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Un atraco universal

En Estados Unidos, Bush, Obama y MacCain apoyaron el plan Paulson para socializar las pérdidas de las hipotecas subprime creada por los políticos con las leyes de reinversión comunitaria y, sobre todo, mediante la burbuja financiera estimulada por la Reserva Federal. En España, el "plan Paulsoncito" de ZP y las garantías públicas a los nuevos créditos que conceda la banca van ser costeados por los socialistas (del PSOE y del PP) con cargo a nuestros ahorros.

En Argentina, en cambio, los políticos no pretenden ocultar el robo como aquí. Allí, Cristina Kirchner ha decidido expoliar los ahorros privados que se encuentran depositados en los fondos de pensiones para acceder a una financiación extraordinaria con la que afrontar su calamitoso manejo de las arcas públicas y tener liquidez para si tuviera que llevar a cabo algún rescate. La banca española, que hace unas semanas aplaudía las dictados intervencionistas de la presidenta peronista, tiemblan ahora de pánico.

Esto no es la primera vez sucede en Argentina. Durante la crisis de 2001 el Gobierno ya hizo gala de su esencia depredadora metiendo la mano en los fondos de pensiones. En 1956, el Estado también se apropió de ellos para hacer frente a los pagos de la deuda pública. Años más tarde, Perón se refirió a este expolio diciendo que fue "simplemente un robo, porque ésa no era plata del Estado, era plata de la gente que había formado esas sociedades y esas organizaciones".

Cristina se encuentra ahora ante la necesidad de explicar por qué la opinión del fundador de su partido no debe ser directamente aplicable a sus tropelías. De lo contrario, serán muchos los argentinos que empiecen a considerarla correctamente como un vulgar asaltador de caminos. Perón dejó muy claro que la toma de los fondos de pensiones fue "un asalto". No sólo eso. A diferencia de los políticos actuales, el fundador del justicialismo entendía las consecuencias económicas de la fechoría: "naturalmente que, después de ese asalto, los pobres jubilados comenzaron a sufrir las consecuencias de una inflación que no pudo homologar ningún salario ni ninguna jubilación".

Y es que Perón, a pesar de todo su nefasto populismo, parecía tener algunos límites morales de los que carecen los Kirchner. Por desgracia también carecen de esos escrúpulos Zapatero, Rajoy, Bush, Sarkozy, Merkel y la inmensa mayoría de los gobernantes internacionales. ¡Cómo ha tenido que degradarse la clase política para que Perón ya resulte una persona sensata!

La audacia de Obama

Pero acaso lo peor es que, por muchas palabras que gastan en él, da la impresión de que es con muy poco provecho. No veo a quien cuente qué idea tiene Obama de lo que debe ser el "cambio" que tanto predica, cómo puede producirse, hacia dónde, cuáles son sus referencias y por qué confía en "la audacia de la esperanza", que es como ha llamado a una de sus dos autobiografías.

La historia personal de Omaba nos lleva a un chaval que tuvo que cambiar su identidad y adaptarse a comunidades diferentes. Él cree también que cualquier comunidad, incluida toda una nación, puede cambiar si se le ofrece el apoyo necesario. No cree en los derechos inherentes a la persona, sino en los valores, en los sueños, ideales, mitos de una sociedad. Y éstos se pueden reescribir, cambiar, por medio de la oratoria. Obama habla con un lenguaje entre religioso y laico y departe sus discursos con una seguridad y una autosuficiencia descollantes.

La Constitución, como Estados Unidos en su origen, es racista. Pero puede cambiar, porque la Constitución es un "texto vivo", que se adapta a las circunstancias del momento. El genio de los Padres Fundadores, para Obama, no es que redactaran un texto fundacional anclado en derechos inherentes a la persona –y por tanto eternos– como la libertad y el derecho a la vida y la propiedad, sino que idearan un sistema político que tiene la capacidad de cambiar. Él puede decir una cosa y luego la contraria. Eso no tiene importancia. Para él la libertad implica "el rechazo de cualquier verdad absoluta, la infalibilidad de una idea o ideología", así como de cualquier "tiránica consistencia" con cualquier postulado. Lo único importante es saber dónde se quiere llevar al país.

El programa de Obama no difiere del de Franklin D. Roosevelt: implicar a sectores más amplios de la población en el Estado de Bienestar, hacerlos dependientes del Estado en lugar de lograr que sean responsables y autosuficientes y conseguir un control político desde el partido que defiende esas políticas (el Demócrata), suficiente para asentar un predominio de su partido durante décadas. Por eso Roosevelt es su principal referencia en su propio partido. Por eso en el Republicano se fija en los antecedentes de Ronald Reagan y, sobre todo, de Lincoln, porque cambiaron las cuestiones sobre las que giraba la política y asentaron el dominio de sus propios partidos por muchos años. Obama quiere que predominen en la política de Estados Unidos determinadas preguntas para las cuales sólo los demócratas tendrán respuesta.

Los estadounidenses se debaten entre el candidato malo y el mesiánico que quiere transformar el país, todavía no se sabe en qué. Todo apunta a que optará por el segundo. Si es así, les esperan dos años muy duros a los conservadores de Estados Unidos, con la presidencia y las dos Cámaras en manos demócratas. Espero que, al menos, les sirva para reflexionar sobre la deriva de los últimos años.

Sajarov para un ciberdisidente

Hu Jia es un destacado activista por los derechos humanos en su país y ningún marginado por el régimen comunista queda fuera de su acción. Defiende la libertad de expresión y se pone del lado de los presos de conciencia, categoría de la que forma parte en la actualidad; denuncia la violación de los derechos de quienes padecen enfermedades como la hepatitis o el sida y es un cercano colaborador del principal activista gay de su país, Wan Yanhai (la represión de los homosexuales antes de los Juegos Olímpicos de Pequín fue brutal). No está sólo en su lucha, le acompaña su mujer Zeng Jinyan. A estas causas menos conocidas en Occidente, suma su actividad por otras con mayor difusión como, el medio ambiente (en mucho peor estado en los países comunistas que en los capitalistas), los derechos de los tibetanos y la libertad religiosa.

Su principal instrumento a la hora de combatir al régimen chino es Internet. De hecho, forma parte del medio centenar de ciberdisidentes presos en China, la mayor cárcel de internautas del mundo. Hu Jia fue detenido en diciembre de 2007 y condenado en abril de 2008 a tres meses y medio de cárcel por publicar en sitios webs extranjeros contenidos que son considerados por su Gobierno como revelación de asuntos de Estado (delito consistente en hablar, por ejemplo, de la represión en el Tibet o la gravedad del sida en su país).

Es una pena que en la mayor parte de las informaciones y perfiles del galardonado que se publican en todos los medios se olvide este detalle. Es positivo que se dé a conocer todas las áreas de actividad en las que se ocupa Hu Jia, pero olvidar cuál es su instrumento principal de trabajo y el precio que muchos otros han pagado por utilizar esa misma vía es un error. No tiene más mérito un disidente que utiliza Internet que otro, en absoluto. Pero el hecho de que se encarcele a tantos que la usan demuestra que es una poderosa arma contra las tiranías. Todas las dictaduras temen la red. Por eso algunas, como la China, la tienen bajo constante vigilancia y encarcelan a quienes se atreven a expresarse on line y otras, como la cubana, directamente la prohíben para la mayor parte de la población.

Defender a quienes sufren la represión por usar Internet es defender la causa de la libertad en general. Cuando un Gobierno dictatorial rebaja el control de la red, disminuye su capacidad para defenderse de los movimientos democratizadores y pro derechos humanos. Las páginas web, el correo electrónico, la mensajería instantánea y todas las demás herramientas disponibles para la comunicación on line otorgan al más modesto disidente la oportunidad de llegar a una cantidad de personas, en su país y en el extranjero, que de otra manera sería impensable. El activismo contra las tiranías se convierte así en más efectivo de lo que nunca había sido antes. Hu Jia lo ha demostrado y paga el precio por haberlo hecho.

Deme su pensión que yo se la guardo

Las actuales "dificultades pasajeras de la economía", encima, añaden un elemento adicional de presión para el Gobierno, especialmente teniendo en cuenta que el próximo año hay elecciones y, obviamente, ni Néstor ni Cristina van a renunciar a gastar dinero a espuertas para comprar los votos necesarios que les mantengan el poder.

Así pues, en una tormenta de ideas llevada a cabo en la Casa Rosada, con participación de los más sesudos colaboradores del gang, surgió de pronto la solución para salvar las finanzas del sector más importante del país, que como es sabido no es la industria, la ganadería o el petróleo, sino la corporación Kirchner & Kirchner. Se trata, como ya saben, de robar a los pensionistas sus ahorros. La propuesta es de una lógica tan primaria que resulta sorprendente que no haya sido puesta en práctica antes por otros Gobiernos "progresistas" en los actuales tiempos de crisis.

En honor a la verdad, hay que explicar que los asesores aconsejaron a los Kirchner solamente pedir prestado el dinero de los fondos privados de pensiones para atender necesidades a corto y medio plazo, con el compromiso de devolverlo con intereses en un plazo razonable. Pero aquí surgió de nuevo el talento innato que ha hecho del famoso matrimonio un referente insoslayable para los gobernantes progresistas de medio mundo. Cristina y Néstor se miraron y, como en una experiencia telepática, pensaron al unísono "¿Para qué pedir prestado algo que puedes robar directamente?". Se trata sólo de sustituir ese último verbo, de connotaciones dudosas, por el de "nacionalizar", que queda mucho mejor y además es algo que está muy de moda entre los Gobiernos de izquierdas, comenzando por el de Bush.

La medida tiene además un componente moral que entronca con la fascinación redistributiva de todo político de izquierdas. No es justo que la gente tenga ahorros privados con destino a su jubilación, mientras Cristina se queda sin pasta para financiar a los piqueteros y pagar sus operaciones de estética. Si Bonnie y Clyde hubieran tenido el diez por ciento de la pericia financiera de los Kirchner, en lugar de ir atracando bancos a punta de pistola, huyendo constantemente de la policía, se habrían presentado a las elecciones en Argentina.

Zapatero haría bien olvidando la decepción de no ser invitado a la reunión del G-20 ni para servir los cafés y pasar a la acción creando una cumbre alternativa. Los Kirchner y él. El G-2.0.

Argentina: espejo del mundo

Todo el mundo sabe que la única explicación es que Kirchner usará el dinero de los partícipes de los planes de pensiones para pagar las deudas del Estado; algo que aviva un nuevo default y malestar económico para el ciudadano otra vez.

A este respecto, Joaquín Morales Solá, hace una reflexión interesante en La Nación. Básicamente, se plantea que el Gobierno argentino tenía dos opciones: reducir su abultado gasto o robar al ciudadano. Evidentemente, la segunda opción siempre es la preferida de cualquier Gobierno.

Por el momento, podemos ver la acción del Gobierno argentino como una anécdota grotesca de un país que no es el nuestro, pero muchos países van a tener que elegir en un futuro entre la disyuntiva que comenta Morales, ¿reducir gasto o aumentar el saqueo? De hecho, se lo están planteando continuamente.

Miremos dentro de nuestro país. Alberto Ruiz-Gallardón ha decidido en plena crisis que los madrileños han de pagar un 20% más de impuestos municipales para el 2009. El alcalde, junto a más de 100 altos cargos, se ha elevado el sueldo casi un 12%. Si nos vamos a la costa mediterránea, vemos como el Ayuntamiento de Barcelona, sin darse cuenta de la crisis tampoco, ha elevado el gasto para el 2009 en casi un 9%. Como si fuera poco, un teniente alcalde barcelonés ha añadido "que no es un presupuesto expansivo". Lo de Madrid y Barcelona no es una anécdota. Los municipios en general se están lanzando al saqueo indiscriminado del ciudadano para seguir recaudando ante la crisis. Más multas, más impuestos, más nuevas sanciones de todo tipo (750€ por tirar un chicle en la calle, 3.000€ por orinar en la calle, 900€ por tender la ropa…).

Si nos lo miramos desde más lejos, a nivel nacional, Zapatero tampoco sabe que hay crisis. Sigue aumentando los gastos y plantea unos Presupuestos Generales del Estado totalmente irreales para 2009. Traducción: más deuda del Estado, más déficit y más impuestos.

Si nos fijamos en la evolución de todos los Gobiernos occidentales en los últimos cien años, es indiscutible que todos tienden a aumentar la presión fiscal sobre el ciudadano y empresas para obtener más dinero. En un futuro inmediato, antes del 2020, el gasto del Gobierno se va a disparar sólo en pensiones y dependencia. Lo alarmante no es que el Gobierno va a llegar a esos compromisos sin dinero, sino la actitud irresponsable de ofrecer siempre más dinero a cambio de un voto.

A medida que se empiece a acercar ese momento, ¿qué cree que harán los Zapatero y Gallardón de turno? ¿Reducirse el sueldo? ¿Recortar gasto social? ¿Bajar impuestos a particulares y empresas? La historia nos enseña lo contrario. Tomarán la opción de Argentina: saqueo masivo a todo el mundo. Algo así sólo provocará fugas de capitales, cierre de proyectos empresariales ante la falta de seguridad jurídica, más desempleo, más inestabilidad, etc. De hecho ya está ocurriendo desde hace años, no es nada nuevo, pero el proceso podría acelerarse considerablemente.

Henry Thoreau decía que vivir en libertad tiene sus costes porque te has de esconder de la opresión del Gobierno continuamente. La disyuntiva está en cuán elevado es el coste. Los políticos nos están lanzando un mensaje claro. Somos sus huchas y cualquier cosa que nos hayamos ganado produciendo o tengamos ahorrado en diferentes activos es susceptible de sernos arrebatado tal y como ha ocurrido en Argentina. La única forma para que no nos roben más es ocultándolo de su extorsión fiscal y legislativa. El dinero donde mejor está es en nuestras manos, no en las del Gobierno que sólo sabe quemarlo en su propio beneficio. Evitar que nuestro dinero caiga en el bolsillo del Estado es garantizar nuestro bienestar futuro, de lo contrario, nunca más lo volveremos a ver.

¿Para cuándo roaming entre CCAA?

Resulta que, como parte del pacto para aprobar los presupuestos de la nación, PNV y PSOE han acordado que el Gobierno vasco podrá otorgar una licencia de telefonía móvil en su territorio. Hasta ahora, estas licencias se otorgaban a nivel nacional, puesto que el espectro radioeléctrico (el trocito de aire por el que se transmiten las ondas de radio, TV y telefonía móvil, entre otras) se consideraba un bien de dominio público cuya titularidad correspondía al Gobierno central.

Por tanto, si prospera este acuerdo, parece que una parte del espectro pasará a ser de titularidad autonómica. Una vez abierta esta espita, aunque sea sobre una banda, es cuestión de tiempo (y de presupuestos en minoría) que las Autonomías pasen a gestionar la totalidad del mismo. No cabe demasiado optimismo a la vista de la sed competencial que han mostrado históricamente y de la jurisprudencia del Tribunal Constitucional.

La primera consecuencia evidente es que se complicará la posibilidad de prestar este tipo de servicios a nivel nacional, lo que conllevará pérdidas de economía de escala y supondrá mayores precios para los usuarios. De hecho, algo similar ocurre con las radios, dado que las concesiones de las mismas se hacen a nivel autonómico, por lo que para conseguir cobertura nacional deben acudir a acuerdos con otras emisoras o directamente renunciar a prestar servicio en determinadas áreas.

Pero lo más divertido del futuro que nos aguarda es compararlo con la situación actual en la Unión Europea. Como las licencias de móvil son nacionales, nuestro operador no puede prestarnos servicios directamente en otro país, por lo que debe llegar a acuerdos de roaming con operadores locales. Esto da como resultado esos precios "escandalosos" (para algunos) por llamar fuera de nuestro país con el móvil y que han proporcionado una exculpa estupenda para quedar bien a la Comisión Europea (con su regulación).

Más aún, este organismo está tratando de buscar bandas de frecuencias que se puedan conceder a nivel europeo para facilitar la prestación de servicios comunes en todos los países de la Unión.

En esas estamos, cuando España va y toma el camino contrario: concesión de espectro a nivel subnacional, lo que dará lugar a operadores regionales y nos podría llevar, en menos tiempo del que parece, a la situación europea que la Comisión trata de resolver con las medidas antes apuntadas. Esto es, a tener que pagar por el roaming cuando pasemos de Castellón a Tarragona o de Huesca a Álava.

Pero no nos preocupemos demasiado, que seguro que montan estupendos comités para coordinarse y coger dietas, y que regulan los precios para que no nos claven demasiado con el roaming inter-autonomía. Eso sí, tras echarle la culpa del tema al malvado operador capitalista que lo único que quiere es explotar al consumidor.

Todos contra el iPhone

Creó así un nicho completamente nuevo y totalmente propio: era un teléfono con un aire elitista, un interfaz de usuario mucho más consistente y amigable que los habituales Symbian y Windows Mobile y con innovaciones en la pantalla multitáctil que inmediatamente provocaban la envidia entre los amigos del orgulloso propietario del móvil de Apple. Y todos sabemos que la envidia y la compra de gadgets de última generación van muy de la mano.

Los rivales que podían plantarle más cara en este nuevo segmento eran dos: Nokia, por el simple detalle de que vende el 70% de todos los teléfonos móviles del mundo, y RIM, que es el principal jugador dentro del mercado de los smartphones y cuyas BlackBerry son sin duda los teléfonos preferidos de aquellos que más jugo sacan a su móvil (y, por tanto, más dinero aportan a las operadoras). Ambos han tardado en reaccionar más de un año, lo que deja bien claro que sin la entrada de este nuevo competidor seguramente nunca habrían creado teléfonos tan jugosos como parecen ser la BlackBerry Storm y el Nokia 5800 XpressMusic.

De los dos, quizá sea el aparato de RIM el más interesante, porque es el único que realmente aporta algo nuevo: una pantalla táctil que se hunde un poco al presionar y hace click, solucionando así la principal carencia de este tipo de móviles, como es la falta de respuesta física al pulsar sobre ellos, que se echa mucho de menos al utilizar estos aparatos.

Menos interesante resulta, a corto plazo, el esperado "Google Phone". El monstruo que ha fabricado HTC para T-Mobile no se ha granjeado muchas simpatías, pero es de suponer que siendo Android un sistema operativo para móviles abierto y de uso gratuito, las compañías experimentarán con él y sacarán sus propios teléfonos Google, como ya se ha sabido que hará Motorola. El gigante de las búsquedas ha hecho una apuesta a más largo plazo que RIM o Nokia, pues su objetivo es estar presente en un número cada vez mayor de terminales de diversas marcas y acabar desbancando a Windows Mobile, el sistema de referencia para los móviles de gama más alta. Sin embargo, mientras apunta sus armas contra Microsoft, la versión reducida del Mac OS X que usa el iPhone podría ser una baja colateral. En poco tiempo, hacer teléfonos con las aplicaciones y el atractivo del aparato de Apple resultará mucho más barato que ahora, porque no habrá que pagar el software, sólo adaptarlo.

En resumidas cuentas, los usuarios que quieran un teléfono siguiendo la moda iniciada por el iPhone no sólo disponen ya de alternativas, sino que tendrán muchas más según pase el tiempo. Apple deberá reaccionar, porque ha perdido la exclusividad en el nicho de mercado que la propia compañía de la manzana se inventó. Está por ver si ese aura de marca exclusiva y chic le permitirá mantenerse por encima de sus nuevos competidores, como logró con el iPod, pero la única forma de asegurarse que continúa marcando la línea a seguir en la telefonía móvil será mejorando continuamente su producto estrella. Es lo que tiene ese capitalismo que todos condenan en los parlamentos.

En cualquier caso, todos estos competidores que le han salido a Steve Jobs han llegado un poco tarde para mí. Ya tengo mi iPhone.

¡Es el intervencionismo, estúpido!

Sólo un ignorante pude culpar al liberalismo de los males económicos y financieros que hoy padecemos. Ni la avaricia, ni la especulación, y mucho menos la supuesta desregulación financiera, son responsables del actual supercrash. Para aquellos que realmente deseen entender la causa y origen de nuestros males presentes y futuros deben centrar su atención en dos aspectos clave cuyo desarrollo han terminado por suprimir todo atisbo de auténtico liberalismo en las finanzas mundiales.

Por un lado, el monopolio que, desde hace décadas, poseen los bancos centrales para crear dinero de la nada (es decir, emitir billetes sin la necesidad de contar con un respaldo real como el patrón oro). En este sentido, existe un vídeo explicativo, elaborado por el Ludwig von Mises Institute, que resume y explica a la perfección las graves carencias de las que adolece el sistema monetario contemporáneo.

En diversos periodos de la historia de EEUU, la Reserva Federal (Fed) ha contado con poderes excepcionales para expandir el crédito mediante diversos mecanismos, tales como la reserva fraccionaria, la adquisición de deuda pública al Gobierno norteamericano o el mantenimiento de una laxa política monetaria basada en tipos de interés excesivamente bajos.

La historia demuestra que la manipulación monetaria de los bancos centrales ha sido empleada por el poder político para la consecución de sus propios fines, como por ejemplo en la financiación de campañas bélicas o la aprobación de amplios programas de gasto público. Ésta, y no otra, es la raíz de los ciclos económicos. Y es que, tras un largo período de crecimiento basado en la concesión de crédito fácil sin contar con el respaldo de ahorro previo, surge la corrección, el necesario ajuste que, de una u otra forma, termina por imponer el mercado.

De este modo, el Gobierno y su brazo financiero (banca central) son los auténticos culpables de la recesión e, incluso, de la depresión que siempre acontece tras el pinchazo de una burbuja irreal, generada gracias al intervencionismo económico. Tal y como explica el profesor Murray N. Rothbard, la "Reserva Federal controla el sistema monetario de la nación, sin embargo no tiene que rendir cuentas a nadie".

La manipulación arbitraria llevada a cabo en este ámbito provoca una constante depreciación del dinero y del ahorro de los ciudadanos o, lo que es lo mismo, genera inflación y erosiona el poder adquisitivo. Thomas Jefferson adoptó el dólar como moneda oficial de EEUU en 1792, pero ésta contaba entonces con el respaldo del oro. Ya por entonces, los Padres Fundadores advertían de los grandes riesgos del papel moneda.

Y es que, el valor de los billetes respaldados (canjeables) por oro no puede ser manipulado para incrementar el gasto público del Gobierno. No por casualidad el presidente Abraham Lincoln se desvió de esta norma en 1862 y ordenó imprimir papel moneda inconvertible (Greenbacks) para financiar su campaña contra el Sur durante la Guerra Civil de EEUU.

La restauración del patrón oro en 1879 permitió la mayor etapa de crecimiento y prosperidad económica que haya vivido la mayor potencia mundial. Sin embargo, en 1913, bajo la presidencia de Wilson, nace el Sistema de la Reserva Federal. La burbuja que aconteció durante los Felices 20 fue impulsada, en gran medida, por la antigua Fed. El crack del 29 era sólo cuestión de tiempo.

Pese a ello, la banca central logró imponer desde entonces sus reglas con el apoyo de los Gobiernos para operar sin restricciones en su política monetaria. La eliminación de Bretton Woods en 1971, debido a la suspensión de pagos implícita que sufrió entonces EEUU, ha disparado la inflación casi un 300% desde entonces.

El segundo eje que permite comprender correctamente la actual debacle subyace en la estrategia de endeudarse a corto plazo e invertir a largo desarrollada hasta el extremo por la banca comercial, tal y como expone el profesor Antal Fekete. Por desgracia, ambos puntos son ignorados por la gran mayoría de analistas, economistas y, por supuesto, autoridades gubernamentales. Como resultado, estamos condenados nuevamente a repetir los errores del pasado y, por ello, a sufrir igualmente sus consecuencias. Así pues, recuerden a quién culpar cuando las dificultades económicas llamen a su puerta… ¡Es el intervencionismo!

¿Mucha avaricia y muy poca información?

Como casi todas las explicaciones, esta hipótesis izquierdista tiene un ápice de verdad que no conviene descartar por completo. Es cierto que muchos inversores, especialmente los bancos, fueron devorados por unas ansias de beneficios tan grandes que les llevaron a acometer operaciones fraudulentas: tomar los fondos a corto plazo de sus depositantes e invertirlos a largo plazo. Esta práctica no contaba con la aceptación de los depositantes, ya que creían que el banco estaba utilizando su dinero de manera prudente y que, por tanto, podrían recuperarlo sin ninguna dificultad; dicho de otro modo, también existió un problema de información por parte de los depositantes y demás acreedores a corto.

Sin embargo, tampoco conviene centrarse exclusivamente en la avaricia de los banqueros y la cándida ignorancia de los depositantes. En cierto modo, los banqueros también fueron ignorantes, al creer que siempre podrían refinanciar sus deudas a corto plazo en el mercado interbancario (debido a que desconocían la teoría austriaca del ciclo económico), y los depositantes, codiciosos, al aprovecharse de las fraudulentas operaciones bancarias para, en muchos casos, hipotecarse con unos tipos de interés reducido.

Un sistema financiero más sólido, por consiguiente, requiere de una nueva regulación que limite el arbitraje de los tipos de interés y de la difusión de las teorías de la escuela austriaca, lo que mejoraría la cultura económica de los operadores de mercado. De esta manera, los proyectos de inversión se sufragarían con cargo al ahorro real y no haciendo uso de los puntuales saldos de tesorería.

Sin embargo, este escenario horroriza a las gentes de izquierda e incluso a algún autodenominado liberal, que observan cómo el chiringuito financiero que se han montado lentamente durante todo el siglo XX se les puede venir abajo. Recordemos: en 1920 la Fed empieza a manipular los tipos de interés con las primeras operaciones de mercado abierto (algo que no tenía permitido por su ley constitutiva de 1913); durante la década de los 30 la mayoría de bancos centrales abandonan el patrón oro (lo que les permitió una mayor autonomía para manipular los tipos de interés) y el Gobierno alcanzó un tamaño hasta entonces desconocido (en buena medida, gracias a la adquisición de deuda pública por parte del sistema bancario intervenido); y en 1973 se rompe Bretton Woods, la última conexión oficial entre el dinero y el oro, lo que terminó por facilitar la expansión crediticia del sistema bancario y del endeudamiento estatal (fíjense en la evolución exponencial de ambas magnitudes desde mediados de los 70).

Los antiliberales (de izquierdas y derechas) quieren conservar todo este esquema fraudulento para seguir apropiándose del dinero de los ahorradores: tanto el Gobierno como la banca salen beneficiados. Es decir, se ha impuesto un consenso entre izquierdas y derechas para conservar la configuración básica de este sistema financiero. Y dado que este núcleo resulta intocable para unos y otros, deben recurrir a chivos expiatorios, como la codicia y la falta de transparencia, sobre los que verter su furia legisladora.

Se nos dice que esta crisis no se repetirá si se controlan los riesgos que pueden asumir los inversores (especialmente los bancos), y si se informa a los ahorradores sobre el nivel riesgo de los distintos productos financieros.

En abstracto, todo esto suena muy bien. Los problemas comienzan a surgir cuando bajamos un poco a la realidad. El riesgo es un concepto totalmente subjetivo: lo que para unos puede ser un proyecto muy arriesgado (como crear un buscador de internet en 1998), para otros puede ser un negocio claramente rentable y seguro. Del mismo modo, lo que para unos puede ser una inversión muy segura (como adquirir una vivienda en España en 2005 o meter dinero a plazo fijo en 2006), para otros puede tratarse, sin ningún género de dudas, de un brutal error de análisis sobre las condiciones de mercado.

Por consiguiente, restringir el riesgo que pueden asumir los inversores es muy delicado. ¿Se imaginan que en 1998 el Estado hubiera impedido a Sergey Brin y a Larry Page que crearan Google (o que alguien les prestara dinero para crearlo) aduciendo que se trataba de un proyecto excesivamente arriesgado? A menos que el supervisor público se convierta en un comité de planificación central, se me antoja complicado que pueda desempeñar esta tarea.

Y, en cualquier caso, me parece que será imposible que tenga éxito en sus estimaciones de riesgo: a partir de 2004, por ejemplo, los distintos Estados han ido incorporando en sus ordenamientos el Tratado de Basilea II, por el que se regula el sector bancario. Este tratado consideraba –y se trata sólo de uno de sus errores– las hipotecas residenciales uno de los activos menos arriesgados para los bancos. ¡En plena burbuja hipotecaria mundial, los Gobiernos sancionaban que las hipotecas no eran una inversión arriesgada!

Por otro lado, y por los mismos motivos, pretender informar a los ahorradores sobre el riesgo exacto que están asumiendo no deja de ser un objetivo irrealizable. Exactamente, ¿quién medirá y cuantificará ese riesgo? ¿Los bancos que están quebrando gracias a sus exitosas inversiones? ¿Las agencias de rating que en 2005 y 2006 dijeron que la mayoría de los activos que están siendo impagados eran de máxima seguridad? ¿Los bancos centrales, que no sólo crearon la burbuja actual, sino que esperaban que nunca tuviera fin? ¿Los Gobiernos, que se sumaron al carro de una falsa prosperidad y declaraban unidos, en 2007, que no había crisis seria alguna en el horizonte? ¿Acaso no es evidente que si los ahorradores hubieran seguido –más de lo que lo hicieron– las indicaciones de todos estos organismos, el batacazo actual sería aun mayor?

La codicia y la ignorancia parcial de los seres humanos no pueden eliminarse, ya que son parte de su naturaleza. Lo que sí puede y debe hacerse es corregir las regulaciones que conviertan esa codicia y esa ignorancia en los engranajes centrales del sistema financiero. Dicho de otra manera, no podemos evitar que los seres humanos vayan a equivocarse, pero sí podemos dejar de empujarles e incentivarles a que se equivoquen de manera recurrente y generalizada (lo que constituye el típico ciclo económico). Para ello sobran las regulaciones inútiles que pretendan fiscalizar y cuantificar los riesgos concretos, individuales y personales, y se necesitan otras que proscriban estrategias financieras insostenibles y fraudulentas, a saber, endeudarse a corto e invertir a largo.

Las cinco Rumasas de Zapatero

Los socialistas, a base de hacer del reparto el centro de su discurso, lo han convertido, en un ejercicio sublime de coherencia política, en el núcleo de su política. Eso sí, un reparto de los pobres a los ricos (y a ellos), del ciudadano de a pie al conectado políticamente (y a ellos) y de todos a las regiones y grupos que les apoyan políticamente. Y a ellos, naturalmente.

Rumasa, se dijo entonces, vivía una situación al borde de la quiebra, con relaciones incestuosas entre bancos y grupos empresariales. Lo más que hubiese sucedido es que sus bancos quebrarían y se tendrían que cerrar varias de sus empresas, con lo que una parte de los más de 60.000 puestos de trabajo que antes había creado Rumasa se destruirían. Y todo lo que hubiese ocurrido de haberle abandonado a su suerte es que los activos de las empresas en quiebra serían absorbidos por otras mejor gestionadas. Y parte del empleo que se destruyese se incorporaría de nuevo a empresas económicamente más sanas y con más futuro. Fue lo que acabó sucediendo, pero con el socialismo, es decir, la corrupción, de por medio. Gustavo Cisneros, el amigo de González, compró Galerías Preciados por 200 millones de pesetas y la revendió a los tres meses por 30.000 millones.

Toda la operación costó a los contribuyentes un billón de pesetas. ¿Cuánto es eso? 6.000 millones de euros. El Gobierno Zapatero ha recurrido, como González con Rumasa, a la fórmula del Decreto Ley para poner en marcha un plan de 30.000 a 50.000 millones de euros (de cinco a ocho veces el coste de Rumasa) para sacar a los bancos de una situación complicada que se han buscado ellos. Cinco Rumasas en una operación que no pasa por el robo y el reparto, que eso lo entiende todo el mundo, sino entre otras cosas por la compra de activos bancarios a precios que sólo los expertos sabrían valorar. ¿Qué banquero español venderá al Gobierno un activo por un precio que sea el de mercado o menos? ¿Qué banquero no le colocará al Estado un activo degradado a precios de oro, si le dejan?

Como ha señalado el Instituto Juan de Mariana, "al fin y al cabo, el Gobierno y la Dirección General del Tesoro deberán decidir qué empresas deberán reflotarse y qué compañías tendrán que quebrar. Esto constituye el caldo de cultivo perfecto para el amiguismo, la corrupción y la redistribución masiva de la renta". Sólo que estamos hablando de unos volúmenes de renta y riqueza desconocidos. Son de tal medida, que el PP sólo puede tomar dos posturas: jugársela a enfrentarse al poder y estar permanentemente vigilante, o participar del reparto. Mariano Rajoy, en su último encuentro con Zapatero, seguro que se mantuvo firme en la primera opción.