Ir al contenido principal

El Obamismo

A escasas horas para que se conozca el nuevo ocupante de la Casa Blanca, las elecciones de EEUU en 2008 quedarán registradas en la historia como una de las citas electorales más importantes en las que hayan participado los ciudadanos norteamericanos.

Y ello no sólo por el hito que podría suponer la llegada del primer hombre negro a la Presidencia del país. El éxito de uno u otro candidatos determinará en gran medida la intensidad y prolongación de la debacle económica estadounidense. El New Deal desarrollado por Roosevelt en los años 30 prolongó la Gran Depresión durante más de 10 años. La época más negra de la joven historia de la democracia de EEUU.

En la actualidad, el país se enfrenta a un reto similar. Si Alan Greenspan, como presidente de la Reserva Federal, fue el principal culpable del tsunami financiero que azota a la economía global, Barack Obama aspira a convertirse en el presidente que hundió definitivamente la economía estadounidense.

Toda su acción política se centra en incrementar el gasto público y poner en práctica una agresiva política fiscal consistente en subir impuestos a las rentas altas y a las grandes empresas, principal motor económico del país. Y ello, en un momento muy delicado para las cuentas públicas del país: la factura de los rescates financieros aprobados hasta el momento amenaza con disparara el déficit público hasta niveles desconocidos.

El Tesoro es consciente de que tendrá que multiplicar sus emisiones de deuda pública con el objetivo de sufragar la expansión casi ilimitada del gasto público. Sin embargo, otros muchos países se encuentran en la misma disyuntiva tras poner en marcha distintos planes de envergadura para tratar de apuntalar sus respectivos sistemas financieros mediante los recursos de los contribuyentes.

Tales necesidades de financiación extra por parte de los países desarrollados supondrá una presión añadida al próximo Gobierno de EEUU, ya que se verá obligado a ofrecer una mayor rentabilidad para que sus bonos gocen del suficiente atractivo, tanto para los inversores privados como públicos (otros bancos centrales).

El problema es que, lejos de apostar por el ahorro, por la contención del gasto y por la reducción fiscal, el candidato demócrata cree firmemente en la extensión del intervencionismo gubernamental para solventar todos los supuestos males que posee el mercado. El Obamismo, ese nuevo movimiento político que causa furor entre las filas progresistas de España (PSOE y PP) y Europa amenaza con convertirse en una losa insostenible sobre la espalda de los contribuyentes norteamericanos.

Buena suerte, pues, al nuevo dirigente de la Casa Blanca, ya que se enfrentará a la legislatura más compleja y difícil desde hace más de 70 años. Ahora bien, no les quepa duda de que en caso de que resulte ganador Obama su política económica para combatir la crisis será recordada bajo el siguiente lema: No, we can´t.

John McCain, presidente

Aunque creo que el resultado va a ser mucho más ajustado de lo que hablan las encuestas, John McCain ha desaprovechado la ocasión para postularse como el mejor candidato para liderar su país, sin tiempo ahora para reaccionar.

Estas elecciones se han centrado en el cambio. Por eso Hillary Clinton no hubiese podido hacer nada frente a McCain, de haber tenido la oportunidad de presentarse. Quizá por eso Hillary no pudo sobreponerse al fenómeno Obama. Pero esa misma razón es la que ha lastrado a McCain hasta hacerle quedar por detrás en todas las previsiones. McCain jamás ha sido un seguidor de Bush; su independencia está fuera de toda duda. Pero forma parte del mismo partido, ahogado en una crisis notable, creada por la política de Bush, tan alejada de la de Ronald Reagan. Y hablar de cambio con 72 años no deja de ser chocante.

John McCain tiene madera de presidente y cuenta con cualidades extraordinarias. Su independencia de criterio es sólo una de ellas. Es honrado a carta cabal, tiene el coraje de decir lo que piensa (mientras que Obama lo esconde en pomposos discursos) y para tomar decisiones, una cualidad que echaremos en falta si Obama se sienta en el Despacho Oval. Pero la economía vuelve a centrar el debate y los estadounidenses confían más en el Demócrata. Quizás simplemente porque es mucho más joven y piensan que la crisis que se nos ha echado encima no nos abandonará en unos cuantos años.

McCain, además, conoce el terreno que pisa. Apoyó el aumento de las tropas a Irak en un momento en que la guerra era muy impopular en Estados Unidos. Ese aumento ha rendido sus frutos y ha contribuido, paradójicamente, a que las amenazas exteriores, el terreno en que Obama más tiene que perder frente al republicano, hayan pasado a un segundo plano. Pero se ha conducido mal en la campaña. No basta con preguntarse quién es Obama. También hay que decirlo. Y no ha alertado del riesgo de que Presidencia y Congreso se concentren en un único partido, con Obama en la Casa Blanca, Nancy Pelosi de Speaker de la Casa de Representantes y Howard Dean liderando el Partido Demócrata. Eso sí, los republicanos van a tener un par de buenos años para reflexionar sobre su propia deriva.

Realidades en redes sociales

La puesta en escena de la conferencia fue espectacular, más de 12 horas de evento: con feria para empresas relacionadas con Facebook, conferencias de diverso tipo, música en directo, etc. En esta conferencia pude ver todas las empresas que se están creando a la sombra de Facebook y de las redes sociales, Facebook parece la cadena de montaje y las demás empresas crecen alrededor de ella como la industria auxiliar automovilística. En la conferencia se mostraron varias novedades, como el lanzamiento de su nuevo diseño de la plataforma o el denominado Facebook Connect, que permite incluir en Facebook contenido publicado por el usuario fuera de la red social, contenido que se publica en blogs o páginas de valoración, como Citysearch por ejemplo.

De todas las novedades que se presentaron en la conferencia, la que más me interesó, fue la de como Facebook quiere cambiar el modo en la que el usuario concibe el valor de las aplicaciones en su red social. Tras un año del lanzamiento de las aplicaciones en su plataforma, había más luces que sombras, cada día lo usuarios de Facebook recibimos multitud de invitaciones para instalar todo tipo de aplicaciones, que la mayoría son inútiles o simplemente son puro spam. Eso ha empezado a cambiar desde hace unos meses, cuando con acierto, desde Facebook se promocionan aplicaciones que de verdad son útiles para los usuarios, como son iLike o Causes, y además han lanzado un programa para "certificar" las aplicaciones que cumplen con los estándares de su plataforma. Esto ha hecho que cada vez recibamos menos invitaciones para instalar aplicaciones que no tienen ninguna utilidad, y ha hecho que nazcan cada vez más aplicaciones que tiene sentido para el usuario.

Facebook fué muy hábil en lanzar aplicaciones en su red social hace un año, por que sabía que ellas sostendrían el interés de los usuarios a lo largo del tiempo, y también ha sido inteligente ahora, para corregir el rumbo de unas aplicaciones que podrían haber llegado a ser la ruina de la red social si no tomaban medidas. Demuestra en la dirección de Facebook un gran conocimiento de la red social que han creado, mayor del demostrado por su competencia, y una gran flexibilidad para cambiar en muy poco tiempo la estrategia que habían diseñado hace menos de un año. El fundador de Facebook estuvo en nuestro país hace muy pocos días y nos dejó varios titulares, entre ellos que ya cuentan con más de 100.000 anunciantes o que pueden utilizar la inversión que Microsoft hizo en Facebook haces meses para capear la crisis. Son sólo unos ejemplos para poder ver que las redes sociales no son una quimera y que en el caso de Facebook están contando con buenos gestores que aseguran su futuro.

El PSOE contra la libertad

Ambas causaron ciertos niveles de malestar en el mundo internauta español, pero por distintos motivos. La disposición por la que más se atacó a la primera de ellas se incluyó en la segunda sin que generara tanto malestar y además de forma más sangrante: nos referimos a la posibilidad de que alguna autoridad no judicial pueda ordenar el cierre de una página web.

El debate que se produjo en relación con la ley aprobada por los socialistas y sus socios parlamentarios se centró, sin embargo, en torno al canon digital. Un debate que además se acrecentó por culpa de la diputada del PP Beatriz Rodríguez-Salmones cuando dijo que la posición en contra del mismo por parte de los senadores de su partido se había debido a una equivocación a la hora de votar. Esto no era cierto, puesto que los populares ya habían votado con anterioridad en el mismo sentido en la Cámara Alta y terminaron votando de la misma manera en el Congreso.

Además de empeorar la imagen de su grupo al mostrar una falta de unidad profunda, Rodríguez Salmones hizo dos grandes favores al PSOE al permitir, por una parte, que muchos medios de izquierdas se centraran en la posición del PP y así no tuvieran que hablar del voto socialista y de IU y, por otra, crear una cortina de humo sobre una cuestión todavía más grave existente en la LISI. Esta norma permite lo que los populares eliminaron de la LSSI antes de aprobarla, y por lo que senadores socialistas como Félix Lavilla habían protestado con contundencia: que autoridades no judiciales puedan cerrar páginas web. Ahora el PP ha intentado que también se elimine esta liberticida potestad concedida a organismos administrativos.

Lo ha hecho en el Senado mediante una proposición de Ley para modificar la norma de manera que tan sólo un juez pudiera ordenar este tipo de medidas. Ha sido rechazada gracias a la oposición de los socialistas. Estos senadores del PSOE han mostrado un gran desprecio por la libertad de expresión y un cinismo profundo. Lavilla, que sigue en el Senado, y sus compañeros de grupo deben explicar a los ciudadanos por qué un recorte de la libertad es malo si está contemplado en un proyecto del PP –aunque después se elimine en la norma que se aprueba– y no lo es cuando la ley es aprobada por el PSOE. Y puestos a dar explicaciones, también deberían hacerlo todos esos ciberactivistas y periodistas de izquierdas que protestaron contra la LSSI y callan ante este atropello perpetrado por Zapatero y los suyos.

El apasionante mundo del tunning

Aznar se construyó una pista en La Moncloa, los ayuntamientos del PP construyeron varios miles más para que los contribuyentes jugaran los sábados a políticos y las raquetas de paddle tenían que reponerse a diario en las secciones de deportes de las grandes superficies.

Los progresistas van más a lo bestia, aunque forzoso es reconocer que en lo tocante al ejercicio físico demuestran mayor inteligencia que sus rivales políticos. En lugar de desriñonarse corriendo estúpidamente detrás de una pelota que rebota hasta en la pared trasera de la pista y te puede golpear traicioneramente hasta en el mismísimo centro de la retaguardia, ellos prefieren el tunning, que es algo como más del pueblo.

Pero como en todo hay clases, los políticos progresistas no cogen un utilitario desvencijado para convertirlo en un lamborghini cateto, con un tigre dibujado en el capó y unos altavoces como los que lleva en sus giras Pink Floyd, para que los otros conductores escuchen cómodamente a ochocientos metros a la redonda el último éxito de Camela. Los dirigentes progresistas, como Gallardón, prefieren tunear lo que tienen más a mano, que es el coche oficial. Benach, a la sazón presidente del parlamento catalán, se ha hecho colocar en su supercochazo unas pocholadas de lo más útil para alguien cuya producción intelectual no se detiene ni cuando hace el trayecto desde su casa al lugar de trabajo. Ahora dice que va a retirar los artefactos instalados, pero quizás sería mejor que lo dejara estar, porque retirar los accesorios probablemente cueste bastante más que la instalación y los cacharros propiamente dichos. Touriño en cambio, más sedentario, ha decidido tunear su residencia, en cuyo salón seguramente habrá instalado un buen par de subwoofers, que es lo que según el Neng de Castefa no debe faltar en ningún habitáculo moderno.

Preguntado José Blanco por el particular, afirma que se trata de pura demagogia y que, en todo caso, los políticos españoles ganan mucho menos que sus colegas europeos. Sólo él debe saber qué coño tiene que ver una cosa con otra, porque la comparación no es pertinente. Lo correcto, si a eso vamos, sería cotejar el sueldo actual de, por ejemplo, el mismo José Blanco y Benach, con lo que percibirían si no se dedicaran a la política. Un estudiante de primero de derecho y un barrendero de la bonita ciudad de Reus, seguramente ganan algo menos que un diputado con un alto cargo orgánico en un partido nacional y un presidente de un parlamento autonómico. ¿Están ambos dispuestos a ejercer su vocación política cobrando lo mismo que en la vida civil? Esta es la pregunta que deberían responder en lugar de dar lecciones de moral a los contribuyentes haciéndose pasar por víctimas.

Laureano López Rodó tenía una grabadora en casa en la que dictaba cartas por las noches para adelantar trabajo en el ministerio. Cuando fue cesado, con los follones del traslado, la grabadora se quedó en su casa, por lo que avisó al ministerio de que enviaran a alguien a recogerla. Como quiera que, pese a su insistencia, nadie venía a retirarla, él mismo se presentó una mañana a devolverla, exigiendo el oportuno recibo. El hombre más poderoso de la España del desarrollo se jubiló poco más que como cualquier otro funcionario. En la actualidad, al concejal de urbanismo de la aldea más recóndita de nuestra piel de toro le bastan dos años en el cargo para retirarse a vivir de las rentas.

Ya sé que desde el 78 está prohibido hablar de los políticos del franquismo, salvo para tacharlos de asesinos y corruptos. Pero la realidad en cuanto al decoro de los hombres públicos de antes y ahora es precisamente la que ejemplifican los casos de López Rodó y Ernest Benach. Y al que le moleste…

Amor a la ignorancia económica

Según él "los mercados han demostrado que son incapaces de autorregularse". O sus conocimientos de epistemología son escasos o tiene un curioso concepto de lo que es una demostración: del hecho de que los actuales mercados financieros tengan serios problemas deduce que un mercado libre no puede generar sus propias normas protectoras y necesita una tutela exterior.

Pero es que los mercados financieros ni son ni han sido prácticamente nunca ejemplos de libertad: están fuertemente intervenidos, presentan riesgo moral y son sistemáticamente confundidos por señales falaces emitidas por los arbitrarios designios de los banqueros centrales (determinación estatal de los tipos de interés a través de la emisión de moneda de curso legal); pero es más popular repetir tontamente el topicazo de que no están regulados, tan asumido por tantos que lo ignoran casi todo del sector bancario.

Marina amablemente concede que no hay que "eliminar el mercado", pero "no se le puede dejar solo" porque "abandonado a su propio dinamismo se destruiría". "El poder económico, como los demás poderes, no tiene sistemas internos de frenada. Es bulímico. Por eso existen las leyes antimonopolio y de defensa de la competencia, y por esa razón se consideró que el trabajo no se podía considerar como una mercancía más". El mercado incluso podría volverse "suicida" o "asesino" "si no se somete a normas éticas".

Todas estas necedades muestran que Marina no entiende los mercados, que están basados en normas éticas fundamentales como el derecho de propiedad (dos no intercambian si uno no quiere, o principio de no agresión) y el cumplimiento estricto de los contratos libremente pactados (que pueden dar origen a tantas reglas y limitaciones adicionales como los participantes deseen).

Los falaces mitos de la necesidad de intervención sobre los mercados para evitar monopolios y garantizar la competencia se basan en teorías irreales profundamente erróneas que pueden engañar a incautos y neófitos varios pero no a economistas serios; incluir la excepcionalidad del trabajo parece señalar que uno se ha tragado todos los cuentos comunistas y sindicalistas acerca de la explotación del pobre empleado por los desaprensivos empresarios y capitalistas.

Los mercados libres son órdenes espontáneos emergentes que resultan de las interacciones entre múltiples individuos persiguiendo sus objetivos particulares dentro de un marco institucional ético y jurídico. Son órdenes limitados e imperfectos que permiten la coordinación social; no garantizan los aciertos, pero tienden a premiarlos y a castigar los errores. Son órdenes complejos adaptativos muy resistentes si se les deja funcionar, pero son sensibles a los patosos intentos de arrogantes ingenieros sociales de "regularlos" de forma coactiva desde el Gobierno. Curiosamente estos promotores de la regulación jurídica no suelen entrar en detalles acerca de cuáles deben ser los contenidos concretos de esa normativa que pretenden imponer a todos los demás ciudadanos; quizás porque ni siquiera se han molestado en pensarlo un poco en profundidad (ya lo hará algún "experto" o tecnócrata) o porque intuyen que sería posible para algún economista competente mostrar las indeseables consecuencias no intencionadas de sus propuestas; como efectivamente ya habían hecho los economistas de la escuela Austriaca con respecto a todas las intervenciones y regulaciones estatales que han sido las causas fundamentales de esta crisis.

2009 y el sector internet

Los dos son referentes en lo que se refiere a marketing en España, y más cuando hablamos de marketing online. Rodríguez Zapatero lleva menos de un año en el cargo, pero tiene gran experiencia en el sector internet; antes de Google estuvo en Yahoo! como Director General en España y como Vicepresidente en Europa. Por su parte Martí trabaja en Vueling desde su fundación y es uno de los cuatro máximos directivos que tiene esta joven compañía aérea. En su día, Rodríguez Zapatero trató de convencer a clientes para que inviertan en internet y Martí demostró cómo invertir en internet es rentable si se hace con racionalidad y rodeándose de un buen equipo.

Durante su ponencia, Rodríguez Zapatero habló de los aspectos que para Google son más importantes para el desarrollo de internet y que tanto para los usuarios como para las empresas la experiencia de uso de internet sea la mejor posible. Donde puso realmente el foco es en la oportunidad que tiene el sector internet el próximo año: 2009 va a ser un año de crisis y, según Rodríguez Zapatero, una parte importante de las inversiones de televisión, radio o periódicos pueden pasarse a internet, y algunos anunciantes pueden comprobar que internet es un medio rentable y eficaz, aunque lo descubran por la crisis. Puso un ejemplo representativo de ello, cuando se refirió a la venta de coches, ya que desde hace meses ha descendido entre el 20% y 30% a nivel general en España y eso ha hecho que los concesionarios desciendan su ventas, pero no todos: algunos que operan por internet han aumentado hasta un 40% sus ventas respecto a 2007.

Vicenç Martí expuso el valor de una marca como Vueling, donde su equipo de marketing online está preparado e implicado para afrontar un gran reto: vender todas las plazas de vuelos que tienen disponibles cada día. Ese es el reto de Vueling: vender y vender, no pueden hacer muchas concesiones al branding y para eso el marketing online es perfecto. Cerca del 80% de las ventas de Vueling son a través de su página web, por eso la compañía aérea centra sus esfuerzos en tratar de convertir en venta la mayoría de las inversiones que hace en internet. En Vueling creen en el equipo interno, por eso no dependen de ninguna agencia, y los campos de marketing en buscadores y afiliación son los que más trabajan.

Desde diferentes perspectivas, tanto Javier Rodríguez Zapatero y Vicenç Martí son dos claros ejemplos de cómo el sector internet puede salir reforzado de la crisis del próximo año pero, como bien han remarcado ellos, esto no estará exento de trabajo y de gran inteligencia para exprimir cada céntimo de euro que se invierta en la Red.

Bye, bye, dólar

Y todo ello con comentarios entre el odio y el desprecio por nuestra sociedad racista, compuesta por viejas que leen el rosario, aficionados a los toros y a la tortilla de patatas, familias arrancadas apenas hace una o dos décadas del agro, con sus atávicos reclamos tradicionalistas. Inadaptados a la vida moderna o a la cultura refinada.

Candidatos, a lo sumo, a despertar las sonrisas de los lectores del National Geographic. ¿No sería absolutamente risible? Si tuviésemos la oportunidad de hablar con el periodista ruritano, nos moveríamos entre la necesidad de explicarle un par de cosas y la constatación de que, sea lo que fuere lo que le digamos, está tan imbuído en la ignorancia, tan carcomido por el odio, tan cegado por los prejuicios que no lograremos más que disgustos. La del periodista ruritano es una caricatura.

Pero, en vez de cruel, resulta benévola cuando la comparamos muchas personas que nos cruzamos en la vida personal o en los medios de comunicación, y que son una legión de ignorantes que hablan, ellos sí, con un arsenal de odio y desde un abismo de ignorancia, sobre los Estados Unidos. Cualquiera que se haya tomado un mínimo de interés por conocerlo, que no lo mire abrasado por los peores sentimientos y que no le tenga alergia a los libros de historia, sólo puede reírse de buena gana, si es que sabe vencer la indignación, de todos estos.

Antiamericanismo es el nombre que algunos han puesto a esa combinación única entre el desprecio por desconocimiento, el odio por ideología, todo bien envuelto en toneladas de pereza mental que se encuentra en cada esquina, en cuanto alguien pronuncia el nombre de los Estados Unidos. Su atrevimiento se desmoronaría con un mínimo de interés por conocer aquél país. O con un tenue recuerdo de lo que es el rubor, que sería suficiente para enrojecerles de vergüenza si fueran conscientes de su situación. ¿Es que no hay razones para criticar ciertos aspectos de ese país, de su historia, de su política? Las hay, son incontables y crecen día a día. Yo no hablo de los Estados Unidos. Hablo de cientos de miles de españoles, quizá millones, que han hecho del odio a aquél país parte de su esquema mental. Para mí, este fenómeno sigue siendo un misterio.

Odio por los Estados Unidos

Contrasten esta situación con la de las carreteras, con las que a menudo se suelen comparar las redes de comunicaciones, generalmente con aviesas intenciones nacionalizadoras. Para tener permiso para circular por ellas hay que estudiarse un código específico, aprobar un examen teórico y otro práctico y así obtener una licencia que nos pueden retirar por múltiples razones.

Algunos claman de vez en cuando por implantar una suerte de carnet para navegantes de internet; unos para prohibir el acceso a quienes emplean el mejor sistema para distribuir contenidos creado hasta ahora por el hombre y otros para impedir que la gente entre en internet con pleno desconocimiento de los peligros que le acechan en semejante empresa, desde los virus hasta los correos que te animan a dar tus claves bancarias por ahí. Pero afortunadamente ni unos ni otros han triunfado en su empeño, al menos por ahora.

Sin embargo, tanto en Estados Unidos como en Europa se está avanzando en un campo de difícil vuelta atrás. Porque es muy fácil ceder libertades al poder del Estado, pero muy complicado –a veces casi imposible– volver a recuperarlas después. Se está imponiendo con poco o nulo debate la mal llamada "neutralidad de red", que es la prohibición a los propietarios de las redes de gestionarlas como mejor les parezca, obligando a "tratar por igual a todos los bits", pertenezcan éstos al último single de moda descargado de iTunes o a las instrucciones de un cirujano que está operando a través de la red a un paciente crítico. Y el lobby que está detrás pertenece al gentil Google, el del eslogan bíblico de "no hacer el mal".

El efecto perverso de esta regulación se ve con claridad al examinar el caso español. En nuestro país han invertido en las redes por las que navegamos básicamente dos compañías: Ono y Telefónica. Ambas ofrecen servicios conjuntamente con sus conexiones de datos, principalmente de televisión. De hecho, ha sido la posibilidad de ganar dinero a través de estos servicios el principal motivo por el que nuestras conexiones han ido mejorando con el tiempo. Es lo que se llama un "subsidio cruzado"; se venden varios productos juntos en un pack y algunos de ellos permiten rentabilizar el coste de los otros. El ejemplo clásico sería Las Vegas, donde antaño se podía comer extraordinariamente bien por muy poco dinero o incluso gratis, porque era un servicio que permitía atraer a más jugadores, y era el dinero que perdían en ruletas y tragaperras el que pagaba esos restaurantes. La cosa se acabó, claro, cuando la ciudad se transformó en un destino turístico familiar.

Pues bien, el principal objetivo de los defensores de los inalienables derechos de los bits es impedir que se pueda hacer lo mismo en el ámbito de las telecomunicaciones. Es decir, que las operadoras no puedan ofrecer servicios premium de mayor velocidad para ciertos contenidos, como vídeo o voz, con los que rentabilizar la inversión en nuevas redes de datos. Lo hacen, aseguran, para impedir que las empresas de telecomunicaciones tengan una ventaja "anticompetitiva" en esos aspectos. Lo que lograrán será que dejen de invertir en mejorar nuestras conexiones y ampliar el ancho de banda del que disfrutamos.

¿Y qué gana Google con esto? Muy fácil. Impedir que pueda innovarse dentro de las redes, donde no tienen inversiones ni control alguno, implica que todas las novedades tendrán lugar en los "bordes" de las redes, que es el lugar donde reina. Si, por ejemplo, todo el vídeo transmitido por las redes va lento, a baja resolución y se corta cada dos por tres, YouTube seguirá reinando. Si se permite que pagando un plus se pueda emitir en tiempo real y a alta resolución, Google deberá pagar u ofrecer un servicio de menor calidad. No estamos hablando, por tanto, de defender al pequeño internauta frente a la gran empresa de telecomunicaciones. Estamos hablando de ponerse del lado del gigante de internet frente a los gigantes de las redes. Y en esa pelea prefiero estar con quien no quiere meter al primo de Zumosol, el Estado, a dar los puñetazos por él.

En esta peli el malo es Google

Hasta hace apenas dos meses, casi todo el mundo se habría tomado a broma que un país de la talla de Islandia, con una de las rentas per cápita más elevadas del planeta y líder del ránking de desarrollo humano que elabora periódicamente la ONU, suspendiera pagos. Esto es, que precisara del apoyo crediticio de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) para poder hacer frente a sus compromisos financieros y evitar así la bancarrota, al más puro estilo argentino. Y, sin embargo, tal situación acaba de producirse.

Países de la talla de Hungría, Ucrania, Rumanía e, incluso, Rusia, están ahora en una situación similar debido a la huida masiva de capital extranjero. Tales hechos ponen de manifiesto que, tanto los medios de comunicación como los ciudadanos, no deberían aceptar con fe ciega las afirmaciones y diagnósticos que emiten los supuestos expertos (la gran mayoría de ellos pertenecientes a la escuela económica errónea como la neoclásica) y, menos aún , las previsiones de los políticos.

Tras el estallido de la crisis de las hipotecas subprime en EEUU en agosto de 2007, los falsos gurús se apresuraron a tranquilizar los mercados insistiendo en que las turbulencias apenas se prolongarían hasta finales de año o, como mucho, principios de 2008. Desde entonces, han transcurrido ya más de 14 meses y lo que en principio era un problema singular de las altas finanzas estadounidenses se ha convertido hoy en un colapso real del sistema financiero en su conjunto.

Hasta tal punto esto es así, que el próximo 15 de noviembre los principales líderes mundiales se reunirán en Washington con la intención de "refundar el capitalismo", iniciando así el camino hacia un nuevo Bretton Woods. O qué decir del papel jugado por las agencias de calificación crediticia (rating), que concedían máxima calidad (triple A) a complejos productos que después han resultado ilíquidos (invendibles) debido a su elevado riesgo.

Muy pocos son los que, hoy en día, dudan de la gravedad de la situación a la que nos enfrentamos. Tras la mayor intervención financiera que han vivido los mercados desde el crack de 1929, asistimos ahora a la "mayor crisis monetaria que haya visto el mundo", según afirmaba recientemente Neil Mellor, un analista del Banco de Nueva York Mellon. En esta misma línea, Stephen Jen, jefe de divisas en Morgan Stanley, indicaba que el crash que están sufriendo las monedas de las economías emergentes constituye un riesgo incalculable. Dicho proceso amenaza con convertirse en el "segundo epicentro de la crisis financiera mundial", afectando por igual tanto a Europa como al continente americano.

Y ello, debido a que han financiado, mediante la concesión de crédito fácil, el crecimiento irreal de unos países que ahora presentan riesgo de impago. Por ello, las principales potencias del planeta no sólo negociarán en Washington la nueva estructura financiera internacional, sino también monetaria. Y aquí es, precisamente, donde habrá que preguntarse si el dólar, como divisa de referencia internacional, mantendrá su papel hegemónico en el futuro, tal y como ha acontecido hasta el momento.

El problema es que el billete verde carece del respaldo real del oro desde que se reformó el sistema monetario internacional a principios de los años 70. Es decir, su valor dependerá exclusivamente de la confianza que le otorguen tanto bancos centrales como inversores. Es la moneda fiat por excelencia y, por lo tanto, su solidez está basada en una mera cuestión de fe.

Los recientes y continuos desplomes bursátiles, y la desconfianza que está mostrando el mercado hacia las divisas y la deuda pública de los países emergentes, han convertido a las letras del Tesoro de EEUU en el valor refugio por excelencia. La cuestión es, ¿por cuánto tiempo? A este respecto, tan sólo cabe indicar tres pistas significativas acerca de los movimientos que se están produciendo a nivel monetario.

Los bancos centrales han comenzado a reforzar sus balances incrementando sus reservas de oro. Y no sólo Rusia y China. El propio Banco Central Europeo ve con buenos ojos la restauración de un patrón oro que nunca debió abandonarse. Los principales países productores de petróleo (OPEP) estudian seriamente desde hace tiempo sustituir el dólar por otro tipos de divisas en sus transacciones diarias de crudo. Y, por último, aunque no por ello, menos importante, China (principal poseedor de deuda estadounidense) aboga por eliminar el dólar en sus relaciones comerciales y emplear otras monedas.

Pese a ello, el Gobierno de EEUU insiste en acudir al rescate de la banca, la industria, los planes de pensiones y hasta los hipotecados mediante la emisión de más y más montañas de papel moneda en forma de creciente deuda pública, destruyendo así su valor. Si los bancos centrales, principales tenedores de reservas en dólares, abandonan el billete verde, la crisis bancaria será, sin duda, el menor de los problemas a los que tendrá que enfrentarse el nuevo ocupante de la Casa Blanca.

Tal y como muestra la pirámide invertida de John Exter, la lucha por lograr liquidez se traslada de uno a otro escalafón, en un intento desesperado por mantener el valor de los activos. Y ello, tratando de cambiar activos menos líquidos por otros más líquidos. Tal y como expone el segundo boletín sobre la crisis subprime del Instituto Juan de Mariana, la base de la pirámide contiene los activos menos líquidos (bienes raíces, materias primas, valores cotizados, bonos del Estado…) y conforme se desciende la liquidez va aumentando. En la actualidad, el valor refugio es la deuda pública de EEUU (antepenúltimo escalón de la pirámide de liquidez).

Las tensiones ya se están trasladando al papel moneda (penúltimo escalón). El vértice de la pirámide, el activo más líquido que existe, es el oro, moneda por excelencia, por ser éste el único activo financiero que no es el pasivo de nadie más. Es decir, que no puede resultar impagado, ya que siempre tiene salida en el mercado. Así pues, bye, bye dólar.