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Flogisto y salario mínimo

Miren, si no, el ejemplo de que imponer un salario mínimo eleva las remuneraciones más bajas justo hasta ese punto. Como el flogisto, parece una idea propia de la alquimia: la duplicación de los salarios por decreto. ¿Por qué quedarse en los 800 euros que ha propuesto Zapatero? ¿Por qué no imponer una base mileurista? ¿Quién se iba a preocupar de las hipotecas con esa capacidad para elevar nuestros salarios sin más que publicar un artículo en el BOE?

Quien defiende el salario mínimo no puede tener ninguna idea sobre cómo se forman los salarios. El empresario está dispuesto a pagar una cantidad al trabajador en función de lo que estima que vale la contribución de este a la producción (esto es, el valor descontado de su productividad marginal). Si esa estimación queda por debajo del salario mínimo, esa contratación sencillamente no tendrá lugar. Se generará paro y habrá proyectos que queden en el sueño de los emprendedores – y de los afiliados al INEM.

Claro está que estos frustrados trabajadores a quienes el Gobierno prohíbe llegar a ciertos acuerdos son mayoritariamente jóvenes e inmigrantes. Estos últimos ya están saliendo a la calle, pero no por voluntad propia. Según la última EPA el desempleo entre extranjeros ha crecido un 24 por ciento en un año. Un SMI de 800 euros dejará esa tasa en ridículo.

En el caso de los jóvenes, muchos valoran más lo que ganan de capital humano por medio de la experiencia que el salario, y los estudios muestran que los salarios mínimos reducen las rentas futuras de los jóvenes, por la experiencia no ganada.

Lo más sorprendente es que este dislate sea un reclamo electoral.

¡Apártense, que no dejan pasar a mi coche oficial!

Este pasatiempo machacón de quienes administran "lo público" es especialmente chocante si pensamos en los continuos ataques que recibe la publicidad desde estos mismos estamentos cuando esta la realiza un agente privado con su propio dinero para anunciar los beneficios de un producto al consumidor. Sin embargo, cuando la campaña va dirigida a reprender al contribuyente, hacer sentir culpable al ciudadano por no comportarse como al Estado le vendría mejor o a exigir a los consumidores un cambio en su comportamiento, pocos son los que levantan la voz para quejarse. El colmo de los colmos es que estos anuncios públicos se pagan con el dinero del señor o la señora a quien se pretende aleccionar.

En los últimos meses a diversos organismos gubernamentales les ha dado por criticar a quienes utilizan el transporte privado. Los diferentes gobiernos se han empecinado en convencernos de que somos unos verdaderos sinvergüenzas, unos auténticos derrochadores y unos perfectos despreocupados por el futuro si viajamos en nuestro propio vehículo. Sin embargo, nos dan a entender que nos convertimos en unos maravillosos seres comprometidos con todo tipo de causas virtuosas si nos sometemos a horarios que deciden otros por nosotros y nos espachurramos en una lata de sardinas para desplazarnos. Hay que sacrificarse por no se sabe muy bien qué. El sudor, los apretujones, la inseguridad o los malos modales de muchos son el coste que debemos soportar sin cuestionarnos.

El Instituto para la diversificación y ahorro de la energía, IDAE, del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, ha llenado nuestras ciudades con un anuncio reza Utiliza el transporte público. Ahorra energía. Piensa en el futuro. Vamos, que si no usamos el transporte público es porque somos unos derrochadores de energía y sólo pensamos el presente. Eso de ahorrar energía para realizar una actividad está muy bien, pero transportarse en vehículo privado y hacerlo en transporte público son dos cosas diferentes y dejar de hacer lo que a uno le viene mejor por ahorrar energía así en abstracto no tiene mucho sentido. Sobre todo si pensamos que la producción energética se puede aumentar prácticamente sin límite. El problema está más bien en que como los políticos han creado cuellos de botella artificiales en la producción de energía, ahora quieren que seamos nosotros los que arreglemos sus desaguisados dejando de consumir. Vaya cara más dura que tienen. Y qué decir de esa relación entre transporte público y pensar en el futuro. Yo no trago eso de que ahorrar tiempo y evitarme un montón de delincuentes que campan por sus anchas en el transporte público significa pensar en el presente. Pero, por otro lado, si alguien quiere pensar más en el presente que en el futuro, tampoco veo por qué hay que vilipendiarle.

Peor aún es lo del Consorcio de Transportes de la Comunidad de Madrid: ¿Te imaginas un mundo sin coches? Hazlo posible. Súbete al transporte público. Pues sí, muchos nos lo podemos imaginar perfectamente y nos parece una pesadilla sacada de una antiutopía de George Orwell.

Recientemente, el director del Observatorio de la Sostenibilidad en España, Luis M. Jiménez, se refirió al uso "excesivo" del vehículo privado en la presentación de un informe del Observatorio. A saber qué es lo que le parece excesivo a este buen hombre. Sin embargo, a esos políticos y burócratas que gastan nuestro dinero en darnos la murga con que nos somos buenos ciudadanos si no vamos en transporte público no se les suele ver por el metro ni por el autobús. En general están abonados al chofer y al coche oficial, desde el que planean cómo quitar al resto de los coches de las calles y carreteras por las que circulan. No les hagan caso o, de lo contrario, lo único que lograremos es que lleguen antes a sus despachos y nos hagan la vida todavía más complicada con sus moralinas publicitarias.

El milenarismo va a llegar

Ah, ¿no se ha enterado? Aguarde, que luego se lo cuento; pero déjeme comenzar por Rajoy, que ha sido aclamado en Valencia como el candidato popular a las próximas elecciones generales. Su mensaje ha sido sencillo, claro y directo: hay ciertos valores compartidos por la mayoría de los españoles, como que España es una gran nación, que tenemos una democracia que merece la pena mantener y que a los verdaderos enemigos de España, a la ETA, hay que combatirla hasta derrotarla. Muchos en la izquierda piensan así, y algunos de ellos están dispuestos a vencer el inmenso rechazo que les suscita el PP aterrados por dónde nos puede llevar ZP. Los que le votaron no le van a abandonar. Alguno de quienes no lo hicieron se lo están pensando.

ZP está en la destransición, en deshacer lo andado tras la muerte de Franco y deslegitimar al PP, a "la derecha", como dice agriamente, siquiera como opción democrática. La izquierda, que en su mayoría tiene por todo pensamiento colgar carteles a diestro y siniestro, está por crear el mundo de Z, como ha explicado Girauta. Un mundo extramuros de la legitimidad, al que ninguno en la izquierda debe osar poner el pie.

Conocemos los elementos de este discurso: estos son los de Franco, los que se oponen a la memoria histórica, los de Santiago y cierra, España (dirán, sin saber de dónde viene). Son también los que no quieren que los homosexuales salgan del armario, los enemigos de la paz en "este país", los amigos de Bush y de la guerra. Pero alguno de estos carteles se está oxidando. El nunca mais siempre fue más negro que el contenido del Prestige y la gente ya no traga. La negociación con ETA ha resultado en fracaso el cartel de "paz" en La Moncloa voló con la T4. Y lo de la guerra ya cansa.

Es aquí donde entra Gorquemada, en felicísima expresión del GEES. El flamante Príncipe de Asturias, mire usted qué casualidad, ha lanzado en España un debate que llegará hasta el mismo día de las elecciones generales, y que va a ser fundamental. A Rajoy le han pillado con el pie cambiado y le van a atizar con el primo hasta dejarle con más cardenales que los reunidos este domingo en Roma. A los indecisos: ¿se puede votar a alguien que esté tan fuera del mundo que niega que haya calentamiento global?

Y eso que lo tiene fácil. No puede adherirse al fanatismo algoreniano del calentamiento de los últimos días, porque le condenarán en el fuego del infierno por ser hereje de nacimiento. Pero puede construir, con unos pocos elementos muy sencillos, un discurso veraz, realista, concernido y positivo de la lucha contra la contribución humana al calentamiento. Quizás Juan Costa no esté del todo desencaminado. Ya lo anunció Fernando Arrabal, el milenarismo va a llegar.

Arrivederci, libertà

Esta quedaría reducida a las empresas con capacidad de pagar a una compañía editora (o registrarse como tal) y a un periodista y a las bitácoras u otros tipos de web de profesionales de la comunicación dispuestos a pagar un impuesto. Además, la Red transalpina podría ir olvidándose de la existencia de foros y de comentarios de los lectores.

La ley Prodi-Levi contiene varios puntos contrarios a la libertad de la Red. En primer lugar, el creador de cualquier web debe registrarla en el equivalente italiano a la CMT, obtener un certificado y pagar un impuesto aunque no tenga fines comerciales. Así, mientras que en el resto del mundo crear una bitácora puede ser algo que ocupa apenas unos minutos (utilizando servicios como Blogger, por ejemplo) y no cuesta dinero, en Italia puede convertirse en un proceso largo y engorroso al tener que enfrentarse a la burocracia al mismo tiempo que caro por tener que hacer frente a imposiciones fiscales.

A esto se suma que toda web tenga que funcionar bajo el amparo de una compañía editora (¡adiós a las páginas personales o de compañías de otros sectores que no estén puedan encontrar un socio de este tipo!) y a tener como "director responsable" a un periodista registrado. La mera existencia de la figura del "periodista registrado" es cuando menos discutible, viene heredada de la época de Mussolini y su existencia en España tuvo lugar en la época de Franco, aunque IU quería recuperarla en el congelado Estatuto del Periodista.

Pero el pretender que este tipo de profesional con aval estatal tenga que supervisar las webs es una locura liberticida que garantiza la desaparición de gran parte de la Red italiana, que se limitaría a páginas creadas sólo por profesionales de este tipo o por personas que pudieran pagar a uno de ellos para poner su nombre. Por cierto, que en citado Estatuto del Periodista se pretendía lo mismo para buena parte de los blogs españoles.

Y un último detalle liberticida. Si el propietario de un blog o una web de otro tipo "pierde el control" sobre algún contenido difamatorio que aparezca en el mismo, puede terminar en la cárcel. Dicho de otro modo, se le hace responsable de todos aquellos mensajes que los lectores puedan escribir como comentarios en su bitácora o en los foros de su web. Algo que resulta totalmente demencial.

Por cierto, resulta cuando menos interesante que la bitácora política más influyente, Il Blog de Beppe Grillo, es especialmente crítico con el Ejecutivo de izquierdas que promueve esta ley. Esperemos que la norma no salga adelante. Ya conocemos de sobra a los políticos europeos. Si en un solo país una legislación restrictiva con la libertad en Internet consigue ser aprobada, el resto de gobiernos se darán prisa en imitar el ejemplo y tratar de imponer una similar contra sus compatriotas.

¿Y a mí por qué no me pagan?

Y sin embargo yo, que también he aportado mi granito de arena para contrarrestar la histeria colectiva provocada por botarates como Al Gore, jamás he recibido ni un mísero sobre repleto de dólares como, según insinúa El País, ocurre con mis compañeros y hasta ayer amigos.

Acabo de enviar un correo electrónico a los presidentes de Shell, Texaco, British Petroleum y Exxon acusándoles de discriminación y exigiendo los pagos atrasados que me corresponden, exactamente en igual cuantía que el resto de mercenarios de la devastación mundial a beneficio de las empresas petrolíferas.

En mi ingenuidad, he estado escribiendo artículos defendiendo una postura escéptica sobre el origen antropogénico del calentamiento global, simplemente porque la charlatanería interesada me produce una repugnancia espontánea. No acepto lecciones de moral de quienes se hacen ricos provocando el miedo a través de la utilización de datos manipulados cuando no, directamente, de mentiras flagrantes, dicho sea sin ánimo de señalar.

Los progres son incapaces de entender que alguien les lleve la contra simplemente por amor a la verdad. Su reacción inmediata, cuando alguien les contradice, es buscar las causas ocultas de que esa persona no acepte su discurso como una verdad revelada. Ellos, claro, están libres de cualquier sospecha de que existan otros intereses disfrazados tras su actitud inquisidora. Al Gore, por ejemplo, invierte el dinero esquilmado a los idiotas europeos, a razón de doscientos mil talegos la performance, en fondos de inversión especializados en energías renovables. Pero Su Goricidad no tiene ningún interés en promocionar estos negocios acusando a las petroleras de las mayores atrocidades; es simplemente una excentricidad de su asesor financiero (todo icono progre necesita uno) en la que él no tiene nada que ver.

Por cierto, los mayores productores de sistemas de energía alternativa son precisamente empresas filiales de las grandes petroleras, así que también Su Goricidad está siendo pagado por quienes amenazan la vida en la Tierra. En definitiva, que aquí todo el mundo cobra por opinar sobre el cambio climático excepto yo. ¡Exijo igualdaz!

El Gobierno nunca es responsable de nada

¿No le suena algo similar hace poco? Ocurrió a finales de julio, también en Cataluña. Entonces, otro político socialista culpó a un empresario, Manuel Pizarro, entonces presidente de Endesa, del apagón de Barcelona.

En líneas generales, cuando las empresas se dedican a llevar a cabo acciones terroristas, como parece ser que según los socialistas hacen Villar Mir y Manuel Pizarro, desaparecen del mercado. No hace falta ser un genio para deducir algo así. Si bancos y grandes fondos, que se estudian al milímetro las empresas en las que invierten, apuestan por acciones como OHL, que está teniendo un buen comportamiento en bolsa, es porque sus altos directivos no anteponen sus guerras particulares a los intereses de los accionistas, clientes finales, ni, en definitiva, al de la empresa. Evidentemente, la acusación de la ministra es ridícula y moralmente bastante sucia.

Pero OHL y Endesa no son los únicos chivos expiatorios de la mala gestión del Gobierno. Todos los políticos le usan a usted cada día como excusa para esconder su incompetencia. Si la ley antitabaco no acaba de funcionar como la los burócratas pensaron, se debe a que los locales donde se permite fumar y sus clientes son unos incívicos y unos enfermos (aunque, gracias a ello, el Gobierno ingresa miles de millones de euros).

Si hay una elevadísima economía sumergida debido a la enorme confiscación fiscal, el Gobierno le dirá que usted es un insolidario y que los impuestos actuales son los "justos". A propósito, el Gobierno también olvida que la solidaridad es voluntaria y que cuando se impone por medio de la fuerza se convierte en esclavitud y extorsión.

Si usted no deja que el Gobierno adoctrine a su hijo con sus jurásicos programas rescatados de los años 70, es que es un antisocial y un crispador por no seguir el pensamiento único socialista.

Si los accidentes de tráfico aumentan y el carné por puntos queda en evidencia, no se debe a que sea una ley estúpida y puramente recaudatoria, sino a que usted es un peligro público y un criminal al volante. Cuando diversas organizaciones piden al Gobierno que lo primero que habría que hacer para disminuir los accidentes sería arreglar las carreteras, el burócrata no hace ni caso y sigue culpando a la sociedad de sus errores y responsabilidades.

¿Es que todo el mundo es responsable de los males del país menos los burócratas? Más bien es al revés, y es que las irresponsabilidades en política no se pagan o, más bien, las pagamos quienes no las cometemos.

Torpe pero cierto

Resulta políticamente incorrecto decir que los científicos no están de acuerdo en la influencia del ser humano sobre el clima a pesar de ser la pura verdad. En mayo de este año dos conocidos científicos, Hans von Storch y Dennis Bray publicaron los resultados de una macroencuesta a 530 climatólogos en 27 países. Preguntados acerca de en qué medida están de acuerdo o en desacuerdo con que el cambio climático es sobre todo resultado de causas antropogénicas, el resultado fue que, en una escala de 1 (completamente de acuerdo) a 7 (completamente en desacuerdo), la media resultó ser 3,62; una contestación alejadísima del supuesto consenso.

Rajoy también acertó al decir que el cambio climático no es el mayor problema al que se enfrenta la humanidad. Parece mentira que una declaración tan sensata pueda generar polémica alguna. Nos enfrentamos hoy a problemas tan dramáticos como la malaria, el sida o el difícil acceso a en muchas sociedades al agua potable que causan la muerte de millones de personas cada año. Poner los posibles efectos lejanos en el tiempo del cambio del clima al mismo nivel de los problemas acuciantes a los que nos enfrentamos hoy denota una total falta de sensibilidad así como un completo desconocimiento del principio de la preferencia temporal por el que los seres humanos valoramos menos beneficios y costes futuros que presentes.

Por otro lado, la idea de que el calentamiento del planeta es el más importante de todos los problemas se desmorona tan pronto se le pregunta a los ecologistas sobre su postura frente a soluciones que no impliquen racionamiento. ¿Energía nuclear? “Ni hablar”, ¿filtros de CO2? “demasiados riesgos (SIC)”, ¿desgravaciones fiscales a las nuevas tecnologías? “no, si acaso más impuestos sobre las emisiones de CO2”. Todas estas soluciones compatibles con las libertades económicas parecen representar para los ecologistas problemas más importantes que el cambio climático.

Mariano Rajoy dio en el clavo al afirmar que el cambio climático es un problema sobre el que tenemos que estar vigilantes pero que ni existe un consenso científico sobre sus causas y efectos ni podemos ponerlo a la altura de los problemas más apremiantes a los que se enfrenta el ser humano. El pensamiento único intervencionista no le perdona su valentía. El resto se la agradecemos.

Radiohead, Madonna y elpais.com

El problema del experimento de Radiohead es que no es generalizable. Son una banda muy bien establecida, conocida, con una base de seguidores amplia y fiel. Un grupo que empieza u otro que ya tiene sus seguidores pero no llena plazas de toros ni estadios no habría logrado tamaña repercusión mediática con un ofrecimiento así ni habría logrado las ventas de los británicos. Tampoco podría generalizarse el ejemplo de Prince, regalando su último trabajo con la compra del Daily Mail. Básicamente, pocos son tan ricos como para poder permitírselo.

Sin embargo, es Madonna quien ha emprendido una vía que seguramente sea la más transitada por los músicos de aquí a unos años. Ha abandonado a su discográfica y firmado un contrato con una empresa promotora de conciertos. Madonna, esa gran empresaria de sí misma, que ha cambiado con éxito su estilo una barbaridad desde que empezó, siempre al olfato de las nuevas tendencias, parece haber entendido por dónde van los tiros. Y es que la vía principal de ingresos de los artistas serán los espectáculos en vivo y el merchandising. Los discos, aparte de ser el material base, funcionarán sobre todo como forma de promoción.

Habrá quien piense que ese camino también está cerrado a los músicos de menor audiencia. Sin duda, ellos lo tendrán más difícil, pero no cabe duda de que se les irán abriendo nuevas vías para permitirles llegar a su posible audiencia. Ahora mismo, sitios como MySpace o GarageBand les permiten tener una ventana abierta a su público. Lo que les hacen falta son maneras de hacerse notar dentro del maremágnum de internet, mediante sistemas de recomendaciones, por ejemplo, y llegando a oídos de expertos con acceso a medios más masivos que puedan darles cancha en programas de radio o revistas especializadas, por ejemplo. Es decir, han de ofrecer su música gratis y lograr que se les escuche.

Es lo que nuestro compañero Enrique Dans llama la economía de la atención. En un mundo sobresaturado de contenidos de todo tipo, con mil televisiones, radios, artistas, películas y no hablemos ya de la web, es un requisito esencial para hacer negocio ser capaz de llamar la atención del consumidor, algo que seguramente –vista la competencia– llevará necesariamente a ofrecer productos de calidad gratis y cobrando por otras vías una vez que el cliente haya empezado a hacernos caso. Así, los músicos tendrán que asumir que si quieren ganarse las castañas con lo suyo tendrán que trabajar tocando y promocionando sus canciones, que regalarán a quien quiera oírlas.

Esto no se reduce sólo a la música, claro. Tenemos otro claro ejemplo en el anuncio de la apertura de los contenidos de El País en internet, que acaban de anunciar junto a su esperado rediseño del periódico en papel, cuya principal novedad parece haber sido que ya han dejado de ser independientes de la mañana. Casi todos los grandes medios del mundo ofrecen gratuitamente todo o parte de su contenido, esperando generar la atención suficiente como para tener más ingresos de la cada vez más sabrosa tarta publicitaria de internet. Han tenido que pasar de lloriquear por la competencia que hace internet al sacrosanto formato de árboles muertos a plantear la batalla allí donde está el futuro.

Me da que la industria discográfica, en cambio, prefiere seguir sollozando un poco más.

La fobia contra el oro

El informe también pone de manifiesto la pésima labor que han venido realizando los Bancos Centrales a la hora de evitar la continua depreciación de las monedas que gestionan en régimen de monopolio. Desde 1973, la peseta y, luego, el euro han perdido su valor más de 23 veces con respecto al oro; se trata de una increíble depreciación del 95%, que en cualquier otro sector económico significaría la quiebra más absoluta.

Aun así, muchos economistas teóricos, adormecidos por los cantos de sirena de los dos enfants terribles del siglo XX: John Maynard Keynes y Milton Friedman, y por los estudios monetarios financiados en buena medida por los Bancos Centrales, se resisten a reconocer la superioridad del oro sobre el dinero fiduciario de curso forzoso. Para ello recurren a una serie de argumentos, a cuál más ingenuo.

El oro no es un dinero científico

El primer argumento contra el oro es que se trata de un dinero que surgió casi por accidente y, por tanto, no es el mejor posible. Una vez la profesión económica ha desarrollado modelos teóricos más avanzados, podemos encaminarnos hacia formas monetarias más científicas y eficientes.

Sin duda, se trata de una crítica que refleja un sesgo típicamente ingenieril y socialista. Hayek ya nos advirtió de que muchas veces las instituciones que surgen de manera espontánea recogen una enorme cantidad de información dispersa que ninguna mente individual es capaz de procesar y comprender. En otras palabras: puede haber partes de una institución que no comprendamos o que estemos comprendiendo mal, y, partiendo de esa información errónea, podemos adoptar reformas inconvenientes.

Con el oro sucede algo similar. La teoría monetaria que se ha venido desarrollando durante el siglo XX se ha basado en modelos absurdos y equivocados. Los escritos pioneros de Carl Menger sobre la liquidez se han abandonado por simplezas como la ecuación cuantitativa del dinero.

El oro no es un dinero como otro cualquiera: es el mejor que hasta la fecha han descubierto los agentes económicos, dado que tiene una serie de propiedades cuasi únicas: es fácil de transportar, almacenar y conservar; es divisible, dúctil, maleable, y no se corroe; es relativamente escaso; es homogéneo; es difícil de falsificar (incluso, o especialmente, por los gobernantes); es imperecedero; es un metal precioso internacionalmente reconocido…

Muchos creen que el patrón oro es tan arbitrario como un patrón cobre o un patrón café. Quienes tal cosa sostienen muestran una completa ignorancia monetaria. Aparte de las cualidades arriba mencionadas, el oro tiene una relación stock/flujo muy elevada: alrededor de 80. Esto significa que el stock actual es 80 veces superior a su producción anual, por lo que se necesitan 80 años para doblar la cantidad existente de oro. En el caso de los bienes agrícolas, esta relación está alrededor de 1; esto es, cada año se reproduce todo el stock del año anterior.

Adoptar un patrón monetario con una baja relación stock/flujo implicaría variaciones anuales muy grandes del valor del dinero, en función de si se produce más o menos. Esta inestabilidad impediría ahorrar en esa moneda, ya que la riqueza individual dependería de factores coyunturales. En cambio, la producción anual de oro no supera el 2% de su stock acumulado. Su valor no varía ante incrementos tan pequeños.

El oro ya ha sido desmonetizado

Otro argumento bastante utilizado por los orofóbicos es que, si bien el oro era dinero hace cien años, hoy ha dejado de serlo. De nuevo, en este caso muestran una gran estrechez de miras sobre los fenómenos monetarios.

El dinero cumple dos funciones esenciales: es un medio de cambio y un depósito de valor. Es cierto que el oro ha dejado de emplearse en buena medida como medio de cambio; sin embargo, en buena medida también ocurría esto durante el siglo XIX, ya que muchas transacciones se realizaban en billetes respaldados por oro pero no en oro propiamente.

Ahora bien, ¿ha dejado el oro de actuar como depósito de valor? En parte sí, pero a un coste muy elevado. Quienes atesoran el valor en moneda nacional sufren continuas pérdidas de poder adquisitivo, como acredita el informe del Instituto Juan de Mariana. Otros, más avisados, han atesorado el valor en otros instrumentos, como los títulos de renta variable, los inmuebles o las mercancías (cobre, hierro, petróleo, etcétera). Mientras los ahorros se canalicen a la bolsa y los empresarios los utilicen diligentemente para lograr grandes rentabilidades, no existen tantos problemas (salvo que la mayor volatilidad del mercado excluye a los legos de participar en él); ahora bien, cuando los ahorros se canalizan al mercado de mercancías o de inmuebles, les añaden una prima a sus precios y encarecen los costes empresariales o de la vivienda en propiedad, como ya ocurriera durante los años 70 y está ocurriendo hoy mismo.

De todas formas, pese a lo que muchos creen, el oro sí sigue utilizándose como reserva de valor. Entre 1956 y 2007 la producción de oro no ha tenido precedentes: unos 90.000 millones de dólares, más de lo que se había producido durante milenios hasta 1950. ¿Dónde han ido a parar esa ingente cantidad? ¿Acaso a la joyería? No, ha sido adquirida y atesorada por millones de inversores que buscan cubrirse de la pérdida de valor de las divisas nacionales. Es una situación paralela a la de los últimos días de Roma: en medio de la inflación, el oro y la plata desaparecieron… y anticiparon el colapso del Imperio.

El oro agrava las crisis económicas

Hemos dejado para el final uno de los argumentos más utilizados contra el oro. Básicamente sostiene que, dado que la cantidad de este metal es inelástica, las crisis económicas no pueden se contrarrestadas con una política monetaria expansiva. El ejemplo más gráfico fue la Gran Depresión de los años 30.

No hay espacio aquí para exponer todos los errores que contiene este argumento. Básicamente, hay que tener en cuenta que las políticas monetarias expansivas no son la solución, sino la causa de las crisis económicas. El que los Gobiernos se encuentren maniatados quita posibilidades de que esas crisis se produzcan, o de que, si llegan a producirse, cobren una mayor gravedad.

Es absurdo pretender que un proceso generalizado de mala inversión empresarial puede solucionarse imprimiendo más papelitos. En esos momentos el único remedio válido es incrementar el volumen de ahorros para permitir una liquidación más rápida de las malas inversiones. El oro promueve este mayor ahorro al incrementar los tipos de interés; el dinero fiduciario, con sus inyecciones de papel y sus reducciones de tipos, reduce los incentivos al ahorro y favorece un nuevo endeudamiento y ciclos de malas inversiones que, además, repercuten en inflación. Dicho de otro modo: el oro cura rápidamente las crisis sin destruir la moneda. El dinero fiduciario las alarga y las agrava envileciendo el dinero, como ya demostró la crisis de los 70, que tantos se empeñan en ignorar.

Pero es que, además, es falso que durante los años 30 existiera el patrón oro. Cualquier libro de texto habla de patrón de cambios oro (o patrón divisa oro). Las diferencias son mucho más grandes de lo que el nombre permite deducir. Bajo el patrón divisa oro, los Bancos Centrales continentales podían imprimir billetes que no estuvieran respaldados por oro, sino por libras esterlinas o dólares. En otras palabras: cuando el Banco de Inglaterra inflaba la oferta monetaria, los Bancos Centrales de Francia y Alemania podían inflarla a su vez. Y los préstamos concedidos por EEUU a los países centroeuropeos podían reinvertirlos éstos en los mercados yanquis y emitir moneda nacional respaldada por los activos adquiridos.

Además, el Banco de Inglaterra limitó la convertibilidad de las libras en oro al establecer un "patrón lingote oro". Sólo quien dispusiera de unos 2.000 dólares de la época podía retirar oro, lo que facilitaba enormemente la colocación de nuevos billetes pequeños entre las masas.

Todo esto dio lugar a una seria falta de liquidez de los sistemas bancarios europeos, que terminaron por colapsar. No fue el patrón oro el causante, sino la expansión crediticia permitida por el abandono de facto del patrón oro.

Conclusión

El patrón oro es la única alternativa de estabilidad que tenemos a nuestro alcance. Los mitos anti oro han venido gestándose durante todo un siglo a manos de los intervencionistas monetarios. Hemos mencionado tres, pero hay muchos más: los que hablan de desajustes sistémicos de la balanza comercial, de tendencia a la deflación, den escasez estructural de oro, de incidencias negativas sobre los salarios… En cualquier caso, resulta curioso lo que nos ofrecen como alternativa los intervencionistas monetarios: una moneda que pierde continuamente su valor, que desestabiliza los tipos de interés y el precio de toda clase de activos y commodities y que incrementa el poder del Gobierno. Todo un éxito.

El oro y la peseta

Tomando la relación por el lado del dólar se podría decir que en realidad lo que cae es el billete verde, pero lo cierto es que el oro está ganando posiciones contra todas las monedas importantes, y el euro no es la última de ellas.

Recientemente el Instituto Juan de Mariana ha sacado un informe que se plantea qué hubiese pasado si se hubiera ligado la peseta al metal amarillo, tomándolo como base de nuestra moneda a finales de 1972. El momento es relevante porque fue en febrero de 1973 cuando definitivamente se vino abajo lo que quedaba de Bretton Woods y las monedas del mundo quedaron desligadas del oro.

Los precios, concluye el informe tras echar las cuentas correspondientes, serían 23,5 veces más bajos. Nos cuesta imaginarlo ahora, pero la hipoteca media, de 150.000 euros, costaría apenas 6.400. Sólo eso nos da una idea de hasta qué punto hemos tenido que convivir con la inflación.

Los salarios monetarios, claro está, no habrían crecido tan rápido como lo han hecho. Pero ¿Y los salarios reales? ¿Seríamos ahora más ricos por el simple hecho de que hubiésemos vuelto al patrón oro en nuestro país?

El informe dice que así es, y tiene razones para ello. Dado que los riesgos monetarios serían mínimos, nuestras empresas se endeudarían a tipos más bajos, con lo que hubiesen crecido a mayor ritmo la inversión y la creación de riqueza.

También dice que "la depreciación del resto de divisas mundiales habría permitido a España importar cantidades crecientes de bienes del extranjero mejorando con ello su relación real de intercambio al modo de Suiza o la República Federal de Alemania". Y por último el Estado se vería forzado a mantener sus cuentas equilibradas, pues con el oro no se puede disminuir el valor real de la deuda por medio de la inflación.

No reconocemos el sonido de las monedas de oro; se nos antoja lejano. Pero está volviendo con mucha fuerza y debiéramos, al menos, volver a reflexionar sobre él y tomarlo como aliado contra la inflación.