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No me lo creo

Es decir, que la crisis ha tocado fondo y que a partir de ahora no tenemos que seguir bajando los ojos cuando nos hablen de economía.

El relato es el siguiente: los hechos se presentan, desnudos, inanimados y objetivos ante los ilustrados burós que, con su análisis wertfrei y su refinado instrumental, no habrían podido evitar la conclusión, contenida ya en la marcha de las cosas, de que a partir de ahora sólo podemos ir a mejor. ¿Y la coincidencia en la fecha? No podía ser de otro modo cuando es la misma realidad que, claro es, no puede dar las mismas noticias más que en el paso del tiempo en que tienen lugar. Fed y BCE, atentos a la marcha de los acontecimientos, ¿por qué iban a retrasar la noticia, más cuando con ella nos alegra los corazones, tan arruinados como nuestros bolsillos?

Ciertamente. Sólo que en este relato faltan otras muchas coincidencias que, en conjunto, dibujan un cuadro muy diferente. Pues, ¿hasta qué punto son estos dos bancos centrales diferentes? Desde el estallido de la crisis han actuado al unísono, ya sea al alimón, ya con el concurso de otros bancos centrales. Siempre para inflar las respectivas monedas, inundar el mercado de liquidez y retrasar el colapso inevitable del castillo de naipes financiero que crearon ellos mismos. Ahora no sólo coinciden en el acelerador hacia el abismo, sino que ofrecen, gustosos, el mismo mensaje de optimismo a lo Telma y Louis.

Pero, ¿y la realidad? Ella tampoco es independiente de los bancos centrales. No es un objeto que se observa por un microscopio. La crisis es el muerto tendido en el suelo y los bancos centrales el asesino con la pistola humeante en sus manos. "Hay síntomas de resurrección", declaran circunspectos a los medios de comunicación como si fueran un CSI y no el criminal.

Luego la realidad, a la que tienen secuestrada, puede darles la razón o no. Como la libertad interior del reo, la economía guarda, atada y drogada como está, ciertas libertades que la hacen discurrir por caminos distintos a los que buscan sus captores. Pero esa no es ahora la cuestión. Lo que no me creo es el relato. No me creo ni la objetividad, ni la independencia ni la circunspección ni la honradez de los bancos centrales. Es a ellos, más que a sus palabras, a quienes no me creo.

Calentamiento global en un futuro incierto

Internet y la web han supuesto un cambio en nuestras vidas, por una sencilla razón: la gran facilidad, sin precedentes, con la que permite la creación de riqueza. En este sentido, es una verdadera gallina de los huevos de oro. Me explico.

Sólo existe una forma de generar riqueza: el intercambio libre entre los individuos. Cuando una persona vende a otra persona un objeto o un servicio, ambas personas se benefician, pues las dos valoran más lo recibido que lo entregado (si no, no se produciría el intercambio). Tras cada intercambio libre la riqueza de la sociedad aumenta, los recursos se han aproximado más a aquel sujeto que más los valora.

La mera fabricación o construcción no supone la creación de riqueza: que se lo digan a todos los constructores que tienen sus inmuebles sin vender. Esas casas no son riqueza hasta que no se vendan: de momento, son solo recursos mal utilizados; dichas casas posiblemente supondrán destrucción de riqueza, si el vendedor no consigue recuperar en su intercambio los recursos invertidos en la construcción.

Ocurre que para generar riqueza, hay que tener cierta capacidad de anticipación, tratar de adivinar lo que necesita la gente, y de qué forma se puede mejorar el uso de los recursos disponibles para satisfacer dichas necesidades mejor. Esto es lo que hacen los empresarios: localizan recursos que creen que están mal utilizados; que creen, por tanto, poder utilizar mejor, y los compran a un precio que necesariamente es inferior al que ellos creen poder obtener. Asumen todo ese riesgo, y, si aciertan con la mejor utilización del recurso, obtienen un beneficio, derivado precisamente de haber mejorado la satisfacción de los clientes. Ambas partes, como en todo intercambio, se benefician del mismo, y la riqueza ha crecido.

Antes de internet, lo de llevar ideas de negocio a la práctica era bastante costoso, aunque solo fuera por la necesidad de algún tipo de soporte físico para el negocio (un local, una nave…), o de darse a conocer. Esto es justo lo que ha cambiado con internet: ahora el lanzamiento de una idea de negocio es tan sencillo (o complicado) como realizar una página web en Java. Nada más es necesario. No hay que buscar local, ni decorarlo, ni nada por el estilo. Además, por el mismo precio, tienes presencia internacional y publicidad incorporada. Con estos mimbres, la actividad del emprendedor tenía necesariamente que explotar.

Y así ha sido. Por supuesto, se han cometido y se cometerán muchos errores durante esta explosión. Pero el resultado es palpable casi desde el inicio: nuestra sociedad se enriquece y se enriquece con cada iniciativa de los millones de personas que pueblan el planeta. Y esa sí es riqueza de verdad, no la que hacen nuestros gobiernos con inyecciones de dinero y demás zarandajas.

La verdadera fuerza de la web

Pero se inventó el automóvil y los caballos desaparecieron. La incertidumbre, lo que el progreso todavía no ha creado, no entra dentro de los modelos predictivos del agorero.

Estoy muy dispuesto a aceptar que el calentamiento global es un problema real, pero soy escéptico respecto a las dimensiones del problema y, sobre todo, las soluciones propuestas por los ecologistas para combatirlo. Este escepticismo deriva de concebir el mercado como un proceso dinámico y descubridor, y de considerar la capacidad adaptativa del hombre y el coste de oportunidad de redirigir recursos escasos a faraónicos programas medioambientales de dudosa eficacia, aspectos que los ecologistas subestiman a la hora de hacer sus predicciones y recomendaciones. Numerosos ecologistas creen que el protocolo de Kyoto o las energías verdes están al margen del análisis económico y de las valoraciones subjetivas de la gente respecto a costes y beneficios futuros, y deben ser implementadas "a cualquier precio".

El cambio climático puede suponer un incremento de las temperaturas de algunos grados en el próximo siglo y un aumento del nivel del mar de menos de un metro (con perdón de Al Gore, ese gran autor de cine fantástico). Los efectos son negativos si vives en los trópicos o a pocos pies por encima del nivel del mar, pero son positivos si vives en Escandinavia o en Siberia. En balance las consecuencias son negativas sólo si asumimos que somos incapaces de adaptarnos al cambio. ¿Es realista esta premisa? Al fin y al cabo hay gente viviendo en Alaska y en Ecuador. Si la temperatura baja nos ponemos un jersey y si sube enchufamos el aire acondicionado. ¿Por qué no podemos adaptarnos al cambio climático? La adaptación se nos antoja ingenua porque pensamos en términos estáticos, extrapolando las circunstancias actuales a los problemas del futuro, pero las circunstancias futuras pueden ser muy distintas. Si el observador del siglo XIX viera que el hogar medio de hoy en día a menudo tiene aire acondicionado y calefacción, cuando no climatizador, quedaría sorprendido.

La acumulación de capital es la base del progreso. Cuanto más productivos y ricos seamos más fácil nos resultará adaptarnos a un eventual cambio climático. Podremos permitirnos tecnologías más avanzadas y limpias, explotar energías que antes no eran rentables, construir diques por una fracción del coste actual o darnos el capricho de sufragar voluntariamente proyectos de conservación. Después de todo, el ecologismo y el cuidado del medioambiente son un fenómeno propio de las sociedades ricas. Apenas hay ecologistas en Nigeria, la India o Perú, pues tienen otras prioridades, y no en vano las áreas más contaminadas del planeta corresponden a países en desarrollo.

Hace un siglo la gente se desplazaba a pie o a caballo, se comunicaba por telégrafo, sumaba con reglas de cálculo y podía morir de casi cualquier enfermedad. ¿Quién sabe lo que nos depara el futuro? Como especula David Friedman en su libro sobre el futuro de la tecnología y la libertad, en cien años a lo mejor estamos conectados durante horas a la realidad virtual y consumimos poca energía. O proliferan los viajes interespaciales de bajo coste y nos esparcimos por la galaxia. O reducimos el impacto del sol en la Tierra y la absorción de calor poniendo en órbita una serie de espejos gigantes. O mediante inteligencia artificial o ingeniería genética multiplicamos nuestro CI y concebimos soluciones antes impensables. O gracias a la nanotecnología introducimos células reparadoras en nuestro cuerpo que nos permiten adaptarnos al medio y curar cualquier tipo de enfermedad. Hoy suena a ciencia ficción, como hace décadas sonaba a ciencia ficción que pudiéramos cruzar el Atlántico volando en siete horas o poner un marcapasos para regular el ritmo cardíaco. Los cimientos de varias de estas tecnologías se están desarrollando actualmente y no es tan aventurado pensar que nosotros o nuestros hijos veremos cómo alguna de ellas se materializa.

También hay posibilidades menos halagüeñas: el avance de la biotecnología puede facilitar el diseño de enfermedades letales. La nanotecnología puede traer consigo la denominada "plaga gris": máquinas ensambladoras de tamaño molecular que se auto-reproducen y acaban consumiendo toda la materia de la biosfera. En estos escenarios más pesimistas el calentamiento global sería el menor de nuestros problemas.

Pajín, mi héroa

Leyre Pajín es una mujer hecha a sí misma. Es más, la Pajín es la prueba viviente de que la selección de las élites en la democracia progresa adecuadamente, pues muy pocas personas, sean hombres, mujeres o transexuales en cualquiera de las dos direcciones, han llegado jamás a las cotas de excelencia intelectual que la secretaria de organización del PSOE exhibe en sus comparecencias públicas, y eso que su antecesor, don José Blanco, dejó el listón a niveles ionosféricos, como es bien sabido.

Cuanto más sabemos de Pajín más la admiramos los que reconocemos el mérito de las personas que luchan contra las circunstancias de la vida para salir adelante a despecho de las dificultades. Si encima se dedica a la cosa pública, a la admiración se suma el agradecimiento instintivo propio de los contribuyentes bien nacidos. Porque esta mujer podría estar ganando una millonada gerenciando cualquiera de las multinacionales más potentes que operan en nuestro territorio, cuyos consejos de administración se dejarían cortar las uñas sin anestesia por un fichaje de esa categoría, y sin embargo la Pajín prefiere dedicarse diariamente a hacer más felices a los españoles por la ridícula cantidad de quince mil puñeteros euros al mes, que es lo que gana cualquiera a poco que se ponga con cierto interés, especialmente en los tiempos que corren.

La Pajín quiere que el poder sea más tía y yo estoy de acuerdo. Quiero decir, no sé qué cojones significa la expresión, pero si lo dice El Pasmo Benidormí será porque es bueno para España, porque tanto ella como el resto de compañeros y compañeras socialistas se dejan la vida por la patria, como es notorio. Que el poder sea más tía y el PIB se convierta en una PIBA , como dice Ella, se antoja necesario para cambiar el modelo socioeconómico "deste país", concepto que permanece también oculto para el común de los mortales, pero si Pajín lo dice debe ser absolutamente cierto.

Miren que era difícil encontrar un político a la altura de José Luis Rodríguez Zapatero, pero con la Pajín hemos encontrado una figura equiparable al líder. Y encima mujer, oiga, que ya es la felicidad completa. Desde que Pajín llegó a la política, ser mujer en España es un motivo de orgullo añadido. Y si eres "tía" ya ni te cuento.

Adiós a Bloglines

Pero el enorme crecimiento que experimentaron pronto hizo inviable ese sistema. Fueron el RSS y los lectores de RSS los que nos permitieron seguir al tanto de todo lo que nos interesaba.

RSS es un estándar creado en 1997 por Userland y Netscape, con el objeto de competir con los canales del Internet Explorer a través de su portal configurable "My Netscape"; permitía incluir contenidos de otros sitios web al portal personalizado de cada usuario. Pero cuando dos años después Netscape abandonó el proyecto, parecía que el estándar había muerto. Sin embargo, los blogs lo adoptaron como forma de compartir sus contenidos, y su impulso lo convirtió en un estándar universal, que emplean todas las publicaciones que actualizan frecuentemente sus contenidos, como Libertad Digital.

Originalmente pensado para que unos sitios web incluyeran contenidos de otros, empezaron a popularizarse unos programas llamados "agregadores RSS", que permitían a los usuarios suscribirse a los torrentes de noticias y anotaciones de blogs que les resultaban de interés. Eran programas para nuestros ordenadores, como puedan ser los clientes de correo electrónico Windows Mail o Thunderbird. Recuerdo que mi preferido, con notable diferencia, era FeedDemon. Aún sigue siendo utilizado por muchas personas, pero otros cuantos nos acabamos mudando a aplicaciones que hacían el mismo servicio desde la web, igual que pasamos de leer el correo desde un programa a hacerlo con Gmail. Ofrece la ventaja de poder emplearlo desde cualquier sitio –en casa, en el trabajo, en el móvil– manteniendo siempre la coherencia; es decir, que si leemos los titulares de un blog, aparecerán ya como leído nos conectemos desde donde nos conectemos.

El primer lector decente de este tipo fue Bloglines. Fue creado en 2003 por Mark Fletcher y comprado dos años después por el buscador Ask, cuando su liderazgo era indiscutible y estaba tan de moda como ahora pueda estarlo Twitter. Pero poco después de la venta apareció, primero de forma tímida y algo chapucerilla, una alternativa seria. Era Google Reader, que en septiembre de 2006 ya llevó a cabo su primera renovación y empezó a ofrecer cosas de las que carecía Bloglines. Este último intentó ponerse a la altura al año siguiente con el lanzamiento de una versión beta que igualaba, pero no superaba, las características que ofrecía Google. Y desde hace dos años sigue igual, en pruebas, mientras la versión oficial permanece sin cambios.

El problema es que Ask, después de gastarse 10 millones de dólares, no ha sido capaz de encontrar la forma de sacar dinero del servicio. Y lo ha mantenido con un personal mínimo y perdiendo clientes continuamente. Hasta tal extremo llegó la cosa que, en octubre del año pasado, tardaron una semana en solucionar un problema que convertía Bloglines en algo imposible de utilizar. Su fundador, Mark Fletcher, llegó a decir que pese a que naturalmente no quería hacerlo, le iban a terminar obligando a usar Google Reader.

Yo, después de años de resistirme como gato panza arriba, más que nada por razones sentimentales, he terminado por rendirme a la realidad. Me he convertido en usuario de Google Reader. Creo que a estas alturas Enrique Dans debe ser ya el último de Filipinas. Lo que me da un poco de miedo es la gran cantidad de herramientas que dependen del gigante californiano. No es que crea que vayan a desatenderme como ha hecho Ask. Pero todo podría pasar.

Rajoy necesita dos tardes

La auténtica lacra reside en la inexistencia de una alternativa política capaz de liderar los duros cambios que precisa la economía nacional para evitar que, tarde o temprano, España se argentinice.

Y es que no hay nada peor que un ignorante atrevido. Nos cuenta Mariano que "no va a intervenir ni a opinar" sobre las fusiones entre cajas de ahorros porque se considera un "liberal de verdad". Atención al dato: ¡el líder de la oposición se autoproclama liberal!

Más que desfachatez, un completo sinsentido. Y no porque Rajoy quisiera expulsar de su partido a los escasos "liberales" que militan en las filas del PP, sino por las argumentaciones que ofrece. Rajoy no se moja porque "cuanto menos intervenga la política" en el futuro de las cajas, "mejor". Como si tales entidades financieras estuvieran exentas de la influencia política. Parece que el líder popular todavía no se ha enterado de que Caja Castilla-La Mancha (CCM), la primera caja quebrada en España, estaba presidida por un ex político del PSOE, al igual que otras muchas.

Parece ignorar, además, que el sistema financiero es el sector económico más regulado e intervenido en las democracias occidentales; que las cajas de ahorros dependen, en última instancia, de los gobiernos autonómicos; olvida que el proceso de fusiones está siendo dirigido desde el Gobierno, por la propia ministra de Economía, y bajo la supervisión del Banco de España –un órgano de planificación financiera– y la burocracia de Bruselas.

¿A qué tipo de liberalismo se refiere Mariano? ¿Al mismo que le sirvió para aprobar junto al PSOE un rescate bancario (FROB) valorado inicialmente en 90.000 millones de euros? Un "liberal de verdad" abogaría por eliminar el engendro financiero-político de las cajas de ahorros, exigiría transparencia total al Gobierno en el uso de dinero público para ayudar a entidades con problemas de liquidez y apoyaría, sin miramientos, la liquidación de bancos y cajas insolventes.

Pero los ejemplos de liberalismo marianista van mucho más allá y, de hecho, encajan perfectamente en el ideario socialista más retrógrado, propio de los sindicatos. El líder del PP rechaza frontalmente, al igual que CC.OO., que los convenios colectivos fijen una rebaja mínima del 1% en los salarios, tal y como reclama la patronal empresarial. "Yo no apoyo eso", afirma como buen liberal que es.

De este modo, lo que defiende Mariano es que el paro siga creciendo. La fijación de sueldos por encima del valor de mercado genera desempleo. Rajoy desconoce que la mano de obra responde a la ley de la oferta y la demanda, al igual que todo bien y servicio.

Durante los primeros años de la Gran Depresión en EEUU el entonces presidente Hoover insistió en la necesidad imperiosa de no recortar los salarios a los trabajadores. Lo único que consiguió fue un aumento histórico del paro, hasta tasas superiores al 25%. Por si ello fuera poco, Rajoy defiende con uñas y dientes el teatrillo del "diálogo social". Ya se ha olvidado de que el actual mercado laboral español es una pesada herencia del franquismo, cuya reforma es imperiosa.

En la actualidad, el sueldo medio de los trabajadores estadounidenses acaba de registrar un descenso histórico del 5% interanual en el segundo trimestre. Claro que allí no existe tal "mesa de diálogo". Quizá por eso la productividad aumente a una tasa anualizada del 6,4%, tras al recorte de horas de trabajo en las empresas, y el paro todavía no haya alcanzado el 10%, pese a padecer la mayor recesión en décadas.

¿Liberal dice? Sería para echarse a reír a carcajada limpia si no fuera el líder de la oposición el autor de semejante insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Rajoy, el rojo, es más bien un socialista acomplejado de perfil bajo que, al igual que su compañero Zapatero, precisa, al menos, dos tardes de economía básica para saber diferenciar entre izquierda y derecha, arriba y abajo, delante y detrás… Liberal y socialista.

Las contradicciones internas del sindicalismo

Aunque las castas políticas y sindicales dicen que protege a los trabajadores –en un país con una tasa de paro del 18´70 %, la más elevada dentro de la OCDE– la realidad se resiste a amoldarse a las consignas y la propaganda.

Uno de los más ilustrativos para analizar las dinámicas perversas que desencadena el intervencionismo estatal en las relaciones laborales ha sido el caso del expediente de regulación de empleo solicitado por Nissan Ibérica para despedir o suspender temporalmente los contratos de sus trabajadores de las fábricas de la Zona Franca de Barcelona y Montcada i Reixac. Como se sabe, fue aprobado recientemente por el gobierno autónomo catalán, tras casi un año de "negociaciones" –viaje de Montilla a Japón incluido– a tres bandas entre la empresa, los sindicatos mayoritarios y las autoridades del tripartito catalán.

En un sector industrial donde sin excepciones las ventas se habían hundido, en octubre de 2008 esa empresa anunció su intención de despedir a 1.680 trabajadores de esas plantas de producción. En consonancia con ese propósito, presentó su solicitud de autorización administrativa previa antes de proceder al despido colectivo, tal como exigen los artículos 51 y 52 del Estatuto de los trabajadores y el reglamento que regula los procedimientos de regulación de empleo.

Esa regulación exige que las empresas, en el caso de alegar "causas económicas, técnicas, organizativas o de producción", presenten una solicitud de autorización administrativa, acompañando toda la documentación que acredite la causa concreta invocada, antes de despedir a grupos de trabajadores. Paralelamente, las empresas deben emprender lo que la ley denomina "periodo de consultas" con los representantes legales de los trabajadores. Ese eufemismo encubre el mantenimiento nominal de la propiedad de la empresa privada socavada por la coacción del gobierno y los sindicatos. Si, dentro de este contexto, la empresa y el comité de empresa alcanzan un acuerdo sobre los despidos o suspensiones de contratos temporales, éste será vinculante para la administración salvo en casos tasados. En caso de no llegar a un acuerdo, la administración tiene la potestad de estimar o desestimar, total o parcialmente, la solicitud empresarial. En cualquier caso, al mismo tiempo que obtiene la autorización para los despidos, la empresa deberá abonar a los trabajadores una indemnización de 20 días de salario por año de servicio, con un máximo de 12 mensualidades.

Dado que la autorización de la dirección de trabajo catalana convalidó el acuerdo al que llegaron la empresa y los sindicatos mayoritarios en el comité de empresa – CCOO y UGT– para despedir finalmente a 698 trabajadores, aunque 150 podrían ser readmitidos si la evolución del mercado hiciese necesario elevar la carga de trabajo, resulta asombroso que no se investiguen las acusaciones de la CGT contra los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT, en el sentido de que éstos últimos habrían conseguido que la mayoría de los afectados se concentraran en las filas del sindicato anarcosindicalista. Paradójicamente, de confirmarse, este hecho convertiría en nulo el acuerdo, según sanciona la propia ley de libertad sindical promulgada en 1985 para favorecer a los sindicatos establecidos entonces. Podría constituir, incluso, un delito.

La vorágine anticapitalista que nos rodea escamotea algunas cuestiones fundamentales al público. La vía intermedia entre capitalismo y socialismo, con ribetes corporativistas, escogida por la legislación laboral española despoja a los empresarios de la facultad de tomar las decisiones que estimen más adecuadas para rentabilizar sus inversiones y, si lo consideran oportuno, asegurar la supervivencia de sus empresas. Si, por cualesquiera razones, los consumidores retiran su favor a los productos de una empresa o un sector entero, es muy probable que los empresarios tengan que adoptar medidas como redimensionar su estructura o liquidar sus inversiones. Si se les impide o inflige un daño adicional, alguien tendrá que pagar por el mantenimiento de esa situación artificial.

Así ha sido en este caso. La denuncia de un sindicato minoritario siembra la sospecha de que, si no hubiera mediado la coacción gubernamental y sindical, la empresa no habría señalado a los concretos trabajadores despedidos. Probablemente, además, el número habría sido mayor, tal como se infiere de su primer anuncio de despidos. Ante las primeras consecuencias de la recesión, el Gobierno se entrega entusiasmado a socializar parte de las pérdidas de los ajustes incompletos, con su plan de ayudas directas a la compra de automóviles. Por mucho que se intente camuflar, otros pagarán directamente ese dispendio y quedarán menos recursos en el resto de la economía para otras inversiones rentables, generadoras de puestos de trabajo.

Las dramáticas circunstancias que está viviendo la economía mundial están poniendo en un primer plano los defectos estructurales de todas las economías. En el caso español, los empresarios extranjeros con inversiones directas están comprobando cuan estrechas son las posibilidades de adaptarse a los cambios cuando vienen mal dadas que ofrece el marco legal. Seguro que no les hace falta leer The Economist para posponer la construcción de castillos en España, que dirían nuestros vecinos franceses.

Hiroshima y Nagasaki

Las armas atómicas no pueden discriminar a sus víctimas, por lo que, por su propia naturaleza, son injustas. Sólo sirven para quien esté dispuesto a arrasar a poblaciones enteras, por lo que sólo le son útiles a los Estados. La destrucción a gran escala es un argumento muy convincente, pero de una moralidad más que dudosa.

Se ha justificado la decisión de Harry Truman porque de este modo aceleró el final de la guerra y evitó así numerosos muertos. El propio Truman no lo veía así. En la Conferencia de Postdam, celebrada días antes del lanzamiento de las bombas, advirtió a Japón, que ya estaba pensando en rendirse, de que a él sólo le valía la rendición incondicional, pues de otro modo infligiría sobre aquél país una "devastación total". Sabía de lo que estaba hablando. Hiroshima no era un centro militar, sino una ciudad con instalaciones militares. Nagasaki no era un centro industrial, que estaba a las afueras de la ciudad y apenas fue afectado por la bomba. La propia matanza de civiles fue, en realidad, el gran argumento utilizado para poner al país de rodillas.

Si en lugar de ser los Estados Unidos fuera la Alemania nacional socialista la que se hubiese adelantado, nos cuadraría con la concepción moral que tenemos de aquél régimen totalitario y la condenaríamos sin reservas. Nos resulta incómodo albergar la idea de que fue una democracia, la primera de todas, la que cometió aquél crimen. El ejemplo de Harry Truman muestra que el sistema democrático es mejor que cualquier otro, pero que está muy lejos de ser bueno.

Un Gobierno que escucha a los ciudadanos

Teniendo en cuenta la pusilanimidad con que el PP se defiende del PSOE en los asuntos polémicos, muchos y muy claros han de ser los indicios recogidos por de Cospedal para hacer una acusación tan contundente, cual es que miembros destacados de su partido están sufriendo escuchas ilegales.

El caso de las conversaciones de Federico Trillo con un abogado del partido popular, cuyo apellido coincide con el de un magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Valencia, es tal vez el más pintoresco. La cadena SER, cuya facilidad para el periodismo de investigación alcanza cotas sublimes cuando mandan los socialistas, tardó muy pocas horas en divulgar a sus oyentes que Trillo estaba presionando un magistrado apellidado Montero. Los periodistas del grupo PRISA, por tanto, "descubrieron" que el ex ministro de defensa hablaba frecuentemente con alguien con ese apellido, al que identificaron erróneamente con el magistrado que, curiosamente, votó en contra del sobreseimiento de la imputación de Francisco Camps en el caso Gürtel.

Y como nada de lo que ocurre bajo un Gobierno socialista suele ser casual, en el PP están sumando dos más dos y llegando a conclusiones que nos retrotraen a tiempos pasados, cuando el entonces CESID realizaba aquellas simpáticas "escuchas aleatorias" en las que, vaya por Dios, siempre resultaban agraciados personajes incómodos para el Gobierno.

La hija del funcionario represaliado por el franquismo a base de nombramientos en el BOE parece no tomarse en serio la gravedad de lo que el PP está denunciando. Sin embargo, un vicepresidente socialista del gobierno tuvo que dimitir por este tipo de asuntos, más propios de un gobierno bolivariano que de uno homologable a las democracias occidentales. Quizás debería ordenar una investigación para aclarar si siguen existiendo "escuchas aleatorias", no sea que un día le pase lo que al gran Narcís. Sería una pena que por esta tontería perdiera la posibilidad realizar "veraneos de trabajo" en destinos exóticos con cargo al presupuesto, como viene haciendo desde que la nombraron.

Bruselas, una vez más contra la libertad

Gracias a un comunicado de la Asociación de Internautas nos enteramos de que los Veintisiete podrían abrir la puerta a que los gobiernos puedan bloquear a los ciudadanos el acceso a internet o a determinados servicios web. Nada sorprendente si se tiene en cuenta que es una propuesta de la Comisión Europea que bebe de una idea del Consejo de Ministros.

La amenaza viene de la propuesta de "compromiso" presentada por el Ejecutivo comunitario, a instancias de los gobiernos nacionales a través del Consejo de Ministros, para sustituir la enmienda 138 del llamado Paquete Telecom. Dicha enmienda tenía como objetivo proteger los derechos fundamentales de los ciudadanos en la red. Sin embargo, los cambios presentados por la Comisión significarían precisamente lo contrario. Eso sí, desde Bruselas se pretende hacer creer tanto a los ciudadanos como a los miembros del Parlamento Europeo que no es lo que parece.

Esta práctica de enmascarar la realidad bajo bonitas palabras, incluso llamando a las cosas justo de la manera opuesta a lo que son en realidad, es ya una vieja costumbre de los eurócratas. Y más en todo lo que tiene que ver con internet. No en vano desde Bruselas se refieren a la normativa de retención de datos, esa por la cual queda almacenado todo lo que hacemos por internet, como de "protección de datos". Ni los diseñadores de la neolengua de 1984 podrían hacerlo mejor.

Si en la Comisión se comportan de esta manera es debido a unas ansias de control sobre la sociedad cada vez más evidentes y a que, gracias al nada democrático funcionamiento de la UE, sus miembros saben que no tienen que responder de forma alguna ante la ciudadanía. Lo del Consejo de Ministros es todavía peor. Es el órgano por el cual los diferentes gobiernos convierten en comunitarias normas que si intentaran aprobar en su ámbito nacional generarían un lógico rechazo en la ciudadanía. Así se evitan problemas, pues pueden alegar que vienen impuestas desde Bruselas.

Si a todo lo anterior se suma un Parlamento Europeo que tiene una capacidad real de legislar muy limitada, y una todavía menor posibilidad de controlar lo que hace la Comisión, la fórmula para que desde los Veintisiete se violen las libertades de los ciudadanos de forma lenta pero constante es perfecta. Máxime cuando el funcionamiento de la UE es tan enmarañado que son muy pocos los europeos que logran comprenderlo. Y como todos aquellos políticos y altos funcionarios que desconfían de la libertad individual, los eurócratas ponen un especial interés en que los gobiernos se doten cada vez más de capacidad para controlar la red.