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Vendaval antidemocrático contra la SGAE

El lobby agrupado en torno a la SGAE entiende que todos los ciudadanos debemos pagarles, utilicemos o no sus servicios. Esa y no otra es la clave del llamado canon digital, que grava la compra de un DVD virgen, pongamos por caso, con una cantidad adicional ante la posibilidad de sea utilizado para grabar los grandes hits del rey del pollo frito y venderlos a la puerta de El Corte Inglés, suceso, por cierto, que jamás ha ocurrido en el Occidente civilizado para desdoro de los gerentes del top manta, unos completos ignorantes en materia musical.

Lo interesante de que un partido político haya votado en contra de la aplicación de este impuesto revolucionario no es que lo haya hecho después de cerdear varios meses con este asunto sin explicar cual era realmente su posición. Lo grave es que la posibilidad de dar carta de naturaleza a una injusticia manifiesta, un robo evidente, una extorsión masiva de estas características haya llegado a discutirse en la sede de la soberanía nacional.

Pero como la ignorancia es osada y el dinero fácil muy goloso, los chicos de la SGAE se han puesto solemnes y han advertido a los ciudadanos de que impedirles meter sus manos en nuestros bolsillos es un grave atentado contra la democracia. Con dos cojones.

Para la SGAE, el hecho de que usted grabe en una cinta de video la comunión de la Yeni sin pagarle el diezmo es un hecho que atenta gravemente contra el derecho internacional. Es decir, que si felizmente el artículo siniestro que establece el canon digital es eliminado de la ley de propiedad intelectual, España necesitará varios millones de agentes de la Interpol para poder detener a tanto delincuente.

En su nota de prensa tras la votación en contra del Senado, la SGAE afirma que se trata de una "irresponsabilidad impropia en una democracia moderna basada en el respeto a las leyes y a los derechos individuales". Precisamente porque somos demócratas y respetamos las leyes y los derechos individuales estamos en contra de que Teddy nos cobre un impuesto a todas luces ilegal, por más que los artistas beneficiarios del cotarro sean de la pandi de Carmen Calvo.

Hay más de un millón de usuarios de Internet, en su mayoría gente joven, que puede decidir su voto por una cuestión aparentemente tan nimia como ésta (no lo es, como no lo es cualquier decisión que afecte a la libertad individual). Si Rajoy consigue meterle en la cabeza a los elorriagas y los arriolas este dato, igual le permiten seguir oponiéndose a la implantación del canon, al menos hasta que lleguen las elecciones. No es seguro, pero cosas más raras se han visto.

Las apresuradas decisiones de la FED

La historia empezó el día anterior a la gran medida de la FED, el martes. A las 20:15, hora española, la FED tenía que pronunciarse sobre qué hacía con los tipos de interés. El mercado bursátil se esperaba un recorte de 25 puntos básicos en el tipo federal (el que comúnmente conocemos como tipo de interés oficial) y de 50 puntos básicos en el descuento (el que usa la FED con los bancos comerciales). La FED cumplió la primera parte, pero se quedó corta en la segunda, rebajó el tipo de descuento en 25 y no 50 puntos básicos. Los hombres de negocios de Wall Street han aprendido algo en este último año: eres un lobby con mucha más fuerza de la que crees, así que patalea y conseguirás lo que quieres. Dicho y hecho. El Dow Jones cayó en el primer minuto tras conocer la noticia 10 puntos, en el segundo ya eran 100, en los cinco siguientes sumó otros 100 y siguió bajando 100 puntos más hasta el cierre.

Al día siguiente salió el rumor de que la FED se había asustado por las reacciones del mercado y se planteaba hacer algo para apaciguarlo. ¿Realmente tiene algún sentido tomar alguna medida como volver a bajar el tipo de descuento por una rabieta de la bolsa? La decisión de Ben "Helicóptero" Bernanke fue peor que una bajada de urgencia del tipo de descuento. Coordinó apresuradamente a otros bancos centrales para hacer un plan de intervención durante lo que queda de año y parte del siguiente. Las últimas actuaciones de la FED, como las inyecciones de liquidez, no han servido de nada, ni tampoco parece que este plan vaya a cosechar mayores éxitos. Pero parémonos un rato: ¿qué tiene que ver la bolsa con el dolido sector crediticio? En realidad, poco. El único sector relacionado con el mundo del crédito es el propio sector del crédito y la bolsa no es su termómetro. Ésta se mueve por perspectivas macroeconómicas –ahora difusas, aunque en muchas ocasiones tampoco coinciden–, por su competencia –los tipos de interés– y por los beneficios empresariales, en los que la FED no puede intervenir. Si el sector del automóvil va mal, por más que la FED baje tipos no logrará que se vendan más coches norteamericanos.

¿Y por qué la FED sólo reacciona ante violentos movimientos de las bolsas y no, por ejemplo, por el continuo derrumbe que ha tenido el dólar estos meses, que sería más lógico? Este año 2008 es época de elecciones en Estados Unidos y los estadounidenses son muy sensibles a los movimientos de las bolsas porque tienen una cultura financiera mucho más desarrollada que la nuestra. Si la bolsa baja, el elector se disgustará, con razón o sin ella, con el Gobierno. Bernanke fue elegido por Bush y su séquito. En definitiva, el presidente de la FED hará todo lo posible para que la bolsa empiece el año subiendo y se mantenga así hasta las elecciones. De hecho, estadísticamente, en las épocas de elecciones la bolsa norteamericana casi siempre tiene fuertes subidas. No es casualidad.

Bernanke ha montado este número para salvarse a él mismo. La economía americana no entrará en recesión por bajar o no un cuartillo (25 puntos básicos) en un índice tan poco común como el de descuento. La situación de ahora no es diferente a la de hace una semana. ¿Por qué la FED no dijo nada entonces y ahora se lanza de cuernos dentro del mercado? Porque durante la semana pasada el Dow Jones subía y ahora ha bajado con mucha fuerza, especialmente el martes.

La economía mundial ahora mismo la está dirigiendo un funcionario apodado "helicóptero" que está en la otra parte del mundo y es capaz de remover todos los mercados para salvar su puesto. Mientras que Estados Unidos se muestra considerablemente liberal con temas como el del empleo, y les va mucho mejor que a nosotros, está por otra parte acentuando acciones terriblemente proteccionistas y oscuras en el mundo financiero, como por ejemplo ocultar las mediciones del agregado M3 o involucrarse cada vez más en los mercados desde hace ya varios años. Uno de los principios del liberalismo es que la producción esté en manos privadas y no en las de unos oligarcas políticos, y el dinero no es una excepción a esta regla.

Salmonelosis en el PP

Tan nocivos efectos tiene su señoría para su formación y el conjunto de los españoles que merecería ser apodada "la salmolenosis". No es que el sobrenombre de "la titiritera del PP" que le endosó mi compañero de columna Daniel Rodríguez Herrera no sea acertado, todo lo contrario, es que resulta tan perjudicial como una enfermedad.

La diputada en cuestión no duda en ofender a miles de ciudadanos y poner en peligro una gran cantidad de votos del PP con tal de defender a las entidades de gestión de derechos de autor, esas que obtienen ilegítimamente nuestro dinero vía cánones, o simplemente por quedar bien ante ellas. El último ejemplo es su reacción al voto el canon del Partido Popular en el Senado (junto con todos los grupos parlamentarios menos el PSOE). No es de recibo que Rodríguez-Salmones diga que sus compañeros de partido en la Cámara Alta votaron así por error. Por mucho que los senadores de esta formación hayan desmentido lo que ella afirma, el mal está hecho.

Puede que por rabia –su amor a los "culturetas" progres está más que acreditado– o puede que por desconocimiento de su propio partido, Rodríguez-Salmones ignora o prefiere ignorar la trayectoria en esta materia del Grupo Popular en el Senado. En mayo de 2005, dicha formación presentó en la Cámara Alta una proposición de ley para eliminar el canon, aprobada por la mínima. Una pena que después, en el Congreso de los Diputados, tanto PP como IU se unieran al PSOE para mantenerlo. En el partido de Mariano Rajoy no todos sienten el amor que ella comparte con el actual ministro de Cultura hacia la SGAE y elementos similares.

Que a su señoría no le moleste la proximidad de la SGAE con el PSOE es un error del que debería tomar cuenta su propio partido, nada más. Pero lo que resulta mucho más grave es que prefiera obviar los tintes totalitarios de esta entidad. Si no fuera suficiente con las propuestas profundamente contrarias a la libertad que presenta cada cierto tiempo esta organización, debería tener muy en cuenta sus profundos vínculos que mantiene con la represiva dictadura que sufre Cuba. El Gobierno castrista condecoró en julio de 2002 a Teddy Bautista "por su solidaridad permanente con nuestro pueblo y con la obra de la Revolución Cubana" y recientemente el mismo régimen ha homenajeado (a través de un festival de cine en La Habana) al actual presidente de la SGAE, José Luis Borau.

Es a estos, y no al conjunto de los españoles y menos aún a ese millón y medio de ciudadanos que han firmado contra el canon, a quienes defiende Rodríguez-Salmones. Y en cuya defensa pretende arrastrar a su propio partido por mucho daño que esto le haga a los populares. El PP sufre salmonelosis, y esa es una enfermedad muy grave que debería curarse lo antes posible. Por su bien y por el de todos los españoles.

Barcelona tiene problemas

El caso es que desde este verano no hemos dejado de oír desgracias relacionadas con Barcelona, que si apagones, que si grietas, que si los Cercanías parados durante dos meses, que si Woody Allen no volverá a rodar en la ciudad… Pero la cosa no acaba ahí.

Supongo que sabrán que en muchas empresas de informática, los nuevos productos tienen un nombre interno mientras se están desarrollando, para poder llamarlos de alguna forma mientras los genios del marketing correspondientes pergeñan la marca perfecta que hará vender miles de millones de euros más, millón arriba, millón abajo. Así, Microsoft empleó el nombre de una localidad canadiense de montaña, Whistler, como nombre interno de lo que luego sería Windows XP y Longhorn, un bar de ese pueblo, para Windows Vista. Pues bien, la única empresa que rivaliza con Intel en lo que a los procesadores de nuestros PCs se refiere, AMD, decidió usar Barcelona como nombre interno para su último desarrollo. Y así les va, a los pobres.

La empresa californiana ha anunciado que el chip que usaba el nombre de la ciudad condal y que lanzó hace bien poco con el nombre comercial de AMD Opteron Quad-Core tiene un error que provoca cuelgues y la corrección que se ha puesto en marcha para los procesadores ya vendidos provoca una reducción en su rendimiento de entre un 10 y un 20%. Aunque este fallo se produce rara vez, el procesador está orientado al mercado de los servidores, esos ordenadores que usted no tiene en casa pero quizá su empresa sí tenga en la oficina, un mercado con una clientela que paga más por tener productos de mayor calidad y cuyo nivel de exigencia está a la altura. Para más inri, el defecto también está presente en la gama Phenom, que es la próxima generación de procesadores para clientes particulares, lo que provocará un nuevo retraso en el lanzamiento de unos procesadores de los que se llegó a decir que se lanzarían tras el verano. Vamos, que AMD está en problemas.

Lo peor es que este anuncio no hace sino culminar una muy mala racha, que ha llevado a que su capitalización bursátil sea X veces inferior a la de Intel, donde X es un número muy informático, potencia de dos, que coincide con mi edad, la cual, multiplicada por dos, da esa cifra que tanto preocupaba a los Beatles. Desde que comprara ATI, la empresa que mantiene una pugna con nVIDIA en lo que se refiere a las tarjetas gráficas similar a la de AMD con Intel, no parece que dé pie con bola. En cambio, ATI no ha hecho más que recuperarse desde la adquisición, y con su nueva gama HD38xx está compitiendo de nuevo en las gamas media y media-alta.

El caso es que no hace tanto que AMD se ganó a la crítica especializada y al público son sus Opteron originales y, sobre todo, con sus Athlon, aunque parezcan siglos en este mundo vertiginoso. Mientras tanto, Intel intentaba recuperarse tras haber metido la pata hasta el fondo con la llamada microarquitectura NetBurst, la que estuvo detrás de sus Pentium 4, y que le permitió llegar a los 3,8 GHz. No sé si recuerdan la época en que la velocidad de un chip parecía estar determinada en exclusiva por los megahercios, por lo que poner una cifra más alta quedaba realmente bien en términos de marketing. Aquello terminó precisamente con los Pentium 4, porque los Athlon los superaban en prestaciones a una velocidad muy inferior, lo que obligó a Intel a abandonar NetBurst y pergeñar la microarquitectura Core, que pese a ser más lenta en términos de megahercios es mucho más potente y ha dado enormes satisfacciones a la empresa de Santa Clara.

Recordar esto explica por qué es tan importante que AMD se recupere del bache, incluso para quienes no compran sus productos. Intel es una gran empresa que hace las cosas muy bien, pero puede cometer errores que sólo la competencia puede corregir. Si no fuera por AMD, seguramente seguirían con un heredero de NetBurst, obcecados con los errores que cometieron con él, y nuestros ordenadores no serían tan buenos como son ahora. Y aunque a largo plazo puedan surgir nuevos competidores como IBM, que acaba de anunciar una nueva tecnología basada en la sustitución de los electrones de nuestros chips por fotones, a corto y medio plazo sólo AMD está en situación de hacerlo.

El camino lo conoce: es el mismo que recorrió su competidor. No sólo tendrá que corregir sus errores de diseño y lograr que Phenom termine siendo un producto que pueda plantar cara a los Core Duo de Intel. A partir de ahora, para poder recuperar la confianza de sus clientes AMD deberá ser mucho más seria y cumplir los plazos que se marque y que sus futuros productos cumplan con las especificaciones anunciadas. Los consumidores de ordenadores personales se lo agradeceremos infinitamente, ya seamos clientes suyos o no.

Zapatero y la educación paterna

Sea como fuere, lo cierto es que el fracaso de la educación pública a la hora de transmitir los conocimientos básicos no hace sino confirmar que la revolución que ha experimentado la enseñanza española de la mano de la Logse y sus secuelas ha alcanzado sus objetivos.

En lo relacionado con la educación pública, el principal objetivo de los Estados antes del gran salto adelante impulsado por los psicopedagogos de nuevo cuño era fomentar la movilidad social. Lo que se pretendía era que, gracias a una educación de calidad, el talento y el esfuerzo, aquellos que menos tenían pudieran acceder a unos niveles de vida superiores a los que les auguraban sus condiciones familiares.  

Cuando la sociedad ha alcanzado unos niveles de bienestar que hacen innecesario el seguir procurando un servicio que ya prácticamente todo el mundo podría agenciarse por su cuenta, surge una nueva tendencia, debida a los burócratas (lo de que el órgano crea la función jamás fue tan cierto), según la cual la educación estatal es más necesaria que nunca porque de lo que se trata, ahora, es de formar buenos ciudadanos.

Sin embargo, la idea de buena ciudadanía que tienen los políticos y los burócratas no tiene por qué coincidir con la de quienes no están en el cotarro socialdemócrata. De hecho, en realidad son concepciones antitéticas, como lo prueba la contestación popular, cada vez mayor, a esa asignatura con la que se quiere adoctrinar en el socialismo a los escolares españoles: Educación para la Ciudadanía.

Las relaciones entre la escuela y la familia, y las responsabilidades inherentes a cada ámbito de la vida del niño, han cambiado por completo. Si tradicionalmente la escuela enseñaba y los padres educaban, ahora sucede todo lo contrario. No de otra forma cabe entender la última, digamos, reflexión de Z, según la cual el hecho de que el alumnado español esté rondando el analfabetismo estructural es principalmente culpa de los padres.

La situación de la educación pública, una auténtica vergüenza nacional, no parece incomodar en absoluto a nuestras autoridades educativas ni, mucho menos, a Z. Lo único que podría hacerles plantearse que quizá estén fracasando en sus objetivos sería que los niños españoles no estuvieran lo suficientemente sensibilizados con la agenda política de la izquierda. Pero, afortunadamente, nuestros estudiantes saben de sobra que el cambio climático está causado por la avaricia de las sociedades capitalistas, que los países ricos lo son porque roban a los pobres, que la identidad sexual es algo que se elige después de probar varias (si no todas) las posibilidades y que el socialismo es bueno porque busca la igualdad.

Mientras la escuela pública siga produciendo hornadas de ciudadanos adoctrinados en la ideología omnipresente del progresismo, cualquier informe técnico sobre las carencias detectadas en las materias clásicas no dejará de ser una anécdota que, por lo demás, cabrá achacar a los padres, por no desempeñar como es debido su labor. Que no consiste ya en transmitir a sus hijos un determinado sistema de valores morales, sino en hacer lo que la escuela pública dejó de hacer hace varias décadas: enseñar.

Buena subvención, mal cine

Hoy pasa el último obstáculo la Ley del Cine, una complejísima maquinaria de subvenciones, deducciones fiscales y privilegios, todo para ganarse el favor de un sector al mínimo precio de tender un "cordón sanitario".

Pero el Gobierno se enfrenta con un problema. Es fácil anegar los bolsillos ya adinerados con generosas subvenciones y darles privilegios fiscales. Saben que quienes los pagamos no tenemos ni el conocimiento ni el incentivo para revertir esta redistribución de la renta de los pobres a los ricos. Pero, como en cualquier sector, el del cine está compuesto por distintas ramas de la producción, que en ocasiones tienen intereses contrapuestos.

Explicaba ayer nuestro periódico que los exhibidores van a dejar de proponernos películas "sin interés" y sólo cederán sus pantallas a las que llamen al público. Los productores españoles, que necesitan cierta familiaridad con el público (no mucha) para cumplir el expediente y exigir subvenciones, y que hagan de éstas su negocio serán los más perjudicados. Seguro que consideran escandalosa la postura de los dueños de las salas. Yo también, porque su función fue siempre intentar acercarse a los gustos del espectador, no hacer concesiones a ciertos intereses sabe Dios por qué motivo.

Si el objeto de deseo es la subvención y para ganársela bastan 300.000 euros de recaudación, lo racional es hacer muchas películas, que atraigan a un puñado de cineadictos, y pasar por taquilla, la del Ministerio. No es necesario pensar en los españoles y en sus gustos. Así las cosas, no es de extrañar que cada vez se estrenen más títulos y que el número de espectadores vaya a la baja. 85 millones de euros de subvención, 14 películas más y 2,5 millones de espectadores menos. ¡Viva el cine español!

Un aplauso para ZP

Hasta ahora no se había percibido ninguna intención en el ejecutivo de dar este importante paso. Si exceptuamos varias declaraciones de Taguas, lo que salía del Gobierno apuntaba más bien hacia la dirección opuesta. Tanto las declaraciones de Pedro Solbes al respecto como la dialéctica de clases socialista exhibida durante estos años por el presidente del Gobierno hacían pensar que España terminaría siendo el único país de la Unión Europea que mantendría este impuesto.

Es muy posible que el reciente anuncio de la Comunidad de Madrid de acabar próximamente con este impuesto haya ayudado a tomar la decisión. A más de uno le molesta el que Madrid sea la locomotora de España y no ven con buenos ojos que siga distanciando su ritmo de crecimiento de la media nacional. De ser así, este caso ilustraría a la perfección las ventajas del federalismo fiscal, que genera una competencia en materia tributaria entre comunidades que tiende a la reducción generalizada de los impuestos. Y es que ninguna de ellas, por intervencionistas que sean sus representantes políticos, quiere ver cómo sus ciudadanos votan con los pies marchándose a otra región.

De todas formas, la justificación que ha dado Zapatero para hacer semejante promesa de corte liberal es que el del patrimonio se ha convertido en un tributo que "recae sobre las clases medias", pero "no sobre las más altas" que "encuentran fáciles mecanismos de elusión". La verdad es que esto es totalmente cierto. Lo que deberían explicar los políticos todos los partidos a los que se le llena la boca con eso de las "políticas sociales" es por qué han mantenido este impuesto que nació en 1977 como extraordinario, excepcional y transitorio –vamos, como surgen tantos impuestos– si llevan años sabiendo cómo y a quiénes afecta. La demagogia política tiene adeptos muy conocidos pero límites totalmente desconocidos.

De todos modos, personalmente me dan igual los motivos que pueda haber detrás de la promesa o si Zapatero cree en la reducción de impuestos o no, como me pasa con toda política que nos acerque a una sociedad menos confiscatoria y más justa. Lo importante es que el Partido Socialista se haya apuntado al carro de eliminar un impuesto doblemente injusto porque conlleva una múltiple tributación de unos activos que ya han sido grabados mediante impuestos como el de la renta o el de sociedades.

Lo ideal sería eliminar incluso el carácter censal de este impuesto, algo por lo que no parece que ZP esté por la labor, porque su mera existencia facilita su reinstauración tan pronto los políticos crean encontrarse en una situación "excepcional" o "extraordinaria". Este gesto ayudaría a presentarse como más liberales que nadie en este campo. Y es que ¿cuál es la justificación para que el Estado tenga la nariz metida en nuestras casas y el resto de nuestras propiedades si estamos de acuerdo en que tributar por la propiedad de esos bienes es injusto?

Sin embargo, ese punto negro de la promesa no hace que ésta se desvíe de la buena dirección. Lo importante es que ZP y todos los políticos socialistas se vean motivados a seguir por esta línea y sean conscientes de que en la medida que lo hagan encontrarán el respaldo de liberales como quien esto suscribe.

La masacre de Omaha

Pero antes de acabar con ella quiso llevarse por delante otras, las de unos desconocidos; cualquiera valdría. "Voy a ser muy famoso", dejó escrito, aunque puede que en un tono irónico. En realidad, más bien parece que no quiso dejar de ser una "continua decepción" sin satisfacer un rebosante odio por la gente. Acaso la sociedad era la culpable, ya saben.

La nueva tragedia ha servido a los medios de comunicación españoles, una vez más, a mostrar su desprecio por las víctimas, al deslizar que la culpa de esta y otras masacres la tiene el hecho de que en aquél país mayoritariamente haya libre posesión de armas. Desprecio, sí, porque si les doliera de verdad que se produzcan episodios como este tendrían el ánimo de plantearse cómo se puede llegar a esta situación. ¿Cuál es la historia de la libertad de armas en aquél país y en Europa? ¿Qué razones tienen quienes la defienden para hacerlo? ¿Qué circunstancias se han dado en este caso que también se dieron en otros? Puede parecer difícil, pero un mínimo de aprecio por estas víctimas resulta de mucha ayuda. Lo sé porque yo me hacía esas preguntas y me lancé a encontrar una respuesta. Con el recuerdo de ellas, el penoso esfuerzo del estudio se hace más llevadero.

Por desgracia, la masacre del centro comercial Westroads Mall de Omaha es más típica de lo que pueda pensarse. Como el caso de la matanza de la Universidad de Virginia, este centro comercial era declarado "zona libre de armas". La gran mayoría de las muertes en este tipo de tiroteos se producen en áreas en que no se puede llevar un arma. Primero porque los asesinos, incluso los suicidas, actúan racionalmente y prefieren actuar donde se sientan seguros porque nadie les va a detener. Y segundo porque quienes inician un tiroteo en las áreas en que sí se permite llevar un arma, no pueden llevar por completo a término sus planes de destrucción sin ser antes abatidos.

Un testigo directo del tiroteo de Omaha dice que Robert A. Hawkins, el asesino, iba caminando "con calma, sin gritar". ¿Por qué iba a alterarse? Sabía que no se iba a encontrar a nadie que se defendiera o que le detuviese de un disparo. El mismo testigo pensó, cuando vio a Hawkins, que "si tuviese un arma… lo tengo perfectamente a tiro". Pero no la tenía porque allí están prohibidas. En febrero de este año se produjo otro tiroteo en un centro comercial de Utah, también en una "zona libre de armas". Afortunadamente estaba allí un policía que se saltó la prohibición y pudo detener al asesino, y eso que se encontraba en el otro extremo del lugar.

Maggie Webb, de 24 años, Gary Joy, de 56, John, Angie, Beverly, Janet… Estas y otras víctimas merecen nuestro respeto, y por tanto que no despachemos tragedias como la de Omaha con un juicio a la ligera.

Zapatero es un cagueta

Y es una desilusión porque cuando le veíamos encabezar aquellas manifestaciones violentas contra el PP a cuenta de la segunda parte de la Guerra de Irak, pensábamos que al tipo le iba la bronca callejera. Pues parece que no. Este es como los borrokillas a la violeta, que sólo sacan pecho cuando son mayoría y llevan las de ganar.

Su pánico cerval a que se repita una situación que ya viene siendo habitual cada vez que aparece en público, le lleva a insultar esta vez a los miembros de la Guardia Civil, cuyo respeto a la autoridad es proverbial. En mi familia política hay cuatro guardias civiles, tres de los cuales han servido en el País Vasco. Nunca les he escuchado un comentario soez o una frase recia sobre Z, y eso que ninguno está de acuerdo con su gestión en materia terrorista. Como presidente del Gobierno legítimamente elegido cuenta con la lealtad del cuerpo que más ha sufrido el zarpazo terrorista, aunque no lo merezca ni sea consciente de ello.

Los que no merecen, en cambio, que se les prohíba despedirse de un compañero caído como se merece son ellos, los guardias civiles, tratados por La Moncloa en el funeral por Fernando Trapero como si fueran una banda de alborotadores, es decir, como aquellos que se manifestaban junto a Z y apedreaban las sedes del PP cuando estaba en la oposición.

El problema de Z no es que la gente descontenta con su gestión exteriorice su cabreo en cuanto se les pone a tiro, sino que los que le votan no tienen el menor interés en salir a la calle a decirle lo guapo y lo listo que es para contrarrestar a quienes le abroncan. Z no tiene quien le defienda, cosa bien triste para un personaje convencido de haber venido al mundo para cambiarlo de raíz a base de talante.

A Felipe González no le pasó nada parecido ni en los peores tiempos de Filesa y el GAL. Z debería preguntarse por qué. ¿Tal vez porque a pesar de todo tenía una cierta noción del respeto que un presidente debe a la constitución, al contrario que su sucesor en el PSOE? Mas no desesperemos. En cuanto Pepiño le pegue un par de neuronazos a este asunto seguro que da con la clave.

Responsabilidad individual para reducir el paro

¿Cómo puede ser que después de tantos años de crecimiento y bonanza económica no hayamos alcanzado ni por asomo cotas de pleno empleo (lo que se considera un 5% de paro)? ¿Cómo se entiende que, según el Banco de España, más de la mitad de los apuntados al paro el año pasado no buscasen trabajo?

Todo ser humano responde a incentivos. Durante todos estos años el Gobierno ha incentivado la ociosidad, la baja producción y la irresponsabilidad laboral. Si el Gobierno se dedica a robar nuestra producción mediante impuestos (el 40% de nuestro sueldo acaba en el bolsillo del Estado), no sólo nos empobrece, sino que crea importantes residuos insalvables.

En el mundo de la seguridad ocurre algo similar. La manipulación de los incentivos puede hacer cambiar radicalmente una situación para dar los resultados totalmente opuestos a los deseados. Si por las excusas progres de siempre, los genios del Gobierno se empeñan en eximir al criminal de su responsabilidad, sólo conseguiremos incentivar el crimen. En este caso concreto, leemos periódicamente en la prensa que tal delincuente ha vuelto a la calle el mismo día de ser detenido aunque sobre él pesaban 10, 50 o más de 200 detenciones. Algo falla en la justicia cuando le dice al ladrón que no sea responsable de sus actos porque no le ocurrirá nada.

En el mercado laboral, si los burócratas creen que los trabajadores de este país son idiotas e incapaces de buscar su satisfacción material y, en consecuencia, se dedican a meter sus manos en la economía para regularlo todo y defender al trabajador, lo único que conseguiremos, contrariamente a lo que pueda parecer, es que el más perjudicado sea el propio trabajador. Especialmente, el eficiente y el dedicado. El Estado del Bienestar, curiosamente, penaliza al hombre trabajador y responsable frente al hedonista e irresponsable.

El error es creer que la ley es un incentivo por sí misma. La criminalización por parte de los sindicatos y Gobierno a las horas extras ha conseguido que España sea uno de los países de todo el mundo donde los trabajadores dedican más horas a su trabajo. La reciente Ley Caldera para crear más empleos estables nos ha llevado a que este último mes casi el 90% de los contratos sean temporales. El salario mínimo no significa que los jóvenes vayan a cobrar más, sino que menos serán contratados. El subsidio de desempleo no es una ayuda para encontrar un nuevo trabajo, sino un sueldo por no trabajar que compite con el de las empresas. Las subvenciones a las compañías, sectores o particulares no estimulan el crecimiento económico, sino el fraude y la baja calidad. Mire el cine español. Muchas películas no se llegan ni a estrenar. Las cargas impositivas a las empresas y trabajadores no nos garantizan una pensión ni más seguridad laboral, sino más rigidez en el mercado y un abanico más reducido de opciones a la hora de cambiar de empleo.

Según datos del Eurostat, casi el 40% de españoles cree conveniente cambiar de trabajo de forma recurrente. La rigidez del mercado laboral creada por el Estado del Bienestar nos lo impide. Según el Barómetro europeo 2007 sobre clima laboral de "Bienestar y motivación en el trabajo", casi el 50% de los trabajadores españoles está insatisfecho con sus condiciones laborales. ¿La ley, los sindicatos o el ministro Caldera lo arreglarán? ¿Lo han arreglado en estos últimos 30 años? Eso no se lo cree nadie. Necesitamos que las empresas se nos disputen, que nos podamos mover con facilidad de compañía a compañía o que el Estado elimine todos esos inútiles trámites e impuestos para crear nuestra propia empresa. En un mercado donde todo lo regula el burócrata y el igualitarismo, la competencia laboral desaparece y todos los trabajadores somos iguales ante la mirada del empresario. En definitiva, somos empleados cautivos.

Todas estas intervenciones del Gobierno que supuestamente favorecen al trabajador tienen el mismo efecto que la justicia cuando libera al criminal de sus actos. En ambos casos restan responsabilidad al individuo modificando sus incentivos naturales por otros artificiales y fuera de la realidad. La sobreprotección en el caso de la seguridad conduce a más delincuencia y en el caso del mercado laboral a más fraude –entre el 22% y 25% de la economía española está sumergida–, baja producción y menor competencia laboral.

Para tener un mercado del trabajo sano sólo es necesario que cada uno, empresas y trabajadores, sean responsables y consecuentes con lo que hacen, siendo ellos quienes obtengan el total de su producción sin tener que pagar tributos a un socio pasivo como es el Estado ya sea en forma de impuestos, licencias, permisos o cualquier otra forma de extorsión.