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Lukashenko y Elton John, almas gemelas

Internet es para un bielorruso ávido de información una auténtica maravilla, donde puede leer informaciones que los medios tradicionales no pueden publicar. Pero el acceso está controlado por la compañía estatal Beltelekom, que ya en las vísperas de las elecciones de 2001 bloqueó el acceso a las web de los principales diarios independientes y grupos de derechos humanos del país, con la excusa de un error técnico, por lo que se ve, tremendamente selectivo.

Elton John, quizá un poco nervioso por el éxito no excesivamente rutilante que cosecha últimamente, ha afirmado esperar que "el próximo movimiento en el mundo de la música tire abajo a Internet. Salgamos a las calles, marchemos, y hagamos protestas, en lugar de sentarnos en casa y meternos en los blogs". Su idea es "cerrar por cinco años Internet". Como ven, le ha dado últimamente por hacer amigos.

La diferencia entre uno y otro es que el primero tiene la capacidad de ejecutar sus designios. Por más que Elton John sea "tecnófobo", no puede impedirnos a los demás tener un teléfono móvil o un reproductor de MP3, artefactos que aborrece. Tampoco puede cerrar Internet, naturalmente. El cantante sólo puede intentar ejercer su influencia sobre quienes tienen el poder. Sólo los gobiernos pueden censurar Internet, por más que lobbys como la SGAE influyan para lograr que se aprueben leyes de propiedad intelectual draconianas o artículos 17bis que le otorguen la capacidad de cerrar webs y desconectar usuarios de la red. Aun si hubieran tenido éxito en este último caso, la autoridad de la SGAE habría sido delegada por el Estado, que habría sido el verdadero culpable.

Eso sí, la influencia de quienes desean cercenar las libertades en Internet puede tener resultados nefastos si no se la contrarresta. De ahí la importancia de altavoces como la plataforma Todos contra el canon, que obliga a los lobbys a ponerse a la defensiva en lugar de pasar a buscar nuevas fuentes de financiación, como el cobro del canon en las conexiones a Internet, o de control, como sus repetidos intentos de censurar Internet. La opinión pública, aunque muchas veces parezca irrelevante en las democracias liberales, tiene un peso importante y es lo único que puede llegar a impedir que los políticos terminen eventualmente siguiendo los pasos de Lukashenko, vista la escasa solidez de nuestro Estado de Derecho, siempre tan dispuesto a mancharse la toga en el polvo del camino.

Ministras para el Nobel de Economía

La ministra Chacón nos ha sorprendido con una vanguardista teoría económica. Hasta ahora, las teorías más certeras que daban explicación a la burbuja inmobiliaria apuntaban a que el imparable precio de la vivienda se debía a un aumento espectacular de la oferta monetaria (inflación crediticia) creada por los bancos centrales, junto a un mercado inmobiliario altamente regulado y corrompido por los políticos. Tras el gran descubrimiento de Chacón, no puedo sino concluir que todos estábamos equivocados.

Además, las ministras merecen otro reconocimiento. Como bien sabrán, la desaceleración en el precio de la vivienda no se ha producido sólo en España, sino en todo Occidente. Estas semanas las bolsas de todo el mundo se están hundiendo debido a los peligros de tal contracción. Pero España no ha sido otro país más, no; ha sucedido exactamente al revés. Según se desprende de las palabras de Chacón, la ex ministra Trujillo ha reducido el precio de la vivienda en España y, por extensión, en todo el mundo. ¿Cómo se explica si no esta coincidencia?

Según Chacón, la desaceleración en los precios se debe a dos factores. Uno, que los socialistas salieron elegidos en las últimas elecciones, sin más. Para Chacón, eso, de alguna forma y hablando en plata, acojonó a los pobres precios que en consecuencia, aunque varios años después, bajaron. Así, Chacón ha dicho que cuando los socialistas tomaron el poder hubo "un ajuste sostenido del precio de la vivienda". Nadie sabe muy bien de qué datos habla.

La segunda razón de esta "impresionante" bajada de precios, en boca de la ministra, ha sido debida a "un alza importantísima de la iniciación de la vivienda protegida en España". En economía, siempre habíamos pensado que la comercialización de un producto por debajo del precio de coste genera un efecto expulsión (crowding out) que encarece el resto de productos del mismo sector que están en el mercado libre. Según Chacón, en el caso de la vivienda ocurre lo contrario. De aquí podemos deducir que si el Gobierno "regala" los pisos, esto es, roba más dinero al pagador de impuestos, los promotores y constructores también se verán forzados a vender sus pisos a precio cero en el mercado libre ya que los obreros, trabajadores inmobiliarios, empresarios, etc. querrán dejar de cobrar por alguna razón desconocida. Desgraciadamente, no hay pruebas empíricas de algo así en toda la historia de la humanidad.

Por estas revelaciones económicas, les ruego que otorguen el próximo Nobel de Economía a las dos ministras. Recíbanlas en su país con los brazos abiertos, y ya puestos, no las suelten, que no vuelvan a España. Quédenselas y apliquen ahí también sus vanguardistas teorías económicas. Háganlas ministras de economía, vivienda o lo que quieran y verán como el precio de los pisos en Suecia también baja. El problema es que antes se incrementarán en un 150% en pocos años sin que el poder adquisitivo de los ciudadanos aumente, como ha ocurrido en España, pero eso no importa porque en la cesta del IPC la vivienda de propiedad no figura como un gasto aunque dediquemos el 40% de nuestras rentas al pago de la misma. Por tanto, aunque los ciudadanos suecos se empobrezcan, de cara al exterior ustedes quedarán como fantásticos gestores.

Un cordial saludo, y suerte con las nuevas ministras. La van a necesitar.

P.D.: No teman en tomar una decisión controvertida al laurear a las ministras. Si fueron capaces de dar el Nobel de la Paz a un asesino como Yasir Arafat o a un farsante como Muhammad Yunus, el premio a las ministras va ser una mera anécdota comparado con los anteriores.

Que no, Google, que no hace falta regular Internet

El peligro que quieren evitar es que una compañía telefónica cualquiera pueda cobrar, por ejemplo, a Google a cambio de no poner sus datos como de baja prioridad, lo que haría que sus usuarios accedieran más lentamente a los servicios del gigante de Internet, o incluso llegar al extremo de impedir el acceso si la empresa californiana no paga.

Frente a ellos, quienes deseamos al Estado lo más lejos posible de Internet, de sus infraestructuras y, más en general, de todo, vemos este peligro como una posibilidad bastante remota. La competencia lo impide. En el caso hipotético de que a algún proveedor de acceso a Internet se le ocurriera hacer algo así, vería como sus clientes le abandonarían. Es cierto que mediante la exigencia de pagos a los grandes de Internet podrían sacar dinero, pero a costa de arriesgar su propio negocio. Pero ni siquiera hace falta estar de acuerdo con este razonamiento: basta con mirar los hechos. Y los hechos demuestran que el escenario apocalíptico de una Internet balcanizada no ha tenido lugar pese a la ausencia de regulación al respecto.

Durante el debate que está teniendo lugar, el regulador estadounidense de las telecomunicaciones (FCC) pidió que le enviaran documentación con casos en que las compañías que proveen banda ancha estuvieran discriminando entre unos datos y otros, que es lo que quieren prohibir quienes desean regular Internet. Se le enviaron 10.000, de los cuales casi todos son lo que se denomina "comentarios breves", muchos de ellos meros envíos de formularios desde las páginas que apoyan la regulación. De los 143 que quedan, sólo 66 tienen más de dos páginas y de éstos sólo 20 están a favor de regular más. Y ninguno de los 20 incluye lo que el FCC pedía: pruebas de que se esté haciendo algo malo que le obligue a regular. Es decir, que los temores con los que quieren asustarnos parecen tan fantásticos como el hombre del saco, más o menos.

En realidad, lo que quieren Google, Yahoo y demás es convertir la red en un servicio que sólo pueda diferenciarse por velocidad y precio; que sea indiferente qué compañía te lo ofrezca. Y lo que quieren los operadores norteamericanos de telecomunicaciones es poder diferenciarse entre sí, dar servicios de valor añadido. Y lo quieren hacer, entre otros caminos, cobrando más a cambio de que ciertos datos viajen más deprisa y con más fiabilidad por sus redes. Por el momento piensan en VoIP o vídeo en directo, dos aplicaciones que necesitan circular en tiempo real para que el usuario las disfrute a la perfección, pero cualquier aplicación que necesitara de esa priorización podría pagar para obtenerla.

Eso es lo que rompería la "neutralidad", según quienes apoyan la regulación. Sin embargo, es una queja similar a quienes protestan por la existencia de las autopistas radiales de pago; parece que tenga que estar prohibido pagar por tener un servicio mejor. Y la alternativa no son estupendas autopistas gratuitas de diez carriles, sino esa carretera atascada de toda la vida.

Ahora Google ha pedido, y parece que conseguido, que en la subasta de un fragmento del espectro organizada por la FCC para cuando tenga lugar el apagón analógico de las televisiones se garantice el acceso abierto, es decir, que las operadoras no puedan restringir con qué aparatos accedemos a él. Algo que está muy bien, pero que tiene un precio. Y es que si no pueden poner restricciones, de modo que tengamos que usar productos de la compañía "capados" para que no podamos hacer ciertas cosas, como VoIP, nos subirán el precio, porque así no hay quien rentabilice el acceso a ese fragmento del espectro cobrándonos por minuto de conversación.

El problema de quienes defendemos la libertad, en este como en otros casos, es que no defendemos un resultado concreto. Ignoro qué pueden llegar a hacer las compañías de telecomunicaciones tanto con ese espectro subastado como con sus propias redes si no se las regula, como tampoco lo saben, dicho sea de paso, ni Google ni Yahoo ni nadie. Lo único cierto es que habrá más opciones, mayor creatividad y más inversiones. No creo que sea muy descabellado pensar que terminaremos disponiendo de mejores servicios y más baratos en ese caso. Pero es difícil ofrecer a ese argumento contra quienes lo único que pretenden es congelar el status quo y prohibir la innovación en el mercado de las telecomunicaciones.

FG y CK

Lo único que ha evolucionado ha sido el tipo de sustancias administradas, que ahora permiten un mayor rendimiento sobre la bicicleta que el que permitía una simple dosis extra de cafeína.

El ciclismo profesional es una dura competición, hasta el límite de la resistencia humana, y si la mayoría aprovecha los avances médicos para ampliar esa frontera, los demás sólo pueden optar entre doparse también o quedar condenados a ganar dos o tres carreras de aficionados al año. Y con eso no se gana para vivir en exclusiva de este deporte.

La hipocresía de los medios de comunicación y de los dirigentes del ciclismo es, en este caso, proverbial. Cuando algún corredor da positivo en un control, lo crucifican por manchar el buen nombre del ciclismo, que, según nos cuentan, es ajeno a esas prácticas en su mayoría. Ya, ya. En realidad, como todo el mundo sabe, estos casos revelan únicamente la impericia de los servicios médicos del equipo al que pertenece el ciclista, incapaces de modular la administración del combinado dopante para que no aparezca en los análisis. Porque lo difícil no es adquirir este tipo de sustancias en el mercado más o menos negro, sino alcanzar el virtuosismo de proporcionarlas sin rebasar el límite de los reactivos de laboratorio que las detectan.

Lo más siniestro de todo este asunto es que el coqueteo con el doping comienza ya en las categorías tempranas, y, por supuesto, no sólo en el ciclismo. Cualquier deporte aeróbico que necesite el concurso de una gran fuerza y resistencia es candidato a que sus participantes intenten sacar ventaja ilegítima con estas sustancias. Yo he visto a deportistas de la categoría cadete con un maxilar inferior absolutamente desproporcionado, lo que indica que, además de los bocatas de morcilla de su mamá, los chavales se meten entre pecho y espalda más cositas. No sé si con el conocimiento paterno, lo que me parecería ya el colmo de la degeneración, pero lo que es evidente es que un chico de 14 años no tiene acceso a ciertos productos si no hay alguien dentro de ese mundo que se los facilite.

Y volvemos a lo mismo: si un grupo reducido de chavales prometedores empieza a jugar sucio, los demás tienen que seguir la estela para llegar algún día a profesionales, y en este juego cada cual arriesga lo que quiere, o lo que su organismo le permite.

Lo peor de todo es que no parece que la situación vaya a cambiar a corto plazo. Ya pueden sancionar a corredores de elite, despojarles de sus maillots de ganadores y expulsarlos de la competición: al año siguiente vuelve a ocurrir lo mismo.

La organización del Tour, por cierto, pulveriza continuamente todas las marcas de incongruencia. Por una parte hace firmar a los corredores un documento en el que acreditan estar limpios… y a continuación les pone a correr una carrera aún más dura que el año anterior. ¿Alguien cree de verdad que un ser humano, por más entrenado que esté, puede hacer una etapa de 200 kilómetros con cinco puertos rompepiernas y, veinticuatro horas después, otra de 250 en llano a una media de 40 km/h? ¿Saben ustedes lo que es rodar a esa velocidad durante cinco horas seguidas? Y eso después de dos semanas de esfuerzo brutal continuado, subiendo y bajando montañas.

No nos engañemos. Los ciclistas son aquí las víctimas. Sometidos a un estado de cosas que no han elegido, se ven obligados a participar en la estafa si quieren sobrevivir económicamente, a veces a costa de su propia vida.

Ninguna prohibición legal va a impedir que los más pillos se aprovechen de las ventajas de consumir este tipo de sustancias. Lo único sensato, por tanto, es abandonar la hipocresía de la limpieza de un deporte que es cualquier cosa menos limpio y dejar a cada cual que ejerza su responsabilidad individual metiéndose lo que estime oportuno. Los adalides de la honestidad deportiva se sentirán escandalizados, pero, amigos, el deporte de alta competición dejó hace mucho tiempo de ser una afición sana de gente amateur. Justo desde que se profesionalizó y empezó a mover ingentes montañas de dinero.

Esto ya no es deporte, sino espectáculo. Y como todos los espectáculos, tiene que ofrecer continuamente nuevos alicientes, para que el público siga acudiendo en masa a contemplar a sus héroes. Las prohibiciones y los fingimientos, como si todavía estuviéramos en los tiempos del Barón de Coubertin, sólo conducen a que las escenas bochornosas, como las del Tour de este año, se sigan repitiendo una y otra vez. La racionalidad se acabará imponiendo algún día, y si no, cada uno será responsable de lo que haga con su cuerpo. Lo demás es engañar a todos, empezando por el espectador.

Yonquis sobre ruedas

Cuando Perón llegó a la presidencia de uno de los diez países con mayor renta per cápita del mundo, comenzó a impartir recetas para la pobreza. Algún asesor le preguntó "¿Cómo vamos a pagar todo esto?". "¿Bromea?", respondió el presidente. "Argentina es rica".

CK, como le llaman los periódicos de allí, ha pasado por España en una gira triunfal, en la que ha ido respondiendo a FG cumplidamente. Por ejemplo, alguien le acusó de estar dispuesta a "aumentar las tarifas en la medida de lo razonable", cabe pensar que hasta hacer las inversiones españolas en infraestructuras un negocio rentable. Ante tal imputación, según un diario argentino, fuentes de la delegación argentina aclararon que "Cristina nunca mencionó la palabra razonable".

Claro que no. Es más, ante la sugerencia de los empresarios españoles de que debiera haber "un marco más estable" para "seguir desarrollando inversiones", la Kirchner no pudo ser más clara: "Ustedes tienen que dar respuesta a sus accionistas, nosotros a la sociedad". Es decir, que el respeto a los principios económicos depende de las encuestas.

Ahora bien, no es que los inversores no puedan hacer absolutamente nada. CK les ha prometido la posibilidad de un "diálogo directo", siempre que éstos acepten un compromiso de "hermetismo". ¿Será el tradicional hermetismo suizo lo que pide CK?

El peronismo, ha aclarado CK, consiste en categorías políticas diferentes de las europeas, más allá de la superación del liberalismo y el socialismo. Imagino que la clave del peronismo es el hermetismo que pedía a los empresarios españoles.

Argentina está volviendo a crecer a buen ritmo. Tiene una población con mucho capital humano y en las condiciones adecuadas puede progresar mucho. Pero si es cierto que necesita "un marco más estable", también lo es que tiene que algo más que una sala de reuniones.

El trujillazo

Con la legitimidad de que, como todo "es p’al pueblo" y ellos son sus representantes, nada malo podía haber en ello. Con constancia y con impunidad. "Justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo", decía Ulpiniano. Y el socialismo es la constante y perpetua voluntad de quitárselo.

Junto con ostentóreo, el neologismo más genial de la democracia, o lo que sea, es corrupsoe, que se podía leer en cualquier rincón de España. La corrupción es un arte, y bien es sabido que éste no germina en cualquier jardín. Necesita un buen abono, y el de la corrupción es el poder arbitrario. Imponer, prohibir, gravar, condicionar… todo lo que quepa hacer desde el poder sin tener que dar cuenta de por qué se toma una decisión y no la contraria. Como comentó, años ha, un grueso promotor inmobiliario en una comida con funcionarios del ramo, a la que asistí: "Si decides que un terreno mío es urbanizable, me hago de oro; si decides que es para parques y jardines, me arruino". La lógica era implacable.

Arbitrariedad y poder. Un funcionario que decide que lo que puede llegar a valer 100 no permitirá que valga más de 20. Todo por el bien común, el desarrollo sostenible, los jóvenes, y el calentamiento global, que justificaciones difusas para meter mano en lo ajeno nunca fallan. A no ser, claro, que el funcionario abra la mano, permita que afloren los otros 80, y de paso se quede con una parte. Así funciona todo.

Como el mercado del suelo en España. Y así seguirá funcionando, pero peor; mucho peor. Porque la nueva Ley del Suelo, que comenzó su vigencia este julio que no ha sabido del calentamiento global, es el colmo de la combinación de poder y arbitrariedad. El sumun del socialismo. La panacea de la corrupción. La repera.

Porque ahora, con la nueva ley, puede llegar el probo funcionario de turno y expropiártela por dos duros. Lo del justiprecio siempre fue una coña marinera, porque el único precio justo es el del mercado, el que acuerdan dos partes sin otra condición que poner en común sus santas voluntades. Pero ahora es un sarcasmo brutal e hiriente. ¿Justiprecio? Me lo llevo por lo que puede valer su uso actual, y no me hable usted de futuro, que a largo plazo todos calvos, dice el probo funcionario. Que todos tienen derecho a tener su santa voluntad, aunque seas un humilde concejal de urbanismo.

El trujillazo que nos ha colado Zapatero va a llevar a España a la alianza de civilizaciones entre los funcionarios bizcochables y los halcones de los consistorios. La comisión será materia de estudio en Educación para la ciudadanía. Los concejales llevarán a Trujillo a los altares y se encomendarán a Nuestra Señora de la Comisión Perpetua. Que Dios les pille confesados.

Internet se ríe del fiscal general

Pero el secuestro de la publicación, ordenado por el juez Del Olmo a instancias del fiscal general, no sólo es indefendible si se valora la libertad de expresión como un elemento fundamental de nuestra vida y del sistema democrático. Además es inútil.

Más allá del objetivo final perseguido por Cándido Conde Pumpido, no creemos que sea tan obtuso como para no entender que esta medida a quien más ha dañado es a la institución monárquica a la que se supone que buscaba defender. El secuestro de una publicación es inútil en la época de la Red.

Es difícil calcular la cantidad de españoles y extranjeros que han visto la portada de marras sin tener que adquirir un ejemplar. Posiblemente sean millones, debido a la rápida reproducción de la misma en cientos de webs de todo tipo, desde ediciones digitales de periódicos como El Mundo hasta decenas de bitácoras. ¿Acaso ordenará el juez el secuestro de Internet a instancias de Cándido Conde Pumpido? Es simplemente imposible.

Da igual que la Audiencia Nacional haya ordenado a El Jueves retirar la citada portada de su página en Internet y que la publicación haya procedido a hacerlo. Ya estaba en muchos otros sitios web. ¿Piensan ir detrás de todos y cada uno de ellos? Además de hacer el ridículo, terminarían por rendirse viendo lo inútil de su afán. Pero no sólo eso, quien tenga interés en comprar el número secuestrado y no consiguiera llegar al quiosco antes de que se agotara o la Policía hiciera acto de presencia, siempre puede comprarlo online. Basta por pasearse por eBay para ver que se puede adquirir directamente o incluso como "regalo" que acompaña a un lápiz usado.

Cientos, tal vez miles de internautas se están riendo en la cara de Conde Pumpido y Del Olmo. Cada vez que alguien reproduce en la Red la portada en cuestión o pone a la venta un ejemplar de la revista, deja en entredicho el secuestro de publicaciones como método eficaz para difundir la difusión de unos contenidos concretos. Ya no se trata tan sólo de una medida liberticida que no debería existir en nuestra legislación, es que además su inutilidad absoluta ha quedado demostrada.

A través de Internet los ciudadanos pueden burlar una medida contemplada por una legislación a todas luces contraria a los valores que se supone deben guiar una sociedad libre. Y lo han hecho. Gracias a la Red la libertad ha triunfado, pese a quien pese.

¿Quién nos defiende del interés general?

Miremos la vivienda. También es de interés general porque nos afecta a todos. Esta razón llevó a Zapatero a crear un Ministerio de Vivienda. La mayor proeza de los sesudos burócratas al problema de la vivienda fue crear una web que costó 400.000 euros y regalar 10.000 pares de zapatillas que nos costaron 70.000 euros. ¿Qué le hace pensar que si el Gobierno empieza a responsabilizarse de cualquier otra cosa, como un recurso natural o Enagás, no se comportará igual?

La razón por la cual el proceder de los políticos es más parecido al de un orangután borracho que al de una persona prudente se debe a que las consecuencias de sus acciones no les afectan a ellos mismos. Somos nosotros, y no los políticos, quienes sufrimos y pagamos sus errores. Los políticos, también, no deben rendir explicaciones a nadie, esto es, no tienen responsabilidad alguna de sus actos.

Esta semana lo hemos vuelto a ver con el bochornoso apagón de Barcelona. Miquel Iceta, portavoz del PSC, ya ha encontrado un chivo expiatorio al desastre: Manuel Pizarro, presidente de Endesa. Tal y como lo enfoca el portavoz socialista, parece ser que Pizarro, en una rabieta, fue a Barcelona y cortó con sus manos y dientes el cable de alta tensión que produjo el apagón.

Pero, ¿no tomó el Estado el control de este sector para que no pasaran estas cosas? El responsable de esta situación no es más que el Gobierno que mantienen el sector de la energía hiperregulado y esto provoca que las empresas sean incapaces de adaptarse a los cambios de la sociedad, estén totalmente cerradas a la innovación y la competencia sea inexistente. Dicho de otra forma, las empresas no trabajan para sus clientes, que sería lo lógico, sino que trabajan para las exigencias del Gobierno: el autoproclamado proveedor moral del interés general.

Si el Gobierno es el interés general y falla, como suele ocurrir, ¿cómo pedimos responsabilidades al interés general, es decir, al Estado? Si el interés general, además, mantiene el monopolio de la fuerza y está en la cúspide del poder, ¿quién nos protege de él si nadie lo controla? Y si el interés general está compuesto por individuos que responden a los mismos principios económicos que el resto de seres humanos, maximizar su utilidad, pero que ven en el dramático arte del sometimiento ajeno, la política, un camino fácil para conseguir dinero, fama y prestigio ¿por qué vamos a pensar que se comportarán como ángeles? Evidentemente, la solución a cualquier problema no pasa por dar más poder a los políticos. Eso sería como apagar un fuego echándole gasolina.

En realidad, la respuesta correcta es la libre elección. El monopolio del Gobierno, en cambio, es servidumbre. La libre elección nos permite que podamos ir a buscar nuestro bienestar material a otro lado cuando alguien nos falla y sepamos contra quién actuar en caso de incumplimiento de contrato. ¿Usted ha firmado algún contrato de servicio o calidad con el Gobierno? No, de él sólo tiene un montón de promesas incumplidas. Y es que si una empresa se comporta negligentemente, cierra. Si el Gobierno se comporta negligentemente crece, sube los impuestos, subvenciona a los más ineptos y culpa a las empresas, trabajadores, consumidores y ciudadanos de tal situación. Esta vez le tocó a Pizarro en primera persona, que al parecer dedica el poco tiempo en que no está vigilado por el CNI a cortar cables de alta tensión por toda España.

La libre elección sólo se puede conseguir dejando que cada cuál sea responsable de lo que hace y lo que vende. Se consigue aboliendo a los dictadores de la producción y auto proclamados soberanos del mercado. Se consigue dejando a la gente elegir quién se va y quién se queda sin que sea potestad de uno sólo, ya quiera llamarse Estado o interés general.

Burócratas y Ryanair

Lo suyo es meterse con los curas, Aznar y Bush; en definitiva, chistes fáciles de y para izquierdistas contra quienes no van a hacer nada contra ellos. Habrá quien se alegre, por tanto, de que un juez les haya puesto freno. Yo no. Primero porque tengo principios que incluyen la defensa de la libertad de expresión, y segundo porque, si nos ponemos en plan utilitarista, esto ha dado nuevos bríos a una publicación que poco a poco iba declinando.

Y es que el secuestro el viernes pasado de esta revista, que llega a los quioscos los miércoles, ha puesto de manifiesto lo absurdas y contraproducentes que resultan algunas leyes con todo lo que han avanzado las telecomunicaciones y el uso que hacemos de ellas. En cuanto se supo que se había ordenado retirar todos los ejemplares de El Jueves, la gente se enteró por medio de la radio o Internet, lo contó a sus amigos con el móvil o el SMS y cuando llegaron los policías a los quioscos se encontraron con que, en muchos casos, ya no había nada que llevarse. La revista había sido "secuestrada" por la gente.

Poco después, empezaban a ofrecerse en eBay ejemplares a precios de entre 10 y 100 euros los que planean venderlos y hasta 2.500 los que terminarán quedándose con él. La portada era reproducida en decenas de blogs, incluyendo alguno que otro en inglés, lo que permitió que el caso saltara a la blogosfera internacional. La prensa de todo el mundo, incluyendo la de nuestras antípodas, dio cuenta del secuestro y, por tanto, de la causa que lo originó. Es decir, que de una revista cuya difusión según OJD supera por no mucho los 70.000 ejemplares hemos pasado a que prácticamente todo el mundo occidental haya sabido de la viñetita de marras.

Parece que ni Del Olmo ni Conde Pumpido saben en qué mundo vivimos, el salto que ha dado la comunicación y, sobre todo, las consecuencias en el modo que tenemos de relacionarnos entre nosotros. Claro que tampoco se han enterado de los cambios en la tecnología, sin más. Porque anda que no resultó ridícula la exigencia de Del Olmo de los moldes con que se imprimió la revista, cuando, como bien resaltó el dibujante de la viñeta ya famosa, hace ya lustros que eso no se usa. Claro que el juez no hacía sino obedecer el artículo 816 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que a estas alturas resulta ya bastante anticuado.

No me entiendan mal. La ley está para cumplirla y aplicarla, que es precisamente la razón por la que es abominable vivir en un país con tantas normas, que nunca sabes si estás cumpliendo o no porque no las conoces. La ley que castiga los daños al prestigio de la Corona está también, por tanto, para hacerla cumplir. Ahora, parece claro que, en un mundo como el actual en que las consecuencias de intentar aplicar una ley son muchísimo más dañinas para el bien jurídico que dice defender ésta que mirar para otro lado, está claro que ha llegado el momento de derogarla.

Lo cierto es que conservo aún una duda. La incapacidad del juez Del Olmo ya ha quedado patente tras sus años con el sumario del 11-M. Pero si hay algo que no es Conde Pumpido es tonto, ni torpe. Me extraña mucho que hiciera esta petición sin que supiera lo que iba a ocurrir inmediatamente después.

Secuestrar una revista en el siglo XXI

Por primera vez en la historia, la Comisión ha vetado la fusión de aerolíneas justo cuando quien intenta hacerlo es la empresa más competitiva del sector. Según el monopolio encargado de luchar contra los monopolios y velar por la competencia en Europa, la opa de Ryanair sobre Aer Lingus habría ocasionado un grave perjuicio para los consumidores. De acuerdo con la comisaria de Competencia, Neelie Kroes, esta paradójica acusación se fundamenta en que la fusión tendría como resultado el probable aumento de los precios para más de 14 millones de pasajeros. Sí, vamos, que al reducirse el número de operadores bajaría la calidad y subirían los precios, como explicaría un mal manual de competencia que no se fijara en el proceso dinámico competitivo sino en el número y tamaño de los agentes. De modo que, siguiendo este patético argumento, los pobres comisionados no tenían otra opción que retorcerle el pescuezo a la gallina de los huevos de oro.

Lo indignante es que la Comisión no se suele meter con quienes han ostentado una elevada cuota de mercado gracias a privilegios administrativos y, sin embargo, trata de impedir la expansión de la empresa que gana cuota de mercado gracias a reducir las tarifas más que ninguna otra compañía. No me cabe la menor duda de que a Ryanair se le ataca precisamente por ser tan competitiva como para poner en entredicho el modelo de negocio de algunos dinosaurios del espacio aéreo apoyados desde diversas instancias gubernamentales en contra de los intereses de los pasajeros. Y si no que se lo pregunten a la propia señora Kroes, quien no se sonroja al afirmar entre los argumentos para vetar la fusión que la compañía resultante tendría aún más margen para aplicar bajadas de precios selectivas.

Las autoridades europeas de la competencia se han convertido en una banda de enemigos de la libre competencia y del consumidor. Hace ya tiempo que emana olor a podrido de los organismos de defensa de la competencia. Hasta ahora parecía que sólo era debido al uso de teorías falaces o simplemente absurdas sobre la "competencia perfecta", pero la utilización de las instituciones para detener a quienes tratan de competir mientras se protege a los ineficientes amigos del poder está produciendo un tufo todavía más insoportable.