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Gane quien gane, los políticos no pierden

El gasto de los tres principales partidos en propaganda electoral alcanza la friolera de 51 millones de euros. El ranking de gasto lo encabeza el Partido Popular con un gasto de 25,6 millones. Le sigue el Partido Socialista con 21,5 millones e Izquierda Unida con 3,5 millones.

Está claro que a los políticos les parece importante que el electorado vote después de haber escuchado por activa y por pasiva las promesas de los candidatos. Quizá esa abultada cuantía de gasto electoral esté relacionada con la poca credibilidad que según las encuestas tienen las promesas de la mayoría de los políticos. Esto no es un problema nacional. En Bélgica una candidata al senado de ese país ha prometido hacerle a cada votante lo que la becaria Lewinsky le hacía a Clinton. La promesa es, según la candidata, una forma de protesta ante la desvergüenza que muestran los políticos a la hora de incumplir lo que publicitan que harán si se les vota. Ella, por supuesto, tampoco piensa cumplir.

Resulta cuanto menos que chocante que esos mismos políticos restrinjan y hasta prohíban la publicidad de empresas que tratan de dar a conocer un producto a su clientela potencial. Parece que la publicidad es mala cuando la realizan los particulares o las empresas y muy beneficiosa cuando son los políticos los que la contratan. De acuerdo con el partido socialista y la hooligan que ocupa el Ministerio de Sanidad y Consumo, por ejemplo, los ciudadanos no tenemos el suficiente coeficiente intelectual como para recibir publicidad sobre los distintos tamaños de hamburguesas que se ofertan en el mercado y elegir el que más nos apetezca. Lo mismo parece ocurrir con el alcohol, el tabaco y hasta con la ropa de marca si las posturas de los modelos no le gustan a la Salgado y otros políticos de la misma calaña.

¿Y qué decir de los medicamentos? En un tema tan importante para nuestra salud como estar informado sobre los avances en el campo de los fármacos, todos los partidos, de izquierda a derecha, han prohibido la publicidad y hasta la información al paciente. Sin embargo, esos mismos ciudadanos pueden elegir a diputados, presidentes, alcaldes y concejales otorgándoles un inmenso poder sobre sus propias vidas después de una campaña en la que partidos y políticos prometen la toda clase de imposibles.

Para colmo, los particulares y las empresas que ven restringido y anulado su derecho a la publicidad y la información realizan esa actividad con su dinero y se arriesgan a la ruina si mienten al consumidor y son descubiertos. Sin embargo, los políticos pueden anunciar toda clase de sandeces y burradas sin que les pueda doler el bolsillo. Lo más que les puede pasar es que no salgan elegidos o que el partido tenga que renovar un crédito que nunca se pagará con una caja de ahorros afín. Es más, la mayor parte de esa propaganda política se la pagamos los electores; a la fuerza, claro. Eso no le parece mal ni a la ministra Salgado ni al más beligerante de los miembros de la oposición. De los 51 millones de euros que han gastado en esta campaña, 42 millones nos los quitarán por vía de subvenciones estatales. Así que, gane quien gane, los políticos nunca pierden: publicitan sus sueños (nuestras pesadillas) de poder sin límite y con nuestro dinero para luego prohibirnos la publicidad al resto de los mortales.

Agricultores liberticidas

Protestan porque están presuntamente en ruina total y exigen soluciones políticas para sus gravísimos problemas: hacerse la víctima es una buena táctica para pedir ayudas y camuflar privilegios a costa del bolsillo del contribuyente. Parece que su actividad siempre está en crisis, no les resulta rentable y las diversas administraciones deben garantizar sus beneficios: ni hablar de libre mercado (derechos de propiedad e intercambios voluntarios) en el cual los que obtienen pérdidas deben aprender a hacerlo bien o simplemente abandonar el sector y dedicarse a otra cosa más provechosa. Gritan que nadie hace nada por ellos, que todo es inoperancia estatal, como si no hubieran oído hablar de la infame Política Agraria Común de la Unión Europea. No se cortan y reclaman justicia a todos los ministerios que haga falta: Agricultura, Industria, Comercio, Economía…

Denuncian las (según ellos) intolerables, desproporcionadas, injustificadas y crecientes diferencias que existen entre lo que perciben por la venta de sus productos y lo que paga el consumidor. Ellos son muchos, pobres, honestos y bien intencionados, pero los intermediarios, distribuidores y comerciantes organizados son unos pocos ricos, fuertes, manipuladores y tramposos que abusan de ellos e incluso les roban. Distraen la atención hablando de equilibrio y transparencia del mercado y libre competencia, de formación anómala de precios, para así tratar de excusar la intervención coactiva del estado: en su propio beneficio, claro, pero asegurando de forma altruista que es una cuestión de justicia y que también es por el bien de los consumidores engañados (que somos todos y pagamos demasiado por la comida). Si están seguros de que los márgenes de otros participantes en la cadena de distribución de alimentos son tan grandes, podrían utilizar el poco espíritu empresarial que tengan para entrar en esos sectores y enriquecerse sin límite. Pero no lo hacen, ¿por qué será? ¿Tal vez hay mucho cuento en sus lloriqueos?

Se escandalizan porque cobran por sus productos lo mismo o incluso menos que hace años, como si tuvieran algún derecho especial a que se les garanticen precios estables o crecientes, independientemente de la oferta y la demanda, de los cambios de las preferencias de los consumidores, de los avances tecnológicos o de la competencia de otros productores (seguramente extranjeros y más dinámicos al no estar acomodados en la dependencia de la subvención y el arancel).

Algunos proponen, pretendiendo que son legítimas y respetuosas con los derechos de todos, diversas medidas liberticidas (muchas ya en vigor): limitar la producción (arrancar campos), garantías de precios de compra, limitar los precios de venta, limitar los beneficios de los intermediarios, limitar las importaciones e incluso prohibir la integración vertical del sector (que los productores comercialicen y los comerciantes produzcan). Creen que el hecho de que se haga en otros sectores les da derecho a exigir lo mismo en el suyo, pero las regulaciones coactivas limitadoras de la oferta o garantizadoras de beneficios son contrarias a la libertad en todos los ámbitos, y no se trata de extenderlas a todos sino de eliminarlas.

Algunos denuncian que el mercado agrícola está adulterado por los grandes comerciantes. Que no reciben ofertas de compradores, sino que tienen ellos que ofertar sus cosechas, y además deben pagar una comisión al intermediario. Que sus contratos de compraventa no son por escrito sino de palabra, que no se fija la fecha tope de recogida del producto por el comprador, que no se les indemniza si éste se estropea, que a veces ni se fijan precios en el contrato (se vende a resultas) ni fecha de pago. Podrían modernizarse y aprender a negociar mejor o integrarse en una cooperativa, pero tal vez no les gustan las condiciones, o las consideran ineficientes; lástima que no se animen a promover su propia cooperativa para demostrar que puede hacerse mejor. Quizás lo hacen lo mejor que pueden, pero desgraciadamente esto no siempre es suficiente para mantenerse en mercados libres y competitivos: por eso exigen privilegios protectores a costa de los demás. Cambiar de modo de vida, eso nunca.

Educación para la sodomía

Lo que no podíamos suponer es que la ministra cabrera (permítaseme omitir la mayúscula en el apellido, como le gusta a García Domínguez) iba a ser tan explícita sobre lo que va a hacer con nuestros chiquillos para convertirlos en votantes ejemplares del PSOE.

El material de apoyo de la asignatura es espléndido. Me refiero, claro, al magnífico estudio antropológico, de gran valor educativo, cuyo título reza Alí Baba y los cuarenta maricones (los progres y sus metáforas, siempre tan sutiles). Hojeando este documento esencial para la educación infantil veo a dos señores agachados junto a un burro especialmente bien dotado, haciendo cábalas sobre diámetros, longitudes y su proporción con ciertos orificios de llegada, cuyo estudio será sin duda de gran provecho para los niños que tengan el privilegio de trabajar con él en clase. No obstante lo anterior, los profesores deberán andar muy finos en sus explicaciones, pues hasta los niños saben que, a pesar de su complejidad, la anatomía humana es un sistema perfectamente estructurado, con unos orificios de entrada y otros de salida. El orto, precisamente, pertenece a este segundo grupo, así que a ver cómo logran hacer entender a las criaturas esta aparente contradicción en materia de tráfico rectal.

Cuando vea a su hijo jugando a cambiarle la ropa a los madelman o quedarse embobado viendo películas de gladiadores, puede usted estar completamente seguro de que la criatura va directa a la matrícula de honor en esta materia. La otra opción es declararse objetor a esta asignatura, haciendo constar que sólo arrancando a sus hijos de sus manos yertas podrá la autoridad educativa torturarles con semejantes cochinadas, que es lo que pienso hacer yo mismo llegado su momento. Porque una cosa es enseñar a los niños a respetar ciertas formas de vida, cosa que ya hacemos los padres normales, y otra muy distinta animarles a ponerlas en práctica a despecho de lo que opinen sus papás y mamás.

Por supuesto, los hijos de los altos cargos socialistas no van a "disfrutar" de las divertidas enseñanzas de esta novedosa asignatura, pues en su inmensa mayoría asisten a colegios privados de superlujo, preferentemente católicos. Allí, en lugar de las bondades de tomar por retambufa, los niños de los líderes de progreso aprenden álgebra, matemáticas, física o historia, que es la mejor educación para la ciudadanía que se ha inventado desde los griegos. Lo del multiculturalismo, la megatolerancia, el mestizaje y el mariquiteo está muy bien, pero para los niños de los obreros en los colegios públicos de los suburbios donde, precisamente, el PSOE tiene su mayor semillero de votos, cosa que, paradójicamente, parece preocuparme sólo a mí, que jamás he votado a la izquierda. Los hijos de las elites progresistas, a colegios de curas y después a una buena universidad privada de los Estados Unidos.

Pero no conviene sulfurarse demasiado con esas cuestiones. La LOGSE (y su siniestra secuela) ha sido una herramienta tan efectiva en la producción industrial de burricie académica que, por mucho que lo intente la ministra, ningún estudiante podrá repetir al terminar el bachillerato ni una sola línea de todo este material pedagógico con que ahora se les amenaza. Están tan inmunizados contra el conocimiento puro que lo más probable es que sientan un rechazo espontáneo cada vez que escuchen algún concepto de los que esmaltan el proyecto de ciudadanía que zapatero quiere grabar a fuego en sus alborotados cerebritos.

Y un apunte final acerca de la promoción festiva de la homosexualidad, en la que quizás no hayan caído los altos cargos del ministerio: la Iglesia Católica exige respeto para los homosexuales, el Islam los ahorca en una grúa y el comunismo los encarcela. ¿Incluirán también este pequeño detalle en el diseño curricular de la materia?

Hazte rico o muere en el intento

Es irónico que el Gobierno nos diga que no hemos de obsesionarnos con el dinero cuando son los políticos quienes mayor amor desenfrenado sienten por nuestros billetes. No tiene ningún escrúpulo para expropiar nuestra producción con impuestos y multas; crean inflación para aumentar sus beneficios y entran unilateralmente en déficits que tendrán que pagar nuestros hijos, es decir, aquellos a quienes ahora adoctrinan.

También es sumamente irónico que el Gobierno se crea autorizado a dar clases de cómo hacer un uso responsable del dinero. Ningún Gobierno ha destacado por su responsabilidad económica precisamente. Como dijo Ronald Reagan, el Gobierno gasta el dinero como un marinero borracho. Luego tuvo que pedir disculpas a los marineros borrachos porque ellos, al menos, se gastan su propio dinero. Y es que el Estado tiene tanta autoridad moral para impartir valores como la mafia.

Como se suele decir, el dinero no da la felicidad, pero ayuda mucho. Si queremos que nuestros hijos sean personas prósperas hemos de hacerles ver que las cosas cuesta ganarlas. Cuando antes aprendan los niños que los logros provienen del esfuerzo y trabajo personal, antes estarán preparados para enfrentarse al mundo real y ser así unos triunfadores. Cuando antes se den cuenta que sus habilidades y aptitudes tienen un precio, más se esforzarán en servir a los demás y conseguir su justa recompensa económica mediante el intercambio pacífico del libre mercado.

Por el contrario, si siguen los mandatos educativos de Zapatero, lo único que aprenderán es a vivir de la mendicidad del Estado y a costa del trabajo de los demás. El actual Gobierno socialista quiere un futuro de funcionarios mentalmente estériles que sirvan al Estado como robots. ¿Así quiere ver a su hijo?

Veamos el ejemplo de un triunfador y cuán diferente era su punto de vista. André Kostolany era estudiante de Filosofía e Historia del Arte. Su padre le dijo que dejara los estudios y se pusiera a trabajar como bróker en París. Así lo hizo y empezó ofreciendo sus servicios gratuitamente. Tardó años en aprender cómo funcionaba el mundo de la bolsa y las finanzas. Además, se arruinó en diversas ocasiones llegando a pensar en el suicidio, pero su trabajo constante, su vitalidad y amor por el dinero le mantuvieron a flote. Afirmó que "el que quiere ser rico ha de estar hipnotizado por el dinero como una serpiente por su encantador", una de las claves de su éxito. Los valores de su padre y no del Gobierno, junto con su pasión por el triunfo financiero-empresarial le convirtieron en un hombre increíblemente rico y en alguien adorado por millones de personas que aspiran hoy día incluso a ser como él.

Probablemente, Kostolany, de estar educado en los valores de Zapatero y haber desoído a su padre, no habría sido más que un chupatintas de tres al cuarto en alguna universidad de Budapest. ¿Quiere ver a su hijo como un súbdito más, como un robot programado por el Estado, o como un moderno Kostolany con millones de euros, dólares y acciones en algún paraíso fiscal bien lejos de las zarpas del Gobierno?

Elecciones digitales

Sin ir más lejos, Fernando Moraleda, al dar el segundo avance de participación, afirmó a preguntas de periodistas que la mayor abstención hasta ese momento en Cataluña se debía a la retransmisión del Gran Premio de Fórmula Uno. Está claro que no debe haber aficionados a ese deporte fuera de los països. Quizá Martín Higueras viva en Barcelona sin saberlo.

En su comparecencia detalló todos los datos sobre participación… que hacía ya rato que estaban disponibles para todos en la página web que el Ministerio del Interior puso a disposición de todos los ciudadanos. De ahí que la interminable letanía sobre la abstención producida en cada una de las regiones españolas produjera cierta vergüenza ajena, una sensación de estar asistiendo a un espectáculo del siglo pasado. Antes resultaba necesario que los políticos ofrecieran los datos que les habían dado los funcionarios a los periodistas, ya fueran por escrito o verbalmente, y que éstos nos los dieran a nosotros. Gracias a Internet, ahora sobran ambos intermediarios. Es de agradecer, eso sí, que al contrario que en anteriores comicios no se detuviera la incorporación de información a la web para que la portavoz del Gobierno pudiera dar datos novedosos. Lo que dijo De la Vega era lo que todos podíamos ver en nuestros monitores.

Dado que los resultados de las autonómicas los ofrecía cada uno de los ejecutivos regionales, los avances en el escrutinio fueron más complicados de seguir de lo habitual. La web de Cantabria, brevemente, y la de Aragón durante buena parte de la noche dieron problemas de acceso, seguramente por no estar preparadas para la demanda. Eso sí, es destacable el esfuerzo de esta última por ofrecer una web un poco distinta a las demás y más en sintonía con el diseño de las páginas de la Web 2.0. Por otro lado, en Castilla y León y Valencia retuvieron los datos hasta tener un porcentaje escrutado muy amplio, hurtándonos a los internautas de esa información. La web del Ministerio de Interior no resultaba especialmente intuitiva, sobre todo a la hora de encontrar los datos de cada municipio. Pero, en general, no se pueden poner más peros a las web electorales del pasado domingo. Así da gusto.

Una de las pocas medidas efectivas que puede tomar el sector público para impulsar el uso de Internet en España es precisamente poner a disposición de todos los ciudadanos la información que poseen de la manera más cómoda y accesible posible. Es, además, derecho de todos los españoles poder acceder a ella y emplearla como estimen oportuno. Deberían colgar de la red desde esos libros que editan todas las administraciones basados en tesis doctorales que nadie lee hasta todo lo producido por los distintos medios de comunicación públicos, de RTVE a cualquier autonómica, que bien caro hemos pagado todo y bien barato que sería, en comparación, tenerlos a disposición de todos. Aunque sospecho que no me van a hacer mucho caso, la verdad.

Zapatero te quiere adoctrinar

Aun así, una mayoría de la población sigue desconfiando de esta tesis. A sus ojos el Estado sigue siendo un altruista benefactor que trata de proporcionar al pueblo llano la escuelita que necesita para no quedarse rezagado frente a los ricos y poderosos. Por supuesto, quienes sostienen tales ideas deberían caer en la cuenta de que ellos mismos han sido educados en un sistema controlado firmemente por el Estado, y de que, por consiguiente, buena parte de sus ideas puede ser producto de esa manipulación originaria.

Entre los rufianes que se benefician del sistema y los cándidos serviles que se creen la cantinela de los anteriores, la educación pública sobrevive como el más prodigioso aparato de adoctrinamiento masivo que existe.

Las últimas maniobras del Gobierno socialista, con todo, deberían hacer caer de la parra a más de uno. La asignatura de Educación para la Ciudadanía que pretende implantar el Ejecutivo desvela con toda claridad el propósito primigenio de todo el sistema educativo español: crear entusiastas militantes del Estado.

Aun así, no dudo de que la mayoría de los españoles siga siendo tan pusilánime como para mirar hacia otro lado mientras le azotan la espalda, pero confío en que el descaro totalizador de la asignatura abra al menos algunas brechas entre las adormiladas conciencias patrias.

De hecho, la revolución educativa que ha planteado ZP ya ha tenido su particular reacción en el Gobierno de Esperanza Aguirre, que, en un alarde de magnanimidad y de liberalismo extremo, ha permitido convalidar la asignatura por labores de voluntariado. Vamos, como cuando Mao sustituyó la lectura de su Libro rojo en las escuelas y envió a los niños a las granjas rurales para reformar su espíritu mediante el trabajo.

Al Gobierno, obviamente, esta injerencia en su agenda interna le ha sentado como una patada en la espinilla, y se ha afanado en recordar que la asignatura es obligatoria. ¡Y tan obligatoria! Como que sustituyen el cerebro de los críos por una papeleta electoral del PSOE.

Basta pasarse por los contenidos de la asignatura para comprender el alcance ideologizador y emburrecedor de la materia.

Por ejemplo, en contenidos comunes encontramos

Reconocimiento de las injusticias y las desigualdades. Interés por la búsqueda y práctica de formas de vida más justas. Participación en proyectos que impliquen solidaridad dentro y fuera del centro.

Como toma de posición ética no está mal: desigualdad = injusticia. O, dicho de otro modo, cualquier orden social no igualitario es intrínsecamente injusto y maligno. Afortunadamente, el cirujano estatal estará siempre presto para realizar las oportunas operaciones, apelando siempre, eso sí, a los sentimientos de solidaridad "fuera del centro" que convenientemente se habrán encargado de insuflarnos.

¿Que un empresario gana dinero? Explotación. ¿Que un individuo se compra una segunda casa para veranear? Especulación. ¿Que un hombre accede a un puesto de responsabilidad en una compañía? Sexismo. ¿Que critico ciertos dogmas del islam? Xenofobia. ¿Que estoy en contra de las ayudas estatales al Tercer Mundo? Genocidio.

Lo importante no es que los individuos entablen relaciones libres y voluntarias, que cumplan de buena fe los acuerdos contractuales o que reparen los daños que causen. Todo esto no tiene nada que ver con la justicia; de hecho, la libertad puede generar injusticias si da paso a una distribución desigual de la renta. ¿Seguro que ZP no es un clon procedente de un gen tonto de Karl Marx?

Otro ejemplo de adoctrinamiento lo tenemos en el siguiente punto:

Ciudadanía global. Desarrollo humano sostenible. Cooperación. Los movimientos comprometidos en la defensa de los Derechos Humanos.

El multilatelarismo estatista de ZP metido de lleno en las aulas. Ahora resulta que somos ciudadanos del globo, esto es, que nos adscribimos a un Estado mundial cuya misión parece ser promover un desarrollo sostenible de la Humanidad; o, dicho de otro modo, planificar, controlar, dirigir y reprimir las vidas de 6.000 millones de personas para evitar la extinción del chinche verde.

Y como el Estado no produce nada sino que se nutre del expolio de la población, supongo que será necesario crear algún impuesto mundial, como la Tasa Tobin, para financiarlo. Al fin y al cabo, parece que el compromiso con la defensa de los Derechos Humanos debe consistir en vulnerar los derechos naturales más elementales de manera sistemática. Las personas tienen derechos en la medida y en la extensión en que el Estado los tolere, pues en todo caso están sometidos a que no den lugar a un orden social desigual. Hay que apretar las tuercas y mover las palancas intervencionistas conforme sople el viento de la libertad.

Pero si todo esto es escandaloso –y lo es mucho–, esperen a ver el método de evaluación:

Reconocer los Derechos Humanos como principal referencia ética de la conducta humana (…) Se trata asimismo de valorar si el alumnado entiende los derechos humanos como una conquista histórica inacabada y manifiesta una exigencia activa de su cumplimiento.

No se conforman con atiborrar de basura, mentiras y prejuicios socialistas a los escolares, además quieren que se crean esas falacias y que las asuman como la Verdad. La posición ideológica de cada alumno –y no el grado de conocimiento sobre una posición ideológica– es uno de los criterios de evaluación. Estamos ante los exámenes y las supervisiones de pensamiento: el objetivo auténtico, como en 1984, no es soportar estoicamente al Gran Hermano, es amarlo y adorarlo como al auténtico y único realizador de la Humanidad.

Con estos mimbres, no es de extrañar que el Gobierno se empeñe en que la asignatura sea obligatoria en toda España. ¡Si les garantiza el chiringuito por varias décadas!

Es momento de volver a reivindicar la muy necesaria separación de la escuela y el Estado. La solución no pasa por confiar en que otros políticos lleguen a salvarnos. El problema es inherente al sistema: la estabilización coactiva de los alumnos para que se les inculque un programa aprobado por los políticos y para los políticos.

La solución real consiste en que los padres caigan en la cuenta de que la educación de sus hijos les corresponde a ellos. Es hora de generalizar el homeschooling y la educación privada, de cerrar escuelas públicas y de enterrar los planes escolares obligatorios y centralistas. La libertad requiere de responsabilidad y desemboca en diversidad: si no quiere ser un peón de la burocracia y del poder político, saque a sus hijos de los centros de adoctrinamiento estatales.

Los sindicatos tienen razón

Si uno se acerca al texto del teletipo o del propio boletín de mayo del BCE, la cosa queda clara: subir los sueldos lleva a una mayor inflación. Y la mayor inflación merma el poder adquisitivo. Es decir, que vuelve la vieja falacia de la "inflación de costes".

La idea es intuitiva. Los mayores costes van "empujando", sumándose en cascada hasta llegar a los precios finales. Como todos los productos necesitan trabajo y éste es más caro, el nivel general de los precios es mayor. Q.E.D.

Sólo que no es así. Unas ramas de la producción necesitan una participación mayor del trabajo que otras, por lo que el aumento de los salarios hará que el gasto total en estas industrias y productos sea mayor. Si la cantidad de dinero en el bolsillo de los europeos es el mismo, el gasto adicional que tengan que hacer aquí tendrán que mermarlo en otros productos, de modo que sus precios caerán. Lo que se produce, pues, no es un aumento generalizado de los precios, lo que llamamos inflación, sino un cambio relativo de los precios: suben los de los productos intensivos en trabajo en comparación con los que no lo son.

Si la cantidad de dinero es la misma, claro. Pero resulta que no es así. Según los últimos datos, la cantidad de dinero en la zona euro crece, y lo hace a un ritmo que supera el 10 por ciento anual. Con el dinero corriendo a mayor velocidad que el número de bienes sí nos encontramos con una inflación al alza. La inflación es un fenómeno monetario y el responsable último es el Banco Central Europeo. Ese que en su último boletín apunta, para sacudirse cualquier responsabilidad a "los agentes sociales", a quienes pide que no suban los salarios para que no aumente la inflación.

Los sindicatos siempre han dicho que la culpa de la inflación no estaba en los salarios. Por esta vez, tienen razón. Tienen toda la razón.

En busca del tesoro

Cuatro años después logró formar una compañía que pondría todo el capital necesario para que el Odyssey Explorer diera finalmente con el Sussex. A comienzos de 2007, la empresa se había dejado nueve años en un proyecto que había acumulado unas pérdidas fabulosas. Sólo en el primer trimestre de este año, 3,8 millones de dólares. Pero en su búsqueda del Sussex, no obstante, el Odyssey había encontrado otros pecios (yacimientos submarinos), y la empresa había decidido zambullirse en ellos. Con la ayuda de un nuevo barco, el Ocean Alert. Juntos sacaron del mar 17 toneladas de oro y plata que, tras hacer escala en Gibraltar, aterrizaron el 18 de mayo en la capital de Florida.

Desde España ya se habla de expolio puesto que, probablemente, el tesoro recuperado estuviera en "aguas españolas" y no internacionales, como reclaman los buscadores de tesoros. El escritor Pipe Sarmiento, que es experto en estas cuestiones, habla de "atentados contra nuestro patrimonio". Pero yo me pregunto, ¿qué sería de ese tesoro sin Greg Stemm y el Odyssey Explorer? Seguiría sirviendo de asiento de la vida marina, como ha hecho durante siglos. El Gobierno español, ¿qué puede reclamar de ese oro y esa plata? ¿Qué títulos tiene para ello? Como los antiguos piratas, está dispuesto a quedarse con lo que no le corresponde. Acaso los únicos que podrían exigir una parte serían los herederos de los legítimos dueños del botín sumergido, pero dudo que nadie pueda hoy sacar un título semejante.

Quien se lo encuentra, se lo queda. Ya sea por mero azar, ya por un proyecto que se ha prolongado por trece años, como este, y que bien podría haberse resuelto con un costosísimo fracaso. Gracias, precisamente, a que hay empresarios dispuestos a perder muchos años y mucho dinero en el empeño porque la recompensa puede resultar fabulosa podemos confiar en que parte al menos de la riqueza sumergida por la historia vuelva a salir a flote.

Época de charlatanes

Por ejemplo, Jordi Hereu, alcalde de Barcelona por el PSC, nos quiere vender y alquilar a precios de saldo 12.000 viviendas, los mismos que ha prometido la alcaldable okupa Imma Mayol (ICV-EUiA). CiU, unos 10.000 y ERC quiere poner 10.000 pisos vacíos en alquiler a modo de rebajas, un 10% más baratos que los del mercado. En Madrid, Alberto Ruiz Gallardón ha superado los records y promete dilapidar 1.800 millones de euros en vivienda para generar más de 158.000 pisos, 80.000 protegidos.

El problema de la vivienda no es nuevo y el PSC lleva casi 30 años en la alcaldía de Barcelona. Si la solución es regalar pisos, ¿por qué no ha hecho antes? ¿Tiene sentido que después de 30 años su lema electoral sea "nuevas ideas"? Están repitiendo lo de siempre y harán lo de siempre.

Lo que parece ignorar el votante medio es lo que no se ve económicamente de esta charlatanería. La vivienda empieza a bajar, y no sólo en España, sino en todos los países occidentales. No ha sido ningún político quien ha conseguido tal logro. Estas medidas que nos prometen, cuyo único fin es la compra de votos, sólo consiguen teledirigir la economía a caminos que no le convienen. España, y especialmente algunos lugares concretos, están teniendo buenos datos económicos gracias al sector de la construcción. Si la administración se dedica a vender pisos a precios por debajo de mercado, esto puede contribuir a acelerar un proceso bajista con las consiguientes pérdidas empresariales, proyectos incumplidos, quiebras y despidos de las empresas que trabajan en el libre mercado, especialmente las pequeñas.

Los políticos no harán bajar los precios dejando el resto de cosas iguales. Simplemente no pueden porque eso implicaría violar un sinfín de leyes económicas. Al intentarlo, sólo añaden un problema más a la economía y a la sociedad. ¿Es razonable seguir invirtiendo en un sector en su final de ciclo? Es la locura de un inconsciente.

España ha de huir de este tipo de producción y dejar que sea el mercado quien baje los precios liberalizando el suelo y eliminando leyes absurdas que sólo encarecen más los precios como la de no construir más de 5 plantas de pisos por bloque o dejar largas extensiones de zona verde. Las zonas verdes pueden ser muy bonitas, pero es mejor dormir en un piso que no verse obligado a pernoctar en una hermosa zona verde porque no nos llega el dinero ni para una triste habitación en alguna pensión cochambrosa.

Y cuando el impulso de nuestra economía, la construcción, se desinfle y todos los trabajos relacionados con este sector se pierdan, ¿qué prometerán los charlatanes? Seguiremos sin pisos y con una economía sin rumbo. Los niveles de productividad en España son preocupantes y esbozan un futuro no muy halagüeño. Han sido los políticos quienes han creado el germen de este desastre con sus promesas cortoplacistas, compra de votos y dinero barato.

Tal vez empieza a ser hora de que miremos más allá de la superficie y pensemos en la realidad. Los charlatanes nunca han hecho prosperar a ningún país ni han contribuido al beneficio de nadie que no sean ellos mismos. Si queremos alcanzar un cierto nivel de vida y mantenerlo después tendremos que ganárnoslo por nuestros medios y no exigiendo al Estado que robe a la comunidad para vivir a costa de ella. Los charlatanes siempre han sido parásitos para la sociedad; que ahora se hayan profesionalizado, vivan de nuestros impuestos y digan que lo hacen para nuestro bien no los convierte en nuestros salvadores. Siguen siendo nuestros verdugos económicos.

El Batacastroc

Como bien decía el premio Nobel de Economía de la Escuela Austríaca, Friedrich Hayek, siempre que se violan los principios generales del Derecho, más tarde o más temprano esa acción revierte en forma de un claro daño al cuerpo social. El presidente de la Astroc, Enrique Bañuelos, es el principal responsable de este descalabro y de la violación sistemática contra la propiedad privada en la que los políticos del Partido Socialista y del Popular están pringados hasta el cuello.

Astroc salió a bolsa el 24 de mayo de 2006 a la sombra de la ley urbanística de la Comunidad Valenciana (LRAU6/94). El propio Bañuelos alabó aquel día la política urbanística Valenciana y destacó que la figura del agente urbanizador había "imprimido mucho progreso" a la región al tiempo que había supuesto una importante experiencia para gestionar "bien" proyectos globales. El modelo de negocio basado en el agente urbanizador consiste en que una empresa se presenta ante el Ayuntamiento de turno con un plan para urbanizar una propiedad que no es suya. Si al político de turno le gusta la propuesta, ordena en su planeamiento esa actuación. En ese momento, al propietario se le da la opción de participar en el desarrollo del agente urbanizador. En el caso de que le fuercen a participar, el agente se quedará con gran parte de los terrenos en pago al ‘conocimiento’ aportado por el agente. Pero, si no quiere o no puede, que suele ser el caso, el agente lleva a cabo el desarrollo y al propietario se le expropia y santas pascuas. Vamos, que nos encontramos ante la legalización más descarada que pueda verse de la usurpación de la propiedad privada.

En este sentido, el Parlamento Europeo adoptó una resolución en la que declara que "los principales problemas que surgen de la aplicación de la Ley Reguladora de la Actividad Urbanística de la Comunidad Valenciana hacen referencia al cometido del agente urbanizador" en la medida que desprotegen "los derechos de propiedad, suscitando cuestiones relacionadas con los derechos humanos y los derechos fundamentales".

PSOE y PP se han aliado con empresarios que reniegan del mercado libre traicionando los derechos más fundamentales de los ciudadanos. El batacazo de Astroc refleja la sana desconfianza del mercado hacia esta corruptela legal.