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Etiqueta: Libertades propiedad y estado de derecho

Javier Marías se acuerda de la libertad

Ya saben, "el que no esté colocao, que se coloque y al loro". Se defendía con saña la disolución de la moral al grito de franquista el último. No es que me parezca fetén, pero guardo cierta simpatía por aquél desmadre, excepto en el apartado químico.

Ahora los progresistas son de una moral entre victoriana y calvinista, de una severidad que dejaría al cardenal Goma por un cachondo. Exudan un paternalismo laico que es incluso más empalagoso y más cursi que el otro, y que es menos respetuoso con la vida privada. Lo de prohibirnos el vino quedó en un quiero y no puedo de la ministra Salgado, pero la cruzada contra el tabaco sigue en plena forma y la imposición del decoro y las buenas costumbres en la tele da sus primeros pasos.

Es una evolución lógica. La izquierda abomina de la libertad y quiere sustituir nuestras decisiones por las suyas. Por eso para ellos tener el poder es una exigencia ética y el que sean otros quienes lo ostentan, un atentado a la democracia. Se quieren gastar nuestro dinero, mandar a nuestros hijos a colegios diseñados por ellos, entrar en nuestra cocina y nuestra cama, y no nos dejan ni a sol ni a sombra.

¿Y qué fue de aquella izquierda que hablaba de libertad en las costumbres (y de socialismo en todo lo demás)? No lo sabemos. Pero aparece Javier Marías criticando este domingo en El País El gubernamental desprecio por la libertad. Para criticar al Gobierno, tiene que pagar el peaje Aznar, es decir, soltarle un buen mandoble al otro por aquello del qué dirán. Cierto que el artículo es blandito, pero ya era hora de que algún progre se acordase de que en algún momento de su vida defendió la libertad en esta parcela de la vida.

Es verdad que bajo el zapaterismo, la libertad "ha resultado ser una libertad de quita y pon, falsa y condicionada". Condicionada a lo que se le antoje al poder. Es decir, que es una servidumbre disfrazada de todo lo contrario. Es la libertad del que manda para decidir sobre nuestras vidas. Javier Marías. Se empieza criticando que el Gobierno nos prohíba fumar y, quién sabe, a lo mejor acaba pidiendo (con peaje Aznar) que nos deje educar a nuestros hijos como nos dé la real gana.

Asesinato ideológico

El pasado 11 de noviembre de 2007, un grupo de nuevos nazis se reunieron en Madrid para corear sus lemas. Otro grupo de personas, demasiado contrarios a éstos como para no parecerse, decide acudir a la misma concentración, pero para reventarla. Los dos grupos respiran la misma violencia y alimentan su odio por las mismas razones. Ideológicas, es decir.

Se produce el encuentro y las rituales muestras de violencia. En ambos casos se ejercita la ideología, pues su argumentario incluye manuales para el combate. Sólo se juega con la idea de llegar hasta el final. Pero este rito es peligroso. Carlos Palomino, con la efervescente adolescencia potenciada por su ideología anti, se enfrenta a Josué Estébanez, que se dice a sí mismo que no piensa tolerar a ese rojo y le asesta una puñalada certera y mortal.

Recientemente hemos conocido la sentencia, de 26 años de cárcel (ya serán menos) para Estébanez. El juez ha valorado un agravante, con resonante éxito de crítica y público: se trata de un asesinato con “motivaciones ideológicas”. No cabe duda. ¿Qué sabía Estébanez de Palomino aparte de que éste era un anti? Es más, ¿por qué se acercó Palomino a Estébanez a increparle sino porque éste era un neonazi?

Todo ello es claro. Hay una motivación ideológica. Y hay una congruencia entre el uso de la violencia, ritual o no, y la ideología. Hay un camino ideológico al crimen. Lo que no está tan claro es que la ideología tenga que ser un agravante. La justicia debe tratar de hechos objetivos, no de motivaciones. Además, dado que la ideología es un conjunto, no necesariamente coherente, de ideas, sus lindes están demasiado borrosos como para que puedan adaptarse a las necesidades de una justicia que merezca ese nombre.

Un hombre mata a su mujer porque le ha dejado por otro. O la mata porque su ideología le dice que ella le pertenece y tiene derecho sobre su vida. La ideología es a veces un vehículo inaprensible. Y lo que cuenta es el crimen, que es el acto criminal y no sus motivaciones. Pues, una vez entramos en las motivaciones, se puede hacer un recorrido en ambos sentidos. Las “buenas intenciones” de las ancianas de Arsénico por compasión les absolverían de sus crímenes en serie.

Además, de considerar a una ideología un agravante a considerarla un crimen hay sólo un paso. Y no es muy largo. De hecho lo ha dado Esteban Ibarra, al declarar: “Ahora toca hacer frente a las webs neonazis”. Y eso que preside una asociación que se llama Movimiento contra la Intolerancia.

La desigualdad y la crisis

Para perpetrar su engaño ofrecen presuntas evidencias empíricas en forma de estadísticas que deberían mostrar que la desigualdad económica ha crecido y sigue creciendo muy rápidamente, y luego se inventan un mecanismo causal para conectarla con la crisis financiera mediante la expansión crediticia a los más pobres.

Algunos estudios empíricos analizan la renta media de los hogares, y los obsesos de la igualdad, quizás algo cortos de vista y entenderas, olvidan que el tamaño y la composición de los hogares ha cambiado en las últimas décadas: ahora son más pequeños, más gente vive sola, con menos hijos, se casa más tarde, o están divorciados o viudos durante más tiempo por el incremento de la esperanza de vida.

Casi todos los estudios se refieren a distribuciones estadísticas de los grupos de renta, y algunos incautos podrían creer que estos grupos son estáticos y están formados siempre por las mismas personas, de modo que la evolución de un grupo refleja los cambios históricos de las personas que pertenecen a él para siempre: siempre los mismos pobres, la misma clase media y los mismos ricos. La verdad es que los individuos suelen comenzar su vida laboral desde abajo, con ingresos pequeños, y según adquieren experiencia profesional van incrementando sus salarios.

Algunos analistas comparan los ingresos por salarios laborales con los ingresos por rentas del capital como si hubiera dos conjuntos disjuntos, por un lado trabajadores que sólo reciben su sueldo y por otro capitalistas que sólo ingresan rentas, cuando gran parte de la población pertenece a ambos grupos, trabajan y ahorran (acciones, fondos de inversión, planes de pensiones), y pueden cambiar la distribución de sus ingresos sin que aumente la desigualdad entre las personas.

Algunos estudios no consideran pagos en especie (seguros médicos) o servicios sociales (sanidad, educación) fruto de la redistribución estatal de la renta, llegando incluso a asegurar que las prestaciones sociales se están reduciendo (cuando no paran de crecer) y que los servicios públicos son cada vez peores (lo cual puede ser cierto por la mala calidad de los servicios de prestación funcionarial, pero no porque cada vez se gaste menos dinero público en ellos).

Si el socialista o comunista incompetente de turno es aun más necio de lo normal puede llegar a olvidar que, a pesar de las posibles diferencias relativas, los ingresos absolutos tienden a crecer para todas las personas y todos los grupos, y entonces afirma con total descaro que las clases populares han visto reducidos sus ingresos, o sea que viven hoy con menos ingresos que en el pasado. Y aquí conectan falazmente con la crisis crediticia: sólo han podido incrementar sus consumo mediante el endeudamiento, una treta insostenible de las clases altas para seguir explotándolas.

Con esta última memez no sólo muestran que están completamente enquistados en el espantajo de la explotación capitalista: ¿se ha obligado a alguien coactivamente a endeudarse? También olvidan cómo se ha comenzado y mantenido la expansión crediticia: mediante la manipulación monetaria de los bancos centrales estatales.

Disidentes, apoyos y silencios

Resulta totalmente imposible saber cuántos disidentes se enfrentan a diferentes dictaduras en la actualidad. Entre ellos hay quienes han hecho de ese plantar cara a la tiranía la causa central de su vida, mientras que otros tan sólo han participado de forma esporádica en alguna protesta o se han limitado a escribir unas pocas líneas críticas en un blog o a hacer una pintada amparados por la noche. Sin embargo, todos ellos tienen algo en común: la tiranía a la que se enfrentan desearía callarles de forma permanente.

Todo disidente corre el riesgo de acabar en prisión o incluso muerto en alguna zanja y dado por desaparecido oficialmente. Sin embargo miles, o puede que millones, de personas en todos los continentes están dispuestas a correr ese riesgo por su libertad y la de sus compatriotas. Y para todas ellas la presión de la opinión pública internacional y el apoyo de personalidades de otros países resultan fundamentales.

Los disidentes encuentran en ese apoyo externo, del que de una forma u otra suelen llegar a enterarse, un soporte moral que les permite seguir adelante incluso en los momentos más difíciles. Aquellos que sufren prisión u otro tipo de represalias por enfrentarse a los tiranos valoran profundamente cualquier señal de solidaridad de la que tengan noticia. En su Alegato por la democracia, Natan Sharansky cuenta el sentimiento de los presos políticos en las cárceles soviéticas al saber que Ronald Reagan se había referido a la URSS como el "imperio del mal": "Nos sentíamos exultantes. Por fin el líder del mundo libre había dicho la verdad, una verdad que ardía en el corazón de todos nosotros".

Pero las muestras de solidaridad con quienes se oponen a las dictaduras son importantes también por otra cuestión. Pueden convertirse en un elemento fundamental para que los disidentes no acaben en prisión o, en el caso de que ya lo estén, no terminen asesinados por el régimen tiránico de turno. Todos los dictadores desprecian la opinión de aquellos a los que oprimen, pero suelen estar muy preocupados por la imagen que de ellos se tenga en el exterior. Por ese motivo tienen mucho cuidado con el punto al que llegan en la represión de personas concretas de las que se habla en el exterior.

El doble valor de la solidaridad con los disidentes se incrementa cuando quien la muestra es alguien famoso o un destacado político. A pesar del desprestigio del Nobel (el receptor del galardón de "Paz" acaba de nombrar como directora de Comunicación a una mujer que tiene como filósofo político favorito al tirano chino Mao Tse Tung), la ganadora del premio de Literatura ha utilizado la repercusión que le ha dado el obtenerlo para una buena causa. Conocedora en propia piel de la realidad de los sistemas totalitarios, ha denunciado las dictaduras china, cubana, iraní y norcoreana. Además ha mostrado interés por un disidente chino que lleva meses desaparecido.

Ha hecho lo contrario que el ministro español de Asuntos Exteriores y Cooperación, Miguel Ángel Moratinos. Con sus encuentros con las autoridades de la larga dictadura comunista y su negativa a reunirse con disidentes lo que hace es estimular a la tiranía. Los hermanos Castro y sus sicarios saben que el Gobierno español será su principal lobbista en el seno de la Unión Europea para impedir que se condene cada nueva violación de los derechos humanos. Los disidentes también han recibido un mensaje alto y claro. El Ejecutivo de Rodríguez Zapatero no moverá un dedo si algo les pasa. El resto de lo que quiera o pueda decir Moratinos sobre esta cuestión es mera retórica vacía.

P.D: Nos sumamos una vez más a una movilización web por la libertad en Cuba, así que nos despedimos con un:

LIBERTAD DE OPINIÓN, DE ACCESO A INTERNET, DE ENTRAR Y SALIR DE CUBA; DE LOS PRESOS DE CONCIENCIA.

LIBERTAD PARA CUBA

No existe el derecho a internet

Eran esos derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad que escribió Jefferson en la Declaración de Independencia; los derechos reconocidos en las diez primeras enmiendas a la Constitución estadounidense. Derechos que luego se llamaron "negativos", y que en realidad eran libertades. Eran las formas con que se concretaba aquello de que cada cual puede hacer lo que quiera siempre que no dañe a otro.

Pero a lo largo del siglo XX, este concepto ha ido perdiendo su significado original. Se fue pasando, poco a poco, a considerar "derecho" a todo aquello que parece deseable y bueno. Así, dado que todos necesitamos un techo donde cobijarnos, nuestra Constitución reconoce el "derecho a una vivienda digna". El problema está en la interpretación. Si miramos ese concepto con las gafas de los derechos de toda la vida, esto no significa otra cosa que los poderes públicos no pueden interferir en nuestros intentos de hacernos con esa vivienda digna. Pero si el vistazo se lo echamos con anteojos socialdemócratas, significa que el Estado tiene derecho a violar los derechos de terceras personas para proveernos a nosotros de ese bien que se considera deseable.

Así hemos llegado al extremo de que Finlandia vaya a reconocer como "derecho fundamental" disponer de una conexión de 1 Mbps a internet. Traducido al idioma de las personas normales, significa que las operadoras de telecomunicaciones tendrán la obligación de dar esa conexión a un "precio asequible" (que habrá que ver cuál es) hasta en la más remota cabaña de Laponia. Como las operadoras tienden a no perder dinero, quienes pagarán semejante dispendio serán los demás clientes. El "derecho fundamental" se desvela así como lo que realmente es: una mera redistribución forzosa de renta, ni más ni menos.

El problema es que de tanto hablar que tenemos derecho a tal o cual cosa los derechos realmente fundamentales van perdiendo entidad y confundiéndose en el barullo. La banda ancha y la libertad de expresión al final terminan siendo lo mismo. Un Gobierno que se niega a pagarle la conexión al subvencionado del PER es igual de malo que el que encarcela a los bloggers disidentes. Por eso, pese a que los políticos empleen ese lenguaje porque siempre queda muy bien eso de la "ampliación de derechos a la ciudadanía", jamás deberíamos dejárselos pasar. Porque un derecho que te "amplía" el Gobierno no puede ser nunca un derecho.

No es un derecho fundamental

Pero a otros nos parece una tremenda tontería que demuestra una vez más la prepotencia de los políticos y que, en realidad, no crea una situación legal muy diferente a la que puede existir dentro de poco en España sin que se hable de derecho y sí se utilice la expresión (algo menos grandilocuente) de "servicio universal".

Por mucho que los poderes de los Estados pretendan que pueden hacerlo, ellos no tienen capacidad de crear derechos, y mucho menos esos que se suelen llamar "fundamentales". A lo sumo tienen capacidad de reconocerlos, puesto que los verdaderos derechos son previos a la acción estatal (que tiende a restringirlos aunque se pretenda lo contrario). Los auténticos derechos son esos que, como la vida, la libertad de expresión o la propiedad, no requieren de una acción estatal para ejercerse. Los restantes, por mucho que se empeñen en ponerles el mismo nombre, son otra cosa.

Para que alguien pueda decir lo que le plazca no es necesario que el Estado se gaste un euro. De hecho lo que cuesta dinero público es, como ocurre en las dictaduras, crear mecanismos que impidan el ejercicio de esa libertad. Sin embargo, llevar un ancho de banda determinado hasta la última casa de un país sí supone un gasto para alguien distinto del que va a disfrutarlo, ya sea el Estado o la compañía privada a la que se le obligue a hacerlo. No estamos, pues, ante un derecho.

Considerar además que la conexión a internet es un derecho fundamental es una estupidez supina. Equivale a pretender que si el Estado no asegura un acceso a la red a determinada velocidad está actuando de forma similar a cuando priva a alguien de libertad sin un proceso judicial adecuado, ejerce la censura o utiliza sus recursos para acabar con la vida de alguien. Eso es, simplemente, tremendo.

Los efectos reales de este nuevo derecho otorgado por el prepotente Gobierno finlandés además no son para tanto. No parece que vaya a regalar las conexiones. Más bien suena a que impondrá a las operadoras la obligación de ofrecer la banda ancha en cualquier lugar del país. No es muy distinto de lo que busca el Ministerio de Industria español. Hasta ahora la telefonía con acceso a internet está incluida dentro del "servicio universal" (tiene que llegar a todos los puntos del país) que Telefónica está obligada a prestar, pero no la banda ancha. Ahora el departamento que dirige Miguel Sebastián pretende introducirla.

El resultado del cambio propuesto por Industria sería el mismo que el del decreto finlandés, pero sin querer ir de creadores de derechos. Por cierto, que en ambos casos hay muchos perjudicados. Llevar la banda ancha a lugares remotos cuesta dinero y eso termina repercutiendo en la factura de todos los consumidores, no sólo en los que deciden vivir en medio de la nada.

Un recado para Zapatero

Por supuesto que ni el presidente del Gobierno ni su ministra de Igualdad se darán por aludidos, pero eso no significa que la concentración ciudadana carezca de utilidad. Antes al contrario, desaparecido el partido de la oposición en los asuntos polémicos como éste, se hace más necesario que nunca un gesto de la sociedad civil para decirle a Zapatero que no aceptamos imposiciones de tal gravedad sin, al menos, manifestar nuestro firme rechazo en la calle.

La reforma de la ley del aborto, llamada eufemísticamente de "salud reproductiva", además de un atentado contra la vida humana constituye un ejemplo perfecto de la doble vara de medir del socialismo cuando se trata de "velar" por nuestro bienestar.

Una de las razones esgrimidas por la ministra para justificar la redacción de esta ley es el número creciente de abortos que se producen en España, situación que los socialistas consideran inaceptable y razón por la cual estiman conveniente facilitar más aún el acceso a este servicio mortuorio con cargo a la Seguridad Social. Sin embargo, cuando se trata de reducir el número de fumadores el Gobierno hace todo lo contrario, restringir al máximo el derecho de los ciudadanos a ejercer nuestro derecho a fumar. Por otro lado, si un político propusiera rebajar la edad para comprar tabaco hasta los dieciséis años la tormenta mediática lo fulminaría de inmediato, pero tratándose del aborto todos nos felicitamos de que también las niñas puedan ejercer ese "derecho" a cuidar su "salud reproductiva" sin consentimiento de sus padres, no sea que la hagan cambiar de opinión.

Esta reforma legal no va a reducir el número de abortos practicados en España sino que lo previsible es que se dispare de forma exponencial, que por otra parte es lo que corresponde a una sociedad tan exenta de resortes morales como la nuestra. Más de cien mil seres humanos son asesinados anualmente en el seno materno de la forma más cruel entre el aplauso de la izquierda, que considera esta salvajada un excelente vehículo para caminar por la senda del progreso iniciada tras la llegada de Zapatero al poder.

No sabemos si la manifestación de este sábado será o no un éxito, pero si al día siguiente los medios afectos al PSOE acusan a los curas y la derechona de haber organizado esta revuelta pacífica contra una decisión legal del Ejecutivo, podremos estar seguros de que el Gobierno, con ZP a la cabeza, ha acusado el rejonazo. Al menos esa satisfacción no nos la va a quitar nadie.

Cuando Haydn escogió la libertad

Joseph Haydn fue, a su modo, un lacayo ejemplar. Su biografía ha resultado siempre muy poco atractiva a los románticos. Cumplir casi ininterrumpidamente treinta años al servicio de una neo-feudal familia húngara –los Esterházy– afincada en los limes del imperio de los Habsburgo, hacerlo de forma intachable y sin mostrar el menor atisbo de desafío o rebeldía (como sí hicieron Mozart o Beethoven) es decepcionante para almas novelescas.

La condición servil de Haydn en aquella inmóvil y sofocante sociedad del Ancien Régime le imponía, entre otras muchas obligaciones, componer a requerimiento de sus patronos. Además, según contrato, sus criaturas artísticas serían propiedad exclusiva de los Esterházy. En su obligado retiro dorado fue desgranando, con fertilidad sobrecogedora, obras maestras en todos los géneros musicales.

Pese a estar Haydn físicamente separado del mundo, era una toda una celebridad en Europa. Su música se apreciaba mucho y, desde hacía años, sus admiradores coetáneos habían hecho caso omiso de la prohibición principesca de divulgar su música sin su nihil obstat. Excepto unos pocos encargos oficiales, fue profusamente copiada, publicada y pirateada por doquier sin su consentimiento. Los derechos de autor estaban en pañales.

Sólo al final de su carrera, su vida dio un giro inesperado. Al morir un año después de la Revolución francesa su principal empleador, el príncipe Nikolaus, le sucede su hijo Antal que profesaba escaso interés por los asuntos filarmónicos, por lo que no dudó en licenciar a todos los músicos que su padre, gran melómano, tenía contratados.

De regreso a Viena, el desempleado compositor estuvo sopesando qué hacer. Muchas cortes europeas le cortejaron. El que más cerca estuvo de firmar un contrato con el afable y pulcro Haydn fue Fernando IV de Nápoles pero, ante la perspectiva de un empleo seguro y sin riesgos, se entrometió el violinista y empresario Johann Peter Salomon, radicado en Londres. Éste le propuso una aventura: realizar una gira de conciertos por Inglaterra.

El casi sexagenario Haydn, de origen humilde, sin haber visto nunca antes el mar y falto de toda experiencia en un mundo de profesiones liberales ajeno a la tutela aristocrática, accedió a la propuesta de aquel dinámico representante para sorpresa de sus allegados.

El 2 de enero de 1791 desembarcó en Londres, conglomerado urbano vasto y cosmopolita que cambió su vida. Era la ciudad más bulliciosa del momento. La actividad de una burguesía local evolucionada la hizo un lugar en que todo lo reclamado por la gente se convertía en business. La música no fue excepción. Muchos músicos acudieron allí al calor de las oportunidades empresariales que se desplegaban. Un hijo de Bach, Johann Christian, organizó allí junto a un compatriota la primera sociedad privada moderna de conciertos.

Durante su estancia en Londres participó Haydn en abarrotados conciertos (de pago) en las diversas sociedades de conciertos que competían entre sí en las salas de la Hannover Square, en el King’s Theatre o en el Pantheon Theatre. Se le concedió el doctorado por la Universidad de Oxford y tuvo tiempo de tomar –en su escaso tiempo libre– clases de inglés.

No tardaría ni año y medio en probar de nuevo las mieles de la "dulce libertad", tal y como la denominó en su correspondencia. Realizó su segundo viaje a inicios de 1794 y sus nuevas actuaciones y desplazamientos fueron tan agotadores y lucrativos como la vez anterior. Hizo más amigos y vida social que en su Viena natal.

Debido a su experiencia londinense le sobrevino un memorable estallido de madurez creativa: sus últimas sinfonías y cuartetos, su concierto para trompeta, sus dos grandiosos oratorios y sus seis misas finales son un tesoro sonoro de vibrante optimismo y honda expresividad. Seguramente fue la de Londres la etapa más feliz de su vida.

Haydn regresó finalmente a Austria para desempeñar el papel de compositor sacro a las órdenes de un nuevo Esterházy, pero poniendo esta vez el anciano músico sus condiciones. Se jubiló luego a su casa particular en el distrito de Gumpendorf de Viena (hoy Mariahilf), pagada con los frutos de su trabajo en Inglaterra. Allí moriría unos años después durante la ocupación napoleónica de Viena, rodeado de una soldadesca revolucionaria que ya no era fiel a un rey sino al nuevo Estado y a sus virtudes republicanas. Venían con sus mortíferos ejércitos con la intención de "liberar" a Europa; incluida su añorada Inglaterra, primera nación del orbe en conocer una revolución política e institucional sin precedentes.

Zapatero contra el cine español

La idea de que el Estado puede crear empleo sostenible y riqueza desviando fondos del mercado a proyectos que los ciudadanos no financiarían voluntariamente, suena a chiste para cualquier persona que haya pasado por un curso de introducción a la Economía.

Hasta ahora sólo conocíamos los datos oficiales de empleo alemán en la industria renovable pero nadie había afrontado el reto de estudiar el coste de oportunidad de las gigantescas ayudas públicas a ese segmento del sector eléctrico. Un equipo de doctores en Economía del Rheinisch-Westfalisches Institut für Wirtschaftforschung ha venido a cubrir esta laguna. El resultado es, como no podía ser de otro modo, un jarro de agua fría para quienes esperaban que el caso Alemán contradijera las leyes de la naturaleza (económica). Alemania uso las mismas herramientas que España para ayudar a las renovables: precios tasados para la producción muy por encima del precio de mercado y obligación de compra para los distribuidores de electricidad.

Los resultados también son bien parecidos a los que se produjeron en nuestro país. Cada empleo verde ha costado a los alemanes la friolera de 175.000 euros, la prima a la producción solar supone ocho veces el precio de mercado de la electricidad, la prima a la energía eólica es un 300% el coste convencional de la electricidad y el coste neto de la subvención solar se estima en algo más de 53.000 millones de euros y el de la eólica en 20.500 millones. Los autores advierten de que si lo que se pretende es reducir las emisiones de CO2, no puede encontrarse una forma más cara. En la actualidad, las formas alternativas cuestan 53 veces menos en el mercado. En resumen, tampoco en Alemania ha sido capaz de hacer milagros con las subvenciones. La supuesta maravilla renovable alemana lograda gracias a las subvenciones públicas no pasaba de ser otro carísimo cuento verde.

De faisanes y otros bípedos

La novedad no es que los socialistas utilicen todos los apéndices del poder del Estado en beneficio propio, sino que el portavoz del PP denuncie pública y enérgicamente una situación de facto inadmisible en un Estado de derecho.

El chivatazo del bar Faisán es una canallada hacia las víctimas del terrorismo y un insulto a todos los españoles, además de un delito que la justicia debiera haber perseguido y castigado con ejemplaridad. En lugar de eso, la Fiscalía solicita el archivo propiciando que el Gobierno pase la última página del vergonzoso "proceso de paz" al que nos abocó Zapatero con la inconsciencia dañina consustancial al personaje.

Y por encima de todo este asunto sigue planeando la sombra rasputínica de Rubalcaba, profundo conocedor de las "cloacas del Estado" en definición de su anterior jefe. No sabemos cómo lo hace este hombre, pero está siempre en el epicentro de los asuntos más sucios que ocurren en España desde hace veinticinco años. Será una coincidencia, claro, pero el hecho es que desde el GAL, no hay desmán protagonizado por los socialistas en contra de los derechos y libertades de los españoles en que el apellido Rubalcaba no aparezca destacado.

Lo del chivatazo al responsable de las finanzas terroristas para evitar su detención, sin que tras su descubrimiento se haya sustanciado dimisión o cese alguno, es un jalón más en la trayectoria de un personaje con una de las biografías más sustanciosas que se recuerdan en el socialismo español, que ya es mucho. El PP debiera haber empezado a pedir con insistencia su cese treinta segundos después de que Zapatero anunciara el nombramiento. Tras cinco años solicitando su decapitación política y abandonando el parlamento cada vez que hiciera uso de la palabra, probablemente hoy no estaríamos escribiendo sobre este asunto.

Es hora de que el bueno de D. Alfredo cumpla su sueño de formar parte en la directiva del Real Madrid para viajar cada domingo con el primer equipo, pero como el presidente es del Barça, prefiere tenerlo en el Gobierno velando por la libertad y la seguridad de todos los españoles. De sobra sabe Zapatero que con la mirada rubalcábida en la nuca, Casillas pararía los penaltis aunque se los lanzaran con una pelota de beisbol.