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Etiqueta: Dinero y sistemas financieros

Sarkozy nos confunde con ladrillos

Este lunes, un día antes de que Francia asuma la presidencia de la Unión Europea, Sarko se ha desparramado encima todo el frasco de grandeur française que regalan por arrobas con el muy republicano aposento de los Campos Elíseos y ha dicho que “Hace falta cambiar profundamente nuestra forma de construir Europa”.

¿Qué Europa es esa que es necesario construir? Uno, que es algo ingenuo, pensaba que Europa ya existía. Pero nuestro viejo continente, está claro, no está a la altura de los ideales de este y otros grandes “constructores”. Una casa, un chalet, una auténtica construcción, posee líneas rectas y perfectas; acaso curvas buscadas y armoniosas. Guarda una proporción entre cada uno de los elementos y los fines a los que sirven. Todo está colocado a propósito, erigido según diseño, construido, sí, por decenas de obreros al servicio de un único plan director. Ninguno de los elementos de esa construcción tiene vida propia, sino que es pieza sin más voluntad que la que le preste el obrero, que a su vez se somete al designio del arquitecto; del gran arquitecto.

¿Hay que construir Europa? Su geografía y orografía son de lo más irregular y probablemente inconveniente para un racionalismo tan consciente como el francés, pero con esa naturaleza hasta el momento no ha podido. ¿Y con la naturaleza humana? ¿Y con las personas de carne y hueso? ¿Somos tejas y ladrillos al albur de los designios de los políticos? Si se diese el caso de que las preferencias de los ciudadanos, de los europeos, no fueran las mismas de quienes hablan de “construir Europa”, ¿Quién tiene que resignarse a ceder ante el otro?

Lo sabemos perfectamente y Sarkozy lo ha dicho este caluroso día último de junio de 2008: el “no” que los irlandeses han dicho al Tratado de Lisboa “es una vuelta atrás”, lo cual querrá decir que centralizar más el poder político en Bruselas es un paso adelante. Con lo amantes que somos del progreso, claro está que no nos podemos permitir que nada entorpezca… la “construcción de Europa”. Preguntar a la gente es un estorbo; un incordio. Una cosa antigua, reaccionaria; algo del pasado. “Ha habido un error en el modo de construir Europa”, sigue nuestro hombre, que en un esfuerzo diplomático que está sólo al alcance de unos pocos grandes hombres, forzará a todos los Estados restantes a aprobar Lisboa volis nolis. Y cuando Irlanda quede aislada, se la lleva a votar una y otra vez hasta que el resultado concuerde con el designio de los constructores.

Si esa es la Europa que Sarkozy quiere construir, yo no la quiero.

Si es que somos unos pervertidos

Gracias a nuestra "perversión" y "mentiras insistentes", los ciudadanos, pobres, han quedado convencidos de que el canon es malo cuando resulta que es lo mejor que se ha hecho desde su papel estelar como Judas en el musical Jesucristo Superstar.

Así pues, quienes pagamos más por los productos tecnológicos en realidad no pagamos más, pues según las verdades insistentes de Judas, el canon "no los encarece". No, si va a resultar que estamos ante el primer caso en la historia en que un impuesto hace bajar los precios en lugar de subirlos. Teníamos que pagar ya los costes de fabricación y distribución, pero mágicamente, gracias al canon, estos costes se reducen exactamente en la misma cifra en que el Gobierno ha decidido tasar el pecado de poder ser empleados para copiar los grandes éxitos de Los Canarios.

Claro que Bautista tiene una solución que, como buen izquierdista que es, es Magia Borrás propia de quien desconoce que la economía tiene leyes tan inamovibles como la de la gravedad. Con reducir el margen de beneficio de fabricantes e importadores bastaría, pues es lo "suficientemente grande" como para no tener que elevar el precio. Pasemos un momento por alto el hecho de que se pueden encontrar DVD en el mercado de color por un precio menor a los 44 céntimos de euro del canon que se les impone, lo que supondría que los costes de fabricación y distribución deberían ser negativos para que la teoría de Judas se sostuviera. Aunque eso no fuera así, ¿quién se iba a dedicar a un negocio con unos márgenes de beneficio tan exiguos como los que quedarían tras descontar el canon? Bautista no sólo quiere cobrar, quiere el desabastecimiento general, que no podamos comprar productos informáticos ni gadgets porque nadie quiera vendérnoslos. Es decir, como en la Cuba castrista de sus amores.

Supongo que lo que en realidad le molesta a Bautista es que los periodistas hagamos nuestro trabajo, que es informar sobre los costes del canon y los productos sobre los que se aplica. Le fastidia que recordemos que, pese a las promesas del Ejecutivo de Zapatero, el canon se aplicará sobre los discos duros e incluso sobre dispositivos como el Asus Eee PC o el Macbook Air. Supongo que a Judas lo que le fastidia, como a su admirado Fidel Castro, es que se cuente la verdad. De ahí sus insultos y las demandas que ha puesto la organización que preside contra la libertad de expresión de ciudadanos cabreados con toda la razón. Porque ya sería raro que "mintiéramos insistentemente" todos los medios de todas las tendencias ideológicas, unidos en la crítica a la SGAE, al canon y a sus prácticas.

Las malas alternativas al oro

En los dos anteriores artículos tratamos de explicar cuáles han de ser las propiedades que debe cumplir todo buen dinero y por qué el oro es, hasta el momento, el bien que las cumple de una manera óptima.

A lo largo de la historia, sin embargo, también ha habido otros materiales que han desempeñado el papel de dinero, pese a que con el tiempo hayan terminado sucumbiendo ante el oro. Asimismo, son hoy comunes los argumentos que despachan al oro como un culto irracional y ridículo para proponer patrones monetarios alternativos. En este artículo analizaremos por qué otros materiales no cumplen de manera adecuada las propiedades del dinero, razón por la cual han fracasado o fracasarán en el mercado frente al oro.

  • Ganado: Uno de los primeros tipos de dinero (en latín era pecus y a la moneda se la llamaba pecunia). El ganado tenía la gran ventaja de poder trasladarse a grandes distancias, lo que facilitaba el transporte de grandes unidades de valor para el intercambio. Sin embargo, tiene grandes inconvenientes: no existen un patrón homogéneo de ganado (la salud, el tamaño o la fuerza de las reses es diferente), es cara de almacenar (hay que alimentarlo), carece prácticamente de atesorabilidad estricta (el ganado muere y por tanto es un pésimo depósito de valor) y de desatesorabilidad (si queremos realizar transacciones de poco valor tendríamos que trocear la res para venderla por partes, pero es probable que así destruyéramos la mayoría de su valor: una res con tres patas no se vende demasiado bien) y, por último, la proporción stock-flujo es muy baja (en un par de generaciones puede duplicarse o triplicarse la cabaña ganadera si fuese necesario).
  • Sal: Convivió con el ganado como dinero (de ahí la palabra salario) para tratar de suplir sus carencias como depósito de valor. Su gran demanda no monetaria previa como conservante, su relativa homogeneidad y, sobre todo, su fácil desatesorabilidad la hicieron muy adecuada para ello. Sin embargo, se degrada fácilmente al absorber el agua y conforme se han ido abaratando las técnicas para producirla a gran escala, su valor unitario se ha derrumbado, lo que eleva enormemente los costes de atesoramiento (si tomamos el precio internacional del kilo de sal de 3 céntimos de dólar, necesitaríamos 30 millones de kilos de sal para conservar una fortuna de un millón de dólares).
  • Conchas: También fueron utilizadas en la antigüedad como dinero en distintas partes del planeta. Sin embargo, en su estado natural no son homogéneas, se rompen con relativa facilidad y se corroen con numerosos ácidos.
  • Productos agrícolas: El trigo, el maíz o el arroz han sido utilizado en momentos puntuales como dinero, pero de nuevo tienen ciertos inconvenientes importantes. Primero, se estropean con el paso del tiempo y les afectan numerosos agentes externos (como el agua o el fuego). Segundo, tienen un bajo valor unitario, lo que supone grandes costes de almacenamiento y transporte. Tercero, su proporción stock/flujo es bajísima: prácticamente cada año se renueva toda la producción del año anterior, de modo que las épocas de buenas o malas cosechas afectarían de manera muy significativa al valor del dinero y, por tanto, de los patrimonios.
  • Papel: Aunque pueda parecer que hoy en día vivimos en un patrón papel, lo cierto es que el valor de los billetes está sustentado por los activos del banco central. En ausencia de este respaldo de facto, el papel es un muy mal dinero. Tiene un bajísimo valor unitario, lo que eleva enormemente los costes del transporte y de almacenamiento; se estropea al contactar con el agua; pueden destruirse por numerosas circunstancias, como un incendio; y sobre todo, puede elevarse su proporción stock/flujo de manera muy rápida. De hecho, el ejemplo más claro de cuando el papel se usa como patrón monetario son las hiperinflaciones.
  • Petróleo: Los altos precios actuales del crudo han llevado a ciertas personas a defender la necesidad de un patrón petróleo. Sin embargo, hay varios factores que lo desaconsejan enormemente. El primero es que hasta hace relativamente poco tiempo carecía de demanda previa y por tanto no pudo desarrollarse como dinero. El segundo es que tiene un bajo valor unitario, lo que de nuevo dificulta su transporte y almacenamiento. Cada barril de petróleo está compuesto por 159 litros, de modo que grosso modo podemos decir que hoy un dólar equivale a un litro de petróleo. Dicho de otro modo, necesitaríamos atesorar mil millones de litros de petróleo para mantener una fortuna actual de mil millones de dólares. Tercero, un incendio puede destruir fácilmente toda una reserva de petróleo y, por tanto, un patrimonio individual.
  • Inmuebles: La reciente burbuja financiera también dio pie a que muchas personas decidieran utilizar las viviendas como depósito de valor. Al fin y al cabo, los inmuebles tienen una demanda previa bastante fuerte, es resistente y su ratio stock/flujo no es demasiado bajo (por ejemplo, en España existen unos 25 millones de viviendas y en circunstancias normales pueden construirse 500.000 al año, lo que significa que se tardaría 50 años en doblarlo). Sin embargo, las viviendas no son homogéneas (el tamaño, la ubicación, los materiales o incluso el diseño modifican su valor) y adolecen de la propiedad esencial del desatesoramiento. La vivienda deriva buena parte de su valor del servicio de habitación que presta, pero los materiales que la forman no prestan una porción de servicio. Un ladrillo no tiene una fracción proporcional del valor de una vivienda, ya que su servicio no se puede dividir. Así pues, el desatesoramiento sólo puede realizarse vendiendo el inmueble, lo que genera siempre una pérdida significativa de valor (hay que renunciar al supuestamente buen dinero "vivienda" por otros dineros de calidad inferior para consumir sólo una porción del valor atesorado previamente).
  • Diamantes: Aquellos que consideran que la cualidad dineraria del oro sólo procede de un apego irracional a su brillo y su belleza no dudan en sugerir otros patrones alternativos como los diamantes. No obstante, los diamantes tienen importantes defectos que los hacen inadecuados. Son muy duros (de hecho, el material más duro, un diamante sólo puede rayarse con otro diamante) lo que dificulta la inscripción y estandarización. Son, por el contrario, relativamente frágiles (poco resistentes a los golpes) y muy caros de reconstruir una vez se han roto. Tampoco existe un patrón homogéneo de diamante, sino que su valor varía por su tamaño, color y forma. Por esto mismo, tienen una muy baja desatesorabilidad, ya que dividir un diamante en partes más pequeñas genera importantes pérdidas en su valor. Por último, la gran concentración geográfica de sus yacimientos (India, Brasil, África y Australia básicamente) han dificultado que emergiera como un dinero universal.

En el próximo artículo nos centraremos en analizar el caso de metales alternativos al oro (como el cobre, la plata o el platino) y trataremos de mostrar por qué el oro también es muy superior a todos ellos.

Los bancos centrales, culpables

La palabra framework combina esos significados de base material y red que le son tan propios. El título no hace al libro y el de Hicks, con ser bueno, no es tampoco la primera de las opciones para aficionado.

Es, precisamente, el carácter de red o de malla de relaciones interpersonales lo que resulta característico de la sociedad libre, es decir, de ese fenómeno que hemos llamado “mercado” cuando nos referimos a ella en su aspecto económico. La división del trabajo se quedaría en un inconexo y desmadejado hatajo de tareas, un absurdo espectáculo, si no fuese porque estas tareas están interconectadas entre sí al servicio de la producción de los bienes de consumo y los servicios que atienden directamente nuestras necesidades.

Esa compleja red multidimensional, en la que no hay más nudos que los que acuerden los que forman parte de ella, es a la vez enormemente poderosa y muy débil. Es poderosa porque, pese no estar al servicio de ningún plan, hace posibles los resultados de lo que sería un plan perfecto. Y es débil porque en cuanto se paraliza un sector de esta malla, cuando se rompen unos cuantos nudos por la razón que fuere, ese delicado, sutil y complejo proceso de coordinación se rompe y la división del trabajo se desmadeja y los consumidores ven cómo la corriente de bienes de consumo ya no sale a su encuentro.

Hemos visto un claro ejemplo en el cierre patronal de los transportistas. Ante la pasividad del Gobierno, al menos en los tres primeros días, los empresarios en huelga han hecho uso del recurso sindical por excelencia, el que le resulta más propio y característico: No son las cuotas, claro está, sino la violencia. Un sector de esa división del trabajo se paraliza y las estanterías, los escaparates, los mostradores de las tiendas, clarean.

Pero, en ausencia de violencia, cuando la sociedad es verdaderamente libre, esa red de intercambios voluntarios es lo suficientemente flexible como para reaccionar tan rápido como es humanamente posible, y al menor coste.

Vamos, que jamás podríamos haber inventado nada tan bueno. Hemos tropezado con el entramado social sin que lo hayamos diseñado o siquiera concebido. A veces, las mejores cosas no son el resultado de un plan.

España sí tiene hipotecas subprime

En general, no hay duda de que las entidades de crédito españolas han constituido todo un ejemplo a seguir en cuanto a su modelo de gestión y eficacia en comparación con otros países. Sin embargo, resulta necesario saber distinguir el grano de la paja.

En este sentido, la irresponsable política monetaria de bajada de tipos llevada a cabo por el Banco Central Europeo (BCE) ha posibilitado el surgimiento de una burbuja inmobiliaria a lo largo de los últimos años, cuyo pinchazo amenaza ahora con sacar a la superficie el alto riesgo adquirido por ciertas entidades (sobre todo, pequeñas y medianas cajas de ahorro) a la hora de conceder hipotecas para la compra de pisos.

La posibilidad de obtener dinero barato (bajos tipos de interés), junto a la disparatada revalorización del ladrillo, han fijado en la mente de los españoles la idea de que los pisos nunca bajan y que vivir de alquiler es tirar el dinero. Bajo esta premisa, millones de ciudadanos decidieron emprender la compra de una vivienda a un precio muy alto, que sobrevaloraba el inmueble. Y ello, mediante la contratación de una hipoteca a 25 ó 30 años a tipo variable, pensando además que el Euribor nunca superaría la barrera psicológica del 5 por ciento.

Pero la burbuja, finalmente, estalló. El precio de los pisos baja, las compraventas caen en picado, las promociones se paralizan y el temido Euribor avanza sin remedio hacia el 6 por ciento. Casi tres veces más que el valor mínimo alcanzado en 2003 (apenas un 2 por ciento). Los españoles han despertado de su letargo. Muchos se han endeudado por encima de sus posibilidades, y ahora toca pagar los platos rotos de los excesos cometidos.

No se equivoquen. En España sí hay hipotecas subprime; la diferencia es que no se ha empleado ese término para referirse a los créditos concedidos a personas con un perfil de alto riesgo (gente sin trabajo ni ingresos fijos ni tampoco propiedades). En el caso de España decenas de miles de trabajadores con escasa cualificación, mileuristas ingresos y empleos temporales, así como un creciente número de inmigrantes, se han lanzado al peligroso juego de la inversión inmobiliaria, con el fin de convertirse en propietarios o, incluso, pegar el ansiado pelotazo, animados por el frenesí de precios que experimentaba el mercado de la vivienda nacional.

Y han comprado sin necesidad de ahorrar antes, endeudándose hasta el límite de sus posibilidades y sin pararse a pensar en qué sucedería en el caso de que el Euribor (índice de referencia para la mayoría de hipotecas) iniciara una tendencia alcista, o ante la posibilidad, real hoy para muchos, de quedarse sin trabajo. Los distintos actores implicados en este fenómeno han cometido el mismo error económico de base. A saber, endeudarse a muy corto plazo, sin el necesario ahorro previo.

El progresivo encarecimiento de los costes de financiación, unido a la crisis de liquidez que vive el mercado interbancario y al frenazo en seco de las compraventas de vivienda, está situando en graves dificultades económicas no sólo a promotores e hipotecados de bajo nivel, sino también a aquellas entidades cuyos balances están más expuestos al parón del sector inmobiliario.

Ha llegado el momento de pagar la factura y algunos, simplemente, no podrán. Tarde o temprano, el mercado pone a cada uno en su sitio. Sin duda, algunos perderán, pero otros muchos, tanto particulares como empresas, podrán aprovechar las oportunidades de negocio que se presentarán a partir de ahora.

¿Por qué el Euribor está en el 5%?

En las redes de intercambio de archivos sucede lo mismo. El intercambio de ficheros en el eMule se hace privadamente entre usuarios; por tanto, el contenido de ese fichero que va de un ordenador a otro debería ser objeto de las mismas protecciones que cualquier conversación privada. Sin embargo, al conectarnos con este programa comunicamos públicamente qué ficheros tenemos disponibles para compartir con los demás usuarios; esa información es pública, por lo que la policía debería tener el mismo derecho a acceder a ella que cualquier otra persona con conexión a internet y la mula funcionando.

Otra cosa es que en muchas ocasiones los nombres de los ficheros que públicamente se comparten en estas redes poco tienen que ver con los contenidos reales. No es infrecuente bajarse el último estreno y encontrarse con que en realidad es una película porno, o algo peor. Eso hace especialmente peligrosa la penalización por mera posesión de cierto tipo de ficheros, aunque sean de pornografía infantil. Aunque no suceda todos los días, puede pasar que alguien se descargue archivos con las intenciones más inocentes para luego descubrir que se ha bajado auténticas porquerías.

Fíjense si no en el caso que ha provocado esta decisión del Tribunal Supremo. La acusada se había descargado ficheros tras buscar cosas tan inocentes como "bebés", "mamás", "papás", "niñas" o "mamás con bebés"; a partir de sus descargas la Policía obtuvo la autorización del juez para averiguar quién era a partir de su número IP, que es el único dato público que permite su identificación. Sin embargo, cuando la Policía la detuvo, acusada de poseer pornografía infantil, había borrado ya los ficheros, lo que parece indicar que no era precisamente eso lo que buscaba. Desgraciadamente, eso no la exime; al parecer es culpable de un "delito de facilitación de la difusión de material de pornografía infantil", pues como los usuarios de eMule saben, o deberían saber, todo lo que se descarga se comparte automáticamente, y por tanto la señora en cuestión difundió sin querer pornografía infantil.

No sé qué pensarán ustedes, pero a mí eso de meter en la cárcel o simplemente llevar a juicio a una mujer cuyo única culpa comprobada es la de buscar en la red vídeos de bebés, mamás y papás me parece un poco excesivo, aunque muy en la línea de este Gobierno de comprender a los verdaderos criminales y considerar que sus delitos son "culpa de la sociedad", mientras se inventan delitos nuevos con los que criminalizar a los ciudadanos normales que no hacen daño a nadie. Quizá sea la hora de cuestionarse si no convendría volver a las viejas y buenas tradiciones penales de antes de la era progre, cuando a nadie le cabía duda de que lo que se castigaban eran delitos de verdad.

Por qué el oro

A lo largo de varios siglos de evolución, los agentes del mercado elevaron al oro como el dinero por excelencia, esto es, el activo último de compensación de deudas. No fue un proceso de selección accidental o arbitrario, sino consecuencia de que el oro cumplía, mejor que cualquier otro bien económico, las propiedades que se le exigen al dinero.

Si en nuestro anterior artículo detallamos cuáles son estas propiedades, pasaremos ahora a demostrar que el oro las cumple todas.

  1. Demanda previa: Desde el principio de los tiempos, el oro ha tenido una fuerte demanda ornamental en casi todas las civilizaciones de la historia. Esto permitió utilizarlo desde muy temprano como un medio adecuado para conservar la riqueza.

    En India, por ejemplo, se instituyó la costumbre, con ramificaciones religiosas, de atesorar buena parte de su renta en forma de joyas para la mujer y las hijas. Y es que en el hinduismo, a la diosa Lakshmi, consorte de Vishnú y símbolo de la fertilidad y la prosperidad, se la representa engalanada de oro y con monedas doradas brotando de sus manos. Por este motivo, las joyas concedían prestigio social a la familia y les permitían conservar e incrementar su patrimonio (la adquisición de joyas de oro era un modo de reprimir la tentación de prodigalidad, dado que su enajenación se consideraba una tacha social, salvo en momento de gran necesidad). Uno de los usos más importantes a este respecto lo adquirió en la ceremonia del matrimonio. Debido a que la herencia sólo podía trasmitirse a los varones, las familias vestían a las novias con ornamentos dorados a modo de donación inter vivos. Además, estas joyas permanecían bajo el control de las esposas, sin que sus maridos pudieran enajenarlas. Así, los padres garantizaban una riqueza mínima intocable a sus hijas.

    Hoy en día el oro sigue conservando esa fuerte demanda en joyería; cerca del 70% de toda la producción anual va destinada a esta finalidad (2400 toneladas en 2007), si bien hay que tener en cuenta que buena parte de ese 70% va destinado a los ornamentos hindúes, que tienen una finalidad subyacente claramente monetaria. Y ha incorporado otros usos industriales como en la electrónica (300 toneladas en 2007) o la odontología (58 toneladas), debido a su alta conductividad y baja toxicidad. Pero además, contrariamente a lo que creen los defensores del dinero fiduciario, el abandono del patrón oro ha incrementando la demanda dineraria de este metal (650 toneladas en 2007): ha habido una fuga patrimonial hacia el atesoramiento individual de oro en la medida en que ya no puede confiarse en el papel moneda como depósito de valor.

  2. Accesibilidad: La accesibilidad geográfica del oro ha sido muy grande debido a que sus minas se hallaban repartidas por todos los continentes del planeta. Además la redistribución geográfica del oro producido ha sido posible gracias a sus propiedades físicas, que facilitan su conservación, y a su elevado valor unitario que elevaba la eficiencia de su trasporte (se podían movilizar grandes cantidades de valor en poco espacio). Desde mediados del siglo XIX, Sudáfrica se ha convertido en el mayor productor de oro del mundo, pero gracias a los nuevos medios de comunicación, la accesibilidad geográfica es casi absoluta, con independencia del lugar de producción.

    En todo caso, la invención de las letras de cambio y de las cámaras de compensación internacionales redujo enormemente la necesidad y los costes de transporte.

  3. Facilidad de transformación: El oro es el metal más dúctil y maleable de todos, lo que facilita su transformación en piezas homogéneas. Su dureza (2,5 en la escala de Mohs) es lo suficientemente baja como para poder rayar el metal y efectuar inscripciones (acuñación) pero lo suficientemente alta como para evitar su desgaste en el tráfico diario. Su punto de fusión está en 1.064 grados centígrados, temperatura que puede alcanzarse con relativa facilidad en un horno, incluso con carbón vegetal, pero que es lo suficientemente alta como para resistir las condiciones ambiente de la tierra.

  4. Atesorabilidad: El oro puede atesorarse con seguridad debido a que no perece ni se descompone, puede reconstruirse con facilidad en caso de deformación (por ejemplo mediante su fusión y reacuñación), es difícil de corroer (no le afectan los agentes corrosivos más comunes como la humedad, el calor o el aire e incluso resiste el ácido sulfúrico) y su elevado valor unitario reduce los costes de almacenamiento. Actualmente el oro es muy fácil de desatesorar debido a la facilidad de transformación. Sin embargo, hasta mediados del siglo XIX, su alto valor unitario hacía que fuese muy costosa su división en unidades lo suficientemente pequeñas para atender al tráfico diario. De ahí que coexistiera el doble estándar monetario entre el oro y la plata: el oro se utilizaba para conservar el valor y efectuar grandes transacciones y la plata como medio de pago común. Los avances de la metalurgia en el siglo XIX, permitieron reducir el oro a unidades molares (1,96 gramos o aproximadamente una dieciseisava parte de onza) de forma económica, lo que provocó la desmonetización de la plata. Baste señalar que durante el siglo XIX la plata solía ser doce veces más barata que el oro, mientras que hoy es unas 60 veces más barata.

  5. Escasez relativa: Todo el oro que se ha extraído de las minas a lo largo de la historia de la humanidad sigue existiendo: se calcula que aproximadamente hoy en día hay 160.000 toneladas de oro. La producción anual apenas alcanza las 2.500 toneladas, lo que significa que el stock de oro se incrementa sólo un 1,5% al año. Además, este ratio debe ser matizado en dos sentidos: a) una parte de esa producción va destinada a la joyería y b) durante los últimos 50 años la producción de oro ha sido desproporcionadamente elevada (la mitad de todo el stock de oro se ha extraído desde 1960), por lo que es posible que ya hayamos alcanzado un peak gold (la producción de oro alcanzó su máximo en 2001 y desde entonces viene decreciendo alrededor de un 0,5% al año. En otras palabras, el incremento anual del oro con fines monetarios es prácticamente despreciable, lo que pone coto a su depreciación inflacionaria.

    Los monetaristas sin duda considerarán este bajo incremento anual de la "oferta monetaria" como un obstáculo para el crecimiento económico. Pero conviene recordar que el oro no tiene por qué usarse como medio de cambio (en ese sentido, las cámaras de compensación han superado desde hace años al oro en eficiencia), sino sólo como mecanismo para compensar los saldos acreedores netos.

El oro cumple de manera casi óptima con todas las características que lo califican como buen dinero. En el próximo artículo abordaremos un análisis de distintos bienes que se han utilizado históricamente como dinero y veremos por qué son muy inferiores al oro en este sentido.

Las propiedades del dinero

La subjetividad del valor no está reñida con la objetividad de la realidad. Los seres humanos actúan en un entorno físico regido por sus propias leyes y características a las que han de adaptar la búsqueda de sus fines y sus medios. Dicho de otro modo, que el valor sea subjetivo no puede significar que sea del todo arbitrario. Si no queremos morirnos de hambre, valoraremos los alimentos pero no cualquier cosa puede ser un alimento por mucho que nos empeñemos.

Lo mismo sucede con el dinero. Para cumplir con sus dos funciones más importantes (medio de cambio y depósito de valor) necesita poseer una serie de características que hacen a determinados materiales mejor que otros para ser dinero. Que a lo largo de la historia hayan existido distintos sistemas monetarios no significa que todos fueran igual de buenos y útiles: también a lo largo de la historia han existido distintos mecanismos de transporte y ello no pone al caballo al nivel del automóvil.

El dinero no es una convención humana, sino un proceso de descubrimiento empresarial para encontrar el bien que mejor cumple estas funciones. Keynes atacó al oro como una "bárbara reliquia" por creer que la única fuente de valor del dinero era su circulación. Sin embargo, la circulación es una consecuencia de su valor: circula porque es útil y es útil porque tiene unas propiedades óptimas.

Carl Menger fue el gran sistematizador en el estudio de las propiedades del dinero. Por desgracia, más de un siglo después de él nadie ha proseguido y profundizando en el análisis de esta área esencial del conocimiento económico, debido al triunfo del nominalismo monetario y a la confusión acerca de la naturaleza del dinero fiduciario.

En este artículo vamos a tratar de simplificar las propiedades mengerianas del buen dinero, dándoles un perfil más subjetivista y tratando de distinguir si tales propiedades son necesarias para que la función del dinero como medio de cambio o como depósito de valor.

1. Demanda no monetaria previa: Sólo aquellos bienes que tienen un valor de mercado con independencia a su uso monetario pueden aspirar a convertirse en depósitos de valor. La propia transición del trueque al intercambio indirecto requiere que los excedentes productivos se intercambien por bienes de los que sea muy fácil desprenderse sin pérdida de valor. Por consiguiente, el valor no monetario antecede al uso dinerario; Mises explicó este fenómeno mediante su teorema regresivo. Además, la existencia de una intensa demanda alternativa a la monetaria reduce el riesgo de la desmonetización: si un bien sólo se usa como dinero, perderá todo su valor si deja de usarse como tal; en cambio, si tiene otros usos industriales, no.

Debe quedar claro, sin embargo, que la demanda no monetaria previa sólo es un requisito del dinero como depósito de valor. En principio, cabe la existencia de medios de pago sin demanda previa, siempre que guarden una paridad con el patrón monetario (depósito de valor), dando así lugar a sistemas monetarios duales. El caso más conocido es el del papel moneda: en un principio, los billetes consistían en promesas de pago en oro. El billete entró, de este modo, en competencia con las monedas de oro como medio de cambio, pero nunca logró sustituir al metal dorado como depósito de valor.

2. Accesibilidad: El dinero ha de estar accesible para que pueda emerger tanto como depósito de valor o medio de cambio. Si en una isla (o en un planeta) no existe un determinado material es obvio que no podrá utilizarse como dinero, por muy positivas que sean sus restantes propiedades. La concentración geográfica de un material, por consiguiente, no favorece su transición hacia un sistema monetario internacional (especialmente por el desfase temporal en aprovechar las ventajas de red, ya que una vez se hayan acumulado importantes stocks, esto resulta menos problemático). Además, por este mismo motivo, el dinero como medio de cambio (y en menor medida como depósito de valor) también debe ser accesible en cuanto a su facilidad de transporte.

La accesibilidad también debe ser de tipo jurídico, esto es, que no existan restricciones legales a la explotación y comercio de un determinado material. La prohibición de su tenencia o los tipos de cambio forzosos, si bien no logran desmonetizar un tipo de dinero ya existente, si suelen favorecer su exportación y su eliminación de la circulación (Ley de Gresham).

La accesibilidad, desde una perspectiva subjetiva, también comprende la transformación del dinero (un metal bruto en la mina no sirve como tal) y la atesorabilidad (accesibilidad intertemporal), si bien por su importancia los extractamos en los puntos tres y cuatro.

3. Facilidad de transformación: El dinero debe poder estandarizarse en piezas de valor homogéneo para así facilitar las transacciones, constituir una unidad de cuenta en la que expresar el capital y, en su caso, para poder desatesorarlos en pequeñas cantidades. La facilidad de transformación depende de numerosos factores como la ductilidad (conversión de un metal en hilos), maleabilidad (conversión de un metal en láminas), la dureza (resistencia a ser rayado) y tenacidad (resistencia a fracturarse) o la fusibilidad (facilidad para fundirse). Ahora bien, un exceso de facilidad de transformación hace que los materiales no sean aptos para convertirse en dinero, debido a las dificultades que tendría para atesorarlo.

4. Atesorabilidad: La atesorabilidad es una propiedad del dinero como depósito de valor y se refiere tanto a la facilidad con la que un material puede conservar su valor a lo largo del tiempo (atesorabilidad estricta) como a la facultad para extraer pequeñas cantidades del fondo atesorado sin afectar al valor de las restantes (desaterosabilidad).

La atesorabilidad estricta depende de la vida media del material, de que sea difícilmente destructible o, en todo caso, que sea fácil de recomponer, de su resistencia a la corrosión (reduce los costes de la conservación) y de su elevado valor unitario (lo que permite almacenar un gran valor en poco espacio). La desatesorabilidad depende de la divisibilidad del material que, a su vez, puede depender de la facilidad de transformación y del bajo valor unitario (cuanto mayor sea el valor, más elevada y costosa deberá ser la división).

En su momento, el ganado fue utilizado como medio de cambio, pero no como depósito de valor, ya que ni era duradero (el ganado moría) ni, sobre todo, podía desatesorarse una parte de una res sin afectar el valor del resto.

5. Escasez relativa: Consiste en la existencia de una alta relación entre el stock de dinero y flujo anual de producción, de modo que el incremento anual de la cantidad de dinero no altere de manera significativa el stock acumulado y no provoque fuertes oscilaciones de su valor. Se trata de la característica más importante del dinero que sólo puede alcanzarse cuando convergen las anteriores características del dinero como depósito de valor, ya que es entonces cuando la gente está dispuesta y tiene la capacidad para atesorar todo el dinero que se va produciendo a lo largo de la historia (de modo que los aumentos anuales sean porcentualmente menores con respecto al stock).

Un dinero con una baja relación stock/flujo sería un mecanismo muy arriesgado para atesorar la riqueza, ya que un incremento desproporcionado de la producción hundiría el valor del patrimonio personal.

Pese a lo que suele pensarse, la escasez relativa no es una cualidad tan importante del dinero como medio de pago. Si existe un sistema monetario dual, el valor del medio de pago siempre puede definirse con respecto al del depósito de valor, lo cual puede ser costoso, pero infinitamente menos que un hundimiento de los valores patrimoniales (la literatura neoclásica, de manera bastante miope, considera que los "costes de menú" son uno de los mayores problemas de la inflación entendida como aumento de precios, sin prestar demasiada atención las consecuencias de la inflación sobre el dinero atesorado).

Estrategias de inversión exitosas

Microsoft no sólo necesita la posición actual de la empresa dirigida por Jerry Yang, necesita sobre todo a su gente, especialista en internet de toda la vida, y su cultura empresarial, construida en el paradigma de los servicios gratuitos a cambio de publicidad y no bajo el esquema de venta de licencias de software. El gigante de Redmond no ha conseguido hacerlo pese a sus muchos esfuerzos. Yahoo, sin llegar al éxito de Google, sí.

Ahora, tras el fracaso de la operación, seguramente Microsoft intente desarrollar una red publicitaria que compita con el AdSense de Google y el Overture de Yahoo. Lo tendrá muy difícil. No sólo porque no puede garantizar a sus potenciales anunciantes una visibilidad ni de lejos tan alta, sino porque no hay sitio para un número demasiado alto de redes de publicidad contextual.

En internet, los anuncios se pueden dividir en dos grandes grupos. Primero, las grandes campañas más o menos indiscriminadas, generalmente de anunciantes que también están en televisión, prensa y radio. Y segundo, esa "larga estela" de empresas que gastan mucho menos pero son muchas más. A los grandes anunciantes lo mismo les da colocar sus campañas en uno o en una decena de redes publicitarias en internet; para ellos el coste de hacerlo es mínimo. Pero a la pequeña empresa que tiene un presupuesto limitado para anunciarse y que vigila con lupa la rentabilidad del mismo le puede resultar muy costoso mantener anuncios en varias redes. Las barreras de entrada de Microsoft en este mercado al que llega tan tarde son, por tanto, limitadas.

La empresa que dirige Ballmer podrá hacerse con una mayor presencia en internet a base de talonario, comprando, por ejemplo, Facebook, pero no está claro que eso le permita ser competitivo en el mercado publicitario, que es lo que ansía.

Tampoco es que el futuro de Yahoo esté pintado de color de rosa. El movimiento de comenzar a mostrar anuncios de Google en su buscador puede tener sentido desde un punto de vista financiero a corto plazo y también como piedra en el camino del intento de compra de Microsoft. ¿Pero cómo competir con Google por la primacía en internet cuando tu competidor se lleva una parte de todos tus ingresos publicitarios? Claro que siempre es posible que Yang se haya resignado al segundo lugar, si así puede lograr que Yahoo sea una empresa rentable.

Pero, evidentemente, el principal ganador de esto ese jaleo ha sido el propio Google, que ha visto como fracasaba la amenaza más seria que ha tenido a su primacía desde que la alcanzara. Los dos perdedores en la carrera ya no se unirán para alcanzar al ganador. Y quien ocupaba el segundo puesto parece ahora menos proclive a plantarle cara que hace tres meses, y más dispuesto a colaborar. Miel sobre hojuelas.

El problema es el socialismo financiero

Para empezar, la materia prima con la que se trabaja, el dinero, es un monopolio del primo hermano del Estado, los bancos centrales. Dicho monopolio está protegido por las leyes del Estado y el tan dañino "curso legal" que lo protege de la competencia. El que existan varias monedas en competencia dentro de un mismo territorio nos puede sonar extraño hoy día, pero ha sido lo habitual en la historia. Esta circunstancia, en parte, ha permitido en el pasado combatir uno de los grandes cánceres económicos de nuestro tiempo, la inflación.

Tal vez, otro de los motivos que relacionan las finanzas con el capitalismo salvaje (adjetivo este último que siempre está en boca del socialista) sea que los principales actores que participan en los mercados bursátiles, monetarios, de divisas, etc. son banqueros y gente de Wall Street. Ya saben, van con camisa y corbata, sinónimo inequívoco de ferocidad capitalista para todo buen socialista. Pero si analizamos la situación más allá de la estética, nos tendría que llamar la atención la fuerte alianza que existe entre estos hombres de negocios y el Gobierno. Se ha convertido en la norma habitual que cuando una entidad financiera pasa por malos momentos, el Gobierno y los bancos centrales acudan corriendo a darles nuestro dinero. Como se suele decir, la banca individualiza los beneficios y socializa las pérdidas. No hay nada más antiliberal que este tipo de "rescates", que no son más que nacionalizaciones encubiertas en muchos casos.

La "socialización del riesgo" que han conseguido estos hombres de negocios lleva aparejado otro principio antiliberal y muy relacionado con el socialismo: la pérdida de responsabilidad. Cuando uno no aprende de sus errores porque otro le saca las castañas del fuego continuamente, tiende a comportarse negligentemente. Es lo que se llama "riesgo moral". Si el Gobierno y amigos se dedican a tapar con nuestros impuestos las pérdidas de los bancos negligentes, constructores irresponsables o empresas que ya no sirven al mercado, ¿por qué dedicarse a otro negocio con un riesgo real donde no existe la posibilidad de beneficiarse de las pérdidas?

Pero, en última instancia, ¿qué ha creado esta crisis financiera? Se habla de las subprime, de crisis de liquidez o de confianza. El detonante de la situación actual lo podemos encontrar gracias a la teoría de los ciclos de la escuela austriaca. La teoría nos dice que si permitimos a cualquier entidad crear dinero, ya sea en forma de papelitos o de depósitos sin un activo real que los respalde, terminaremos con la ilusión de estar disfrutando de un crecimiento sustentado por la inflación y no por producción real. Han sido los gobiernos y bancos centrales, que nunca han sido sospechosos de impulsar el libre mercado, los principales artífices de esta situación. El por qué lo hacen es evidente; los bajos tipos de interés y las perspectivas de una elevado crecimiento económico son la mejor manera de comprar votos. El gran problema, como decía Hayek, es que al final la violación a las leyes económicas siempre se acaba volviendo en contra de uno. Cuando eso ocurre, los ajustes son brutales y ningún Gobierno puede pararlas.

El problema de la actual crisis financiera no son las subprimes ni la falta de liquidez, sino un sistema que premia la irresponsabilidad, el proteccionismo para ricos y que ha derivado en una crisis de solvencia que sólo ha generado desconfianza entre los actores económicos.

Regalar el dinero de nuestros impuestos a los bancos o constructores no va a mitigar el fondo de la cuestión, porque después surgirán más "burbujas" incontroladas, como los créditos empresariales, de consumo, aseguradoras, etc. El fondo del problema es que la columna vertebral de nuestra economía, el dinero, pertenece al Estado en lugar de estar en manos privadas, con libre concurrencia y respaldado con activos reales.