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Un problema entre empresas, cuando interesa

Que el Gobierno no se meta en asuntos económicos ni de cualquier otro tipo es algo loable; que lo haga unas veces sí otras no, ya empieza a molestar; pero que por sistema defienda los intereses de todos los países menos del que gobierna, ya es indignante. En el caso de Repsol contra Bolivia, Zapatero, lejos de defender a Repsol, tomó la brillante decisión de condonar parte de la deuda a Bolivia.

Si el caso de Argelia prospera mucho más, probablemente el Gobierno español hará algún tipo de favor a Argelia como ya ha hecho con otros países. Siendo esto enervante, porque no lo paga ZP sino usted, lo más desconcertante es la enorme hipocresía y falsedad con la que actúa este Gobierno. Después de haber vivido el alucinante intervencionismo del Gobierno contra Endesa en el caso E.On, después de haber recibido críticas internacionales por el partidismo de órganos reguladores como la CNMV y la CNE a favor del Gobierno, después de la persecución por parte del Gobierno contra empresarios como Francisco González (presidente de BBVA) o Manuel Pizarro (presidente de Endesa), después de todo ello el Gobierno nos dice ahora que la crisis de Argelia es un asunto privado. ¿Desde cuándo ha respetado el PSOE los asuntos privados? ¿Desde cuándo le ha interesado al PSOE cualquier cosa que no sea la compra de votos?

El Estado es el monopolio de la fuerza unilateral, de la violencia, de la represión en un territorio determinado. De él se espera que use estas armas en defensa del ciudadano, pero nadie de este país ni del mundo entero es lo suficientemente anciano como para recordar que cualquier Gobierno haya usado esta “concesión” en defensa del ciudadano. Si el Gobierno es incapaz de defender a sus ciudadanos dentro y fuera del país, ¿de qué nos sirve el Gobierno y toda su enorme, coactiva y costosísima maquinaria? De lastre para nuestro bienestar.

Un Gobierno arbitrario es un Gobierno tiránico del que nadie se puede fiar. Como muestran los últimos años del Gobierno socialista, los altos funcionarios sólo intervienen cuando pueden sacar tajada. Si cumplir sus obligaciones les supone entrar en un conflicto de intereses, entonces no dudan en traicionar a aquellos a quienes han de proteger. ¿Cree que tiene sentido que el Gobierno se mantenga al margen de esta crisis porque, como ha dicho Moratinos, España tiene buenas relaciones con Argelia? Si usted está en Argelia, u otro país aliado de España como Cuba, Venezuela o Bolivia, y el Gobierno le encarcela por algún error, ¿también ha desentenderse el Gobierno español porque se lleva muy bien con el Gobierno de ahí? Si al Gobierno se le da libertad, siempre se mostrará arbitrario. El mejor principio es que el Gobierno no intervenga para nada y en nada, y menos en economía. Al final nos sale más a cuenta asumir por nosotros mismos todos los riesgos que ceder el poder de la fuerza a alguien que no tiene incentivo alguno en defendernos y que su beneficio está, precisamente, en todo lo contrario como ha desvelado Moratinos con sus palabras.

132.000 razones para cesar a Regàs

Así pues, entre acusaciones al ministro de mirarla mal por ser mujer, que ya parece que el feminismo haya superado al nacionalismo entre la extrema izquierda como refugio último de los canallas y los incompetentes, no ha podido defenderse del motivo último de la pérdida de confianza del ministro Molina: seguir de vacaciones tras el robo de dos mapas incunables, ocurrido después de que Regàs tomara medidas para evitar que la Biblioteca pareciera "un recinto carcelario".

Aunque ese sea motivo más que suficiente para cesarla por incompetente, por poner la ideología buenista que tanto aprecia Zapatero por delante de su responsabilidad para con los fondos que tenía obligación de preservar, existían también razones relacionadas con Internet para haberla cesado hace mucho tiempo, por más que la Calvo, seguramente, ni siquiera sea capaz de deletrear correctamente el nombre de la red de redes. No obstante, no son las que detallaba Gabriel Albiac en su columna de La Razón el pasado viernes, cuando protestaba porque los fondos de la Biblioteca Nacional no estén ya disponibles en la web. El caso es que han comenzado ya a digitalizarlos, aunque sólo hayan completado parte de la hemeroteca, pues es cosa que lleva tiempo.

Cabría desear, eso sí, que en lugar de acometer diversos proyectos con muchas bibliotecas en los cuales debemos indagar, uno por uno, para localizar algo que luego seguramente no esté digitalizado, la Biblioteca Nacional debería aportar un interfaz único, consistente en algo que se ha convertido en parte del idioma de la web, en algo que no hace falta explicar: una simple y única caja de búsqueda. Así, entre otras cosas, se ahorraría sus complicadas instrucciones de búsqueda.

Además, debería considerar la apertura de sus contenidos a proyectos como Google Book Search o el Open Content Alliance de Yahoo!, que, dicho sea de paso, parece más bien parado. La web ofrece interfaces universales al conocimiento y a los libros; sería una sabia decisión que los contenidos conservados por nuestra Biblioteca Nacional pudieran accederse desde el lugar en que los internautas buscan lo que quieren encontrar. Que no es, con todos mis respetos, las anquilosadas web de vetustas bibliotecas. Ni siquiera se pueden buscar títulos de nuestro país en la European Library, que es una cosa estatal, de esas que molan a los socialistas de todos los partidos.

Pero ni siquiera ese es el defecto más significativo de la andadura de Regàs en lo que se refiere a las nuevas tecnologías; es sólo el más importante. No, lo más reseñable de su reinado sobre la Biblioteca ha sido el rediseño de la página web, asignado a dedo y que ha costado 132.000 euros del ala. Y todo para una auténtica porquería, que de aspecto parece una web del siglo pasado, y sobre cuya funcionalidad basta con dar un dato: su buscador está hecho con Google Custom Search, una utilidad gratuita de la empresa norteamericana cuya instalación en un sitio web puede llevarle, como mucho, una hora a un informático manco al que le duela la cabeza. También emplea el sistema de estadísticas del gigante de Internet que, sí, también es gratuito y aún más fácil de instalar. Lo sé bien porque una web mía utiliza ambos. Pero nadie ha cobrado 132.000 euros por ella. Es lo que tiene el dinero público, que no es de nadie, que diría la que nombró a Regàs. Hasta el mismo instante en que pasa a ser de alguien, claro.

Manhattan

Tenía prácticamente todo lo que pudiera desear un transeúnte. Recuerdo los zumos sobre un manto de hielo. Había desde flores a la prensa del día, de todo a todas horas.

Si uno ha visitado la ciudad no puede pasarle desapercibido que hay miles de delis que, como este, abren todo el día o gran parte de él. Pero lo llamativo no es eso, sino que en cualquier manzana el viandante (es una ciudad para recorrerla a pie) verá que se suceden los portales y los comercios pequeños. No ya restaurantes y cafeterías, sino tiendas de todo tipo, no más grandes que las de cualquiera de nuestras ciudades, y que tienen horarios que se adaptan a las complejas necesidades de la gente. Allí hay libertad absoluta de horarios. ¿No debería estar la ciudad trufada de grandes centros comerciales? ¿No deberían los neoyorkinos conocer los pequeños comercios por los documentales del canal de historia?

Los delis compiten con los supermercados, hay grandes librerías junto a las pequeñas, papelerías de dos y tres plantas cabe a las más humildes y puestos callejeros sólo con los periódicos más comunes frente a kioskos que son el sueño de cualquier lector. Es más, para hacer la compra no hay ni que salir de casa. Yo tenía una cuenta FreshDirect, que me la traía a casa en el horario que más me conviniera, con una calidad notable y precios más que buenos. Y hay algún centro comercial. Con todo ello, Nueva York, en plena libertad de horarios, es el paraíso del pequeño comercio.

Se dirá que allí ese comercio de pequeña escala cuenta con una ventaja, frente al nuestro: un mercado laboral más libre y flexible, con horarios, también para los trabajadores, que se adaptan a su conveniencia. Y es verdad.

Cuando hay libertad para encontrarse con los clientes, el tamaño no importa.

Europa se congela

En Viena se está discutiendo el Protocolo de Kyoto versión 2.0, es decir, el que pretenden que entre en vigor una vez acabado el actual en 2012 y que dure hasta el año 2020. Resulta que los representantes europeos son unos cachondos. No son capaces de cumplir el compromiso actual de reducir en un 8% las emisiones de CO2 con respecto a las de 1990 –a pesar del desaguisado económico que han montado con múltiples regulaciones absurdas y transformando el crecimiento industrial en un fuego de suma cero– y han decidido correr un tupido velo sobre la realidad para pedir reducciones de entre el 25 y el 40% para 2020.

Un día de estos se van a pasar de rosca. Un Protocolo cuyo coste económico es elevadísimo y su efecto sobre el clima casi imperceptible (una reducción de 0,07 grados centígrados para 2050) no pueden prolongarse indefinidamente. Y menos aún cuando quienes no son capaces de cumplir el primer paso exigen al resto sacrificios mucho mayores para obtener beneficios más que inciertos. Así que Rusia, Japón, Canadá y Nueva Zelanda han decidido hacer cuentas y ver si esta broma no está yendo demasiado lejos. Por lo pronto estos países han rechazado frontalmente esta propuesta europea por el “importante impacto negativo” que tendría sobre sus economías.

Además, por mucho que los medios europeos lo hayan escondido, la NASA corrigió en agosto su famosa serie histórica de temperaturas en EEUU según la cual 1998 era el año más caluroso del siglo. Esta serie del Instituto Goddard de la NASA sirvió en su momento para promover el alarmismo y el Protocolo de Kioto. Ahora resulta que el record de calor lo tiene 1934. Es curioso, pero por aquel entonces la producción de CO2 era muy reducida comparado con el periodo de postguerra. A lo mejor los ecologistas tienen que ir buscando otro cabeza de turco.

Para colmo de bienes, tanto los datos del Instituto Goddard como los de la universidad de Alabama-NASA indican que desde hace 6 años no ha habido calentamiento global; al menos en este planeta. Estas noticias llegan en un veranito en el que, al menos en Madrid y en Canarias, las temperaturas eran la mar de agradables. Y eso que los ecolojetas se hartaron a predecir a principios de año con total certeza que este iba a ser el verano más caluroso de los últimos 100. Claro que el año pasado también iba a ser el año con más huracanes de la historia reciente y resultó que se quedaron todos durmiendo en las aguas del océano. Vaya descaro el de la madre naturaleza. Si es que ya no respeta ni a Greenpeace.

Tampoco hay que descartar que estos países no se quieran comprometer a nada en vista de lo tortuoso que es el camino de Kyoto y de que George Bush ha convocado una reunión para finales de mes sobre cambio climático. El presidente norteamericano anunciará con toda probabilidad la propuesta de sistema impositivo para las emisiones de CO2 como alternativa al racionamiento con comercio de derechos de emisiones que tiene entrampado a sector industrial europeo. Un nuevo despropósito, pero sin duda menor que el de Kyoto.

Países como Rusia ya han recibido un montón de dinero por los derechos de emisión que les hemos comprados los que hemos hecho el primo así que es un buen momento para abandonar la farsa y unirse al carro de los impuestos al CO2; sobre todo si son bajos. Por otro lado, el primer ministro australiano acaba de anunciar el destino de otros 70 millones de dólares a desarrollos tecnológicos, investigación en fuentes de energía y conservación de bosques contra el calentamiento global. Los países del acuerdo Asia-Pacífico continúan con su alternativa a Kyoto confiando en el desarrollo tecnológico en vez del racionamiento defendido por la Unión Europea. Esta actitud realista y efectiva de los países del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico puede estar quitándole algunos apoyos al Protocolo de Kyoto.

Con todo lo que está lloviendo no me extraña que las organizaciones ecologistas se estén poniendo nerviosas. Y lo estarán más en el futuro. Tiempo al tiempo.

Sarkozy, necio intervencionista

Para el presidente francés "el euro tiene que estar al servicio de la economía", y ahora no es así, atribuyendo a la fortaleza del euro el escaso crecimiento de la economía francesa. "Hemos hecho la segunda moneda del mundo y somos los únicos que no nos servimos de ella"; "puede que el euro esté apreciado a su justo valor, pero el problema es la competencia de las otras monedas, que el dólar, el yen o el yuán no están a su valor".

Sarkozy es tan ignorante (o tan deshonesto) en cuestiones económicas que cree (como muchos otros) que la manipulación monetaria puede mejorar la economía de su país (seguramente no conoce la teoría de los ciclos económicos debidos al intervencionismo monetario y crediticio). Cree que existe un valor "justo" de una moneda fiduciaria estatal, y que si los demás países hacen trampa devaluando las suyas nosotros los europeos tenemos que hacer lo mismo: el euro no debe servir como depósito estable y fiable de valor sino ser usado como herramienta en guerras comerciales; así las empresas europeas parecerán competitivas sin serlo realmente, y perderemos poder adquisitivo pero estaremos felices exportando mucho e importando poco, como buenos mercantilistas.

El presidente francés pretende que los tipos de interés se establezcan debatiendo (y luego imponiéndolos políticamente, claro) en lugar de dejar que surjan libre y espontáneamente en el mercado mediante las interacciones de prestamistas y prestatarios según sus capacidades de ahorrar y sus preferencias temporales. Si un banco central es auténticamente independiente, lo que debatan los políticos ha de ser completamente irrelevante: justo lo contrario de lo que pretende este megalómano. Que además es tan necio que se queja de la inflación cuando propone bajar los tipos de interés (aunque no lo menciona es obvio que no pretende subirlos) y devaluar la moneda, lo cual producirá aún más inflación.

Sarkozy reclama que la UE se blinde ante la globalización para no ser su "víctima expiatoria". Pide a las autoridades europeas "una política económica y una política industrial" ("No me da miedo la expresión", insiste). Para que ésta sea posible, reclama "la preferencia comunitaria". Según él Europa está "condenada" si renuncia a defenderse "cuando todos los demás se protegen", si impone a las empresas reglas medioambientales "cuando los demás no imponen ninguna", y si sigue abierta a productos "fabricados gracias al trabajo de los niños o presos". Asegura que Europa es la "única región del mundo donde es imposible conducir políticas industriales, comerciales o de cambio", y que así será "la presa de los depredadores del mundo entero y la víctima expiatoria de una globalización" que hace felices a quienes no tienen escrúpulos en aprovecharla para sus intereses.

Entiende la globalización no como el comercio libre y voluntario entre individuos, sino como una guerra a muerte donde los demás son los malos: depredadores, sin escrúpulos, que se aprovechan de forma egoísta y que hacen trabajar a los niños (no pueden faltar en la demagogia de un gobernante que se precie); y nosotros somos los buenos ingenuos. Europa es mucho más proteccionista que otros países o zonas comerciales, y su letargo económico se debe a la interferencia política (esa que no le asusta, qué valiente) y las regulaciones absurdas y antiliberales, pero a los políticos les sale la mentira con descaro de forma natural. El socialismo a la europea, repleto de subvencionados, protegidos y parásitos varios, sí que lo tiene bastante crudo en un mundo competitivo que quiere trabajar, comerciar y prosperar; Europa sólo está en peligro si se empeña en seguir por este camino.

Ante tantas necedades quedan en muy poco sus otras intenciones de reformas económicas como la reducción del techo del IRPF, la supresión de tasas que gravan las horas extra, la flexibilización de las 35 horas semanales, la reducción del número de funcionarios y su reivindicación de la energía nuclear como garantía de la independencia energética de Francia. Porque además anuncia que desea "constituir un gran grupo de gas y electricidad que tenga dimensión europea y del que el Estado será accionista" con la fusión entre Gaz de France y Suez, aunque esta última sociedad "tiene que especializarse en la energía", aunque eso "corresponde decidirlo a los accionistas". ¿En qué quedamos? ¿Tiene que hacerlo o pueden decidirlo sus accionistas?

Más viñetas de Mahoma

La situación podría volver a repetirse. Un diario nórdico, este sueco, publicó el pasado julio una viñeta en la que se caricaturizaba a Mahoma como un perro.

El mal gusto del dibujo es más que evidente. Además las creencias religiosas tienen una impronta vital enorme para quienes las hacen suyas. Es lógico si la fe le lleva a lo trascendente, a lo que va más allá incluso de la propia persona. Si, como es el caso, se identifica a Dios como el creador de todas las cosas. Quien insulta unos sentimientos tan íntimos y tan poderosos es revelador de su calidad humana.

Nuestra cultura es, déjeme recordar el tópico, cierto aquí, de raigambre clásica y judeocristiana. De ambas fuentes hemos destilado algunas ideas que consideramos obvias pero que para otras culturas no lo son en absoluto. La creencia judía de que estamos hechos a semejanza de Dios explica la repugnancia al castigo físico y la tortura. El cristianismo introdujo la revolucionaria idea de que todos somos iguales ante el juicio moral de Dios, lo que ha dado lugar a la idea de la igual dignidad de la persona independientemente de su condición. El humanismo clásico ha servido de contrapeso a un teocentrismo excesivo. Uno a uno, estos elementos más otras circunstancias históricas han favorecido el alumbramiento de sociedades libres y complejas, que mantienen su ser pese a cada vez más le estamos dando la espalda a la propia cultura.

La cuestión es, aquí, que el cristianismo ha alentado esa sociedad abierta que lleva sus propios símbolos a las cloacas de la cultura. No se entienda como una crítica, sino todo lo contrario. No soy un experto en las culturas musulmanas, pero hay rasgos demasiado marcados como para que se le escapen al observador atento. Y uno de ellos es que no ha dado lugar a esa complejidad, a esa tolerancia que lleve a extremos indeseables, como el de esta viñeta, sin el peligro de que la llama del odio vuelva a prenderse. Hay enfrentamientos entre distintas formas de entender el mensaje de Mahoma, pero no han forzado el compromiso de tener que tolerarse, aunque sea a desgana; un paso que nosotros comenzamos a dar hace ya muchos siglos. A ellos les quedan unos cuantos, parece, para la tolerancia.

Una nueva víctima de la conspiración machista

La echan de la Biblioteca por ser mujer. No por haber estado tocándose el incunable tres años seguidos, acusación que no se sostiene a la vista de los éxitos rutilantes de su gestión, entre los que ella misma destacó la organización de un concierto de hip-hop (¡la Virgen!) y el hecho de que a su primer ágape navideño acudieran setecientos progres gorrones en lugar de los doscientos habituales en años anteriores.

Pero no debe preocuparse la insigne escritora catalana, faro de la progresía española en su vertiente más radical. Una persona con sus conocimientos y su prestigio tiene ante sí un horizonte de posibilidades laborales de lo más variado. Permítasenos aportar alguna idea al respecto.

Cualquier cosa menos tomarse unas merecidas vacaciones después de estos tres años de actividad febril, en los que apenas ha tenido tiempo para insultar a la media España que no se resigna a progresar adecuadamente. El mundo está agonizando y sólo los intelectuales de izquierda pueden cambiarlo. Continúe en la brecha Doña Rosa. El futuro de la España plurinacional depende en gran parte de personas como usted.

Vuelve el canon

Lo que resulta realmente preocupante es mientras que la SGAE y demás sociedades de gestión sí conocen el contenido de la misma y lo están analizando, ninguna de las otras partes afectadas y activas en ese asunto han sido informadas. Por lo que se ve, ni el departamento de Molina ni el Ministerio de Industria consideran importante que las compañías afectadas o las organizaciones de usuarios de las tecnologías que se verán gravadas de esta manera sepan que va a ocurrir. De hecho, es posible que desde el Ejecutivo prefieran mantener a estos sectores en la ignorancia.

Tanto la Asociación Multisectorial de Empresas de Electrónica y Telecomunicaciones (ASIMELEC) como la Asociación de Internautas (AI) desconocían la propuesta del Ejecutivo cuando Molina hizo el anuncio. Mala señal. Que las entidades de gestión tengan varias semanas de ventaja para analizar el contenido antes de que llegue a quienes mantienen posturas contrarias a las de ellas demuestra una clara voluntad gubernamental de favorecer a quienes incrementan sus ingresos gracias al canon digital. Y la sospecha se incrementa cuando el pocas veces agradable Pedro Farré se felicita de que Molina "conozca tan bien este asunto y comprenda perfectamente su justificación".

Al menos una cosa consuela, que el mismo Farré se lamente de la existencia de una actitud "más comprensiva a sus demandas" (de ASIMELEC y, tal vez, de AI) por parte del Ministerio de Industria. De todos modos no debe de ser tan comprensiva cuando desde él no se han molestado tampoco en informar a la patronal tecnológica. En cualquier caso, esperemos que el departamento de Joan Clos ponga freno en algún punto a las intenciones de Molina. No sabemos todavía en qué consiste la propuesta gubernamental, pero el hecho de que sólo una de las partas haya sido informada resulta como poco sospechoso.

Otros datos nos hacen desconfiar. En su etapa como director del Instituto Cervantes, Molina firmó un convenio con CEDRO (una de las entidades que sacan tajada del canon) y destacó el "papel fundamental" de esta organización en la gestión de los derechos de autor. Por cierto, que otra entidad con la que firmó un convenio el Cervantes en la época del actual ministro de Cultura fue la SGAE. Por lo que vemos, el escritor metido a político mantiene desde hace tiempo buenas relaciones con aquellos que salen beneficiados del canon con el que se castiga a los consumidores de CD y otros soportes digitales.

Con un árbitro así nos podemos temer lo peor. Sería deseable que Molina recordara que su labor es gestionar cuidando de los intereses de todos los ciudadanos, no sólo de aquellos sectores a los que, como escritor y antiguo director del Círculo de Bellas Artes, está vinculado. Lo ocurrido hasta ahora apunta en sentido contrario. Esperemos que sepa rectificar.

Ordenándole qué hacer con su dinero

Pues que no sólo le están tomando el pelo sino que encima su poder adquisitivo se va a reducir.

Hay mucha gente a la que, cuando sucede lo mismo siendo burócratas los responsables y los ciudadanos las víctimas, les parece una cosa distinta. ¿No ha pensado nunca en la perversidad de los bancos centrales? Estas entidades paragubernamentales trabajan supuestamente para nuestro bien, pero cuando alguien cobra cantidades astronómicas de dinero proveniente de la extorsión gubernamental por "nuestro bien", ya deberíamos intuir que algo no irá bien.

Los bancos centrales, por nuestro bien, nos dictan cómo ha de ser nuestra economía y nuestro comportamiento económico diciéndonos cuándo hemos de ahorrar, cuándo hemos de gastar y cuando hemos de pasar penurias económicas. Hace lo mismo que el empresario del ejemplo anterior, pero se lo consentimos e incluso lo vemos necesario. Además, somos clientes cautivos de la moneda del banco central sin que tengamos opción alguna. En el caso del empresario hipócrita, al menos, siempre podemos cambiarnos de trabajo.

Cuando estos tecnócratas creen que ya no debemos ahorrar, imprimen dinero. Más concretamente amplían la oferta monetaria, ya que hoy día se usan sistemas más sofisticados que darle a la imprenta para hacernos vivir momentáneamente en una ilusión transitoria de riqueza. El nuevo dinero salido de la nada, alias "inflación crediticia", se expande por toda la economía aumentando el precio de los bienes y servicios de todos los escenarios productivos más que nuestras rentas, acentuando los ciclos y generando pérdidas totales en los sectores más expansivos, y por extensión, en nuestros bolsillos.

Aparte de los tecnicismos y la errónea filosofía intervencionista en la que se basa el regulador monetario, las decisiones finales no son producto de un razonamiento puramente técnico; como todo en el mundo de la política, son el resultado de presiones e intereses.

Miremos un poco atrás. Se produjeron situaciones similares a la de ahora y consiguientes bajadas de tipos de interés por sorpresa en 1991 y 1998. Entonces todo empezó en Estados Unidos también. En aquellos momentos la Reserva Federal no actuó por factores puramente técnicos, sino por presiones políticas, populistas y mediáticas. La consecuencia de esas acciones nos la encontramos, en parte, ahora. Si los bancos centrales vuelven a bajar tipos –aunque aún no lo hayan hecho siguen inyectando día a día liquidez al mercado, lo que es una medida totalmente contradictoria a sus posturas oficiales–, lo único que obtendremos será una crisis más fuerte en un futuro cercano. De hecho, la intervención de los bancos centrales en aquellos años produjo poco tiempo después derrumbes generalizados en todas las bolsas. El mercado tuvo que ajustar los estropicios que habían provocado los burócratas.

La política monetaria de los banqueros centrales no deja de ser otra muestra de mercado manipulado y economía dirigista donde todos los lobbies –como altos burócratas, políticos y grandes empresas demasiado amigas del Estado– presionan para favorecer sus propios intereses. Nada lo hacen por el bien común: eso es otro mito que aún arrastramos del siglo XX.

Los únicos responsables de la situación actual, así como de las crisis anteriores y la que van a venir, son los altos burócratas que han creado una falsa ilusión de riqueza allí donde la economía privada y las finanzas de los ciudadanos se han comportado de forma irresponsable. Esta situación de auges y crisis se va a seguir produciendo hasta que no se corte de raíz. No hay soluciones mágicas ni pragmáticas. El auténtico mal es la politización de la economía y el remedio es anular totalmente cualquier tipo de interferencia estatal o paraestatal.

Homenaje a Steve Jobs

En 1996, Apple compró NeXT y Jobs volvió a dirigir la compañía un año después. Los Mac estaban entonces en franca decadencia, pero el sistema operativo creado en NeXT sirvió de base para Mac OS X, lo que permitió que, tecnológicamente, Apple volviera a estar en la vanguardia.

The Economist asegura que la década que estuvo fuera de su compañía sirvió para que Jobs, aunque mantuviera las ganas de crear cosas nuevas e innovadoras, se convirtiera en un realista en términos de estrategia empresarial. Algo desde luego ha cambiado. Las noticias  y columnas sobre Apple son, junto con las de Google y las de la SGAE, lo que más se lee de la sección de Internet de Libertad Digital. La gente espera con ansia sus productos. Y encima, pese a que en muchos casos son más caros que los de la competencia, los compran, los malditos. Apple está creciendo a marchas forzadas y recuperándole terreno incluso al omnipresente Windows. Incluso un servidor de ustedes se ha comprado un Mac Mini.

Jobs revolucionó la compañía dos veces. La primera, allá por 1984, con la creación del Macintosh, tras el fracaso que supuso el Apple Lisa. La segunda, en 2001, con el iPod y la tienda online iTunes. Y puede que el iPhone se convierta en la tercera, tras el error del móvil creado con Motorola. La compañía ha dejado de centrarse exclusivamente en ordenadores y ha perdido la palabra Computer de su nombre (Apple Computer Inc.). Y pese a ello, ha conseguido resucitar su aletargada línea de ordenadores con el paso a Intel, que le ha permitido sacar máquinas muy competitivas, especialmente los portátiles, y sin arriesgarse a que su fabuloso sistema operativo sea instalado en máquinas que no sean las de dos o tres frikis, porque aunque funcione sobre plataforma PC, lo que no hay son controladores de dispositivo para casi nada que no sea hardware de Apple.

El propio Steve Jobs explicó muy bien qué significaba eso de ser un visionario en el discurso que dio en la ceremonia de graduación de Stanford en verano de 2005. Explica cómo puede recuperarse alguien a quien ha despedido de la empresa que fundó una persona a la que él mismo contrató para ayudarle. Habla del amor a lo que se hace, y de que nunca debemos pensar que tenemos nada que perder. Y que siempre debemos tener aspiraciones, objetivos, sueños para seguir viviendo. Puede parecer una mala copia de un libro de autoayuda, pero lo cierto es que quien lo explica es alguien que realmente ha tenido éxito viviendo de esa manera.

Aseguran que Steve Jobs es un poco tiranuelo y malhumorado. También es un genio. La ventaja del mercado libre es que tanto usted como yo podemos disfrutar de la segunda parte de su personalidad sin tener que aguantar la primera.

¿Mi Mac Mini? Estupendo, se lo aseguro.