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Preocupante desaparición de los ciberactivistas

Este juez ha ordenado tomar esas medidas, ojo, cautelares contra Stop Nacionalismo, Boicot Ya, Stopnacionalismos, Nacionalismo No, El Boicot, Catalanes No Gracias (se refiere a los cavas y es una simple lista de cavas no catalanes), Hasta Los Huevos (tanto el dominio .com como el blog al que dicho dominio redirige) y Estatuto. En el momento de escribir esto yo las veía; pero algún usuario de Jazztel me ha dicho que ya no tenía acceso. En todo caso, siempre se podrá acceder mediante servicios como Anonymouse.

Por lo que se ve, el juez ha accedido sin más a las pretensiones de los demandantes, la Cámara de Comercio catalana, que se ve que no tiene nada mejor que hacer que dedicarse a demandar a una serie de páginas web que incluían un listado de productos catalanes y otro de alternativas. Porque pese a que las medidas cautelares se han dictado en septiembre, el asunto viene de otoño de 2005, las declaraciones de Carod Rovira contra la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos y el boicot que muchos ciudadanos promovieron, primero contra el cava catalán y después contra un montón de productos fabricados en Cataluña. Era una lista detalladísima, que llegaba a los condones o las pilas alcalinas. Su autor explica que entre él y un compañero de trabajo se limitaron a ir a un supermercado a anotar qué marcas tenían su sede social en Cataluña y, por tanto, pagan allí sus impuestos; en resumen, facilitaron una información pública y, de hecho, obligatoria para cualquier cosa que se venda.

El caso es que una cosa es pedir a proveedores extranjeros que eliminen páginas web de grupos terroristas o de pedofilia, que es algo en lo que suelen colaborar. Otra muy distinta es pedirles que eliminen webs. Así que, supongo que para no hacer el ridículo, ha pedido a los proveedores de acceso españoles que impidan a los internautas acceder a las mismas. Otra cosa es que estos hagan mucho caso a esta orden, porque cumplirla les obligaría a filtrar todo el tráfico web para ver si la web visitada es una de las consideradas malignas por el juez de Barcelona. A no ser que lo hagan ya por otras razones, el coste puede ser inasumible.

Pero el que los españoles seamos laxos a la hora de cumplir órdenes estúpidas y desproporcionadas no quiere decir que no sean estúpidas y desproporcionadas. Y es que el juez ha dicho que sí a todo sin hacer una sola comprobación. Por ejemplo, podría haber mirado que las dos únicas web con dominio propio, Stop Nacionalismo y Nacionalismo No hace ya tiempo que están abandonadas, seguramente por miedo a las consecuencias de la demanda. Ya se sabe, tú pon la querella, que así se acojonan y aunque el juez no te dé la razón seguro que retiran los contenidos que quieres que retiren. El caso es que el juez les ha dado la razón, pese a que las web ya no existen y son ahora propiedad de esas empresas de reventa de dominios. Simplemente ha obedecido a las peticiones de la Cámara de Comercio. Ante cosas como ésta, parece menos importante la exigencia de que la LISI sólo contemple la posibilidad de que sea un juez quien pida la retirada de contenidos.

Pero lo más triste es que recuerdo que hace bien poco todos montamos en cólera, a izquierdas y derechas, con el caso de A las barricadas vs. Ramoncín. Esto, en cambio, debe ser bueno y adecuado, porque nadie se ha quejado excepto los blogs de derechas. Luego escucharán y leerán cosas sobre la crispación y el sectarismo. Recuerden este caso.

La responsabilidad de las elites naturales

El progreso de la Humanidad tiene su origen en la tenacidad mostrada por los individuos geniales a la hora de perseguir sus sueños a despecho de la masa. El hombre dejó las cavernas no porque un congreso de jefes tribales así lo decidiera (si ZP hubiera coordinado esa reunión, aún estaríamos matando bichos a garrotazos, ténganlo por seguro), sino gracias a que en cada generación existen individuos capaces de desafiar las convenciones y explorar nuevos caminos en la ciencia, las artes y el pensamiento.

El hombre alberga en lo más profundo de su ser ese deseo de avanzar en el terreno del conocimiento. Ahora bien, para que ese capital de ideas fructifique y beneficie a la sociedad, ésta ha de ordenarse de una determinada forma, y no de otra. Las instituciones sociales que acompañan al ser humano desde sus inicios son, básicamente, la familia, la propiedad privada y la libertad individual. Ninguna de ellas fue diseñada por equipo alguno de ingenieros sociales, sino que responden a un cierto orden natural y espontáneo que ha hecho las veces de código no escrito desde que la Humanidad inició su andadura.

Toda construcción social que intente subvertir esas instituciones básicas es, por definición, contraria a la civilización. El socialismo, que precisamente tiene como principal misión establecer una utopía revolucionaria para desmontar el orden social espontáneo, es, por tanto, una ideología reaccionaria y contraria a la esencia más profunda del ser humano. De ahí que fracase una y otra vez, luego de generar un océano de sangre, miseria y dolor.

Si esto es así, y lo es, lo normal sería que los medios de comunicación exaltaran los principios que nos han hecho más prósperos y más libres. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario. Los valores tradicionales, si alguna vez aparecen en los grandes medios de masas, son sometidos a ataques sañudos. Este estado de cosas hace que quien se rebele y decida actuar como un individuo libre sea considerado sospechoso de los más graves pecados contra la democracia y el igualitarismo.

La independencia de criterio, la defensa de la familia, la renuncia a aceptar como válidos los principios esparcidos por el marxismo cultural o la defensa del derecho a perseguir los propios fines a despecho de la opinión de la masa son conductas consideradas altamente sospechosas por la mayoría de la gente; porque no están bien vistas, y no como consecuencia de proceso reflexivo alguno.

En esta tesitura, quienes siguen la senda civilizadora de aquel antepasado que inventó la forma de mover grandes pesos utilizando dos ruedas y un eje son unos héroes, dado el coste personal que han de pagar por su independencia. En nuestro mundo occidental, este papel está representado con especial gallardía por los empresarios. Cualquier persona que idee una manera de satisfacer una necesidad de sus contemporáneos de forma más eficiente que los demás y que empeñe su patrimonio para llevarla a cabo puede ser considerado, con toda justicia, como parte de esa elite natural consustancial a toda época y lugar.

Esos individuos geniales, principales artífices del progreso humano, tienen, a mi juicio, una gran responsabilidad. Cuanto más éxito tengan como hombres de negocios y profesionales, más importante es que den ejemplo, esforzándose por comportarse de acuerdo a las más elevadas exigencias de la ética.

Desde luego, la primera obligación de toda persona decente es para consigo misma y para con su familia. Por eso es bueno que hagan honestamente todo el dinero que puedan, pues cuanto más dinero ganen más beneficiosos serán también para los demás. No deberían avergonzarse jamás de haber alcanzado el éxito y de tener dinero. Y, sobre todo, no deben permitir que los zombis morales que viven de esquilmar sus bolsillos a través del Estado se dirijan a ellos desde una posición de superioridad moral. Ni los empresarios de éxito lo merecen, ni los parásitos sociales tienen derecho alguno a recriminar o exigir nada a éstos.

Pero hay otra responsabilidad adicional que esta elite natural debe asumir. Han de apoyar activamente la propiedad privada, la familia, la responsabilidad personal y las libertades de contratación y asociación. Esto significa que han de asumir como un deber, su más noble deber, el contribuir abierta, orgullosa y generosamente al reconocimiento público de los valores que saben correctos y verdaderos mediante su colaboración con las instituciones privadas y los medios comunicación que han hecho de su defensa su principal bandera.

Con este modesto artículo invito a empresarios, profesionales liberales, autónomos, trabajadores cualificados y padres de familia a que tomen conciencia de su responsabilidad como miembros de la elite más noble con que cuenta nuestra sociedad. Si no lo hacen por ustedes, al menos háganlo por sus hijos y por los míos: ellos no se merecen que les defraudemos.

El barril a 100 dólares. ¿Y?

Yo a los 8 años tenía otras preocupaciones, pero quien recuerda la crisis del petróleo sabe bien de lo que fue aquello. Y estamos en las mismas, ya que si medimos los precios del barril en 1979 a precios actuales (descontando la inflación en dólares), resulta que alcanzó el centenar. Podría incluso ser peor ahora, cuando miremos a los 100 dólares desde arriba.

Sólo que, en realidad, la situación es muy otra y el precio del petróleo no tiene la importancia de antaño. Sencillamente, el peso de la energía sobre el conjunto de la energía y del oro negro sobre la economía es cada vez menor. Si cogemos el caso de los Estados Unidos, la energía suponía el 20 por ciento del PIB en 1949 y el 8,75 por ciento en estos momentos. Por lo que se refiere al consumo de petróleo, si le damos un valor de 100 al consumo por unidad de PIB del G-7 en 1970, en estos momentos estamos en el 47.

Lo que ha ocurrido es, sencillamente, que con la misma cantidad de energía somos capaces de hacer más cosas y mucho más valiosas. El "pico del petróleo", la idea de que hemos alcanzado el máximo de producción y que ahora sólo podemos deslizarnos cuesta abajo es un asunto cada vez menos importante.

Además, unos precios altos del crudo multiplican los beneficios asociados a la investigación en tecnologías que ahorren combustible o que, sencillamente, sustituyan al preciado petróleo por otra fuente energética. Siempre se ha dicho que a la OPEP le salió mal la jugada de cerrar el negro grifo, pues la economía reaccionó haciéndose más efectiva en términos energía-valor. Hoy, además, las economías son más flexibles que en 1970 y podrían reaccionar con una mayor rapidez.

Bush llega tarde para proponer aquello de sacudirse la adicción al petróleo. Ya se han encargado de hacerlo las sociedades libres por sí solas, para mal de los Chávez por venir.

Devolver a la sociedad las puertas del cielo

Miserias aparte, el asunto es muy relevante y preocupante. Los casos parecen aumentar ligeramente, aunque quizá, como dice Wonka, nos falte perspectiva para trazar una tendencia. El aumento que se observa de 1999 (primer año para el que hay datos) hasta ahora parece deberse principalmente a un mayor número de casos de mujeres extranjeras, aunque sólo sea porque entre ellas es mucho más común y el número de inmigrantes no ha cesado de aumentar.

La justicia, que en España está pensada para proteger al delincuente frente a la víctima, de nada sirve a las mujeres que han denunciado las palizas y las amenazas ante la Policía y ante el juez, para acabar formando parte de las noticias del día y de la estadística del año. La justicia ocupa su lugar cuando el crimen se ha cometido, y la Policía puede acumular denuncias de amenazas sabiendo de antemano que de ahí no va a salir ninguna solución. ¿Una orden de alejamiento? ¿Creen que va a detener a quien está dispuesto a acabar con una vida humana?

Pero no faltan medios para lograr una defensa efectiva de las mujeres maltratadas y amenazadas. Pero, por alguna razón, cuando esa defensa la realiza un tercero nadie pone reparos, mas cuando es la propia víctima la que se defiende hay quien se lleva las manos a la cabeza. Será que la tienen ahí para eso, para sujetársela con las manos, y no para otra cosa.

Porque la autodefensa es un derecho primordial y que sirve, además, como garante de todos los demás derechos. El derecho a la vida es el derecho a defenderla; si tiene algún sentido es precisamente ese. Y hay instrumentos muy efectivos para ejercer ese derecho, desde un spray a un arma de fuego. Muchos gallitos que se atreven contra una mujer indefensa preferirán tragarse sus miserias a enfrentarse a una persona con los medios para defenderse. Y si, pese a todo, prefieren dar curso a su odio, al menos la víctima tendrá una opción de salvar su vida.

Cada una de las 69 mujeres muertas a manos de sus parejas mereció la oportunidad de haberse defendido. Sea cual hubiese sido el resultado en cada caso, hoy la cifra que ha convocado a manifestarse a la gente a la calle sería menor. Y esa oportunidad se la merecen todas las que tienen razones para sentirse amenazadas. No entiendo cómo las organizaciones de mujeres no enseñan a las personas amenazadas a defenderse. Será que lo importante es lograr que se le llame violencia "machista".

69

Para Rajoy la medida se justifica en base a que "el gestor privado es más eficiente que el gestor público". De eso no creo que existan dudas a estas alturas de la película y ojalá que el Partido Socialista se sumara a la propuesta. Actualmente la gestión de los aeropuertos españoles depende de la pierna con la que se levante el político o el burócrata de turno, lo bien (o mal) que le haya sentado el café de la mañana o cualquier otro factor ajeno al deseo de los pasajeros y empresarios. En efecto, AENA está adscrita Ministerio de Fomento, que es el encargado de fijar sus directrices de acuerdo con el mandato que establezca el Gobierno. Así las cosas, sería un milagro que la gestión de las puertas del cielo fuera barata, de calidad y estuviera sometida a los deseos del consumidor.

Por poner un ejemplo que resulta sangrante, una de sus funciones del gestor aeroportuario estatal es el "desarrollo de los servicios de orden y seguridad en las instalaciones que gestiona". La realidad, como es de esperar, es justo la contraria. En los aeropuertos españoles se registran diariamente un gran número de robos y hurtos. Por un lado tenemos las famosas mafias internas que hacen que de las maletas embarcadas las más atractivas nunca encuentren su destino final y, por el otro, a delincuentes organizados que sustraen día sí, día también, el equipaje de mano de multitud de pasajeros. A muchos les resulta increíble cómo entre AENA y la Policía no sean capaces de parar una plaga que se ha extendido por los aeropuertos españoles hasta convertirse en una verdadera pesadilla para pasajeros y compañías aéreas. Claro que si uno recuerda que la planificación centralizada no era capaz de poner comida en los supermercados públicos, ¿cómo va a hacer ofrecer seguridad y orden en un sitio con tanta gente?

El caso de las mafias internas ha tenido cierto eco en los medios en los últimos meses. Sin embargo, poco es lo que se oye hablar de los robos que tienen lugar antes de facturar. Y lo grave es que bastaría con un mínimo de interés y unas cuantas cámaras de vigilancia para evitarlos, porque los robos se producen continuamente a la luz del día en las colas de las terminales. Los delincuentes están especializados en robar a los incautos pasajeros que se relajan, como es normal, cuando llegan al mostrador de su compañía. Los empleados de las aerolíneas pueden contar infinidad de ejemplos porque aparte de realizar su trabajo tienen que consolar diariamente a los pasajeros que les quitan sus pertenencias mientras esperan a ser atendidos.

Hace unos días le robaron a un marinero que llevaba seis meses lejos de su familia un maletín de mano con todo lo que había logrado ahorrar durante ese medio año de duro trabajo en alta mar. El hombre, como es normal, rompió a llorar en plena Terminal 1 del Aeropuerto de Madrid Barajas. Unas semanas antes de este incidente, y en el mismo lugar, estos profesionales de aprovechar la ineficiencia de la gestión pública de los aeropuertos y de los servicios de seguridad le quitaron a una señora en silla de ruedas su equipaje de mano. No son más que dos ejemplos recientes de una lacra permanente: la de la lamentable gestión de unos aeropuertos huérfanos de competencia.

Pasa lo de siempre. En estas entidades públicas no hay un dueño que soporte los costes y pérdidas ni disfrute de los posibles beneficios. Así que la gestión termina en manos de una burocracia al tiempo que el servicio al pasajero tiende a ser caro y muy deficiente. Por eso la privatización de AENA puede traer muchos beneficios al consumidor y a las compañías aéreas. Lo ideal sería que no se privatizara todo el ente público a una sola empresa sino que se troceara y se subastaran los aeropuertos, lo cual abriría el sector a la competencia y la soberanía del consumidor.

Pero además de todos estos argumentos de eficiencia, la privatización traería justicia al sector. Y es que no es justo que el conjunto de los españoles paguemos los impulsos inversores y las pérdidas del ente estatal, que este año se prevé que superarán los 50 millones de euros. Lo justo sería que los que viajamos fuésemos los que decidiéramos si correr, o no, con los costes en los que incurran empresarios en competencia. Lo que es indigno es que quienes no han visto nunca un avión tengan que pagar los caprichos políticos de quienes se pasan el día volando de comisión en comisión.

Camino China

No basta con que esté a punto de caer sobre nuestras cabezas una ley que permite el cierre de webs a autoridades no judiciales. Por si eso fuera poco cada vez aparecen más sentencias judiciales que, con todo el respeto a los jueces y magistrados, resultan sorprendentes por la manera en que fuerzan la legislación vigente para reprimir la libertad de expresión.

Si ya sentencias como la que condenó a los anarquistas de A las barricadas por los comentarios sobre Ramoncín vertidos en su foro resultan del todo peligrosas y de dudoso rigor jurídico, algo sobre lo que decidirá el tribunal encargado de dirimir el lógico recurso, todavía más alarmante resulta que un tribunal barcelonés ordene bloquear el acceso a nueve web críticas con el nacionalismo catalán. También aquí la argumentación del juez resulta cuando menos peculiar. El auto judicial invoca el artículo 8 de la LSSI, por el que un tribunal puede ordenar el bloqueo o el cierre de una web cuando vulnere "el respeto a la dignidad de la persona y al principio de no discriminación por motivos de raza, sexo, religión, opinión, nacionalidad, discapacidad o cualquier otra circunstancia personal o social".

Indudablemente ser crítico con el nacionalismo no entra en ninguna de esas categorías. Ni tan siquiera entra la llamada al boicot de los productos catalanes que hacían las web a las que se refiere el auto. Igualmente, resultaría rechazable que un juez ordenara el bloqueo o el cierre de los sitios catalanes donde se llama al boicot de todos los productos españoles que no se produzcan en Cataluña. Se puede estar a favor o en contra de este tipo de medidas, pero nunca han de ser condenables los llamamientos a ponerlas en marcha o participar en ellas.

Si ocurren cosas así habiendo jueces por medio, da miedo pensar en lo que puede llegar a pasar si se aprueba la LISI propiciada por el PSOE, que permite ordenar este tipo de medidas a autoridades administrativas. Definitivamente, vamos camino China y allí no os encontraremos en la gloria.

¿Por qué nadie ve españoladas?

Se han estrenado más películas que el último año pero cada vez menos gente las quiere ver. Según el Anuario, se han estrenado 142 películas españolas, un 11% más que en el año anterior. A pesar del aumento de producción, las españoladas perdieron casi 2,5 millones de espectadores. La película nacional más vista ha sido El Orfanato situada en el puesto 19 del ranking, la única española entre las 25 más vistas. En la cantidad no está la calidad, y en la subvención no está la solución.

¿Por qué el cine de nuestro país no nos atrae y el americano sí? La respuesta es tan sencilla como preguntarse a quién van dirigidas las películas de unos y otros. Sabemos muy bien en quién piensan los estudios norteamericanos cuando hacen un film: en la gente de la calle, en aquellos que las pagan en taquilla. En definitiva, en el cliente final. ¿Y las españolas a quién van dirigidas? Naturalmente, también a su cliente, sólo que en su caso éste no está formado por las personas que van al cine, sino que es el Gobierno, concretamente el burócrata que autoriza la subvención del largometraje. Gran parte de las películas españolas no son más que un reflejo de lo que el Gobierno quiere que se muestre. Ofrecer semejante producto no tiene ninguna dificultad para el empresario subvencionado, sólo ha de seguir el manual y tener una paciencia de santo para rellenar todo el papeleo. Aquí no importa la competencia, la calidad ni el éxito del proyecto. Cualquier producción que tenga el plácet de la administración, sin que importe si gustará a alguien o no, se llevará adelante.

Evidentemente, la cuestión no es la buena o mala aceptación del cine español, como nos intenta inculcar el Gobierno y el lobby de actores. El gran problema es que es la sociedad civil quien carga con el coste de los fracasos. La administración no nos pregunta si queremos contribuir a sufragar el film, simplemente nos mete la mano el bolsillo, aún contra nuestra voluntad, nos arrebata nuestro dinero y nos dice que es para el bien nacional y la cultura del país. Al Gobierno no le importa que las familias no lleguen a final de mes y se malgaste su precioso dinero en mantener a un sector que, viendo sus resultados en España, posiblemente no tendría ni por qué existir.

Es momento ya de dejar este sistema feudal de distribución donde un grupo de personas deciden qué se hace y qué no. La excesiva protección al cine sólo crea un efecto expulsión (crowding out) que deja el sector estático, medio muerto, donde sólo tienen entrada las películas que el jerarca quiere admitir y que, como vemos, está totalmente reñido con lo que la gente busca. La visión señorial y elitista propia de la cultura de la subvención ha de dejar paso a una actitud popular, moderna y capitalista. Que sea la gente quien decida qué quiere que haga la industria cinematográfica nacional y qué no. Qué productores y cineastas dejen de vivir del sufrido pagador de impuestos e ingresen en el libre mercado.

Si la libre competencia nos da mejores coches, todo tipo de alimentos y vestimentas o televisores de todos los tamaños y calidades, ¿por qué ha de ser diferente el sector de la producción audiovisual? Es una cuestión de datos y lógica. Para que una película triunfe, como cualquier otro producto, no hace falta dinero a chorros incautado por la fuerza a las familias de este país, sino entender bien al cliente final para así poder ofrecérselo. Algo que jamás ha interesado al cine español.

Por qué llamaron tantas veces socialista a Milton Friedman

Las mayores meteduras de pata de Friedman se produjeron en el ámbito monetario. No es casualidad, pues, que recibiera sus primeros reproches en esta materia. (En este punto, yo tampoco dudaría en tildarle de socialista). Como recoge en sus memorias, Two Lucky People, Friedman y su mujer acudieron una vez a un seminario sobre cuestiones monetarias organizado por Frank Knight y en el que también tomó parte Melchior Palyi, uno de los mayores genios en teoría monetaria que dio el siglo pasado. Cuando Friedman terminó de defender el dinero fiduciario y los tipos de cambio flexibles, Palyi, muy enojado, lo tachó de "comunista".

Y es que la propuesta de Friedman concedía a los Gobiernos la facultad para envilecer tanto como quisieran la moneda, al no estar ésta ligada a estándar de valor alguno. Debido a la contaminación friedmanita, se ha extendido la muy errónea idea de que los tipos de cambio flexibles son una medida más propia del libre mercado que los fijos, más parecidos a los intervencionistas controles de precios. Pero, como explica Richard Salsman, "eso es como afirmar que un sistema de pesos y medidas fijos (100 centímetros = 1 metro) es estatista y uno de pesos y medidas variables (ahora, 100 centímetros = 1 metro; dentro de un minuto, 100 centímetros = 2 metros), propio del libre mercado".

Los errores en teoría monetaria de Friedman no terminan aquí. A juicio de otro gran economista, Antal Fekete, Friedman fue, junto con Keynes, el mayor enemigo del patrón oro en el siglo XX. Keynes contribuyó a que Roosevelt expropiara, en 1933, el oro a los estadounidenses; Friedman, a que Nixon se lo quitara a los extranjeros en 1973, con el abandono de Bretton Woods.

En lugar de por el dinero respaldado, Friedman abogaba por un monopolio que emitiera papel incovertible a una tasa fija. Desde el abandono de Bretton Woods, que Friedman apoyó de manera entusiasta, el dólar ha perdido más del 95% de su valor con respecto al oro. El economista de Chicago es uno de los principales responsables del robo monumental que han padecido los acreedores estadounidenses en forma de inflación. Como denuncia Fekete: "Si la potestad para incrementar la oferta monetaria se delega a una agencia con pretensiones científicas, entonces esta agencia se convierte en un medio por el que obtener el poder absoluto. No importa cómo se mire, el poder para emitir moneda es un poder absoluto. Y el poder absoluto conduce a la corrupción absoluta".

Friedman abogó por ese poder absoluto. El desastre actual del dólar es un homenaje a sus ideas.

Política fiscal

También en política fiscal fueron nefastas las teorías de Friedman. En 1947, durante la primera reunión de la sociedad Mont Pèlerin, Friedman y el resto de los asistentes comenzaron a discutir sobre los métodos más eficientes para acometer una política redistributiva. Ludwig von Mises, que se contaba entre los asistentes, no pudo aguantar tamaña pérdida de tiempo antiliberal, por lo que se marchó indignado y dando un portazo, no sin antes exclamar: "¡Sois todos un puñado de socialistas!".

En sus memorias, Friedman cree que ninguno de los asistentes merecía tal calificativo. Pero lo cierto es que, repasando algunas de sus propuestas fiscales, cabe dudarlo.

El economista de Chicago fue uno de los artífices de las restricciones fiscales aplicadas durante la II Guerra Mundial. Hasta ese momento, los estadounidenses pagaban íntegramente sus impuestos cada 15 de marzo. Tras la reforma de Friedman, el Estado podía ir extrayendo los tributos mensualmente de sus nóminas, con lo que se quedaban antes sin parte de su renta. (Esto impedía, entre otras cosas, invertir y rentabilizar el dinero extraído por el Estado).

Rothbard llegó a escribir que tal medida permitía al Gobierno "utilizar a cada empresario como un recudador de impuestos no retribuido, con lo que se extraen los tributos de manera silenciosa y casi imperceptible". "Hay que agradecer a Milton Friedman su contribución a la creación del Estado-Leviatán en los Estados Unidos", remachó.

Curiosamente, el propio Friedman suscribió esta contundente crítica de Rothbard:

Nunca se me ocurrió que estuviera ayudando a construir una maquinaria que haría viable un Gobierno como el que tantas veces he criticado: demasiado grande, demasiado intrusivo, demasiado destructivo de la libertad. Pero eso era precisamente lo que estaba haciendo.

Sigamos con sus errores en política fiscal. En su famoso Capitalismo y libertad defenderá la creación de un impuesto negativo que garantizase "un mínimo por debajo del cual no pueda caer la renta de nadie". En esta propuesta muchos ven uno de los primeros antecedentes de la renta vital que defienden hoy los socialistas y los comunistas de todo el mundo.

Por último, en su también célebre artículo "Roofs or Ceilings?" defendió que la "imposición masiva" era un arma adecuada para combatir la inflación. Hablamos de un robo por partida doble: primero mediante la inflación y luego mediante los impuestos. Como si al Estado le faltara munición ideológica…

Colectivismo e igualitarismo

 

"Roofs or Ceilings?", publicado por la Foundation for Economic Education (FEE), fue el detonante de unas agrias críticas de Ayn Rand. Si bien muchos consideran que este artículo, que Friedman escribió al alimón con George Stigler, es un alegato liberal, porque ataca los controles sobre los alquileres impuestos por las Administraciones de Roosevelt y Truman, Rand montó en cólera cuando lo leyó.

En una carta a Leonard Read, presidente de la FEE, Rand tachó el artículo de Friedman y Stigler de "propaganda colectivista" escrita por un "par de rojos" que abogaban por la "nacionalización de las viviendas privadas". De hecho, llegó a afirmar que la publicación del artículo por parte de la FEE "era la decisión más perniciosa contra la libertad que había tomado jamás una organización conservadora". "Los economistas critican los controles de precios por motivos prácticos y humanitarios, pero no por violar el derecho inalienable de los arrendadores y propietarios", añadía Rand.

Lo cierto es que, al margen de que "Roofs or Ceilings?" sólo utilizara argumentos utilitaristas, el modo de presentar el problema estaba plagado de colectivismo e igualitarismo. Por ejemplo, el problema económico se planteaba sobre "cómo dividir o racionar una cantidad fija de viviendas entre la gente que las quiere". Friedman abogaba por eliminar los controles de precios porque no promovían la construcción de nuevas viviendas; pero como sin ellos los ricos tendrían un acceso más sencillo a la vivienda, añadía: "Para aquellos, como nosotros, que querríamos una mayor igualdad a la actual, no sólo en la vivienda sino en todos los productos, creemos mejor atacar directamente en su origen las desigualdades en la renta y la riqueza". De hecho, en las conclusiones dejaba claro que su objetivo no era respetar la propiedad privada, sino "la distribución más equitativa posible de las existencias actuales de viviendas y establecer los mejores estímulos a la construcción".

A la luz de estas manifestaciones, una de las más famosas frases del propio Friedman adquiere un nuevo significado: "Aquellas sociedades que antepongan la igualdad a la libertad terminarán sin libertad y sin igualdad". Al parecer, la libertad sólo debe ser respetada porque es el único camino hacia la igualdad.

A partir de este momento, Ayn Rand desarrolló un especial y en parte injustificado odio hacia las ideas de Friedman. Por ejemplo, cuando le preguntaron si había visto los documentales de Libertad de elegir, contestó sarcásticamente:

Los he visto sólo cinco minutos. Es suficiente para mí, porque ya conozco las ideas de Friedman. No está a favor del capitalismo; es un ecléctico miserable. Es contrario al objetivismo, y me critica porque intento introducir la moral en la economía, que según su opinión debería ser amoral. No me gusta siempre lo que pone la televisión pública, pero hay mejores programas que el de Friedman: por ejemplo, el circo.

Conclusión

 

Unas semanas antes de muriera Friedman, Edward Stringham le preguntó quiénes eran, aparte de él, los economistas que más habían ayudado a promover la libertad en el siglo XX. Su respuesta fue: "Hayek, Mises, David Friedman y Stigler, por este orden".

Ya hemos visto que Mises tachó a Friedman de socialista durante una reunión de la Mont Pèlerin. Hayek, por su parte, escribió en su autobiografía que The Methodology of Positive Economics, de Friedman, era "tan peligroso como la Teoría General" de Keynes. En cuanto a David Friedman, no ha dudado en definir a su padre como "bastante socialista". Así pues, tres de los cuatro economistas más liberales según Friedam consideraban socialistas algunas de las contribuciones de éste.

Es por ello que la biografía intelectual de Milton Friedman debe ser examinada cuidadosamente. Buena parte de los mayores atentados contra la libertad –la inflación, la hipertrofia del Estado y el igualitarismo– proceden (quizá muy a su pesar) directamente de sus ideas y teorías. Y es que, como bien escribió él mismo en Libertad de elegir, "el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones".

¿Corrupción en la SGAE?

Como lleva denunciando desde hace tiempo Ana Tudela, primero en El Economista y luego en Público, la sociedad de Teddy Bautista es la oficina de recaudación de fondos para toda una serie de filiales que dependen de él, y cuyas cuentas y objetivos no parecen estar del todo claros.

Toda entidad pública, o toda entidad privada que administre una concesión pública, como sucede con la SGAE y el canon, tiene la obligación de ser completamente transparente. El diezmo que les pagamos en concepto de derechos de autor tiene como objeto, se supone, que los creadores ganen por otra vía el dinero que pierden por la "copia privada". Sin embargo, una parte considerable de lo que gana la sociedad se invierte en una serie de empresas y organizaciones filiales. Según la denuncia, se da el caso de que de una de ellas, Iberautor, no se especifican las actividades porque según la SGAE eso puede "provocar perjuicios" a la sociedad.

La sospecha es que a través de estas filiales, los actuales gestores del chiringuito de Teddy Bautista y José Luis Borau podrían estar beneficiándose de los ingresos del canon, de ahí que se pida a la Fiscalía que lo investigue. No obstante, aunque sea lógico que exista todo tipo de sospechas, hay que recordar que son sospechas y no se tiene constancia fehaciente de ello. La presunción de inocencia alcanza a todos, SGAE incluida. Siempre he pensado que si algo diferencia, o debe diferenciar, a los liberales es recordar siempre que los principios están por delante de las antipatías, por más justificadas que puedan estar.

Ahora, no cabe duda que a la luz de esta denuncia resultan especialmente divertidas las reciente palabras de Teddy Bautista sobre la "concepción humanista" que tiene la SGAE sobre los derechos de autor. Estas gentes "de progreso" siempre hacen lo mismo. Hablan de que la izquierda es quien tiene en cuenta la dignidad de la persona y desprecia el afán de mercantilizarlo todo, pero tanto las posturas políticas que defienden como sus actos suelen mostrar que para ellos la dignidad tiene un valor monetario. Eso sí, no de mercado, porque éste podría darles la espalda. Para ellos, que los consumidores encuentren lo que ofreces lo suficientemente atractivo como para pagarte voluntariamente con una parte de lo que ganan con su trabajo es despreciable mercantilismo, pero que el Estado te conceda privilegios para quitarle al consumidor el fruto de su labor sin su consentimiento es de lo más "humanista".

Es posible, especialmente dadas las buenas relaciones del lobby y el PSOE y la politización de la Fiscalía, que este caso se archive sin investigar siquiera un poquito. Pero en todo caso debería servirnos para recordar que el dinero que recauda la SGAE no se destina sin más a pagar a los autores. La Sociedad General de Autores y Editores destina buena parte a un sinfín de actividades que, nos parezcan bien o mal, legales o ilegales, no son aquellas que esgrimen para defender la supuesta justicia del canon digital. Eso también es corrupción, aunque no sea punible, un "vicio o abuso introducido en las cosas no materiales", que diría la Real Academia. Corrupción del discurso público.

Guateque

Quien esto suscribe solicitó hace 54 meses una licencia para la apertura de un local. Al cabo de un año, con una fuerte inversión muerta de risa, uno empieza a desesperar. Las visitas a urbanismo se convierten en una rutina y, en algún momento, las paredes del laberinto de Plaza Mayor te susurran al oído que puedes evitar el calvario con un empujoncito monetario. Hice oídos sordos y, claro, todavía estoy esperando respuesta de palacio.

Hace algún tiempo, un amigo que visitó Cuba me contaba consternado que la famosa sanidad cubana era un caos y que las operaciones tardaban una eternidad. Sin embargo, si pagabas por debajo de la cama a los médicos, los sanitarios de la revolución se encargaban de que fueras operado en cuestión de horas. Es lo que tienen los sistemas gratuitos y centralizados.

La operación Guateque podría convertirse en una verdadera bendición. No tanto porque detengan a unos funcionarios que además de vivir a costa de nuestros impuestos se dedican al tráfico de enchufes, sino porque muchos dejarán de pensar que lo de la corrupción urbanística es cosa de Pepito Rojo o Menganito Azul. El problema es el sistema nacional-sindicalista de urbanismo que nos impusieron en 1956 y que los socialistas de todos los partidos, que en este campo conforman la práctica totalidad del espectro político español, abrazaron con entusiasmo y desarrollaron con la llegada de la democracia.

Desde la ley del 56 hasta la de 2007, todas las leyes del suelo y de urbanismo que se han ido aprobando contienen tal grado de intervencionismo que tanto Stalin como Mussolini las hubieran aceptado con agrado. Allí donde impera la planificación centralizada y donde el propietario pierde todo poder de decisión sobre su propiedad, la corrupción está servida. El ciudadano se encuentra a los pies de funcionarios y políticos, y habría que topar con almas celestiales para que quienes nos tienen trincados por el cogote no se aprovechen de la situación.

En este sentido, las recalificaciones urbanísticas se han convertido en la corruptela más visible y conocida porque tienen glamour político. El funcionario, en cambio, no tiene acceso a estos pelotazos pero puede agilizar la tramitación de las licencias y ganarse un suculento sobresueldo. Durante estos cuatro años y medio de espera he visto cómo algunos vecinos lograban licencias similares en cuestión de semanas. Siempre me he alegrado por ellos. Lo escandaloso no es que ellos hayan podido agilizar sus trámites sino que se considere normal un sistema en el que se somete al resto a una espera indigna y empobrecedora.