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Con mis impuestos, ¡no!

En su enésimo plan para salvar la economía y su imagen, Zapatero ha hablado sobre la necesidad de que en estos momentos el Estado dé un paso adelante y tome las riendas de la economía. Los inversores privados están desconcertados, por lo que sólo la decidida acción del Gobierno puede dar estabilidad al país.

Es cierto que, en general, los inversores están sometidos a una cierta parálisis; y no es para menos: en un año, el valor de sus activos patrimoniales ha caído aproximadamente un 50%, sin que el de sus deudas se haya visto reducido en la misma medida. Dicho de otra manera: los empresarios no pueden refinanciar sus deudas a corto plazo, al disminuir el valor sus garantías, y como el aumento de la carga financiera les lleva a reducir costes, caen la producción y los niveles de empleo. Por su parte, los nuevos parados, agobiados por las deudas, restringen su consumo, con lo cual agravan aún más la situación de los empresarios.

Malas condiciones, pues, para asumir riesgos. Antes de iniciar nuevos proyectos debería, como mínimo, sanear mi situación financiera. Debería reducir mis gastos para poder liquidar las deudas y sólo entonces plantearme el volver a elevar mi nivel de consumo y contraer nuevas deudas con las que emprender nuevos proyectos empresariales.

Una manera bastante eficiente de saldar viejas deudas pasa por vender a bajos precios parte de mi patrimonio. Si, por ejemplo, tengo una hipoteca sobre mi segunda vivienda, enajeno este inmueble –en las condiciones actuales, a un precio bastante inferior al de hace unos años– y con los ingresos amortizo parte de la deuda (con lo que reduzco la cuota mensual a la que debo hacer frente con mis ingresos corrientes). El mismo consejo vale para reducir una deuda empresarial.

Esto no sólo permite reducir parte de las deudas, sino que además disminuye el precio de los bienes de capital y facilita la iniciación de nuevos proyectos empresariales. Plantéeselo así: si el bajo de un edificio cuesta un millón de euros, montar una peluquería puede no ser demasiado rentable; en cambio, si su precio cae a 50.000 euros, probablemente encuentre muchas formas de rentabilizar la inversión.

La enajenación de los activos permite reducir la deuda que ata a los empresarios a sus malas decisiones pasadas y disminuir los precios inflados de los bienes de capital que les nublaba la rentabilidad de sus planes de inversión futuros. Por tanto, no conviene dificultar este proceso de reestructuración empresarial: los precios de la vivienda tienen que bajar, muchos salarios tienen que caer y muchas empresas tienen que quebrar.

¿Y cómo facilitar y acelerar este crítico proceso de ajuste? Por un lado, con ahorro. Cuanto más ahorro haya, más rápidamente se dará salida a los activos en venta y más se reducirán las deudas que lastran las decisiones de los agentes. Asimismo, una mayor cantidad de ahorro permitirá financiar de manera sólida y adecuada los nuevos proyectos empresariales, a unos tipos de interés bajos. Por otro, mediante la liberalización del mercado de los factores productivos. Si, por ejemplo, fuese ilegal (o muy costoso) vender casas, el proceso de ajuste anteriormente descrito no tendría lugar. Por tanto, hay que evitar las regulaciones redundantes que pretenden retrasar las transacciones. Uno de los mercados más intervenidos es el laboral. Es complejo readaptar las condiciones de un trabajador (salario y funciones), y despedirlo es muy caro, de modo que, en lugar de reducir los sueldos, los empresarios optan por los despidos y evitan las recontrataciones de personal, para así no tener que hacer frente en el futuro a nuevos y onerosos despidos.

Pues bien, el plan de Zapatero, que sigue la idea keynesiana de que es necesario gastar tanto como se pueda en tiempo de crisis, sigue la peor dirección posible. El Gobierno empleará 11.000 millones de euros de los españoles para financiar proyectos variopintos, relacionados, por ejemplo, con las infraestructuras, la automoción y la hostelería.

Dicho de otra manera: si los españoles necesitan ahorrar para superar la crisis, Zapatero les forzará a despilfarrar 11.000 millones, que ya no podrán ser utilizados en la adquisición de activos de los agentes que desean reducir su deuda. No sólo eso, dado que esos 11.000 millones se financiarán con cargo al déficit público, los españoles no reduciremos nuestra deuda, sino que la veremos coactivamente incrementada.

Además, parte de ese dinero afluirá a sectores que deben reestructurarse profundamente (esto es, vender a bajo precio sus activos), como el de la automoción, el de la hostelería o el de la construcción. Pese a que los consumidores (nacionales y, sobre todo, extranjeros) no quieran sus productos a los altos precios actuales, la inyección de capital de Zapatero les permitirá sobrevivir durante más tiempo, con lo cual retrasará las enajenaciones pertinentes, los ajustes de precios y, por tanto, el inicio de la recuperación.

Mientras este plan absurdo se pone sobre el tapete, las imprescindibles reformas laboral y energética son sistemáticamente olvidadas, como si no fueran asunto del Gobierno. Pero las dramáticas consecuencias de esta irresponsable pasividad siguen lastrando nuestra economía: el paro aumenta a un ritmo vertiginoso y el déficit exterior sigue desbocado por nuestra dependencia energética.

Así pues, la economía española, lejos de ajustarse, sigue siendo una máquina agarrotada cuyo funcionamiento se está intentado forzar a base de golpes y patadas. El Gobierno no sólo bloquea el reajuste de sus piezas, sino que además le está chupando el combustible.

Sin flexibilidad y sin ahorro, la economía española está condenada a padecer una depresión formidable. Y es que cuando Keynes entra por la puerta, la perspectiva de recuperación sale escopeteada por la ventana.

Zapatero nos remata

Mi ego está sufriendo infinitamente ante semejante discriminación que, a buen seguro, estará prohibida por alguna de esas justísimas leyes de las que disfrutamos en nuestro paraíso socialdemócrata: "Todo crítico de la SGAE tendrá derecho a un mismo tiempo de investigación por parte de las agencias de detectives contratadas para poner las preceptivas demandas por atacar el derecho al honor, que ya se sabe que sólo poseen las organizaciones de izquierdas que apoyan a Cuba y por tanto pueden denunciar estas cosas".

Al final va a tener razón el amigo Teddy cuando argumentaba que los ingresos de 120 millones de euros anuales que supone el canon son una miseria. Y es que este dinero obtenido por medio de una imposición legal de nuestros amados gobernantes se está empleando no sólo en construir un poderoso lobby que agradece los favores prestados grabando vídeos sobre cejas, sino también para hacer dossiers contra aquellas personas que, ejerciendo sus derechos, critican a la organización de marras. Y claro, no da para tanto gasto. Así, algunos tenemos que sufrir la ignominia de no estar en la lista negra. Vamos a tener que exigir al Gobierno que doble la cifra del canon, porque la factura del psicólogo me va a salir carísima como no vea pronto a un agente de gafas negras de la celebérrima "Método 3" siguiéndome por las calles.

Indudablemente, Teddy, Borau, Ramoncín, Víctor Manuel y demás compañeros mártires de la causa general por la defensa de los inalienables derechos de los artistas patrios tienen el mismo derecho que usted y que yo a investigar a quien quiera, siempre que el exceso de celo de los agentes contratados no les lleve a incumplir la ley. Pero la SGAE, como institución, no debería tenerlo, por ser una organización que recibe sus ingresos merced a un privilegio legal que ni usted ni yo podemos disfrutar. Emplear ese dinero para impedir el libre ejercicio de la crítica de ese mismo privilegio es, por decirlo suavemente, hacer trampas.

Los defensores más fanáticos de la regla de la mayoría, que no de la democracia, podrán argumentar que si se ha votado el canon en el Congreso, justo es que se cobre. Pero la ley indica que es una compensación que debe usarse para repartirla entre quienes se han visto perjudicados por las copias de sus obras. Se puede argumentar, estirando un poco la cuerda, que emplear parte de la recaudación en inspectores y abogados para lograr cobrar más es una inversión que finalmente repercute en unos mayores ingresos para los autores de la SGAE. Pero que yo sepa, los detectives de "Método 3" no le dan al cante jondo, así que el entregarles el dinero para que investiguen a quienes se oponen a los apaños de los Teddy Boys, ya no hay cuerda que lo resista.

Estoy esperando que un portavoz cualificado de la SGAE nos explique la justificación que emplean para defender su derecho a pagar por espiar a sus críticos y luego ponerles demandas. Mientras tanto, el Senado ya le ha exigido al Gobierno las cuentas de las entidades de gestión de derechos de autor. Cabe suponer que es eso lo que quieren evitar. Desean que la soliviantada opinión pública carezca de voces con las que expresar su descontento, por estar aterrorizadas ante las demandas y el espionaje, y así que los políticos no se sientan tan obligados a investigarles, primero, y a derogar el canon, después. Pero es una lucha perdida de antemano. Terminarán siendo derrotados. La única duda es saber cuándo.

¡Que viva Marx!

Cuando ésta llega, resulta que el Estado jamás estuvo presente, que todo es responsabilidad del mercado y que ahora han llegado ellos para salvarnos. No tienen vergüenza y la gente no tiene memoria.

Pero eso es previsible. Lo que me llama la atención son dos respuestas a izquierda y derecha, a cual más inquietante. La derecha dice que la crisis económica deriva de una crisis moral, enraizada en el materialismo y la avaricia. Hay quien lo cree sin hacerse algunas preguntas obvias. Si las crisis son el fruto podrido de la avaricia, ¿qué hace que este mal moral vaya por ciclos? ¿Qué relación hay entre la avaricia y los fenómenos monetarios que determinan los ciclos? ¿Cómo puede el materialismo desplazar a las causas económicas en las consecuencias económicas? No se hacen estas preguntas y se quedan con un torpe juego de palabras porque hay quien en cuanto escucha la palabra "moral" renuncia a hacer trabajar al cerebro más que para mantener las funciones básicas.

Muy llamativo es el caso de la izquierda, que le ha tomado gusto a esto de exhumar cadáveres y está haciendo lo propio con Carlos Marx. Este domingo se publica un artículo en El País que, dejándose llevar por el espíritu de los tiempos, habla de El retorno de Marx. Su autor, Ángel Rupérez, exime a Marx de quienes se empeñaron en llevar a término sus ideas, tan preñadas de "soluciones finales". Según Rupérez su mensaje es el mismo que el de la derecha, que la crisis proviene de "la idolatría del dinero" o "la primacía del dinero como valor supremo".

No voy a desmontar a Marx, que eso ya lo hicieron Eugen von Böhm Bawerk y Karl R. Popper. Pero llama la atención que la izquierda siga enfrentándose a las sociedades libres con un fracaso teórico, ético e histórico como es Marx. Incluso la izquierda más moderada (y parte de la Iglesia) sigue utilizando los despojos ideológicos de Marx para criticar al capitalismo. Puede obviar la historia, por incómoda, como hace Rupérez. O asumir que el socialismo, en dosis concentradas, es condenable. Pero sigue recurriendo a los mismos esquemas, cuya ventaja es que todo el mundo los conoce y muchos los asumen incluso en las antípodas de Marx, pero paraliza lo que debiera ser una regeneración ideológica de la izquierda. Quizás no dé para más. Acaso sólo sepa escribir notas a pie de página de El Capital, aunque no lo haya leído. Pero me da que cada vez que se le saca brillo al cadáver de Marx, la izquierda se hunde un poquito más.

…Y van siete

Este séptimo conjunto de medidas presentado por Zapatero a la sociedad es algo más ambicioso que los intentos de Sebastián por resolver por sí solo la crisis que nunca existió, a base de repartir bombillas de bajo consumo a razón de dos por español, porque un líder que se precie no puede tolerar que sus ministros le arrebaten el mérito de solucionar los grandes problemas del país. Así pues, ZP se ha puesto en marcha y en poco más de dos meses ya ha producido un par de kilos de papel llenos de programas a cual más imaginativo. Lo de mandar a los puretas a hacer "turismo social" es, qué duda cabe, todo un hallazgo que la ciencia política incorporará a su acervo para enseñanza de las futuras generaciones de dirigentes progresistas. En efecto, mientras los parados de larga duración estén paseando por las playas desiertas de Benidorm no andarán rumiando su desgracia, que es algo que un Gobierno socialista no puede tolerar ya que su primer objetivo es, como es sabido, que todos seamos felices.

Pero como la gente tiene la fea costumbre de comer todos los días y, eventualmente, pagar el recibo de la hipoteca, no sería de extrañar que con esto del turismo social-ista surgiera un pintoresco mercado negro, a través del cual los agraciados con la pedrea zapateril revendieran al vecino una semana en Torremolinos a precio de ganga. Total, si lo único que proponen los socialistas es cambiar el dinero de bolsillo entre unos ciudadanos y otros –lo de crear riqueza es cosa de fachas–, qué más da que en el proceso se perfeccione por la iniciativa privada de los actores comerciando con la gabela que les cae del cielo.

Los planes quinquenales de ZP van a correr la misma suerte que los de sus predecesores en la tradición marxista. No sólo no van a solucionar problema alguno, sino que esa nueva dosis de coacción institucional agravará la situación de los que ya están sufriendo graves problemas económicos. Porque las Zapatero’s Holidays se acaban, la gente vuelve del balneario y se topa de nuevo con la realidad de que no tiene trabajo ni perspectivas de encontrar un puesto a corto plazo. Y eso no se resuelve embargando la prosperidad de las generaciones futuras, que tendrán que enfrentarse al déficit público actual con una fiscalidad futura prácticamente confiscatoria dada la prodigalidad de ZP, sino reduciendo el gasto estatal y bajando los impuestos para que los individuos y las empresas tengan más recursos a su disposición. Los Gobiernos no solucionan las crisis económicas. Al contrario, las provocan. Y en casos como el de ZP, además las agravan. Y encima, este nuevo plan de Zapatero, como los seis anteriores, va exactamente en contra de uno de los preceptos del Decálogo, casualmente también el séptimo. ¿Lo recuerdan?

La CIA contra la SGAE

Pero reconozcámoslo, tiene razón. El presidente ejecutivo de la SGAE acierta cuando dice que quienes nos oponemos a la compensación por copia privada estamos "pagados y dirigidos por las empresas". De hecho, yo estoy escribiendo este artículo en la terraza de la maravillosa casa de 10.000 metros cuadrados y en primera línea de playa que me he comprado en la zona más exclusiva de Miami gracias al dinero que me entregan las malvadas corporaciones cada vez que le llevo la contraria (a 600.000 euros el artículo).

Pero no sólo nos pagan a periodistas y miembros de organizaciones como la Asociación de Internautas. También lo hacen con los diputados y senadores (medio millón de euros por proposición no de Ley presentada y el doble si es de Ley, así como 100.000 euros a cada uno que vota contra las posturas de las entidades de gestión). Lo incomprensible es lo de los miembros del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, que se han opuesto a que las cuentas de la SGAE dejen de ser opacas; a honrados no les gana nadie. En definitiva, que las malvadas empresas se gastan una millonada en que algunos nos opongamos a ese canon con el que Bautista y los suyos se dedican a hacer obras de caridad.

De lo que no se ha dado cuenta el presidente ejecutivo de la SGAE es que esas empresas en realidad son unas meras intermediarias. Ni tan siquiera a ellas les sale rentable el increíble gasto que supone hacernos millonarios a periodistas, políticos y miembros de asociaciones para que critiquemos el canon. Quien financia este inmenso complot es la CIA, con el apoyo del Mossad, la banca Rothschild y la masonería. Nota a todas estas organizaciones: una persona tiene orden de sacar a la luz más información comprometedora para ellos (guardada en una caja fuerte secreta) en el caso de que nos pase algo a mí o mi familia después de que se publique este artículo.

El motivo de que tan poderosas fuerzas estén coaligadas contra unas personas generosas y altruistas como "Teddy" Bautista, Ramoncín y Pau Donés es simple: les molestan. Dado que su única fuente de ingresos es el canon, quieren quitárselo para arruinarles y evitar así que nos sigan iluminando con su creación artística. Escuchar una obra de cualquiera de ellos abre los ojos de los ciudadanos que viven engañados y manipulados por la propaganda que surge desde todos esos centro de poder. Tampoco les perdonan que algunos de ellos, como Bautista, Donés y Borau (pero no, por ejemplo, un Alejandro Sanz que siempre se ha mostrado contrario al generoso barbudo) sean amigos incondicionales de un Fidel Castro que ha llevado a los cubanos a un nivel de prosperidad y felicidad tan maravilloso que cientos de norteamericanos famélicos y sin libertad se juegan la vida intentando cruzar el estrecho de Florida a bordo de frágiles balsas.

Y tras estas terribles confesiones, voy a subirme a bordo una nave espacial conducida por Carlos Jesús. En este transporte viajaré camino al exilio en Raticulín, donde el complot anti-canon no me alcance.

El factor Y

En los 80 se pusieron de moda las violaciones. Luego virtualmente, y a excepción de algún que otro reincidente, los medios han dejado de recrearse en ellas. Hoy el foco se cierne sobre otra violencia, también de hombres, también hacia mujeres. Pero en lugar de en la frialdad de la calle o de un portal, en el calor de una casa. Como violencia doméstica resulta demasiado ambiguo (las víctimas más frecuentes son los hijos), se le ha rebautizado como violencia de género o, directamente, violencia machista.

El discurso político, que los medios de comunicación, en ese recreo, aceptan y adornan, tiene siempre una relación ambigua con la realidad. No son perfectamente paralelos. La política se alimenta de la realidad o, por ser más precisos, de lo que comúnmente se piensa sobre ella. Es el entendido lo que cuenta, no el hecho. Esta segunda derivada desde lo que acaece alimenta el discurso, y éste regurgita nuevos entendimientos, nuevos factoides, nuevas derivadas de segundo grado. Discurso para-lelos. Democracia.tv.

No hay que tener miedo a llamar a las cosas por su nombre. Tampoco hay que caer en crear las cosas por un nombre. Se le llama violencia machista y se juega ambiguamente de que los hombres son culpables y las mujeres víctimas por un quítame allá un cromosoma y. El machismo consiste en ver un factor x en las debilidades de los varones. ¿Es más aceptable hablar de un factor y? Este martes (de martirio informativo) los medios han confabulado sobre la violencia de este género.

Radios y televisiones han llenado sus horas hablando de crímenes entre parejas, su etiología y las soluciones. Los niños son el futuro, no hay rival pequeño y todas esas monadas. Pero que yo sepa nadie se ha atrevido a decir aspectos básicos extraídos de la estadística, como que tal violencia ha aumentado en España a medida que lo ha hecho la inmigración, y a su compás. Sólo hay que desplazar el discurso de un culpable a otro, de “los hombres” a “los inmigrantes” para que una y la misma lógica sea progresista en un caso y ultraderechista en el otro.

Y los medios, los remedios de la política para “combatir” el problema. Todos encomiables. Lo curioso es que aquí sí que se olvidan todos, políticos y periodistas, de las víctimas. Al parecer a nadie se le ha ocurrido que si una víctima recibe una agresión, tiene pleno derecho a defenderse. Y a hacerlo con los medios más adecuados para hacerlo. “Tolerancia cero” con el agresor en un mundo que ha proscrito la intolerancia. Pero tolerancia cero, también, con la víctima y su derecho a la autodefensa.

Yang y el olvido de Yahoo!

Al volver de Silicon Valley a la ciudad, justo después de visitar esa tarde una de las oficinas de Facebook, vi a una lado de la carretera las oficinas de Yahoo!. Tuve una sensación extraña, en los días anteriores ni se me había pasado por la cabeza pensar en visitar las oficinas de esta compañía, pues inconscientemente ya había decidido que no tenía mucho interés en ella. Pero lo que más me extrañó fue que no habría sentido esa indiferencia hace unos años: Yahoo! habría sido una de la visitas obligadas para cualquiera que hubiera visitado Silicon Valley allá por el 2004.

La empresa que nació el 2 de Marzo de 1995 y cuya misión fundacional es "ser el servicio global de internet más esencial para consumidores y negocios" ha perdido la pujanza que atesoró años atrás, parece que toda la experiencia acumulada en más de una década de trayectoría no ha sido capaz de competir con el omnipresente Google y con el adinerado Microsoft. Uno de sus fundadores, Jerry Yang, volvió a la dirección de la empresa hace unos años para devolverle su brillo inicial, pero se ha quedado en el camino y la ha abocado o bien a una venta por un precio mucho menor que el ofertado por Microsoft hace mes o a fusiones mediocres con empresas como AOL.

Yahoo! perdió su rumbo hace tiempo, siempre a medio camino entre ser buscador, portal, generador de contenidos o muchas otras cosas según el país o el mercado, que paulatinamente lo han ido desquiziando y le han hecho perder una identificación de empresa, tanto para clientes, empleados y usuarios. Los ejemplos son diversos y muchos de ellos sangrantes, como el de la compra de Overture, una compañía que tenía una tecnología para mostrar anuncios segmentados cuando se realizaban búsquedas en diferentes motores y que fue adquirida por Yahoo! al ver como Google se hacía millonario con su programa de anuncios denominado Google Adwords. Desde entonces, la empresa californiana no ha conseguido integrar está tecnología de una manera eficiente como para ser un verdadera competencia del programa de anuncios de Google.

Para los que llevamos ya varios años en internet es una pena ver como la luz de Yahoo! se apaga, pero es ley de vida y paralelamente otras luces crecen cada día, como Facebook, que va camino de ser tan omnipresente como Google.

Postdata, dos apuntes que nos deja la semana:

  • La Unión Europea lanza Europeana, que además de no funcionar hace que Europa siga sin preguntarse dónde está el Google y el Facebook europeo. ¿Por qué en Europa no nacen estas empresas y se recurre al sector público?
  • Se ha celebrado Ficod, el foro de contenidos digitales, con ponentes de la talla de Chris Anderson, ¿por qué tiene que pagar Red.es (es decir, todos con nuestros impuestos) este foro por muy interesante que sea?

La accidentada Europeana

En sus largas caminatas descubre un manantial, así como algunos arbustos de moras diseminados de forma aislada en distintos puntos de la isla. Durante los primeros días, Crusoe dedica todo su tiempo y esfuerzo a recolectar dichos frutos y a recoger agua para asegurarse la alimentación. Sin embargo, tras varias semanas, se percata de que es capaz de recolectar más moras de las estrictamente necesarias para su supervivencia diaria. Necesita 20 moras cada día pero, de media, consigue recolectar 25 unidades por jornada.

Además, la isla también cuenta con cocoteros que se concentran en abundante número en una de las playas descubiertas por Crusoe en sus largos paseos de exploración. El náufrago se percata entonces de que si contara con algunas dianas y una vara podría alcanzar los ansiados cocos, con el consiguiente ahorro de tiempo y trabajo en la búsqueda de agua y moras diseminadas por el extenso territorio.

Sin embargo, obtener ambas herramientas le llevará su tiempo. Así, calcula que necesitará, como mínimo, 10 días para lograr trenzar algunas dianas y buscar la rama adecuada de donde sacar una vara lo suficientemente firme y larga para alcanzar los cocos. Durante este tiempo tendrá que interrumpir su recolección de moras y agua. De este modo, el náufrago, impulsado por su expectativa de ver mejoradas sus condiciones de vida en el medio plazo, decide dedicarse el mes y medio siguiente a acumular el excedente de moras (5 unidades diarias) y la cantidad de agua necesarias para desarrollar posteriormente su plan.

Tras este período de duro esfuerzo, Crusoe cuenta ya con el capital suficiente (ahorro de moras y agua para 10 días) para dedicarse a la elaboración de sus utensilios (medios de producción). Por fin, obtiene su recompensa. El esfuerzo ha valido la pena, ya que con la vara y algunas cuerdas puede disfrutar de cocos en abundancia para su supervivencia.

De hecho, gracias a su plan, dispone ahora de toda la tarde libre para dedicarse a otras tareas, como la construcción de una pequeña cabaña y otra serie de utensilios básicos, tales como la recogida de leña y la fricción de maderas para obtener fuego, que facilitarán la vida del náufrago en un ambiente hostil. El ahorro ha salvado a nuestro náufrago de sufrir una estancia repleta de dificultades y carencias.

Sus necesidades básicas están cubiertas, ya que ahora dispone, incluso, de un pequeño almacén donde acumular los cocos y algunos otros frutos. Sin embargo, por desgracia, la suerte no acompaña por mucho tiempo a nuestro aventurero. El jefe tribal de un archipiélago vecino, llamado Alan Greenspan, decide colonizar la isla de Crusoe, escapando del hambre, la pobreza y los disturbios que azotan su antiguo reino.

Greenspan, acompañado de sus 100 vasallos más fieles, decide de inmediato organizar la vida económica en su nuevo dominio. El capital con el que cuenta son algunas barcas y redes. De inmediato, y con el fin de contentar a sus hambrientos seguidores, decide destinar 50 hombres a las tareas de pesca, 25 a la recolección de cocos y otros 25 al mantenimiento de la varas, las cuerdas, las redes y las barcas.

Durante las primeras semanas, el éxtasis se apodera de la isla y del propio Crusoe, al observar cómo la dieta de cada isleño (renta per cápita) se dispara gracias a la abundancia de pesca y frutos. Cada habitante cuenta de media con 3 peces y 2 cocos diarios, con el que colman sobradamente sus necesidades. Greenspan, desde su trono, se muestra orgulloso de su capacidad de liderazgo y planificación para organizar de forma ordenada la vida en la isla.

Dada la supuesta abundancia existente, el líder considera que ha llegado el momento de desviar un mayor número de recursos a mejorar las comodidades de sus vasallos. Puesto que en ningún caso desea ver reducida la dieta de los isleños, decide destinar 15 personas que estaban dedicadas al mantenimiento del capital (las varas, las cuerdas…) a la construcción de las cabañas. El problema es que, poco a poco, las barcas, las redes y la varas se van deteriorando por el uso, de modo que el número de peces y de cocos comienza a decrecer. Ahora, cada isleño, recibe de media 2 peces y 1 coco diario. El desánimo comienza a aumentar entre la población.

El ahorro brilla por su ausencia. Todos los esfuerzos de Greenspan se centran en lograr incrementar el consumo de peces y de cocos, así como las comodidades más alejadas de las necesidades inmediatas, tales como la construcción de chozas, descuidando, pues, los bienes intermedios. Ante tales dificultades, el jefe de la organización trata de impulsar nuevamente el consumo disponible, sin percatarse en ningún caso de las deficiencias existentes en el mantenimiento del capital. Por ello, acuerda destinar otros cinco hombres de este sector a las actividades de pesca.

Si bien, en un primer momento, consigue aumentar el número de peces a distribuir, el mal estado de las barcas, las redes y las varas reduce todavía más la renta disponible, hasta el punto de que el deterioro de estos bienes impide ocupar a toda la mano de obra dedicada a estos sectores (aparece el paro). La dieta decrece todavía más, mientras que los cinco hombres dedicados al mantenimiento de los utensilios se encuentran desbordados de trabajo.

La planificación económica ha fallado, el descontento estalla y Greenspan se ve obligado a abandonar la isla. El consumo del capital (carencia de ahorro) se ha materializado en recesión (menos renta per cápita), desempleo, y sobreinversión artificial en determinados sectores (construcción y consumo), que precisarán de un profundo reajuste.

La huida de Greenspan y, por lo tanto, la inexistencia de planificación central, permitirá ahora a los isleños organizarse de forma espontánea (libre mercado) en el desarrollo de las actividades económicas, al igual que le sucedió a Crusoe tras su llegada a la isla. La falta de ahorro y el consumo de capital son claves para comprender correctamente la actual crisis económica.

La crisis según Robinson Crusoe

Tras recibir picos de hasta 20 millones, y pese a haber duplicado el número de máquinas, el proyecto ha muerto de éxito y ha decidido cerrar sus puertas hasta mediados de diciembre, momento en el que planean estar preparados para responder a las visitas.

Europeana es el resultado del ataque de cuernos que sufrieron los franceses ante la iniciativa de Google de empezar a digitalizar millones de libros procedentes de las principales bibliotecas del mundo anglosajón. En lugar de apuntarse a la iniciativa y permitir que la empresa norteamericana digitalizara los contenidos de las grandes bibliotecas europeas y los pusiera a disposición tanto del público como de las propias instituciones, decidieron que había que hacer un proyecto alternativo. El resultado: dos millones de euros al año de dinero público para sacar una web que se cae el día de su estreno.

Las autoridades públicas deberían limitarse, en lo que a internet se refiere, a respetar la libertad con que fue creada y ha crecido desde entonces y a fomentar su uso poniendo sus servicios y archivos de contenidos disponibles en la red. Al fin y al cabo, se supone que son públicos y, por tanto, propiedad de los contribuyentes, que deberían poder acceder a ellos de la manera más sencilla y barata posible. El problema es que, en general, los incentivos a los que se enfrentan funcionarios y políticos a la hora de abordar este asunto no son los correctos.

Así, el proyecto Europeana tiene un problema: que su objetivo es complacer a los políticos y no a los usuarios de la web. Cualquier sitio espera picos de actividad el día en que se presenta al público, y más si lo hace ante toda la prensa europea. Por consiguiente, gasta en infraestructura lo suficiente como para no defraudar a esos primeros usuarios atraídos por la publicidad de su lanzamiento. Muchos de ellos no volverían en cualquier caso, pero si la web no funciona, seguro que no lo hacen en su inmensa mayoría. ¿Cuál es el problema? Ninguno, al menos para los responsables de Europeana; seguirán recibiendo toneladas de dinero público y ninguna cabeza responderá del error.

Una empresa privada no podría haberse permitido un lanzamiento tan accidentado; le podría costar la viabilidad de su proyecto. Pero claro, las empresas en internet se enfrentan a las restricciones del mercado, es decir, a las impuestas en último término por los internautas. Los políticos no tienen esos problemas.

Ojo, no digo que Europeana no vaya a ser una web útil, o que no se vaya a utilizar. Tan sólo que previsiblemente será peor que proyectos privados similares y, sobre todo, mucho más caro. Especialmente porque quienes lo pagan no lo hacen voluntariamente.

PP: Aznar o Rajoy

El primero es la reunión del Comité Federal del PSOE, en el que Zapatero ha presentado el plan anti¿crisis? de cada mes. El último pasa por tirar de gasto, déficit y deuda pública. A eso lo llaman "pensamiento de izquierdas" y "socialdemocracia". Hay que aprovechar la crisis para que los ciudadanos "perciban claramente las diferencias entre la izquierda y la derecha". "La derecha nos ha metido en la crisis y la izquierda nos tiene que sacar". No dan para más. El progresista de hoy no es como el de hace 30 años. Aborregado por la Logse, acribillado por mensajes extraídos del canon progre desde todos los medios de comunicación, se ha vuelto acrítico y acomodaticio. Como no han necesitado pasar por ningún proceso de reflexión para tener un punto de vista, se mueven entre las consignas y las etiquetas, que constituyen el 95 por ciento del pensamiento de izquierdas actual.

El segundo se ha celebrado en Madrid y ha resultado en la reelección de Pablo Casado al frente de NNGG de Madrid, un chaval que ha sorprendido sólo a quienes no sabían de él antes de dar su famoso discurso. Aquí la cobardía se ha quedado a las puertas y tanto José María Aznar como Esperanza Aguirre han hablado tan claro como las circunstancias lo permitían. Aznar lo ha dicho sin miramientos: hay que conquistar el poder y no esperar a heredarlo. La derecha descreída y garbancil no se da cuenta de que la realidad no se impone por sí misma, tiene que ser interpretada de algún modo. Y la economía se volverá en su contra si los socialistas logran colar la idea de que "la derecha" es la responsable de la crisis. Entonces, el vacío moral e ideológico que proponen Rajoy y los suyos no valdrá de nada.

Combatir unas cuantas consignas, falsas como un telediario dirigido por Pepino Blanco, es fácil. Sólo se necesitan buenas ideas, y las hay, y un poco de valor moral. Rajoy no tiene fe en esas ideas y prefiere esconderlas. No hay nada que temer a las buenas ideas. No hay nada que esconder. El intervencionismo es inmoral, inane y un fracaso asegurado. El poder creador de una sociedad libre no tiene igual. Claro, que hay quien no se atreve a pensar ni siquiera eso.