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Obama en un videojuego

Se trata de una manera brillante de llegar a una cantidad muy alta de potenciales electores, puesto que son muchos los hombres de entre 18 y 35 años que pasan más tiempo jugando que frente al televisor o leyendo el periódico.

La utilización de las llamadas nuevas tecnologías como instrumento de campaña electoral ya es común en casi todo el mundo, pero en Estados Unidos está más desarrollada y demuestra mayor frescura que en otros países. Eso es especialmente evidente si se compara, por ejemplo, con España. En nuestro país todavía es muy cutre.

La utilización de las nuevas tecnologías se limita al envío de mensajes a móviles, páginas web de partidos políticos que no destacan por su calidad, redes de blog (como La blogosfera progresista del PSOE o I Love IU) caracterizadas por la disciplina de partido, las bitácoras de algunos destacados miembros de cada formación política (que en más de un caso ni tan siquiera escriben ellos), videos con tan mala calidad como mal gusto (especialidad de Juventudes Socialistas) y canales en YouTube como el del PP. En un alarde de supuesta originalidad, eso sí, todos entraron en SecondLife, e incluso Llamazares dio en ese mundo virtual un mitin tan raquítico como sobredimensionado mediáticamente.

Se echa de menos la frescura y la originalidad. Todo discurre por los esquemas que dominan la política tradicional española: falta de innovación, estructuras piramidales y disciplina de partido. Es la formación política la que dice lo que se debe hacer, sin dejar lugar alguno a la iniciativa de simpatizantes y afiliados. Por si fuera poco, dado que los partidos están dirigidos por personas formadas en la política tradicional, se siguen esquemas más propios de la era pre-Internet y no se aprovechan las posibilidades que ofrecen la red y tecnologías cercanas.

No sólo es difícil imaginar que Rajoy o Zapatero incluyan un anuncio en un videojuego, también resulta casi inconcebible que los partidos toleraran sin desmarcarse de sus promotores iniciativas como los exitosos vídeos sexys protagonizados por la Obama Girl y otras seguidoras de políticos norteamericanos. En el caso de que algo parecido surgiera en España en próximos comicios, sería sin duda dirigido desde Génova, Ferraz o la sede de cualquier otro partido. Eso significaría más consigna, falta de originalidad y poca frescura. Algo, esto último, de lo que está muy necesitada la política española.

¿Llamará a declarar a Su Majestad?

Será interesante comprobar el celo real del juez de la audiencia cuando ordene abrir algunas fosas comunes en Cataluña (hay varias asociaciones catalanas personadas en la causa) y descubra que los asesinos de los anarquistas y republicanos allí enterrados no son las tropas franquistas sino los aguerridos escuadrones de la muerte del bando frentepopulista, cuyos sucesores ideológicos aparecen precisamente como denunciantes. ¿Abrirá una causa separada para encausarles o se trata sólo de ajustar cuentas con Franco más de treinta años después de su muerte? Porque si bien as organizaciones de izquierda mataron a mansalva a católicos, curas y burgueses, entre ellas se asesinaron incluso con mayor saña, especialmente en la Barcelona de Mayo de 1937. Hay abundante bibliografía, obra no precisamente de franquistas, que relata pormenorizadamente todo lo que ocurrió en ese periodo sin que se sepa dónde están enterradas muchas de las víctimas. Es una pena que Garzón no haya incluido en su auto, como documento probatorio, algún libro de anarquistas y trostkistas, que los hay, en los que se relata con todo lujo de detalles cómo fueron reprimidos, encarcelados y asesinados sus compañeros por tropas de la Generalidad y del NKVD al alimón. En su lugar, el juez cita al periodista Jay Allen, grotesco farsante, totalmente desacreditado después de mentir groseramente respecto a los sucesos de la toma de Badajoz por las tropas franquistas, que relataba en primera persona a pesar de que escribía sus crónicas desde Portugal.

Por otra parte, el actual Jefe del Estado, sucesor de Franco a título de Rey, llegó a España dentro del periodo de tiempo objeto del escrutinio garzonita. ¿Se cuestionará también la legitimidad de su nombramiento, realizado ex novo por Franco, un criminal, tras haber sido despojado Alfonso XIII de sus derechos dinásticos por decreto de la II República? El mismo Rey de España, en su discurso de proclamación como jefe del Estado dijo de Franco:

Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para mí, una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la patria.

Si Franco, como afirma Garzón, cometió crímenes contra la humanidad, el párrafo podría interpretarse como una justificación de esos graves delitos e incluso como apología del genocidio, por lo que sería necesario incoar el preceptivo expediente a despecho de lo que diga la Constitución sobre la figura del soberano. Ahí te queremos ver Garzón. Salud y República.

El Bretton Woods del siglo XXI

El papel moneda siempre tiende a su valor intrínseco: cero
Voltaire(1694-1778)

La escuela austriaca de la economía siempre ha sido inflexible en sus posicionamientos y postulados teóricos. A diferencia de la gran mayoría de escuelas económicas, no se ha dejado llevar por las modas ni por el socialismo. En el plano del dinero, los austriacos siempre hemos defendido que los ciclos se producen por constantes oleadas crecientes de liquidez que emiten los bancos centrales por medio de políticas monetarias expansivas, ajustando los tipos de interés por debajo de su tasa natural. Todo ello crea una falsa sensación de ahorro que da lugar a aumento de las inversiones.

Este proceso no se respalda en producción real, sino en inflación que lleva a un colapso del sistema. La razón impulsora del proceso radica en un fraude: creación de dinero de la nada. Expresado de otra forma, los crecimientos económicos que acaban desembocando en burbujas no se deben a un ahorro o capital de dinero físico y real acumulado, sino a la promesa que ese capital existe. El problema es que los bancos no lo tienen, ya que han sido generados de la nada por el consentimiento de los bancos centrales.

Este sistema consigue engañar los mecanismos de mercado haciendo crecer las economías muy por encima de sus posibilidades reales. El mecanismo desatado provoca inexorablemente inflaciones crediticias que se expanden por toda la economía de forma desigual, encareciendo el precio de los sectores–burbuja como si ese ahorro ficticio existiese. La debacle ocurre cuando la demanda dice “basta” debido al fuerte aumento de los precios y posteriormente se contrae. Es lo que ahora llamamos crisis de liquidez. Ese es el momento en el que la burbuja pincha.

Casi cien años después que Ludwig von Mises plasmase esta teoría, (que le permitió predecir junto con Friedrich von Hayek la debacle de 1929), ahora algunas cabezas pensantes parecen haberse dado cuenta del daño que puede llegar a hacer el sistema actual de reserva fraccionaria gubernamental basado en falsas promesas.

Desde la política, Gordon Brown, primer ministro británico, ha hecho una llamada para crear el Bretton Woods del siglo XXI. Difícilmente los poderosos decidirán volver a un sistema parcial de patrón oro como ocurrió en el Bretton Woods original o aboguen por quitarse poderes. Lo interesante es que la idea de un sistema de patrón oro, real o alternativo, se está planteando como idea más allá de la escuela austriaca. El  llamamiento más destacado ha ocurrido esta semana de la mano de Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo. Lea atentamente la nota que publicó Juan Ramón Rallo en su blog. Trichet habla de una vuelta a la disciplina monetaria de Bretton Woods (moneda convertible a oro). No es que fuese el mejor sistema precisamente, pero es un cambio de visión importante.

También, algunos analistas hablan de un decoupling progresivo del dólar a nivel internacional creando una cesta alternativa basada en materias primas de difícil convertibilidad (petróleo, uranio, etc.). No es una buena solución final ni mucho menos, pero dotaría al sistema en primera instancia de transparencia limitando los crecimientos crediticios. En definitiva, esta crisis nos ha de enseñar algunas cosas:

  1. El sistema de reserva fraccionaria gubernamental no inspira confianza y está basado en el fraude.
  2. Es un sistema que tiende totalmente a la opacidad, no es nada transparente.
  3. La fuente del crecimiento no puede ser el crédito fiduciario, sino el ahorro.
  4. La moneda ha de tener un respaldo más tangible que la promesa de una oligarquía política. El dinero ha de sustentarse en activos reales y convertibles.
  5. El dinero no es diferente a cualquier otro producto del mercado. Los monopolios por ley perjudican a una mayoría para satisfacer a una minoría. En algún punto se ha de permitir la competencia real entre monedas en un mismo espacio geográfico.
  6. Si el proteccionismo y la economía dirigida son nefastas para la comunidad, también lo es para el sector que usa como materia prima el dinero. Bancos centrales y organismos supranacionales compuestos por estados han de ser abolidos. Son parte del problema. Ellos han generado esta crisis con sus políticas de “estabilización de precios” y dinero barato.
  7. Es vital crear un sistema responsable. Los bancos centrales, como prestamistas de última instancia, y la continua intromisión de los Gobiernos diluyen toda responsabilidad hacia las empresas privadas. El sistema monetario ha de ser descentralizado y desnacionalizado. No tiene las mismas necesidades monetarias Alemania, que Grecia o España.

Curiosamente, mucha gente ya ha empezado a crear su particular patrón oro. En Alemania, Suiza, Austria y España, las reservas de oro se están agotando debido a la impresionante demanda que tienen. Como siempre, el hombre común es mil veces más sabio que toda la horda de burócratas que juegan cada día con nuestro dinero, bienestar y vidas.

El SIMO que ya no volverá

La crisis, la palabra de moda, se asociado inmediatamente como motivo principal de la cancelación de la feria y creo que es justo al revés, la actual crisis económica lo que ha puesto es la puntilla a la feria tecnológica más importante de España y que aspiraba a ser uno de los referentes de Europa.

SIMO vivió sus tiempos gloriosos en la década de los 90, cuando en nuestro país el ordenador personal era accesible para el usuario y para las pequeñas y medianas empresas. También la irrupción de Internet hizo que SIMO albergara a las primeras empresas relacionadas con Internet que nacían en nuestro país. Muchos recordamos los espectaculares stands que tenían empresas como Terra en la feria y como durante varios años había un pabellón entero dedicado al denominado e-Business. En esos años había razones para asistir a la feria, sobre todo por que se podían ver cosas que no podías ver en otro lugar, auténticas novedades tecnológicas que hacian que miles de personas visitaran la feria. Y se acudía a la feria en esos años aunque ya tuviera muchos inconvenientes, como que en los días dedicados a profesionales estuvieran desde jubilados hasta estudiantes o la saturación publicitaria a la que estaba expuesto el visitante, desde la misma salida de la estación de metro.

SIMO no ha sabido en un principio centrar sus focos de atención. Una feria que tiene desde pabellones dedicados a la repografía o a Internet hace que el visitante acabe perdido entre tanta oferta que no ha solicitado y, en lugar de ser una gran feria tecnológica, acabe naufragando entre el ocio digital y los profesionales de la industria tecnológica. Esa falta de foco ha hecho que muchos otros sectores hayan decidido apostar por ferias muchos más segmentadas y prácticas, en el caso de Internet encontramos eventos como Online Marketing España o Search Marketing Expo en Madrid, o en el caso de la telefonía móvil el Mobile World Congress de Barcelona. Lo segundo, es que SIMO no ha sabido ver la transformación que han vivido las ferias y congresos en todo el mundo. Internet ha hecho que tengamos acceso a todas las novedades que nos ofrece la industria tecnológica y las ferias se han reconvertido en espacios dedicados a profundizar en temáticas específicas y al networking.

Por lo tanto, que no nos vengan hablando de la crisis, por lo menos económica. Lo que existe desde hace varios años en la organización de SIMO es una crisis de ideas, que ha coincidido con que en este año muchas empresas, al ver lo poco que les aportaba la feria, hayan decidido retirar su inversión. Los organizadores se han puesto ya en manos de una consultora para hacer que la edición de 2009 cuente con una feria totalmente renovada, cuentan con mi apoyo y mi deseo de que SIMO sea por fin un referente en España y en Europa.

El inflacionismo, causa última de la crisis

La mayoría de prestaciones suele consistir en la entrega de un bien o servicio a cambio de una contraprestación monetaria. Sin embargo, las leyes actuales en España establecen que el euro se configura como moneda de curso legal,1 esto es, cualquier deuda podrá saldarse en euros, con independencia de lo pactado.

Por si esta limitación fuera poca, el Banco Central Europeo se constituye como la única autoridad (monopolio) que puede autorizar la emisión de euros2 sin necesidad de que, además, estén respaldados por activos líquidos como el oro o las letras de cambio.

Estas disposiciones no sólo violan la autonomía de la voluntad para configurar la contraprestación monetaria, sino que, al mismo tiempo, favorecen una política de incumplimiento generalizado de las obligaciones pactadas: el inflacionismo.

El inflacionismo consiste en una política deliberada y sistemática de envilecimiento de la moneda que permite al deudor entregar un dinero de calidad inferior al que se había comprometido.

Aunque tradicionalmente el inflacionismo se ha implementado de maneras muy diversas (devaluación del contenido metálico de las monedas, impresión de nuevos billetes, devaluación del tipo de cambio…), la táctica más habitual en los últimos 40 años ha consistido en empeorar la calidad de los activos de los bancos centrales.

Las divisas son, en última instancia, pasivos del banco central (el hecho de que sean inconvertibles no modifica su naturaleza, del mismo modo que una emisión de deuda privada en suspensión de pagos no elimina su status de deuda). Como todo pasivo, su valor depende de la perspectiva de pago por parte de su emisor, lo que a su vez viene determinado por la calidad y cantidad de sus activos.

A partir del año 2001, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo propiciaron un rapidísimo envilecimiento de sus emisiones monetarias al aceptar descontar los activos de la banca comercial a unos tipos de interés ridículamente bajos (2% y 1% respectivamente). Dicho de otra manera, los bancos privados podían convertir en dólares o euros actuales el valor de sus activos (por ejemplo, préstamos hipotecarios) que viene justificado por flujos de caja futuros que todavía no se habían generado.

La consecuencia fue un crecimiento exponencial del crédito privado en forma de burbuja inmobiliaria, que provocó que los pasivos de los bancos centrales estuvieran respaldados por activos con un valor artificialmente inflado por la burbuja. Precisamente cuando esos activos han comenzado a resultar impagados (por ejemplo, las hipotecas subprime), el valor de los nuevos pasivos que respaldaban se vino abajo (reciente depreciación del dólar).

En última instancia, por tanto, la crisis económica actual es una consecuencia de la manipulación crediticia que practican unos bancos centrales monopolísticos sobre sus emisiones monetarias de curso legal.

En un sistema libre de divisas competitivas, el respaldo en oro o cualquier otro activo tangible hubiese limitado mucho antes la brutal expansión crediticia que dio lugar a las malas inversiones colectivas que ahora estamos purgando mediante la crisis.

Este artículo fue publicado originalmente en ElCato.org el 15 de octubre de 2008

Referencias:

1. “Los billetes y monedas denominados en euros serán los únicos de curso legal en el territorio nacional.”, art. 3.2 de la Ley 46/1998, de 17 de diciembre, sobre introducción del euro.

2. “El BCE tendrá el derecho exclusivo de autorizar la emisión de billetes de banco en la Comunidad. El BCE y los bancos centrales nacionales podrán emitir billetes”, art. 106 del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea.

El rescate bancario lo pagará usted

Además, los Gobiernos se arrogan la potestad de comprar acciones de las entidades que así lo soliciten en caso de que requieran urgentemente capital para sanear sus deteriorados balances. Es decir, los contribuyentes asumirán las malas inversiones crediticias efectuadas por la banca al calor de la expansión crediticia desarrollada durante los últimos 15 años.

Pero vayamos por partes. ¿Culpables? Sí. Los bancos centrales, liderados por la Reserva Federal de EEUU (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE), manipularon arbitrariamente los tipos de interés, situando el precio del dinero a niveles bajísimos durante un largo período de tiempo. No obstante, la masa monetaria en forma de billetes y depósitos (M3) ha registrado incrementos medios superiores al 10% anual durante los últimos años, llegando a multiplicar el volumen total de dinero que circula en el sistema.

Dicha sobredosis de liquidez se ha materializado a través de la concesión de créditos a un interés muy bajo. Este proceso, conocido en la teoría austríaca del ciclo como expansión crediticia, ha incitado a todos los agentes económicos (promotores, bancos, familias y empresas en general) a caer en grandes errores de inversión. El dinero fácil ha generado un elevado endeudamiento sin la necesidad de contar con un ahorro previo y ha atenuado en gran medida la percepción del riesgo que conlleva la realización de toda inversión o proyecto empresarial.

La abundancia de dinero es lo que ha originado las distintas burbujas, inmobiliarias, bursátiles y crediticias, que ahora están explotando a nuestro alrededor. Y es que, tarde o temprano, el mercado impone su ley, tras demostrar que la elevada rentabilidad que ofrecían ciertos negocios tan sólo era posible bajo el paraguas de la laxa política monetaria aplicada por los reguladores financieros.

El error aquí radica en que, si bien los bancos centrales tienen como principal misión controlar los precios de los bienes y servicios de consumo, no se han percatado, o no se han querido percatar, de que la inflación, en este caso, se ha materializado en una espectacular subida de precios en determinados activos, como los inmuebles o los títulos hipotecarios respaldados por éstos.

Ahora, el castillo crediticio se derrumba y con él los sectores que más han crecido al abrigo de la citada política monetaria, tales como la vivienda, la automoción, la bolsa, los fondos de inversión y productos derivados y, por su puesto, la banca. Como consecuencia, asistimos al actual crack. Un brusco ajuste que, a su vez, se traducirá en una intensa recesión y, posiblemente, un prolongado estancamiento económico.

Por ello, es más necesario que nunca depurar las malas inversiones y reorientar el ahorro de los ciudadanos hacia sectores de la economía más rentables y productivos. Sin embargo, la caída crediticia está tambaleando los cimientos del sistema bancario. Ante la crisis de solvencia financiera, que no sólo de liquidez, los Gobiernos se han lanzado al rescate. Primero de las entidades en quiebra y ahora del sistema en su conjunto.

En esencia, los recientes planes de nacionalización y garantía pública del mercado interbancario están trasladando al bolsillo de los contribuyentes el elevado riesgo asumido por ciertos sectores de la economía. La Espada de Damocles está ahora sobre nuestras cabezas. Las medidas aplicadas por los bancos centrales para frenar la crisis no han servido de nada, puesto que la raíz del problema no era la liquidez, y ante su incapacidad los Gobiernos (usted y yo) han tomado el relevo.

Las garantías gubernamentales se harán cargo de la abultada factura, sustituyendo el papel que, hasta ahora, correspondía a las aseguradoras de crédito privadas. En este sentido, la crisis se ha cobrado ya la insolvencia de compañías de la talla de AIG, Ambac o MBIA. Aseguradoras que, en la actualidad, están en situación de quiebra técnica. La cuestión ahora será dilucidar qué Estados se salvarán de la bancarrota.

Islandia ha sido el primer país en caer. Su Gobierno ha nacionalizado la banca del país y acaba de decretar un corralito. De hecho, ha recibido la ayuda financiera de Rusia. Pese a ello, su bolsa se ha desplomado más de un 70 por ciento y su moneda se ha depreciado en extremo. Hungría ha solicitado un crédito urgente al Fondo Monetario Internacional (FMI) y las dudas se ciernen ahora sobre algunos países del Este de Europa (Rumanía) y América Latina (Argentina), entre otros.

Y es que la deuda estatal y las divisas nacionales también cotizan en los mercados y su calidad depende de la situación económica del país, del la salud y equilibrio de las cuentas públicas y, en definitiva, de la confianza de los inversores. Muy bien, ya tenemos plan de rescate bancario. Y yo me pregunto, llegados a este punto y gastada la última bala, ¿quién nos rescatará a nosotros?

Zopa y el intervencionismo en EEUU

No obstante, casi todos los que lo han intentado apuntaron al "aplanamiento" del que hablara Thomas Friedman: en la web 2.0 podemos hacer por nosotros mismos cosas que antes requerían de una serie de intermediarios que, además, salían bastante caros los jodíos. Piensen, por ejemplo, en Bubok o Lulu, donde cualquiera puede autopublicarse un libro sin necesidad de pasar por una editorial.

Una de las actividades que más sorprende que se lleven a cabo, al menos en otros países, gracias a esa web 2.0, es el llamado P2P lending, que consiste en poner en una web a quienes tienen dinero para prestar y a quienes quieren un crédito para que lleguen a un acuerdo sin necesidad de intermediarios. Un eBay de los préstamos, por así decir. De todas las compañías dedicadas a esto (hay una española, PartiZipa, pero está limitada a la financiación de nuevas empresas), destaca por su veteranía la británica Zopa.

En estos momentos en que la práctica de los bancos de prestar a largo plazo el dinero que sus clientes depositan a corto está provocado quiebras por todo el mundo y un gasto público brutal que estaremos pagando durante décadas para evitar la desaparición del actual sistema financiero, parece que tiene sentido que quienes puedan dar un préstamo a largo plazo y quienes lo necesitan lleguen a acuerdos entre ellos de forma directa.

Estos días, los corresponsales que nada saben de economía y los periodistas progres que están encantados de haberse conocido no hacen otra cosa que echarle la culpa al capitalismo de la crisis que actualmente padecemos. En los informativos de Antena 3 –que se supone que es la única cadena de televisión nacional que no es de izquierdas–, la presentadora y el corresponsal en Estados Unidos se frotaban las manos relatando como "el país del capitalismo" se hacía europeo y copiaba las medidas de Gordon Brown. Como tantos mitos acerca del gigante norteamericano, presumir que no impone regulaciones y que las empresas operan allí sin restricciones es ridículo. Son los estadounidenses quienes aprecian más el capitalismo que los europeos y se comportan de una forma más acorde con ese sistema, más emprendedora. Eso es lo que hace de Estados Unidos un país, si se quiere, más "capitalista" que las naciones europeas. Pero en esto no tienen mucho mérito sus políticos y gobernantes. No digamos ya Bush.

De hecho, Zopa acaba de cerrar sus puertas en Estados Unidos. La razón es que no operaba allí de la misma manera que en Japón, Italia y Reino Unido, los demás países donde está presente. Debido a las exigencias regulatorias, todo el negocio debía pasar a través de una entidad financiera establecida y aprobada por las autoridades y éstas no pasan por el mejor momento, como todo el mundo sabe, así que los clientes serán recolocados en las distintas cooperativas de crédito con las que tuvo que asociarse. Así que aquello que puede hacerse en toda la reguladísima Europa no puede llevarse a cabo en los liberales y salvajemente capitalistas Estados Unidos.

Es mejor no creerse los mitos sobre Estados Unidos. Ni lo que se refieren a la pobreza ni otros muchos. Tampoco estaría de más dejar de creerse que el sistema capitalista es el culpable de esta crisis. Porque el sistema financiero es, en todo el mundo, un oligopolio regulado por el Estado que trabaja con una materia prima, el dinero, que es un monopolio gestionado por los bancos centrales. Pero supongo que es mucho pedir a la casta de opinadores profesionales de este país.

Cumbre de payasos

Hemos llegado a la lamentable situación en la que nos encontramos por el deficiente y ultraintervencionista diseño institucional del mercado monetario y financiero. El monopolio de la política monetaria y crediticia en manos de los bancos centrales permitió una prolongada etapa de tipos de interés artificialmente bajos que alimentaron una espectacular burbuja inmobiliaria y una grave distorsión de la estructura productiva que ahora hay que corregir. Además, la gestión del crédito con fines políticos, como ocurrió con las hipotecas subprime en el caso de Fannie Mae o ha sucedido en España con los préstamos de las cajas de ahorro, ha añadido más leña a este virulento fuego que amenaza con consumir una buena parte de nuestro capital. Para colmo, la existencia de un prestamista de última instancia y unos pésimos líderes políticos que daban señales de que el crédito barato era algo deseable y que podía mantenerse indefinidamente incentivaron la toma de elevados riesgos por parte de numerosos gestores financieros. Cuando los primeros aventureros financieros se tambalearon, los dirigentes políticos del sistema bancario se encargaron de confirmar que allí estaría papá Estado para rescatarles con dinero ajeno. Y, claro, así pocos se preocuparon por reducir el riesgo y tratar de capitalizarse.

Quienes nos metieron en este lodazal y aseguraban hace apenas unos meses que no entraríamos en crisis ni recesión nos dicen ahora que no podemos dejar que sea el mercado el que reajuste porque hay pánico y desconfianza; un pánico y una desconfianza provocados por sus anteriores intervenciones. Así que sin que se les caiga la cara de vergüenza se presentan ante la ciudadanía como auténticos redentores con un plan de salvación para comprar activos de la banca que se financiará con una gigantesca emisión de deuda que succionará el poco ahorro que queda y dañará la credibilidad y el poder adquisitivo de nuestra moneda.

El plan podría haberse diseñado para solucionar exclusivamente las dificultades de las empresas para financiarse a corto plazo, pero no se ha querido hacer así. Por lo tanto se ha abierto la puerta a que el Estado se dedique a refinanciar a aquellas entidades de crédito viables pero con problemas para refinanciarse a largo plazo o, lo que sería enormemente grave, que directamente se dedique a la compra de activos de las entidades con problemas de solvencia, cuyos casos más sangrantes se encuentran entre las cajas de ahorro gobernadas por los partidos políticos, para recapitalizarlas. Cualquiera de las dos opciones constituye el perfecto caldo de cultivo para el amiguismo y la corrupción. En el primer caso, el organismo político tendría que disponer tanto del conocimiento como de los incentivos para no hacer daño y contribuir a la recuperación. En el segundo reina la arbitrariedad, se enfrenta con la decisión de los consumidores de liquidar las malas inversiones y está abocado al fracaso porque perpetuaría los errores del pasado.

Llegados a este punto nos queda exigir la publicación inmediata de todos los datos de las operaciones crediticias que se realicen y estar atentos para exigir las responsabilidades penales que puedan derivarse. Conviene además que vayamos pensando en una reforma del sistema financiero en la que desaparezcan el intervencionismo político y los privilegios al tiempo que introducimos el libre mercado.

¿Más leña al fuego?

Decir siempre lo mismo es propio de tontos y locos, pero en su caso, que nada tiene ni de lo uno ni de lo otro, es un sufrido ejercicio de responsabilidad política, al menos tal como Rajoy la entiende.

El diario El Mundo revela que la crisis comienza a hacer mella en el apoyo de los españoles al Gobierno. Parece ser que al menos una parte de quienes votaron a Zapatero se empiezan a plantear si aquello de la memoria histórica, o crear una España a retazos estatutarios, o celebrar sesiones de odio con Rajoy y el PP en el papel de Goldstein, a lo mejor no es tan importante. Al menos, teniendo en cuenta que los precios de la cesta de la compra suben más del 7 por ciento, que pagar una hipoteca es como jugar a ahorcado, que el número de parados crece de forma alarmante y que todo lo que propone el Gobierno es que va a coger el dinero de cada uno de nosotros para repartirlo entre los bancos (por cierto, los votantes ¿socialistas? tragando este sapo porque se lo dice el jefe; se ve que son gente disciplinada y de orden).

Y hay quien votó a Zapatero hace menos de un año, pero preguntado en una encuesta dice ahora que no lo haría. ¿Tenía razón Rajoy frente a quienes le hemos criticado? ¿Le llevará ese discurso monótono de la economía al Gobierno? No soy un experto, pero creo que la crisis durará más allá de 2010, en contra de lo que muchos dicen, y puede que suenen los últimos estertores de la crisis en plenas elecciones. Pero para el 12, acaso en plena recuperación, la crisis no tendrá la importancia de ahora. Y entonces la cuestión no será qué responden un puñado de españoles a un encuestador, sino por quién entregan su papeleta electoral.

La gente se puede permitir negarle el voto al PSOE en las elecciones europeas, porque las ve (no sin razones) como unas elecciones sin coste, es decir, sin relevancia. Pero lo mismo puede hacer con el PP, y un resultado notable de UPyD puede dar la impresión de que hay una alternativa a la alternativa. Y Rosa Díez no le teme al debate ideológico, quizás porque no tiene miedo de que le acusen de ser la "derechona". Muchos votantes del PP, y no pocos del PSOE, la van a preferir a ella.

La derecha descreída y garbancil no tiene futuro. No heredará el poder ni de forma tutelada, que es lo más a que podría aspirar el actual PP. Por ese motivo, Mariano Rajoy tiene que ceder su liderato y convocar un nuevo Congreso en 2010.

La crisis se llevará al PP al garete

Se reirán unos de otros porque la autoadmiración que se profesan les impide reírse de sí mismos. Nicolas Sarkozy fue el encargado de poner orden en este tronchante encuentro en el que, sin duda alguna, Zapatero fue uno de los protagonistas. ¿Pudo algún mandatario europeo evitar reírse del presidente español en las actuales circunstancias? ¡Imposible! Las carcajadas debieron ser sonoras cuando recordaban aquello de que hablar de crisis era –en mayo de este año– "antipatriótico, inaceptable y demagógico". El mismo Zapatero que afirmaba hace semanas que los españoles estábamos en el mejor barco para sortear la crisis provocada por Bush acude ahora a París tras aprobar deprisa y corriendo un plan "no necesario" (¡sic!) para comprar activos de la banca por 50.000 millones de euros. Yo es que me parto sin necesidad de estar en París.

Pero Zapatero no fue el único payaso de la cita. Hasta allí también se desplazó Ángela Merkel. La maquinista de la locomotora europea llegó a Francia anunciando a gritos la nacionalización de la banca germana y pidiendo que se hiciera lo mismo con la europea después de haber estado proclamando durante meses que "en Alemania no había peligro de recesión". Tampoco faltó a la cita Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea. Sin él la reunión no hubiese sido ni la mitad de tronchante. Me la juego a que nadie pudo evitar recordar que bien entrado el año 2008, Barroso seguía diciendo a los ministros de Economía y Finanzas del Eurogrupo que la crisis "no tendría consecuencias drásticas para la Unión Europea".

El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, no quiso perderse esta desternillante cumbre sin quizás darse cuenta de que él sería el principal hazmerreír de la velada. Y es que cómo no iban los invitados a recordar que a principios de año Trichet "descartaba una crisis inmobiliaria en la Unión Europea". Este señor es la monda. Cuando ya no tuvo más remedio que reconocer que la crisis nos había tocado de lleno sólo se le ocurrió culpar a los Estados Unidos.

Lo que me choca es que Sarkozy no invitara a Joaquín Almunia. Su presencia hubiese permitido risotadas espectaculares. Hubiese bastado que alguien le recordara al comisario europeo su previsión oficial de finales de diciembre del año pasado asegurando con rotundidad que "descartaba crisis económica en 2008" para que las carcajadas se escucharan por todo el Sena.

Lo grave es que estos payasos del circo político europeo, que son quienes han provocado la crisis en la que estamos a través de sus políticas y regulaciones sobre nuestro intervenido sistema financiero, sean quienes vayan a diseñar un plan de salvación. Eso ya no debería hacer gracia a nadie.