Ir al contenido principal

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXIII): lecturas para el verano de 2023

Como decía el viejo reaccionario Marcelino Menéndez Pelayo en el prólogo a su monumental Historia de las ideas estéticas en España, vamos a adentrarnos en áridas lecturas para el verano, para que los días de ocio del verano tengan un uso lo más productivo posible. Como siempre, manifiesto que son precisamente estas fechas, en las que las preocupaciones por el trabajo disminuyen y tenemos más tiempo de ocio, las más adecuadas para confrontar libros de cierta enjundia intelectual. Libros que precisan de tiempo y reflexión. Pero con mi selección trato de garantizar que el esfuerzo merezca la pena. Por ello propongo una serie de libros que han llamado mi interés en los últimos años y que entiendo no son aún muy conocidos entre los lectores de la página del Instituto Juan de Mariana.

La virtud del nacionalismo

En primer lugar, propongo un libro que sin duda se convertirá en un clásico con el paso del tiempo. La virtud del nacionalismo de Yoram Hazony editado en castellano por Homo Legens, en 2021. Es un libro que podría resultar extraño a los liberales acostumbrados a ver las naciones como un atavismo y como algo opuesto a la popperiana sociedad abierta. Que las ve como algo asimilable a un supuesto espíritu de la tribu. Pero es en su esencia un libro profundamente liberal, pues entiende como una de las principales amenazas a la libertad la posibilidad de un gobierno mundial. Y ve a las naciones como una de las principales barreras a la configuración de tan indeseable, por lo menos para mí, de tal forma política.

En efecto, si algo frena la centralización del poder es la existencia de fuertes sistemas de valores como las tradiciones, idiomas o costumbres compartidas que conforman las naciones y que impiden que los macroproyectos de unificación política tengan éxito. Pues la lealtad a estos valores nacionales es mayor que la artificial creencia en etéreos valores cosmopolitas. Es un libro que sorprenderá a muchos y que va contra lo que se entiende como mainstream en muchos liberales hispanos, pero es sólido y bien razonado. Un auténtico descubrimiento.

España, proyecto inacabado

Nunca he dejado de señalar la importancia del cultivo académico de la escuela partiendo de los principios económicos de la escuela austríaca. Los marxistas han entendido muy bien la importancia de contar con un discurso histórico solvente partiendo de los principios del materialismo histórico. Y han desarrollado una historiografía de gran calidad. Una obra que después permear el discurso político o económico, incluso entre teóricos que no comparten el paradigma marxista, al tener que hacer uso de los estudios que existen que son en su gran mayoría próximos a esta escuela de pensamiento. Por eso son de agradecer estudios como los del historiador, por desgracia fallecido hace unos días, Antonio Miguel Bernal. Destaco especialmente su libro España, proyecto inacabado: Costes y beneficios del imperio, editado por Marcial Pons en 2007. 

El profesor Bernal fue un gran especialista en la historia económica del imperio español, como se puede constatar en este magnífico y premiado libro. Descubriremos cómo el imperio, como bien enseñan los austríacos, no trajo ventajas al pueblo español. Sí las reportó, en cambio, a sus gobernantes. Muestra cómo la financiación de la conquista de Indias se llevó a cabo con financiación mayoritariamente privada o las causas de las sucesivas bancarrotas que azotaron a Felipe II ya desde su llegada al trono español.

Monarquía e imperio

También nos señala que buena parte de la inflación que azotó a España en aquellos tiempos no fue debida tanto al oro o la plata americanos como al curso forzoso de la deuda pública hispana, los famosos juros, emitida en grandes cantidades para financiar las aventuras bélicas del emperador Carlos V. Un hombre que sólo en parte puede ser considerado español.

En otro de sus libros, Monarquía e imperio, nuestro autor explica la alegría de buena parte de la nobleza flamenca al saber que Carlos, uno de los suyos, accedería al trono de Castilla y de Aragón. Vieron una magnífica oportunidad de obtener cargos y saquear fiscalmente los territorios de los reinos ibéricos. En su lectura parece más que fueron los hispanos los que fueron dominados por los flamencos y no al revés. Luego es lo contrario de lo que solemos entender por aquí.

No estoy cualificado para responder a esa cuestión, pero todo parece apuntar a que nuestro profesor tiene razón y que por lo menos al comienzo de su reinado así fue. En cualquier caso, merece la pena leer a unos de los pocos historiadores que he leído que citan a Rothbard y a otros austríacos entre sus fuentes. El resultado desde luego es magnífico, y espero que abra la puerta a que otros historiadores de otras tierras u otros tiempos sigan su camino.

El colapso de las naciones

Otro libro que me gustaría destacar es el de un autor al que creo que ya me he referido en alguna otra ocasión Leopold Kohr. Esta vez destacaré su libro El colapso de las naciones, editorial Virus, 2018. Kohr no es exactamente un anarquista. Ni siquiera un defensor del mercado o el capitalismo. Pero sí es un pensador que elabora ideas que pueden ser muy interesantes para reforzar nuestra postura.

El libro ilustra de forma muy convincente las ventajas de la desunión política y de las ventajas de la competencia entre estados para favorecer la libertad, sea esta económica o civil. Su receta, expresada también en libros como El Superdesarrollo, es la de favorecer la pluralidad de unidades política. Es justa su reivindicación del pasado político de Europa, caracterizado por su asombrosa, para los días de hoy, fragmentación.

También nos advierte de los peligros de la centralización y de la creación de estados de grandes dimensiones. El ejemplo de la unificación de Alemania es uno de ellos. El autor lo achaca a los desvaríos jacobinos de la revolución francesa y de su célebre continuador, Napoleón. Éstos pretendieron unificar a Europa bajo los principios supuestamente ilustrados de los revolucionarios en armas. Desde la unificación de Alemania, para nuestro autor, todo fueron desgracias, concretadas en dos grandes guerras. Es interesante al respecto el matiz que hace el autor de que la primera guerra mundial fue una guerra no de pequeñas naciones sino de imperios, alguno de ellos a escala mundial como el británico. Una gran y desmitificadora lectura para este verano.

La amenaza de huelga

Cambiando de tema, me gustaría mencionar en esta lista un clásico de la economía laboral austríaca, La amenaza de huelga, W.H. Hutt, editado por Unión editorial en 2016. Siempre he comentado que uno de los principales límites de la escuela austríaca es su énfasis casi exclusivo en el dinero, la banca y la economía financiera. Y su relativa desatención de otros ámbitos de la vida económica, como el que se refiere a las cuestiones laborales. De hecho, si queremos estudiar el tema, tenemos casi siempre que recurrir al estudio de clásicos como el citado aquí. Carecemos de estudios recientes. Esto se hizo evidente hace poco con el Nobel otorgado a Card y Krueger, dos economistas defensores de la regulación laboral y partidarios de los salarios mínimos.

El economista sudafricano William Harold Hutt ha dedicado buena parte de su obra la estudio de políticas públicas, pero muy en especial las laborales. De hecho, dedicó dos grandes estudios a esta área de políticas, La contratación colectiva y el que estamos estudiando, que es para mí, sin duda, el mejor de los dos. Sigue siendo un libro que resiste muy bien el paso del tiempo. En él se analizan las consecuencias económicas del ejercicio del derecho de huelga en una sociedad industrial moderna.

Conflilcto y descapitalización

Su principal conclusión, entre otras muchas, es la de que las inversiones y, por tanto, la formación de capital, se reducen mucho en aquellos sectores económicos más propensos a padecer huelgas. En conclusión, los sectores más sindicalizados o en los que las huelgas son más fáciles de llevar a cabo, estarán infra dotados de capital. Se desarrollarán menos de lo que lo harían en una situación de paz laboral, mientras que los capitales se desplazarán a sectores menos propensos al conflicto.

En cualquier caso, la amenaza de huelga a la que se refiere el autor tiene como consecuencia distorsionar la estructura de producción. Ello dificulta una correcta asignación de los factores. En definitiva, es un gran y olvidado libro, con el que no estoy de acuerdo en todo, pero que por lo menos contribuye a la apertura de la economía austríaca a otros sectores de la vida económica.

La utopía nazi

Otro libro que tuvo poca fortuna entre nosotros, o por lo menos percibo que no es muy conocido, es el de Götz Aly, La utopía nazi, Crítica, 2006. En principio es un interesante estudio de historia económica centrando en el análisis de las relaciones económicas entre la Alemania nazi y los estados europeos conquistados por ella en el curso de la segunda guerra mundial. Pero para al lector de esta página le será de mucho interés los ingeniosos sistemas de expolio y predación que se usaron para extraer riquezas de los pueblos sometidos. Aparte de una máquina de guerra criminal, el estado nazi fue una organización muy eficaz a la hora de extraer rentas para sus jerarcas y en menor medida para sus tropas. A ellas las quería mantener leales, permitiéndoles pequeños expolios por su cuenta. Este mecanismo lo explica muy bien S. Andreski en su genial Parasitismo y subversion en América latina.

Aparte de los tradicionales saqueos y requisas propios de toda guerra de conquista, desde el comienzo de los tiempos, los nazis usaron sofisticadas estrategias de guerra económica para hacerse con las riquezas de los países derrotados. En el libro se describen varias, pero no me resisto a citar uno. El uso de una tasa de cambio forzoso artificialmente alto a favor del marco frente a las divisas de los sometidos. El objetivo es extraerles su riqueza aparentemente a través del pacífico comercio. La segunda guerra mundial dio lugar a muchos fenómenos monetarios que no han recibido toda la tención que se merecerían. Como se puede constatar en el libro, no se hicieron precisamente para atender a las necesidades del comercio.

El libro del hombre de bien

Por último, y muy brevemente, no me resisto a citar una pequeña joya, El libro del hombre de bien, de Benjamin Franklin. Está editado en los años 40 por Austral, aunque hay ediciones más recientes. En nuestros tiempos no es frecuente ofrecer libros que enseñen buenos principios económicos y morales a los niños, como el ahorro y el trabajo. Este viejo libro, aún vigente, sigue siendo ameno y sigue siendo una buena lectura para crear hombres y mujeres probos y ahorrativos. A pesar de ser escrito en el siglo XVIII, la mayoría de sus principios y valores siguen siendo vigentes. Hay ideas de ayer que valen y deben seguir valiendo para hoy.

Tengan un feliz verano.

Serie lecturas veraniegas con el profesor Bastos

2017

2018

2019

2020

2021

2022

Hacia el descrédito del Reino de España

Hace unos años, en un análisis publicado en el IJM, me mostraba contrario a las reclamaciones de los receptores de primas o subvenciones para la producción de energías renovables, quiénes exigían que se mantuvieran a lo largo de un tiempo porque, supuestamente, así se había pactado formalmente.

Reconozco que lo hacía sobre el mal entendimiento de que las demandas se basaban exclusivamente en dos principios generales del Derecho, por otro lado, inaplicables a situaciones jurídicas derivadas de la concesión de ayudas simples para un tipo concreto de inversor: En primer lugar, la doctrina del respeto de los derechos adquiridos por los particulares antes de la promulgación de una ley o regulación nueva. Y, en segundo lugar, íntimamente relacionada con la anterior, aquella otra que prohíbe la retroactividad de las normas sancionadoras desfavorables o restrictivas de derechos individuales[1]. Después de todo, los cambios introducidos por el Real decreto Ley 1/2012, de 27 de enero, del gobierno de Mariano Rajoy Brey se presentaban como un intento de cortar el despilfarro de fondos públicos destinados a subvencionar unas inversiones que no cesaban de aumentar.

Primas a las renovables

Creí que la regulación administrativa que había amparado la burbuja de las subvenciones a las energías renovables constituía el único pilar de esas pretensiones, tan gravosas para los presupuestos públicos, sufragados directa o indirectamente por los contribuyentes. Sostuve que sería lícito y conveniente suprimir las primas mediante reformas que aplicaran la nueva normativa con un grado de retroactividad medio. Esto es, que respetando las relaciones jurídicas básicas, podrían modificarse los efectos nacidos en virtud de la regulación anterior, pero pendientes de consumarse. Se trataba, en definitiva, de desmontar un privilegio de recibir fondos públicos para invertir y mantener una determinada actividad empresarial, cuyo riesgo y ventura debería correr de cuenta siempre del inversor.

Mi razonamiento continuaba aseverando que la seguridad jurídica quedaría garantizada mejor de esa manera, antes que fijando mecanismos impositivos para conseguir el efecto equivalente a la eliminación de las primas.

Mecanismos de protección de inversores

Ahora bien, como resultó claro tiempo después, numerosos inversores canalizaron sus desembolsos al amparo de las disposiciones de un Tratado internacional; la Carta de la Energía, hecha en Lisboa el 17 de diciembre de 1994. Entre otras previsiones, este convenio internacional, ratificado por el Reino de España[2] en tiempos del último mandato como presidente del gobierno de Felipe González Márquez, estableció mecanismos de protección de los inversores de otros países signatarios, incluida la posibilidad de someter las controversias bien a los tribunales ordinarios locales, o bien a los tribunales arbitrales internacionales[3].

Obviamente esas remisiones a cortes arbitrales internacionales incrustadas en algunos casos en organizaciones interestatales, se realizaban en el buen entendido de garantizar al inversor extranjero una seguridad jurídica nunca inferior al nacional. Tal vez por las profundas implicaciones en el orden jurídico interno que tenía vincularse al Convenio sobre el Arreglo de Disputas relativas a Inversiones entre estados y nacionales de otros estados (CIADI), del Banco Mundial, hecho en Washington el 18 de marzo de 1965, el Reino de España no lo ratificó hasta el año 1994.[4]

Una estrategia temeraria

Precisamente, dos de los fundamentos del convenio anterior (artículo 54) consisten en el compromiso de los países signatarios de reconocer el carácter obligatorio de los laudos dictados conforme al Convenio y, segundo, en su obligación de hacer ejecutar dentro de sus territorios las responsabilidades pecuniarias impuestas por los mismos laudos, como si se trataren de sentencias firmes dictadas por un Tribunal en dicho Estado.

Como viene pormenorizando Diego Sánchez de la Cruz, grandes inversores del más diverso origen llevaron en su día al Reino de España ante colegios de árbitros en el marco del CIADI para exigir el pago de las subvenciones a las renovables, comprometidas y han obtenido laudos favorables. Sin embargo, antes que hacer honor a los compromisos internacionales contraídos en su día, el gobierno actual está adoptando una estrategia temeraria de incumplimiento o, cuando menos, de obstrucción frente a los ejecutantes.

El descrédito

Esta actitud incrementará el coste de la deuda del Estado en un momento crítico, puesto que, lógicamente, los acreedores añadirán sustanciosos intereses de demora y le trasladarán las costas derivadas de largos procedimientos de ejecución en los que ya se ha llegado al embargo de bienes en países extranjeros.

En conclusión, un gobierno que se salta principios constitucionales básicos está dispuesto, asimismo, a desafiar las obligaciones internacionales de las que depende la reputación de todo un país. En funciones o con opciones de forjar una coalición parlamentaria aberrante, el gobierno arrastra al Reino de España hacia el total descrédito.

Notas

[1] A este respecto, recuérdese que la Constitución española (Art. 9.3) “garantiza el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales, la seguridad jurídica, la responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos”. Y que entre los derechos fundamentales del individuo se recoge en el artículo 25.1  que “nadie puede ser condenado o sancionado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no constituyan delito, falta o infracción administrativa, según la legislación vigente en aquel momento”.

[2] Publicado en el BOE de 17 de mayo de 1995.

[3] Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI) del grupo del Banco Mundial, Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (CNUDMI), o Instituto de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Estocolmo.

[4] De hecho, fue firmado el 21 de marzo de 1994 y ratificado durante la primavera de ese año. BOE, 13 de septiembre de 1994. https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-1994-20235

El partido de los ositos de gominola

Una de las características fundamentales de las campañas electorales es que los políticos, casta privilegiada que se mueve con sus contaminantes vehículos de gasolina hasta para ir a por el pan, tienen a bien subirse a medios de transporte estatales para mezclarse con nosotros, la plebe que se mueve en dichos medios de transporte por necesidad y no por virtud. Para la posteridad nos ha regalado la candidata comunista de Sumar, en estas elecciones y ministra de trabajo, Yolanda Díaz, un vídeo en el que nos muestra el interior de un tren de Renfe, habiendo alternativas más asequibles. Con un discurso más propio de una maestra que lleva de excursión a sus niños de educación infantil por primera vez, Díaz nos pide el voto con el tradicional “Miradme, soy una pobre muerta de hambre como vosotros. ¡Votadme!”

La extraña muerte del marxismo

Díaz no heredó de Iglesias el partido, sino la parte comunista del gobierno. Sin embargo, sus ansias de poder la llevaron a fundar una plataforma electoral, ahora transformada en una coalición, a la que se han ido sumando sus antiguos compañeros de Unidas Podemos. Ante los constantes fracasos electorales de sus correligionarios desde 2021, elecciones madrileñas las primeras, la posibilidad de perder asiento, y sueldo, ha sido determinante para terminar escondiendo sus rencillas, y a Irene Montero, para concurrir juntos a las elecciones.

Sumar, enésima heredera de los comunistas posteriores a la caída del Muro de Berlín y la constatación definitiva, aunque Mises y Hayek ya lo sabían, del fracaso del comunismo, sigue a pies juntillas el manual del comunismo posmarxista. Por un lado, como nos enseñó Paul Gottfried en La extraña muerte del marxismo (2005), el partido ha tenido que esconder hasta la saciedad que son comunistas.

Un marxismo medio oculto

Aunque lleven al Partido Comunista de España integrado en Izquierda Unida, a la vez integrado en Unidas Podemos y, a su vez, integrado en Sumar, no se puede sacar a relucir los cariñosos discursos que la lideresa sumatoria dedicaba a, entre otros, Fidel Castro o Hugo Chaves en su época de diputada autonómica gallega y sindicalista en Comisiones Obreras.

Por supuesto, Díaz y toda la bancada de Unidas Podemos, miembro del gobierno, ha estado en todo lo que ha provocado que la izquierda vaya a perder poder de forma apabullante: los ilegales estados de alarma, la reforma laboral, la ley trans, la del sí es sí, etc. Por supuesto, Díaz no sólo votó a favor de todo esto, sino que, al frente del ministerio de trabajo, ha participado activamente en el deterioro económico, en la legislatura perdida.

El voto obrero

Otra de las características fundamentales del marxismo actual es su búsqueda del voto. Al menos, los partidos comunistas inmediatamente posteriores al golpe de Estado de los bolcheviques en 1917 y, sobre todo, a partir de la Segunda Guerra Mundial, buscaban el apoyo, tanto electoral como sindical, de la clase trabajadora.

En un Estado industrial, capitalista, con una economía de mercado basada en los servicios, los asalariados somos, por mucho, la mayoría de los votantes. Eso, al menos, hasta que el Estado del Bienestar haya crecido tanto que los funcionarios y pensionistas ya nos han superado.

Del voto obrero al rosario de minorías

Pues bien, en la situación actual, con el voto obrero totalmente perdido para la izquierda, lo que queda es dirigirse a minorías muy estrechas. Ahí tenemos el nombramiento de una transexual lesbiana como portavoz del partido, una estrategia brillante para atraer el voto del albañil que se tira doce horas al día en lo alto de un andamio y que, en cuanto llega a casa, escucha, con una voz más grave que el órgano de la Catedral de Santiago, que se trata de un señoro al que hay que deconstruir por la contaminación a la que la derecha mediática le ha sometido.

Otra minoría a la que el partido parece dirigirse es a la islámica. En un reciente debate, el enviado por los comunistas, un catedrático universitario llamado Francisco Sierra, se dedicó, siguiendo unos postulados muy extendidos en Oriente Medio, a ignorar a la candidata de VOX, Rocío de Meer, cada vez que ésta intervenía.

Romper el país

Por supuesto, dentro de Sumar se ha unido Coalición por Melilla, partido que pide la “devolución” de Melilla a Marruecos; mientras que Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (Ceuta), cuya líder, Fátima Hamed, estuvo en el mitin de lanzamiento de Sumar en el Magariños (eso está en la calle Serrano, no en Vallecas o Usera) ha declinado integrarse en la coalición de cara a las generales.

Por supuesto, la extrema izquierda siempre estará de lado de los partidos que tengan como fin desmembrar la integridad territorial del país en el que se presenten, algo radicalmente contrario a la época de la Unión Soviética y lo que hacía en Ucrania.

Una amalgama de partidos para llegar al poder

Esta estrategia de comunicación tiene un problema en el largo plazo: se trata de una amalgama de partidos, unidos circunstancialmente ante la más que evidente posibilidad de perder cualquier parcela de poder. Sin presencia como tal en cualquier parlamento autonómico, con la falta de una estructura homogénea de partido, la situación de Sumar puede convertirse en todavía más efímera que la UPyD. El tiempo lo dirá. De momento, el partido, o lo que sea, apenas puede ofrecer unos eslóganes bastante superados y con poco rédito electoral.

Ver más

Las cinco grandes aberraciones del PSOE y Podemos en los presupuestos de 2022. (Diego Sánchez de la Cruz).

Podemos quiere volver al secuestro de publicaciones contratrias. (José Carlos Rodríguez).

Podemos prefiere el parasitismo a la autosuficiencia. (Juan Ramón Rallo).

Demasiada innovación para el bienestar social

A cualquier persona con dos dedos de frente el título de este artículo parecerá, en el mejor caso, una contradicción, sino una completa estupidez. Y, sin embargo, es el tipo de conclusiones que empiezan a aparecer en los artículos de los economistas mainstream, especialmente de los europeos.

Así pues, estos señores y estas señoras (seamos inclusivos con la gilipollez) son capaces de determinar un nivel óptimo de innovación que maximiza el bienestar social. Si no se alcanza o se supera dicho nivel, el Estado está legitimado para implementar políticas que permitan incrementar o reducir la innovación. O sea, que habría políticas contra la innovación que se justificarían porque se está innovando demasiado. No es de extrañar que la Unión Europea se haya quedado a la cola de la innovación en muchas tecnologías. No sea que nos pasemos de innovadores.

La chispa de la innovación

Recordemos primero la teoría económica de la innovación, antes de tratar de comprender cómo alguien puede llegar a las conclusiones anteriores. ¿Por qué se produce la innovación?[1]

Los individuos observan y anticipan recursos, precios y necesidades. En determinados momentos pueden tener una idea innovadora. En términos económicos se puede describir como aquella que permite revalorizar un recurso respecto a la situación observada. Ello puede ser porque se va a usar de forma más eficiente para una misma necesidad, o porque se va a utilizar para satisfacer otra de más valor. O incluso porque un bien no económico se identifica como posible recurso para satisfacer necesidades. Por último, también porque se anticipan nuevas necesidades hasta ahora desconocidas.

A la gente se le ocurren constantemente ideas sobre cómo mejor satisfacer sus necesidades, sea con los recursos existentes o inventando nuevos recursos. La cuestión es que solo unas pocas de estas ideas terminan teniendo éxito, y la única manera de saber cuáles es, precisamente, llevándolas a la práctica. Esto es, innovando.

Valoración a posteriori

Solo una vez se ha producido la innovación, sabremos si efectivamente la idea es buena o no. El problema es que la innovación precisa el consumo de recursos, y estos son siempre escasos respecto a las ideas que se quieren implementar, como en general lo son para la satisfacción de las necesidades. Hay herramientas que nos orientan algo a la hora de tomar la decisión de innovación, siendo de especial relevancia el cálculo económico que se puede haber una vez aparece el intercambio indirecto en la economía y todos los bienes tienen un precio en una unidad común. Pero, por mucho cálculo económico que se haga y muy bien hecho que esté, al final solo sabremos si la innovación es buena si consumimos los recursos requeridos para ponerla en marcha.

¿Y qué ocurre cuando ya hemos innovado? Pues pueden pasar básicamente dos cosas: éxito o fracaso. Lo primero significa que hemos acertado con nuestra anticipación, y los recursos consumidos para el nuevo uso han resultado más valiosos de lo que nos han costado. En consecuencia, aparece un beneficio económico (no necesariamente dinerario) que señaliza el éxito de la innovación de una forma objetiva.

Más, mejor

El fracaso, por el contrario, hará aparecer una pérdida, puesto que hemos utilizado los recursos en algo que la sociedad valoraba menos que el uso original. Ello implica que nos han costado más del ingreso que hemos obtenido tras implementar la idea. La sociedad nos está castigando por lo que hemos hecho, y nuestro patrimonio se verá reducido.

Utilizando la jerga mainstream, en caso de éxito, tanto el bienestar privado (del sujeto innovador) como el bienestar social se incrementan; en caso de fracaso, el bienestar privado se reduce, pero el bienestar social apenas se ve afectado. Esta es la asimetría en la que hay que fijarse para entender que la innovación es siempre buena para el bienestar social, para la sociedad, aunque no siempre lo sea para el innovador. Consecuentemente, el análisis teórico nos lleva a decir sin ambigüedad que cuanta más innovación, mejor para la sociedad. Desde el punto de vista político, esta conclusión justificaría cualquier tipo de incentivo a la innovación. No toca ahora ver de qué forma puede la política incentivar la innovación, pero quedémonos al menos con la conclusión económica.

Modelar matemáticamente el genio

Volvamos ahora al mainstream y a sus disquisiciones. Para tratar de entender las conclusiones a que me refería al comienzo de estas líneas, lo primero es describir de qué forma incluyen la innovación en sus modelos matemáticos de equilibrio. Antes de ver la solución, piense un momento el lector la inherente dificultad de modelar matemáticamente el proceso descrito anteriormente, y especialmente ese momento de “idea feliz” que constituye el detonante.

Lo que generalmente hacen los economistas mainstream es modelar la innovación mediante la cantidad invertida en I+D. De esta forma tienen un numerito que meter en sus ecuaciones. La asunción implícita es que a mayor gastos en I+D, mayor es la probabilidad de “idea feliz”, o bien que la calidad del producto vendido se incrementa con dicho gasto, haciendo que su producto sea percibido como superior por los consumidores en su modelo. Como se observa, nada de la incertidumbre radical a que se enfrenta el innovador en la realidad.

Revestimiento científico de la arbitrariedad política

Con la innovación metida así en el modelo, ya están en condiciones de hacer sus cosas, como es despejar, derivar, maximizar y minimizar. Así pues, pueden calcular el bienestar social en función de la nueva variable, y luego derivar el primero respecto a la segunda, y calcular un gasto de I+D (esto es, nivel de innovación) que maximiza el bienestar social. El resto de su análisis es el descrito al comienzo del artículo, y les puede salir que convenga restringir la innovación si el nivel actual en el mercado es superior al que han calculado como óptimo.

En manos de un político, insisto, típicamente europeo, estos resultados son muy útiles cuando se les argumenta que tal regulación o tal decisión de competencia puede cargarse la innovación y, por tanto, disminuir el bienestar social. Ahora, gracias a la nueva oleada de economistas cafres, el político tendrá un argumento “científico” para decidir que Google o Telefónica innovan demasiado y no se necesita tanta. Y en la Unión Europea seguiremos siendo los líderes en regulación y ruina.

Ver también

Sobre la innovación potencialmente ilimitada (y el optimismo al respecto). Francisco Capella.

La innovación como motor social. Alejandro de León.

Sobre innovación y empresa. Fernando González San Francisco.

Innovación y desarrollo: de la copia al espionaje. Jaime Juárez Rodríguez.


[1] Se da la explicación económica de la innovación. Sobre cómo se le ocurren a la gente las ideas, la cosa no es ni mucho menos tan sencilla, pero es una explicación que se sale completamente de la teoría económica.

La ambivalencia de Menger respecto del ‘homo oeconomicus’

Las investigaciones de Carl Menger se limitaron estrictamente a las acciones económicas en Principios de Economía Política. En su obra, el actor humano de Menger es un homo oeconomicus, quien actúa cuando piensa que su bienestar en un momento dado depende de la satisfacción de sus necesidades con bienes económicos.

Perspectiva reduccionista

Su bienestar solo está asegurado si piensa que tiene a su disposición los bienes necesarios para la satisfacción directa de estas necesidades (Menger 1871, p.56). Así pues, la investigación de Menger excluye los impulsos no económicos, como el amor, la solidaridad, el honor o el ansia de poder. Esto no es así porque Menger no fuera consciente de que la acción humana no solo está impulsada por factores económicos. Menger también ha notado que los seres humanos no sólo están motivados por las recompensas económicas, sino que también buscan la satisfacción y otras necesidades humanas en sus actuaciones económicas (ibid, p.171). Sin embargo, él eligió una perspectiva reduccionista, porque su objetivo era descubrir las leyes exactas de la acción económica. Su meta era elevar el pensamiento económico a la categoría de una ciencia exacta, similar a las ciencias naturales.

El punto de partida de Menger fue que es posible descubrir condiciones y conexiones causales que ejercen una influencia como leyes exactas. Esto es así porque bajo ciertas condiciones, los seres humanos con libre voluntad se ven obligados a actuar como si estuvieran desprovistos de libre voluntad. Por eso, en su libro el homo oeconomicus economizador recibió un papel importante.

Preferencias preexistentes y estables

Muchos de sus ejemplos prácticos indican claramente que su homo oeconomicus economizador actúa sobre la base de preferencias preexistentes y estables. Y su plan de comercio se basan en patrones bien establecidos. El propietario que lleva a sus vacas al mercado tiene preferencias claras de que su objetivo es cambiar sus vacas por caballos. Y viceversa para el propietario de caballos (ibid, pp.181-2). El agricultor de trigo también tiene preferencias claras y bien establecidas sobre cómo utilizar el trigo cosechado (ibid, p.129). Visto desde este punto de vista, no es en absoluto sorprendente que George Stigler (1937, p.235) observara que Menger fue uno de los primeros economistas “en introducir la indispensable herramienta económica de los supuestos ‘estáticos’ en los análisis económicos”.

Pero su “homo oeconomicus” humano es de doble carácter, como el dios Jano de la mitología romana representando en las iconografías con dos caras. El propio Menger no exploró explícitamente el carácter ambivalente de su actor humano. Sin embargo, la razón de que sea posible construir un actor humano con dos caras es que Menger enfatizó diferentes facetas del comportamiento económico en las dos partes clave de Principios de Economía Política.

Dos facetas

La primera faceta domina el primer capítulo de su libro en el que analiza la teoría de los bienes y las causas del progreso de la civilización. La segunda faceta es la descripción del comportamiento económico que lleva a cabo a partir del tercer capítulo, en que Menger analiza las leyes del intercambio y de la formación de los precios. Estos dos grandes bloques se basan en dos facetas muy diferentes del comportamiento humano: una innovadora y emprendedora, y otra economizadora. Una “irracional” y otra “racional”.

Los términos irracional y racional no fueron utilizados por el propio Menger, pero los he tomado prestados de Schumpeter (1934, 326-331) y los utilizaré para caracterizar las dos caras diferentes del humano de Menger. La caracterización de Schumpeter me parece muy acertada porque aclara lo que Menger dejó implícito; al fin y al cabo, Schumpeter vivió la tradición mengeriana en la Universidad de Vienna, y fue alumno de Wieser y Böhm-Bawerk, los inmediatos seguidores claves de Menger.

Economizador

Economizar es actuar y calcular racionalmente. Esta es una de las caras a las que me referiré como un lado de la ambivalencia de Menger con respecto del actor humano. A partir del tercer capítulo, Menger analiza el “homo oeconomicus” economizador. Considera que economizar significa administrar cuidadosamente los bienes escasos que ya están a disposición de la persona que actúa.

Economizar significa (1) mantener en pie cada unidad de un bien, 2) conservar sus propiedades útiles, 3) hacer una elección entre sus necesidades más importantes, que serán satisfechas con la cantidad disponible del bien en cuestión (4) obtener el mayor resultado posible con una cantidad dada del bien o un resultado dado con la menor cantidad posible (ibid, pp.95-6).

El actor humano economizador llega al mercado con bienes ya producidos y preferencias estables. Un dueño de vacas quiere cambiarlas por caballos, mientras que el dueño de caballos quiere cambiarlos por vacas.  Ambos son actores racionales: están economizando con sus recursos y quieren conseguir una mejor asignación de recursos en el mercado. El resultado de su negociación se encuentra dentro de un margen de cálculo racional por ambas partes condicionado por la oferta y la demanda.

Razón, pero también capricho

Conociendo el conjunto de condiciones que configuran su regateo, sus acciones pueden analizarse como acciones de actores independientes de la libre voluntad, aunque actúan con su plena capacidad de voluntad en la medida en que desean el intercambio y quieren asegurar el cumplimiento de sus preferencias. No obstante, las condiciones son tales, que llegarán, siguiendo un cálculo racional, a un resultado que será el mejor resultado posible.

Menger señala incluso que el capricho humano tiene cierto grado de influencia. Pero es igualmente cierto que los esfuerzos opuestos de los negociadores por obtener la mayor ganancia posible de la transacción se equilibrarán en la mayoría de los casos. Por tanto, los precios tenderán a establecerse en la media de los límites extremos posibles (ibid. pp.196-7). Así pues, el agente economizador de Menger es el “homo oeconomicus” racional que administra cuidadosamente los recursos disponibles para garantizar la mejor satisfacción posible de sus necesidades.

Innovación

El descubrimiento y la ampliación del conocimiento es la segunda cara del “homo oeconomicus” mengeriano. Esta cara domina el primer capítulo de Principios de economía Política en que Menger teoriza sobre la valoración subjetiva y el progreso de la civilización. Menger esboza claramente que el progreso de la civilización se debe a la capacidad humana para descubrir nuevas conexiones causales entre dos fenómenos desconocidos hasta entonces y ampliar así sus conocimientos y su capacidad para poner en práctica sus ideas y aplicar los nuevos descubrimientos. Esta faceta, como argumentó más tarde Schumpeter, es “irracional”.

La invención y la innovación son brotes de una idea nueva que rompe con la realidad calaculable. El empresario innovador actúa sobre la base de la estimación de las posibles ganancias en lugar del cálculo racional.[1] Schumpeter (1934, 226-231) opinó que la innovación irracional y el cálculo racional son etapas de un proceso: la primera fase es la innovación “irracional”, basada en la estimación, y la segunda, el “cálculo racional” que entra en juego en la acción empresarial cuando el empresario pone en producción la idea, e intenta hacer la producción lo más racional y efectiva posible.

Descubrimiento

El descubrimiento, la ampliación del conocimiento, la invención y la innovación empresarial, como ya he comentado en un artículo anterior, provocan una inseguridad incalculable en lo que respecta al futuro para los demás participantes de la vida económica. La invención y la innovación perturban los planes economizadores racionales de todos los demás agentes económicos del mismo nicho de mercado porque su planificación se concibió en el contexto de lo ya dado y aceptado por la realidad anterior a la innovación, por las tradiciones, las costumbres y la práctica bien engrasada. Como argumentó Huerta de Soto (2010, p. 22) “El futuro es siempre incierto, en el sentido de que está por construir… el futuro está abierto a todas las posibilidades creativas del hombre y, por ello, cada actor lo afronta con permanente incertidumbre“.

Así, el humano con la “doble cara de Jano” mengeriano es un híbrido de cálculo “racional” con condiciones dadas y preferencias establecidas, y un inventor e innovador “irracional” que crea un mundo nuevo descubriendo nuevas conexiones, rompiendo con las costumbres, preferencias y prácticas comprobadas.

Leyes exactas

Esta ambivalencia del actor humano es un tema tenue e implícito en el libro de Menger. La razón es que el objetivo manifiesto de Menger era establecer un sistema teórico que mostrara cómo la economía se guía por leyes exactas. En consecuencia, Menger analizó más la faceta “racionalmente” calculadora y economizadora del “homo oeconomicus” que sigue las costumbres, las prácticas establecidas y las preferencias. No obstante, era consciente de que el ser humano presenta más de una faceta en su actuación económica.

Pero esta faceta creativa y emprendedora sólo tiene presencia en la primera parte de su libro porque, según mi punto de vista, su teoría del desarrollo sobre la causa del progreso de la civilización está simplemente esbozada en el libro en comparación con el esfuerzo aplicado por demostrar la existencia de leyes exactas predecibles. Pero…, está ahí. Irónicamente, la moderna escuela austriaca se centra en la faceta creativa empresarial del actor humano mengeriano, mientras que las modernas escuelas económicas walrasianas dominantes se centran más bien en la faceta homo oeconomicus.

Planificación

El actor innovador y empresarial plantea una objeción a la planificación de la vida económica distinta de la de Hayek. Hayek (1945) argumentaba que los planificadores centrales nunca son capaces de recopilar toda la información relevante debido a la naturaleza del conocimiento descentralizado, tácito y disperso de los actores locales. Contrario a Hayek, el elemento esencial de la crítica basada en el actor con cara de “irracional”, es que los planificadores son incapaces de estimar el impacto de los descubrimientos futuros y el poder creativo de la imaginación humana. Esto es así porque cualquier plan basado en el cálculo racional y en la continuidad de un equilibrio preexistente, es incapaz de abordar el dinamismo del mercado debido a las invenciones e innovaciones empresariales. Como teorizó Huerta de Soto (2010, p. 276), un mercado dinámico no puede conciliarse fácilmente con una planificación basada en modelos matemáticos.

Bibliografía

Arnaert, B. (2022) Los dos Ludwigs: Mises, Lachmann, and the ongoing Methodenstreit in the Austrian School of Economics, tesis doctoral. Mimeo.

Hayek, F. (1945) “The Use of Knowledge in Society”, American Economic Review, XXXV(4), pp. 519-530.

Huerta de Soto, J. (2010) Socialismo, cálculo económico y espíritu empresarial. Edward Elgar.

Menger, C. (1871) Principios de economía. 2007a edn. Auburn, Ala: Instituto Ludwig von Mises.

Schumpeter, J. (1934) Teoría del desarrollo económico. 2008a edn. New Brunswick, Nueva Jersey: Transaction Publishers.

Stigler, G. (1937) “The Economics of Carl Menger”, Journal of Political Economy, 45, pp. 229-250.


[1] Estoy en deuda con Brecht Arnaert, que me aclaró la diferencia entre estimación y cálculo. Huerta de Soto (2010, p.26) también utilizó el término “estimación” para caracterizar la toma de decisiones empresariales y escribió que un empresario estima el efecto futuro de sus acciones, cuando decide qué acciones llevará a cabo.

Privatización silenciosa

Cuando existe la oportunidad política[1] debemos pasar de una economía socialista, altamente intervenida, sobreregulada o equivocadamente regulada a una más liberal, de iniciativa privada, libre empresa y con un menor paternalismo. Los liberales solemos enfatizar en el valor de la privatización como principal medio para reducir el tamaño del Estado y permitir la participación del sector privado. Y ello para dar lugar al enriquecimiento característico de la economía de mercado.

Aunque la privatización tiene claros beneficios económicos, también presenta dos grandes desafíos: problemas de procedimiento y costos políticos. En este artículo, propongo una solución: antes de privatizar, es crucial liberalizar en la medida de lo posible. Esta estrategia, aunque evidente, no siempre se aplica. Hay países que salen del socialismo, como las repúblicas ex soviéticas o posiblemente Venezuela, Argentina y Cuba en el futuro. En ellos, la privatización puede parecer la prioridad más urgente, y la acción política más visible y coherente con el liberalismo. Sin embargo, privatizar sin liberalizar no resuelve el problema de fondo y puede generar descontento social contraproducente.

Retos del procedimiento

El proceso de privatización, es decir, el cómo se hará, es crucial para el éxito de la privatización. En el procedimiento de privatización se deben tener en cuenta los siguientes retos:

  • Oligarquías. El principal riesgo es que el procedimiento no sea abierto y transparente. Y que las empresas pasen a manos de amigos de los políticos y no a manos del mejor postor.
  • Cambios radicales. La privatización puede traer una renovación de la plantilla de trabajadores. Por lo general son solo los cargos importantes, pero puede conllevar un cambio en la estructura y funcionalidad completa de la empresa. Hay que tener en cuenta que algunos servicios o empresas públicas no existieran si no fuesen obra del Estado. Ello no confirma que el Estado sea necesario, más bien indica que el Estado puede llevar a cabo proyectos parasitarios que destruyen recursos. No obstante, los cambios radicales producto de la privatización pueden ser políticamente costosos o impopulares.
  • No se compensa al contribuyente. Si quienes en última instancia los contribuyentes han sido quienes han financiado las empresas y obras públicas, ¿no debería los contribuyentes beneficiarse de la privatización? Sí, debería ser así. Pero repartir en acciones las empresas públicas no es sencillo, barato o necesariamente lo más eficiente que se pueda hacer.
  • Pasar de bienes públicos a copropiedad. Puede darse el caso que la privatización amerite convertir el bien en una copropiedad. Esto puede implicar un reto político y social de coordinación y cooperación para los involucrados.

Costos políticos de la privatización

El nefasto Estado de bienestar y las empresas públicas suelen presentar el característico patrón maniacodepresivo del socialismo. Lo publico por lo general tiene un inicio relativamente exitoso, las nuevas obras publicas suelen ser ambiciosas y pomposas, las empresas recién nacionalizadas reciben un empujón por la vía de nuevo financiamiento, menos trabas para operar en el país o nuevos contratos públicos. Pero con el paso del tiempo, lo publico se va haciendo menos innovador y eficiente, y al llenarse de subsidios, empleados públicos innecesarios y ciudadanos dependientes del sistema, lo publico se torna enormemente costosos económicamente y difícil de desmontar políticamente. De esa manera, se atornilla la socialdemocracia, haciendo casi imposible salir de ella.

A pesar de que pueda alcanzar un Estado deplorable, lo publico no pierde clientes o usuarios por dos razones básicas: el subsidio y la ausencia de competencia. Lo primero es una estrategia insostenible, los ciudadanos pagan por la vía de impuestos un servicio que se subsidia, por lo que se distorsiona toda información sobre sus precios y demanda de mercado, llevando a excesos y carencias en la administración. Por otro lado, la ausencia de competencia es la vía por la que se consolida el paternalismo, la dependencia al Estado y se destruye la iniciativa privada.

Privatización: beneficios sociales, costes políticos

Las universidades y hospitales públicos no dejan de ser una opción para los ciudadanos porque el Estado frena, limita o encarece enormemente la participación privada en esos sectores. Por ejemplo, con regulaciones que limitan la apertura de nuevas escuelas de medicina. De lo contrario, habría una amplia oferta de la carrera y bajarían los precios. Ello permitiría al usuario tener una alternativa a lo público que no sea significativamente costosa.

En consecuencia, por lo general, lo público acumula una enorme cantidad de empleados y usuarios dependientes. Se deteriora lentamente, pero no muere del todo porque no puede quebrar sin una restricción presupuestaria dura. Y, al ser el único servicio (como la seguridad) o el único servicio a muy bajo coste (como la salud), no pierde usuarios por más bajo que caiga la calidad y eficiencia de su oferta. Estas tres razones hacen que la privatización sea muy beneficiosa económicamente para las cuentas públicas, pero muy costoso políticamente porque el mercado no ha tenido tiempo de desarrollar plenamente las alternativas a lo público.

Liberalización: el primer paso necesario

Liberalizar o desregular sectores de la economía es una forma de quitar poder al Estado. Permite que el orden espontáneo tome el protagonismo mediante el desarrollo individual y descentralizado de la función empresarial por parte de todos. Cuando la oferta pública decae, no surge inmediatamente oferta privada por las barreras de entrada. Sin embargo, cuando no hay barreras de entrada, a pesar de que sector público este funcionando relativamente bien, el sector privado suele llenar huecos en la oferta. Presenta sus sustitutos, que pueden no tener mucha fuerza en el inicio, pero la irán adquiriendo en la medida en que los clientes tengan mayor poder adquisitivo. O que el sector público empiece a presentar sus debilidades programadas.

Liberalizar o desregular también tiene costes políticos, pero son menores que los de la privatización porque los beneficios y perjuicios aparecen en paralelo y los beneficiados suelen ser mayoría. Por ejemplo, en el corto plazo, cuando se permite Uber o cualquier servicio similar los clientes se benefician y los taxistas se perjudican en paralelo. O cuando se permite ampliar sin restricciones la oferta académica, escolar y universitaria, las familias se benefician y las instituciones anteriormente privilegiadas se ven perjudicadas. En ambos casos los clientes, que son mayoría, ven un abaratamiento inmediato.

Aprovechar las situaciones difíciles

A pesar de ser minoría, los oligopolistas en forma de gremios y otras entidades se organizarán para protestar. Pueden ser «ruidosos» y persuasivos, y tornar la opinión pública a su favor. Ante esto es recomendable liberalizar en sintonía con la coyuntura política. Como suelen hacer los socialistas cuando aprovechan las crisis para aumentar su tamaño, pero de manera contraria. Se trata de aprovechar, por ejemplo, la subida del precio de los alimentos para reducir impuestos o desregular la importación o producción de alimentos.

Privatizar puede que lleve a una reducción brusca del gasto público. Pero liberalizar antes de privatizar no constituye una mala estrategia para sanear las cuentas públicas. La liberalización despierta sectores de la economía que estuvieron dormidos en el pasado, lo que trae nuevas inversiones y crecimiento que se puede traducir en mayores ingresos para el Estado. En paralelo, la nueva oferta privada de sanidad, educación, transporte, entre otros, retira usuarios de los servicios públicos. Ello puede reducir parte de sus gastos, principalmente costes variables.

Cocnclusión

En conclusión, si durante muchos años se desarrollan y conviven en paralelo empresas públicas y privadas sin mayores regulaciones monopolísticas, la privatización estará más cerca. Será más fácil, menos costosa políticamente y más aceptada por la población. Si en algún momento, políticos realmente liberales tienen la oportunidad de hacer un cambio, deberán hacerlo sin titubear. De manera determinada y radical. Pero la mejor estrategia será empezar por liberalizar y desregular, a un ritmo constante, aprovechando la coyuntura y lidiando con los grupos de presión. Con ello progresivamente se habrán construido los cimientos para las futuras privatizaciones.

Ver también

La privatización con cupones de la República Checa (José Carlos Rodríguez)

Desamortización civil (Cristóbal Matarán).


[1] El presente artículo parte de la premisa de que existen políticos liberales que buscan reducir el tamaño del Estado, sobre lo que el autor es escéptico. No obstante, es relevante reflexionar sobre estrategias políticas beneficiosas para el liberalismo.

Alquiler: en defensa (más o menos) de los caseros

Henry Hill. Este artículo fue originalmente publicado en CapX.

La crisis inmobiliaria (y de alquiler) de este país es dura para mucha gente. Pero en medio de interminables historias de terror sobre aspirantes a inquilinos que pagan seis meses de alquiler por adelantado o a los que se les pide la fianza, es sumamente difícil sentir lástima por los propietarios.

Inversión y riesgo

A juzgar por el número de los que dicen que planean vender debido a la subida de los tipos hipotecarios, parece que muchos de ellos no se han dado cuenta de que han hecho una inversión especulativa y que dicha inversión puede, al igual que las acciones, subir o bajar.

Incluso si se siente cierta simpatía por las cohortes más jóvenes de propietarios-ocupantes, que se han apalancado hasta los topes porque eso es lo que exige el mercado, la idea de exenciones fiscales para personas acostumbradas a que sus hipotecas sean pagadas por los alquileres de otras personas -como pide la Asociación Nacional de Propietarios Residenciales- parece, bueno, un poco obscena.

La idea de expulsar a los arrendadores

Sin embargo, aunque resulte irritante admitirlo, algunos de ellos tienen al menos un buen argumento. Expulsar a los arrendadores del mercado inmobiliario, en ausencia de otras políticas, empeora la crisis de la vivienda. A quienes deberían saberlo les cuesta aceptar esta idea. Después de todo, no es como si las casas vendidas por los propietarios estuvieran siendo demolidas, ¿verdad? Por muy mal que estén las cosas, no hemos llegado (¿todavía?) al punto de destruir activamente el parque inmobiliario.

Pero ése no es el problema. El problema es que la densidad de ocupación es mucho mayor en el sector del alquiler privado que en el de la vivienda en propiedad. Yo comparto mi alquiler actual con otros tres jóvenes profesionales, todos viviendo en lo que se construyó como vivienda familiar; compartiré el nuevo piso que acabo de comprar con una sola persona más.

Los grifos de la oferta

Aún, la gente no ha abandonado (todavía) tanto la esperanza como para unirse a desconocidos para comprar una cuarta parte de una hipoteca. Mientras eso no ocurra, las viviendas ocupadas por sus propietarios serán ocupadas de forma menos eficiente, por término medio, que los alquileres. Eso está bien, por cierto. Debemos resistirnos a la mentalidad británica de escasez. Es la que se centra en racionar de forma eficiente y “justa” las cosas en lugar de aumentar la oferta. Una sola persona en un piso espacioso es ineficiente, desde una perspectiva puramente centrada en la densidad. También lo es una casa con un gran jardín. Ambas cosas son buenas.

Pero hasta que no abramos los grifos de la oferta, significa que, por término medio, cada propiedad retirada del sector privado de alquiler decantará a varios antiguos inquilinos en un mercado cada vez más reducido, aunque uno o dos de ellos salgan hacia las soleadas tierras altas de la propiedad. Desde la perspectiva de cualquier gobierno que intente aumentar el número de propietarios de viviendas, esto crea un dilema formidable.

Sin intervenciones que desfavorezcan a los arrendadores, éstos superarán a los aspirantes a primeros compradores. Los propietarios disponen de múltiples activos que pueden utilizar como garantía hipotecaria y, por tanto, suelen obtener préstamos a tipos más favorables. Además, este problema se agrava: cuanto más patrimonio acumulen, mayores serán sus ventajas sobre los compradores primerizos.

Es difícil comprar una casa

Pero muchas personas no están en condiciones de comprar. Y puede que nunca lo estén. Y el sector privado de alquiler desempeña un papel vital en el alojamiento de esas personas. Si no se amplía la oferta de vivienda, cualquier traspaso sostenido de propiedades de los propietarios a los inquilinos, aunque sea estupendo para los nuevos propietarios, va a reducir los alquileres.

Típicamente, George Osborne se embarcó en su ofensiva contra los propietarios durante la Coalición. Lo hizo sin que el Gobierno hiciera ninguna provisión seria para ampliar la oferta de nuevas viviendas. El resultado fue que, una década después, la vida no es notablemente más fácil para los titulares de hipotecas. Pero ha empeorado mucho, mucho para los inquilinos.

Un inspector indulgente

A una de mis compañeras de piso, que no tiene planes de comprar, la agencia le ha dicho que sus gastos mensuales aumentarán en más de 250 libras cuando renueve. Si no me hubiera mudado, a partir de agosto estaría pagando sólo 150 libras al mes menos por mi pequeña habitación de la planta baja de lo que podría haber alquilado un piso entero de una habitación a un par de calles de distancia por sólo dos años.

También tuvimos suerte de que el inspector del ayuntamiento se sintiera indulgente cuando nos visitó el año pasado. Al parecer, uno de los dormitorios de arriba podría ser demasiado pequeño para alquilarlo legalmente, pero reconocieron que serían los inquilinos restantes los que saldrían perjudicados si eso se aplicara.

Prohibir la sobrerregulación

Hay otras intervenciones que el Gobierno podría hacer para ayudar, por supuesto: la más obvia, prohibir a las autoridades locales la sobrerregulación de las normas mínimas nacionales para las viviendas de alquiler. A los ayuntamientos que no han mantenido la construcción de viviendas al ritmo de la demanda no se les debe permitir que sigan haciendo de lo perfecto enemigo de lo bueno; puede que usted o yo no queramos alquilar una habitación en una caja, pero es mejor eso que no tener ninguna habitación.

Pero no debemos dar a Osborne y a los que han seguido sus pasos un pase en la catástrofe del alquiler, sólo porque muchos propietarios sean tan caricaturescamente antipáticos. Tampoco debemos caer en nuestra propia versión de la ilusión de los políticos de que tenemos un buen sistema del que abusan los malos actores. La triste verdad es que derrocar a los propietarios mañana no resolvería la crisis de la vivienda. Necesitamos construir más casas.

Ver también

El gobierno destruirá el mercado del alquiler de viviendas. (Juan Morillo).

La aberración del control de alquileres. (Ignacio Moncada).

Control de alquileres, una nefasta idea. (Ignacio Moncada).

¿Qué fue del alquiler? (José Antonio Baonza Díaz).

La defensa del “hombre olvidado” por el Tribunal Supremo

John O. McGinnins. Este artículo fue publicado originalmente por Law & Liberty.

El teórico político y sociólogo de Yale del siglo XIX William Graham Sumner celebró una vez al “hombre olvidado”. Según Sumner, él (o ella) es “la víctima del reformador [y] del especulador social” y, por tanto, se ve obligado a pagar impuestos más altos y a soportar las gravosas regulaciones generadas por sus planes. Todo lo que el Hombre Olvidado quiere es tener una “verdadera libertad”. La libertad de vivir según sus deseos, preferencias e imperativos morales.

Los teóricos modernos de la elección pública ofrecen una descripción del gobierno que confirma los temores de Sumner por el Hombre Olvidado. El gobierno responde a grupos de interés concentrados a expensas de grupos difusos, como los contribuyentes, compuestos por Hombres Olvidados. El Hombre Olvidado es racionalmente ignorante de la política porque su voto tiene menos probabilidades de influir en unas elecciones que de ser alcanzado por un rayo de camino a las urnas. Se enfrenta a problemas de free rider. Por mucho tiempo y esfuerzo que dedique a proteger su libertad, será ineficaz a menos que disponga de un mecanismo para vincular a otros para que hagan lo mismo.

Los grupos de interés

A otros grupos, unidos por intereses financieros o identitarios y por grupos creados a su alrededor, les resulta mucho más fácil influir en los asuntos. Pueden ejercer presión sobre el gobierno y otras instituciones, aportar contribuciones a las campañas y votar en bloque sobre cuestiones de suma importancia para ellos.

Hay una forma de entender la importancia política de los casos más importantes del último mandato del Tribunal Supremo. Una importancia que se contrapone con la más estrictamente jurídica. Éstos casos asestaron golpes al Hombre Olvidado de Sumner. El Tribunal Supremo reivindicó la separación de poderes. También los derechos individuales que ayudan al Hombre Olvidado a disfrutar de la verdadera libertad. Una libertad amenazada por los planes de ingeniería social de los bien organizados políticamente.

Biden contra Nebraska

En el caso de la condonación de préstamos estudiantiles, el Presidente estaba respondiendo a un importante grupo de interés concentrado en su coalición: los jóvenes graduados universitarios, la mayoría de los cuales deben préstamos estudiantiles. Decidió condonar 10.000 dólares de deuda a cualquiera que tuviera un préstamo estudiantil siempre que ganara menos de 125.000 dólares. El coste fue de 430.000 millones de dólares.

Este elevado coste, por supuesto, correría a cargo de los contribuyentes, un grupo no organizado por excelencia. La exacción es imposible de justificar como una cuestión de política pública sólida. Los estudiantes habían pedido préstamos voluntariamente. Los contribuyentes no tenían nada que decir en estas decisiones privadas. Y lo que es peor, 125.000 dólares superan con creces la renta media del país. Y puesto que la mayoría de los que pidieron préstamos estudiantiles son jóvenes licenciados universitarios, muchos podrían esperar ganar aún más en el futuro. Así pues, gran parte de la redistribución iría a parar a los más acomodados de la sociedad.

La administración alegó que las disposiciones de la llamada Ley HEROES le permitían “renunciar” o “modificar” cualquier disposición reglamentaria o legal en relación con el programa de préstamos estudiantiles durante una emergencia (en este caso, Covid). Pero los beneficiarios del programa no estaban obligados a demostrar ningún perjuicio personal específico que hubieran sufrido a causa de Covid.

Cuatro razones

El Tribunal de John Roberts rechazó esta invocación de la autoridad estatutaria. En primer lugar, concluyó que el término “modificar” tradicionalmente sólo autorizaba cambios modestos en los programas, no asuntos como el repudio de una deuda. En segundo lugar, la Administración no había demostrado que hubiera “renunciado” a ninguna disposición específica del reglamento o de la ley. Tres, la administración no se limitó a permitir el repudio de la deuda. Estableció varios requisitos sustantivos (como los topes de ingresos) que también excedían su autoridad para “modificar” el programa.

Por último, en respuesta al argumento de que el meticuloso análisis del Tribunal de las palabras “modificar” y “renunciar” socavaría el propósito de la ley de hacer frente a las emergencias, el Tribunal declaró que en cuestiones importantes como el gasto de cientos de miles de millones de dólares, se presumía que el Congreso se reservaba para sí los compromisos políticos importantes.

Sin consenso

Esta última sentencia es una protección clave para el hombre olvidado. Está en desventaja en casi cualquier proceso democrático, pero aún más en un proceso totalmente ejecutivo. Al menos, el proceso legislativo federal dificulta la aprobación de exacciones. Para que una ley pase por los comités y las dos cámaras y consiga la firma del Presidente, suele requerir un apoyo consensuado que se opone a las grandes exacciones de intereses especiales.

Ciertamente, nunca hubo perspectivas de que el programa de condonación de préstamos masivos de Biden fuera aprobado por el Congreso. Cuando los demócratas controlaban el Congreso, ni siquiera lo intentaron. El Tribunal Supremo ha protegido la primacía de este proceso para los grandes programas de gasto público. De este modo, el Tribunal hace más probable que el Hombre Olvidado pueda defender sus intereses.

Estudiantes por una Admisión Justa contra el Presidente y los Miembros de la Universidad de Harvard

Sin duda, una de las verdaderas libertades del hombre olvidado es ser juzgado por sus méritos sin tener en cuenta su raza o etnia. Sin embargo, las preferencias raciales en las universidades -ciertamente las públicas y las sostenidas con fondos públicos- le niegan esa libertad. Es probable que los contribuyentes se vean obligados a pagar subvenciones en beneficio de grupos de interés. También es probable que estas libertades se vean restringidas en beneficio de grupos organizados.

Los grupos organizados en torno a la identidad racial o étnica son los principales, aunque no exclusivos, impulsores de las preferencias. Pueden persuadir a las asambleas legislativas para que promulguen planes de preferencias incluso impopulares. Asimismo, los intereses financieros concentrados son mejores para obtener subvenciones impopulares de las asambleas legislativas. Por ejemplo, la legislatura de California votó a favor de reinstaurar las preferencias raciales y étnicas en las universidades estatales. Pero incluso en ese estado progresista, y a pesar de que los gastos eran 14 a 1, los opositores consiguieron derrotar la propuesta legislativa por abrumadora mayoría.

Los intereses creados

Las preferencias raciales también consiguen impulso político al tener beneficiarios relativamente claros y perdedores relativamente poco claros. Los que no consiguen entrar en una universidad selectiva, por ejemplo, no pueden explicar muy fácilmente por qué fracasaron. El Hombre Olvidado se encuentra a menudo en la posición de no saber exactamente cómo han afectado las exacciones a su libertad.

Los amicus curiae en el caso Students for Fair Admissions contra Harvard también demostraron el poder de los grupos de interés a los que se enfrenta el Hombre Olvidado para evitar el obstáculo de las preferencias raciales. Un gran número de otras universidades y grandes empresas se presentaron en nombre de Harvard. Dado que estas empresas temen ser demandadas si no cuentan con suficientes miembros de grupos minoritarios entre sus empleados, tienen un gran interés en que las universidades selectivas acrediten a sus futuros contratados. Y, por supuesto, las universidades tienen burocracias enteras que han crecido en torno a la estructura de su proceso de admisión.

Competir sin barreras

El Tribunal protegió al Hombre Olvidado, permitiéndole competir sin las barreras de la discriminación racial y étnica que apoyan muchos grupos de interés. Dicho esto, el Tribunal no decidió sobre la base jurídica que yo hubiera preferido. Como argumenté anteriormente, y como el juez Gorsuch escribió en su concurrencia, el Tribunal podría haber sostenido simplemente que el Título VI prohibía la discriminación.

Llegar a la Cláusula de Igual Protección solo era necesario si se aceptaban interpretaciones anteriores, atrozmente erróneas, del Título VI que habían sustituido el lenguaje más opaco de la Cláusula de Igual Protección por el claro mandato antidiscriminatorio del Título VI. Pero el resultado de cualquiera de los dos enfoques es restaurar la libertad frente a la discriminación racial practicada o financiada por el gobierno, un aspecto esencial de la verdadera libertad.

303 Creative LLC contra Elenis

En el caso 303 Creative, el Tribunal permitió a los diseñadores de páginas web de bodas negarse a crear páginas web personalizadas para matrimonios del mismo sexo. El diseño de páginas web es una actividad expresiva, como estipularon todas las partes. Expresarse libremente o abstenerse de hacerlo forma parte de la verdadera libertad apreciada por el Hombre Olvidado.

Colorado ha ampliado su ley de establecimientos públicos para incluir a todas las empresas que ofrecen cualquier servicio al público y prohíbe la discriminación por motivos de orientación sexual. Colorado interpretó entonces que la discriminación incluía la negativa a prestar servicios para bodas entre personas del mismo sexo, aunque el vendedor del servicio estuviera dispuesto a atender a personas de cualquier orientación sexual. El Tribunal sostuvo que la Constitución no permitía que un Estado obligara a nadie a expresar o respaldar un mensaje en su actividad comercial por el mero hecho de recibir una remuneración por sus servicios.

La libertad de expresión es para todos

Una de las conclusiones importantes del caso es que la gente corriente que se dedica al comercio -la quintaesencia del Hombre Olvidado del que hablaba Sumner- tiene los mismos derechos que los escritores y artistas. Nadie dudaría ni por un momento de que no se puede exigir a un periodista que escriba sobre los matrimonios homosexuales si no quiere, ni a un director que haga una película sobre ellos. ¿Por qué deberían tener más derechos que los que se dedican a otros ámbitos del comercio, aunque sean menos celebrados por la clase parlanchina? 303 Creative fue, como el caso de los préstamos estudiantiles, una decisión que dio voz a quienes no tienen el megáfono que tienen los periodistas, académicos y artistas.

Ahora se podría argumentar que una pareja del mismo sexo también quiere ejercer la verdadera libertad a la hora de obtener servicios para una boda. Dejemos a un lado la cuestión de si obligar a otra persona a actuar por ti es una libertad en el mismo sentido que decidir actuar tú mismo. Nunca hubo pruebas en este caso de que las parejas del mismo sexo se hubieran visto sustancialmente obstaculizadas a la hora de obtener servicios para su boda. Las parejas pueden buscar diseñadores de páginas web en un mercado nacional, y grandes mayorías de estadounidenses aprueban ahora el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La democracia no es suficiente

La celebración de actos como el Día del Orgullo, que ahora incluso forman parte de la educación de primer grado de muchos niños, demuestra una cosa. Como en el caso de la discriminación positiva, el peso del apoyo institucional está casi totalmente de un lado del debate. En el pasado las religiones ejercieron una influencia a veces opresiva sobre el gobierno. Así pues, esta ley no trataba de garantizar que las parejas del mismo sexo recibieran servicios, sino de protegerlas contra la indignidad que pudieran sentir por la expresión de opiniones heterodoxas. En este caso, se trata de la oposición de Lorie Smith al matrimonio entre personas del mismo sexo. Los comentarios sobre el caso del profesorado de mi propia universidad se centran en esa preocupación. Pero la libertad de expresión es incompatible con leyes que promuevan el bienestar emocional a su costa.

La democracia puede ser la peor forma de gobierno, si se exceptúan todas las demás. Sin embargo, como reconoció Sumner, la democracia por sí sola no puede proteger al Hombre Olvidado. Pero hacer cumplir la separación de poderes y los derechos individuales, como hizo el Tribunal Supremo la pasada legislatura, sí puede ayudarle a florecer.

Ver también

Racismo bueno, racismo malo (José Carlos Rodríguez)

Lo que se ve (y lo que no se ve) de las políticas de identidad (Irune Ariño).

La entelequia de los derechos positivos (Irune Ariño).

La economía a través del tiempo (V): La educación y el trabajo para los sumerios

Hemos hablado de los primeros escritos encontrados en la historia y como estos tenían un marcado tinte económico. En esta ocasión vamos a tratar de revisar una serie de textos cuneiformes provenientes de Sumeria. En concreto, veremos unas traducciones de diversas tablillas.

Y es que los sumerios son los primeros en comenzar a dejar un registro escrito. Por ello, somos capaces de conocer determinados elementos sociales y creencias que mantenían, a diferencia de otros pueblos. Bien es verdad que existen tribus que han sabido mantener relatos probablemente durante milenios, pues antiguamente existía cierto nivel de incorruptibilidad en la tradición oral que ahora puede parecer fantasiosa.

Textos escolares de hace cuatro milenios y medio

Sin embargo, he decidido tratar esos casos cuando lleguemos a los primeros registros escritos de sus historias. Estoy pensando, por ejemplo, en los aborígenes australianos. En este caso no tenemos constancia de su tradición oral hasta pasado el 1.800, cuando los ingleses comenzaron a tener los primeros contactos con los indígenas. Por tanto, pese a que es probable que sus leyendas sean mucho más antiguas que las sumerias (hay registros de vida humana en el Lago Victoria de Australia hace alrededor de 40.000 años), dejaremos su análisis para otro momento posterior.

Entre 1902 y 1903, los arqueólogos descubrieron numerosos “textos escolares” sumerios provenientes del 2500 a.C. En concreto, estas tablillas muestran como era la educación de aquellos que se preparaban para ser escribas: los “hijos de las tablas”. La importancia de esta clase social era inmensa por ser los responsables de la administración y gestión económica de los templos y palacios. La dirección del centro escolar estaba a cargo de los ummia (especialistas) y los profesores eran conocidos como “padres de la escuela”. Existía la figura del  profesor auxiliar que era conocido como “gran hermano”.

¿Dónde has ido desde tu más tierna infancia?

Para hacernos una idea de la relevancia de los colegios sumerios podemos acudir al siguiente texto traducido de una tablilla (Company, 2011):

– ¿Dónde has ido desde tu más tierna infancia?

– He ido a la escuela.

– ¿Qué has hecho en la escuela?

– He recitado mi tablilla, he desayunado, he preparado mi nueva tablilla, la he llenado de escritura, la he terminado, después me han indicado mi recitación y por la tarde, me han indicado mi ejercicio de escritura. Al terminar mi clase he ido a mi casa, he entrado en ella y me he encontrado a mi padre que estaba sentado. He hablado a mi padre de mi ejercicio de escritura, después le he recitado mi tablilla y mi padre ha quedado muy contento… Cuando me he despertado, al día siguiente, por la mañana muy temprano, me he vuelto hacia mi madre y le he dicho: Dame mi desayuno, que tengo que ir a la escuela. Mi madre me ha dado dos panecillos y yo me he puesto en camino; me he ido a la escuela. En la escuela, el vigilante de turno me ha dicho: ¿Por qué has llegado tarde? Asustado y con el corazón palpitante, he ido al encuentro de mi maestro y le he hecho una respetuosa reverencia (pp. 136-137)

Estudias, o trabajas

Podemos ver una serie de escenas que podrían corresponder perfectamente a algo plenamente actual. Pero eso no es todo. Los sumerios rechazaban completamente la holgazanería. De manera que si uno no estudiaba, debía de trabajar para aportar algo a su familia. Así lo vemos en el siguiente texto traducido de una tablilla en el que se muestra un diálogo entre un padre y un hijo (Company, 2011):

¿Adónde has ido?

A ninguna parte.

Si es verdad que no has ido a ninguna parte, ¿por qué te quedas aquí como un golfo sin hacer nada? Anda, vete a la escuela, preséntate al “padre de la escuela”, recita tu lección; abre tu mochila, graba tu tablilla y deja que tu “hermano mayor” caligrafíe tu tablilla de nuevo. Cuando hayas terminado tu tarea y se la hayas enseñado a tu vigilante, vuelve acá, sin entretenerte por la calle. ¿Has entendido bien lo que te he dicho? (p. 139).

Y tras la regañina, el padre le muestra la suerte que tiene por estar estudiando en vez de tener un trabajo arduo: “Sé hombre, caramba. No pierdas el tiempo en el jardín público ni vagabundees por las calles (…). ¿Crees que llegarás al éxito, tú que te arrastras por los jardines públicos? Piensa en las generaciones de antaño, frecuenta la escuela y sacarás un gran provecho (…).

En mi vida no te he ordenado que llevaras cañas al juncal. En toda tu vida no has tocado siquiera las brazadas de juncos que los adolescentes y niños transportan. Jamás te he dicho: Sigue mis caravanas. Nunca te he hecho trabajar ni arar mi campo. Nunca te he constreñido a realizar trabajos manuales. Jamás te he dicho: ¡Ve a trabajar para mantenerme!”. (p.140)

Profesiones

Estas palabras, cargadas de actualidad, continúan dándonos varios detalles sobre las profesiones que se desempeñaban en el contexto sumerio:

Otros muchachos como tú mantienen a sus padres con su trabajo. Si tú hablases a tus camaradas y les hicieses caso, les imitarías. Ellos rinden 10 gur (72 celemines) de cebada cada uno; hasta los pequeños proporcionan 10 gur cada uno a su padre. Multiplican la cebada para su padre, les abastecen de cebada, de aceite y de lana.

No obstante, tú sólo eres un hombre cuando quieres llevar la contra. Pero comparado con ellos no tienes nada de hombre. Evidentemente, tú no trabajas como ellos… ellos son hijos de padres que hacen trabajar a sus hijos, pero yo… no te hice trabajar como ellos (…).

Conforme a la prescripción de Enlil, el hijo debe suceder a su padre en el oficio (p. 141).

Comportamientos que se mantienen

De esto último se deriva algo muy común en el mundo antiguo: la profesión era algo estrechamente ligado a la familia. Heredar el oficio del padre era lo habitual. Además, se puede extraer de esta reprimenda la importancia que el sumerio daba al trabajo. El aprendiz había tenido la oportunidad de estudiar para realizar una labor mucho menos pesada que los que se dedican a la agricultura. Su progenitor le recuerda, por tanto, la suerte que tiene al poder acceder a esa posición. También le ordena que no “vagabundee” y le pide que se centre. En consecuencia, podemos ver que hay determinados comportamientos que perviven inmutables a lo largo de los tiempos.

La educación es un privilegio, el trabajo es una obligación, la función paternal consiste en corregir al hijo… Principios atemporales, pese a que puedan existir idealistas que proponen modelos utópicos en los que se prometen eliminar estos elementos.

Bibliografía

Company Seva, D. (2011). Apuntes sobre los orígenes de nuestra civilización. Autopublicado.

Serie ‘La economía a través del tiempo’

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

La economía de Sánchez empobrece a España frente a Europa, degrada la seguridad jurídica y aumenta la presión fiscal

Instituto Juan de Mariana, 21 de julio de 2023

El Instituto Juan de Mariana publica un informe en el que expone cuál es el desempeño económico de España bajo el gobierno de Pedro Sánchez. El informe recoge los principales datos que marcan la evolución de estos cinco años, para ofrecer una imagen realista del desempeño en este período. Evolución de la economía durante el gobierno de coalición del PSOE y Podemos tiene un carácter descriptivo, según incide el redactor del informe, Santiago Calvo López.

Enlace al informe.

El informe observa el pobre desempeño de la economía española en cuanto a la evolución del PIB y del paro. Los precios han subido fuertemente, aunque con un ritmo algo menor que el de otras economías desarrolladas. 

Aunque el déficit estructural ha empeorado, esta evolución ha estado más controlada que en otros países. Eso se ha logrado merced a un enorme aumento de la presión fiscal, que limita nuestra competitividad. 

“La calidad regulatoria y la seguridad jurídica han empeorado notablemente en esta legislatura. El abuso de ciertas figuras jurídicas como la del Real-Decreto Ley han condicionado la evolución de estos índices. España es uno de los países con peor evolución en estos indicadores de entre todas las economías avanzadas”.

La renta disponible de los hogares ha disminuido, y también lo ha hecho el consumo. La inflación y los impuestos explican en gran parte esta evolución.

Estas son sus principales conclusiones:

  • Por lo que se refiere a la evolución del PIB, España “no ha podido recuperar los niveles previos a la pandemia”.
  • En renta per cápita, los españoles tampoco hemos recuperado el nivel del cuarto trimestre de 2019, y “actualmente, nuestro país se encuentra por debajo del promedio comunitario”.
  • En 2019, la convergencia de España con Europa se acercó al 90%, pero en estos años hemos retrocedido cinco puntos. Uno por cada año de gobierno de Pedro Sánchez. 
  • El paro es menor ahora que cuando Sánchez llegó al poder, si bien “la caída ha sido superior en el conjunto de la Unión Europea, por lo que se han ensanchado las diferencias respecto al promedio”.
  • “Los precios han registrado un aumento acumulado del 12% (22% en el caso de los alimentos). En términos comparados, España ha tenido un mejor desempeño en estos dos indicadores”.
  • La balanza comercial ha tenido una evolución negativa, aunque el desempeño de la economía española ha sido relativamente mejor que el de sus socios europeos.
  • En el terreno de las cuentas públicas, el deterioro del déficit estructural ha sido evidente, aunque arrojan un saldo estructural mejor “que el promedio de los países desarrollados”. 
  • A pesar de ello, “España ha sido el país en el que más ha aumentado la deuda pública entre 2019 y 2022”, lo que hace que nuestro país sea “la cuarta economía de Europa con mayor nivel de endeudamiento público en porcentaje del PIB”.
  • El motivo es que “España ha sido el segundo estado miembro en donde más ha crecido el gasto público a lo largo de esta última legislatura, solo por detrás de Italia”, mientras que la presión fiscal “ha aumentado en 4 puntos porcentuales, más que cualquier otro estado miembro en la Unión Europea”.
  • De hecho, el índice de competitividad fiscal de la Tax Foundation “ha caído de manera notable”.
  • España está “en el furgón de cola” de los Wolrdwide Governance Indicators del Banco Mundial, que elaboran un índice de seguridad jurídica y otro de calidad regulatoria. 
  • El consumo de los hogares ha bajado en estos años, al revés de lo que ha ocurrido en el conjunto de los países desarrollados.
  • El índice Gini, que aprecia la desigualdad de la renta, ha mejorado en estos años. Lo mismo ocurre con la incidencia de la población en riesgo de pobreza y el porcentaje de la población para llegar a fin de mes. Pero se ha disparado la “pobreza energética”.

Santiago Calvo López es doctor en economía con mención internacional por la Universidad de Santiago de Compostela. Ejerce como profesor en la Universidad Francisco Marroquín, y es investigador postdoctoral en Esade. Colabora con varios medios de comunicación, como La Voz de Galicia y Libre Mercado. Santiago Calvo ha publicado informes con varios think tanks como New Direction, o el Institut Ostrom, y es investigador del Instituto Juan de Mariana.
El Instituto Juan de Mariana (IJM) es una institución independiente dedicada a la investigación de los asuntos públicos. Es un punto de referencia en el debate de las ideas y de las políticas públicas con la vista puesta en una sociedad libre. Con el fin de mantener una independencia plena, el IJM no acepta subvenciones o ayudas de ningún gobierno o partido político y se financia gracias a las aportaciones que voluntariamente realizan aquellas personas que comparten nuestro fin social o a la prestación de servicios.