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Etiqueta: Dinero y sistemas financieros

No pierdan de vista el oro

El canario en la mina vuelve a piar con fuerza. El precio de la onza de oro al contado en el mercado de Londres cerró el jueves en 1.742,5 dólares. ¿Y eso es mucho o poco? No tanto si se compara con el récord histórico alcanzado el pasado 5 de septiembre, cuando cotizó a 1.895 dólares, pero la perspectiva cambia si se observan otras variables. Y es que, comparar el valor del metal amarillo con el del billete verde, el papel moneda de referencia a nivel internacional, puede llevar a engaño.

Estos últimos días el mercado de oro ha pulverizado otros récord igual o más de significativos. Su demanda mundial subió un 6% en el tercer trimestre del año respecto al mismo período de 2010, hasta un total de 1.053,9 toneladas -equivalente a 57.700 millones de dólares-. Una subida sustancial, aunque la clave principal no es ésta: casi la mitad de este volumen fue adquirido por inversores (468,1 toneladas), un 33% más que hace un año; además, destaca el apetito inversor mostrado por Europa, en donde las compras subieron un 135% entre julio y septiembre, hasta las 118,1 toneladas; y lo más relevante es que los bancos centrales dispararon las compras del preciado metal hasta las 148,4 toneladas, lo cual supone la cifra más elevada en 23 años -cuando adquirieron 180- y un 556% más a nivel interanual, ahí es nada.

Que los bancos centrales se hayan convertido en compradores netos de oro supone un cambio de rumbo radical, tras casi 20 años de ventas, e implica que están acelerando su diversificación de activos a fin de compensar la depreciación de sus reservas en divisas (dólares, principalmente). De hecho, si se tiene en cuenta la naturaleza de estos agentes, resulta alarmante que los emisores monopolísticos de papel fiduciario se abracen al oro con tal inusitada fuerza, pues evidencia una creciente desconfianza hacia su propia gestión monetaria. Asimismo, que el mercado apueste al oro como inversión es síntoma inequívoco de la gran incertidumbre económica e inestabilidad bursátil que aún reina tras casi cinco años de crisis internacional. No en vano, el hecho de que Europa haya disparado su demanda en plena tormenta euro ratifica, una vez más, la percepción de que este activo constituye un valor refugio por excelencia.

Por último, si bien su precio medio ha subido un 39% interanual, el oro no ha parado de apreciarse en los últimos años, llegando a multiplicar su valor varias veces. De hecho, en la actualidad, un estadounidense precisa destinar un promedio de 88 horas de trabajo para comprar una onza frente a las 20 del año 2000, un nivel muy próximo al alcanzado a finales de los años 70, en plena estanflación. Con Europa viviendo un momento crítico, la posibilidad de que la monetización masiva de deuda pública se extienda también a la zona euro, la amenaza de una recaída a nivel global en 2012 y el mantenimiento de los tipos de interés en mínimos históricos, es normal que el oro siga brillando con intensidad y, por tanto, siga cotizando al alza en un contexto de crecientes turbulencias financieras, económicas y monetarias. Sin duda, un activo cuya evolución es preciso seguir muy de cerca.

¿Qué quiere salvar Europa?

Y no es porque tengan que tomar medidas impopulares. Todos los países de Europa, intervenidos o no, están haciendo cambios muy poco populares. La crisis está evidenciando lo que siempre ha ocurrido pero nadie antes quería ver: a los gobernantes no les importa en absoluto sus súbditos. La pregunta es ¿qué quieren salvar los políticos europeos? ¿A la gente? No, quieren salvar su sistema que les otorga ilimitado Poder y dinero.

Desde la creación de la Unión Europea (UE) se nos ha dicho que este proyecto era una alianza común para hacer frente a otras potencias. En realidad nunca fue así. Ahora lo vemos claro. La UE no es más que la herramienta de Alemania para controlar más territorio (son su socio francés en doble fila). La UE es un conjunto de países al servicio de políticos franco alemanes. Desde hace unos años, la UE actúa más como el Fondo Monetario Internacional, que como una unión de países amigos. SarkoMerkel ha cambiado los gobiernos de los países rezagados ya sea mediante elecciones anticipadas o destituciones. La única excepción ha sido España. Pero no se preocupen, la intervención de nuestro país después del 20N, ya sea directamente o de forma oculta, es inevitable si es que no lo han pactado ya. Muy posiblemente, incluso, el nuevo gobierno estará formado por tecnócratas que se irán apoyando en el consenso de la oposición para acatar las órdenes de la UE (aunque el PP tenga mayoría absoluta, podría hacer un Gobierno de coalición con el PSOE y hasta CiU para agradar más al inversor internacional y casta europea).

Los nuevos dirigentes de Grecia e Italia son gente del Poder. Trabajaron en Goldman Sachs, al igual que Draghi, el nuevo presidente del Banco Central Europeo. Son gente que tienen un gran sentimiento corporativista y deestablishment, pero no democrático. De hecho, Platón definió su ideal de gobernante, la tiranía, "como el gobierno de los sabios". Es decir, el gobierno de los tecnócratas que diríamos ahora. La única diferencia de la tiranía de Platón con la actual, es que el filósofo apostaba por uno solo tecnócrata, mientras que SarkoMerkel apuesta por un tirano en cada ministerio, cartera y país.

Europa se ha vuelto claramente una oligarquía dirigida por un eje franco-alemán que tampoco tardará mucho en hacer aguas ante las nefastas políticas económicas que usan. El único fin de los burócratas de la UE no es salvar a la gente, ni siquiera resolver la crisis, sino refinanciar cada uno de los estados a costa de los esfuerzos de la economía privada, esto es, la gente. Más impuestos, más recortes, más inflación crediticia, más rescates millonarios y más leyes que burocraticen nuestras vidas. Algo así no puede tener por objetivo retomar la dignidad del ciudadano europeo.

Si la UE estuviera interesada en salvar a la gente, lo primero que harían es delegar sus funciones a la economía privada y a la ciudadanía. Esto se ve claramente con los recortes. Los europeos están muy enganchados a los favores del Gobierno. Está muy bien que el Estado lo recorte todo, pero ha de dar una salida a la gente. El capitalismo es un sistema que necesita de mucha energía (la destrucción creativa de Schumpeter). Necesita de mucha creatividad y libertad, de lo contrario, no funciona porque se convierte en puro capitalismo de estado como ya se ha visto. Si los gobiernos mantienen las regulaciones al emprendedor con leyes que solo dificultan la creación de empresas, lo único que tendremos es más desempleo. Este es el caso clamoroso de España. Ahora las empresas solo están para echar a gente. No habrá empresas que contraten más empleados hasta que la economía no esté claramente saneada, sin embargo, el Gobierno no da salidas a esta situación. Abrir una empresa es más fácil en Zimbabue y Venezuela que en España. Entre más cosas, el desempleo se cura eliminando barreras burocráticas, leyes, sacando las prohibiciones a productos y servicios y aboliendo impuestos. Puede ser algo temporal incluso. Tan elemental ha sido en la historia que hasta Lenin cambió su política comunista durante un tiempo por otra más abierta (la NEP) que alivió las tensiones de la URSS hasta el nuevo plan quinquenal de Stalin.

Las medidas de Europa no es que sean erróneas, es que no tienen por fin aliviar a su ciudadano de la crisis. Lo único que pretenden es reforzar el Estado con el dinero del europeo medio. Así, los europeos están condenados.

¿Nos sacará Rajoy del euro?

Tales señales de alegría resultarían del todo lógicas en circunstancias más o menos normales, pero no es el caso. Por desgracia, España se enfrenta al mayor desafío económico de su historia reciente: la suspensión de pagos y la posible salida del euro.

El tiempo se agota y el nuevo Gobierno salido de las urnas tendrá que enfrentarse cara a cara a la realidad y, por tanto, o bien adopta de forma firme e inmediata uno de los mayores paquetes de reformas y medidas de ajuste fiscal de la historia de este país o bien sufrirá en sus propias carnes las consecuencias derivadas del default (suspensión de pagos) soberano.

De ahí que a alguno sorprenda hasta el extremo la complacencia y el optimismo que desprende el discurso del líder popular. O Rajoy, como buen gallego, oculta su verdadera preocupación en lo más hondo de su fuero interno al tiempo que es plenamente consciente de lo que hay que hacer o, simplemente, vive en una ignorancia supina exacerbada por la orgía electoral que reina en sus filas. Y es que el mero cambio de Gobierno no solventa absolutamente nada, ya que lo importante no es quién gobierne sino cómo se gobierne.

Sin embargo, al menos dos factores hacen temer lo peor. En primer lugar, el propio programa electoral del PP, que si bien presenta indudables ventajas y mejoras respecto al del PSOE, resulta del todo insuficiente para lidiar con la actual situación económica. Así, de entre todas sus medidas, destaca sobremanera el hecho de que prometa, por encima de todo, garantizar el actual Estado del Bienestar. Según Rajoy, esta tarea es posible siempre y cuando España logre crecer y crear empleo nuevamente. Pero el PP se equivoca de plano: el enorme tamaño que presenta hoy el Estado es resultado directo de la pasada burbuja crediticia, y ésta llegó a su fin hace ahora casi cinco años. Es decir, por mucho que recorte en otras partidas, es esencial que, de una u otra forma, acometa reformas de calado en el mal llamado Estado del Bienestar.

En segundo lugar, según admiten en privado algunos altos cargos del PP, el equipo económico del partido ostenta la ilusoria idea de que la crisis que sufre España es casi exclusivamente una cuestión de confianza. Muerto -políticamente- Zapatero, acabada la rabia. Si Rajoy confía en dicho diagnóstico su chasco será monumental. La economía española registra graves problemas estructurales que impiden su crecimiento; el sector financiero aún no se ha saneado, y la tarea a realizar en este ámbito será ardua y complicada hasta el punto de que, muy posiblemente, aún haciendo las cosas bien, el Gobierno tendrá que solicitar ayuda externa para reestructurar el sistema; por si fuera poco, las cuentas públicas cerrarán este año con un déficit superior al 7% del PIB, y eso sin contar las ingentes facturas pendientes sin contabilizar que dejarán los socialistas; y todo ello, en un contexto internacional que se debate entre la recesión y el estancamiento de cara a 2012.

En definitiva, no es tiempo para alborozos ni patéticas soflamas partidistas al más puro estilo hooligan. Rajoy se juega el futuro del país durante su mandato. Cosas de la vida, ya que si bien Aznar logró introducir a España en el euro, una mala o insuficiente gestión por parte de Rajoy bien nos podría conducir de nuevo a la peseta o a un euro de segunda división, cuyos efectos no sólo serán dramáticos para el conjunto de los españoles sino para el devenir de su propio partido. Yo que usted, señor Rajoy, dejaría de botar tanto…

Hayek y Keynes debaten en 2011

En el año 1930, John Maynard Keynes publicó la que había concebido como su obra más importante. Pero fue sólo la más ambiciosa, su Tratado sobre el dinero. Friedrich A. Hayek publicó entonces, en Economica, un artículo en dos partes criticándolo. Entre medias Keynes publicó una réplica a la primera parte de la crítica de Hayek y éste le respondió a su vez. Los dos autores se cruzaron, asimismo, una serie de cartas. Luego Keynes abandonó el debate apenas comenzado, y lanzó a Piero Sraffa a que continuara con el asunto. Éste lo hizo en una de las piezas intelectualmente más detestables que haya leído. Aunque no defendiendo la teoría de Keynes, sino atacando una obra contemporánea del austríaco, Precios y producción. Hayek tuvo la elegancia de responderle, pero Sraffa no quiso quedarse sin una última palabra.

En esto queda, estrictamente, el debate entre Hayek y Keynes. Sería mucho considerarlo como tal. Fue más un choque entre dos concepciones muy distintas de la naturaleza del dinero, del crédito y, sobre todo, de la producción. También sobre la metodología de la economía, que en Keynes era ya macroeconómica, mientras que en Hayek estaba dominada por los precios relativos y su influencia en los comportamientos de los agentes. Fue un debate que no llegó a producirse por una incomprensión mutua y por abandono de Keynes a mitad del mismo.

Fue un encuentro de dos concepciones del proceso económico y, en consecuencia, de la política económica. El triunfo de Keynes y, sobre todo, de los Keynesianos, fue enorme. Un claro ejemplo es que no creo que haya muchos economistas que leyeran La teoría pura del capital, de Hayek, del año 1941. Nada que ver con el éxito arrollador de Precios y producción en sus primeras horas, a decir de Joseph Schumpeter. Lo que quedó de debate, en realidad, se trasladó al plano de la política económica, como las dos cartas enviadas al Times de Londres en octubre de 1932 firmadas respectivamente por ambos economistas, ambos escoltados por otros nombres relevantes.

Pero más tarde tampoco se puede hablar de debate. Los keynesianos, la “avalancha keynesiana” de la que habla McCormick, no tenían rival. Hayek abandonó la teoría económica y se dedicó a otras cosas y Mises tardó en crear de nuevo escuela en Nueva York. El paso de Hayek por la LSE no había dejado escuela. Coase cuenta que a su llegada a los Estados Unidos enseñaba con el Precios y producción en la mano, pero era una excepción. Ludwig Lachmann dijo de sí mismo que se convirtió en el último hayekiano de varios nombres notables.

Mas de algún modo, la escuela austríaca acabó por recuperarse y, aunque no ha alcanzado el grado de integración en la corriente principal de comienzos de siglo, ha tenido un último desarrollo brillante. La crisis de los 70 fue la crisis del keynesianismo, y coincidió con la concesión del Nobel a Hayek. De esta crisis se dice que es la del modelo del mercado desregulado y, por tanto, la del (neo)liberalismo, que estaría representado, entre otros, por Hayek. Así, se ha producido una vuelta a Keynes. Es evidente en las políticas adoptadas por los gobiernos un recurso ingenuo al viejo keynesianismo. Ni han reformulado el capitalismo ni le han salvado de la crisis, eso es evidente. En este contexto, la oposición entre los dos economistas, ya muertos, vuelve a ser protagonista.

Thomson Reuters ha albergado un debate entre hayekianos y keynesianos. En este último campo participaron James Galbraith, hijo de John Kenneth, Sylvia Nasar, autora de una historia de varios economistas del siglo pasado, John Cassidy, periodista del New Yorker, y el analista financiero Steven Rattner, que asesora a la Administración Obama. Del otro lado participaron Stephen Moore, del Wall Street Journal, Edmund Fhelps, Lawrence White y Diana Furchtgott-Roth, del Manhattan Institute.

Hay que decir, en honor a la verdad, que lo que cuentan las crónicas de lo que ha sido el debate describe una foto en mate, poco armoniosa. Galbraith juega con la audiencia con argumentos de autoridad, Nasar vende su libro, Moore ve en el fracaso de la política de Obama el de Keynes y Cassidy el de Hayek en la situación en el Reino Unido… Lawrence White le dio una buena respuesta a Steven Rattner, que defendió su política de rescate de General Motors (por lo que es llamado “zar del automóvil”): “Steve Rattner”, dijo White, “menciona el hecho de que nadie quisiera invertir en GM y lo llama fallo del mercado. Yo lo llamo veredicto del mercado”.

Los asistentes, dos centenares de personas, podían votar a lo largo del debate cuál era para ellos el lado que más les convencía. Keynes (estamos hablando de Nueva York), partía de una clara ventaja con un 47 por ciento de los votos por un 33 de Hayek y un 20 por ciento de indecisos. El de Cambridge y sus seguidores acabaron con un 52 por ciento de apoyo por un 42 de los hayekianos y todavía un 6 por ciento de indecisos.

Este último debate se ha celebrado con motivo de la publicación de un libro, titulado, si alguien lo tradujera al español: Keynes, Hayek: El choque que definió la economía moderna. El título es pretencioso y rimbombante, sí, pero no se le puede negar que es oportuno.

La jaula de oro europea

El pasado jueves, Steffen Kampeter, Secretario de Estado del Ministerio de Finanzas alemán, pronunció una conferencia con el ambicioso y sonoro título The future of Europe and the challenges ahead.

Lo más destacable del conferenciante: su habilidad para comunicar, su inglés fluido, su espontaneidad, credibilidad, saber estar… No pude evitar comparar con nuestro José Manuel Campa y el resultado era para llorar.

Sus mensajes fueron claros, tanto los expresados como los que se deducen de una lectura entre líneas. En primer lugar: el euro es menos importante que la Unión Europea. La moneda única es solamente una de los beneficios que los miembros no solamente de la Unión Europea, sino de toda la zona euro, disfrutan. El valor de la Unión Europea reside en dos cuestiones mucho más relevantes: paz y libertad. Y a continuación Kampeter desglosó las razones por las que afirmaba que la Unión Europea es la responsable de ambas cosas.

En primer lugar, a partir del siglo XX, la paz europea nunca fue tan duradera como desde la creación de la Comunidad Europea, primero y la UE después. Y aludió a las dos guerras mundiales que, como alemán, sabía de sobra lo destructivas que son y lo que han marcado las generaciones de sus padres y sus abuelos. En segundo lugar, la Unión Europea ha sido la garantía de libertad de los países miembros, y como alemán sabe que los vecinos de la Alemania comunista valoran el significado de la palabra libertad y han padecido la ausencia de ella durante muchos años. La libertad y unificación alemanas son uno de los frutos de la Unión Europea. Como ejemplos de esta libertad destacó la libertad de expresión, el libre movimiento de personas y la libertad de actividad económica en los territorios pertenecientes a la UE.

Hasta aquí, cualquiera diría que se trataba de un miembro del gobierno alemán que marca las condiciones de los préstamos y que lidera de alguna manera junto a Francia la marcha económica de la UE, le pese a quien le pese. Pero el mensaje no explícito, la conclusión que saqué de este discurso es ¿qué necesidad tenía de justificar la existencia de la Unión Europea como garante de la paz y la libertad y demostrar con tanto denuedo su vigencia? La respuesta me la dio la segunda parte de la conferencia: ¿qué hacer con el "problema griego"? Grecia no puede salir de la Unión Europea, debe tomar las medidas necesarias y cuanto antes mejor, y si Papandreou no está dispuesto a hacerlo, caerá, y el nuevo gobierno sí será capaz. Todo esto lo dijo la misma tarde que Papandreou se echó atrás respecto al referéndum y se comprometió a retirarlo si la mayoría de los parlamentarios estaban en contra. Curiosamente el domingo Papandreou anunció que renunciará en cuanto haya acuerdo sobre cuál será la coalición que gobernará el país.

La crisis que nos está vapuleando se superará con un euro protegido por todos los miembros y se hará lo que sea necesario para que así sea.

¿No plantea esta afirmación tan rotunda un problema incompatibilidad entre la tajante estrategia europea y la soberanía de las diferentes naciones? Pues sorprendentemente para Kampeter no existe tal problema, sino que se complementan, la soberanía de las naciones se ve reforzada por la pertenencia a la UE. Cada nación debe actuar con "responsabilidad nacional" y elegir la opción europea. ¿Cómo no hacerlo si es la garantía de paz y libertad de los países miembros? Y ahí estaba el razonamiento trampa. Cualquiera que elija una opción que no sea la comunitaria está eligiendo un mundo en el que no está asegurada la paz y la libertad. Y en ese caso, que cada palo aguante su vela.

En el turno de preguntas, como no podía ser de otra manera, algún incauto le preguntó qué percepción existe en Alemania y en las autoridades europeas respecto a las elecciones del 20N españolas, al comportamiento de Zapatero ante la crisis y ante el posible recambio electoral. Con su diplomacia habitual, el Secretario de Estado alemán explicó que nadie es quién para juzgar a nadie, que los españoles son los más indicados para evaluar la gestión de la crisis por el presidente y que espera que actuemos con "responsabilidad nacional" y sabiendo que lo que se decida ese día no solamente afectará a España sino que es relevante para el resto de los países, ya que la evolución de la economía europea está íntimamente ligado al comportamiento de la economía española. Y lo dijo con mirada cómplice picarona de "ustedes sabrán lo que hacen, se la juegan". Y tiene razón ¿qué partido será más capaz de tomar las medidas necesarias?¿saben cuáles son esas medidas? Porque no vale con decir que hay que sacar la tijera, hay que saber dónde se mete primero, hay que campear el temporal del saneamiento en una economía ya muy deteriorada y con un nivel de desempleo insoportable. Ninguno de los partidos (excepto los que nada se juegan) pueden prometer recortes en temas sensibles porque serían acusados por el otro. Pero ¿cuál será capaz de saltarse el programa electoral para hacer lo que hay que hacer?

En mi opinión, ya está pactado. Las reuniones que Kampeter ha tenido con líderes de los dos partidos mayoritarios me dan qué pensar. Me da la impresión de que la suerte está echada… y aún no se han celebrado las elecciones.

Draghi: ¡A por el oro de Berlín!

…o impulsar nuevas medidas de estímulo fiscal para incentivar la demanda interna, destaca por encima de todas una: hacerse con el oro de los bancos centrales, especialmente del Bundesbank alemán, para reforzar el Fondo de rescate europeo con 50.000 ó 60.000 millones de euros adicionales.

La noticia ha causado un auténtico terremoto este fin de semana en Alemania. Según la prensa germana, esta iniciativa partió directamente del presidente de EEUU, Barack Obama, el francés, Nicolás Sarkozy, y el primer ministro británico, David Cameron. En concreto, el banco central germano habría tenido que aportar unos 15.000 millones de euros de esos 50.000 ó 60.000 millones. ¿Cómo? Cediendo sus divisas extranjeras y, sobre todo, parte de su oro al FMI. El comunicado del G-20 señalaba lo siguiente: "[…] seguiremos asegurándonos de que el FMI continúa teniendo los recursos para desarrollar su papel sistémico […] estamos preparados para asegurarle que todos los recursos adicionales que necesite serán movilizados en el momento apropiado".

Entre las distintas opciones para recaudar fondos, citaba aumentar las contribuciones bilaterales de los estados miembros al FMI, la emisión de Derechos Especiales de Giro (su particular moneda) o la creación de una estructura especial, una especie de nuevo fondo al que hacer contribuciones voluntarias. El G-20 barajó hacer uso de las divisas extranjeras y el oro de los bancos centrales nacionales para poner en marcha estas dos últimas iniciativas.

Pero la propuesta no prosperó debido, precisamente, alrechazo frontal de la canciller Merkel, que fue advertida de la estratagema por el presidente del Bundesbank, Jens Wiedmann. Tras la protesta germana, la medida, consistente en expropiar el oro alemán, fue retirada de la agenda del G-20. Sin embargo, los líderes europeos acordaron seguir estudiando esta opción en la reunión de los ministros de Finanzas del Eurogrupo que se celebra este lunes. Es decir, parece que pese al "no" germano, no cejan en su empeño.

Esta surrealista situación alcanza, sin embargo, tintes aún más dramáticos de ser cierta la siguiente información: la idea, si bien fue propuesta por Obama, Sarkozy y Cameron, partió del propio BCE. La entidad, presidida ahora por el italiano Mario Draghi, lo niega, pero los germanos así lo constatan. La controversia ha generado una enorme desconfianza entre el Bundesbank y el BCE.

Las tensiones internas existentes entre los alemanes y el resto de socios presentes en la institución monetaria vienen de lejos. Tan sólo hay que recordar el abandono de Axel Weber, ex presidente del Bundesbak, y el posterior de Jürgen Stark, ex economista jefe, como consejeros del BCE para percatarse que se lleva fraguando una dura batalla en el seno de la institución desde hace tiempo. En concreto, desde el mismo momento en que, violando sus estatutos, comenzó a comprar bonos periféricos (mayo de 2010).

La llegada de Draghi está acelerando hasta límites insospechados esta irresponsable política monetaria. No en vano, apenas lleva unos días en el cargo y ya ha disparado un 138% la adquisición de deuda de alto riesgo: la semana pasada, la primera bajo su mandato, el BCE compró 9.520 millones de euros en bonos -la mayoría italianos-, frente a los 4.000 millones de la semana precedente. Además, en su primer consejo decidió reducir el tipo de interés hasta el 1,25%, tumbando las recomendaciones germanas de ir subiendo progresivamente tipos -tarea iniciada por Trichet-. Pero todo esto se queda corto ante la última sandez del italiano: ¡Quitarle el oro a Berlín!, el último vestigio de solidez y ortodoxia monetaria, una idea genial para desarticular por completo las reticencias alemanas contra la monetización masiva de deuda y los rescates indiscriminados de países.

Se crea la Unión Soviética Europea

La misma semana que los eurócratas encontraron “inadmisible” recortarse el suelo un mísero 5%, decidieron poner coto a la libertad de los inversores, al ahorro y ampliaron la censura. Concretamente quieren prohibir la venta de CDS sin cobertura real, las ventas a corto en bolsa, eliminar los rating de las empresas de calificación y encarcelar a aquellos que manipulen el mercado. Aquí tienen un resumen de cada concepto.

Ventas a corto y CDS. Según los burócratas, todo el mundo es avaricioso menos ellos. Por tanto, todo lo que haga la gente ha de estar bajo un control estricto. Pero como ellos son delegados celestiales, no necesitan normas (Do We Ever Really Get Out Of Anarchy?, de Alfred G. Cuzan). A esta creencia generalizada se le llama Falacia de Hobbes o del Leviatán. Si la gente es avariciosa, los políticos lo serán igual y se volverán más al no tener control social.

No se puede prohibir la avaricia porque es un factor innato del hombre. Gracias a la avaricia el hombre salió de las cavernas y vivimos hoy con todo tipo de lujos. Los instrumentos que se usan en los mercados financieros son herramientas que funcionan de forma automática a la información existente. Si ahora hubiese una crisis de la gasolina, el precio se dispararía porque la gente la acapararía o la vendería más cara. Prohibir a la gente comprar y vender gasolina no arreglaría el problema de la falta de gasolina por más que recurramos al infantil recurso de la “avaricia”. Quien use esta excusa se lucrará con ella usando las prohibiciones, además que no solucionará nada. Los CDS y ventas al descubierto son una reacción al estado del mercado. Su función es nivelar los precios en el entorno de la economía. Las ventas a corto han sido siempre muy polémicas, y la primera que se prohibieron fue en el S. XVIII en Inglaterra. Desde entonces, los gobiernos no han parado de restringirlas. La prohibición nunca ha tenido un buen resultado. Pueden verlo aquí y aquí. Y si se quedan con más ganas: aquí, aquí y aquí.

La eliminación de los ratings es censura. Si los gobiernos no quieren ratings, ¿por qué los pagan y suministran la información a las empresas que otorgan las notas? Cualquier Gobierno o empresa que deje de pagar a Standard & Poor’s (S&P), Fitch o Moody’s se quedará sin rating. Imagínese que Telefónica no para de perder dinero y luego afirma que S&P le tiene manía por colocarle mala nota. Es un argumento tan infantil que lo usan hasta los niños cuando suspenden y culpan al profesor de no haber hecho los deberes que les correspondían.

Con la eliminación de los ratings, la UE pretende mantener al ciudadano y al inversor en un nirvana de desconocimiento para que los políticos puedan seguir creando inflación, deuda y pobreza a sus anchas sin ningún control. El siguiente paso será prohibir las críticas políticas y económicas en TV, prensa y radio. Luego en Internet. Por el bien común, por supuesto.

Si manipular los precios es un delito, no habrá cárcel lo suficientemente grande como para meter a toda la eurocámara y Banco Central Europeo (BCE). El BCE ha monetizado toda la deuda que ha querido. Ha comprado hasta un 18% de la deuda griega, parte de la italiana y española con el único fin de manipular el mercado, esto es: tirar la rentabilidad de los bonos hacia abajo para eliminar el riesgo país de cada nación.

No solo eso, lanza falsos mensajes de esperanza que nunca se cumplen para hacer subir la bolsa. Lo mismo hacen Merkel y resto de eurodirigentes que, tras tres años de reuniones, solo han hecho que agudizar la crisis. La bolsa europea va a golpe de ruedas de prensa de los políticos europeos. Si encarcelan a una persona por manipular el mercado, los eurodiputados y banqueros centrales tendrían que ser condenados a la silla eléctrica. El mercado financiero está lleno de absurdos mitos. Las manos fuertes (instituciones privadas) solo mueven el 50% del mercado, y las manos débiles (particulares) el resto. Solo los Gobiernos tienen suficiente dinero e influencia como para manipular el mercado. A ellos no les supervisa nadie. Y los que ahora se atreven a hacerlo, las empresas de rating, quieren convertirlas en unas proscritas.

Nos acercamos cada vez más a una Unión Soviética Europea y sin que nadie diga nada de tal proceso dictatorial. ¿Usted ha votado a Christine Lagarde (FMI), Ángela Merkel o Sarkozy? ¿Qué derecho tienen a tocar su dinero y libertad? Los especuladores solo son chivos expiatorios para el dominio total de nuestras vidas. Pero el dinero que están manejando estos políticos son el de sus fondos de inversión, pensiones, seguros de ahorro, depósitos y hasta cuentas corrientes. El principal enemigo de la libertad y del Pueblo no es la crisis, son los gobernantes de la UE y sus mentiras.

Banca, pagos y finanzas

Un banco puede realizar para sus clientes diversas funciones que pueden ser agrupadas en dos grandes categorías: gestión de cobros y pagos, e intermediación financiera. Un banco puede además prestar servicios adicionales como cambio de divisas o cajas de seguridad.

A grandes rasgos la banca comercial realiza operaciones de cobros y pagos, y la banca de inversión (o industrial) se dedica a la intermediación financiera o gestión del ahorro y la inversión; pero estos límites y denominaciones no son rígidos, drásticos o absolutos y pueden depender del marco legal de cada país.

Un cliente abre una cuenta corriente en un banco y con ella puede realizar ingresos y retiradas, cobros y pagos: utilizar billetes (si el banco los emite) o depósitos a la vista como medios de pago; domiciliar nóminas y recibos; realizar transferencias o giros; emplear cheques; utilizar tarjetas de débito y crédito (si el pago se aplaza durante un tiempo largo se convierte en un asunto financiero).

En la intermediación financiera el banco por un lado obtiene fondos prestados por un plazo determinado (ahorro) y por otro los presta o invierte (compra de acciones o deuda ajena por el propio banco); además puede ofrecer garantías, avales, cartas de crédito, y distribuir o colocar productos financieros ajenos (acciones, bonos).

Los ingresos y potenciales beneficios del banco pueden proceder de comisiones por operación (o  por mantenimiento de cuentas) y de márgenes de intermediación financiera (el tipo de interés al que el banco presta es mayor del que paga por recibir fondos prestados).

Para realizar sus funciones un banco utiliza medios de intercambio (dinero) y activos y pasivos financieros (deuda de diversos plazos y riesgos, y acciones). Un banco prudente cuadra su balance de modo que plazos y riesgos de sus activos y pasivos estén ajustados o compensados, vigilando no sólo su solvencia sino también su liquidez: para el sistema de pagos se utiliza deuda de bajo riesgo y corto plazo (depósitos a la vista y activos líquidos), y para la intermediación financiera se utiliza deuda con algo más de riesgo y mayores plazos. No es imprescindible separar legalmente la banca comercial (que utiliza depósitos a la vista) de la banca industrial (que puede invertir en deuda a largo plazo o acciones). Una misma entidad jurídica puede realizar ambas funciones, siempre que su balance esté ajustado.

Un banco imprudente descalza plazos porque puede intentar aumentar su margen de beneficios pidiendo prestado a corto plazo y bajo riesgo (tipos de interés más bajos) y prestando a largo plazo y alto riesgo (tipos de interés más altos). El desajuste o descalce de plazos y riesgos pone en peligro la liquidez, la solvencia y la supervivencia del banco: es especialmente grave cuando los pasivos a corto plazo (saldos de tesorería de los depositantes) sólo están respaldados por activos ilíquidos de largo plazo y alto riesgo; el sistema monetario (los pagos y cobros presentes) queda entremezclado con las finanzas a más largo plazo (coordinación intertemporal entre presente y futuro) y ambos se distorsionan mutuamente, produciendo el ciclo económico cuando todos los bancos lo realizan de forma coordinada (expansión y reducción del crédito, inflación y deflación).

En el pensamiento económico (incluidos muchos defensores del libre mercado) son comunes dos errores en extremos opuestos: no aceptar que algunas deudas pueden ser buenos complementos monetarios (que ciertas promesas de pago pueden circular y aceptarse como medio de pago), exigiendo que los bancos sean almacenes de dinero sin reserva fraccionaria (con reserva cien por cien en especie); creer que el negocio de los bancos sólo puede existir si realizan descalce de plazos, si toman prestado a corto y prestan a largo (arbitraje de la curva de tipos de interés), y que esto además es bueno porque incrementa los recursos disponibles para la inversión (sin tener en cuenta el plazo del ahorro y las inversiones).

Destruyendo los mercados bursátiles (I)

El comportamiento de las Bolsas constituyó para mucha gente el heraldo de la crisis global que se avecinaba. Allá por el verano de 2007, tras más de un año de verdadera euforia en los mercados financieros, con el IBEX-35 en los 16.000 puntos, recuérdese, comenzaron a aparecer los números rojos, extraños para los recién llegados al mundillo al calor de la euforia.

Poco después, comenzarían las "inyecciones" de dinero por parte de los bancos centrales para "estabilizar" la situación. A no mucho tardar, caería Lehman Brothers. Y así seguimos hasta hoy, cuando Grecia parece apunto de quebrar, y a su estela se agrupan otros países europeos. Desde entonces, los índices bursátiles son una verdadera montaña rusa que puede llevarles a descarrilar.

Como es bien sabido, en las Bolsas (o mercados secundarios de valores) se intercambia un determinado tipo de bienes: las acciones. Una acción es un título que representa una parte alícuota del capital de una empresa, de forma que los accionistas o tenedores de acciones son, en realidad, los propietarios de la empresa en cuestión. La alternativa a un sistema accionarial sería mucho más compleja: la distribución nominal de cada uno de los activos entre los accionistas. En fin, mucho más complejo, pero no inverosímil. De hecho, intuyo que en los orígenes de las empresas, los bienes utilizados se mantienen en propiedad de cada socio hasta que se va formalizando la figura.

Sin embargo, tal asignación presenta indudables dificultades, análogas a las que pueda tener el sistema de intercambio directo. De la misma forma que éstas hacen aconsejable la aparición de un activo universalmente aceptado como dinero, se tiende a generalizar la instrumentación de la propiedad de empresas mediante el uso de acciones.

Las acciones se pueden intercambiar como cualquier otro bien. Sin embargo, las acciones de una misma empresa son bienes bastante homogéneos; a su vez, en empresas de un cierto tamaño, su número puede ser lo suficientemente grande como para dar lugar a una gran cantidad de accionistas dispuestos a intercambiar los títulos. Es tal vez por ello que surgieron y se generalizaron las Bolsas como mercados organizados para el intercambio de acciones.

La importancia de las Bolsas en los mercados desarrollados no se puede despreciar. Por un lado, dota de liquidez a los títulos de propiedad, de forma que cada emprendedor puede con mucha facilidad salir y entrar al sector que considere atractivo, sin necesidad de enfangarse en peligrosas y arriesgadas inversiones hundidas. Las Bolsas permiten a cualquier persona invertir en el sector económico que represente el futuro para él sin requerirle conocimientos técnicos o compromisos duraderos. Las Bolsas, por tanto, disminuyen considerablemente los riesgos de la inversión, haciéndola más atractiva para cualquier individuo. Ello a su vez repercute en un aumento de la demanda de inversión (ceteris paribus) y una rebaja en su coste para las oferentes de inversión, lo que a su vez facilita el desarrollo de nuevos proyectos.

Como todo intercambio libre, la compraventa de acciones solo se produce si ambas partes valoran más lo que reciben que lo que entregan. Si los individuos estiman que una empresa está infravalorada, tenderán a comprar sus acciones para hacerse con la diferencia de valor, lo que hará subir el precio de la acción. Pero el que una empresa esté infravalorada significa que la gente piensa que su actividad va a ganar valor, esto es, va a ser demandada con más urgencia sobre otras. Si esto es así, lo lógico es que fluyan recursos a esa empresa con más prioridad que a otras. Por tanto, la subida de precios de las acciones de una empresa transmite el mensaje de que deben dirigirse más recursos a esa actividad.

Pero las acciones no dejan de ser un reflejo de los activos de la sociedad. En la medida en que suba (o baje) el precio de la acción, varía el valor de la empresa, que necesariamente se ha de reflejar en el valor de los activos que la constituyen. Por tanto, la Bolsa también consigue que los activos empresariales actualicen su valor con más rapidez y precisión que si lo hicieran a través de los mercados de los factores.

Esta revalorización de los activos encomendados a su gestión debería permitir a los gerentes del proyecto la obtención de recursos adicionales para el mismo, puesto que se muestran capaces de anticipar las necesidades de los individuos. Así se consuma la función "social" de las Bolsas: los precios de las acciones actúan como señal del lugar al que hay que dotar recursos para atender las demandas de los individuos.

Por tanto, un papel fundamental de las Bolsas es el de discriminar sectores y empresas alineados con las preferencias presentes y futuras de la gente de aquellos que no lo están. Si las Bolsas no son capaces de llevar esta señal de los ahorradores a los emprendedores, y viceversa, se pone en riesgo la afluencia de los recursos a los sitios donde son más valorados.

En este contexto, ¿qué sentido tienen subidas y bajadas generalizadas de los valores, como parece venir ocurriendo con especial virulencia desde 2007? ¿Qué efectos pueden tener sobre el funcionamiento de las Bolsas en el medio plazo? Sin embargo, no compliquemos más las cosas por el momento, y dejemos para dentro de un mes la respuesta a estas preguntas.

¿Cómo poner en apuros a dos flamantes Premios Nobel en Economía?

Hace un par de semanas concedieron el Premio del Banco Central de Suecia en memoria de Alfred Nobel (lo que viene a llamarse Premio Nobel en Economía) a Chris Sims y Thomas Sargent, por sus contribuciones a la macroeconomía en la línea de los modelos de expectativas racionales de la Nueva Macroeconomía Clásica. En Libre Mercado escribí un artículo haciendo un breve, y por supuesto incompleto, perfil de los premiados y de algunas de sus ideas. Los interesados en saber más sobre ellos pueden acceder a los enlaces del artículo.

En primer lugar quisiera matizar el titular del artículo, "Los nuevos Nobel de Economía, grandes críticos de Obama y el keynesianismo". El titular se justifica por las críticas de hace un año que Sargent (desconozco si Sims también las criticó) vertió sobre los planes de estímulo fiscal de Obama, y porque el programa de investigación de ambos asestó un nuevo golpe -después del monetarismo- al programa Keynesiano.

Aunque, como dice Tyler Cowen, los premiados puedan considerarse en general dentro del campo de economistas pro-mercado, son economistas académicos que poco se mojan en general y meten en política: "es un error ver su trabajo desde el prisma de la política". No obstante, el premio sí puede considerarse sin miedo como "No-Keynesiano".

Tras el galardón a Sims y Sargent, éstos dieron la conferencia de prensa pertinente, donde los periodistas preguntan a los premiados sobre las cuestiones de más actualidad e interés público. Al ser economistas especializados en macro, las preguntas, al menos las primeras, no sorprendieron demasiado. Se presupone que deben de tener un conocimiento e ideas interesantes sobre el estado actual de la economía norteamericana.

La primera vez que vi el vídeo no di más importancia a las "respuestas" de los flamantes Nobel a la pregunta sobre su opinión respecto a las políticas del gobierno y banco central para aliviar la crisis. Pero Peter Schiff pone algunos puntos sobre las íes en este vídeo.

En la entrevista telefónica que le hicieron tras anunciar el galardón, Sims afirmó que su trabajo tenía implicaciones para encontrar una salida a la situación actual, aunque dijo que la respuesta a estas cuestiones está lejos de ser sencilla.

A la pregunta de la prensa respecto a las medidas tomadas hasta el momento, Sims respondió que precisamente su programa de investigación (por el que han recibido el Nobel) consiste en analizar sesudamente gran cantidad de datos, por lo que el periodista no podía esperar de ellos que respondieran así, a "bote pronto". Vamos, que evadió la pregunta sin mucho disimulo. Sargent no fue mucho mejor cuando dijo que "tenía poco que añadir a lo dicho por Sims" y luego con toque humorístico dijo: "pensaba que iban a preguntar sobre Europa".

Schiff es muy crítico con la reacción ante la pregunta: "¿cómo que a bote pronto? ¿Es que no han pensado y se han matado la cabeza en estos años de crisis sobre esta pregunta tan básica y clave? ¿Es que, pudiendo hacerlo, no se han parado a analizar los datos, teniendo en cuenta que ahí podría estar, según su enfoque, la respuesta a los problemas actuales?".

En realidad no creo que, como parece sugerir Schiff, no hayan pensado en la que ha caído y está cayendo y en las propuestas para salir de aquí. Las críticas de Sargent a los estímulos de Obama a las que me refería, por ejemplo, sugieren que sí han pensado sobre ello, y que, al menos Sargent, tiene una opinión al respecto. Quizás simplemente no quisieron responder a la pregunta por no comprometerse y evitar polémicas.

Una reflexión última. Una cosa es ser humilde y modesto siguiendo la advertencia de Hayek sobre el premio Nobel –cuando dijo que "El Premio Nobel confiere sobre un solo individuo una autoridad que en economía ningún hombre debería poseer"-, pero otra muy distinta es no tener casi nada que decir sobre asuntos de gran relevancia práctica para tu propio país y que no están demasiado lejos de tu especialidad -comprendería perfectamente que un microeconomista no quisiera responder a cuestiones de macro, aunque pienso que encerrarte en tu campo de especialización es limitarse-.