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Etiqueta: Libertades propiedad y estado de derecho

Pan y circo

En la primera mitad del siglo XX fueron miles los españoles que, huyendo del hambre y la guerra, cruzaron el Charco en busca de un futuro mejor. Muchos, incluso, lograron hacer fortuna. Hoy, sin embargo, un creciente número de aquellos emigrantes, y los hijos y nietos de éstos, regresan a España horrorizados del declive económico y social que vive Venezuela desde hace casi una década.

El régimen totalitario que, poco a poco, está imponiendo Hugo Chávez se ha materializado en un empobrecimiento generalizado de la población. Según el último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el PIB venezolano cayó un 3,3% en 2009 mientras que la inflación superó el 25%. Y las previsiones para el presente año no son mejores. Venezuela seguirá hundida en la estanflación (recesión e inflación), el peor de los mundos posibles. Así, el PIB descendió un 5,8% en el primer trimestre de 2010, al tiempo que los precios se dispararon un 31,3% interanual el pasado junio (un 16,3% en el primer semestre).

Los venezolanos siguen sufriendo frecuentes cortes de luz y agua en sus hogares y empresas. Además, la producción de petróleo, principal motor económico del país, se redujo un 7% de media entre 2008 y 2009. Esta actividad sufre una desaceleración constante desde hace años debido a la falta de inversiones y a la ineficiente gestión estatal tras la nacionalización del sector energético decretada por Chávez.

Que Venezuela va de cabeza a la ruina no es ningún secreto. Se trata de un hecho, admitido incluso por algunos de los que en su día aplaudieron con entusiasmo la llegada al poder del dictador bolivariano. La razón de tal pobreza es, sin embargo, incomprendida por muchos. La explicación es simple. Tan sólo dos palabras sintetizan la causa y origen de dicho fenómeno: pan y circo. El estado de bienestar venezolano, sustentado a golpe de petrodólares, está colapsando como resultado de una huida hacia adelante del poder estatal.

El reparto masivo de subvenciones y ayudas públicas a los acólitos del régimen chavista (en su mayoría, clases desfavorecidas), la nacionalización de sectores productivos, el creciente intervencionismo económico, la fijación de precios máximos en numerosos productos de primera necesidad, la devaluación de la divisa (causante de la inflación) o la expropiación de empresas y propiedades, entre otras barbaridades, están limitando hasta el extremo el comercio y la actividad económica.

La historia se repite, una y otra vez, pese al trascurso de los siglos. El antiguo Imperio Romano padeció un fenómeno similar hace ahora más de 1.500 años. Pan y circo era también el lema de los gobernantes en Roma (no se pierdan este vídeo). Fue el estado de bienestar, no los bárbaros, el que logró tumbar el otrora todopoderoso Imperio. El trigo gratis decretado por los emperadores con el fin de contentar a la plebe arruinó a los agricultores que, desesperados, huyeron en masa hacia Roma para beneficiarse igualmente de las dádivas imperiales.

La escasez de grano era tan sólo cuestión de tiempo. El aumento de precios fue combatido sin éxito mediante la fijación de precios máximos y la prohibición de que los campesinos abandonaran el campo. Además, el despilfarro de dinero público siguió su curso, y para ello los gobernantes no dudaron en envilecer la moneda y subir los impuestos. Todo resultó inútil. El Imperio llegó a su fin. Los bárbaros tan sólo se aprovecharon de la situación.

Tal y como explica Ludwig von Mises en La Acción Humana:

Lamaravillosa civilización de la antigüedad desapareció porque fue incapaz de amoldar su código moral y su sistema jurídico a las exigencias de la economía de mercado […] El Imperio Romano se derrumbó porque sus ciudadanos ignoraron el espíritu liberal y repudiaron la iniciativa privada y la libre empresa. El intervencionismo económico y su corolario político, el gobierno dictatorial, descompusieron el poderoso imperio, como también, en el futuro, lo harán con cualquier régimen social.

Democracia a la catalana

¡Tantas cosas! Pues, yendo por lo más filosófico, como le gusta a Puigcercós, estamos, así es, en la plena sustitución del ideal liberal, que es la preeminencia de leyes que favorezcan una igual libertad para todos, frente al democrático, que es la tiranía de la mayoría. Ese ideal, el democrático, avanza a medida que va prohibiendo e imponiendo lo que quiere la mayoría. Si la mitad larga lo puede todo, no hay ley, vieja o nueva, justa o injusta, ni hay derecho legítimo que se le ponga por delante. Este hombre es un Kelsen; justo lo que necesita el nacionalismo catalán.

Claro, que un poco más cerca de la tierra, de la tierra catalana, esa frase es testimonio fiel no sólo de la conclusión última del principio democrático sino más bien de una forma particular de entender la democracia. Para los nacionalistas, como para la izquierda, sólo un sector de la población tiene derecho a ejercer el poder, y una vez instalado en él, puede hacer lo que quiera. Y el programa nacionalista pasa por prohibir a mansalva, prohibir a diestro y siniestro, desde la cuna hasta la tumba y desde el trabajo hasta la alcoba. Ciento y poco años de nacionalismo a base de definir el auténtico ser de Cataluña, y resulta que lo que le caracteriza es la prohibición. Es un nacionalismo en parte contradictorio, pues en lugar de abrazar con generosa dilección a toda la sociedad catalana, desprecia a una parte de ella, que considera enferma y prescindible, y le metería el bisturí hasta el fondo. Esa es la identidad de Cataluña; la prohibición. Nos lo ha dicho The Economist, pero los nacionalistas nos lo llevan diciendo décadas, con su política.

Se ha prohibido el toreo en Cataluña. Vanas son las llamadas a la tradición de la lidia en esta región, porque los nacionalistas no la desconocen; sólo la desprecian, por española. Y ante eso no hay razón que valga. Todo el mundo identifica, a veces hasta extremos estereotipados y ridículos, a los toros con España. Ahora también al fútbol, pero eso no lo van a prohibir. Esta estocada en las libertades de los catalanes da la medida exacta de lo que es el Estatuto de Cataluña; una constitución a lo Kelsen, del todo vale desde el poder, mientras venga referido a una norma suprema. Es la manifestación folclórica, vistosa y polémica de mil imposiciones que ampararán las leyes en Cataluña, y marca el futuro de aquella región española. Una degradación consentida, sí, democráticamente. Pero degradación al fin.

De la prisión al arma de liberación masiva

Hablamos de los presos políticos cubanos desterrados a España en un intento de lavado de cara por parte del régimen castrista. Ahora, al fin fuera de prisión, deben adaptarse no sólo a un nuevo país. También a un mundo radicalmente distinto al que ellos conocían.

Son muchos los cambios a los que tendrán que hacer frente ellos y su familia. Cada día que pasan en España supone un aprendizaje y el descubrimiento de cosas de las que habían oído hablar pero les estaban vetadas. Para ellos resulta fascinante ver cómo los partidos de la oposición pueden criticar al Gobierno o cómo el jefe del Ejecutivo tiene que rendir cuentas (que lo haga mejor o peor es otra historia) ante el Parlamento. Pero es en el terreno de las tecnologías de la comunicación donde se enfrentan a dispositivos y realidades que para ellos resultan poco menos que de ciencia ficción.

Tras días en España siguen sin poder manejar del todo bien unos teléfonos móviles que les fueron regalados por generosos particulares y activistas de derechos humanos. Aunque hace siete años esos aparatos ya formaban parte de la vida cotidiana de millones de seres humanos en todo el mundo, en Cuba era algo reservado para los altos cargos del régimen. Al resto de personas les estaba prohibida su posesión. Así, estos héroes de la libertad todavía llegan a preguntar a quien esté a su lado cómo contestar a una llamada o qué tecla tienen que pulsar para colgar.

Sin embargo, cuando muestran un mayor asombro y satisfacción en materia de tecnología es al descubrir internet. Habían oído hablar de la red, pero no llegaban a imaginar su significado real y las posibilidades que ofrecen. Hemos podido ver a un hombre, curtido por años de periodismo independiente en Cuba y por una larga e injusta condena política, fascinarse al descubrir que puede ver en el monitor de un ordenador el horario de unos autobuses. Y le hemos visto, a él mismo, sorprenderse cuando le mostramos lo que otras personas escribieron sobre él en diversas web para exigir su libertad.

Menos de un minuto después de separarse de la pantalla, estaba preguntando cómo hacer un blog para contarle al mundo lo que vivió y lo que ocurre en su país. Y, como él, varios de sus compañeros ansían aprender a utilizar la red para seguir luchando desde España por la libertad de Cuba. Casi todos ellos, además, desean tener lo antes posible una cuenta de correo electrónico para comunicarse con personas de todo el mundo.

Han descubierto un arma de liberación masiva cuya magnitud no podían llegar a imaginar. Ahora tienen acceso a fuentes de información de todo tipo y vías de comunicación que antes tenían prohibidas. Y han visto que pueden participar en un debate global en el que contar con libertad la triste realidad de su país y, si lo desean, la trágica experiencia que han vivido. Algo que, como otras tantas cosas, sigue vetado a sus compatriotas por el tiránico capricho de los hermanos Castro.

Tiranos en tiempos de democracia

Son todas elecciones voluntarias e individuales. De forma superficial, parece la descripción de la situación actual. El individuo, mediante sus actos aislados, crea la sociedad. Pero, ¿y si tal descripción no fuese así? ¿Qué ocurre cuando la sociedad crea al individuo y lo guía por una senda teleológica o finalista con un propósito de antemano? Construir una sociedad a medida del Estado: complaciente, que le sirva y rinda culto. Eso sería una tiranía.

Pepe Blanco ha declarado que las constructoras deben "reestructurarse". Cree que sobran empresas constructoras, parece una idea bastante evidente. Tenemos una fuerte crisis del sector, pero las crisis no se arreglan con mandatos desde un órgano central redistribuyendo capital de un sector hacia el otro de forma arbitraria. Nuestro dictador de la producción ignora las decisiones individuales de la sociedad, del mercado. No presta atención a lo que tenga que decir la demanda y la oferta, es decir, desacredita las libres elecciones de los españoles que le han elegido. Blanco maneja el dinero y manipula el sector a su antojo.

Recordemos que la fortaleza de la construcción se debe a que este Gobierno y los anteriores la impulsaron con dinero de todos y mediante desgravaciones fiscales. Grandes constructoras, el Estado, ayuntamientos e intermediarios de todo tipo han vivido del sector durante décadas, pero el "soviet" ahora decide que toca redirigir la economía hacia otra parte. Probablemente al lobby verde, donde sólo en renovables los españoles vamos a pagar en concepto de impuestos 151.000 millones de euros en la próxima década. Imagínese cuánto dinero roba el lobby verde de su sueldo mensual.

El ministro de Educación va por el mismo camino. La semana pasada el dictador social afirmó que "en España hay demasiados universitarios". Es lo mismo de antes, hay demasiados universitarios porque este Gobierno y anteriores promocionaron con dinero de todos la formación universitaria respecto a otras opciones. En consecuencia, tenemos el mayor paro juvenil de toda Europa, el 40%.

Gabilondo, lejos de culpar a sus predecesores de la situación, opta por hacer más difícil el acceso a la universidad respecto a la formación profesional. Igual que el caso de Blanco. No tenemos libertad de elegir porque lo hace el Estado con nuestros recursos mediante la planificación central, mediante un soviet. Ambos ministros son los pastores de una panda de borregos que van siempre por el camino más fácil, el de los subsidios, becas estatales, ayudas económicas y leyes.

Todo occidente vive su particular 1984 orwelliano. Las tres bases de la sociedad del libro eran: "Guerra es Paz", aunque ahora le llamen "guerra contra el terror". La "Libertad es Esclavitud", aunque ahora le llamemos estado del bienestar, ecologismo, igualitarismo o socialdemocracia. Y la más evidente de Orwell: "Ignorancia es Fuerza", aunque le llamemos Ministerio de Educación o Cultura.

Nuestra era no se caracteriza por la libertad como afirman los oligarcas del poder. Nuestra era se compone de una sociedad de esclavos complacientes con el Gobierno, caracterizada por las subvenciones al empresario, al ciudadano llorón, al rentista gubernamental y a la pereza intelectual del ciudadano adicto a la información manipulada y a las campañas de concienciación (lavados de cerebro).

Algunos serán más iguales que otros

Tres años y medio después de asestar el golpe más sistemático contra la igualdad de las personas ante la Ley por razón de sexo en muchos años, las insidiosas consecuencias de la promulgación de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres se van desplegando de forma rutinaria.

Muchos incautos pensaron que toda la historia consistía en el nombramiento de una jovencita adoctrinada y alimentada desde su infancia en el socialismo como titular del orwelliano “ministerio de igualdad” y confundieron sus anuncios sectarios con las poses de una mala actriz. Si alguien no le hace ascos a ocupar una dirección general del flamenco en el gobierno regional andaluz (¿cabe imaginar una dirección general del Rock&Roll en Memphis (Tennessee) o Liverpool (Merseyside)?) parece muy probable que sea capaz, con el mismo descaro, de apropiarse y apadrinar cualquier símbolo con el que sustentar su poder y el de los miembros de su banda.

Pero el asunto tiene una trascendencia mucho mayor. Liberados los trabajadores del yugo del socialismo que les reducía a un colectivo amorfo, los socialistas viraron hacia otros caladeros donde pescar buscadores de rentas que les brindaran el poder comprando sus voluntades. El último berrido del más amplio movimiento posmoderno se abría camino entre sus estrategas y agit-props. Para ello se aplicaron en este caso a una pretensión, ridícula en apariencia, que hasta finales de los años ochenta del pasado siglo sólo cabía en las mentes delirantes de las feministas más atrabiliarias. Se trataba de partir en dos mitades a los miembros de la sociedad, rememorando esa dicotomía malograda de capitalista/proletario, para presentarse como los benefactores y defensores de las víctimas históricas: las mujeres.

Aunque se aprecian sustanciales diferencias sobre el alcance de los postulados igualitaristas que se enuncian y el grado de coacción a aplicar para conseguirlos, las patrañas del feminismo forzoso han logrado permear casi todo el espectro político de los países occidentales. Paradójicamente, jamás las mujeres habían llegado, en relación a los hombres, a unas condiciones de igualdad jurídica semejantes a las que disfrutaban por la previa evolución de estas sociedades. Por cierto, una situación que dista años luz de las humillaciones rutinarias a las que son sometidas en países regidos por las versiones más retrógradas del islam. Como ha denunciado tan convincentemente Ayaan Hirsi Ali, los ungidos como protectores de las mujeres en Occidente se muestran extraordinariamente condescendientes con la manifiesta desigualdad jurídica y las humillaciones que las mismas padecen en los países musulmanes como mera consecuencia de su sexo, cuando no lo justifican apelando a un abyecto polilogismo multicultural. Cuestión diferente es la estrategia que debamos adoptar ante esos casos quiénes sentimos repugnancia por esas relaciones de semiesclavitud de unos seres humanos con otros.

Sea como fuere, ya no bastaba con conseguir la igualdad ante la ley, sino que urgía imponer la “paridad” de la participación de hombres y mujeres como sinónimo de igualdad efectiva, incluso en ámbitos privados. Los mecanismos para hacer cumplir esas medidas mediante la coacción y las no menos importantes recompensas que obtienen las empresas contratistas de los poderes públicos, los medios de comunicación y las organizaciones creadas ad hoc de los poderes públicos trascienden a las personas que en un momento determinado se encargan de sacudir a la sociedad.

Concretamente, en el ámbito privado, con el pretexto de conseguir la igualdad efectiva entre hombres mujeres en el trabajo se introducen no pocas astillas para atizar la guerra de los sexos. De paso, se crea una legión de expertos en elaboración de planes de igualdad, defensores entusiastas de las medidas de discriminación positiva, entre otras razones porque facturan por ese trabajo y se ha elevado esa ideología a la dudosa categoría de asignatura académica que deben conocer forzosamente fiscales, jueces, funcionarios y empresarios.

Aparte de la anulación de la candidatura del Partido Popular al Ayuntamiento de Garachico (Tenerife) compuesta enteramente por mujeres, dado que no cumplía los criterios obligatorios de paridad impuestas por la ley de marras, convalidada por el desprestigiado Tribunal Constitucional; la prohibición a las aseguradoras de ofrecer primas más ventajosas para las mujeres en los seguros de coches y el fomento de la “presencia equilibrada” de mujeres y hombres en los consejos de administración de sociedades mercantiles, poco se ha hablado de las prescripciones del capítulo tercero del título cuarto de la ley, que imponen directamente a las empresas la adopción de medidas contra la discriminación laboral entre hombre y mujeres, las cuáles formarán parte de los puntos de la negociación colectiva con los sindicatos. En el caso de aquellas que superan los 250 trabajadores deben elaborar y aplicar obligatoriamente los denominados planes de igualdad, que se definen en la propia ley como las “medidas, adoptadas después de realizar un diagnóstico de situación, tendentes a alcanzar en la empresa la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres y a eliminar la discriminación por razón de sexo”.

Paralelamente, una modificación de la Ley de Infracciones y Sanciones del Orden Social contenida en la Ley (disposición adicional 14ª) tipifica como infracciones muy graves de las empresas el incumplimiento de las obligaciones en esta materia.

Se atribuye la vigilancia y control de la puesta en marcha de estas medidas en las empresas a la autoridad laboral (bajo el mando de las comunidades autónomas) la cual, aparte de sus poderosas armas inquisitivas de la inspección de trabajo y sancionadoras, puede sustituir sanciones accesorias por la orden de adoptar esos planes de igualdad según su discrecional criterio.

Todo este intervencionismo, con la esperada colaboración de sindicatos afines, está llamando a la corrupción institucionalizada, como si se tratara de un peaje, dañino en cualquier caso, a pagar por cualquiera que ejerza una actividad empresarial a los nuevos adláteres del Gobierno, llamados ahora “auditores de igualdad”. En el peor de los casos al chantaje directo a los empresarios por parte de los políticos de turno o funcionarios, gracias a los múltiples pretextos ofrecidos por la ley.

En el futuro, para eliminar la opresión del gobierno en este campo, no bastará la eliminación el Ministerio de Igualdad, reclamación que, a modo de chirigota, aprovechando que la depresión económica aconseja reducir drásticamente los órganos administrativos, se prodiga tanto. La ley que se comenta ha incrustado tantas excrecencias en los aparatos de policía administrativa de los poderes públicos que se hace imprescindible su derogación pura y simple. La igualdad ante la Ley resulta incompatible con la discriminación. Aunque se la llame positiva.

Wikileaks, libertad y responsabilidad

…y no parecía haber ninguna excusa para semejante comportamiento, ni lágrimas si morían en actos de servicio. Y aunque doliera que pillaran a uno de los nuestros, no se consideraba injusto que se le aplicara la misma medicina.

Pero ya no hay enemigo común o, aunque exista, no todos lo reconocen como tal. El islamismo no es una organización centralizada como lo era el totalitarismo comunista soviético y entre sus métodos raramente se encuentra la confrontación directa, sino la llamada "guerra asimétrica", en la que el terrorismo, la guerrilla y la propaganda son las principales armas. Cierto es que ambas luchas tienen algo en común, como el uso de la libertad de expresión en Occidente para minar el esfuerzo de las democracias o el carácter totalitario de la ideología a la que nos enfrentamos, pero las diferencias parecen mayores que las semejanzas.

Quizá me exceda en mi ingenuidad, pero creo que la línea divisoria entre quienes defienden o se muestran "objetivos" ante las filtraciones de Wikileaks de documentación secreta norteamericana y quienes la critican no es ideológica y se reduce a si creen o no que estamos en guerra. De ahí que Wikileaks y su fundador, el australiano Julian Assange, se hayan convertido en traidores o héroes de la libertad de expresión, dependiendo de a quien se pregunte.

No creo que nadie se sorprenda cuando les comunique solemnemente que yo sí creo que estamos en una guerra contra el islamismo. De ahí es difícil no concluir que la labor de Wikileaks en lo que al Gobierno de Estados Unidos se refiere se parece mucho a la de Alger Hiss, los Rosenberg o el Círculo de Cambridge, por más que sus métodos hayan cambiado y en lugar de pasar microfilms en calabazas ahora lo publiquen en un sitio web.

Sin embargo, no es sólo eso. Quizá ni siquiera sea principalmente eso. No confío en Wikileaks ni en Assange. Primero, porque en su lucha por la transparencia no se limita a asuntos relevantes. No sé qué interés informativo tiene publicar vídeos de los rituales de los mormones o los masones, no digamos ya los de las hermandades universitarias. Publicarlos, como ha hecho Wikileaks, me parece equivalente a si colgaran un vídeo sexual robado, sea a un famoso o a una persona anónima.

Yo tengo secretos. Y usted también, no disimule. Seguramente tanto los suyos como los míos le provocarían la risa floja a cualquier observador imparcial ante su poca importancia. Pero el caso es que para la persona que los guarda suelen ser importantes. A Wikileaks eso le da igual; la transparencia es un valor ante el cual todos los demás palidecen. O, al menos, en el caso de los demás, porque Wikileaks es cualquier cosa menos transparente. Si siguiera las mismas reglas que parece exigir a los demás, colgaría en su web todos los correos, audios y vídeos de su trabajo, en el que se viera, se leyera y se escuchara cómo toman todas sus decisiones y por qué. Por supuesto, no lo hacen.

Seguramente tienen razones legítimas para ocultarse, como también existen muchas razones legítimas para no decirlo todo sobre todo. Evidentemente, los políticos de todo el mundo abusan del secreto para ocultar cosas que si se supieran sólo podrían en riesgo sus propios culos. Pero no parece que Wikileaks haga muchas distinciones entre una cosa y otra. La web no es un mero receptáculo digital que publica todo lo que le llega; Assange tiene la última palabra a la hora de decidir qué cuelgan y qué no. No parece la persona más responsable a la hora de tomar esa decisión.

¿Se ha vuelto Hugo Chávez progre?

Una de las características definitorias de toda ideología totalitaria es la búsqueda de chivos expiatorios a los que culpar de los males por los que atraviesa el país. El chavismo tiene una lista grande, a la que recurre cuando vienen mal dadas, como sucede actualmente. Estados Unidos, Colombia, Bush, la burguesía, Uribe o la oligarquía son algunos de sus blancos favoritos. Apelando frecuentemente a ellos, Chávez ha provocado el hartazgo y se ha convertido en el bufón de un público muy concreto que espera con ansiedad sus arrebatos de pseudo-humor.

La estrategia, básicamente, consiste en emplear un lenguaje de corte  izquierdista con el que, entre otras cosas, ha logrado el apoyo de jóvenes (y no tan jóvenes) europeos que no conocen carencias de ningún tipo, pero a los que parece que su buena situación les genera una suerte de dilema o desosiego moral de difícil explicación.

Es por ello que también fuera de las fronteras de América Latina la ideología comunista, en cada una de sus versiones, goza de adeptos y fieles practicantes de la demagogia. Además, insultar al estamento eclesial parece que sale gratis y permite aumentar puestos en el ranking del buen progre, esto es, aquél que tiene una visión unidireccional del mundo y no se conforma con defenderla, sino que la quiere imponer.

Sin embargo, la situación real es que el Chavismo no atraviesa por su mejor momento. La expansión y patrocinio de esta ideología se basa, esencialmente y desde un punto de vista económico, en la existencia de unos precios altos del petróleo, lo que ofrecía ingentes beneficios al gobierno de Caracas con los que financiar a los Ortega, Morales o Castro/s de turno. Las cosas han cambiado pero no así la triste situación de los nicaragüenses, bolivianos o cubanos que ven como la precariedad sigue instalada en sus vidas, al mismo tiempo que sus derechos más elementales son cercenados por parte de las instancias gubernamentales.

En Venezuela también se ha producido un recorte del subsidio del Gobierno, lo que se traduce en que necesidades y productos básicos de la población no pueden ser satisfechos. Consecuencia natural: descontento en aumento, que se suma al ya provocado por la constante mina de las libertades.

¿Cómo ha reaccionado el protagonista principal y único de Aló Presidente? Muy sencillo. Siguiendo la premisa citada al inicio de este artículo: ha buscado un enemigo y le ha tocado a la Iglesia. El cardenal Urosa ha sufrido la dialéctica incendiaria y los insultos de Hugo Chávez, así como sus amenazas, cual mafioso de algún de clan calabrés.

Desde Europa, esta persecución a la Iglesia puede que se jalee desde ciertos sectores, no tenemos duda de ello, pues palmeros hay en todos los sitios. Sin embargo, en Venezuela las cosas son distintas. El pueblo venezolano es católico y por tanto, las afirmaciones de Urosa, en forma de alertas sobre la senda marxista, comunista y totalitaria por la que transita el país, pueden ejercer mayor influencia ante la opinión pública que las denuncias formuladas por la oposición política al régimen, cuya división le resta en algunos casos credibilidad.

En definitiva, con las amenazas sufridas por Urosa, los venezolanos ven como ningún estamento social está al margen de los tentáculos liberticidas de su presidente. Todo ello con las elecciones de septiembre en el horizonte, cuyos resultados son difíciles de adivinar. Los senadores de la democristiana cristiana chilena no podrán refrendarlos, ya que Chávez, optando una vez más por la demagogia (ha recurrido a la figura de Allende, icono de la izquierda latinoamericana), les ha vetado la presencia. ¿Acaso tiene algo que esconder?

Mentiras españolas sobre los presos cubanos

La lectura dominical de la prensa me ha descubierto una de las mayores indignidades que como argumento haya podido dar en alguna ocasión cualquier gobierno. "Fuentes" del Ministerio de Asuntos Exteriores español dijeron a una periodista que viajaba junto al titular de esa cartera, Miguel Ángel Moratinos, que la decisión de excarcelar a un grupo de presos políticos cubanos y traerles a España estaba tomada al menos desde enero. Las mismas "fuentes" (no cabe descartar que se trate del propio Moratinos o alguien que transmita lo que él personalmente le encargue que diga) sostienen que la muerte de Orlando Zapata Tamayo y la huelga de hambre de Guillermo Fariñas "habrían dificultado" la puesta en marcha de la medida.

Este argumento es, simplemente, insostenible. Si ya existía la voluntad de excarcelar a parte de los presos políticos, se podría haber hecho mientras Orlando Zapata Tamayo estaba en huelga de hambre, y hubiera salvado su vida. Como vienen insistiendo los propios presos exiliados a la fuerza a España, si no están ahora en prisión es sólo gracias a Zapata Tamayo, Fariñas y las valerosas Damas de Blanco. Son las acciones de estos dos hombres y ese grupo de mujeres las que han logrado poner contra las cuerdas a la dictadura de los hermanos Castro.

Durante la primera mitad de este año la imagen internacional del régimen comunista cubano se hundió como nunca antes había ocurrido. Zapata, Fariñas y las Damas de Blanco lograron mostrar al mundo el verdadero rostro de la tiranía castrista. Eso explica la excarcelación y expulsión a España de parte de los miembros del Grupo de los 75 (condenados durante la Primavera Negra de 2003) que todavía quedaban en prisión. Y decimos "parte" a sabiendas de que el Gobierno español sostiene que se van a "liberar" todos. Lo sostenido por el tándem Zapatero-Moratinos es, como poco, improbable. Hay al menos diez de esos presos políticos que han rechazado venir a España. Para ellos, la puerta de la prisión sigue cerrada.

Dice Moratinos que cuando terminen estas excarcelaciones no quedarán presos políticos en Cuba. Es falso. La medida tomada tan sólo afecta a los miembros del Grupo de los 75. Incluso aunque se excarcelara también a aquellos detenidos durante la Primavera Negra que ya se han negado a salir a España, quedarían otros 125 condenados por motivos políticos en las prisiones cubanas. También dice el ministro español de Asuntos Exteriores que con estas liberaciones ya no tiene sentido mantener la Posición Común Europea (que no implica sanciones y lo que contempla es que los gobiernos europeos dialoguen con la disidencia). De nuevo falso. Establece una relación causa-efecto inexistente. Dicha Posición es anterior a la Primavera Negra, con lo que muchos de los presos políticos de entonces seguirán ahora en prisión, y además no sólo habla de los opositores encarcelados. Pide otras reformas democratizadoras y de respeto a los Derechos Humanos que no han tenido lugar.

El Gobierno español ha aceptado jugar un papel cómplice. Disfraza de acción humanitaria y mérito de su política de concordia lo que no es más que una operación política destinada a ayudar al régimen castrista en un mal momento. La situación en la que se mantiene a los recién llegados a España demuestra una absoluta indiferencia ante su sufrimiento y se les intenta, desde las instituciones controladas por el Ejecutivo, desorientar y dividir. Se busca, además, dispersarles por toda España. El objetivo de esto último no es otro que impedir que estos presos políticos, en su exilio español, creen un grupo fuerte de oposición al castrismo. 

Contactos

…"los anuncios de la publicidad de la prostitución deben eliminarse", pues "mientras sigan existiendo, estarán contribuyendo a la normalización de esa actividad". No es que le vaya a servir de mucho. El matrimonio homosexual no podía causar un gran debate. La nueva ley del aborto, mientras haya en España quien valore la vida humana, no iba a colar sin respuesta. Pero ¿quién va a desviar la atención de las familias con todos los que están en edad de cotizar en paro para fijarse en una prohibición como esta?

Para empezar, porque echo mano de un periódico sevillano de gran tradición, uno de los pocos que tengo a mano y veo que la sección de contactos se queda en medio faldón. Tengo curiosidad por saber si la de La Vanguardia, que estuve comprando a diario durante años, sigue siendo la sección de clasificados más canalla y deslenguada de la prensa española. Pero me da que los "contactos" deben de haber encontrado cobijo en nuevas tecnologías, más proclives a los contenidos más sórdidos. Hay periódicos que han renunciado voluntariamente a ellos. El primero, la antigua Gaceta de los Negocios. Luego Público. Unos quieren prohibir una realidad menguante, otros se apartan de ella cuando deja de ser lucrativa, y todos con grandes palabras sobre la dignidad de la mujer.

No hay que temer que la publicidad normalice la prostitución, porque ésta lleva acompañando por norma a todas las sociedades desde hace miles de años. Por otro lado, prohibir los anuncios no va a acabar con la prostitución. Pero el diario La Razón, que está en campaña, calcula que un 80 por ciento de los políticos están a favor de la prohibición. Se ve que eso de prohibir lo que uno considera inmoral, es decir, la inquisición, es lo único que aúna a la izquierda y la derecha. La primera ha renunciado al 68 y vuelve al puritanismo que le caracterizó desde el principio, mientras que la derecha… la derecha ni cambia ni aprende.

Dice la ministra Aído que el 90 por ciento de las prostitutas están esclavizadas, y que por eso. Pero por eso, de ser cierto, tenía que desplegarse toda la policía para acabar con esa explotación. No se puede permitir que una persona se prostituya o haga lo que sea con su cuerpo contra su voluntad. Diría casi que incluso pagar impuestos. Poca broma, porque en la medida en que se dé una esclavitud no podemos permitir ni un ápice. Pero habrá que luchar contra eso, no contra la prostitución voluntaria. Porque si hubiese que prohibir toda publicidad de actos inmorales, habría que comenzar por la del propio Gobierno.

Hay trucos dialécticos reveladores. El de "la dignidad de la mujer". Si una mujer decide prostituirse, la dignidad que está en juego es la suya, no la de las demás. Y si la empeña en ese comercio, nadie, y menos un ministro o un director de periódico, puede prohibirle que lo haga. A ese argumento, añade La Razón uno más, en su editorial, que es cuando menos chocante. Prohibir los anuncios es "dignificar los derechos humanos". Y yo que pensaban que eran dignos de por sí…

El colectivo sobre el individuo

Siempre que salta a la palestra uno de esos autoproclamados defensores y representantes de alguna minoría viene a mi memoria aquella cita de Ayn Rand en la que recuerda que “la minoría más pequeña del mundo es el individuo. Aquellos que niegan los derechos individuales no pueden pretender además ser defensores de las minorías”. Una de estas minorías no es otra que el colectivo homosexual.

La homosexualidad además de una orientación sexual se ha convertido en manos de una vanguardia legitimada por las subvenciones y estructuras estatales en una ideología, un conjunto de ideas sobre la misma que se impone a través de leyes sin dejar espacio a la opinión ni a los juicios de valor, no a través de sanciones morales sino políticas. Disentir de la verdad revelada por los representantes de este colectivo es tachado del mayor de los pecados, la homofobia.

La homofobia es un término manipulado y equívoco que engloba realidades que no pueden compararse. Por un lado, el odio al diferente (a pesar de que etimológicamente signifique el odio al igual) que es tan antiguo como la propia naturaleza humana y nos lleva a temer lo desconocido y odiar lo excepcional, en el sentido de aquello que se sale de la regla común. Así, la homosexualidad como condición sexual minoritaria y extraña ha sido tratada y afrontada de diferentes maneras según el momento histórico y el contexto cultural. Esta forma de discriminación, que puede manifestarse en expresiones que van desde la negación de un trabajo por el mero hecho de ser homosexual pasando por la violencia física sobre el individuo hasta ser castigado con la pena de muerte debido a esa orientación sexual, constituye un acto deleznable y perseguible con el Código Penal en la mano de cualquier país occidental.

Pero, por otro lado, el término homofobia engloba todos aquellos juicios y opiniones que no asumen la agenda política que ha establecido esa casta de dirigentes que también vive en las faldas del Estado a costa de los impuestos de los contribuyentes. Esta confusión terminológica es la que proporciona los recursos necesarios y la legitimidad suficiente para crear una policía del pensamiento que, como en la distopía de Orwell, vigila más allá de los actos para controlar cualquier disidencia que ose rebatir las verdades oficiales. Las opiniones y objeciones morales podrán gustar más o menos, pero son, en cualquier caso, legítimas y forman parte de una elemental libertad de expresión y conciencia.

Con este mecanismo de protección, no al homosexual sino al colectivo, se levanta lo que algunos han denominado como homosexualismo, una ideología progresista que pretende modelar la moral pública utilizando los resortes del Estado, una visión totalitaria que quiere transformar el Hombre en un nuevo ser. Para ello, cualquier visión alternativa o resquicio de moral previa debe ser empujada hasta los margenes del sistema haciéndola incompatible con la vida buena que se ordena desde esta élite iluminada. Es la vieja aspiración de todas las ideologías progresistas que prometen el paraíso en la Tierra, aquí y ahora, sin importar la destrucción que puedan dejar en el camino, que, en este caso, se traduce en vidas y aspiraciones rotas al reducir la complejidad humana a una característica privada e íntima como es la sexualidad. 

El Orgullo que predica el colectivo es el de la visibilidad ruidosa y colorida que ilumina lo que generalmente y en casi todas las sociedades permanece en la alcoba. Bajo esta perspectiva no queda lugar para aquellos que quieren demostrar su orgullo no por su orientación sexual, que al fin y al cabo es un accidente más de la vida, sino por lo que pueden llegar a hacer. Una alternativa perseguida sería  la de invisibilizarla, no para esconderla debajo de la alfombra sino para resaltar la verdadera igualdad, pues ser homosexual, heterosexual o bisexual no aporta mayores o menores dignidades ni derechos; éstos, sólo los tenemos en cuanto a Hombres. Es decir, contraponer el objetivo de una Sociedad Abierta en la que la excepcionalidad es tolerada aun cuando contradiga a la mayoría, en lugar de convertir lo excepcional un un modelo a seguir para la mayoría como pretenden los dirigentes del colectivo.

La pesada losa del colectivo recae sobre el individuo, aplastando todo cuanto le hace único, diferente y, de alguna forma, maravilloso. Es una lástima que esa minoría de individuos dejen que su voz quede secuestrada por un colectivo uniformador que sólo está interesado en manipularos y conservar sus privilegios de acuerdo a sus fines políticos. Han pasado de perseguidos a ensalzados, cuando deberían haber aspirado a la indiferencia -en el sentido de neutralidad- pues tan sólo han servido como sacrificio en el altar del homosexualismo mientras que otros recogían los frutos.