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Obama no ha salvado la economía

Y mucho me temo que en este punto estamos perdiendo el pulso de una manera abrumadora aunque tal vez no tan absoluta como sucedió en la crisis del 29: la explicación más extendida de la actual debacle es una falta completa de regulación y no una muy desafortunada intervención de los bancos centrales en los mercados financieros, como así fue.

La segunda batalla se está librando en la actualidad y todavía no la hemos dejado de ganar de una forma tan aplastante: una vez ha estallado la crisis, ¿las intervenciones públicas han ayudado a que nos recuperemos? Es más, ¿podría el mercado haber superado la crisis sin la concomitante intervención del Estado?

Obama ya ha movido ficha: la economía se está recuperando gracias a sus políticas de estímulo. Sabe que para su proyecto socialista resulta esencial que esta idea cuaje entre los ciudadanos: primero, para asegurarse la reelección y segundo para justificar un avance cada vez más penetrante del Estado en todos los ámbitos de la economía. Al fin y al cabo, quien puede lo más (solucionar la mayor crisis del último medio siglo) también puede lo menos (colectivizar la sanidad, la energía, las pensiones…).

Por eso es esencial que seamos conscientes de los procesos económicos que hay detrás de esta estabilización de la economía internacional (la española, como siempre, es harina de otro costal) y que sepamos transmitirlos con claridad.

Como tan bien ha puesto de manifiesto la escuela austriaca, las crisis económicas son la respuesta espontánea del mercado al crecimiento insostenible, artificial y basado en la inflación crediticia que vive una economía. La crisis no es el problema, sino parte de la solución. Imagine, por ejemplo, que España no hubiese entrado en crisis en 2007 y que, por tanto, siguiéramos produciendo, como en 2006, 800.000 viviendas anuales. ¿Acaso cree que seríamos más ricos? No, tendríamos urbanizaciones por todo el país pero, entre otras cosas, no podríamos pagar el petróleo que consumimos. La crisis es la "protesta" del mercado contra una situación que no puede ni debe mantenerse.

Por eso mismo, las crisis no son períodos que duran de manera indefinida (salvo que el Estado las perpetúe con todo tipo de medidas absurdas como sucedió a partir de 1929): hay que purgar los excesos y una vez purgados, volver a crecer sobre bases más o menos sólidas. Esa purga pasa por tres ámbitos: reestructuración empresarial (es decir, que las empresas que no son rentables quiebren o cambien de actividad), ajuste de los precios relativos (por ejemplo, los precios de los inmuebles tienen que caer para que, por un lado, deje de ser rentable producir 800.000 al año y para que, por otro, el exceso de viviendas ya construidas pueda reutilizarse en la incipiente reestructuración empresarial) e incremento del ahorro (para reducir el endeudamiento y financiar la mentada recuperación).

Afortunadamente, el mercado de Estados Unidos ha experimentado de manera natural estos tres fenómenos: las bancarrotas se han extendido por toda la economía (ahí quedan las mayores de la historia como son Lehman Brothers y General Motors), los precios de la vivienda y de las acciones han caído a niveles del año 2001-2002 (precisamente, el momento en el que sobre todo los primeros comenzaron a inflarse en forma de burbuja) y el ahorro familiar ha aumentado a máximos de los quince años. En ninguno de estos tres procesos ha intervenido el Estado, sino que más bien los ha torpedeado todos (impidiendo quebrar a muchas empresas, tratando de reinflar los precios de la vivienda y despilfarrando los crecientes ahorros de los estadounidenses con sus déficits públicos).

Es del todo demagógico que Obama se atribuya la recuperación cuando sólo ha ejecutado el 10% de su plan de gasto y cuando la rebaja de impuestos que ha implementado es análoga a la que practicó Bush a comienzos de 2008 sin efecto alguno sobre la economía. No, de momento no ha hecho nada especial que no hiciera Bush y que no fracasara con Bush. Entonces, ¿con qué cara se jacta de estimular la economía? Con la misma con la que su vicepresidente Joseph Biden, cuando pintaban bastos en términos de empleo, decía que sin su plan de estímulo los resultados habrían sido todavía peores: si las cosas van bien es gracias a mí y si las cosas van mal es a pesar de mí.

Pues no, estamos justamente donde hace cinco meses. Cuando el pesimismo alcanzaba sus niveles más altos desde la quiebra de Lehman Brothers –el Dow tocó su mínimo en 12 años– y el plan de Obama estaba lejos de comenzar a ser aplicado, ya observé que:

Muchas empresas han quebrado y la economía se está reorganizando con fusiones, adquisiciones y liquidaciones de activos. En cierto sentido puede que los políticos hayan llegado demasiado tarde para impedir el ajuste.

El ajuste prosigue, aunque los riesgos también subsisten precisamente por la nefasta política fiscal que ha seguido Obama, como asimismo expliqué en mayo.

No deja de ser lamentable que la nomenclatura política que padecemos culpe al mercado de causar las crisis que ellos producen y luego se atribuyan el éxito de impulsar unas recuperaciones que el mercado genera y que ellos sólo obstruyen. No es sólo un error científico de primer orden, es un error deliberado para justificar el incremento de su poder y los recortes de nuestra libertad.

Bajos fondos y altos funcionarios

Según su secretaria general, María Dolores de Cospedal, varias autoridades judiciales y mandos de la policía han ordenado escuchas ilegales a miembros destacados del Partido Popular. Autoridades judiciales. Mandos policiales. Escuchas ilegales. Y todo ello, junto y con un objetivo claro: el Partido Popular.

La reacción del Gobierno es intachable: el PP debe rectificar de inmediato o acudir a los tribunales. Aunque también puede no hacer ninguna de las dos cosas. Mantenerse en sus denuncias y guardarse la baza judicial para cuando lo considere, que para eso es él el agraviado y el dueño del derecho de acudir, o no, a los tribunales. Si es cierto lo que dice Cospedal, lo suyo es dejar que la bola se hinche, e ir con las pruebas a algún juzgado imparcial de los que pueblan España a hacerla estallar.

El Gobierno hace un uso partidista de las instituciones. Alguno de esos usos están a la vista de todos: Cándido, en permanente rebeldía contra el nombre que le pusieron sus padres, ha hecho del servicio al Gobierno su más acrisolada visión de la justicia. Los comisarios políticos, tan avergonzados de su papel que se hacen llamar jueces del Tribunal Constitucional, cumplen vergonzantemente su encomienda. Garzón tiene en sus planes abandonar alguna de las décadas venideras la política. El CNI es el juguete de los políticos aficionados a las películas de 007.

Pero no menos importante es todo lo que queda oculto. Los policías con carné en lugar de placa. Los empleados públicos que le han quitado la máscara de majestad al Estado y ven en él una oportunidad para facilitar sus preferencias políticas. Los bajos fondos y los altos funcionarios. Los agradecidos, que se cuentan por centenares de miles y manejan millones de euros.

Se les puede acusar de ser desleales a la función que tienen asignada. A muchos, también de violar la ley, que conocen, además de a la moral, que desconocen. Lo que nadie les puede quitar es que, aunque sea de forma cínica, ven al Estado como es: como un mero instrumento de poder con el poder como único objetivo. Esa es la realidad del gran aparato devorador de riqueza y de libertades que es el Estado.

Será en septiembre

Si recuerdan, en marzo de 2008, en plena campaña electoral, Zapatero prometió "crear 2 millones de nuevos empleos" en la presente legislatura. De hecho, llegó a decir que "España está en condiciones para llegar al pleno empleo". Por desgracia para todos, el tiempo se ha encargado de desmontar la falsedad de tales palabras, además de la ineptitud de quien las profirió.

La mayoría de titulares destacan que el desempleo ha bajado en 20.794 en personas con respecto a junio, según las cifras oficiales. Sin embargo, este dato esconde algunas trampas, que resultan clave para entender la tendencia real del mercado laboral.

En primer lugar, si se elimina el efecto calendario propio de la época estival, los datos de los Servicios Públicos de Empleo (antiguo Inem) muestran que tan sólo 2.437 personas han abandonado la cola del paro en julio. Una cifra ínfima e insignificante.

Además, el único indicador relevante en esta materia es la tasa interanual, y ésta muestra que 1.117.179 personas han perdido su trabajo en los últimos doce meses (un aumento de 46% respecto a julio de 2008). Asimismo, España destruye empleo a un ritmo del 6,4% interanual, lo que se traduce en la desaparición de 1.238.669 de puestos de trabajo.

El Gobierno basa su optimismo en que el repunte del turismo, propio de la época estival, ha logrado crear algo más de 45.000 empleos. De hecho, el sector servicios ha registrado 79.173 nuevos afiliados a la Seguridad Social. Sin embargo, cabe destacar que la agricultura, la industria y la construcción han destruido 33.606 puestos de trabajo en julio. Es decir, tan sólo el turismo crea empleo, pero a un ritmo muy tímido debido a la particular crisis que atraviesa el sector (la peor en décadas).

Por si ello fuera poco, por décimo cuarto mes consecutivo, la contratación indefinida se reduce a un mayor ritmo que la temporal. En concreto, la contratación indefinida cae un 30,7% interanual en julio, mientras que la temporal lo hace a un ritmo muy inferior (-11,9%). Además, desde abril la mayor parte del empleo que se está generando es de carácter temporal, según el Servicio de Estudios de AGETT.

En segundo lugar, tal y como alardea el propio Ejecutivo, el Plan E destinado a la realización de obras inútiles en los ayuntamientos está ocupando a 400.000 trabajadores, de los que casi 169.000 son nuevas contrataciones. Es decir, el escaso trabajo que se crea es de carácter artificial, ya que se sostiene sobre ingentes partidas de gasto público que, tarde o temprano, se terminarán agotando.

Por último, los demandantes de empleo han crecido un 3% en julio y rozan ya los 5 millones. Este dato indica que aumenta el número de personas que se incorporan por primera vez al mercado laboral. Y es que el deterioro económico que sufren los hogares, la mayoría muy endeudados, provoca que miembros de la familia que antes no trabajaban (desde estudiantes a amas de casa) se pongan a buscar empleo. Muchos, sin éxito.

Visto lo visto, la realidad es que, hoy por hoy, España cuenta con algo más de 4 millones de parados; una tasa de desempleo superior al 18%, según las estadísticas más fiables (EPA y Eurostat); la creación de empleo estival es muy exigua debido al desplome del turismo; y el escaso trabajo que se genera es artificial (dinero público) y temporal (incertidumbre económica).

De este modo, España retomará la senda del aumento del paro a la vuelta de las vacaciones. Septiembre será, pues, la prueba de fuego. Incluso agosto podría deparar alguna que otra sorpresa desagradable. La cuestión es que sin reformas estructurales los números rojos volverán y el drama que viven millones de ciudadanos continuará su curso. El pasado febrero, los datos avanzaban un paro del 20% a finales de año. Superar dicho umbral marcará un antes y un después. Ojalá el Gobierno reaccione a tiempo incentivando el libre mercado para evitar el peor escenario posible en 2010: un desempleo de entre el 25% y el 30%.

La falsa Declaración de Hamburgo

Pero se diga como se diga, lo cierto es que Google ha despreciado a los editores europeos y su pomposa Declaración de Hamburgo, en la que vienen a decir que hay que proteger mejor su propiedad intelectual y que no deben ser obligados a ofrecer gratuitamente sus contenidos.

El texto de la declaración no es el problema. En realidad, casi todo el mundo podría suscribirlo, que quizá es la razón por la que muchos lo están haciendo. Pero la intención y las declaraciones que lo acompañan son claras: quieren que los buscadores y agregadores de noticias como Google News les paguen. Como dice Josh Cohen, de Google, si nos ceñimos a la declaración en sí, lo cierto es que los editores ya tienen todo el control respecto a qué contenidos publicar gratis y qué contenidos hacer de pago, así como qué contenidos quieren que aparezcan en los resultados de los buscadores y cuáles no. Lo primero pueden hacerlo con un sistema de pago, como ya hacen muchos. En cuanto a lo segundo, se trata de dos simples líneas de código:

User-agent: *
Disallow: /

Existe un protocolo ya bastante antiguo que consiste en colocar un fichero llamado robots.txt que contiene una serie de instrucciones para permitir o impedir que los buscadores indexen todo o parte del sitio web. Pueden ustedes verlo aunque no lo entiendan; basta con que añadan robots.txt detrás del nombre del dominio; por ejemplo, http://www.libertaddigital.com/robots.txt. No existe ninguna obligación de seguir esas instrucciones, pero los buscadores las obedecen voluntariamente. Y si ese fichero tuviera sólo esas dos líneas, Google, Bing y demás compañeros mártires dejarían de indexar esa web.

¿Qué es lo que pasa? Que los editores no son tan tontos. En realidad no quieren que se cumpla lo que dicen explícitamente en la Declaración de Hamburgo, sino que las autoridades hagan una ley que atienda las peticiones con que acompañan a la presentación de ese texto. Quieren el tráfico que viene de los buscadores y que además estos les paguen por enviarles clientes. Por seguir el estilo claro y didáctico del señor Andrews, pretenden que Google, además de puta, ponga la cama.

Estas pretensiones tienen poco que ver con la Justicia, que supone dar a cada uno lo suyo, sino con la redistribución forzosa de las rentas. No se diferencia en nada del impuesto que el Gobierno ha puesto a las televisiones privadas y a las operadoras de telecomunicaciones para pagar el despilfarro de RTVE. Tan sólo se diferencia el nombre del expoliado, en este caso Google, y el de los privilegiados por el poder político, que aquí serían los diarios.

No voy a engañarles, es posible que terminen teniendo éxito. No cometerán el error de otros y no intentarán sacarle las perras al blog que copie un texto, a no ser que ese blog pertenezca a una red profesional como Weblogs S.L. Es posible que ni siquiera vayan a por la fotocopiadora digital de los hermanos Rojo. Se limitarán a atacar a los grandes de internet, porque mientras lo hagan el europeo medio se sentirá satisfecho. Porque no cree que la Justicia sea dar a cada uno lo suyo, sino que se haga daño a quien ha tenido éxito.

Las dotes adivinatorias de la Fashionaria

Le ocurrió a la ministra de Educación con la sentencia del Tribunal Supremo sobre la asignatura Educación para el Socialismo (nominalmente "para la Ciudadanía") y le ha vuelto a ocurrir a la vicepresidenta anunciando el recurso de la fiscalía contra el sobreseimiento judicial del proceso contra el presidente valenciano.

La ministra Cabrera, sin necesidad de escudriñar las entrañas de una oca sagrada, supo dos días antes de que se redactara la sentencia que el Tribunal Supremo iba a avalar el proyecto socialista de manipular las mentes de los escolares en función de su agenda política. No resulta extraño, por tanto, que su jefa sepa con antelación cuál va a ser la decisión de un órgano independiente encargado constitucionalmente de "promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la Ley", así como "velar por la independencia de los Tribunales y procurar ante éstos la satisfacción del interés social".

El acierto hubiera sido menos asombroso si El Pollo del Pinar estuviera hoy al frente de la Fiscalía General del Estado, porque su conducta era tan previsible que hacía inútil especular sobre el sentido de sus decisiones, siempre a favor del Gobierno y en contra de la oposición. En el caso de Conde Pumpido, de cuya rabiosa independencia ya hemos tenido suficientes muestras cuando el Gobierno negociaba con la ETA, el hallazgo tiene su mérito.

Aunque Fernández de la Vega no lo dijera por su probada modestia, lo más seguro es que adivinara también que la fiscalía iba a pedir el archivo de las diligencias contra su compañero de gabinete por otorgar una subvención a su querida hija. Total, diez millones de euros del bolsillo de todos los españoles no pueden compararse en importancia con los cuatro famosos trajes de Camps, por la sencilla razón de que en este segundo caso el acusado pertenece al PP y ya se sabe que los poderes públicos deben atender sobre todo a los casos que provocan alarma social(ista).

Si Venezuela contara con una vicepresidenta y un fiscal general como los nuestros no sería necesaria una legislación tan grasienta para prevenir la "alarma social". El secreto, como demuestra el Gobierno de Zapatero, es la telepatía, la clarividencia y la coordinación entre poderes del estado. Sobre todo, mucha, mucha coordinación.

Hay que darles en la cabeza

Los nuevos estatutos se escriben contra España. El Tribunal Constitucional se ríe de su nombre porque es de facto un órgano político. Jueces y políticos se intercambian sus trabajos sin mutar sus puestos. Se cierran emisoras, se acorrala políticamente a un partido mayoritario, la corrupción se enquista en éste y otros partidos y sólo se le oye un minucioso mutismo. Pero este sábado, Juan Carlos I habló por fin. Será porque era su primer día de vacaciones. Ante los medios, y refiriéndose a los últimos atentados de ETA, ha dicho: "Hay que darles en la cabeza y acabar con ellos". Sí Señor.

Hay que darles en la cabeza. Porque la cabeza es la que dispara, la que coloca bombas y la que mata. Sin ella, una mano es un trozo inerte de carne, huesos y tendones. Para acabar con el terrorismo hay que darles fuerte en las ideas que les llevan a un comportamiento criminoso. Son las típicas ideas antiliberales y, digámoslo, antihumanas. El nacionalismo y el socialismo. Unos matan por esas ideas, otros les justifican, otros intentan que esas muertes sean eficaces políticamente y otros dejan claro que quienes se les enfrente no tienen derecho a pertenecer a esa sociedad. Y esos otros son los unos y los mismos. Son los nacionalistas, porque es el nacionalismo el armazón de cada villanía que cometen.

Pero para ello hay que actuar en todos los frentes. Es necesario desmontar un sistema político erigido sobre el presupuesto de que los vascos no son españoles, de que hay una diferencia entre "ellos" y "nosotros" que justifica el atropello de los derechos. Hay que desmontar la espectacular mentira de que están oprimidos por quienes, dentro y fuera, se saben españoles. Y hay que hacerlo en los medios de comunicación, en la calle y en las aulas.

La vicelehendakari, Isabel Celaá, ha reconocido que "es necesario trabajar en ese terreno, a veces intangible, de la propagación de las ideas". Pero para enfrentarse a esa ideología hace falta oponerle otras ideas. Y tienen que ser las ideas contrarias, que no es el nacionalismo de otro signo, sino el reconocimiento de los derechos esenciales de la persona, de que en una sociedad abierta no cabe ese tribal antagonismo de "los nuestros" contra los demás, de que el poder no tiene justificación para imponer una forma de pensar en las aulas. Es necesario romper muchos sobreentendidos, como que para una parte de la sociedad vasca que no digiere ni un gramo del nacionalismo lo máximo que se le puede conceder es una tolerancia con desgana. Dar a los terroristas en la cabeza supone desandar tres décadas de nacionalismo e intolerancia. ¿Cuántos estarán dispuestos a hacerlo?

¿Se podría haber hecho peor?

Nunca debería haberlo hecho a menos que quisiera suicidarse, que quisiera condenar a sus hijos y a los hijos de sus hijos a la mediocridad cuando no a la miseria.

Pero lo hizo. Es el típico drama de la fagocitación del sistema capitalista por las democracias populistas como la española: el sistema económico con mayor capacidad para generar riqueza y para elevar el bienestar de las masas es parasitado por el sistema político que de manera más sibilina genera una mayor cantidad de pobreza.

Ante cualquier dificultad económica, la parte de la sociedad más pobre siempre apoyará a los partidos políticos que prometan ayudarla a costa de los más ricos. Al fin y al cabo, su estilo de vida variará poco: el Estado puede asumir durante un tiempo el coste que suponían sus salarios. Lástima que para ello haya que matar a la gallina de los huevos de oro; una gallina que podrá dar mucha carne pero que se terminará acabando. A partir de ese momento, estancamiento, decadencia y a malvivir. Pero ¿quién relacionará entonces que la miseria de hoy es consecuencia del intervencionismo de ayer? En todo caso se culpará al ruin capitalismo, incapaz de crear riqueza si no es explotando a lo más pobres: incluso en los cementerios socialistas hay razones para pedir más cadenas.

Es un drama, sí, y un drama que gracias a Zapatero nos ha tocado vivir. La manera en la que el PSOE ha combatido la crisis difícilmente podría ser más desafortunada:

  • Acto primero, negacionismo y pasividad: La economía necesitaba que le facilitaran el reajuste y se cerraron en banda. Zapatero pretendió seguir navegando con un barco que hacía aguas por todos lados sin ni siquiera tratar de taponar los agujeros.
  • Acto segundo, aguantar el chaparrón a golpe de chequera: La rígida economía española responde con reestructuraciones bruscas y Zapatero se niega a facilitar los cambios. En su lugar, prefiere tirar de gasto y deuda para que nadie note que la existencia de la crisis y sigan viviendo como si no la hubiera. El barco se hunde y sólo nos proporciona unas bombonas de oxígeno para aguantar unos minutos más bajo el agua.
  • Acto tercero, volver a la realidad: La deuda es caprichosa. Tiene una característica en la que los gobernantes piensan poco hasta que les toca declararse en bancarrota; tarde o temprano hay que devolverla. Nadie nos presta el dinero para que no se lo repongamos (con intereses), por lo que conforme aumentan las dudas sobre nuestra solvencia, el grifo se va cerrando. La economía sigue sin reajustarse, el manantial del gasto se va secando y sólo queda subir impuestos. Bajo el agua sin oxígeno, hay que aguantar el peso de las bombonas, por lo que los náufragos españoles tratan de endosárselas los unos a los otros y de salir a la superficie pisoteándose sin miramientos.

Muchos dijimos que las medidas para combatir la crisis eran básicamente dos: liberalizar los mercados para facilitar los ajustes y reducir el peso del Estado (impuestos y gastos) para incrementar los recursos a disposición del sector privado. No nos hicieron caso o, más bien, nos hicieron caso para llevar a cabo todo lo contrario: misma rigidez y más gasto público.

No por casualidad, la economía sigue sin responder y con un estado cada vez más crítico sólo queda asestarle el último golpe: subir impuestos a los ricos para que se escapen con sus capitales del país y nos quedemos con una sociedad cada vez más proletarizada, esto es, una sociedad donde nadie dispone de ahorros para invertir y crear nueva riqueza y donde hemos de devorarnos entre nosotros.

Con cinco millones de parados nos vamos a poner a subir impuestos para comenzar a pagar parte de los millonarios despilfarros que nuestra clase política ha acometido en los últimos meses. Esa es la estampa de un país con un futuro cada día más negro y al que siguen machacando con aberrantes políticas contra el sentido común económico.

El joven viejo político

La respuesta que obtuvo fue igual de contundente: "Cuando alguien se afilia, yo no le exijo que deje de pensar por sí mismo". La bitácora en cuestión sigue activa y mantiene el tono irreverente, y en ocasiones vulgar, que causó el enfado de ese político al que no le gusta que sus compañeros de partido opinen por cuenta propia.

Los dos protagonistas de la anterior conversación son una buena muestra de la forma en que afrontan la comunicación por internet todos los partidos españoles y de cómo deberían hacerlo en cambio. El primero de ellos es un joven viejo político, que pareciera tener el doble de años que su edad real. Pese a su juventud, sigue anclado en la concepción dominante en todas las formaciones políticas importantes del país. Esta es, además, un reflejo de cómo consideran muchos que deberían comportarse todos los militantes. Trata de llevar a la red el modelo clásico en el que los temas que deben tratarse y cómo hacerlo se deciden desde arriba. En este esquema, el afiliado tan sólo debe ser un altavoz que repita de forma acrítica lo que se le indique desde la cúspide.

El segundo es justo lo contrario. Para empezar, considera que afiliarse a un partido no significa sumisión ni renunciar a pensar por cuenta propia. Y esto tiene reflejo –no puede ser de otro modo– en la comunicación online. Los afiliados de su zona no están obligados a ser meros altavoces de la dirección nacional o territorial de la organización. Pueden, en sus bitácoras o cuentas de redes sociales, tratar los temas que prefieran, tengan que ver o no con la política, y además son libres de crear su propia forma de transmitir los mensajes. Se abre así un potencial creativo que puede ser utilizado tanto por otros miembros del partido como por los órganos de dirección del mismo.

En este modelo existe, es cierto, el peligro de que alguna persona haga vídeos de mal gusto (aunque, por ejemplo, esto último es marca de la casa en el caso de Juventudes Socialistas como organización) o transmita mensajes poco convenientes. Pero es un riesgo menor. El resto de afiliados sólo aprovecharán los videos, argumentos y similares que les parezcan adecuados. De esta manera se producirá un efecto viral que difundirá rápidamente lo bueno y descartará lo malo. Frente a esto, en el modelo anquilosado que trata de trasladar a la red los viejos esquemas, la dirección sólo está sometida a sí misma para ver lo idóneo o no de lo que se transmite. Y como quienes forman parte de ella son quienes han decidido de esta manera, por lo general pensarán que han acertado.

Cuanto más tarden los partidos españoles en aceptar que en la red no sirven los viejos esquemas, más tardarán en poder aprovechar el potencial que les ofrece. Tal vez el joven viejo político al que nos referíamos más arriba esté cómodo así y luche para que nada cambie. Si le hacen caso, habrá dañado a su formación. Antes o después el resto de partidos reaccionarán y ganarán varios puntos de ventaja sobre el suyo.

¿Y ahora qué?

El presidente gallego, en cambio, parece tener una confianza muy limitada tanto en el orden constitucional como en la sensatez de los ciudadanos, no de otra forma cabe explicarse que haya sometido a una especie de referéndum la necesidad de modificar la legislación educativa aprobada por su antecesor, el socialista Touriño en compañía de su socio Quintana, ambos eliminados por el desagüe de la política tras el brillante batacazo electoral del pasado mes de marzo.

Pero si Núñez Feijoo creía que la encuesta realizada a los padres gallegos va a darle una mayor legitimidad para introducir las reformas que prometió en la pasada campaña electoral, mucho me temo que el resultado no va a coincidir con sus deseos. Y es que mientras los gobiernos se encarguen de "planificar" la educación a despecho de las decisiones individuales de los padres de los alumnos, siempre habrá un número importante de afectados que verán suprimido su derecho a elegir. Y ya hemos comprobado la capacidad de victimismo y agitación de los nacionalistas cuando resultan perjudicados por una decisión democrática.

El problema se resolvería devolviendo a los ciudadanos las competencias que los distintos gobiernos se arrogan en exclusiva, como el tipo de sanidad o educación que quieren recibir. En este segundo caso serían las decisiones individuales de los padres con hijos en edad escolar lo que ordenaría el mapa educativo, que es lo que pide la admirable organización cívica Galicia Bilingüe, y no al revés, como ocurre ahora. Es la administración la que debe someterse al criterio de los contribuyentes libremente expresado y no al contrario. Los políticos, como empleados nuestros que son (y además con contrato temporal), deben dar la máxima libertad a los que les pagamos el sueldo y limitarse a cumplir con nuestras exigencias.

Sólo falta que los jefes de los gobernantes, es decir usted y yo, decidamos que hay cosas en las que un empleado no se debe meter jamás. Igual algún siglo de estos lo conseguimos.

Abusos buenos y abusos malos según la SEC

Ha convertido en permanente una medida temporal que aprobó en otoño de 2008, prohibir las posiciones bajistas cuyo préstamo no se haya hecho efectivo en el momento de la operación. No es que prohíba directamente las posiciones cortas (bajistas en acciones), pero sí que las restringe. También ha comunicado que mantendrá esta línea en el futuro.

Los grandes operadores no han prestado mucha atención a la regulación. Desde que se aprobó la normativa el año pasado, han encontrado otros métodos similares de ponerse cortos y que ya usaban, como comprar ETFs bajistas, vender futuros, comprar puts (opciones de venta), etc. Como siempre, se trata de una medida que llega tarde e ineficiente.

La opinión popular ha celebrado tal restricción porque comparte la idea de la SEC, a saber, las ventas al descubierto son operaciones desleales y hacen bajar las acciones. En realidad, prohibir las ventas al descubierto, en esencia, significa prohibir vender.

Imagínese que usted quisiera vender un inmueble de su propiedad adquirido hace un par de años. En la situación actual, si la vende al mismo precio, nadie se la va a comprar, por tanto, si le urge sacárselo de encima, tendrá que rebajar el precio. Si lo hiciese, y hubiese una SEC que regulase sus propiedades, se lo prohibiría. Razón: eso hará bajar el precio de los inmuebles del sector. ¡Claro, es que están sobrevalorados!

Las ventas al descubierto sólo facilitan que los precios vuelvan a sus precios reales. Son posiciones temporales, no crónicas. En estos casos alguien vende porque cree que el activo en cuestión bajará. Pero cuando ese actor económico cierra la posición, esto es, compra, el activo sube. Las grandes subidas de la última semana se han debido precisamente a cierre de cortos que han tenido que deshacer posiciones (comprar) a toda prisa con pérdidas.

Hace un año aproximadamente, Rusia fue más allá en la lucha contra las caídas bursátiles y decidió clausurada la bolsa cuando bajaba (no descartamos que Estados Unidos aplique la misma medida también en el futuro). Rusia llegó a mantener cerrada la bolsa durante una semana. ¿Cuál fue la consecuencia? Cuando abría, el mercado se desplomaba y el capital se iba del país. Las crisis no se arreglan con decretos ni prohibiéndolas por ley.

Tal vez la SEC tendría que haber hecho algo antes. ¿Por qué no prohibió comprar cuando había empresas que estaban cotizando a PERs de 50, 60 o 70 veces sus beneficios? ¿Por qué no puso coto a los créditos sobre acciones y a los derivados en aquel entonces?

Lo más hipócrita de este caso es que la SEC, el Gobierno americano y resto de primos hermanos de este último (Reserva Federal, Commodity Futures Trading Commission, Federal Deposit Insurance Corporation…), acusen ahora al mercado de practicar operaciones abusivas y poco transparentes (según se lee en su nota). Señores reguladores, todo lo que hicieron los hedges funds, bancos, grandes carteras, aseguradoras… estaba amparado por la ley, es decir: por ustedes.

¿Qué legitimidad tienen estas organizaciones paraestatales para hacer tales acusaciones? Ven la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio.

Cambian leyes según sople el viento. Hablan de manipular el mercado cuando el propio Gobierno americano se dedica a regalar cientos de miles de millones de dólares a bancos que tendrían que estar quebrados según las reglas del libre mercado. ¿No es esto distorsionar la trayectoria natural del mercado? ¿No es mezquino que el Gobierno robe al hombre común su dinero para dárselo a bancos con nefastos e ineptos gestores? A propósito, ¿se acuerda de que Obama se quejó de los altos bonus que cobraban los ejecutivos a cargo de las TARP? No se preocupe, ya lo ha solucionado. No hay bonus para ellos. Sólo se subirán el sueldo un 50% (Citigroup, Morgan Stanley y UBS).

¿No es una manipulación del mercado tirar por los suelos los tipos de interés para estimular el crédito? ¿No cree que una de las razones por la que se explican las fuertes subidas de la bolsa en estos meses se debe precisamente a que "los grandes", ante el escaso margen de la renta fija, huyen hacia la renta variable comprando de todo? ¿No tendría que hacer algo la SEC? ¿No estarán creando ya otra burbuja?

Los medios políticos no sólo son la fuerza, se han convertido en la moral. En los sacerdotes de la religión prohibicionista del s. XX y XXI. Para ellos, una acción no es "mala" en la medida en que sea éticamente reprobable, sino en la medida de quién la realice. Si la lleva a cabo alguien de la sociedad ha de ser prohibida. Si la realizan ellos, es lo que se ha de hacer por justicia. Su justicia, claro.