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Dejemos que mueran los zombies

Artículo publicado originalmente por CapX.

Recarga de automóvil eléctrico en Londres

No llores por Britishvolt, porque ya está muerta. Aunque la start-up de baterías se ha asegurado un goteo de nueva financiación para las próximas cinco semanas de operaciones, no puede competir con las gigafábricas establecidas de rivales industriales muy adelantados en el desarrollo de esta industria global, sobre todo los rivales de China, que suministran baterías para la exportación de vehículos eléctricos (VE) más conocidos de Gran Bretaña, el Nissan Leaf japonés. La predicción de Boris Johnson este año de que Britishvolt estaría “a la cabeza de una revolución industrial verde mundial” no se cumplirá. Es el camino de los anteriores sueños de “crecimiento verde”, desde la energía solar hasta la captura y el almacenamiento de carbono, pasando por la energía mareomotriz y los biocombustibles.

El sector se quejará, como era de esperar, de que el Gobierno “no está haciendo lo suficiente” para asegurar su futuro, y se encontrarán con “soluciones” intervencionistas que implican la transferencia de grandes sumas de dinero de la economía real a estas fantasías zombis para que sigan dando tumbos antes de su previsible desaparición.

El problema no es la industria del automóvil. Los fabricantes británicos producen algo menos de 1 millón de los 60-70 millones de coches que se fabrican anualmente en todo el mundo, y 1,6 millones de motores convencionales, la mayoría de los cuales se exportan. Aportan unos 14.000 millones de libras de valor a la economía cada año, dan empleo a casi 180.000 personas y son responsables de alrededor del 10% de las exportaciones del Reino Unido. Cada año se invierten unos 3.000 millones de libras en I+D, y la transición de los combustibles fósiles a cadenas de suministro alternativas de menor impacto está muy avanzada.

El problema radica en los políticos, que creen que pueden ordenar a la industria que cambie más rápido, para alcanzar sus objetivos de un futuro Net Zero en la fecha arbitraria de 2050. Suponen que el éxito actual puede convertirse fácilmente en la industria del futuro. Para ello, la UE está multando a las empresas cuyas emisiones medias del parque automovilístico superan los 95 g de CO2/km. El Reino Unido prohíbe la venta de nuevos coches y furgonetas de gasolina y diésel a partir de 2030, y de híbridos a partir de 2035.

Estos “planes y prohibiciones” ceden poco ante la realidad del ritmo de los cambios tecnológicos o la demanda del mercado (aunque, con ecos del escándalo de las trampas de los diésel, la UE permite el doble cómputo de la contribución de los vehículos más eficientes de los fabricantes alemanes). Tampoco tienen en cuenta la complejidad de la adaptación de las cadenas de suministro ni los límites de capacidad de los componentes. Los precios del cobalto, por ejemplo, se han duplicado en la última década y son muy volátiles. El níquel y el litio se han triplicado con creces. La escasez mundial de semiconductores (componentes de los microchips) hizo que los precios de los coches de segunda mano se dispararan brevemente un 30%, dado que había pocos coches nuevos disponibles.

Por el lado de la demanda, el Reino Unido está desplazando las subvenciones de los propios vehículos eléctricos a la red de recarga, cuyo despliegue va por detrás de las ventas de nuevos vehículos. Esto no ayudará a la industria nacional, porque los vehículos importados se benefician igualmente. Sólo subvenciona a los primeros usuarios de vehículos eléctricos, generalmente más acomodados, a expensas de todos los demás. El hombre de la furgoneta blanca de gasóleo está pagando a la familia metropolitana de vehículos eléctricos por llevar su Tesla de vuelta al aeropuerto después de unas bonitas vacaciones de esquí. Dos veces, una a través del impuesto sobre el combustible, y otra a través del gasto de ese impuesto en cargadores más convenientes, en lugar de mejorar la red de carreteras.

La alternativa del libre mercado es dejar que la oferta se adapte a la demanda al ritmo imprevisible de la innovación, en lugar de intentar forzar la demanda y la invención dirigiendo la oferta. Hay que dejar que la red de cargadores surja, pagada por los primeros en adoptarla y por las empresas que deseen atraer a los clientes de vehículos eléctricos. Tal y como está planteada, la prohibición en el Reino Unido probablemente provocará una escasez de vehículos nuevos asequibles en la fecha prevista y un exceso de vehículos más antiguos y contaminantes en la carretera durante más tiempo. Sin la prohibición, el rendimiento medioambiental de las tecnologías heredadas seguirá mejorando, lo que significa una transición más suave y menos impactante.

El otro daño es lo que no se ve, el desvío de capital de inversión de las industrias seleccionadas a jurisdicciones más amigables. Esta es la “paradoja del crecimiento verde”. Las normas diseñadas para fomentar la obtención de resultados medioambientales no proporcionan un liderazgo mundial en las industrias de exportación medioambiental, sino que crean mercados para las importaciones. Contribuyen a un entorno operativo más caro a través de precios del carbono más altos, explícitos o implícitos, mientras que no cambian nada sobre las desventajas comparativas para la fabricación en el Reino Unido, es decir, nuestros impuestos más altos, la tierra, la energía y los costes laborales. Todos los aspectos que el nuevo Gobierno parece dispuesto a empeorar en la Declaración de Otoño de esta semana.

No hay más que ver los primeros subsidios británicos y de la UE a la energía solar, que han sido una bendición para la industria china, pero han hecho poco por los rivales nacionales que simplemente no pueden competir. El refuerzo de la Gigafactoría no es más que una repetición del mismo error. Si el Reino Unido tiene un futuro de exportación en estas tecnologías, es probable que sea la financiación y los servicios, o la fabricación de nichos de alto valor de componentes para aplicaciones especializadas. Los empresarios que buscan rentas se quejarán de que sus rivales se benefician de las ayudas estatales. Eso es duro, pero no es razón para hacer lo mismo. Si el gobierno chino desea subvencionar la transición de los vehículos eléctricos en Gran Bretaña, eso es una ventaja para nosotros y una desventaja para el desarrollo chino en general. Tales ventajas no pueden mantenerse, y la industria china ya se enfrenta a la competencia de otras partes de Asia y África.

En resumen, el Reino Unido debería dejar morir a los zombis, dejar de obsesionarse con “liderar el mundo” en industrias en las que no tiene ninguna esperanza de establecer una ventaja comparativa, y dejar que la industria se pruebe a sí misma. Deberíamos celebrar las pruebas genuinas del éxito de las exportaciones, como en el caso de nuestro pasado con el motor de combustión interna, en lugar de las fantasías futuras más arraigadas en la urgencia ideológica que en la realidad industrial.

Andy Mayer, @mayerandrew

Los retos que plantea bitcoin a la defensa: ¿software o softwar?

Este texto se corresponde con la ponencia pronunciada el 15/11/2022 en la Cátedra Extraordinaria de Derecho Militar de la Universidad Complutense de Madrid junto al Ministerio de Defensa: “Los retos que plantea Bitcoin para la Defensa: incensurabilidad en las transacciones, interés estratégico, relevancia geopolítica. ¿software o softwar?”

Imaginemos un General de Caballería medieval sentado en su despacho el cual es interrumpido por un joven que ha viajado a Asia, donde quedó impresionado por el empleo de un polvo negro. El joven considera que aquello que tiene que transmitirle al General es de vital importancia no solo para el ámbito militar, sino para toda la sociedad en su conjunto. El General, tras décadas de hacer la guerra, dirigir a sus hombres, y lidiar con todo tipo de adversidades, al ver a aquel joven tan preocupado y entusiasmado con un polvo negro seguramente se echaría a reír, lo menospreciaría y pensaría que el joven está bajo los efectos de alguna droga. Pero lo que vio en Asia era el empleo de la pólvora, que no era más que un polvo negruzco, pero que terminó por transformar la forma en la que se hacía la guerra, se organizaban los ejércitos y las ciudades. Las murallas que defendían las ciudades durante siglos serían derribadas en poco tiempo. Las órdenes de caballeros que gozaban de inmenso poder serían barridas por el uso de infantería con mosquetes y arcabuces. El honor en la guerra se acabó.

La pólvora provocó en gran medida el paso a la Era Industrial, al cambiar la forma de proporcionar seguridad a las industrias emergentes, de forma centralizada y por eficacia. Ahora nos encontramos en el fin de la Era Industrial y en la transición a la Era de la Información. En el Ciberespacio, un nuevo dominio como la tierra, el mar, el aire y el espacio exterior, el Estado no tiene soberanía. En él es un agente más, no el Señor que impone su criterio. Es un dominio crucial para la nueva estrategia militar de guerra multidominio, sin control del Ciberespacio nos quedamos ciegos en todos los demás ámbitos.

Los primeros conquistadores del Ciberespacio fueron los Cypherpunks, un grupo de criptólogos, matemáticos, informáticos y especialistas en diversas áreas. Uno de ellos, John Perry Barlow, escribió la Declaración de Independencia del Ciberespacio en 1996:

“Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido en el pasado que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos. […] El Ciberespacio está formado por transacciones, relaciones, y pensamiento en sí mismo, que se extiende como una quieta ola en la telaraña de nuestras comunicaciones. Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna parte.”

La OTAN tardó 14 años desde la Declaración en constituir una estrategia de ciberdefensa con la División de Desafíos Emergentes de Seguridad. En España hasta 2013 no se desarrolló el Mando Conjunto de Ciberdefensa, que desde 2020 se conoce como el Mando Conjunto del Ciberespacio.

Los Cypherpunks querían recuperar la privacidad en el ámbito digital, en el cual era problemático pues entendían la privacidad como revelarse selectivamente, y en Internet al haber normalmente un proveedor del servicio siempre hay un tercero observando mínimo: el proveedor del servicio. Si en una habitación hablamos en privado, nadie más tiene por qué conocer este mensaje si no lo revelamos selectivamente. Si pagamos en una tienda con efectivo, el tendero no tiene por qué saber nuestra identidad, ni el emisor del efectivo saber qué hemos comprado, a quién ni cuándo. Sin embargo, si enviamos un correo o un mensaje a través de un servicio de comunicaciones digital, o pagamos con nuestra tarjeta de débito, suprimimos nuestra capacidad de revelarnos selectivamente, acabamos con la privacidad.

También ellos fueron los primeros en percatarse de ello, y por eso se pusieron a trabajar en conseguir tanto mensajes cifrados como efectivo electrónico, algo distinto al dinero digital. Para lo primero emplearon un remailer anónimo, conocido como La Lista de Correos Cypherpunk. El primer correo enviado a la Lista fue una ponencia de Chuck Hammill en la Conferencia del Futuro de la Libertad de 1987, De las Ballestas a la Criptografía:

“La tecnología representa una de las vías disponibles más prometedoras para recuperar nuestras libertades de aquellos que las han robado. Por su propia naturaleza, favorece a los brillantes (aquellos que pueden ponerla en práctica) frente a los aburridos y con poco interés (aquellos que no pueden). Favorece a los que se adaptan (que son rápidos para ver lo nuevo) frente a los perezosos (que se aferran a los métodos probados por el tiempo)

Y… ¿Qué dos palabras pueden describir mejor la burocracia gubernamental que aburrida y lenta?

[…]

Uno de los triunfos más claros y clásicos de la tecnología sobre la tiranía, es la invención de la ballesta portátil. Con ella, un campesino no entrenado podía atacar un objetivo a cincuenta metros, de forma totalmente fiable y letal incluso si ese objetivo fuera un caballero montado con su cota de malla. […] Además, dado que los únicos caballeros montados a caballo que visitarían al campesino medio serían los soldados del gobierno y los recaudadores de impuestos, la utilidad del dispositivo era clara: Con él, la plebe podía defenderse a sí misma de tanto de otros atacantes como de sus amos gubernamentales. […] Si observamos la evolución posterior, vemos cómo la tecnología, por ejemplo como el arma de fuego, en particular el rifle de repetición y el revólver, seguidos más tarde por la ametralladora Gatling y otras armas de fuego sofisticadas, alteró radicalmente el equilibrio del poder interpersonal e intergrupal. No sin razón el Colt  del 45 fue llamado «el igualador».”

Los Cypherpunks vieron muy rápido cómo la criptografía fuerte era una herramienta que permitía cambiar la lógica de la violencia, el coste de defendernos y atacar, y los rendimientos o retornos de emplear la violencia.

No obstante, no todos se consideraban “criptoanarquistas”, ni “punks”. En 1993, Perry E. Metzger dejaba clara su aversión al empleo del nombre porque a su juicio provocaba las connotaciones equivocadas, dando a entender que son criminales y no gente preocupada por la privacidad como herramienta para preservar mejor la libertad personal. Contó con el apoyo de Nick Szabo: “Estoy de acuerdo con Perry en que “cypherpunks” es una mala etiqueta cuando este tipo de cuestiones se plantean en público, y también añadiría “cripto-anarquía”. Nuestro principal “tema de conversación” es la privacidad, y otras cosas menos populares es mejor mantenerlas en privado”. En 2008 Perry creó la Lista de Correo de Criptografía. En junio de ese mismo año, Nick Szabo publicaba en su blog su artículo Estado vs. Anarquía, la falsa dicotomía, en la que incidía en su crítica: “Aquellos de nosotros que nos gustaría reducir en gran medida los poderes brutales y derrochadores de los gobiernos modernos nos hacemos un gran perjuicio al adoptar el término estatista “anarquista”. La anarquía es el coco de los estatistas. Un libertario que se hace llamar “anarquista” es como un agnóstico o un ateo que se hace llamar “satanista”. No busque opuestos imaginarios, sino alternativas reales”.

Una vez conseguidas formas de comunicarse de manera privada, se hacía necesario conseguir formas de transaccionar de manera privada: el efectivo electrónico.

Varios fueron los intentos: eCash, b-money, BitGold; finalmente, y tras décadas de trabajo por su parte, el 31 de octubre de 2008 Satoshi Nakamoto dejó en la Lista de Correo de Criptografía el Whitepaper de Bitcoin: “He estado trabajando en un nuevo sistema de efectivo electrónico que es totalmente peer-to-peer, sin un tercero de confianza. Las principales propiedades: se evita el doble gasto con una red peer-to-peer. Sin terceras partes de confianza. Los participantes pueden ser anónimos.”

Con Bitcoin no se consigue solo efectivo electrónico, sino que, al conseguir una forma de transaccionar y atesorar valor en el Ciberespacio sin el tercero de confianza, se crea el primer y único activo real digital, hasta el momento, y se redefine el derecho de propiedad, haciéndolo absoluto al depender del conocimiento de las claves privadas.  Bitcoin resuelve los problemas históricos del doble gasto y del tercero de confianza (problema de los generales Bizantinos), y con ello se consigue el primer activo digital incensurable y el primer activo inconfiscable.

Un cambio de tal magnitud necesariamente provocará cambios en la Defensa y en la forma de organizarnos socialmente, al igual que lo hizo la pólvora en su momento. El uso armamentístico de la pólvora tardó siglos en desarrollarse, y las primeras armas eran pájaros con una bolsa de pólvora atada al cuello que se lanzaban como proyectiles a las estructuras de madera de los enemigos para incendiarlas. Seguramente, a día de hoy no sepamos exactamente el impacto que tendrá Bitcoin en la Defensa, la geopolítica y su relevancia estratégica. Sin embargo, al igual que aquel joven que iba a visitar al General, me veo obligado a llamar la atención sobre Bitcoin para que reflexionemos sobre los cambios que puede producir la incensurabilidad e inconfiscabilidad de un activo diseñado para preservar valor en periodos largos de tiempo, y analicemos sus posibles implicaciones en todos los ámbitos.

De forma similar a especular desde la propia Edad Media sobre los cambios que produciría la pólvora, considero que debemos especular sobre los cambios que producirá Bitcoin para prepararnos mejor para ellos. Sin tratar de hacer un numerus clausus, pensemos en las posibilidades de financiar el terrorismo, en la facilidad para realizar sobornos privados a funcionarios, la venta de secretos de Estado, inducir a falta de diligencia debida, extorsiones que pidan rescates en Bitcoin, la posibilidad de comerciar de países con embargos como Corea del Norte, Irán o Cuba; las ventajas que proporciona a los ciudadanos para salirse del sistema, para tener mayor poder de negociación con el Estado y tener riqueza fuera de sus manos; su posible revalorización dará mucho más poder a aquellos Estados que lo atesoren frente a aquellos que lo persigan y “prohíban”.

Con la pólvora la moralina sobre la pérdida del honor en la guerra y los argumentos de que afectaba al poder constituido y a la jerarquía social fueron rápidamente desplazados por su éxito. Aquellos que atrajeron a los especialistas en su uso, a los diseñadores de armas, a los comerciantes, prosperaron; los que la persiguieron y prohibieron perdieron su hegemonía. Con Bitcoin veremos lo mismo. Por ello lo más inteligente es promover el desarrollo de la industria, atraer inversiones, aprender a utilizar las herramientas que posibilita, los desarrolladores, las empresas de minería, en definitiva, ser un país Bitcoin-friendly. Con todo ello, además, vendrán especialistas en ciberseguridad, lo cual es una prioridad nacional.

En Estados Unidos, la Space Force tiene entre sus filas a un investigador que está realizando su tesis en el MIT sobre las implicaciones para la Defensa de Bitcoin, Jason Lowery:

“Pero, ¿qué pasa con las cosas que la sociedad puede cambiar? ¿Tiene la sociedad la sabiduría para reconocer la diferencia entre las cosas que pueden y no pueden cambiar? Suponiendo que tengan esa sabiduría, ¿podemos esperar que la sociedad reúna el coraje para hacer el cambio? Soy optimista sobre esto; creo que podemos. Este optimismo es la razón por la que dediqué mi tiempo a desarrollar una teoría fundamentada sobre Bitcoin. Creo que comprender la importancia sociotécnica de los activos digitales de prueba de trabajo y la importancia estratégica nacional de Bitcoin es fundamental para desarrollar la sabiduría que necesitamos para ver la diferencia entre lo que podemos y no podemos cambiar, y reunir el coraje que necesitamos para cambiarlo.

[…] Hay importantes implicaciones de seguridad estratégica nacional de Bitcoin, el protocolo de defensa de activos digitales de prueba de trabajo más adoptado del mundo. Las superpotencias cinéticas de hoy deberían tomar Bitcoin extremadamente en serio y reunir toda su capacidad para producir una política estratégica responsable que realmente entienda esta tecnología por lo que es, y posicione a su nación para prosperar en esta nueva era de competencia de poder estratégico. Como todos los ejemplos de cuándo surgió la nueva tecnología de proyección de poder en la historia, el futuro de la guerra digital dependerá en gran medida del camino; las primeras naciones en adoptarlo serán recompensadas asimétricamente, y probablemente no habrá segundas oportunidades”. Jason Lowery, Preservación Mutua Asegurada)

Nuestras sociedades se deben preparar para estar mejor posicionadas ante las ventajas y riesgos y realizar una adecuada estrategia nacional. La OTAN tardó 14 años en prestarle atención al Ciberespacio, justo los años que acaba de cumplir Bitcoin. Trabajemos juntos por un futuro mejor para nuestras sociedades, con las nuevas tecnologías que se nos presentan.

Los pesimistas de nuestro tiempo

Hace unos días asistí a una conferencia en una prestigiosa institución académica de Madrid que destaca, entre otras cosas, por la pluralidad de los temas que se tratan en sus distintas aulas, debates y publicaciones, es decir, que se caracteriza por ser un abanico de posibilidades, tanto por los portavoces que discurren a su estrado como las ideas que ahí se vierten, aunque a veces rocen el imaginario de lo utópico, esto es, radicalidad y exceso en términos de propuesta.

En concreto y para no faltar a la verdad, cabe decir que en aquel conversatorio daba la impresión de estar frente a una ponencia acerca de las alegóricas nostálgicas del leninismo, pero trasladado y adaptado al siglo que aquí nos tiene. Lo cierto es que muchas cosas no han cambiado desde entonces; todavía hay adeptos a aquellas ideologías que la humanidad bien conoce y que defienden nuevas definiciones de cuestiones que hoy no caben en una sociedad no poco distinta, pero valorable en cuanto a la experiencia vivida. Es más, resulta hoy más incomprensible la radicalidad de las adaptaciones y es más condenable aún, precisamente, por el hecho de que no es una verdad menor que el ser humano, como individuo y como animal social, ha cambiado poco. Pero en su agrupación y concepción como sociedad libre, ésta ha evolucionado hacia nuevos paradigmas a los que enfrentarse con contundencia y seriedad. Eso es, por lo menos, lo que uno espera, más aún en un momento y contexto como el que hoy nos toca vivir.

En aquel acto se profirieron ideas o conceptos como ‘ecofeminismo’, ‘democracia asamblearia’ o ‘poderes mediáticos’. Cabe decir que no fue una sorpresa las corrientes políticas que allí se denotaron –tanto por la temática como por los ponentes–, sino la espontaneidad y seguridad con la que se defendían cuestiones que hoy parecerían difíciles de encajar en el imaginario colectivo, aunque se las intente trasladar al día a día de ciudadanos que tienen otras ocupaciones y que poco les importa la política y los políticos. No obstante, frente a ello, se puede caer en el error si nos detenemos solo a discutir que aquellas ideas o propuestas son solo metáforas de corto calibre, cuando la izquierda más radical ha entendido que la batalla política es, por encima de todo, cultural y que se debe librar en los medios de comunicación y en las aulas, con el objetivo de articular ‘normalidades’, tal y como hoy ocurre.

Libertad, se decía al referirse a la forma de democracia que ellos defendían, es poder elegir en el día a día, reduciendo la significancia de tal idea a un simple valor de sufragio repetitivo. En oposición, cabe decir que el individuo hoy sí concibe la libertad, con una consistencia y consciencia aún mayor, pero no bajo el sentido de la vinculación directa y permanente con el poder público. Al contrario, prima en el ‘hombre moderno’ otro sentimiento hacia tan importante principio. Precisamente, Benjamín Constant se refirió al ‘hombre moderno’ y su acepción a la libertad, cuando sostuvo, en el Ateneo de París en 1819, que “la finalidad de los modernos es la seguridad de los goces privados; y ellos llamaban libertad a las garantías acordadas a esos goces por las instituciones”.

Encaminados, en consecuencia, en la lógica de atracción de las nuevas identidades que abraza, llamémosle socialismo o comunismo de nuestro tiempo, el discurso de los conferenciantes no dejo de lado la estela que precede a nuestro tiempo y la imposición de mensajes sobre la base de la adaptación que los adeptos a esas ideologías ponderan empecinadamente. Por ello, se rubricaron frases como que el capitalismo está viviendo una etapa fatídica y que la idea del libre mercado está llegando a su fin porque, sencilla y llanamente, es la realidad de los hechos la que nos lo testifica.

Lo cierto es que, más allá del debate sobre la supervivencia de la democracia o de la crisis del liberalismo en nuestro tiempo, cuyo análisis trae consigo más elementos para reafirmar lo contrario, al menos en las sociedades occidentales donde la dignidad humana y la libertad del individuo sí tienen precedentes sólidos desde el arraigo a las ideas vinculantes a la ley y la igualdad, y el valor de la persona como individuo libre en relación constante con el otro, cabe decir, que los defensores de aquellas ideas, bien podamos llamar ‘liberticidas’, deben ser vistos como los pesimistas de nuestro tiempo, dado que el ser humano, más aún en un entorno democrático y a pesar de las grandes dificultades que todavía arrastramos en términos sociales, políticos y económicos, nunca antes había experimentado tal nivel de desarrollo, crecimiento y bienestar. Descifrando aquello, Johan Norberg señala en Progreso que vivimos en el mejor momento de nuestra historia y, sin embargo, se ha extendido la creencia generalizada de que el mundo va exageradamente peor.

No extraña, por tanto, la usurpación de los mensajes y su proliferación en beneficio del interés particular de los colectivistas. La democracia asamblearia, amparada por justificaciones como la participación ciudadana, no es una idea nueva ni nueva es su intención de promocionarla frente al carácter innatamente representativo de la democracia moderna. Porque, cierto es, que la participación del ciudadano es necesaria, pero no debe ser ésta la que remplace el sistema en que políticamente vivimos porque estaríamos cayendo en un error incompatible con la democracia tal y como hoy la conocemos y la concebimos. Esa particular idea resulta, por tanto, antidemocrática y antiliberal, y es una expresión antagónica a las bases democráticas sobre las que sostiene nuestro sistema, aunque, invocando a la libertad y a la democracia se quiera manifestar y convencer de lo contrario.

En medio de la turbiedad de la colectividad, el individuo siempre perderá su condición de tal, sujeto de derechos y obligaciones ante la ley, cuando éste se doblega en la masa enervada que todo lo abarca y cuando se somete, ineludiblemente, a una élite autoritaria. La persona nunca ha pensado en forma colectiva porque es imposible hacerlo, el grupo siempre será manipulable ‘a lo grande’, por ello, la democracia asamblearia en enfrentamiento con la representación política presentará muchos vicios. El hombre moderno (Constant), como se dijo, tiene otras ocupaciones y preocupaciones vinculadas al mundo volátil, de cambios y presiones que nos toca vivir, pero siempre rescatará ese valor que lo dispone en su día a día: la libertad.

Nunca se ha reivindicado tanto la democracia por quienes la repudian. No hay democracia sin ciudadanos libres y conscientes de su condición y del entorno en el que viven. Son muchos los interesados en confundirnos para convertirnos en seres más fácilmente manejables, especialmente aquellos pesimistas que en nombre de la democracia pretenden destruirla.

El negacionismo escéptico

Los liberales consideran fácil rebatir racionalmente el catastrofismo ecologista propio de los popes del cambio climático; otra cosa es que el auditorio -con sus prejuicios, propios de todo ser humano – quiera o pueda asimilar el mensaje: El Estado, allá donde ha tenido más poder, ha demostrado sus miserias (los desastres de Chernóbil o el mar de Aral, son sólo algunos ejemplos). Y es que, como sabemos, los sesgos de políticos y burócratas, en lo que a información e incentivos se refiere, se magnifican cuando ostentan todo -o la mayor parte- del poder; mientras, en los sistemas en los que las decisiones se toman a través del mercado -del libre intercambio de los conocimientos y las necesidades de millones de personas distintas, con derechos de propiedad cada vez mejor definidos-, se produce una mayor coordinación social, más flexibilidad y una sana competencia que ayuda a que se descubran y apliquen cada vez mejores soluciones, huyendo -a la larga- de respuestas simplistas y siendo más fácil que se tengan en consideración los miles de variables que afectan y condicionan la realidad en la que vivimos, como si los sesgos de unos y de otros -que, repetimos, todos tenemos- se compensasen y anulasen entre sí.

Quizás, por ello, para rebatir esta nueva religión, seguros de la fácil victoria, se utilizan muchas veces a “expertos” que parten de las premisas del adversario (“el cambio climático ocasionado por el hombre es un problema que de alguna forma hay que atajar”), como el activista Shellenberger, el Premio Nobel Nordhaus o el ecologista escéptico Lomborg, quienes, de una u otra forma, reconocen que “el cambio climático es un problema real”, aunque exagerado (Lomborg),  que hay que integrar en el análisis macroeconómico a largo plazo (Nordhaus), y que puede solucionarse a través de la tecnología (Schellenberger), siendo mucho menores, por ejemplo, los efectos negativos de los combustibles fósiles comparados con los beneficios socioeconómicos que reportan (Alex Epstein).

En mi opinión, en esta batalla no se le pueda dar ni media concesión al adversario, aunque exija mayor esfuerzo y análisis. Y es que, creo, aceptar como principio del debate -aunque sea a efectos dialécticos- la supuesta existencia del “cambio climático” (que cacarean, sin prueba científica contrastada, cientos de potentados desde su avión privado “CO₂ free”) es un gravísimo error, ya que el supuesto cambio es sólo el banderín de enganche, la excusa a través de la cual pretenden infectarnos de un virus mucho más letal: un neomaltusianismo ramplón y terrible que justifica una “revolución permanente” more comunista (“siempre se puede hacer más por el planeta”), en la que cada individuo se convierte en un lobo para el resto, que lleva a un paulatino empobrecimiento general, no muy igualitario (se destinarán más recursos de los necesarios: el mercado es mejor que el Estado, pero no infalible), que justifica cualquier medida política -con nuestros impuestos- o social tendente a reducir la población y evitar la natalidad (eutanasia, aborto, anticoncepción, matrimonios poco prolíficos o incluso “childfree”), y que llevará -está llevando- a muchos -de buena y mala fe- a acudir a los de siempre, como nuevos sacerdotes sumos, bajo cuya experta dirección someternos voluntariamente no ya Dios -ni siquiera al hombre-, sino a esa supuestamente nueva -aunque sea antigua- deidad, poliforma y difusa, que unos llaman Gaia, otros madre-tierra, algunos pachamama… en cuyo altar debemos hacer, sin descanso, sacrificios cruentos, como se hacían en otras épocas históricas a las que los ecologistas radicales parecen querernos devolver.

Ya está bien de que partamos siempre de la presunción de que somos semidioses con poderes infinitos… y que esa idea sirva para manipularnos y atentar contra el orden natural de la creación (es el hombre quien debe dominar la creación, no al revés) y contra nosotros mismos (van a venir estos popes, con piel de cordero, a sojuzgarnos para protegernos de nosotros mismos, ¡venga, hombre!).

Son infinitas las incógnitas de base: desde un punto estrictamente material, nuestro planeta, y más el hombre, es mucho menos que una pulga en medio del universo: la más mínima circunstancia en el sol puede, por ejemplo, afectarnos mucho más que todas las emisiones provocadas por el hombre durante siglos; la climatología es una ciencia nueva, todavía en pañales, y con datos preciosos sólo del pasado más “ultra-reciente”; el clima ha variado muchísimo a lo largo de los siglos sin necesidad de nuestras emisiones de carbono; el CO₂ que contiene nuestra atmósfera procede, en su mayor parte, al parecer, de las emisiones volcánicas masivas de hace millones de años, a cuyo lado nuestros coches, fábricas y calefacciones -incluso si añadimos el mortífero excremento de las vacas- son cagaditas microscópicas de mosca. La temperatura media anual de la España peninsular hace sesenta años fue, al parecer, idéntica a la de 2021, idéntica (según el IEMET) a pesar del crecimiento de la población y del mayor uso de energía por habitante… Y aun así cedemos en los puntos de partida del debate, aunque no estén contrastados, y aunque con ello un sesgo tenebroso y criminal infecte la cosmovisión desde la que la mayoría percibe la realidad. ¡A mí que me lo expliquen!

El premio Nobel a Ben Bernanke es otro galardón a Milton Friedman

Este 10 de octubre la Academia Sueca otorgó el premio Nóbel de economía 2022 a Ben S. Bernanke, Douglas W. Diamond y Philip H. Dybvig. En este artículo queremos hacer una evaluación de las contribuciones de Bernanke a la teoría de las crisis financieras y a su gestión para atender la crisis subprime de 2008.

Lo cierto es que Bernanke se ha declarado en más de una oportunidad como un alumno de Milton Friedman y Anna Schwartz en lo que refiere a su estudio de la gran depresión. En su libro Historia monetaria de los Estados Unidos, ambos autores explicaron que el error de la Reserva Federal estuvo en no evitar la contracción secundaria de dinero del período 1929-1933 provocó la pérdida de más de 10.000 bancos, la pérdida de actividad económica y la generación de un alto desempleo.

En términos técnicos, o de la teoría cuantitativa del dinero (MV= Py), se trata de una contracción en el ingreso nominal MV, o más precisamente la caída en la Velocidad de circulación del dinero (V), lo que se corresponde con un aumento de la demanda de dinero (Md). En términos más coloquiales, una vez que inicia la crisis, las personas tienen incertidumbre y temores que los lleva a incrementar su demanda de dinero, su atesoramiento, a partir del cual reducen sus gastos e inversiones.

Friedman y Schwartz recomendaban entonces que, en este caso particular, la autoridad monetaria debía incrementar la masa monetaria (M) en la misma proporción que bajaba V, para así evitar la deflación de precios, y con ello la caída de actividad y empleo. La medida, para este caso particular, tuvo un consenso amplio en la Academia. Y fue Bernanke, en representación de la Fed, quien afirmó en 2002 que de ocurrir un escenario similar, la autoridad monetaria no cometería el mismo error.

En 2008, cuando Bernanke ya estaba al frente de la Fed, tomó aquellas lecciones de Friedman y Schwartz y aplicó una política de fuerte liquidez para contrarrestar el incremento en la demanda de dinero, consiguiendo así reducir el desequilibrio monetario que de otro modo hubiera repetido el temido escenario de los años 1930.

Para una parte de la literatura que evaluó la crisis de 2008, Bernanke incluso fue más lejos, y con sus políticas oportunas de rescate de empresas y bancos “que eran demasiado grandes para caer”, evitó que el sistema financiero cayera como un efecto dominó, lo que en definitiva salvó también a la economía real. Pero hay otra parte de la literatura que señala que la intervención no fue benigna; piensa que en lugar de políticas de redescuento, la intervención debió aplicar operaciones de mercado abierto, y que los salvatajes a las empresas nos dejan con un “riesgo moral” que evita que aprendamos de nuestros errores. Más importante aún, la expansión de liquidez que inició en 2008 nos dejaba con una economía recuperada ya desde 2011. Pero aun con tasas de interés cercanas a 0 % en el período 2008 a 2016, la economía americana no parecía reaccionar.

En 2016 la Fed intentó subir las tasas de interés pero rápidamente observó que la economía americana era un castillo de naipes, con riesgo de recesión. Decidieron dar un paso atrás en esta medida, y más bien esperar que la recuperación fuera más vigorosa, y que la economía empezara a crecer. Las tasas de interés cercanas a 0 % no pudieron lograr en el período 2016-2020 que la economía rebotara, lo que habría escenarios similares a la economía japonesa, que tiene dificultades de crecimiento desde principios de los años 1990.

Mi hipótesis es que la pandemia vino a tapar estos desequilibrios monetarios con una fuerte recesión, que dejó a la economía en un nuevo escenario similar al de 1930. Ya sin Bernanke, pero con el mismo manual, ante el temor y la incertidumbre que generó el covid-19, la Fed volvió a contrarrestar la caída de V con aumentos “nunca vistos” de M.

La economía se recuperó sobre la base de estos estímulos, sumado a la flexibilización de las restricciones por cuarentenas, pero deja para adelante un nuevo escenario desafiante, en el que ni el propio Bernanke tiene claro cómo atender. La discusión hoy no incluye la expansión monetaria de 2008-2020, que fue muy extensa en tiempo, y muy profunda en cantidad de dinero. Por ello insisto que los efectos de la política de Bernanke quedaron ocultos en la pandemia. Hoy lo que abre una nueva literatura es la política de 2020-2021, pues ha dejado pequeño al ciclo anterior.

La contracción monetaria que inició en la post pandemia intenta paliar los efectos inflacionarios que ya son visibles en todos los indicadores, pero si bien es posible que tenga éxito en ese cometido, también puede dejarnos con una nueva gran recesión similar a aquellas de 1987, 2001, 2008, 2020. En términos del economista argentino Guillermo Calvo, estamos ante un nuevo Sudden Stop que provocará una nueva gran recesión. En términos de Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, estamos ante las viejas lecciones de la teoría austriaca del ciclo económico.

Es una pena que en este premio la Academia Sueca no haya incluido a los economistas Lawrence H. White y George Selgin, como expertos modernos en esta literatura, quienes podrían contribuir a evitar que el mundo siga siendo convulsionado con malas políticas monetarias.

Mises no comprendió a Menger (IV)

Estos últimos días he estado comentando con el profesor Rallo una crítica que Joel Serrano ha publicado en la revista procesos de mercado al análisis que a su vez Rallo dedicó al teorema regresivo de Mises en su libro “Una crítica a la teoría monetaria de Mises”.

No pretendo dar una réplica completa a Joel, entiendo que esto lo hará el profesor Rallo, pero sí quisiera destacar una cuestión importante que no he visto que ni Rallo ni Serrano traten en sus respectivos trabajos, y se trata de la diferencia en el concepto de mercancía en la teoría de Menger y en la de Mises.

Por supuesto, no se trata de que un concepto sea correcto y otro erróneo, simplemente son distintos conceptos, incluso se podría decir que opuestos, y considero que esto es una cuestión absolutamente clave en la teoría monetaria de Menger, pues Menger define dinero como la mercancía más vendible (o más líquida).

Para Menger una mercancía es un bien de cualquier tipo destinado al intercambio, tal y como muestro aquí y en los artículos siguientes de esta serie. Es decir, para Menger basta que el bien tenga valor de cambio. Para Mises, sin embargo, una mercancía es un bien que necesariamente debe tener algún valor de uso o consumo. 

Releyendo los artículos anteriores creo que vendría bien añadir alguna cita más donde quede bien claro la concepción de mercancía de Mises, por ejemplo aquí:

La teoría del dinero debe tener en cuenta la diferencia fundamental entre los principios que rigen el valor del dinero y los que rigen el valor de las mercancías. En la teoría del valor de las mercancías no es necesario al principio prestar atención al valor objetivo de cambio. En esta teoría todos los fenómenos de la determinación del valor y del precio pueden explicarse tomando como punto de partida el valor de uso subjetivo [..]

Efectivamente, aparte del hecho de que las mercancías adquiridas a cambio de los productos se valoran siempre de acuerdo con su valor de uso subjetivo, las únicas valoraciones que tienen una importancia final en la determinación de los precios y del valor objetivo de cambio son las que se basan en el valor de uso subjetivo que poseen los productos para aquellas personas que son las últimas en adquirirlos a través del tráfico comercial y que las adquieren para su propio consumo.” (Mises, 1997, p. 76 y 77)

En la cita anterior no se sabe muy bien a qué principios que rigen el valor de las mercancías se refiere Mises, pues el no desarrolla una teoría de la mercancía como si hace Menger en su libro Principios de Economía Política, donde por cierto dice expresamente lo siguiente:

Como en otras cuestiones, también en este punto mantiene Schmalz una teoría muy peculiar. Confunde en su obra, a consecuencia de su errónea concepción de la relación entre el dinero y las mercancías, la idea de mercancía con la de bienes de uso en el estricto sentido de la palabra y llega, por tanto, a una definición científica de las mercancías radicalmente opuesta a la que hemos ofrecido más arriba.” (Menger, 2012, cap. VII.1 nota al pie 4. Énfasis mío)

Y en la edición original de 1892 de Geld Menger dice esto otro:

Así, recientemente un destacado comentarista sobre el dinero y la acuñación niega el carácter de mercancía del dinero, especialmente porque una ‘mercancía’, para cumplir su propósito, es decir, para ser usada y consumida, debe desaparecer del mercado, pero el dinero, como medio de cambio, presta sus servicios permaneciendo en el mercado. Esto es un error, porque la circunstancia de que una mercancía finalmente se llegue a consumir es incierta y, por lo tanto, no es una característica esencial del concepto de mercancía.” (Menger, 1892, p.46 traducción libre. Énfasis mío)

En la teoría de Menger el valor de uso en una mercancía es algo circunstancial o accesorio, y no es lo que la caracteriza. Es decir, el valor de uso no es condición necesaria ni tampoco suficiente para que una mercancía sea una mercancía. Por otro lado, Menger enumera hasta 18 circunstancias, siendo 5 de ellas cualidades de la mercancía, que influyen en la vendibilidad, y sólo la primera circunstancia podría llegar a interpretarse que tiene que ver con su valor de uso no monetario, pero independientemente de la interpretación, Menger en ningún momento afirma que esa tenga que ser una circunstancia necesaria.

Que desde un punto de vista histórico las mercancías tuvieran inicialmente valor de uso, no impide que la creatividad humana, una vez ha observado cuáles son las características de las mercancías más líquidas o que mejor satisfacen los intercambios (duradera, divisible, transportable, elasticidad de la oferta, difícil de falsificar, etc), pueda alumbrar mercancías que sirvan única y exclusivamente para intercambiar. Servirán a este propósito con mayor o menor éxito, eso es irrelevante, pero para que satisfaga la definición de mercancía de Menger es suficiente que alguien invente ese instrumento para el intercambio y pretenda venderlo como tal. Este es el caso del proto-dinero que describe Nick Szabo, la moneda fiat o el caso de Bitcoin.

El caso de Bitcoin es el más ilustrativo, pues ya con el nombre que el inventor otorga al invento ya nos está diciendo su propósito, y sabemos casi con total certeza cuál fue el motivo de Satoshi para intercambiar su esfuerzo, electricidad y la capacidad de proceso de su ordenador para obtener las primeras unidades de Bitcoin. Y ese motivo no fue otro que las propiedades que con sumo cuidado él mismo trató de dotar a Bitcoin para ser una buena mercancía o medio de intercambio, según las propiedades que enumera Menger, y alguna más. A saber: Duradero, transportable, divisible, oferta limitada, fungible, difícil de falsificar, verificable, etc. Estas primeras unidades de Bitcoin fueron obtenidas mediante un intercambio autístico, y, por tanto, se generó un precio sin que esas unidades de Bitcoin hubieran tenido ningún uso no monetario previo. Satoshi atesoró esas primeras unidades porque tenían valor de cambio para él. Es decir, tal cual la definición de mercancía de Menger, recordemos: “Bien de cualquier tipo destinado al intercambio”. Y podemos afirmar que es un bien desde el momento en que Satoshi decide atesorarlos, pues no hay bien económico sin propietario ni propietario sin bien económico (Bondone, 2006, p. 24). Nadie se molesta en poseer cosas inútiles, o útiles que no sean o no se anticipe, vayan a ser escasas.

¿Por qué considero tan relevante el concepto de mercancía que utiliza Menger? Porque para Menger lo relevante de las mercancías es que facilitan el intercambio. De lo que se trata es sí, cualitativamente la cosa facilita el intercambio, y no del valor cuantitativo de la cosa. No es lo mismo una partida de merluzas frescas con valor equivalente a una onza de oro hoy, que una onza de oro. Sus distintas cualidades repercuten en una liquidez o intercambiabilidad distinta, por mucho que su poder adquisitivo a día de hoy sea cuantitativamente el mismo. 

Es crucial tener en cuenta que Menger sostiene que los intercambios generan riqueza para ambas partes, y además es importante destacar que cualquier mercancía puede facilitar el comercio sin necesidad de ser la más líquida. Por tanto, cualquier cosa que facilite el intercambio deriva su valor de la nueva riqueza que generen los intercambios futuros que se estime, dicha cosa vaya a mediar. La mercancía entendida en su significado Mengeriano esencial atendiendo a sus cualidades para facilitar el intercambio (transportable, divisible, etc.), es una herramienta para el intercambio y, por tanto, tiene valor como cualquier otra herramienta.

Pero, ¿cómo se puede saber el precio de esta herramienta si nunca tuvo un precio antes?  Pues igual que para cualquier otra herramienta totalmente nueva, mediante un intercambio autístico como el que describíamos en el caso de Satoshi, o mediante un proceso de subasta o tanteo donde comprador / vendedor manifiestan qué cantidad de otro bien están dispuestos a entregar / recibir a cambio, y donde comprador / vendedor pueden comenzar por ofrecer /  pedir un precio arbitrariamente bajo / alto. Una vez acuerdan un primer precio, ni el propio Mises tendría problema alguno en admitir que esta nueva herramienta para el intercambio pueda valorarse única y exclusivamente por los servicios de intercambio que proporciona, tal y como explica en su libro “Money, Method and the Market Process”, aunque refiriéndose al dinero:

But once an economic good has become money, then the specific demand for money can tie into an already existing exchange relationship between money and goods in the market, even if the demand for the money-good, as motivated by the other use, disappears. 

[..]
All of those who denied the ability of the services of money to determine its exchange value failed to recognize that the only decisive element is demand. The fact that there exists a demand for money — the most marketable (most saleable) good, for which the owners of other goods are prepared to exchange — means that the monetary function is capable of creating value.” (Mises, 1990, Cap. 4)

Mises no pone en duda que la prima de vendibilidad o liquidez existe, hasta el punto de que sostiene que un bien puede ser valioso única y exclusivamente por esa prima de liquidez. ¿Y cuál es la causa de la prima de liquidez? La teoría de la mercancía de Menger nos da la respuesta: Las cualidades de la cosa que contribuyen a su vendibilidad (liquidez).

En definitiva, el teorema regresivo de Mises pretende resolver un problema que no existe, pues la teoría de la mercancía de Menger ya da respuesta a lo que Mises pretende resolver. Pero como Mises claramente no toma en consideración esta teoría, ve un problema donde no lo hay. En un sentido más profundo, Mises no acaba de reconocer la capacidad del ser humano para anticipar la riqueza que generan los intermediarios de los intercambios cuando éstos son objetos cuya única utilidad potencial sea facilitar intercambios.

Bibliografía

Bondone, Carlos (2006), Teoría de la Relatividad Económica. www.carlosbondone.com 

Menger, Carl (2012) [1871] , Principios de Economía Política, Bubok Publishing

Menger, Carl (1892) Geld, Handwörterbuch der Staatswissenschaften.

Mises, Ludwig Von (1997) [1912], La Teoría del Dinero y del Crédito. Unión EditorialMises, Ludwig Von (1990) Money, Method, and the Market Process. www.mises.org

Serie Mises no comprendió a Menger: I, II, III

El efecto Quantitative Easing sobre la oferta monetaria

El Quantitative Easing (QE) o expansión cuantitativa es una política por la que los bancos centrales compran activos financieros a gran escala a instituciones financieras del mercado privado. Estos activos son comúnmente bonos del tesoro y a veces bonos de grandes empresas con bajo riesgo insolvencia. Con el QE, se generan nuevas reservas del banco central, las cuales terminan en manos de instituciones financieras. Por esto vemos un aumento en el precio de los activos financieros donde se ha llevado a cabo la política del QE, pero no inflación. No obstante, se podría argumentar que sí que hemos visto una inflación en esas economías por el aumento de los precios de los activos financieros. Pero esta no es la inflación como comúnmente la entendemos, como un aumento generalizado del nivel de precios, sino una inflación de unos productos concretos.

A la vez que los bancos centrales crean reservas, también obtienen algo a cambio. Los bancos centrales se hacen con bonos, los que retiran de la economía, los cuales, es importante remarcar, sirven como dinero en ciertos sectores de la economía. Salvo que los gobiernos aumenten su gasto simultáneamente, el banco central solo añade dinero a la economía a cambio de un bien muy dinerable. Si seguimos la clasificación de Bondone, el banco central retira un tipo de moneda—activo real o financiero que sirve para satisfacer la demanda de liquidez—a cambio de otro tipo de moneda.

Tanto las reservas del banco central como los bonos son parte de la oferta monetaria, aunque con diferente dinerabilidad, siendo las reservas del banco central el bien más liquido al consistir en la base monetaria—junto con el efectivo en circulación—. Por simplificar, podemos dividir la oferta monetaria en tres círculos concéntricos: la base monetaria, siendo el círculo interior; los depósitos bancarios, los cuales operan como dinero, pero son promesas del banco—y por tanto muy líquidas—de pagar en dinero; y otros activos financieros que operan como dinero en ciertos mercados. Cuando los bancos centrales llevan a cabo la expansión cuantitativa, expanden el círculo interior aumentando sus reservas, contrayendo el exterior, retirando bonos de la economía. De esta forma, el tamaño de los círculos se ha modificado sin aumentar el diámetro del círculo exterior.

También lo podemos ver pensando en los cambios en los balances de los distintos agentes. Los bancos centrales compran bonos gubernamentales de una institución financiera distinta a un banco. La institución financiera recibe dinero en su depósito a cambio de los bonos. El banco comercial actúa como un intermediario entre el banco central y la institución financiera. Las reservas adicionales en los bancos comerciales son un producto de esta transacción. Pero el QE también crea un nuevo pasivo en el balance del banco: el nuevo depósito de la institución financiera, sobre la que el banco tendrá que pagar intereses. El QE le concede a los bancos comerciales parte del pasivo del banco central—dinero—que aparecerá en su activo, y un pasivo de igual valor, que será el activo de la institución financiera.

¿Si la oferta monetaria agregada no ha cambiado, entonces para qué sirve la expansión cuantitativa? Una explicación es que las reservas son más líquidas que los bonos, por lo que es una manera de inyectar liquidez en el mercado. Además, las reservas tienen un menor riesgo de contraparte que los bonos en caso de crisis.

Una segunda razón puede ser que los bancos centrales quieran controlar los tipos de interés en bonos gubernamentales a largo plazo. El tipo de interés de las reservas del banco central es más bajo que el de los bonos gubernamentales. Estos se están volviendo cada vez más escasos en el sistema financiero, lo que hace que suba sus precios, lo que hace que bajen sus tipos de interés. Los bancos centrales ya controlan los tipos de interés de deuda a corto plazo fijando el tipo de interés sobre sus reservas. Con esto, controlarían además el tipo de interés sobre deuda a más largo plazo.

Una tercera razón por la que los bancos centrales querrían llevar a cabo QE es que al expandir la cantidad de reservas disponibles los bancos comerciales pueden aumentar su capacidad crediticia. Pero esto no tiene por qué pasar. Al fin y al cabo, la generación de nuevos depósitos en los bancos comerciales viene delimitada por la voluntad de las personas de pedir prestado. Y no solo para estimular el pedir prestado, sino también para incentivar a los inversores a cambiar activos de bajo riesgo como bonos por otros más arriesgados como acciones.

Otra razón, es que mediante el QE los bancos centrales facilitan que sus gobiernos se endeuden por menos al bajar los tipos de interés, lo que les permite gastar más. En este caso, sí que tendríamos inflación porque al emitir nuevos bonos, se añade más dinero a la economía y no se retira nada—o el efecto neto es como si no se hiciese—por lo que se aumenta el círculo interno reduciendo el tercero, pero no lo suficiente porque el tercero también aumenta.

Las reservas de los bancos centrales entran en la economía real a partir de los bancos comerciales o el gasto gubernamental. Si no hay un aumento de la demanda de liquidez por parte de las personas que lleve a los bancos a emitir más depósitos o el gobierno no aumenta significativamente su gasto, no tiene por qué haber inflación a pesar del QE—o, al menos, no un aumento generalizado del nivel de precios, sino un aumento focalizado del precio de ciertos activos financieros.

PSOE Next Generation UE

En los actos por los cuarenta años del primer gobierno del PSOE he echado en falta que se resaltará un hito en las campañas electorales españolas: el uso de la publicidad subliminal.

El 19 de junio de 1986, a tres días de las elecciones, en el informativo de televisión española aparecieron sobreimpresas las siglas PSOE mientras se visualizaba un gol de la selección española en el mundial de México. Tan efectivo fue, que durante años he escuchado a multitud de personas que aseguran que vieron el texto VOTA PSOE, en vez de simplemente las siglas. Lo que se ha convertido en motivo de debate en tertulias familiares durante décadas.

Han pasado 36 años y, por suerte, ya no importa mucho lo que salga sobreimpreso en los resúmenes de los partidos de la televisión. Pero sí sigue importando, y mucho, la publicidad a la que estamos expuestos de forma constante al consumir contenidos. Y aquí el PSOE vuelve a demostrar que está en la vanguardia de la innovación: han inventado campañas masivas de autobombo financiadas desde el exterior.

¿Vas a echar gasolina? Reposta en CEPSA barato gracias a la bonificación del gobierno. ¿Has cumplido 18 años? Compra en FNAC gracias al bono de 400 euros del gobierno. No hay que dejar a nadie atrás, renta mínima gracias al gobierno; campaña financiada por los fondos europeos Next Generation. ¿Discursos de odio (de derecha)? El gobierno vigila. Organismo financiado por… En fin, ya sabemos el resto.

Repartir dinero público entre segmentos de la población y presumir de ello es algo muy antiguo. Conseguir que sean las propias empresas privadas las que hablen de ello requiere de más maestría, pero tampoco es demasiado nuevo. Lo que verdaderamente es un logro de nuestra época es que sea una institución supranacional la que te esté financiando todo el embolado (las paguitas y su promoción).

Aquí podríamos decir que en realidad esto ya ha pasado en otras partes. El FMI es responsable de financiar a gobiernos que no conseguirían financiación de otro modo, y usan esa financiación para mantener las redes clientelares que deberían suprimir. Pero esto siempre ha sido un proceso complejo que tiene un coste social para los políticos que lo inician, y va asociado a la pérdida de independencia del país que recurre a él.

En cambio, el gobierno del PSOE ha conseguido ser financiado durante cuatro años por una institución que solo amenaza con intervenir (si es que al final lo hace) al gobierno que le suceda. Y se puede dar la circunstancia de que gracias a esa financiación esa sucesión no exista, y tengamos este mismo gobierno operando hasta 2027. ¿Qué van a intervenir entonces? ¿Las políticas cuya promoción están financiando ahora?

Existe un debate interesante estos días sobre si el PSOE es una organización criminal. Desde luego, es la organización cuyos gobiernos han propiciado situaciones económicas desastrosas durante las últimas décadas. Gracias a la democracia, esa responsabilidad, en última instancia, siempre ha recaído en sus votantes y, por extensión, en el conjunto de la sociedad española.

Podemos estar ante un punto de inflexión en la historia, ya que la próxima situación desastrosa que vivamos próximamente debería estar claramente vinculada a aquellos que han financiado desde el exterior las políticas que la han provocado. Votar cada cuatro años está muy debajo en nivel de complicidad que financiar directamente a los que están fraguando la crisis.

No va a ser necesario que ningún técnico de RTVE pulse un botón para que acompañando a las futuras imágenes de recesión, todos leamos claramente: PSOE Next Generation UE.

Los movimientos antifiscales como motor de la historia

Desde que existe el Estado han existido los impuestos. Hoy por hoy el ciudadano medio se ha acostumbrado a tener unos impuestos tremendamente abusivos. Financiar al Estado mediante estas imposiciones es algo tan natural como cualquier otra acción cotidiana de nuestra vida.

Pero no siempre ha sido así; los impuestos llevan aparejados también disconformidad. Cuando el Estado no era tan omnipotente como ahora, los dirigentes tenían menos poder para imponer su voluntad. La historia del ser humano es una pugna continua contra las imposiciones estatales. Aunque en ocasiones el individuo haya aceptado o incluso defendido más autoridad, en la mayoría de los casos ha sido por ignorancia y no por convicción. Hasta los movimientos más autoritarios de la historia han defendido sus regímenes bajo la bandera de la libertad, aunque, por supuesto, mal entendida.

Como ejemplo de lucha contra la tiranía, los movimientos antifiscales han existido en todas las épocas históricas alrededor de todo el mundo. Aunque a veces no seamos conscientes, las personas tenemos una tendencia hacia la libertad, y estos movimientos antiestatistas son una clara manifestación de ello. A continuación, vamos a poner algunos ejemplos de estos movimientos antifiscales en orden cronológico.

A finales del S.VI a.C, el Imperio persa se extendía desde el actual Pakistán hasta Estambul. El territorio estaba dividido por satrapías gobernadas por un sátrapa que cobraba impuestos a sus súbditos para financiar la monarquía. Hacia el final de siglo, el Imperio persa conquistó los territorios de Asia Menor, territorio situado en la actual Turquía. Las ciudades griegas allí situadas estaban sometidas militarmente y el Imperio les cobraban unos altísimos tributos, gravados sobre el floreciente comercio de la zona. En el 499 a.C, Aristágoras, gobernador de la ciudad de Mileto, harto de servilismo y de los altos impuestos, se levantó en armas contra el rey, fue el inicio de las Guerras médicas.

Situándonos ya en la Edad Media, encontramos infinidad de estos movimientos. Hacia el 777 Carlomagno quería proteger su imperio, por lo que realizará una serie de marcas alrededor de sus fronteras. En el sur quería defenderse de los musulmanes que controlaban la península ibérica, buena parte del territorio estaba controlado por Córdoba. Es aquí donde la ciudad de Zaragoza tomará un papel principal: los zaragozanos no querían estar sometidos a Abderramán I y no querían pagar tributos a Córdoba. La aristocracia zaragozana se vio amenazada por el norte y por el sur, los zaragozanos enviaron una embajada a Aquisgrán con una propuesta: la Zaragoza musulmana se entregaría a Carlomagno a cambio de que la reconociera y la defendiera de Abderramán. El germen del Reino de Aragón será un movimiento antitributario.

Ya en la Baja Edad Media, encontramos otros ejemplos como la Rebelión de Wat Tyler en Inglaterra. Muerto el rey Eduardo III, le sucedió su nieto de once años, Ricardo II. Pero como era demasiado joven, gobernaron en su nombre de los duques de Lancaster, York y Gloucester. En ese momento, Inglaterra pasaba por un momento económico complicado debido a las consecuencias de la peste negra y la aprobación del Estatuto de los Trabajadores que congelaba los salarios de los jornaleros. Debido a esto y las enormes cargas impositivas del Estado, se unieron sectores campesinos, clero popular, pequeña nobleza, artesanos y habitantes de las ciudades contra el gobierno. La causa inmediata en 1381 fue la subida del impuesto especial cobrado desde 1377 para financiar la guerra de los Cien Años. Uno de los dirigentes fue Thomas Baker, terrateniente local que se opuso al cobro del impuesto en sus tierras de Essex, y expusó a los recaudadores de impuestos.

Un año después, en 1382, en París, se produjo otra revuelta como respuesta a las nuevas tasas impositivas de Carlos VI y sus regentes. Más de 40.000 personas se levantaron bajo la consigna “abajo los impuestos”. Asaltaron el Châletet para robar armas y mazas de hierro (maillotins) que dieron nombre a la revuelta. Los sublevados saquearon mansiones y mataron a recaudadores de impuestos. Hubo una dura represión por parte del ejercito real en 1383, con el ajusticiamiento de los principales líderes.

Ya en la modernidad, en Castilla tendremos las Comunidades, tras la muerte de Fernando de Aragón, Carlos I se convertía en el nuevo monarca, convocaría urgentemente Cortes en Santiago de Compostela donde se dirigiría con el fin de ganar tiempo y embarcarse en la Coruña con destino a Flandes. El objeto de la convocatoria no era otro que solicitar un subsidio de 300 millones de maravedíes para financiar los gastos de la coronación, lo que desencadenarían en Castilla motines populares. Esto daría lugar a uno de los acontecimientos más importantes del reinado de Carlos. Las consecuencias, según Joseph Pérez, fueron la sustitución de las instituciones de los antiguos regimientos aristocráticos por instituciones representativas, más que una lucha de clases fue una revolución moderna, posiblemente la primera revolución moderna, pero también una revolución prematura.

Un siglo después encontramos más movimientos antifiscales como por ejemplo la Fronda francesa a partir de 1648, son una concatenación de eventos que se alargaron cinco años, en un momento en el que en el panorama europeo pasaba por una situación muy convulsa. Todo se produjo a raíz de la renovación del impuesto de la Paulette, era un impuesto que podían pagar los parlamentarios si querían asegurar el cargo a sus hijos. Tuvo tres fases diferentes, pero llego a un punto final tras la subida de Luis XIV al poder tras alcanzar su mayoría de edad, esta vez la monarquía absoluta obtuvo una victoria incontestable.

Prácticamente entrados ya en la contemporaneidad tendremos la tríada revolucionaria más importante de la historia, la Revolución de las Trece Colonias, la Revolución francesa y la Revolución rusa. Las dos primeras tendrán como germen las tasas impositivas. Comenzaremos con los Estados Unidos, seguramente el ejemplo más conocido de movimiento antifiscal. El Imperio británico decidió adoptar una medida muy impopular que era la de subir los impuestos a las colonias para financiar el costo del mantenimiento imperial. En 1773 se firmó la Ley del Té que convertía a la Compañía de las Indias Orientales en prácticamente un monopolio sobre esta mercancía, la noche del 16 de diciembre en Boston, un centenar de personas asaltaron los barcos y arrojaron las cajas de té por la borda, la ocupación militar de Boston por parte del gobierno británico fue el germen de la guerra entre las colonias y su metrópoli, muchos de aquellos colonos luchaban bajo el lema “no taxation without representation”, aunque el derecho romano ya recogía aquella premisa: quod omnes tangit ab omnibus approbari debet (“lo que a todos toca, todos deben aprobarlo”).

Como último ejemplo, hay que destacar lo que seguramente es la Revolución más importante de la Historia, la Revolución francesa. El alto endeudamiento del Estado francés obligó a la monarquía a subir las tasas impositivas, sin embargo, era el tercer estado quien sustentaba el gasto estatal. El ministro Calonne le propuso al rey que los nobles y el clero pagaran impuestos también, ya que era la única manera de sufragar todos los gastos, este ministro fue sustituido por el arzobispo de Toulouse que propuso la misma medida. Ante la negativa de los estamentos privilegiados, se declararon los Estados Generales, que desde 1614 no se reunían. Comenzó así una paradoja, porque de un movimiento antifiscal nació el germen del Estado omnipotente que sufrimos hoy en día.

Estos han sido únicamente algunos de los numerosísimos ejemplos que hay a lo largo de la historia. ¿Podríamos los historiadores libertarios considerar los movimientos antifiscales o antiestatistas como el motor de la historia igual que los marxistas la dialéctica de clases? Es un mundo todavía por explorar. Lo que queda claro, es que en el devenir histórico, el individuo siempre ha tenido presente el engrandecimiento estatal. Parece que hoy día los impuestos son mejor vistos y más defendidos que nunca en la historia. Es por ello por lo que hace falta una nueva historia del Estado desde sus orígenes hasta hoy para defender lo más preciado que tenemos, la libertad.

Mascarillas: Desenmascarando otros sesgos y fraudes científicos

El asunto de las máscaras, tratado con extensión en 2 partes aquí y aquí, parece que sigue siendo controvertido para algunos. Especialmente en el primero de los artículos expuse cómo se generaron estudios con diversas formas de manipulación y sesgos para forzar una ciencia que defendiera las máscaras contra virus, y ello a pesar de décadas de ciencia opuesta a ello.

Añadamos aquí algún otro sesgo como confirmación de dicha ciencia basura, que intentó desde 2020 contradecir la evidencia. Lo explica en este artículo titulado ‘Por qué las máscaras no funcionan en el mundo real’ el popular comentarista conservador Daniel Horowitz, quien comienza su artículo diciendo que ‘No hay un solo lugar en el planeta donde las máscaras hayan demostrado frenar la propagación. Y esto no debería sorprendernos’. Al margen, como comentamos en artículos anteriores, de que hasta la FPP2 no filtra lo suficiente para un virus. Aunque lo hiciera, el ajuste que siempre prácticamente es imperfecto la haría inútil.

En concreto, un 3.2% de apertura en el ajuste la hace totalmente inservible (aun suponiendo que filtrara lo suficiente, que no lo hace). Como comenta el higienista industrial Petty, las micropartículas siempre van a viajar y dirigirse hacia el punto de escape. Un estudio alemán concluyó que sólo un 1% de apertura hace bastante inútil cualquier máscara. Un estudio americano determinó que cualquier ámbito de efectividad (y que nunca sería para virus) de una FPP2 se destruye al 88% con sólo un 1% de apertura.

En cualquier caso, el 2021 se estableció que no menos del 90% de partículas del covid son menores de 0,3 micrones, lo que significa más pequeños que la mejor máscara FPP2 sellada y pegada a la cara aun con cemento y pegamento. Además, dicho estudio establece que cuando la persona tiene mayor carga viral y es más infecciosa, se incrementan aún más las partículas más pequeñas: las máscaras son extraordinariamente inútiles cuanto más contagioso es alguien. En el gráfico inferior de dicho estudio vemos que siendo en el día 7 el pico de contagiosidad se incrementan aún más las partículas inferiores a 0,3 micrones (barra azul oscura). Ninguna premisa puede cumplirse: ni llevar una máscara te puede proteger a ti de otros, ni puede proteger a otros de ti.

Siendo el humo de tabaco un buen ejemplo para visibilizar el tipo de aerosoles contagiosos con virus, podemos ver aquí que una FPP2 correctamente puesta en cara y orejas deja salir perfectamente el humo del tabaco. Una máscara quirúrgica por estructura y tejido además siempre va a tener un desajuste aún mucho mayor por defecto. Un ajuste del 100% en el mundo real con cualquier máscara es prácticamente imposible, incluyendo una sofocante FPP3 que empezaría a mostrar cierta efectividad sólo si estuviera perfectamente sellada a la cara.

Pero no perdamos nunca de vista, insisto, que aún con el mejor sellado concebible hasta una FPP2 es básicamente inútil contra virus. El siguiente gráfico sobre el tamaño de aerosoles por respiración puede ser bastante ilustrativo. En la zona roja cae todo tamaño que puede traspasar perfectamente una N95 o FFP2 totalmente sellada, lo que supone la mayor parte de los aerosoles por respiración y como vimos no menos del 90% de partículas contagiosas de covid. ¿En qué parte del espectro de partículas de respiración una máscara de las que usamos puede ser efectiva? En el lado verde, ¡partículas tan grandes en las que los virus nunca están presentes!

Todos los estudios modelizados en laboratorio que nos bombardearon desde 2020 sobre las maravillas de las máscaras contra el covid eluden los inevitables desajustes. Todos esos estudios por tanto son, objetivamente, pura basura científica.

Y esto concuerda perfectamente con el hecho de que esos estudios tan prometedores sobre las máscaras son típicamente estudios mecánicos de laboratorio, en ciencia el tipo de estudio más sesgable y manipulable de peor calidad (sólo un artículo de opinión es científicamente más pobre que esto). Por el contrario, como ya expuse en artículos anteriores, los estudios controlados (el estudio DANMASK-2 de Dinamarca, probablemente el mejor y mayor hecho sobre máscaras) han sido siempre consistentes, concluyendo que las máscaras no funcionan para virus.

Aparte, pues, de eludir el problema de los desajustes inevitables que echa por tierra la efectividad de la mejor máscara posible, una manipulación claramente más burda la encontramos incluso en estudios promovidos por la autoridad sanitaria norteamericana, el CDC. Es el caso de este estudio promocionado por el CDC a comienzos de 2021 sobre la supuesta efectividad de llevar doble máscara y realmente cuesta creer una manipulación tan manifiesta. ¿De qué se trata? Teniendo el covid en aerosoles un tamaño predominante alrededor de 0,1 micrones (0,07 a 0,15), el CDC se quedó más ancho que largo con un estudio que medía la efectividad en un rango de 0,1 a (atentos) ¡7 micrones! Aún estamos por descubrir virus con ese tamaño que, en efecto, empezarían a ser visibles para el ojo humano. Y sin duda no tiene desperdicio esta afirmación del CDC en la que dicen que el covid tiene menos de 10 micrones, lo cual es como decir que tiene menos de medio kilogramo. Es difícil encontrar ejemplos tan llamativos de ciencia basura; inventarse el tamaño del virus para hacer que funcionen cosas que no funcionan.

 

Como era de esperar, pues, en EEUU que es un gran país de estudio por su diversidad entre estados tanto en política como uso de máscaras, que no se encuentra ninguna asociación entre mayor uso de máscaras en un estado determinado con la mortalidad por covid. Hay similar proporción de baja y alta mortalidad covid con uso elevado de máscaras, como alta y baja mortalidad covid con uso bajo de máscaras.

Sin embargo, sí hay una fuerte correlación entre mayor uso de máscaras y mayor nivel de desempleo.

Resulta francamente desesperante que artilugios clínicamente tan inútiles hayan tenido un impacto social tan negativo. El uso elevado de máscaras se ha correlacionado fuertemente con mayor sensación de pánico y terror al virus, mayor sensación de soledad y aislamiento y menos tiempo de interacción con los demás (curiosamente las personas que se creían más protegidas con sus máscaras son las que más han evitado mantener relaciones sociales).