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Etiqueta: Libertades propiedad y estado de derecho

¿Las armas matan o disuaden?

Si a Jared Loughner no le hubiera sido tan fácil comprar un arma, arguyen, probablemente la tragedia de Tucson no hubiera ocurrido. Al fin y al cabo la tasa de homicidios en Estados Unidos es casi siete veces más alta que en otros 22 países desarrollados y populosos, y desde 1968 han muerto más de un millón de personas por armas de fuego.

El razonamiento prohibicionista, deliberada o inocentemente, se detiene aquí. Pero hay otros argumentos y una vasta colección de datos empíricos que cuestionan su solidez y que deberían ser considerados, aunque resulten "molestos".

En primer lugar, es tramposo referirse a la correlación entre libertad de armas y tasas de homicidio como prueba de que la segunda es causa de la primera. Estados Unidos puede ser una sociedad más violenta por otros motivos, históricos o culturales. También se consumen más drogas, y no están allí menos prohibidas que en Europa, antes al contrario.

Hay que hacer balance de costes y beneficios, no limitarse a resaltar los costes. Y el balance no es precisamente favorable a la causa prohibicionista. Hasta 15 estudios desde 1976 contabilizan entre 760.000 y 3,6 millones de usos defensivos de armas de fuego al año (una media de 1,8 millones). Uno de los estudios más rigurosos sitúa en 400.000 los usos defensivos anuales que con "total o casi total certeza" salvan una vida, excluyendo los usos policiales y militares. Aún suponiendo que un porcentaje de la gente encuestada haya exagerado la descripción del suceso, se trata de un número extraordinariamente más alto que la cifra anual de muertos y heridos por arma de fuego (30.000 y 70.000 respectivamente).

Otro enfoque es el que ha utilizado John Lott en el estudio más exhaustivo que existe hasta la fecha sobre tasas de violencia y libertad de armas. Lott ha analizado la relación estadística entre la criminalidad y las restricciones a la tenencia de armas en todos los condados de Estados Unidos, de 1977 a 1994. Los estados con más libertad de armas registran la mitad de violencia. Esta correlación por sí sola tampoco demuestra nada, pues la causalidad podría darse en sentido inverso: los estados que cuentan con más criminalidad son los que aprueban leyes más restrictivas.

Pero esta última hipótesis no encaja con los resultados de las series temporales: los crímenes violentos descienden con el tiempo en los estados que liberalizan la tenencia de armas, controlando por diversas variables. En otros países (Reino Unido, Irlanda, Jamaica) se han observado las mismas tendencias.

Estos datos pueden sorprender a los prohibicionistas que se acogen intuitivamente a esta hipótesis: el aumento de la disponibilidad de los medios para cometer crímenes conlleva un aumento de la comisión de crímenes. Pero hay una hipótesis alternativa que encaja con los datos: un mayor acceso de los ciudadanos a las armas de fuego aumenta el riesgo de los potenciales criminales a experimentar consecuencias no deseadas (que incluyen recibir un disparo, ser reducido con amenaza de disparo, o simplemente ser incapaz de consumar el crimen). En otras palabras, más armas implican más disuasión.

En Estados Unidos, donde a diferencia de España hay una arraigada cultura de la autodefensa, el apoyo a la prohibición de las armas ha descendido del 60% en 1959 al 29% en la actualidad. En 1990 un 78% de los estadounidenses era partidario de endurecer las restricciones. Hoy sólo lo es el 44%. En los últimos años se han aprobado reformas liberalizadoras en más de 20 estados.

No son buenas noticias para los prohibicionistas, que confunden el propósito de una ley con su resultado. La disyuntiva no es entre una sociedad en la que todos, criminales y gente de bien, están armados, y una sociedad en la que todos están desarmados. Cuando es ilícito portar armas sólo los criminales las llevan, pues el delincuente que en general no acata la ley no va ahora a acatar específicamente esta ley, mientras que el ciudadano común que sí la respeta va a permanecer desarmado. De modo que la verdadera disyuntiva es entre una sociedad donde criminales y ciudadanos de bien van armados, y una sociedad donde solo van armados los criminales.

Silencio gubernamental ante la represión

Como viene siendo costumbre en el ranking anual de ciberdisidentes entre rejas, el récord lo ostenta China. Ese régimen dictatorial a cuyos dirigentes recibe el Gobierno español, sin decir una sola palabra por las constantes violaciones de los derechos humanos y con cortesana celebración por parte de Enric Sopena, incluso ha superado sus marcas anteriores. Si en los años precedentes mantenía una media de cincuenta personas entre rejas por expresarse a través de internet, en el último ejercicio ha elevado la cifra hasta 77.

El listado de carceleros de internautas lo completan los regímenes tiránicos habituales en el informe de Reporteros Sin Fronteras. Se trata, en todos los casos menos en el de Rusia y como viene siendo costumbre, de dictaduras comunistas o que someten a países cuya población es mayoritariamente musulmana.

Y si 2010 terminó mal, 2011 no ha empezado mejor. La encargada de inaugurar este año la represión de internautas (junto con otros ciudadanos) ha sido una dictadura norteafricana, la tunecina. Como parte de su violenta respuesta a las protestas que han tenido lugar en el país, las autoridades de Túnez han detenido a cuatro bloguerosy otros dos se encuentran desaparecidos. Por supuesto, tampoco falta el bloqueo y desactivación de sitios web de activistas. No se trata de nada nuevo en la pequeña república magrebí, donde este tipo de acciones represivas y censoras responden a una ya larga tradición gubernamental.

Una vez más, los Gobiernos occidentales responden con un vergonzante silencio ante la represión que sufre la población (internauta o no) de un país sometido a una dictadura. En La Moncloa, El Elíseo, la Casa Blanca y muchas otras sedes gubernamentales occidentales nadie alza la voz para pedir la libertad de los tunecinos, internautas o no, encarcelados por protestar. Tampoco se protesta para exigir el fin de la censura en el menor de los países del Magreb.

No quieren reconocer algo evidente. La falta de libertad en la red en un país afecta al resto del mundo. Cuando se encarcela a un bloguero en Túnez o se clausura su sitio web en Arabia Saudí, se está impidiendo que los internautas británicos o alemanes puedan tener conocimiento de lo que esa persona tiene que decir. Se trata de censura a nivel mundial. Cuando se filtran los contenidos extranjeros en China o en Cuba, se imposibilita que quienes escribimos desde España o México hagamos llegar nuestras ideas o informaciones a esos países. Otra forma de censura mundial. Mientras se reprima internet en algunos países, la red no será totalmente libre en ningún lugar del mundo.

Las víctimas principales de la represión de internet, y quienes más necesitan nuestro firme apoyo, son quienes la sufren de forma directa por parte de sus propios Gobiernos. Pero el resto de los ciudadanos de la tierra que nos conectamos a la red, también la sufrimos en menor medida. Aunque sólo fuera por eso, el silencio cómplice de nuestros debería resultar intolerable.

Corea del Norte: la Unión Soviética del siglo XXI

Corea del Norte es, junto con Cuba, el gran exponente actual de la miseria que el comunismo implica: degradación a todos los niveles (económico, político, social, moral, cultural…). Es una herencia del pasado de la que cuesta librarse puesto que siempre ha habido "mecenas" que han patrocinado este tipo de regímenes liberticidas.

Esa función de patronazgo en el pasado correspondió a la URSS. El resultado aún lo estamos padeciendo: desde el "capitalismo de amigos" (o "capitalismo basura", como lo definió años atrás Margaret Thatcher) impulsado por Vladimir Putin hasta las dictaduras personales y familiares en que se han convertido un buen número de las repúblicas otrora integrantes del entramado moscovita.

Actualmente, el mal entendido pragmatismo de China es el que permite que Corea del Norte siga siendo una amenaza. Con su doctrina del apaciguamiento (interesado), Pekín ha logrado que las dictaduras regionales le rindan pleitesía, pues todas ellas comparten el rasgo de negar derechos humanos y libertades fundamentales. Con su capitalismo de Estado, China ha logrado que la comunidad internacional la considere un actor internacional fundamental, aunque más temido que respetado.

Con todo ello, en América Latina y en Asia aún perdura el comunismo de una forma más o menos evidente, bien travestido de populismo (Venezuela, Bolivia o Nicaragua), bien con más y más parches que no le hacen perder su natural fisonomía (Cuba). Sin embargo, puede que sea Corea del Norte quien mejor ejemplifica de la doctrina impulsada por Marx y Lenin, y llevada posteriormente hasta sus últimas consecuencias por Stalin.

En efecto, en Corea del Norte se dan todas aquellas características que muestran que el comunismo es una ideología tan disfuncional como tiránica. La primera de ellas, la negación de las libertades individuales. La dinastía de Kim Jong Il ha convertido a sus compatriotas en seres amorfos cuyo único disfrute queda relegado a los desfiles militares en los que se exalta hasta la extenuación la figura del "Querido Líder".

La segunda es la pobreza. Corea del Norte no participa voluntaria y deliberadamente en el entramado económico comercial internacional, sino que únicamente abastece de tecnología militar a todos aquellos Estados fallidos que así se lo demanden. Y, cómo no, esa industria militar es monopolio del Estado.

En tercer lugar, el hermetismo. ¿Alguien puede arrojar algún dato sobre la oposición o la disidencia a Kim Jong Il? Nadie. Parece no existir. Es ahí donde cobra importancia la característica señalada en los párrafos precedentes acerca del carácter aséptico de los norcoreanos, cuyo gobierno practica un proselitismo de consumo interno.

Pese a todo ello, Corea del Norte es un riesgo para la comunidad internacional. Su capacidad de destrucción de todo el que ose desafiarla está más que demostrada. Cuando Kim Jong Il amenaza, lo hace de verdad; no es ningún "brindis al sol". Otra cosa bien diferente es que sus víctimas se dejen achantar por sus bravuconadas chantajistas con las cuales sólo busca una válvula de oxígeno para perpetuar su dictadura.

Algo parecido puede predicarse de aquellos momentos en los cuales la dictadura norcoreana parece relajarse y, por ejemplo, lleva a cabo contactos con el gobierno de Seúl. En ellos siempre subyace el mismo interés: beneficiarse de la buena voluntad de sus vecinos como instrumento para tomar aire y, en definitiva, hacer que las cosas sigan igual.

Tarde o temprano este régimen liberticida implosionará. El pasado, no tan lejano, nos ha dado significativos casos similares. Por lo tanto, cualquier análisis que se haga de Corea del Norte no deberá perder de vista las hipótesis de futuro. Sus debilidades estructurales no podrán ser ocultadas por el poderío militar, el cual está alejado de toda finalidad civil y poco (o nada) puede hacer cuando, como hemos visto, determinadas catástrofes naturales asolan a este país.

Los incentivos del parásito

Hubo, o habrá, cierta vez un mundo compuesto por iso-individuos agrupados en iso-unidades autogobernadas. Lo de "iso" no quiere decir que fueran esencialmente iguales, sino sólo formalmente. Eran esos individuos y unidades diferentes aunque autónomos por igual e igualmente productivos. Su modo de sobrevivir se basaba, o se basará, en asociarse libremente y, aprovechando sus capacidades desiguales, intercambiar libremente el fruto de éstas en beneficio mutuo. Por una mutación evolutiva sólo existía o existirá un modo de sobrevivir, que no es otro que la división del trabajo productivo y el libre intercambio de los productos resultantes de él.

Pero en el proceso de división de los conocimientos, de los incentivos y, por ende, del trabajo, un individuo o grupo descubre un oficio rentable aún no aplicado. Un descubrimiento empresarial puro en el que alguien ofrece a otro mejorar su ventaja en el intercambio amenazando violentamente a la otra parte de éste. O, mejor, en el que ese empresario se convierte también en capitalista y, armado, extorsiona y roba viviendo mejor a expensas de ese robo.

Los robados, al comprobar lo sistemático de su sufrimiento, se dividen en dos ramas con diferentes estrategias. La primera opta por invertir en armas para defenderse –en principio–, en una carrera de fuerzas con los parásitos que perturba las otrora transacciones libres e introduce parasitismos recíprocos y multidireccionales, bien violentos, bien pactados.

La segunda opta, en lugar de invertir en armas, hacerlo en aumentar la productividad y los beneficios y tener, así, un colchón de éstos que permita subsidiar a los parásitos extorsionadores.

Ambas estrategias intentan mejorar su posición frente a los parásitos, pero la colusión de los intereses de éstos con algunos productores y el empeño de la estrategia parásita en saltarse las barreras que se les ponen acaban configurando un escenario harto conocido.

La primera división del trabajo fue celular, sexual. Los isogametos, sin diferenciación sexual, se reproducían por fusión. El incentivo de los que aleatoriamente eran de menor tamaño estribaba en aparearse con los de mayor tamaño. Dicho de otro modo, los que invertían menos energía se apareaban con los que invertían más con un margen muy alto de beneficio.

 El incentivo de este descubrimiento empresarial se generalizó y muchos gametos redujeron su tamaño mientras que otros lo mantuvieron oponiendo barreras o, para compensar, lo engrosaron. Los ataques reproductivos resultaron tan exitosos que la división por tamaño acabó en diferenciación sexual.

Debemos indagar en cómo esa carrera sin fin en contra del parasitismo estatal puede ser contrarrestada, pero aún no ha llegado el día en que descubramos cómo hacerlo definitivamente, cómo lograr que la estrategia socialmente estable sea solamente la de la libertad productiva.

Pajín permite fumar en casa

Éste bien podría ser el resumen de la nueva Ley Antitabaco aprobada por el Gobierno socialista a través de su ministra de Sanidad, Leire Pajín. El resto del articulado, simplemente, sobra, ya que tan sólo enumera toda una amalgama de restricciones absurdas, arbitrarias y jurídicamente deleznables con el fin de limitar hasta el extremo el derecho a fumar tabaco más allá de la vivienda particular.

Señores, bienvenidos al comunismo tabaquil. Y es que la legislación antitabaco, lejos de regular el derecho o no de un individuo a tragar humo –propio o ajeno– como, por ejemplo, la prohibición de fumar a los menores, vigente en numerosos países, invade de forma creciente y violenta la propiedad privada de cada sujeto, y ya no sólo de su cuerpo sino también de sus bienes.

Así, tras casi 20 años de prohibicionismo sobre esta materia, las distintas leyes promulgadas en España para limitar este hábito han ido conquistando, sin prisa pero sin pausa, ámbitos privados que hasta hace poco se pensaban intocables: la primea ley (1988) prohibió fumar en colegios y hospitales; en 1992 comenzó la restricción en los aviones (vuelos de menos de 90 minutos); en 1999 se prohibió totalmente en aviones y autobuses; desde 2006, se extendió a todos los lugares de trabajo (empresas privadas y administraciones públicas) y se restringió en bares y restaurantes de más de 100 metros cuadrados, entre otros, tales como estaciones, trenes, barcos, taxis…

Pero es ahora cuando la nueva Ley Antitabaco rozará su plenitud. A partir de 2011, el Gobierno amplía los espacios libres de humo a bares y restaurantes, parques infantiles (aire libre), las proximidades de ambulatorios, hospitales y colegios (aire libre), aeropuertos, autobuses turísticos y hasta coches particulares –siempre y cuando viajen menores de edad–. Además, la norma añade un nuevo apartado por el que "se prohíbe en todos los medios de comunicación […] la emisión de programas o de imágenes en los que los presentadores, colaboradores o invitados […] Aparezcan fumando […] Mencionen o muestren, directa o indirectamente, marcas, nombres comerciales, logotipos u otros signos identificativos o asociados a productos del tabaco".

Traducido a román paladino, el Estado, bajo la excusa de proteger a los fumadores pasivos, restringe aún más la libertad de empresarios y particulares a la hora de decidir si permiten o no fumar en sus esferas de propiedad. La prohibición se ha ido ampliando progresivamente a todas las empresas, desde las aerolíneas hasta el pequeño comercio, e incluso limita ya este hábito en la conducción particular de vehículos. Así, la ley vulnera, al menos, dos derechos fundamentales, como son la propiedad privada y la libertad de expresión (emisión en medios de comunicación). El Gobierno aspira, pues, a convertir España en un país sin humos a costa, eso sí, de restar libertades.

Quizá por ello la norma introduce una nueva definición acerca de lo que debe considerarse de ahora en adelante "espacios de uso público". A saber, "lugares accesibles al público en general o lugares de uso colectivo, con independencia de su titularidad pública o privada". Se trata, sin duda, de una interpretación altamente peligrosa, además de errónea e ilegítima. Una empresa (incluidos bares y restaurantes) no es, en ningún caso, un "espacio de uso público" siempre y cuando siga vigente el fundamental "derecho de admisión" del que goza todo propietario. De seguir esta deriva, el siguiente paso será restringir el hábito del tabaco en las casas… ¿Por qué no? ¿Qué se lo impide ya?

Por último, el espíritu de la ley consiste en "promover las medidas necesarias para prevenir y evitar el inicio del consumo", pero nuevamente esta oleada prohibicionista ha logrado un rotundo fracaso, ya que España cuenta con 300.000 fumadores más desde 2006.

Mujeres y fútbol

Este es un artículo dedicado a lectores masculinos, principalmente. Las razones son dos.

En primer lugar, en el Instituto Juan de Mariana el predominio masculino es abrumador (nota: animaros las escasas chicas que leáis este artículo, los liberales austriacos tenemos un lado sexy cuando se nos conoce…).

En segundo lugar, el mismo título de este artículo, señalando dos de las grandes aficiones masculinas, aunque no por ese orden, hará que los lectores XY se interesen más en el mismo, mientras que los lectores dotados de doble X, ya desde el mismo encabezamiento, mostrarán menos interés por su contenido.

Una vez aclarado el sexo del lector al que me voy a dirigir de forma mayoritaria, y que sin duda va a influir en el propio estilo del artículo, directo y sin historia romántica paralela, vayamos a la pregunta clave que constituye su eje.

¿Por qué el deporte femenino interesa menos, mucho menos, que el masculino?

Algun@ dirá que no es cierto, pero las pruebas a favor del deporte masculino son abrumadoras. Un ejemplo: mientras que la Liga de Fútbol Profesional mueve cifras millonarias y arrastra multitudes a los estadios, su equivalente femenino sobrevive en un precario semiprofesionalismo. Otro: todos conocemos el equipo que ganó la NBA, los Angeles Lakers. Por el contrario, el nombre del equipo ganador de la WNBA, Seattle Storm, es un completo desconocido para el aficionado medio…

Y no solo a nivel de deporte espectáculo. Como practicantes, el dominio masculino vuelve a ser muy superior, teniendo mayor número de licencias en la gran mayoría de los deportes, excepto en algunas especialidades muy concretas como la gimnasia rítmica (en España, solo hay un chico que la practica y se enfrenta a las reglas de la propia Federación que excluyen a los hombres… Sic).

Así, mientras que en los colegios es relativamente fácil sacar equipos masculinos de cualquier especialidad y en cualquier categoría de edad, en el caso de equipos femeninos es un tema mucho más complicado. Incluso desde la propias federaciones, en muchos casos se reconoce dicha disparidad, creando competiciones por equipos en las cuales el número de jugadoras requerido para participar es menor que el número de jugadores.

Se pueden buscar muchas razones, sociales, culturales, educativas, pero finalmente la raíz de esta disparidad es puramente biológica, evolutiva.

Somos mamíferos y, como tales, somos herederos de un linaje evolutivo que ha generado una diferenciación sexual que hace que en el 99% de las especies (las hienas manchadas son el único ejemplo de lo contrario) los machos segreguen mayores cantidades de testosterona y sean más grandes, más fuertes, más agresivos, es decir, más dotados para la lucha, la violencia… y para la mayoría de los deportes.

De paso, mencionemos que en nuestra especie, esta diferencia intersexual no es muy marcada si la comparamos con la que se da en nuestros parientes antropoides más cercanos y, ridículamente pequeña, si nos fijamos en otras especies más alejadas evolutivamente como los elefantes marinos… (luego, no os quejéis tanto chicas… peor estaríais en una playa de las Georgias del Sur).

Y, aunque somos animales hiperculturales, dicha cultura se ha creado sobre un sustrato biológico que fija intereses, estrategias y comportamientos muy diferentes para cada sexo.

Así, el juego, preludio del deporte y básicamente una forma de adiestramiento para los requerimientos biológicos del futuro, es marcadamente diferente en machos y hembras, y el interés social hacia él también responde a dicha dicotomía.

Efectivamente a las mujeres también les gusta el fútbol, pero mira tú por dónde, insolidarias ellas y con poca conciencia de género, prefieren asistir a partidos de fútbol masculino que a partidos femeninos. Así, el glorioso Bernabéu acoge en sus gradas cada domingo a más mujeres jaleando a Cristiano que espectadoras hay en todos los estadios de primera división femenina en una jornada entera. Y no solo porque el futbolista masculino tenga más calidad absoluta, corra más, salte más, chute más fuerte… sea mejor atleta, en resumen, sino porque el fútbol y la gran mayoría de los deportes requieren una serie de aptitudes, digamos masculinas, muy valoradas por el sexo contrario.

Pero veamos deportes en los cuales el desequilibrio en interés y seguimiento es menor, por ejemplo, el tenis. Aquí, de nuevo el interés de las propias mujeres hacia los Nadal, Federer & Djokovic es muy superior al seguimiento que hacen respecto a sus equivalentes femeninas. Incluso, cuando una niña que está empezando a jugar elige a una jugadora como ídolo, suele fijarse en aquellas que, además de jugar bien, tienen cierto atractivo como patrón femenino. Y esto lo saben muy bien las marcas. Así, Anna Kournikova, una jugadora que nunca ganó un torneo profesional, tuvo unos contratos de patrocinio que jugadoras con mejor récord tenístico solo pudieron soñar… y se hinchó a vender zapatillas y modelitos. Por su parte, Martina Navratilova, posiblemente la mejor jugadora del tenis moderno, nunca tuvo un gran respaldo publicitario.

A continuación hay una pequeña serie de deportes muy seguidos por las mujeres y absolutamente olvidados por el público masculino, en los cuales se valoran unas aptitudes físicas como la elegancia, la agilidad, la sensibilidad artística, que las mujeres admiran y en las que los hombres… ni caen. De nuevo, hablaríamos aquí de la gimnasia rítmica, de la natación sincronizada o del patinaje artístico.

Finalmente habría que señalar los deportes femeninos que interesan a los hombres. Y sin duda el primero que nos viene a la cabeza es el voley playa… Pues en él se ponen de manifiesto unas características femeninas irresistibles para el sexo opuesto e independientes del marcador…

Y si esto es así. ¿Cómo se puede luchar contra ello? ¿Cómo podríamos conseguir que un Rayo Vallecano vs. Atlético de Madrid en chicas interese lo mismo que su equivalente masculino? ¿Que a los hombres les interese la natación sincronizada y se vayan todos los domingos a un bareto a verla con sus colegas? ¿Que Larissa Riquelme muestre sus encantos no solo cuando juegan los chicos de Paraguay?

Como todo, es una cuestión de educación. Siguiendo la loable labor de Consejería de Educación e Igualdad de Andalucía con su catálogo de juegos no sexistas, si desde Educación para la Ciudadanía se impartiesen a cada alumn@ 400.000 horas de clase de identidad de género, con aplicación de electrodos genitales si sus respuestas no son las correctas, las cosas empezarían a cambiar…

Y si desde Igualdad se promoviese un movimiento eugenésico que restringiese la reproducción humana a aquellos individuos que presentasen caracteres sexuales menos marcados (y en España tenemos una pareja que es el ejemplo ideal…), iríamos en la correcta dirección y en unas cuantas generaciones, aproximadamente 50.000, habríamos conseguido la igualdad real entre los sexos.

Sin duda es un largo y doloroso camino, pero ¿qué quieren? ¡¡Hay que desandar 225 millones de años de evolución mamífera políticamente incorrecta!!

PD. Feliz Año… y disculpas a Reme por haberme metido en su campo.

El automatismo moral

Muchos pensadores optan por el camino fácil y, de razones inicialmente científicas, acaban edificando auténticos entramados metafísicos e incontrolables. La Libertad individual, entendida como el reconocimiento de cierta esfera de autocontrol y autonomía de la voluntad, nace de una realidad inatacable: la individualidad y el surgimiento de la personalidad humana. Pero no por ello deja de ser una idea estrictamente social, es decir, que se define en virtud del presupuesto de la alteridad. La libertad, como razón amplia y genérica, nace del proceso institucional que consigue reforzar y desarrollar tanto la individualidad como la consideración personal en grupos humanos donde el conocimiento conductual tiende a expandirse y hacerse más complejo a medida que surgen nuevos conflictos y necesidades, fruto espontáneo de la interacción y el intercambio interesado.

La Sociedad no existe. Es el constructo teórico mediante el cual damos nombre a un proceso intersubjetivo donde las acciones (siempre individuales), persiguiendo fines (siempre personales, particularistas o no), generan consecuencias imprevistas para el actor (en gran medida, íntegramente inadvertidas). A partir de dichas consecuencias, surgen los conocimientos jurídico, moral o político, que, siendo en gran medida de tipo tácito, terminan conformando un orden común de acciones parcialmente inteligibles. Este orden social se define en virtud de sentimientos morales, sistemas jurídicos y valoraciones intersubjetivas que en gran medida resultan de manera inconsciente o semiinconsciente cuando son ejercitadas por el individuo. El automatismo parcial no debe entenderse como comprobación del determinismo de la conducta o de los juicios valorativos humanos. La consciencia existe y lucha en todo momento por abrirse paso entre lo automático. Este fenómeno promueve activamente el cambio institucional, la novación moral y la expansión valorativa y de ideas sobre las propias necesidades. No puede definirse a priori un sistema completo de razones que conviertan al individuo en un autómata completo e irreversible. Fundamentalmente, porque no existe semejante capacidad aun cuando se entendiera que los datos estuviesen dados (y no es así).

El Estado no existe. Es el constructo teórico mediante el cual damos nombre a la estructura impersonal de la que se sirve un orden político contingente en su tendencia a domeñar a un grupo de individuos dentro de cierto espacio físico. La idea de Estado difiere de la idea misma de poder, que sencillamente viene a destacar un determinante humano inevitable, como es la capacidad genérica individual, que, socialmente considerada, deriva en relaciones de mando y obediencia. El poder puede ser reglado o arbitrario, sin que exista estructura alguna de dominación. Ésta se hace ineludible cuando el poder es absoluto y amplísimo, o requiere de la imposición de cierto tipo de ideología para garantizar su preeminencia sobre otro tipo de convicciones políticas. El gobierno de lo común nace de la mera existencia de lo común, que es una consecuencia inevitable de lo público. Lo público surge de la transmisión de conocimiento subjetivo y de la espontánea generación de instituciones que sirven a tal efecto. Lo institucional es público, de acuerdo con la definición dada. El carácter privado define, en todo caso, tanto la competitividad como la progresión y espontaneidad en la generación del conocimiento que conforma cada institución. Pero el estricto esfuerzo por comunicar, hacer inteligible y ganar certidumbre sobre las consecuencias, tanto de la propia conducta como de la ajena, forma parte de lo que queremos denominar como  “público”. El Poder, el gobierno civil, la espontaneidad institucional, los órdenes jurídico, moral y político, como subcomponentes del orden general o social, son ideas que explican fenómenos distintos a los que se busca definir con el término Estado. Todos ellos, sin distinción, carecen de otra sustancia que no sea las acciones y deliberaciones individuales.

Debe establecerse una importante diferencia entre comportamiento y acción, y, dentro del primero, entre conducta inteligible y consciente, y automatismo moral en cuanto a los rasgos tácitos que ordenan nuestra estructura cognitiva no sólo en la perceptibilidad y ejecutabilidad comunes, sino también en la parte que afecta a la interacción intersubjetiva dentro de un orden social efectivo. Podemos percatarnos de ciertas regularidades (y explicitarlas como normales o habituales) cuando conocemos la intensidad de una expectativa o la probabilidad de una respuesta, o la consecuencia que nuestras acciones tendrán en el resto de actores. Pero el sencillo paso de explicitar y autoexplicar superficialmente en dichas regularidades, tanto la propia conducta como la del resto de agentes, no representa que se haya producido un acceso de nuestra mente a los confines de reglas, pautas, valores y presupuestos que conforman a su vez aquello que superficialmente creemos tan accesible a nuestra razón. Es decir, las morales articuladas, aquellas que pueden infringirse de manera consciente cuando se plantea la oportunidad de lograr intereses que son más valorados que la estricta apariencia o conciencia íntima de bondad y/o rectitud, son la parte superficial de un todo regular que, aun sin saberlo, disciplina nuestro comportamiento haciendo posible la mera interacción social.

No dominamos nuestros actos motores con plenitud (aunque estos comiencen porque queramos y así lo decidamos): quien aprende a montar en bicicleta no es consciente del conocimiento que le habilita para semejante destreza, y sin embargo es capaz pensar y componer ideas que durante el ejercicio práctico del pedaleo pueden incluso permitirle percatarse de algunos de los presupuestos psicomotores que le facilitan el equilibrio y el control de sus actos más superficiales y evidentes. Esto no implica que sea este el tipo que conocimiento que hace posible la práctica de la destreza que representa montar en bicicleta, porque siempre será mucho más extenso, complejo y profundo el conocimiento tácito que interviene de manera inconsciente en nuestros actos y reflejos, que aquel que reluce en nuestra consciencia o nos resulte relativamente sencillo rescatar de la semiinconsciencia. La explicación se nos hace mucho más amplia y evidente si pensamos en el conocimiento lingüístico, la comprensión oral y escrita o el propio habla.

Todas estas ideas tienen importantes implicaciones en varios aspectos del estudio superficial de la formación de los órdenes sociales, las reglas de mera conducta y la acción racional del individuo. Afecta a la teoría de juegos y su capacidad explicativa de la obediencia de las normas y la eficiencia de los sistemas morales y jurídicos (de reglas), como también a las pretensiones constructivistas (socialista-estatista) o deconstructivistas (anarquista), comprensibles igualmente bajo el análisis de lo que en su momento quise denominar bajo el término de “contractualismo individualista”, siempre en contraposición con el contractualismo típico, social o colectivista.
 


José Carlos Herrán Alonso es autor del reciente libro El Orden Jurídico de la Libertad (Unión Editorial, 2010).

Elecciones de jueces

La independencia judicial es imprescindible para que una democracia liberal pueda garantizar un Estado de Derecho digno de tal nombre. Cuando los principales nombramientos de los cargos judiciales son realizados por políticos, las presiones sobre los juzgados y tribunales son exponencialmente mayores y, como consecuencia de ello, la corrupción política termina contaminando a jueces y magistrados.

La evolución institucional de muchas jóvenes democracias, como la española, se ve deteriorada por la ausencia de independencia de los órganos rectores y de los tribunales superiores de justicia.

Recientemente, en diferentes estados federales de los Estados Unidos de América se han celebrado elecciones de jueces con una transparencia y un alcance institucionales que son difíciles de observar en otras naciones.

Por ello, resulta interesante analizar brevemente el sistema de elecciones judiciales (1)(2) en Estados Unidos, aunque varía dependiendo de la Constitución de cada estado federal. Prevalecen los estados con elecciones partidarias, no-partidarias o mixtas. Pero, en menor medida, existen también elecciones legislativas, gubernamentales o por comisiones de selección.

Por citar un ejemplo interesante, el artículo 5 de la Constitución del Estado de Texas instaura un sistema judicial que consta de un Tribunal Supremo, un Tribunal de Apelaciones Criminales, Tribunales de Apelación (civiles), 437 Tribunales de Distrito, 254 Tribunales de Condado, Tribunales de Comisionados y Juzgados de Paz.

Texas celebró su elección primaria el 2 de marzo de 2010 y la elección general el pasado 2 de noviembre de 2010. Como consecuencia de las mismas, se eligieron jueces para ocupar tres puestos vacantes en el Tribunal Supremo de Texas (Debra Lehrmann, Paul Green, Eva Guzman) y también se eligieron jueces para los Tribunales de Apelación civil y criminal, entre otros muchos. Pero, sin duda, lo que más llama la atención es la elección por los ciudadanos de los jueces de los distritos y de los condados de Texas, ya que son los juristas que toman las decisiones más cercanas y que más afectan a la seguridad y la vida diarias en las localidades del estado.

Los tejanos votan en elecciones judiciales a aquellos profesionales del Derecho que consideran con mayor experiencia y capacitación para dictar sentencias en juzgados y tribunales con el objetivo de proteger eficientemente su vida, su libertad y sus propiedades. Desde luego, parece que las autoridades e instituciones de Estados Unidos confían más en la libertad de elegir de sus ciudadanos que la vieja Europa.

Quizás esa confianza en los individuos y en sus elecciones personales es el verdadero motivo por el que en Estados Unidos arraigó una democracia sólida, estable y con instituciones fuertes.

Todavía queda mucho camino institucional por recorrer en las democracias europeas, aunque algunos ciudadanos españoles nos conformaríamos con una reforma constitucional que permitiese que los 12 miembros del Tribunal Constitucional (artículo 159 CE) fuesen elegidos por los ciudadanos entre los jueces de mayor experiencia y prestigio del país, por ejemplo, por un periodo de 15 años o con un carácter vitalicio. Al menos, a priori, se establecería una protección judicial más seria y profesional de la Constitución, sin tener que observar apesadumbrados cómo se producen sentencias "politizadas" que están validando la destrucción de la igualdad ante la ley y la interposición de barreras comerciales, culturales e idiomáticas entre las diversas regiones de España.

Seguramente, otras personas preferirían aprovechar una reforma constitucional para garantizar la elección de los 20 miembros del Consejo General del Poder Judicial (artículo 122 CE) por los propios jueces o bien por los ciudadanos, por ejemplo, también entre magistrados senior y por 12 o más años.

Sólo así el órgano rector podrá actuar sin seguir criterios políticos a la hora de ayudar, promover, premiar o censurar las actuaciones y trayectorias de los jueces y magistrados.

Sólo así prevalecerán los jueces que actúan con ética profesional, velando por los derechos civiles, las garantías procesales y las sentencias ajustadas a derecho, en vez de tener que la sociedad padezca estrellas mediáticas sin escrúpulos, dispuestas a medrar retorciendo la legislación, manchando las puñetas con el fango de la corrupción moral y arrastrando la toga por la senda que marca la irresponsabilidad política.

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Progresismo, guerra y democracia

El progresismo es la expresión política de la fe, sí, en el progreso. ¿Cómo culpar a nadie de tener ese convencimiento a finales del XIX y comienzos del XX? La riqueza y sus signos florecían. Son fáciles de achacar a la ciencia, a la razón, y convertir a éstas en el deus ex machina del relato. Si la razón nos da la capacidad de imaginar una sociedad perfecta, y la ciencia, con su hermana bastarda, la tecnología, nos dan los medios necesarios para construirla, ¿a qué esperamos? Sólo necesitamos a las personas más capaces, audaces y entregadas a la ardua labor de la perfectibilidad humana. Hay suerte. De algún modo, nunca faltan.

También se necesita libertad. Pero una nueva libertad, no “ese concepto altamente formal y limitado” de los liberales clásicos, decía John Dewey. No, nada de limitar la coacción. La libertad es “el poder efectivo de hacer cosas específicas”. Woodrow Wilson señalaba que la libertad no era ya la de Jefferson. “Hoy la libertad es algo más que el hecho de que te dejen en paz. El programa de un gobierno de libertad debe ser en estos días positivo, no meramente negativo”. De acuerdo con William Willoughby, el progresismo “busca la acción del Estado como el único medio practicable a la vista, de dar al individuo, a todos los individuos, no sólo a una clase social económicamente poderosa, una libertad real”. Es decir, la capacidad de “hacer cosas”, como dice el filósofo.

Por eso, con la excepción de Randolph Bourne, los progresistas se sintieron extasiados con el estallido de la Gran Guerra y la participación de los Estados Unidos en ella. Era la gran ocasión para someter a todos a un propósito común, por lo que “las posibilidades sociales de la guerra”, en expresión de Dewey, eran enormes. La crisis aparejada a la guerra ofrecía la posibilidad de “un uso más consciente y extenso de la ciencia para fines comunales”. George Creel, periodista, director del Comité de Información Pública dedicado a la propaganda bélica, creyó que el conflicto aceleraría la solución de “los inveterados problemas de la pobreza, la desigualdad, la opresión y la desdicha”. Con escasas excepciones, los líderes negros se sumaron al entusiasmo de los progresistas. Desde la proclamación de la emancipación y las Enmiendas 13 y 14, los negros mayoritariamente han identificado su progreso con la actuación de un gobierno federal fuerte. Esa fe apenas ha cambiado.

“Las libertades civiles”, dice Eric Foner en The Story of American Freedom, “nunca habían sido una preocupación del progresismo, que siempre vio el estado nacional como la encarnación del propósito democrático”. Ambos elementos, la exaltación de la guerra y la desconsideración hacia los derechos individuales, llevaron en plena época progresista estadounidense al mayor ataque a la libertad de imprenta de su historia. Se habla mucho de Joe McCarthy, pero él jamás pudo alcanzar el nivel de control de la opinión pública desde el Estado que lograron los progresistas en el poder.

Todo ello es lógico. Pero hay elementos del progresismo histórico que pueden resultar más chocantes. Para ellos, el principio democrático prevalecía sobre el individuo y sus derechos; al fin y al cabo, achacaban al individualismo gran parte de los males sociales. Pero ese democratismo debía conjugarse con el sometimiento de la política a la razón, y eso no es fácil. Hay que jugar con el censo electoral. Concedieron el derecho de voto a la mujer en la confianza de que eran una fuerza electoral independiente, que podría orientar la política hacia el bien común.

Pero no fue lo único que hicieron. Entonces, el concepto de raza, que no era solamente anatómico, empapaba la forma de pensar de la gente. Sigamos con Foner: “Los afroamericanos estaban excluidos de prácticamente cada definición progresista de libertad”, pues se ve que tenían muchas. “En algún sentido, la retirada del derecho al voto de los negros del sur era una reforma típicamente progresista; un paso, según decían sus defensores, hacia la mejora del electorado”. Los test de inteligencia de los reclutas del Ejército “parecían confirmar ‘científicamente’ que los negros, los irlandeses americanos y los nuevos inmigrantes estaban muy por debajo de los protestantes blancos en la escala de test de inteligencia”. David Sothern ha recogido que el aumento de los linchamientos, la negación del derecho al voto y la segregación en el sur en el comienzo del siglo “fueron de la mano de las formas más avanzadas del progresismo sureño”. La búsqueda de una sociedad perfecta puede llevar a políticas menos perfectas.

Assange, ni héroe ni villano, pero poco honesto

¿Es Julian Assange un hombre al que le gusta abusar de las mujeres? Seguramente no. Todo apunta a que algún servicio secreto se ha aprovechado del despecho, o incluso lo ha alentado, de dos mujeres que se han podido acoger a las estrambótica legislación sueca sobre relaciones sexuales para poder acusar al que para muchos es un héroe de la libertad. Sobre esto último, ¿lo es en realidad? La respuesta es que tampoco. O, al menos, no más que cualquier periodista que no esté al servicio de los gobiernos. El fundador de WikiLeaks es simplemente una persona que ha utilizado internet para hacer de forma eficiente lo que los medios de comunicación han hecho desde que existe: conseguir información, seleccionar la que considera de interés (o responde a sus propios intereses) y transmitirla.

No responde a la realidad que, al proporcionar a los medios los cables de las Embajadas de EEUU, Assange estuviera cometiendo un acto de traición. Para empezar, Assange es australiano, con lo que no está traicionando a nadie al filtrar información referida a la diplomacia estadounidense. En segundo lugar, quien ha violado el compromiso de confidencialidad que exige el tratamiento de todas esas comunicaciones entre legaciones diplomáticas y Washington es el funcionario (o funcionarios) que ha pasado la información, nunca quien la haya hecho pública. Sin embargo, cabe plantearse si el fundador de WikiLeaks ha actuado con honestidad en todo este asunto. Y la respuesta es que seguramente no.

Todos aquellos que le han proporcionado información confidencial de todo tipo referente a gobiernos y entidades privadas han actuado bajo la premisa de que todos esos datos saldrían a la luz de forma abierta y para todo el mundo. Confiaron en una organización que defendía la idea de que "la información debe ser libre". Sin embargo, una vez obtenida una gran cantidad de jugosos documentos, se ha actuado en sentido contrario. Es WikiLeaks quien decide qué información se hace pública, en qué momento y a qué medios de comunicación se le ofrece. Esto no supondría problema alguno si de forma previa se hubiera avisado a las fuentes de que se iba a actuar así, pero se les dijo todo lo contrario.

Obtener información confidencial, prometiendo que esta se va a distribuir de forma libre y transparente, para después actuar de forma contraria resulta poco o nada honesto. Además, puede tener un problema añadido de índole jurídica. Si WikiLeaks hubiera difundido de forma abierta la información, o incluso hubiera abierto un sistema de suscripciones como si de una agencia de noticias se tratara, Assange podría rechazar informar sobre sus fuentes a un tribunal apelando al secreto profesional periodístico. Sin embargo, con su manera de actuar ha sido él quien se ha convertido en la fuente, por lo que no puede negarse a dar a un juez los nombres de quienes le proporcionan toda la documentación que él hace llegar a ciertos medios de comunicación.

Con su comportamiento, Assange ha traicionado los principios con los que ha conseguido la información que distribuye y, además, puede llegar a poner en peligro la confidencialidad de sus fuentes. ¿Estaría, en un hipotético y no deseable juicio por las filtraciones, dispuesto a ser condenado por mantener su anonimato? Entonces sí sería, al menos en parte, un héroe de la libertad de expresión.