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Etiqueta: Dinero y sistemas financieros

Empleo zombi y el dilema de la Fed

We are creating a part-time economy – Sara Eisen

A dream doesn’t become reality through magic, it takes sweat, determination and hard work – Colin Powell

Uno de los comentarios más escuchados en España cada vez que salen los datos del empleo de nuestro país es: "Si pudiéramos imprimir dinero como Obama, bajaría el paro".

Nos preocupa la precariedad y temporalidad de nuestra recuperación, con razón. Si hiciéramos como Obama nada de eso pasaría. ¿Cierto? Falso.

Fijémonos en las cifras oficiales de nuestro país:

– Ocupados 16,76 millones de personas.
– Parados: 5,986 millones de personas.
– Tasa de paro: 26,03%.
– Tasa de actividad: 59,3%, la más baja desde 2008 (55,4% entre los 16-64 años con datos de IVT 2013, cortesía de Jose Ignacio Conde-Ruiz).
– A cierre del año el porcentaje de empleados a tiempo parcial se sitúa en el 16,34%.

En resumen, el paro ha bajado en España, pero la recuperación aún no es solida, y aunque se ha frenado la destrucción de empleo, los ‘sacados de las listas’ aumentan y los nuevos trabajos son más precarios… porque no hacemos lo que Obama, ¿verdad? No.

Pongamos las cosas en contexto: tres billones de dolares de estímulo monetario (trillones americanos), hoy un 6,5% del PIB de Estados Unidos anual en compras de bonos y otros activos de la Reserva Federal.

Ahora recordemos las promesas. Con el plan de estímulos anunciado en 2009, el desempleo en Estados Unidos bajaría al 5% en 2013. Hoy es del 6,7%. No está mal, ¿no?. No, si incluimos a los ‘zombies’. Los sacados de las listas. Vean el gráfico adjunto.

El índice de participación laboral en Estados Unidos se ha desplomado al 62,8%, el nivel más bajo desde 1978. En España, como mostrábamos antes, ha caído a niveles de 2008. Los estadounidenses ‘fuera de la fuerza laboral’ superan los 91,8 millones. ¿Efecto demográfico?. Pues no, se analice como se analice, sobre todo comparando naciones de la OCDEla caída del ratio de participación laboral de Estados Unidos es simplemente inaudita e inaceptable.

A la hora de analizar el paro real de Estados Unidos hay que hacer lo que hacemos cuando criticamos a España, a la UE o a sus gobiernos. Ver las cifras reales, no las mágicas. Les recomiendo leer el Real Unemployment Rate. Sí, el paro ha bajado… pero en términos reales, los datos de U-6 (parados, infraempleados y desocupados) muestran que el paro real era del 14,2% cuando llegó la solución ‘milagrosa’ de imprimir, subió al 16,7% y hoy es del 14,4%. ¡Chas! Se fue. Tres billones de dólares de coste.

Desde el QE, el "milagro monetario" de Bernanke, 11,6 millones de trabajadores americanos han "salido del mercado laboral", como muestra el profesor de Estadística Juan Manuel Lopez-Zafra. Estados Unidos sólo ha creado un millón de empleos… y una gran parte temporales.

En Estados Unidos, si usted entrega pizzas por las noches y sirve hamburguesas por la mañana en el restaurante de la esquina, se han ‘creado’ dos puestos de trabajo. De hecho, se hace un ‘household review‘ y si usted ha llevado a su abuela al hospital a cambio de un dinero… se ha creado empleo.

Pero además, del millón de empleos creados por las soluciones mágicas, la enorme mayoría han sido gracias a la revolución de la industria energética doméstica, que ha creado 850.000 puestos de trabajo, completamente independiente de estímulos monetarios o gasto público tras haber descubierto petróleo y gas en abundancia hasta convertir al país en uno de los mayores productores del mundo, junto con Rusia Arabia Saudí.

Sacar parados de las listas es el método favorito de muchas de las economías estancadas. Casi 1,4 millones de desempleados han perdido sus beneficios por desempleo ésta semana en Estados Unidos. Salen de la lista, bajará el ‘paro’ en un 0,25% y… ¡viva!, máximos bursátiles.

En diciembre, el ‘paro’ en Estados Unidos cayó al 6,7%. La mayor parte del descenso vino de 347.000 trabajadores "abandonando las listas de fuerza laboral" (NILF, not-in-labour force), lo que mi amigo Matt llama los ‘zombies’ de la era Bernanke.

Desde el anuncio de los estímulos, Quantitative Easing, las personas que han "salido de la fuerza laboral" superan los 11 millones. Pero además la temporalidad se ha disparado al 16% y el porcentaje de trabajadores norteamericanos que trabajan a tiempo parcial pero buscan un trabajo fijo se ha disparado a máximos de cinco años, el 10,1%.

Todo metiendo un chute de esteroides a la economía de tres billones de dolares. Un fracaso estrepitoso. Pero no se preocupen. Hay que repetir, que pronto llegará.

Por supuesto, me dirán que es "mejor que Europa". Faltaría más. Pero no es por imprimir dinero. Es por tener una economía abierta, bajos impuestos, iniciativa privada y facilidades para crear negocios… y encontrar petróleo.

Si todo es un desastre en todos los países entonces, ¿no tenemos solución? Pero existe. Se llama recuperar la clase media, el consumo y la renta disponible. No torpedear el autoempleo con políticas confiscatorias y atacar a los creadores de empleo cuando se están recuperando de la crisis. No es de extrañar que la desigualdad se dispare con las políticas monetarias agresivas, ya que el dinero ‘creado’ se queda en el sistema financiero, el estado y su deuda. La decisión de invertir en la economía productiva y la velocidad del dinero se desploman cuando se imprime y reprime. No hay confianza real. Solo burbujas financieras

La solución al empleo precario no se va a dar con más subidas de impuestos y represión financiera, bajar tipos o imprimir. Se dará el día que por fin se den cuenta que la máquina de exprimir y endeudar no da más de sí.

Mientras tanto, la Reserva Federal supone el 63,8% de las compras de bonos a 10 años y el 87,4% de las compras de bonos a 30 años. No existe posibilidad de ‘mitigar’ este problema sin causar un grave destrozo.

¿Quién va a sustituir a la Fed comprando bonos del estado cuando supone casi el 70% de la demanda en los bonos a largo plazo? Difícil respuesta.

Ese es el dilema de la Fed y Janet Yellen de cara al siguiente techo de deuda, en marzo. Que sabe perfectamente que los datos expuestos en este artículo son correctos, pero se ha metido en una trampa donde "reducir los estímulos" en una cantidad inapreciable (10.000 millones de dólares mensuales) produce shocks inesperados. Mientras tanto, lo importante, que es crear riqueza y empleo, sigue obviándose para defender ‘soluciones de powerpoint’ que perpetúen una deuda y un gasto inasumibles.

Las soluciones mágicas no existen. Pero gustan… al que parte y reparte. Luego le echan la culpa a los "mercados" y a correr.

Análisis económico básico del Bitcoin (II)

En la primera parte del análisis económico de Bitcoin concluí que su principal característica diferencial con las monedas que han sido aceptadas espontáneamente por la sociedad a lo largo de la historia era su carencia de valor de uso o directo. Desde este punto de vista, Bitcoin es similar a las monedas fiat que utilizamos en el mundo occidental, salvo que carece del apoyo/soporte/obligación de los Estados.

La ausencia de valor de uso de Bitcoin se trata aparentemente de suplir mediante otras características que ha mostrado el dinero históricamente, en concreto dos. Por un lado, la obtención de BTCs se asocia a la dedicación de capacidad de proceso para el funcionamiento del sistema, por lo que es un proceso que consume recursos (lo mismo que la obtención del oro y contrariamente a lo que ocurre con el dinero fiat); por otro lado, el número de BTCs que pueden aparecer en el sistema tiene un límite absoluto, por lo que no cabe la posibilidad de que pierda valor por la vía de aumentar la cantidad.

Respecto al primer punto, se nos dice que los ordenadores "mineros" han de llevar a cabo un ingente volumen de proceso a fin de garantizar la integridad, confidencialidad y privacidad del histórico de transacciones. Toda la información que intercambian ha de estar cifrada con largas claves, lo que exige dicha capacidad.

No estoy en condiciones de poner en cuestión la capacidad de proceso requerida para estas actividades. Pero me inclino a coincidir con D. Rodríguez Herrera[1], quien escribe que se obliga a los ordenadores a "hacer un montón de cálculos extra en principio inútiles, pero que sirven para comprobar que han tenido que estar trabajando más o menos unos diez minutos para resolverlos". Es bastante intuitivo que las operaciones aritméticas que requieren los cifrados, por muy voluminosas y complejas que sean, no pasarán de peccata minuta para ordenadores que pueden dibujar escenarios en tres dimensiones y en tiempo real para cualquier jueguecillo que se precie.

En suma, para dotar de valor a las BTCs se está obligando a los ordenadores a consumir capacidad de proceso en cosas inútiles, lo que recuerda perfectamente a aquella vieja historia de que durante el New Deal se contrataba a trabajadores para hacer y rellenar agujeros.

Pero es que, como bien saben los economistas, el valor de los bienes no depende del coste que suponga su producción. Por mucho que a mí me cueste subir en bici el Alpé d’Huez, nadie me va a patrocinar el viaje: el valor de ese esfuerzo mío es, desgraciadamente, nulo para la mayor parte de la población del mundo, y nadie va a pagar un Euro por verme subir el Alpé d’Huez.

Así que, por mucho que cueste en términos de procesos inútiles la producción de BTCs, ello no le confiere ni un ápice más de valor. Es más, desde el punto de vista social, la producción de un BTC supone una pérdida de recursos solo asumible en un momento como el actual, en que la capacidad agregada de proceso de los ordenadores supera con mucho la demanda, lo que hace que a la gente no le importe tener en su ordenador un programa de minería de BTCs corriendo constantemente.

Queda así claro que este mecanismo costoso implementado para obtener BTCs no puede ser ni es la causa del valor que pueda tener, ni por tanto de su hipotética cualidad como dinero.

Analicemos ahora el otro factor que parece de relevancia en esta caracterización: la limitación absoluta del número de BTCs. En efecto, el número de BTCs que van a circular en el sistema está limitado a 21 millones de unidades, ni una más. Por tanto, una vez alcanzado ese número, no se podrán crear nuevos BTCs (al contrario de lo que ocurre con el dinero fiat), garantizándose que no se diluya su valor.

Sin embargo, creer que esto es un rasgo fundamental de las monedas supone un nuevo error conceptual. En economía, los recursos son escasos, pero no en términos absolutos, sino en términos relativos a las necesidades. La cantidad de oro no es finita: puede que lo sea en la Tierra, pero seguro que no lo es en el universo. Sin embargo, no todo el oro tiene el mismo coste de producción, por lo que determinadas técnicas (incluidas una hipotética explotación en otros planetas) solo resultan viables cuando el oro cobra un determinado valor.

Este aspecto es fundamental en el juego económico: el valor de los bienes se refleja en el precio, que es un indicador de la escasez relativa del bien, y este precio informa a los emprendedores de cuántos recursos se pueden dedicar a la obtención de dicho bien, haciendo así que la oferta (el número de unidades) del bien crezca hasta acomodarse a la demanda. Y así sucesivamente.

No ocurrirá lo mismo con las BTCs, gracias al diseño descrito. Por mucho que suban de valor, seguirá sin haber la posibilidad de incrementar su número de unidades. Por lo que, en el fondo, esta limitación numérica se podría convertir en el verdadero talón de Aquiles del invento.

Es evidente que si las BTCs suben de valor y, por no poderse incrementar la oferta, se producen desabastecimientos, otros emprendedores aparecerán y proporcionarán alternativas, en forma de otra denominación de dinero electrónico. De hecho, ya en la actualidad existe un buen número de divisas electrónicas que pueden resultar sustitutivas.

La cuestión es que, como se ha visto más atrás en este mismo artículo, la producción de nuevo dinero electrónico es prácticamente sin coste (recuérdese, para generar BTCs los ordenadores se pasan diez minutos haciendo operaciones inútiles, que lógicamente un dinero alternativo podría eliminar). Por ello, en un tiempo relativamente breve las BTCs podrían perder todo su valor, al inundarse el mercado de productos sustitutivos, cuya producción tiene costes muy bajos.

Obsérvese que no ocurre lo mismo con el oro: conforme aumenta su valor, se hacen viables métodos más costosos de producirlo, no métodos menos costosos. No es que el oro esté limitado en cantidad, es que lo está para el valor que se le da en cada momento.

En resumen, ni la supuesta exigencia de capacidad de proceso para el sistema Bitcoin, ni la limitación absoluta del número de unidades, suponen desde mi punto de vista características "buenas" de una BTC como dinero. Al contrario, posiblemente su implementación deriva de errores conceptuales en la interpretación del dinero, en quedarse en las formas y no en el fondo, y es en ellas donde puede estar su punto débil… como dinero.

En todo caso, como ya dije al final del anterior análisis, que Bitcoin llegue o no a ser considerado como dinero no es cosa de la teoría económica, sino de las preferencias de los individuos en cada momento. Quizá alguna de las otras características de Bitcoin (el anonimato, la globalización, la facilidad o alguna otra que ni siquiera imaginamos) sean suficientemente valoradas por los individuos como para que se compensen las deficiencias apuntadas.

Solo el tiempo nos podrá sacar de dudas.



[1] http://www.libremercado.com/2013-12-28/como-funciona-bitcoin-1276507171/

Quiebras: la manera de depurar malas prácticas bancarias

A estas alturas de la crisis financiera actual parece imposible negar la (mala) influencia que han tenido las autoridades monetarias en el desencadenamiento y prolongación de la misma. Por un lado, los bancos centrales han dado comienzo a la crisis mediante la manipulación arbitraria de los tipos de interés, y por otro, no han permitido que los procesos de mercado depuren y eliminan las malas prácticas bancarias que llevaron a cabo, como veremos a continuación.

El principal motivo de la persistencia de estas malas prácticas bancarias es la posibilidad de recibir continua financiación de los bancos centrales. Esto es así porque los bancos centrales actúan como prestamistas de última instancia de los bancos comerciales y otras instituciones financieras. La justificación de esta función es proveer liquidez a los bancos en problemas para impedir el contagio entre bancos y evitar los pánicos bancarios generalizados. De esta manera, se dice, se frenarían las crisis sistémicas en el sector bancario.

Ya durante los años 90 las intervenciones de los bancos centrales con el objeto de evitar la quiebra de entidades financieras y garantizar la estabilidad del sistema financiero se multiplicaron. Pero en cualquier caso, los fenómenos acontecidos en la crisis actual han dejado patente la total incapacidad de los bancos centrales (y los gobiernos) de hacer frente a la crisis financiera generalizada.

La intervención de los bancos centrales en este sentido dificulta e impide la depuración de errores que se llevaría a cabo dejando actuar a los procesos de mercado. Y es que los bancos comerciales incurren en riesgos excesivos ya que esperan y confían ser rescatados por el Banco Central en caso de necesidad. Y este ‘riesgo moral’ se refiere tanto a los bancos como a los depositantes, ya que ambos tomarán más riesgos de los que asumirían en caso de no existir la posibilidad de ser rescatados en situaciones adversas por parte del Banco Central.

Desde luego, no parece muy conveniente ayudar a los bancos cuyos problemas surgieron de una conducta poco prudente. Si un banco tiene problemas de liquidez, debe acudir al interbancario (que no deja de ser un seguro del mercado). Un banco claramente solvente que experimenta problemas de liquidez puede obtener créditos en el mercado interbancario. De ahí deducimos que si un banco no consigue créditos en el interbancario, significa que no solamente es ilíquido, sino que además es insolvente.

Pues bien, curiosamente, la función del prestamista de última instancia es apoyar a los bancos que se encuentran en esta situación de clara insolvencia, es decir, ¡su función es prestar a quienes nadie más quiere prestar! Y evidentemente el Banco Central se enfrentará a pérdidas, ya que es poco probable que preste contra activos de buena calidad.

Sencillamente, los bancos insolventes que no conseguirían créditos deberían tender a desaparecer. Y es que las quiebras son un punto principal en el funcionamiento de una economía de libre mercado. Cuando un banco se encuentra en el proceso de quiebra, los activos que están en posesión del deudor deberían ser repartidos entre sus acreedores. Si finalmente el banco llega a la fase final del proceso de quiebra significa que ha fracasado en el mercado, es decir, que el banco no es capaz de encontrar proyectos capaces de conseguir financiamiento ni créditos para saldar sus deudas.

Este es el único mecanismo para que los individuos no corran más riesgos en sus actividades económicas y las malas prácticas se depuren o eliminen. Si este mecanismo de cierre/quiebra se dificulta o se bloquea por parte del Estado, continuarán existiendo estas bancos ineficientes en el aparato productivo de la sociedad, y se incentivaría el otorgamiento temerario de créditos a la vez que se fomentarían nuevas crisis financieras.

Si se eliminasen los préstamos y rescates bancarios por parte de los bancos centrales y los gobiernos, los bancos actuarían de forma más prudente y responsable, porque en un mercado libre con competencia (valga la redundancia) sería importante ofrecer garantías. Veamos los casos de las reservas y los riesgos de incumplimiento de pagos.

Las reservas. El negocio de las entidades de crédito reside en prestar lo que reciben cobrando intereses. En este sentido, les interesaría prestar todos los depósitos que reciben, ya que el mantener reservas no genera ingresos. Sin embargo, deben tener reservas para hacer frente a posibles retiros de los depositantes.

Si las autoridades monetarias no acudiesen en su ayuda con préstamos masivos, los bancos se asegurarían de tener el efectivo suficiente para pagar a sus depositantes en caso de darse un retiro de depósitos, ya que de no ser así se enfrentarían a la posibilidad de cerrar o tener que pagar los costes asociados al retiro inesperado de depósitos. Estos costes vendrían de tener que cancelar créditos, vender una parte de sus valores privados, vender préstamos o pedir prestado a otros bancos (o instituciones).

Riesgos de incumplimiento de pagos. En ausencia de bancos centrales, los bancos seguirían tratando de encontrar clientes que pagasen tasas de interés altas, pero prestarían mucha atención en que fuese improbable que fallasen en el cumplimiento de sus pagos. Se minimizaría el riesgo de incumplimiento ya que se adquirirían activos seguros. Teóricamente esto podría pasar sin banco central, pero se reduciría drásticamente. Se vigilaría mucho más a quién se le concede un préstamo.

La intervención monetaria directa e indirecta de las autoridades monetarias en los mercados financieros ha propiciado la actual crisis económica. Directamente, mediante la manipulación de los tipos de interés. Indirectamente, fomentando las malas prácticas bancarias y evitando su depuración. La supresión de las intervenciones monetarias por parte de los bancos centrales, así como la eliminación de los privilegios públicos que los gobiernos dan a las entidades de crédito, constituyen un requisito imprescindible para disminuir el número e intensidad de las crisis financieras y conseguir una estabilidad en el sistema financiero internacional.

@jmorillobentue

Posibles causas de los errores contra la reserva fraccionaria

Uno de los errores intelectuales más graves y llamativos de algunos liberales de la escuela austriaca de economía es su oposición a la reserva fraccionaria de la banca. Dos pensadores brillantes, influyentes y fructíferos, pero obsesionados contra la reserva fraccionaria y equivocados al respecto, son los principales responsables: Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto. Ambos cuentan con múltiples seguidores más o menos significativos que contribuyen a la propagación de este error.

Dada la metodología científica de la escuela austriaca de economía el error es especialmente preocupante porque podría parecer que la crítica contra la reserva fraccionaria no se plantea como una hipótesis provisional potencialmente explicativa, abierta a crítica y revisión, sino como un axioma apodíctico demostrable lógicamente mediante deducción y presuntamente irrefutable. En este caso, o la lógica no funciona o algunos pensadores que insisten mucho en su importancia en realidad no saben utilizarla con suficiente rigor.

Los errores sistemáticos en este ámbito pueden proceder de sesgos y limitaciones del proceso de enseñanza a los economistas sobre los intercambios, el dinero, el crédito, la deuda, la banca y las finanzas: se confunde una simplificación explicativa de por qué el dinero supera al trueque con la idea de que sólo hay esas dos posibilidades. Es común explicar el origen del dinero por las limitaciones del trueque, lo cual tiene parte de verdad pero es una visión incompleta. El alumno queda con la impresión de que sólo existen dos tipos de intercambios: los directos (trueque), y los indirectos (con dinero). No se menciona, y por lo tanto se ignora, la posibilidad de que se produzcan intercambios incompletos, a crédito, diferidos en el tiempo, en los cuales se entrega un bien o servicio a cambio de una promesa de entrega de dinero en el futuro, generándose así una deuda entre quien da el bien (ahora acreedor) y quien lo recibe (ahora deudor).

La escuela austriaca enfatiza la subjetividad y el carácter dinámico y heterogéneo de las valoraciones de los individuos sobre los bienes, pero no investiga cómo de variables o invariantes son esas preferencias: por lo general ignora la teoría de la liquidez del dinero como invariante de valor.

Al tratar los bancos, se los considera erróneamente como meros almacenes de dinero (con analogías espurias, engañosas y desorientadoras, como depósitos de materias primas, garajes o guardarropas): se asegura, sin presentar evidencias, que los billetes que entregan a sus clientes son certificados de guarda y custodia, y que en los intercambios los individuos en vez de entregar dinero entregan los billetes que dan derecho al mismo. En realidad el billete de banco tiene mucho más que ver con la letra de cambio. También se acusa a los bancos de falsificadores y de cometer fraude al producir más billetes que el que tienen en tesorería, olvidando que el banco tiene otros activos líquidos convertibles rápida y fácilmente en dinero. El desconocimiento sobre contabilidad puede estar en la base de este problema.

Tampoco se considera la posibilidad de que se utilice la deuda como medio de pago (crédito circulante), como complemento o sustituto monetario: la deuda muy segura y a muy corto plazo se monetiza (se usa como dinero entendido en sentido amplio), y así se economiza el dinero en sentido estricto, evitando parte de sus costes y riesgos de producción y atesoramiento. Los bancos, además de intermediarios financieros, son gestores del sistema de pagos y cobros de una sociedad: las deudas entre los individuos pueden cancelarse o compensarse unas con otras sin necesidad de que circule el dinero, el cual sólo se transfiere para los saldos netos no compensados.

La teoría austriaca del ciclo económico enfatiza la expansión crediticia insostenible, la dimensión temporal de la acción y las descoordinaciones de la estructura de producción en relación con el ahorro disponible y las preferencias de consumo: pero no considera que el ahorro, la deuda y la inversión en general tienen una componente temporal y de riesgo, y que al haber intermediarios financieros es posible que se produzca un desajuste entre el plazo y riesgo al que prestan los acreedores al banco (depositantes a la vista y a plazo y obligacionistas) y el plazo y riesgo al cual el banco presta a sus deudores. No hay un solo tipo de interés que la banca central reduzca artificialmente, sino una curva de tipos que la banca en general (privada y pública) manipula de forma insostenible al intercambiar rendimientos por riesgo. Estos desajustes pueden efectuarlos también otros intermediarios financieros: en la crisis actual ha sido principalmente la banca en la sombra, que no utiliza depósitos a la vista.

A los errores económicos se añaden errores legales y éticos: una teoría de la ética de la libertad que interpreta equivocadamente los contratos como transferencias plenas de derechos de propiedad sobre objetos; la confusión entre títulos de propiedad y títulos de deuda; la confusión entre el derecho romano y los principios generales del derecho; la aplicación de normas relativas a contratos de guarda y custodia a entidades de naturaleza diferente.

La crítica contra la reserva fraccionaria de la banca se basa en diversos argumentos económicos y éticos falaces ya refutados. Son falacias porque parecen correctos y sus apariencias engañan: están construidos de tal manera que consiguen convencer y confundir al incauto; no sobrevivirían si sus defectos fueran obvios para todos, tanto novatos como expertos en teoría, historia y práctica monetaria y bancaria.

Diferentes factores epistémicos, psicológicos y económicos, muchos de ellos aplicables a otros ámbitos, permiten explicar por qué se produce este error y por qué se mantiene a pesar de que es un tema que ha sido y sigue siendo conveniente y claramente explicado en numerosos lugares y ocasiones. Los individuos equivocados han asumido ideas erróneas y no las corrigen, y este proceso puede estudiarse como un problema de capacidades e intereses: normalmente uno no cae en el error queriendo, sino por falta de capacidad para detectarlo; mantenerse en él implica no poder o no querer reconocerlo y abandonarlo.

En la generación, mantenimiento y propagación de ideas o memes intervienen emisores y receptores, maestros y alumnos, innovadores y seguidores. Aparte de la aparición original y creativa de una nueva idea, la asimilación inicial de errores se produce generalmente cuando un estudiante es confundido, dirigido por mal camino por un profesor equivocado. Esta circunstancia puede resultar muy nociva: igual que cuando se aprende alguna habilidad psicomotriz, como a tocar algún instrumento musical, es importante no adquirir vicios o manías que luego se enquistan y son difíciles de corregir. Conviene recibir la instrucción adecuada desde el comienzo y no acumular errores y perseverar en ellos: la constancia no siempre es una virtud; a veces es simple obcecación, testarudez, fanatismo.

El equivocado puede estar en una situación peor que el que no sabe nada y al menos reconoce su ignorancia; es mejor no haberse movido que avanzar en dirección contraria a la deseada. Si reconoce su error, entonces sabe cómo no es la realidad, y tal vez además sepa por experiencia propia por qué algunas ideas son falaces y pueden engañar a otros. Muchos especialistas en procesos de aprendizaje y en empresarialidad recomiendan equivocarse mucho y rápido: pero este consejo sólo tiene sentido si se obtiene alguna lección de los fracasos.

La economía conductual muestra la importancia del sesgo de confirmación en los seres humanos: se tiende a buscar pruebas de que uno tiene razón, se evita o distorsiona la información que es inconsistente con lo que uno previamente cree, se ignoran los argumentos que provocan el dolor de reconocer que uno se ha equivocado y no es tan inteligente como creía. No es lo mismo no saber nada sobre un tema que tener ideas preconcebidas incorrectas acerca del mismo. Si un alumno tiene interés y capacidad, aun partiendo de cero es posible enseñarle y conseguir que aprenda. Pero si lo que cree saber y le sirve de fundamento es lo opuesto a la realidad, si tiene ciertos prejuicios erróneos que no está dispuesto a abandonar, entonces su progreso intelectual será difícil o imposible: su apego, tal vez fervoroso, por las pseudoexplicaciones en las que cree, le impedirá comprender las explicaciones correctas y otras ideas que conectan con ellas. Para conseguir avanzar primero debe revisar lo que cree saber, reconocer sus errores y superarlos.

No hay ninguna forma de garantizar por completo que los maestros no se equivocan, y cuando un aprendiz comienza con algo, por definición no sabe, y por tanto tal vez no puede juzgar, analizar críticamente y filtrar adecuadamente las ideas recibidas. Si el profesor comete algún error el alumno tal vez lo asuma y lo haga suyo: es común memorizar sin comprender. Si se recibe gran cantidad de información e ideas, tal vez no sea posible comprobarlo todo; si hay muchas partes del conocimiento válidas tal vez se crea que todo el conjunto es correcto, que todas las piezas encajan, y no se detecten los detalles problemáticos.

El maestro no tiene por qué ser un estafador: seguramente está autoengañado, convencido de la corrección e importancia del presunto conocimiento que transmite. Abundan los economistas que afirman cosas contradictorias, luego algunos pensadores necesariamente están equivocados y sin embargo enseñan e incluso crean escuela, reciben premios y reconocimiento público. Quizás el profesor tiene mucho carisma, comunica con pasión, es simpático, generoso, atractivo, persuasivo, seduce al alumno. Tal vez el aprendiz cree que conviene no llevarle la contraria para tener una buena relación con él y obtener buena nota o algún avance académico o profesional.

El riesgo de transmisión de errores es mayor cuando se aprende de una sola fuente o de un conjunto de fuentes homogéneas y dependientes unas de otras, como puede ser el caso de un grupo cerrado y sectario que no fomente la crítica autónoma. Los grupos humanos formados por individuos con ideas o intereses semejantes tienden a cerrar filas: los miembros comparten dogmas, se apoyan mutuamente y fomentan la conformidad, rechazando al heterodoxo, hereje o blasfemo. Si se asimila una explicación convincente pero errónea, para corregirla será necesario recibir una argumentación contraria que tal vez no exista o que no esté disponible para el individuo, que suele rodearse de quienes piensan igual que él y comparten sus mismas limitaciones.

Algunos memes consiguen permanecer en las mentes de sus portadores, a pesar de su falsedad o incorrección, porque consiguen conectar con sus mecanismos emocionales y ser queridos. Son ideas que no dan igual, sino que el sujeto las aprecia como suyas, valiosas e importantes, y no quiere perderlas. Son memes atrincherados que defienden su posición privilegiada dentro de la mente contra invasores externos que podrían expulsarlos y eliminarlos: el individuo no tiene ideas sino que las ideas lo tienen a él. El componente emocional puede reforzarse mediante mecanismos de indignación moral que dificultan el análisis imparcial y objetivo.

Ciertos errores intelectuales, como el socialismo y el estatismo, persisten porque benefician a determinados grupos de interés: algunos de sus defensores se autoengañan porque su sustento depende de la incomprensión de ciertos asuntos. Otros errores permanecen porque sus portadores no desean asumir el dolor psíquico de su reconocimiento.

Algunas ideas absurdas distintivas sirven como identificadores de pertenencia a un grupo y prueba de lealtad al mismo, de modo que se defienden con orgullo porque abandonarlas implica desertar o traicionar al colectivo, ser desleal y arriesgarse a ser repudiado, perdiendo posibles relaciones de cooperación y capital social. Al reconocer un error uno no sólo se humilla a sí mismo sino que deja en evidencia a todos los demás que comparten dicho error. Es común no realizar ciertas críticas o suavizarlas por el deseo de llevarse bien o por el miedo a individuos en posiciones de poder y a la reacción de todos sus fieles seguidores. Los dogmas de fe y los líderes sirven como focos para coordinar y cohesionar un grupo. Atacar esas ideas y a esos líderes es atacar al grupo y a todos sus miembros, lo cual seguramente provocará un contraataque, que algunos realizarán con especial dedicación e intensidad para demostrar su lealtad y ganar puntos ante los correligionarios.

Las críticas correctoras pueden doler, molestar o incluso resultar ofensivas para algunos. Pero la solución de ciertos problemas requiere hablar clara y abiertamente aunque las verdades resulten inconvenientes o incómodas: censurar, contemporizar y callar para llevarse bien quizás sólo sirva para que la situación se mantenga o se agrave. Conviene practicar el sentido del humor, reírse uno de sí mismo y sus naturales limitaciones, no tomarse demasiado en serio.

En teoría la ciencia funciona mediante prueba y error objetivas, generación, crítica y comprobación imparcial de ideas: en realidad muchos pensadores (seguramente casi todos) quieren dejar huella, ser aplaudidos, crear escuela, conquistar muchos seguidores, incrementar su prestigio e influencia, mostrar lo brillantes que son, cuánta razón tienen y lo mucho que saben en comparación con otros competidores, que naturalmente están equivocados por no tener las mismas ideas (el estatus intelectual es un bien posicional). Cuanto más poder tenga un científico, más daño puede hacer si está equivocado y utiliza su prestigio e influencia para propagar sus errores y bloquear su revisión. De ahí el dicho de que en ocasiones la ciencia avanza tras los funerales de aquellos intelectuales dominantes que obstaculizan su progreso.

La argumentación racional surge evolutivamente no tanto para conocer la realidad sino como herramienta para vencer y convencer en discusiones contra otros y defender el estatus del individuo como pensador inteligente e influyente. Por este motivo para muchas personas reconocer errores es emocionalmente difícil, sobre todo si estos son importantes: no sólo implica perder referencias y fundamentos y quedar desorientado; también supone una posible pérdida de estatus, algo muy importante para los seres humanos como animales hipersociales.

Reconocer públicamente los propios errores y responsabilizarse de ellos es un acto de gran integridad intelectual; pero algunos individuos quizás se avergüenzan, estiman que eso implica una pérdida de capital intelectual y personal que no están dispuestos a asumir, de modo que prefieren distraer la atención, no darse por enterados, no dar la razón al otro; pueden también tratar de huir hacia adelante, seguir engañados, repetir los malos argumentos una y otra vez, recurrir al principio de autoridad, proponer ideas progresivamente más absurdas y disparatadas, enfatizar, resaltar y perseverar en las mismas malas ideas. El problema de no reconocer los errores es mayor cuanto más haya insistido un pensador en la corrección, importancia y originalidad de las ideas que resulten ser falsas y cuantas más oportunidades haya desaprovechado para revisarlas: hay más evidencias y el daño provocado es más grave.

El Fondo Monetario y las recomendaciones de la cigarra

Países como Italia, o España, casi han vuelto a la situación ‘pre-crisis’– Christine Lagarde

The Fund is acting as enforcer of the banks’ loan contracts – Karen Lissakers (FMI)

La frase que encabeza el articulo parecería una broma si no fuera porque “volver a la situación pre-crisis” para el Fondo Monetario Internacional es colocar deuda, mucha y barata. Lo demás “pre-crisis” no importa. Si hay seis millones de parados, un 100% de deuda sobre PIB, si el déficit supera los 70.000 millones de euros o si la actividad industrial ha caído a niveles de 2004, o la renta disponible se ha cercenado un 25% con fiscalidad confiscatoria, eso no importa. Lo que importa es que se emite rápido, bien y con alegría. Baja la prima de riesgo a 196 puntos básicos… todo va bien.

Sí, la economía española está mejorando, y más rápidamente de lo que se esperaba, pero queda mucho, mucho por hacer.

Cuando uno lee de Christine Lagarde, directora gerente del FMI, frases como la del encabezamiento, o que los “bancos centrales han sido los héroes de la crisis”, le entra más preocupación que esperanza. Es como decir que los virus son los héroes de los hospitales porque sin ellos los médicos no tendrían trabajo.

En los últimos treinta años el mundo ha vivido más de 100 crisis financieras de enorme calado. Casualmente esos periodos de expansión de burbuja y crisis posterior (boom and bust cycles) vienen dictados por las políticas de los bancos centrales y las ‘recomendaciones de la cigarra’ del FMI, que los estados, enganchados a la deuda, están encantados de seguir. Gastar y endeudarse cuando hay tipos bajos y exceso de liquidez y, cuando explota todo, supuestas “austeridades” que esconden mantener a toda costa el peso del estado y supuestas “liberalizaciones” que han sido en gran parte fiascos donde el gobierno seguía manteniendo una intervención masiva.

Bajar tipos y aumentar masa monetaria para acentuar las burbujas y el exceso de crédito, y luego, cuando explota… bajar tipos y aumentar masa monetaria.

A la enorme mayoría de las crisis financieras se ha llegado desde la intervención masiva a través de la creación de dinero y crédito excesivo y se han intentado solucionar buscando mayor intervención aun. Lean The Origin of Financial Crises: Central Banks, Credit Bubbles and the Efficient Market Fallacy, de George Cooper para aterrarse con los datos. El Fondo Monetario Internacional ha respondido a todas ellas de la siguiente manera:

– Aceptando las medidas de los gobiernos y bancos centrales sin analizar los detalles y siempre ignorando los riesgos de extrema liquidez. 

– Recomendando unas supuestas liberalizaciones y planes de austeridad que, o no se han llevado a cabo para nada, o se han dirigido, como en la crisis europea, a sostener a toda costa las estructuras estatales hipertrofiadas. Casi todas las “medidas de austeridad” implementadas en treinta años han recaído en recortes en la inversión, y no en el gasto corriente, lo que debilita aún más a las economías.

– Equivocándose casi siempre en las estimaciones. Pongan el caso de Grecia, o de Latinoamérica, … o de España. Las equivocaciones en las estimaciones de crecimiento, y paro, han sido brutales. Hasta un 300% de error. En Grecia estimaban una caída del PIB del 5,5% y fue del 17% (entre 2009 y 2012). Ahí es nada.

– Y terminando pidiendo perdón por “no haber estimado correctamente” los efectos, recomendando… Lo han adivinado: gastar y endeudarse.

De esas cien crisis de los últimos treinta años casi siempre han salido los países más endeudados y más frágiles. “Salir de la crisis” para el FMI es que en la OCDE haya aumentado el total de deuda un 40% desde 2008.

El Fondo Monetario Internacional tiende a equivocarse con demasiada frecuencia en sus estimaciones, y además, siempre toma los excesos de optimismo de los mercados financieros como resultado de mejoras reales, obviando elementos tan importantes como el exceso de liquidez o los efectos negativos de la intervención monetaria masiva. Pero sobre todo, el problema del Fondo Monetario Internacional es que actúa como una especie de Departamento de Comunicación Corporativa para Estados y Bancos. Cuando hablan de “medidas estructurales”, pero no se cambia nada, como en Europa, lo aceptan. Palabra de gobierno, palabra de santo.

¿Por qué? Porque al FMI no le interesa realmente la situación financiera total o la fortaleza económica. Le interesa que se pague la deuda, pero no que se reduzca, sino que se emita bien.

Y es ahí donde la visita de Rajoy Washington el lunes es muy importante. No caer en la trampa de las ‘recomendaciones de la cigarra’ y no entregarse al triunfalismo igual que no caímos en el desastre garantizado de pedir el rescate que reclamaba tanta gente.

El Gobierno de España se presenta con datos esperanzadores para su visita a Washington. Un paro que ha caído en 147.000 personas, con aumento de la afiliación de 64.000 en diciembre, el consumo repuntando, una balanza comercial saneada y un crecimiento estimado que superará en mucho la previsión del propio FMI (+0,2%). Esa será la noticia del día. “El FMI apoya las medidas del gobierno y revisa al alza sus perspectivas económicas”. ¡Todo va bien!. Pero no podemos caer en la autocomplacencia.

Lo que más importa desde el punto de vista del FMI son las comparaciones entre 2014 y 2013, y van a ser espectaculares por el efecto rebote, aunque las cifras sigan siendo preocupantes. Ojo con entregarse a la euforia y recaer. Por ejemplo, pasar de un déficit del 7% al 5,5%, aunque sea una acumulación de deuda de unos 125.000 millones de euros, compara muy bien. Reducir el paro en 200.000 personas o más (calculo hasta 500.000) en 2014 compara estupendamente a pesar de que la cifra de paro siga siendo excesiva.

España seguirá mejorando en exportaciones. Un incremento anual de exportaciones del 5% en 2014 y 2015 esperado es una cifra potente, pero el total no deja de ser menos del 35% del PIB.

Por supuesto, hay que añadir una prima de riesgo que ha caído a niveles de 2007 gracias a la fiesta de liquidez global, el “search for yield” (búsqueda de rentabilidad en bonos) y disipar la percepción de riesgo de salida del euro o de hacer esas quitas monstruosas que algunos recomiendan como solución. Cuidado, porque la deuda publica crece tanto en stock (volumen) como en flujo, como en porcentaje del PIB.

España se presenta con una recuperación incuestionable, muy positivos cambios estructurales en el modelo ladrillero de “estimular la demanda interna” creando sobrecapacidad, pero con unas necesidades de refinanciación en 2014 de más de 200.000 millones de euros, un déficit que sobrepasará los objetivos, un crecimiento muy lejos del potencial por un esfuerzo fiscal excesivo como comentábamos en Impuestos y Burocracia, Escollos a la Recuperación y un gasto publico que sigue por encima de los niveles de pico de burbuja de 2007, y superará el 50% del PIB incluyendo empresas públicas.

En el lado de la deuda privada corporativa, esta se ha reducido un 16% desde 2010, pero sigue siendo muy alta, hasta un 35% superior a Estados Unidos Reino Unido. Esto quiere decir que el famoso mantra keynesiano de que “el estado se endeuda –oh, qué generoso- para permitir el desapalancamiento de empresas y familias“, no se da. Se ha disparado la deuda pública y mantenido el gasto político, pero la reducción de deuda privada ha sido muy inferior al aumento de la del estado. En total, la deuda acumulada del país no ha bajado desde 2010.

Ante esta situación, esperanzadora y positiva, incuestionablemente, pero con enormes desequilibrios, es muy tentador relajarse, y aún más tentador sacar la chequera en blanco del gasto  público. Pero cuando el entorno de crédito, la fiesta de la liquidez y el optimismo se contengan, deberemos afrontar unas necesidades de refinanciación anuales que no pueden dispararse a más de 300.000 millones de euros en 2016 mientras “nos recuperamos” un 1% o un 1,5% anual. Es cavar más el hoyo. Porque el invierno llega. Y entonces el FMI recomienda cosas tan "fantásticas” como “confiscar un porcentaje de los ahorros privados”. Eso sí, dirá que perdonen, que se equivocó. Paga usted.

Los exámenes que vienen, con fecha y hora

Una de las peores noticias que trajo consigo el recién finalizado 2013 fue, sin duda, el esfume de Eurovegas. La empresa norteamericana que preside el magnate Sheldon Adelson decidió retirar su megaproyecto de construir en Alcorcón (Madrid) uno de los complejos de ocio más grandes del mundo. La inversión, estimada en 18.000 millones de euros, era la más grande de la historia de Europa, y su culminación permitiría generar hasta 250.000 empleos, entre directos e indirectos, además de 15.000 millones de euros extra para el sector turístico tan sólo en los primeros años de funcionamiento. Su construcción situaría de golpe a Madrid en cabeza de los destinos mundiales para la industria del ocio y, sobre todo, para el turismo de convenciones, lo que generaría un gran volumen de riqueza y empleo. Sin embargo, la enorme inseguridad jurídica que presenta España hizo fracasar el proyecto. La necedad e incompetencia del Gobierno del PP, negándose a blindar el negocio, y la estulticia de la izquierda española -aprovechándose de la ignorancia de buena parte de la población- rompieron en mil pedazos ese gran sueño.

El fin de Eurovegas se ha convertido en una gran oportunidad perdida, pero no ha sido la primera ni será la última. España, por desgracia, ha rechazado muchos Eurovegas. Es como si a alguien le hubiese tocado en numerosas ocasiones la lotería pero se negase a cobrar el premio aduciendo todo tipo de excusas absurdas para evitar ser millonario. Así, pocos recuerdan, por ejemplo, que España fue una firme candidata a albergar Eurodisney a mediados de los años 80, gracias a su muy atractivo clima. La emblemática Walt Disney barajó durante meses la posibilidad de instalar su parque de atracciones europeo en la costa mediterránea, pero acabó escogiendo París. Entonces, al igual que ahora con Eurovegas, la progresía nacional se movilizó contra el proyecto acusándolo de atentar contra el ecosistema patrio y representar una deleznable forma de imperialismo. España perdió una inversión foránea de más de 1.200 millones de euros y los cerca de 15 millones de visitantes al año que recibe hoy el parque galo.

Lo mismo podría decirse de la oposición que ecologistas y socialistas de todos los partidos han profesado durante años a la construcción de campos de golf, al desarrollo urbanístico y hotelero en las playas españolas -basta observar las fuertes restricciones que imponía la anterior Ley de Costas, aprobada por el PSOE- o la oleada de críticas que está generando el denominado turismo de borrachera, consistente en la llegada masiva de jóvenes europeos a distintas localidades costeras con el fin de disfrutar de la fiesta española. Los argumentos esgrimidos contra este tipo de actividades son de lo más diverso, pero su esencia es la misma: blanden una especie de superioridad moral para coartar libertades e imponer su particular visión del mundo, empobreciendo con ello al conjunto de la sociedad.

Más allá de la industria turística, uno de los grandes motores de la economía española, también llama la atención el rechazo expreso a grandes proyectos industriales, cuyo desarrollo generaría sustanciosos beneficios y ventajas. Valga como ejemplo la negativa del anterior Gobierno gallego, del socialista Emilio Pérez Touriño, a finales de la pasada década, a la construcción de la mayor piscifactoría de rodaballo del mundo en la Costa de la Muerte, alegando presuntos daños medioambientales, con la consiguiente pérdida de dinero y empleo para Galicia. La planta acabó instalándose en Portugal.

Mucho más sangrante es el no rotundo que muestra hoy el Gobierno de Canarias, y el conjunto de la oposición política a escala nacional, a la explotación de las reservas de crudo que guarda en su suelo marítimo el archipiélago, con un potencial próximo a 1.400 millones de barriles, como mínimo, lo que equivale a más de 150.000 barriles diarios durante dos décadas, lo cual permitiría reducir la importación de hidrocarburos en un 10%. Repsol ya ha anunciado una inversión de 7.500 millones de euros en caso de que las exploraciones arrojen resultados positivos. Sin embargo, al igual que ha sucedido en los casos citados anteriormente, lo más probable es que los canarios prefieran seguir ostentando una tasa de paro superior al 30% antes que permitir la creación de empleos procedentes de la suciaindecente industria petrolera.

Lo mismo podría decirse del polémico fracking (fracturación hidráulica), cuyo desarrollo está revolucionando el sector energético mundial. Esta técnica permite extraer recursos que hasta ahora carecían de provecho. España, por ejemplo, posee un potencial de gas natural no convencional que serviría para cubrir casi 40 años de demanda nacional, y, de hecho, esta estimación incluso podría duplicarse, tal y como ha ocurrido en el Reino Unido. Esta opción permitiría reducir la intensa dependencia energética de España, cuya factura supera los 56.000 millones de euros al año. En Estados Unidos, por el contrario, no han dudado en aprovechar esta oportunidad y, como consecuencia, se convertirá en el primer productor mundial de crudo en 2020, superando a Arabia Saudí,según la Agencia Internacional de la Energía.

Por último, en el sector servicios resulta paradigmático que muchas autonomías y ayuntamientos sigan poniendo pegas a la instalación de centros comerciales e hipermercados, alegando como excusa un supuesto -y del todo irreal- daño al pequeño comercio, cuando el efecto de la gran distribución es justo el contrario. El nacimiento de un nuevo Ikea, Mercadona, El Corte Inglés y tantos otros establecimientos de similar naturaleza debería constituir un motivo de alegría y alborozo para políticos y vecinos gracias a la generación de riqueza y empleo que conlleva, tanto en términos directos como indirectos. Y, sin embargo, España sigue presentando trabas. Así pues, la pérdida de Eurovegas es tan sólo un capítulo más, el penúltimo, de una larga lista de despropósitos que atentan contra el progreso y el bienestar económico de los españoles. Mientras esta mentalidad socialista y antieconómica perdure, el empobrecimiento relativo de la sociedad -medido en oportunidades perdidas y, por tanto, en beneficios no generados- continuará en el tiempo.

Participaciones preferentes: ¿culpa del Estado o del libre mercado?

Tras más de tres años desde que saltase a la palestra el escándalo de las participaciones preferentes, el tema sigue copando titulares de prensa, especialmente desde que se han hecho públicos correos de Miguel Blesa -ex presidente de Caja Madrid- en los que hace alusión a las mismas. En concreto, Blesa reconocía inicialmente tener miedo de "los excesos de celo de la red (comercial)" para más tarde afirmar con sorpresa ante el éxito en la colocación "¡Qué bárbaro! Y eso que habíamos engañado a los clientes". Prácticamente para toda la opinión pública la culpa de la supuesta comercialización fraudulenta de estos productos financieros recae en la banca. Tanto es así que, ADICAE, la principal asociación que agrupa a los damnificados por las preferentes, ha reconocido públicamente su deseo de crear una banca pública como solución a futuro del problema. Conviene por tanto analizar de forma detallada si la responsabilidad de este problema es del libre mercado o del Estado.

Antes de nada, repasemos brevemente cuál es el origen de las emisiones masivas de participaciones preferentes. En el año 2008, con la burbuja inmobiliaria pinchando de forma virulenta, los bancos empezaron a sufrir en sus balances las consecuencias de la peligrosísima política de concesión de préstamos que habían desarrollado en los años previos. Fruto de las políticas monetarias ultraexpansivas de las Reserva Federal y el Banco Central Europeo, el tipo de interés medio de las hipotecas cayó en España desde el 6,5% en 2001 al 3% entre 2003 y 2005. Como era de esperar, con unos tipos de interés tan bajos, el sector privado se endeudó de forma masiva para sufragar consumo y multitud de proyectos empresariales, siendo muchos de ellos bastante arriesgados. Como recoge Juan Ramón Rallo en su libro "Una alternativa liberal para salir de la crisis" en el año 2007, "más del 60% de todos los préstamos que nuestras entidades financieras tenían concedidos a familias y empresas guardaba una vinculación directa con el ladrillo (55% en el caso de los bancos y 70% en el caso de las cajas)". Tras el estallido de la crisis subprime en EEUU (alentada también por la Fed), el mercado interbancario sufrió severamente y se produjo una congelación temporal de préstamos interbancarios. La progresiva caída en el precio de la vivienda junto con la incapacidad de múltiples acreedores de la banca de hacer frente a los préstamos hizo saltar las alarmas. Aunque había algunos -como era el caso de Zapatero- que veían en la banca española al "sistema financiero más sólido de la comunidad internacional, lo cierto es que la realidad no podía ser más diferente. Los balances de los bancos empezaban poco a poco a mostrar el lado amargo y oculto de la realidad burbujil: decenas de miles de millones de préstamos -la mayoría relacionados con el ladrillo- con una alta probabilidad de ser impagados y unas casas altamente sobrevaloradas como garantía hipotecaria de los mismos. Esa peligrosa combinación hizo que las necesidades de recapitalización de la banca fuesen gigantescas. Y es aquí donde entran las participaciones preferentes.

Hasta el año 2009, las preferentes se habían comercializado sin mayor problema. Como producto complejo que es, su comercialización se había limitado al cliente institucional. Su carácter perpetuo, su negociación en un mercado con una negociabilidad reducida y el ser un híbrido entre la renta fija y las acciones no las hacían idóneas para el público minorista. Tanto es así que Manuel Conthe, el presidente de la CNMV entre el 2004 y el 2007 logró que se paralizasen varias emisiones con una advertencia a las entidades emisoras acerca de lo inadecuado de su comercialización. Fue en 2009 cuando ocurrió todo cuando los bancos optaron por captar pasivos a través de las participaciones preferentes. Tan solo en el año 2009, las entidades financieras españolas captaron cerca de 13.000 millones de euros. La antigua Caja Madrid, por poner un ejemplo, colocó en su primer día de comercialización de participaciones preferentes -el viernes 22 de mayo de 2009- cerca de 1.300 millones de euros. Las participaciones preferentes, comercializadas como depósitos bancarios tradicionales, prometían la devolución del principal además de una rentabilidad adicional considerable que podía ser de incluso dos dígitos. Todas las entidades bancarias comercializaron este complejo producto entre sus clientes a gran escala, siendo para entidades como Caja Madrid el mayor éxito de su historia en el lanzamiento de un producto. Como los intereses que daban esas participaciones preferentes estaban supeditados a que las entidades diesen beneficios, fue determinante que la banca española empezase a sufrir pérdidas en los años siguientes. A partir de ese momento comenzó la concienciación de los inversores en preferentes de la magnitud del problema y la movilización social y agrupación jurídica que intentase velar por sus intereses.

Hasta aquí la historia resumida de las preferentes y su relación con las necesidades urgentes de recapitalización del sistema bancario español fruto de la burbuja inmobiliaria. La mayoría de damnificados por las preferentes critica a banca y Gobierno como únicos responsables de este desastre nacional que, para más de uno, ha supuesto trágicamente la muerte. Muchos de estos perjudicados han reclamado públicamente la creación de una banca pública como solución para evitar en el futuro una situación similar. Sugieren así que, la culpa ha sido principalmente del libre mercado. ¿Podemos hacer semejante afirmación? ¿Es la creación de una banca pública, tal y como reclama ADICAE, la solución al problema? Intentaré contestar a estas respuestas pues es de vital importancia aclarar responsabilidades en este asunto para que, en la medida de lo posible, no vuelva a repetirse.

Para simplificar el análisis, empecemos por resumir quién puede ser culpable total o parcialmente del asunto de las participaciones preferentes. Por un lado, la banca puede ser culpable. En segundo lugar -sin ningún orden concreto-, el Gobierno puede ser también señalado como responsable y por dos motivos: como legislador y como supervisor. Y por último, la responsabilidad también puede ser total o parcialmente de los inversores (o ahorradores como erróneamente se quieren hacer llamar). Aunque pudiera parecer que en el primer caso y en el tercero la culpa sería del libre mercado, lo cierto es que en esos casos la culpa puede ser tanto del libre mercado como del Estado. Empecemos por lo obvio: en el segundo caso (la culpa es del Gobierno) no se puede culpar al libre mercado. Como mencionaba, la responsabilidad del Estado puede ser doble. Como legislador que es, podemos llegar a la conclusión de que unas inadecuadas leyes han facilitado que las entidades financieras puedan comercializar un producto manifiestamente inadecuado para el cliente minorista dentro de la absoluta legalidad. Creo honestamente que algo de responsabilidad se le puede atribuir al Estado a este respecto. Como supervisor también podemos culpar al Gobierno en la comercialización de participaciones preferentes. La CNMV tiene como uno de sus objetivos básicos la protección de los inversores. Conthe sí supo velar por los inversores por encima de cualquier otra cuestión, incluida una subjetiva interpretación de las leyes. Y digo esto porque, como él mismo comentó a Jordi Évole en el programa de Salvados titulado "Desmontando las preferentes", no tenía ninguna autoridad para prohibir su comercialización entre el público minorista pero sí logró con una advertencia frenarlas. No ocurrió lo mismo en el mandato de su predecesor, Julio Segura. Segura dirigió el organismo regulador entre 2007 y 2012, los años de la inmensa mayoría de las emisiones de participaciones preferentes. La emisión de trípticos -de limitada difusión- en 2010 y 2011 en los que se explicaban los riesgos de este tipo de emisiones parece que no es suficiente como para eliminar las serias sospechas sobre el organismo supervisor. Si uno de los objetivos principales de la CNMV era la protección de los inversores, está claro que los cerca de 30.000 millones de euros que inversores minoristas han colocado en preferentes demuestran el fracaso en la consecución de ese objetivo. Por tanto, el Gobierno ha tenido una responsabilidad directa e importante en este asunto.

Ahora falta analizar la responsabilidad de la banca y de los inversores y determinar en cada caso si es el libre mercado o el Estado el responsable último. Pasemos a analizar a la banca en primer lugar. Según el artículo 248 del código penal, "Cometen estafa los que, con ánimo de lucro, utilizaren engaño bastante para producir error en otro, induciéndolo a realizar un acto de disposición en perjuicio propio o ajeno." Si bien es cierto que puede que haya habido numerosos casos en los que los inversores supieran del riesgo del producto y fueran correctamente informados, por muchos motivos podemos afirmar con la Ley en la mano de que en la inmensa mayoría de casos estamos ante una estafa. En primer lugar, parece un tanto ilógico pensar los inversores en participaciones preferentes, que tradicionalmente habían contratado tradicionalmente depósitos bancarios, decidieran todos al unísono cambiar en un mismo año (2009) su perfil de riesgo por completo, pasando de tremendamente conservadores a especuladores. Personalmente me cuesta creer que en 2009 una especie de virus de especulación contagiase a todo inversor tradicional de depósitos bancarios y le hiciera asumir muchísimos más riesgos que los que hasta la fecha estaba dispuesto a asumir. En segundo lugar, una mayoría de afectados ha manifestado que la entidad bancaria ya había rellenado por los clientes los conocidos cuestionarios de conveniencia. Sólo este hecho supone ya un delito, ya que el objetivo de que los clientes rellenasen esos test de conveniencia era precisamente garantizar que el producto era conveniente para los inversores dados sus conocimientos sobre el producto y los riesgos asociados al mismo. Hay casos en los que directamente se contrató por teléfono y también se han dado casos de enfermos de Alzheimer que firmaron y rellenaron esos cuestionarios. Al comercializar un producto como las participaciones preferentes haciéndolo pasar por simples depósitos bancarios no queda más opción que asumir que la banca ha intentado inducir a mediante el engaño a realizar un acto claramente en perjuicio propio. Parece evidente que, en el caso de la banca, el libre mercado es el responsable. Pero conviene recordar que el sector bancario de una economía es el más intervenido y privilegiado de todos y España no es ninguna excepción en este sentido. Me cuesta creer que en una economía libre y desregulada, en donde exista una fuerte competencia, os bancos se comporten de la forma en la que lo han hecho durante esta crisis. Además, el arriesgado descalce de plazos y riesgos en el que ha incurrido la banca no se daría ni por asomo en la magnitud en la que se ha dado. Esto significa que, si bien la banca se ha comportado mal, en una economía libre no tendría la necesidad de hacerlo ya que no se vería recurrentemente abocada a unas necesidades de refinanciación tan importantes. Por tanto, podemos resumir que la responsabilidad de la banca recae en el libre mercado por un lado y en el Estado por otro.

Finalmente, el caso de los inversores también arroja una doble posibilidad. Por un lado, es evidente que los inversores han cometido múltiples errores. En los casos que procedan, resulta obvio que no leer el contrato con detenimiento y firmar sin haber comprendido en detalle el mismo es una temeridad. Todo ciudadano tiene la responsabilidad de cumplir con aquello a lo que se compromete y es su responsabilidad saber a qué se ha comprometido al firmar un contrato. Son muchos los que con el dramático tema de los desahucios pide con carácter retroactivo la dación en pago y todos cometen un error al solicitar semejante petición. También son responsables los ciudadanos de tener en términos generales una total y absoluta incultura financiera. España es un país que ha manifestado en multitud de ocasiones la magnitud de esta incultura a través de casos tan flagrantes como Forum y Afinsa, Gescartera, Terra, etc. Fruto de esa incultura financiera, los inversores han creído siempre y siguen creyendo que existen los productos financieros libres de riesgo. Nada más lejos de la realidad: ni tan siquiera la deuda pública está libre de riesgos. No deberíamos olvidar que el reino de España ha impagado su deuda en los últimos 200 años cerca de trece veces su deuda. El activo libre de riesgo sencillamente no existe. Hasta los fondos de inversión monetarios sufrieron pérdidas tras la caída de Lehman Brothers. Los afectados por las preferentes insisten en llamarse ahorradores y no inversores, como si los segundos fuesen unos fanáticos del riesgo y los primeros no. Ahorrador es el que ahorra según la Real Academia de la Lengua. Pero lo que hace una persona cuando contrata un depósito bancario es prestarle a la entidad financiera esa cantidad con la promesa de que le devolverá el principal más los intereses. A eso se le llama invertir, puesto que estamos colocando nuestro dinero con el objetivo de que nos rente. Toda inversión o préstamo lleva implícito siempre un grado de riesgo, nos guste o no. Otro error garrafal atribuible a los ciudadanos en este asunto y que guarda relación con la incultura financiera es la imagen que tenían de los comerciales de banca. No han sabido ver ni el enorme conflicto de intereses que tienen los trabajadores, ni los limitados conocimientos financieros que tienen estos empleados ni que el supuesto asesoramiento gratuito acaba siendo muy caro. Fiarse a ciegas de alguien que gana si te vende algo debería de hacer saltar nuestras señales de alerta. Como dice Warren Buffett, "No le preguntes al barbero si necesitas un corte de pelo." Estas obviedades también han pasado inadvertidas para muchas personas. Cierto es que muchas de ellas son personas mayores y sin apenas formación. Algunas incluso son analfabetas. Pero si muchas de esas personas dedicaran la décima parte de lo que le pueden dedicar a la toma de la decisión de la compra de un coche, por poner un ejemplo, habría sido más que suficiente para leer los contratos antes de firmarlos o solicitar asesoramiento externo al banco en caso de necesitarlo. Por todos estos motivos se puede esgrimir de nuevo que, el libre mercado y no el Estado tienen la culpa en el caso de los inversores. Pero hay motivos que pueden responsabilizar al Estado. La sobreprotección y la supervisión a la que tiene a los ciudadanos acostumbrados el Estado tiene un muy perjudicial efecto sedante sobre la responsabilidad individual, algo imprescindible para la construcción de las auténticas sociedades libres. Mientras el Estado no abandone esa actitud paternalista y no empiece a fomentar la responsabilidad individual de los ciudadanos, será difícil que ante casos como el de las preferentes la mayoría de las personas tengan los suficientes recursos intelectuales como para no tomar una decisión precipitada.

Vemos pues, tras este análisis, que el principal responsable de las participaciones preferentes es el Estado. El Estado, con sus privilegios a la banca, con su nefasta legislación y posterior supervisión y con una perjudicial actitud paternalista, ha hecho posible este engaño masivo. Por este motivo, la solución que evite en el futuro más casos de este tipo no es más intervención estatal, como propone ADICAE, sino menos. Mucha menos. Si nadie lo remedia, las futuras generaciones seguirán siendo sumamente ignorantes en materia financiera y serán presa fácil de engaños. La solución es que cada uno intente, en la medida de sus posibilidades, responsabilizarse por entender todo lo que firma y, llegado el caso, no firmar nada si no se entiende. Con esta simple norma más de uno se habría evitado un calvario.

Las autonomías aumentarán el gasto público un 4,11% en 2014

Las Comunidades Autónomas están tramitando en la actualidad sus presupuestos para el año próximo, la mayoría de los cuales están en estos momentos pendientes de aprobación en los respectivos parlamentos regionales.

Del análisis de los diecisiete presupuestos se desprende que las comunidades gastarán en conjunto el próximo año casi 6.700 millones más que en el presente ejercicio, lo que representa un incremento de gasto del 4,11%.

Destaca el caso de la Comunidad Valenciana, con una subida del 25% respecto al presente ejercicio, si bien eso se debe, como el propio gobierno de la Generalidad explica en el borrador de Ley de Presupuestos, a su decisión de imputar en 2014 todas las emisiones de deuda pública en lugar de hacerlo solamente con los vencimientos de dicho ejercicio, una medida que, justifican, va destinada a mejorar su imagen ante los mercados financieros.

El País Vasco y Galicia le siguen a continuación, con incrementos superiores al nueve por ciento, mientras que la autonomía más austera el año próximo será Canarias, con una reducción de casi el siete por ciento respecto al presente ejercicio. Junto a ella, las únicas autonomías que reducirán en 2014 su gasto serán Andalucía, Cataluña y Navarra.

Hay que insistir en que los datos utilizados corresponden a los proyectos de presupuesto elaborados por los ejecutivos autonómicos y que, por tanto, son susceptibles de experimentar importantes variaciones tras su paso por los parlamentos regionales.

Con esa salvedad metodológica, en el siguiente listado se detallan todos estos datos, discriminados por las partidas que corresponden al gasto corriente (sueldos, servicios generales, gastos financieros y subvenciones) y el total presupuestado, así como la comparación de ambas magnitudes con las cifras del año en curso.

Reserva Federal: la criatura de Jekyll Island cumple cien años

Imaginen la siguiente escena, propia de una película en blanco y negro de misterio. Una noche fría y oscura de noviembre de 1913, una estación poco concurrida a esas horas, un tren en la vía a punto de salir y, lejos de miradas indiscretas, un lujoso vagón privado aparcado junto a los topes de la estación, que permanece separado hasta que este cierra las puertas y se pone en movimiento, parando y retrocediendo para enganchar secretamente el vagón antes de reanudar su marcha. Justo antes, en el último minuto y sin llamar la atención, se ha subido un misterioso grupo de pasajeros al coche, propiedad de un senador de los Estados Unidos.

Entre los miembros del grupo, que han recibido instrucciones de llegar por separado a la estación y, una vez dentro del coche, dirigirse únicamente por el nombre de pila para que el personal de servicio no pueda conocer sus identidades, se encuentran el senador propietario del vagón, un alto cargo del Gobierno y cinco banqueros que representan los intereses de los conglomerados financieros más importantes del momento. El secretismo se mantiene durante todo el trayecto, desacoplando y cambiando el vagón de tren antes de cada estación y simulando, al llegar al destino, que son un grupo de amigos de la alta sociedad neoyorquina en un inofensivo viaje para cazar patos.

Pues bien, esta escena, que podría haber sido tomada del cine clásico, sucedió en la realidad. El dueño del vagón no era otro que Nelson W. Aldrich, senador de los Estados Unidos y conocido hombre de negocios, relacionado con la elite financiera –estaba asociado con J. P. Morgan y era suegro de John D. Rockefeller, Jr.– y  sus acompañantes representaban al Tesoro de los EEUU y a las fuerzas vivas de Wall Street a principios del siglo pasado: J.P. Morgan, Rockefeller, Kuhn, Loeb & CompanyWarburg, y Rothschild. ¿Saben ustedes a dónde se dirigían con tanto secretismo? A la isla de Jekyll, a redactar la ley de creación de la Reserva Federal, firmada por el presidente Woodrow Wilson, la víspera de Nochebuena hace ahora cien años.

Y es que la estructura y los objetivos que dieron lugar a la creación de la Reserva Federal, la misma a la que los amantes del intervencionismo monetario fían la recuperación de la crisis, fueron los característicos de un cártel privado, es decir, un “convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial”. Porque, en efecto, en los albores del siglo XX la competencia en el sector financiero se había intensificado. No en vano, el número de bancos en los Estados Unidos se había doblado en la última década, especialmente en el sur y el oeste, captando depósitos y reduciendo la cuota de mercado de los bancos de Nueva York.

Además, los clientes de los bancos tenían la desagradable costumbre de entrar en modo pánico siempre que surgían dudas sobre la solvencia de una entidad, y corrían en masa a retirar sus depósitos, acelerando la quiebra de la misma –acuérdense de aquella escena de la película Mary Poppins o de aquella otra de la navideña Qué bello es vivir–. Otra causa que podía dar lugar a la liquidación de un banco antes de la existencia de los bancos centrales estaba asociada a los movimientos de efectivo entre los bancos como consecuencia de los pagos de sus clientes. Si el cliente del banco A emitía un cheque a favor de un cliente del banco B, y este lo ingresaba, el banco B podía reclamar inmediatamente los fondos al banco A, que se veía en apuros si no disponía de liquidez.

Tales fueron los motivos de las crisis financieras de 1873, 1884, 1893 o 1907, que generaron el clamor entre las familias financieras de la época de contar con un banco central como los de Europa. La gota que colmó el vaso de la paciencia de los banqueros fue la de 1907, en la que el mismo J.P. Morgan tuvo que poner dinero de su propio bolsillo y convencer al resto de banqueros de Nueva York para que le imitaran y evitar un contagio que acabara con todo el sistema. Y es que esta posibilidad de quiebra establecía implícitamente un límite para incrementar el crédito y seguir multiplicando la creación de dinero de la nada mediante la reserva fraccionaria.

De alguna forma, necesitaban un banco central que, en palabras de Huerta de Soto, actuara “dirigiendo, orquestando y organizando la expansión crediticia, vigilando que los bancos expandan más o menos al unísono y que ninguno de ellos se desmarque mucho del ritmo establecido”. Y, llegado el caso, que actuara como prestamista de última instancia, rescatando a los bancos en dificultades con cargo a los contribuyentes.

De ahí que se forzara la creación del banco central. Aunque sus artífices expresamente evitaron utilizar dicho nombre para sortear las reticencias que el pueblo americano mostraba ante cualquier iniciativa contraria a la libre competencia de las empresas. Es decir, tanto el nombre de Sistema de la Reserva Federal, como la estructura de varias Reservas Federales no eran sino una operación de marketing político para hacer más digerible el concepto de banco central al electorado americano.

Para conocer un resumen del resto de la historia, les recomiendo que lean el excelente artículo que firmaba ayer Pedro Calvo en El Confidencial, así como su acompañamiento sobre los cuatro presidentes que más han marcado su actuación. Y para complementar las referencias bibliográficas, permítanme que les recomiende The Case Against the Fed de Murray N. Rothbard (*) donde, aparte de la historia de la creación del banco central, podrán leer acerca del origen del dinero, los efectos de la reserva fraccionaria y el papel de la Fed en la generación de inflación y la ocurrencia de los ciclos económicos.

Por tanto, es un mito que la Fed se creó para estabilizar la economía. Y si así lo fuera, podría decirse que la criatura de Jekyll Island, como la llamara G. Edward Griffin(**), ha fracasado en el supuesto objetivo de estabilización, como corroboran las crisis y recesiones ocurridas en los cien años transcurridos desde su creación: crisis financiera de 1921, crack de 1929, Gran Depresión de 1929-39, recesiones de 1953, 57, 69, 75 y 81, Black Monday de 1987, recesión 1990-91, burbuja dotcom del 2001 y, por supuesto, la Gran Recesión de 2008-?.

Como han podido constatar, los objetivos fueron otros. La Fed fue el resultado de un encuentro secreto de gente poderosa representando al Estado y a la Banca para acordar los mecanismos que les permitieran: (1) detener la creciente influencia de los pequeños bancos locales y mantener el control financiero; (2) hacer más elástica la oferta monetaria vía creación de crédito para contrarrestar la tendencia que favorecía el capital frente a la deuda; (3) mutualizar las reservas individuales de los bancos en un gran fondo central que impulsara a todos los bancos a expandir el crédito a la vez y con los mismos coeficientes de reserva fraccionaria; y (4) trasladar las pérdidas a los contribuyentes en caso de colapso total.

En este sentido, y a la luz de los objetivos no explícitos, podría decirse que la Fed los está cumpliendo con creces. Aunque ello no sea motivo de celebración para los ciudadanos. 

(*) Murray. N. Rothbard, The Case Against the Fed, Mises Institute (disponible online)

(**) G. Edward Griffin, The Creature from Jekyll Island : A Second Look at the Federal Reserve, Amer Media

Sube la luz, baja el crédito

Bureaucracy gives birth to itself and then expects maternity benefits – Dale Dauten

Llega el 2014. Sube la luz, baja el crédito. ¿Les suena?

Después de más de una década de riesgo regulatorio e intervención en energía y banca, decretos leyes, “reforma” tras “reforma” y decenas de miles de páginas de normas, los resultados son tan desastrosos que la solución que nos ofrecen es: más regulación y más intervención. Y es que ya lo comentaba yo hace años, cuando leo las palabras "sector estratégico” me echo a temblar. Porque sé que detrás de esas palabras vienen miles de millones en pérdidas. Y gobiernos que regulan, meten la pata y… regulan más. Y los errores de la intervención anterior se los achacan a “los mercados” y a una inexistente liberalización. A menos que llamemos “liberalización” a privatizar, seguir metiendo mano en todos los sectores y cuando sale mal, echarle la culpa a los extranjeros. Es decir, liberalización a la ‘argentina’.

Muchos de los villanos de las películas de James Bond suelen tener un modus operandi similar. Crean un enorme riesgo, una amenaza mundial, con el objetivo de vender después “la solución” a un coste desorbitado o controlar el mundo.

España ha pasado de tener unos precios de la electricidad que estaban entre los más baratos de la Unión Europea a ser de los más caros, solo superados por Chipre Malta. Las razones las he explicado, en muchas ocasiones, en mi post explicando cómo hemos llegado a este despropósito de Déficit de tarifa y cómo miramos a otro lado hablando de oligopolios en vez de Planificación de burbuja.

Por qué sube la luz de repente un 11% ¿Manipulación? ¿De quién?

Deben ustedes saber que el 57% del precio final que pagan en la electricidad son costes fijos regulados, primas, impuestos y subvenciones. Esto hace, como con las gasolinas y gasóleos, que ustedes no se beneficien cuando bajen las materias primas, porque los costes fijos lo fagocitan.

De la factura de la luz menos de la mitad es lo que se llama el componente de la energía, es decir, el efecto del precio de mercado. Y éste ha subido un 26% en diciembre. Las razones:

– Se cierra una planta nuclear (Garoña) y se mantiene en parada técnica con innumerables nuevas regulaciones a Vandellós y Almaraz. Sacamos del sistema a través de regulaciones confiscatorias y burocráticas a la energía barata y poco volátil de alta disponibilidad.

– Cae un 40% la producción eólica, que es extremadamente volátil. Encima… tras los cambios regulatorios retroactivos recientes… caída del 40%.

– Menor producción hidráulica (-7%). Llueve menos y la energía más barata de todas es sustituida por… carbón, caro y subvencionado.

– Esto ocurre a la vez que la demanda crece un 1% en diciembre comparado con 2012.

La combinación de estos factores lleva a que el componente energético se haya disparado un 26%. Pero es una combinación desafortunada, extrema, y no replicable. ¿Manipulado por las grandes eléctricas? Ya lo dudo, cuando por ejemplo, Endesa no participó en la subasta (solo comprador) e Iberdrola solo un 4%.

La mayor manipulación que ha sufrido el mercado mayorista de electricidad ha sido la imposición de un mix energético volátil y caro, donde en picos de demanda extremos el carbón ineficiente o el gas más caro disparan el precio y en épocas de baja demanda los costes fijos, primas y regulados siempre suben. Es decir, es una anomalía que, como en otras ocasiones viene de muchos años de hundir al sector, pagando ustedes.

Mientras tanto, el otro componente, el fijo, el de las subvenciones, impuestos y alegrías, sube todos los años. Así, cuando bajan las materias primas usted no ve bajar su factura, y cuando suben, usted paga.

En abril de 2013 la subasta de la electricidad arrojó una bajada del 17%. Otra anomalía por circunstancias muy específicas. Nadie se mesaba los cabellos.

Mirar el componente energético mes a mes es algo que solo pasa en España. En AlemaniaItaliaReino Unido o Finlandia, todos sistemas marginalistas, nadie se escandaliza por una subida puntual del 27% del coste energético… ni de una caída similar posterior. ¿Por qué? Porque en esos países nadie fija la tarifa a principio de año con la bola de cristal y luego tiene que lidiar con las diferencias de haber estimado mal… Y acumular déficit de tarifa.

Otra cosa que ocurre en esos países es que el precio de la energía no lo dicta en picos de demanda la tecnología más obsoleta y cara, porque se preocupan de que el mix energético cumpla dos condiciones: que sea poco volátil y que sea barato. Sustituir energía de ‘base’ barata (hidráulica y nuclear) por energía cara y volátil solo lo hacemos ‘los ricos’.

No es una casualidad que los dos sistemas peor y más intervenidos, Italia y España, tengan los precios de electricidad mayorista más caros.

"Pero qué locuras dice, señor Lacalle, lo que necesitamos es más intervención y más regulación", me dirán. No se preocupen, estamos en camino. Luego, cuando ni bajen los precios y además tengamos que rescatar a los sistemas intervenidos, como ha pasado en Francia, dirán que es culpa de los mercados.

Baja el crédito

¿Quieren regulación? Tomen dos tazas. Si pensaban que iba a ‘fluir el crédito’, tras el análisis de transparencia y los acuerdos de la temible Unión Bancaria, pueden dudarlo.

Les dejo este magnífico grafico cortesía del Financial Times sobre lo ‘acordado’ sobre el mecanismo de control para poner en marcha el proceso de cierre y liquidación de bancos con problemas. Kafkiano. ¿Y aun piensan que la Unión Bancaria va a acelerar y mejorar el mecanismo de transmisión de crédito, agilizar el motor del sistema financiero y evitar los rescates con dinero público? De hecho esta extremada complejidad esconde la obsesión de varios países de que se deje abierta esa posibilidad, la de intervención con fondos públicos para “mantener vivos a los nuestros”… con el dinero de los otros.

Del análisis de transparencia de la EBA (European banking Authority) me quedo con varios elementos importantes que siguen poniendo sobre la mesa que la Unión Bancaria no es la panacea ni el cimiento, sino el tejado, y que queda mucho, pero mucho que hacer a nivel nacional antes de plantearlo.

Pero sobre todo, la avalancha regulatoria que viene, con incertidumbres sobre morosidad, capital con o sin riesgo soberano, hace imposible que la banca lleve a cabo el ejercicio de reducir deuda, mejorar capital y prestar más. Es soplar y sorber a la vez.

– El ratio de capitalización de los bancos ha mejorado poco, del 10 al 12%.

– La exposición a deuda soberana sigue siendo enorme (vean el gráfico).

– La morosidad en el crédito sigue siendo muy alta. 191.000 millones de créditos de difícil cobro en España (13% ex SAREB). Va a fluir el crédito cuando se reúnan los Beatles.

Hasta que estos dos gráficos (exposición a deuda soberana y capitalización) no se aplanen (es decir, que el riesgo asumido por bancos sea similar en proporción) y se acelere la capitalización y limpieza interna de los bancos con más problemas, es imposible hablar de Unión Bancaria sin olerse que los errores de los peores los acabaran pagando otros países.

Porque lo que al ciudadano medio se le escapa es que el problema bancario, esa correa de transmisión de la expansión eterna, aún está lejos de solucionarse. Que el 2007 y la orgia de deuda no puede volver aunque quisiéramos.

La banca ha mejorado, pero debemos ser conscientes de la fragilidad de esas cifras de capitalización. En un sistema bancario tan endeudado y enorme (320% del PIB de la eurozona) donde la cobertura de riesgo por impagos es aún solo del 50% y se cuenta como capital de ‘calidad’ a activos que han sufrido enormes volatilidades, ese capital desaparece rápidamente.

Por eso cuando leo “hemos puestos miles de millones para arreglar la banca y solucionar el crédito y no fluye”, me temo que sobreestimamos lo que se ha hecho como “solución”. Se decidió no dejar quebrar a nadie, mantener a todos y se ha retrasado la limpieza del sistema siete años. Unos mejor que otros, pero el sistema aun frágil.

Mientras siga el incentivo perverso de que los estados enchufen deuda soberana en los bancos, y estos de acumularla como “activo sin riesgo” -menuda broma- seguirá ocurriendo lo que comentaba en mi post No esperen que vuelva el credito. 

Pero como en todos los "sectores estratégicos”, tras decenas de miles de papeles de regulación desde la creación de la Unión Europea, mientras a los estados las empresas les sirvan como instrumentos de gestión de planificaciones burbujeras, seguridades sociales encubiertas y alfombras para esconder deuda, nos pasaremos años diciendo que no entendemos que la economía no crezca, por qué cae la demanda y que lo que hay que hacer es…. intervenir más. Hasta la derrota final.