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El periodismo de calidad de El País

De entrada, el informe del FMI no llega a decir en ninguna parte que la economía financiera, por sí misma, cree o acentúe las desigualdades. El informe sólo apunta a que en el pasado, y concretamente en los reducidos escenarios estudiados y en una visión a corto plazo, los flujos de capital entrante a las economías emergentes han dilatado el gap entre ricos y pobres. Eso no significa que la "globalización financiera" por sí sola agudice los contrastes entre los diferentes estratos sociales ni mucho menos que haya más pobres que antes. De hecho, algo así no tendría que sorprender a nadie. Cualquier entrada de capital extranjero en una economía, digamos, precapitalista crea al principio una rápida reestructuración del tejido productivo, tanto comercial como financiero, que llega primero a unos y luego a otros. En la revolución industrial europea también ocurrió lo mismo y hemos ido a mejor, no a peor.

También choca del titular de El País el ataque exclusivo contra la "globalización financiera" cuando el informe del FMI especifica que han sido "los avances tecnológicos los que han hecho la mayor contribución a la desigualdad". Independientemente de que tal afirmación sea una barbaridad, el artículo del susodicho periódico casi no hace mención a ello, exceptuando dos líneas del último párrafo. La razón de que el diario omita la principal causa del gap económico-social es evidente. No es una conclusión especialmente popular, ni siquiera para el lector objetivo del rotativo. Por lo tanto, el periodista ha pensado que, no siendo algo que guste oír, es mejor no darle importancia, pese a ser para el FMI la principal causa de la desigualdad.

Instituciones burocráticas como el FMI o el Banco Mundial, que viven de nuestro dinero, se caracterizan porque siempre tienen soluciones para todo, sean buenas o malas, verdaderas o falsas. Por tanto, es fácil imaginar que también en este informe las plantean. El artículo, sin embargo, no las cuenta porque no conviene a su línea editorial. Y es que las soluciones que plantea el FMI no son, como se puede deducir de la ausencia de referencias en El País, un mayor intervencionismo o más regulaciones. De hecho, la institución advierte que las fuertes intervenciones estatales en el pasado no han hecho ningún bien.

Lo que plantea el organismo es ampliar la financiación a los pobres, más educación y una mayor liberalización que le dé protagonismo a la economía de mercado. De lo que no se da cuenta el FMI es que con esta última condición ya es suficiente, porque genera por sí misma un mejor nivel de vida que irremediablemente desemboca en un mayor bienestar material y social, y por lo tanto, garantiza el resto de mínimos que plantea el FMI. Un país no puede pasar de pobre a rico en una semana, exige pasar por todos los escenarios necesarios para no tener después abruptas roturas ni desequilibrios.

En definitiva, tenemos un informe del FMI que no hace más que decir, por un lado, cosas que ya todos los economistas sabían desde hace más de 200 años y, por otro, otras que son tan contingentes que no merecen ni la más mínima atención. Por ejemplo, en el informe, aparentemente científico, llegan a afirmar que algunos factores económicos se han producido por "buena suerte". Evidentemente, recurrir a argumentos de este calibre intelectual resta credibilidad y rigurosidad a cualquier estudio.

Pero mucho menos creíble es el  "riguroso" artículo de El País, cuyo contenido poco tiene que ver con lo que el FMI muestra realmente en su revista. En conclusión, si quiere dejar de ser otro borrego más que sólo se cree los dictados del pensamiento único será mejor que emplee este tipo de publicaciones para envolver el bocadillo del desayuno. Es para lo único que sirven.

Comerciantes contra la libertad de comercio

Su discurso hace parecer que todas las partes quedaron plenamente satisfechas (el típico y tópico "consenso"), cuando lo cierto es que la inmensa mayoría no fueron consultados en absoluto (los consumidores individuales) y una parte concreta fue legalmente discriminada (con lo feo que es eso), prohibiéndose a las grandes superficies (que obviamente no compartieron este presunto "consenso") la total libertad de horarios que sí consiguieron los demás comerciantes.

Como representante de los pequeños comerciantes, Llorens por un lado les hace la pelota como corresponde, recordando cómo llevan tiempo adaptándose a la sociedad actual y trabajando duro "para ofrecer los mejores productos y servicios a sus clientes, ofreciendo variedad, calidad y profesionalidad" (como si los grandes comerciantes vaguearan y ofrecieran mala calidad, o fueran aficionados). Por otro lado les presenta como víctimas indefensas ante la concentración del poder en las grandes cadenas: olvida mencionar quién da ese poder en un mercado libre, que son los consumidores; tal vez sus representados no lo están haciendo tan bien.

Con total desvergüenza asegura, refiriéndose a presuntas estadísticas del Ministerio de Industria y Turismo, que "los consumidores están de acuerdo con los horarios actuales": entonces no deben preocuparse, ya que nadie está obligado a abrir esos días que los consumidores no utilizarán porque ya están muy contentos con lo que hay ahora. También afirma que "no hay ninguna exigencia por parte de los comerciantes para ampliarlos": debe de ser que las grandes superficies, a quienes acusa de inconfesables intereses para reabrir el debate, no son comerciantes.

"Lo único que quizás conseguiríamos es crear disfunciones en nuestro modelo comercial, que es el que también está vigente en los principales países europeos y que garantiza el equilibrio entre comerciantes, consumidores y trabajadores." No es muy específico con lo de las disfunciones (pero suena muy mal y quizás a algún incauto le convenza al meterle miedo), menciona a otros países europeos como si fueran todos iguales y obligatorio imitarlos (algunos tienen libertad total de horarios comerciales y otros sufren restricciones peores que las nuestras), y se refiere a un "equilibrio" que no tiene ningún sentido en un mundo dinámico y cambiante.

En el colmo de su desfachatez propone que sean los trabajadores los que se adapten (¿mediante la coacción legal quizás?, ¿prohibiéndoles trabajar a alguna hora en la que deberían estar haciendo la compra?): "Con la incorporación de unos tres millones de mujeres al trabajo en los últimos años no sólo hay que ver la necesidad del comercio de adaptarse a los nuevos ciclos de vida, sino que quizás, lo que hay que cambiar son los modelos de empleo para adaptarlos a la vida social y compatibilizar la vida laboral con la familiar, para que así el tiempo para comprar o hacer cualquier otra de las actividades necesarias para nuestro día a día no suponga un problema."

Llorens da datos sobre Madrid, la comunidad autónoma menos liberticida en este ámbito: tiene la densidad comercial más baja de España y la ocupación en el comercio minorista es ligeramente inferior y crece menos que la media. Como necio en asuntos económicos, lamenta la eficiencia de que menos trabajadores sirvan en un entorno competitivo a más consumidores; "con la seguridad (sic) que nuestros clientes están satisfechos con el servicio recibido, afirmamos que no existe ninguna razón para plantear una ampliación de horarios". Es patético lo mal que ocultan algunos la defensa política de sus intereses a costa de los demás.

Entre los objetivos de la CEC está "la defensa y el fomento del sistema de libre iniciativa y de la economía de mercado". Tienen una forma extraña de entender lo que es la libre iniciativa, y respecto a la economía de mercado quizás les parece mejor no insistir con que también sea libre.

Los republicanos, tan tontos como el PP

Créanme, si la ley lo permitiera, aquí procurarían hacer exactamente lo mismo. Desgraciadamente, con lo que nuestros representantes en el Congreso aprecian a sus votantes y desprecian al lobby de los titiriteros, no sería de extrañar que en muy poco tiempo permitan a la SGAE y a las discográficas hacer lo mismo.

En todo caso, parece que en Estados Unidos las cosas no se diferencian políticamente mucho de lo que sucede aquí. Glenn Reynolds, autor del blog liberal más popular del mundo, volvía a clamar en el desierto hace unos días, pidiendo a los republicanos, como ya hiciera en el 2002, que se lo piensen dos veces antes de apoyar con sus votos a una industria que se ha ganado a pulso el odio de los norteamericanos. La razón: que los republicanos tienen entre sus prioridades para la ley de universidades publicar todos los años una lista con los campus que han liderado el ranking de incidentes con las redes P2P.

Mensaje a los republicanos: las industrias de entretenimiento son tu enemigo. Son una de las principales fuentes de dinero para los demócratas, y les dan además un buen montón de tiempo gratis en los medios. ¿Por qué ayudarles, especialmente cuando podríais conseguir unos cuantos votos de la juventud adoptando otra postura?

Es decir, básicamente lo mismo que llevo yo diciéndole al PP desde que escribo por aquí, o casi. Las recientes encuestas, como acaba de recordar Juan Carlos Girauta, muestran que el PP lo tendría todo para arrasar en las próximas elecciones si no fuera por el voto joven. Pero se ve que Rajoy anda demasiado ocupado dejando las decisiones sobre propiedad intelectual a Rodríguez Salmones o pensando que los jóvenes son todos calcos de Soraya Sáenz de Santamaría.

El PP empecerá a hacer las cosas bien cuando otorgue la responsabilidad de esta área a alguien que no conozca a ningún músico ni cineasta ni tenga amigos en la SGAE o en otras organizaciones del ramo, ni quiera tenerlos en la vida. Alguien que conozca bien Internet, lo suficiente como para darse cuenta de la innovación que supone en el área cultural y la cantidad de usos y costumbres del ramo que hace completamente obsoletos. Alguien, en definitiva, que no piense que esta canción de Al Yankovic, que les traduzco para que la disfruten quienes no hayan comprado el Autoinglés on the road, va en serio:

Puede que en algún momento sientas la necesidad
de romper las leyes internacionales del copyright
descargando MP3 de redes de intercambio
como Morpheus, Grokster, Limewire o KaZaA.

Pero muy dentro de ti sabes que la culpa te volverá loco
y la vergüenza te dejará una cicatriz de por vida
porque se empieza robando canciones y se acaba atracando tiendas de licores
y vendiendo crack y atropellando escolares.

Así que no descargues esta canción;
sabes que es a la tienda de discos donde debes ir.
Ve y compra un CD como sabes que deberías hacer.
Oh, no te descargues esta canción.

Oh, no te querrás meter en líos con la RIAA;
te demandará si te grabas un CD.
No importa si eres una abuelilla o una niña de siete años,
te tratarán como la escoria criminal que eres.

Así que no descargues esta canción;
no te pases todo el día pirateando.
Ve y compra un CD como sabes que deberías hacer.
Oh, no te descargues esta canción.

No nos quites dinero a artistas como yo
¿Cómo si no podría permitirme otro todoterrerno de oro macizo
y piscinas rematadas con diamantes?
Estas cosas no crecen en los árboles,
así que todo lo que pido es: "Venga, por favor…"

Así que no descargues esta canción  (no lo hagas, no, no);
Incluso Lars Ulrich sabe que está mal (se lo puedes preguntar)
Ve y compra un CD como sabes que deberías hacer (realmente deberías).
Oh, no te descargues esta canción.

Así que no descargues esta canción  (oh, por favor, no lo hagas)
o podrías acabar en la cárcel como Tommy Chong (recuerda a Tommy)
Ve y compra un CD (ahora mismo) como sabes que deberías hacer (ve y cómpralo).
Oh, no te descargues esta canción.

No descargues esta canción (no, no, no, no, no, no);
arderás en el infierno tarde o temprano (y te lo habrás merecido)
Ve y compra un CD (sólo cómpratelo) como sabes que deberías hacer (maldito bastardo).
Oh, no te descargues esta canción.

El ejemplo de Google

La realidad es muy distinta a como la presentan estos fundamentalistas del Estado y el socialismo. A través de distintas vías, el capitalismo hace partícipe a toda la sociedad de la nueva riqueza creada. Ahora bien, no se trata de un reparto equitativo: quienes han creado o contribuido a crear de la nada esa nueva riqueza obtienen la mayor porción. Si algo elimina el libre mercado son los parásitos: nadie vive a costa de los demás, sino en cooperación con los demás.

Las empresas que no han surgido al amparo del Estado y de la subvención pública son las que mejor han satisfecho las necesidades de los consumidores. Éstos son los auténticos destinatarios de la riqueza que genera el capitalismo: todo gira en torno a contentar del mejor modo posible sus deseos y apetencias.

Dicho de otro modo: en el libre mercado, los ricos lo son porque antes han proporcionado y creado nueva riqueza para otros. Los consumidores que acuden masivamente a una compañía lo hacen porque sus productos les proporcionan riqueza.

Hay otra forma en que el capitalismo extiende y reparte la riqueza que genera: los mercados de capitales. Con la fórmula de las sociedades anónimas, cualquier individuo puede adquirir acciones de una compañía, esto es, porciones alícuotas de su propiedad.

Entre los empresarios y los accionistas se establece una relación sinérgica. Gracias a los segundos, los primeros pueden obtener el capital que necesitan para llevar a cabo sus ideas sin tener que recurrir a grandes magnates; les basta con vender pequeñas porciones de sus empresas a muchos individuos, no necesariamente millonarios.

Así las cosas, es mucho más fácil reunir fondos para dar salida a ideas geniales. Cualquiera puede captar dinero en los mercados de capitales y montar su propia empresa, siempre que los inversores juzguen que su proyecto merece la pena.

Ésta es la segunda parte de la relación sinérgica. El inversor puede rentabilizar sus ahorros como si estuviera gestionando y dirigiendo una empresa. El único requisito para ello es que seleccione bien dónde coloca el dinero: comprar acciones de una compañía con un pésimo proyecto empresarial (esto es, que no satisface a los consumidores) sólo le arrastrará a la ruina en que acabará la propia compañía.

Por consiguiente, el inversor, tanto los managers de grandes fondos como el pequeño ahorrador, tiene que destinar su dinero a aquellas empresas que mejor puedan competir en el mercado. Ésta es su única tarea: seleccionar inversiones. Si acierta, los beneficios acudirán a él sin que haya de hacer nada más (salvo, claro está, vigilar que la inversión siga valiendo la pena).

Ayer mismo conocíamos que las acciones de Google han alcanzado un valor de 600 dólares, cuando en agosto de 2004 valían 85. Esto implica una revaloración anual media del 150%. Los ahorradores que creyeron en Google y que le proporcionaron los recursos necesarios para desarrollar su proyecto han obtenido un gran beneficio, aun cuando no hayan participado en la gestión diaria de la compañía ni en el desarrollo de sus planes estratégicos.

El éxito de Google es arrollador, y pone sobre el tapete una cuestión que los detractores del capitalismo no entienden: las grandes empresas (por no hablar de sus consejeros delegados) aparecen y desaparecen con gran rapidez. IBM lo fue todo en la informática hasta Microsoft, y Microsoft lo ha sido todo hasta Google. Es probable que el célebre buscador no tarde en ser destronado por ideas mejores. Cuanta más riqueza y cuanto más capital haya en la sociedad, con más velocidad se crearán y reestructurarán empresas que traten de batir a las existentes.

El caso de Google, desde luego, no es único. Wal-Mart, por ejemplo, acumula una rentabilidad media anual del 21% desde hace más de 35 años. Si hubiera invertido en esta última compañía 30.000 dólares en 1972, hoy dispondría de 2.700.000. Lo mismo puede decirse de Intel o de Microsoft, los grandes protagonistas de la revolución tecnológica de los 90.

A diferencia de lo que ocurre en los sistemas socialistas, donde a cada trabajador se le impone su empleo y su remuneración, en el capitalismo los trabajadores pueden convertirse en propietarios de empresas. Basta con que adquieran acciones para que puedan acceder a esos beneficios multimillonarios que tanto escandalizan a la progresía.

Que una empresa gane millones de dólares cada año es una magnífica noticia. En primer lugar, porque significa que satisface a muchos consumidores; en segundo lugar, porque todos los accionistas que contribuyen a que salga adelante disfrutan de tales ganancias.

Vistas las enormes ventajas del capitalismo, sería de esperar que nos permitieran aprovecharlas de la mejor manera posible. Pero, como siempre, el Estado –y la filosofía socialista que lo sostiene– no deja de imponernos obstáculos y restricciones: la venta de acciones está sometida a un impuesto del 18%, los mercados financieros soportan rígidas regulaciones que impiden o frustran numerosos movimientos corporativos que podrían ser una fuente de oportunidades de ganancia, la Seguridad Social absorbe cantidades ingentes de nuestros ahorros y, así, nos dificulta en extremo acceder a los mercados de capitales…

La sociedad de propietarios es todavía un escenario lejano porque al Estado le interesa mucho más tratar con esclavos.

Radiohead en el Metropolitan

No estaría de más que se colgaran esos carteles en nuestros museos, para que la gente se diera cuenta de lo que cuestan las cosas. O, para el caso, de los centros de salud y hospitales.

Lo llamativo de todo ello es que, aunque puede uno entrar sin menear el bolsillo (yo mismo lo hice en una ocasión), la gente por lo general satisface el precio propuesto por el Met, lo que también he hecho yo en varias otras visitas. No es infrecuente el visitante que prefiere pagar más de los 12 dólares.

Ahora el grupo Radiohead ha decidido vender su último disco en su página web. Cualquier aficionado puede descargársela. Pero lo característico del caso es que, aquí también, el usuario elige el precio al que quiere comprar el álbum. Y la los fans están pagando por adelantado por el privilegio de poder descargarse en un próximo futuro las canciones sin tener que recurrir a los programas de descarga gratuita. Yo me he sumado a quienes ya lo han hecho, y he pagado la cantidad hasta la cual me compensa hacerme con sus nuevas canciones, que es algo menos de lo que cuesta habitualmente un disco en la sección de novedades.

¿Por qué lo hacemos? En el caso de Radiohead el comprador por Internet es más virtual que nunca, porque el disco aún no ha salido, si bien es cierto que podrá descargárselo más tarde sin hacer aportaciones voluntarias a las cuentas de estos artistas. Pero hay algo de reconocimiento, de demostración personal de que se valora lo que recibe, ofreciendo algo a cambio. El fundamento de la sociedad es el do ut des, la colaboración por el intercambio voluntario, la reciprocidad. Lo tenemos muy asumido y cuando se nos propone, aunque podamos sacar toda la ventaja, sólo queremos una parte.

González, del sofismo a los GAL

No es que los políticos desconozcan la verdad; tampoco se trata de que jamás tropiecen con ella, que de tanto hablar en algún momento tendrán que encontrarse sus palabras con la realidad. Es sólo que la mayoría se preocupa de si lo que dice se corresponde con lo que cree que es verdad, sino de lo que los ciudadanos vayamos a entender de ellas.

Ramón Pi fue quien dio en la clave con la relación que mantenían Felipe González y la verdad. No es que él mintiera sistemáticamente, es sólo que lo que decía y la verdad eran dos situaciones paralelas, que podrían coincidir o no sin más ley que los caprichos del azar. Este viernes, en un artículo del diario El País titulado (agárrense) Mentiras y mentirosos, González ha reconocido que para él, "en política la verdad es lo que los ciudadanos perciben como verdad". Es decir, que la verdad no está en las cosas, en que tengan una naturaleza u otra, sino en lo que piensa la gente sobre ellas. Y como las opiniones son mudables, la verdad se puede cambiar. Sólo es necesario tener una influencia decisiva sobre la opinión pública. Él conoce bien el negocio. Cuando llegó al poder la verdad era que el aborto es un crimen. Unos pocos años de monopolio televisivo y la verdad pasó a ser que de crimen nada, que el nonato ni es una persona ni merece la protección que, por ejemplo, concede la ley a los animales.

El sofismo rescatado por Felipe González es la espina dorsal del totalitarismo. Si la verdad la forman las ideas más ampliamente compartidas por la gente, podemos hacer que cualquier cosa que deseemos acabe siendo verdad. Siempre, claro está, que contemos con los medios adecuados para crear al nuevo hombre socialista, o al nuevo hombre progresista, o al nuevo progenitor A (o B). La verdad puede ser lo que se enseñe en Educación para la Ciudadanía y viceversa. Es cuestión de voluntad, la del poder, y de resistencia, la de la gente.

Por otro lado, si la realidad es moldeable no nos podemos aferrar a nada para defender nuestros derechos. Ya no hay verdades evidentes e independientes de cualquier opinión, como que "todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". Todo queda al albur de lo que se logre imponer como verdad. De la terrible frase "en política la verdad es lo que los ciudadanos perciben como verdad" a los GAL hay sólo un paso. Y es muy fácil de dar.

La chantajista de Apple

Si la ahora demandante pagó la cantidad por la que se vendía el iPhone inicialmente es que en aquel momento no le parecía mal. Que la mayor parte de los potenciales consumidores consideraran que era demasiado caro y que ante esa realidad la compañía decidiera rebajarlo es un problema de Li, no de Apple. La neoyorquina en cuestión no puede siquiera argumentar que se trataba de un precio abusivo que tuvo que pagar al ser un producto de primera necesidad. Si se dio tanta prisa en comprarlo es simplemente porque deseaba tenerlo lo antes posible.

Cuando Li pagó la cantidad que se le pedía es que consideraba que la posesión del teléfono de Apple le iba a proporcionar una mayor satisfacción o un mayor beneficio que el que iba a conseguir conservado el dinero que le pedían por él. Consideró que era un precio justo y actuó en consecuencia. Cometió un cálculo erróneo y se equivocó. Lo más absurdo del caso es que ni tan siquiera se compró el aparato por cuya rebaja demandó a la compañía. Li había adquirido dos iPhones de 4 GB, cada uno de los cuales tenía entonces un precio 100 dólares menor que el de 8 GB y 100 más caro que lo que cuesta este último ahora. Como la rebaja sólo se ha aplicado al de mayor memoria, porque el otro ha dejado de venderse, Li no recibió la compensación de 100 dólares por aparato que sí han conseguido quienes optaron por comprar los de 8GB nada más salir al mercado.

Y ahí está la clave del asunto. Li adquirió los teléfonos en cuestión para revenderlos, y se ha encontrado con que pagó más de lo que ahora cuesta un aparato con el doble de capacidad. Según ella, Apple ha incurrido con esta rebaja en prácticas contra la competencia, debido a que ahora no puede obtener los beneficios que había previsto. No deja de ser curioso que considere que la competencia de Apple es quien compra sus productos para revenderlos. Parece que sólo le gusta el libre mercado cuando puede sacar beneficio del mismo. Tal vez alguien le debería haber explicado que, igual que puedes ganar, también puedes perder.

Posiblemente lo que pretenda la señora es crear un ruido mediático que provoque en Apple el miedo suficiente al posible daño que pueda producirse a su imagen para así conseguir arrancarle a la compañía un acuerdo por el que le pague una cantidad muy alta, aunque inferior al millón de dólares, para que se calle. En definitiva, un chantaje puro y duro para conseguir un dinero que no se merece.

Al menos ya no proponen matar a Rajoy

Se quedaron muy a gusto con aquella primera incursión en la ciencia de Goebbels, pero como grandes artistas que son, ahora nos ofrecen una nueva performance que ayudará también a las generaciones venideras a comprender la psicología de las vanguardias progresistas de comienzos del siglo XXI.

En esta ocasión han decidido ofrecer un perfil más moderado y ahí radica precisamente la causa de que el mensaje no tenga la fuerza de otras ocasiones. Por ejemplo, presentan a un joven de derechas vestido con un jersey de marca (enorme el cocodrilo, para que nadie se quede sin captar la alegoría), haciendo un alarde gestual próximo al retraso mental severo, cuando estoy seguro de que lo que les pedía el cuerpo era vestirlo de falangista con un pistolón en el cinto y la cabeza sanguinolenta de García Lorca atada a la cintura a modo de trofeo.

Pero no es esto lo peor del video. Lo más indignante es la gravedad de los errores que comete la concursante progre al responder las preguntas del cuestionario. La "carta magna de principios y valores por la que se rige el estado español" no es la Constitución, como afirma la joven, sino la santa, única y verdadera voluntad de Rodríguez Zapatero. La Constitución española del 78 (si es que es esta a la que se refieren y no la del 31, que también podría ser) ya no está vigente para alivio de los pueblos de la península ibérica que van en busca de su emancipación. ¿Nadie le ha explicado a la mariprogre del video que la Constitución ya ha quedado superada por la fuerza normativa de los hechos? Y cuando le piden que nombre a una persona conocida mundialmente por su lucha por la paz y los derechos de los pueblos, la muy desvergonzada responde "Gandhi", cuando es evidente que quien más se ha significado en la Historia de la Humanidad por esos motivos ha sido Rodríguez Zapatero.

Con este video se pretende animar a los padres para que apunten a los chiquillos a la asignatura de Formación del Espíritu Progresista, pero muchos no estamos dispuestos a que se les mienta sobre la auténtica dimensión de nuestro presidente, así que me temo que el efecto de la campaña va a ser lo contrario de lo que se pretende.

Dice ZP que el video le parece muy simpático. Miente, aunque por talante no lo reconozca. Lo único que demuestra esta campaña es la catadura moral de los miembros de su Frente de Juventudes. Maricomplejines y encima traidores.

Trabajar más para ganar más

La medida ha creado la polémica entre la oposición y sindicatos alegando que la medida aumentará el gasto estatal y también dudan de la efectividad de la misma para aumentar la producción y nivel de riqueza.

La ley francesa sobre las horas extraordinarias posiblemente tenga muy buenas intenciones, pero no es el camino. El lema de este cambio ha sido "trabajar más para ganar más". Está muy bien para quien así lo quiera, pero esa ha de ser una iniciativa individual que no se ha de imponer. Comparémoslo con España. Aquí se hacen muchas horas extras que no se pagan. ¿Cierto? No del todo. Las empresas, haga usted horas extras o no, pagan mucho más de lo usted percibe. El 40% de lo que paga la empresa al trabajador es incautado por el Estado. Esa es una de las muchas razones por las cuales los salarios son tan bajos en España. Eso significa que al trabajador no se le remunera el 100% de sus rendimientos del trabajo, sino el 60%. Examinado desde otro punto de vista, si el Estado no se le robase nada y usted hiciese un 40% menos de horas mensuales cobraría lo mismo que ahora.

Las políticas laborales de Europa han de ser reformuladas desde cero y no con parches como el francés. Lo justo es que cada persona cobre por aquello que trabaja sin que un socio pasivo, el Estado, meta la mano para quedarse con nuestra producción. No es una cuestión de cómo están las cuentas públicas (que además, siempre van mal), ni de las trilladas excusas políticas de robar por el bien común. Es una cuestión de bienestar individual, de tener el derecho a que el Estado nos deje en paz y no nos robe nuestro dinero ni producción. Porque cuando alguien roba el trabajo y producción de otro, sea cual sea la excusa, eso significa que trabaja gratis para él contra su voluntad, y a eso siempre se le ha llamado esclavitud. Cualquier tributo productivo que el Estado toma por la fuerza, que son todos, es un acto de esclavitud contra el hombre libre.

Las soluciones aparentemente pragmáticas como la francesa suponen empezar la casa por el tejado. Lo lógico sería que antes de hacer trabajar más a la gente, cada agente económico, ya sea particular o empresa, vea reflejado en su cuenta corriente la parte íntegra de su producción. Lo demás, mayor productividad, trabajo, bienestar, crecimiento económico, etc., vendrá solito. Esta es una de las grandes ventajas del libre mercado; va inherentemente ligado al bienestar individual. La mejor vía para la prosperidad es que todo el mundo obtenga el resultado íntegro de lo que hace. La única razón por la que ni el Estado francés ni el del resto de países acometen reformas verdaderamente profundas está bien claro: dejaría de ingresar nuestro dinero.

Amazon contra Apple

Este nuevo servicio sólo tiene dos problemas. El primero es relativamente menor, y es el hecho de que sólo podremos descargarnos una vez nuestra compra, de modo que si perdemos el fichero tendremos que adquirirlo de nuevo. Habida cuenta de que serán archivos MP3 que se pueden copiar en múltiples discos y dispositivos sin restricción ninguna, no creo que eso suponga mucho dolor de cabeza para los consumidores. El segundo, en cambio, sí es más grave: su repertorio es más bien chiquitajo comparado con el de iTunes: 2 millones de canciones frente a los 6 de la tienda de Apple. Pero aún así supone un desembarco significativo en un mercado en el que el 80% de las ventas de música en formato digital se hacen en iTunes.

Lo más asombroso es que Amazon MP3 haya podido llegar a un acuerdo con las discográficas para vender a precios tan bajos música sin protecciones contra copia. Después de que EMI y Universal dieran su visto bueno a Apple para vender, más caro, sus respectivos catálogos sin el infausto DRM ahora han llegado a un acuerdo para que Amazon pueda ofrecer su música a un precio incluso menor que el que iTunes ofrece para descargas con protecciones, 99 centavos. Warner y Sony-BMG, las otras dos grandes discográficas, aún no se han animado. Pero podrían hacerlo antes de lo que parece. Edgar Bronfman, Jr., presidente y principal accionista de Warner Music Group, ha dicho a algunos inversores que está pensando en dar el paso, meses después de asegurar que jamás lo haría.

¿Qué razón puede haber llevado a semejante cambio de estrategia? Sin duda, el darse cuenta de que imponiendo restricciones de copia a las canciones vendidas estaban incitando a los clientes a descargárselas en las redes P2P es un motivo importante. Pero quizá tiene más peso lo que ha logrado Apple: que muchos aprecien más su iPod que la música de ningún artista en concreto, prefiriendo su aparato aunque tengan que renunciar a escuchar en él algunas de las cosas que les gustan. Eso conlleva una obligación: cualquier tienda online de música que quiera robarle algo del mercado a iTunes tiene que ofrecer música que pueda sonar en el iPod. Pero éste sólo acepta MP3 y música con Fairplay, el sistema de protección anticopia de Apple, que Steve Jobs mantiene en secreto y no licencia a nadie más.

De modo que la industria, si quiere buscar nuevas vías para vender en Internet descargas legales de música, tiene que hacerlo sin DRM, porque de otro modo estarían condenando a todas las alternativas al dominio de Apple a la insignificancia. Y dado que las discográficas están acostumbradas a tener el control y aborrecen estar perdiéndolo gracias a Internet, irán muy lejos con tal de no quedar atados con pies y manos a la compañía de la manzana. En definitiva, quieren que iTunes tenga competencia, porque eso les conviene también a ellos.

Curiosamente, son las autoridades encargadas de velar por la competencia y que han comenzado a vigilar y amenazar a iTunes las únicas que podrían destruir este proceso, obligando a Apple a licenciar su tecnología de protección anticopia. Pero es posible que ni en Bruselas puedan arruinar este proceso, que está minando poco a poco al otrora invencible DRM. ¡Larga y próspera vida al iPod y a Amazon MP3!