistas, el triunfo de la civilización y el progreso, frente a la pretensión de volver a una humanidad prístina, breve y brutal.

Voces libres contra silencios tiránicos

Voces que incluso salen de las duras prisiones castristas para, teléfono de por medio, dictar textos libres que alguien volcará en un blog. Voces que le son negadas a todos los cubanos que no quisieron o no pudieron salir de la isla.

Voces con rostros. Voces con unas caras más humanas que la que se esconde tras la barba del octogenario que publica sus "reflexiones" en Granma o la que está adornada por el bigotillo del anciano hermano menor del tirano mayor. Voces capaces de sortear los obstáculos creados por los dos hermanos carceleros, y hacer que el mundo conozca lo que ocurre en ese país convertido en prisión gigante. Voces que noblemente compiten para decidir cuál de ellas es la mejor voz.

Silencios impuestos desde siniestros despachos y mansiones de La Habana. Atronadores silencios forzados para que los cubanos no puedan oír las hermosas Voces que claman desde las bitácoras. Silencios forzados mediante el bloqueo a la telefonía por internet, más difícil de vigilar que la tradicional. Silencios logrados mediante la censura. Silencios conseguidos mediante el control de qué se puede visitar en Internet. Silencio logrado mediante el encarcelamiento de quien osa pensar y actuar por cuenta propia.

Silencios que no parecen merecer la condena de demasiados fuera de la isla. Silencios cómplices de políticos, periodistas, escritores y todo tipo de artistas que gritan "libertad" pero callan ante la tiranía comunista cubana. Silencios que intentan imponer quienes acusan a los exiliados o sus amigos extranjeros de ser fascistas, mercenarios y otras cosas similares o peores. Silencios que tratan de lograr pero que, sin el poder de coacción del régimen, no consiguen hacer realidad fuera del infierno castrista.

Queremos modestamente unir nuestra voz a aquellas voces mucho más valiosas que la nuestra que claman desde la isla. Queremos decirles, si los silencios impuestos no impiden que les llegue el mensaje, que no están solos. Que muchos escuchamos las hermosas y valientes voces cubanas. Unas voces que algún día serán totalmente libres y estarán a salvo de los silencios.

P.D: En otros sitios también algunos intentan imponer silencios. Afortunadamente no tienen poder y no pueden acallar las voces que odian.

Las mociones de mamá

El fenómeno del transfuguismo es inherente al sistema de partidos con listas cerradas, en que la aritmética política de las instituciones permite a veces combinaciones de lo más variopinto. Así pues, los integrantes de una lista electoral para el ayuntamiento aspiran a convertirse en concejal de Urbanismo si su partido gana las elecciones, y si las pierde rezan para que la alcaldía dependa de un solo voto corporativo, lo que abre un abanico de posibilidades a cual más nutritiva.

El pacto de los dos grandes partidos para erradicar el transfuguismo no soluciona nada, porque el mayor castigo con que pueden amenazar al insurrecto es expulsarlo del partido, y ese es un trámite que suele hacer el interesado motu proprio antes de dar carta de naturaleza a su repentina conversión ideológica.

La mamá de Pajín ha decidido contribuir personalmente al cada vez más nutrido inventario de cambios de gobierno, tránsfuga mediante, tal vez porque ver a la niña al lado de Zapatero y cobrando tres sueldos mientras la autora de sus días calienta banco en la oposición municipal es un trago difícil de aceptar para determinados espíritus. Además, lejos del presupuesto público se pasa bastante frío aunque uno viva en Benidorm, y a ciertas edades uno suele buscar instintivamente la calidez mullida del sillón de concejal delegado, con el sueldo, las dietas y los gastos de representación inherentes al desempeño de tan alta función.

Leire Pajín no va a verse en el trance de firmar la expulsión de mamá, porque la señora se ha borrado de "la PSOE" cumpliendo escrupulosamente el manual del cambio de gobierno gracias al voto tránsfuga, el de un tío que se presentó a las elecciones en la lista de un partido de derechas sin sospechar que unos meses más tarde iba a descubrir, para su asombro, que era de izquierdas de toda la vida. En todo caso, sospechamos que las próximas navidades en la casa de los Pajín-Iraola no van a ser las más entrañables de los últimos años. Pues nada, hasta que lleguen las felices sobremesas familiares.

Hasta los fachas

Cruzado de sumarios imposibles, abanderado de causas políticas, juez metido a político metido a juez metido a político, autoproclamado candidato al Nobel de la Paz y Castafiore de la Audiencia Nacional, como diría mi amigo Eduardo García Serrano, ese es Baltasar Garzón. Contra él, contra todos ellos, lleva tiempo Manos Limpias acudiendo a los tribunales.

Con la Causa General contra el franquismo levantada por Garzón, parece que Manos Limpias ha mordido en carne. Por el momento el juez gossip se ha visto obligado a declarar ante el Supremo. Todos los periodistas de carril se han puesto en guardia, y han comenzado a insistir en que Manos Limpias es un falso sindicato y, sobre todo, en que es una organización ultraderechista. La Secta ha ofrecido una buena porción de su informativo del día de marras (y que, paradójicamente, no se titula "los minutos de la basura"), a demostrar que la tal organización es, efectivamente, abierta y descaradamente ultraderechista. Efe, que trabaja con un sectarismo efervescente que pone en aprietos al periodista desatento, no para de deslizar el adjetivo.

Juegan con el entendido; tienden un puente invisible entre el epíteto y el derecho. Si son ultras… Pues eso me planteo yo. Si son ultras, ¿qué? Atrévanse a decirlo, no se queden con la sugerencia. Los ultras, ¿tienen los mismos derechos de los demás a recurrir a la justicia? ¿Tienen los mismos derechos que los demás a manifestarse en la calle? Secretamente su respuesta les quema. Ellos (que, paradójicamente, no se considerarían ultras), tienen claro que no. Pero por un lado no se atreven a sincerarse por no romper la máscara democrática, y por otro se dejarían quemar vivos antes de decir que tienen tanto derecho como cualquier otro ciudadano.

El alcalde de Arenys de Munt ha convocado un referéndum sobre la independencia de Cataluña. La ONU observa, atenta, el desarrollo de los acontecimientos. Obama no irá a mear en todo el día, no sea que le pille la noticia lejos del teléfono rojo. El caso es que Falange ha organizado en la localidad una marcha nacionalista española. Montilla ha reconocido que "hasta los fachas" tienen ese derecho.

Digámoslo claramente. Tiene razón. Tiene toda la razón. Hasta los fachas tienen derechos. Es más, hasta los comunistas tienen derechos. Oh, y por si ello fuera poco. ¡Hasta los políticos tienen derechos! ¿A dónde iremos a parar con tanto fuero?

El mercado libre hace la economía sostenible

Este cambio de actitud merecería ser bienvenido por todos, si no viniera acompañado de una fatal arrogancia intervencionista. En lugar de desmantelar el sinfín de regulaciones que ha forzado al sistema a ser como es, Zapatero está convencido de que conoce el modelo que necesitan los españoles y está dispuesto a imponerlo a golpe de ley.

De cara a la venta de su plan, el Gobierno ha enrollado las medidas para la "transformación" de la economía española en un envoltorio "sostenible". El problema es que la economía sostenible se usa en el discurso político como cajón de sastre. Según Zapatero, su plan perseguirá la sostenibilidad económica, la social y la ambiental. Pero la viabilidad a largo plazo de un modelo económico depende de factores que nadie puede conocer. ¿Cuál será la forma de transporte del futuro? ¿Cómo nos comunicaremos? ¿Qué tecnologías nos proveerán de energía en el año 2100?

Paradójicamente, grandes avances científicos pueden convertir en chatarra grandes sumas de dinero invertidas en procesos productivos que se pensaba que tenían un prometedor futuro. Por eso, lo único sensato en este sentido sería hacer todo lo posible para que las decisiones en el tiempo de ahorradores, inversores y consumidores estén lo más coordinadas posibles.

Para lograrlo, nada mejor que no interferir en las señales que los consumidores van dando en el mercado y que se traducen –en función del grado de acierto– en premios y en castigos para aquellos inversores que procuran satisfacer sus futuras demandas con el mínimo uso de recursos posibles. Para lograr la sostenibilidad económica y social convendría desarrollar un ambicioso plan de liberalización que permita que los deseos de consumidores y ahorradores sean soberanos en el mercado. Lo que seguro que no es sostenible es liderar el ranking mundial en incremento del déficit público.

Incluso la sostenibilidad medioambiental, que da color a todo el plan, se logra mejor en un entorno de mercado libre que en ningún otro. Grandes investigadores como Julian Simon o Bjorn Lomborg han probado que los índices de calidad medioambiental mejoran allí donde hay libertad económica. Y no es de extrañar.

Los precios libres indican la escasez relativa de los recursos, incentivando a ahorrar los más escasos, a usar los más abundantes y a poner el acento (y el dinero) de la investigación en I+D allí donde realmente es necesario y tiene posibilidades reales de éxito para evitar cuellos de botella tanto productivos como medioambientales.

Sin embargo, Zapatero está convencido de que la sostenibilidad ambiental se logra con todo lo contrario: una intervención pública visionaria que dirija al mercado a la hora de usar los recursos evitando despilfarros.

En esta línea, el Gobierno prepara una ley que persigue el ahorro energético y el impulso de las energías renovables, todo ellos dentro de lo que llama "la economía del cambio climático". Sin embargo, alguien debería advertirle al Gobierno que, si bien la sostenibilidad medioambiental es deseable, la imposición artificial de una determinada idea de viabilidad puede provocar más problemas económicos y medioambientales que los que observa en este momento.

Despilfarro energético

Poca gente se para a pensar que ningún productor tira energía por placer. Lo que muchos llaman despilfarro energético no es más que el consumo de grandes cantidades de energía bruta para producir pequeñas cantidades de la electricidad más manejable, más fiable y más productiva.

Desde la máquina de vapor hasta el láser, la humanidad ha ido consumiendo más y más energía para lograr un producto final que le permite la consecución de fines mucho más importantes para el hombre.

Las energías renovables representan a nivel mundial bastante más del 20% de las fuentes energéticas que España y la UE quieren alcanzar en el año 2020. Esto es así porque en los países subdesarrollados no tienen sentido económico otras formas de energía más intensivas en capital. Fuera de esos países, las energías verdes son aún muy caras e inestables; consumen demasiados recursos valiosos para la poca energía que producen comparado con otras tecnologías alternativas.

Podría ser que en el futuro la tecnología de las fuentes renovables mejore tanto que sean la principal forma de producción en los países desarrollados.

Sin embargo, a día de hoy esta es una cuestión incierta, y jugarse miles de millones de euros en una apuesta política bien puede meternos en una nueva burbuja que, si estalla, habrá hecho un flaco favor al medio ambiente y al empleo.

La idea de una España más sostenible está muy bien, pero la forma de conseguirla no es imponer sectores líderes o nuevas formas políticamente favoritas de producción, sino permitir que el recurso más escaso, el ser humano, se coordine con otros seres humanos en su continua lucha por mejorar. Y para lograrlo, no hay un mejor entorno que el libre mercado.

Zapatero contra Hesíodo

¿Por supuesto Keynes? Los políticos llevan ochenta años aplicando sus desastrosas políticas con grandes dosis marxistas. ¿Qué espera encontrar de nuevo? ¿Que el socialismo es el mayor fracaso de la historia? ¿Por qué no probamos algo nuevo?

Almunia y demás burócratas, lean algo que ha desaparecido de la memoria de la humanidad: que la libertad es fuente de prosperidad, justicia y riqueza. Les recomiendo Los Trabajos y los Días, del filósofo griego Hesíodo (S. VIII–VII a.J.C.). El primer libro de carácter liberal que nos ha llegado hasta ahora. En este opúsculo el autor lanza una serie de recomendaciones a su hermano Perses que se dedica a vivir de los demás y del propio Hesíodo, ya que pretendía quedarse con toda la herencia. Hesíodo le recomienda que viva de sí mismo. Trabaja y sé justo, porque si vives a costa del rendimiento del trabajo de los demás, sólo obtendrás miseria, enfrentamientos y te encontrarás con la perdición del hombre: "Sé justo para que el trabajo sea provechoso".

La obra de Hesíodo es tan actual como la crisis que sufrimos en España, y sin duda tiene más sentido común que Marx o Keynes. Hesíodo somos los ciudadanos, los currantes, las pymes, las grandes empresas, los autónomos, los comercios… Los que cada día trabajamos para llegar a final de mes y sólo contamos con el rendimiento de nuestro trabajo, nuestros ahorros y nuestras inversiones. Nadie tiene derecho a sacarnos a punta de pistola estos logros personales.

Perses, el hermano crápula y vago, el hedonista, el parásito son los políticos, los burócratas, los sindicatos, la patronal, los bancos centrales, los del Plan E. Son los lobbies económicos y sociales, los portavoces del pensamiento único y políticamente correcto que sólo subsisten y se enriquecen de las subvenciones. Los rentistas del Estado son incapaces de que su "trabajo sea productivo" y han de vivir del erario público sin dar palo al agua.

Ahora, que es cuando tendríamos que recordar que nuestro mayor baluarte es nuestro capital financiero, intelectual y laboral –el de cada persona– viene el Gobierno y le da un martillazo mortal. Quieren sacarnos más de mil euros por familia de media con subidas de impuestos, y sólo es el principio. Con el elevado gasto de Zapatero –un 12% de déficit esperado para 2010– el Gobierno lo tendrá que gravar todo y a todos. No le queda más remedio, no puede sacar el dinero de otra forma ni de otra parte, ya que es incapaz de producir algo útil como un empresario.

Zapatero prepara una ley de economía sostenible que sólo va a generar trabajos inservibles pues tendrán que financiarse con más impuestos. Eso significa distorsionar los incentivos del mercado, eliminando los proyectos que se demandan, los productivos, para irse a estos otros improductivos, pero más rentables debido a los grandes márgenes de las subvenciones. El beneficio se lo volverán a llevar unos pocos con el dinero de todos. El Gobierno dirige el mercado. Este fue el sistema que llevó a la URSS a su ruina, el de economía planificada, y nosotros lo volvemos a instaurar.

Reflexione cómo funcionan los sectores donde el Estado se ha involucrado. Por ejemplo, el gran grito del socialismo: "educación gratis". No es gratis, nos dedicamos a pagar la escuela (que no educación) de otras personas con un alto coste monetario y de formación. El resultado de tal proeza nos lo dio ayer la OCDE. En Estados Unidos, el porcentaje de alumnos que no pasa de la enseñanza obligatoria es sólo de un 12%. En España el fracaso es del 49%. Eso sí, el Gobierno quiere regalar a los chicos un portátil. Lo usarán para conectarse a Facebook y subir a YouTube los insultos y golpes que proporcionan a sus maestros.

En Estados Unidos Obama ha planteado una sanidad pública más extensa que los actuales Medicare y Medicaid. El rechazo de la población ha sido contundente. Son los adinerados de aquí que se van a Estados Unidos a operarse y no los estadounidenses los que vienen a España. Los datos desmienten el mito de que en Estados Unidos la gente está desamparada ante la sanidad. El libre mercado funciona, el Estado sólo genera colas y desesperación.

España tiene uno de los mercados laborales más proteccionistas de Europa y, en consecuencia, dobla la tasa de paro europea. La filosofía de vivir de las rentas de otro, como ya nos advirtió Hesíodo, sólo forja la miseria y enfrentamiento.

Las reformas que necesita España no pueden significar más Estado productor, ni planificador ni paternalista. Estamos a la cola de Europa por creer en estos anacronismos de ingeniería keynesiana. España necesita más responsabilidad individual, competitividad y que cada uno viva de su producción. España necesita más libre mercado. Las pruebas son patentes.

Las incógnitas de Gol TV

La creación y lanzamiento del Gol TV ha sido uno de los culebrones del verano, con los reales decretos del Gobierno y la airada reacción de los principales competidores/afectados por la intervención. Como es bien sabido, Gol TV se dedica de forma casi monográfica a la retransmisión de partidos de fútbol, incluyendo entre ellos los principales de los equipos españoles: Liga, Copa del Rey y competiciones europeas. El resto van, por así decirlo, de relleno.

Gol TV es, por tanto, el paquete comercial en el que se pretende vender uno de los contenidos más atractivos para la gente de nuestro país. Tradicionalmente, eran dos los contenidos considerados Premium por espectadores y, consecuentemente, cadenas de TV: el fútbol y las películas de estreno de los grandes estudios americanos. En la actualidad, las segundas han cedido su posición de prestigio, debido entre otras cosas a la inmediatez que proporciona internet para el acceso a estos contenidos, lo que hace innecesaria la espera a su emisión en TV para poder ver la peli.

Así pues, en España únicamente queda como contenido Premium el fútbol. Es el único contenido audiovisual por el que parece que el españolito medio esté dispuesto a rascarse el bolsillo y pagar. De ahí la gran importancia que los derechos sobre los equipos de fútbol tienen para las cadenas de TV, tal como se ha reflejado en las continuas desavenencias entre Mediapro y Sogecable a las que hemos asistido este año.

El problema para Mediapro era y es cómo dar salida a su producto: vale, tiene el contenido, pero no cómo llevarlo al cliente y, mucho menos, cómo ser capaz de cobrar por él. Aquí es donde entraba el gobierno con su autorización urgente para permitir el uso de un canal de TDT de pago. Desgraciadamente para Mediapro, esta autorización distaba de ser suficiente, pues es necesario que los posibles consumidores dispongan también de un aparatito, el infame descodificador. Para más inri, la mayoría de los aparatitos, de reciente adquisición en muchos casos, no valen para TV de pago, pues carecen de los interfaces adecuados. Así que al consumidor futbolístico hay que convencerlo primero de que cambie el cacharro recién comprado por otro ligeramente mejorado, pero más caro.

En estas condiciones, tenía pinta de que Gol TV iba a ser disfrutado por una escasa minoría, y posiblemente con negocio de restauración. Así que Mediapro ha optado por permitir a todos los operadores interesados que lo distribuyan a sus clientes. De hecho, Gol TV está accesible para los clientes de todos los cableros y operadores de telecom, incluidos Ono y Telefónica.

Y esto es lo nuevo: el gran valor de Canal + (y Digital + después) era el contacto directo con el cliente. Para obtener ese contacto, podía tener sentido el gran desembolso realizado en contenidos Premium. Sin embargo, Gol TV sacrifica el control del cliente, al que no va a facturar directamente, en aras de la mayor base potencial. Es un cambio radical de planteamiento para el contenido más cotizado en España.

Evidentemente, sería interesante ver los resultados de la apuesta del grupo mediático en el libre mercado. Sin embargo, tengo la ligera sospecha de que alguien juega con las cartas marcadas. Y eso significa que ellos ganarán su apuesta, y que los demás españoles, sin haber participado en el juego, la perderemos.

Derechos ahumados

Según Jiménez, el 70% de la sociedad española apoya una prohibición total y "a casi todo el mundo le apetece entrar en un lugar en el que no le moleste el humo, fume o no fume, porque siempre será un espacio más agradable".

Las intenciones de la ministra evidencian (por si alguien tenía alguna duda) que la legislación antitabaco siempre tuvo una vocación básicamente paternalista. Su objeto es proteger a los fumadores de sí mismos y no, como sostienen algunos, proteger la salud de los fumadores pasivos. Si el propósito fuera ése permitirían que empresas y locales habilitaran espacios aislados para fumadores, o directamente se permitiría fumar sin restricciones en locales de ocio, cuya esporádica frecuentación es probable que no tenga ningún efecto perjudicial sobre la salud de los fumadores pasivos. Los estudios que apuntan a un riesgo para la salud de los fumadores pasivos suelen referirse a individuos expuestos al humo en el hogar o en el puesto de trabajo, donde pasan muchas horas al día, no a individuos que ocasionalmente acuden a restaurantes, bares o discotecas.

La Ley Antitabaco y su eventual endurecimiento, por tanto, no es defendible desde una posición liberal que rechaza que el Estado trate a los adultos como si fueran niños. Si alguien considera que el placer de fumar compensa los costes o los riesgos que tiene sobre su salud, es libre de hacerlo aunque pensemos que se equivoca. No es nuestro hijo ni nuestra mascota. No vale argüir que el paternalismo es necesario porque el tratamiento de su cáncer en la sanidad pública lo pagaríamos todos. En balance seguramente el Estado se ahorre dinero con los fumadores, pues mueren antes, y si el argumento es válido para prohibir el tabaco, lo es igualmente para imponer una dieta a la gente u obligarles a hacer ejercicio.

No me sorprende que un 70% de la sociedad española apoye medidas liberticidas y además crea estar defendiendo los derechos de alguien, en este caso de los no-fumadores como yo. "Los consumidores tenemos derecho a estar en un local libre de humo", dicen. "Los fumadores atentan contra nuestra libertad al invadir nuestros pulmanos con sus malos humos". El problema es que confunden el derecho a no inhalar humo en contra de tu voluntad con el derecho a no inhalar humo en contra de tu voluntad en una propiedad que no es tuya. Un invitado no tiene ningún derecho a exigir que en mi casa no fume en su presencia. Yo decido si en mi casa se fuma o no se fuma, si no le gusta esta condición es libre de marcharse o no entrar en ella. ¿Estoy violando la libertad de mi invitado? En absoluto, estoy ejerciendo la mía: es mi casa, mi propiedad, y yo decido cuáles son las normas, que por algo es mía. Equiparar el derecho a no inhalar humo involuntariamente con el derecho a no inhalarlo en la propiedad ajena es igual que equiparar el derecho a la libre circulación con el derecho a pasearme a discreción por la casa de mi vecino, o equiparar el derecho a la libertad de expresión con el derecho a publicar artículos en un periódico que no es mío.

Un detalle que también confunde a muchos es el calificativo de "público" que se aplica a los locales comerciales o de ocio. Al argumento de que las empresas, restaurantes y bares son propiedad privada y corresponde al dueño decidir, replican que son "espacios públicos" y que por lo tanto corresponde al Estado y no al dueño dictar normas. Pero la propiedad no es menos privada por el hecho de que vendas en ella un producto, emplees a trabajadores o cobres la estancia a los huéspedes. Que un local de ocio sea un "espacio público" sólo significa que está "abierto al público". Es una propiedad privada abierta al público, y el dueño debería tener en justicia los mismos derechos de propiedad.

El dueño de un bar para fumadores no obliga a nadie a tragar humo más de lo que un restaurante vegetariano obliga a comer verdura, una discoteca obliga a escuchar música electrónica, o un bar gay obliga a relacionarse con homosexuales. A quien no le guste la verdura, la música electrónica o relacionarse con homosexuales, que vaya a otro restaurante, a otra discoteca o a otro bar. Pero no tiene ningún derecho a cambiar el menú, a escoger la música que va a pinchar el DJ o a convertir el bar gay en un local hetero. Aunque el 70% de la gente lo apoye.

El humo del tabaco es un claro ejemplo de externalidad negativa que se resuelve mediante la ejecución de los derechos de propiedad. No hay ningún "fallo del mercado" a corregir, pues no se ha dejado al mercado ofrecer su solución. Antes de que el Estado interviniera ya proliferaban los bares y restaurantes que restringían el uso del tabaco o habilitaban espacios separados para fumadores y no-fumadores, y muchas empresas no permitían fumar a sus trabajadores dentro del recinto. Esta tendencia a la especialización sólo podía incrementarse en la medida en que la gente empezara a escoger un local en función de sus preferencias sobre el tabaco, pero el Estado tuvo que "anticiparse" imponiendo a todos una ley uniforme, socavando los derechos de propiedad y privándonos de la oportunidad de una oferta diversificada que realmente se ajuste a lo que quieren todos los consumidores, fumadores y no-fumadores.

La metedura de pata del PP

Krugman denunciaba la hipótesis de los mercados perfectos (en el sentido de que los precios de los activos reflejan en cada momento toda la información disponible), criticaba el poco análisis que en las universidades han recibido las burbujas financieras y las quiebras bancarias y ponía muy en duda que la política monetaria de los bancos centrales sea siempre una respuesta eficaz a las crisis.

En realidad, buena parte de lo sostenido por Krugman en ese artículo no es novedoso. Algunos llevamos años poniendo el dedo en esa llaga: la macroeconomía moderna está en bancarrota; y, como también dice el de Princeton, existe un temor generalizado a desviarse de una ortodoxia que, sin embargo, no sirve para describir la realidad ni, mucho menos, para predecirla. Como bien apunta, los economistas actuales han renunciado a la verdad a cambio de la elegancia matemática.

El problema de Krugman es que, sin darse cuenta, también comulga con esa teoría económica cuyo edificio ha colapsado y que debería haber perdido toda credibilidad con la crisis que estamos viviendo. Por supuesto, el estadounidense defiende un regreso a Keynes y a su Teoría General –¡como si alguna vez se hubieran marchado!– como la única alternativa posible al desaguisado; pero sólo un profundo desconocimiento de Keynes y, sobre todo, de las alternativas a sus ideas puede llevar a una conclusión tan disparatada.

Es completamente falso que los keynesianos fueran los únicos en no sumarse a la corriente mayoritaria de la economía al negarse a rendir culto a un mercado supuestamente perfecto. La Escuela Austriaca lleva mucho tiempo –desde mucho antes de que Keynes publicara su primer libro– criticando que las economías de mercado están sometidas a fuertes fluctuaciones –ciclos económicos– derivadas de la expansión crediticia insostenible que ejecutan con regularidad el sistema bancario y los bancos centrales; y jamás se ha sumado a conclusiones tan irreales como la de los mercados perfectos. Muy al contrario, sus teorías resaltan la pluralidad, complejidad y subjetividad de la información presente en el mercado, que provoca diferencias en los juicios empresariales de los agentes y los mueve al error. Los austriacos no creen que el mercado sea perfecto, sólo afirman que las limitaciones de información de todo empresario las padecen igualmente, pero corregidas y aumentadas, los políticos, por lo que no es cierto que los problemas de coordinación (crisis incluidas)  se puedan solucionar con una regulación centralizada y omnicomprensiva de los mercados.

Al fin y al cabo, los defensores de la hipótesis de los mercados perfectos son economistas encerrados en sus despachos de universidad que nunca se han puesto a invertir en él –y cuando lo han hecho se han arruinado, como ilustra la quiebra de Long Term Capital Management– y que por tanto lo desconocen casi todo de la realidad. Larry Summers los calificó con sorna como los ketchup economists, aquellos que creen haber descubierto El Dorado cuando comprueban que dos botellas de ketchup de 250 gramos valen lo mismo que una de 500.

Sin embargo, por mucho que se equivoquen los neoclásicos en que los mercados impersonales no se ajustan perfectamente mediante los precios, no deberíamos olvidar que los keynesianos no son más que sus hijos bastardos.

Del artículo de Krugman se desprenden dos ideas que perfectamente pueden encajar con su criticada ortodoxia, tal y como los nuevos keynesianos pretenden formularla. Krugman opina que si los mercados fueran perfectos, y si los bancos centrales pudieran dejar los tipos de interés por debajo de cero, las crisis económicas desaparecerían. Pero esta presunción sólo puede nacer de la incomprensión de los procesos de mercado. Las crisis no se producen porque los agentes sean en numerosas ocasiones irracionales, en el sentido del homo economicus (aun cuando probablemente lo sean), sino porque el sistema bancario falsifica las señales y los incentivos que se envían a esos agentes. Dicho de otra manera: aun cuando todo el mundo actuara con toda la información disponible y tratara de maximizar sus beneficios, se seguirían produciendo crisis económicas con regularidad, porque lo cierto es que las decisiones que se toman durante una burbuja especulativa son muchas veces racionales (todos aquellos que compraron un piso en 2004 y lo vendieron en 2006 salieron ganando, pese a que entraron en el mercado en medio de la mayor burbuja inmobiliaria de nuestra historia).

Precisamente porque el sistema bancario lleva a los agentes a tomar decisiones de inversión insostenibles a largo plazo, el reducir los tipos de interés, aunque sea por debajo de cero, no sirve para corregir esos errores. Lo cual encaja muy mal en la idea keynesiana, a la que regresa Krugman, de que las crisis se producen por un problema de demanda (por no haber demanda suficiente para contratar a todos los trabajadores que se están quedando en paro).

Pero esto es una visión incluso más reduccionista que la de la perfección de los mercados. El problema económico de España no es –y parece mentira que alguien lo crea así– que la gente ha dejado de comprar pisos a unos precios infladísimos. Las dificultades de España –y de Estados Unidos, y del resto del mundo– no consisten en que ya no estemos despilfarrando nuestros ahorros en inversiones que nadie deseaba y que, pese a ello, estaban copando porciones cada vez mayores de nuestro aparato productivo…

El auténtico problema es que nos hemos metido durante cinco años en una orgía de malas inversiones y nos hemos endeudado hasta las cejas. En este contexto, las restricciones de la demanda son sólo una manifestación (que no una causa) de nuestra delicada situación: España tiene ahora una economía adaptada para producir bienes y servicios que nadie demanda (por ejemplo, viviendas a precios estratosféricos). Pero ¿acaso la solución a una crisis puede consistir en obligar a la gente a consumir aquello que no desea por medio del gasto público?

No, la crisis no puede solucionarse abaratando el endeudamiento (tipos de interés negativos) o forzando el consumo. Precisamente las crisis son períodos en que el aparato productivo protesta (restringiendo la oferta y demanda de crédito y comprimiendo los márgenes de beneficios de las industrias más dependientes del endeudamiento) contra los intentos de los agentes económicos de consumir e invertir por encima de sus posibilidades.

La irracionalidad o el cortoplacismo de los especuladores no causa las crisis, tal y como piensa la escuela conductivista, y también la keynesiana. Los errores de inversión explican por qué Warren Buffett se ha convertido en el hombre más rico del mundo y, en cambio, un inversor de a pie es probable que acabe perdiendo en bolsa si no adopta una estrategia financiera. Pero esa irracionalidad no proporciona una explicación de los ciclos económicos, esto es, de las fases prolongadas y recurrentes de auges y depresiones.

Para ello no hay que mirar a Keynes, como pretende hacer Krugman, sino a la Escuela Austriaca. Keynes está tan equivocado como lo estuvo siempre, simplemente porque sus propuestas –incremento deficitario del gasto público– están equivocadas en lo teórico y, en lo práctica, condenadas al fracaso: sólo hay que estudiar el caso de Japón, el de Estados Unidos con Bush o incluso el de España ahora mismo para darse cuenta.

Sí, los ketchup economists de Summers se equivocaban, pero los keynesianos (y Larry Summers) también: dos botellas de 250 gramos de ketchup no tienen el mismo valor que una de 500 –aunque su precio pueda circunstancialmente coincidir–, por la misma razón que 100.000 botellas de 1 gramo no valen lo mismo que una botella de 100.000 gramos. El error no es anecdótico, porque ilustra que los keynesianos jamás entendieron por completo la teoría subjetiva del valor que desarrollara en 1871 Carl Menger. Sus ideas –y las de los neoclásicos– son de antes de que la economía se convirtiera en ciencia. En realidad, son lo que la alquimia a la química. Sin una buena teoría del valor no pueden entender el concepto de liquidez y sin el concepto de liquidez no pueden comprender los ciclos económicos.

No hay que regresar a los errores teóricos seculares que Keynes resucitó en los años 30. Los friedmanitas se equivocan en casi todo, pero los keynesianos lo hacen en todo… salvo en apuntar que los friedmanitas se equivocan en casi todo. Aciertan, pero por razones erróneas; las razones correctas se las podría proporcionar una riquísima literatura austriaca –con la que, no lo olvidemos, se formaron economistas que ellos mismos glorifican, como Schumpeter, Hicks o Morgerstern– si no se negaran a aprender economía.

El problema no es sólo que vayan a vivir en la ignorancia más supina toda su vida –es lo que tienen los fanáticos ciegos–, sino que nos van a arrastrar a los demás. Es hora de enterrar toda la macroeconomía universitaria –de Keynes a Friedman– y aprender algo de la escuela que, con mucha diferencia, más se acerca a la realidad: la de Menger, Böhm-Bawerk, Mises, Hayek, Lachmann, Fekete y Huerta de Soto. Una hora que no parecen dispuestos a que llegue, por lo mismo que dice Krugman sobre la ortodoxia: ¡qué difícil es reconocer que se ha estado 80 años completamente equivocado!