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El proyecto intelectual de Carl Menger

Carl Menger nació el 23 de febrero de 1840 en Galicia, una remota y recién adquirida provincia del Imperio de los Habsburgos. Su padre era un abogado de la nobleza y su madre procedía de una familia de comerciantes Checos. Menger estudió derecho en Praga y Viena. Tras licenciarse, trabajó durante media década como corresponsal de bolsa para un periódico gubernamental Vienés, donde observó que la evolución de los precios no guardaba relación con los costes de producción, uno de los principales principios de la entonces escuela clásica británica de pensamiento económico.

Menger, en su libro Principios de Economía, publicado en 1871, demostró que la fuerza motriz de los movimientos de precios eran los juicios de valor subjetivos de compradores y vendedores sobre la utilidad de los productos que intercambiaban, y no el coste de producción del producto. Con su libro, Menger contribuyó a una revolución marginal de la economía, que dio lugar a una nueva base para el pensamiento económico. Por esta razón, Carl Menger sigue vivo en los libros de texto sólo como uno de los fundadores del giro marginal en la ciencia económica.

En los libros de texto, lo más que se le atribuye es la fundación de la escuela austríaca de economía. Y eso que hasta mediados de la década de 1930, la Escuela Austriaca de Economía fue una de las escuelas más importantes de economía. Pero a raíz de la revolución keynesiana quedó relegada a los márgenes de la economía y ahora es una de las escuelas de economía más orientadas al mercado.

Las principales contribuciones de Carl Menger

La obra fundamental de Carl Menger fue más que una refundación de la teoría del valor. El verdadero objetivo de Menger era desarrollar una gran teoría evolucionista orgánica conservadora del desarrollo económico, en la que la determinación del valor basada en juicios de valor subjetivos individuales, la ley de la utilidad marginal y el fenómeno de la marginalidad fueran sólo uno de los bloques intermedios de construcción. De hecho, la obra de Menger es una de las grandes teorías que iluminan el curso del desarrollo social humano.

El concepto original mengeriano de evolución orgánica conservadora ha caído en el olvido. La idea de evolución orgánica pervive en gran medida como legado de Hayek, quién pertenece a la tercera generación de la escuela austriaca de economía.

La teoría evolucionista

La gran teoría evolucionista orgánica conservadora del desarrollo económico no es lo mismo que el conservadurismo político. En particular, no es idéntica a la imaginería difundida a menudo por los adversarios políticos del conservadurismo, que identifica el conservadurismo con la representación de intereses agrarios, clericales, ni a la concepción política sostenida a menudo por quienes se consideran conservadores, que identifica el conservadurismo con el modernismo y la decadencia de las grandes ciudades, con la resistencia al dominio de clase del capital y de los socialistas.

Este distanciamiento del conservadurismo político es tanto más importante cuanto que Menger evitaba tomar posiciones políticas. Casi nunca se pronunciaba sobre cuestiones políticas. Pero sus preferencias personales también muestran que no estaba interesado en una forma de conservadurismo político reformista que “parte de valores antiguos” y busca su transformación conservadora y orgánica. Nunca utilizó el conjuntivo “von” para denotar su rango nobiliario, y no aceptó el título alto-nobiliario que se le ofreció como tutor de Rodolfo, el heredero del trono.

Un período aperturista

Las ideas de Carl Menger (repito, nació en 1840), fueron concebidas en una época en la que las revoluciones de 1848 ya habían roto el dominio del conservadurismo feudal reaccionario. Habían sucumbido los ideales antiprogresistas que pretendían preservar el viejo orden aristocrático en Austria. La juventud de Menger coincidió con la era liberal conservadora del Imperio, la adopción del modelo inglés de libre comercio, industrialización y modernización.

El cambio de modelo a partir de 1848 trajo consigo un progreso sin precedentes. Abrió oportunidades hasta entonces desconocidas para el progreso individual y la movilidad social. El progreso y un pensamiento más liberal trajeron consigo una calma de reconciliación pacífica en la vida publica, cooperación y compromiso entre fuerzas anteriormente en conflicto en el imperio, uno de cuyos elementos fue la reconciliación austro-húngara de 1867. Austria también se abrió espiritualmente después de 1848, cuando se abolió la censura. Fue entonces cuando se publicó por fin en Austria el libro de Adam Smith sobre las causas del enriquecimiento de las naciones.

El libro de Adam Smith fue el primer éxito mundial que explicó y prescribió a los pensadores y políticos de la época los beneficios del libre comercio y les ayudó a comprender cómo Gran Bretaña se convirtió en el país más avanzado, más rico y la mayor potencia del mundo. Inglaterra también proporcionó una buena guía a quienes avanzaban hacia la industrialización y los mercados libres sobre cómo evitar la explosión revolucionaria al tiempo que se garantizaba la libertad económica, y cómo preservar el papel de las élites tradicionales en la sociedad y reconciliarlas con el tercer order emergente.

El conservadurismo austríaco

El pensamiento conservador austriaco, al igual que el conservadurismo inglés, no rechazaba la vía del desarrollo burgués. Bajo la influencia inglesa, el conservadurismo moderado austriaco era más equilibrado y antropológica y epistemológicamente correcto en su pensamiento sobre la libertad, la autoridad, la tradición y la razón que los pensadores de la Ilustración francesa, que se hacían ilusiones filosóficas sobre la posibilidad de una transformación social racional.
El pensamiento público conservador austriaco también era diferente del pensamiento público alemán, donde, como reacción a la Revolución Francesa y a las conquistas Napoleónicas, se hicieron dominantes el conservadurismo reaccionario y antiprogresista, por un lado, y las ideas del poder de la razón pura y del papel cuidador del Estado, por otro.

A diferencia de la filosofía alemana, el pensamiento conservador austriaco partía de la base y construía sus teorías a partir de hechos de la realidad existente. El pensamiento filosófico austriaco también se caracterizó por su visión del mundo como conocible, siguiendo a Aristóteles, y por tanto como susceptible de interpretación y de revelar sus leyes internas, en contraste con la filosofía especulativa alemana, que pretendía explicar los grandes hilos de la historia con un espíritu colectivista.

La idea de un desarrollo orgánico

La obra de Carl Menger también puede considerarse el fundamento económico de la idea conservadora del desarrollo orgánico formulada por Edmund Burke. Menger, al igual que Burke, creía en el desarrollo orgánico, en el desarrollo institucional espontáneo, y rechazaba el concepto ilustrado de formación y transformación racional del mundo. Menger creía que las instituciones se forman y cambian gracias a millones de acciones individuales. Una vez que alguien, o algunas personas, descubren una solución más eficaz, otros pueden adoptar, también puede convertirse en un patrón, y esa forma particular de comportamiento se institucionaliza.

Un elemento clave del concepto de creación de instituciones de Menger es que las instituciones surgen porque las personas cooperan y no actúan solas en el vacío. En otras palabras, Menger no negaba las entidades colectivas, las instituciones que forman una comunidad, sino que trataba de comprender su creación y transformación.

La visión del hombre

Edmund Burke y Carl Menger también comparten una concepción común del hombre: el modelo de hombre realista, basado en la experiencia empírica. Menger intentó crear una ciencia de la economía centrada en el ser humano. Karl Menger, hijo de Carl Menger, señaló en el prólogo a la segunda edición de la obra magna de su padre que, para éste, la naturaleza humana era el punto de partida de toda investigación científica teórica.

Menger consideraba al individuo como un elemento no simple; una partícula del organismo social, que puede situarse y clasificarse en una escala. No cree que esté sujeto al funcionamiento de los mecanismos económicos y sociales, a la rueda de las vastas e inmutables fuerzas intrínsecas. Menger basó su explicación económica del mundo en el hombre real, de carne y hueso. Es decir, un ser imperfecto, pero con deseos y sed de conocimiento, capaz de innovar, tal como lo conocemos de la vida cotidiana.

Para Menger, el hombre es dueño de sí mismo. Es inteligente, tiene voluntad, sabe mejor que nadie cuáles son sus propias necesidades y es capaz y está dispuesto a actuar para satisfacerlas; quiere mejorar su propia suerte. Es capaz de conocer su entorno, de aprender, de adquirir nuevos conocimientos, de descubrir y, por tanto, de mejorar su propio rumbo transformando su entorno.

Un método para la ciencia económica

Por eso, para él, el individuo es la base, la fuente y el fin de todas las instituciones sociales. A partir de esta visión del hombre construyó la cadena causal que parte del hecho de que el hombre busca la seguridad, la satisfacción de sus deseos y, al mismo tiempo, es capaz de aumentar sus conocimientos. Y muestra cómo estas dos cualidades inherentes al ser humano conducen al desarrollo de la propiedad privada, el intercambio y las cadenas de producción cada vez más largas y cortas de productores independientes, cuyo funcionamiento está condicionado al desarrollo de un intercambio basado en la economía de mercado.

La gran teoría evolucionista orgánica de Menger no es, sin embargo, idéntica al conservadurismo pragmatista de Burke, a pesar de todas las similitudes y puntos de partida comunes. Menger creía que la economía se rige por leyes que actúan a través de relaciones causales. Para Menger, la economía es una ciencia teórica cuya tarea consiste en descubrir las leyes y las relaciones causales entre los fenómenos económicos.

Un estudio formal del comportamiento de hombres reales

Menger quiso mostrar cómo la lógica de la división del trabajo y de las complejas cadenas de producción, que se desarrolla en respuesta a los deseos y necesidades humanas de conocimiento, conduce a la economía de mercado y al surgimiento de la sociedad moderna en el contexto de un desarrollo orgánico ininterrumpido. La gran teoría del evolucionismo orgánico de Carl Menger muestra el desarrollo inevitable de la economía de mercado a partir del hombre real de carne y hueso.

La principal tarea de Menger era revelar las leyes generales. Las fuerzas motrices del desarrollo económico. Cómo se desprenden estas leyes de las cualidades inherentes al ser humano. Las leyes económicas que rigen la acción económica del hombre y que, si se tienen en cuenta, servirán mejor a la seguridad, la cooperación y el consiguiente bienestar de los hombres.

El contexto de la obra de Carl Menger

El replanteamiento de la economía centrado en el ser humano de Menger, basado en una visión realista del hombre, era oportuno e importante en la década de 1870. La visión liberal y favorable a la cooperación por medio del comercio entre las naciones estaba siendo contrarrestada cada vez más, tanto en Inglaterra como sobre todo en Alemania, por tendencias que se oponían al modelo inglés de economía de libre mercado, y a la economía clásica que lo había sustentado. Quienes argumentaban contra el libre comercio explotaban la unilateralidad de la visión racionalista del hombre de los clásicos ingleses, basada en el afán de lucro, y el defecto fundamental de su teoría del valor, según la cual en el mercado se producía un intercambio de igual valor, medido por el coste de producción de los bienes.

El libro de Menger Principios de Economía Política fue publicado en 1871 cuando tenía treinta y un años. Su intención era la de restituir los fundamentos ideológicos del libre mercado, sobre una base más sólida que la que habían ofrecido los clásicos. No planteó su libro como una crítica frontal a quienes se oponían al mercado libre, sino como una defensa más fundamentada del mismo.

El papel de Adam Smith

De hecho, a quien sí critica es a Adam Smith, porque entiende que el escocés había llevado a la teoría económica por mal camino, y le había ofrecido a los críticos con una sociedad libre los instrumentos para atacarla. El principal objetivo de Carl Menger era corregir dos de los errores más importantes de la escuela Smith-Ricardiana de economía clásica: su visión unilateral y racional del hombre y su teoría del valor, según la cual el precio de los bienes en el mercado viene determinado a largo plazo por el trabajo necesario para producirlos.

Trató de refundar la economía corrigiendo la visión unilateral del hombre y la teoría errónea del valor de los economistas clásicos ingleses. Y al hacerlo, refutó tácitamente las diversas teorías económicas que limitaban el mercado y se oponían a él. Quiso refundar la economía para hacer inatacable y lógicamente irrefutable el mensaje más importante de la escuela clásica: el mercado, como mano invisible de Dios, es el mejor medio posible para que los pueblos y las naciones se enriquezcan y vivan en paz unos con otros.

Cooperación y progreso

El libre comercio permite que la cooperación a través de la división del trabajo conecte a miles de millones de personas que viven lejos unas de otras. La cooperación sin fisuras entre las personas y las comunidades humanas es un requisito previo para que la humanidad salga de un estado de barbarie y satisfaga en la mayor medida posible la necesidad de seguridad de todos y la satisfacción de sus deseos. La clave para ello, como decía Adam Smith, es nada menos que paz, impuestos bajos y justicia tolerante por parte del Estado. Y el curso natural de las cosas se encargará del resto. Pero cuando los gobiernos interfieren en la vida económica, no sólo impiden el progreso, sino que el gobierno se convierte inevitablemente en un poder tiránico opresivo y arbitrario.

Menger quería demostrar que la aparición del mercado y la producción de bienes para el mercado es una consecuencia lógica del deseo humano de conocimiento y seguridad. El libre mercado es el mejor medio posible para satisfacer los deseos de cada individuo de la forma más eficiente posible. El desarrollo del mercado es una ley general que, a través de vínculos causales, se generaliza inevitablemente, siempre que el Estado no obstruya la lógica del mercado imponiendo instituciones pragmáticas. Pues, según Menger, la intervención del Estado para restringir el mercado conduce al monopolio.

El monopolio impuesto por el Estado reduce el desarrollo económico y limita la posibilidad de que cada individuo satisfaga sus necesidades lo más plenamente posible. Se produce un deterioro del bienestar general. Un reducido grupo de empresarios que se benefician del Estado sólo prosperan a costa de todos los demás.

Conclusión

El libro de Menger forma parte de una serie de grandes exposiciones del mundo del siglo XIX que trataban de desentrañar cómo y por qué surgieron la sociedad de mercado y la sociedad industrial modernas, y de responder cuál era la mejor manera de dirigir esta sociedad insólita, nueva, en constante cambio y, por tanto, a menudo aterradora.

Menger también quería demostrar que una sociedad comercial basada en el intercambio mercantil, cuando el mercado funciona correctamente, no crea un mecanismo que conduzca al empobrecimiento de muchos y al inmenso enriquecimiento de unos pocos. Al contrario. El funcionamiento del mercado garantiza que no puedan crearse monopolios artificiales para proteger la riqueza de unos pocos e impedir el ascenso de muchos. Por esta razón, sostiene Menger, no existen contradicciones internas en la sociedad de mercado que hagan inevitable su colapso.

El mercado proporciona la forma más flexible de cooperación que puede garantizar la necesidad humana de seguridad y novedad en un mundo incierto, difícil de controlar por los individuos. En el mundo mengeriano, la fuerza motriz del desarrollo humano es la cooperación entre las personas y las comunidades humanas, no el conflicto, la lucha de clases antagónicas, como en Marx.

Ver también

¿Metodología? Hablemos de Menger. (Vicente Moreno).

La teoría de Carl Menger sobre la ganancia del empresario. (Andras Toth).

La ambivalencia de Menger sobre el ‘homo oeconomicus’. (Andras Toth).

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (XC): Milei y la prefiguración

El debate de la prefiguración es un debate recurrente en el interior del mundo anarquista. Simplemente, se refiere a cómo debería primero diseñarse y luego establecerse una hipotética sociedad sin estado. Esto es, en el primer caso, si se puede o no saber de antemano como debería ser una sociedad anarquista y después si se puede establecer algún tipo de plan o estrategia para llegar a ella desde la situación actual. El segundo caso se refiere no sólo a si es lícito o no usar medios estatales para construir una sociedad anarquista sino también a determinar si es posible hacerlo. Esto es, si las personas que componen los estados no sólo van a tolerar que se le eliminen los privilegios de los que hasta ahora disfrutan, sino que van a colaborar activamente en su desaparición.

Los debates sobre la prefiguración, si bien presentes en el anarquismo desde sus comienzos, se han reabierto con la victoria electoral de Javier Milei en la Argentina, conseguida en buena parte con el uso de la etiqueta anarcocapitalista en su programa. Se plantea en nuestros círculos si Milei podrá conseguir acercarse un poco más al ideal  de una sociedad ancap usando medios políticos para su consecución.

Prefiguración: ¿A la anarquía por el Estado?

El primer debate que hay que plantear sería entonces el de si se puede o no usar de la coerción para imponer un nuevo modelo de sociedad, en este caso sin estado. En principio no debería existir problema alguno en que un estado reduzca poco a poco sus funciones hasta extinguirse, preferentemente a través de medios democráticos.

Tampoco sería incoherente con un programa libertario que redujese o eliminase privilegios de a determinados grupos, aunque los obtuvieran por medios legales. A pesar de que esos medios distorsionarían el funcionamiento de los mercados o impondrían normas de conducta que violan la propiedad o la libertad de la ciudadanía. Es este un debate muy interesante, pues muchas veces en nombre de la llamada seguridad jurídica se quieren mantener monopolios o concesiones que, si bien en el momento de establecerse siguieron los cauces legales habituales en un estado intervencionista, no por ello son menos dañinos.

En el marco legal actual deberían dar derecho a indemnización. Pero en el marco de una sociedad libertaria no es algo que esté tan claro. Cabe discutir si las inversiones o mejoras llevadas a cabo en ese marco se pueden compensar. Es un viejo debate libertario sobre el que no me quiero posicionar en este breve texto, aunque entiendo que si un gobernante libertario quisiese acabar con el estado usando medios políticos tendría por fuerza que que quebrar acuerdos y principios llevados a cabo “legalmente” y, por tanto, este estado tendría que suspender los principios legales sobre los que se funda su propia legitimidad.

La Administración Pública de la privatización

Si no lo hace habría que continuar durante mucho tiempo con el viejo esquema y si lo hace pondría en duda la base legal sobre la que lleva a cabo su política. Y aquí radica uno de los principales problemas de una estrategia libertaria fundada en procedimientos democráticos.

Siguiendo con la cuestión de la prefiguración, un gobernante que elabore leyes o decretos con el fin de acabar con el estado necesita primero el apoyo de buena parte de la clase política para aprobarlos o sancionarlos. Pero precisa también de un aparato estatal (burocracias, policías, ejércitos…) que los haga cumplir. Esto es, puede privatizar empresas o organismos públicos, pero precisa de un aparato de hacienda, contables y administradores encargados de tasar esas propiedades y redactar los contratos con este fin.

Expertos en presupuestos deberán recaudar ese dinero para decidir en que forma devolvérselo a la ciudadanía o amortizar deuda pública. Las policías deberán mantener el orden en ese intervalo de tiempo para evitar que los críticos con las reformas se opongan a ellas de forma violenta, al tiempo que jueces y magistrados velen por la integridad y legalidad de esos contratos, frente a posibles impugnaciones. Es decir, para decretar medidas para desmantelar el estado seguirá haciendo falta un aparato político, como el congreso de la nación, judicial y administrativo.

Prefiguración: la cuestión de la rebelión del poder constituído

La cuestión es que estos actores, al ver como el gobierno rompe con sus compromisos muy probablemente teman que a ellos le acontezca lo mismo y sus propios contratos se verán rescindidos. Está por ver entonces si se sienten a su vez obligados a acatarlos y simplemente no los obedecen. Esto es, el gobernante libertario que quisiese hacer uso del aparato del estado para la prefiguración de una sociedad libre, se encontraría de repente sin los colaboradores necesarios para ejecutar sus medidas. De querer seguir contando con su colaboración tendría que seguir manteniéndolos en sus puestos, pero esto implicaría que la estructura básica del estado seguiría estando operativa.

De hecho, los ejemplos que conocemos de extinción de estados (algunos narrados en Final de partida, el último libro de Peter Turchin) acostumbran a ser resultado de guerras civiles, a intervenciones militares extranjeras o a ambas. El estado se desbanda por temor a algún enemigo. Queda un intervalo de tiempo en el que no existe estado alguno hasta que lo sustituye un nuevo poder. El caso de Cuba con Batista, que se rinde sin lucha y Fidel Castro ocupa una capital ya desprovista de su clase dirigente, o el análogo de Vietnam podrían ser buenos ejemplos.

No conozco ningún caso en que se haya debido a la voluntad explícita de sus gobernantes, por lo menos en los últimos decenios. Si bien no es lógicamente imposible que sea electo un candidato antiestatista, si que es mucho más difícil que este consiga que el resto del aparato estatal se preste sin resistencia a sus designios y decida disolverse.

El problema de la prefiguración

Lo que si puede hacer un candidato de este tipo son reformas significativas en algunos ámbitos de la vida económica y social, mejoras que mejoren sustancialmente el nivel de vida o la seguridad de la población, pero sin reducir sustancilamente el alcance del poder estatal. En el mejor de los casos podrá llevar a cabo una redistribución interna de las relaciones de poder dentro del estado, por ejemplo  liberalizando la economía pero reforzando el aparato policial o militar.  Esto si es factible e intuyo que será la estrategia del nuevo presidente argentino. El poder global del estado no disminuirá pero si se reducirá la intervención en algunos ámbitos, lo que ya sería para estar contentos.

Pero otro factor por el que es muy difícil que se pueda llegar a una sociedad sin estado desde el control del mismo es como apuntábamos más arriba el de la prefiguración. Para llegar a una sociedad anárquica es necesario primero definir con cierta precisión en que consistiría y segundo desarrollar algún tipo de plan para llegar desde la actual situación a esa sociedad ideal. Ambos supuestos son imposibles, al menos si partimos de lo que nos enseña tanto la teoría austrolibertaria del estado como la teoría austríaca de la planificación económica. No se puede saber a priori como se va a concretar una sociedad anárquica. Lo más probable es que se den muchas variedades de la misma, y desde luego no consistirá en una suerte de España, o Francia o Argentina sin estado.

Una nueva configuración del mercado

La escala de asociación humana será mucho más reducida, y aunque sigan perteneciendo a un espacio cultural o linguistico de tipo nacional, la escala de prestación de servicios de todo tipo se verá muy alterada. Es decir, no habría servicios como la defensa, la seguridad, el transporte o la sanidad diseñados a escala estatal sino que seguirían lógicas de tipo local o marcadas por la dimensiones de las empresas o entidades de tipo social que se encarguen de estas actividades. Algunas actividades podrán proveerse a escala mayor que las de un estado. Es el caso de las telecomunicaciones, y otros a escala inferior como ocurriría muy probablemente con la atención a los más desfavorecidos.

Se pueden tomar ejemplos del pasado o de otras localizaciones geográficas como inspiración para la prefiguración de una sociedad anarquista, pero no es posible desde circunscripciones como las estatales diseñar el futuro de entidades sociales de escala y lógica de funcionamiento distintas de si mismas. Se daría una suerte de proceso de descubrimiento empresarial, por usar un concepto austríaco, para implantar soluciones a los problemas que hoy atienden los entes estatales. Los estados tienen lógica política no económica por lo que es de prever que muchas cosas cambiarían desde la situación actual y de  estos rasgos del futuros no se pueden hacer predicciones a día de hoy.

El ejemplo socialista

Pero aunque por un casual se pudiese prefigurar la sociedad del mañana, se abriría el problema de qué medidas habría que tomar para alcanzarla. Esto implicaría algún tipo de plan sistemático de políticas por parte del gobierno, suponiendo, claro está, que fuese capaz de determinarlas y medir sus consecuencias.

Sabemos desde hace años de la imposibilidad de planificar a gran escala por el fracaso en la construcción de una sociedad socialista que pudiese, no ya superar, sino igualar el desempeño de una sociedad capitalista desprovista de planes y mandatos. El problema de la imposibilidad del cálculo o el problema de los incentivos en una sociedad de este tipo se reveló

Insuperable para todos los planificadores socialistas, muchos de ellos muy competentes técnicamente y a veces dotados de computadores muy poderosos (el libro de Francis Spufford, Abundancia Roja lo ilustra muy bien). Pues lo mismo acontecería en el caso de querer planificar una sociedad capitalista desde un órgano centralizado de coerción.

¿Planificar la anarquía?

No existió en el pasado ningún planificador que hubiese predicho cual iba a ser la forma actual de las sociedades capitalistas. Nadie previó las instituciones o los avances técnicos que configuran nuestro presente aquí, o en los países más avanzados dentro de este sistema, porque no son fruto del diseño de un legislador sino de millones de decisiones de miríadas de personas que a lo largo del tiempo ha contribuido a desarrollarlas.

De la misma forma, una sociedad anarcocapitalista no podrá resultar sino de las decisiones que tomen las sociedades desde abajo con este fin, siempre y cuando puedan contar con al menos un pequeño espacio para poder desarrollarlas. La creación de algún espacio autónomo, término muy querido por los anarquistas, en el que se puedan experimentar estos principios y luego si funcionan ser imitados en otras partes, exactamente igual que aconteció con el desarrollo del capitalismo, es quizá a día de hoy la mejor forma conocida de implantar en el futuro una sociedad de este tipo. Desde el estado se podrán, de hacer buenas políticas, hacer algunas cosas que mejoren la libertad, pero es muy improbable que una sociedad libertaria sea una de ellas.

Ver también

Algunos problemas con el anarcocapitalismo de Hans Hermann Hoppe. (Francisco Capella).

Más problemas del anarcocapitalismo. (Francisco Capella).

Derrotar militarmente a Vladimir Putin es la única solución loable

A punto de cumplirse dos años desde el comienzo de la invasión rusa, el impasse en que se hallaba sumida la guerra de Ucrania parecía desolador hace apenas unas semanas. No mejoraba esta situación el hecho de que la cabeza visible del régimen de terror selectivo ruso, Vladimir Putin[1],  fuera “rectificado” por su portavoz Dimitri Peskov, cuando aclaró al mundo que la guerra – palabra prohibida hasta ese momento en Rusia – continuaba porque se libraba contra “el conjunto de Occidente”.

Antes al contrario. Observábamos que el estancamiento de los frentes – con reminiscencias del sangriento transcurso de la I Guerra Mundial – se traducía en un incesante goteo de muertes y destrucción y una ventaja relativa para el ejército invasor. Parecía que la simpatía mayoritaria en el mundo libre hacia el país invadido no forzaba al ocupante a retroceder dentro de sus fronteras reconocidas por la comunidad internacional, sino que ralentizaba su despliegue por el territorio del Donbass perteneciente a Ucrania.

La ayuda material y financiera ya desembolsada para Ucrania por parte de la Unión Europea y sus estados miembros, por un valor total de 96 mil millones de dólares[2], más los 75 mil millones de dólares del gobierno de EEUU, se antojaban como insuficientes para repeler la agresión y forzar la retirada del ejército invasor.

Pánico en el Kremlin

Repárese, no obstante, en que, paralelamente al aparente desamparo para la causa ucraniana, se emitía una entrevista pactada entre el autócrata ruso y el periodista norteamericano Tucker Carlson[3] poco después de que el Consejo Europeo acordase el 1 de febrero un plan trianual de ayuda de 50 mil millones de euros[4] para adaptar al país a su futura a adhesión a la Unión Europea. Financiación y ayuda compatibles con otras vías bilaterales emprendidas por los propios países miembros de la UE y otros como el Reino Unido[5], Japón, Australia y Corea del Sur.

Asimismo, vistas las intrigas que tienen lugar en las cámaras del Capitolio, el alegato del dictador “nacional bolchevique[6]” se anticipaba unos días a la sesión del Senado de Estados Unidos (13 de febrero) que aprobó una reforma de su Ley de Seguridad Nacional, cuyas previsiones supondrían asignar un suplemento de gasto por importe de 60 mil millones de dólares para distintas acciones de apoyo militar a Ucrania[7]

Se entiende, pues, que la continuación de la ayuda de los países más desarrollados del mundo a Ucrania produzca auténtico pánico en el Kremlin. De ahí que el dictador ruso pida árnica y emplee otros ardides en comparecencias como la mencionada. Su propósito es resquebrajar la determinación de sus enemigos.

Vanguardia MAGA y obsolescencia tecnológica

No en vano, Rusia ha triplicado su ya abultado gasto de defensa hasta llegar a un 8 por ciento del PIB. Pese al triunfalismo del gobierno, es muy probable que, en realidad, la economía, basada en la explotación de hidrocarburos, no esté creciendo, y que las estadísticas se utilicen solamente como arma de propaganda al modo soviético. La producción industrial permanece estancada. Es un país con un gravísimo problema demográfico. Se estima que 800.000 jóvenes con la mejor formación han emigrado a otros países. Otros 300.000 han muerto en la campaña bélica.

Por lo demás, la inferioridad tecnológica de la maquinaria y el armamento rusos respecto a los occidentales que van llegando a Ucrania resulta palpable. Las dificultades para alzarse con la victoria sobre el terreno se incrementan.

Ciertamente, en el esfuerzo por quebrar la consistencia del pilar americano, Vladimir Putin ha encontrado la inestimable colaboración de ciertos ideólogos del movimiento MAGA[8] que sostienen las aspiraciones presidenciales de Donald Trump como candidato del Partido Republicano en las elecciones de noviembre de este año. De momento, el plan de ayuda no está asegurado. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, ha anunciado que impedirá que la reforma de la Ley de Seguridad Nacional que lo contiene sea sometida a votación por defectos de forma.

Las piezas del dominó

Todo ello es suficiente para entender como primordial el respaldo decidido a Ucrania por parte los países democráticos y más libres del mundo. Pero ha de contemplarse, además, cuáles serían las consecuencias si el régimen ruso de Putin obtuviera la victoria en esta guerra expansionista.

Supongamos que no se repeliera la ocupación de territorio ucraniano por la pasividad de las potencias occidentales, singularmente EEUU. ¿qué le impediría al poco tiempo recurrir a la guerra para anexionarse Transnistria en Moldavia, invocando la existencia de una población rusa mayoritaria? ¿Y después? Tenhamos en cuenta en lo que insisten países bálticos pertenecientes a la OTAN como Estonia, Letonia y Lituania. Los incentivos para que un régimen autoritario en busca de un enemigo exterior continuase su expansión hacia territorios con minorías rusas no cejarían.

Derrotar a Vladimir Putin, la única opción

Como colofón se añade el asesinato bestial de Alexei Navalny, el líder de la exangüe oposición rusa, en un remedo del gulag soviético. No falta el detalle macabro de negar la entrega del cadáver a la familia hasta tanto no borren las huellas del crimen. No ha sido el primer caso, sino uno más de la lista de opositores al régimen criminal de Vladimir Putin purgados antes que él. Anna Politkovskaya, Boris Nemtsov, Alexander Litvinenko, Ravil Maganov, Denis Voronenkov, Boris Berezovsky … Todos fulminados por el capricho de un déspota que no admite irreverencias.

Apenas un mes antes de la celebración de una pantomima de elecciones presidenciales democráticas, el ensañamiento por eliminar a los disidentes cualificados por criticar al régimen demuestra que Putin no entiende otra forma de ejercer el poder.  

Es por esto por lo que conviene insistir en que la derrota militar del régimen de Putin. Y debe entregarse, si sobrevive al conflicto bélico, a la Corte Penal Internacional para ser juzgado por crímenes de guerra y de lesa humanidad. También por otros crímenes relativos a la deportación ilegal de niños ucranianos a la Federación Rusa que motivaron la orden de arresto dictada el año pasado. Todo ello debe ser una solución prioritaria.

Para la coalición de países que hasta ahora han apoyado a Ucrania además es factible.


Notas

[1] En sucesivos discursos, Vladimir Putin anunció a sus súbditos que la “operación militar especial” se justificaba en el derecho a la legítima defensa de “las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk”. Lo contrapone al “genocidio que estaba perpetrando el gobierno nazi ucraniano”.

[2] De los que 30 mil millones corresponden a suministros y gastos militares.

[3] Cualesquiera que sean las opiniones que merezcan ambos personajes, recomiendo encarecidamente la contemplación de la entrevista para aquilatar la perfidia del dictador ruso. Convendría que Tucker Carlson aclarase si Putin conoció con mucha anticipación las preguntas que le formularía. Es evidente que trató de impresionar a una audiencia mundial con el aplomo de sus respuestas, por muy insidiosas y cínicas que éstas fueran. La mano de un experimentado equipo de asesores en la manipulación y propaganda (como los que suelen trabajar en los servicios secretos) resulta perceptible en las contestaciones. Pero siempre dentro de una cosmovisión historicista pedestre, fácilmente rebatible.

[4] De los cuales 33 mil millones corresponden a préstamos a tipos de interés bonificados y 17 mil millones a subvenciones a fondo perdido.

[5] Para el bienio 2024/25 el gobierno británico ha anunciado, aparte de otros programas de instrucción y aprovisionamiento de armas y municiones, una ayuda añadida de 2500 millones de libras esterlinas.

[6] Vladimir Putin ascendió al poder como vicepresidente designado por Boris Yeltsin en 1999 y luego como presidente. Putin se ha preocupado extraordinariamente por obtener una pátina de respetabilidad para su cleptocracia. Asume doctrinas sincréticas que han destilado en Rusia intelectuales como su hagiógrafo Alexander Duguin. En cualquier caso, podría definírsele como un nacionalista supremacista ruso. Acusa a los países que quiere sojuzgar del totalitarismo y la brutalidad que le caracterizan a él y a su régimen. Su empeño en “desnazificar” Ucrania alcanza ribetes siniestros en este sentido.

[7] Puede que esta reforma no fuera aprobada en una primera lectura por la Cámara de Representantes. Así, el trámite legislativo exigiría la constitución de un comité ad hoc. Estaría compuesto por delegados de ambas cámaras para negociar y acordar un texto. De otra manera, la reforma quedaría rechazada. Es importante destacar que la redacción actual prevé partidas de 13 mil millones de dólares para que el Departamento de Defensa adquiera armamento transferible al ejército ucraniano. Son casi 14 mil millones para la Iniciativa de Ayuda a la Seguridad de Ucrania (USAI). Consistiría en instrucción, equipamiento y asesoramiento militar para fortalecer la defensa ucraniana contra la agresión rusa. A ello se suman 1600 millones de dólares para el programa de financiación militar exterior (FMF) a disposición discrecional del Presidente. Por otro lado, también se incluyen asignaciones para operaciones del Mando militar americano en Europa, con sede en Stuttgart (Alemania).

[8] Make America Great Again. En un lugar muy destacado aparece Steve Bannon, que llega a unas cotas de maniqueísmo insólitas.

Ver también

¿Por qué resiste Ucrania? Por sus instituciones descentralizadas. (José Carlos Rodríguez).

Fricciones europeas por la guerra de Ucrania. (José Antonio Baonza Díaz)

El Fouché hispano

El asesinato de dos agentes de la Guardia Civil el pasado 9 de febrero ha supuesto otra crisis en el Ministerio del Interior, comandado por el exjuez Fernando Grande-Marlaska. Desde luego, la trayectoria del personaje no deja lugar a dudas de lo que se premia en la política. De hecho, se trata del único ministro que ha formado parte de todos los gobiernos de Pedro Sánchez, tanto en solitario como en coalición. Vayamos por partes.

Entre los escándalos más mediáticos asociados a Grande-Marlaska sin duda se encuentra el cese del coronel Diego Pérez de los Cobos, jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Madrid. Cuando un juzgado madrileño investigaba la autorización de la manifestación del 8 de marzo de 2020, esto es, si se permitió una concentración de personas sabiendo que el coronavirus circulaba ya entre la población, solicitó la redacción de un atestado a unos subordinados del coronel Pérez de los Cobos. Dado que este, en cumplimiento de la legalidad vigente, se negó a revelar una información sobre la que pesaba un secreto sumarial, el ministro le echó del cargo. Vamos, que le largaron por negarse a cometer un delito. Tres años de batalla judicial terminaron dando la razón al coronel encargado del operativo contra el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017.

Una “absoluta inobservancia de la ley”

La siguiente muesca se la ganó el que fuera vocal del CGPJ a propuesta del Partido Popular (en el pecado llevan la penitencia) con las “devoluciones en caliente” en agosto de 2021. La devolución de unos cincuenta menores desde Ceuta hacia Marruecos sin cumplir los requisitos legales que la Ley de Extranjería impone supuso una condena del Tribunal Supremo por la “absoluta inobservancia de la ley”. El gobierno de los derechos humanos fue condenado por el máximo tribunal del país como consecuencia de su maltrato a los derechos de unos menores. Absolutamente delicioso.

Pero este no fue el único problema migratorio. Además de permitir la constante llegada de barcos financiados por Organizaciones Sí Gubernamentales, el 22 de junio de 2022 fallecieron en un salto coordinado a la valla de Melilla entre veintitrés inmigrantes y dos gendarmes marroquíes (versión del gobierno de Marruecos) o treinta y siete inmigrantes (versión de algunos medios). La Fiscalía de la Audiencia Nacional terminó archivando el caso, no por falta de pruebas o porque no creyeran que se cometió un delito, sino porque estiman que se cometió en el lado marroquí. De hecho, dio por creíble que agentes de la Benemérita lanzaron piedras contra los inmigrantes y recomendaba algún tipo de sanción disciplinaria.

Un “informe” sin firma

También el ministerio de Grande-Marlaska tiene una imaginación apabullante. En la manifestación por el día del Orgullo Gay de 2019, la cual tuvo lugar el 6 de julio, varios diputados de Ciudadanos, un partido que pactaba mociones de censura con Sánchez mientras indultaba a Junqueras y compañía, fueron agredidos, tanto física como verbalmente, por una turba enfurecida. Posteriormente, la Cadena Ser publicó un supuesto informe de la Policía Nacional donde se culpaba de la agresión a los diputados de Ciudadanos (con Arrimadas no valía el “yo te creo, hermana”) por no seguir las indicaciones de los agentes, así como achacarlo a un plan para obtener repercusión mediática. Por supuesto, no le vamos a pedir a la Ser que contraste sus fuentes porque no se le pueden pedir peras al olmo. El informe, por no tener, no tenía firma o no recogía el testimonio de ninguno de los agredidos.

Pero esto no es nada comparado con lo que pasaría dos años después, en la campaña de las elecciones a la Asamblea de la Comunidad de Madrid en 2021. Recordemos que aquellas elecciones habían sido convocadas sorprendentemente por Isabel Díaz Ayuso cuando descubrió que su vicepresidente, Ignacio Aguado (Ciudadanos), estaba negociando una moción de censura con Ángel Gabilondo, en una operación más grande a nivel nacional que incluía la Región de Murcia y Castilla y León. También cabe recordar que Ciudadanos, el partido que había nacido para combatir el nacionalismo en Cataluña y luego en toda España, estaba llevando a cabo esta negociación un mes después de que el gobierno socialista indultase a Junqueras, Forcadell y otros como parte de su acuerdo de investidura. Bueno, pues la campaña electoral de VOX comenzó con un mitin en Vallecas, en la Plaza de la Constitución.

Insultos, amenazas y agresiones

El 15 de abril de 2021 VOX comenzó su campaña como empiezan todas las campañas de VOX: insultos, amenazas, agresiones, etc. Pero hubo algo llamativo: esta vez la Policía Nacional detuvo a once personas. Pero he aquí que, a tres días de las elecciones, la prensa se enteró que, entre los detenidos, estaban dos escoltas de Pablo Iglesias. Nunca hemos sabido si estos individuos fueron a delinquir a ese mitin a título individual o los mandó alguien. Lo que es seguro es que formaban parte de su escolta personal, no de la que le ponía el Ministerio del Interior. Eso sí, Grande-Marlaska no dijo ni palabra sobre el tema hasta después de las elecciones.

Del acercamiento de presos etarras, las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla, así como de la falta de medios en todas las comisarías del país no hace falta decir mucho más. Eso bien que lo han sufrido en Barbate este mes.

En resumen, Fernando Grande-Marlaska se ha convertido en el ministro del interior que más tiempo ha estado en el cargo, un total de 2.085 días hasta hoy. Ha adelantado a José Barrionuevo, ministro de la época de los Gal, que acabó condenado a pena de prisión, con un récord de 2.048 días. Aún queda lejos de otro personaje histórico muy dado a guardar informes sobre todo el mundo, Joseph Fouché, el que fuera incombustible ministro de Policía de Francia con todo el mundo: empezó con los girondinos, siguió con los jacobinos durante El Terror y El Gran Terror y terminó en el mismo cargo con Napoleón, tanto en El Directorio como en su Imperio. Por estar estuvo desde el golpe de Estado de Napoleón el 18 de brumario hasta en la conspiración para derrocarlo.

Ver también

Por qué fracasan las naciones. (Alejandro Ruiz).

El fraude Karl Marx (I): un revolucionario revestido de científico

En 2022 publiqué cuatro artículos (1, 2, 3, 4) sobre los conceptos de plusvalía de Karl Marx. En estos artículos demostré que Marx tenía dos teorías diametralmente opuestas sobre cómo el capitalista obtenía sus beneficios: la plusvalía absoluta y la plusvalía relativa.

Creo que es un descubrimiento importante porque la mayor parte de la literatura marxista solo retrata la malvada explotación capitalista basada en la creación de plusvalía absoluta por parte de los trabajadores, y no menciona en absoluto la segunda versión; la adquisición de plusvalía relativa. Y en el caso de que se mencione la plusvalía relativa, se le dedica mucho menos espacio y es presentada como una forma secundaria de obtener beneficios o como un nuevo círculo del infierno de Dante.

Según esta literatura, el capitalista no sólo roba parte del producto (plus producto) fabricado por los trabajadores en su tiempo excedente no remunerado obteniendo así una plusvalía (o ganancia), sino que el capitalista incluso adopta todo tipo de medidas para aumentar la eficiencia del trabajo, con lo que también aumenta sus ganancias. Por lo tanto, la ganancia es el resultado de un doble crimen: una parte es el excedente del plusvalor robado y otra es el endurecimiento del trabajo.

Las contradicciones de Marx sobre la plusvalía

En los artículos mencionados, demostré que se trata de una lectura errónea de Karl Marx. En realidad, los dos métodos de adquisición de plusvalía son opuestos entre sí por las siguientes razones:

  1. La adquisición absoluta de plusvalía procede del trabajo de los obreros, quienes crean la plusvalía, mientras que el capitalista es una bolsa de dinero ociosa. Las máquinas no contribuyen a la creación de valor, únicamente transfieren su valor de cambio (precio) a la nueva mercancía. El beneficio es claramente la consecuencia del robo.
  2. Por el contrario, la obtención de beneficios a través de la plusvalía relativa depende de que el capitalista (empresario o emprendedor) organice el trabajo de forma más eficiente e introduzca máquinas cada vez más eficaces en un mercado competitivo. Claramente, esta vez el capitalista y las maquinas crean nuevo valor, y no se puede mantener que la ganancia solo es fruto del robo de los obreros.
  3. Además, el robo de plusvalía absoluta es un juego de suma cero. Pero, en el caso de la plusvalía relativa, la invención constante de nuevos productos y la producción masiva de bienes cada vez más baratos y mejores es beneficiosa para todos, incluso o especialmente para los trabajadores. Por eso, hoy un trabajador tiene una vida más confortable que en el pasado. Además, es conocido que, hasta la aparición del capitalismo no había mejorado prácticamente en nada la vida de los trabajadores. El socialista Eduard Bernstein y Karl Polanyi han descartado la teoría de la explotación marxista justo por la mejora de la vida de los obreros. Pero no quiero repetir los muy conocidos argumentos sobre los falsos argumentos marxistas.

¿Marx tenía razón pese a estar equivocado?

Con este nuevo análisis de las plusvalías, he añadido una nueva contradicción a una amplia lista de contradicciones que ya habían descubierto pensadores como Böhm-Bawerk, Friedrich von Wieser, Ludwig von Mises, Joseph Schumpeter, Jesús Huerta de Soto o Juan Ramón Rallo.

Con motivo de la redacción de un artículo para una publicación académica en la revista Procesos de Mercados, he vuelto a releer El Capital y varios análisis promarxistas y antimarxistas, y me he dado cuenta de que es un error y un trabajo superfluo leer el libro como un trabajo científico.

Desde la obra pionera y extremadamente sabia de Böhm-Bawerk se sabe que El Capital es un libro fracasado porque Karl Marx llegó a un callejón sin salida. Incluso socialdemócratas, como Eduard Bernstein, se dieron cuenta de ello y se apartaron del marxismo revolucionario, bajo la influencia de Böhm-Bawerk.

Sin embargo, Marx sigue siendo uno de los pensadores más influyentes. A pesar de las conocidas contradicciones de su obra, incluso hoy, destacados académicos de las mejores universidades repiten las ideas defectuosas de Marx en artículos de revistas de alta calidad, en libros publicados por editoriales muy aclamadas, en vídeos de youtube o podcasts muy populares.  Sin tener en cuenta o sin mencionar las críticas de Böhm-Bawerk, Schumpeter y los demás.

La verdad “profunda” del capitalismo

Y en el caso de que haya quien admita las contradicciones, como hace David Harvey en una lectura en el youtube, explican que hay que concentrarse en el mensaje de Marx y solo los antimarxistas ponen énfasis en los fallos de argumentación de Marx. La razón de la popularidad de Marx es que sus seguidores piensan que expresó una verdad tan profunda sobre el capitalismo que sobrepasa con mucho los posibles defectos de la obra. ¿Qué hay contradicciones en la obra de Marx? ¡Qué más da! Muchos trabajos científicos sufren de este tipo de problemas en las ciencias sociales.

Por consecuencia, encontrar una nueva contradicción no es importante para aquellos que creen en el mensaje de El Capital; el ser humano es capaz de argumentar racionalmente a favor de lo irracional y convencerse a sí mismo de que existe una verdad más profunda a pesar de las contradicciones superficiales y de algunas cuestiones sin resolver. ¿No es la explotación y la desigualdad el principal problema de nuestros días?  Esto demuestra que Marx describió la verdad profunda sobre el capitalismo, una verdad que silencia los defectos de su teoría.

Marx siempre supo que su teoría era errónea

El propio Marx consideraba que su novedoso y más importante descubrimiento era que relacionaba la explotación y la plusvalía con la doble naturaleza del trabajo (Marx 1867b, p. 407). Pero, cuando Karl Marx empezó a escribir la primera letra del tomo I de El Capital en 1866, ya sabía que el concepto de plusvalía es erróneo y que no se puede usar como base de una explicación lógica de las leyes del explotación y capitalismo. Mi serie sobre la contradicción entre los dos tipos de plusvalía es prueba de este fallo.

Una carta a Engels, escrito en 1862, es el testigo que Marx ya conocía los problemas de su teoría sobre el valor. A pesar de esto, publicó el primer tomo de El Capital prometiendo que solucionaría las contradicciones que planteaba su teoría en el tercer tomo. Pero, en este tiempo, el manuscrito del segundo y del tercer tomo ya estaba casi preparado. Así, y ante la imposibilidad de solucionar las contradicciones existentes en su teoría, no es de extrañar que nunca llegar a publicar el segundo y tercer tomo. Cuando tres décadas más tarde Engels publicó el tercer tomo, quedó claro que Marx no había dado soluciones a las contradicciones del primer tomo. Pero ya era demasiado tarde. Según Böhm-Bawerk, en estas tres décadas Marx fue aceptado de tal manera, que la fe en su enseñanza ya no podía ser derrumbada.

Un profeta revestido de científico

Releyendo El Capital, me he dado cuenta de que es una obra que no pretende ser científica. No pretende descubrir, usando la lógica, unas leyes validas que expliquen el capitalismo. En realidad, Karl Marx elaboró y publicó el primer tomo de El CapitaI para ocultar su fracaso, ya que sus leyes, por ser contradictorias, no son válidas para explicar el capitalismo. Sin embargo, y, a pesar de saberlo, trató de convencer a sus lectores de la eficacia de esas leyes fallidas.

El primer tomo de El Capital es un engaño magistralmente orquestado por uno de los mejores pensadores de su época, por un filósofo muy bien formado, un pensador culto, y un escritor de talento.

Ahora, al observar el engaño, veo a Marx más como un ingeniero de sonido experimentado, que como un científico que cometió errores. Un ingeniero de sonido cuya tarea consiste en recrear una canción descolorida, llena de ruidos e insulsa, en un refinado tema de estudio. Marx subió y bajó los potenciómetros de su mesa de mezclas haciendo desaparecer todos los ruidos, convirtiendo el sonido cansado en una canción afinada.

Un gran éxito

El éxito fue innegable. Como he escrito más arriba, una simple búsqueda en Internet encuentra millones de artículos, vídeos de YouTube, podcasts y notas de investigación en los que académicos de gran prestigio de prestigiosas universidades repiten sin cesar las ideas marxistas.

El análisis que me ha ayudado a descubrir la falsedad de El Capital ha sido examinar la metodología usada por Marx y no el estudio de los fallos de su argumentación. Me ha interesado descubrir cómo ha hecho las configuraciones de las condiciones para crear un mundo irreal en el que su teoría de la explotación parece lógica y veraz.

Mi nueva serie de artículos versará sobre Marx, el ingeniero de sonido. Mostraré cómo se elaboró la operación fraudulenta más grandiosa y con mayores consecuencias del siglo XIX. Cómo nació el libro más famoso de la racionalidad de lo irracional.

En esta serie vamos a detectar cómo Marx torturó y distorsionó la realidad para conseguir lo que quería. Vamos a revelar la realidad virtual, irreal, creada por Marx que le permitió ofrecer una apariencia de argumentación racional y lógica. Finalmente, vamos a averiguar que, a pesar de sus hábiles distorsiones, incluso en marco de su irreal mundo, se ha encontrado con contradicciones irresolubles. Ha llegado a utilizar el chantaje y la mentira para evitar que se desvele su fracaso. Por favor, sintonice y siga la serie.

Bibliografía
  • Bernstein, E. (1899) Preconditions of Socialism. Cambridge: Cambridge University Press.
  • Böhm-Bawerk, Eugen (1896) Karl Marx and the Close of his System. 1949th edn. New York: Augustus M. Kelley.
  • Harvey, D. (2012) ‘Marx’s Method in Capital – David Harvey and Alex Callinocos’ (2012). SWP TV. Available at: https://youtu.be/yhnvlPxkuKs?si=YIJ8LUownfjyk8Nf (Accessed: 19 February 2024).
  • Huerta de Soto, J.H. (2010) Socialism, Economic Calculation and Entrepreneurship. Edward Elgar.
  • Marx, K. (1867) El Capital. Libro I. 2009th edn. Madrid: Siglo XXI.
  • Marx, K. (1867B) ‘Marx to Engels. 24. August 1867’, in Marx and Engels Collected Works. Vol. 42. 2010th edn. Electric Book: Lawrence & Wishart, pp. 407–8.
  • Menger, C. (1871) Principios De Economía Política. Available at: https://archive.org/details/carl-menger-principios-de-economia-politica.
  • Mises, L. (1951) Socialism An Economic and Sociological Analyses. New Haven: Yale University Press.
  • Rallo, J.R. (2022) Anti-Marx. Barcelona: Deusto.
  • Schumpeter, Joseph (1954) History of Economic Analysis. 2006th edn. Routledge Taylor & Francis e-Library.
  • Sowell, T. (2002) The quest for cosmic justice. New York: Simon & Schuster.
  • Sperber, J. (2013) Karl Marx A Nineteenth Century Life. London and New York: Liveright Publishing Corporation.
  • Wieser, Friedrich (1914) Social Economics. 1927th edn. New York: Adelphi.

La economía a través del tiempo XII: La política económica de los egipcios

Los escritos sapienciales egipcios muestran enormemente cuáles eran las prioridades de los habitantes de aquella época, tal y como se ha visto hasta el momento. En este caso, se expondrán las instrucciones de Merykara. Estas instrucciones son, según el propio texto, consejos que el faraón Jety VII escribió para su hijo Merykara, quién heredaría el cargo. Por ello, estos papiros se datan alrededor del año 2010 a.C. Lo importante es que los preceptos pretenden funcionar como método didáctico para que el futuro gobernador aprenda una serie de lecciones sobre cómo ostentar su cargo. Es decir, los consejos giran alrededor del buen funcionamiento de un país y, entre ellos, se encuentran algunas lecciones económicas que reflejan la visión de la época, de tal forma que podríamos interpretar el texto como un protomanual macroeconómico.

Así, el faraón aconseja a su hijo recolectar información para tomar buenas decisiones; aprender de lo que otros ya han aprendido: “Imita a tus padres y a tus ancestros, pues uno se sirve exitosamente de (sus) conocimientos. Mira, sus palabras permanecieron en los libros” (Sánchez, 2020, p. 68). El gobernante debe, por tanto, aprovecharse de los aprendizajes que han quedado universalizados a través de la escritura. Existe una idea de valor permanente, de comportamiento verdadero, de lección atemporal.

Las lecciones de Merykara

Es decir, las decisiones en materia de política económica (o protopolítica económica) son leyes económicas para el egipcio. Por ejemplo, una de las lecciones de Merykara apunta a la necesidad de priorizar la creación de empleo dentro de la comunidad política:

No actúes mal, es buena la amabilidad. Haz permanente tu memorial por medio de tu amor, multiplica los grupos de trabajadores que se asocien a la ciudad, así se dará gracias a dios por las recompensas que se alcanzarán en tu nombre, se dará gracias por tu bondad y se pedirá tu salud [a los dioses] (p. 68).

Además, el padre aconseja a su hijo una política migratoria restrictiva con control de fronteras:

Respeta a los grandes, preserva a tus gentes, haz seguras tus fronteras y tus patrullas fronterizas, (pues) es bueno actuar para el futuro y se respeta la vida del previsor, (mientras) que aquel que se confía será un fracasado. Haz que se vaya contigo por tu buen carácter (p.68).

El buen gobernante egipcio debe respetar la propiedad privada de sus subordinados. Esto es algo relevante. En la antigüedad, numerosos dirigentes aprovechaban su posición para obtener tierras ajenas. Por ejemplo, Herodes, rey de Judea, Galilea, Samaria e Idumea en el s. IV, confiscaba bienes de los nobles de su reino tras mandarlos ejecutar (Jeremías, 1969, p. 110).

Respeto de la propiedad privada

En cambio, el faraón aconseja a su hijo que siga por otra senda (Sánchez, 2020):

Es un miserable aquel que desea para sí la tierra que es (de otro). Es un ignorante quien codicia lo que es para otros. La vida pasa sobre la tierra y no es larga. Es alguien afortunado quien es recordado (porque no) está la injusticia en él (p. 69).

Otro de las instrucciones del dirigente a su heredero Merykara está relacionada con la creación de riqueza y el respeto a los que ya la tienen. Sin embargo, la intención del faraón no es más que intentar que los más pudientes no se vuelvan en contra del reinado de su descendiente:

Enriquece a tus grandes para que apliquen tus leyes, (pues) no es parcial aquel cuya casa es rica; quien posee cosas es quien no tiene carencia. Los hombres pobres no pueden expresarse con su verdad, ni ser recto aquel que dice “ojalá fuera para mí”, (pues) tomará partido por aquel a quien desee y se inclinará por aquel que posea sus medios de pago (p. 69).

No despojes a un hombre de los bienes de su padre

Por último, las enseñanzas muestran algo que puede recordar a las actuales políticas fiscales relacionadas con las sucesiones y donaciones. El debate de hoy en día gira en torno a la necesidad de aplicar tributos sobre estas cuestiones. En ese sentido, los egipcios consideran que es perjudicial implementar este tipo de medidas:

Practica la justicia para que pervivas sobre la tierra. Calma a quien llora y no oprimas a la viuda. No despojes a un hombre de los bienes de su padre. No desplaces a los grandes de sus tronos. Guárdate de castigar erróneamente. No golpees, (pues) no será beneficioso para ti.

Lo importante, por tanto, es tratar de no crear malestar sobre el subordinado y respetarlo lo máximo posible, tanto a él como a su propiedad. En este sentido, la política económica que viene reflejada en este texto tiene mucho que ver con aquellas que hoy en día se conocen como poco intervencionistas. Eso sí, la preocupación del gobernante recae sobre evitar las revueltas o los ataques que puedan acabar con la posición política de su familia.

Bibliografía

Jeremías, J. (1969) Jerusalén en tiempos de Jesús. Biblioteca Bíblica Cristiandad

Sánchez, A. (2020) La literatura sapiencial egipcia. (Vol. I).

Serie La economía a través del tiempo

El anhelo de un Bukele en Colombia

Colombia está sumida en una crisis patente. Nada nuevo bajo el sol ahí. Económicamente, el último dato de crecimiento 0,6%, aunque no debería sorprender a nadie. Lo único que ha hecho el gobierno de Petro, hasta la fecha, es dejar clara su intención de asfixiar buena parte del esfuerzo privado por superar la pobreza, lo cual, junto con el efecto regresivo de medidas regulatorias que se tomaron durante el gobierno pasado, hace más palpable la sensación de desesperanza.

Por otro lado, la inmensa mayoría de los habitantes del país se siente a la merced de los criminales comunes -empresas criminales que desafían el monopolio de expropiación del mismo Estado, que cada vez crecen más en número y en coraje. Ello se puede entender, por un lado, por la incapacidad de los individuos de defenderse privadamente -al no haber servicios privados de seguridad efectivos y estar muy restringido el porte de armas; y, por otro lado, porque está terminando ser más atractivo, para cada vez más individuos, conseguir riqueza más arrebatándola que creándola. Ante este estado de cosas, los colombianos comienzan a mirar hacia los otros países, dentro de América Latina, donde se estén experimentando con estrategias nuevas para combatir uno o ambos problemas.

Colombia y la seguridad que no es

No creo que sean tan solo una impresión, sino más una realidad, que es solo una minoría la que se pregunta ¿quién será el Milei Colombiano? ¿Quién es capaz, con una alta comprensión de qué es el mercado, cómo funciona, cómo se le ofusca y cuáles son los efectos de hacerlo, y cómo se echa reversa con tales medidas para comenzar a prestarle atención en el momento que decida comenzar a hablar? Yo, sinceramente, y con pesar, creo que no hay un Milei colombiano -al menos no por ahora.

Para los colombianos, según creo, un personaje como Milei no es tan urgente, puesto que Colombia no es Argentina -aún. No creo que Javier Milei hubiera tenido el avance y la captación de atención tan alta de los individuos sin una inflación como la que ha tenido Argentina, casi que rayando en hiperinflación; ni tampoco sin un estancamiento económico tan generalizado como el que ha venido teniendo ese país desde hace décadas. En Colombia, me atrevo a decir, la preocupación más grande en la mente de los individuos es la de la seguridad. Mejor dicho, la falta de ella en las calles, al interior de las casas, en las ciudades, en las áreas rurales, en todas partes.

Restaurar la seguridad

Es bastante común, ante el aumento del crimen en las ciudades, que cualquier porte de cualquier tipo de bienes, celulares, relojes, etc., está asociado una relativamente alta probabilidad de expropiación privada. El avance de diferentes grupos subversivos también promete en el futuro cercano mayor cantidad de desplazamiento forzoso. Creo que ante esto la pregunta que se hacen los individuos, no siendo quién será el Milei colombiano, es acerca de quién será capaz de utilizar al Estado de la manera más efectiva posible para limitar y reducir la violencia privada en Colombia.

Lo que la gente se pregunta en las calles es quien será el deux ex machina, que a última hora y con trompetero triunfo, llegará a restaurar la tranquilidad de poder volver a recorrer las carreteras sin miedo a ser secuestrado; o de salir a caminar sin ser atracado. Ante esto, la gente se pregunta ¿quién será el Bukele colombiano?

El Salvador de Bukele

Nayib Bukele, presidente de El Salvador desde 2019. Lo conocemos por su estilo carismático, su enfoque juvenil en las redes sociales y su imagen de líder joven y moderno. Antes de su presidencia, fue alcalde de la ciudad de San Salvador, donde implementó programas de seguridad y desarrollo urbano. Bukele, a todas luces un populista, ha generado controversia por sus acciones, incluyendo enfrentamientos con el poder judicial y el uso de la fuerza militar para abordar la criminalidad.

Después de un año de estado de emergencia, durante el cual el Estado tiene la facultad de restringir los derechos de asociación, intervenir en las comunicaciones telefónicas y detener a sospechosos durante largos períodos sin presentar cargos, la tasa de homicidios por cada cien mil habitantes ha experimentado una drástica disminución, pasando de 35.8 en 2019 a 7.8 en 2022. Y sin extrañarnos mucho, durante este mismo período, la cantidad de personas encarceladas ha aumentado significativamente, pasando de 39,646 en 2018 a 97,525 en 2022.

Reducción de los homicidios en un 78%

Esa reducción de los homicidios en una nada despreciable tasa de ca. 78% ha sido el resultado de un ambicioso plan por parte de Bukele, habiéndolo puesto en marcha casi inmediatamente desde que llegó al poder. La clave ha sido la movilización de recursos. En las primeras etapas, el plan de seguridad de Bukele logró obtener suficiente apoyo para movilizar los recursos necesarios, mediante prácticas cada vez más autoritarias. Por ejemplo, desde las elecciones legislativas de 2021, Bukele ha asegurado el control de al menos 64 de los 84 escaños de la Asamblea Legislativa, lo que le ha permitido aumentar considerablemente el gasto en seguridad sin encontrar mucha resistencia. Además, Bukele tiene influencia sobre la Corte Suprema de Justicia, lo que le ha permitido, al menos temporalmente, evitar posibles acusaciones relacionadas con la implementación de su plan de seguridad.

Específicamente, la administración de Bukele ha aumentado el gasto en seguridad pública y defensa nacional de un promedio anual de 573,136,399 dólares durante el gobierno de Salvador Sánchez Cerén, a 838,450,000 dólares, lo que representa un aumento del 46.39%. Este incremento es aún mayor si se tiene en cuenta el despliegue reciente de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública.

Lo que se espera de un Estado: producción de seguridad

Que un Estado, como El Salvador traslade, a los males, el consumo privado al consumo de factores de producción para la producción de defensa en sus manos, y que con ello disminuya lo que se conoce como crimen común, no debe ser una sorpresa.

La seguridad es uno de los monopolios más caros del Estado y no lo es de manera gratuita. Es más, al Estado lo podemos concebir como el monopolio de la violencia -una definición ampliamente aceptada dentro del libertarismo. No es más que eso el Estado: un grupo minoritario de individuos que, por medio del monopolio de la fuerza que ha ganado, extrae riqueza de la mayoría de los individuos que componen la sociedad, contando, como mínimo, con la aceptación pasiva y resignada de esta mayoría.

Con la única excepción, quizás, de la creación de los EE. UU., ningún Estado fue creado para producir bienes públicos, para controlar externalidades o para subsidiar agonizantes bailes populares que claman por morir. A pesar de todas las teorías que justifican la existencia del Estado como condición de producción de ciertos beneficios a los ciudadanos, ningún Estado se ha creado para producir tales beneficios. Por el contrario, el Estado fue creado como medio de gobierno sobre los individuos, posibilitando la extracción forzosa de recursos de sus bolsillos.

¿Una realidad hobbesiana?

En el desorden descrito por Hobbes, donde el derecho natural de los hombres es de controlar todo aquello que deseen, la vida se convierte en una guerra de todos contra todos, desagradable, brutal y breve. Los fuertes dominan a los débiles, arrebatándoles todo lo que tienen las víctimas, pero los propios fuertes no prosperan en la anarquía hobbesiana porque hay poco que tomar. Nadie produce cuando el producto seguramente será arrebatado de ellos. Incluso bajo condiciones más ordenadas que la escena hobbesiana, la depredación tiene un beneficio limitado porque las personas que han acumulado activos resisten por la fuerza a quienes intentan saquearlos, y las batallas resultantes consumen los recursos tanto de los depredadores como de las víctimas.

La bandolería desorganizada produce una situación en la que nadie prospera porque nadie tiene incentivo para ser productivo. Si los depredadores pueden organizarse, pueden evolucionar hacia pequeñas mafias que puedan ofrecer cierta protección a sus clientes. Esta evolución creará una sociedad más productiva, con más ingresos tanto para los depredadores como para sus presas, pero las mafias tendrán que limitar su toma para que este resultado se produzca. Si la mafia puede asegurar a sus clientes que, a cambio de un pago, estarán protegidos de otros depredadores y se les permitirá conservar una parte sustancial de lo que producen, la producción aumentará y los ingresos de todos podrán aumentar. Sin embargo, las pérdidas debido a las rivalidades entre mafias seguirán siendo soportadas, ya que las mafias competidoras tienen incentivos para saquear a individuos que no contratan con ellas.

Al Estado por la mafia

Si las mafias se organizan aún mejor, pueden establecerse como un Estado. Los depredadores tienen todo el incentivo para pasar de operar como bandidos a operar como Estados, porque los bandidos no pueden garantizarse a sí mismos un flujo de ingresos a largo plazo proveniente de la depredación y porque si la bandolería es desenfrenada, las personas tienen poco incentivo para producir riqueza. Los Estados intentan convencer a los individuos de que limitarán su toma y que protegerán a sus ciudadanos para proporcionar un incentivo a esos ciudadanos para producir. Los Estados reciben más ingresos que los bandidos porque aquellos pueden permanecer en un lugar y recibir un flujo constante de ingresos en lugar de arrebatar una vez y luego marcharse. En tal situación, los individuos también ganan- de alguna manera.

En resumen, el monopolio que tiene el Estado sobre la producción de seguridad es tan solo el resultado de un proceso mediante el cual, la banda criminal del Estado se ha hecho de suficientes medios para proteger a sus súbditos de la competencia en la expropiación de otras bandas criminales, disminuyendo la probabilidad de que los ingresos por este medio disminuyan en el futuro. El monopolio que tiene el Estado sobre la producción de seguridad está diseñado para disminuir las unidades marginales de crimen, para que solo haya un solo crimen sistemático, con un solo oferente.

El Salvador: la certeza de una menor libertad

Así, siendo la vocación del Estado, y de quién esté a su mando, la de aumentar la seguridad estatal para eliminar la competencia en el expolio de riqueza creada por la mayoría, Nayib Bukele ha hecho honor al papel -recreándolo con estelar carisma. No siendo ajeno a lo atractivo de aumentar impuestos -con la excepción de cortarlos a innovaciones tecnológicas, lo cual seguramente tendrá que ver con aplicaciones de iPhone y demás- el ingreso corriente tributario con Bukele ha pasado de ser el 18,1% del PIB al 19,4% en el 2021 (siendo el de Colombia al 2021 un 14,4%).

El papel creciente de la intervención del Estado de El Salvador, sobre todo halado por el incremento en el gasto público dedicado a la producción de seguridad -con lo cual, lógicamente, con más afán pagan los individuos sus impuestos- se ve reflejando en la disminución de su libertad económica. Así, en el último índice de libertad económica de Heritage Foundation, Bukele “el salvador” ha logrado disminuir el puntaje del país de 61,8 a 56 (siendo el de Suiza, que se tiene por más libre, un 83.8; y Colombia, 63,1).

¿Quién será el Bukele colombiano en las próximas elecciones?

Ante todo, nos resta, entonces, contemplar la pregunta que se está haciendo hoy en día en las calles de las ciudades colombianas, así como esporádicamente en ciertos medios de comunicación. ¿Quién, si alguien, será el Bukele colombiano?

Veamos.

En un país como Colombia, donde todos los partidos políticos tienen al Estado como la única posible fuente de orden y prosperidad económica. Donde la noción de la superioridad ética y moral de la economía de mercado se descarta como un mal chiste. Donde la única estrategia política se reduce a colmar de combustible -ojalá verde- a la furiosa locomotora estatal. Y donde lo que pasa por oposición propone cosas que los socialistas en Alemania tiene por norma en sus plataformas programáticas. En Colombia, el partido de gobierno no escatima esfuerzo para mostrar su odio más latente hacia la libertad individual

¿Quién será el próximo enamorado del poder, que lo único que buscará será cimentarlo más y más, contribuyendo a la tendencia natural del Estado de unificarlo cada vez más en una sola persona, asfixiando aún más la iniciativa privada del proceso de mercado? Cualquiera. Cualquiera quiere ser Bukele. Todos sueñan con ese papel. Tiremos una piedra y con seguridad que veremos como alza la mano con un hilo de sangre en su frente.

La pregunta, entonces, se reduce no aquella, sino a quién será capaz de pintarse el pelo de negro jet y de organizar un concurso internacional de belleza. Y ahí es donde encontramos a los de siempre, amigos de la misma hipocresía, que van desde Álvaro Uribe, hasta Gustavo Petro: amigos en la esencial animadversión por la libertad y el enamoramiento quinceañero por el poder estatal.

Cómo los derechos autoinventados socavan el bien común

Por David Lewis Schaefer. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

El 22 de diciembre, mientras el aeropuerto neoyorquino de LaGuardia se llenaba de viajeros navideños, Tommy Dorfman, un actor que interpretó a un hombre gay en la serie de Netflix Thirteen Reasons Why, pero que luego “salió del armario” como mujer transgénero en 2021, retuvo la línea de Delta mientras “denunciaba” a un empleado del avión por haberse referido a ella intencionadamente con un género erróneo.

El empleado lo hizo, según Dorfman (una “activista transgénero”), al referirse a Dorfman con un pronombre masculino (aunque el empleado se refirió a Dorfman dos veces con pronombres femeninos). Aunque el empleado confundido negó haber cometido el “error” intencionadamente, tuvo que llamar a la policía del aeropuerto para hablar con Dorfman y poner fin al incidente. Sin embargo, los responsables de Delta prometieron investigar el incidente, después de ver el vídeo de TikTok que Dorfman hizo del mismo.

Yo me invento un derecho, tú te adaptas a él

El enfrentamiento de Dorfman con el empleado de Delta ejemplifica el problema que Philip K. Howard aborda en Everyday Freedom: la disposición de muchos estadounidenses a insistir en que los demás respeten sus “derechos” (a menudo autoinventados), de un modo que socava la capacidad de nuestras instituciones, públicas y privadas, para atender las necesidades del país. Empresas como Delta tienen que hacer todo lo posible por no ofender a nadie, para no arriesgarse no sólo a enemistarse con algún bloque de clientes, sino también a las declaren responsables de importantes daños legales.

Según Howard, la adopción de una lista cada vez mayor de normas gubernamentales y corporativas para evitar tales riesgos socava la iniciativa individual. Y el hábito de considerar a cualquier persona con la que uno tenga que tratar profesionalmente (compañeros de trabajo, empleados, jefes, estudiantes, clientes) como un acusador potencial socava el sentido de confianza social que científicos sociales como Edward Banfield y Francis Fukuyama han demostrado que es la condición previa de una política sana.

De nuevo el legado de los años 60′

Howard trabaja como abogado y es presidente de Common Good, una organización no partidista que tiene como objetivo “es sustituir la burocracia por la responsabilidad humana”. Es autor de seis libros anteriores dirigidos a ese objetivo, el más conocido de los cuales es el primero, The Death of Common Sense. Pero mientras que las obras anteriores de Howard estaban dirigidas a promover “estructuras simplificadas que permitan al gobierno cumplir su objetivo sin ahogar la libertad de los estadounidenses”, su volumen más reciente, breve pero poderoso, se centra en lo que ahora considera “el mayor peligro”, que “no es un gobierno ineficaz, sino la corrosión de la cultura estadounidense”.

Howard atribuye lo que considera la “alienación” de los estadounidenses respecto a su país -su “dejar de creer” en él- a la aparición del régimen de “no discriminación” (término mío, no suyo) a partir de los años sesenta, que remodeló las “instituciones sociales y jurídicas […] del país para tratar de eliminar las decisiones injustas de las personas en puestos de responsabilidad”.

El peligro de esclavizar a los hombres en los pequeños detalles

Las estructuras legales resultantes “reflejaban una profunda desconfianza en la autoridad humana, incluso en sus formas más benignas”, como “la autoridad de un profesor en el aula, o el juicio de un directivo sobre quién está haciendo el trabajo, o la autoridad de un rector de universidad para hacer cumplir las normas del discurso civil”. El resultado, como se documenta en los libros anteriores de Howard, fue la sustitución de la responsabilidad individual por el mero “seguir las normas”, junto con la “represión” de la “espontaneidad” en el lugar de trabajo y la “libertad de expresión en el campus”.

Howard es un Tocquevilleano. Cita astutamente la observación de Tocqueville de que “es especialmente peligroso esclavizar a los hombres en los detalles menores de la vida” mediante una supervisión centralizada y burocrática. La represión -todo en nombre del espíritu de igualdad y eficiencia- “enerva” el carácter de los hombres, hasta el punto de que difícilmente están capacitados para ejercer su juicio y voluntad en asuntos de mayor trascendencia política.

Al igual que el politólogo de Harvard Robert Putnam (autor de Bowling Alone), comparte la admiración de Tocqueville por la descentralización administrativa que observó en la vida estadounidense cuando la visitó en 1831-32, junto con nuestra práctica del “arte de la asociación”, mediante la cual los estadounidenses se organizaban en grupos cívicos, benéficos y religiosos voluntarios. En Estados Unidos, observó Tocqueville, los ciudadanos emprendían por su cuenta proyectos públicos que en Francia se habrían dejado en manos del gobierno central. Howard añade la preocupación de que la pérdida de respeto de los estadounidenses actuales por las instituciones rígidas y autoritarias haya conducido a un aumento del egoísmo (o lo que Tocqueville llamaba, en sentido negativo, “individualismo”).

El 78% de los profesores, acusados

Puesto que, como enseñaba John Locke, el objetivo de un sistema jurídico bien construido es ampliar y proteger la libertad (legítima) de las personas, no reducirla, los legisladores tienen que sopesar los beneficios de determinadas políticas y proyectos frente al riesgo de que un pequeño número de personas puedan verse perjudicadas en menor medida. Por ejemplo, cuando la capacidad de las escuelas para disciplinar a los alumnos que se portan mal se ve obstaculizada por la amenaza de demandas judiciales, el resultado es que el derecho de la gran mayoría de los alumnos a aprender se ve obstruido por las continuas interrupciones. Una encuesta de Public Agenda que cita Howard reveló que el 78% de los profesores declararon haber sido acusados por alumnos por haber violado sus “derechos”.

Pasando al otro lado, las rígidas normas impuestas por los sindicatos de empleados públicos (el tema del libro anterior de Howard, Not Accountable) han hecho prácticamente imposible despedir a trabajadores incompetentes o desmotivados por cualquier cosa que no sea un delito violento. Peor aún, y no infrecuentes, son casos como el que cita Howard en el que los trabajadores sociales no pueden rescatar a niños pequeños en peligro de las casas de padres drogadictos debido a los límites legales.

Revolución de los “derechos” de los años 60′

Otra de las recomendaciones dignas de mención de Howard para la reforma institucional es el establecimiento de límites razonables al papel de los jurados en los juicios civiles, como recomendaron juristas eruditos como Oliver Wendell Holmes y Benjamin Cardozo. Aunque la Séptima Enmienda garantiza los juicios con jurado en casos civiles, estos jueces argumentaban que la función de un jurado es decidir cuestiones de hecho (como la veracidad de un testigo o quién se saltó un semáforo en rojo) y no normas de conducta (como la negligencia).

La revolución de los derechos en la década de 1960, observa Howard, dio lugar a un “frenesí de alimentación” para los abogados litigantes, generando no sólo acuerdos absurdamente elevados y reclamaciones exageradas de “dolor y sufrimiento”, sino también precauciones idiotas que las empresas deben tomar ahora. A menudo, como en la mayoría de los casos de responsabilidad por amianto, los fabricantes llegan a un acuerdo a pesar de la ausencia de pruebas del daño. También está el caso del demandante que reclamó 54 millones de dólares a una tintorería por la pérdida de un par de pantalones. (Aunque la tintorería ganó el caso, los costes del litigio la obligaron a cerrar una de sus dos tiendas).

Distinguir entre derechos negativos y positivos

Sin embargo, tengo tres interrogantes o correcciones sobre el argumento de Howard. En primer lugar, al objetar la afirmación del “filósofo” de Harvard John Rawls de que los derechos individuales no deben estar “sujetos al cálculo de los intereses sociales”, Howard no distingue entre la clase limitada de derechos naturales (los “negativos”) que los Fundadores hicieron del propio propósito de nuestro gobierno garantizar, junto con la legislación auxiliar (como la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la Ley de Derecho de Voto de 1965) diseñada para hacer efectivos esos derechos, y “derechos” ilimitados inventados por jueces, políticos y académicos (como el derecho a vacaciones pagadas autorizado por la Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas) que, cuando no carecen simplemente de sentido, permiten a minorías interesadas socavar la voluntad del pueblo, expresada por sus representantes electos.

En segundo lugar, al tener cierta experiencia en el sector educativo, creo que Howard se equivoca al aceptar la frase de que “evaluar a los profesores en función de los resultados de los exámenes transforma las escuelas en cobertizos de instrucción, sin alegría ni curiosidad”. Me temo que desconoce los abusos y negligencias que los profesores titulares de las escuelas públicas, cuyo trabajo no se evalúa de esta manera, han perpetrado con frecuencia contra sus alumnos. Aunque los exámenes estandarizados tienen sus limitaciones, no impiden que los profesores motivados incluyan en sus clases material propio, innovador y estimulante.

Las decisiones de los funcionarios

Por último, el problema de la revolución de los derechos no es que impida a los funcionarios públicos hacer “juicios de valor”, como sostiene Howard. De hecho, es necesario que realicen análisis de costes y beneficios con más frecuencia de lo que lo hacen, para que los proyectos públicos y privados necesarios no se vean bloqueados por una minoría de activistas incapaces de ganar en las urnas y que, en cambio, utilizan el poder judicial para salirse con la suya. Pero eso no es lo que normalmente se entiende por un juicio de valor (esto es bueno, aquello es malo). Para ser más claro, Howard debería haber insistido en que las evaluaciones de los funcionarios deben basarse en hechos.

Pero dejando a un lado estas reservas, Libertades cotidianas es un libro excelente y bien pensado que recomiendo a todos los ciudadanos con bien intencionados. Es un valioso complemento a la amplia obra de Philip Howard en favor del bien público.

Ver también

¿Pueden colisionar los derechos? (Walter Block).

La entelequia de los derechos colectivos. (Irune Ariño).

Declaración universal de los derechos de los políticos. (José Carlos Rodríguez).

El socialismo es la socialización forzosa

En su discurso en el Foro de Davos, Milei hizo una crítica pertinente y bien elaborada al socialismo y al colectivismo. Sin embargo, este tipo de críticas siempre suscita un viejo debate: ¿qué es el socialismo? Este debate revuelve las emociones de liberales y socialistas. Por lo tanto, presentaré algunas reflexiones sobre el mismo que considero que pueden ayudar a esclarecer el tema:

¿Qué es lo característico del socialismo?

Lo característico del socialismo es la socialización forzosa. Los seres humanos podemos tomar decisiones individualmente o emplear algún mecanismo de acuerdo para tomar decisiones grupales. Por ejemplo, podemos elegir nuestras parejas individualmente o esperar que uno o varios terceros nos asignen una pareja. O podemos administrar nuestro dinero, o socializar la administración de ese dinero para administrarlo bajo el criterio del grupo o del líder. La socialización de nuestros gastos y riesgos puede ser voluntaria, como al contratar un seguro médico en el cual decidimos compartir los gastos médicos con otros. O puede ser forzosa como la sanidad pública en donde se nos obliga a compartir nuestro gasto médico con el resto de la población

La socialización voluntaria, por más extendida que pueda ser, no sería socialismo. Por lo tanto, a pesar de no ser algo muy común, las personas que voluntariamente decidan vivir en comunidades donde compartan sus propiedades y sometan sus decisiones personales al grupo no viven en socialismo. Esto, a pesar de que la socialización excesiva o extendida de las decisiones tiene efectos negativos en la función empresarial. Porque a pesar de que un grupo pueda coordinarse para participar en el mercado, los incentivos empresariales son de peor calidad en las acciones grupales que en las individuales.

La socialización forzosa es un medio

Pero la socialización forzosa no es un fin, es un medio. Ahí yace la diferencia con el libertarismo. El libertario puede querer el fin de las clases sociales, pero no considera que el uso de la fuerza o violencia sea la vía. Los distintos socialismos a lo largo de la historia han buscado alcanzar alguna nueva condición humana como el fin de la desigualdad o las clases sociales. Y han considerado necesario pasar por encima de las preferencias individuales para hacerlo. Por lo tanto, siempre han requerido alguna forma de socialización forzosa. Si el fin es acabar con la desigualdad económica, han enfocado la socialización forzosa en el aparato productivo. Pero si el fin es acabar con la desigualdad por apariencia física, socializarían forzosamente la elección de parejas.

El hecho de que el socialismo siempre tenga consecuencias económicas no implica que siempre deba estar económicamente motivado. Supongamos que por medios políticos se socializa forzosamente la vestimenta y todos deben vestir con los mismos colores y llevar el mismo peinado. Esta medida socialista acabaría con la desigualdad de apariencias. Daría orden y homogeneidad y tendría claras consecuencias económicas. No habría función empresarial en el sector de la vestimenta y la estética personal. Pero la política no estuvo motivada por lo económico, sino por lo moral o estético.

Es evidente que el socialismo no ha terminado y que no hemos conocido todos los tipos de socialismo posibles. Lamentablemente, quedan aún muchas nuevas razones, justificaciones y formas de socializar forzosamente las acciones y decisiones humanas.

La diversidad del socialismo

El socialismo no es solamente Marxismo o Leninismo. Curiosamente, este es un error que cometen los socialistas cuando les conviene. Cuando se implementa un socialismo «a medias» en el que no se estatizan el 100% de los medios de producción y se mantienen algunos negocios bajo gestión privada, entonces, «no es verdadero socialismo». Y dicha afirmación es incorrecta, no se trata de verdaderos socialismos, se trata de modelos socialistas que compiten. No cabe duda de que en sus debates internos la izquierda reconoce abiertamente que el socialismo es extenso y diverso, pero de cara a los liberales o conservadores, defienden que existe un verdadero y falso socialismo.

Además, se puede ser verdaderamente socialista, pero ser menos socialista que otros. Cualquier modelo político que implique alguna forma de “socialización forzosa” es hasta cierto punto un modelo socialista, del mismo modo que cualquier modelo que permita la existencia de capital en manos privadas y la libertad de decidir sobre su uso es hasta cierto punto un modelo capitalista. Por lo tanto, es correcto decir que se es más o menos socialista o capitalista, ambos modelos están enfrentados, pero si se centran en aspectos diferentes de la vida humana pueden coexistir. Lo que ocurre generalmente es que hay ámbitos como la educación que son muy socialistas en todo el mundo y ámbitos como la vestimenta que son muy capitalistas.

El enemigo del liberalismo

Algunos liberales intentamos que en la definición de socialismo este contemplado todos los posibles enemigos que podamos tener. De allí la idea de que existen socialistas en todos los partidos o de que el concepto de socialismo debe abarcar tanto al intervencionismo o las políticas redistributivas como el aspecto regulatorio o las políticas de control social. Los liberales no queremos empresas públicas, pero tampoco queremos empresas privadas altamente reguladas que tengan una libertad de acción mínima.  

Por lo tanto, muchas veces buscamos definir socialismo de manera tal que abarque ambas cosas. Esto molesta a muchos socialistas que buscan demostrar que no quieren que le achaquen los fallos producto de la hiperregulación del mercado porque su ideal sería la ausencia total de mercado. No obstante, la regulación estatal que existe actualmente en el mundo emplea la socialización forzosa, por lo tanto, es socialista.

La deseconomización del socialismo

Por ejemplo, la prohibición de las drogas por parte del Estado es socialista, no porque se justifique bajo el concepto de salud pública o porque restringa el libre mercado de las drogas y, por tanto, la función empresarial, sino porque se impone a todas las personas sin excepción y la medida responde a los criterios de la mayoría o del gobierno. Esto implica que nadie puede drogarse, aunque se haga responsable de ello. Igualmente, si en una discoteca en particular se prohíben las drogas, la misma prohibición no es socialista porque es una decisión del dueño de la discoteca sobre su propiedad, que afecta a otros, pero que no se impone sobre terceros no involucrados, por ejemplo, otras discotecas que si acepten drogas.  

El socialismo ha tendido a deseconomizarse y a centrarse más en los ámbitos político, personal y de la vida privada. Pero el problema no radica en sus fines, que, aunque no sean deseables, pueden ser aceptables si se persiguen con los medios adecuados. El socialismo se define por sus medios, algo que sólo podemos ver desde el libertarismo, porque los socialistas han aceptado y normalizado absolutamente sus medios violentos y son incapaces de cuestionarlos.

Ver también

Sobre economía y socialismo. (Fernando González San Francisco).

Estructuras de vida social y teoría económica. (Fernando Herrera).

Juan de Mariana y Francisco Suárez

Las obras de Juan de Mariana y de Francisco Suárez, entre 1610 y 1614, fueron igualmente quemadas en París, Londres y otros sitos, pero hubo diferencias entre ellos. Diferencias apreciables entre la Defensa Fidei de Suárez, en relación con De rege ets regis institutione de Mariana, que no se debieron sólo a determinadas estrategias, o a “tacticismos”, propios de la coyuntura histórica de la época, como muchas veces se ha dicho.

El pensamiento político de Juan de Mariana (1536-1624) se ajusta al comúnmente compartido entre los autores de la Escuela Española clásica, también denominada Escuela de Salamanca, cuyo máximo exponente fue el igualmente jesuita Francisco Suárez (1548-1617). Pero el pensamiento de Mariana ofrece características que le distinguen de otros de sus coetáneos y que, aunque no lleguen a contraponerlo con ellos, le apartan de las líneas generales definidas por Vitoria (1483-1546) o Suárez en la neo-escolástica.

Historia y agustinismo político

Una de esas peculiaridades es que, pese a su doctorado en teología, Mariana fue uno de los pocos clásicos españoles que llegó a la teoría política a través de la historia y no sólo desde la teología. En su pensamiento destaca el influjo del erasmismo de Luis Vives (1492-1540) y del pensamiento político italiano, recibidos en sus primeros estudios alcalaínos. Y también por el recibido directamente en Italia de Maquiavelo (1469-1527), aunque fuese contrario a éste, y de Guicciardini (1483-1640), que también combinaron historia y teoría política. No fueron las únicas. Cicerón (106-43 a. C.), Tito Livio (59 a.C.-17 d.C), Tácito (55-120) y los estoicos son citados por Mariana en su obra.

Mas la principal influencia recibida por Mariana procede de la escolástica, de San Agustín (354-430) y de Santo Tomás (1224-1274), así como de las precisiones de Duns Escoto (1266-1308) a Santo Tomás. Un agustinismo recibido también desde el erasmismo de Juan Luis Vives, al que se ha hecho referencia, y del Renacimiento que, en general, tuvo una mayor inspiración platónica.

Tiranicidio

La defensa del tiranicidio de Mariana destaca por su contundencia. Los escolásticos y neo-escolásticos admitían con ciertas reservas el tiranicidio en el caso de “usurpadores”, dentro de una resistencia a la usurpación que podía llegar al derrocamiento y hasta al tiranicidio. Pero, en caso de que el Príncipe legítimo deviniera tirano al abusar de su poder, se debía apelar más a medios pacíficos para disuadirle y la resistencia debía organizarse mediante acuerdos de los representantes legítimos del pueblo.

En tal supuesto de Príncipe legítimo que deviniese tirano, había que diferenciar también el caso de una tiranía “moderada”, del de una “grave”. Sólo en este último caso había consenso general sobre el tiranicidio. Así pensaban la mayor parte de los neo-escolásticos y monarcómacos (partidarios de la monarquía limitada) calvinistas y católicos. 

Luteranismo: el derecho divino del Rey

De otra parte, luteranos y anglicanos nunca consideraron la tiranía un problema, pues sostenían que el rey gobernaba por derecho divino, ya que el poder lo recibía directamente de Dios. Por eso, y por influjo de Okham (1285-1347), con las salvedades apuntadas en los calvinistas, para los protestantes, la desobediencia y la resistencia a un gobernante, incluso despótico, era igualmente y a la vez delito y pecado, pues no sólo era el gobernante, sino también el ungido por Dios. Salvo que el monarca fuese católico.

Mariana dio un giro revolucionario a las concepciones previas y contemporáneas de la tiranía y del tiranicidio. Mariana fue más lejos que sus coetáneos al admitir el tiranicidio, tanto en el caso de usurpadores, para el que no oponía apenas limitaciones, como para el caso del gobernante legítimo convertido en tirano, siempre que se hubiesen agotado los medios pacíficos para su enmienda. Con una única reserva: la calificación de tirano no podía quedar al libre arbitrio del particular que cometiese el tiranicidio, sino que debía venir de una declaración colectiva de los representantes del pueblo o, si ya no fuesen posibles las reuniones públicas por el despotismo, sería suficiente con que la tiranía fuera notoria.   

El poder se basa en el consentimiento

La teoría de Mariana del tiranicidio se funda en su concepción democrática de la titularidad del poder, común a los escolásticos, pero formulada de modo más radical que en ningún otro hasta él. Su fundamento, más que contractualista es histórico. En el capítulo I de su De Rege et Regis Institutione sostuvo que la sociedad civil surgió de un indefinido estado de naturaleza primitivo, inmediatamente posterior a la caída, caracterizado por la precariedad. La debilidad de los hombres de ese estadio elemental de civilización, además de su sociabilidad natural, les empujaron a constituirse en sociedad y someterse a un poder que instaurase la paz y la justicia. La legitimidad del poder se basa, pues, en el consentimiento de los ciudadanos. Por eso Mariana, como los monarcómacos, valoró mucho las instituciones medievales limitativas del poder.

Mariana compartía el pesimismo de San Agustín, que no creía que la humanidad comprendiese la justicia, ni poseyese la voluntad de practicarla. Por eso su visión de la política es pragmática. Pero no compartía la teorización tomista sobre la naturaleza y el impacto del pecado original en la ley natural, la sociedad civil y la autoridad política. Para Santo Tomás, la ley natural quedó dañada por el pecado, pero no modificada o degradada. Por eso la sociedad civil y la autoridad política eran para Santo Tomás fruto de la ley natural, que superó casi sin cambios la caída. Mariana, por el contrario, pensaba que el pecado original sí afectó, y muy profundamente, a la ley natural y a la sociedad en sus bases. 

La cuestión clave: el pecado original

Para Mariana, el pecado original trazó a la humanidad un rumbo descendente que, poco a poco, la alejó del estado natural de los primeros hombres. Todos los esfuerzos humanos para “mejorar” nacieron como reacción a la corrupción derivada del pecado, es decir, tanto la sociedad organizada, como la ley positiva o la autoridad política fueron frutos de esa reacción contra la corrupción producida por el “mal”. No llega Mariana a separarse de Santo Tomás y Francisco Suárez, con los que coincide en la sociabilidad del hombre. Mas, para Mariana, el pecado no fue sólo el origen del mal, sino también el de la virtud humana, con sus flaquezas.

También difiere Mariana del tomismo, y de Suárez, en el origen de la propiedad, del señorío y de la sociedad. Su agustinismo determinó el modo de comprensión de Mariana de la ley natural. Ésta, tras la caída, es simplemente la ley que comparten hombres y bestias y poco más, casi el instinto natural. La ley natural, pues, no pudo ser el origen ni el impulso para el paso desde los grupos familiares, hasta la sociedad civil. Esta se construyó mediante la ley positiva del hombre, siempre afectada por el pecado. Los hombres crearon las leyes positivas, ante todo, para protegerse de las transgresiones, abusos y crímenes de sus gobernantes.

El influjo agustinista en Mariana, a través de Duns Escoto (1266-1308), se aprecia en su valoración de la ley natural. Escoto se separó de Santo Tomás, como Mariana de Suárez, al considerar que el pecado original la degradó y transformó hondamente. Escoto sostuvo que, antes de la caída, todo era poseído en común por ley de naturaleza, pero dejó de ser así después del pecado. La propiedad, el señorío y la sociedad fueron instituidos por la ley positiva, no por la ley natural.

Temerás al pueblo

Mariana fue más allá que Francisco Suárez al postular un estado de naturaleza anterior a la institución del gobierno, similar al definido después con pesimismo por Hobbes (homo homini lupus), o por Rousseau, con más optimismo (el buen salvaje). Y, además, se anticipó a Locke al afirmar que los hombres abandonaron el estado de naturaleza para formar gobiernos, con el fin de preservar sus derechos, especialmente la propiedad.

Mas, como se ha dicho, lo más destacable de Mariana fue su innovación creativa de la teoría escolástica del tiranicidio, en la que difiere de Francisco Suárez, mucho más moderado. Es la leyenda del jesuita conspirador y propagandista del regicidio que se extendió por toda Europa. Y sus escritos se convirtieron en modelo de la resistencia a la opresión y al despotismo. Frente a las objeciones al tiranicidio de protestantes y católicos, Mariana oponía que era imprescindible que los gobernantes temiesen al pueblo y fuesen conscientes de que, si gobernaban de modo tiránico, podría pedírseles cuentas por sus abusos.

Francisco Pi y Margall (1824-1901) pese a considerarlo como un partidario de la teocracia, admiró su defensa de los valores constitucionales y de las libertades personales. Seguramente, en su edición de las Obras Completas de Juan de Mariana (1854), que preparó para la Biblioteca de Autores Españoles (BAE) de Rivadeneyra, Pi y Margall se basó también en las consideraciones de Juan de Mariana sobre el estado de naturaleza y en su intransigente denuncia de la tiranía, para intentar presentarle casi como un “revolucionario”, pese a lo forzada que pueda parecer hoy esa categorización.

Ver también

El pensamiento político de Juan de Mariana. (Pedro López Arriba).

Suárez, de moda. (León Gómez Rivas).

Francisco Suárez en Lisboa y Ávila. (León Gómez Rivas).

Juan de Mariana, un intelectual contra la tiranía. (Eduardo Fernández Luiña).