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Etiqueta: Dinero y sistemas financieros

Juan Manuel López Zafra: “Somos esclavos de la deuda que nos han dejado”

El oro vuelve a estar de moda. Más allá de la fluctuaciones en el precio del metal, la crisis financiera ha desatado el furor por las cuestiones monetarias: las QE de la Fed, bitcoin, Abenomics… Todos ellos tienen su sitio en el debate en la red. Y cuando se habla de dinero, de monedas, de inflación o de reservas, el oro sigue siendo el rey. Pocas cuestiones desatan tantas pasiones entre economistas, académicos y público en general.

Juan Manuel López Zafra irrumpe estos días en esta controversia con Retorno al patrón oro (Deusto), un libro de divulgación en el que asegura que es posible recuperar lo que hace ochenta años John Maynard Keynes despreció como una "bárbara reliquia". El volumen es corto y claro. Perfecto para el aficionado a la materia, pero también para aquél que se acerque a ella por primera vez.

Libre Mercado habló con el autor este jueves, y le preguntamos si realmente piensa que es posible que todos los billetes que utilicemos estén respaldados por un lingote del metal dorado. López Zafra está convencido de que sí. 

– Hasta hace poco, nadie hablaba del patrón oro. Parecía un debate superado. De hecho, el otro día, ojeando el libro, pensaba que hace veinte años un libro así hubiera sido impensable.

– Estaba fuera del debate político. De hecho, éste es el primer libro divulgativo en español (aparte de Huerta de Soto, que toca el tema aunque no escribe sólo sobre patrón oro) desde hace muchos años. Yo no he encontrado otro, ni siquiera en Sudamérica. Artículos científicos sí, pero libros en español, en los últimos 40-50 años, creo que no.

– Es cierto. Sin embargo, ahora no suena raro. Hay mucho debate en las redes sociales, artículos en los medios, monedas virtuales, discusiones sobre el papel de los bancos centrales… ¿el patrón oro vuelve a estar de moda?

– Hay un gráfico en el libro que incluye la evolución de las solicitudes en Google de "gold standard". Es brutal ver cómo ha crecido en el último año la búsqueda de estos términos. La política de la Reserva Federal ha inflado la moneda a unos niveles insostenibles. La gente se plantea qué va a ocurrir con sus ahorros y su futuro, qué puede ocurrir en el momento de la jubilación.

Nos preocupamos, porque tenemos sentido común. Ni yo ni ningún español vivo se ha criado bajo un patrón oro. Pero el otro día en Twitter me preguntaban, "¿me quiere usted decir que los billetes que emite el Banco de España no están respaldados por unas reservas de oro?" Pues no. La gente sigue pensando que detrás de los billetes hay valor.

– De hecho, el ciudadano corriente actúa como si hubiera patrón oro. A lo mejor es consciente de que no existe un patrón oro de verdad, pero cuando abre una cuenta o reclama su dinero en el banco, lo hace como si hubiera un respaldo.

– Eso es. La gente va al banco y dice: "Yo he dejado aquí mi dinero y mi dinero está aquí, ¿verdad?". "Pues no mire. Su dinero lo hemos prestado entero". Esto ocurre ahora y ha ocurrido en los últimos cien años, desde el momento en el que el coeficiente de caja se reventó.

La gente va al banco y trata de recuperar su dinero. No pasa nada siempre que no haya una crisis de confianza. Lo que plantea Bernanke es que tenemos una crisis de confianza, pero ésta es una consecuencia, no una causa.

¿Por qué hay una crisis de confianza? Porque la política de expansión del crédito ha sido tal que hay muchas personas con una cierta influencia (menos de las que deberían ser) que en los últimos cinco o diez años piensan que estamos cruzando una serie de líneas rojas peligrosas.

Entonces, te planteas, ¿tiene sentido seguir inflando la burbuja de crédito y no basar el crecimiento en el ahorro? Y que el consumo no sea un objetivo sino una consecuencia; que puedas decidir qué hacer con tu dinero, si invertir a uno o tres años o consumir; si ahorrar y no gastar… ¿Por qué tienes que consumir? Y, sobre todo, ¿con qué estás consumiendo? Estás consumiendo con una promesa de pago, no con otra cosa.

– Usted inicia el capítulo 2 con una cita de Antal Feteke: "A menos que el dinero fiduciario se estabilice al volver al patrón oro, se derrumbará después de haber causado mucho daño". ¿No es un poco exagerado? El capitalismo ha demostrado una fuerza enorme para superar dificultades.

– La fuerza del capitalismo se respalda en el ahorro y la inversión, no en el consumo. ¿Puede derrumbarse el capitalismo? Pues se están poniendo todos los medios para que ocurra.

En Venezuela la gente está saliendo con carteles de "Queremos capitalismo". La gente es consciente de que la propiedad privada y los ahorros están ahí para acumular una riqueza que va en beneficio de uno mismo y de los demás. Hay una parte de los economistas que están denigrando eso desde hace años. El capitalismo como tal, entendiéndolo como respeto a la propiedad privada, ahorro e inversión, sobrevivirá. El capitalismo actual es un capitalismo un tanto extraño. Este sistema es el que tiene problemas de mantenimiento. Por eso cada vez nos piden más control: tasa a las transacciones extranjeras, control de los depósitos en el BCE…

Si regulamos toda la actividad económica y a eso le llamamos neoliberalismo estamos confundiendo el mensaje. Esto no es la URSS, no hay una economía planificada; pero en economías como la española o la francesa, con el 50 o el 57% del PIB en manos del Estado, llamar a eso capitalismo es algo arriesgado.

– Respecto a la actuación de la Fed o el Banco Central Europeo, incluso personas que pueden no creer en el patrón oro o que no son seguidores de la Escuela Austriaca están muy preocupadas sobre la bomba de relojería que se ha creado con las sucesivas emisiones de los últimos años. ¿Cómo vamos a salir de ésta?

– El problema es que hemos acostumbrado al sistema financiero al crédito fácil. Quiebras como la de Lehman Brothers son excepcionales. El sistema sabe que van a acudir a su rescate. Por lo tanto, introducimos un factor de riesgo moral enorme.

Un peluquero sabe que si lo hace mal va a quebrar. Pero si alcanzas un determinado volumen, jamás quebrarás. En el sector de la producción, el Estado dirá que eres un "sector estratégico". Cada vez que el Estado usa el término "estratégico" es para subir los impuestos. En el sistema financiero, pasa exactamente igual. Si tomo demasiados riesgos y luego el Estado me salva, no tengo incentivos para hacer las cosas bien. Eso la gente lo sabe y protesta.

Estamos gastando (no invirtiendo) ingentes cantidades de dinero en equilibrar un sistema financiero que los gobiernos se han dedicado a minar en la base. No estamos purgando las inversiones que han salido mal.

– ¿Y es posible drenar todo ese dinero que se ha inyectado en el sistema?

– Sí, no sólo es posible, sino que es muy necesario.

– ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿Nos esperan dos décadas de estancamiento?

– Haber cebado una bomba como la que hemos cebado no nos garantiza que no vaya a haber dos décadas de estancamiento. Una situación como la que hemos vivido hasta hace seis años no se va a volver a repetir. No lo vamos a ver nosotros y no lo verán nuestros hijos. Haber cebado el crédito como la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra o el Banco de Japón y haber premiado a los que lo están haciendo mal no nos va a llevar a una recuperación.

Vamos a una forma de L, con picos en momentos, pero con una situación muy delicada durante muchos años. ¿Veinte? Pues estamos en el 2014, al menos hasta 2025-2030 calculo que estaremos en una situación complicada. El ahorro no está generando inversión. Es complicado que eso vaya a generar empleo.

– Sobre el rescate a los bancos. La gente protesta mucho, pero en realidad lo que se ha hecho ha sido rescatar a los depositantes e inversores para que no perdieran lo que habrían perdido si hubieran sido acreedores de una empresa normal.

– No debemos pensar sólo en el plazo inmediato. Cuáles son los efectos y el mensaje que se manda cuando se rescata a un sistema financiero, a un banco o a una caja. Se manda un mensaje que es "usted no se preocupe, que sus ahorros están garantizados". Pero por otro lado, se lanza un mensaje al sistema diciendo "no os preocupéis. Si pasa cualquier cosa, aquí estamos".

Es complicado valorar las consecuencias a corto plazo de una medida tan nefasta como rescatar a una entidad financiera que lo ha hecho mal.

– Volviendo al patrón oro. Muchas personas se preguntan, incluso estando de acuerdo, ¿es posible volver? ¿se puede hacer la transición?

– Sí, se puede hacer. En el libro hay un epígrafe entero dedicado a la transición. No es algo que se pueda hacer en un plazo breve. Requiere de tiempo, hay que readaptar todo el sistema financiero a esa realidad. A las empresas y las entidades bancarias no les puedes pasar de un sistema basado en el crédito a un sistema basado en el ahorro. Eso requiere tiempo y un acuerdo internacional.

Un país en la actualidad, hoy por hoy, no podría permitirse decir "respaldo mi moneda en oro". Tiene que haber un acuerdo. ¿Y es posible que haya ese acuerdo? Pues creo que sí, lo vamos a ver, aunque no mañana ni pasado. Yo no he planteado el libro como una utopía.

– ¿Seguro? Porque lo que parece imposible es que los políticos acepten un sistema que les limita tanto.

– Hay dos prismas: el del político y la economía financiera (por un lado) y el del ciudadano y la economía no financiera (por el otro). La economía financiera ha crecido en los últimos años con un sistema basado exclusivamente en el crédito. Y el político no va a poder regalar autopistas ni trenes. Se va a tener que apretar el cinturón a lo que tiene realmente en las reservas y a una deuda muy limitada.

El oro es el principal extintor de deuda. Que no puedas endeudar a generaciones futuras, a un político le tiene que costar. No puede haber una subasta de trenes, hospitales, colegios… Porque si hago ese tipo de políticas, el oro va a salir de mi país.

– Y, sin embargo, ¿me dice que aunque sea tan malo para los políticos, tiene esperanza de que éstos cambien el sistema?

– Es posible si hay un acuerdo. Al final, hay una serie de políticos que intentan traer un mensaje de ahorro y racionalidad. Y hay algunos financieros que también. La gente se va a dar cuenta de que no podemos utilizar el euro, porque puede llegar a tener el mismo valor que un billete de Monopoly.

Esperemos que no ocurra, porque puede ser grave. Pero es necesario absolutamente que haya una transición ordenada a un sistema de respaldo de moneda. No se puede esperar que la economía siga creciendo a base de emitir deuda y moneda, endeudando a las generaciones futuras. No puede estar naciendo un niño en España con más de 20.000 euros de deuda a sus espaldas. Es denigrante. Somos esclavos de la deuda que nos han dejado los demás. La gente va a tratar, en algún momento, de romper esas cadenas.

‘Abenomics’ y el timo de la estampita

  • El 62% de los trabajadores españoles estaría dispuesto a perder parte de su salario a cambio de asegurar su posición en la empresa. De los 32 países incluidos en el WorkMonitor de la primavera de 2013 de Randstad, sólo en India este porcentaje era superior.
  • En 2012, el 40% de los licenciados universitarios de la promoción 2005-06 tenían un puesto de trabajo de inferior cualificación a su formación, según datos del informe Datos y Cifras del sistema universitario español 2014 que se conoció la semana pasada. Y apenas un 56% de ellos tenía un empleo indefinido a jornada completa.
  • Según Eurostat, de los 28 países de la UE, España es el segundo en porcentaje de "temporalidad no deseada": más del 90% de los trabajadores temporales querrían un contrato indefinido (en Austria no llegan al 10%; allí los que aceptan un empleo sólo por tres meses es porque quieren).
  • Y algo parecido ocurre con los empleos a tiempo parcial. Más del 60% de los españoles en esa situación querrían trabajar ocho horas al día, pero no pueden. De nuevo, la comparación con Austria es dolorosa. En aquel país, este porcentaje cae al 10% (ver aquí, gráficos 6 y 8).

Todos estos datos apuntan en la misma dirección. El problema de España no reside sólo en sus casi seis millones de parados, un 26% de la población activa. Es que además, muchos de los ocupados tienen un trabajo que no les gusta, pero que no pueden dejar, fundamentalmente por miedo al desempleo.

Desde el punto de vista de los nuevos trabajadores, esos jóvenes con más de un 55% de tasa de paro, se dibuja un panorama desolador. Salvo que tengan mucha fortuna o una excelente formación, al entrar en el mercado laboral saben que les espera como mínimo una década de contratos temporales y paro. Y en muchos casos la proporción de cada uno de estos ingredientes dependerá más del sector o la empresa que de su propia valía. Con este panorama, las probabilidades de labrarse un buen currículo, consolidar su carrera o lograr unos ingresos razonables en un período corto de tiempo son mínimas.

Por todo ello, no sorprende que exista esa obsesión por el contrato fijo. El objetivo deja de ser cumplir una vocación, emprender nuevos retos o incluso mejorar salarialmente. La meta es tener un contrato indefinido. El sistema ha consolidado un modelo dual, con un grueso de trabajadores en teoría muy protegidos (los fijos) y otro grupo con mínimas opciones de subirse al tren en marcha. Sus defensores hablan de un régimen "garantista" y desde la perspectiva de un indefinido podría parecer que una cosa compensa la otra. 

Pues bien, según la misma encuesta de Randstad, el 91% de los españoles no cree que viva en un país con "seguridad laboral". Incluso los fijos, que deberían sentirse seguros con su situación, tienen tanto miedo a las consecuencias de quedarse en el paro (básicamente, un reingreso costosísimo al mercado) que ni siquiera ellos están contentos con la situación.

El caso Coca-Cola

Hasta aquí, las cifras hablan desde el punto de vista del trabajador. Tampoco las empresas parecen mucho más felices. En los últimos días, el conflicto que más comentarios ha generado ha sido el que ha enfrentado a la embotelladora de Coca-Cola en España con sus empleados por el plan de cierre de cuatro de sus plantas. La secuencia de los hechos es la siguiente (una explicación más precisa en el excelente artículo de S. McCoy del viernes en El Confidencial):

  • La compañía presenta un plan para un ERE que afecta a más de 1.250 empleados
  • Los trabajadores se movilizan
  • Las administraciones apoyan a los sindicatos
  • Se presiona a la empresa (y a la marca estadounidense), incluyendo una campaña de boicot a sus productos
  • Coca-Cola Iberian Partners mejora las condiciones que ofrece a sus empleados, "hasta llegar a una oferta excepcional para bajas voluntarias (10.000 lineales más 45 días por año con límite de 42 mensualidades), prejubilaciones (80% del sueldo neto desde los 56 hasta los 63 años, revalorización anual del 1% y Seguridad Social a cargo de la empresa) y recolocaciones (15.000 euros upfront más ayuda mensual de 500 euros para vivienda durante 24 meses para el 70% que cambiaría de residencia)".

Ni siquiera con estas cifras es seguro que se alcance un acuerdo. El viernes, los sindicatos se negaban a aceptar incluso este tipo de condiciones.

Pero supongamos que al final se llega a un pacto. Si es así, se saludará con alboroto en medios de comunicación y partidos políticos. Hay un acuerdo, se preservan los empleos y no hay despidos, sino bajas voluntarias. ¿Todos contentos? Aparentemente sí, pero a medio plazo, las consecuencias quizás no sean tan positivas. Podría decirse que se lanza un triple mensaje:

  • Si vas a abrir una fábrica en Europa, mejor que no sea en España, porque cuando tengas que hacer ajustes de plantilla te saldrá carísimo (y los medios te masacrarán por destruir empleo).
  • Si no tienes más remedio que tener centros en España, ficha todos los temporales que puedas. Así, cuando caiga la producción o necesites recortar plantilla, podrás tirar de estos. Simplemente no les renuevas el contrato y ya está.
  • Cuando tengas que despedir -por una caída en la facturación, la reestrucutración de una planta o cualquier otra causa- despide a los temporales, o lo que es lo mismo, no les renueves. Incluso aunque alguno de ellos sea más productivos que alguno de los indefinidos que se quedan en la planta. Te saldrá más barato y no te buscas problemas.

Miedo

Para la empresa, un temporal con estas condiciones es un trabajador al que sólo se pueden confiar tareas de poco valor añadido y en el que no merece la pena gastarse dinero en formación. Para el empleado temporal, la empresa es sólo un medio de ganarse la vida durante unos meses; no le importa su futuro, ni sus beneficios, ni cómo funciona por dentro y los incentivos para aprender son mínimos. No puede haber una relación laboral fundada en peores términos.

¿Cuáles son las consecuencias? Pues que España tiene empresas temerosas de contratar y aún más de hacerlo con contrato indefinido; empleados fijos temerosos de cambiar de trabajo, incluso aunque estén asqueados del que ahora tienen; jóvenes temerosos de no encontrar nunca un trabajo; y temporales temerosos de no alcanzar nunca un puesto fijo. Todo el mundo tiene miedo.

Dicen que sólo dos personas conocen la fórmula de la Coca-Cola y que no se les permite viajar juntos. Quizás es sólo una leyenda urbana, pero en cierto sentido sería lógico que fuera así. La compañía norteamericana teme perder la clave de su prosperidad. La fórmula del 26% de paro es mucho más conocida. Está delante de todos, en la legislación laboral vigente. Y hay decenas de propuestas bien encaminadas para su solución: contrato único, mochila austriaca, descentralización de la negociación colectiva, reducción de las cotizaciones,… ¿Por qué no se hace nada? Probablemente por la misma razón que guía la actuación, en el día a día, de empresas y trabajadores (y de Coca-Cola): miedo.

Chivos expiatorios de la crisis: agencias de calificación

Nos hemos dado cuenta desde hace ya algún tiempo que el mejor amigo del hombre no es el perro, sino el chivo expiatorio (R. Braun). Y esto es especialmente cierto en el caso de los gobiernos ineficientes con ramalazos totalitarios que intentan enmascarar su nefasta gestión. Estos gobiernos, vitoreados por todos aquellos agentes que buscan favores e influencia política, han intentado descargar la culpa de la crisis en cualquier ente (real o no) que no sean ellos mismos.

En este y próximos artículos comentaremos algunos de los principales chivos expiatorios de esta crisis. Empezaremos por un chivo expiatorio estrella: las agencias de calificación o de rating.

Veamos. Las agencias de calificación son empresas cuya especialidad es el análisis de riesgos financieros. Los clientes de estas empresas son emisores de deuda y valores en general, como por ejemplo, países, regiones, comunidades autónomas, empresas e inversores institucionales. El rating es la calificación que se otorga a los emisores en función de su calidad crediticia.

De esta manera, una calificación baja significa que la emisión es de mayor riesgo, es decir, que se imputa al emisor un mayor riesgo de impago (por ejemplo los high yield o bonos de alta rentabilidad). Las más conocidas son Moody´s, Standard & Poor´s y Fitch. Estas empresas son las autoras de las calificaciones crediticias o ratings que tanto se emplean en los mercados de capitales.

Pues bien, cada vez que las agencias de rating rebajan el rating soberano de algún Estado se enfrentan a numerosas acusaciones. La principal es la de destruir el Estado del Bienestar y demás derechos sociales. El razonamiento es el siguiente: la mala calificación de la deuda soberana genera volatilidad y desconfianza en los mercados, lo que perjudica a las cuentas y finanzas públicas (encareciendo la deuda pública), y deriva irremediablemente en recortes y ajustes de prestaciones y derechos sociales. Incluso una docena de abogados amenazaba hace algún tiempo con presentar una querella criminal por este motivo contra la agencias de rating…

Ciertamente las principales agencias de rating (Moody’s, Standard and Poor’s y Fitch) han destacado en esta crisis por sus desacertadas calificaciones de diversos activos financieros, por ejemplo, las hipotecas subprime y derivados financieros (como los CDO). Sobrevaloraron activos para luego degradarlos notablemente cuando los impagos irrumpieron con fuerza. Esto es debido a no tener una buena comprensión de la teoría de los ciclos económicos, lo que les hizo no prever el escenario de crisis y el comportamiento y evolución de los activos valorados en ese escenario. Asimismo, creyeron que los bajos tipos de interés y la abundante liquidez durarían de forma indefinida, con lo que obviaron la posibilidad de un incremento generalizado en los defaults. Recordemos que Lehman quebró con calificación A…

Dicho esto, los gobiernos no pueden quejarse del tratamiento de las agencias de calificación. En lo que respecta al sector público, las calificaciones han sido muy favorables, inflando vergonzosamente las deudas soberanas. La teoría conspiranoica de las agencias crediticias contra Europa y el euro no se sostiene en absoluto. Solamente hace falta comparar el rating que daba Moody´s (por ejemplo hace varios años en 2011) a los bonos soberanos de España y Portugal en comparación con el rating que le daba el mercado (CDS y Bond Implied-Ratings). En ocasiones hasta 7 u 8 escalones por encima del mercado (Aa2 frente a Baa3 en el caso de España).

Algo perfectamente comprensible si tenemos en cuenta que estas tres agencias suponen un cartel aislado del resto de posibles competidores debido a privilegios estatales: desde los años 70 Estados Unidos exigió indirectamente que todas las emisiones se evaluasen por agencias que contasen con licencia de la SEC, es decir, exclusivamente por estas tres agencias. Basilea II también ratificó este privilegio. A partir de ese momento se entra en un círculo vicioso en el que el cliente de las empresas de rating es el propio regulador. Las agencias de rating se cuidarán mucho de no morder a la mano que les da de comer, perdiendo de esta manera su independencia. Es un sector de escasa competencia y eso se observa en la similitud de las valoraciones y calificaciones.

Sin duda, en un mercado no intervenido existirían numerosas empresas de calificación de todo tipo de activos, títulos y emisiones. Éstas expresarían libremente su opinión y análisis, haciendo uso de su libertad de empresa, información y expresión. Los ingresos de las agencias provendrían de los suscriptores de sus publicaciones y, por supuesto, de las entidades emisoras que abonasen los derechos de calificación.

Mediante procesos de mercado se distinguirían las evaluaciones expertas, válidas y útiles de las que no lo son. Aquellas que aciertan en sus calificaciones y pronósticos gozarían de mayor prestigio y popularidad. Aquellas que yerran continuamente y no aportan valor en el mercado serían dejadas de lado por los inversores y clientes.

Este proceso evolutivo se desvirtúa si existe un cliente (el Estado) que pretende ser a la vez cliente (deseando que evalúen sus emisiones) y regulador (dando las licencias que considera). Esto hace que se creen barreras de entrada artificialmente y que además las calificaciones estén fuertemente condicionadas.

Las agencias de rating han sido y son cabezas de turco por excelencia de los gobiernos. Incluso yendo muy por detrás de los mercados, sus calificaciones han puesto de manifiesto la cruda realidad que los gobiernos quieren ocultar: han estado descuadrando sus cuentas, se han endeudado masivamente y no han hecho reformas estructurales consistentes. Y todo ello ha hecho que se sitúen al borde del default.

@jmorillobentue

En defensa de Celia Villalobos

El voto de Celia Villalobos contra el criterio de su partido en la reforma de la Ley del Aborto es algo que todo el mundo daba por descontado. Lo sorprendente es que se hubiera equivocado de botón y hubiera votado a favor, pero veinticuatro años de servicios a estepaís desde su escaño en el Congreso de los Diputados propician el desarrollo de ciertas habilidades táctiles que evitan este tipo de confusiones. Celia es progre y como tal actúa; poco más cabe añadir.

Cabría reprochar a Villalobos cierta incoherencia en su decisión sobre el aborto, puesto que la reforma legal propuesta por su grupo parlamentario responde, en esencia, al recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP contra la ley de Zapatero, que convertía el aborto nada menos que en un derecho. Su puesto de vicepresidenta primera del Parlamento debería quizás suponerle una servidumbre añadida a la hora de dar ejemplo, pero en un Congreso cuya Comisión Constitucional está presidida por el político que decretó la defunción de Montesquieu y la de Exteriores por un separatista que pone precio a la unidad de España la actitud de Villalobos no desentona en absoluto con el resto de la tropa de aforados.

De Villalobos dicen con una sonrisa en el PP que es un "verso suelto". Nada más lejos de la realidad. Doña Celia es una estrofa necesaria, sin la cual el soneto pepero pierde su esencia centro-reformisma. El ecumenismo del PP en busca de los votos centristas exige estos alardes progres por parte de sus dirigentes segundones, sobre todo cuando se ventilan cuestiones ideológicas que la izquierda ya ha sentenciado. El voto de la señora de Arriola, además, apoya la tesis central de su marido, según la cual el centro es la clave para ganar las elecciones, que es en última instancia de lo que se trata.

La existencia de listas cerradas y bloqueadas en nuestro sistema electoral permite estos agravios, contra los que el votante poco puede hacer para manifestar su asco hacia algún dirigente concreto. De eso se aprovecha Villalobos para seguir en el Congreso trabajando contra sus electores sin que le alcance la más mínima reprensión. Pero no sólo ella. También el PP es beneficiario de una supuesta traición interna que, en realidad, no es más que la reafirmación utilitarista de un partido progre vergonzante dispuesto a cualquier felonía antes que intentar ganar la batalla de las ideas. Si es que en Génova hay alguna, que es algo todavía por ver.

¿Cuál es el mandato del BCE?

Suele argumentarse que el Banco Central Europeo, a diferencia de la Reserva Federal, tan sólo posee el mandato de lograr la estabilidad de precios dentro de su territorio (la Eurozona). Sus estatutos, se dice, han conseguido mantener bajo control su monopolio monetario, gracias a lo cual sus mandamases no pueden aplicar políticas monetarias expansivas como las de sus colegas del resto del mundo.

Ciertamente, sería un completo éxito que la normativa hubiese logrado desterrar el inflacionismo crediticio del código genético del BCE. A la postre, todo banco central monopolístico se instituye para financiar de un modo artificial y privilegiadamente barato a gobiernos y bancos privados, perjudicando con ello al resto de los ciudadanos mediante mermas en el poder adquisitivo de la moneda y, sobre todo, mediante devastadores ciclos de sobreendeudamiento y malas inversiones generalizadas. De hecho, cuando se insta a un banco central a que estimule la creación de empleo se está hablando de eso: o bien de que compre deuda pública para que el Estado gaste en la obra pública más diversa e innecesaria, o bien de que financie de un modo más asequible a las entidades financieras para que éstas puedan incentivar una ronda de borrachera crediticia entre familias y empresas. Ése es el empleo que puede crear un banco central: el que resulta de la acumulación de mala deuda dentro del sistema económico.

Por consiguiente, si, tal como reza la leyenda urbana, la UE hubiese suprimido la capacidad del BCE para financiar burbujísticamente a gobiernos y entidades financieras, sin duda habríamos dado un paso en la buena dirección. Pero, por desgracia y como ahora vamos a comprobar, la ingeniería normativa por la que se rige el BCE ha sido diseñada para que, justamente, éste disponga de la suficiente discrecionalidad como para terminar haciendo y deshaciendo a su gusto, tanto a la hora de estimular el endeudamiento privado con la excusa de fomentar el empleo como a la de proporcionar financiación laxa a los gobiernos para que éstos sigan manteniendo sus infames burocracias. 

De entrada, es verdad que el artículo 2 de los estatutos del BCE dice que la estabilidad de precios es el objetivo primario de la entidad. Sin embargo, incluso ese propio artículo 2 ya habilita al BCE a que, alcanzada la estabilidad de precios, pueda coadyuvar en la consecución de los logros a los que aspira el Tratado de Maastricht en su artículo 3, a saber, la promoción del progreso económico y social sostenible y del pleno empleo. Por tanto, no es cierto que el BCE tenga un mandato único –la estabilidad de precios–, sino que sigue teniendo un mandato dual –estabilidad de precios y pleno empleo– pero articulado en dos niveles jerárquicos (la estabilidad de precios prima sobre el empleo).

Evidentemente, podría argüirse que la primacía de la estabilidad de precios sobre el fomento del empleo es un punto a favor del BCE frente a la Fed –que coloca ambas misiones en pie de igualdad–, pero a la hora de la verdad, y tras la nefasta experiencia de la estanflación de los 70, ningún banquero central actual se atrevería a seguir azuzando el expansionismo crediticio en una época de elevada inflación, ni siquiera con la búsqueda del pleno empleo en mente. Mucho más peligroso es lo que hacen los bancos centrales cuando, aparentemente, la estabilidad de precios no está en peligro: en esos momentos, erróneamente presuponen que "no hay tensiones subyacentes" y que pueden volcarse a espolear la deuda. Fue lo que sucedió durante la década de los 20, que condujo a la Gran Depresión, y lo que volvió a suceder a comienzos del s. XXI, hasta que se produjo la Gran Recesión actual: engañosos IPC bajos que conducen a crédito barato canalizado a activos (como la vivienda o los índices bursátiles) cuyos precios quedan fuera del IPC (de modo que no saltan las alarmas). En este sentido, la Fed y el BCE han cometido los mismos pecados –rebajar artificialmente los tipos de interés con el IPC estable– pese a sus diferencias estatutarias.

Mas podría pensarse que, al menos, los estatutos del BCE sí impiden que la entidad proceda a comprar masivamente deuda pública con la que financiar a los manirrotos gobiernos de turno; esto es, que en la Eurozona sería imposible algo así como los QE de Bernanke. Pues tampoco.

Es cierto que el artículo 21 de los estatutos del BCE remite al artículo 123 del Tratado de Maastricht, donde se prohíbe al banco central la adquisición directa de deuda pública en los mercados primarios, así como cualquiera otra facilidad crediticia para las administraciones públicas. Y es verdad que el Reglamento 3603/93 del Consejo Europeo especifica que por "cualquier otra facilidad crediticia" se refiere a toda financiación indirecta que el BCE pueda proporcionar a los Estados a través de los mercados secundarios. Pero el artículo 18 de los estatutos del BCE también habilita a la entidad a ejecutar operaciones crediticias (en general) dentro de los mercados financieros con el propósito de lograr su objetivo de la estabilidad de precios.

He ahí la madre del cordero. El BCE puede interpretar la normativa por la que se rige –y, de hecho, la está interpretando así– como una autorización a comprar deuda pública en los mercados secundarios siempre que esa adquisición tenga como propósito último no el de financiar a los gobiernos sino el de permitirle garantizar la estabilidad de precios. En estos momentos, el BCE podría perfectamente argumentar, siguiendo los preceptos de sus estatutos, que la estabilidad de precios corre peligro por el lado de la deflación (y no de la inflación, como suele ser habitual) y que, en tal caso, está habilitado para adquirir toda la deuda pública que sea necesaria para mantener a flote el IPC. Es lo que hizo cuando inició en 2010 con la ventanilla del SMP (con la que adquirió 220.000 millones de euros en deuda pública italiana, española, griega, lusa e irlandesa) y lo que ha prometido volver a hacer a través de la ventanilla de la OMT con la que Draghi le salvó la papeleta a Rajoy.

En última instancia, pues, que el BCE haya sido hasta ahora un poquitín más ortodoxo que la Fed o el Banco de Japón no se ha debido a unos estatutos que hayan conseguido atarle en corto, sino a que los hombres del Bundesbank siguen ejerciendo una notable influencia a la hora de pergeñar la política monetaria; o dicho de otro modo: si Bernanke hubiese sido presidente del BCE con el apoyo del Bundesbank, podría haberse comportado exactamente igual que lo hizo al frente de la Fed. No es el gobierno de las leyes lo que restringe al BCE, sino el gobierno de las personas. Y por eso la veleta del BCE se moverá según sople el viento de los intereses de esas personas o de quienes gobiernan a esas personas

Bienes económicos: tiempo, riesgo y normas

Los bienes económicos pueden ser clasificados según múltiples atributos: físicos (materiales) o intangibles (inmateriales); presentes o futuros; duraderos (resistentes, estables) o no duraderos (frágiles, inestables, se deterioran por sí solos o se desgastan con el uso o consumo); cercanos o lejanos; muebles o inmuebles; fraccionables o no; seguros o con riesgo o incertidumbre; originales, intermedios o finales (en la estructura de producción y consumo); directos (para uso) o indirectos (para intercambio); específicos o genéricos (para múltiples usos posibles); complementarios o sustitutivos en relación a otros bienes; de uso o consumo rival (no posible por varios agentes a la vez) o no rival; de exclusión fácil o difícil; públicos o privados; con altos o bajos costes de transporte, almacenamiento, mantenimiento, transacción y protección contra el robo; su uso puede requerir mayor o menor pericia; manipulables o transformables de forma controlada con mayor o menor facilidad; fungibles o no; más o menos fáciles de distinguir y falsificar; de mayor o menor calidad; más o menos exclusivos, de oferta más o menos escasa en relación con su demanda; según su relación entre flujo y existencias; bienes posicionales o no; bienes red o no; según sus externalidades positivas o negativas; regulados (sujetos a diversas normas) o no; contractuales o no; condicionados, contingentes, o no; primitivos o derivados; únicos o repetibles; de valoración más o menos invariante respecto a distintos cambios posibles (sujeto, espacio, tiempo, cantidades, posición de comprador o vendedor).

La producción, el uso o consumo y la disposición de los bienes económicos tienen componentes o dimensiones espaciales (localización, distancia) y temporales (duración), están afectados por riesgo e incertidumbre y tienen restricciones y condicionantes jurídicos (leyes y normas, que pueden cumplirse o no).

La acción humana y los procesos naturales transforman unos bienes en otros: los bienes se crean, se modifican, son destruidos (o consumidos); aparecen, persisten y desaparecen; algunos bienes son duraderos, otros se degradan o estropean más o menos deprisa. Para usar o manipular los bienes físicos suele ser necesario estar cerca de ellos, poder controlarlos y recibir los servicios que proporcionan. Espacio y tiempo están relacionados según la velocidad de movimiento: un bien existente lejano sería semejante a un bien futuro en el sentido de que es necesario un tiempo de desplazamiento (además de los costes de transporte) del bien o del usuario para disfrutarlo.

En una estructura económica algunos bienes pasan por distintas fases temporales y productivas mientras van siendo transformados de materias primas originales a bienes intermedios (semifacturados), bienes de capital o de producción (máquinas, herramientas, locales) y bienes finales de consumo; y van siendo distribuidos, movidos o transportados en el espacio desde la naturaleza a fábricas, almacenes (logística), comercios (mayoristas o minoristas) y domicilios. Los bienes indirectos, como el dinero, se utilizan para ser intercambiados por otros bienes o servicios.

Los bienes son valiosos por los servicios que prestan o las funciones que realizan: son útiles. Los bienes finales, directos y presentes, son valiosos subjetivamente por cómo satisfacen algún deseo o necesidad; los demás bienes se valoran por cómo se espera que contribuyan a producir o conseguir bienes finales, o porque dan derecho a recibir algún bien (final o no), siempre teniendo en cuenta (descontando, aplicando un tipo de interés) la preferencia temporal (presente mejor que futuro) y la aversión al riesgo e incertidumbre (seguro mejor que arriesgado, cierto mejor que incierto). Los valores esperados son estimaciones que pueden estar equivocadas o no cumplirse por distintos motivos: fallo técnico en un proceso de producción; error empresarial sobre la demanda de un bien (cantidades y precios de venta); impago de algún derecho de cobro.

El uso de los bienes está regulado mediante leyes generales, derechos de propiedad y normas contractuales específicas. Las diferentes reglas explicitan obligaciones (deberes, compromisos), prohibiciones y derechos (positivos o negativos, opciones). Los agentes económicos son titulares de derechos de propiedad sobre los bienes y pueden emplearlos con diversas restricciones legales, intercambiarlos (compraventas), cederlos temporalmente (alquiler, préstamo) o realizar otras transacciones o contratos mercantiles, comerciales o financieros, primitivos o derivados (futuros, opciones de compra y venta, permutas financieras), relacionados con su entrega y recepción en diferentes condiciones de cantidad, calidad, distribución, presentación, espacio y tiempo. También es posible realizar contratos sobre diferentes servicios o acciones a realizar.

Una cosa es el bien o cosa física, y otra el derecho de propiedad sobre su uso y disfrute, que también es un bien al proteger o asegurar legalmente dicho uso y disfrute: es posible emplear un objeto cuya posesión es ilegal, pero en una sociedad con un sistema policial y judicial adecuado este aprovechamiento resulta efímero y muy costoso (pérdida de lo robado, castigo, pago de compensaciones). Algunos bienes son de propiedad individual, otros de propiedad compartida, la cual requiere alguna regulación entre los múltiples dueños para evitar conflictos por incompatibilidad.

Algunos bienes son derechos legales o contractuales. Ciertos bienes son derechos sobre la participación, gestión y recepción de posibles beneficios de grupos humanos, empresas o proyectos colectivos (acciones, ciudadanía). También existen derechos de cobro o recepción de ciertos bienes determinados (deudas, obligaciones): acreedor de deuda monetaria; dueño de un contrato de futuro. La emisión de bienes futuros contractuales tiene costes múltiples: costes de transacción para llegar al contrato (búsqueda e investigación del crédito de las partes, negociación de condiciones y precios, formalización contractual); costes de documentación o certificación; costes de las obligaciones que implican los contratos.

La deuda es para el acreedor un derecho de cobro exigible mediante reclamación al deudor en cualquier momento (préstamo a la vista) o al cumplirse un plazo predeterminado: es una promesa del deudor de entregar bienes al acreedor en el futuro (o en cualquier momento presente si se trata de deuda a la vista). Un agente económico puede prestar un bien si la compensación recibida (teniendo en cuenta la preferencia temporal, el posible deterioro del bien y el riesgo de no devolución) es mayor que la conveniencia de disponer de su uso libremente en cualquier momento (teniendo en cuenta los costes de mantener la posesión del bien).

Algunos bienes son derechos que dependen de alguna contingencia, como un boleto para un sorteo, un seguro médico, un seguro de vida; ciertos bienes ejercen como prendas, colaterales o garantías, y pueden perderse por algún incumplimiento contractual. Algunos bienes están condicionados legalmente por decisiones ajenas, como el reparto de dividendos y las decisiones de gestión de una sociedad, los bienes recibidos en préstamo con opción de recuperación por el acreedor, o los bienes sobre los cuales otro agente posee una opción de compra (que puede ejecutarse o no).

Los bienes o activos financieros (acciones, deuda, seguros, derivados) suelen ser transferibles mediante negociación a precios variables en mercados secundarios: pueden intercambiarse por bienes presentes vendiéndolos en mercados secundarios (en el caso de la deuda, en lugar de esperar el plazo de amortización), pero el valor obtenido es a priori indeterminado (no tiene por qué ser el valor facial o nominal). La deuda a la vista es especial porque siempre se tiene derecho a reclamar ya una cantidad de dinero determinada, no sujeta a negociación.

Algunos bienes están en reserva (existencias) y otros están siendo utilizados. Si un agente posee un bien existente que no usa o necesita constantemente y quiere prestarlo pero manteniendo el derecho sobre la disponibilidad del bien en cualquier momento, puede prestarlo a la vista (o con un plazo predeterminado pero con opción permanente de recuperación, o con un plazo muy corto y renovación automática salvo declaración en contra). No hay conflicto entre dos individuos usando de forma incompatible el mismo bien simultáneamente: el prestatario dispone del bien hasta que se lo reclamen (o mientras que no se lo reclamen); el prestamista dispone del bien en cuanto lo reclame. Los receptores que quieran garantizar la disponibilidad más tiempo deben contratar por el plazo deseado y no ceder la opción de recuperación.

En teoría monetaria y financiera suele hablarse de bienes presentes y futuros. Un bien puede ser presente en el sentido de que existe aquí (no ausente) y ahora (no futuro), puede controlarse y se tiene derecho a usarlo. Algunos bienes son presentes y futuros a la vez en el sentido de que son persistentes en el tiempo, son utilizables ahora y se espera que sigan siéndolo en el futuro porque no desaparecen al ser empleados. Algunos bienes son persistentes pero se extinguen al ser consumidos (ciertos alimentos y formas de energía). Un bien puede ser futuro porque aún no existe, aún no se controla o disfruta, o aún no se tiene derecho sobre él; en este último sentido el bien futuro es resultado de un contrato que da derecho a recibir un bien en el futuro; es un derecho existente y conocido en el presente, pero sólo exigible o ejecutable algún momento futuro.

Sin embargo esta denominación sólo resalta la componente temporal y no diferencia, resalta o explicita el factor riesgo, y tiempo y riesgo son fenómenos relacionados pero diferentes. Los derechos a recibir bienes no sólo tienen componente temporal (necesidad de esperar), también tienen componente de riesgo (posible incumplimiento). Son bienes inseguros o inciertos, condicionados al cumplimiento por el deudor de la promesa realizada. El derecho puede madurar o ser a la vista o ya inmediato (sin componente temporal) pero el riesgo de impago aún existe: no es lo mismo tener ya un bien que tener ya el derecho a recibir ese bien ya de otro agente, porque la otra parte puede no cumplir con su deber de entrega o provisión (porque no quiera o porque no pueda).

Casi todos los activos financieros son bienes contractuales futuros; sin embargo algunos son exigibles en todo momento por una cantidad de dinero o bienes previamente especificada, como el depósito a la vista o las opciones de compra o venta ejecutables a la vista (durante su plazo de vigencia), que están determinadas en cantidad de dinero a cambio del bien correspondiente. El depósito a la vista es un derecho mantenido en reserva para ejecutarlo cuando se desee, y además tiene la utilidad presente de poder emplearse como medio de pago generalmente aceptado, transfiriendo el derecho por su valor nominal en lugar de dinero en sentido estricto.

El dinero mercancía que surge espontáneamente en el mercado libre es un bien físico presente indirecto. Es una institución social que no depende de ningún acuerdo o consenso legal y no da derecho a exigir nada: su valor depende de que sea aceptado voluntariamente de forma generalizada como medio de intercambio.

El depósito o billete bancario a la vista es un bien contractual presente con riesgo: es deuda de dinero (un derivado monetario), con componente temporal potencialmente nula (salvo el tiempo de reclamar y recibir la devolución, a partir de cualquier momento el prestamista no tiene por qué esperar más), pero riesgo de impago (normalmente casi nulo, ya que si no no sería un medio de pago generalmente aceptado).

El dinero recibido por el banco en un depósito a la vista es un bien presente pero de disponibilidad condicionada, sujeto a la posible obligación de devolverlo en cualquier momento (y si ese dinero ha sido a su vez prestado, con el riesgo de no recuperarlo). El depósito a la vista (y el billete convertible) es para el cliente un bien presente con riesgo: es un derecho presente sobre un bien presente (dinero) pero con la posibilidad de impago; el impago impondría una componente temporal, la espera por reestructuración de la deuda o el proceso de liquidación del banco.

Deflación: ¿más ahorro o más deuda?

En el Partido Popular andaluz todo el mundo espera la designación del nuevo líder que lleve al partido al poder autonómico. Después de 35 años de progresismo ruinoso, descamisao y trincón, parece que ya toca enviar a los socialistas a la oposición a hacer recuento de todo lo recaudado, tarea que llevará su tiempo, y eso que la juez Alaya está echando una mano haciéndoles una auditoría externa.

El sabio manejo de los tiempos de Rajoy y la peculiar interpretación del concepto de democracia interna en el PP están dilatando innecesariamente una decisión que debería haberse adoptado mucho tiempo atrás, cuando el escandalazo de los trinques sindicales ya se había sumado al no menos salvaje de los ERE y Susana Díaz todavía no había eclosionado como secretaria general de la ONU ibérica para solucionar los conflictos tribales de la península.

La situación de interinidad en el PP andaluz ha impedido una oposición eficaz que rentabilice electoralmente el descomunal fracaso socialista y sus agudos perfiles delictivos, permitiendo a la sustituta de Griñán ejercer de embajadora plenipotenciaria, a la que ya sólo le falta viajar a Oriente Próximo a mediar en el conflicto palestino- israelí para que moros, cristianos y judíos estén más a gustito.

Con el congreso regional exprés anunciado para marzo, el Partido Popular puede empezar a hacer oposición, aunque sea con dos años de retraso. Solo falta que Mariano señale con su dedo incorrupto de toda gürtelidad a la persona elegida: tú eres fulanito y sobre ti edificaré mi partido en la tierra de María Santísima. A ver si esta vez ya sí.

La eutanasia burbujística del rentista

 El ínclito Nobel Krugman reivindicaba hace unos días la admonición deJohn Maynard Keynes de aniquilar financieramente a los rentistas. Sabido es que el economista inglés pronosticó en 1936 que, conforme las sociedades occidentales fueran enriqueciéndose y acumulando capital, la rentabilidad de los ahorradores si iría desmoronando hasta desaparecer: es lo que él llamaba la eutanasia del rentista.

Ciertamente, el tiempo no le ha terminado dando la razón: no fue la natural evolución del sistema capitalista sino el innatural auge del keynesianismo a partir de los años 30 lo que contribuyó a machacar a los tenedores de renta fija. A saber, la destrucción de la estabilidad monetaria y la manipulación de los tipos de interés por parte de la monopolística banca central sí han machacado a los tenedores de bonos a largo plazo, por cuanto ha hundido el valor de sus principales. Jeremy Siegel, por ejemplo, estima que entre 1926 y 1997 la rentabilidad de la deuda pública a largo plazo fue del 2%, menos de la mitad que en la época anterior a Keynes. Mas esta eutanasia de la renta fija no ha ido acompañada por una eutanasia de los tenedores de activos de renta variable, quienes han vivido uno de los períodos más prósperos de los últimos dos siglos. Esos rentistas, lejos de haber sido barridos por la plaga de los bajos tipos de interés que pronosticara Keynes, han cosechado durante los últimos 30 años unas plusvalías extraordinarias, sólo empañadas por la voracidad fiscal de nuestros Estados.

Una divergente evolución que en absoluto es casual: la eutanasia de la renta fija por parte de nuestro keynesiano sistema de moneda fiat y de banca central inflacionista equivale a haber anulado los costes financieros de familias y empresas, maximizando en consecuencia su margen de beneficios. El bajo coste de la deuda (la eutanasia del rentista fijo) ha incentivado el hiperendeudamiento de familias y empresas dirigido a incrementar su retorno sobre fondos propios, y ese extraordinario retorno sobre fondos propios –edificado, en parte, en el sobreapalancamiento previo– ha impulsado el auge bursátil. Dicho de otro modo, la enorme riqueza que se ha creado durante las últimas décadas a pesar del intervencionismo estatal apenas ha afluido a los tenedores de renta fija y se ha concentrado en los tenedores de renta variable por obra y gracia del keynesianismo: ¿eso es aniquilar al rentista o desnivelar los rendimientos de los distintos activos para promover el sobreapalancamiento de los agentes? 

A este respecto, la situación presente –sobre la que reflexiona Krguman– no es muy distinta a la que se ha dado en las últimas décadas, salvo porque los muy bajos tipos de interés actuales están más relacionados con la situación de depresión de las economías occidentales (Occidente puja ahora mismo por desapalancarse, no por apalancarse más, y eso repercute en una nula demanda agregada de crédito y, por tanto, en un muy bajo precio del crédito) que con una injerencia directa de los bancos centrales en su configuración. Pero los efectos sobre la posición relativa de los rentistas no cambian: los márgenes de beneficios de las empresas cotizadas de EEUU se hallan en máximos históricos gracias, en parte, a sus bajos costes financieros. A saber, la eutanasia del rentista fijo ha dado alas a la pujanza del rentista variable.

Yerra Krugman, pues, cuando sugiere que quienes defendemos una política monetaria más ortodoxa que la implementada por Bernanke estemos sirviendo los oscuros intereses de unos rentistas que se resisten a morir. Primero, porque, como digo, los rentistas con activos bursátiles se han dado un auténtico festín en los últimos años. Y segundo, porque lo peor de la política monetaria de Bernanke no ha sido ratificar los bajos tipos de interés que igualmente habrían prevalecido en un mercado libre, sino sus flexibilizaciones cuantitativas, que no sólo han contribuido a extender la plaga del crédito laxo hacia las economías emergentes, sino que han constituido un rescate en toda regla… a algunos tenedores de activos de renta fija (en concreto, a aquellos bancos cuya deuda hipotecaria de pésima calidad ha sido adquirida por la Fed). ¿En qué sentido los defensores de la ortodoxia monetaria somos un lobby a favor de los rentistas cuando la heterodoxa política monetaria desarrollada en los últimos años se ha dirigido a rescatar a los rentistas en contra de los tenedores de la moneda estadounidense?

No, lo que algunos pedimos no son tipos de interés altos o bajos, sino libres. Tipos de interés que no estén manipulados ni por la moneda fiat inconvertible ni por la política alocada de un monopolio monetario. Reclamamos un sistema monetario y financiero libre de cargas y de privilegios que no se dirija a aniquilar a unos rentistas en favor de otros rentistas, ni a rescatar a los unos en perjuicio de terceros no rentistas. O dicho de otro modo, reclamamos unos tipos de interés que se limiten a reflejar fidedignamente las preferencias de los ahorradores e inversores en lugar de a promover el sobreapalancamiento de los agentes económicos con el propósito de generar nuevas burbujas que "estimulen" la economía tal como la cocaína "estimula" al drogadicto. Esas burbujas financieras, por cierto, tan del gusto de keynesianos pro-eutanasia del rentista como Paul Krugman o Larry Summers.

Réplica al análisis de Fernando Herrera sobre el Bitcoin

El pasado 23 de enero, el Sr. Fernando Herrera publicaba un artículo con el título Análisis económico básico del Bitcoin (II)” como continuación de otro de su misma autoría publicado con anterioridad.

Si bien el artículo se entiende formulado desde la buena intención, el mismo contiene una serie de afirmaciones y apreciaciones que, desde mi punto de vista, no se ajustan al funcionamiento y las características de la criptomoneda digital, el bitcoin, que intenta analizar.

Así comienza el Sr. Herrera su escrito:

En la primera parte del análisis económico de Bitcoin concluí que su principal característica diferencial con las monedas que han sido aceptadas espontáneamente por la sociedad a lo largo de la historia era su carencia de valor de uso o directo. Desde este punto de vista, Bitcoin es similar a las monedas fiat que utilizamos en el mundo occidental, salvo que carece del apoyo/soporte/obligación de los Estados.

Sería interesante conocer si el euro, dólar, libra esterlina, yen, etc., son consideradas por el autor como “aceptadas espontáneamente por la sociedad” siendo que son monedas de curso forzoso, impuestas por la vía legal y sin alternativa frente a las mismas para los ciudadanos.

El bitcoin sí que es una moneda cuya adopción depende en su totalidad de la voluntad de las personas. Tan solo por ese motivo creo que su aparición debe ser motivo de aplauso para quienes rechazamos las divisas de curso legal forzoso impuestas desde el Estado.

La ausencia de valor de uso de Bitcoin se trata aparentemente de suplir mediante otras características que ha mostrado el dinero históricamente, en concreto dos. Por un lado, la obtención de BTCs se asocia a la dedicación de capacidad de proceso para el funcionamiento del sistema, por lo que es un proceso que consume recursos (lo mismo que la obtención del oro y contrariamente a lo que ocurre con el dinero fiat); por otro lado, el número de BTCs que pueden aparecer en el sistema tiene un límite absoluto, por lo que no cabe la posibilidad de que pierda valor por la vía de aumentar la cantidad.

En mi opinión no puede hablarse de “ausencia de valor de uso” cuando la tienda online de material electrónico TigerDirect.com, propiedad de Systemax Inc., una de las corporaciones que integran el índice Fortune 100, concretó ventas durante las primeras veinticuatro horas posteriores a introducir ese medio de pago en su página web por valor de más de 300 bitcoins (250.000 $ aprox. al cambio del día).

Tampoco creo que quepa argumentar “ausencia de valor de uso” como defecto del Bitcoin siendo que el sitio Overstock.com, uno de los mayores retailers estadounidenses en equipamiento para el hogar, textil y calzado, recibió pedidos de sus clientes por unos 120 bitcoins (130.000 $ aprox. al cambio del día) tan solo en la primera jornada en que se puso a disposición del público esa modalidad de pago.

Y no son esos los únicos casos de grandes empresas que aceptan bitcoins como medio de pago, también tenemos a WordPress, Zynga, Hypebeast o Coastal, además de, por ejemplo, decenas de pequeños comercios del barrio de Kreuzberg en Berlín, quienes aceptan pagos en Bitcoin de manera regular y cotidiana.

¿Puede hablarse de “ausencia de valor de uso” del bitcoin cuando ciudadanos de países como Argentina o Venezuela, afectados por el severo control de cambio de divisas implementado por sus gobiernos, pueden burlar ese cerco y usar bitcoins comprados con moneda local para pagar sus compras en tiendas virtuales de Internet mediante servicios como Bitsumo o Snapcard?

Parece que no cabría atribuirle al Bitcoin “ausencia de valor de uso” considerando que unos 17 millones de habitantes de Kenya pueden recibir remesas de sus familiares en el exterior de forma rápida y barata a través del servicio de billetera bitcoin, Kipochi, que el operador de telefonía móvil Safaricom ha puesto a la disposición de su base de clientes dentro de su sistema privado de pagos M-Pesa.

Respecto al primer punto, se nos dice que los ordenadores “mineros” han de llevar a cabo un ingente volumen de proceso a fin de garantizar la integridad, confidencialidad y privacidad del histórico de transacciones. Toda la información que intercambian ha de estar cifrada con largas claves, lo que exige dicha capacidad.

No estoy en condiciones de poner en cuestión la capacidad de proceso requerida para estas actividades. Pero me inclino a coincidir con D. Rodríguez Herrera, quien escribe que se obliga a los ordenadores a “hacer un montón de cálculos extra en principio inútiles, pero que sirven para comprobar que han tenido que estar trabajando más o menos unos diez minutos para resolverlos”. Es bastante intuitivo que las operaciones aritméticas que requieren los cifrados, por muy voluminosas y complejas que sean, no pasarán de peccata minuta para ordenadores que pueden dibujar escenarios en tres dimensiones y en tiempo real para cualquier jueguecillo que se precie.

Se plantea en el artículo que la capacidad de cálculo requerido en la actualidad para validar los bloques de transacciones, procedimiento que es la columna vertebral del sistema dado que garantiza la integridad de la cadena de bloques, puede ser abordado con ordenadores aptos para hacer correr “jueguecillos” o “dibujos en 3D”.

Ello no responde a la realidad actual. El sistema de prueba de trabajo (Proof of Work) sobre el cual se basa el sistema Bitcoin requiere ejecutar procesos de cálculo muy complejos, utilizando técnicas de “hashing” para descifrar incógnitas criptográficas basadas en el algoritmo de hash seguro SHA256. Si bien hubo momentos en los que esto podía hacerse con tarjetas gráficas de altas prestaciones, desde hace ya tiempo se requiere de equipos informáticos específicamente diseñados para ejecutar esa Prueba de Trabajo. Estos equipos se denominan técnicamente ASIC’s (Application-Specific Integrated Circuit) y solo sirven para esa tarea, recibiendo bitcoins a cambio (25 unidades en la actualidad por cada bloque generado) de validar los bloques criptográficos que contienen las últimas transacciones realizadas.

No son “cálculos inútiles”. El lapso de diez minutos así como el grado de dificultad del proceso tienen sólidos fundamentos técnicos descritos con detalle en la documentación publicada por sus desarrolladores. En mi opinión, no porque se desconozcan esos detalles debe transmitirse al público la impresión de que la labor de los mineros, el coste de sus equipos y el gasto energético necesario carecen de utilidad. Menos admisible es que se intente asimilar todo ello con la ejecución de “jueguecillos”.

Desafortunadamente el artículo continúa exponiendo supuestas deficiencias del sistema Bitcoin que no son tales.

Se enuncia en el mismo que “desde el punto de vista social, la producción de un BTC supone una pérdida de recursos”. Tal y como se ha explicado anteriormente, la generación de bitcoins no puede calificarse como “pérdida de recursos”, pero aunque así lo fuera estos recursos los proveen personas privadas, de su bolsillo y sin ninguna cantidad mediante de dinero público, por lo cual considero que no cabe hablar de pérdida “desde el punto de vista social”. Si es que el Bitcoin llegara a tener una cotización nula frente a otros valores y el mercado en su libre juego de oferta y demanda lo rechazara como opción, la excelente noticia es que ninguna tercera persona, aparte de sus dueños, tendrá que cubrir esas pérdidas vía impuestos ni deuda estatal.

Otra de las afirmaciones con las cuales no puedo concordar es aquella donde se dice que “existe un buen número de divisas electrónicas que pueden resultar sustitutivas” del Bitcoin.

No entra en detalles el autor acerca de a cuáles “divisas electrónicas” se refiere, pero hasta el momento de escribir esta réplica las criptomonedas que han ido apareciendo a posteriori de la creación del Bitcoin, en su inmensa mayoría, con alguna excepción que en lugar de utilizar la técnica de “Prueba de Trabajo” (Proof of Work) usa el método de “Prueba de Participación” (Proof of Stake) como base del sistema, no son más que copias del algoritmo Bitcoin con modificaciones puntuales que no superan al modelo original. Sustitutiva no hay ninguna a la fecha. Opcionales -con defectos más o menos importantes respecto del Bitcoin- sí hay alguna que otra criptomoneda, todas ellas referenciadas a la cotización del Bitcoin.

Hablando de “ausencia de valor de uso” del bitcoin: mientras escribo esto me entero de que Mint, una popular aplicación de gestión financiera para teléfonos móviles que posee una base de clientes que supera los 10 millones de usuarios, ha incluido al Bitcoin dentro de los activos susceptibles de seguir y supervisar por sus clientes a través de su plataforma.

El verdadero riesgo de la eurozona

Parece que por fin estamos viendo la corrección en las economías emergentes que tanto auspiciaron muchos analistas desde hace tiempo. Esta corrección no es más que otro fracaso flagrante de la Reserva Federal en general y de Ben Bernanke y la Administración Obama en particular. Nadie si no ellos son los responsables de la abrupta canalización de capitales hacia los mercados emergentes desde 2009. Y fíjense bien que hablo de "abrupta" puesto que son mercados con grandes expectativas de crecimiento (sirva de ejemplo Procter & Gamble, que lucha por aumentar su facturación en Europa un 1% anual contando con los mejores cerebros mientras que en África, sin mucho esfuerzo, crece al 20% anual). Pero Keynes, que dijo muchas cosas y en alguna tenía razón, ya habló de los animal spirits para definir este apetito inversor exagerado por activos alcistas sin sostén, esto es, ya contemplaba la posibilidad de que se dieran estos movimientos (claro que Fischer llevó ese razonamiento a otro nivel).

El problema con los emergentes y las expansiones monetarias no se circunscribe al mercado emergente ni a los mercados financieros. Sí, estos pueden fluctuar en el corto plazo debido a los temores y a la todavía escasa fortaleza financiera de las blue chips de las principales plazas. El problema no radica, pues, en esto. Radica en la todavía existente fragilidad a todos los niveles macroeconómicos en Europa, Japón y Estados Unidos. Y es que es esta fragilidad incierta (à la Taleb) la que verdaderamente pavoriza a todo aquel que sigue la economía mundial hoy con lupa. ¿Por qué? Pues porque el crédito que ahora salga disparado de los emergentes buscará destino, y no hay peor compañero de viaje para citado acontecimiento que las ilusiones ópticas.

Porque que España ya esté en la senda de la recuperación o que ya hayamos abrazado la recuperación es una ilusión óptica. Que la eurozona se haya sacudido sus problemas de deuda es una ilusión óptica. Que Japón vaya a arreglar su problema demográfico y su estancamiento imprimiendo es totalmente ilusorio y la esperanza en la productividad norteamericana esperemos no haberla sobrestimado.

No hay más que ver hoy en día los mercados de deuda y lo que están haciendo los fondos de inversión, fondos de capital riesgo y fondos buitre para percatarnos del verdadero riesgo que nos acecha. Dicho riesgo es sencillo de explicar: que la voracidad inversora no vaya acompañada de unos retornos que justifiquen citada inversión.

En Europa el capital sigue siendo extremadamente costoso. No es un problema de liquidez disponible, si no de modelos de negocio viables. Los bancos, que se enfrentan ante una prueba de gran importancia en unos meses, siguen desprendiéndose de activos estratégicos y no estratégicos en aras de apuntalar su solvencia… a base de deuda pública. ¿Qué nos dicen todos estos movimientos?

Mini fases cíclicas

 

El problema de fondo de Europa es que se produzca en muy pocos meses una degradación de la liquidez seguida de una rápida lucha por la liquidez. Esto ocurriría si los flujos que se desprenden de Asia y Sudamérica pasaran a Europa a través de transacciones de escaso valor añadido a nivel agregado y a muy largo plazo. Pensemos en operaciones de reaseguro, créditos sindicados a 10 o 15 años, colateralización de activos alejados del negocio principal y poco rentables… En fin, operaciones financieras muy útiles y necesarias en el ciclo de reestructuración marco en el que nos desenvolvemos pero que conllevan un distanciamiento entre los agentes y la liquidez existente. Ello no tendría por qué generar problemas, siempre y cuando no hubiera una abrupta retirada de liquidez posterior que siguiera a este proceso. Ya hemos comentado la fragilidad europea, si ella fuerza una retirada los procesos de reestructuración colapsan, comienzan a saltar covenants en los contratos de deuda y los colaterales devaluados se vuelven insuficientes como garantía de crédito.

Al final no estamos diciendo otra cosa que una muy sencilla. Y es que la ilusión debe ir acompañada de un proceso real de creación de valor detrás. Y que, si no, estaría abocada al fracaso en esas cortas y seguidas dos fases cíclicas. Claro que hoy en día la deuda gusta en Europa, y los negocios que hemos comentado. Pero los planes de viabilidad deben, hoy más que nunca, ser puestos al albur de la realidad circundante de los mercados. Y cuando la ruptura del euro, la quiebra de los PIIGS o la crisis norteamericana sigue a ras de suelo, la vigilancia debe ser máxima.