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La Iglesia Católica y bitcoin

La Iglesia Católica no se ha pronunciado oficialmente ni a favor ni en contra de Bitcoin y otras criptomonedas. El motivo principal es la prudencia que deben tener las jerarquías antes de emitir un juicio moral sobre algo nuevo y desconocido. Pero sí que diversos cargos eclesiásticos y laicos se están pronunciando en contra de Bitcoin y del resto de criptomonedas por considerarlos “elementos especulativos sin ningún valor real que sirven a las grandes empresas en contra de los intereses de clases medias y bajas”.

Esta afirmación puede tener parte de verdad cuando menciona la especulación, pero se equivoca en decir que es mala per se y que perjudica a las clases bajas cuando en la realidad la actividad especulativa ayuda a la asignación eficiente de los recursos. Aunque no es el tema por tratar y, como además, soy escéptico sobre los diferentes criptoactivos, argumentaré por qué en el caso de Bitcoin esta afirmación es radicalmente falsa.

Qué es Bitcoin

Para criticar Bitcoin, hay que entender en qué consiste. Bitcoin es un tipo de dinero digital dentro de una red descentralizada P2P que permite enviar pagos online sin necesidad de que un intermediario valide la transacción. Es una cadena continua de bloques de información basada en un método de consenso bajo proof-of-work. La diferencia entre Bitcoin y cualquier otra criptomoneda es que está descentralizada. Ningún individuo ni organización puede modificarla.

El sistema de la red P2P basado en una proof-of-work consiste en que, cada vez que se emite una transacción, los nodos mineros (también hay nodos no mineros) recogen las transacciones en un bloque cada 10 minutos y deben competir para ser los primeros en actualizar el libro público de contabilidad y ganar el bloque. Para ello, gastan bastante energía para que la CPU resuelva la proof-of-work, que son problemas matemáticos difíciles de resolver, pero con una solución fácil de comprobar.

Transacciones seguras

Una vez se anuncian las transacciones, el resto de los nodos aceptan o rechazan la validez del bloque viendo si se han gastado los bitcoins con anterioridad. Si aceptan, deciden trabajar en ellos para el siguiente bloque. El minero que ha emitido el bloque válido recibe una recompensa en bitcoins, que se perdería en caso de ser una atacante de la red habiendo gastado energía de manera inútil. Por tanto, la mayoría de los nodos tienen inventivo a ser honestos.

Cada usuario tiene un monedero y posee una clave privada, que después genera una dirección pública, a la que poder enviar bitcoins o satoshis (las unidades divisibles de cada bitcoin) y que se puede comprobar mediante una firma. La clave privada es única y es imposible de adivinar mediante la dirección pública. Sólo los individuos o entidades con claves privadas serían propietarios de bitcoins. Es imposible conocer la clave privada de otro usuario. Pero las transacciones entre direcciones son públicas, lo que hace posible saber qué fondos tiene determinado usuario y de quién los ha recibido, aunque eso no implica saber su identidad real.

No atenta contra el Catecismo

Únicamente con explicar el funcionamiento de Bitcoin, se entiende que es un proyecto de moneda digital deflacionaria, puesto que su oferta está limitada y que elimina la necesidad de intermediarios en la red para validar las transacciones. La finalidad de Bitcoin fue, según dio a entender su creador, Satoshi Nakamoto, conseguir un dinero similar al mejor dinero que ha existido, el oro, según autores como Guido Hülsmann. A su vez, Bitcoin pretendía ser un dinero efectivo pero digital, sin necesidad de bancos o cajas de ahorro, siendo simplemente un monedero.

Por tanto, no hay ningún motivo para atacar Bitcoin que pueda estar enlazado al Catecismo de la Iglesia católica y sus enseñanzas sobre la moral. Los argumentos que se dan en contra son que sirve para fines especulativos (como si fuese malo, pero no quiero entrar a ese debate), favorece el crimen organizado y perjudica a la clase media y baja frente a los intereses del gran capital. Todos esos argumentos son falsos, o parcialmente falsos. Además, los críticos se olvidan de que Bitcoin otorga independencia financiera, que es importante para llevar una vida digna, y lleva un dinero seguro a personas perseguidas y oprimidas por gobiernos tiránicos.

Prevalecen los inversores a largo plazo

Es cierto que muchos individuos usan Bitcoin con fines especulativos, pero definitivamente son una minoría. Como las direcciones y transacciones son públicas, se pueden analizar y sacar gráficos estadísticos. Uno de ellos es el de long-term holders (LTH), que según Glassnode en 2023 ocupa un 78% de toda la oferta de Bitcoin. Los long-term holders son aquellos usuarios que no han hecho transacciones en más de 155 días. Por lo tanto, el 78% del Bitcoin está en manos de individuos o empresas que buscan una reserva de valor, una especie de oro digital.

La red Bitcoin es libre y puede entrar cualquiera, por lo que no se puede sacar, de ahí que favorezca únicamente a las grandes corporaciones. Es cierto que las grandes corporaciones o monopolios de la violencia, como EEUU o China, han estado comprando grandes cantidades de Bitcoin. Se estima también que su creador, Satoshi Nakamoto, tiene unos 700.000 bitcoins y hay otros grandes tenedores que puede causar fluctuaciones notables en el precio, pero eso ocurre con cualquier bien. Por eso no se puede sacar de ahí que perjudique a las clases medias y bajas, dado que sería como decir que el oro era un mal dinero porque grandes corporaciones como la Compañía de Indias Orientales o diversos monarcas mercantilistas acumulaban grandes cantidades de oro. No hay relación entre ambas afirmaciones y cualquier individuo con acceso a internet puede comprar Bitcoin.

Bitcoin y crimen

Hay que desestimar el argumento del crimen organizado. Es cierto que en Silk Road usaban Bitcoin, ya que las autoridades civiles desconocían su funcionamiento. Sin entrar en el debate de si las actividades de Silk Road eran ilícitas, usaban Bitcoin como podrían haber usado dólares o euros. Es más, la mayor parte del crimen organizado o, mejor dicho, de las actividades que se pueden dar en el mercado que son ilícitas (estafas, venta de bienes robados, sicarios…) porque dañan derechos de propiedad ajenos se efectúa en dólares. Además, Bitcoin dificulta las actividades criminales porque las direcciones y transacciones son públicas, por lo que, si se relaciona una dirección con una entidad criminal, se puede ver sus movimientos. La única diferencia es que no se puede confiscar si no se dispone de las claves privadas.

La imposibilidad de la confiscación de bitcoins es buena para el correcto desarrollo de la justicia. La confiscación de bienes de manera preventiva es peligrosa y puede llevar a que los gobiernos la usen de manera arbitraria, como hicieron en Canadá con una campaña para recaudar dinero a favor de los camioneros que se oponían a las restricciones Covid. Aquel que ha agredido a terceros debe ser obligado a reparar el daño causado hacia las víctimas, pudiendo ser privado de libertad. Que Bitcoin no sea confiscable no evita que un criminal sea detenido. Simplemente, se evitan las confiscaciones preventivas porque toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Juan Pablo II

No solo Bitcoin puede llegar a ser el dinero estable que pidió Juan Pablo II, sino que puede ayudar en la evangelización y la labor social de la Iglesia Católica. La vocación de la Iglesia católica es universal y, por tanto, miles de misioneros viajan a zonas donde los locales están sometidos bajo el yugo de gobiernos tiránicos, que impiden a los locales prosperar, o islamistas que les ejecutarían de convertirse al cristianismo y rechazar la Sharía. Las donaciones en Bitcoin podrían ser uno de los mejores mecanismos para llevar a cabo estas misiones.

De momento, la evangelización en naciones subdesarrolladas no se está llevando a cabo con Bitcoin, pese a cada vez más locales lo usan para proteger sus ahorros. Pero sí que está empezando a haber ejemplos, como el de las monjas Benedictinas de María, Reina de los Apóstoles, en Kansas. Dirigidas por el capellán Matthew Bartulica, que da misa tradicional en latín y es defensor de Bitcoin, financiaron la construcción de una nueva iglesia mediante donaciones en Bitcoin. No es el único caso, la Archidiócesis Católica Romana de Washington DC empezó a aceptar donaciones de criptomonedas. Finalmente, en 2023, Matthew Pinto organizó la primera conferencia cripto-católica en EEUU. Argumentó por qué los católicos tenían que tener en cuenta las criptomonedas y Bitcoin.

Aunque sigue habiendo muchas voces en contra, esto es el comienzo. Bitcoin puede ayudar a reconstruir la civilización cristiana. Por eso la jerarquía eclesiástica no debe emitir juicios imprudentes sobre la naturaleza de Bitcoin. Debe usarlo frente al dinero fíat, mediante el cual los gobiernos acaban con nuestros ahorros y nuestras libertades. Además, el dinero fíat ha fomentado el cortoplacismo, que tanto daño ha hecho a la moral pública. Y ha fomentado modos de vida no acordes al Evangelio.

Ver también

Bitcoin y la crisis de legitimidad del Estado (I): introducción. (Álvaro D. María).

Bitcoin y la crisis de legitimidad del Estado (I): camino a las micrópolis. (Álvaro D. María).

Liberalismo y bitcoin. (Manuel Polavieja).

La legislación española de armas y su impacto en la defensa propia

Este mes hemos tenido un nuevo caso de condena a un ciudadano por defenderse de un asaltante en su domicilio. Este caso es especialmente interesante porque no se utilizó un arma de fuego para la defensa, sino una simple navaja.

Los hechos ocurrieron en mayo de 2018. Sobre las tres de la madrugada, el propietario de un piso sospechó que podía haber un intruso dentro de su casa, cogió una navaja que tenía en la mesilla de noche y fue a investigar. Se encontró con el asaltante, que le golpeó en la cabeza con una barra metálica, lo que condujo a un enfrentamiento donde el propietario consiguió herir al asaltante varias veces con la navaja, lo que llevó a su incapacitación y, posteriormente, a su muerte por pérdida de sangre.

Argumentación del jurado

Hasta aquí los hechos probados. Ahora vamos a ver cómo argumentó el jurado que a este señor se le condene a dos años y medio de cárcel y a indemnizar a los familiares del delincuente con 70.000 euros:

Así, la resolución explica que es claro que la acción del acusado vino precedida de una agresión ilegítima, como es la entrada en el domicilio en horas nocturnas con intención de robar. Pero, el Jurado, indica que el acusado se había despertado por escuchar ruidos y “se puso en prealerta, cogiendo el machete de la mesita de noche”.

No es, pues, que lo cogiera después de haber sido agredido en la cabeza, sino que “optó por defenderse con un machete guardando silencio para acometer con él al ladrón, sin intentar disuadirle de su acción con avisos o advertencias”. De ahí infiere el Jurado una falta de “proporcionalidad en los métodos utilizados en la defensa de su persona, pues se defendió con un cuchillo y dio varias puñaladas”.

Legislación

En vez de analizar estos argumentos, voy a aprovechar este caso para hacer un análisis más profundo. Lo hago porque creo que en España tenemos una incomprensión severa sobre qué legislación existe sobre la defensa de nuestra vida y de nuestras propiedades, y del (no uso) que podemos hacer de las armas para este fin. Y sólo explicando desde la base se puede llegar a entender cómo es posible que policías, fiscales, jurados populares y tribunales puedan llegar a elaborar argumentos tan alejados del sentido común básico con el que la mayoría de los ciudadanos analizamos estos hechos.

En España existe una legislación que a simple vista parece proteger el derecho de los ciudadanos a defender su vida y sus propiedades. Las principales herramientas legales serían las siguientes.

Constitución y Código Penal

Artículo 15, 17 y 18 de la Constitución:

  • Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o a tratos inhumanos o degradantes.
  • Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad.
  • El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito

Artículo 20 del Código Penal

Están exentos de responsabilidad criminal:

4.º El que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos, siempre que concurran los requisitos siguientes:

Primero. Agresión ilegítima. En caso de defensa de los bienes se reputará agresión ilegítima el ataque a los mismos que constituya delito y los ponga en grave peligro de deterioro o pérdida inminentes. En caso de defensa de la morada o sus dependencias, se reputará agresión ilegítima la entrada indebida en aquélla o éstas.

Segundo. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.

Tercero. Falta de provocación suficiente por parte del defensor.

No se puede poseer un arma en defensa propia

Con esta legislación en la mano una persona podría defender su morada de un allanamiento sin que exista responsabilidad criminal por su parte siempre que lo haga para repeler el asalto y cumpla con racionalidad respecto al medio empleado. Y es precisamente en este pequeño matiz que el legislador ha introducido al final donde todo se da la vuelta y nuestros derechos desaparecen.

¿Qué es un medio racional ante un asalto? ¿Lo que los tribunales fijen con base a las circunstancias del caso y a la jurisprudencia?

Lo cierto es que no funciona así del todo. Los tribunales españoles parten de otra realidad más simple que es ignorada por la mayoría de los ciudadanos: en España no existe el derecho a poseer un arma con fines de defensa propia. Las armas solo se pueden poseer como ornamentación o como herramientas de trabajo o caza. Si las utilizas para defenderte, estás entrando en un terreno gris entre dos legislaciones contradictorias.

La incomprensión del ciudadano común es tan grande sobre este tema que me encuentro muy a menudo con que piensan que esto que acabo de escribir es una exageración propia del liberalismo, y nuestra fobia al Estado. Pero no, no lo dicen los liberales, lo dice la Guardia Civil.

Y la Guardia Civil puede decir esto porque la propia Constitución española le habilita para ello. Concretamente el artículo 149 donde el Estado se apropia de la competencia exclusiva en la tenencia y uso de armas.

Ni portar armas de cualquier tipo

Aquí tenemos que hacer una pausa para entender otra cosa importante, y que si no se deja clara embarra el entendimiento de mucha gente: no estamos hablando sólo de armas de fuego y la posibilidad de portarlas en la calle o tenerlas en casa. Esto no va de tiroteos como en Estados Unidos, ni sobre los AR-15, ni sus cargadores de 30 balas. Todo el debate sobre armas de fuego y la segunda enmienda que aplica a Estados Unidos, y que es tremendamente interesante, no aplica en España. Y no lo hace porque sería como discutir sobre gestación subrogada viviendo en Afganistán.

En nuestro país no existe el derecho a portar armas. Repito, armas, no armas de fuego. No se puede llevar ningún arma en la vía pública que no sea a su vez una herramienta y que puedas justificar que necesitas usar para la actividad que estás realizando en ese momento. Esto no solo aplica a cuchillos o navajas, aplica a cualquier cosa que pueda ser usada de forma lesiva. La lista es amplia, ya que la imaginación del ser humano no tiene límite, así que nuestra legislación delega en los agentes de los cuerpos de seguridad del Estado determinar si el objeto que portas es un arma o no. Lo que lleva a situaciones surrealista como la incautación de navajas suizas o de encendedores eléctricos.

Armas descargadas

En nuestros domicilios las cosas no son mejores. Se puede tener armas en casa, excepto una lista bastante subjetiva de ellas que están prohibidas y otra lista donde se requiere licencia, pero su fin no puede ser defender nuestra vida o propiedad. Legalmente son herramientas o elementos decorativos y el reglamento de armas vela porque, dentro de sus posibilidades, sea así.

¿Cómo lo hace? Sobre las armas de fuego lo he explicado en varios artículos pasados. No puedes tener el arma cargada en casa, y tienes que guardar la munición en un lugar diferente del arma. Esta regla sólo puede tener como fin dificultar la utilización del arma como defensa ante una agresión, ya que no supone ningún inconveniente para utilizarla para otro fin ilícito.

Pero muchas personas no aceptan esto. Para ellos, la seguridad y la prevención de accidentes es lo que mueven a nuestros burócratas en este tipo de normas. Bueno, vamos a ver otro ejemplo para disipar dudas.

Gas comprimido

En el mundo de la defensa propia no solo existen armas de fuego. Hay otro tipo de armas, que la Guardia Civil cataloga de tipo 4, que son de gas comprimido. Estas armas pueden lanzar proyectiles a unas velocidades más bajas que las de fuego, pero pueden ser suficientemente potentes para repeler una agresión al causar traumas o heridas leves. ¿Cuál es su problema? Que necesitan una botella de gas (normalmente CO2) que se lleve pinchada poco tiempo para garantizar que la presión de la misma es suficiente para cumplir su función.

En un arma meramente defensiva prima que esté operativa en cualquier momento y en cuestión de segundos. De otro modo no sirve de nada.

Como existen otros países donde la defensa propia sí está amparada por la ley, existen muchos modelos de armas de gas comprimido de calibres y potencia traumáticas que están preparadas para que la botella de gas entre en funcionamiento de forma rápida. De este modo este tipo de armas se convierten en una herramienta válida para la defensa del hogar (no son válidas en espacios abiertos dado su corto alcance).

¿Funciona? ¡Lo prohibimos!

¿Qué hace la Guardia Civil cada vez que un modelo de este tipo de armas llega a las tiendas autorizadas españolas y se vuelve popular? Sí, lo han adivinado: prohibirlo. Y recalco lo de prohibir, porque lo lógico sería que, si la consideran más peligrosa que las que no tienen este mecanismo, pasarán a una categoría superior (de 4º a 3º, por ejemplo). Pero no, el fin no es controlar su uso a ciudadanos que pasen más controles (licencias), sino directamente prohibir que nadie pueda poseerlas, ya que su fin es la defensa propia, no ser una herramienta de ocio o trabajo.

En cambio, las armas de gas comprimido o resorte mucho más potentes siguen siendo legales para cualquiera mayor de edad, siempre que no tengan un mecanismo que permita usarlas de forma rápida. O, dicho de otra forma, siempre que no se puedan usar como defensa ante una agresión inesperada.

Todo menos la autodefensa del ciudadano

Creo que el ejemplo es suficientemente claro. Podemos escribir muchos más, ya que el mercado de armas de defensa propia es tremendamente extenso, y nuestra Guardia Civil prohíbe sistemáticamente todo, así que voy a dar por aclarado que en España existe la voluntad legal de no permitir que un ciudadano use cualquier arma para defenderse. Por lo que ahora sí se puede entender mucho mejor qué está ocurriendo con la serie de sentencias que están apareciendo, donde son condenados ciudadanos que simplemente repelieron un ataque en su domicilio con el medio más eficaz del que disponían: sus armas.

Pero antes de comentar la condena que hemos visto al principio, vamos a ver otro caso donde los tribunales sí han concedido la exención completa de legítima defensa.

Los hechos ocurrieron en 2005, un hombre estaba maltratando físicamente a su pareja sentimental en su domicilio. Después de una primera agresión, la mujer se puso a cortar verduras con un cuchillo, momentos después el hombre retomó su agresión, lo que llevó a la mujer a apuñalarlo varias veces hiriéndolo de gravedad.

Tenía el arma, pero no para la autodefensa

El tribunal supremo la exonera con estos argumentos:

En el caso actual existe una ilegítima agresión, intensa por su brutalidad y por su persistencia y un evidente riesgo para la agredida. La necesidad de defenderse legítimamente exigía una proporcionalidad que en aquél momento no brindaba otra posibilidad defensiva que la de usar el arma que por otras razones portaba todavía en la mano. No usarlo equivalía a no defenderse frente al agresor, y en términos de posibilidad real, es decir en el ámbito de lo exigible, defenderse eficazmente exigía precisamente el uso de ese arma. Hacerlo con dos cuchilladas que permitieron neutralizar la agresión, no debe considerarse exceso, desproporción, o falta de necesidad racional, sino lo proporcionado, dentro de lo necesario y de lo posible.

Me imagino que todos hemos visto la clave: tenía el cuchillo en la mano por otras razones distintas a su defensa. En ningún momento esta señora incumplió la regla de coger un cuchillo para defenderse, simplemente lo estaba empleando como herramienta y la agresión ilegítima tuvo lugar junto con esta afortunada circunstancia.

La mala suerte de no pelar verduras

En cambio, ¿qué pasó con nuestro desafortunado propietario que repelió un asalto a su casa? No estaba pelando verduras, así que se entiende que cogió su navaja para usarla con el fin natural de cualquier arma: su capacidad de infringir daño a un posible agresor. Y eso es lo que en España te lleva de ser víctima a ser un criminal.

Volvamos a leer el párrafo donde el jurado afea a este señor que cogiera su navaja:

Pero, el Jurado, indica que el acusado se había despertado por escuchar ruidos y “se puso en prealerta, cogiendo el machete de la mesita de noche”. No es, pues, que lo cogiera después de haber sido agredido en la cabeza, sino que “optó por defenderse con un machete guardando silencio para acometer con él al ladrón, sin intentar disuadirle de su acción con avisos o advertencias”

Según nuestros tribunales, una persona no puede coger un arma en su casa simplemente como precaución, tiene que esperar a ser agredido para (si sigues vivo) ir a por ella. Pero es que encima, si tienes la suerte de detectar al asaltante antes de ser agredido, tienes la obligación de no guardar silencio y avisarle de que estás armado. ¿Por qué? Porque al empuñar un arma te has convertido en una amenaza para la sociedad, y el asaltante tiene derecho a ser avisado de tus macabras intenciones.

Asaltos con torturas y violaciones, sin derecho a la defensa

Es tremendamente curioso que el hecho de saltarse la legislación de armas, haciendo uso de una para defenderte, predisponga a un tribunal a pensar que ya no eres una víctima que se acaba de despertar en mitad de la noche con 180 pulsaciones por minuto, sino una especie de justiciero que quiere sorprender a un simple ladrón a sangre fría. En cambio, la persona que entra en una casa habitada de madrugada, no solo no se le presupone intenciones asesinas, sino que se rebaja su condición a la más leve (ladrón), y se da por hecho que con una simple advertencia verbal va a huir. Pero lo cierto es que en España ya no se asaltan casas solo para robar, cada vez es más común torturar y violar a sus moradores.

Y aquí es donde vamos a tener un problema muy grave en pocos años. La legislación de armas española es totalitaria, siempre lo ha sido, pero a nadie le ha importado mucho (menos a los liberales, claro). En un país pacifico, donde solo te arriesgas a que te roben la cartera o que tu casa aparezca desvalijada cuando vuelves de vacaciones, que unos burócratas trabajen incansablemente para impedirte la defensa por medio de las herramientas que mejor cumplen esa función es un problema filosófico. En cambio, si la vida de más gente empieza a estar en riesgo de forma habitual, lo filosófico se convierte en un drama que no va a ser nada fácil de resolver.

Legislaciones totalitarias

Y no lo va a ser porque las legislaciones totalitarias son inmunes a la realidad. De hecho, tienden a agudizarse contra más sean cuestionadas por ella. Una muestra de ello es que la utilización de grandes machetes por parte de bandas latinas ha llevado al incremento de incautaciones de navajas de rescate (las que sirven para cortar el cinturón o romper las ventanillas) y demás navajas totalmente legales que los ciudadanos portaban en las guanteras de sus vehículos privados.

A esto hay que sumar a una población que en su mayoría está totalmente desconectada de la idea de la defensa propia y del uso de las armas. Cuya reacción ante la violencia va a ser pedir más represión estatal, y va a rechazar aceptar la idea de que la primera barrera de contención de una agresión es él mismo y su capacidad de defenderse. Arrastrando así a que los ciudadanos que sí quieran ejercer este derecho sigan sin poder hacerlo.

El totalitarismo en cualquier ámbito siempre lleva al desastre. El de las armas no es una excepción.

Ver también

Las armas no matan. (Manuel Llamas).

El Papa Francisco y el derecho a la autodefensa. (Antonio José Chinchetru).

El derecho a la autodefensa. (Alberto Illán Oviedo).

China da marcha atrás en la planificación demográfica

Por Peter Jacobsen. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

El siglo XX estuvo lleno de intentos de planificar la población de forma centralizada. Científicos como Paul Ehrlich y empresarios como Hugh Moore se pasaron la vida presionando directamente a políticos y ciudadanos para que abordaran el inminente espectro de la “superpoblación”. El lenguaje de los detractores de la población era a menudo dramático y a menudo incluía predicciones de muerte masiva en tan sólo unas décadas. Las predicciones nunca llegaron a cumplirse. La humanidad nunca se quedó sin alimentos -ni sin ningún otro recurso- antes del cambio de siglo.

Pero los agoreros de la población sí tuvieron impacto. Gobiernos como el de Estados Unidos, a través de USAID, y organizaciones como el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades en Materia de Población (FNUAP) dedicaron amplios recursos organizativos a frenar la población mundial. Este impulso se manifestó en el primer Premio de Población de la ONU concedido a líderes de China e India en 1983. En aquel momento, ambos países habían utilizado tácticas coercitivas para frenar el crecimiento demográfico, pero uno de ellos ha quedado grabado en el espíritu de la época como el principal ejemplo de planificación demográfica: China y su infame política del hijo único.

“Nueva cultura del matrimonio y la procreación”

Hace poco más de una semana, el 30 de octubre, el líder del PCCh, Xi Jinping, admitió implícitamente que la política demográfica de China fue un gran error. 2022 fue el primer año en más de seis décadas en el que China registró un descenso de su población. Esto no es sólo un parpadeo. A menos que algo cambie, la población de China disminuirá cada vez más rápidamente en un futuro previsible.

Para combatirlo, dice Xi, “debemos cultivar activamente una nueva cultura del matrimonio y la procreación”. Aunque los líderes del PCCh nunca admitirían que las políticas demográficas del pasado fueron un error, por miedo a admitir un fracaso del difunto dictador Mao Zedong, este cambio de rumbo es lo más parecido a una admisión que se puede conseguir.

La clave de este momento, sin embargo, no es sólo el fracaso de Mao y de la política del hijo único. El fracaso reside en la idea misma de planificar centralmente una población y en todos los planificadores centrales que la promovieron a lo largo del siglo XX. Veamos por qué fracasó.

Humanidad + Creatividad > Tragedia

El llamamiento a la planificación centralizada de la población se deriva en última instancia de un único ejercicio intelectual que dice algo así. Imagina que vives cerca de un estanque que nadie posee. Cada persona que vive en el estanque se da cuenta rápidamente de que cada vez que un vecino pesca, éste recibe todo el beneficio del pez, pero todos los que viven cerca del estanque experimentan la pérdida de tener un pez menos.

Esta situación incentiva a cada persona a pescar más a menudo porque significa que cada persona reclama más peces. Este reconocimiento conduce a un círculo vicioso en el que todos se apresuran a pescar y, al hacerlo, capturan todos los peces del estanque, de modo que éste queda vacío para siempre.

Este escenario se conoce como la tragedia de los comunes. El ecologista Garrett Hardin fue el primero en formalizar esta preocupación y lo hizo en el contexto del llamado problema de población. La teoría de Hardin era que si había recursos comunes, la gente produciría hijos en exceso porque los niños recibirían todo el beneficio de los recursos comunes sin que los padres soportaran el coste.

Las justificaciones de la planificación central de la población varían con el tiempo en función del recurso común. En los años 70, a muchos les preocupaba que los alimentos (que no son realmente un recurso común en ningún sentido formal) fueran consumidos en exceso por una población creciente. Hoy, los académicos escriben artículos sobre el consumo excesivo de nuestro recurso común, el “clima”.

Julian Simon y Elinor Ostrom

Estas justificaciones han resultado ser siempre erróneas. Los economistas Julian Simon y Elinor Ostrom explicaron por qué a lo largo de sus carreras. Simon destacó cómo el crecimiento de la población aumentaba el número de personas creativas que responderían a la escasez de recursos con soluciones ingeniosas. A lo largo de su vida debatió con Hardin sobre este punto (“Is the Era of Limits Running Out?” Public Opinion, 5, febrero/marzo, 1982, pp. 48-57) y ganó una apuesta contra Paul Ehrlich demostrando que los recursos eran cada vez más abundantes.

Ostrom abordó el problema de otra manera. Destacó cómo los grupos de personas a menudo ideaban normas culturales e institucionales inteligentes que protegían los bienes comunes de la sobreexplotación, y ganó el premio Nobel de Economía por ello.

El mensaje general de ambos académicos es el mismo: la gente no está atrapada en la tragedia de los bienes comunes. Son capaces de pensar en soluciones inteligentes que ecologistas como Ehrlich y Hardin eran aparentemente incapaces de concebir. Esta incapacidad para reconocer la creatividad humana como la solución definitiva a los problemas asociados a una mayor población es la primera razón del fracaso de la planificación demográfica centralizada.

Los humanos no son moscas de la fruta

La segunda razón del fracaso de la planificación demográfica central también está relacionada con la importancia de la creatividad humana. A diferencia de los supuestos en los que se basan muchos modelos de crecimiento de la población animal, las personas son capaces de considerar y sopesar los costes y beneficios futuros de tener hijos para sí mismas.

Este problema de los planificadores de la población se viene observando desde hace mucho tiempo. En un artículo de 1932 titulado “Población y cultura”, escrito por Lyman Bryson con comentarios del economista Frank Fetter, Bryson desmonta el “enfoque biológico” por el que se trata a los humanos igual que a los animales. Los defensores de este enfoque argumentan que funcionaría si se ignorara el hecho de que los humanos responden a condiciones cambiantes. Bryson responde,

¿Y no es esa otra forma de afirmar que los datos derivados del laboratorio, de experimentos controlados con moscas de la fruta, tendrían algún significado en las interpretaciones demográficas si no fuera por la obstinada tendencia de los hombres a ser hombres y no moscas de la fruta?

El comentario de Fetter refuerza este punto:

…tenemos el espectáculo del biólogo, mal entrenado en los elementos del pensamiento en el campo social, esforzándose por reducir el complejo problema de la población humana al tamaño y contenido de una botella de gusanos en su laboratorio.

El humano es un animal inteligente

En resumen, los seres humanos no son moscas de la fruta. En general, toman decisiones inteligentes sobre cuestiones importantes como tener hijos. Eso no significa que los humanos no cometamos errores, pero tampoco somos simples siervos de nuestros impulsos. En muchos países en desarrollo, los hijos cumplen una importante función de seguridad social para los padres. Si a esto unimos la preferencia cultural masculina que excluye a muchas mujeres del mercado laboral, resulta fácil ver cómo las familias muy numerosas son una respuesta racional de los pobres en función de su situación.

Los países ricos suelen desvincular la seguridad social de los padres y sus descendientes directos. En su lugar, la generación de más edad en su conjunto se mantiene teóricamente gracias al trabajo de la generación más joven en su conjunto. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta disociación entre padres e hijos implica una disociación de incentivos. Cuando tus hijos te proporcionan directamente la seguridad social, tienes un incentivo para tener hijos. Cuando los hijos de otra persona pueden proporcionarle seguridad social, usted tiene menos incentivos para tenerlos.

La mala decisión de China

Esto no quiere decir que el sistema disociado no pueda funcionar. El país que lo utilice simplemente tiene que ser lo suficientemente rico como para hacer frente a este problema. El problema es que la planificación demográfica central ignoró por completo esta realidad. Al imponer una política artificial de un solo hijo, China redujo en millones el número de habitantes de las generaciones futuras.

Ahora China se enfrenta al problema de una mano de obra relativamente pequeña en comparación con una gran generación de edad avanzada. Si el país hubiera confiado en la toma de decisiones de los individuos, parece probable que la pirámide de población en China sería mucho menos problemática de lo que es.

El orden de muchos planes

El fracaso de la planificación demográfica central en China es un microcosmos de la tendencia de la planificación demográfica central a fracasar siempre. La actitud del planificador central queda bien reflejada en una cita de Mao Zedong, quien dijo,

Hay que planificar la reproducción. En mi opinión, la humanidad es completamente incapaz de autogestionarse. Tiene planes para la producción en fábricas, para producir telas, mesas y sillas, y acero, pero no hay ningún plan para producir seres humanos. Esto es anarquismo: sin gobierno, sin organización y sin reglas.

Irónicamente, esta cita de 1957 se produce sólo 8 años después de que Mao proclamara que el crecimiento de la población sería siempre una bendición para China.

El error fundamental que se comete aquí es la afirmación de que sin planificación central no hay gobierno, organización ni normas. Esto no es cierto. La mayoría de nuestras acciones e interacciones cotidianas se rigen por normas institucionales formales e informales ajenas al Estado. La ausencia de planificación central no es la ausencia de un plan. Más bien es la presencia de millones de planes creados por individuos inteligentes que saben más sobre sus situaciones de lo que jamás podría saber un planificador central.

La preeminencia del plan del dictador

Citando al economista Ludwig von Mises en su libro Socialismo:

Lo que defienden los que se llaman a sí mismos planificadores no es la sustitución de la acción planificada por el dejar hacer. Es la sustitución del plan del propio planificador por los planes de sus semejantes. El planificador es un dictador en potencia que quiere privar a todas las demás personas del poder de planificar y actuar según sus propios planes. Su único objetivo es la preeminencia absoluta y exclusiva de su propio plan.

Tal vez apoyar los planes de muchos sea una especie de anarquismo, pero es cualquier cosa menos caótico.

Contrasta con el caos de la planificación demográfica central. En los últimos 80 años China ha pasado del sentimiento pro-natal al sentimiento anti-natal, a la política anti-natal, al sentimiento pro-natal, y probablemente pronto a la política pro-natal. Con planes así, ¿quién necesita el caos?

La mejor esperanza para la humanidad en la cuestión del crecimiento demográfico es que la gente mire hacia atrás en la historia de las políticas demográficas de China y se dé cuenta de que no ha sido sólo un caso de mala suerte. Más bien, la inestabilidad demográfica es un resultado previsible de lo que ocurre cuando el gobierno se entromete en los planes de los ciudadanos.

Ver también

El sueño urbano de China. (Javier Moreno).

La gran lección económica de China. (María Blanco).

El visionario Milton Friedman y la economía de China. (Rainer Zitelmann).

Cómo las leyes DEI atentan contra la libertad académica

Por Madeleine Armstrong. Este artículo ha sido publicado originalmente por CapX.

Existe una tendencia orwelliana en la izquierda a ocultar medidas antiliberales tras tópicos morales. Las estrategias de Igualdad, Diversidad e Inclusión (DEI), ahora omnipresentes en las empresas e instituciones públicas, son un claro ejemplo. Al amparo de estos objetivos aparentemente benignos, una burocracia en expansión ha socavado la meritocracia y minado la productividad en el Reino Unido.

La Ley de Igualdad de 2010, aprobada bajo un Gobierno laborista, apoya un enfoque muy intervencionista de la diversidad en la mano de obra. No basta con que una institución pública no sea discriminatoria. También debe promover activamente a las personas que comparten una característica protegida en sectores donde su participación es desproporcionadamente baja.

En última instancia, esto requiere una discriminación inversa en las prácticas de contratación. Los solicitantes de un mismo puesto o beca ya no compiten con los mismos criterios, sino con otras personas de la misma categoría en función de su raza, sexo u orientación sexual. Sus posibilidades también dependen de la cuota que haya que cubrir para cumplir los objetivos de la DEI.

Diversidad en todo… menos en el pensamiento

La ironía es que suele haber muy poca diversidad de opiniones entre los grupos de expertos que ahora se nombran habitualmente para asesorar sobre las estrategias de DEI. De hecho, estos expertos tienden a alinearse con los puntos de vista políticos más extremos. Esto es problemático para el UK Research and Innovation (UKRI). Está ahora consumido por una tormenta mediática sobre el extremismo de uno de sus grupos asesores en materia de DEI.

Sólo cinco días después de que Research England nombrara a su nuevo grupo asesor de expertos sobre Igualdad, Diversidad e Inclusión (DEI), el fondo de investigación se vio obligado a suspender el grupo porque sus miembros simpatizaban públicamente con los partidarios de Hamás en el Reino Unido. La Secretaria de Estado de Ciencia, Michelle Donelan, escribió una carta abierta al director del UKRI, que supervisa Research England, para expresar su indignación por las “opiniones extremistas” publicadas en Twitter (X) por sus asesores en materia de DEI.

Según la carta de Donelan, el presidente del grupo asesor de DEI “amplificó” una declaración en Twitter (X) que sugería que los ataques de Hamás eran una respuesta al “genocidio y apartheid” de Israel. Mientras, otro miembro calificó de “inquietantes” los planes del Gobierno de tomar medidas enérgicas contra el apoyo a Hamás en el Reino Unido. La directora del UKRI, la profesora Dame Ottoline Leyser, pidió inmediatamente a Research England que suspendiera al grupo a la espera de nuevas investigaciones.

Expertos en distinguir personas en función de la raza

El objetivo del grupo consultivo sobre DEI de Research England, junto con otros grupos consultivos similares de expertos de los consejos de investigación científica y artística, es actuar como “amigo crítico”, abogando por la DEI en el sector de la enseñanza superior en Inglaterra y garantizando que las actividades de Research England apoyen una “cartera equilibrada”.

Sin embargo, existe un claro desequilibrio en la propia composición de estos grupos asesores en materia de DEI. La mayoría de los asesores son esencialmente consultores profesionales de DEI cuyas investigaciones y/o carreras se han centrado en cuestiones de raza e identidad de género en el empleo. Y lo que es más importante, suelen compartir opiniones radicales. Por ejemplo, tanto el presidente como el vicepresidente del grupo consultivo Research England han dirigido proyectos para “descolonizar la enseñanza superior“.

Incidencia en el trabajo académico

La decisión de Leyser de suspender el grupo ha sido recibida con indignación por University College Union (UCU), el sindicato de académicos e investigadores del Reino Unido, que argumenta que se trata de una “capitulación” ante un ataque a la libertad académica. En represalia, el sindicato ha pedido a sus miembros que renuncien a todos los puestos en los consejos consultivos relacionados con UKRI.

Atendiendo al llamamiento de la UCU, muchos académicos han dimitido públicamente de los Peer Review Colleges. El trabajo que se les asigna tiene que ser reasignado, lo que inevitablemente causa graves retrasos en las publicaciones de investigación. Retrasos que serán especialmente perjudiciales para los académicos al principio de sus carreras, que necesitan publicar para conseguir empleo.

Una sanguijuela en el presupuesto nacional

El EDI se ha convertido en una importante sangría de tiempo y recursos para los investigadores del Reino Unido, sobre todo porque ha desviado mucha atención hacia las controversias políticas en detrimento de la propia investigación. Como escribió Karl Williams para CapX, el UKRI, que es la organización que agrupa a los consejos de investigación del Reino Unido, es la responsable de alrededor del 80% del gasto público en investigación en el Reino Unido. Unos 8.000 millones de libras, financiados por los contribuyentes. Gran parte de estos recursos se desvían hacia largos informes sobre estrategia y recogida de datos en materia de DEI.

No hay datos sistemáticos en ninguno de estos informes sobre el número de empleados implicados en la estrategia de DEI o cuánto cuesta. Pero, a título comparativo, el salario de un Gestor de Cartera de Investigación para el DEI equivale aproximadamente a lo que costaría financiar un doctorado en Oncología en la Universidad de Cambridge. También son indicativas las becas DEI Engagement Fellowships que ofrece el Arts and Humanities Research Council. Se ha destinado casi un millón de libras a estas becas, concedidas para investigar temas como “la relación olvidada entre la ciudad de Bath y la cultura etíope”.

Lo que se dice y lo que no se dice

En protesta por la decisión de suspender el consejo asesor de Research England en materia de DEI, muchos investigadores han señalado estudios que muestran una correlación entre las políticas de DEI y la productividad. Un informe de Deloitte, citado con frecuencia, sugiere que el “rendimiento percibido del equipo” aumentó un 17% en correspondencia con un “aumento de los sentimientos de inclusión”.

Estas pequeñas mejoras -que, en cualquier caso, pueden lograrse sin intervención burocrática- se verían sin duda superadas por el tiempo y los recursos asignados a las estrategias de DEI. Y, por supuesto, por el número de investigadores que dimiten a causa de las controversias suscitadas por grupos consultivos sobre DEI políticamente divisivos.

Fomentar la diversidad desde la base

Las estrategias DEI tienden a ocuparse de cómo se ven las cosas desde arriba, en lugar de fomentar la diversidad desde la base. La diversidad en la investigación y la innovación británicas se vería favorecida por la inversión en educación. Un reciente informe del Ministerio de Educación subraya la necesidad de aumentar la financiación de las asignaturas STEM en las escuelas de todo el Reino Unido y de conceder más becas y ayudas, sobre todo a los estudiantes con discapacidades o de zonas desfavorecidas.

El consejo asesor de Research England EDI ilustra claramente el problema que plantea un planteamiento descendente de la diversidad. La financiación de la investigación y la innovación en el Reino Unido se ha vinculado a los “expertos” de DEI, que coinciden ampliamente en cuestiones políticas controvertidas, y que pretenden imponer la diversidad en sus propios términos. La diversidad debe protegerse, no imponerse; de lo contrario, una forma de discriminación será simplemente sustituida por otra, socavando el objetivo de una verdadera meritocracia que promoviera el talento con independencia de la identidad.

Ver también

Fabricar mitos y demonizar la disidencia. (Mark Pulliam).

La filosofía subyacente a la DEI. (Allen Porter).

La destrucción de las telecos europeas comienza en España

El mercado español de telecomunicaciones lleva unos meses bastante revuelto. Las telecos han dado titulares a la prensa un día sí y otro también. Una revisión rápida de los mismos comenzaría con la fusión Orange – MásMóvil, que lleva algún tiempo en los despachos de la Comisión Europea esperando a que ésta dé su beneplácito y, más importante aún, las condiciones en que lo da.

Cambios en Telefónica y Vodafone

Por su parte, Telefónica se vio sacudida en septiembre por la irrupción de un inversor procedente de Arabia Saudi, el operador STC, que había adquirido una participación del 4,9% en el accionariado del operador, y otro 5% mediante derivados a la espera de la autorización del gobierno español. La primera de las participaciones, per se, le colocaba ya como primer accionista de Telefónica.

El gobierno español aún no se ha manifestado formalmente. En cambio, sí ha anunciado que trataría de montar un plan liderado por la SEPI para hacerse con un 5% de Telefónica, lo que supondría el inicio de la nacionalización de una empresa que siempre fue de titularidad privada, y eso en pleno siglo XXI y con la Comisión Europea vigilando que no se distorsione la competencia en los mercados.

Por su parte, el BBVA, uno de los principales accionistas de Telefónica, ha afirmado que, no solo no quiere ampliar su participación en el operador, sino que dicha inversión ha dejado de ser estratégica y que la participación que ostenta está en venta. A ello se unen recientes informes de algunos bancos de inversión revisando a la baja su valoración de Telefónica.

Otra de las grandes telecos en España, Vodafone, acaba de ser vendido por su matriz al fondo de inversión Zegona, buen conocedor del mercado español. El precio acordado ha sido de 5.000 Millones de Euros, que todos los medios comparan con los 7.500 que pagó en 2015 Vodafone por Ono, y con los 25.000 que en su momento le costó a Vodafone comprar Airtel. Las cifras son muy contundentes y reveladoras de la destrucción de valor que han sufrido los accionistas del grupo inglés.

Un mercado muy competitivo

¿Es casualidad que todo esto esté ocurriendo precisamente en las telecos presentes en España? En absoluto. En realidad, lo que pasa es que el mercado español es el líder en competitividad de la Unión Europea, lo que suena muy bien, pero es terrible para un mercado cuando dicha competencia se basa en privilegios regulatorios en lugar de en la satisfacción de las necesidades de los usuarios.

Las razones de dicho liderazgo son complejas, como todo fenómeno histórico. Pero se pueden radicar en los años en que la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT) estuvo paralizada ante la refundación del regulador llevada a cabo por el Gobierno en los años 2012-2015. Dicha parálisis dejó un hueco de libertad por el que se coló Telefónica: empezó a ofrecer productos con anchos de banda superiores a 30 Mbps, para los que, al no haber regulación, no tenía obligación de facilitar a sus competidores que los replicaran usando la propia red de Telefónica.

Ese “hueco” estimuló las inversiones de Telefónica en fibra óptica, y tuvo un efecto arrastre en sus principales competidores del moment. Las telecos se vieron obligados a acometer despliegues similares si querían mantener su posición competitiva. El fenómeno ha llevado a España a una situación única en el mundo, tanto por penetración de la tecnología (en pocos países del mundo llega la fibra a tantos hogares como en España) como en competencia (en ningún país del mundo se superponen tres redes NGN de distintos operadores en competencia)[1].

Diseño burocrático de la competencia

Sin embargo, nada de esto evitó que el regulador volviera a la carga contra las telecos, una vez despejadas las dudas institucionales. De nuevo, agentes que no habían hecho inversiones en la red necesaria para prestar servicios, pudieron beneficiarse de privilegios para entrar al mercado y competir con los que sí lo habían hecho, usando las redes de estos. Pero, insisto, dando lugar a una competencia artificial basada en ventajas regulatorias y no en una mejor satisfacción de los clientes (ya que se limita a replicar los productos que ofrece el operador inversor a un precio más bajo, solo rentable por las obligaciones regulatorias), o sea, una competencia insostenible y destructiva.

Esta competencia insostenible entre telecos termina necesariamente con la salida de operadores del mercado, típicamente mediante su adquisición por parte de alguno de los que se queda[2]. Es precisamente en este punto en el que se encuentran MásMóvil y Orange. Pero, claro, de acuerdo a la normativa europea, estas operaciones tienen que ser autorizadas por la Comisión Europea, la inefable DG Competencia, para asegurar que no perjudican a los clientes europeos. Pues bien, la citada DGCOMP decidió hace tiempo que tiene que haber cuatro operadores en un mercado como el español, sin que no se sepa muy bien cual es la base científica de tal umbral.

¿Cómo asegura la CE que tal número se va a mantener? Lo que hace es decirles a los operadores que se quieren juntar que solo les dejará si dan condiciones privilegiadas de acceso a su red a un nuevo entrante o agente ya existente menor. Y vuelta la burra al carro: se introduce un competidor artificial en el mercado, y se mantienen los problemas de sostenibilidad, creando otro ciclo de destrucción de valor, y así hasta el vacío.

Intervención e inseguridad

En muchos países europeos se va haciendo acuciante esta necesidad de consolidarse por algunos de sus operadores, pero todos tienen muchas dudas sobre si la Comisión Europea autorizaría las operaciones y, sobre todo, en qué condiciones. Como montar fusiones entre empresas grandes para que luego las torpedeen no es precisamente barato, nadie quería tirar esa primera piedra. Nadie quiere probar las aguas para ver si la DGCOMP había cambiado su posición a la vista del desastre en el valor del sector. Que al final fueran MásMóvil y Orange las que se tiraran a la piscina se explica, precisamente, por el mayor grado competitivo en el mercado español, que debía hacerles imposible mayor espera.

Y pasaron los meses con todo el sector en vilo: ¿autorizaría la CE la concentración sin condiciones, o volvería a imponer la creación de un competidor artificial? Lo primero quizá posibilitaría la reconstrucción del valor del sector y la vuelta de los inversores al mismo; pero, lo segundo, quizá supusiera un mazazo al sector ya sin posibilidad de marcha atrás. Aún no sabemos qué hará la DGCOMP, pero los rumores y las noticias desde hace unas semanas no invitan para nada al optimismo, salvo para el operador rumano DIGI que podría resultar el ganador en la tómbola de los privilegios regulatorios.

La situación de Telefónica

Así las cosas, Vodafone, quien sufre la regulación europea en más países que España, ha debido de dar la cosa por muerta, y ha liquidado su inversión en España a precio de saldo. Si va a entrar otro operador artificial en un entorno tan competitivo como el español, podrían perder aún más dinero. El entrante Zegona lo hace en condiciones mucho mejores de la que lo hizo Vodafone en su momento, ya que las pérdidas se las han comido los accionistas de Vodafone, y el nuevo Vodafone España podrá bajar sus precios y ser rentable. No es lo mismo recuperar una inversión de 30.000 Millones de Euros que de 5.000.

Respecto a Telefónica, la cosa es mucho más complicada. Dejando de lado posibles motivaciones políticas, la entrada de STC en septiembre podría interpretarse en clave especulativa: comprar a un precio relativamente bajo un operador que se podía revalorizar considerablemente si la DGCOMP autorizaba MásMóvil-Orange sin crear otro competidor. Con la información que se maneja ahora, ya no estaría tan claro que la decisión hubiera sido acertada en esta clave, lo que es coherente con la decisión descrita más arriba del BBVA y los análisis a la baja de los bancos de inversión.

En todo caso, lo que es indiscutible es que Telefónica, que llegó a valer 100.000 millones de Euros, a los 20.000 millones que cotiza en la actualidad podría ser un bocado apetecible. Y ahí tenemos otra manifestación de la brutal destrucción de valor del sector, destrucción que es aún más llamativa si tenemos en cuenta que se ha producido mientras todo el mundo se compraba teléfonos móviles y se conectaba a Internet.

Comprender el mercado desde la teoría económica

No olvidemos el valor que cobraron las telecomunicaciones en todo el mundo cuando los gobiernos decidieron confinarnos en nuestras casas en respuesta al COVID. Pues con toda esa evidente creación de valor para la gente, con poco parangón en la historia, resulta que las telecos están tiradas de precio.

Y, ya que hemos hablado de gobiernos, un apunte económico sobre los planes del español para la nacionalización parcial vía la SEPI. A cualquier conocedor de la teoría de control de precios de Ludwig von Mises le resultará poco sorprendente el movimiento, toda vez que dicha teoría nos explica que cualquier regulación efectiva de precios (y en el mercado de telecos hay unas cuantas) termina necesariamente en planificación central, si el Gobierno quiere que funcione[3]. La podríamos resumir de la siguiente manera: la única forma que tiene un Gobierno de que el mercado haga lo que él quiera es asumiendo la producción en el mismo. Claro, que entonces el mercado hará lo que quiere el Gobierno y no los individuos, y su sostenibilidad dependerá de impuestos y voluntades políticas. Nada que no sepamos ya sobre el maravilloso funcionamiento de los servicios públicos.

Como se observa, nada de lo sucedido era tan inesperado como pueda parecer a los desconocedores de la teoría económica, aunque sea imprevisible la forma en qué ocurriría. La política europea de telecomunicaciones consiste en repartir la tarta entre los consumidores sin preocuparse mucho de quién la hace. Y parece que la tarta se está acabando ya en España, y posiblemente tampoco quedé mucho más en otros países europeos. Cuando nos quedemos sin tarta, ¿seguirá presumiendo la Comisión Europea de que vela por los intereses de nuestros conciudadanos?


Notas

[1] El lector interesado en esta evolución de las telecos en España. podrá ahondar más en esta tesis aquí: https://www.aei.org/technology-and-innovation/telecommunications/miracle-ftth-deployment-spain/

[2] Esto lo explico con más detalle aquí: The Indivisibility of Telecommunications Networks: A Possible Explanation for Past and Present Trends in Telco Mergers. Competition Policy Internationa, Noviembre 2022.

[3] Ver: Herrera-González, F. & Castejon, L. (2009). The endless need for regulation in telecommunication: An explanation. Telecommunications Policy. 33. 664-675.

Ver también

Las telecomunicaciones frente al coronavirus. (Fernando Herrera).

La ‘totalización’ de internet en Europa. (Fernando Herrera).

Socialismo: el temor acallado de Karl Polanyi

En el artículo anterior sobre Karl Polanyi, hemos demostrado que el autor de La gran transformación (1944) opinaba que las medidas del New Deal y del One Nation sirvieron adaptarse a la gran transformación (p.358), pero el fascismo y socialismo engendraron una especie de gran transformación de carácter claramente social, trascendiendo la esfera económica (p.375). De hecho, para Polanyi el socialismo representa la transformación completa. El estado final ideal es el socialismo con la propiedad comunitaria de los medios de producción y con la planificación estatal.  

Polanyi creía que es posible construir un Estado socialista planificador capaz de garantizar tanto la planificación como la libertad individual por medios democráticos. Para el, el socialismo fue „ante todo la tendencia inherente a una civilización industrial para transcender el mercado autorregulador subordinándolo conscientemente a una sociedad democrática” (p. 367).

Sin argumentos frente a Ludwig von Mises

Polanyi creía en el socialismo a pesar de que conocía muy bien los contraargumentos de Mises (1920), y de que en el debate sobre calculo con Mises sentía que no tenía argumentos suficientemente solidos para defender el proyecto socialista (Dale 2010, pp.81-2). También tenía amplia información sobre el terror del Stalin. Se sabe que Karl Polanyi y su hermano Michael discutían mucho entre ellos sobre el terror del régimen estalinista, sobre todo porque uno de sus familiares también estaba siendo objeto de persecución. Michael sentía una profunda indignación porque Karl defendía el sistema de justicia soviético en sus debates (Dale 2016, 90-91).

Los argumentos de Mises y los crímenes inhumanos del régimen estalinista no fueron suficientes para sacudir sus sueños socialistas ni para hacer que se opusiera abiertamente al régimen. Polanyi declaraba que “Rusia … apareció́ entonces como el representante privilegiado de un nuevo sistema que podía reemplazar a la economía de mercado.” (p.385) y el socialismo ruso era “una inspiración para los trabajadores de Occidente”.[1] Incluso escribió una frase condenatoria sobre los saboteadores antisoviéticos de Ucrania, calificándolos ellos como pseudo-revolucionarios fascistas (p. 373).

La quimera de la libertad en una economía planificada

Sin embargo, el texto de La gran transformación es el testigo de un temor acallado. Polanyi ha apuntado que las circunstancias especiales de Rusia hacían única la práctica del socialismo ruso (p.368). Esta afirmación es un velado distanciamiento del socialismo existente. Unas páginas más tarde, adopta un lenguaje más fuerte y señala que el socialismo es dictatorial en Rusia y que, aunque la Unión Soviética había implementado “la planificación, la reglamentación y el dirigismo, no ha puesto en práctica todavía las libertades prometidas en su Constitución y, según opinan los críticos, no lo hará́ posiblemente nunca.” (p. 400). A pesar de su cautela, finalmente, Polanyi dio su aprobación afirmando que oponerse a las reglamentaciones significa oponerse a la reforma (ibid. 1944, p. 400).

Polanyi, si hubiera sido honesto y fiel a su propio modelo teórico, habría tenido que poner a la Unión Soviética en la categoría del fascismo. Ya que, según él, el fascismo y el socialismo no están separados por cuestiones de gobernanza económica sino por la relación con la libertad (p. 403). Pero el régimen estalinista le afectó más profundamente de lo que expresó en su libro. El cambio velado en el marco interpretativo del capítulo final de La gran transformación sedebe probablemente a este temor acallado.

Reconoce el conflicto entre Estado y sociedad

Temiendo las consecuencias del ilimitado poder tiránico del Estado planificador centralizado, la principal preocupación de Polanyi pasa a ser cómo asegurar la libertad individual frente al poder preponderante del Estado. La misma preocupación que era la preocupación de los pensadores liberales clásicos en los siglos XVIII y XIX cuando enfrentaron con el absolutismo real. Ellos eran el blanco de las críticas de Polanyi hasta ese momento. Los más importantes cambios de pensamiento del Polanyi son los siguientes.

La característica más importante de la sociedad postcapitalista, analizada en el último capítulo del libro es que será una sociedad compleja, igual que el difamado capitalismo liberal. Así pues, el socialismo no restaura el orden social no complejo; la totalidad natural de la sociedad y la economía que había utilizado como punto de referencia en su crítica del capitalismo liberal del siglo XIX. Esto implica que el poder del Estado es, en cierto modo, diferente al de la sociedad, y que, en consecuencia, pueden producirse tensiones entre el Estado y la sociedad. Estas características no las había contemplado Polanyi en los capítulos en los que analizaba el papel del Estado hasta este momento.

Cuando despertó, el Estado seguía ahí

En segundo lugar, Polanyi replantea el papel del Estado intervencionista. Antes del último capítulo, imaginaba el Estado proteccionista como una institución beneficiosa. Protegía a las personas de los mercados y mantenía la estabilidad. No se planteó el papel coercitivo del Estado, lo que no es sorprendente dado que infravaloró el papel de la explotación y la servidumbre en las sociedades precapitalistas.

Polanyi había descrito el crecimiento del poder del Estado intervencionista como un fenómeno claramente positivo en la segunda mitad del siglo XIX, mientras que culpaba a los mercados de todos los males de la sociedad. Esta percepción benévola del Estado apuntaló su búsqueda de un papel aún mayor para la planificación estatal. El punto final de su gran arco de progreso es la reinstalación del papel regulador integral del Estado.

Inesperadamente, sin embargo, el problema de la coerción aparece en el pensamiento de Polanyi justo cuando llega a su modelo ideal de Estado dominante socialista. El fenómeno de la coerción era un elemento que faltaba por completo en su gran narrativa esbozada en los primeros capítulos del libro. Esta vez, sin embargo, conociendo los horrores del estado planificador socialista estalinista, Polanyi no pudo evitar cuestionar que un estado omnipotente[2] puede ser enemigo de la libertad.

Una reconsideración del individualismo

En relación con su nueva preocupación por el Estado represivo, la principal preocupación de Polanyi pasa a ser la preservación y salvaguarda de las garantías de la libertad individual. Hasta el último capítulo, la principal acusación de Polanyi contra el capitalismo liberal era que destruye el arraigo de los seres humanos, y termina la vida y estabilidad comunitaria. La importancia de la libertad individual no se menciona en absoluto en el libro hasta el último capítulo. Por el contrario, el individualismo aparecía como una consecuencia negativa del capitalismo liberal. La posición de Polanyi era que la autonomía individual es incompatible con el bien mayor de una comunidad cohesionada y que la ganancia individual solo beneficia a los egoístas que viven una vida cómoda.

En el último capítulo, Polanyi no sólo evoca la importancia de la libertad individual y la teme frente a las injusticias del Estado coercitivo, sino que reconsidera el origen del individualismo y libertad individual. Polanyi revela que el nacimiento del individualismo, la unicidad del individuo está relacionado con las enseñanzas de Jesucristo y que el individualismo es la mayor y más importante herencia histórica del cristianismo (p. 404). También afirma que el individualismo avanzó con el Renacimiento y el protestantismo, antes del nacimiento del capitalismo liberal (p. 397).

La nueva posición del Polanyi es que el auge del individualismo y el debilitamiento de la vida comunitaria es una característica profundamente arraigada de la civilización europea, cuyas raíces se remontan a mucho antes de la era del auge de los mercados desenfrenados. En su nueva interpretación, admite incluso que el capitalismo liberal amplió positivamente la libertad individual (p. 397), una postura completamente nueva en comparación con capítulos anteriores, en los que solo pintaba una imagen negativa del capitalismo liberal y el individualismo. Claramente, esta nueva apreciación del individualismo está socavando su anterior imagen exclusivamente negativa del capitalismo liberal que culpaba únicamente a los mercados desenfrenados de la destrucción de la vida comunitaria.

Por último, declara que la sociedad socialista será también una sociedad industrial, y que es imposible volver al pasado. Lo es, aunque la humanidad aún no se haya acostumbrado del todo al mundo de las máquinas (p.391). En otras palabras, no es posible volver al mundo de una economía comunitaria autosuficiente e igualitaria. Esta había sido la vara de medir de Polanyi para criticar el capitalismo del siglo XIX hasta ese punto del libro. Ya no juega con la idea de que la extensa red de trueque sin contabilidad de los habitantes de las islas Trobriand pudiera ser siquiera un sustituto de la planificación estatal. Pero se le ocurre que sería un rival de la contabilidad del sistema de mercado más avanzado (p. 94).

Recuento de contradicciones

Con estas reinterpretaciones, Polanyi trastoca sus posiciones anteriores sobre la relación entre el Estado, las comunidades, los seres humanos y su libertad. Se encuentra en una posición nueva y radicalmente distinta de la que parecía profesar cuando esbozó su gran narrativa. Su nueva posición parte de las siguientes premisas:

  1. La vida comunitaria de las comunidades preindustriales de cazadores-recolectores son un pasado lejano, y las sociedades jerárquicas y la industrialización permanecerán con la humanidad, incluso en el socialismo.
  2. La libertad individual es un gran logro cuyo alcance fue ampliado positivamente por el capitalismo liberal.
  3. Por último, el poder omnipotente del Estado intervencionista es un peligro potencial para la libertad individual.

Polanyi también replanteó su concepto sobre el papel de los mercados y su relación con la libertad humana en comparación con los capítulos anteriores. ¡Y adoptó el modelo de mercado de Menger y Mises como garantía de la libertad! La importancia de este inesperado cambio en la posición de Polanyi vamos a analizar en la próxima entrega de esta serie.

Bibliografía

Dale, G. (2010) Karl Polanyi: the limits of the market. Cambridge: Malden, MA: Polity Press

Dale, G. (2016) Reconstructing Karl Polanyi: excavation and critique. London: Pluto Press.

Mises, L. (1920) Economic Calculation in The Socialist Commonwealth. 1990th edn. Auburn (Alabama): Ludwig von Mises Institute

Mises, L. (1944) Omnipotent Government. 2010th edn. Yale University Press.

Polanyi, K. (1944) La Gran Transformación Critica del liberalismo económico. 2007th edn. www.quipueditorial.com.ar: Quipu editorial.

Polanyi, K. (1944E) The Great Transformation. 2010th edn. Boston: Beacon Press.


[1] La traducción española del libro usa la palabra „una potencial mundial” (p. 368) en lugar de “inspiración”, la palabra que usaba Polanyi en la original versión Ingles (1944E, p. 243.)

[2] El adjetivo “omnipotente” fue tomado de Mises (1944) y no fue utilizado por Polanyi. 

Ver también

Karl Polanyi entre los posliberales. (James Rogers).

Serie sobre Karl Polanyi

¿Cuáles han sido las grandes transformaciones de la humanidad?

Cómo considerar el trabajo una categoría ficticia: Carl Menger sobre Karl Polanyi

El lenguaje económico (XXXIII): lo social (I)

Muy probablemente, de todos los términos analizados hasta la fecha, el más pervertido sea «social». Actualmente, todo concepto —ayuda, bono, cohesión, comedor, demanda, derecho, diálogo, doctrina (Iglesia católica), economía, escudo, estado, función, gasto, institución, justicia, política, paz, presupuesto, responsabilidad corporativa, salario, seguridad, utilidad, vivienda, etc.— acuñado «social» adquiere automáticamente un estatus político y ético incuestionable. Hoy criticaremos el adjetivo más confuso del último siglo (Hayek, 2015: 188):

Aun cuando sea tan equívoco el sustantivo «sociedad», mucho más lo es el adjetivo «social», que probablemente se ha convertido en la principal fuente de confusión de nuestro vocabulario moral y político. La extensión de tal proceso ha tenido lugar a lo largo de los últimos cien años, periodo durante el cual, a partir de la Alemania de Bismarck, su poderosa influencia ha alcanzado a todas las regiones del orbe.

Los grupos de interés

Según el diccionario de la R.A.E., «social» es aquello «perteneciente o relativo a la sociedad» o a una «compañía» (sociedad mercantil). Este adjetivo puede emplearse de forma meramente descriptiva, es decir, cuando su significado es neutro y no infiere una connotación moral; por ejemplo: capital social, ciencia social, club social, domicilio social, graduado social, realidad social, red social, trabajador social, etc. En el segundo caso, el adjetivo confiere al sustantivo que le precede un halo de bondad y justicia.

Numerosas demandas ilegítimas son calificadas «sociales» para que sean respaldadas por la opinión pública y, pari passu, por las autoridades políticas. De ahí su empleo extensivo para legitimar cualquier pretensión por parte de grupos organizados. Lo «social», con frecuencia, se asocia a personas con bajos ingresos o con necesidades básicas no cubiertas; por ejemplo: comedor social, guardería social, salario social, etc. Otras veces, el adjetivo se añade a sustantivos —ayuda, rescate, responsabilidad, valor— que connotan positividad de tal forma que el tándem resulta irresistible.

“Debería tacharse de antisocial”

¿Puede haber alguien en contra de la «cohesión social»? La Universidad de Málaga concede «Becas de Comedor de Cohesión Social» y el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria tiene un «Área de Gobierno de Cohesión Social e Igualdad». En definitiva, para que una idea, proyecto o medida tenga una acogida favorable, deberemos afirmar que es «social» y que su implantación mejorará la sociedad.

Por desgracia, detrás de lo «social», se esconden pretensiones espurias de minorías organizadas o “rent seekers”[1] que buscan apropiarse de fondos públicos o que se promulgue una legislación ad hoc que favorezca sus intereses. Decía Hayek (2015: 193): “Lo ‘social’ debería más bien tacharse de antisocial”. Si la sociedad es el conjunto de “todos” los individuos, lo único genuinamente social es aquello que siendo bueno para algunos no perjudica a nadie. Robar a unos para entregárselo a otros —da igual quien lo haga— es antisocial porque destruye los principios de libertad y propiedad privada que caracterizan un orden justo.

Ayuda social

El fin no justifica los medios. Una ayuda solo es lícita en ausencia de violencia. La ayuda genuina se realiza voluntariamente y con medios propios: servicios, productos, fondos, etc. Solo las organizaciones —religiosas, filantrópicas, mutualidades, fundaciones— que utilizan fondos privados y los particulares que hacen donativos son benefactores sociales genuinos. Tanto el donante como el receptor han mejorado su situación (utilidad psicológica y material, respectivamente) y ningún tercero ha sido perjudicado. Solo aquí podemos afirmar que la «sociedad» ha mejorado.

Así mismo, toda actividad económica (que no implique robo o fraude) es social porque beneficia a quienes intercambian sin perjudicar a nadie. En cambio, las ayudas otorgadas por el gobierno son antisociales porque benefician a unos a expensas de otros. Por ejemplo, una beca privada es social y otra pública es antisocial. Lo que llamamos «dinero público» es en realidad «dinero confiscado al público».

El dinero público nunca es de «todos». Antes de ser confiscado, pertenecía a específicos individuos, después pasa a manos del Estado y finalmente termina en los bolsillos de los receptores de la «ayuda». «Estado social» es un oxímoron porque su actuación origina dos clases socialmente antagónicas: los consumidores y los proveedores netos de impuestos (Calhoun, 1953).

Demanda y utilidad sociales

Eminentes economistas afirman que el Estado asume «proyectos socialmente útiles, como la exploración espacial o la investigación científica» (Samuelson y Nordhaus, 2006: 34). La «utilidad social» es una falacia colectivista que sirve principalmente a los fines del intervencionismo. En primer lugar, la utilidad es un fenómeno psicológico y subjetivo que no admite manejos aritméticos. Hayek (2014: 277) critica que los servicios tengan valor para la sociedad:

Aunque los economistas emplean a veces alegremente el concepto de «valor para la sociedad», se trata de un concepto que no existe en absoluto, y la expresión implica el mismo tipo de antropomorfismo o personificación de la sociedad que hallamos en la expresión «justicia social». Los servicios sólo pueden tener valor para unas personas en particular (o una organización), y todo servicio específico tendrá valores muy distintos para los diversos miembros de la misma sociedad.

¿Y cómo saber lo que demanda cada miembro de la sociedad? El mercado nos lo dice, a través del sistema de precios (no interferidos), que indica al empresario la cantidad y calidad de bienes que debe producir. La fidedigna «demanda» social es la expresada libremente por los individuos en un mercado libre. Según Mises (2011: 233): «La relación de intercambio es la relación social por excelencia». Si los consumidores, en su caso, no están dispuestos a financiar la exploración espacial porque tienen otras prioridades, el gobierno debería abstenerse de alterar violentamente sus preferencias. En un artículo anterior ya tratamos la falacia de la «inversión» pública.

Bibliografía

Hayek, F. (2014). Derecho, legislación y libertad. Madrid: Unión Editorial.

Hayek, F. (2015). La fatal arrogancia. Madrid: Unión Editorial.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Samuelson, P. y Nordhaus, W. (2006). Economía. Méjico: McGraw Hill (18ª ed.).


[1] Del inglés: buscadores de rentas

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXXII) El free rider

(XXXI) La eficiencia

(XXX) Los fallos del mercado

(XXIX) Gasolineras

(XXVIII) Dad al César lo que es del César

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

¿Para qué sirve el derecho de propiedad?

Comenzaremos con unas definiciones básicas de lo que se entiende en el mundo jurídico universal como derecho de propiedad, para después adentrarnos a considerar su importancia e impacto en el desarrollo socioeconómico de las sociedades contemporáneas. Nos basaremos en un recién estudio publicado bajo el título International Property Rights Index (IPRI) 2023, editado por la Property Rights Alliance, (ARP). Este fue sucinta y excelentemente expuesto en días recientes por la profesora venezolana Dr. Sary Levy-Carciente, en el marco de una conferencia organizada por el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE) de Venezuela.

El derecho de propiedad

El derecho de propiedad o dominio de propiedad, ha sido definido grosso modo, en cuanto a su ámbito material, como la capacidad jurídica, directa e inmediata que tiene una persona respecto a un objeto o una propiedad determinada. Ese derecho le da la potestad de disponer de ellos libremente dentro del marco establecido por el régimen jurídico en el cual se desarrolla el mismo. En palabras más comunes, se trata del poder que los sujetos, sean naturales o jurídicos, tienen respecto a los objetos. Sobre ellos se ejerce el derecho de propiedad, para hacer lo que quieran, sin violentar la ley ni causar daños a terceros.

En lo referente al alcance de las facultades que los sujetos jurídicos tienen respecto al ejercicio de su derecho de propiedad. El mismo le da la potestad al poseedor de tres facultades sobre el objeto o propiedad en cuestión, siendo la primera el del ius utendi, potestad esta que le da el derecho a los propietarios de usar la cosa como le plazca, conforme a sus intereses y a la función social que posea. La segunda, es la referente al concepto del ius fruendi, la cual le da al propietario el derecho de aprovecharse de la cosa, de los frutos que ésta genere directa o indirectamente, o que permanezca luego de su uso.

Y por último, se encuentra, en la teoría del ius abutendi según el cual, le da la facultad al propietario de libre disposición de la cosa poseída, ya sea para destruirla, enajenarla, abandonarla, alquilarla. Potestades estas, que sólo se encuentran limitadas por el orden jurídico regulatorio en el cual se desempeñen.

Propiedad e ideología

El derecho de propiedad ha sido objeto de debates políticos-ideológicos, con sus consiguientes trasfondos socioeconómicos a lo largo de la historia moderna. En muchas de estas controversias sobre la importancia y alcance socioeconómico del derecho en cuestión, numerosas han sido las opiniones vertidas sobre la relevancia para el desarrollo de las naciones de esa institución. Hay diferencias según sea la perspectiva político-ideológica desde donde se le vea. Entre las más relevantes podemos mencionar el liberalismo y el marxismo, y otras vertientes ideológicas descendientes de estas últimas. No obstante, sea cualquiera de las dos vertientes antes mencionadas, el derecho de propiedad conforma el pilar fundamental de las mismas.

Pues para el Liberalismo económico-político la propiedad privada es la base fundamental sobre la cual se erige toda la propuesta en materia económica. En el marxismo lo es la propiedad estatal, que conforma su principal postulado económico. Propone la abolición del derecho de propiedad privada. No obstante, a esto nos encontramos que más allá de las tendencias de transformación global que las sociedades han experimentado, a lo largo de la historia moderna, la relevancia del derecho de propiedad ha trascendido el tiempo. Y ha demostrado su impacto determinante en el desarrollo económico y social, alcanzado por las sociedades contemporáneas. Lo demuestra el citado estudio arriba mencionado. Incluye 125 países, que representan el 93,4% de la población mundial y el 97,5% del PIB global; lo vamos a analizar.

Índice Internacional de Derechos de Propiedad

El Índice de propiedad se compone de tres grandes subíndices. El primero hace referencia al entorno legal y político de los países, donde se destacan componentes como la independencia del poder judicial, el estado de derecho o rule of law, el control de la corrupción y la estabilidad política. En el segundo es el referente al subíndice de la percepción, protección de la propiedad física, en la protección física de las propiedades, en el registro de la propiedad, y el acceso al financiamiento para las empresas. El último subíndice hace referencia a los derechos de propiedad intelectual, el cual se descompone: en la protección de patentes y de marcas, y derechos de autor, principalmente.

El Índice de Derechos de Propiedad del año 2023, los 10 países que lideran la citada lista en los siguientes lugares son: 1) Finlandia, 2) Singapur, 3) Países Bajos, 4) Dinamarca, 5) Nueva Zelanda, 6) Noruega, 7) Suecia, 8) Luxemburgo, 9) Alemania y 10) Australia, todos ellos economías de mercado a grandes rasgos. En América del Norte, cabria destacar los tres países miembros del T-MEC los Estados Unidos ocupa el lugar 14, Canadá el 16, y México el 77. En los últimos lugares, están Nicaragua en el puesto 110, Bolivia en el 118 y de última Venezuela en el lugar: 125 (Cuba no fue evaluado). Los mejores en Hispanoamérica son Uruguay en el lugar 29, Chile en el 38 y Costa Rica en el 40.

Propiedad y otros factores

Cabria destacar entre todos los datos estadísticos levantados por este estudio, y expuestos por la Dra Sary Levy en su recién, y ya citada conferencia. Entre ellos, que el 60% del PIB mundial está concentrado en 41 países, en los cuales se encuentra el 16% de la población mundial. Pues bien, esos países presentan altos niveles de protección al derecho de propiedad.

Otro de los datos analizados es el referente al impacto negativo que tienen los altos niveles de impuestos en los derechos de propiedad. La profesora Levy hizo hincapié en el caso de algunos de los países que conforma la OCDE. En términos generales, presentan elevados estándares de derechos de propiedad. Naciones como Canadá, EEUU, Israel, Korea del Sur, y el Reino Unido, presentan restricciones al derecho de propiedad que superan el 10%, como resultado de altos impuestos específicos a la misma.

Hay otros elementos importante, como la correlación entre los derechos de propiedad y otros aspectos. El índice de emprendimiento arrojó una correlación de 0.90 en una escala del 0 al 1. En términos estadísticos, se entiende como un alto nivel de relación. En lo referente a la dinámica sociopolítica de las naciones, cabria destacar la correlación negativa entre el índice de propiedad y el de impunidad jurídica. La cifra es de -0.8711. Esto nos indica que a mayor nivel de impunidad por corrupción, entre otros factores, menor es el índice de propiedad. Ello suele afectar las inversiones, entre otras variables económicas. De igual forma, sería pertinente resaltar la relación entre el índice de propiedad y la movilidad social, factor este central en el desarrollo económico y estabilidad política de las naciones. Y esa correlación es alta: del 0.87.

Propiedad y desarrollo

Y en lo concerniente a las tendencias futuras, donde se consideraron variables como la apertura de los países a la tecnología de la información. Aquí, presentó una correlación de 0.89. En lo referente a la capacidad de innovación, arrojo como resultado una correlación 0.87. En la apertura hacia la inteligencia atificial fue, de 0.85. Respecto del desempeño energético, arrojó como resultado un 0,84. Otros ámbitos relevantes son la gestión medioambiental (correlación de 0,76), o la capacidad de enfrentar los riesgos, (-0,79).

Todas estas relaciones estadísticamente corroboradas, más allá de las diatribas políticas e ideológicas a la cual ha sido sometido el tema de la protección de los derechos de propiedad, nos demuestra irrefutablemente hablando en términos científicos, que el derecho de propiedad ha sido un factor determinante en la generación de riqueza económica y social. Ello ha servido para que muchas sociedades logren alcanzar mejores estándares de vida. Queda claro que cuanto mejor definidos y más eficientemente garantizados y protegidos estén los derechos de propiedad, mayor tenderá a ser el nivel de desarrollo alcanzado por los países.

Ver también

Derecho de propiedad y libertad de empresa. (Ángel Fernández).

Bitcoin y el derecho de propiedad. (Manuel Polavieja).

La acumulación capitalista

La izquierda marxista ha acuñado palabras y frases que han servido a su propósito de destruir la libertad económica y promover, como única alternativa, el poder concentrado en un líder para que organice “científicamente” la producción y distribución. Como en las viejas tribus, como en el socialismo, fascismo o comunismo.

A la palabra “capitalista” los marxistas le dieron un sentido peyorativo que da la idea de que aquellos individuos que buscan ganancias dedicándose al comercio comprando barato y vendiendo caro son unos delincuentes. Peor aún: aquellos individuos, sean empresarios o comerciantes, que acumulan enormes riquezas, deben ser sacrificados. Y se deben repartir sus ganancias, para evitar que sigan nadando en albercas llenas de monedas de oro, tal como daba la idea el Rico Mac Pato de las caricaturas de Walt Disney. Tales ideas introducidas en la mentalidad de un pueblo son las que garantizan la pobreza, marginación, miseria y violencia.

Es tarea liberal dar la batalla contra esa cultura depredadora que se enseña a diario en las escuelas y universidades públicas. No es fácil, dado que llevamos más de un siglo de prédica marxista, pero hay que dar la batalla, de otra manera, no tenemos futuro.

En la tierra sin beneficios

Supongamos, sin conceder, que aceptamos como práctica indebida comprar barato y vender caro, es decir, obtener una ganancia mediante el acto de comerciar. Condenando dicha práctica armamos una ley que prohíba comprar barato y vender caro, quien rompa la Ley, le cortamos la cabeza. Solo queda la posibilidad de comprar, digamos, una bicicleta en cien euros y venderla en cien euros para no cometer delito; o comprar una botella de vino en 20 dólares y venderla en 20 dólares, allí no hay pecado.

La pregunta es: ¿Quién se atreve a obedecer dicha Ley? Supongamos, sin conceder, que hay un pueblo muy obediente y aplica esa ley de “cero ganancias”. Pensemos en ese comerciante que fue al pueblo vecino a comprar cien pares de zapatos a $300.00 y los vende en $300.00. No sacó ganancia alguna, pero gastó su tiempo, sus propios zapatos, alimentos, energía, transporte. En otras palabras, después de vender todo y ganar nada, quedó más pobre que antes. Lo mismo ocurre en cada miembro de esa sociedad, quedan cada día, más cerca de la miseria. Por tal motivo debe ser desechada una economía donde se prohíba la ganancia. En Cuba y Corea del Norte de plano prohibieron el comercio entre particulares y por eso los vemos hoy día en la miseria.

Un juego que suma más que cero

La respuesta automática es permitir la ganancia capitalista, dejar que los individuos compren barato y vendan caro. Los marxistas le llamarían “explotación al consumidor”. Llamarle así da la idea de cometer un delito de imposición, de coacción, pero no lo hay. Mientras el vendedor no use la fuerza para que el cliente compre al precio que dice el vendedor, no hay delito qué perseguir.

En el comercio libre nadie amenaza ni impone a nadie, son operaciones libres y voluntarias, las partes acuerdan un precio y hacen el Quid pro quo “yo te doy, tú me das”. Hecha la operación, se dan la vuelta y les verás una sonrisa en los labios porque llevan el sentir de que mejoraron después de la transacción. Técnicamente, se le llama ”Juego de Suma Positiva”, porque los dos ganan, por eso se van felices y nadie se siente “explotado”.

El argumento de que el comercio libre implica explotación cae por su propio peso. Luego quieren controlar el nivel de ganancia: que sí se gane, pero que no sea una ganancia exagerada para que no se vea una gran diferencia entre los que tienen mucho y los que tienen poco. Es otra idea absurda que se debe combatir y permitir que haya gente que se haga extremadamente rica, obscenamente millonaria. Veamos por qué.

Un panadero

Pensemos en el panadero que empieza con un horno pequeño para hacer cien piezas. Se da cuenta de que todas las vende y muchos se quedan sin comprar porque la demanda es mayor que la oferta. Se le ocurre hacer un horno más grande para elaborar 500 piezas y todo lo vende más caro, así que abre otra panadería y otra más con mejores productos, mejores camionetas repartidoras, etc. La gente percibe que ese panadero se ha hecho millonario, muy diferente al resto, pero no le ha robado a nadie. Al contrario, ha hecho felices a cientos o miles de compradores. Hace que fluya la economía, se generen empleos.

Para hacer pan se compra harina, significa que los trabajadores del molino ganan para alimentar a sus familias; y los que transportan, y los que siembran trigo, y los tractoristas, etc. Gracias a la iniciativa de nuestro personaje panadero, mucha gente sale beneficiada. No hay delito qué perseguir. Y mientras más rico se hace nuestro personaje, más felices son los ciudadanos. Razón suficiente para aplaudir y felicitar a aquellos que logran una fenomenal “acumulación capitalista”.

Sin perjuicio para nadie

La buena política consiste en impulsar, para que haya más, muchos millonarios. Después de todo, ningún supermillonario puede comer sus ganancias y tampoco se las lleva al infierno al morir. Cuando estaba pobre se comía un pollito y ahora que gana millones de dólares diarios, sigue comiendo un pollito al día. En otras palabras, la curva de consumo del millonario es horizontal. ¿Qué hace con las ganancias que no consume? Normalmente, las invierte, genera nuevos negocios, contrata más personal, produce más bienes y todo eso es para bien de la sociedad.

Pero aún cuando nuestro próspero panadero se construyera un palacio en cada provincia o en cada país, no está perjudicando a nadie, da empleo a ingenieros, arquitectos, albañiles, etc. Luego, a nadie está perjudicando, está beneficiando a miles, millones de personas. Toda sociedad debería querer muchos ricos, pues estos, aún sin proponérselo, irremediablemente benefician a la sociedad.

Los principios del capitalismo

Hay quien piensa que el capitalismo es malo porque produce a pocos ricos basándose en empobrecer a miles de personas. Eso es imposible. Si algo no puede hacer el capitalismo es empobrecer a personas. Está fuera de toda lógica, porque se fundamenta en acuerdos libres y voluntarios entre dos individuos soberanos.

El capitalismo se basa en tres principios fundamentales: No debes matar a nadie; no debes robar a nadie y no debes engañar a nadie. En pocas palabras:debes respetar la propiedad privada. El individuo tiene, por tanto, la libertad de hacer cualquier cosa que se le ocurra, poner en juego la iniciativa personal, perseguir sus sueños, realizar proyectos sin que nadie tenga el derecho de obstaculizarle.

Los signos de la rapiña

Sin embargo, vemos en nuestras economías reales que hay hombres muy ricos, que nada tienen que ver con la “acumulación capitalista”. Son hombres que se han hecho millonarios robando al erario, dando permisos gubernamentales para abrir negocios a cambio de un dinero por debajo de la mesa, o adjudicando contratos estatales mediante actos corruptos. A esto le podríamos llamar “acumulación corrupta” y ésta no es defendible en absoluto: “Que les corten la cabeza”.  Por cierto, de esta acumulación corrupta poco habló Carlos Marx, quizás porque comprendía que esa acumulación abona en la destrucción del sistema capitalista, que era el gran objetivo de Marx.

En resumen: bienvenido el capitalismo y bienvenida la acumulación capitalista. Es la hora de cambiar nuestra cultura y formar a nuestros niños y jóvenes con otra visión y mejores perspectivas. “Ser rico no es malo”; lo dijo Deng Xiaoping, quien fue el líder chino que abrió a China al mundo capitalista y hoy son sorprendentemente ricos. En tal caso, hay más pecado en ser pobre, pues significa que no has satisfecho las necesidades, gustos o preferencias de nadie. Quizás por eso estás pobre, pero en un mundo capitalista todo puede cambiar: quien estaba pobre se puede convertir en millonario y al revés también es posible.

Ver también

Países pobres, países ricos y acumulación de capital. (Juan Morillo).

Adam Smith, los austríacos y el crecimiento económico. (José Carlos Rodríguez).

La economía de generación de crecimiento. (Fernando Herrera).

Por qué no estoy de acuerdo con el manifiesto de Unabomber

Por Cody Cook. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

Ted Kaczynski murió en prisión el 10 de junio de 2023, en un aparente suicidio. Le recordará como “Unabomber”, un terrorista que se hizo famoso enviando bombas por correo a personas que consideraba cómplices del avance de nuestra moderna “sociedad tecnológica”. La opinión de que dicha sociedad es destructiva para la libertad y el sentido humanos suele denominarse anarco-primitivismo, aunque Kaczynski rechazó esta etiqueta para sí mismo.

La sociedad industrial y su futuro

No hace mucho leí su manifiesto La sociedad industrial y su futuro. Como libertario del libre mercado, en general considero que la capacidad de nuestra sociedad tecnológica para satisfacer nuestras necesidades básicas y objetivos de supervivencia es uno de los mayores logros del capitalismo moderno. Ted Kaczynski lo veía como un gran problema a superar.

¿Por qué? Porque perseguir el objetivo de la supervivencia -cazar, buscar comida, luchar contra osos, etc.- da a los humanos una sensación de plenitud. Cuando las complejas estructuras sociales se encargan de alcanzar ese objetivo, nos vemos obligados a perseguir objetivos “sustitutos” que son artificiales y menos satisfactorios (¿quizás objetivos como escribir manifiestos anarco-primitivistas y enviar bombas de tubo a desconocidos?) Citando a Ted Kaczynski, es “degradante satisfacer la propia necesidad del proceso de poder a través de actividades sustitutas o mediante la identificación con una organización en lugar de perseguir objetivos reales”.

Tomar el control de nuestras propias vidas

Además de sentirnos menos realizados, argumentó que también nos sentimos menos libres. El hecho de que nuestros deseos primarios se satisfagan con la condición de que obedezcamos y nos socialicemos adecuadamente -como entrar diligentemente en un edificio de oficinas cada mañana- significa que el control de nuestras vidas está en manos de otros: jefes, tecnócratas y otros organizadores de la sociedad. En otras palabras, los individuos tienen menos control sobre sus propias vidas en una sociedad tecnológica altamente organizada y deben depender de otros. Para Kaczynski, la libertad es la “oportunidad de pasar por el proceso de poder” tomar el mando de nuestras propias vidas sin control ni manipulación.

La solución de Ted Kaczynski a toda esta falta de propósito e impotencia era destruir la sociedad tecnológica -todas las cosas que requieren un conocimiento especializado y una división del trabajo- y volver a la sociedad preindustrial, donde los seres humanos pueden pasar por el “proceso de poder” para alcanzar sus objetivos naturales y así sentirse más realizados. Piensa en Wendell Berry mezclado con Friedrich Nietzsche.

El sueño de los sentimientos produce monstruos

Sus reflexiones recuerdan las críticas de teóricos como Joseph Schumpeter, que sostenía que el capitalismo llevaba en sí mismo la semilla de su propia desaparición; y Jonah Goldberg, cuyo libro Suicide of the west, sostiene que el capitalismo y la tradición liberal han sido tan eficaces a la hora de satisfacer nuestras necesidades que debemos inventar nuevos enemigos, lo que conduce a una política de identidad divisiva e inútil. Goldberg llama a la alienación que tanto reaccionarios como progresistas sienten hacia el “capitalismo democrático liberal” una forma de romanticismo, que es “la primacía de los sentimientos”. Continúa describiendo este romanticismo como:

El sentimiento de que el mundo en el que vivimos no está bien, de que es insatisfactorio y carente de autenticidad y significado (o simplemente exige demasiado de nosotros y debe haber un camino más fácil). En segundo lugar, como nuestros sentimientos nos dicen que el mundo está desequilibrado, amañado, es artificial, injusto o -muy a menudo- opresivo y explotador, nuestro cableado natural nos lleva a creer que alguien debe ser responsable.

Los malvados que mueven los hilos adoptan diferentes formas según el tipo de tribalismo. Pero los más comunes son: los judíos, los capitalistas y -hoy en día en la derecha- los globalistas y los marxistas culturales.

Jonah Goldberg.

O en el caso de Ted Kaczynski, los tecnólogos.

La división del trabajo

En resumen, la gente de extrema derecha y de extrema izquierda se opone a la libertad porque les da derecho a la búsqueda de la felicidad, pero en realidad no les da la felicidad. Eso requiere algo intencionado por su parte. El argumento de algunos integristas católicos posliberales y nacionalistas cristianos de que el liberalismo clásico ha fracasado. Porque, aunque casi hemos erradicado la pobreza extrema y el hambre, todavía tenemos la hora del cuento de la drag queen. Es un argumento de miserables quisquillosos.

Volviendo a uno de los argumentos centrales de Kaczynski, ¿nos hace realmente miserables la división del trabajo? Muchos de nosotros, como los artistas, los matemáticos y las personas que escriben artículos sobre el libre mercado, prosperamos en la sociedad tecnológica, pero quizá no lo hubiéramos hecho en etapas anteriores del desarrollo humano. Puede que a algunas personas les guste de verdad entender cómo funcionan los ordenadores, estudiar los virus o leer escritos antiguos como actividades valiosas por sí mismas y no se dediquen tan miserablemente a “actividades sustitutas”. Ésta es una de las cosas bonitas de la división del trabajo, ¿no? Yo puedo centrarme en lo que hago bien, tú puedes centrarte en lo que haces bien, y ambos nos enriquecemos doblemente gracias al comercio.

Tecnología y alienación

Otra crítica a la tesis de Ted Kaczynski es que achaca nuestra versión contemporánea de la alienación a un solo aspecto de la vida occidental moderna -nuestra tecnología- cuando otros factores pueden ser más relevantes para el problema. Por ejemplo, nuestro individualismo filosófico y nuestra creencia en la responsabilidad personal conllevan muchos beneficios, pero pueden hacer más difícil encontrar un sentido de pertenencia a una comunidad, al igual que un Estado del bienestar que da recursos sin las relaciones que marcaban esas dependencias en nuestro pasado.

Ted Kaczynski veía la dependencia de los demás como un problema; pero el problema moderno es que dependemos de los demás pero sin una conexión genuina. Por ejemplo, técnicamente puedo estar conectado con las personas que cultivan y procesan mis alimentos, pero en realidad no las conozco. Si a esto añadimos todas las demás relaciones transaccionales e impersonales de mi vida, me queda una necesidad que el comercio no puede satisfacer: la necesidad de intimidad y pertenencia.

Nuestro deseo fundamental no es labrar la tierra, sino ser aceptados y encontrar un propósito. Nuestra sociedad tecnológica moderna contribuye sin duda a esta pérdida al satisfacer necesidades básicas que antes sólo podían satisfacerse dentro de la comunidad y en vínculos comunitarios como la religión. Sin embargo, la solución no es abandonar la sociedad, sino aprender a encontrar una comunidad real no como un mero accidente de supervivencia comunitaria, sino como resultado de una intención deliberada, y no meramente en grupos en línea centrados en “fandoms”, modas y fetiches.

Hacer volar los televisores

Tampoco hay nada malo en preguntarse si, como sociedad, estamos llegando a nuestros límites en algunas áreas. El ser humano es adaptable, aunque no infinitamente. Tal vez, por ejemplo, vivir nuestras vidas en las redes sociales para conseguir “me gusta” podría estar estirando nuestra flexibilidad elástica hasta el punto de romperse.

Tal vez nuestra dependencia de la división del trabajo y de la cadena de suministro, como hemos aprendido después de COVID, puede empezar a ser un lastre si se rompen demasiados eslabones de esa cadena y nos quedamos sin poder cuidar de nosotros mismos y de nuestros vecinos. Y puede que nuestra dependencia del sistema financiero sea también un arma de doble filo, como nos han demostrado los esfuerzos por congelar los activos de los manifestantes camioneros canadienses y de los rusos de a pie en los primeros meses de 2022.

Tal vez más de nosotros deberíamos, como sugirió John Prine en su canción Spanish Pipedream, hacer estallar nuestros televisores, tirar nuestros papeles y construir casas en el campo.

Pero, desde luego, no deberíamos volar por los aires a otras personas.

Ver también

Las élites integristas posliberales. (James Dominic Rooney)

¿Puede colapsar el capitalismo? (I). (Miguel Anxo Bastos).

¿Puede colapsar el capitalismo? (II). (Miguel Anxo Bastos).

Necedades contra el capitalismo. (Francisco Capella).