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Miembros y miembras

Miren, si no, a Bibiana Aído, la ministra orwelliana del Gobierno, que ha agradecido su compromiso con la igualdad a “los miembros y miembras del Congreso”. Se habían perdido en la memoria los “jóvenes y jóvenas” de la diputada Carmen Romero, “y griega” de nuestro “x”, Cicerón en negativo, que interrumpió el silencio más largo y minucioso de la democracia para darle una patada a la gramática de la que no se ha repuesto.

Pero ¿qué hay más propio del socialismo de la ESO que una miembra? El profesor de Educación para la Ciudadanía explicará que los géneros son roles sociales impuestos por una sociedad patriarcal, completamente aleatorios y arbitrarios. Y el de lengua, si es que esa asignatura no sufre el hachazo que el PSOE le ha propinado a la de Filosofía, se verá obligado a recordar acendradas y eficaces normas de nuestro idioma. Como que no hay que confundir el género y el sexo. O que hay más de dos géneros en español, que al masculino y al femenino le acompañan el neutro, el común, el epiceno y el ambiguo. Que hay palabras que no tienen la suerte de tener género determinado y están a la espera de que se lo otorgue un oportuno artículo, como ocurre con muchas profesiones. Vamos, que con hablar de los “miembros del Congreso” le hubiese bastado a la ministra para referirse a todos ellos, sin distinción de sexo.

Pero como el socialismo es también la lucha contra el mérito, han privado de ese tributo a las mujeres del Gobierno y las han convertido en cuotas, un nuevo éxito de Zapatero contra el machismo, del que la Aído es su máximo ejemplo. ¿Qué más propio que una ministra que no sabe ni hablar y que todo lo hace en nombre de la igualdad?

La Aído se ha puesto a violentar el español como si la Aído estuviese cumpliendo un capricho de ERC contra nuestra lengua. Pero no ha querido llevar su desafuero con todas sus consecuencias contra toda palabra privada de género propio. Jóvenes y jóvenas, miembros y miembras, jueces y juezas. Pero, ¿por qué no hablar de periodistos y periodistas, economistos y economistas, analistos y analistas?

Sí. Esa es la revolución pendiente; la última lucha del socialismo español contra nuestra lengua. ¡Ánimo, Aído!

El mercado y la crisis alimentaria

La desfachatez de los burócratas liberticidas no parece conocer límite. Los liberales, que saben algo de economía, suelen intentar enseñarla con argumentos, no la sermonean como artículo de fe. La sociedad libre y el mercado no intervenido que ésta incluye son la mejor solución institucional posible para los diversos problemas sociales, pero esto no significa que el mercado garantice soluciones para todo, simplemente porque hay problemas irresolubles o que sólo pueden arreglarse de forma parcial o circunstancial dadas las limitaciones humanas. En un mercado libre se aprovecha el conocimiento práctico y disperso de todos los participantes que responden a incentivos adecuados y se relacionan de forma pacífica y voluntaria. Son los tecnócratas quienes pretenden de forma arrogante que ellos saben más que el orden social espontáneo, y no proponen sino que imponen sus "soluciones globales" (por llamarlas de alguna manera) mediante la coacción política.

Hay que tener mucha cara dura para hablar de fallos de mercado respecto de la agricultura, uno de los sectores económicos más intervenidos. Los gobernantes no paran de ponerle trabas (falazmente denominadas "ayudas" o "protecciones") y no sólo escurren el bulto ante los problemas que ellos mismos crean, sino que demonizan cuanto pueden a su chivo expiatorio favorito: el mercado, que es impersonal (no puede defenderse), y además parece controlado por los ricos sin corazón.

La crisis financiera, con sus efectos de especulación y acaparamiento e incremento de precios de las materias primas, no la ha causado el mercado sino el Estado mediante la manipulación monetaria y crediticia. Los biocombustibles son una mala idea subvencionada por el Estado. Los desajustes entre oferta y demanda son normales cuando los agricultores llevan tantos años desconectados de los consumidores y de la competencia y enganchados a las subvenciones. Las restricciones a las exportaciones impuestas por muchos países son un fenómeno político ajeno al comercio libre.

El lugar que les corresponde a la agricultura y a la alimentación lo deben decidir libremente miles de millones de individuos y no unos pocos ungidos. La crisis humanitaria es algo muy serio: los tecnócratas no van a arreglarla pidiendo más poder regulatorio y más medios para sí mismos. Tampoco la ministra Espinosa repitiendo el grandilocuente topicazo de La agricultura, un sector estratégico, criticando la globalización, defendiendo la autarquía y mostrándose orgullosa de la calamitosa Política Agrícola Común europea.

Señor Rajoy, ¿sabe que ha perdido las elecciones?

Todavía queda un congreso popular en 2011, pero o es el de la confirmación y adhesión al que salga ahora del apaño de Valencia o será el de la ruptura, por lo que las elecciones del año 12 se podrían dar por amortizadas. Y la democracia de 1978 quedará para los libros de historia.

Completada la destransición, se llenará el vacío con un régimen nuevo, concebido desde el PSOE. El centro derecha asistirá a todo el proceso dividido entre quienes transigen con el nuevo consenso y los que no están dispuestos a traicionar a la Constitución, a quienes desde el poder y los medios de comunicación se les acusará directamente de no ser democráticos. El centro derecha quedará herido de muerte y se verá forzado a debatirse permanentemente entre trabajar desde el nuevo acuerdo institucional o exigir la recuperación del antiguo, una posición muy débil dialécticamente.

Todo ello es posible, pero sólo posible. El único partido que puede detener el proyecto transformador de España es el PP y para ello debe hacer suyo un programa que se centre en lo esencial, que son las libertades y los derechos de los españoles. Rajoy habla de cambios, de evolucionar, de abrirse a la sociedad. Pero debería dar contenido a esas palabras perfeccionando su liberalismo económico y abriéndose al liberalismo social. ¿Quieren abrirse? Pónganse a la cabeza de la manifestación en la defensa del matrimonio homosexual. Denuncien el neopuritanismo de los socialistas, que quieren prohibirnos fumar, comer hamburguesas, beber vino, comprar ciertos videojuegos… Hagan del no al robo del canon su bandera y de la denuncia de las clases privilegiadas por el presupuesto un hábito.

Pero Rajoy ha tomado otro curso. Alucinado, en un estado crepuscular histérico, habla de la necesidad de pactar con los grupos nacionalistas. Como si hubiese ganado las elecciones. Como si fuera el presidente del Gobierno en minoría y tuviese que remangarse para negociar su programa. Señor Rajoy, no se engañe con los diez millones, que ha perdido usted las elecciones.

A él o a quien salga del próximo congreso no le va a valer de nada hacerse pasar por presidente del Gobierno. Tendrá que asumir que está en la oposición y que tiene que denunciar todos los atropellos a nuestras libertades y a nuestra democracia que cometa el Gobierno y deberá presentar una alternativa basada en las ideas y no en el precio del petróleo. Será que el debate de ideas de que habla Aguirre no es tan descabellado.

A Pinocho no le gustan las nucleares

Pero vayamos por partes. Alguien debería enseñarle a este señor una lección de economía muy elemental: algo puede ser muy costoso y muy rentable al mismo tiempo. Si la energía es demasiado costosa hasta el punto de no dejar beneficios, deje usted que los empresarios hagan sus cuentas y comprueben que no merece la pena invertir en centrales de este tipo. Sin embargo, ZP no permite ese elemental ejercicio de libertad empresarial y advierte a los potenciales empresarios del sector que no podrán instalar nuevos negocios de este tipo. ¿Pero no decían que no existía ningún impedimento legal ni político para construir una central nuclear en España tras la moratoria?

Dicho sea de paso, ¿qué le importará el coste de las centrales nucleares a este señor, si nos ha aburrido durante años con eso de cumplir con Kyoto, "cueste lo que cueste"?

Encima, la realidad parece ser la contraria de las historietas de Zapatero. La energía nuclear es una de las más económicas y rentables, al tiempo que supone una garantía de suministro de la potencia instalada. La industria nuclear tiene beneficios después de soportar, como es lógico, el coste del tratamiento de los residuos y la provisión para el eventual desmantelamiento de la central, a través de sus pagos a la empresa nacional de residuos, ENRESA.

Lo del agua es la monda. A lo mejor el hombre se ha creído que los reactores nucleares convierten el agua en energía. ¡Que no! Que eso no lo hacen ni las hidroeléctricas. Lo que convierten en energía es el uranio y en España, por cierto, tenemos de sobra. El agua se usa para refrigerar y esa agua no se difumina sino que se devuelve al rio del que vino un poco más calentita que antes, eso sí. Pero no lo digamos muy alto no vaya a ser que este señor se crea ahora que el cambio climático lo provocan las nucleares al calentar el agua. La imaginación de ZP no tiene límites. Tampoco me extrañaría que piense que los peces mutantes de Ecologistas en Acción, aquella trola que metieron estos ecolojetas radicales a la prensa cuando afirmaron haber descubierto peces que habían mutado por el agua de una central nuclear, eran de verdad y convierten el agua de los ríos en toneladas de CO2, dejándonos con una pertinaz sequía. No sé, este hombre, de verdad, me supera.

Nuestro Pinocho más internacional podía haber dicho, como admitía antes de ser presidente, que no le gustan las centrales nucleares y no le da la gana de permitirnos disfrutar libremente de una energía barata, sin subvenciones arrebatadas del bolsillo del contribuyente, garantizada y que no emite el famoso CO2 que provoca, según él, el mayor problema al que se enfrenta la humanidad. Pero no, el señorito se nos ha vuelto fino y en vez de reconocer simplemente que ha decido usar su monopolio de la violencia legal para que no hagamos lo que no le gusta, va contando por ahí las conclusiones de sus dos gloriosas tardes de economía y sus fabulosos conocimientos en hidrología nuclear.

90.139 niños podrían haberse salvado

Tan desinteresados son que no suelen cobran ni un euro… más de lo que indica su caché habitual, circunstancia que a los espíritus sensibles nos llena de admiración y gratitud. ¡Qué tíos! Qué manera de sacrificarse por el prójimo.

El Ayuntamiento de Toledo, gobernado por el PSOE, ha tenido el acierto de programar uno de estos conciertos cuya principal protagonista fue la excelente cantante y actriz Ana Belén. Puesto que se trataba de un acto de solidaridad para recaudar fondos con destino al tercer mundo, nada más lógico que abonar la factura de la actuación de Ana Belén con el dinero previsto para la contribución del famoso 0’7 por ciento del PIB. Sacrificio pecuniario que toda institución progresista asume de buen grado, principalmente porque la pasta no procede del solidario bolsillo de los progres (que por lo general no pagan impuestos; "salvar el mundo" no está contemplado en los epígrafes del IRPF), sino de los honrados contribuyentes, en cuyo nombre la izquierda ejerce la solidaridad planetaria descontando el porcentaje necesario para cubrir sus honorarios y otros gastos de gestión.

El propio alcalde de Toledo lo explicó perfectamente, al aclarar que si pagó a la artista con fondos destinados a la solidaridad internacional, fue precisamente porque ese concierto estaba proyectado para recaudar dinero con destino a diversos proyectos de ayuda al tercer mundo. Pero como los contribuyentes toledanos se conoce que son algo fachas, en lugar de abarrotar el recinto pagando un pastón por cada localidad decidieron pasar la velada en casita, viendo una película que, encima, probablemente ni siquiera era española, con lo que la recaudación fue casi tan ridícula como la habitual en un concierto de Ramoncín. Un desastre de inversión la realizada por los socialistas toledanos, a quienes les ha ocurrido como a aquel paisano que vendió el burro para poder comprar paja con que alimentarle.

Los progres nos crean mala conciencia con esas misteriosas estadísticas según las cuales cada segundo que pasa sin que nos rasquemos el bolsillo en la medida en que estos ungidos estiman conveniente ocurre una desgracia en los lugares más remotos que acaba con la vida de muchos seres humanos. Pues bien, tiremos de ese tipo de estadísticas y veamos cuantas vidas humanas ha contribuido a destrozar la desdichada medida de los sociatas toledanos. Las estimaciones más benévolas de la ONU establecen que salvar la vida de un niño en la zona más pobre de Africa cuesta ochenta dólares. La pasta abonada solidariamente por los socialistas a la solidaria Ana Belén, hubiera salvado, por tanto, la vida de 90.139 niños del este africano, que probablemente ahora morirán de inanición. ¿Podrán estos profesionales de la solidaridad con dinero ajeno soportar semejante carga? Usted seguramente no; ellos sí. De hecho, lo más probable es que estén ya preparando el conciertazo solidario del año que viene, con el imprescindible zejatero de cuota en papel estelar. Y es que la solidaridad bien entendida comienza por uno mismo. En el caso de la izquierda, empieza y acaba. Que se lo pregunten a la pobre Ana Belén.

Millones, demandas y dinosaurios

Promusicae, que agrupa a 88 discográficas presentes en España, y las multinacionales Universal, Sony-BMG, Warner y EMI han demandado al programador Pablo Soto Bravo, al que reclaman 13 millones de euros por haber creado diversos programas de intercambio de archivos.

Los demandantes acusan al empresario y programador creador de Omemo, Blubster, Piolet y Manolito de actuar "con evidente ánimo de lucro" y con una "conducta parasitaria". En realidad, lo que buscan es impedir que los usuarios sigan utilizando estos programas y, de paso, asustar a cualquier informático que pretenda crear alguno similar en nuestro país. Es cierto que las redes de pares se usan con mucha frecuencia para descargar archivos con derechos de autor, algo que además en España no es delito si no hay ánimo de lucro. Pero también lo es que otros usuarios los usan para intercambiar archivos con licencias libres o sin derechos de autor de ningún tipo.

En realidad, los programas de intercambio de archivos no son más que herramientas neutras. Lo ilegal o legal está en el tipo de uso que se les dé, no en su creación. La demanda de Promusicae es equivalente a que alguien demande a un fabricante de navajas (que sirven para acuchillar a alguien pero también para pelar una naranja) como cómplice o inductor de asesinato. Y eso en el terreno de la legislación. Si vamos a la justicia o a la ética, estamos ante algo todavía más absurdo. El mero concepto de propiedad intelectual es más que discutible. De hecho en realidad se trata de un atentado contra la propiedad de terceros.

Un atentado que se materializa entre otras cosas en el canon digital, esa "compensación por copia privada" gracias a la cual las entidades de derechos de autor ingresaron el año pasado 84 millones de euros por no hacer nada. Cierto es que la cifra es menor que en 2006, pero no deja de ser una cantidad importante para unas organizaciones que para obtenerlo se han limitado a insultar y criminalizar a quienes les critican. Todo entra dentro del mismo fenómeno. Los grandes actores (Promusicae, SGAE, DAMA, CEDRO…) de un mercado que ha evolucionado a pesos agigantados no saben adaptarse a los nuevos tiempos y pretenden que el mundo se pare. Los dinosaurios no han entendido que ha llegado el tiempo de los mamíferos.

Los intermediarios, chivos expiatorios de los lobbies

El estudio que han realizado nos muestra cómo algunos alimentos multiplican su precio de forma notoria desde que salen de la huerta hasta que llegan al supermercado, en algunos casos hasta más de un 400% según estas organizaciones (COAG, UCE y Ceaccu). Como era de imaginar, han exigido la intervención del Gobierno.

El lobby agrario COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos) exige, por ejemplo, que el Estado "fije los precios o márgenes de comercialización cuando se trate de productos de primera necesidad". Pero ¿qué ocurriría si el Gobierno impusiera precios máximos sobre los productos? Lo primero, que nacería otro lobby, el de los intermediarios, que exigiría al Estado subvenciones de compensación. ¿Quién lo pagaría? Exacto, usted, consumiese el producto con el que ellos trabajan o no.

Desde un punto de vista menos político y más económico, veamos las dañinas consecuencias que tiene el intervencionismo en la estructura productiva de la economía. El precio de un producto o servicio no es la suma de sus costes más un margen. Desde que se descubrió el concepto económico de la utilidad marginal en el siglo XIX, los economistas se dieron cuenta que las cosas cuestan aquello que la gente está dispuesta a pagar por ellas. Es desde la escala de preferencias del consumidor que se establecen los precios y no al revés.

El precio orquesta las necesidades reales de la gente –lo que en economía se llama "preferencias reveladas"– con la escasez de la oferta y los diferentes sistemas de elaboración, distribución y comercialización que existe en el mercado, es decir, con el valor de los intermediarios. Si el precio de las cosas está por encima de las más urgentes necesidades de las personas, la estructura productiva se acorta, cierran intermediarios, hasta encontrar un "precio de equilibrio" o concordia entre oferta y demanda.

Si por razones artificiales y ajenas al libre mercado, como pueda ser la intervención coactiva del Gobierno, las relaciones naturales entre oferta y demanda desaparecen, lo único que conseguiremos es escasez y fraude. ¿Qué ha ocurrido últimamente con el agua? El agua no tiene un precio de mercado, está regulado. Las consecuencias han sido severas restricciones en algunos lugares de España y quejas de diversos sectores políticos. ¿Qué ocurre con el suministro de electricidad, que también tiene precios máximos? Apagones continuos y jugosas subvenciones para las empresas productoras y distribuidoras de electricidad que pagamos todos aunque no usemos su producto.

Si usted nació antes de la democracia recordará una muestra de esos fraudes producidos por los precios máximos: la barra de kilo de 800 gramos de pan. El régimen regulaba en aquel momento los "productos de primera necesidad", como ahora exige la COAG. La picaresca se impuso de inmediato: vender pan de kilo que en realidad pesaba 800 gramos. Da igual qué es lo que se quiera regular, lo único que logrará será agudizar el ingenio de los pícaros, aumentar la burocracia y castigar a los empresarios honrados, que a propósito, son la mayoría y no por su bondad, sino porque en el libre mercado el listillo es expulsado por el consumidor. Todo lo contrario a lo que ocurre en el Estado del Bienestar, donde vive a expensas del ciudadano y las subvenciones.

Los lobbies de consumidores y agricultores han demostrado saber muy bien como procurar por su sueldo, pero no demasiados conocimientos ni de teoría económica ni de historia. La supuesta inflación que está disparando los márgenes desde hace tiempo no se debe a lo oscuros intermediarios. Gracias a ellos tenemos alimentos cada día en las tiendas. Si restringimos su negocio por medio de la fuerza de la ley, sólo conseguiremos encontrar comida durante los cinco primeros minutos desde la apertura de los supermercados, tal y como ocurría en la URSS, que precisamente usaba este tipo de regulaciones. Bueno, también podremos ir a las huertas a comprar los tomates o a Canarias para conseguir unos plátanos.

La inflación crediticia ha creado intermediarios artificiales de igual forma que ha ocurrido con la vivienda. La emisión excesiva de dinero –ya sea en billetes, depósitos u otros activos– ha descompensado la estructura productiva creando una ilusión de beneficios que no está respaldada por la producción. Lo que vemos ahora no es más que la continuación de las políticas expansivas de los bancos centrales que se va filtrando por todo el tejido económico. No en vano Nicolás de Oresme, el primer tratadista monetario, apuntó sabiamente en el S. XIV que la excesiva emisión de activos monetarios (la inflación crediticia) siempre conduce a la explotación y tiranía.

Twitter, o la banalidad en internet

Twitter es lo que los expertos denominan un "nanoblog". En un blog, el autor escribe ideas más o menos desarrolladas, y legibles; en un nanoblog, como el prefijo indica, la dimensión de las entradas se reduce, hasta ser meras frases.

La gente envía SMSs desde su móvil, o mensajes de e-mail, que se quedan registrados en una determinada página, a la que se supone que otros interesados pueden acceder. Supongo que habrá genios, estilo Oscar Wilde, que tengan de continuo ideas brillantes y cuyas páginas atesoren frases SMS. Pero la mayor parte de sus usuarios, básicamente, se dedican a mandar SMSs con lo que están haciendo en cada momento, donde están o lo que escuchan. Y a base de estas novedades se llena el nanoblog.

Así que, por un lado, tenemos aquellos usuarios que se dedican a informar al mundo de su paradero. Supongo que asumen que hay mucha gente a las que esto les puede interesar; vamos, que un poco de ego cabe esperar de su perfil.

Pero si bien puedo imaginarme a unas cuantas personas haciendo esto, tomándose la molestia de mandar un SMS en los ratos muertos del día, me cuesta mucho más identificar qué clase de personas pueden ser capaces de consumir las páginas que recolectan esta información. ¿A quién le puede interesar leer una serie de frases inconexas sobre lo que están haciendo o escuchando en cada momento del día otras personas, por muy amigos, conocidos o importantes que sean? Desde mi punto de vista, se trata de otra manifestación de la banalidad a la que parece asomarse nuestra sociedad, menos extendida, eso sí, que el Gran Hermano o el Chiquilicuatre.

Afortunadamente para los usuarios de Twitter y para sus creadores, esta es sólo mi opinión. Y por mucho que piense que es una asignación ineficiente de recursos, no se me pasaría por la cabeza proponer una intervención en el mercado de internet para prohibir esta clase de servicios por dicha razón.

Y es que internet es el fenómeno que es, precisamente porque la innovación no tiene en ella ninguna cortapisa. A cualquiera se le puede ocurrir prestar un servicio, y puede probar suerte. Nadie le va a prohibir que lo haga. Y aunque una gran mayoría de los ciudadanos podamos pensar que es una chorrada, a lo mejor encuentra unos cuantos que lo ven útil o simplemente entretenido. Sólo queda esperar que pueda seguir así por mucho tiempo, libre de intervenciones de iluminados.

Suena La cabalgata de las Valkirias, de Wagner. Adelante, Twitter.

¿Por qué el Euribor está en el 5%?

En las redes de intercambio de archivos sucede lo mismo. El intercambio de ficheros en el eMule se hace privadamente entre usuarios; por tanto, el contenido de ese fichero que va de un ordenador a otro debería ser objeto de las mismas protecciones que cualquier conversación privada. Sin embargo, al conectarnos con este programa comunicamos públicamente qué ficheros tenemos disponibles para compartir con los demás usuarios; esa información es pública, por lo que la policía debería tener el mismo derecho a acceder a ella que cualquier otra persona con conexión a internet y la mula funcionando.

Otra cosa es que en muchas ocasiones los nombres de los ficheros que públicamente se comparten en estas redes poco tienen que ver con los contenidos reales. No es infrecuente bajarse el último estreno y encontrarse con que en realidad es una película porno, o algo peor. Eso hace especialmente peligrosa la penalización por mera posesión de cierto tipo de ficheros, aunque sean de pornografía infantil. Aunque no suceda todos los días, puede pasar que alguien se descargue archivos con las intenciones más inocentes para luego descubrir que se ha bajado auténticas porquerías.

Fíjense si no en el caso que ha provocado esta decisión del Tribunal Supremo. La acusada se había descargado ficheros tras buscar cosas tan inocentes como "bebés", "mamás", "papás", "niñas" o "mamás con bebés"; a partir de sus descargas la Policía obtuvo la autorización del juez para averiguar quién era a partir de su número IP, que es el único dato público que permite su identificación. Sin embargo, cuando la Policía la detuvo, acusada de poseer pornografía infantil, había borrado ya los ficheros, lo que parece indicar que no era precisamente eso lo que buscaba. Desgraciadamente, eso no la exime; al parecer es culpable de un "delito de facilitación de la difusión de material de pornografía infantil", pues como los usuarios de eMule saben, o deberían saber, todo lo que se descarga se comparte automáticamente, y por tanto la señora en cuestión difundió sin querer pornografía infantil.

No sé qué pensarán ustedes, pero a mí eso de meter en la cárcel o simplemente llevar a juicio a una mujer cuyo única culpa comprobada es la de buscar en la red vídeos de bebés, mamás y papás me parece un poco excesivo, aunque muy en la línea de este Gobierno de comprender a los verdaderos criminales y considerar que sus delitos son "culpa de la sociedad", mientras se inventan delitos nuevos con los que criminalizar a los ciudadanos normales que no hacen daño a nadie. Quizá sea la hora de cuestionarse si no convendría volver a las viejas y buenas tradiciones penales de antes de la era progre, cuando a nadie le cabía duda de que lo que se castigaban eran delitos de verdad.

El Tribunal Supremo y el eMule

Pero, por más que se han hecho todo tipo de intentos para precisar cuáles sean las “necesidades básicas”, siempre han tropezado, metidos en faena, que la lista se les escapaba de las manos como la arena de la playa. Pero si hay una marca de la pobreza clásica y en la que podemos coincidir, esa es la del hambre.

En los 30’, el liberalismo cayó en desgracia y con él todos sus logros, vistos entonces como maldiciones: el laissez faire y la cooperación económica internacional. Las botas del socialismo y del nacionalismo pisotearon las libertades de millones de personas. Se desintegró la división del trabajo internacional y se revivió el mercantilismo del Antiguo Régimen, presentado como último logro de la humanidad. Pero, tras la II Guerra Mundial, se comenzó a desandar lo andado, a recuperar la fe en el comercio internacional, en la cooperación involuntaria pero virtuosa y feraz. A partir de los 70’, con la incorporación de Asia a ese mercado que rompe las fronteras, se aceleró esa integración que hemos llamado globalización.

El crecimiento es caprichoso, sí, pero siempre se acompaña de la división del trabajo, y cuanto más profunda y compleja sea, mejor. Por eso la globalización ha regado de bendiciones económicas áreas inmensas de la tierra, en las que la pobreza y sus marcas han ido remitiendo. Y, entre ellas, está el hambre. En 1970, un 37 por ciento de la población de los países en desarrollo padecían hambre. Dos décadas después, un 20 por ciento, y en 2010, las previsiones apuntaban a un 12. Los visionarios hablaban ya de la erradicación de la pobreza, y los miserables creaban grandes planes desde los gobiernos, para apuntarse un tanto al que en nada han contribuido. Robar y matar, las dos tareas clásicas de los Gobiernos, no dan de comer a los pobres. Producir y comerciar, sí.

Resulta dramático, pero los más débiles tienen más enemigos que los poderosos. Entre los muchos y muy prestigiosos enemigos de los pobres sobresalen los ecologistas, que ven a los hombres no como seres creativos y racionales, sino como depredadores de la naturaleza, ante la cual hay que sacrificar el bienestar de las personas, cuando no su misma supervivencia. ¿Qué hay que encontrar una alternativa al petróleo? Vengan los biocombustibles, esa comida robada a los platos para quemarla en los coches. Como el mercado sale en defensa de los hambrientos, expulsando a los biocombustibles por sus precios desmesurados, ha salido el Estado en su rescate con subvenciones de dimensiones planetarias.

El resultado lo podría haber predicho un niño: escasez de alimentos, desabastecimiento, precios altos… y el retorno del hambre. El ecologismo tiene hambre de hambre, y es insaciable. No sabemos qué será lo próximo.