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Y la Monarquía, ¿qué?

La crisis que vive España, con su identidad convertida en tabú, los nacionalismos exacerbados y los odios rociados con gasolina tiene nombres y apellidos. La acotan fechas y lugares. Responde a un propósito, a una estrategia y a una ejecutoria.

Su principal instrumento es el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Ha recuperado a las dos Españas y los viejos enfrentamientos, con todas sus categorías. La derecha no tiene derecho a acceder al poder y cuando llega lo ejerce de forma ilegítima. La Iglesia debe quedar proscrita de cualquier actuación del Estado, que por otro lado ha de convertirse en un instrumento de transformación social. Para librar ambas batallas el socialismo se alía con los nacionalismos, que a su vez le ayudarán a romper otro sentimiento compartido: el de pertenecer a una misma nación. España es una abstracción. Por eso en época de Franco "no había españoles", según dijo Zapatero, y por eso su patria "es la libertad"; la suya, se entiende, para hacer de los españoles meros peones en sus ensoñaciones de transformación social.

No es que este proceso no se pudiera atisbar desde muy pronto. Además Zapatero no ha permitido un receso a su política, y desde el aislamiento internacional hasta la memoria histórica pasando por la negociación con ETA ha ido siempre en la misma dirección. ¿Hasta dónde se plantea llegar? Como no se espabile el PP, no lo sabremos hasta la próxima legislatura, pero él no va a dar un paso atrás.

En estas circunstancias la cuestión es otra. Si los españoles no le desalojan del poder, ¿hasta dónde le permitirán llegar los ciudadanos y las instituciones? Digámoslo claro: ¿hasta dónde le va a permitir llegar el Rey? ¿Qué le impide dejar claro ante los españoles que hay límites que no va a permitir que se crucen? ¿A qué tiene miedo, si contaría con el refrendo mayoritario de los ciudadanos? No voy a especular con las respuestas. Pero esta deriva puede llegar a un punto de no retorno en el cual un llamamiento a la dignidad de las instituciones, cuando ésta haya sido barrida por las hordas intelectuales y mediáticas social-nacionalistas, sea completamente inútil. Y la última de las instituciones, o la primera, acabará por convertirse en un estorbo meramente temporal.

María Cristina nos quiere expropiar

La última iniciativa para garantizar nuevos derechos de ciudadanía es la reforma de la Ley de Patrimonio, según la cual el Gobierno podrá expropiar cualquier terreno o inmueble existente que suponga, a juicio de la ministra, un "factor de perturbación", como por ejemplo que esté cerca del hábitat de una rara familia de artrópodos sobre la que pese la sospecha de una próxima extinción, por culpa del cambio climático, claro.

Las zonas costeras será probablemente las queden más expuestas a la creatividad medioambiental de la Narbona, que gracias a su flamante ley va a tener barra libre para expropiar lo que considere oportuno. Por supuesto lo hará por el bien de todos nosotros, incapaces de elegir el lugar de nuestra segunda residencia, y especialmente en las provincias gamberras, donde la gente ni siquiera sabe votar al partido correcto.

El asunto es preocupante y en algunas zonas puede adquirir tintes dramáticos. Por ejemplo, en la costa almeriense cercana a Murcia, donde muchos altos cargos socialistas se han construido sus chalets de progreso sin respetar la franja costera de quinientos metros establecida por la ministra a modo de línea Maginot para contener las ansias depredadoras del ladrillo salvaje.

Puesto que el Gobierno de Rodríguez Zapatero, a juzgar por la recientemente inaugurada línea de publicidad institucional, lo es también de España, lo más probable es que la Narbona comience su tarea purificadora dando ejemplo en la bonita localidad almeriense que acoge el descanso estival de sus colegas de partido, seducidos en un momento de debilidad por el señuelo del urbanismo irracional. El día que ZP, Marín, Almunia y Sebastián vean aparecer en lontananza una división de bulldozers dirigida desde el capó de la excavadora insignia por Cristina Narbona, con traje negro de látex y látigo de nueve colas, se darán cuenta de hasta qué punto es peligroso dejar tanto poder en manos de una ministra que ha hecho de la ecuanimidad y el rigor ético sus principales líneas de acción política.

Y todo por no explicarle a la ministra justiciera que eso de suprimir el derecho a la propiedad privada va dirigido solamente contra las comunidades autónomas gamberras. ZP aún está a tiempo de solucionar el malentendido. Tan sólo se necesita distinguir en el mapa de territorios sujetos a la expropiación forzosa los que son de progreso de los que no lo son. Es fácil, sólo hay que pintar de azul mahón las comunidades de Murcia, Valencia y Madrid. A ver si así la gente se entera de una vez de lo que tiene que votar.

Pollos y gallinas

Aquí hay varias cuestiones básicas que merecen la pena ser recordadas. Todo el mundo quiere vender caro y comprar barato. A la gente le cuesta enormemente pujar para comprar más caro y vender más barato. No sé si será genético, cultural o el resultado de seres racionales interactuando en un entorno de escasez. Incluso me atrevería a apostar que Berenguer prefiere cobrar más que menos y pagar menos por su casa que pagar más.

La cuestión de fondo es por qué suben los precios de los alimentos básicos. Según Berenguer, podría deberse a las declaraciones de empresarios y directivos del sector alimenticio. Es lo que algunos economistas llaman actos focales. Vamos, que esas personas tratan de focalizar la atención sobre unos productos determinados para aumentar la demanda y subir el precio. Señor mío, esto es lo que tratan de hacer todos los empresarios, y con mucha razón. Pero si para subir el precio de los alimentos bastara con gritar "¡ay, cuánto me temo que tendremos que subir los precios!", viviríamos remando en el río de los lloriqueos. Si los actos focales funcionaran automáticamente, todos los empresarios los llevarían a cabo a diario. El problema sería que no todos los precios podrían aumentar. Si la gente gasta más en patatas, tendrá que gastar una porción menor de su renta en otros bienes focalizados.

Biocombustibles

Ocurre, sin embargo, que casi todos los precios suben. Unos más que otros, claro. El pollo suele ser culpado cada trimestre de provocar inflación. En realidad, las culpables son las gallinas: aquellos que quitan poder adquisitivo al dinero con el que todos salimos adelante y no se atreven a dar la cara ante la ciudadanía. Me refiero a los políticos y sus burócratas. Los precios no paran de subir porque nuestras gallinas no paran de darle vueltas a la maquinita de hacer dinero. Además, han disparado el coste de la producción alimenticia subvencionando los biocombustibles.

Bajo esas circunstancias, los empresarios hacen lo que pueden para no hundirse con el valor de la moneda envilecida y la subida artificial de los costes. El colmo de la perversión política es amenazar a los políticos por tratar de salvarse de la quema orquestada desde el Banco Central y el Ministerio de Medio Ambiente. Y tiene gracia que quienes ostentan el monopolio de decidir quién ejerce acciones monopolísticas culpabilice a los castigados empresarios del sector alimenticio. ¿Será ésta una actuación focal de Berenguer?

A las barricadas

Los comentarios vertidos en sus foros contra el antaño conocido como "El rey del pollo frito" le han costado a la web una sentencia que condena a sus responsables a pagar una indemnización de 6.000 euros al que fuera uno de los comentaristas habituales de Crónicas Marcianas.

La argumentación del fallo judicial es sorprendente. En la sentencia se reconoce que el artículo 16 de la LSSI exime a la web por comentarios vertidos en la misma por los internautas debido a que no había una comunicación judicial de que aquellos eran ilegales. Pero a continuación asegura que dicho artículo no tiene valor por el simple motivo de que Alasbarricadas.org no informa de los datos de contacto obligatorios que contempla el artículo 10 de la misma ley. Aquí el juez se olvida de una cosa fundamental, que mientras todo este articulado es aplicable para sitios con ánimo de lucro, el web al que se ha juzgado y condenado no lo es. De hecho, esta sentencia va en línea contraria a la de fallos judiciales en casos anteriores.

La LSSI es negativa en muchos sentidos, aunque bastante menos que la ley con la que pretende sustituirla en actual Gobierno. Eso no quita para que tenga algún aspecto positivo. Y uno de ellos es precisamente el artículo 16, que busca mantener un equilibro entre la libertad de expresión y los derechos de terceros contemplados en el ordenamiento jurídico (como al honor o la no suplantación de personalidad). Por eso mismo resulta preocupante que una sentencia haga caso omiso de él por una cuestión técnica que, además, en este caso no es aplicable.

Tras una sentencia en la que se condenaba a un joven por los comentarios anónimos vertidos por un lector, aunque los argumentos condenatorios en el fallo eran distintos, escribí que este tipo de doctrina puede hacerme culpable de los insultos que puedan poner contra mí en los comentarios de mi bitácora. Eso se aplica también en este caso. Si se generalizan pueden provocar un masivo cierre de foros y que en muchas bitácoras se deshabiliten los comentarios. Se crea un clima de inseguridad jurídica que puede llevar a muchos a moverse con una cautela extrema para no tener problemas en los tribunales. El único que tiene algo que celebrar es Ramoncín.

Ben “Helicóptero” Bernanke hace de las suyas

En 1969 se publicó un libro de Milton Friedman llamado The Optimum Quantity of Money donde el autor describe mediante un ejemplo cómo escapar a la deflación y a las trampas de liquidez. La suposición de Friedman consiste en tirar dinero desde un helicóptero para dar liquidez inmediata a individuos y empresas. El actual presidente de la FED quedó maravillado con esta suposición afirmando que "el Gobierno tiene una fantástica tecnología llamada imprenta que le permite crear tantos dólares como quiera sin coste alguno. (…) Actuando así, el Gobierno puede reducir el valor de la moneda en términos de bienes y servicios (…) creando mayor gasto, y por lo tanto, inflación positiva."

En el discurso, Bernanke menciona su admiración por el helicóptero de Friedman y a la vista queda cómo lo interpreta él: inyecciones de liquidez y bajadas de tipos, tanto en los fondos federales como en el de descuento. Este último por partida doble, ya que la primera bajada fue en agosto. Estas medidas sólo significan una cosa: más inestabilidad futura, o como diría Bernanke, más "inflación positiva". La misión de las inyecciones de liquidez, o entradas de dinero al sistema, era paliar la crisis, algo que no han conseguido. ¿La bajada de tipos servirá de algo? Pues tampoco, salvo para empeorar la situación.

La manipulación de los tipos de interés no tiene un efecto inmediato en la economía. Las consecuencias de su modificación suelen tardar en aparecer, según el escenario, más de medio año, ya que la alteración de los parámetros ahorro y gasto significa una reestructuración desigual de la estructura productiva, y esto lleva tiempo. ¿Se da cuenta ahora de la barbaridad que han hecho Bernanke & Co.? La FED ha usado una herramienta a largo plazo para poner coto a un problema en el corto plazo. Esto significa que la FED no ha hecho más que echar más leña al fuego, creando una ficción de bienestar que repercutirá negativamente en el futuro con más inflación y una economía que crecerá sin fundamentos en términos de producción real. Corremos el riesgo todos, no sólo Estados Unidos, de enfrentarnos a una crisis mayor de aquí a un año o dos.

Esta situación no es nueva. Viene repitiéndose recurrentemente desde hace décadas y a medida que avanzamos en el tiempo observamos como los ciclos cada vez son más volátiles y las crisis más cercanas entre ellas. Ideas de bombero como tirar dinero de un helicóptero, darle a la imprenta, inyectar dinero al sistema o bajar tipos por presiones políticas y mediáticas no harán que funcione mejor la economía, porque la inflación crediticia no es su motor, sino su cáncer. No se puede buscar el crecimiento continuo, entre otras razones porque es imposible; la economía se ha de adaptar a las preferencias de los actores que la componen. El sistema actual funciona al revés, con funcionarios dictándoles a qué ritmo han de bailar la música. El medio se ha confundido con el fin.

Uno de los primeros pasos para acabar con esta situación que parece no tener solución es aceptar que el sistema monetario fiduciario en el que nos encontramos –creación de dinero sin respaldo de ningún tipo– es un error teórico y práctico que tiende a ser más inestable a medida que pasa el tiempo.

Tal vez sea el momento de pensar alternativas rupturistas y que tengan un auténtico sentido económico, esto es, dinero respaldado con activos reales, ya sea un patrón oro, plata o de otro tipo, que nos prevenga de los males de un papel-dinero inflacionista sin más respaldo que las vanas promesas de un burócrata.

¿Sólo contra el canon “indiscriminado”?

Mitterrand carecía del más mínimo interés por la teoría política y económica; su programa consistía en todo aquello que le permitiese alcanzar y, más tarde, perpetuarse en el poder. Era, por decirlo así, un animal político puro, que procuraba no adherirse a ninguna idea, fuera de izquierda, de derecha o mediopensionista, que pudiera hacerle perder un voto.

La mayoría de los políticos, en cambio, realizan esos equilibrios sobre el alambre entre sus convicciones teóricas y los deseos de los votantes, que en los grandes partidos forman un grupo heterogéneo con algunas cosas en común, generalmente importantes, y muchos desacuerdos, que dejan a un lado porque el rival suele ser mucho peor. Por eso pueden llevar en su programa más o menos lo que quieran para intentar ganar votos siempre y cuando no afecten a aquello que su electorado considera crucial o que, sin serlo, lo une frente al partido de enfrente.

Somos cada vez más los convencidos de que Rajoy confía en exceso en la movilización que provoca la presidencia de Zapatero para hacerse perdonar las puñaladas en la espalda de los votantes que considera seguros y firmes. Debería recordar lo rasuraditas que les han quedado las barbas a Piqué y Matas y mirar al espejo lo lustrosa que tiene la suya antes de volver a reírse de quienes votan de acuerdo a principios y no a siglas, que es la mayor parte de su electorado. Porque entre las innumerables traiciones, pequeñas y grandes, hay que sumar una más: en el consejo asesor que elaborará el programa electoral y que dirige Juan Costa (sí, ese que considera el cambio climático como el mayor problema que debe abordar el PP, porque eso de España y ETA son minucias) hay otro nombre digno de mención: Beatriz Rodríguez-Salmones.

La diputada, más conocida como "la titiritera del PP", ha protagonizado desde su escaño una defensa encarnizada de los intereses del lobby de los artistas, olvidando que una de las cosas que más une a quienes la han votado para que disfrute de su sueldo y de su futura pensión millonaria es la defensa de ciertos valores frente a los ataques casi unánimes de quienes se autoproclaman "defensores de la cultura". Sus decisiones en el Parlamento han demostrado que no sólo es incapaz de atraer un solo voto a las candidaturas populares, sino que bien puede alejar unos cuantos. Por eso resulta incomprensible que Rajoy la ponga a redactar el programa electoral de su partido.

Un posible banderín electoral de enganche del PP, especialmente entre la juventud, hubiera sido la defensa de un modelo de propiedad intelectual que no se basara en conceder una patente de corso a la SGAE y sus asociaciones adosadas para que esquilmaran a los consumidores de productos tecnológicos. En definitiva, que se pusiera en contra del canon. Rajoy podrá anunciar ahora que pretende poner fin al "canon indiscriminado", pero eso no deja de ser un concepto vacío y poco atractivo. ¿Qué dejará de considerar "indiscriminado"? ¿Qué no se aplique a los móviles pero sí a las cámaras digitales? ¿En qué lugar va a colocar la línea? Porque con una frase no puede hacer olvidar ni que su partido apoyó en el Congreso la ley de propiedad intelectual que legalizó el canon ni que ha premiado a la diputada que encabezó esa postura colocándola a redactar su programa electoral, especialmente cuando el mismo Rajoy está reconociendo con ella que lo del canon, siempre que sea "discriminado", no le parece mal.

Ningún votante tradicional del PP se alejaría del partido si Rajoy se pusiera radicalmente en contra del canon, indiscriminado o no, pues no sólo no afecta a las razones fundamentales de su voto, sino que además va en contra de un colectivo que lo ataca constantemente y lo tacha de fascista sin rubor alguno ni temor a perder algún día las subvenciones que le permiten sobrevivir. A cambio, muchos jóvenes hubieran podido ver que los populares apoyaban una de sus reivindicaciones, lo que les hubiera permitido pescar en un caladero que se les resiste.

Es más, si tuvieran algo de Mitterrand o de Karl Rove, talentosos ganadores de elecciones, comprenderían que pocas cosas puede haber más beneficiosas que obligar a los titiriteros a ponerse a trabajar para ganarse al público todos los días en lugar de disfrutar de las rentas y disponer así de tiempo libre en el que dedicarse a la política, casi siempre, invariablemente, en contra del PP. Pero se ve que lo único que han aprendido de los republicanos es a hacer convenciones con globitos y bloggers.

¿Viene la izquierda liberal?

El planteamiento de "La Tercera España", título más evocador que descriptivo, es prometedor. Robles reparte azotes entre la izquierda y la derecha a cuenta de las incoherencias en que caen ambas, y luego afirma: "Las ideologías no sólo se han desfigurado, también han perdido capacidad de comprender y abordar la complejidad del mundo actual".

Como quiera que en política no hay novedad sin pasado, Robles quiere asentar la nueva izquierda sobre el "pensamiento ilustrado" para "recuperar de nuevo la idea de progreso". Desde luego, ese instrumento le será eficaz, o al menos necesario, a la hora de combatir a la hidra nacionalista y sus muchas cabezas ("derechos históricos", "construcción nacional", "independencia"…). Robles da por buenos los dos pilares en que quiere basar su edificio ideológico: izquierda y liberalismo, lo cual no sorprenderá al lector de Libertad Digital; pero condena lo que considera los "subproductos" de ambas, algo así como sus borrosas y cambiantes sombras, si es que pretendemos servirnos de la célebre metáfora platónica.

Robles no se conforma con los subproductos de marras, el comunismo y el "capitalismo darwinista", sino que, como Platón, pretende alcanzar las ideas puras, en este caso la izquierda y el liberalismo, y crear con ellas una síntesis que se llamará como las columnas que publica en esta Casa: izquierda liberal. Pero, lamentablemente, cuando se pone manos a la obra parece verse superado por los susodichos subproductos.

Por lo que se refiere al comunismo, le adjudica cierta superioridad moral. No por su práctica, que condena sin paliativos, sino por lo que significa o significó: el intento de hacer realidad los ideales de la izquierda; o sea, "la idea de progreso, de ilustración, de justicia social, y de la misma libertad, entendida como fruto de la igualdad de oportunidades". El comunismo, dice Robles, produjo "un insoportable sufrimiento en nombre de ideales hermosos". ¿Por qué?  Él mismo ofrece una respuesta: "El control del poder por parte del comunismo solía venir precedido de buenas intenciones, pero a medida que se aposentaba en él y extendía su influencia a todos los estamentos sociales se convertía en totalitario".

Como es bien sabido, la historia del comunismo está ligada a la de los crímenes más inhumanos y sistemáticos: el democidio, el exterminio, la aniquilación de clases enteras… Si ésa ha sido invariablemente su hoja de servicios, no me parece fuera de lugar pedir que se argumente por qué sus objetivos eran loables o moralmente aceptables. ¿Cuáles fueron las buenas intenciones de Lenin, Stalin, Ho Chi Mihn, Mao o Pol Pot? ¿Cuáles son las de Fidel Castro y Kim Jong Il?

No niego que el principal ideal del comunismo fuera la igualdad material; en cambio, rechazo frontalmente que ésta sea un objetivo moral o bueno, en sentido alguno. Es más, dado que la sociedad libre no hace sino producir diversidad y desigualdad, y que la igualación sólo puede darse cuando media la fuerza, sostengo que la igualdad y el terror son dos caras de una moneda acuñada por el socialismo o la izquierda.

Tampoco acierta Robles cuando se ocupa del capitalismo. Para empezar, no se trata de un sistema político o ideológico. El capitalismo no ha sido creado o ideado por nadie, ni es la plasmación de un proyecto determinado. Es el fruto del libre desarrollo de las sociedades, fruto que ha sido analizado e incluso ensalzado por ciertos autores. Por otra parte, Robles le supone una teleología a la que es por completo ajeno. El capitalismo no ha despreciado nada ni renunciado a nada ni mostrado inteligencia ante tal o cual tesitura histórica: el autor de "La Tercera España" cae aquí en el antropomorfismo y atribuye al capitalismo, esa complejísima red de relaciones, un propósito, una conciencia, una unidad que en absoluto le corresponden. Las sociedades abiertas carecen de propósito: son los individuos que las habitan quienes tienen fines y motivaciones; por cierto, muy diversos, o incluso contrapuestos.

"El espíritu del comunismo nació de un afán de justicia social; el del capitalismo, de la avaricia humana". De nuevo marra Robles. Porque lo característico del capitalismo no es la avaricia, ni el egoísmo, sino la concurrencia de los fines, las necesidades, los sueños de cada persona. El motor de la acción no tiene por qué ser egoísta; de hecho, sólo tenemos que hacer un pequeño ejercicio de introspección, u observar a las personas que conocemos, para comprobar que el interés propio no tiene por qué ser egoísta. Por otra parte, cabe recordar que el comunismo jamás logró acabar con el interés propio ni con los propósitos personales, por más que los reprimiera con saña.

En otro orden de cosas, Robles tiene unas ideas sobre la economía abierta con las que no coincido, pero no les prestaré mayor atención aquí. Por ejemplo, ésa de que los beneficios son consecuencia de la explotación –bien del factor trabajo, bien de los recursos–, ya de sobra derrotada por la razón. O ésa de que las mejoras en las condiciones económicas y laborales de los trabajadores se han conseguido a costa del capitalismo: se trata de una idea bien extraña, si nos paramos a pensar en que dichas mejoras sólo se han experimentado en países básicamente capitalistas. Pero, repito, no les prestaré mayor atención. Me parece más interesante ver qué hace Robles con los mimbres con que pretende tejer el cesto de la izquierda liberal.

Robles busca una combinación virtuosa entre la izquierda y el liberalismo, algo que, como planteamiento, resulta francamente atractivo. "Si aplicamos esta filosofía a la España actual, podría ser una oportunidad para superar el sectarismo de ambas Españas y, de paso, sintetizarlas en una sincrética Tercera España llena de contrastes, pero ninguno excluyente". Sí, no se apuren, pueden decirlo: lo que está proponiendo Robles se parece mucho a la socialdemocracia. Es más: es la socialdemocracia.

No obstante, luego hace un movimiento que podría haber desembocado en una propuesta a la vez audaz y verdadera. El razonamiento ya se adivina cuando dice de la derecha española: "Es muy liberal en economía [favor que le hace], pero su liberalismo político sólo es coyuntural y su liberalismo moral, nulo". "Por el contrario", anota unas líneas más abajo, "la poca o nula capacidad liberal de la izquierda en economía se compensa con una mentalidad abierta en el liberalismo moral" (el favor, aquí, se lo hace a la izquierda). Ergo… lo que nos va a proponer Robles, de lo que habla cuando habla de la "izquierda liberal", es una izquierda que lo sea verdaderamente tanto en el plano moral (ya saben, capaz de tolerar otras formas de pensar, como la de la Iglesia) como en el económico.

¿Estamos a las puertas de ver una izquierda que deseche la quimera de la igualdad material y abrace los ideales liberales de libertad e igualdad ante la ley, que celebre el progreso y lo prescriba para todos, sin hacer de la envidia un argumento político, ni de la riqueza otra cosa que motivo de celebración? Pues no. De lo que se trata, dice Robles, es de "compaginar el liberalismo moral y la justicia distributiva de la izquierda con la capacidad productiva y la libertad individual del liberalismo". Éstos serían los "pilares básicos" de la "Tercera España" por la que aboga Robles.

Suerte.

¿Un coeficiente de caja del 100%?

En la cuenta personal no se nota porque, en un ejercicio aceptado de contabilidad creativa, no ve que sus depósitos se esfumen, aunque estén ya comprometidos en un crédito a un tercero.

No pasa nada. No todo el mundo acude a la caja al mismo tiempo, por lo que, en realidad, esa ficción de que todos tienen sus depósitos a la vista y con total liquidez se mantiene sin ningún problema. Hasta que surge algún problema, es decir. Porque entonces lo que vemos son largas colas de clientes de la entidad yendo a la caja por su dinero. Saben, en realidad, que en la caja no hay para todos. Que su depósito a la vista estaba en realidad demasiado lejos para poder percibirlo. En una hipoteca por pagar, en la compra de maquinaria por una empresa, en las cuentas en rojo de una familia que se compra un nuevo coche… En cualquier caso no en su banco.

Y es peculiar, porque nuestro ordenamiento jurídico ve con malos ojos el préstamo de los depósitos. Con los bancos hace una excepción, pero el resto de los mortales no podemos seguir su ejemplo. A Jesús Polanco le llevaron a juicio por prestar los depósitos de los decodificadores de Canal+, aunque finalmente quedara absuelto.

Por estas y otras razones hay quien propone que se haga una clara distinción entre los préstamos y los depósitos y que estos últimos se mantengan al 100% en caja y no se presten. Y, siguiendo la misma lógica, proponen que no se pueda uno endeudar a corto plazo para prestar o invertir a largo, sino que los plazos del ahorro recibido por las entidades financieras y los préstamos que realizan casen entre sí.

Los bancos perderían la magia de crear dinero de la nada, pero no se encontrarían en situaciones como la que vive el Northern Rock. Pero ¿es necesario? ¿Tiene sentido recuperar la práctica tradicional de mantener un 100 por ciento de coeficiente de caja? El debate es relevante en tiempos de crisis.

¿Quiénes llaman justicia al dinero?

La acusación por el bando socialista de que el capitalismo (o la sociedad libre o abierta, como prefieran) subordina cualquier valor humano a lo material es absolutamente paradójica. En primer lugar porque el vacío ideológico e histórico del socialismo se cubre con retazos marxistas mal pensados. Y Marx sí era materialista, identificaba a lo económico con lo material y decía que el ser humano estaba inerme ante las inexorables fuerzas de las relaciones económicas. Ni objetivos y sueños personales, ni creatividad, ni ambición, ni esfuerzo. Todo empeño individual es vano y cuanto aporta de específicamente humano no es más que superestructura al servicio de lo material. A ese engendro ideológico y moral siguen, consciente o inconscientemente, quienes acusan al capitalismo de materialista.

Por si no fuera poca paradoja, resulta que quienes sí someten cualquier valor humano a lo económico son los socialistas y no, desde luego, los liberales. No tienen más que fijarse en las palabras de cualquier socialista de toda laya. En cuanto comienza hablar de justicia, de ética, comience a contar en euros o en dólares. Porque de lo que habla, invariablemente, es de economía. Desigualdades de renta o riqueza, falta de acceso de tal o cual grupo de personas a ciertos bienes o servicios, acceso común a determinados servicios (educación, vivienda, sanidad…). A veces intentan disimular diciendo que la sanidad, pongamos por caso, no es un bien económico. Pero es un servicio más y su producción y demanda están sometidos a las mismas vicisitudes de cualesquiera otros servicios. Ellos mismos comenzarán a habla de destinar… ¿adivinan qué? Toneladas de "dinero público" para la sanidad. Dinero, siempre dinero. Tan materialistas son que cuando hablan de justicia se refieren al dinero.

El liberalismo no es así en absoluto. Parte de la idea de la dignidad de la persona y de que tiene un espacio en torno a su persona que es a la vez sagrado y profundamente humano. Lo llamamos "derecho a la vida" si nos referimos a nuestra propia existencia, o "derecho de propiedad" si nos referimos a la justa adquisición de los medios para sostenerla. Cuando un liberal habla de justicia no se refiere al dinero, sino a la persona, que es el protagonista de su modo de entender la sociedad, y a sus derechos más fundamentales. Que no son, como pretenden los socialistas, estrictamente económicos.

Por si fuera todo ello poco, hay un aspecto más que demuestra el abismo ético y moral también entre el liberalismo y el socialismo. Pues, tómese "socialismo" en su acepción más amplia, esa ideología coloca al individuo, a la persona, como instrumento. Pasa de ser un fin en sí mismo a ser un medio para alcanzar… el comunismo, la "justicia social", el lebensraun. Dinero; otra vez el dinero. Y la persona y su dignidad a hacer gárgaras.

Y van por el mundo colgados de una supuesta superioridad moral. A mí, desde luego, que no me vengan con eso, porque les tengo calados.

La demagogia supina de ZP y Chacón

Por ello, y aunque los tipos de interés no subirán más y las crisis no afectan a países zapatistas, la pareja ha pensado que no estaría de más prometerles a aquellas familias que pudieran dejar de pagar las letras de su hipoteca y quedasen, por tanto, amenazadas de desahucio, que Papá Estado se haga cargo de la cuenta hasta que "la situación sea mejor".

No sé si a ZP o a Chacón se les ha ocurrido pensar que esta acción animará a los prestatarios de dudoso pago a embarcarse en aventuras arriesgadas, a los bancos a dar rienda suelta a la creatividad prestamista en el campo inmobiliario y a los empresarios a confiar que por muchos grifos que cierre el Banco Central Europeo, siempre habrá grifos aledaños que abra el Gobierno por el bien y la felicidad eterna de sus electores. Lo que Zapatero propone con la complacencia de Chacón, o viceversa, es crear un fondo de garantía ante impagos. El problema de vivir en un mundo de Alicia es que uno no se molesta en estudiar ningún problema social más allá de la capa más superficial.

Los economistas que se encuentran alejados del estado de embriaguez que afecta al presidente saben que estas propuestas no pueden realizarse sin producir cambios en el comportamiento de los agraciados que, a su vez, modifican el riesgo asociado de impago. El famoso riesgo moral tiene lugar cuando los agentes no actúan igual que si no hubiese habido un seguro. Bien, me juego lo que sea con Chacón a que la gente interpretará esta medida como un mensaje bien sencillo: aquí se puede uno endeudar cuanto quiera que al final Papá Estado vendrá al rescate. Los bancos pensarán lo mismo pero con respecto a la concesión de créditos: "Si el Estado garantiza el pago, ¿por qué no expandir el crédito todo lo que pueda?"

En Estados Unidos el problema crediticio actual tiene mucho que ver con la expansión crediticia estatal y con el riesgo moral. Allí, políticos de talante progresista pensaron que no podía permitirse que gente con un mal historial crediticio quedara excluida del mercado hipotecario. Así construyeron la Community Reinvestment Act, una ley que obligaba a prestar dinero a personas que no tenían crédito. El riesgo asociado a estas personas no disminuyó porque le pusieran la hipoteca en bandeja sino más bien todo lo contrario. En España, con políticas como las de ZP, el problema no va a ser de hipotecas subprime sino de demagogia supina.