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Madoff no ha causado la crisis

En la actualidad, Estados Unidos está experimentando un incremento, sin precedentes, de su oferta monetaria. La Reserva Federal (Fed), que preside Ben Bernanke, casi ha triplicado sus activos, es decir, los créditos concedidos al sistema bancario, en un intento desesperado por salvar de la quiebra a un importante número de entidades.

En concreto, dicho volumen de préstamos ha pasado de los 900.000 millones de dólares a superar ampliamente los 2 billones a lo largo de las últimas semanas. Y ello, tomando como colateral créditos y bonos hipotecarios de dudosa solvencia, pese a que en teoría gozan de la máxima calificación crediticia posible (triple A).

El aumento de las líneas de crédito a la banca comercial, la compra de deuda pública por parte de la banca central y el recorte de tipos a niveles ínfimos, trae como resultado la expansión de la oferta monetaria. Esto es, crece el dinero total en circulación que opera en el sistema. La clave del problema reside en que tal incremento responde, exclusivamente, a meras decisiones políticas, bajo la excusa de combatir la crisis. No obstante, la banca central permanece incólume como uno de los grandes paradigmas de planificación socialista vigentes en el actual sistema de mercado.

Llegados a este punto, y tal y como afirmaba Ludwig von Mises:

Si no se detiene a tiempo la política perniciosa de aumentar la cantidad de dinero y los medios fiduciarios, el sistema monetario de la nación sufre un colapso general. El poder de compra de la unidad monetaria baja a tal punto que resulta nulo para cualquier propósito. Esto sucedió frecuentemente: en los Estados Unidos en 1781 con la moneda continental, en Francia en 1796, y en Alemania en 1923.

La estrategia de expansión crediticia sin límite termina por generar una espiral hiperinflacionista de efectos devastadores sobre el conjunto de la economía. Durante la Revolución Francesa aconteció un suceso de similares características. La Asamblea Nacional recién constituida decidió crear dinero (los famosos asignados) empleando como base el valor de las tierras expropiadas a la Iglesia, en sustitución del respaldo que propiciaba el oro.

Los Greenspan y Bernanke de entonces consideraban que aumentando la liquidez Francia podría salir fácilmente de la profunda recesión económica que sufría la nación, debido, en gran medida, a la Revolución que acababa de acontecer. El Gobierno del Pueblo decidió de inmediato imprimir 400 millones de livres en forma de papel moneda a un interés del 3%. Cincos meses después las imprenta de la República inyectó en el sistema otros 800 millones nuevecitos, pero esta vez a un tipo del 0%.

Las máquinas no paraban de trabajar en la creación de dinero fiduciario ex novo (sin respaldo real en oro), hasta el punto de que en menos de seis años las autoridades emitieron un total 45.000 millones de livres extra. Gran parte de este volumen fue impreso en secreto para no asustar a los ciudadanos. Dicha política provocó que el sistema saltara por los aires en 1796, ya que el valor de la moneda francesa se derrumbó por completo, dando lugar a una hiperinflación galopante. Poco después llegó Napoleón, al igual que Hitler tras la hiperinflación alemana del período de entreguerras.

Las enseñanzas de este acontecimiento, recogidas en la obra Fiat Money Inflation in France, deberían ser tenidas muy en cuenta por los Bernanke y Trichet de hoy en día. Aunque, de momento, la actual crisis económica avance sin remedio hacia la deflación (caída generalizada de precios), también en España, de segur así, a la vuelta de la esquina, el panorama podría dar la vuelta y resulta aun más desolador. Llegado el caso, no olviden señalar a los culpables. Una vez más, las autoridades políticas y los organismos monetarios centrales.

Hacia la hiperinflación

Unos líderes racistas han visto las imágenes, y en lugar de vanagloriarse de que una figura mundialmente conocida preste pública atención al tubo aborigen, se ve que no lo han didgeridoo bien y se sienten muy ofendidos, porque dicen que el instrumento es de uso exclusivo de los hombres.

Labios rojos no ofenden, diría un caballero aborigen, pero la llamada de la tribu resulta de lo menos caballerosa. La ofensa es una de las armas culturales más despreciables, más opresivas y a la vez más liberadoras. Es liberadora, porque funciona como un disolvente universal, aplicada conveniente y abundantemente sobre ciertas convenciones, cuyo peso es en ocasiones tan enorme que justifican el sometimiento de la libertad al decoro, el buen sentido, el respeto a los sentimientos ajenos y demás.

Nosotros, los descreídos herederos de Occidente, hemos anegado nuestra cultura en el aguarrás de las ofensas hasta el punto de que criticar la cultura propia se ha convertido en algo de buen tono. El insulto ha llegado a extremos abyectos y despreciables, pero ha allanado el camino a la libertad de expresión. Muchos temen que la libertad desatará ese lado deleznable que tiene la naturaleza humana y resultará en un torrente de ofensas. Yo lo veo como que esas ofensas fortalecen la libertad de expresión más incluso que el daño que le puedan infligir. El Islam necesita décadas de ofensas, muchas más de las que puedan plantearse volar por los aires, ofensas desde debajo de las piedras, hasta que pasadas dos o tres generaciones alguien pueda decir por la televisión que no cree en la Palabra de Mahoma y volver a casa con el único temor de no tener ningún incidente en la carretera.

Aquí, donde el insulto y la ofensa han hecho ya su trabajo, se está haciendo de ella un instrumento para la opresión. No se tolera ningún comportamiento que pueda ofender a los demás (excepción hecha de la Iglesia Católica), y como el sentimiento de indignación es subjetivo, cualquiera puede hacerse el ofendido y pretender así prohibir las opiniones que a uno no le gustan. El nuevo delito de homofobia, que está de camino al Parlamento, es el último ejemplo de ello. Tenemos derecho a decir y hacer lo que nos de la gana, y quien se pica… ajos come.

Derecho a ofender

Caer ocasionalmente en la tentación, dado que la carne es débil y todo eso, es ser incoherente, sí, pero no necesariamente hipócrita. Es necesaria, por tanto, una violación más a fondo de los principios que se proclaman para tildar a una persona o una organización de hipócrita. Como la que comete Google.

Por más que algunos defensores de la neutralidad en la red como Enrique Dans aseguren que Google lleva este concepto integrado en su ADN y que el comunicado de la empresa en respuesta a las acusaciones del Wall Street Journal supone un desmentido en toda regla, lo cierto es que el gigante de las búsquedas no ha hecho sino confirmar punto por punto las acusaciones del diario neoyorquino. Lo único que viene a decir es que lo que está haciendo no viola la sacrosanta "neutralidad en la red". Y eso, lamento decirlo, es sumamente hipócrita.

No estoy para nada en contra de lo que está planeando hacer Google, como tampoco lo estoy de que una empresa como Akamai (que cualquiera puede contratar para que sus usuarios vean sus páginas más rápido) lleve ya tiempo haciendo lo mismo. Alojar servidores caché propios en los centros de datos de los proveedores de internet acelerará algunos servicios de Google, principalmente la descarga de vídeos de YouTube, y aligerará de peso el tráfico en las redes. Todos nos beneficiaremos de ello, incluso quienes no usen productos de Google, porque aumentará la velocidad de internet y reducirá la necesidad de inversiones de las operadoras; inversiones que al final terminamos pagando sus clientes.

Como recuerda Richard Bennet, la propia Google reconoce que quiere prohibir a los proveedores de internet "cobrar un recargo a los proveedores de contenidos que no sean clientes suyos", "priorizar el envío de paquetes de datos basándose en la propiedad o afiliación del contenido, o la fuente o destino del mismo" y "construir un ‘carril rápido’ que confine las aplicaciones y contenidos de internet a una porción de ancho de banda relativamente escasa y lenta". Si en los acuerdos de Google el dinero cambia de manos, se incumplirán los tres principios; si no, "sólo" los dos últimos. Y es que los servidores caché de Google supondrán un "carril rápido" que provocará que las aplicaciones y contenidos de internet que no le pertenezcan vayan relativamente más despacio y priorizarán su tráfico con respecto a los de los demás proveedores de contenidos de la red.

El lobbista de Google, Richard Whitt, se defiende con el argumento de que el acuerdo no impide a otras empresas llegar a convenios similares. ¡Sólo faltaría! Pero es que las hipotéticas violaciones de la neutralidad en la red por parte de los proveedores de internet que Google quiere prohibir tampoco tendrían por qué estar cerradas sólo a unos proveedores de contenidos. Whitt añade que el miedo es que las empresas de telecomunicaciones "cobraran por el envío rápido de ciertos contenidos a los usuarios y, al hacerlo, se pusieran a sí mismas en el negocio de qué contenido logra esa velocidad extra". ¿Y qué suponen estos acuerdos sino una forma de lograr el envío rápido de ciertos contenidos a los usuarios?

La única defensa real de que estos acuerdos no violan la neutralidad en la red es técnica: ciertamente todos los bits seguirán siendo "tratados iguales" en las redes. Pero los efectos prácticos para la competencia en internet son exactamente los mismos que si se concediera mayor prioridad a los bits de Google sobre los de los demás. Excepto para quienes apoyen la neutralidad sólo por defender una suerte de "pureza ingenieril" en la gestión de las redes, que igual hay alguno, y no porque teman ciertas consecuencias prácticas de violar ese principio, la postura de Google es una ruptura en toda regla de aquello que dice defender y por lo que ha creado un lobby en Washington. La empresa de Palo Alto ha generado una doctrina en la que violar la neutralidad en la red es admisible sólo cuando ella misma lo hace. Y su patética defensa no supone más que meras excusas de mal pagador.

Madoff y el fraude de los intelectuales

Ya resuenan los rugidos de quienes hablan con peor voluntad incluso que conocimiento de los escándalos del capitalismo financiero. Madoff ha construido un enorme fraude piramidal, ese esquema con mejor presente siempre que futuro, y que hemos visto estallar en el caso Fórum-Afinsa.

El mecanismo es sencillo: se ofrecen altas rentabilidades, que se pagan no con los beneficios de inversiones exitosas, sino con las entradas de nuevo dinero procedente de inversores que están atraídos por el alto interés. Este esquema sólo puede mantenerse si sigue entrando dinero a ritmos crecientes. Como no puede hacerlo indefinidamente, antes o después tiene que estallar, y todos acaban haciéndolo.

El caso Madoff es muy aleccionador por varias razones. La primera es que la SEC examinó la empresa hace un año y no vio indicios de fraude; ha tenido que alcanzar "dimensiones épicas" para que se de cuenta. Se creó para evitar casos como éste, y no me extrañaría que alegase su propio fracaso para pedir aún más poderes de control. Fue lo que hizo con Enron.

La segunda es que todo el mundo se echa las manos a la cabeza por este fraude, y prácticamente nadie se escandaliza con otro fraude idéntico, del que somos todos víctima, y que compromete nada menos que 115.000 millones de euros: nuestra Seguridad Social. Funciona igual: paga con las nuevas entradas de dinero, y necesita cantidades crecientes para no quebrar. Además de ser un fraude, éste no sólo no lo persigue el Estado, sino que nos lo impone él mismo. Los partidos preparan una "reforma" que no es más que un recorte en las prestaciones que ronda, según parece, el 30 por ciento. La Seguridad Social sólo tiene dos salidas: ir a la quiebra o morir poco a poco, exigiendo más y pagando menos a cada "reforma".

Y la tercera, entre muchas otras posibles, es que son varios los que se prestan a denunciar el fraude Madoff pero callan ante el de la Seguridad Social. Es el caso de Emilio Ontiveros, que desde El País se ríe de "la fácil complicidad entre la codicia y la estupidez" que se da en estos casos, pero no le imagino denunciando la fácil complicidad entre la codicia del Estado y la imposición por la fuerza de un fraude como el de la SS. O que habla del "Ponzi más selecto de la historia", pero curiosamente no del más masivo. No quiero personalizarlo en este economista, pero sí señalar a una falange de intelectuales que se ven a sí mismos como críticos implacables… hasta que topan con el Estado. Ante él no es sólo que dimitan como críticos, sino que desgastan cualquier reclinatorio. En este caso, no sólo Bernie Madoff es un fraude.

Demasiado ruido en Facebook

Y quien parece dominar el sector es Facebook. Sin embargo, esta última puede terminar muriendo de éxito. Muchos de sus miembros tienen un comportamiento compulsivo que termina agotando a otros y no se debe descartar que muchas personas opten por darse de baja.

Las malas prácticas que existen en Facebook son sólo las generales de internet y el correo electrónico, pero multiplicadas de forma pasmosa. Y conforme aumenta el número de usuarios de esta red social, también lo hace "ruido" al que son sometidos sus integrantes. Esto hace que lo que era una experiencia interesante y divertida se termine convirtiendo en ocasiones en una auténtica pesadilla para poder acceder a lo que realmente te interesa.

Hace unos meses, lo habitual era que quien te enviaba una petición de amistad tuviera algún tipo de relación contigo: ser amigo en el mundo off line, estar en alguna lista de correo en la que tú también participas o compartir la militancia en alguna organización concreta. De ahí se pasó a la solicitud de amistad de personas con las que se tenían amigos en común en Facebook. Al principio, esto no suponía un gran problema, puesto que bastaba con comprobar quiénes eran para saber si se tenían afinidades.

Lo malo es que, de esta manera, se incrementa el número de potenciales emisores de mensajes de correo, invitaciones a participar en causas o en todo tipo de aplicaciones que no te interesan en absoluto. Por no hablar de todos los cambios de fotos, estados de ánimo y similares. Y termina ocurriendo, la página de inicio del usuario se convierte en un tremendo galimatías en el que es difícil encontrar la información que a uno realmente le puede interesar. No importa que uno se defina en su perfil como "libertarian" y que viva en Madrid; contactos que, en realidad, son amigos de amigos te invitan a participar en grupos nacionalistas de distintos lugares, por el socialismo o a favor de las ayudas públicas a embarazadas.

En una misma sesión, uno puede ver que le han invitado a un grupo favorable a la presencia de símbolos religiosos en los colegios públicos y a otro que pide que todo lo que tenga que ver con la fe sea proscrito de la sociedad. Para que te manden cosas tan contradictorias sólo muestra que uno de los emisores –o ambos– no te conoce en absoluto o que no le importa lo que pienses. Actitudes así no hacen otra cosa que convertir en molesto lo que debería ser agradable y lo que debería ofrecer grandes posibilidades de comunicación.

La solución es simple: buena educación y pensar en el otro. Reflexionar sobre si a un contacto le puede interesar o no sumarse a una causa o grupo antes de enviarle una invitación. En definitiva, pensar si, como debería hacerse a la hora de mandar correos por el e-mail tradicional, a todos los contactos a los que se quiere remitir el mensaje les puede concernir su contenido. Este tipo de prácticas son las que podrían evitar que Facebook se transforme en un guirigay global en el que no merezca la pena estar.

Haz lo que sepas hacer

Keteke es la red social creada por Teléfonica, que se posiciona en varios dispositivos: el ordenador, el teléfono móvil y la televisión a través de Imagenio. Su máximo impulsor es Hugo Giralt, director de Marketing Relacional e Interactivo de Teléfonica, que la ha bautizado como "la comunidad del buen rollo". Me consta que Hugo es un profesional que está haciendo un buen trabajo en la empresa, como ya lo hizo en Coca-Cola, pero creo que lleva a la operadora al mismo error que cometió hace poco más de dos años.

A mediados del 2006, la española auspició otro proyecto rocambolesco llamado Noxtrum; a algunas cabezas pensantes de Telefónica se les ocurrió la feliz idea de entrar en el mercado de los buscadores cuando Google ya era el predominante en todo el mundo y tenía un posición más que privilegiada en nuestro país. Entraban los últimos y con un proyecto sin pies ni cabeza. Noxtrum se presentó al mercado con estrategias de captación cuando menos curiosas, tales como que por cada número de búsquedas realizadas, le regalaban al usuario el envío de sms; desviándose así de los dos grandes apartados que podrían hacer que el proyecto fuera medianamente viable: la calidad de los resultados de búsqueda y la comercialización del buscador.

Los resultados eran bastante mejorables y, de hecho, se llegó a rumorear que los datos que mostraban podían partir de otro buscador, como Ask. En cuanto a la comercialización, en lugar de crear una plataforma de pago por click que se pudiera asemejar a la de Google Adwords, externalizaron la venta de pago por click y además vendieron directamente patrocinios a empresas.

Con Noxtrum, Telefónica cometió el error de perder el foco de su negocio, ser operadora de telecomunicaciones. Aunque en alguna ocasión le pueda "sonar la flauta", es bastante complejo para una empresa entrar en otros mercados que directamente no comprende. Con esta nueva red social, Keteke, Telefónica vuelve a cometer el mismo error, ¿quiere competir con Facebook? No creo que lo consiga, no por tamaño o por recursos, que pueden ser casi infinitos, sino porque sencillamente no es su negocio.

El Plan de Expolio Redistributivo

Bajo distintas siglas, los gobiernos socialistas, tanto central como autonómicos, tratan de resucitar el denominado PER, sólo que ahora se extenderá a actividades tales como la construcción, la limpieza de montes y obras sociales de diversa índole. El nuevo plan de Zapatero para estimular la economía inyectará cerca de 8.000 millones de euros en los ayuntamientos para ejecutar nuevos proyectos de obra pública.

Unos fondos muy similares al PER, tal y como reconoció sin ruborizarse lo más mínimo la consejera de Gobernación de Andalucía, Clara Aguilera. No obstante, la Junta que preside Manuel Chaves percibirá 1.400 millones de euros adicionales por este concepto.

Los subsidios agrícolas vigentes en el campo andaluz y extremeño nacieron con el pretexto de fomentar el empleo agrícola, generar puestos de trabajo y, en definitiva, crear riqueza para evitar el exilio de miles de trabajadores. ¿Resultado? Casi 25 años después, Andalucía y Extremadura siguen ostentando el vergonzoso honor de liderar las regiones más pobres de España y las tasas más elevadas de desempleo.

El PER tan sólo ha servido para comprar el voto socialista con el que se enriquecen cientos de cargos políticos de ambas regiones. De hecho, el citado plan se convirtió desde su nacimiento en un caldo de cultivo idóneo para fomentar la corrupción y mantener en la inactividad y en el mercado negro a miles de jornaleros que, gustosamente, se alimentan de la sopa boba que propicia el Estado.

Sin embargo, lejos de expiar sus culpas y reconocer sus errores, el Plan de Expolio Redistributivo –cuyos fondos proceden de los contribuyentes que trabajan en las regiones más prósperas– extiende sus redes. La Xunta de Galicia acaba de aprobar una medida muy similar. El Ejecutivo socialista de Emilio Pérez Touriño destinará 19 millones de euros a la contratación de 2.000 parados para el desempeño de tareas tan productivas como la limpieza y conservación de ríos, montes y carreteras.

Galicia, otro gran ejemplo de región próspera y desarrollada. Una comunidad que, año tras año, observa impávida cómo miles de jóvenes y brillantes universitarios emigran a otras regiones en búsqueda de un futuro más ambicioso y prometedor que el de limpiar las cunetas de zarzas y mierda de vaca. De ahí a emplearse en la vigilancia de los parques públicos para que nadie pise la hierba, tal y como sucede en la Cuba de los Castro, tan sólo hay un paso.

Aunque tampoco es de extrañar si se tiene en cuenta que la Administración autonómica es la mayor generadora de empleo de Galicia, ya que tiene a su cargo casi 88.000 trabajadores. Las trabas burocráticas para crear empresas y nuevas industrias restringen, en gran medida, el futuro laboral de los gallegos. Y es que, muchos de ellos tan sólo ven una salida: la preparación de oposiciones y, en última instancia, la emigración intrapeninsular.

Ahora el Gobierno central amenaza con ampliar este tipo de medidas, generadoras de pobreza y dependencia estatal a los ayuntamientos de toda España. De este modo, la Administración local podrá, al fin, saborear con mayor intensidad el poder que otorga el reparto artificial y arbitrario de empleo público entre sus ciudadanos.

España avanza hacia un PER nacional. El resultado será un fiasco y un ingente despilfarro de recursos, cuya factura será cobrada puntualmente a los contribuyentes. Si el expolio fiscal y la manutención gubernamental se instauran finalmente como medidas estrella para intentar frenar el paro, vayan preparando sus maletas. En pocos años veremos emigrar nuevamente a miles de trabajadores españoles. Sólo que esta vez los condenados al exilio se verán obligados a cruzar la frontera para encontrar un futuro mejor.

Izquierda y SGAE

Una organización cuya impopularidad crece con cada chulería de Teddy Bautista y Pedro Farré (y son muchas) y con cada noticia de que ha espiado a unos inocentes ciudadanos para cobrar a un salón de bodas o que un evento solidario que ha usado música ha tenido que pasar por su caja.

¿Y qué podemos hacer los ciudadanos españoles cuando una organización privilegiada por el poder político afirma tras una condena que repetirá todas las veces que sean necesarias el incumplimiento de la ley por el que ha sido multada? No se trata de un grupo antisistema, que quiera la destrucción del orden establecido, sino de una entidad que disfruta de un estatus legal privilegiado que le permite obligarnos a los demás a pagarle un diezmo. Un dinero que luego reparten entre sus socios o se quedan para abrir sedes y contratar detectives con los que espiar a sus críticos.

El problema es que esa "baja calidad" de la democracia es en buena parte culpa nuestra. No exigimos a los políticos que escuchen a sus votantes; les damos y volvemos a dar un papel en blanco para que hagan lo que les plazca al margen de lo decepcionados que estemos con ellos. Es cierto que nuestro diseño institucional de distritos plurinominales y listas cerradas, y de poderes judicial y ejecutivo que emanan del legislativo, provoca que nuestros representantes hagan más caso al líder del partido que a sus votantes, porque es a él a quien deben directamente el puesto.

Pero en este caso, el balón está en el tejado de la izquierda (y no sólo en el del PSOE, por cierto, que a la hora de la verdad IU prefirió votar en contra de la supresión del canon). Votantes, medios y el principal partido de la derecha, con distintos matices e insistencia, se han declarado ya en contra del canon, la SGAE y sus manejos. Pero no se ve ningún movimiento medianamente serio en la izquierda que pueda llevar a un final del canon y de los abusos de las entidades de gestión de derechos de autor. Les toca mover ficha, señores, si es que su sectarismo y dependencia de los zejateros se lo permite.

No a la Declaración Universal

No lo es. No hablamos de las Tablas de Moisés ni de las Leyes de Solón, ni de la codificación del Derecho Romano por Justiniano, ni de la Carta Magna Libertatum, ni nada que se asemeje. El texto de 1948 es un programa político sin voluntad de cumplirse en todo lo que tiene de bueno, y manipulable hasta el punto de justificar los ataques más directos a los Derechos Humanos.

El origen de la fe en que la persona tiene derechos inalienables está en el pueblo judío y aquello de que “El hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios”. Esto supone reconocer una dignidad esencial en cada individuo. El cristianismo heredó ese valor supremo de la persona y lo hizo universal al extenderlo a los gentiles. Santo Tomás hizo suya la idea de Derecho Natural de Aristóteles y los estoicos y lo incardinó en la tradición de pensamiento cristiano, para que los profesores españoles de la Escuela de Salamanca la perfeccionaran para dar lugar al Derecho de gentes. Construyeron un pensamiento que, como dice Luis Suárez en un reciente libro, basaba los derechos de la persona en “vida, libertad y propiedad, con todos sus derivados”.

Esa tradición la recogió, engarzada con las libertades inglesas, la Constitución de los Estados Unidos con sus diez primeras enmiendas, y la Declaración de Derechos de Virginia. La de Francia bebe de las mismas fuentes, pero con un cariz muy distinto. Los derechos no le pertenecen a cada individuo en cuanto tal; no le son inalienables, propios e innatos, sino que le son otorgados en cuanto ciudadano, en cuanto sujeto de una Soberanía popular, luego nacional, que como se los otorgó se los puede retirar de nuevo o redefinir en cualquier sentido. Esta visión positivista y transformadora de los derechos es la que se rescribe, y muy mal, en la Declaración de 1948.

Pues lo que recoje no es ese poder exclusivo e inviolable que nace con cada persona y se dereva de su derecho exclusivo sobre sí mismo, no es esa breve lista de derechos del individuo en cuanto tal y que tiene un carácter eminentemente negativo. No. La Declaración Universal pretende ser fundamento de los derechos, y no mero reconocimiento de los que nos pertenecen esencialmente. E incluye derechos positivos, es decir, derecho a que el proceso político robe a unos para dar a otros ciertos bienes o servicios. La esclavitud frente al Estado y el robo son la clave del texto. E impone a los individuos el deber de obedecer al Estado. Si no me creen, lean el artículo 29: "Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas". Esto es lo que celebra todo el mundo.

Que no cuenten conmigo.

Los tontos y el tonto de Gil Calvo

Pero conviene recordar que es sociólogo: en pocos ámbitos del saber el prejuicio, la ignorancia y el sectarismo campan tan a sus anchas. Además es funcionario y autor de Lógica de la libertad (Por un marxismo libertario).

No le avergüenza comenzar su exposición mostrando su ineptitud sobre economía: "el BCE bajaba el precio del euro 0,75 puntos y, pese a ello, las bolsas continuaron cayendo, lo que abre perspectivas depresivas para el año que viene". El tipo de interés es la tasa de intercambio intertemporal (entre bienes presentes y bienes futuros) y no es el precio del dinero; no existe una relación causal infalible entre los descensos del tipo de interés por el Banco Central y la subida de las bolsas; las perspectivas depresivas ya estaban abiertas antes de estos hechos.

Siendo sociólogo podría quizás presumir de disponer de algún que otro dato correcto y relevante para sus análisis; observemos: "la mayor parte de la protección social (guarderías, geriátricos, dependencia, integración de inmigrantes, etc.) se presta por cuenta y a cargo de los servicios municipales". Sorpresa: resulta que los pilares clásicos del Estado del bienestar (educación, sanidad, pensiones, seguro de desempleo) son calderilla o no son protección social.

Pero lo esencial del asunto es que Gil Calvo es un fino, objetivo e imparcial analista político que califica de "cruzada inquisitorial" y de "reacción desproporcionada" por una "causa nimia" las críticas del PP contra el alcalde de Getafe, Pedro Castro, ese agudo intelectual que se ha preguntado coloquialmente "¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?". Este insulto le parece al sociólogo "tan machista como desafortunado": o sea, que ha tenido mala suerte de que le hayan pillado, sino tal vez sería afortunado; y más importante que la estupidez es su genitalidad masculina.

Los políticos populares le parecen "profesionales en el arte del insulto político" con "ensañamiento" hacia pobres víctimas inocentes y cumbres de la educación, el escrúpulo moral y la inteligencia como ZP y Pepe Blanco. Nuestro pseudointelectual olvida que las trifulcas entre políticos son de lo más normal, y además suelen tener todos gran parte de razón en sus ácidas críticas mutuas; lo excepcional del caso es que el político, que normalmente babea, sonríe, promete y procura que no le crezca la nariz delante de los ciudadanos, en este caso insulta a los votantes del partido contrario.

La escuela de la elección pública investiga en profundidad acerca de la ignorancia racional de los votantes, sea cual sea la dirección de su voto. Pero llegado Gil Calvo, su tarea epistemológica puede darse por concluida: "Castro tenía razón: los madrileños son tontos al votar al PP contra sus propios intereses". El sociólogo da y quita razones y evalúa inteligencias. Es tan sabio que conoce los intereses de todos los madrileños que votan al PP, pobres engañados que no saben lo que les conviene (habla incluso de "intereses esenciales", nada de detallitos accesorios). Tal vez por llevar tantos años en eso de las encuestas los conoce personalmente y con precisión: da miedo. "Las clases medias bajas y los restos de la clase obrera (el antiguo cinturón rojo de Madrid) votan contra natura a la derecha". O sea que está en la naturaleza de una clase social a quién votar: la psicología evolucionista nunca llegó tan lejos. Y lo hacen "por la exitosa guerra cultural emprendida contra la izquierda progresista por el fundamentalismo neocon, que ha seducido al pueblo llano con su populismo campechano". Seductores y algo de memética, eso es lo que quiere el pueblo ahora, nada de pan y circo.

Los sociólogos suelen recurrir a impersonales y aburridas estadísticas en sus disertaciones, pero Gil Calvo prefiere el análisis personal contra la mala de su película, Esperanza Aguirre, "la Sarah Palin española", "una mujer de armas tomar que blande el lipstick para hacer creer a los electores que es una de ellos" cuando en realidad exhibe "ignorancia política" e "irresponsabilidad temeraria" destructiva. No queda claro si la ignorancia política es por falta de lecturas de filosofía política o por solamente haber ganado unas cuantas elecciones por mayoría absoluta; y la irresponsabilidad temeraria se refiere a las muy tímidas privatizaciones del Estado de bienestar en Madrid, que para Gil Calvo son doctrinarias (el colectivismo estatista no tiene nada de ideología o doctrina, nada de nada) e inaceptables, faltaría más.

Gil Calvo intenta heroicamente iluminarnos contra los poderes establecidos: "esa verdad como un puño es la que a Esperanza Aguirre no le conviene que se sepa, por lo que prefiere matar al mensajero para poder taparla". Intriga, misterio, asesinatos, mensajes interceptados: qué gran ficción. Hace tiempo confesaba nuestro "pensador" en una entrevista: "Una vez publicado, casi siempre me arrepiento de lo que escribo". No me extraña nada.