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Etiqueta: Libertades propiedad y estado de derecho

Golpe de estado contra Humala

Los capitalistas son tan malvados, tan avariciosos y tan individualistas que no les gusta que les roben. Acaso por ello resulten tan antipáticos a la progresía, siempre presta a exigir sacrificios (ajenos) en nombre de la patria, la clase obrera o la misma Gaia.

Ningún mejor termómetro del estado de ánimo de los inversores nacionales y extranjeros que la evolución del mercado bursátil; tal vez, el logro más democratizador (en su mejor sentido) de la economía que nos haya ofrecido jamás el capitalismo. Al cabo, con apenas cuatro chavos, uno puede comprar acciones y convertirse en propietario de una parte de alguna de las miles de empresas de un país, o venderlas y desentenderse del proyecto empresarial. Una libertad que, para nuestra desgracia y la de los peruanos, jamás nos ofrecerá un sistema político estatal: quien no ha votado a Humala no sólo se ve forzado a padecer sus previsibles dislates y abusos de poder, sino que, más importante, no puede mandarlo a freír espárragos tan pronto como se haya cansado de él.

Será por eso, por combinar en dosis perfectas democracia y libertad, por lo que la izquierda detesta la bolsa; ya se sabe, ese casino de especuladores donde se practica el golpismo económico contra el muy soberano pueblo. Ahí está, véanlo si no, la intolerable afrenta de la bolsa limeño contra el Estado de Derecho peruano: el mercado de valores ha recibido al presidente Humala con una caída del 8% antes de que fuera cerrado. Prueba irrefutable de que existe una conspiración internacional, encabezada muy probablemente por la CIA, el Mossad o una joint venture de ambos, para destronar el filonazi bolivariano.

Nada que ver, claro, con que Humala haya prometido nacionalizar las llamadas "actividades estratégicas" del país. Cajón de sastre de la discrecionalidad presidencial para robar a los ahorradores peruanos y foráneos tanto como le plazca. O nada que ver con su ideología marcadamente chavista y liberticida que no parece la más adecuada para generar un marco institucional estable y favorable a la acumulación privada de riqueza. Incomprensible, pues, que los inversores no quieran permanecer en semejante tierra de la abundancia, en ese sueño americano redivivo.

Mas, he ahí la gran ventaja del capitalismo popular. Si usted confía en Humala, en su programa económico y en su perfil reformista, lo tiene fácil para combatir tamaño golpismo bursátil: compre, compre acciones peruanas; incluso apalánquese para acaparar tantas como pueda. Ahora mismo se las están regalando: hay tantos orates que quieren vender que han tenido que cerrar el mercado. ¿Qué mejor ocasión para ir de rebajas? ¿Qué mejor ocasión para darle un voto de confianza al presidente electo y, de paso, obtener suculentas ganancias?

Puede que quienes de momento tenemos pensado mantener nuestros ahorros fuera del Perú nos estemos equivocando y resulte que este aprendiz de Chávez termine convirtiéndose en un Lula cualquiera de la vida. Pero en tal caso, el Perú ganará y quienes inviertan ahora ganarán. De momento, empero, me temo que con estos comicios el Perú ha perdido y que los capitalistas que huyen en desbandada del país sólo están tratando de minimizar los destrozos. Pérfido capitalismo que les da una cierta salida en lugar de mantenerlos encerrados a cal y canto en la prisión gubernamental. Así no hay quien robe a gusto.

Un dictador, claro está

Público ha suscitado una agria polémica por la entrada dedicada al general Franco en el Diccionario Biográfico Español. Primero dijo, para suscitar la indignación de sus ya cabreados lectores, que el BDE dijo de Franco que era “general, valeroso y católico”. No está claro qué fibra puede herir definir a Francisco Franco como general, pues alcanzó, y muy tempranamente, ese escalafón militar. Debe de ser de los apelativos más neutros y verdaderos que se le puedan asignar al personaje. Que era “valeroso” no cabe duda para quien conozca más que someramente su vida. Es un calificativo que no se lo hurta ni Paul Preston ni Andrée Bachoud, por poner dos ejemplos de autores poco simpáticos con Franco. Y, en fin, está por aparecer el primer tonto que diga que Franco no era católico. Una palabra que, sumida en un titular de Público, choca ver colocada como un elogio, aunque se lo atribuya a la Real Academia de la Historia.

Luego Público optó por destacar que el artículo decía que el régimen de Franco era “autoritario, no totalitario”. ¡Qué ganas con hacer que el régimen de Franco se acerque a otros regímenes, largamente adorados por la izquierda patria y que sí eran, y son, totalitarios! No lo era porque en España no ocurrió como en Italia o Alemania, donde el partido copó el Estado, sino que el Estado redujo los partidos a uno y lo sometió a sus intereses. Y, sobre todo, porque no se fijó el objetivo de someter toda la sociedad para alcanzar un modelo preciso de sociedad. No es que Franco no tuviese una idea, aunque general, de cómo debía ser una sociedad buena. Pero permitió una autonomía a la sociedad que, en algunos aspectos, echamos de menos. Totalitaria es la Ley Pajín de la igualdad. El régimen de Franco, en contra de los deseos de no pocos de sus partidarios, sólo fue autoritario, aunque no poco.

La polémica se ha llevado, también, a la ausencia de la palabra “dictador”. Su autor, Luis Suárez, ha considerado más precisos los términos “Jefe del Estado” y “Generalísimo”. Bien está. Suárez, amén de ser uno de los mejores medievalistas vivos del mundo, es también el primer, o uno de los primeros autores, en Franco y su época. El sincero, desenvuelto y fácil desprecio que han mostrado muchos por un historiador de su talla no podía ser más comprensible. Desprecian la historia ¡no iban a hacer lo mismo con sus mejores obreros! Pero Franco era, además de lo apuntado por Luis Suárez, un dictador. Es algo tan obvio que hurtar la palabra en el breve artículo del DBE tampoco va a desvirtuar el retrato que ha hecho del de Ferrol. Pues, ¿no se trataba de escribir un retrato veraz y suficiente del personaje? Con todo, en este propósito parece haber fallado Suárez, por no hacer mención de la represión, un elemento sin el que su régimen no puede entenderse plenamente. Pero quien quiera saber más de él, que acuda a las mejores de entre las muchas biografías que ya tiene. Claro, que esa es materia para los interesados en la historia, no en el uso político de la “memoria”.

Sexo y poder

Gracias al paulatino derribo de barreras comerciales y lingüísticas y el uso masivo y disperso de Internet, vivimos tiempos de globalización real. Asistimos en nuestros días a un proceso en el que los mercados, las noticias, las modas y las costumbres locales se interrelacionan y entrecruzan para conformar los de la humanidad entera a una velocidad de vértigo. Tal vez como en ninguna época anterior porque nunca como hasta ahora los canales de comunicación entre personas se habían multiplicado tanto. Mucho más que cuando que el gran medio de comunicación de la segunda mitad del siglo XX, la televisión, mantenía gigantescas audiencias. De ahí que tantos gobiernos y sus encargados estuvieran obsesionados –y siguen estándolo– con controlar y utilizar ese medio de comunicación para difundir sus mensajes y propaganda.

Un tiempo también en el que se propagan como la pólvora las noticias sobre las muchas contradicciones entre las ideologías mesiánicas, tantas veces presentadas como liberadoras, la pluralidad de concepciones sobre la aplicación de la Ley y el Derecho y realidades tan antiguas como el abuso de poder para cometer delitos y conseguir todo tipo de beneficios mediante la coacción y la prevalencia en un puesto que conlleve mando.

Resulta significativo que quien se encontraba al frente de una de esas instituciones que nacieron de los acuerdos de Bretton-Woods (el Fondo Monetario Internacional) y que se había proclamado como puntal de una suerte de gobierno mundial en materia de finanzas en las recientes cumbres de Washington y Londres, dotado de fondos especiales para financiar el rescate de estados insolventes –es decir, alguien a quien se le habían atribuido más poderes– se haya visto involucrado en un suceso, cuya gravedad –de confirmarse– no cabe minimizar.

El caso del director gerente Dominique Strauss-Kahn, quien obtendrá una jugosa pensión vitalicia después de dimitir de su cargo, con independencia del resultado del procedimiento penal que se sigue contra él, no resulta aislado en la escena política de sociedades occidentales como la francesa.

Obviamente, las imputaciones que pesan sobre el ya ex director del Fondo Monetario Internacional de haber intentado violar a la camarera de un hotel deben probarse. Parece que el caso presenta un nuevo ingrediente que puede distraer la atención sobre lo fundamental, dado el origen guineano de la empleada. Pero tampoco puede despacharse el asunto con la frivolidad y parcialidad de sus amiguetes socialistas franceses. Según éstos, se trataría bien de una conspiración norteamericana contra el pobre DSK o bien, como ha dicho un redomado cínico llamado Jack Lang, de un incidente en el que "en realidad, nadie murió en la habitación de aquel hotel".

En cualquier caso, parece que su brillante abogado norteamericano no va a anunciar la culpabilidad de su cliente y cabe esperar, después de que un juez decidiera ponerlo bajo arresto domiciliario e imponerle la prestación de una fianza de un millón de dólares, además de otras garantías para asegurar su presencia en un futuro juicio, que tendrá amplias posibilidades de repreguntar a la denunciante sobre los hechos y las circunstancias del caso.

Lo asombroso de Francia no es que su reciente historia esté salpicada, a derecha e izquierda, de sórdidos casos de derechos de pernada en la política que tratan de taparse con apelaciones a la intimidad y a la libertad de las personas implicadas (¡!), sino que se imponga la ley del silencio sobre ellos.

¿Y en España? Me permitirán lanzar la hipótesis de que, aunque pesa mucho el modelo francés, con una similar predisposición de la casta política a correr un tupido velo sobre esas relaciones que engendran tantos peligros, la cual siguen tan fielmente sus medios de comunicación títeres, la aplicación de dobles raseros campa con sorprendente impunidad.

Hace años saltó a la palestra un caso de acoso sexual de un alcalde de Ponferrada a una chica a la que, en un tiempo mejor para ella, había aupado hasta conseguir la concejalía de Hacienda de su Ayuntamiento sin otro mérito que el ser su amante. Agriada la relación, la chica lo denunció por acosarla sexualmente. El caso tenía las suficientes aristas como para que tanto los miembros del partido de ese alcalde (el PP) como la oposición de entonces (PSOE e IU) hubieran mostrado una extraordinaria prudencia, al tiempo que reclamaban un total esclarecimiento de los hechos por un juez independiente. Lejos de ello, el caso fue particularmente revelador del entendimiento sectario que existe de la política en su sistema partitocrático. Si los correligionarios del alcalde no criticaron siquiera sus peculiares métodos de selección en el seno de su sección local, los partidos de izquierda y sus medios de comunicación "independientes" organizaron una campaña de odio contra los políticos de la derecha (recuérdese que ese alcalde se presentaba como la quintaesencia de un político de ese partido).

Compárese con las reacciones a las denuncias también por acoso sexual contra un diputado de Izquierda Unida en la Asamblea regional de Madrid por parte de una compañera de su partido.

No hace falta ser abogado defensor para darse cuenta de que la realidad puede ser extraordinariamente poliédrica y que la búsqueda de la verdad no constituye una empresa fácil. Pero, al menos, cabría esperar una mínima simetría en las reacciones ante denuncias análogas. Obviamente en España los grupos de comunicación públicos y semiprivados se han configurado en los últimos años siguiendo los deseos del actual gobierno y sus aliados. Es por esto por lo que la difusión de noticias y opiniones en Internet se revela tan importante para escapar de la uniformidad reinante.

En conclusión, las relaciones de los poderosos con la sexualidad (cualquiera que sea ésta) permiten abandonar el bostezo en el momento que cometen crímenes para satisfacerlas. De ahí que, al contrario de lo que ocurre en Gran Bretaña y Norteamérica, sea tan sospechoso el silencio de los medios de comunicación sobre ese particular cuando las probabilidades de que los políticos de ambos sexos abusen también en ese ámbito y se presten a la corrupción son muy evidentes.

¡Indignaos!… reclamando más Estado y menos libertad

La portada del panfleto facilón y demagogo de Hessel dice que es un "alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica". Parece ser que esta recopilación brillante de sofismas económicos y topicazos anticapitalistas va dirigida a los jóvenes, para invitarlos a desperezarse y a cambiar la indiferencia por una indignación activa. Habrá que entender indiferencia como todo aquello que no sea reclamar más intervención del Estado en nuestras vidas y en la economía.

En otro momento, ya he comentado la falta de honestidad de Hessel, típica del "buen intelectual", que consiste en criticar el sistema capitalista, pero aprovecharse de él al mismo tiempo. En el caso de Hessel, no duda en denostar al sistema capitalista y a los medios de comunicación, pero no ha dudado en utilizarlos para promocionar su producto. Incluso le ha puesto un precio (capitalista) a su panfletito. Y, sobre todo, no ha renunciado a las ganancias. Todo muy honesto.

Pero quizás lo peor del mini-documento de Hessel es lo que intenta transmitir a los jóvenes.

Primero, transmite la idea de que el Estado debe intervenir activamente en sus vidas para resolverles los posibles problemas que vayan teniendo en la vida. Es decir, que su vida, cuerpo y posesiones dependen de decisiones externas a él. Cuidados desde la cuna hasta la tumba. No hay que preocuparse de anticiparse al futuro porque ya estará la dulce mano del Estado para recogernos y acompañarnos.

Lo cual significa destruir toda iniciativa individual a favor de la iniciativa política; significa fomentar e institucionalizar el parasitismo, ya que los ciudadanos saben perfectamente que viven a costa de extraer renta a otros ciudadanos; y significa delegar sus responsabilidades vitales como son su salud, su futuro, su trabajo y su educación. Y esto no es más que sacar lo peor del ser humano. Eso es lo que comunica directa e indirectamente Hessel. Desde luego, eso no me parece que sea vivir una vida plena y responsable.

Otro nefasto efecto que tiene el panfleto fascista-comunista de Hessel para los jóvenes es que no les ayuda a comprender los fenómenos económico-políticos, lo que hará que tomen decisiones erróneas en el presente y futuro. Pongamos por ejemplo el sistema de pensiones público. Si alguien verdaderamente cree que este sistema es viable y necesario, actuará de forma muy distinta a alguien que entiende que este sistema es totalmente inviable por ser un sistema piramidal. El primero cree que percibirá una buena y segura jubilación cuando se retire laboralmente; el segundo sospecha que no recibirá nada. El primero no se preocupará demasiado en ahorrar e invertir en el presente para acumular y aumentar su riqueza de cara al futuro; el segundo se convertirá de inmediato en un ahorrador e inversor, consciente de que nadie le va a pagar su retiro. El primero no debe actuar con perspectiva a futuro; el segundo sí, y rápido. El primero es un funcionario y parásito; el segundo es un empresario y emprendedor. La diferencia entre uno y otro es abismal. Y sus futuros también lo serán.

Hessel, claro está, fomenta el primer caso. Desde luego, no creo que sea un modelo intelectual a seguir por los jóvenes. Y menos, en la situación de crisis actual.

¿Revolución? No, pataleta

Al camionero, chofer. Al carcelero, funcionario de prisiones. A los asesinos, enfermos mentales. Si se puede estudiar una sociedad por el uso de su lenguaje, Occidente está en las últimas.

Lo estamos viendo ahora con los manifestantes de Democracia Real YA. Afirman hacer una revolución contra el establishment, cuando tal "revolución" no es más que una "pataleta" que legitima el Poder.

Los manifestantes de estos días piden al Gobierno Omnipotente: ¡más Gobierno Omnipotente! Algunas de las consignas usadas han sido tales como "la solución a la crisis no pasa por los recortes sociales". "Contra la temporalidad, la flexibilidad y la precariedad". Incluso cosas como "la juventud más preparada de la historia vivirá peor que sus padres". Tal vez nuestros padres no estuvieran "preparados", pero hacían lo único que es necesario para triunfar: trabajar como bestias, competir, ahorrar y mantener un mínimo de responsabilidad económica. Si no podían comprar algo, no tiraban de VISA, ni pedían más dinero a sus padres o al banco, ni se olvidaban de todo para salir de fiesta.

Imagínese que alguno de los partidos mayoritarios se vuelve más populista de lo que ya son y satisfacen una de las consignas de los "jóvenes sin futuro". Pongamos que les regala una casa con un televisor de LED de 40 pulgadas. Evidentemente esos "revolucionarios" dejarían de patalear y se quedarían en sus nuevas casas: "el amo nos ha dado una casa". Seguirían siendo los mismos esclavos sin futuro, pero con sus demandas cumplidas. ¿De verdad cree que esto significa arreglar algo? Sus demandas no son más que conformismo y mediocridad.

Privilegios y derechos no son lo mismo. Los manifestantes "revolucionarios" han olvidado el origen criminal de los derechos sociales. Estos nacen del latrocinio, del robo, de los impuestos y la deuda descontrolada. Los privilegios sociales son de suma cero: el Gobierno roba a Juan, se queda un 30% de lo saqueado, y da el resto a Pedro. Un sistema basado en algo así no solo crea pérdidas totales netas –ya que no aporta producción alguna– sino que convierte una sociedad libre en un Estado policial y confiscatorio. Más aún cuando todo nace del fraude y la mentira. Nuestros políticos llevan años y años diciendo que luchan por nuestros derechos sociales y eso les ha servido de excusa para llenarse el bolsillo mientras trabajan para las grandes empresas con nuestro dinero.

Sinceramente, los de Democracia Real YA son unos engañados. Dan motivos al Poder para crecer y que así todo siga igual. Una revolución de verdad es cambiar la tendencia. En nuestros tiempos significa demoler el Estado del Bienestar y los medios políticos (partidos, sindicatos, patronal, lobbies económicos y sociales). No somos más que sus esclavos que les pedimos las migajas. El objetivo es derrocar al tirano, no pedirle una casa, una pensión imposible de pagar y alguna subvención cochina.

Para obtener autonomía, riqueza y prosperidad solo podemos confiar en nosotros y la propia sociedad civil. Nosotros hemos de construir el futuro y no un partido único como el PPSOE. Basta de tributos, exigencias, permisos, licencias y limosna nacida del robo. Si no siempre estaremos igual. No podemos ser amos de nuestro futuro si no somos amos de nuestras vidas. La única solución es reducir el tamaño del Estado al de un puño para aplastarlo, y suprimir todas sus absurdas leyes contra la economía y nuestros estilos de vida.

Para qué sirve la justicia y la ley

Hay una gran confusión de términos entre las palabras ley y justicia. Mucha gente lo toma como sinónimo cuando les separa un abismo. Algo similar ocurre con otras palabras grandilocuentes como libertad y democracia. La libertad es un fin, la democracia una herramienta —totalmente fallida— para legar a ese alto fin.

Los términos justicia y ley no son lo mismo. La justicia es un fin, mientras que la ley solo es una herramienta para llegar ella. De hecho, puede haber justicia sin ley. Muchas sociedades creadas en la América colonial, como la de los cuáqueros o puritanos (ver Justice without Law?), convivían en un sistema de justicia sin ley que les trajo gran prosperidad comercial y seguridad hasta que intervino el Gobierno. Pese a tal distinción, el vocablo "ley" se ha confundido y ha tomado más importancia que el de "justicia" trasgrediendo los límites de su definición.

Para cualquier liberal, los medios para llegar a la justicia han de ser de mínimos. Si estos medios crecen más allá de sus fronteras legítimas, invaden la libertad individual convirtiendo la sociedad en estado policial y confiscatorio. Evidentemente ha ocurrido, ¿por qué? Por el crecimiento del pensamiento colectivista, ya le queramos llamar socialista, conservador, nacionalista o religioso. Mientras que la justicia solo pretende que una comunidad con disputas y la violencia; la ley ha querido crear "un mundo mejor" y "más justo". Si alguien pretende hacer un mundo más justo, significa que yo soy un encaje de su sueño y muy probablemente me quiera imponer algo financiándolo con mi dinero. La legitimidad moral que se esconde tras está agresión y robo es porque el "nosotros" es más importante que el "yo".

La UE quiere hacer un mundo mejor por ley, y por eso prohibió el uso de plantas medicinales que durante miles de años han funcionado. En realidad no tiene nada que ver con el bien común, ha sido la presión de las farmacéuticas que así hacen más amplio su monopolio. Leire Pajín quiere un mundo más justo también y por eso pretende prohibir los chistes de homosexuales. (Otra vez, es pagar favores al lobby que le llevó al poder). Los grupos conservadores también quieren un "mundo mejor" usando la ley para meterse en el cuerpo de las persones prohibiendo la eutanasia, el aborto o alimentando el más destructivo de los sectores colectivistas: el de la guerra y seguridad nacional. El terrorismo legalizado.

El uso de ley por parte del colectivismo nos obliga a implicarnos en la sociedad, incluso en el mundo, más allá de lo que nosotros deseamos. El resultado es un mundo perfecto lleno de horrores. La ley ha servido como instrumento para conseguir la injusticia. El hombre se acaba volviendo el esclavo de políticos, gobernantes, lobbies, sindicatos, grupos religiosos e ideológicos. Todo el mundo decide sobre el individuo menos él.

La justicia ha de ser gestionada por la sociedad civil, no por monopolios coactivos. La ley es la mejor arma del tirano para dirigir la sociedad y economía a su antojo. Nuestra vida, libertad y propiedad no es para uso de tiranos ni está a disposición de locos sueños colectivistas. Tal vorágine dictatorial lleva al caos social y económico. Piense en el desastre de las pensiones públicas donde pagamos la vejez de alguien que no conocemos mediante la fuerza sin que ni siquiera nos pregunten. Tal sistema solo ha traído la destrucción del ahorro personal a largo plazo. Antes cuando alguien llegaba a viejo, lo hacía con dinero. Ahora llegamos a viejos con una pensión que no nos permite llegar ni a mitad de mes.

Una sociedad liberal es la que carece de leyes. No pretende hacer un mundo mejor con extorsiones. Solo pretende que cada miembro respete la vida, propiedad y libertad de los otros. La única arma para conseguir una sociedad mejor ha de ser la persuasión, no la prohibición.

Una sociedad liberal consigue, a su vez, la seguridad por medio de empresas privadas (ver los casos de The Privatization of Police in America), y las herramientas del mercado, como alarmas, vallas, armas. La estabilidad jurídico–comercial se consigue con el arbitraje. Y miles de personas interactuando entre ellas pueden hacer un mundo mucho mejor que una oligarquía en el Poder con la única legitimidad de una pistola en la sien. Es decir, de la ley.

Antisemitismo, un odio elitista

(Este texto complementa y es continuación del publicado en el Instituto Juan de Mariana el pasado 13 de abril: Antisemitismo un odio profundamente antiliberal).

El Informe Sobre Antisemitismo en España 2010 (en referencia al cual tratamos hace un mes de explicar los orígenes profundamente antiliberales de la judeofobia) refleja que un 58,4% de los encuestados opina que "los judíos tienen mucho poder porque controlan la economía y los medios de comunicación". Este prejuicio se dispara entre los universitarios, donde es defendido por un 62,2%, y entre aquellos que afirman "tener interés en la política". El presidente de la Federación de Comunidades Judías de España en el momento el que se presentó el estudio, Jacobo Israel Garzón, destacó que "los más antisemitas son supuestamente los más formados e informados", lo que le resulta "preocupante".

Aunque este dato sea digno de generar preocupación (como cualquier otro que muestre la extensión de un odio hacia las personas que forman parte de un grupo por el mero hecho de estar incluidas en él), no debería resultar sorprendente.

Como explicamos en el anterior texto sobre el antisemitismo como odio antiliberal:

La xenofobia, el racismo, la homofobia, la crisitianofobia, la islamofobia y otros sentimientos similares tienen en común el hecho de que quien las siente no valora a cada persona como objeto del odio como un ser individualizado. Al contrario. Tan sólo importa de ella la pertenencia a un grupo, y se le atribuye toda una serie de características personales por el hecho de formar parte de ese "colectivo" al que se percibe como un "todo" homogéneo, nocivo y, en ocasiones, hostil.

Esa incapacidad de valorar a cada persona de forma individualizada (aunque después sea cada miembro del grupo el que recibe el odio y las posibles acciones derivadas de ese sentimiento negativo) ya convierte a estos sentimientos en algo profundamente antiliberal. Pero hay algo que aumenta esta característica en mayor grado en varios de ellos, como el racismo, la xenofobia y la judeofobia. El objeto del odio es percibido como un competidor en el mercado laboral o en el intento de obtener recursos del Estado como subsidios o "ayudas sociales" de diferente tipo. Se le culpa, de manera errónea, de los propios problemas.

Así, el racismo y la xenofobia suelen estar extendidos especialmente entre los sectores de la sociedad con menores recursos económicos, aunque después pueda extenderse hacia el resto de los habitantes del lugar. Esto se debe a que los extranjeros (aunque no son lo mismo, racismo y xenofobia suelen ir en buena medida unidos) suelen ocupar puestos de trabajo que requieren una menor cualificación y, por tanto, están peor pagados. Además, al quedarse muchos de ellos dentro de los sectores de población con menos recursos, suelen acudir como el resto de los ciudadanos en una situación similar a intentar obtener recursos estatales como becas o vivienda protegida.

La judeofobia tiene, en muchas ocasiones, en común con el racismo y la xenofobia que se desarrolla como una reacción ante la competencia de los miembros de un grupo que son percibidos como "diferente". Sin embargo, y a diferencia de los otros casos, surge dentro de sectores sociales con un mayor nivel cultural y profesional (aunque, también aquí, pueda extenderse a otras capas de población). Esto se debe a que los prejuicios hacia los judíos suelen atribuirles características que serían consideradas positivas si no fueran considerados como "elementos hostiles". Mientras el racista y el xenófobo suelen considerar al objeto de su odio como "vago", "sucio", "inculto" y similares, el antisemita (y muchos que no lo son) suele pensar que los hebreos son "inteligentes", "cultos" o "hábiles para las finanzas y los negocios".

Así, quien se siente "amenazado" por su "competencia" no es el obrero de la construcción o el mozo de almacén. Al contrario, quien le percibe como un riesgo para sus propios intereses suele ser un profesor universitario, un médico, un abogado, un alto cargo de empresa (o quien aspira a llegar a serlo algún día) o un periodista. En definitiva, quien se sitúa dentro de los grupos profesionales en los que se requiere una mayor cualificación y nivel culturales. En definitiva, lo que algunos definirían como "élites" sociales. Unas "élites" que además suelten tener una mayor capacidad de difundir sus prejuicios al resto de la población.

Hay otra diferencia también muy importante. Mientras el racismo y la xenofobia surgen en contextos sociales en los que hay un alto índice de población extranjera o de diversos orígenes éticos, para que se desarrolle la judeofobia no es necesaria una presencia importante de hebreos. Al contrario, en muchos lugares se da el antisemitismo sin judíos. El porqué de esto es más difícil de explicar, y daría para otros textos más largos. En cualquier caso, también está relacionado con esa doble característica del antisemitismo como un odio profundamente antiliberal y elitista.

Una errónea Segunda Transición hacia la cleptocracia

Los españoles estamos asistiendo a un proceso de cambio institucional que se está realizando de espaldas a los ciudadanos, aprovechando las fisuras normativas que presenta la Constitución Española de 1978 para imponer a los ciudadanos una hoja de ruta de "ingeniería social", con una prepotencia y una inmoralidad que permiten catalogar al régimen que padecemos de partitocracia.

Una errónea Primera Transición hacia la partitocracia

La primera transición se realizó por medio de un proceso constituyente que desembocó en el texto constitucional que fue aprobado por los ciudadanos en referéndum el 6 de diciembre de 1978. Los "padres" de la democracia negociaron durante meses para integrar a la mayoría de partidos en un régimen democrático multipartidista. Sin embargo, se produjeron excesivas concesiones a los partidos minoritarios de ideología independentista, razón principal por la cual el Título VIII se aprobó sin que se fijasen competencias bien definidas, fijas y estables, entre el Estado central (art. 149 CE y art.150 CE) y el Estado autonómico (art. 148 CE).

Adicionalmente, el "consenso" no instauró un sistema electoral que asegurase un Gobierno de España fuerte (art. 99 CE) y un Parlamento (art. 68 CE) independiente y, por otro lado, tampoco se preocupó de garantizar la independencia del poder judicial (art. 122 CE) dotando al país de elecciones de jueces o, simplemente, de un Tribunal Superior (art. 123 CE) en donde pudiesen actuar jueces con carrera profesional brillante y carácter vitalicio, lo que, desgraciadamente, no sucede en el tribunal político que denominamos Tribunal Constitucional (art.159 CE).

Si a lo anterior sumamos la carencia de financiación transparente y de democracia interna en los partidos políticos, es fácil comprender las razones principales por las cuales puede calificarse la primera transición de erróneamente guiada hacia una partitocracia. Desde luego, ha proporcionado 30 años de desarrollo económico, gracias principalmente a la incorporación al mercado común europeo y a la acción humana de millones de españoles trabajando con amplias libertades civiles respeto de la dictadura.

Sin embargo, lejos de ser complacientes, debemos observar cómo muchos de los errores constituyentes han permitido la degeneración de la democracia, formándose una casta político-judicial que ha instaurado una partitocracia con el poder político repartido en clanes regionales "autonómicos" que reparten prebendas públicas entre los ciudadanos, organizaciones y empresarios locales, con múltiples casos de corrupción y prevaricación que desprestigian las instituciones y aíslan los partidos políticos, frente a una mayoría de ciudadanos de bien.

Una errónea segunda transición hacia la cleptocracia

Pues bien, ya analizamos cómo la degeneración institucional evoluciona desde una partitocracia hacia la cleptocracia que, en el caso de España, se produce con una constante centrifugación del poder hacia clanes regionales autonómicos. Y este proceso de involución podría ser la principal razón que podría estar impulsando la realización de un segundo proceso de cambio institucional que ha roto el contrato institucional, aprobado en referéndum el 6 de diciembre de 1978 por una amplia mayoría de los españoles, porque ataca el espíritu de la ley base del ordenamiento jurídico español y prescribe la validez de los principales artículos de la Constitución.

De hecho, el Tribunal Constitucional actúa como un tribunal político que está proporcionando la cobertura "legal" a un proceso de cambio institucional que pretende realizar una segunda transición, gradual y errónea, hacia un estado confederal, con integración del terrorismo en las instituciones, con desvertebración territorial, legislativa y presupuestaria y, en definitiva, con constante enfrentamiento futuro entre las regiones.

Hoja de ruta "errónea"

Y resulta elocuente comprobar el silencio de muchos medios de comunicación ante las protestas ciudadanas, actuando como cómplices del Gobierno en su estrategia de ningunear las voces discrepantes.

Tal y como hemos explicado [1][2][3][4], existen alternativas para racionalizar el sistema autonómico y frenar el secesionismo sin necesidad de recurrir a pactos inmorales con delincuentes terroristas.

Según ha avanzado en repetidas ocasiones el ex-Ministro de Interior, el proceso de "ingeniería social" que pretende imponer el irresponsable Presidente, D. José Luis Rodríguez Zapatero, conduce España hacia un camino de servidumbre al nacionalismo separatista. Permítanme que esboce la probable hoja de ruta del proceso de negociación y rendición frente al nacionalismo separatista que parece contar con los siguientes hitos:

Con el listado de hitos anterior no pretendo reflejar la verdad absoluta sobre un proceso de negociación con el secesionismo. Sí pretendo que el lector visualice el alcance del problema que debemos enfrentar los ciudadanos de bien en España para analizar lo errado de un proceso de negociación con el nacionalismo separatista.

En primer lugar, intentar integrar al terrorismo en una sociedad libre significa no entender la naturaleza psicopática de los terroristas y sus secuaces y, por tanto, no comprender el desafío que suponen las ideologías totalitarias ya que, para sobrevivir intelectualmente, necesitan recurrir a la dominación política de la sociedad mediante la coacción y la violencia sobre los ciudadanos que piensan diferente.

La delincuencia terrorista se combate eficientemente con persecución policial, financiera y jurídica y con cumplimiento íntegro de las penas. Nunca con erróneas negociaciones ni con concesiones políticas que sólo proporcionan justificaciones para que intenten nuevamente la consecución de sus fines políticos mediante la aplicación de más terror en determinados territorios gobernados por políticos susceptibles de arrodillarse y rendirse ante los violentos.

En segundo lugar, intentar reformar una Constitución sin el consenso de la mayoría de la población, que se obtiene vía referéndum, significa no entender cómo funciona una sociedad civilizada, entendida como un orden extenso, abierto y complejo de cooperación humana.

Por ello, muchos ciudadanos de bien consideramos que los objetivos de la errónea segunda transición están diametralmente alejados de los valores morales y la organización territorial de un Estado moderno que arraigan instituciones que permiten una convivencia pacífica entre regiones y ciudadanos.

Invalidación constituyente

Deseo más que nadie que no se cumpla la hoja de ruta que he esbozado, dado que los errores en el marco institucional de un país se pagan caro, cuando las autoridades y la sociedad civil no saben actuar a tiempo, con honestidad, valores morales y sentido de Estado, con inteligencia y una estrategia constitucional a largo plazo.

En el año 1978, la primera transición se realizó con una ratificación legal de los ciudadanos y se buscaba la integración de un amplio espectro político a cualquier precio, pero ya contenía errores de bulto porque se realizó sin tener en cuenta la importancia de ciertas instituciones para el desarrollo de una sociedad abierta.

Y, ahora en la segunda década del siglo XXI, estamos asistiendo al deleznable espectáculo de una errónea segunda transición que se realiza sin contar con la opinión de los votantes –que pagan con sus impuestos los salarios y las prebendas de la casta político-judicial—, por lo que queda invalidada constitucionalmente al no recurrir al Título X que especifica cómo proceder legalmente con una reforma constitucional.

Lo que es más grave, la errónea Segunda Transición se desarrolla contrariamente al espíritu constituyente de la primera transición, empleando un tribunal controlado por políticos para otorgar una pátina de "legalidad" a un espuria hoja de ruta –diseñada para transformar España en una confederación de autonomías que operan como "Reinos de Taifas"—, mediante sentencias que no gozan de los principios judiciales de la independencia o de la imparcialidad, puesto que los miembros del Tribunal Constitucional han sido elegidos por los mismos políticos cuyas leyes y actos administrativos deben enjuiciar.

Punto de inflexión institucional

El paso dado por el Tribunal Constitucional, permitiendo la presencia de la coalición Bildu (*) en las elecciones municipales, muestra claramente cómo la apuesta de la casta político-judicial es un órdago que no se retirará salvo que exista una crisis institucional con miles de ciudadanos en la calle reclamando, un día sí y al otro también, tanto memoria, dignidad y justicia con las víctimas del terrorismo como respeto estricto por el espíritu constitucional de convivencia pacífica ratificado el 6 de diciembre de 1978.

Lo impresentable jurídicamente es que un tribunal político invalide la sentencia de ilegalización de Bildu por el Tribunal Supremo (**) con el pobre argumento de la "insuficiente entidad" de las pruebas presentadas contra ellos, entrando a valorar nuevamente las pruebas ya aceptadas por expertos juristas profesionales, y cuando se presentaron hasta nueve documentos de ETA y formaciones de la coalición, intervenciones telefónicas a miembros de Herri Batasuna, cartas o declaraciones judiciales.

La sentencia del Tribunal Constitucional es como si la Corte Suprema de los Estados Unidos de América ofreciese cobertura "legal" a las organizaciones y mezquitas afines al extremismo islámico de Osama Bin Laden y su organización terrorista Al Qaeda para que presentasen candidaturas a las elecciones locales, integradas por testaferros de los terroristas, con el objetivo de lograr el poder en municipios y condados desde donde promover el hijadismo, la fragmentación y el odio a los EE.UU.

Nuevamente, veremos cómo aquellas instituciones locales que controlen los testaferros del entramado terrorista de ETA, seguirán otorgando fondos a las organizaciones afines y continuarán amenazando ciudadanos, extorsionando empresarios y arrinconando socialmente a aquellos que, sin ser abiertamente separatistas, pretendan seguir viviendo en municipios intervenidos por el separatismo radical y asesino de ETA.  

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¡Qué eficaz es la tortura!

Imagino que se dice por si fuésemos a descubrir que, después de todo, Osama Ben Laden fue un hombre inocente. Demasiada presunción para un hombre que ha presumido de los atentados terroristas que ha ordenado.

Pero ha habido otra polémica menos absurda. Se ha dicho que el testimonio clave que condujo a su guarida provino de un hombre torturado. ¡Cuán eficaz es la tortura!, se apresuran a decir muchos. Como hombres de ciencia maravillados ante la eficacia de sus creaciones, se regocijan con los resultados obtenidos después de haberle practicado 183 veces a un detenido la técnica del submarino: seco, si se le envuelve la cabeza con plástico hasta que su respiración le ahoga, o mojado si se le mete, boca abajo, en un tanque con agua (en el mejor de los casos). Hay muchas otras técnicas, seguramente no menos poderosos y en los que no me voy a detener.

Dos milenios y medio de filosofía, para luego descubrir que el mejor camino hacia la verdad es la tortura. Puede que no seaun bello espectáculo, pero nos sirve para estar más seguros. Habla Rumsfeld: "El ahogamiento simulado produjo una gran cantidad de información de inteligencia". John Yoo, ex abogado del Departamento de Justicia de EEUU, un hombre que habría pasado desapercibido en el régimen de Hitler, se siente reconfortado con el ejemplo del torturado Jalid Shaik Mohamed.

Lo llamativo de este argumento es lo pacato del mismo. Si la verdad es un valor supremo y la tortura es sólo una técnica que, convenientemente utilizada, puede llegar a ser muy eficaz, ¿porqué limitarse a lejanísimos terroristas con turbante? ¿Quién puede negar que los políticos de aquí y ahora tienen infinitamente más capacidad de decisión sobre nuestra vida? ¿No decimos a diario que la democracia se corrompe con las constantes mentiras de los políticos? Quienes defienden la tortura, ¿por qué utilizan su lógica con tanta moderación? ¿Se avergüenzan de ella?

Deberían. Primero porque su eficacia no se puede conocer de antemano. Segundo porque es profundamente inmoral. Y además porque de nada nos vale defendernos de los terroristas si aceptamos la violación de los derechos de la persona como método para defender la democracia. Aunque, visto está, no sea hasta sus últimas consecuencias.

De cabras, ardillas, gallinas y nazis

Que todo nacionalista lleva dentro un SS es algo evidente. El tema de la pureza racial es sin duda una de sus obsesiones, y, aunque en algunos casos parecen anteponer el idioma al fenotipo, como cuando el histórico dirigente peneuvista Xavier Arzallus hace algunos años manifestó preferir a un negro que hablase euskera que a un vasco puro que lo desconociese… (aunque no aclaró para qué exactamente lo prefería…), la obsesión racial siempre está presente.

Así, en sus orígenes todos los movimientos nacionalistas han buscado una afirmación racial, unos orígenes arios, celtas, árabes o directamente cromagnon. Han tirado de grupos sanguíneos, medido narices, palpado cráneos…Desde Sabino Arana a Adolf Hitler el impulso eugenésico ha sido una constante para cualquier movimiento étnico- patrio-nacionalista.

Pero hoy en día, la selección racial humana, la definición de "herrenvolks" puros, libres de "untermensch", charnegos o maketos está más complicada. Realmente, las sociedades occidentales están tan mezcladas que para cualquier nacionalista se complica el poder definir unos patrones raciales exclusivos en los cuales no se quede fuera algún conocido, familiar, compañero de partido o futbolista del equipo de sus amores (aunque el Athletic de Bilbao con su política de fichajes exclusivos de vascos, muy lograda desde el punto de vista racial, pero no tanto desde el punto de vista deportivo, sea una excepción en este último punto).

¿Y qué han hecho? Pues buscar un campo en el cual poder dar rienda suelta a su imaginario racial, a su pulsión eugenésica.

Así la obsesión por las razas puras, por la selección racial, se ha desplazado sobre los animales, cada vez más humanizados para bien o para mal, buscando, seleccionando e inventando razas "puras" que encajasen dentro del imaginario nacionalista y, a la vez, señalando especies o variedades como extranjeras que erradicar.

Y, si bien en algunos casos la erradicación de especies alóctonas como los conejos europeos en Australia (…y los colonos blancos, añadirían los aborígenes) puede ser justificado por problemas ecológicos que se transforman en problemas económicos, en otros casos, destila un tufillo xenófobo inconfundible.

Así, en Inglaterra, toda una campaña nacional, con cebos envenenados, con trampas, con escopetas, se ha puesto en marcha para erradicar a la ardilla gris americana, que desde su introducción en los años treinta ha desplazado a la nativa ardilla roja…básicamente por ser más fuerte, más resistente a las enfermedades, más adaptable y mucho más simpática con la gente, es decir, por ser mejor ardilla, como comentaba un periódico yankee….

Pero, por supuesto, es en nuestro país donde estas campañas de limpieza étnica animal han alcanzado cumbres delirantes, como la normativa del gobierno vasco para mantener la pureza de una supuesta y ancestral gallina euskaldún, unas Leyes de Nuremberg, con plumas, en las cuales prácticamente solo han tenido que cambiar la palabra "judío" por "gallina española"…

Lógicamente, en Cataluña no se podían quedar atrás y, después de toda una campaña identitaria basada en el burro catalán, ahora, para alegría del nacionalismo, han descubierto, nada más y nada menos, en el Montseny un rebaño de cabras ¡de pura raza catalana!, no contaminadas por sangre charnega.

Ante semejante tesoro étnico-pecuario, del cual el payés propietario no era consciente, pues pensaba que simplemente eran cabras no identitarias, una asociación, Slow Food, que reivindica la vida lenta, se ha hecho con algunos ejemplares para fomentar la recuperación de dicha estirpe… Hasta aquí bien, es su problema…

Pero como siempre, estas cuestiones raciales e identitarias tienen un trasfondo económico. Así, un rebaño de cabras que a duras penas era rentable para su propietario y que, de hecho, debía ser muy poco productivo, como demuestra su escasez, pasa a ser un activo a subvencionar…

Y seguro que estará al caer una ayudita del Govern, que convertirá a dichas cabras en un negocio saneado… Aunque, eso sí, para considerarse merecedoras de dichas ayudas, deberán pasar un proceso de inmersión lingüística que sustituya el "meeeé" tradicional acabado en acento agudo castellano con el que se comunican con otras cabras del resto de la península por un "meeeè" acabado en acento grave, más acorde con su catalanidad….

Pues eso, que se empieza por seleccionar cabras, ardillas o gallinas por motivos étnicos, y se acaba seleccionando a personas. No olvidemos que un tal Henrich Himmler empezó de avicultor…