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¿Por qué llaman liberalismo al “capitalismo de Estado”?

¿Cree que Vail era un liberal por ser un gran empresario? Más bien fue un precursor del capitalismo de Estado, economía del fascismo o socialismo para ricos; una ideología que años después triunfaría en la Italia de Mussolini y en los Estados Unidos de Roosevelt. Como estamos viendo estos días, los gobiernos, desde Bush hasta Zapatero, están reforzando otra vez esta unión entre el Estado y las grandes empresas con sus rescates y ayudas.

La mediocridad intelectual de muchos periodistas está confundiendo los términos, llamando liberalismo a un sistema que es en realidad su opuesto. Comprueben si no la ignorancia patente de Alfredo Abián e Iñaki Gabilondo. Estas voces, de forma populista, asocian empresarios con liberales y economía norteamericana con liberalismo. La verdad es que es difícil encontrar un empresario liberal, y más si pertenece a una gran compañía o las representa.

Por ejemplo, fíjense en Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). El empresario se quedó a gusto diciendo que "se puede poner un paréntesis a la economía libre de mercado" para que el Estado le salve el cuello. ¿Cree que un liberal diría una salvajada así? Díaz Ferrán es una persona que ha forjado su fortuna a través del amiguismo con los políticos. En su línea, ahora busca establecer relaciones con el Gobierno actual, algo que también hizo con el Gobierno Aznar. Al igual que hiciera Vail, su interés no es que ni el mercado ni la sociedad sean libres de la coacción del Gobierno, sino forrarse a costa del pagador de impuestos.

También oímos que el cierre de algunas empresas norteamericanas y los rescates de otras son un símbolo del fracaso del liberalismo. ¿De qué liberalismo hablan? La realidad es que pocos países son tan intervencionistas como Estados Unidos en el mercado financiero. Tienen un órgano regulador por cada mercado y, a diferencia de los españoles (afortunadamente para nosotros), tienen un nivel de hiperactividad casi enfermizo.

De hecho, las operaciones financieras de los bancos quebrados fueron autorizadas por el Gobierno o incluso creadas e impulsadas por este. Fannie Mae, por ejemplo, nació por iniciativa de Franklin Delano Roosevelt durante la Gran Depresión para que no se hundiera el sector de la vivienda. Es la misma excusa que emplea ahora Zapatero para su plan de rescates y ayudas (como todos ya sabíamos, su mentalidad va 80 años atrasada). El Gobierno americano creó empresas de este tipo a través de la Government Sponsored Enterprise (GSE) cuya función es expandir el crédito hacia sectores estratégicos con precios por debajo al valor de mercado. A poco que se piense, la medida parece bastante más socialista que liberal.

Fue el GSE quien creó en Estados Unidos el mercado secundario de hipotecas, ese que ahora parece ser la raíz de todo mal. En 2001 el entonces presidente de la Congressional Budget Office, Dan L. Crippen, dijo que "la deuda y titulación de hipotecas del GSE es más valorada por los inversores que los activos similares del sector privado por la garantía que ofrece el Gobierno". La clavó. El Gobierno creó esos activos basura y gracias a esa confianza expandió este tipo de negocio a la economía mundial, que ha explotado varios años después como bombas de relojería. Sus empresas han sido las primeras en hundirse, arrastrando al resto.

Fannie y Freddie, además, tenían un trato especial: recibían líneas de financiación del Tesoro americano. ¡Fíjense qué casualidad: es lo que pide el lobby de la CEOE y Zapatero está haciendo con los créditos del ICO a los constructores! Por si aún le queda alguna duda que el sistema norteamericano no tiene nada que ver con el liberalismo, Fannie y Freddie tenían todo su negocio totalmente supervisado y regulado: volumen de préstamos, cantidades mínimas de capital, activos totales que podían adquirir, etc. ¿Un sector dominado por el Estado de esta forma se le puede llamar liberal? No es un fallo de mercado, sino de Estado y de una forma más amplia del sistema establecido: el capitalismo de Estado.

Todo este lío ideológico se debe a que mucha gente considera liberales a escuelas que realmente no lo son o fundamentan la economía en errores intelectuales básicos. De hecho, la única escuela económica que realmente ha luchado activamente contra el capitalismo de Estado es la Escuela Austriaca. Ésta considera que un sistema no se puede considerar capitalista en el momento que el Gobierno interviene en los factores productivos. Todo sistema donde el Gobierno aplica su extorsión a la economía privada es socialista en un grado u otro.

Esto no significa necesariamente que la Escuela Austriaca tenga una línea de pensamiento anarquista. Ludwing von Mises, por ejemplo, en su libro Burocracia consideraba la justicia, la seguridad nacional y ciudadana factores que estaban fuera de la capacidad de los medios de producción privados.

La solución no es que el Estado tome más fuerza de la que ya tiene, tal y como pretende el establishment empresarial y mediático. A ellos les iría bien, ya que sacarían más dinero a nuestra costa. Como hemos visto, esto es curar al borracho dándole más alcohol. La única solución es abolir el capitalismo de Estado y este socialismo para ricos. Si no hay ningún mal en que cierre la charcutería de la esquina por sus desorbitados precios, o que las tiendas de ropa realicen descuentos de hasta el 70% en sus productos, ¿por qué ha de serlo que las grandes empresas financieras e inmobiliarias lo hagan también? Evitar mediante la intervención estatal este proceso de liquidación y abaratamiento de precios nos obliga a pagar las pérdidas de las empresas "salvadas" para que sobrevivan o puedan vender sus productos y servicios más caros. Y encima es la manera perfecta de incrementar las probabilidades que en el futuro nos estalle otra crisis.

El precio de la nacionalización bancaria

El precio de la nacionalización bancaria es desorbitado, y la factura será sufragada íntegramente por los contribuyentes estadounidenses a través de sus impuestos futuros y una inflación galopante que vendrá generada por el hundimiento del dólar. Es decir, depreciación monetaria.

Primero fue Bear Stearns. La Fed auspició entonces la compra del banco de inversión por parte de JPMorgan aportando como garantía 30.000 millones de dólares para hacer frente a la exposición a la deuda estructurada de baja calidad que mantenía dicha entidad. Poco después, en julio, el Gobierno de EEUU asumió el control de IndyMac, en lo que fue calificado como el "segundo fracaso bancario más importante de la historia", según los reguladores de la Oficina de Supervisión de Entidades de Ahorro y Préstamo (OTS) de EEUU, tras la caída del Continental Illinois Bank en 1984.

En este caso, las autoridades federales asumieron el control de unos activos del todo ilíquidos por valor de 32.000 millones de dólares. Sin embargo, lo peor estaba por llegar. La reciente quiebra de los gigantes hipotecarios Fannie Mae y Freddie Mac supondrá un coste inasumible para las cuentas públicas norteamericanas. Según los cálculos del Gobierno, el auxilio a ambas entidades supondrá unos 25.000 millones de dólares a los contribuyentes.

No se dejen engañar. En realidad, el desembolso se aproximará al billón de dólares a corto plazo. Además, las principales compañías hipotecarias de EEUU acumulan una deuda superior a los 5 billones. Como resultado. El déficit público estadounidense (próximo a los 400.000 millones de dólares en 2008) corre el riesgo de triplicarse en los próximos ejercicios, al tiempo que dicho rescate multiplicará por dos el monto total de la deuda pública que ha generado el Gobierno de EEUU.

El penúltimo capítulo de la crisis de solvencia financiera lo acabamos de presenciar tras la caída de la aseguradora más importante del mundo, AIG. La factura, en este caso, asciende a 85.000 millones de dólares. Hagan ustedes mismos las cuentas. ¿Rescatará la Fed a los cientos de bancos que se verán abocados a la quiebra en EEUU? La respuesta es no. El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, anunció recientemente que las autoridades no podrían salvar a todas las víctimas bancarias que se cobrará el tsunami financiero que está en marcha.

La razón estriba en que un auxilio de tal magnitud desembocaría en una crisis sistémica de gran magnitud. Es decir, la quiebra del actual sistema monetario internacional tal y como lo conocemos hoy en día. La negativa del Gobierno a salvar de la quema a Lehman Brothers constituye la prueba.

Sin embargo, el mal ya está hecho. El hundimiento del dólar es inevitable y, como consecuencia, la viabilidad del sistema basado en la impresión de papel moneda (dinero fiduciario), sin el respaldo de un valor real como el patrón oro, está en riesgo. No será hoy ni mañana, pero será. La depreciación del billete verde, que sirve de referencia para el resto de monedas, está en marcha y la calidad de la deuda estadounidense en entredicho.

La estrategia de socializar las pérdidas bancarias no es ninguna solución, sino uno de los principales problemas a los que se enfrenta el actual mercado financiero mundial. Sí hay alternativa a la nacionalización. Tal y como exponeAlex Barron, del Agency Trading Group, "lo que ha hecho el Gobierno es un mayor acercamiento hacia el socialismo ya que ha impedido que funcione el libre mercado. Lo que necesitamos no es conservar, sino restructurar. Esto significa permitir que los inversores que asumieron el riesgo de invertir en Fannie y Freddie a cambio de una remuneración absorban las pérdidas y no los contribuyentes". Es decir, que los acreedores se conviertan en accionistas de las entidades en quiebra.

Privatizar y que el libre mercado actúe. La nacionalización es una medida socialista y, como tal, está condenada al más absoluto fracaso. Y, por cierto, la actual crisis financiera en ningún caso ha sido provocada por las políticas liberales, tal y como pretenden hacer creer los amigos del intervencionismo público. El principal culpable son los bancos centrales, instituciones socialistas por antonomasia, gracias a su intervención arbitraria en los tipos de interés. De hecho, el sector financiero y bancario es, precisamente, uno de los mercados más regulados e intervenidos del mundo, a través de innumerables leyes y normativas gubernamentales, así que, por favor, no me cuenten milongas.

Crisis e internet

Desde hace meses llevo preguntando a compañeros del sector si creían que la crisis que se cernía sobre nuestro país llegaría a afectar de alguna u otra manera a internet, y en concreto a las inversiones publicitarias en el medio digital. La mayoría han mantenido un discurso optimista, y siempre me han comentado que nuestro sector iba a ir a contracorriente de los demás, y que serían las inversiones en radio, televisión y prensa escrita las que se resentirían.

Los dos argumentos principales para mantener este discurso han sido los siguientes: la inversión en Internet todavía tiene un gran potencial de crecimiento porque sigue siendo en términos absolutos muy inferior a la de los demás medios, en concreto, según Infoadex, el 6% de la inversión publicitaria en medios convencionales en 2007. La segunda razón es que internet es el medio perfecto para asegurar el retorno de la inversión publicitaria, sobre todo cuando en apartados de marketing en buscadores.

Los anunciantes se están comportando de dos modos bien distintos: algunos están reduciendo drásticamente su inversión publicitaria en términos globales y otros están derivando toda o parte de la misma de medios como televisión, radio o periódicos a internet. En el primer caso están los principales anunciantes del país, que son empresas muy ligadas al consumo como bancos, empresas de telecomunicaciones o energéticas, que tradicionalmente han destinado parte de su inversión en internet, pero nunca se han parado a medir su efectividad y, por lo tanto, reducen o eliminan su inversión al igual que en los otros medios. En el segundo están aquellas empresas que aún siendo conscientes de la crisis en la que nos encontramos quieren seguir vendiendo sus productos, pero necesitan optimizar más que antes el presupuesto, y el único medio donde se puede medir la efectividad de la inversión publicitaria es internet.

Infoadex, que realiza el control y análisis de la publicidad en España desde hace más de 30 años, ha revelado en su último informe que internet es el único medio, junto a los canales temáticos de televisión, en el que ha crecido la inversión publicitaria, mientras que en el resto de medios ha descendido. Durante el primer semestre de 2008 los ingresos por publicidad en internet han aumentado un 28% respecto al mismo período del año pasado. Aún así es un aumento menor del que estaba pronosticado a principios de año, que los estudios situaban en torno al 50%.

Por lo tanto, la crisis también se nota en la inversión publicitaria en internet, que no crece lo que debería, pero aún así crece y por lo menos hace desaparecer los fantasmas de principios de 2000 para nuestro sector. Lo bueno de esta crisis es que el anunciante está valorando cada vez más los soportes y canales que le aportan un retorno de la inversión (buscadores, redes sociales, etc.), y está desechando las soluciones y formatos publicitarios heredados de otros medios, como pueden ser los banners.

Cuando es más fácil piratear que comprar

Diseñado por el creador de Sim City y Los Sims, ha nacido con la aureola de ser el "simulador total", pues con él podremos diseñar una criatura con todas sus características biológicas y controlar su historia desde la evolución de la especie a partir de una bacteria hasta el momento en que alcanza el espacio. En verano se publicó el editor de criaturas y los usuarios crearon 3 millones de especies distintas a la espera de poder emplearlas en Spore cuando saliera al mercado. En suma, que todo apuntaba a que era un lanzamiento muy esperado por los aficionados a este tipo de juegos.

Pero hete aquí que los primeros compradores se encontraron con que el juego era un infierno… pero no porque estuviera mal hecho o no fuese entretenido, sino porque las protecciones incluidas para intentar reducir la piratería son tan incómodas para el comprador que les resulta más conveniente bajárselo por BitTorrent aunque dispongan de una copia por la que han pagado sus 50 dólares. La copia original ha de ser activada por internet al instalarlo, algo que sólo se puede hacer tres veces, y si te pasas has de llamar a la compañía demostrando que realmente has comprado el juego. Hay que estar conectado a internet obligatoriamente, porque cada cierto tiempo el juego "llama" a casa para asegurarse de que es legal. Además, incluye la clásica protección que obliga a tener el juego en el lector de DVD para que funcione.

La reacción de los usuarios ha sido inundar de puntuaciones negativas la página del videojuego en Amazon. Y es que no parece de recibo que sea más cómodo instalarte la versión pirata que la comprada en la tienda. Ni tampoco que pagues por poseer un juego y lo que te ofrezcan a cambio sea más bien un alquiler limitado. Porque quien tenga una copia original sólo podrá jugar mientras EA tenga a bien ofrecer el servicio telefónico de activación, o ellos guarden el ticket de compra. En caso contrario, Spore se convertirá en una caja bonita. Y 50 dólares son muchos dólares para una caja que tampoco es que la haya diseñado Armani.

Quizá el problema de Electronic Arts es, en cierto modo, análogo a las discográficas. Hartos de ver cómo su propiedad intelectual circula como Pedro por su casa por las redes P2P, se dedican a poner todos sus esfuerzos en intentar evitarlo, al menos durante las primeras semanas, a la espera de que los piratas profesionales averigüen cómo saltarse las protecciones y ofrezcan copias desprotegidas. Pero como sugirió otra empresa del sector, mucho más pequeña y que viene del mundo de las aplicaciones para Windows con una mirada menos viciada por las costumbres, lo que debería hacer EA es simplemente ignorar a los piratas. Hacer como si no existieran.

Stardock no incluye protecciones anticopia en sus juegos. "La razón por la que no protegemos nuestros juegos contra las copias no es porque seamos unos tipos estupendos. Lo hacemos porque a la gente que realmente compra juegos no le gusta tener que lidiar con los inconvenientes de esa protección. Nuestros clientes hacen las reglas, no los piratas. Los piratas no cuentan", aseguró en su día su consejero delegado en su blog.

Electronic Arts está aprendiendo esa lección a las malas. No se ha decidido a eliminar las protecciones, pero las está limitando bastante en su próximo lanzamiento, Red Alert 3. No está mal, pero quizá debiera ofrecer una versión de Spore menos exigente con quienes han pasado por caja. No parece que castigar a tus clientes sea la mejor manera de incentivar que compren tus juegos.

Que lo paguen ellos

Con esta original medida Solbes podría por fin dejar algo con lo que la posteridad le recuerde positivamente antes de que sea definitivamente abjurado por sus fieles. Piénsenlo un instante: el déficit del Estado, que ha alcanzado ya los 10.000 millones de euros, deberían pagarlo quienes eligieron a Zapatero, no todos los españoles en su conjunto. La idea me va gustando más y más a medida que trato de imaginar sus consecuencias. Y no me refiero únicamente al hecho de que a los que, como yo, no votamos a ninguno de estos cantamañanas que se postulan para gobernar nuestras vidas vayamos a quedar libres de toda deuda pública. Aunque, a decir verdad, esa implicación me ayuda verla con ojos golosos.

La consecuencia inmediata sería comprobar cómo el votante se vuelve mucho más cuidadoso a la hora de meter la papeleta en la urna. Porque maldita la gracia que hace el que tu voto a un encantador de serpientes pueda suponer que luego te tires 30 años pagando mensualidades para pagar la renovación de la flota de coches oficiales, los fabulosos aves, las operaciones de cambio de sexo, los pagos por nacimiento de bebés o las magníficas oficinas de la administración pública. El electorado escucharía con atención los discursos y leería los programas, lo que sin duda provocará un fuerte aumento de los ataques de risa así como un importante descenso de la tasa de votantes. Cada nuevo proyecto megalómano y cada nuevo programa social (¿cuál no pretende serlo?) suscitarían reticencias a la hora de votar por nuestros faraones.

Pero dejemos de pensar por el lado de la demanda y atendamos un poco a la oferta. Bajo el marco diseñado magistralmente por el todavía ministro de Economía, ningún político con ganas de dormir en el Palacio de la Moncloa propondría el mantenimiento de televisiones públicas o empresas nacionales de ferrocarril, ni prometería alegremente fiestas públicas, subvenciones al cine o cursos de yoga. El famoso "yo más que tú", típico del Partido Popular cuando se habla de gasto público, desaparecería como por arte de magia y se convertiría en un "yo todavía menos que tú". Por el contrario, los políticos se esforzarían en hacer comprender al electorado que sus proyectos conllevan pocos gastos y ninguna posibilidad de déficit. Tratarían de garantizar un superávit perpetuo y prometerían el reparto de ese superávit en forma de cheques al contribuyente.

Pero las consecuencias van más allá del ámbito político. La misma historia sería reescrita. Los faraones de Egipto serían condenados como tiranos mientras que los reyes hititas pasarían a ser conocidos como grandes hombres de estado que renunciaron a los gastos suntuosos y permitieron a sus súbditos comerciar sin tener que soportar el peso de la deuda pública.

Con esta medida Solbes lograría reescribir la historia, hacer al electorado mucho más responsable y meter a los políticos en cintura. No estaría nada mal para un político que parecía acabado.

Entre dos fuegos

Rajoy quiere que la izquierda, sin dejar de odiarle sincera y abiertamente, le perdone al menos los martes y los jueves. Puede parecer complicado, pero Lassalle confía plenamente en sus dotes para llevar al lector de El País por donde quiera Mariano.

Ese es el sentido, y no otro, de su último artilugio en El País, Afinidades despectivas, que es como la serie Cuéntame: los elementos son verdaderos, pero el relato es falso. Lassalle nos viene a presentar un movimiento conservador estadounidense unitario que es esencialista, moralizante e intolerante, y que ha desembocado en el neoconservadurismo belicista de George Bush. Al parecer están en el ajo Russell Kirk y Eric Voegelin, William Buckley y Leo Strauss. Al parecer no tiene para Lassalle la más mínima importancia que Buckley intentara aunar coherentemente una moral conservadora y tolerante con el liberalismo político y económico, o que lanzara en los últimos años duras críticas a George W. Bush precisamente por su política en Irak y en el propio Estados Unidos. La realidad no tiene aquí tanta importancia. Lo que cuenta es convertir a Leo Strauss en líder de esta panda, en "principal impulsor de la Revolución Conservadora", y valladar contra el liberalismo "relativista" que nos propone y que achaca a Karl R. Popper e Isaiah Berlin.

Pero la llamada Revolución Conservadora, que tiene su primer gran exponente en la fracasada candidatura de Barry Goldwater, debe mucho menos a Leo Strauss que a otros autores que, o bien están tratados de forma torticera, como Buckley, o bien no aparecen en su relato porque su sola presencia lo invalidaría, como Friedrich Hayek, Ayn Rand, Milton Friedman, Frank Meyer o Ludwig von Mises. Los neoconservadores, que pese a su nombre proceden de la izquierda, no se alían con la derecha hasta los 80, cuando la Revolución Conservadora está ya en marcha. Y, dicho sea de paso, deben a Strauss mucho menos de lo que sugiere Lassalle. Todo esto lo ignora el secretario de Estudios del PP no por desconocimiento sino por estrategia, por oportunismo político.

Le han dado cumplida respuesta José María Marco y el GEES mas, al menos en este think tank, con alguna expresión que puede entenderse como de un conservadurismo antiliberal. Nada de ello es necesario. La opción "libertaria" que menciona por oposición José María Marco está muy lejos del liberalismo insustancial de José María Lassalle y que se mueve entre el relativismo y el oportunismo. Y, por otro lado, es compatible con la defensa privada de una moral conservadora, sin caer en la tentación de querer imponerla por medio del Estado. La libertad no me parece una mala idea, y es más que suficiente para oponerse con coherencia y fuerza moral a las pretensiones totalitarias de Zapatero y a su nula política económica. Pero quizá sea un valor demasiado grande para una oposición garbancera.

Otros que quieren chupar del bote

Y lo hacen en un momento en el que sus resultados no dejan de mejorar mientras que las dificultades de los ciudadanos para llegar a fin de mes son cada vez mayores.

Durante la presentación de unos resultados del sector que sólo pueden ser calificados de excelentes, la Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento (Adese) ha lamentado la falta de apoyo del Gobierno al sector y ha pedido subvenciones. Para rematar la faena, el presidente de Adese, Alberto González Lorca, ha pedido un marco regulatorio que les favorezca con el argumento de que "ninguna industria se crea por generación espontánea". Esto es cierto, pero la alternativa a dicha "generación espontánea" es la iniciativa privada, no el apoyo del poder político.

Por cierto, que lo que se ha olvidado decir González es que el sector ya puede sacar tajada de los contribuyentes por medio de las subvenciones de la Unión Europea. Los eurócratas tienen a bien regalar a estos señores cantidades que van de los 10.000 a los 100.000 euros por prototipo de videojuego. Y este dinero no se crea por generación espontánea. Surge de las cuentas corrientes de todos los habitantes de la Unión Europea, que los impuestos reducen de forma constante.

Los lamentos de González Lorca son un insulto a los ciudadanos en un momento de grave crisis económica en la que el riesgo de recesión es muy serio. Y más si se tiene en cuenta la evolución del sector. Mientras que cada vez más españoles van al paro y quienes no lo hacen ven como disminuye el poder adquisitivo de sus sueldos, el sector del videojuego creció en un 50% en 2007 y en un 16% en el primer semestre de este año. De hecho, en la misma presentación en la que Adese pide subvenciones, esta asociación anuncia que espera que los resultados del sector mejoren a buen ritmo con independencia de la situación económica.

No les han reconocido como parte del sector cultural, pero ya se portan como si pertenecieran al mismo. Su discurso en el mismo que el de la SGAE, DAMA y similares. Mucho lamento (incluyendo uno por las pérdidas reales o imaginarias causadas por la piratería), reclamación de endurecimiento de las normas contra el intercambio de archivos y solicitud de dinero público (que, insistimos, procede de unos ciudadanos que afrontan una crisis económica grave) para mejorar sus cuentas. El respeto que pudiera sentir por ellos se ha extinguido. Game Over.

El “minelarismo” ya está aquí

El objetivo más ambicioso es conocer cómo se creó el universo, porque a los científicos no acaba de convencerles el relato de aquel pastor evangelista que incluso llegó a descubrir la fecha en que Yavhé creó el mundo, el cuatro de octubre del cuatro mil doce antes de Cristo (obviamente), aunque no determinara exactamente si fue por la mañana o por la tarde. Quizás tras los experimentos de alta energía llevados a cabo en el LHC los científicos puedan extrapolar los datos y confirmar si fue precisamente en esa fecha o un poco antes, digamos unos doce mil millones de años atrás.

Las primeras pruebas llevadas a cabo están siendo un rotundo éxito, algo que ha puesto de los nervios a los hippychorras del milenarismo New Age, que hasta han denunciado en los tribunales a las instituciones implicadas bajo la acusación de estar poniendo en peligro La Tierra. El verdadero peligro para la vida en la tierra, por el contrario, son precisamente los ecologistas ultraortodoxos y protestones de la Iglesia de la Calentología, cuyas recetas para evitar "la fin del mundo" son el camino más directo para volver a la caverna, dejando a varios miles de millones de seres humanos en el camino.

La recreación a pequeña escala del Big-Bang que está llevando a cabo el CERN en ese laboratorio subterráneo tiene, en efecto, revolucionados a los milenaristas actuales, gente ociosa que afirma que el mundo se va acabar en el solsticio de invierno del 2012, que una raza de reptiles extraterrestres está a punto de volver a la Tierra para dotarnos de una nueva conciencia cósmica, que Bush planeó y ejecutó los atentados de las Torres Gemelas y varios cientos de chorradas similares con que las publicaciones esotéricas y New Age alimentan la psicosis de sus lectores. ¡Si los hay que hasta creen que Rajoy puede ganar unas elecciones! Con eso está dicho todo.

Bush y Zapatero, al saqueo masivo del ciudadano

Esta rapidez de maniobra (han despertado dos años tarde) es típica de cualquier Gobierno. Todo y así, como ahora ven que el libre mercado no quiere apoyar estos sectores estratégicos, los dictadores de la producción norteamericanos y españoles han decidido que lo haga el pagador de impuestos.

¿De qué nos sirve un sector estratégico cuando sólo está generando pérdidas netas y su existencia significa que nos van a sacar más dinero de nuestro sueldo, rentas y trabajos con el único fin de mantener a personajes que han sido unos auténticos ineptos en la gestión de sus empresas? ¿Cree que estas medidas le ayudarán a usted o a su vecino para afrontar la hipoteca y escalada de precios?

Los rescates y ayudas de los burócratas norteamericanos y españoles a las empresas incompetentes incluyen cosas tan insólitas como apoyar activamente a que el precio de los inmuebles se mantenga o no baje en la medida en que debería. Obligan a pagar hipotecas y casas a gente que no disfruta de ellas vía impuestos y deuda pública y nos impiden ahorrar. Nuestro sueldo ya está gastado antes que lo percibamos a final de mes. Cuando lea su próxima nómina, puede sustituir el apartado "impuestos", por "transferencia obligatoria a un constructor y/o inquilino de VPO que jamás conocerás". Lo que le quede de salario, puede usarlo si le llega al pago de su propia hipoteca.

Dicho de otra forma, Bush y Zapatero han transferido el riesgo que tienen estas empresas al ciudadano. Les dan nuestro dinero para que sigan invirtiendo en cosas que ya no valoramos a los precios actuales. Y dado que nosotros, que vemos disminuir nuestro poder adquisitivo año tras año, no compramos los productos y servicios de estas empresas, ¿no será que el Gobierno está tirando nuestro dinero?

Es curioso ver a conservadores e izquierdistas a la hora de afrontar una crisis, porque los dos actúan igual. Apoyan a las grandes empresas, grupos de presión y votantes cautivos en nombre del bien común. Es el clímax del capitalismo de estado. Si aplicamos este tipo de razonamiento económico a casos históricos, nos saldrían situaciones inverosímiles. Si los romanos hubiesen aplicado este socialismo para ricos, la fabricación de cuadrigas y construcción de acueductos, aún en pleno siglo XXI, serían sectores estratégicos que hay que proteger para cuidar del bien común. Si los dictadores de la producción hacen de empresarios capitalistas orquestando la economía a su gusto con nuestro dinero, ¿cómo esperamos avanzar? ¿Vamos a estar subvencionando la construcción durante mil años? Es un camino sin salida.

Ningún Gobierno tiene ni capacidad ni interés para guiar correctamente la economía. Hemos vuelto al despotismo ilustrado, pero la máxima "todo para el pueblo, pero sin el pueblo" se ha convertido en "todo para las minorías y con el dinero del pueblo". ¿Que se queja usted? ¡Pero como se atreve, que lo hacen por su bien! ¿Es que no ve la televisión?

Quién sabe, quizá lo más sensato fuera que la gente premiara con sus libres decisiones a las empresas eficientes, útiles y que nos satisfacen con nuevos productos y servicios. Eso significaría que todos decidiríamos en qué queremos gastarnos nuestro dinero, un pecado imperdonable para los gobiernos de Bush y Zapatero. Porque si nosotros decidiésemos, ellos no podrían hacerlo por nosotros, y por lo tanto no tendrían poder sobre nuestras vidas. Esa es una idea aterradora para cualquier político. Lo peor de una crisis no son los efectos económicos, que al final acaban superándose. Lo más dañino de las crisis son los efectos que provoca el Gobierno cuando quiere solucionarla.

Los derechos de los bits

La discusión se inició en Estados Unidos y se extendió a Europa, coincidiendo precisamente con la revisión del marco regulatorio que está realizando la Comisión Europea desde el año pasado. Y acaba de tener un hito con una apretada decisión de la FCC, en la que se obliga a Comcast a cumplir con ella.

¿En qué consiste la neutralidad de red? No es un concepto pacífico, como nunca lo son aquellos términos que llevan en el nombre la trampa. Pero a grandes rasgos se trata de reconocer la igualdad de los bits en sus "derechos" de transmisión por las redes los operadores de telecomunicaciones: que todos los bits sean iguales ante el operador. Dicho de otra forma, que estos no puedan discriminar, dando prioridad a unos sobre otros, entre los bits o contenidos que circulan por su red hacia sus abonados.

Pero es evidente que la igualdad a ultranza de los bits es un poco absurda. Hay bits más importantes que otros bits, por la clase de información que llevan o por la urgencia de la misma, o porque si no llegan de una determinada forma son inútiles. Los operadores siempre han tenido mecanismos para gestionar la red, lo que en definitiva significa priorizar unas comunicaciones frente a otras, para que funcionen de forma adecuada los servicios que se prestan.

Un burdo paralelismo: la igualdad de bits sería como la igualdad de vehículos en nuestras carreteras. Impediría a las ambulancias y bomberos cumplir su función en muchos casos. Las sirenas son el mecanismo de priorización en las vías de tráfico, y a nadie se le ocurriría eliminarlas, mucho menos en aras de un supuesto derecho de los ciudadanos.

Porque, cuando se alcanza el absurdo de los derechos de los bits, es el momento de dar derechos a los ciudadanos. Es cuando la neutralidad de red se disfraza del derecho del ciudadano abonado a recibir todos los contenidos en igualdad de condiciones, con lo que ahora ya la píldora es más fácil de tragar. Los defensores de la neutralidad de red están defendiendo en realidad nuestros derechos.

El otro lado de la moneda es el que siempre tiene un derecho concedido graciosamente: que hay alguien al que tal derecho supone una obligación, lo que seguramente no le hará tanta gracia. En este caso, los posibles sufridores son los operadores de telecomunicaciones, como Comcast, a los que se les pone límite en el uso de su propiedad privada.

De lo que se trata, en definitiva, es de que los operadores de red traten a todos los contenidos por igual, sean suyos o de otros. ¿Quién se beneficia de la situación? ¿El cliente final? No está claro. Más bien los proveedores de contenidos sin red: los Google, Yahoo y compañía que no quieren que los dueños de la red empleen esta propiedad para limitar de alguna forma su llegada (de Google y compañía) al cliente. El viejo truco de lo mío es mío, y lo tuyo, nuestro. Habría que ver qué diría Google si le obligaran a no discriminar entre las páginas indiciadas de su base de datos. ¿En qué orden sacaría los resultados de la búsqueda?

La neutralidad de red no es un debate que corresponda a políticos ni a ciudadanos; solo corresponde a los dueños legítimos de los activos involucrados. Y no quepa duda, estos serán guiados en el debate por las preferencias de los consumidores, sus potenciales clientes. Aquí será cuando los ciudadanos, votando con nuestro dinero, optemos por dar o no derechos a los bits.