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Jóvenes y redes sociales

Está claro que no se puede generalizar, pero redes sociales como MySpace, Facebook, Tuenti o Fotolog han llegado para quedarse entre nosotros. Debemos acostumbrarnos a su presencia. Así, las marcas y la empresas que invierten en marketing en Internet están empezando a cambiar la percepción que tenían de las redes sociales. Lo que antes se consideraba una moda es ahora evaluado como una tendencia con un recorrido a medio y largo plazo.

Que las marcas y empresas estén interesadas no quiere decir que tengan claro qué se puede hacer en una red social, o qué presencia deben tener. Diversos profesionales que trabajamos en Internet tampoco lo teníamos nada claro hace algunos meses, de modo que decidimos que lo mejor que podíamos hacer era investigar. Aunque las redes sociales son utilizadas por personas de diversas edades, optamos por elegir a los jóvenes como segmento de análisis para averiguar qué relación mantienen con las redes sociales y con el resto de elementos que componen su navegación en Internet.

Primero nos decidimos por un focus group en un evento de marketing en buscadores y redes sociales. Allí, Alfonso de la Nuez de Xperience Consulting , Tomy Lorsch de Findasense y el que escribe actuamos como moderadores enfrentando a 5 jóvenes de 15 a 19 años de edad a las preguntas interesadas de un público compuesto por profesionales de marketing en Internet. Las respuestas fueron interesantísimas: ninguno conoce otro buscador que no fuera Google; no tienen gran seguridad para diferenciar qué es publicidad en Google; las principales redes que utilizaban eran Hi5, Tuenti y MySpace; están preocupados por la privacidad; tienen muchos amigos que no han visto nunca cara a cara; algunos aceptarían tener a una marca comercial como amigo, aunque la mayoría dijo que no; lo que no aceptarían nunca en su red de amigos es a un familiar.

Las conclusiones nos abrieron los ojos y creímos que el test había sido bueno, aunque no lo suficientemente representativo. Por eso hemos realizado junto con Xperience un estudio mucho más profundo centrado en conocer mejor las preferencias y hábitos de lo jóvenes en Internet. Las conclusiones generales son las siguientes: las redes sociales online más populares entre los jóvenes son Fotolog, MySpace y Tuenti; sólo el 14% de los encuestados demostró interés por publicar vídeos, mientras que el 82% publica frecuentemente sus fotos; el 57% de los usuarios jóvenes utiliza o lee blogs, un 60% hace compras online, siendo los viajes, las entradas y la ropa los productos más comprados. Además, el 81% ha buscado alguna vez información de ocio en los últimos 3 meses, y el 58% información sobre viajes.

En cuanto a buscadores, el estudio ha confirmado los datos extraídos del focus group: Google es utilizado por el 96% de los encuestados. Tan importante como esto es el desconocimiento total de otros buscadores. Yahoo!, MSN Live o Ask son desconocidos para los jóvenes en España, algo que nos diferencia del resto del mundo. Si bien Google es líder en la mayoría de los países, sin embargo tiene una competencia mayor, un hecho de gran importancia para los usuarios.

En el terreno de las redes sociales, los jóvenes encuestados se quejan entre otras cosas: de la dificultad para ocultar y preservar ciertos datos realmente privados (mail, teléfono, etc) o de la falta de privacidad, ya que no siempre se puede delimitar el acceso a los contactos. Por el contrario lo que más les gusta es: la posibilidad de agrupar en una sola agenda a todos los amigos de los distintos "círculos de amistad" (facultad, colegio, trabajo, etc.) o poder estar informado de eventos y fiestas, ver fotos de amigos y compartir las propias.

Espero que a este estudio, uno de los primeros sobre jóvenes y redes sociales que se hace en nuestro país, le sigan otros en los próximos meses. Es la única forma de acercarse a estas redes y a sus usuarios. Si deseas recibir una copia del estudio, sólo tienes que contactar conmigo.

La recesión sacudirá España en 2009

Sin embargo, la realidad, al igual que la basura, siempre acaba saliendo a la luz por mucho que se pretenda ocultar bajo la alfombra. Y si no, que se lo pregunten a los casi 2,4 millones de trabajadores que engordan las listas públicas de desempleo y que apenas cuentan con opciones para reincorporarse al mercado laboral a medio plazo. El deterioro económico se acelera por momentos y, pese al riesgo de que me tilden de antipatriota y agorero, es imparable.

La cuenta atrás está en marcha. En poco más de seis meses, España vivirá su primera recesión económica en 15 años. Es decir, lo peor está por llegar. El aumento del paro, la elevada inflación, el encarecimiento de las hipotecas, el incremento de las quiebras empresariales o la restricción del crédito tan sólo han sido meros coletazos que, a modo de advertencia, avecinan la recesión que se cierne sobre España al final del túnel.

Una crisis que, dadas sus dimensiones y características, amenaza con superar incluso la de 1993. El propio ministro de Economía, Pedro Solbes, ha aventurado dicho pronóstico. En concreto, avanza que el crecimiento del PIB español en el segundo trimestre será inferior al 0,3% y que lo "peor" llegará a finales de 2008 y principios de 2009. Así, Solbes, con su habitual sutileza, ha terminado por reconocer que la recesión (dos trimestres consecutivos con crecimiento negativo) está al caer.

No obstante, el ritmo de afiliación a la Seguridad Social, uno de los principales indicadores para medir la salud de la economía, cayó un 0,9% interanual el pasado mes de junio, la primera vez desde 1993. Sin embargo, lo peor del actual proceso consiste en que la producción española ha demostrado su incapacidad para afrontar el desplome inmobiliario. La cultura del ladrillo, basada en el endeudamiento masivo gracias a la expansión del crédito facilitada por los bancos centrales, ha llegado a su fin, y con ella la época de una bonanza económica, en gran medida artificial.

La industria y el sector servicios muestran ya las primeras señales de recesión. Con una escasa productividad y un nivel de innovación tecnológica que casi se sitúa a la cola de la UE, España se ha quedado, de un día para otro, sin motores económicos alternativos capaces de mantener el PIB a flote. No se trata de una mera crisis coyuntural y transitoria, tal y como reitera el Gobierno. La crisis española es estructural y, por ello, precisa, de reformas de calado, no de meras pinceladas superficiales a fin de mejorar su imagen.

A partir de ahora, la clave del debate económico girará en torno a las soluciones y recetas a aplicar, puesto que el diagnóstico es evidente desde hace meses. No obstante, el problema es que de momento el Ejecutivo yerra en ambos puntos: en primer lugar falla en el diagnóstico, ya que no reconoce la crisis y culpa a factores exógenos de las deficiencias que presenta la economía española; y lo que es peor, se equivoca en la solución al insistir en políticas de gasto público y medidas para animar la demanda, cuando lo que realmente precisa el país es una reforma en profundidad encaminada a reducir y eliminar impuestos, fomentar el ahorro, suprimir trabas administrativas a los empresarios y flexibilizar al máximo el mercado laboral.

Conclusión. De seguir por esta senda, España se enfrentará a una larga y dolorosa travesía por el desierto, ya sea a modo de recesión o estancamiento económico. En este sentido, cabe recordar que España es incapaz de generar empleo con crecimientos del PIB inferiores al 2,5 o, como mucho, al 2% interanual.

El espectro libre de Guatemala

Con la ley de 1996, Guatemala reservó algunas bandas de frecuencias para uso propio del Estado (radio de la Policía, etc.), para radioaficionados y para la comunicación vía satélite, que está regulada a nivel internacional. El resto se liberó. Como la Constitución otorga al Estado la propiedad del espectro radioeléctrico lo que se hizo fue expedir Títulos de Usufructo de Frecuencia (TUF) que otorgaban a su poseedor un certificado que se renueva automáticamente cada quince años y que le concede el derecho exclusivo de emplear una frecuencia determinada en un ámbito geográfico concreto.

Aquellos que ya poseían licencias, como las emisoras de radio y televisión, recibieron un TUF por cada una de ellas, y a partir de entonces cualquiera podía solicitar el suyo. Cuando alguien pide un TUF se abre un periodo en el que se esa pretensión se comunica públicamente para que otros puedan optar al mismo; si nadie lo hace se le cede gratuitamente, y si hay más pretendientes se hace una subasta.

El resultado es el que cabía esperar. Los propietarios de emisoras invierten más porque ya no tienen miedo de que un burócrata que no ha recibido el sobre mensual les retire la licencia. La competencia entre las compañías de telefonía móvil es feroz, pues saben que no existe un número limitado de licencias y que cualquiera puede ofrecer ese servicio con sólo pedir o adquirir los TUF necesarios. Durante esta década, Guatemala, siendo un país pobre de casi 13 millones de habitantes, pasó de tener 400.000 líneas a más de 10 millones. El país se ha convertido en un banco de pruebas de empresas como Qualcomm para investigar nuevos usos de las distintas frecuencias.

Desgraciadamente, Guatemala y El Salvador (que ha adoptado una legislación similar) son mercados demasiado pequeños como para que allí funcionen las economías de escala y resulte rentable lanzar determinados productos sobre ciertas frecuencias. Si gobiernos como el español siguieran esta vía, o la UE impusiera este mecanismo de otorgamiento de títulos de propiedad sobre el espectro radioeléctrico, empezaríamos a vivir una auténtica explosión de innovación en el uso del mismo. Pero no, aquí seguimos como siempre, iniciando procesos burocráticos para que, al más puro estilo soviético, el Estado decida qué se hace con un rango de frecuencias, como si pudiera prever todos los usos posibles que pueden hacerse con un pedazo del espectro. Y decidiendo además quién emite y quién no, con el lógico resultado de que Prisa tenga casi todas las frecuencias de radio y la izquierda las de televisión, en lugar de dejar que la sociedad se las componga por sí sola.

La balada del especulador

Para explicar qué hace un especulador, pongamos el ejemplo de un comprador de grano. El especulador considera que el año que viene habrá una mayor necesidad de grano y que el precio del mismo será mayor que el de este. Entonces, compra una cantidad de grano, la retira del mercado y la guarda para el siguiente ejercicio, cuando la venderá. ¿Ha subido el especulador los precios futuros? Al contrario. Por un lado ha subido los precios de este año, porque ha retirado del mercado parte de la oferta. Y contribuye a que los precios del año siguiente sean más bajos.

Si su apreciación del futuro es adecuada, si los precios futuros iban a ser muy superiores a los de este año, el especulador obtiene beneficios. Pero esos beneficios están asociados a una gran labor social: al aumentar los precios actuales contribuye a lanzar la señal de que el bien es más escaso de lo que parecía en un principio, y que es conveniente conservarlo, quizás no consumirlo tan alegremente. Y por otro lo ofrece cuando más necesario es, como muestra los altos precios del año por venir. Si su apreciación es errónea, en lugar de contribuir al bienestar de la sociedad, la han empeorado. Ahora bien, lo que reciben a cambio son pérdidas. Beneficios y pérdidas son a la vez signo de la contribución privada al bienestar de la sociedad en la que viven, y premio o castigo por ello.

Todos somos especuladores, pues la función del especulador es la de mirar al futuro y plantearse qué evolución tomarán las cosas. Especulador es el que se plantea si elegir uno u otro trabajo en función del sueldo, las posibilidades de promoción, el capital humano que adquirirá, etc. Especulador es el que apuesta por comprar una casa cuyo valor futuro es incierto. Todos somos especuladores, aunque la mayoría critiquemos privadamente a los especuladores y les pongamos como causantes de todos los males.

Y tú, ¿de quién eres?

Según el ministro de Sarkozy, con la crisis alimenticia mundial no es el momento para reformar la política agrícola común (PAC) en los términos librecambistas que se negocia en la Organización Mundial del Comercio (OMC). En esta ocasión la excusa para no liberalizar consiste en que un desmantelamiento de la PAC reduciría la producción agrícola europea agravando así la escasez y el desabastecimiento de productos alimenticios. Una cosa sí es cierta, los precios artificialmente elevados que la Unión Europea ha establecido por encima del precio de mercado alientan la producción agrícola.

Sin embargo, la contrapartida de esa intervención es que la billetera de Bruselas no da para pagar a todo el que le gustaría vender a ese precio a lo largo y ancho del planeta. Así que, para no ver cómo naufragan las arcas europeas, la UE tiene que restringir la entrada de alimentos en Europa. De esta manera los precios garantizados han servido de coartada a nuestros intervencionistas para establecer cuotas y elevar aranceles, barreras de entrada que matan literalmente de hambre a millones de agricultores en el tercer mundo.

En un mundo sin esas barreras, sin restricciones a la biotecnología y subvenciones a productos que compiten con el alimento humano (como sucede con los biocombustibles) difícilmente se darían cuellos de botella como los que estamos viviendo y que padecen con especial crudeza los países pobres. Aun así Barnier, quien asegura que España y otros 20 países respaldan su coartada para no liberalizar, ha dicho en más de una ocasión que lo que debería hacer el resto del mundo es copiar el modelo agrícola europeo. Ese el sueño de todo ingeniero social, un horizonte lleno de aranceles, cuotas, pleitos, negociaciones bilaterales y multilaterales, congresos, cumbres y toda clase de fuegos artificiales para hacer creer a la ciudadanía que hacen algo por la libertad y contra la pobreza. Entre eso y mandar a los ejércitos a la frontera para provocar un conflicto armado no hay mucha diferencia.

Algún ingenuo pensará que tampoco es para mosquearse. Después de todo, este socialista de derechas habla de no cambiar las cosas mientras dure la crisis internacional. Pero yo no me lo trago. Hace unas semanas escuché afirmar a este señor que a “lo que estamos asistiendo alrededor del globo es la consecuencia de demasiado liberalismo”. Está clarísimo. No es que no sea momento para liberalizar… es que, para Barnier y compañía, nunca lo será.

Nunca es el momento

A semejanza de lo que había hecho el Partido Demócrata en los Estados Unidos, el PSOE se esforzaría por crear primero grupos sociales identificables y luego convertirse en la única opción de voto para ellos.

Esta estrategia tiene muchas ventajas. Para empezar, como explica Sowell, la izquierda entiende el mundo en términos de mascotas y culpables. Las mascotas son grupos siempre depositarios de la verdad, la justicia y la simpatía (minorías, pobres, países subdesarrollados…) y los otros (Iglesia, ricos, EEUU…) son siempre culpables, sean cuales fueren las circunstancias. Como tienen ya ese pobre esquema del mundo, incidir en él es jugar en campo propio.

La segunda ventaja importante es que con una política de identificación se saltan todas las normas de la lógica e incluso cualquier apelación a la realidad, por muy clara y tozuda que sea. “Si eres homosexual, tienes que votar al PSOE” o “si eres obrero, tienes que votar al PSOE” son los mensajes últimos. Y puesto que tu condición te acompaña sea cual fuere tu circunstancia, no hay discurso racional sobre lo que haga el partido socialista o el Gobierno que valga. Es como si el voto a los socialistas fuera parte del ser de las personas que pertenecen a este u otro grupo. Su último intento es con los inmigrantes, pero este gran asalto puede salirles rana.

Los socialistas tienen que ayudar a la gente a que descubran con qué se sienten identificados. Y para ello es necesario lanzar al debate cuestiones polémicas y que sirvan para situar a cada uno en el “nosotros” y “ellos” que a los socialistas les va a servir para ampliar su voto cautivo. Por eso ha sido tan importante, y tan exitoso, el matrimonio homosexual. Por eso se sacan de la manga cuestiones como la eutanasia, el aborto, la laicidad. Si han creado un nuevo think tank es precisamente para que haga la cobertura ideológica de esta estrategia.

Rajoy, que sigue sin enterarse, se indigna diciendo que los socialistas prefieren huir de los problemas verdaderos de los españoles. Y tiene razón. Pero no entiende que para combatir la estrategia del “y tú ¿de quién eres?” no basta con apelar a la realidad, a la racionalidad, porque consiste precisamente en superar a ambas. Para ello necesita un discurso alternativo cargado de ideas y valores. Y Rajoy lo ha dejado caer en Valencia.

La lógica del mundo al revés

Cualquier realidad puede ser así violentada, pero ninguna como la política, ya que suyo es el reino de la mentira y la manipulación de los sentimientos; del espectáculo y la representación.

Miren, sino, cómo Partido Popular y PSOE se han intercambiado los papeles por completo. Mariano Rajoy adopta un papel magnánimo, condescendiente, y ha dedicado su 16 congreso a anunciar pactos con los otros partidos. ¿Alguien le ha dicho a Mariano Rajoy que él no ha ganado las elecciones? Los partidos tienen que intentar hacer avanzar sus programas. Lo harían de forma absoluta y total, pero el sistema les obliga, en ocasiones, a realizar pactos. Pero quien concede esos acuerdos es quien está en el poder. Rajoy habla de acuerdos pero porque quiere ser aceptado, perdonado por los demás a pesar de ser quien es y representar al centro derecha español.

¿Y el PSOE? Bien cierto es que no tiene mayoría absoluta, pero está en el poder. Él tiene los ingentes medios que otorga el Gobierno en su mano. Y una capacidad de comunicación a la que no se acerca, ni por asomo, el Partido Popular. Celebran estos días la que es su fiesta, en la que reciben universal atención de los medios de comunicación de España, prestos a hacerse eco de todos sus mensajes, eslóganes, ideas, proyectos. Y ¿a qué dedican la mitad del tiempo? A hacer oposición… de la oposición. PP y PSOE han intercambiado sus roles; pero lo interesante es saber porqué.

El PP por ser esa derecha descreída que teme sus propios valores y los oculta o matiza; los viste o incluso los disfraza. Y centra su atención desde el propio proyecto a la forma de conseguirlo. El centro, insisten Rajoy y sus marianistas, “es una actitud”. Y la que más fácil venta tiene es la del acuerdo y los pactos.

Las razones del PSOE para hacer de oposición desde el Gobierno son muy otras. Los socialistas han interiorizado hasta el más recóndito de sus humores la concepción moderna de la política que inició un austríaco allá por los años 20 en una Alemania humillada por los avatares de la historia. La política de la era de masas no es la de los discursos parlamentarios, sino la de la apelación a los sentimientos, a las entrañas. Los sentimientos mueven a las personas, y cuanto más primarios, mejor. Adhesión, admiración, amor, odio, indignación… Y ese tribal sentimiento de pertenencia, el “nosotros” frente a “ellos”.

En el discurso racional, en la política decimonónica de Rajoy, el brillante parlamentario, el PSOE tiene (casi) todas las de perder. Es en el terreno de los sentimientos, de las identificaciones, donde los socialistas adquieren todo su poder. Y el odio, el rechazo visceral y acrítico al adversario, al PP, es absolutamente necesario. Pero el odio cansa, por eso hay que avivarlo constantemente. Esa es la clave del discurso socialista de estos días, y de todos.

Rajoy insiste en hacer apelaciones a la realidad, a la economía, a “los verdaderos problemas de los españoles”. Y Zapatero, amo de la prestidigitación, hace desaparecer crisis monumentales a la vista de todos como David Copperfield hizo lo propio con la Estatua de la Libertad en la isla Ellis. Eutanasia por aquí, aborto por allá, derechona, derechona, hocus-pocus y ¡paf! ¿Dónde está la crisis?

Recetas socialistas para la no-crisis

Increíble, sí, pero cierto. Porque ni siquiera un socialista es capaz de aparecer en la tribuna del congreso y fingir un optimismo absurdo en las circunstancias actuales como hizo Zapatero el miércoles pasado. Si el peor comienzo para solucionar un problema es negar su existencia, dibujar un contexto incompatible con la realidad es la garantía inequívoca de que todo lo que está mal va a seguir empeorando hasta llegar a la catástrofe absoluta.

En cierto modo, Zapatero tiene una excusa para insultar a la inteligencia del español medio con su empeño en negar la evidencia de la recesión actual. Y es que el grueso de los referentes intelectuales y mediáticos que manejan la voluntad de los votantes socialistas va a poder sobrellevar esta crisis de forma confortable, pues en la inmensa mayoría de los casos sus sueldos no dependen de las decisiones comerciales de los ciudadanos en régimen de competencia. Profesores universitarios, altos cargos del PSOE, liberados sindicales, funcionarios del canon y artistas subvencionados tienen las habichuelas garantizadas así acabemos como Argentina y su corralito. Sus sueldos dependen exclusivamente de la voluntad del Gobierno y no van a ser ellos quienes pongan en duda las consignas del PSOE.

El Partido Socialista Obrero Español se mantiene como referente de la clase obrera simplemente porque ésta odia más a la derecha de lo que desprecia a los dirigentes socialistas y, en muchos casos, prefiere hundirse con los suyos a remontar el vuelo de la mano del adversario. Pero hasta ellos saben que el PSOE actual no es más que una organización pequeño-burguesa destinada a defender el negocio de los instalados en el presupuesto y el favor estatal, a cambio de subvencionar a los ociosos y los lobbys de izquierdas para callarles la boca.

En el inminente congreso socialista tampoco se hablará de crisis. A cambio, los temas que suscitan el mayor interés de los delegados y que centrarán la mayor parte de los debates van a ser la eutanasia, el aborto y, pásmense, la lucha contra el mobbing. Al menos en esto último son consecuentes. Al ritmo actual de destrucción de nuestra economía, en unos meses no habrá apenas empleados a los que acosar.

Internet en la Edad Media

El régimen de Teherán está preparando una ley para, entre otras cosas, llevar a la horca o amputarle una mano y una pierna por la "creación de blogs y sitios de Internet que hagan apología de la corrupción, la prostitución y la apostasía". ¿Qué harán si el que comete tal delito es además homosexual (les ahorcan con independencia de lo que hagan en Internet) o una mujer adultera (destinada en Irán a la lapidación)? ¿Arrancarles la piel a tiras antes de ponerles el cuello en la soga? Mejor no pensarlo.

Hasta ahora la situación de la libertad en Internet en Irán era lamentable, con bloqueos de sitios de alojamiento de blogs, cierre de periódicos digitales y detención de autores de bitácoras como algunas prácticas comunes. Pero siendo terrible, no va más allá de lo que ocurre en otros países como China, Vietnam, Cuba, Egipto o su vecina Siria, país que este año ha batido un triste record en el mundo árabe al tener detenidos a cinco bloggers y ciberdisidentes. Sin embargo de aprobarse la nueva ley, lo cual es muy probable al ser diputados de la corriente (aunque allí a las diferentes corrientes del “movimiento” se les llame partidos) próximas al Gobierno, se habrá dado un importante paso cualitativo hasta ahora sin precedentes.

En la actualidad, Internet en Irán se encuentra en una situación típica de cualquier sistema dictatorial del signo que sea. Está vigilada, limitada y quien osa a expresarse en ella puede acabar en la cárcel. Por desgracia, nada nuevo. Sin embargo, que el usarla con según que fines pueda costarle a uno ser condenado a muerte es una terrible novedad. Y los motivos que pueden llevar a la horca hacen retroceder a la Red en ese país a la Edad Media. En realidad, algo muy propio de la antigua Persia desde que se acabara la dictadura de los Pahlevi y comenzara la de los ayatolás. Un sistema medieval con tecnología del siglo XXI.

Diversidad, no igualdad impuesta

Estudios de este tipo pueden hacer chirriar los oídos de cualquier político y amante de la imposición moral socialista como los de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, que no ha dudado en mentir sobre la realidad de nuestro mercado laboral al afirmar que las mujeres son más precarias que los hombres cuando ocurre lo contrario según el INE. La sociedad es diversidad, no todo el mundo aspira a ser igual y si se impone la igualdad no puede haber diversidad. La igualdad es un concepto restrictivo sólo aplicable a la justicia. Ante la ley todos hemos de ser iguales, pero algo así no significa que tengamos que serlo en nuestras vidas personales y mucho que nos lo tengan que imponer. Ahí, nosotros elegimos, no un puñado de burócratas que se creen con legitimidad para opinar sobre nuestras vidas. Curiosamente, las cosas van al revés hoy día.

Políticos y socialistas siempre han mantenido un discurso contradictorio en el tema de la igualdad y discriminación laboral. Por una parte, siempre nos dicen que el capitalismo es un sistema que sólo prima la productividad y no atiende a los valores morales. El empresario siempre es presentado como un hombre avaro que sólo piensa en dinero comerciando con cualquier cosa, lo único importante es el beneficio. Por eso el sistema capitalista siempre es salvaje.

Pero cuando tocamos el tema de la igualdad laboral, las cosas dan un giro radical. Ese empresario avaro que sólo piensa en el beneficio económico, ahora se vuelve un firme defensor de la moral conservadora olvidando sus tan preciadas rentas. Cuando se trata de contratar a un hombre o a una mujer, ahora el egoísta empresario no piensa en la productividad, ni en el coste de oportunidad que hay entre esa mujer y un hombre. El empresario, ahora prefiere perder dinero contratando a un hombre hedonista que no a una mujer trabajadora. O también, prefiere subir el salario a un mal trabajador para bajárselo a una productiva trabajadora aún a riesgo que ésta se vaya a la competencia. Bueno, en qué quedamos. ¿Qué es el empresario? ¿Un defensor de la moral o alguien obsesionado con el beneficio económico?

El empleador que discrimina por razones morales corre el serio riesgo de perder productividad, competitividad y dinero. Ningún empresario hace algo así de forma masiva y constante. El que lo hace, acaba siendo expulsado del mercado. Fíjese, en cambio, que no ocurre lo mismo en el mundo de la política ya que la responsabilidad no existe. Uno de los ejemplos más sonados fue la ratificación de la ministra Magdalena Álvarez, que tras sólo causar desastres en su ministerio de Fomento (socavones, desconfianza empresarial, retrasos, desidia, averías, más retrasos…), fue reelegida en su puesto.

El lema, “hombres y mujeres han de cobrar lo mismo por el mismo trabajo”, tiene tanto sentido como “las chicas de 16 años y mujeres de 40, han de cobrar lo mismo”, o “a los hombres y a las mujeres han de gustarles las mismas cosas”. Si expandimos el igualitarismo a toda la economía ¿también hemos de imponer que enfermeras y camioneros cobren lo mismo porque sino las primeras se sentirán discriminadas respecto a los segundos?

Un buen jefe, no lo es por una ley ni porque lo diga un papel enviado a Recursos Humanos, sino por el respeto que infunde a sus trabajadores, pares y jefes así como los aciertos que consigue para la empresa. Si el jefe vale, los que estén con él medrarán a la vez. En el momento que una ley impone responsabilidades a una persona por haber nacido mujer, ser latinoamericano, negro o pertenecer a una minoría –aunque no haya hecho nada para conseguirlo–, la empresa sólo logrará que sus trabajadores boicoteen al jefe–cuota, le pierdan el respeto, baje la productividad de todos e incluso que le abandonen dejando marginado, además, a la persona productiva y trabajadora.