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Franco y Fidel, los iconos de Pajín

Para empezar, Pajín sueña al afirmar que la reforma sanitaria de Obama se inspira en el modelo español. Por suerte para los norteamericanos, dicho proyecto nada tiene que ver con la Seguridad Social que se aplica en España. De hecho, el presidente de Estados Unidos baraja abandonar su idea de crear un seguro público estatal -una de las medidas más controvertidas de su reforma.

Asimismo, frente a las injusticias y calamidades que sufren los pobres estadounidenses, Pajín destaca el "acierto político de nuestro país al universalizar la sanidad en su momento". La secretaria del PSOE debería entonces cambiar de siglas partidistas de inmediato o, como mínimo, lanzar mil y una alabanzas a la política social implantada por el general Franco.

Y es que el régimen franquista desarrolló el denominado "subsidio familiar" (1937), completado con el posterior "plus familiar", el seguro obligatorio de enfermedad (1942), el subsidio obligatorio de vejez e invalidez (1947), el de viudedad (1955), así como el primer mutualismo laboral, que recoge las pensiones de jubilación, viudedad y orfandad.

Pero hay más. Pajín, franquista en lo social, entra en el fango de la demagogia cuando afirma que la reforma de Obama pretende evitar que "nadie muera en la puerta de un hospital" por carecer de un seguro privado. Desconoce que existen dos programas de asistencia cuyos gastos ya pagan todos los contribuyentes estadounidenses: Medicare (seguro médico estatal para ancianos y minusválidos) y Medicaid (seguro médico estatal para personas de bajos ingresos). Uno de los objetivos de la reforma de Obama es reducir el enorme coste presupuestario de ambos seguros. ¡Curioso!

El coste sanitario en la primera potencia mundial equivale al 16% del PIB, frente al 10% de Francia, Canadá o Cuba, y la mitad de dicho montante es sufragado por el Gobierno.

Además, todo ciudadano, asegurado o no, puede acudir a urgencias, ya que la ley federal prohíbe a los hospitales denegar asistencia médica. Recomiendo, pues, a Pajín que repase algunos de los mitos y realidades sobre la sanidad de Estados Unidos, o sus principales ventajas frente a otros sistemas más sociales como el canadiense antes de opinar. No por casualidad, pese a sus problemas –que los tiene–, la sanidad de Estados Unidos lidera el ranking de calidad y satisfacción del paciente a nivel mundial.

En cuanto a los 46 millones de ciudadanos que carecen de seguro, Pajín olvida mencionar que muchos son inmigrantes ilegales, así como ciudadanos estadounidenses (sobre todo jóvenes) que, voluntariamente, deciden no contratar un seguro privado.

Visto lo visto, no cabe duda de que la secretaria del PSOE es una ferviente admiradora del cineasta Michael Moore y su polémico documental Sicko, donde pone a Cuba como ejemplo de desarrollo y avance sanitario. Por increíble que parezca, la dictadura castrista sigue siendo el modelo ideal a seguir para la izquierda en algunos ámbitos. Y ello, pese a los nefastos resultados que ha obtenido dicha experiencia totalitaria.

De ahí, precisamente, la crítica y profundo desconocimiento de Pajín sobre el sistema sanitario estadounidense. Y si esto es así, cabe pensar que la secretaria socialista también admira los logros obtenidos por la sanidad castrista, a diferencia de la inmensa mayoría de cubanos que aún viven recluidos y esclavizados en la isla caribeña. Franco y Castro, los dos iconos de Leire en materia sanitaria.

Los cuentos de los lecheros

Resultaba algo extraño que en una unión económica los gobernantes planificaran un sector para intentar que cada país fuera autosuficiente y su producción lechera no excediera su demanda: temían el descenso de los precios que provocaría una presunta sobreproducción (normal cuando se subvenciona un sector), y decidieron pensar más en los productores que en los consumidores, que no tienen tractores ni rebaños con los que bloquear las carreteras.

La cuota asignada a España fue inicialmente baja e insuficiente porque los ganaderos aparentemente ocultaron la producción real… ¡para no pagar impuestos! Unos auténticos liberales opuestos al Estado, estos bravos campesinos. Querían producir más, tal vez para demostrarles a los franceses que no necesitamos que nos amamanten. Así que el gobierno español ha pedido que se incrementara la cuota, y la Comisión Europea, aplicando un criterio de justicia como la equidad, se lo ha concedido… a todos los países miembros. Tal vez el Ministerio de Agricultura no entendió la jugada: se trataba de obtener algún privilegio y de mantener las restricciones a la competencia, no de liberalizar el sector: según Gaspar Anabitarte, responsable del Sector Lácteo de la COAG, "el Gobierno metió la pata. Nunca se debería haber aprobado esa medida. Es una barbaridad".

Y es que en España el ganadero tiene una vaca lechera que no es una vaca cualquiera. Es una vaca con aspiraciones de inmortalidad y prosperidad económica garantizada por el Estado. La demanda de los consumidores no importa; si la competencia lo hace mejor, peor para ella. El sector lechero español quiere tener derecho a existir a costa de los demás, porque ¡es la leche! Si el coste de producción es superior a los precios de venta no se les ocurre buscar otra ocupación más beneficiosa para ellos mismos y sus semejantes. "El sector lechero es importantísimo de mantener, dado que es la única industria en ciertas zonas". Tal vez es la única industria por la dependencia que crean el proteccionismo y las subvenciones, que matan la empresarialidad.

"Permitir que se vengan abajo los pequeños productores en un nuevo escenario, en el cual no podrán competir ante la descalabrada producción de mega productores, supone una condena de muerte para ciertas zonas, en Galicia, en la cordillera Cantábrica, Navarra… incluso en Cataluña". O sea que son incompetentes pero tenemos que apiadarnos de ellos, pobrecitos, porque son pequeños, como los niños, y se van a morir (no será de hambre o sed, claro, antes se comerán las vacas…), no sólo ellos sino toda su región, y compiten contra abusones "descalabrados", todo un escándalo.

La vaca no es tan mansa como la pintan dado el lenguaje bélico de estos vaqueros. Adoración Llorente, técnico del sector lácteo de ASAJA asegura que "Francia va a intentar tomar nuestro mercado". Román Santalla, secretario de Ganadería de la UPA, afirma que "no podemos permitir que Francia nos invada".

Según Santalla "esta liberalización es equívoca porque no se ajusta a las realidades económicas del momento, y del futuro. Es demasiado firme, intenta definir una situación que naturalmente está por definir". ¿Liberalización "equívoca"? ¿Liberalización "demasiado firme"? ¿Liberalización que define situaciones? Tan acostumbrados a tener a sus rebaños domesticados y cautivos, no acaban de entender lo que es la libertad. Reclama "más apoyo del Gobierno, necesitamos que determine ayudas firmes, que evite que se imponga la ley de la selva". Porque en la selva las fieras se comen a las vacas, claro.

Anabitarte aclara que es el sector lácteo, pero en realidad estamos hablando de pasta: "Los ganaderos no quieren más leche, sino mejores remuneraciones. Con más leche, menos precio. Queremos mantener las cuotas –u otro tipo de regulación– para tener un equilibrio entre oferta y demanda". Pero no un "equilibrio" cualquiera donde precio y cantidad se ajustan mediante las interacciones libres y voluntarias de productores y consumidores. Ellos quieren un "equilibrio" a un precio más alto, sin el engorro de que los productores marginalmente menos competentes desaparezcan.

Albert Massot, profesor de la Universidad de Barcelona y administrador de estudios parlamentarios de Agricultura del Parlamento Europeo, recalca que "las cuotas son un mecanismo de control de producción, administrativo. Lo bueno sería que fueran autorregulados, pero falta unión entre los ganaderos españoles. Siguen viendo al vecino como el enemigo, y esta división les saldrá caro". Las cuotas son un mecanismo coactivo, y la unión entre ganaderos que se propone probablemente llamaría la atención del comisario de competencia.

Lope de Vega se va a forrar

O así era antes. Gracias a la nunca suficientemente ponderada acción cultural de la SGAE, ahora todas ellas son un clamor en contra de la voracidad recaudatoria de la asociación de Teddy Bautista.

Decían que la SGAE lo que tenía era un problema de imagen, y vaya que así es. Pero sin duda es un problema que se han creado ellos solos. Entiéndanme; ninguna institución privada que tenga la capacidad legal de cobrar un impuesto será nunca demasiado popular. Pero las Cámaras de Comercio, por poner un ejemplo, no parecen recibir tantas iras de la plebe, es decir, de quienes pagamos a la casta dominante de políticos, sindicalistas, subvencionados y demás gente que vive a costa del prójimo. Quizá sea porque no se dedican a llevar a los tribunales a quienes los critican o porque no se dedican a intentar ampliar aún más sus privilegios, qué sé yo.

Así las cosas, ni siquiera se le da la razón cuando podría incluso tenerla. Parece que el alcalde de Zalamea –el de ahora, del PSOE, no el de Calderón– no dijo toda la verdad sobre que la SGAE le quisiera cobrar entre 12.000 y 14.000 euros por representar una obra cuyo autor murió en 1681, mucho antes incluso de que Bautista empezara a presidir la Santa y Gloriosa Asociación de Ética. En realidad, le quieren cobrar eso en total por todas las actividades culturales del consistorio, sí, pero sólo 95 euros por la obra en cuestión, debido a que usan una adaptación y no el libreto original, que debió pasar al dominio público antes incluso de que ese concepto existiera en nuestras leyes.

No obstante, aunque su relación con la verdad haya sido más bien infiel, el alcalde de Zalamea ha logrado inflamar los ánimos de Fuente Obejuna y Olmedo, que también sufren en sus carnes de la voracidad recaudatoria de las celestinas de la compensación por copia privada. De golpe y porrazo se han encontrado facturas de 31.000 y 6.000 euros, respectivamente, de los que una parte considerable –11.600 y 1.200 machacantes– se corresponde a los derechos por representar Fuenteovejuna y El caballero de Olmedo. Lope de Vega debe estar frotándose las manos en su tumba, si es que aún queda en ella algo a lo que se pueda llamar mano. Se va a forrar. Bueno, alguien va a hacerlo al menos. Muchos sospechan quién.

El caso es que, en estos tiempos de crisis, los inspectores de la Sagrada y Generosa Alianza de Exactores han decidido hacerles unas cuantas auditorías a otros tantos ayuntamientos para que paguen la parte que han dejado de recaudar por otros conceptos. Y nadie dentro de esa organización preclara e inteligentísima –pues se trata de nuestras gentes de la cultura, nada menos– ha pensado que quizá no sería muy conveniente para esa imagen que taaaanto nos estamos esforzando por limpiar centrarse en consistorios tan señalados.

Eso sí, luego el PP no llevará en su programa electoral la eliminación de estas canonjías. País.

Un fallo del Estado, no del mercado

Tales lumbreras, sin embargo, no parecen darse cuenta de que los supuestamente encargados de volvernos virtuosos por la gracia de las cadenas serían unos hombres tan corruptos como aquellos a quienes se quiere reformar. Es decir, pretendemos que estafadores y pecadores nos conduzcan por el camino de la honradez y de la virtud.

Huelga decir que el razonamiento hace aguas por todos los lados y que sustituyendo a Madoff por otro Madoff con sueldo público no solucionaremos nada. De hecho, muy probablemente lo estemos agravando. Puede que el mercado intervenido que padecemos en la actualidad haya fallado (parcialmente) a la hora de detectar el fraude, pero sin duda también lo ha hecho el Estado y todas sus agencias supervisoras.

El propio Madoff se sorprende de que las autoridades tardaran tanto tiempo en descubrir su engaño. Sí, finalmente, tras unos 50 años, lo detectaron, pero ¿en qué sentido cabe considerar esto un éxito? Ahora mismo habrá muchos otros estafadores sueltos a quienes las autoridades no habrán descubierto y que, gracias a esta incompetencia, podrán seguir engañando a sus clientes. ¿Es un problema del supervisado o más bien del supervisor?

Obama y el resto de socialistas han tratado de atribuir este fracaso del Estado a su supuesta falta de competencias. Olvidan que lo normal en todo proceso de crecimiento sano –esto es, aquel que no pretenda hacerse añadiendo grasa a un organismo–, es que uno vaya captando más competencias conforme acredita que ha hecho el mejor uso posible de las que ya disponía. Las empresas exitosas no son las que amplían capital para evitar la quiebra, sino las que han exprimido al máximo el capital y piden más para continuar haciendo lo propio.

Y aquí los incentivos del Estado y del mercado sí son totalmente asimétricos: si la SEC fracasa a la hora de descubrir el fraude de Enron, se aprueba la Ley Sarbanes-Oxley para que obtenga más competencias; y si con la Ley Sarbanes-Oxley tampoco es capaz de detectar a Madoff, a Stanford y tantos otros, se defiende alegando que todavía necesita más competencias. En cambio, las empresas encargadas de detectar fraudes que fracasan suelen desaparecer, como Arthur Andersen, o ser penalizadas por sus clientes a menos que asuman el coste de su error (como ha hecho el Banco Santander).

Pero es que además, no es cierto que la SEC no detectara el fraude de Madoff por falta de competencias, sino por pura incapacidad. En 1999, el inversor Harry Markopolos contactó con la SEC para advertirle sobre el fraude de Madoff y desde entonces reiteró sus acusaciones año tras año.

En 2001, Michael Ocrant publicó un informe para el fondo de inversión MAR/hedge –del que incluso se hizo eco la revista Barron’s– en el que señalaba sus dudas sobre la honorabilidad de la estrategia de Madoff. Según Ocrant, numerosos inversores en Wall Street desconfiaban de Madoff ya que habían intentado lograr sus altas rentabilidades replicando su supuesta estrategia, y ninguno lo había logrado.

Asimismo, y de manera más reciente, en diciembre de 2006, un pequeño fondo de inversión, Aksia LLC, detectó el fraude de Madoff y aconsejó a sus clientes que no invirtieran en él.

Podríamos seguir citando a personas y empresas que descubrieron el fraude de Madoff (Doug KassSociété General o Salomon Konig), pero lo esencial es que la SEC tardó diez años en darse cuenta de lo que muchos otros agentes en el sector privado ya había detectado.

Al final, la inoperancia –incluso para escuchar a los expertos del sector privado– de ese supervisor monopolístico de facto llamado SEC, ilustra aquella enseñanza hayekiana tan importante de que los sistemas sociales complejos funcionan mejor permitiendo que los agentes se coordinen haciendo uso de su conocimiento disperso que tratando de concentrar y centralizar esa información en unas pocas cabezas burocráticas.

El caso Madoff es flagrante: muchos potenciales inversores habían descubierto el fraude desde hacía al menos una década, pero el organismo encargado de perseguirlo les hizo caso omiso. Se trata de todo un fallo de un monopolio público que, para más inri, impide que el mercado desarrolle las adecuadas instituciones espontáneas que permitían responder al fraude con más agilidad y eficiencia. Entonces, llegados aquí, ¿qué ganaremos dándoles más competencias a los incompetentes?

Los verdaderos gusanos

Se hacen las damiselas ofendidas cada vez que alguien se burla o critica aceradamente a cualquier persona de izquierdas, pero permiten y alientan con su silencio que los suyos repitan un insulto década tras década, insulto dedicado a quienes no tienen otro pecado en su haber que el de oponerse tenaz y ferozmente desde hace décadas a una cruel tiranía.

Y es que parece que haya que darles las gracias a las buenas gentes de progreso por habernos hecho el favor de no mostrarse descaradamente a favor de la criminal dictadura de los Castro o incluso, en algunos casos, de oponerse tímidamente a ella. Resulta inaceptable hablar bien de Pinochet, pero siempre se perdonará que se alabe a Castro y se llame gusanera a un exilio que, por lo que se ve, carece de la legitimidad de quienes salieron de España en el 39. Será que unos robaron para irse dejando a sus seguidores sin nada que llevarse a la boca y otros se fueron cuando se lo quitaron todo. Será que los cubanos defienden la democracia mientras aquellos españoles defendían un régimen de esos que tanto les gustan a Víctor Manuel y Ana Belén, siempre tan dispuestos a apoyar la ideología que asesinó a cien millones de personas en el siglo XX.

A muchos nos duele Cuba más que ningún otro país, porque lo sentimos más cerca. Hace poco más de un siglo que dejó de formar parte de España y no olvidamos que muchos de nuestros antepasados fueron allí a ganarse el pan que su tierra les negaba. Escribía Adam Smith que un ser humano, "si mañana fuera a perder su dedo meñique no podría dormir por la noche pero, siempre que nunca los haya visto, roncaría con la más profunda seguridad sobre la ruina de cien millones de sus hermanos". Y tiene razón. Por eso cuando se estrella un avión siempre intentamos averiguar si había algún español entre los pasajeros. Los nuestros siempre nos importarán más, y para muchos, los cubanos son más nuestros que los naturales de ningún otro país.

Está por ver si el concierto de Juanes que se celebrará nada más y nada menos que en la Plaza de la Revolución, el escenario preferido por el castrismo para sus manifestaciones obligatorias, será bueno o malo para las libertades en la isla de las mil cárceles. Lo tiene en sus manos el cantante colombiano; si entra de Cuba como salió, sin haber dicho nada contra el monstruoso régimen que lleva hundiendo a sus súbditos desde hace ya cincuenta años, sabremos que fue a callarse y apoyar con su presencia a los Castro. Si algo dice, si usa su libertad de expresión para decir lo que no dejan decir a los cubanos, habrá merecido la pena. Nada sabemos sobre lo que Juanes hará o dejará de hacer, aunque su historial no nos haga ser optimistas. Criticarlo será acertado o no, ya lo veremos; pero lo que está claro es que no es nada más.

De hecho, en toda esta historia, no hay más gusano que Castro ni más gusanera que quienes lo apoyan e insultan a sus críticos. Del cantautor que ha pasado de glosar una dictadura de derechas a postrarse ante una de izquierdas poco más se puede decir. Si no estuviéramos de vuelta de su capacidad para arrastrarse por el lodo en defensa del crimen de estado, sorprendería su preocupación porque a los cubanos les pueda faltar Juanes mientras mira hacia otro lado cuando nada tienen que llevarse a la boca. Pero si algo he llegado a aprender estos años es que ser de izquierdas significa tener una compasión infinita por la humanidad en abstracto y un absoluto desprecio por los seres humanos de carne y hueso.

Luz en medio de la crisis

Desde que los índices bursátiles empezaron a desplomarse han ido surgiendo grandes oportunidades de invertir los ahorros de quienes no siguieron a la masa manirrota. Así es como se han hecho la mayoría de las grandes fortunas: ahorrando en los años locos de burbujas y gasto desmedido e invirtiendo cuando los valores caen alocadamente ante la retirada de quienes están endeudados hasta las cejas. No es que todas las familias puedan hacer fortunas en las crisis pero sí pueden aprovechar para aumentar el patrimonio familiar.

Otra buena noticia de la crisis es la pérdida de confianza de la población en los políticos. Durante los años de crecimiento artificial, los gobernantes se empeñan en proclamar que el crecimiento se produce gracias a su política y cuando el castillo de naipes se desploma, la ciudadanía tiende a pensar que sus políticos no sabían lo que hacían cuando crecíamos y mucho menos pueden saber cuál es la solución a la crisis. Esta sana desconfianza en los gobernantes es quizá la más importante de las consecuencias que estamos experimentando en España a raíz de la recesión económica. Es posible que una vez llegue la recuperación, la idolatría del político vuelva a ser la tónica general pero por ahora la confianza de los españoles en su Gobierno y en su capacidad para sacarnos de la situación ha bajado hasta el 3,8 en una escala del 1 al 10 y sería fantástico que no subiera nunca de ahí estuviera quien estuviera en La Moncloa.

Otro efecto positivo provocado por la mala situación económica es el cambio de actitud de los españoles respecto al consumo y al ahorro. Mientras los políticos no paran de lanzar proclamas incitando a la ciudadanía a consumir y a gastar en lo que sea, la mayoría de los españoles se ha apretado el cinturón y ha rehecho sus cuentas para adaptarlas a la situación y sentar una sólida base sobre la que poder prosperar. Desafortunadamente, los políticos, descontentos con esta desobediente actitud de la ciudadanía, se han lanzado a gastar todo lo que han podido sacarnos a través de los impuestos. No contentos con el lavado de coco y el gasto de tantos impuestos como han podido arrebatarnos, han gastado el dinero de nuestros hijos y nietos a través de un escandaloso déficit público.

En EEUU, el Gobierno de Barack Obama no ha tenido tiempo de derrochar más que un 14% de sus faraónicos planes de gasto cuando la recuperación les ha cogido por sorpresa. Y es que allí el cambio de actitud de la ciudadanía (gastando menos y ahorrando más), la rapidez de la justicia a la hora de liquidar proyectos en quiebra (en comparación con la paralítica justicia española) y la rápida corrección de los precios y los salarios (en mercados mucho más libres y dinámicos que los españoles) han permitido que los ciudadanos estadounidenses aprovecharan la crisis para purgar gran parte de los errores del pasado que les condujeron a su recesión.

Ojalá en España hubiésemos contado con un Gobierno que hablara mucho y no hiciera nada para permitirnos buscar una rápida salida a la crisis. Solbes abogó por esa opción y por eso fue decapitado. Quizá el desplome de la confianza en el Gobierno termine abriendo la puerta a la paralización de los planes manirrotos de Zapatero y otorgando el papel protagonista de la crisis al frugal cambio de actitud de los españoles.

Objeción (de conciencia) a El País

El editorialista del diario socialdemócrata está preocupado porque España sufre un virus que ni la gripe A. Se trata de un mal que se extiende por toda la piel de toro y que infecta al más pintado. Resulta que "a la sociedad española le han crecido los problemas de conciencia por doquier" y la gente se pone a objetar a mansalva. Intolerable.

El editorial dice que "el protocolo que permite a las farmacias negarse a vender la píldora poscoital es un despropósito" y se duele de que la conciencia llegue "al interior de las boticas". Es decir, que si a un farmacéutico le da por tener conciencia y ésta le indica que vender una píldora poscoital es un acto inmoral, eso es lo de menos en la decisión, suya, de vender, él, la susodicha pastilla en la farmacia, suya también. Para El País no hay ningún problema de conciencia (¡por supuesto!) en defender que el Gobierno sí entre en las boticas para imponer comportamientos contrarios a la moral de sus dueños.

El País tiene que justificar, de algún modo, que se disfrazara de liberal cuando defendía la objeción de conciencia ante la mili obligatoria. Y alega que la Constitución sólo reconoce la objeción para el Ejército. El derecho a no seguir un comportamiento contrario a los propios principios no vale nada ante lo que el diario llama "el debido respeto democrático a la voluntad de los ciudadanos". Es decir, que si la voluntad democrática de los ciudadanos pasa por que el Gobierno entre, no al interior de las boticas sino al interior de las redacciones para decirle a El País lo que debe publicar o no en sus páginas, el diario global en español escribirá un editorial sumiéndose genuflexa y mansamente ante tan democrático mandamiento. Pues ha de saber que es un Gobierno democráticamente elegido el que le ha robado la cartera para dársela a Roures. Aunque cuando de dinero se trata, le entra toda la epidemia de conciencia que el diario condena para los españoles de a pie.

Estupideces y censuras electrónicas

Y del caudillo autoproclamado bolivariano resulta llamativo que coincida con los ministros del Interior de los länder alemanes.

La estupidez políticamente correcta viene del desconocimiento del leguaje. Este último es una institución que se forma a través del modo de expresarse de quienes lo utilizan, no de las directrices de gobiernos o instituciones tan impresentables y liberticidas como la Unesco. A las féminas apoyadas por el consistorio barcelonés les gustaría que Facebook revisara la "construcción gramatical del género", puesto que según ellas "el lenguaje, la comunicación y las redes sociales sólo tienen sentido si son inclusivas, nunca exclusivas".

Lo cierto es que, más allá del malgasto del dinero de los contribuyentes en apoyar este tipo de cosas, no hay nada objetable a que estas mujeres actúen para intentar lograr sus objetivos como lo hacen. Recurren a la acción privada para enviar sus sugerencias sin tratar de imponer la coacción política contra lo que no les gusta. Lo mismo ocurre con las ONG que han criticado el videojuego de rol online Mendigogame. Solidarios para el Desarrollo, Fundación Rais y Acción en Red consideran que este entretenimiento virtual es una burla y que deforma la realidad. Mientras se limiten a hacer campaña en este sentido, con independencia de que se comparta o no su visión, actúan dentro de lo admisible.

Caso muy contrario es el del régimen chavista, que pretende prohibir los videojuegos, y los juguetes, bélicos en Venezuela. El proyecto de ley incluye incluso la penalización del mero uso; no se limita a su venta o fabricación. No deja de resultar irónico que un Hugo Chávez que ha hecho de la violencia un arma política contra sus detractores, y que la primera vez que intentó llegar al poder lo hizo mediante un golpe de Estado, quiera proscribir este tipo de entretenimientos por considerarlos nocivos. Algo que, por otra parte, no es cierto. Millones de seres humanos los tienen como elementos de ocio sin convertirse en personas violentas.

Más tremendo es lo de Alemania. El proyecto de Chávez parece en buena medida una copia de la norma propuesta por los ministros del Interior de todos los länder de la República Federal. También ellos pretenden prohibir los videojuegos violentos, y con muy parecidos argumentos. La norma, que será debatida dentro de poco en el Parlamento nacional, pretende incluso proscribir su programación. Argumentan que algunos episodios como tiroteos en escuelas son producto del uso de este software de entretenimiento. Es como si pretendieran prohibir el cine bélico o las novelas policíacas debido a que la violencia que contienen hay podido influir de forma negativa a algún perturbado.

En ambos casos se trata de pura y dura censura producto de considerar al ciudadano como un incapacitado mental. En un sistema como el venezolano era de esperar. Que ocurra en una democracia como Alemania resulta más llamativo y revelador. Hay demasiados políticos que se creen superiores al resto de los humanos y pretenden controlar sus mentes.

Cuernos imperiales

El diario El País, que tradicionalmente opina sobre los asuntos importantes con dos días de retraso (los progres son venenosos pero algo lentos), ha reaccionado en este caso con asombrosa celeridad para recetarle a ZP un par de páginas en todo el morrillo y un editorial hasta la bola, adornado con un hueco preferente en la misma portada para que no se diga. La sospecha de que los "brujos visitadores" estaban operando por debajo de la mesa durante las negociaciones para unir las dos plataformas de referencia de la izquierda mediática se convirtió en certeza tras este último consejo de ministros con la concesión de un canal de TDT de pago a Mediapro, y eso es algo que Prisa no puede tolerar bajo ningún concepto aunque sólo sea para honrar la memoria de su fundador.

Tras la concesión de Zapatero de un canal de TDT de pago a Roures y Milikito, el diario de Prisa habla de una decisión "escandalosa y abusiva" para "satisfacer los intereses de un grupo de amigos", que, curiosamente, es lo mismo que pensamos muchos millones de españoles cuando Felipe González concedió a Prisa un canal analógico de pago, suceso inédito en toda Europa hasta ese momento. En aquél momento, El País no consideró la decisión del Gobierno felipista ni "abusiva" ni "atropellada" como hace ahora con Zapatero, sino por el contrario todo un acierto que ampliaba el derecho a la información de los ciudadanos. La coherencia está bien hasta que a uno le tocan el bolsillo, y no hay nadie más celoso de sus intereses económicos que un empresario de izquierdas.

Con todo, lo más divertido de todo este asunto es el motivo aducido por la vicepresidenta para haber concedido a Roures un canalito de pago justo antes del comienzo de la liga, de forma que pueda explotar el fútbol a la carta ya desde el primer partido. Según "la represaliá", es una medida más entre las muchas puestas en marcha por el Gobierno para luchar contra la crisis económica que nos azota a causa de Bush, Aznar y el neoliberalismo salvaje.

Desde luego, los amigos de Zapatero van a poder capear las actuales "dificultades transitorias" (Solbes dixit) de una forma ligeramente más confortable que los prisaicos, a los que han arrebatado el monopolio del fútbol de pago. Esto nos sitúa ante un panorama muy divertido en el que veremos al buque insignia de la izquierda mediática atizar a Zapatero una y otra vez hasta que rectifique o proporcione a Prisa una compensación suficiente. Con un poco de suerte es posible que incluso El País comience a editorializar la actualidad sin dejar pasar las preceptivas cuarenta y ocho horas marca de la casa. Si es que el grupo no quiebra antes, claro, terrible pérdida de la que los españoles de bien no nos recuperaríamos en muchos años.

El Gobierno, el mejor aliado de la crisis

Inconmensurable la cita de Celestino Corbacho, ministro de Trabajo:

Llegará un día que cuando el sector del automóvil se recupere y llegue a una cierta normalidad, no será razonable que de los impuestos de los ciudadanos demos una parte a otros ciudadanos para que se compren un coche.

Corbacho hizo referencia a las transferencias de capital forzosas de ciudadanos a empresas para afirmar que el nuevo subsidio de 420 euros a los parados será temporal. A propósito, cuando Keynes definió su estrategia de ingeniería social en su Teoría General, también decía lo mismo una y otra vez. Todas las medidas han de ser temporales. Nunca fue así.

Para la izquierda, los tiempos de crisis son épocas de gloria donde la miseria de los ciudadanos da pie a satisfacer a sectores estratégicos para conseguir más votos. 400 millones de euros del pagador de impuestos costará el nuevo subsidio; todo para ganar ¿cuántos votos? En otra parte ya analizamos qué repercusiones económicas conlleva alargar las prestaciones por desempleo (penalización del trabajo, destrucción de capital, parasitismo, más crisis…).

Déjenme anunciarles una cosa. El socialismo como doctrina murió a la hora y media de ponerse en marcha. No es de extrañar, es un absurdo teórico.

En todos los países fue sustituido por la tiranía de las buenas intenciones. Da igual de qué color sea el Gobierno de turno. Como expresa la cita de Corbacho todos reducen su mediocre ideología sentimental a lo mismo: transferencias de capital forzosas de una parte de la sociedad (empresas y clase media) a otra (lobbies económicos y sociales). Bien, no sólo de la sociedad. Con la globalización hemos llegado más lejos. El actual Gobierno español –que desde que se impuso nos hace pagar 355 euros más en el IRPF, y ni qué decir en multas– también considera "razonable" que nosotros, los ciudadanos, transfiramos más de 250 millones de euros, queramos o no, a países extranjeros o paguemos programas internacionales para luchar contra el paro cuando España es líder europeo en crear desempleados alcanzando cotas inauditas en paro juvenil, duplicando el de la UE.

Ministro Corbacho, todos esperamos el día en el que la mayoría de hombres libres no tengan que dejarse robar por la gran Mafia del Estado para contentar los intereses partidistas del Gobierno. Critican el liberalismo por ser la jungla, el caldo de cultivo de terratenientes, lobbies y monopolistas. La ley de la jungla es la tiranía de las buenas intenciones. El Estado del Bienestar es la mejor base para crear monopolios protegidos por leyes, barreras de entrada económicas y transferencias de capital del ciudadano a la oligarquía apolítica y sus amigos, ya quieran llamarse banca, sector del automóvil o ecológico. El Estado del Bienestar, su buenismo y solidaridad a punta de pistola premian al vocero, al parásito, al incompetente, al vividor de rentas gubernamentales, al sindicalista. En definitiva, al lobo vestido con piel de cordero.

Todas las medidas de este Gobierno son tan populares como directamente contraproducentes para el ciudadano. Recibir dinero gratis es bienvenido por su receptor (consumidor de impuestos), pero si castigamos a quien produce para darlo al que no produce lo único que lograremos será suicidarnos económicamente, más aún con la crisis que tenemos encima.