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Se cae el tinglado y el Gobierno lo celebra

Pocos ahora siguen negando la crisis que se avecina y es que los meses inmediatos pintan mal. En este último mes de octubre, productos como la leche han subido más de un 8%, el café se está pagando en el mercado Liffe de Londres a 2.488 dólares la tonelada, su precio más alto desde 1997, la industria de las conservas ya ha dicho que subirá sus productos un 20% para evitar el colapso empresarial y otros productos cotidianos como el pan han subido en lo que va de año un 17%. Dice ZP que la última subida de la inflación no es culpa del Gobierno. En parte es cierto, pero todo el mundo pensaba que la función de un dirigente político cuando ocupa tan alto cargo es mantener un buen nivel de vida para sus ciudadanos y no limitarse a arreglar los destrozos que el propio Gobierno hace cada día. Algo que, a propósito, tampoco está haciendo. A la vista está que la única función real del Estado es hacernos la vida imposible y encima con nuestro dinero.

Pero no todo es tan malo como parece. Los políticos ya han encontrado una solución para hacer frente a la crisis y posible pérdida de poder adquisitivo: se van a subir el sueldo hasta 6.000 euros más. Ajenos a que los precios suben para todos, los políticos también han decidido duplicar el precio del agua hasta 2010. Culparán a la UE de tal medida, pero lo cierto es que hacía años que los burócratas españoles tenían el plan de la Unión en la mesa y no han hecho absolutamente nada hasta ahora para adaptarlo progresivamente al mercado. Además, el 1 de enero entra en vigor la nueva ley de calidad del aire que incorpora un impuesto ecológico para los coches que, contrariamente a lo establecido al principio, no penaliza los vehículos de gran cilindrada, sino a todos aquellos que violen unos supuestos criterios medioambientales. Otra excusa para recaudar más. Esto, junto con que el mercado del automóvil no está para tirar cohetes, ha disparado todas las alertas de este sector y el año que viene se prevén fuertes despidos en la industria automovilística, así como cierres de pequeños proveedores industriales. Para colmo, un reciente informe de BBVA nos dice que para el 2008 llegaremos a perder 80.000 puestos de trabajo en el sector de la construcción.

Todo y así, nos podemos dar por aliviados porque, según el presidente del Gobierno, la Bolsa sube gracias a su labor. No habría sido ZP muy buen analista bursátil. El Ibex 35 no refleja la evolución de la economía española, sino de 35 empresas. Es más, en el último rally alcista sólo unos pocos valores, sobre todo Telefónica y Santander, han sido los que realmente han tirado del selectivo. Ambas han representado estos días hasta una tercera del volumen total de negocio. Es más, ha habido días donde sólo la fuerte revalorización de Telefónica ha representado hasta el 80% de la subida del Ibex. No es ZP quien ha hecho subir la bolsa en este segundo semestre, sino Telefónica; si nos empeñamos en personalizar, el responsable ha sido Cesar Alierta, el presidente de la compañía.

Decía Francesc Cambó que hay dos maneras seguras de llegar al desastre: una, pedir lo imposible y otra, retrasar lo inevitable. Zapatero está haciendo ambas, prometer lo imposible para comprar votos y retrasar con palabras algo que ya tenemos encima. Los datos no mienten por más que ZP lo haga "con una sonrisa".

Cebrián nos enseña los genitales

Recientemente la Federación de Sindicatos de Periodistas, como grupo de presión que trata de medrar a costa de la sociedad, emitió un comunicado en el que exigía al PSOE y al PP que se pusieran de acuerdo para aprobar el Estatuto del Periodista:

Reclamamos a Rodríguez Zapatero que el 5 de noviembre, día europeo de reivindicación de un periodismo independiente y de calidad, se comprometa pública y formalmente a promover la regulación del periodismo por ley.

A pesar de que la FESP considera que los periodistas "sufren cada vez más presiones políticas", reclama paradójicamente que esos mismos políticos sean quienes limiten su libertad mediante un Estatuto del Periodista que amordaza al díscolo y lo somete a la supervisión permanente del Estado. Por lo visto, a la FESP le preocupan las presiones políticas en la sombra que socaven la libertad de expresión; sin embargo, le parece totalmente deseable que los políticos entierren esa libertad de expresión con la luz y los taquígrafos del Congreso de los Diputados.

No sólo eso: la FESP denuncia que los medios cada vez están más concentrados, lo que, a su juicio, "reduce el pluralismo informativo que necesita una sociedad democrática". No me cabe duda de lo que este lobby entiende por "pluralismo informativo" y por "sociedad democrática": el pluralismo implica la existencia de muchos medios de comunicación que emitan siempre el mismo discurso antiliberal e intervencionista, y lo de la "la sociedad democrática" no es sino un horizonte reivindicativo que les permita engrosar la billetera.

Sólo es necesario observar cuál fue su postura cuando el CAC se propuso erradicar la única voz discrepante en el panorama comunicativo catalán:

Existen muchas conductas periodísticas contrarias a las más elementales normas deontológicas que no constituyen delito pero que son defendidas por sus autores bajo el paraguas de la libertad de expresión; son éstas las que deben ser sancionadas por un órgano independiente puesto que los jueces no lo van a hacer al no entrar en el terreno delictivo.

Por lo visto, el pluralismo informativo sólo es deseable cuando se da dentro de un código deontológico confeccionado por los burócratas para sancionar conductas no delictivas. ¿Y éstos se preocupaban de la presión política sobre los periodistas?

De hecho, no deja de tener tintes esperpénticos que la FESP proponga la aprobación del Estatuto del Periodista para garantizar el pluralismo informativo amenazado por las grandes corporaciones. La mejor forma de favorecer el pluralismo y la competencia informativa es permitir que cualquier persona pueda crear su propio medio de comunicación: basta observar el caso de los blogs y del periodismo disperso en su lucha contra la manipulación de los mass media.

Pero precisamente el Estatuto del Periodista impone la expedición de carnés concedidos por órganos administrativos para poder expresarse de manera pública. Todo medio de comunicación ha de contar con un director con carné político, incluso las "páginas o sitios en la red de carácter periodístico", esto es, las bitácoras. Los autores de un blog que no se encuentren bajo el paraguas de un director con carné deberán cerrar sus puertas. Como promoción del pluralismo informativo disperso frente a la concentración de los medios no está mal.

A la luz de éstas y muchas otras bellaquerías que contiene el Estatuto del Periodista, la cuestión debería ser por qué la FESP lo defiende de manera tan apasionada. Una ley que cercena libertades individuales y establece de facto la censura previa debería resultar odiosa para cualquier periodista que se precie.

La clave se encuentra, de nuevo, en recordar la manera de operar de los grupo de presión. Todas las potestades liberticidas que contiene el Estatuto del Periodista son otorgadas a un Consejo de Información encargado, entre otras cosas, de expedir los carnés y de aprobar las sanciones a los periodistas que violen el código deontológico. Ese Consejo de Información estará compuesto por 22 miembros, cuatro de los cuales serán elegidos por y entre los sindicatos periodísticos.

La FESP está deseosa de poder controlar quién entra y quién sale de la profesión, y de castigar los "excesos" de pluralismo que atenten contra el código deontológico impuesto por los políticos. De este modo, no sólo se elimina la competencia potencial en el periodismo, sino que se establece un férreo control sobre sus contenidos que impide poner en tela de juicio los privilegios oligárquicos que el propio Estatuto del Periodista instaura.

Pero las prebendas a los sindicatos no terminan en los Consejos de Información. Cada medio de comunicación deberá contar con un Comité de Redacción, por el que los periodistas podrán influir en la postura editorial del periódico. Los sindicatos serán los encargados de diseñar el procedimiento de elección y la composición de esos Comités de Redacción en los respectivos convenios colectivos. Ellos se lo guisarán y ellos se lo comerán; una vez tomado el Comité de Redacción, habrán asumido en la práctica el control del medio de comunicación.

En otras palabras: a la FESP no le preocupa en absoluto la concentración de los medios de comunicación; el hecho de que favorezca la atrofia de los blogs en España mediante el Estatuto del Periodista es prueba de ello. Lo que sí ansía es tomar el timón ideológico de esos medios concentrados. En lugar de crear un periódico, una radio, una televisión o una bitácora con una línea editorial distinta a la de los "grandes grupos", prefieren proceder a nacionalizarlos. Al fin y al cabo, muchos periodistas se sentirían reconfortados convirtiéndose en funcionarios de un monopolio público de la comunicación. ¿A qué otra cosa nos conduce la expedición de carnés o la creación de consejos censores y de códigos deontológicos uniformes?

El Estatuto del Periodista es un disparate y un ataque directo a la libertad individual y la propiedad privada. El hecho de que un sindicato de periodistas lo defienda con ardor no purifica en modo alguno sus ingentes defectos. De hecho, es una muestra de la clase de pasteleos corporativistas que contiene la ley. El pluralismo informativo no se consigue dando el poder a unos políticos parasitarios y a unos trepas sindicales, sino permitiendo la libre creación y gestión de los medios de comunicación.

Periodistas partidarios de la censura

Y es que parece que lo único que Cebrián hizo este lunes fue lanzarle unas pullas al presidente del Gobierno allí presente, a cuenta de las patadas a la ortografía de su campaña "Con Z de Zapatero", algo sin duda muy apropiado tratándose de un discurso realizado en la Real Academia de la Lengua Española, por más que a su propio diario no le pareciera tan mal destruir la ortografía cuando lo propuso García Márquez. El problema, precisamente, es que aquello fue un detalle tangencial dentro de su discurso, dedicado a la red. Y, como sucede casi siempre que Cebrián toma la palabra para hablar de internet, habló mal.

Aun tomando la loable iniciativa de que la academia reconozca blog y sus derivados como bloguero y blogocosa, Cebrián volvió a intentar denigrar a los ciudadanos normales y corrientes, aquellos que no estamos ungidos con la licencia prisaica que permite decidir qué es verdad y mentira. Así pues, en la red "el papel del periodista como intermediario entre la realidad y los usuarios de los medios se ve sustituido por el de agitador o promotor de las insinuaciones y deliberaciones ajenas"; algo, como se ve, muy distinto a lo sucedido en los medios controlados por él entre el 11 y el 14 de marzo de 2004.

Como máximo (y único) ejemplo habla de la pifia de Engadget, que publicó que iPhone y Leopard se retrasarían unos meses a raíz de un correo enviado por unos hackers que lograron hacerse pasar por empleados de Apple, provocando una caída en las acciones de la compañía de la manzana. Y una subida posterior, cuando publicó el desmentido. ¿Cómo es posible que sucediera algo así? Pues porque generalmente ese blog está mejor informado que la mayoría de los medios de comunicación tradicionales, debido a lo cual los inversores se fiaron de lo que decía. A partir de ese error seguramente muchos se tomen las exclusivas de Engadget con un poco más de prevención. Algo parecido a lo que ha ocurrido con El País o la SER, que a base de colarnos mentiras han dejado de ser medios creíbles para un porcentaje considerable de la población española.

El problema de Cebrián es el mismo que tiene con Mediapro. No aguanta dejar de ser la única fuente desde la que millones de ciudadanos reciben información y cultura. Cada vez es más difícil que, como se decía hace unos años, una persona pueda creerse que tiene una vida razonablemente cultivada sin salir de Prisa (despertándose con la SER, desayunando con El País, comprando los regalos en Crisol, viendo el cine de Sogecine, fútbol en Canal Plus, estudiando con Santillana, leyendo sólo las novelas de Alfaguara, etc.) . Hay que reconocerle el mérito de ver bien pronto la amenaza; por eso empezó a atacarla ya desde la publicación en 1998 de su tecnofóbico La red. En 2001 denunció la "censura insidiosa" que suponía la disponibilidad sin coste alguno de todo tipo de información en internet, lo que impedía "seleccionar la información de interés, honesta o verdadera". Y desde entonces viene dando la matraca.

Pero Cebrián va mas allá, llegando a decir (sin sonrojarse) que "podríamos asumir que hay una cierta pasión por el exhibicionismo, a veces bajo la escusa (sic) de la comunicación, en toda la actividad que se desarrolla en la red. Al fin y al cabo, quien se abre una gabardina y enseña los genitales a los viandantes busca también una forma de comunicarse." Gracias, Janli. Por fin he entendido la filosofía periodística que te mueve. No hay nada como una confesión de parte.

Crank that, Internet

Sus primeras horas del día, y las últimas, las pasaría con el sol oculto tras el horizonte. Y le movería, durante años, la imagen de un futuro dorado creado por él mismo. Explicaría a sus nietos las largas horas de estudio y trabajo, el desprecio al lujo, el amor a la labor bien hecha y la confianza en uno mismo.

Esta historia no merece una biografía. Es tan breve, tan instantánea como un doble click en el ratón. Es la de Soulja Boy, un chaval de 14 años que colgó sus temas de rap en una página web creada en MySpace, como la que tienen millones de otros jóvenes. De sus temas uno, Crank That, se ha convertido en un auténtico fenómeno social y ha obligado a estrellas consagradas, como Beyoncé, a imitar sus bailes.

Los economistas, que no son grandes literatos (con excepciones), han llamado "barreras de entrada" a uno de los juguetes de propia creación. Aquí la barrera se salta con un leve movimiento del dedo índice. Y ya está. Creador, obra y público en feliz comunión. 20 millones de visitantes. Internet es también esa conversación en que el boca a boca llega al summun y hace muy efímero el privilegio de conocer las novedades.

Ya no hay porqué guardar las novelas en el cajón, después de haber visitado todas las editoriales posibles. Es cierto que leer en una pantalla de ordenador no es el modo más a propósito, pero no hay nada que pueda con un comienzo intrigante y arrebatador.

El talento está disperso. Y aunque el poderoso atractivo de los beneficios lleva a los empresarios a buscarlo hasta debajo de las piedras, la tecnología (Internet) acude de nuevo en socorro del buen entendimiento entre creadores y público. El sueño americano seguirá haciéndose realidad y el viejo relato se reescribirá una y otra vez. Pero Internet permite que se reduzca a una novela corta.

La fama de Sergi Xavier

Es difícil ponerse en la situación de Sergi Xavier. Iba borracho, sí. Pero seguramente quería ejercitar sus piernas y su sensación de poder. Esa chica valdría; total, se lo merece "por puta inmigrante". Es débil, además. No estaba él para enfrentarse a un sparring.

Sólo puedo imaginar si al ver a la chica mezcló un sincero desprecio con la proyección sobre ella de una culpa inconcreta sobre todo lo de fuera. "A ese moro lo mataremos", vociferaba al móvil. ¿Cómo podrá haber llegado a despreciar lo foráneo? ¿De dónde habrá sacado esas ideas Sergi Xavier?

A dos metros de distancia otro joven, Jesús Prieto, de 23 años, es testigo de la agresión. Quiere desmentir su condición mirando hacia otro lado, pero desde el primer momento es consciente de lo que ocurre. Él también es inmigrante y no quiso convertirse en el sparring de Sergi Xavier. Prieto es su apellido y la condición de sus nalgas. Él no estaba para ejercitar sus piernas ni ningún otro músculo en defensa de la joven de 16 años. Eh, la cosa no iba con él. Son sus palabras: "Nadie me ha amenazado ni insultado". Y se diluye en la responsabilidad colectiva: "Habían (sic) otros dos señores en el vagón que tampoco hicieron nada".

Sí. A excepción de la pobre víctima, lo ocurrido desde ese vagón parece una sucesión de miserias. El foco de los medios de comunicación lo quema todo. TV3 ha decidido castellanizar el nombre de Sergi Xavier, mientras que El Periódico catalaniza el nombre del Prieto argentino, que de ser un cobarde pasa a ser "la segunda víctima del tren". Y todo porque se explica en catalán desde TV3. "Tenía miedo", dice.

Es lógico que tuviese miedo. Cuando nadie tiene con qué defenderse impera la ley del más fuerte. Sergi Xavier fue preciso con sus piernas y con su odio. Estaría borracho, pero hubiese pasado las pruebas físicas de alcoholemia en cualquier control. "Siga esta línea sin desviarse. Lance su pie derecho sobre ese punto". ¿Quién se le iba a enfrentar?

Si la ecuatoriana hubiese podido lanzar un spray sobre el agresor o amenazarle con otro medio de defensa, podría haber evitado la patada. En ese caso incluso Prieto podría haberse sentido solidario. Podía haber reconocido que los insultos iban también contra él. Un estudio realizado en Estados Unidos sobre los ciudadanos que han salvado a víctimas de crímenes o han arrestado a criminales violentos ha hallado que era dos veces y media más probable que los solidarios fueran armados a que no lo fueran. El propio Sergi Xavier sabría que sus piernas de poco le valen y que su ventaja se desvanece. No quería un sparring, como para enfrentarse a una persona con un medio de defensa.

Hoy nadie sabría quién es ese miserable.

Oratoria progresista de una mujer “aturdida”

Lejos de las fórmulas anticuadas que sus señorías suelen utilizar en el foro parlamentario, la diputada del PSOE empleó un recurso muy personal para responder a la primera cuestión de orden planteada por el presidente de la comisión. "Sí cariño mío, lo que tú quieras" es un nuevo formalismo mucho más fresco y, por supuesto, progresista, que, por ejemplo, el carpetovetónico "con la venia, señor presidente".

El inicio de la pieza oratoria de la diputada Teruel permitía vaticinar el grado de solvencia de su posterior discurso, en el que los sólidos argumentos ("En fin, pero bueno, que también podría seguir enumerando otros compromisos concretos, ahora… no sé, estoy un poco como aturdida, para…, porque aún no tengo claro mi función como portavoz…"), fruto sin duda de largas noches de estudio y análisis, fueron desgranados en compañía de unas simpáticas carcajadas que dieron al conjunto de su intervención un indudable tono progresista.

La diputada Teruel es una fiel continuadora del estilo Maleni, deudor a su vez del que trajo en su día al parlamento español otra política malagueña también muy progresista, Celia Villalobos ("cuando salgo a la tribuna se me caen los huevos al suelo"). Y no es que su nivel cultural sea escaso, sino que ellas son muy llanas y les gusta hablar como la gente de la calle para que se les entienda bien. De hecho, la diputada aragonesa del PSOE intervino en el debate parlamentario como lo podría haber hecho un alumno de primero de la ESO con menos de cuatro asignaturas cateadas. ¿Hay mayor demostración de que el PSOE es un partido cercano a la gente?

Doña Isabel Teruel era la portavoz del PSOE para asuntos relativos a la educación, como cualquiera puede deducir a poco que vea y escuche su espléndido discurso. Es una garantía para todos los ciudadanos que los políticos dominen los asuntos de su competencia, así que ante semejante espectáculo no cabe otra cosa que felicitar al noble pueblo aragonés por el acierto en la elección de sus representantes y a los socialistas por el nivel de exigencia intelectual con que examinan a sus afiliados antes de situarlos en una lista electoral.

No se entiende por qué el PSOE aragonés ha decidido prescindir de Isabel Teruel como responsable parlamentaria. Tan sólo la envidia de sus compañeros, celosos de tener a su lado una mujer mucho más preparada que ellos, puede explicar que se haya visto truncada su luminosa carrera a las primeras de cambio. Es una prueba más de que el machismo no entiende de ideologías.

Por cierto, la diputada Teruel es firme partidaria de la Educación para la Ciudadanía. Si se encarga ella de escribir los textos de la asignatura, yo también.

¿Cambio de rumbo en la ideología?

En política, aun manteniendo el común fuertes ideas socialistas, se empiezan a percibir en el ambiente ciertas ideas favorables a la libertad individual, como los recortes de impuestos o una educación con menos adoctrinamiento; algunos grupos llegan a defender el cheque escolar, por ejemplo. En el mundo de la comunicación el tono sube con ideas más atrevidas, como la libertad para portar armas, la eliminación de gran cantidad de impuestos y la expansión de los medios de producción privados frente a la agresión estatal.

Si nos vamos al mundo de las ideas, en la doctrina del liberalismo, los temas se radicalizan considerablemente. Es indudable que en España ha habido un boom del liberalismo y el conservadurismo. Está despegando con mucha fuerza la difusión de un liberalismo más puro que pide una reducción drástica de las labores del Estado para ser traspasadas a la propia sociedad civil. Incluso empiezan a verse sectores que apuestan por una sociedad sin Estado donde todo esté gestionado por los medios de producción privados y la voluntad del hombre libre. ¿Utopía? También lo fue el marxismo y acabó contaminado todo el planeta.

Curiosamente, este enfrentamiento al establishment es el que tomó el socialismo hace más de 100 años y, en otro tono, en las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo. Los partidarios del sistema de entonces, básicamente conservadores, decían las mismas cosas que hoy le dice la izquierda a la derecha. Qué curioso que, con el tiempo, el socialismo ha perdido todo meta revolucionaria y transgresora para adoptar una suerte de conservadurismo socialista. Conservación de los derechos positivos, de la ecología, del Estado del bienestar, etc. Del antiguo socialismo que quería cambiar el mundo y que no lo ha logrado sólo queda la estética.

Ahora, la revolución, la transgresión de las ideas proviene de la derecha. Milton Friedman recordaba, en uno de sus últimos artículos, que cuando él era joven, o relativamente joven (años 50-60), el mundo estaba al revés que ahora. La gente tenía un fuerte sentimiento socialista, pero las políticas eran conservadoras. Contraponía esa época a la actual apuntando que, en el 2007, la gente y muy especialmente los economistas están adoptando una visión más liberal, pero las políticas de los gobernantes son socialistas. En el mundo de las ideas, esta oposición es evidente. Uno de los máximos auges de pensamiento ha sido en la Escuela Austriaca. En los años 60 la visión austriaca estuvo a punto de desaparecer, apoyada sólo por figuras como Mises, Hayek, Hazlitt o Machlup. Ahora experimenta una explosión de ideas y seguidores jamás vista. Como ha dicho el gran profesor Walter Block, "nunca en la historia ha habido tantos profesores de la Escuela Austriaca en todo el mundo y en tantas universidades".

Los cambios de tendencia son difíciles de ver y sobre todo, muy lentos. Tardan años en hacerse evidentes y décadas en producirse. Un palpable punto de inflexión podría ser el actual, con una izquierda que se ha convertido en conservadora y una derecha revolucionaria que combate el establishment, que hoy día es el socialismo, abogando por un cambio radical de sociedad. Una sociedad donde el único soberano sea el individuo y su capacidad creadora y no el burócrata ni ningún dictador de la producción.

Los ordenadores no predicen el calentamiento (lo dice Science)

Si ustedes me lo permiten, y si no también, voy a continuar con la serie de artículos de más rancio abolengo de toda mi producción. Ya en agosto de 2002 comenté el problema básico que surge al emplear ordenadores, que no es otro que lo único que pueden hacer las computadores son cálculos realizados a partir de los datos suministrados por el hombre mediante fórmulas matemáticas creadas por el hombre. Si fallan los datos o las fórmulas no reflejan correctamente lo que sucede en el clima, los resultados necesariamente fallan. En febrero de este año recordé que los modelos creados para el informe del IPCC del 2001 habían fracasado en sus predicciones, por lo que no debíamos tomarnos como una verdad revelada lo que dijera este organismo en su revisión de 2007.

Por si ustedes, hombres de poca fe en mí, preferían no creerme, hagan al menos un poco de caso a la revista Science, esa cuyos artículos catastrofistas repiten como papagayos todos los medios de comunicación pero que, cuando expresa alguna duda, nadie dice nada. Pues bien, un artículo de dos científicos de la Universidad de Washington (en Seattle), Gerald Roe y Marcia Baker, aseguran ahora que el clima es demasiado complejo para hacer predicciones precisas y que tras décadas de arrojar toneladas de dinero sobre los modeladores climáticos las incertidumbres de estos augurios no se han reducido.

Vamos, que cuando le cuenten que según el IPCC algo va a suceder con un 90% de probabilidades será mejor que no se lo crea. Es mentira.

La razón está en lo que llaman "sensibilidad del clima". El efecto directo de la emisión de gases de efecto invernadero es muy pequeño y, además, cada nueva molécula que se emite tiene un efecto menor que la anterior. Lo que hacen los modelos climáticos es intentar reflejar las retroalimentaciones que inevitablemente han de producirse en un sistema tan complejo como es el clima. Por ejemplo, si el Ártico se deshiela, reflejará menos luz de vuelta al espacio y aumentará aún más el calentamiento. Es un ejemplo de retroalimentación positiva, pero también las hay negativas. El conjunto de unas y otras es lo que define la sensibilidad del clima a un aumento determinado de gases de efecto invernadero.

El problema es que todas esas retroalimentaciones también se afectan unas a otras. No es por repetirme, pero es que el clima es un sistema muy complejo. El resultado, de acuerdo con estos dos profesores, es que no importa lo potentes que sean las máquinas y el esfuerzo que pongan los modeladores en sus productos: seguirán sin poder predecir con precisión cuánto va a aumentar la temperatura ante un incremento determinado de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

Recuérdelo la próxima vez que vea en la pantalla imágenes de costas inundadas por el aumento del nivel del mar. Recuérdelo la próxima vez que le digan que debe dejar el coche en casa e ir en autobús o arderá usted en el infierno. Recuérdelo, en definitiva, la próxima vez que un paleto que confunde calor, temperatura y energía se dedique a publicar un auto de fe en que condene a quienes expresan dudas sobre las causas y efectos del cambio climático como "enemigos de la ciencia".

¿Son realmente demagogos los políticos del PP?

El problema es que no está nada claro que los políticos del PP estén fingiendo cuando abrazan con tanto fervor las banderas ideológicas de la izquierda. Al contrario, todo parece indicar que las asumen porque están absolutamente de acuerdo con ellas. Aquí van un par de ejemplos, espigados de entre los más recientes:

– Ley de Dependencia. La secretaria sectorial del Partido Popular, Ana Pastor, dijo en su día que es una magnífica ley, y que si salió adelante fue gracias al impulso del PP. Defendía así su cuota de protagonismo en la gestación de la criatura.

Pues bien, la ley de marras es nefasta para la sociedad civil y la célula familiar: desincentiva el que los hijos cuiden de sus padres ancianos (como es su obligación); debilita los lazos familiares, pues ni los padres dependen de los hijos ni los hijos de los padres (el Estado se encarga de eso); entrega dinero a gente que no lo necesita tras habérselo arrebatado a las personas productivas; aumenta la carga fiscal del país para favorecer a un determinado grupo social sin tener en cuenta la necesidad real de los subsidios.

Tal y como está concebida, habrá muchas parejas ancianas sin elevados ingresos pero poseedoras de un patrimonio notable que recibirán un extra proveniente de un amplio sector de la sociedad (parejas jóvenes, sin trabajo estable, etc.) que, con toda seguridad, necesita ese dinero que el Estado les quita a través de los impuestos para llegar a fin de mes. Eso, por no hablar de la competencia desleal que el Estado va a hacer a las residencias privadas.

– Cambio climático. La mayor operación de propaganda montada por la izquierda mundial desde la caída del Muro de Berlín cuenta también en el PP con insignes defensores.

Juan Costa, curioso personaje, delfín de Rodrigo Rato y actualmente el principal responsable de la campaña electoral del PP para las próximas generales, incluyó el llamado cambio climático por causas antropogénicas entre los tres asuntos de mayor importancia que el PP va a incluir en su programa electoral. ¿Sabe Juan Costa que la propaganda del cambio climático se basa en datos sesgados, modelos informáticos fallidos, extrapolaciones abusivas de estudios limitados en el tiempo, conclusiones alocadas sin relación con los análisis reales y mentiras a mansalva?

Sólo la relación entre el CO2 y el calentamiento de la atmósfera (la realidad no es que con el aumento del CO2 suba la temperatura, sino que, al revés, cuando aumenta la temperatura de la atmósfera comienza a incrementarse la presencia del CO2) debería darle una pista de que le están estafando. Si consultara a los científicos más brillantes, esos que no necesitan subvenciones públicas para sobrevivir, sabría que la teoría más fiable que manejan es que la temperatura del planeta sube o baja en función de los ciclos largos de la actividad solar. Así que, a menos de que el tal Costa invente un paraguas para proteger al planeta del Sol, el clima va a seguir cambiando como lo viene haciendo desde que nació la Tierra, hace 4.500 millones de años.

Todo esto no es demagogia. Es una forma de suicidio político. Los políticos de derechas no hacen política de izquierdas con la nariz tapada para arañar votos: lo hacen porque se avergüenzan de sus ideas, de su cultura política y de su tradición filosófica; y en función de esta tara mental se suben al carro de su rival político para ver si algún día se les concede el salvoconducto de progresista.

Una cosa que se escucha a menudo entre la gente del PP es que hay que "arrebatar" a la izquierda la bandera de tal o cual reivindicación. O sea, que se trata de arrebatar banderas, no de exhibir las propias. No se dan cuenta de que, así, lo que hacen es legitimar las políticas de izquierda, en las que ellos serán siempre considerados unos advenedizos.

Por mucho que las instituciones gobernadas por la derecha subvencionen a los majaderos de ultraizquierda y su peculiar forma de entender el arte; por mucho que creen direcciones generales para el cambio climático (Murcia tiene una de reciente creación, gracias a lo cual seguramente los osos polares se ahogarán menos); por mucho que Ana Pastor se felicite por lo buenos que son la Ley de Dependencia y el cheque bebé –que, si por ella fuera, sería de 3.000 euros, en lugar de los 2.500 prometidos por Z–, tanto la financiación del artisteo como la campaña irracional para el llamado cambio climático o la subvención pura y dura a través de los impuestos que pagamos todos serán méritos que la gente otorgará siempre a la izquierda política.

No hay ninguna cuestión que el PP utilice con claros fines demagógicos, esto es, que patrocine aunque sepa que sólo servirá para ganar votos. En cambio, la izquierda sí utiliza magistralmente la demagogia. Por ejemplo, con la política económica. Las directrices económicas de todos los Gobiernos europeos de izquierda son un calco de las que tradicionalmente han defendido conservadores y liberales. Con algún matiz, si se quiere, pero estructuralmente la política económica de Solbes no difiere de la de Rodrigo Rato.

Aquí el PSOE hace demagogia a costa de las ideas del PP. Lo que sucede es que, como las ideas de la derecha que roba el PSOE son correctas y moralmente sanas, al final los socialistas salen beneficiados. El PP tiene el problema contrario: cuando copia al PSOE, está copiando ideas moralmente corruptas y socialmente dañinas para la ciudadanía media, que es la que, precisamente, vota a la derecha. De esta forma, la izquierda tiene la partida ganada desde el principio, pues su adversario juega también a su favor.

Cuando gobierna la izquierda hay una economía saneada (gracias a las ideas que copia a la derecha) y un montón de políticas disolventes de la sociedad tradicional, con las cuales se diferencia del adversario para ganar votos. Y cuando gana el PP pasa exactamente igual, pues la economía es la misma y las políticas estatistas… también (aborto, Ley de Dependencia, educación pública, seguridad social pública, subvenciones a mansalva…). O sea, que, gane quien gane, las clases medias, que son las que votan a la derecha, pierden siempre.

Sin embargo, hay infinidad de cuestiones en las que el PP podría ser revolucionario, y el mensaje lo entendería perfectamente su electorado: la racionalización de las subvenciones a los sectores improductivos (empezando por el cine español); la defensa de la propiedad privada como el principal derecho de los ciudadanos; las bajadas de impuestos; la reforma de la Seguridad Social, para que cada uno sea dueño del dinero que guarda para su jubilación; la libertad de enseñanza a través del cheque escolar (aunque haya que cerrar colegios públicos por falta de alumnos); la liberalización de los mercados cautivos (energía, telecomunicaciones…); la reforma de la Ley del Suelo, declarando todo urbanizable menos los espacios protegidos; la derogación inmediata, por motivos higiénicos, de leyes absurdas del PSOE como las relativas a la enseñanza, la universidad o la llamada memoria histórica: he aquí cuestiones sobre las que un partido conservador-liberal tendría muchas cosas que decir y hacer.

Pero no, prefieren seguir formando parte del cotarro progresista, confiando en que su defensa indudable de la unidad de la nación española y su claridad en la lucha contra el terrorismo basten como elemento diferenciador del adversario político. En el resto de asuntos, su discurso se diferencia bien poco del socialismo.

No es demagogia porque no lo hacen con voluntad de engañar. Lo hacen así porque han asumido en lo más profundo que la razón, la verdad y la moral pertenecen a la izquierda. En realidad es exactamente lo contrario, pero a ver quién les convence de ello.

Economía en una tarde

La decisión del Gobierno socialista de prohibir las diferencias en las primas de los seguros entre hombres y mujeres durante el periodo de vida en el que la mujer es fértil representa un puntapié de graves consecuencias a uno de los principios más elementales de la ciencia actuarial. Por mucho que le pese a ZP, los seguros consisten en la discriminación entre individuos con un distinto riesgo asociado frente a la ocurrencia de un evento dañoso o gravoso. El objetivo de las aseguradoras es eliminar el riesgo y no montar una ONG. El modo de trabajo consiste en agrupar individuos que tienen un riesgo homogéneo para pedirles una misma prima. Si los políticos, en un intento de igualación forzosa, prohíben la discriminación, muchas personas de escaso riesgo que ven subir sus primas se darán de baja. La compañía tendrá que subir las primas al quedarse con un grupo de mayor riesgo, lo que provocará subsiguientes huidas de clientes hasta que sólo se queden los clientes de mayor riesgo dentro de ese colectivo (en nuestro caso, las mujeres en edad fértil y, es de suponer, sus parejas). Este efecto perverso es lo que se conoce como selección adversa. Con todo, lo peor será la difusión de la falsa impresión de que el poder político puede eliminar la discriminación sin generar graves consecuencias.

Otra medida que, por muy bienintencionada que pueda ser, afectará negativamente a la sociedad es la anunciada subida del SMI hasta los 800 euros. Si los políticos pudieran determinar lo que la gente cobra a base de decretos, por qué, ya puestos, no subir el salario mínimo hasta los 3.000 euros. Muy sencillo. A ese salario, la mayor parte de la población no produce lo que habría que pagarle y sus empleadores no tendrían otro remedio que despedirles. Subirlo hasta 800 sólo cambia que los expulsados del mercado laboral serán una minoría. Desgraciadamente, ese grupo más reducido al que la subida del SMI le envía directamente al paro estará constituido por quienes estén menos capacitados. Un mazazo político en el bolsillo de los más necesitados. Si la razón de estas políticas es la búsqueda de votos me callo, pero si es por ignorancia económica le recomiendo a Zapatero la lectura de Economía en una lección, de Henry Hazlitt. Se lee en menos de dos tardes.