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Etiqueta: Proceso político: tª estado elección pública y democracia

UPyD

Lo que nos importa es qué partido recibirá el voto mayoritario, quiénes tienen el suficiente apoyo como para obtener un eurodiputado, y cuál es el efecto en la vida interna de los partidos, PP y PSOE especialmente.

Considero que es urgente que desalojemos a los socialistas del poder, y el único partido que puede hacerlo es el Partido Popular. Y, hasta el momento, quien ha ganado las elecciones europeas en votos también lo ha hecho en las generales. Por eso es importante que el PP quede por encima de los socialistas en el recuento del 7 de junio.

Pero no es la única opción y es muy posible que no sea la mejor. Esta va a ser una prueba muy importante para UPyD, que se juega en no poca medida su futuro. Es un partido muy importante para nuestra democracia. Federico Jiménez Losantos siempre ha incidido, sin éxito, en la necesidad de que hubiese una izquierda liberal y democrática. Y el PSOE, como he aprendido con Zapatero, no tiene remedio. UPyD sí puede ser ese partido.

No se me diga que es socialdemócrata, porque lo es menos que el PP. Su presencia en la vida política es importante. Rompe la identificación de la izquierda con los nacionalismos disolventes y la de España con la derecha, y su discurso está lo suficientemente anclado en los derechos de los españoles como para dejarse llevar por los planes de transformación de España en otra cosa. Es una alternativa al PSOE dentro de la izquierda, bien que moderada. Y, por lo que se refiere al PP, también supone un freno a ese espíritu bizcochable que huele a kilómetros.

UPyD, con todo lo criticable que pueda ser, es una fuerza regeneradora de la política en España. Creo que merece la pena apoyarla en estos momentos.

Señales para un optimismo matizado

Desde luego, durante los últimos meses se han producido ciertas señales esperanzadoras. Primero, la bolsa estadounidense ha subido más de un 25% desde su mínimo anual; los tipos de interés en los mercados interbancarios han detenido su caída, lo que parece indicar una cierta recuperación de la demanda de crédito; y, sobre todo, los precios de las materias primas están aumentando con fuerza desde marzo.

Lo cierto es que todos estos indicadores deben ponerse en verde para que podamos hablar de recuperación. Recordemos que la crisis es fruto de la expansión crediticia no respaldada por ahorro que emprendieron los bancos privados de todo el mundo con el auxilio permanente de sus respectivos bancos centrales. Esta expansión crediticia insostenible provocó que la inversión aumentara mucho en determinados sectores (como la vivienda o la automoción) sin que correlativamente se incrementara la inversión en el resto de sectores necesarios para que los primeros siguieran siendo rentables.

Por ejemplo, durante estos años se vendieron muchos coches a crédito y, sin embargo, no se invirtió lo suficiente para lograr un incremento de la oferta de petróleo. ¿Consecuencia? El número de automóviles aumentó de manera significativa y, con él, la demanda de petróleo sin que lo hiciera su oferta. Los precios del crudo se dispararon y la actividad fabril se desmoronó ante los elevados costes. Pues bien, puede trasladar este fenómeno a casi cualquier otra materia prima: cobre, cereales, zinc, aluminio, hierro, carbón…

En otras palabras, tenemos un "cuello de botella" en el sector de materias primas que debemos corregir para seguir creciendo. Los keynesianos, que todavía siguen sin comprender la crisis, han venido afirmando que se han acabado las oportunidades de inversión y que hemos llegado a algo así como el punto máximo de desarrollo con el actual modelo productivo. Por eso Obama y su corte (también Zapatero, claro) llevan meses hablando sobre la necesidad de pasar a una "economía sostenible" que genere otro tipo de riqueza: una riqueza más social, ecológica y cultural que trascienda del bienestar material.

Milongas para no reconocer la realidad: la inversión en materias primas sigue siendo tremendamente rentable. Una rápida ojeada a los datos lo deja claro: en el mercado estadounidense hay más de 120 empresas en el sector de energético y de materias primas con una rentabilidad sobre los activos (ROA) superior al 10%. Unos datos excelentes si tenemos en cuenta que llevamos casi 12 meses con los precios del petróleo y de otros inputs básicos en mínimos de cinco años. No por casualidad ninguna empresa en este sector ha reducido significativamente su inversión (más bien al revés) en 2008 y 2009, al contrario de lo que predicen con absoluto desprecio de la vida empresarial los keynesianos.

El mercado, por fortuna, tiende a corregir los desajustes que en buena medida el Estado le ocasiona. Lo único que los individuos necesitamos para rectificar es tiempo y que los políticos no se metan demasiado en nuestras vidas. Hemos tenido lo primero –de ahí los avances en numerosos frentes– pero ni mucho menos lo segundo. Por eso, tal vez convendría matizar algo las señales de optimismo que antes apuntábamos.

Primero, probablemente el repunte del mercado de valores tenga más que ver con los precios absurdamente deprimidos que se alcanzaron en marzo que con una importante mejora de las expectativas a largo plazo. Y en todo caso no deberíamos olvidar que en 1933 y 1935 el mercado estadounidense aumentó más de un 50% sin que ello señalara, ni mucho menos, la recuperación económica.

Segundo, lo mismo puede decirse con respecto a que el tipo de interés interbancario haya dejado de caer. En efecto, en algún momento debía dejar de hacerlo y, por ahora, los tipos siguen siendo casi la mitad que en marzo, momento en que las expectativas estaban más deprimidas.

Y tercero, aunque la apreciación de las materias primas pueda ser uno de los indicadores más sólidos de mejoría (ya que apunta a una reactivación de la demanda sobre todo de inversión), hay un dato que no deja de arruinar este cuadro: el precio del oro también ha aumentado con fuerza desde abril. Dicho de otra manera, los inversores siguen desconfiando seriamente de la calidad de la deuda que se está creando (especialmente pública) y siguen refugiándose en el oro frente a un futuro que siguen sin ver libre de peligros.

En definitiva, es cierto que durante los últimos meses muchos agentes económicos han saneado su condición financiera y ello les ha permitido demandar más crédito para invertir en los sectores más rentables de la economía; pero al mismo tiempo el Estado se ha dedicado a crear más deuda basura que no ha dejado de incrementar el riesgo de impago del conjunto de las economías. Todavía quedan grandes áreas de la estructura productiva por reestructurar (simplemente hay que fijarse en España) y en este contexto de debilidad las sociedades difícilmente podrán soportar cargas financieras tan gravosas como las que los políticos les están imponiendo. Precisamente ése es hoy el riesgo más grande a día de hoy, que la burbuja de la deuda pública estalle y que se lleve por delante los ahorros de todos los individuos.

El futuro del libro

Quiera o no el Gremio de Libreros de Madrid, el eBook es una realidad, todavía minoritaria, que convive con el tradicional volumen de papel y que cada día va a cobrar más fuerza.

Con algunas excepciones destacadas, como ediciones con alto valor para coleccionistas y volúmenes con una altísima proporción de elementos gráficos muy elaborados y alta calidad de impresión, el valor de una obra literaria no está en el formato en el que se presente. Esto tan sólo es el continente. Lo realmente valioso de un libro es, por lo general, su contenido. Es cierto y comprensible que para muchos lectores el elemento material es fundamental a la hora de acercarse a una obra. El placer de pasar las páginas, de tocar el volumen con las propias manos es un factor importante para numerosas personas, pero no es el elemento fundamental de la lectura. La satisfacción última y más profunda se encuentra en lo que se lee, no en el soporte en que se hace. Ocurre lo mismo que pasó en su momento con la fotografía.

A muchos aficionados a esta última nos costó dar el paso de la fotografía tradicional, aquella de los carretes y la elección entre brillo y mate, a la digital. La nueva carecía de ciertos placeres propios de la vieja, como la emoción que causaba la espera para ver el resultado de una instantánea concreta en la que habíamos puesto especial cuidado. Sin embargo, al dar el salto nos dimos cuenta de que en esencia la satisfacción última que nos produce nuestra afición sigue ahí pero acompañada de ventajas antes no existentes.

El libro electrónico constituye, además, una magnífica oportunidad para las editoriales, en especial para las que pasan por apuros económicos y para aquellas que no son lo suficientemente grandes como para generar economías de escala que les permitan reducir costes por cada ejemplar producido. El margen de beneficio de estas empresas sobre cada libro tradicional vendido suele ser muy reducido. Además del pago al autor de la obra (que si es por derechos de autor suele ser una cantidad muy pequeña), tienen que hacer frente a gastos mucho mayores como la distribución, el almacenaje o la impresión (lo que incluye, entre otros elementos, el papel y la tinta) y el porcentaje de las librerías.

Si se populariza el libro digital, algo que antes o después ocurrirá, las editoriales podrán reducir la mayor parte de estos gastos en aquellas obras que se vendan en ambos formatos, tradicional y electrónico, y la totalidad de algunos de ellos en aquellas que sólo se distribuyan de forma digital. También puede ser una oportunidad para las librerías tradicionales, pues pueden encontrar maneras de ofrecer este tipo de libros a sus clientes (por ejemplo, mediante dispositivos que permitan una rápida descarga en el propio establecimiento o reforzando su presencia en internet).

El libro electrónico no supone una amenaza para el sector, más bien al contrario. Ofrece nuevas oportunidades, en especial a los más pequeños. Tan sólo hay que saber adaptarse. Esperemos que, a diferencia de las discográficas, libreros y editores sepan hacerlo y no luchen contra la realidad.

Esperanza

Todo un conjunto de medidas cuya factura será sufragada, íntegramente, por el bolsillo de los contribuyentes.

Sorprende ver cómo una privilegiada casta social se vanagloria de salvar la economía cuando, en realidad, ha sido la intervención financiera y monetaria del Estado la principal responsable de la actual situación. Pero no todos los políticos son iguales. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se ha convertido en el único referente ideológico digno de mención en España. Sobre todo, en materia económica.

Sus iniciativas han logrado algo inédito… ¡que los socialistas se vean obligados a bajar impuestos! Gracias a ella, el Impuesto sobre el Patrimonio y el Impuesto de Sucesiones y Donaciones han sido prácticamente derogados en este país. La presidenta madrileña abrió la veda de la competencia fiscal entre regiones. Las comunidades del PSOE tuvieron que imitar las medidas aprobadas en Madrid para tratar de frenar la fuga de capitales, empresas y rentas que sufrían sus respectivas haciendas autonómicas.

El pasado año anunció una medida "pionera" que consistía en ofrecer la "normativa más favorable" de España para las empresas e inversores que operen en la región. Además, apostó por la liberalización comercial y la participación del capital privado en la provisión de todo tipo servicios públicos. Una política valiente y sin complejos que ha convertido a Madrid en la región más próspera y competitiva de España, junto con los territorios forales.

No hay ninguna receta mágica. Su éxito radica en eliminar trabas a la iniciativa privada y estimular la competencia. De hecho, Aguirre no titubea en tiempos de crisis, un campo que parece abonado para la intervención política, y lejos de dar marcha atrás avanza firme por la senda de la liberalización económica. La Asamblea de Madrid otorgó la pasada semana luz verde a todo un paquete de rebajas fiscales en vivienda, matriculación de vehículos y actividades económicas. La austeridad en el gasto público constituye también una de las claves del talante aguirrista.

Visto lo visto, es una pena que no disponga de la capacidad necesaria para contrarrestar la nefasta política económica del Gobierno central. Estoy convencido de que Aguirre apostaría por limitar hasta el extremo la losa retrógrada y totalitaria de los sindicatos, así como por reformar en profundidad el mercado laboral para facilitar la recolocación de los trabajadores en paro.

¿Problemas de liquidez? ¿No llega a fin de mes? Aguirre lo tiene claro: "muchos ciudadanos no son conscientes" de la cantidad de impuestos que pagan. Y es que, un trabajador que cobra 1.100 euros netos mensuales gana, en realidad, 1.870 euros. El problema es que la Seguridad Social se come 600 euros todos los meses, mientras que el IRPF retiene 170. No obstante, el contribuyente medio trabaja 129 días al año, que se dice pronto, en exclusiva y a jornada completa para Hacienda. "El Estado, por una u otra vía, se queda con el 40% del sueldo de un trabajador medio".

Algunos dirán que ese dinero sirve para sufragar las prestaciones sociales. ¿En serio? En realidad, usted está pagando un servicio público de escasa calidad –atención sanitaria y educativa– a un precio de oro. La sanidad y la educación no son gratuitas, salen de su bolsillo, al igual que el subsidio del paro, los rescates bancarios, las ayudas a la compra de coches, las subvenciones agrícolas, el PER, las primas a las renovables o los préstamos blandos a empresarios amigos y promotores en quiebra. El Estado tan sólo redistribuye de forma arbitraria la riqueza que crean empresarios y trabajadores.

Sin embargo, más allá de las rebajas fiscales, animaría a la presidenta Aguirre a ir un poco más allá y, de una vez por todas, implantara en la Comunidad el silencio administrativo que tanto ansían los empresarios a la hora de iniciar una actividad. Ahora, más que nunca, es el momento de apostar firmemente por incentivar a los emprendedores. Es decir, la libre empresa frente al cambio de modelo productivo que pretende implantar por ley Zapatero. Tan sólo el ahorro y la iniciativa privada salvarán a España del desastre. Por suerte, aún queda Esperanza.

Contra el ogro filantrópico

De Jasay se estrenó con El Estado, libro que comienza con estas palabras, traducidas del inglés a nuestro idioma por Carlos Rodríguez Braun: "¿Qué haría si usted fuera el Estado?". Crecer en poder sin más límite que los riesgos que suponga para su propia supervivencia. Esa idea, brutalmente realista, le sirve para explicar esencialmente el comportamiento del órgano central de coacción. El Estado se desasirá de todas las ataduras que le queramos poner los liberales, y aumentará su poder sin más límite que los riesgos derivados de ciertos excesos.

Es un mensaje pesimista para quienes tenemos un mínimo de aprecio a la libertad, porque supone que los intentos por controlar el poder son totalmente ilusorios. Ya constató Hayek, en Derecho, Legislación y Libertad, que el constitucionalismo había fallado. Él mismo falló proponiendo, en la misma obra, una nueva forma de constitución. El Estado de Derecho es una contradicción en los términos, porque el primero se acaba devorando al segundo. Y con éste, a la libertad y a la justicia.

Este desolador panorama tiene, al menos, una ventaja. Y es que queda claro quién es el enemigo de la sociedad; es ese "ogro filantrópico" del que hablaba Octavio Paz. El Estado, por boca de los intelectuales, es como aquellos marcianos de Mars Attack, que mientras disparaban a la gente les gritaban: "No huyáis, somos vuestros amigos". Jesús Huerta de Soto, Francisco Cabrillo, Pedro Schwartz y el propio Rodríguez Braun, pusieron de manifiesto su admiración por el húngaro universal. Nunca son suficientes los amigos de la libertad. Pero tenemos de nuestro lado a los mejores.

Los intereses de la ministra Sinde

He ahí el primer problema, el papel del Ejecutivo no debería ser el de proteger los intereses de unos u otros, o hacer que estos colisionen lo menos posible entre sí. El único rol que le debería corresponder al Estado y sus poderes es justo lo contrario: la garantía efectiva de que no se vulneran los derechos de los ciudadanos –que es algo muy diferente a "crearlos"– y la igualdad de estos ante la ley.

Además, la ronda comienza con una tomadura de pelo. Para que resultara más evidente qué intereses quiere proteger en realidad, la ministra podría haberse reunido con las entidades de gestión de derechos de autor (nos referimos a que lo hiciera en público). En privado es más que probable que haya tratado ya con ellas estos temas, ya que al fin y al cabo perteneció a la junta directiva de una, además de haber sido presidenta de la Academia del Cine. Si lo que pretendía era disimular, podría haber comenzado por las organizaciones de internautas. Posiblemente no les hiciera demasiado caso, pero al menos se vería obligada a escuchar argumentos que probablemente no le gusten.

Sin embargo ha decidido empezar con los supuestos representantes de los consumidores y usuarios. Y son tan sólo "supuestos" por un doble motivo. En primer lugar, las organizaciones que se definen de esta manera tan sólo representan a sus miembros, nunca al conjunto de los ciudadanos (todas las personas son usuarias y consumidoras de todo tipo de productos y servicios). En segundo término, por el hecho de que con quien se ha reunido González-Sinde es con el Consejo de Consumidores y Usuarios, una entidad adscrita al Ministerio de Sanidad y Consumo. Es cierto que en él están representadas las principales asociaciones del país y que son ellas quienes eligen al presidente. Pero también es verdad que la elección es a propuesta del ministro del ramo.

La actual presidenta de esta entidad es la ex senadora y ex diputada europea Francisca Sauquillo, con lo que su función política es más que evidente. No se puede pretender que una ex legisladora del PSOE nombrada para su actual cargo a propuesta del Gobierno tenga algo parecido que ver con la independencia. Así, la ronda de contactos de González-Sinde ha comenzado con una gran mascarada. El Gobierno se ha reunido consigo mismo y nos tratan de hacer creer que lo ha hecho con los usuarios. La guionista metida a ministra habla de "todos los intereses", pero resulta evidente que tan sólo le preocupan los del Ejecutivo y los de sus palmeros del autodenominado "mundo de la cultura". Y, casualidades de la política, estos se corresponden con los suyos propios.

Socialistas contra el striptease

Una muestra más de paternalismo por parte de un Estado que se arroga el derecho a educar a la sociedad en el "buen gusto" y cree que los ciudadanos no somos lo bastante maduros para decidir si pararnos delante del escaparate o boicotear la campaña comprando Coca-Cola.

El striptease en Preciados consiste en dos jóvenes quitándose prendas hasta quedarse en ropa interior. No es precisamente pornografía y no se hace en la calle, sino en propiedad privada. A quien no le guste no tiene más que mirar hacia otro lado, nadie le obliga a detenerse delante del escaparate para ver la función.

Puede argüirse que el striptease produce una externalidad negativa sobre los transeúntes que circulan por la calle pública y se sienten ofendidos o incomodados, porque corrompe los valores tradicionales o no es de su gusto. Pero si la mera molestia u ofensa moral fuera motivo suficiente para prohibir una acción, entonces todas las acciones sería susceptibles de ser prohibidas. A un nivel similar al del striptease en el escaparate estaría el top less o el bikini en la playa, una pareja besándose apasionadamente en el parque, las portadas de la revistas porno en el quiosco, la chica que se pasea en minifalda y transparencias, o la vecina que se desnuda en su habitación sin correr las cortinas. Pero sería arbitrario limitar las potenciales externalidades negativas a este puñado de ejemplos. El mero conocimiento de que una acción que desapruebas está teniendo lugar puede ser causa de malestar o disgusto, luego todo queda al alcance de los prohibicionistas.

Los que defendemos la libertad individual entendemos que la gente tiene derecho a hacer con su cuerpo y su propiedad lo que quiera mientras respete el mismo derecho en los demás. Da igual que nos disguste o no estemos de acuerdo con su curso de acción. Los colectivistas, por el contrario, sienten el impulso de imponer al resto su particular concepción de la vida buena.

Es cierto que hay externalidades negativas que pueden considerarse agresiones o interferencias sobre la propiedad ajena, como la polución o el ruido extremos. Los límites no siempre pueden establecerse de forma nítida a priori, pues estamos hablando de continuums (de la barbacoa del vecino a la chimenea industrial, o de los críos jugando en el jardín a la macrofiesta techno a las 3 de la mañana) y su componente práctico hace que sea inadecuado tratar esta cuestión en abstracto, desde la teoría.

Pero esas externalidades negativas son severas y claramente interfieren en el uso que la persona hace de su propiedad, como podría hacerlo cualquier otra agresión convencional en la que se utiliza la violencia de forma explícita. La interferencia en el uso de la propiedad es lo que justifica la prohibición en el marco del liberalismo, que prescribe normas para que la gente pueda perseguir sus fines sin obstruirse mutuamente.

En el caso del striptease, estamos hablando de una externalidad negativa visual, cuyo efecto es subjetivo y en todo caso leve y evitable. Quedarse en ropa interior en un escaparate no restringe la libertad de actuación de terceros, quienes pueden seguir persiguiendo sus fines usando los medios en su poder igual que antes.

Santín dice que el striptease es "vejatorio" y "denigrante", pero se trata de un intercambio voluntario por el que unos modelos atractivos se prestan a quedarse en ropa interior a cambio de una remuneración.Todas las partes salen beneficiadas, o no habría acuerdo. Además, a los modelos seguramente les gusta lucir su cuerpo y a los espectadores verlo. Quizás Santín se considera moralmente superior por no llevar poca ropa en el trabajo, pero su labor como portavoz en una concejalía que no debería existir está mucho más cerca de atentar contra la vulnerabilidad de las personas que un inofensivo striptease.

Luego está la objeción de los niños, un recurso que muchos prohibicionistas utilizan para privar de libertad a los adultos. ¿Acaso no perturba un striptease a los menores inocentes que pasean por Preciados? Pues lo dudo, y en todo caso menos que los videojuegos de guerra que tienen en casa, las películas violentas que ven por la tele o las webs de todo tipo que visitan en internet. Quien crea que esto es un reflejo de la degeneración social de Occidente y escapa al control de los padres siempre puede emigrar a Arabia Saudita, paradigma del progreso y la civilización, donde estas obscenidades no están toleradas.

En cualquier caso, es inevitable que haya desencuentros y controversias si en parte el objeto de la discusión es un espacio que es "propiedad de todos". Privaticemos la calle Preciados, repartiendo acciones entre los comerciantes y vecinos, y se acabó la polémica. Los nuevos propietarios pagarían por su mantenimiento y establecerían las normas de la calle de acuerdo con sus preferencias y las de los transeúntes, si lo que quieren es atraerlos a sus comercios en lugar de alienarlos. Santín ya no tendría ni voz ni voto.

La imposibilidad del cálculo económico en el sistema autonómico

La actual crisis económica y financiera de España es también una crisis estructural de profundidad y largo recorrido que, si se quiere resolver, debe afrontarse simplificando el modelo de administración territorial para poder reducir el tamaño del Estado Autonómico, sus barreras comerciales y sus arbitrariedades liberticidas.

El derrumbe del Muro de Berlín y la caída de los regímenes comunistas de Europa del Este, demostraron la imposibilidad de cálculo económico en una sociedad socialista, tal y como adelantó el gran economista austríaco Ludwig Von Mises en el año 1920. La dictadura de los medios de producción ha sido calificada por algunos autores como un socialismo "carnívoro" ya que dinamita los pilares de la sociedad civilizada. Pero, tal y como se explica en el ensayo El Regreso del Idiota, también existe un socialismo "vegetariano" que actúa de forma lenta aunque, también, implacable en las naciones donde se implanta.

El socialismo real actúa de forma rápida, creando de inmediato pobreza, hambre, muerte y destrucción. Significa la propiedad pública de todos los medios de producción, por lo que elimina de inmediato la posibilidad de cálculo económico de la población, ya que desaparecen los incentivos de los ciudadanos para emprender y embarcarse en negocios que suministren bienes y servicios competitivos y, en definitiva, que sean útiles para satisfacer las necesidades de la sociedad.

Sin embargo, el socialismo de mercado o social-democracia, que también puede denominarse capitalismo de Estado, deja un margen de actuación que es capaz de generar riqueza ante determinadas coyunturas mundiales, pero siempre en menor grado que un mercado libre, debido a la expansión del tamaño del Estado y a la multiplicación de sus trabas administrativas, a las exacciones sobre la hacienda de los contribuyentes y a toda una completa gama de arbitrios políticos: monopolios, oligopolios, precios fijos, concesiones, licencias, ayudas o subvenciones.

El socialismo de mercado interviene en la economía con regulaciones restrictivas de la competencia por lo que, como mínimo, dificulta el cálculo de los agentes económicos. Cuanto mayor es la intervención en los mercados, más se restringe el acceso de los ciudadanos al mecanismo de formación libre de los precios que permite obtener información clara para aprovechar las oportunidades de negocio y así proveer de bienes y servicios útiles a la sociedad.

De este modo, el socialismo de mercado pretendiendo "redistribuir" la riqueza y "guiar" los mercados, disminuye la propiedad privada y los intercambios comerciales, de forma que la población empleada en el sector privado debe sostener las ineficiencias públicas y los privilegios de las autoridades y los colectivos cercanos al poder. En cualquier caso, al restringir los medios de producción en manos privadas y mermar su completo desarrollo, se reducen las posibilidades de crecimiento socioeconómico de la nación.

Los perniciosos efectos del socialismolight, vegetariano, o de mercado crecen de modo exponencial con la expansión del tamaño del Estado. Una variante particular del mismo es el llamado Estado de las Autonomías y la inacabable concesión de competencias y recursos al nacionalismo. Es decir, el famoso "sudoku" del ex ministro de economía supone una nueva variante de socialismo de mercado, una nueva forma de intervencionismo descentralizado, que podemos denominar socialismo autonómico, en donde el poder de las regiones crece desmesuradamente.

Si se observan de cerca su fatal arrogancia, los actos inmorales que ejecutan sus fieles y la permanente discriminación sobre las personas de bien que sufren sus políticas excluyentes, el nacionalismo no deja de ser un socialismo de "clase media" que redistribuye la riqueza con criterios de construcción de una nueva "realidad nacional"; siempre al servicio de una casta política de la que viven cientos de miles de personas, físicas y jurídicas, surgidas al amparo de los personajes peor cualificados intelectual y moralmente dentro de la sociedad.

A largo plazo, los excesos autonómicos como la expansión del gasto público regional, el despilfarro de los recursos y las leyes restrictivas de la libertad de elección de los ciudadanos y del libre comercio sólo pueden acabar con la imposibilidad de establecer un cálculo económico eficiente entre todas las Autonomías.

Si antes de la Transición existía una "enfermedad grave" con recorte de libertades y con un tamaño de Estado por debajo del 25% del PIB, la inoculación del "cáncer" del sistema de organización territorial autonómica ha degenerado en una "metástasis" de 17 nuevos estados en crecimiento constante y desmesurado y, en coacciones sobre la libertad de los ciudadanos no-nacionalistas, con una expansión del gasto público que supera el 46% del PIB.

El cálculo económico requiere instituciones, como la propiedad, el libre comercio o el dinero, actuando libres y fuera del alcance del intervencionismo político, para maximizar el uso racional y eficiente de los recursos. Ante la actual crisis, conviene preguntarse si el Estado de las Autonomías es un lastre que hunde aún más nuestra economía, tanto por expandir el tamaño del Estado, sextuplicar los funcionarios o situar la cifra de parados cercana al 30% de la población activa en el año 2010, como por introducir barreras comerciales, redes clientelares y corrupción generalizados.

La sociedad civil debe reflexionar seriamente si las competencias autonómicas deben quedar estrictamente limitadas (o eliminadas), como única vía para que España recupere la senda del crecimiento económico y la prosperidad comercial que proporcionarían una creación intensiva de puestos de trabajo. Sin una reforma constitucional que lo limite y reduzca, el Estado de las Autonomías es un "muro infranqueable" para reducir los impuestos y la deuda, evitar las trabas al comercio, adelgazar el tamaño del sector público y evitar la discrecionalidad de las regiones a la hora de eliminar la igualdad ante la ley o recortar libertades sin que se aplique una tutela judicial mínima.

La salida del túnel de la recesión no parece vislumbrarse. Los peores temores se confirman con la probable aceleración de la hoja de ruta del cambio constitucional, lo que supondría la aplicación del ilegítimo e inconstitucional Estatuto de Cataluña. Su previsible aprobación por el politizado Tribunal Constitucional, augura una redacción "maquillada" para la prensa y los ciudadanos.

La ausencia de valores éticos y el "socialismo autonómico"de todos los partidos, se pagarán cada vez más caros con el descrédito institucional, la desvertebración territorial, el creciente intervencionismo que dificulta el cálculo económico y, por tanto, una mayor duración de la crisis económica en España.

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El iluminado de La Moncloa

Conviene analizarlas por separado para entender por qué todas ellas sólo nos hunden aun más en la miseria y no contribuirán, sino que dificultarán, a la recuperación:

  • 420.000 portátiles: Una de las medidas más sonadas y llamativas ha sido la de informatizar las clases de primaria con 420.000 portátiles. Es lógico que Zapatero haya pulsado esta tecla, ya que muchos economistas han atribuido, no sin cierta razón, la gravedad de la crisis actual a la pésima calidad del sistema educativo público. Por consiguiente, el presidente del Gobierno lo ha tenido fácil: más gasto en educación en forma de ordenadores se equipara automáticamente con mayor formación de los alumnos. Pero he ahí la primera falacia: los problemas de la educación no proceden de la insuficiencia de medios (en otro caso, la humanidad nunca habría prosperado: ¿con cuántos ordenadores estudiaron nuestros padres, abuelos o bisabuelos? ¿Cuántos ordenadores necesitaron los ilustrados o los científicos revolucionarios de siglos pasados para convertirse en lo que fueron?). Sólo si los alumnos ya salieran con una preparación magnífica del sistema público, la informatización de las clases tendría algún sentido: después de haber exprimido al máximo todos los recursos de los que ya disponemos, ampliémoslos. Pero desde luego, eso no sucede ahora. Y de todas formas, aun cuando estos ordenadores sirvieran para mejorar la calidad de la educación, ¿en qué ayudarían a salir de la crisis actual? Los alumnos que empiezan hoy la educación primaria tardarán entre 10 y 20 años en salir al mercado laboral con su supuestamente mejorada preparación. ¿De verdad esperamos que sean ellos los que promocionen la recuperación de la crisis actual? No. Invertir en educación es siempre una inversión a largo plazo (en este caso una mala inversión a largo plazo), y la crisis requiere soluciones a corto y a medio.
  • Subvención de 2.000 por vehículo: Es cierto que las fábricas de automóviles son uno de los motores de la economía española. Pero también son uno de los motores que se ha sobredimensionado durante esta crisis gracias a las alegrías crediticias de los bancos centrales y, por tanto, uno de los sectores que tiene que recortar sus excesos de capacidad productiva (¿para qué necesitamos producir miles de coches que no podemos vender?) y liquidar sus stocks de coches. La medida de Zapatero subvenciona a los fabricantes de automóviles para evitar que se reestructuren, esto es, para convertir el ajuste en un proceso más largo, lento y, por tanto, doloroso. Las compañías que sí están siendo competitivas y que deberían expandir sus actividades (es decir, las que tienen una rentabilidad mayor que las automovilísticos en estos momentos) serán lastradas con impuestos para sufragar estos aguinaldos. No es más que tirar dinero bueno sobre dinero malo. Por fortuna, la subvención pública en realidad sólo es de 1.000 euros. Los otros 1.000 son en realidad rebajas de precios que ofrecen los concesionarios para dar salida a su stock de coches. Sin embargo, ¿por qué el Gobierno subvenciona a los fabricantes y les evita que tengan que recortar los precios no en 1.000 sino en 2.000 euros?
  • Fin de la deducción a la vivienda: La deducción fiscal a la vivienda ha sido uno de los elementos que ha distorsionado la economía en los últimos años y que ha favorecido la burbuja inmobiliaria. Pero al contrario de lo que se piensa, no ha sido porque se incentivara la inversión en vivienda, sino porque sólo se incentivaba la inversión en vivienda. La fiscalidad sobre el resto de instrumentos de ahorro (especialmente las acciones) ha sido voraz y confiscatoria, de modo que todos los españoles han tendido a ahorrar en aquellos espacios que, como la vivienda, eran relativamente más libres. En esta crisis necesitamos por cualquier modo favorecer el ahorro, especialmente en aquellas inversiones con una rentabilidad más elevada. La solución no pasa por eliminar la fiscalidad privilegiada de la vivienda para igualarla por abajo, sino en extender esa fiscalidad privilegiada a todos los instrumentos de ahorro (plusvalías, dividendos y beneficios empresariales). La alternativa muchas veces no es entre ahorrar en vivienda o en acciones, sino entre ahorrar o consumir; de modo que si nos cargamos todas las deducciones fiscales al ahorro, los incentivos son a no ahorrar tanto como ahora, es decir, un desastre. De todas formas, que Zapatero haya retrasado la eliminación de la deducción de la vivienda hasta 2011 tiene uno claro regusto a ultimátum para los potenciales compradores: muchas personas no están adquiriendo hoy inmuebles porque esperan –con buen criterio– que en dos años sean más baratos. El presidente del Gobierno les está diciendo: "Muy bien, es cierto que los precios van a caer dentro de dos años, pero en ese momento yo os aplicaré un recargo fiscal que en buena medida compensará la caída, así que comprad ahora, mientras la deducción siga vigente". Un error: no conviene manipular las decisiones de las familias y los empresarios mediante la política fiscal agresiva. Los precios de las viviendas tienen que caer hasta que sea rentable su reutilización en los nuevos proyectos empresariales que vayan surgiendo (comercios, almacenes, alquileres, laboratorios…). Presionar para que se compren ahora las viviendas aun cuando no sea rentable hacerlo, sólo despilfarrará los escasos recursos de la economía española; encarecer a partir de 2011 los precios fiscales de las viviendas sólo reducirá los márgenes de beneficios de las empresas que decidieran quedarse con los inmuebles y utilizarlos en sus negocios, lastrando su creación de riqueza.
  • Reducción del Impuesto de Sociedades a las pymes que no despidan a ningún trabajador: La medida podría tener su sentido siempre y cuando no estuviéramos caminando hacia déficits públicos cercanos al 10% del PIB. Si los impuestos bajan pero no lo hace el gasto público, lo único que conseguimos son subvenciones encubiertas: todos los españoles tendrán que pagar los impuestos (vía deuda) que habrían pagado aquellas empresas a las que se les reducen. En este caso, se trata de una subvención desde los grupos económicos que siguen creando riqueza a aquellos que tienen que reestructurarse (despedir trabajadores y reducir actividad). Por tanto, esclerosis.
  • Crédito de 25.000 millones en economía tecnológica y verde: Dejo para el final la última fantasmada del presidente del Gobierno: 25.000 millones de euros para cambiar el modelo productivo de España. Es evidente que la estructura económica de España tiene que cambiar, reduciendo sensiblemente el peso de la construcción. Pero, ¿quién tiene que trazar la dirección del cambio de modelo? ¿El Estado o las empresas? El primero no se guía por consideraciones de rentabilidad: no le importa que los ingresos de las empresas superen los costes (en esencia, porque no tiene posibilidad de valorarlos todos), es decir, no le importa dilapidar los escasos recursos económicos de España. Las empresas, en cambio, se guían por márgenes de beneficios (los ingresos superan los costes): si se equivocan pierden dinero y quiebran (a menos que las rescate el Estado) y si aciertan van creando cada vez más riqueza. Zapatero está empeñado en adaptar España a sus preferencias, pero la economía española debe adaptarse a las preferencias de sus consumidores y acreedores. De hecho, hasta el momento tal sesgo ideológico ha sido catastrófico para nuestra sociedad: por ejemplo, la "apuesta personal" de Zapatero por las energías renovables ha provocado que padezcamos una energía cara que reduce nuestra competitividad y nuestro empleo. Incluso Sebastián ha terminado reconociendo el despropósito que han supuesto las renovables. Conceder 25.000 millones de euros al ICO para que dirija las inversiones, no según las necesidades de los agentes económicos, sino según el proyecto personalista y socialista del Gobierno es ruinoso: los amigos de Zapatero medrarán a costa del hundimiento de las empresas que no le gusten al régimen. Es el modelo de TVE: las telecos subvencionando a las televisiones. Por consiguiente, más despilfarro del ahorro que necesitaríamos para recomponernos y volver a crecer de manera sostenible y competitiva.

¿Para esto pagamos impuestos? ¿Para que un iluminado los dilapide arruinando a las empresas y a los trabajadores que generan riqueza?

Confirmado: ZP no estaba de coña

A grandes rasgos se trata de dar dinero a los que quieren cambiar de coche, suprimir la desgravación por adquisición de vivienda, darle píldoras postcoitales a las niñas, regular por ley la libertad religiosa (como en las teocracias musulmanas), luchar contra el cambio climático, faltaría más, y, como colofón, cambiar "el patrón de desarrollo económico", frase que queda bastante bien entre los iletrados de su cuerda pero que, a día de hoy, no sabemos qué significa exactamente.

Ah sí, si tiene usted un hijo en quinto de primaria que no aprueba ni la educación para la ciudadanía (lo que ya tiene mérito), no se preocupe. El ceporrín va a seguir suspendiendo pero estará muy entretenido en casa porque ZP le va a encasquetar un ordenata gratis total.

Zapatero ha demostrado una vez más que no sabe por qué se ha producido esta grave recesión, qué es lo que ha de hacer un Gobierno para evitar que se prolongue y qué debe evitar para no agravar la situación. Lo mejor de todo es que, además, todo eso le importa lo mismo que a un cineasta español el número de espectadores que paga por ver sus películas: aproximadamente nada.

En su primera réplica a Rajoy, plena de talante, el caballero al que han votado once millones de optimistas antropológicos recuperó los grandes asuntos que tantos réditos electorales le han proporcionado desde que un día le nombraron secretario general del PSOE. El resultado es un intento patético de volver a resucitar la imagen de una derecha crispadora, antipatriota, insolidaria, antisocial y carca, frente a la luminosa presencia del líder progresista que se preocupa por el bienestar cotidiano de todos y cada uno de los trabajadores con la única condición de que sean sindicalistas liberados de una organización "de clase" (de clase alta diría yo, tal y como está el patio).

Más gasto público, más intervención estatal, más despilfarro y menos dinero en el bolsillo de los ciudadanos y empresarios. A cambio, algún becario le ha colado en el discurso dos referencias tan liberales que ni siquiera Rajoy las hubiera utilizado: libertad de derecho de establecimiento para todo comercio minorista y progresiva liberalización del sector eléctrico. Pero no se preocupen, el pobre a estas horas ya debe estar despedido. Otro más a las listas del paro. Para que luego digan que estos debates no sirven para nada.