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Igualicas

Incapaz de detectar la magnitud de sus chorradas, ZP ignora que la mujer que vale no necesita que la ley la ponga en lugar preponderante respecto al varón. No todas son como su vicepresidenta, introducida en la judicatura por el llamado cuarto turno, que es la gatera utilizada por los hombres y mujeres de progreso para fagocitar la administración sin necesidad de pasar ningún examen. Fernández, la «vice» de Rodríguez, es el único caso en la justicia española, y quizás mundial, de jueza que jamás ha puesto una sentencia o instruido una causa. Llegó, vio y al coche oficial se subió.

La jueza Teresa Palacios, en cambio, lleva sobre su toga el peso instructor de algunos de los procesos más destacados en los últimos años, con cientos de damnificados y muchos miles de millones de euros en juego. Ella no necesita que «Maritere» la enchufe por delante de sus colegas masculinos; se basta sola para pasarles como un cohete y dejarles en la cuneta. Y como ella miles de ejemplos más que todos conocemos en nuestra vida cotidiana.

El problema de ser gobernados por una «pandi» de adolescentes intelectuales, es la cantidad de despropósitos que cometen para camuflar su mediocridad. Aunque en este caso concreto del igualitarismo entre sexos no cabe atribuir al gobierno ningún favoritismo, pues ninguna ministra está ahí por ser mujer, sino en razón de haber acreditado una altísima solvencia profesional (pienso en el binomio Calvo-Trujillo), exactamente igual que sus colegas varones (Moratinos). 

En fin, he hecho una encuesta de urgencia entre mis conocidas y ninguna quiere ser salvada por ZP, como si el ser mujer fuera una minusvalía. Por usar la propias palabras del presidente, "ni él podría llegar a más, ni las mujeres a menos".

Bloggers en la convención del PP

Parece que en la derecha política hay quien está con la oreja puesta y, en este evento naranja y pretendidamente yanqui, han decidido contar con gente afín pero independiente que da la batalla de las ideas en Internet. Publicitariamente, cuando menos, le han ganado esta mano al partido moderno por excelencia, el que paga a los jubilados el autobús para que vayan a los mitines.

La mesa de bloggers, mucho más entretenida y con más público que la de medios digitales, contó con un moderador de lujo como Esteban González Pons. Y es que el político valenciano lleva años suscitando las simpatías en Internet a izquierda y derecha, por su interés en el medio y su activismo a favor de varias campañas en la Red, desde aquella que hace años pedía a Telefónica una tarifa plana para la conexión. Pons demostró conocer de qué va la blogosfera, el regreso de la política a la conversación con los ciudadanos, el ágora griega. Ahora es cuestión de que convenza a más compañeros para que se unan al debate y que se convenza él de que no basta con tener un blog; la conversación consiste en comentar en los de los demás y leer y contestar lo que te dicen en el tuyo.

Se echó de menos una discusión más a fondo de la amenaza mayor que se cierne ahora mismo sobre los nuevos medios: la nueva ley de propiedad intelectual. Además de la enorme restricción a la que se somete el derecho de copia privada, sin una reducción del canon que lo acompañe, el texto que se está debatiendo restringe también el derecho de cita hasta el extremo de que sólo se permitirá con fines docentes o de investigación. Ya es conocido el efecto que tiene este tipo de restricciones: silenciar la crítica. La Iglesia de la Cienciología tiene como práctica habitual en Estados Unidos demandar por violación de derechos de autor a aquellos críticos que exponen sus textos para rebatirlos; también la revista "científica" Scientific American amenazó con una querella por la misma razón a Bjorn Lomborg, por contestar párrafo a párrafo las críticas que sobre su libro se publicaron en ese panfleto. Este cambio legislativo puede dañar de forma irremediable a esa conversación que tiene lugar en Internet, porque dificulta la referencia a las ideas ajenas para contestarlas.

Sin duda, el PP se ha anotado un tanto con la importancia dada a la blogosfera en su convención, pese a que la colocaran dentro de su area jóven y parezcan seguir considerando que Internet es algo reservado a Nuevas Generaciones, algo que no obstante es mucho mejor que ignorar la Red por completo. Quizá, la larga nomina de políticos que accedieron a una entrevista de los blogueros pro Rajoy sirva de ayuda para que vayan comprendiendo mejor qué es eso de la blogosfera. La convención parece que ha servido, además, para que surjan ideas interesantes en los debates, como el cheque escolar. Sin embargo, el discurso final de Rajoy representó para muchos un jarro de agua fría. En la blogosfera, en la conversación en Internet, no hay argumentos de autoridad, de modo que se discuten ideas y se presentan hechos y datos. Rajoy decidió ceder al gallardonismo, al arriolismo, y presentarse como un moderado sin alternativa en lugar de ofrecer una alternativa clara y contundente, basada en los principios liberales y en la idea de España que se presupone que el PP tiene clara. Rajoy no duraba en Internet así ni dos minutos.

Vendaval liberticida

Si confiar el preciado valor de la libertad a las afiladas garras del Estado suele provocar su asfixia y marchitamiento, confiárselo a un psicótico Estado supraeuropeo sólo podía dar pie a una portentosa degeneración social y política.

El servilismo voluntario, la sumisión ante la represión y la claudicación permanente van floreciendo con despiadada crudeza, al calor de la burocracia bruselense. No hay semana en que las noticias antiliberales no emerjan como hongos venenosos en el lodazal politiquero; no hay administración que se libre: el Estado lo corrompe todo. Veamos algunas de las últimas perlas.

Ley para la desigualdad

 

Si bien en otro artículo nos ocuparemos más detenidamente de la Ley de Igualdad, debemos destacar su filosofía subyacente. El Gobierno, en su fatalísima arrogancia, considera que la libertad no puede ser tolerada, ya que pare monstruos. La igualdad –el moldeamiento estatal de la sociedad– es un argumento suficiente para cercenar las libertades individuales.

La mujer –toda mujer, sin distinción alguna–, como eslabón secularmente más débil, tiene derecho a utilizar las armas represivas del Estado para alcanzar determinadas posiciones, entre ellas la dirección de las empresas.

Estamos ante un flagrante atentado contra la propiedad privada y la función empresarial; una pandilla de neomarxistas embriagados por la soberbia del poder ha decidido nombrar a los empresarios nacionales. Como si de una economía fascista se tratara, los políticos podrán decidir quién entra y quién sale de los Consejos de Administración. El ariete, como ya hemos dicho, no es más que una mal entendida igualdad, cuyo acento recae sobre el sexo del candidato.

La palabrería de la igualdad de oportunidades debe ser enterrada por la libertad de oportunidades. Son los seres humanos quienes, haciendo uso de su perspicacia y de su libertad, crean las oportunidades. Los políticos ni pueden ni tienen que garantizar nada a nadie: cada individuo tiene derecho a apropiarse de lo que descubre, de las oportunidades que él mismo ha fabricado.

La típica misoginia izquierdista no sólo institucionaliza los complejos y las mentiras; en realidad, se carga la idea misma de igualdad. No hay nada que genere más desigualdad que los favores políticos, que las castas de privilegiados, que las prebendas concedidas en función de la cuna y no de los méritos.

En el capitalismo, como ya nos recordara Mises, no hay privilegiados, pues todos, hombres y mujeres, están subordinados al consumidor. La primera desigualdad es la que surge de la potestad política para crear desigualdades: los buitres socialistas no sirven a nadie, sólo a sus propios intereses de clase. Esa es la primera de las desigualdades.

El dedo del Ministro

 

El Antiguo Testamento (Ex., 31,18) nos relata cómo Dios escribió los Diez Mandamientos con el dedo. Parece que algunos deicidas modernos –esa casta de buitres que pretende vivir a costa del esfuerzo ajeno–, después de matar a Dios y de expulsarlo de la sociedad con los trabucos laicistas, pretenden ocupar su puesto.

La semana pasada nos enteramos de cómo Montilla, el Condonado, ampliaba las competencias de la Comisión Nacional de la Energía "a dedo". Por lo visto, el liberticidio ejecutado por el Consejo de Ministros era insuficiente para que la operación politiquera bloqueara la operación empresarial.

Zapateando sobre el Real Decreto Ley, el cordobés no dudó en enterrar la escasa seguridad jurídica que puede proporcionar un Estado, especialmente un Estado dirigido a través de la chulería inconsciente y barriobajera.

La Unión Europea, el garante de la libertad de movimientos de personas, capitales y mercancías, no deja de ser un atrezzo más en la opereta caciquil de cada viernes. Si alguna vez existió un proyecto real para abolir las fronteras entre los Estados europeos, ese proyecto está muerto y enterrado desde hace tiempo. Cuanto queda ahora es un brindis al sol financiado con los impuestos de todos los europeos; una parodia para que sigamos creyendo que somos libres, que Uropa nos cuida de las barbaridades patrias.

Si alguien sigue considerando que vivimos en una economía capitalista y de libre mercado, debería replantearse qué parte del capitalismo sigue vigente cuando el poder político tiene la capacidad para nombrar a los empresarios nacionales y para impedir que se compre y se venda libremente en el interior de nuestro mercado.

Un seguro para crear inseguridad

 

También asistimos la semana pasada a la creación, por parte de la Comisión Europea, de un supuesto seguro contra el desempleo, destinado a todos aquellos trabajadores que perdieran su ocupación como consecuencia de la globalización.

Como ya vimos, nuestro continente sufre de un incesante goteo de empresas que abandonan la Unión de Repúblicas Socialistas Europeas buscando zonas menos intervencionistas. La brillante solución que han pergeñado las privilegiadas mentes de los eurócratas no ha sido otra que incrementar el intervencionismo y el parasitismo laboral.

Aparte de que los políticos llaman "seguro" a un montante de dinero que no sigue los principios actuariales (ya que el fenómeno del desempleo no es asegurable), resulta irónico que pretendan vendernos una mayor seguridad frente a la pobreza, cuando en realidad sus tejemanejes sólo promueven la ruina de la economía y la huida de Europa.

Como si de una pesadilla orwelliana se tratara, bajo el nombre de la seguridad se esconden los bandidos estatistas de toda cepa, cuyo único objetivo es multiplicar nuestra inseguridad.

 

La censura fallera

 

Por último, y para que veamos que el liberticidio no es patrimonio exclusivo ni de la Administración española ni de la burocracia bruselense, sino más bien obra y pecado de la clase política en su conjunto, no puedo dejar de mencionar la bravuconada antiliberal que el Consistorio valenciano ha venido practicando durante los últimos días en relación a las Fallas.

Como sabrán, la fiesta fallera siempre se ha caracterizado por una ácida crítica hacia todas las situaciones sociales. Ni políticos, ni religiones, ni personajillos rosas o amarillos se han librado del sarcasmo hecho cartón. Sin embargo, el Ayuntamiento valenciano, en su cruzada alianzocivilizadora (véase, en una desbocada obsesión por censurar toda opinión que no se adapte a su estrecho paradigma de la corrección y de la moralidad), ha presionado a los artistas y a la Junta Local Fallera para que autocensuren todas aquellas referencias al Islam.

Incluso en medio de este papanatismo dirigista, los concejales del PSOE han mostrado su mejor cara –lo cual parece una especie de prodigio de Alá–, al criticar la pérdida del "sentido de la realidad" de los populares. Quizá más de un Zerolo debería hacérselo mirar.

Conclusión

 

Los políticos siguen vendiéndonos la moto de la Europa de las libertades. Mientras creamos que todos sus dislates son propios de la flexibilidad de la democracia, seguiremos tragando y padeciendo una mayor opresión política.

La Unión Europea es un artificio inútil, un mastodonte que adormece a los empresarios, corrompe a los trabajadores y censura a los elocuentes. Lejos de protegernos de nuestros propios políticos, ha estimulado la reproducción de los liberticidios.

Una sociedad libre no puede reposar sobre estos mimbres; la cesta de canalladas está cada día más repleta. Sólo el capitalismo, la ampliación de nuestra libertad en todos los ámbitos, puede desembarazarnos del cada día más pesado yugo burocrático; sólo en el mercado nuestra libertad no dependerá de la arbitrariedad privilegia de una manada de lobos hambrientos. Mientras tanto, el poder político sigue alimentándose a nuestra costa.

Orwell y Caldera

Lo hace, en teoría, para acabar con lo que llama discriminación y que es el resultado de la libre elección de cada uno. Y para acabar con las diferencias y la diversidad real toma medidas que sí son discriminatorias. Discriminar en nombre de la igualdad es una de esas distorsiones orwellianas tan propias de nuestro socialismo.

Más allá de los grandes números, que pudieran sugerir una realidad discriminatoria hacia las mujeres, lo que hay que observar son las decisiones y los comportamientos reales de las personas sobre su vida. Por ejemplo, el matrimonio y los hijos tienen una impronta sobre la vida laboral de las personas que es opuesta si es mujer u hombre. Mientras que ellos trabajan más horas tras haberse casado o con cada hijo, el caso de las mujeres es exactamente el contrario. Prefieren dedicar una mayor parte de su tiempo a la casa. La experiencia laboral de la mujer tiene más interrupciones que la del hombre, que suelen coincidir con los primeros años de sus hijos. Este Gobierno puede despreciar las decisiones reales de los españoles, e intentar cambiarlas por decreto; pero lógicamente la gente se resiste y tiende a hacer lo que considera más conveniente dentro de sus posibilidades.

Por ejemplo. En previsión de que en algún momento de su vida decidirán abandonar total o parcialmente el mercado de trabajo por un tiempo, las mujeres eligen con mayor frecuencia que los hombres carreras profesionales en las que la pérdida de productividad por haber estado sin trabajar es menor. Suelen evitar los trabajos que requieren una preparación más específica y actualizada, o una dedicación continuada, que quedan prácticamente en manos de hombres. Y entre las mujeres que los eligen no abundan las que están casadas y tienen hijos. Muchos de estos trabajos tienen una remuneración por encima de la media. Por otro lado, Thomas Sowell ha observado que en su país, en 1971 (antes de que comenzaran las políticas de discriminación positiva), las diferencias en remuneración entre hombres y mujeres solteros y sin hijos que habían desarrollado sus carreras sin interrupciones desde al menos los 25 años, prácticamente desaparecían.

Vamos, que lo que el Gobierno considera discriminación no es más que nuestras vidas, como las queremos y las elegimos. Mientras nos deje el Gobierno. Pero esta ley es algo más que otro intento de Rodríguez de hacer de nuestra sociedad lo que a él le pete. Como la ley del tabaco, poner fuera de la ley comportamientos habituales y que son decisiones de cada uno sobre sus propias vidas, le otorga al Gobierno un enorme poder de control social. En el caso de la Ley de Igualdad, para que nada se le escape, cuando se produzca una denuncia el acusado será culpable hasta que no demuestre lo contrario. Otra distorsión orwelliana: convertir a todos en potenciales culpables en nombre de la justicia.

En defensa de la mujer

El texto supone una afrenta porque el establecimiento de medidas de discriminación positiva demuestra que el ministro social y el presidente feminista de este país minusvaloran a la mujer. Además, situará a los cargos femeninos de responsabilidad públicos y privados en una posición de sospecha continua por parte de hombres y mujeres.

El Anteproyecto arrebata la libertad de organización de la empresa privada mediante la imposición de formas igualitaristas de contratación, ordenación del tiempo de trabajo o clasificación que dañan irreparablemente la libertad de acción. Tampoco respeta los derechos de aquellos hombres que dejen de obtener un puesto de trabajo que merecían debido a la ciega distribución laboral de un sistema fundamentado en la cuota. Además, el texto trata de forzar a los medios de comunicación privados a realizar una arbitraria igualación sexual en materias como la venta o la publicidad que resulta tan oscura como inquietante. Por si estas intromisiones en las libertades individuales fueran pocas, nos anuncian el desembarco del estado en la educación en materia de discriminación. En adelante la responsabilidad de los padres en la educación sobre estas cuestiones éticas quedará hipotecada por la incorporación al sistema educativo de la "formación en materia de igualdad".

Pero los socialistas han ido mucho más allá. Ya no sólo es que se prohíba preferir elegir más a hombres que mujeres o más mujeres que hombres para el desempeño de determinados trabajos sino que en caso de que alguien alegue haber sido objeto de una discriminación, la carga de la prueba queda invertida. Es decir, se presume la culpabilidad del acusado hasta que demuestre la falsedad de la acusación. Demostración, dicho sea de paso, imposible donde las haya.

A la economía de este país no la van a hundir desde el ministerio de economía (al menos no mucho más de lo que lo hacía el gobierno anterior) sino, más bien, a base de pesados lastres regulatorios en todos los campos socio-económicos imaginables. En este sentido, y por poner sólo tres ejemplos, la igualación coactiva que planea el gobierno incentivará la reducción de tamaño de muchas empresas porque es a partir de 250 trabajadores cuando más interfieren en las decisiones de los propietarios y gestores, elevará el coste por empleado debido al establecimiento de un desproporcionado y errado "derecho" a la conciliación de la vida personal y laboral y, por último, provocará un terremoto en el mundo actuarial al prohibir la discriminación sexual para el cálculo de primas.

Para colmo de males, la ley no conseguirá igualar a la mujer. Ya no sólo porque sustituirá el reconocimiento social por la suspicacia sino porque en aquellos trabajos en los que actualmente se discrimina a su favor (debido a la mayor productividad relativa de la mujer en ese ámbito) la nueva norma le perjudicará directamente mientras que en aquellos áreas donde (por el motivo opuesto) se discrimina a favor del hombre será pernicioso para la empresa y, de manera indirecta, para la mujer.

El anteproyecto de Ley Orgánica de Igualdad entre Mujeres y Hombres es un insulto a la condición de mujer, una intrusión intolerable en el ámbito de las libertades individuales, un lastre económico, un atentado contra un principio jurídico fundamental y un grave error en la medida que perjudicará notablemente al conjunto de las mujeres. No me cabe duda de que la inmensa mayoría de las mujeres se revelará contra este despropósito humillante en defensa de su género. Recuerden que, en general, los hombres no minusvaloramos su sexo como lo hacen Caldera y Rodríguez.

Licencia para contaminar

Ni siquiera la especial sensibilidad que hay en la región murciana con los desmanes socialistas tras derogar el trasvase (además de otras infraestructuras aprobadas por el gobierno anterior) y ahuyentar a los empresarios solventes a golpe de tránsfuga, ha merecido el detalle de que se guarden las formas en la manera de hacer negocios por estos predios.

La sombra que el tripartit proyecta sobre España, alimentada por un nuevo estatuto que consagra la supremacía de la Generalidad sobre el resto del orden jurídico-político, anuncia un nuevo modelo de desarrollo asimétrico. Yerran quienes suponen que Carod nos quiere reducir a una especie de clientela dócil para los negocios catalanes. Si fuera sólo eso, siempre nos quedaría el derecho de comprar sólo determinados productos o volver a la autarquía y comerciar únicamente en nuestro mercado local, es decir, Europa entera excepto las nacionalidades que se automarginan. No. En la hoja de ruta que el tripartit ha pegado en la frente del Condonado, ese nuevo Castelar cuya capacidad discursiva se pudo apreciar tras el Consejo de Ministros de la semana pasada, cada región española tiene un papel asignado como proveedor cualificado o cliente preferente según este modelo de colonialismo postmoderno a la catalana.

Y mientras tanto, en este caso concreto, el Ministerio de Medio Ambiente no dice esta boca es mía. Se trata de una central altamente contaminante funcionando a todo trapo (produce el 3,5% de la energía eléctrica total del país), emitiendo gases a la atmósfera y lanzando vertidos al mar sin el permiso de la Sra. Narbona, la misma que denunció, poniendo el grito en el cielo, que los agricultores murcianos regaban las lechugas con aguas fecales.

Pero dejemos aquí la denuncia, no sea que Fornesa lance una OPA hostil a la región murciana entera y se quede con el fuero y el huevo. Sería un caso inédito en la historia del derecho público, pero con toda seguridad el Castelar de Córdoba le encontraría un apaño jurídico. ¿El nuevo presidente murciano en este supuesto cada vez menos hipotético? Francesc Vendrell, naturalmente.

Las mentiras no son delitos

La Shoá es la culminación de dos corrientes de pensamiento que, trágicamente, han estado y siguen estando presentes en la mente de millones de europeos. La primera es una descarnada judeofobia, el odio al judío en tanto que judío. La segunda es la fe ciega en el Estado, la creencia de que toda aspiración humana es legítima en tanto se encauce a través de los mecanismos políticos. Para los nacionalsocialistas, el Estado alemán era el único capaz de ofrecer la "solución final" al problema secular europeo, la dominación judía.

El genocidio necesita de un soporte ideológico donde el individuo haya sido privado de sus derechos naturales, donde el Estado haya nacionalizado el ordenamiento jurídico. Si nuestra libertad emana de la Constitución o de las leyes y no las antecede, la Constitución o las leyes pueden derogar nuestra libertad.

La necesidad de evitar la repetición de semejante barbarie condujo a que muchas personas se replantearan su tirria antijudía y señalaran con el dedo a todos aquellos que siguieran blandiendo las opiniones racistas que sirvieron de caldo de cultivo a los nazis.

Se trata de una actitud loable y necesaria. La mentira debe de ser combatida siempre y en todos los campos. Es necesario sacar a la gente de su ignorancia, exorcizar sus supercherías, supersticiones y errores. Como sentenció acertadamente Ludwig von Mises: "Si ellos siguen repitiendo sus mentiras, nosotros tenemos que seguir repitiendo la verdad".

Sin embargo, no debería confundirse la lucha contra la mentira con el uso de la violencia para reprimir al mentiroso. La mentira sólo puede ser erradicada a través de la verdad. La represión sólo oculta las falacias: impide que se exhiban públicamente, pero no acaba con ellas.

En los últimos días hemos conocido la condena a tres años de prisión del supuesto "historiador" británico David Irving, por haber negado el Holocausto. Desde hace varias décadas se ha fraguado todo un movimiento, que incluye a los herederos ideológicos del nazismo y a socialistas tan renombrados como Noam Chomsky, dedicado a reelaborar, refinar y asentar sobre bases nuevas el ancestral odio hacia "lo judío".

La negación del Holocausto tiene como objetivo poner de relieve el victimismo judío sobre un falso genocidio, en virtud del cual se les habría concedido la prebenda del Estado de Israel. El sionismo habría planeado desde un principio la recuperación de la Tierra Prometida mediante la construcción de la Shoá. La construcción de una nueva conspiración tomaba cuerpo.

En consecuencia, Israel debe desaparecer por asentarse en la mentira. Los neonazis patrocinarán nuevos campos de concentración, y la izquierda el terrorismo palestino y los bombardeos iraníes, pero su objetivo es el mismo: alentar la aversión hacia los judíos para legitimar la violencia contra ellos.

Hemos de combatir semejantes mentiras y prejuicios; hemos de denunciar los brotes judeofóbicos cada vez que se produzcan. Pero no debemos justificar la violencia contra la mentira. No podemos permitir que los conceptos se confundan. No debemos conceder un poder sancionador para hacer prevalecer la verdad.

La condena a Irving es un error; no porque tuviera razón –que, obviamente, no la tenía–, sino porque la veracidad o la falsedad de unos hechos no pueden dar paso a la privación de la libertad. El juicio estaba viciado de origen: confundía la necesidad de refutar la mentira con la legitimidad para castigarla.

Y esto es particularmente peligroso por dos motivos. En primer lugar, porque no consigue eliminar la mentira. Como ya hemos dicho, sólo la verdad hace remitir las sombras de la ignorancia. Limitar determinadas expresiones sólo evita que se difundan por esa vía, pero no acaba con el error; es más, hace crecer una suspicacia que puede ser utilizada, de manera victimista, por quienes se ven censurados.

Pero, en segundo lugar, y sobre todo, porque refuerza la segunda de las corriente que hemos mencionado al principio. La Shoá no sólo fue posible por la judeofobia, también por la idea de que era legítimo encauzar el odio a través de la violencia, y particularmente a través de la violencia del Estado.

Considerar que una organización política tiene la obligación de sancionar a quien mienta abre el camino al control estatal del pensamiento. Si insuflamos a la ciudadanía la idea de que la libertad de expresión sólo es válida cuando se utiliza de manera correcta y responsable –cuando no se miente–, entonces estaremos enterrando la posibilidad de discrepar.

Por supuesto, la de Irving no era una discrepancia ingenua; sus mentiras se inscribían en una táctica difamatoria más amplia contra los judíos. Sin embargo, tampoco las intenciones pueden ser juzgadas: aun cuando tengamos la convicción de que Irving no era sincero en sus juicios históricos, de que mentía deliberadamente, no cabe acallarlo. Hay que ridiculizarlo y destapar sus mentiras, pero no confinarlo en prisión.

El Estado no debe subordinar la libertad de expresión a su juicio sobre la verdad ni a su opinión sobre las intenciones últimas de determinadas opiniones. La libertad no debe ser tamizada por controles administrativos. De hecho, sin libertad de expresión (de debate, de discusión y de contraste de opiniones) resulta imposible alcanzar la verdad, pues ésta queda petrificada en la forma arbitrariamente establecida por el Estado; sólo aquello que reciba el certificado público merece ser calificado como cierto.

En momento en que miles de musulmanes claman por censurar a los occidentales (recordemos la pancarta: "La libertad de expresión es el terrorismo occidental"), no podemos depositar en las manos de los políticos la capacidad para juzgar y censurar las opiniones de las personas. La tentación del uso y el abuso –la corrupción inherente al poder que detectara Lord Acton– es demasiado fuerte.

Pero hay que oponerse a cualquier género de censura no sólo porque carezcamos de garantías de que no vaya a ser utilizada en el futuro contra nosotros mismos, sino porque las ideas, en definitiva, no delinquen; lo hacen los individuos que utilizan las ideas para practicar la violencia.

Como decía hace unos días el rabino Daniel Lapin: "Perseguir a la gente que cree y dice cosas ofensivas es peligroso para todos nosotros. Coloca un poder ilimitado en manos del gobierno. Al fin y al cabo, una vez el Gobierno afirma saber qué es la verdad y se atribuye el derecho a castigar en función de las ideas, estoy siendo en la práctica esclavizado".

Las personas como Irving deben ser marginadas y excluidas de las sociedad libres, pero en ningún caso deben ser objeto de encarcelamiento. La mayoría no puede alzarse como juez de la verdad para luego linchar al condenado. La violencia sólo puede utilizarse a modo de defensa; la iniciación de la violencia nunca es legítima.

Irving es un miserable y un mentiroso por sus opiniones, pero no un criminal. Conviene tener clara la diferencia.

La mula es una amenaza para la sociedad

El tráfico en esas redes no ha disminuido, y es que el sistema de esta red permite la conexión a toda una gama de servidores que son los que han recibido, con los brazos abiertos, al más de un millón de usuarios de Razorback y sus 170 millones de ficheros compartidos.

Algunos, de hecho, piensan que con estas llamadas al 092, la industria sólo está facilitando la adopción de mejores tecnologías entre quienes ejercen su legítimo derecho a la copia privada. Legítimo hasta que el Congreso, con la aquiesciencia de los amigos de los titiriteros dentro del PP, diga lo contrario. Las demandas a las redes centralizadas como Napster llevaron a los usuarios a emplear redes con múltiples servidores, como el mismo eDonkey o BitTorrent. Después lograron que los creadores de eDonkey cerraran las puertas, lo que llevó a sus usuarios a emplear el muy superior eMule, que además es software libre. Ahora, con el cierre del principal servidor de la red, es probable que muchos usuarios empiecen a emplear la red Kademlia, un nuevo protocolo de intercambio de ficheros incluido en eMule y que no requiere el uso de servidores.

Por tanto, quizá lo más significativo de la detención del responsable de Razorback y la incautación de sus servidores sea el comunicado de los peliculeros. Además de lo que uno podría esperarse, resulta sorprendente que se indique explícitamente que el detenido no controlaba los ficheros que los usuarios intercambiaban, algo que supongo utilizará su defensa, y que incluían "pornografía infantil, instrucciones para la fabricación de bombas y vídeos de entrenamiento de terroristas". Eso les lleva a concluir que Razorback "no sólo era un enorme índice para los usuarios que intercambian archivos ilegalmente; era una amenaza para la sociedad".

Internet es también, claro, una amenaza para la sociedad. Y es que en la red también se producen intercambios de ese tipo de material, de forma minoritaria, pero se producen, sin que nadie controle ese tráfico de información. Siguiendo la lógica de los peliculeros, habría por tanto que cerrarla, que es lo que sospecho persiguen en el fondo. Pero resulta notable que sean tan conscientes de que sus constantes llamados a proteger los derechos de autor no resultan ya nada eficaces y deban recurrir a estas excusas para que su cuesta abajo en el terreno de las relaciones públicas no aumente de pendiente. Quizá terminen concluyendo que es mejor para ellos emplear las redes P2P en lugar de luchar contra ellas, como ha hecho la industria del porno, que no deja de ser irónico que tengan más respeto por sus clientes que las discográficas.

Más ricos de lo que pensamos

Por ejemplo. Si damos el dato de que el PIB por habitante en Chile se ha doblado en los últimos 12 años en términos reales, podemos hacernos una idea intuitiva de lo que ha pasado en ese tiempo: la renta de los chilenos, medida en dólares, es groso modo del doble. Pero la realidad es mucho más compleja que eso. Porque para acercarnos a la realidad hemos descontado la inflación, el aumento generalizado de los precios. Lo que nos interesa es en realidad qué compran con ese dinero. Pero la inflación solo puede captar, torpemente, el precio de los bienes, no la calidad de los mismos. Cuando los organismos públicos hacen una “cesta de la compra” y crean una categoría para productos informáticos, no distinguen entre un 386 y un Intel de doble núcleo, los dos entran por igual en la misma casilla. En realidad, a medida que pasa el tiempo, la mejora tecnológica nos hace la vida más fácil y cómoda y nos permite hacer más cosas que antes, un progreso que se les escapa necesariamente a los esforzados funcionarios que clasifican los bienes y registran los precios.

No es la única razón por la que los datos macroeconómicos son incapaces de captar en toda su riqueza el progreso económico. Dos economistas, Christian Broda y David Weinstein han hecho un estudio ingenioso, en el que se preguntan precisamente si los datos no estarán dando una impresión errónea de los beneficios de la globalización para los Estados Unidos, su país. Ellos han encontrado que en 1972, los Estados Unidos importaban 7.800 tipos diferentes de bienes, cada uno de ellos importados desde seis países de media. Para 2001 los datos son 16.390 tipos de bienes, más del doble, importados de en torno a doce países de media. Es decir, que la variedad en los bienes que importan, como los que producen, se hace cada vez mayor. En consecuencia los consumidores tienen más opciones entre las que elegir, lo que nos ocurre también a nosotros. Cada año se producen bienes que no tienen precedentes. Nada de ello se recoge en un dato macroeconómico.

La insuficiencia de los datos para abarcar el desarrollo económico tiene todavía otro aspecto, que se ve claramente si observamos a los más pobres del mundo. Hay áreas en las que la renta que generan los pobres apenas ha cambiado en las últimas décadas, lo que sugiere un estancamiento que les deja al margen de la prosperidad generada por la globalización. Pero incluso en estas áreas se está produciendo una mejora en la calidad de vida que el PIB no puede captar. Un artículo de Ronald Bailey refería a un estudio que intentaba captar en lo posible cuál es la convergencia real de pobres y ricos en el mundo. Pero hay otros datos que tienen más que ver con las necesidades básicas, como el consumo de calorías, la esperanza de vida, el analfabetismo o la mortalidad infantil. Todos muestran que, lejos de separarse, ricos y pobres en el mundo convergen en la satisfacción de lo más necesario. En definitiva, no sólo estamos progresando, sino que lo hacemos a un mayor ritmo del que nos pueden decir los datos.

¡Viva el capitalismo!

La lista de espera de quienes no consiguen una de las 350 plazas y aguardan con la esperanza de que alguien cancele su participación se ha vuelto interminable. Parece que cada año hay más defensores del capitalismo dispuestos a festejar los logros de su sistema.

La imagen en todas las botellas de champán de un joven elegante de tez blanca, nariz pronunciada, pelo negro y mirada profunda indicaba que esta edición estaba dedicada al gran economista francés del siglo XIX, Frederic Bastiat. Bastiat supo expresar mejor que nadie la naturaleza contrafactual de la ciencia económica recogida magistralmente en su ensayo "Lo que se ve y lo que no se ve". Los liberales suelen dedicar enormes esfuerzos a demostrar que los aparentes logros del intervencionismo esconden e implican la imposible realización de mayores logros a través de la libertad. Sin embargo, son muy pocos los esfuerzos que dedicamos a explicar los maravillosos logros que cada día se consiguen gracias al sistema capitalista y que la inmensa mayoría de la gente toma por descontados sin preocuparse por entender cuál es el marco institucional que los permite. Para defender el capitalismo en ese plano positivo en vez de hacerlo criticando los sistemas liberticidas alternativos intervino Johan Norberg, el flamante nuevo miembro del CNE. El joven historiador sueco narró con pasión algunos de los maravillosos logros de los seres humanos gracias a su participación en el capitalismo global.

Durante unos minutos Norberg logró que los asistentes vibraran y se quitaran el sombrero ante lo que el sistema económico de la libertad ha permitido y sigue posibilitando día tras día. La simple idea de una cena con más de 300 invitados, banda de swing y elegantes trajes y vestidos es inimaginable sin su existencia. De hecho, sin el capitalismo sería impensable que la inmensa mayoría de los asistentes estuviese con vida. Y es que si la esperanza de vida estaba situada hace dos siglos en 25 años, hoy, gracias al capitalismo, ronda ya los 80 en los países en los que este sistema sobrevive entre ataques socialistas y conservadores. Y qué decir de la calidad de esa vida más larga, de la posibilidad de volar de un extremo al otro del planeta, de la maravilla que representa poder hablar con personas que se encuentran a cientos o miles de kilómetros de distancia, del milagro de poder transmitir y compartir todo tipo de información a través de Internet, de la posibilidad de sustituir un órgano enfermo por uno sano, del continuo descubrimiento de nuevos medicamentos, del disfrute de cada vez más tiempo de ocio, de la creación de máquinas que realizan los trabajos más ingratos para la consecución de los más elevados fines, o de la producción de grandes cantidades de energía artificial que permite al hombre dedicar su escaso tiempo al uso de su inteligencia para combinar la materia y esa energía en más y mejores bienes para la satisfacción de las necesidades más valoradas. Nada de eso sería posible sin el capitalismo y qué menos que dedicar un día a brindar por su larga existencia.

El Capitalist Ball es además una ocasión para olvidarnos de los políticos, del intervencionismo, del socialismo, del conservadurismo, de los derrotistas, de los pesimistas, de los aguafiestas y hasta de los liberales acomplejados. El día del capitalismo es la celebración del invento humano fundamentado en las leyes naturales de cooperación social que reporta frutos de incalculable valor a las sociedades de seres humanos que participan de la globalización de la libertad. Tratemos de convertir cada día del año en el día del capitalismo y mostrar al mundo las maravillas que posibilita el sistema económico y político de hombres libres. Por un mundo libre y próspero, ¡viva el capitalismo!