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Una nueva cabeza de playa para la civilización occidental

Por Joseph Loconte. Este artículo ha sido publicado originalmente en Law & Liberty.

Este otoño me incorporé a la facultad del New College de Florida, donde los educadores están embarcados en un experimento radical: transmitir la historia de la civilización occidental -tanto sus logros como sus fracasos- como requisito esencial de la ciudadanía. Que esta propuesta se considere radical habla de la podredumbre moral de nuestra vida nacional.

New College, la universidad de honores del estado, ha recibido atención internacional por el papel del gobernador Ron DeSantis en el nombramiento de conservadores para su consejo de administración. A principios de este año, el consejo votó a favor de cerrar la oficina de Diversidad, Equidad e Inclusión y eliminar los cursos de estudios de género, la primera universidad pública del país en hacerlo.

La naturaleza partidista del debate sobre las reformas previstas en el New College oscurece una cuestión profundamente importante: ¿Merece la pena defender la democracia liberal y la civilización de la que surgió? Irónicamente, muchos conservadores están tan desesperadamente confundidos sobre la respuesta a esta pregunta como lo está la izquierda progresista.

Vieja izquierda y nueva derecha contra la tradición liberal

La narrativa histórica de la izquierda es que la civilización occidental es un engreimiento. Ha producido una mezcla tóxica de imperialismo, militarismo y racismo. Nuestros ideales e instituciones democráticas, nos dicen, son herramientas del opresor contra el oprimido. Estados Unidos, como nación líder de Occidente, es en gran medida una fuerza del mal en el mundo.

El argumento de la nueva derecha, sin embargo, puede ser igualmente condenatorio de nuestra tradición liberal y democrática. Una cohorte cada vez mayor se ha desilusionado con la fundación estadounidense. Para ellos, Estados Unidos fue concebido en un estado de pecado, no principalmente el pecado de la esclavitud, sino más bien las diabólicas ideas de la Ilustración sobre la libertad humana, la igualdad y los derechos naturales. El resultado inevitable fue una sociedad inundada de materialismo e individualismo radical.

Ambas tribus ideológicas comparten el mismo vicio: la visión cínica. Ignorantes en gran medida de la historia de nuestra civilización, se aferran a nociones distorsionadas de nuestro pasado y, por tanto, trazan visiones utópicas para nuestro futuro, ya sean militantemente laicas o semiteocráticas. Pero una educación en artes liberales, firmemente cimentada en las humanidades, ofrece un camino mejor.

Un pasado ambivalente

Comienza con el conocimiento de que la civilización occidental es la interacción secular de la cultura griega y romana, adoptada y transformada por las tradiciones judía y cristiana, y transformada de nuevo por las revoluciones científicas, democráticas e intelectuales de los siglos XVII y XVIII en Europa y Estados Unidos. En el transcurso del siglo XX, a través de dos guerras mundiales y una Guerra Fría, nuestra civilización -de hecho, toda la civilización humana- apenas sobrevivió a la perspectiva de la extinción.

Esto debería hacernos reflexionar. Lo que llamamos tradición occidental es una historia de explotación, esclavitud, inquisiciones y guerras, así como una historia de exploración, libertad, ilustración y redención. Nuestra civilización es algo mucho menos que el paraíso terrenal, pero mucho mejor que la mayoría de las alternativas históricas.

Fue en nuestra civilización

¿Por qué dedicar atención a Occidente? ¿Qué hay de Asia, África y la civilización del Islam? Todas ellas han influido en la civilización occidental. Pensemos en algunas de las características de la vida moderna que damos por sentadas: la educación universal; el acceso a una atención sanitaria de calidad; la abundancia de agua corriente y limpia; la aplicación de la ciencia para aprovechar recursos que enriquecen nuestras vidas de innumerables maneras; los sistemas económicos que hacen posible un trabajo creativo y significativo; y las sociedades políticas basadas en los conceptos de gobierno por consentimiento, libertad de expresión, de reunión y la libertad de adorar a Dios, o a ningún Dios, según la conciencia individual.

Todos estos logros, aunque adoptados en muchas partes del mundo, fueron promovidos por inventores y pensadores de Occidente. Son los frutos de una civilización, en concreto, la nuestra.

El gran enigma

En su libro Civilización: Occidente y el resto, el historiador británico Niall Ferguson observa que el dominio de la cultura occidental durante los últimos 500 años es un hecho histórico asombroso que exige una explicación. “Es el relato central de la historia moderna”, escribe Ferguson. “Es quizá el enigma más difícil de resolver para los historiadores”.

En un entorno académico sano, se animará a las mentes jóvenes a lidiar con este enigma. En lugar de discutir sobre los méritos de los programas de apoyo a la diversidad, la equidad y la inclusión, un enfoque más sensato sería comprender cómo y por qué Occidente ha concedido un valor tan supremo al pluralismo, la equidad y la igualdad ante la ley. Como ninguna otra civilización a lo largo de la historia, Occidente ha intentado -con dificultad, sin duda- aplicar la Regla de Oro a su cultura política.

Esta fue una de las aportaciones más destacadas del filósofo inglés John Locke, considerado el padre del liberalismo político. De forma más convincente que ningún otro pensador, Locke ancló sus argumentos a favor de la libertad y la igualdad en una visión bíblica de la persona humana: el hombre como “hechura de Dios”, como dijo en su Segundo Tratado de Gobierno (1689). Igualmente importante, comprendió que estas ideas debían transmitirse a la siguiente generación. En Some Thoughts Concerning Education (1693), John Locke insistió en que “el bienestar y la prosperidad de la nación” dependían de la educación adecuada de los jóvenes.

El amor y la estima por el conocimiento

En el New College, esta educación implicará un sólido compromiso con un plan de estudios de artes liberales enraizado en las humanidades: las disciplinas de la literatura, la política, la filosofía, la historia y las artes, tal y como se han desarrollado en la tradición occidental. Los estadounidenses están inmersos en una discusión nacional sobre qué tipo de educación es esencial para nuestra democracia moderna. Sin embargo, hay menos debate sobre el terrible déficit de decencia y civismo en nuestra vida política y cívica. El precipitado declive de las artes liberales en la educación es sin duda parte de la razón.

También los contemporáneos de Locke se quejaban amargamente de los niveles degradados tanto de la virtud cívica como de la piedad personal. La tarea del educador en relación con su alumno, escribió Locke, “no es tanto enseñarle todo lo que se puede saber, como suscitar en él el amor y la estima por el conocimiento y ponerle en el buen camino para conocer y mejorarse a sí mismo, cuando se lo proponga”. Cultivar el amor al saber, no sólo por sí mismo, sino para la mejora de nuestras almas: Esta ha sido la contribución definitoria de la tradición liberal clásica en Occidente, una fuente profunda de su salud y vigor culturales.

Puede volver a serlo, si nos lo proponemos.

Ver también

Occidente acabó con la esclavitud. (Daniel Rodríguez Herrera).

Por qué falló el conservadurismo. (Claes G. Ryn).

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXVI): ¿puede colapsar el capitalismo? (II)

La cuestión del posible colapso del capitalismo nos lleva necesariamente a tratar de comprender a la inversa las razones históricas de su éxito y a analizar las condiciones en las que este puede operar. Como señalamos en el artículo anterior, el capitalismo solo puede desaparecer si desaparece de la mente humana la forma en que este funciona. Y mientras subsista en la mente de algún humano, este puede persistir.

Socialismo a pequeña escala, capitalismo a gran escala

Aquí se plantea la primera cuestión, la de si el capitalismo precisa de una escala mínima para poder subsitir. Esto es, aplicando al capitalismo una de las preguntas clásicas del marxismo, si puede existir el capitalismo en un sólo país o precisa de operar a nivel global. El socialismo funciona mejor cuanto más reducida es su escala, pues tiene necesariamente que operar con la disciplina de los precios de mercado mundiales a la hora de asignar los suyos. Y necesariamente tendría que aplicarlos a su comercio exterior. En contraste, el capitalismo funciona mejor cuanto más amplios son los mercados y los espacios que operan bajo este sistema.

Y nada mejor para que la escala ecónomica en el capitalismo opere correctamente que la escala política sea a su vez lo más pequeña posible. Si hacemos caso a Jean Baecheler, el capitalismo habría nacido en la anarquía medieval con decenas o centenares de unidades políticas operando en el pequeño espacio geográfico europeo. La escala propia del capitalismo es la del mundo, mientras que la del socialismo es la de la pequeña escala. Y cuanto más pequeña, mejor. Pues el imperativo del cálculo económico se reduce.

La extensión del capitalismo

Un comuna, monasterio o una familia pueden aplicar el socialismo mejor que un estado mundial que quiera planificar a gran escala. En este caso, quedaría sumido en el caos por falta de precios, o ni siquiera referencias de producción de otros países. Aún así, el capitalismo puede funcionar a escala muy reducida, incluyendo al individuo. Nos lo muestra el ejemplo de Robinson creando sus propias herramientas en una isla aislada, aplicando nada más que el ahorro y el cálculo más o menos intuitivo de la duración de los procesos productivos. Es ejemplo que Eugen Bohm-Bawerk desarrolla muy bien en su excelente (y poco valorado) tratado La teoría positiva del capital.

La historia nos muestra que, en sus orígenes, el capitalismo estaba circunscrito a unas pocas regiones europeas. Especilamente en Falndes, o algunas comarcas inglesas. Desde ahí, básicamente por imitación, fue más o menos rápidamente se extendió a otras partes del mundo. No a todas, pues, como comentamos en el artículo anterior, aún existen vastas regiones del orbe que aún no han adoptado de forma significativa esta forma de entender los procesos económicos. Puede ser porque conservan aún formas económicas precapitalistas, o porque aún mantienen gobiernos con ideologías socialistas o estatistas.

Desde luego que la adopción del capitalismo no debe ser obligatoria ni mucho menos planificada. Pero quien no lo adopte de forma consciente debe asumir las consecuencias. Y de hecho es esta la razón de que haya sido adoptado con rapidez en los países vecinos a los que primero lo adoptaron. Quedarse atrás tenía consecuencias no sólo económicas sino también militares (sus ejércitos quedaban rápidamente desfasados). También sociales, al desatarse migraciones masivas de la fuerza de trabajo atraída por las mejores condiciones laborales y sueldos que traía consigo el nuevo sistema económico.

Capitalismo e imperialismo

Soy consciente de que algunos de los países que adoptaron el capitalismo en primer lugar, como el Reino Unido, desarrollaron políticas imperialistas hacia el exterior y llegaron a dominar vastas extensiones de territorio por todo el mundo. Hoppe señaló en alguno de sus escritos que esto pudo ser una consecuencia no intencionada del capitalismo. Los estados basado en territorios en los que el capitalismo tomó forma fueron más ricos que los que los estados en los que este desarrolló no se dio.

Los estados con una base social capitalista pueden extraer más rentas de sus sociedades al ser estas más ricas y pueden, por tanto, disponer de más recursos y medios tecnológicos para poder conquistar otros territorios. Y esto a pesar de que el capitalismo no sólo no necesita de los imperios sino que estos no dejan de ser un lastre para la correcta evolución del mismo. Como decía el viejo Schumpeter en su genial y olvidada Sociología del imperialismo, el impulso de dominación que caracteriza al imperialismo sería un impulso atávico en el ser humano. Y, de momento, el único sistema económico que ha conseguido suavizarlo sustancialmente es el propio del capitalismo de libre mercado.

Imperialismo y extensión de las ideas

No sólo ha mitigado tal impulso, sino que ha conseguido demostrar que se puede funcionar muy bien en una economía de este tipo, sin poseer ningún tipo de colonia o espacio dominado. Funciona aún mejor sin ellas. Pero dejando este argumento, podría decirse que el imperialismo llevó consigo el sistema capitalista a los pueblos dominados por la fuerza. Como apuntamos en el artículo anterior, el capitalismo es más una tecnología mental que un artefacto material. Y, como toda idea, puede expandirse de muchas formas. Una de ellas es el imperio.

No soy partidario del imperalismo, pero este fue un hecho del pasado y sus consecuencias, la mayoría de ellas negativas, no se pueden borrar de la experiencia humana. El imperialismo también llevo consigo el método científico, los idiomas imperiales y las formas de registrar al pueblo colonizado. También pesos y medidas y muchos otos hábitos y costumbres propios de la metrópoli.

El capitalismo sobrevive en las ideas

El capitalismo, al menos tal y como nosotros lo entendemos, fue uno más de otros hábitos mentales, peor que en determinados pueblos de la tierra, como en algunos territorios del sudeste asiático, fue rápidamente adoptado, quizás porque contaban entre sus hábitos culturales formas semejantes, quizás menos desarrolladas. Que haya sido llevado a la fuerza no lo invalida, como no lo hace con otras formas y prácticas culturales, aunque no sea la mejor forma de llevarlo a cabo.

Esta disgresión viene a cuento porque, sea de una forma pacífica o violenta, las técnicas del capitalismo están ahora presenten en la mayor parte de los países de la tierra. Y, salvo que se eliminen de una forma total, algo muy difícil por cierto, seguirán existiendo. Y tendrán capacidad de transmitirse, aunque sean en una única región o en un único país. El que las conserve, aún en un mundo poblado por ideas socialistas o pre o postcapitalistas, contará sin duda con una gran ventaja. Salvo, claro está, que se invente alguna fórmula económica mejor, que de momento no hay indicios de que haya sido ni siquiera teorizada.

Capitalismo con pocos recursos

Queda expuesto que el el capitalismo no necesita desarrollarse a nivel mundial para poder existir, no lo necesitó en el paso ni lo necesitaría en el futuro. Ahora cabe discutir lo que acontecería en el caso de una grave crisis económica o de disponibilidad de recursos económicos necesarios, como apuntan algunos colapsistas. Lo que acontecería entonces sería bien una situación de escasez de capital o bien de los insumos necesarios. Esto conllevaría una menor producción de bienes y servicios. Pero bajo ningún concepto una crisis del capitalismo como idea.

El capitalismo puede funcionar en escalas inferiores a la del mundo entero, así fue y en buen medida sigue siendo. Del mismo modo, el capitalismo puede funcionar perfectamente con menos capital y menos recursos. Simplemente, el nivel de vida sería más bajo y habría que recomenzar, como ocurre despues de una guerra o una catástrofe, a un nivel más bajo que el de antes. Se sufrirán penalidades hasta lograr alcanzar el nivel de vida anterior.

Sin electricidad ni petróleo

En los comienzos del capitalismo la cantidad de capital disponible era raquítica, pues no se había dado aún el proceso de acumulación que nos permite mantener nuestro actual nivel de vida. Tampoco había, ni mucho menos, la cantidad de recursos de los que disponemos hoy. Estos fueron descubriéndose a medida que avanzaba el proceso capitalista. Los primeros capitalistas solo disponía de madera, carbón y algo de viento y agua para los molinos.

Esto es, la revolución capitalista comenzó y se desarrolló sin electricidad ni combustibles derivados del petróleo. Estas fuentes ólo pudieron tener uso industrial casi cien años después desde que comenzó el proceso de capitalización. En aquellos momentos, la cantidad disponible era de cero unidades. No se sabía ni como extraerlo, ni cómo transportarlo, ni mucho menos cómo transformarlo en un combustible útil. Fue el proceso de capitalización el que con el tiempo descubrió como hacer uso de los recursos y los convirtió en baratos y abundantes auxiliares de la industrialización.

La permanencia de la tecnología

Se nos puede afirmar que un futuro capitalista no podría contar con ellos, al estar estos agotados. Y que esa carencia sea una de posibles causas del colapso del capitalismo. Cabría contraargumentar que no está para nada probado el agotamiento de los recursos que hoy en día consumimos. Pero aún siendo así el capitalismo podría perfectamente funcionar como en el siglo XIX. Con un nivel más bajo de producción, pero con toda la tecnología y conocimiento acumulada durante siglos. Ello nos permitiría descubrir nuevos recursos o explotar formas conocidas, pero hoy no usadas, de obtener energías.

Porque ningún escrito colapsista dice que las tecnologías que sustentan el capitalismo tendrían que desaparecer con él, en caso de este implosionase. Es cierto que algunos pueblos o tribus de pequeñas dimensiones perdieron tecnologías por desaparición física de los expertos. Y por la carencia de registros escritos o electrónicos, como le aconteció a los esquimales con la fabricación de algunos aperos de pesca. Pero nada indica que nuestras bibliotecas o archivos tuviesen que colapsar también. Se podría recuperar el saber acumulado. Es más, el colapsismo hace un buen servicio, al advertir de estos peligros para poder tenerlos en cuenta. Favorecería la descentralización de la acumulación de técnicas y conocimientos. Su papel es también impagable a la hora de pensar y analizar el proceso capitalista, por lo que espero que sigan produciendo buenos textos y haciendo preguntas pertinentes.

Ver también

¿Puede colapsar el capitalismo? (I). (Miguel Anxo Bastos).

Marx y el fin del capitalismo. (Raquél Merino).

Los nuevos Moai. (Fernando Herrera)

Necedades contra el capitalismo. (Francisco Capella).

Las altas magistraturas pueden delinquir

En un análisis publicado a finales del año pasado sobre la calificación que merecen las actuaciones dirigidas por el Gobierno (ahora en funciones) y sus aliados, concluía que era una obviedad afirmar que estaban ejecutando un golpe de estado.

Un golpe de Estado

Como se ha comprobado en otros escenarios cercanos – geográfica o culturalmente – no solo se entiende como tal la destitución repentina y por la fuerza bruta de quién ostenta el gobierno para sustituirlo por otro. También el desmantelamiento de las instituciones, sin seguir los cauces establecidos en la constitución, abarca una segunda acepción del término y encajaba con los actos llevados a cabo hasta ese momento por el ejecutivo y sus adláteres. Dado que las maniobras tenían – tienen, mejor dicho – como principal objetivo apuntalar indefinidamente la estancia en el poder de quién lo ostenta, podríamos añadir que se trata de un autogolpe.

Poco antes de la publicación de ese análisis, el presidente del gobierno y sus voceros  descalificaban a los magistrados del Tribunal Constitucional que se habían atrevido a adoptar unas medidas cautelares en un proceso de amparo en diciembre de 2022[1]. A la postre, sin embargo, la suspensión de la tramitación de la proposición de ley tan solo significó un ligero contratiempo en el asalto en curso del CGPJ y el Tribunal Constitucional. Irrelevante dentro de la ristra de aldabonazos desplegados por Pedro Sánchez Pérez-Castejón desde su asalto al poder con la extraña moción de censura de junio de 2018.

Vasallos e insumisos en el Tribunal Constitucional

Una demostración de la avasalladora capacidad de sus presiones y maniobras para doblegar a quiénes deberían estar avisados de sus torvas intenciones se observó a los pocos días. Sin necesidad de que el Tribunal Constitucional resolviera el fondo del recurso de amparo, cuya admisión a trámite motivó la adopción de las medidas cautelares a petición de los recurrentes, la reforma legislativa que pretendía separar en dos el momento de la elección de sendos magistrados por parte del Consejo y del gobierno perdió su urgencia para sus promotores[2].

En efecto, el 27 de diciembre  de 2022 , los vocales del CGPJ que, como se sabe, están supuestamente divididos entre vasallos e insumisos del gobierno, alcanzaron un acuerdo para designar a los dos nuevos magistrados del Tribunal Constitucional.[3] De esta manera, el gobierno encontró el terreno despejado para proceder a la propuesta simultánea de los suyos, de acuerdo a las previsiones del artículo 159.1 CE. Y los agraciados con el premio fueron nada menos que dos subordinados hasta el día anterior, como quien dice: el ex ministro de Justicia Juan Carlos Campo Moreno y la ex directora general de Asuntos Constitucionales y Coordinación Jurídica del Ministerio de la Presidencia, Laura Díez Bueso[4].

Una mayoría parlamentaria para dominarlos a todos (los jueces)

Pero retrotraigámonos en el tiempo para observar la magnitud de las marrullerías golpistas y como la exigua mayoría parlamentaria que va articulando el gobierno manipula hasta unos niveles prevaricadores el proceso legislativo. Previamente, en octubre del año 2020, los grupos parlamentarios que sustentan al gobierno presentaron una proposición de ley para reformar el sistema de elección del CGPJ por mayoría absoluta, en caso de que no fuera posible la cualificada de tres quintos en primera votación. Gracias a las misivas que tres asociaciones de jueces y magistrados enviaron a la vicepresidenta de la Unión Europea y comisaria para Valores y Transparencia, Věra Jourová, y al comisario de Justicia, Didier Reynders, ese intento quedó paralizado ante las advertencias de que la tramitación de esa propuesta vulneraría groseramente los cánones europeos en materia del imperio de la Ley y el Estado de Derecho.

Sin embargo, esta parada táctica en la estrategia del salami diseñada para domesticar al órgano de gobierno del Poder Judicial, tuvo su ley tapada con la tramitación de otra nueva proposición de ley. Esta iniciativa daría lugar a la Ley Orgánica 4/2021, de 29 de marzo de reforma de la LOPJ para suspender competencias del CGPJ en funciones como, por ejemplo, el nombramiento de jueces de alto rango o propuesta de dos de los 12 magistrados del TC que le corresponde por mandato constitucional. El impecable recurso de inconstitucionalidad de Vox ha sido desestimado por la STC 218/2023 de 2 de octubre, con un voto particular que apunta de forma brillante a las razones que deberían haber apoyado la estimación.

Cambio de estrategia

Pero hete aquí que las caprichosas necesidades del gobierno ampliaron su perspectiva. Poco tiempo después cayó en la cuenta de que el asalto al Tribunal Constitucional, institución clave para convalidar sus deposiciones legislativas, se vería entorpecido si la suspensión de atribuciones al CGPJ continuaba. En este caso porque la renovación de la tercera parte de los magistrados, prevista en el artículo 159.1 CE, dos a propuesta del gobierno y otros dos designados por el CGPJ, debe ser simultánea.

Es por esto por lo que, recurriendo a la tramitación fulminante de una proposición de ley que soslayaba el preceptivo dictamen del propio CGPJ concernido, el gobierno y sus socios aprobaron una excepción a la suspensión de la potestad de elección de altas magistraturas por parte de un CGPJ en funciones, articulada en su ley anterior. Así pues la Ley Orgánica 8/2022, de 27 de julio “devolvió” solo una de las competencias suspendidas al CGPJ con el delirante añadido de ordenar a sus vocales hacerlo “en el plazo máximo de tres meses a contar desde el día siguiente al vencimiento del mandato anterior“.

La anticonstitucionalidad de una arbitrariedad de ese calibre no ha impedido que ese remedo de ley surta los efectos generalmente previstos para una norma con ese rango, pese al recurso de inconstitucionalidad, promovido por más de cincuenta diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, admitida a trámite, por el Pleno del Tribunal Constitucional, por providencia de 16 de noviembre de 2022.

Deriva tiránica

Conviene tener una visión de este bosque de maniobras arteras para no perderse entre los árboles aislados que van colocando los estrategas del golpe de estado. Cualquiera que sea el resultado de las negociaciones de grupo social comunista para que el caudillo indiscutido del PSOE obtenga la confianza de una mayoría suficiente de diputados del Congreso, los actos que ya han perpetrado desbordan las consideraciones políticas.

Y, por otro lado, merecen reacciones desde ámbitos muy diversos. Si en un análisis anterior, recordaba que no deben temblar los representantes de los partidos que quieren oponerse al pisoteo del Estado de Derecho y formar una alternativa, a la hora de emprender acciones ante los tribunales internos, esto no deber ser óbice para acudir a otras instancias.

En efecto, por mucho que la propaganda del gobierno en funciones difunda todo tipo de cortinas de humo, su posición en la Unión Europea es de extraordinaria debilidad política. Los comisarios europeos del ramo han sido demasiado condescendientes hasta ahora con los ataques a los principios del Estado de Derecho encabezados por las autoridades que se dicen españolas. Sin embargo, sus informes anuales han recopilado suficientes incumplimientos de las recomendaciones, como para emprender expedientes de infracción o incluso acciones ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea de Luxemburgo. Mas aún, cuando, tras la victoria de la oposición polaca de amplio espectro en las elecciones del pasado 15 de octubre, la deriva tiránica de los gobiernos de Pedro Sánchez Pérez-Castejón va a llamar más la atención a las instituciones europeas.


Notas

[1] El Tribunal Constitucional dictó en un primer momento el auto 177 de 19 de diciembre de 2022, adoptando como medida cautelarísima, la suspensión de la tramitación de las enmiendas 61 y 62 del Grupo Socialista y Podemos, conforme al art. 56.6 LOTC, las cuales intentaban modificar la Ley Orgánica del Poder Judicial y la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, para separar la hasta entonces simultánea elección de los 2 magistrados del TC propuestos por el Gobierno y los otros 2 propuestos por el CGPJ en el expediente legislativo abierto con una Proposición de Ley Orgánica para materias diferentes, como, entre otros  puntos, diluir el delito de sedición en otro de desórdenes públicos con penas mucho más tenues y aliviar también las penas por la malversación.

El mismo Pleno del Tribunal Constitucional dictó el 21 de diciembre siguiente el auto 178/2022, por el cual se desestimaron los recursos presentados y se confirmaron las medidas cautelares.

[2] De esta manera, las disposiciones transitorias de la penúltima de las iniciativas legislativas supersónicas para partir el momento de la elección de magistrados del TC que corresponden a gobierno y CGPJ, decayeron del texto definitivo de la Ley Orgánica 14/2022, publicado en el BOE el 23 de diciembre de 2022. https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2022-21800.   

[3] Concretamente a los magistrados César Tolosa Tribiño y María Luisa Segoviano Astaburuaga.

[4] Ambos personajes fueron nombrados mediante sendos reales decretos, a propuesta del gobierno. El abuso de derecho y la arbitrariedad exhibidos por un gobierno capaz de cooptar entre sus miembros a magistrados del Tribunal Constitucional queda en evidencia si observamos que el artículo 22 de la Ley Orgánica 2/1979, de 3 de octubre, del Tribunal Constitucional les exige el ejercicio de “su función de acuerdo con los principios de imparcialidad y dignidad inherentes a la misma”.

En la práctica ya se sabía que el postulado del artículo 159.5 CE (“Los magistrados del TC serán independientes e inamovibles en el ejercicio de su mandato”) había quedado bastante rebajado en función de afinidades ideológicas. Sin embargo, el haber compartido responsabilidades de gobierno les convierte en personas contraindicadas por la propia Ley Fundamental y su Ley orgánica. Más allá de los innumerables casos en los que deberán abstenerse o ser recusados por haber sido miembros de un gobierno que es y será parte interesada en la mayoría de los procesos constitucionales que examinará el Tribunal, ambas propuestas ofrecen vehementes indicios de ilegalidad que llegan, incluso, a la relevancia penal: prevaricación.

La independencia o la imparcialidad de estos “juristas” desafiaría todas las reglas de experiencia conocidas sobre la necesaria neutralidad de árbitros y jueces. Simplemente es imposible que sean ni independientes ni imparciales. Hasta el momento no he tenido noticia de que alguna institución, corporación, partido político, sindicato o asociación haya interpuesto recurso contencioso administrativo con ese acto del gobierno y, mucho menos, una querella criminal.

Ver también

¿Está dando el gobierno español un golpe de Estado? (José Antonio Baonza Díaz).

Viva la Hispanidad, carajo

Este domingo, muchos esperábamos que ganase las elecciones Javier Milei sin tener que ir a la segunda vuelta. No fue así. El resultado fue muy bueno, indudablemente, pero habrá que esperar a noviembre para saber el resultado definitivo. Sin embargo, e independientemente del resultado electoral, la campaña y las redes sociales demuestran otra tendencia: la vuelta del hispanismo a la Hispanidad. Ya comenté en otro artículo que las ideas que defiende Milei se basan en la Escuela de Salamanca y que fueron las que propiciaron tanto que Argentina fuera el país con mayor renta per cápita del mundo como el milagro económico español.

El domingo, Benjamín Santamaría publicaba un artículo en OKDiario en el que afirmaba que las ideas de Javier Milei vienen de Huerta de Soto y de la Escuela Austríaca. Algo incuestionable, que siempre ha hecho público Milei. Sin embargo, termina el artículo diciendo que “ahora, estas ideas cruzan el Atlántico y se presentan como alternativa en las elecciones de Argentina”.

Una tradición de pensamiento

No se entienda este texto como un ataque a Benjamín Santamaría, ni a su artículo, sino que quiero reafirmar y expandir mi postura de que esas ideas no tienen que cruzar el Atlántico, sino que llevan ahí desde el Descubrimiento. Porque esas ideas, son las ideas de la hispanidad, como bien afirman el propio Huerta de Soto y Murray Rothbard, uno de los máximos exponentes de la Escuela Austríaca.

Las mismas ideas que propiciaron el imperio generador por antonomasia y una paz de tres siglos en todo el Imperio. Unas ideas que no fueron pensadas por los escolásticos, sino que estaban ahí, que formaban parte de pensamiento hispánico y que los estudiosos salamantinos se limitaron a recoger. Y esa es, precisamente, la grandeza de la hispanidad y de la Escuela de Salamanca: trabajar con los rescursos disponibles, observar y estudiar la realidad existente para hacerse compatible con ella. Compatibilizar el individuo con el entorno partiendo de la materia existente.

El mestizaje como clave de la hispanidad

De ahí que la universalización del concepto de «persona» se dé en un marco donde el mestizaje fue siempre una práctica habitual entre árabes, judíos y cristianos. El derecho de gentes moderno no podría haberse dado fuera de un entorno de mestizaje. El mismo mestizaje que se extendió por ultramar prácticamente desde el momento del Descubrimiento. El mestizaje que permitió que todos los habitantes de España fueran iguales en dignidad, independientemente de su pigmentación.

Que el primer negro del mundo que estudió en una universidad fuera en España o que el primer negro del mundo que impartió clases en una universidad fuera en España no fue fruto de una lucha política contra un «racismo institucional»  como ocurre en otras zonas geográficas. No, porque no puede haber lucha contra el racismo cuando no hay racismo.No puede haber racismo cuando el mestizaje es un hecho habitual.

Competencia entre idiomas

El mestizaje no es la homogeneización de la sociedad, sino la riqueza de la diversidad. Y ese marco de competencia y colaboración es lo que lleva a la riqueza y la prosperidad. A una riqueza cultural que es lo que lleva la competencia entre idiomas, que llevó a la creación de la primera gramática del mundo, pero a la vez, la supervivencia de los distintos idiomas que todavía existen en la Hispanidad.

Tal como ocurrió con Juan Latino, el Concilio de Méjico de 1555 no fue una lucha contra ninguna opresión, sino una evolución natural de exportar a ultramar lo que era bueno en la península. Del mismo modo que la coexistencia de distintos idiomas era enriquecedor en la península se exportó a ultramar. Sin esa competencia no podría haberse dado el Siglo de Oro.

Competencia entre idiomas, entre tecnologías de pensamiento, pero también entre autores. Competencia y colaboración no sólo en el ámbito literario, sino también en las ciencias, en la filosofía, en la teología… sin disputas como la polémica de auxiliis no hubiera sido posible la Escuela de Salamanca. A la vez, sin la Escuela de Salamanca no podría haber habido disputas como la polémica de auxiliis.

Ciencia hispana

Y ese mismo marco de colaboración y competencia fue el que propició el gran desarrollo científico e ingenieril español. No hubiera sido posible la talasocracia hispana sin la colaboración egoísta y descentralizada de miles de personas que hicieron posible los barcos que permitieron el descubrimiento de América o la circunvalación del mundo.

Como ocurrió en la literatura, que surgió de forma espontánea sin intervención política y gracias a que no existían las leyes de propiedad intelecutal, el desarrollo ingenieril y científico surgió de forma espontánea sin intervención política y gracias a que no existían las patentes.

Y es que, para circunvalar el mundo, no sólo hacía falta unos barcos que lo permitieran, sino una cartografía, unos aparatos de medición y, sobre todo, un gran conocimiento que permitiera acumular y criar alimentos y conservar bebida para poder alimentar a todos los que subían a esos barcos.

Sin injerencias políticas y con un marco de competencia y colaboración, la innata empresarialidad humana florece. Si, además, le acompaña una tecnología de pensamiento como es el español, con su carga memética arraigada en la materia, la innata empresarialidad humana se desarrolla para satisfacer las demandas del prójimo.

La materia y el prójimo

Una de las lecturas más claras que podemos hacer del mestizaje es que se produce porque la mujer hispana siempre ha decidido libremente con quién relacionarse. No es de la tribu. Es ella. Además, la gestión de la casa tradicionalmente ha recaido en la mujer, con lo que ello conlleva: educar a los hijos, enseñarles a leer, escribir, hacer cuentas… y llevar las cuentas de la casa. Por lo que, necesariamente, la mujer española ha tenido que ser una persona culta.

Culta y libre. Y, además, la que manda en casa. Esto, tan arraigado en el imaginario popular es lo que lleva a que todos los hitos y mitos fundacionales del hispanismo sean mujeres: la Virgen en general, pero la Virgen del Pilar, en particular, como patrona de la Hispanidad. La Reina Isabel, como la gran protectora de los judíos primero, y de los indios después. La que vuelve a unificar la España oriental e impulsa la España occidental junto a su maestra, amiga y consejera Beatriz Galindo. Doña Marina, como la madre del mestizaje hispanoamericano…

Argentina: amor y odio a España

La historia de Argentina es un contínuo vaivén de amor y odio a la hispanidad. Coincidiendo siempre sus épocas de amor con las de prosperidad y las de odio con las de pobreza. Todavía sobreviven muchos edificios de la época en la que la actual Argentina formaba parte de la Corona Española. De hecho, la Iglesia de San Ignacio de Loyola, es la construcción más antigua de Buenos Aires. Y la segunda construcción más antigua de la ciudad es la Iglesia del Pilar, donde se venera a la Virgen del Pilar, patrona de la Hispanidad y que fue construida gracias al mecenas aragonés Juan de Narbona.

Para darse este hecho, no sólo es necesaria la voluntad de Juan de Narbona y las gestiones de Alonso Juan de Valdés Inclán para que en Buenos Aires haya una basílica del Pilar, sino que hace falta unas condiciones económicas para financiar la obra, una labor arquitectónica, una mano de obra con la suficiente calidad para que esos edificios perduren y una voluntad posterior para mantener las edificaciones.

Idea y materia

También nos encontramos épocas oscuras antihispánicas que llevaron a las matanzas de indios en la Conquista del Desierto (1878-1885), con Nicolás Avellaneda y Julio Argentino Roca al frente. Recordemos que quien precedió a Nicolás Avellaneda y quien le nombró ministro de Justicia e Instrucción Pública fue Domingo Faustino Sarmiento, autor de “Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas”.

A esta oscura época le siguió otra de influencia salamantina con Luis Sáenz Peña y José Evaristo Uriburu que llevaron a que sólo diez años después del fin de la Conquista del Desierto fuera el país con más renta per cápita del mundo.

Después llegó el gobierno de Hipólito Yrigoyen (Unión Cívica Radical) y, con él, la Semana Trágica de Buenos Aires, con el único pogromo que ha habido en la Hispanidad y poco después, con Marcelo Torcuato de Alvear como presidente de la República Argentina, una nueva matanza de indígenas en la Masacre de Napalpí. Pensar contra España no es sólo pensar contra el libre comercio. Pensar contra España es pretender imponer violentamente la idea contra la materia. Y eso, irremediablemente, lleva a la masacre, como demostró Perón en la Masacre de Rincón Bomba.

Argentinos, más salamantinos que austríacos

Actualmente, si queremos leer sobre la Escuela de Salamanca, nos vamos a encontrar con multitud de autores argentinos: Carlos Rodríguez Braum, Alejandro A. Chafuen, Gabriel Zanotti, Juan Carlos Cachanosky… todos ellos autores argentinos que estudian a los escolásticos.

Pero, sin duda, la mayor defensa de la Escuela de Salamanca es Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, de Juan Bautista Alberdi. No sólo por su defensa de la Escuela de Salamanca, sino porque ese libro fue la base sobre la que se objetivó la constitución que permitió a Argentina ser el país con mayor renta per cápita del mundo.

Incluso el propio Milei basa gran parte de su obra en los escolásticos. Dicho de otra manera: esas ideas no han tenido que cruzar el Atlántico, sino que siempre estuvieron ahí. Milei no inventa nada. Milei sólo estudia, observa y ve lo que funciona y lo que no. Es la grandeza de Milei. Es la grandeza de los escolásticos. Si el discurso de Milei ha calado es porque había una predisposición, un campo abonado en Argentina. Milei sólo ha regado el campo. Que no es poco.

Aunque no ganase las elecciones, aunque continuase la inflación y la pobreza cuatro años más en Argentina, el efecto Milei es la demostración de que una parte importante de la población argentina quiere volver a ser una potencia económica mundial, lejos de la intervención estatal, volver a producir, volver a inventar, volver a escribir… y, sobre todo, volver a ser útiles al prójimo.

Ver también

¿Qué tipo de liberalismo defendería la Escuela de Salamanca? (León Gómez Rivas).

Pedro Schwartz y la Escuela de Salamanca. (León Gómez Rivas).

Reflexiones ante la carta de 200 economistas que se oponen a la dolarización. (Adrián Ravier).

Dolarizar Argentina es posible y deseable. (Adrián Ravier).

Dolarizar la Argentina es posible e imprescindible. (Adrián Ravier).

Dolarización en Argentina. (Santos Mercado).

Una propuesta para dolarizar la Argentina sin devaluación ni aumentar la deuda. (Adrián Ravier).

Respuesta a tres grupos críticos de la dolarización argentina. (Adrián Ravier).

La dolarización como herramienta de cambio: lecciones del milagro ecuatoriano. (Adrián Ravier).

Milei se enfrenta a un ajustado balotaje

La sorpresa en las elecciones primarias PASO celebradas 13 de agosto de 2023 vino de la mano del candidato liberal-libertario Javier Milei. La nueva formación, conocida como La Libertad Avanza, consiguió ganar las elecciones primarias pintando el mapa argentino de color morado. Todo indicaba una potencial victoria en las elecciones de octubre, pero los acontecimientos no han seguido la ruta prevista. El candidato peronista, Sergio Massa, ha conseguido una enorme remontada, superando a Bullrich y a Milei holgadamente, aunque no le es suficiente para ganar en primera vuelta.

El éxito del peronismo

¿Cómo se explica este sorpasso? En primer lugar, el peronismo (cuya continuidad representa Massa) está muy arraigado en Argentina, es un movimiento político, pero también social, apoyado por millones de personas que confían en él a pesar de sus consecuencias nefastas en el plano económico y político. En segundo lugar, la política del miedo (no voten a Milei si no quieren que el país se hunda) parece haber funcionado bien en ciertos sectores de Argentina, incapaces de identificar que su población ya está pauperizada. Por último, y esto es quizá más importante, la campaña de Massa estuvo fuertemente marcada por un plan de ‘estímulo’ de aproximadamente el 1% del PIB. Compra de votos (legal) en toda regla.

¿Cuál es la situación argentina? En algo más de 100 años Argentina ha pasado de ser uno de los países más ricos del mundo, en términos relativos, a ser un país tremendamente pobre: el nivel de inflación supera ampliamente el 100% (alcanza el 140% en estos momentos), 1 de cada 3 personas es pobre, y en el caso de jóvenes la proporción aumenta a 1 de cada 2 jóvenes, que viven abiertamente en régimen de pobreza. Argentina también tiene un claro problema de deuda pública: durante el último año, si han seguido la política argentina, el riesgo de default ha estado encima de la mesa en varias ocasiones. En último lugar, deben tomar medidas en el ámbito de la delincuencia y la inseguridad.

¿Qué opciones hay en el balotaje? ¿Cuál es la estrategia de Milei?

Con Bullrich fuera de juego, Milei debe aprovechar hasta el último recurso para expulsar al peronismo de la Casa Rosada. Su discurso (el de Milei) nace contra el establishment político argentino y especialmente contra las políticas peronistas, a las que ahora debe enfrentarse directamente.

Parece claro que los votos de Bregman irán al candidato Massa, a pesar de unas recientes declaraciones en las que Bregman afirma que Milei no es el problema de los argentinos pobres, así como que a los más desfavorecidos no les interesa hablar de los ‘’riesgos de la democracia’’, frase repetida por determinados medios de comunicación en contra de la candidatura de Javier Milei. Aun así, la alternativa socialista puede verse representada por las políticas económicas y sociales (de dudosa eficacia) de Massa.

En el caso de Schiaretti la predicción es aún más difícil. Schiaretti es parte de lo que denominaríamos peronismo, pero ha sido tremendamente crítico con el gobierno del cual Massa formaba parte, crítica que le ha valido un muy cuantioso 7% en las elecciones de octubre.  En los debates, Milei y Schiaretti se respetaron, especialmente en el plano económico, donde Schiaretti parece estar más cerca de Milei que del candidato peronista. Es por ello que es difícil estimar donde podría ir este porcentaje de votantes de cara a la segunda vuelta.

Cómo apelar a los votantes de Bullrich

El juego va a estar claramente en los votantes de Patricia Bullrich, de Juntos por el Cambio (Cambiemos). Milei, además, cuenta con una buena relación con el ex candidato de Juntos por el Cambio, Mauricio Macri. El grupo liderado por Bullrich ha basado su discurso tradicionalmente en el anti-peronismo y la seguridad ciudadana (cumplimiento del Estado de Derecho). Y estos son, en mi opinión, los dos puntos fundamentales que Milei debe explotar para convencer a los votantes de Bullrich.

La candidatura de Milei debe reforzar, en primer lugar, su discurso económico claramente anti-peronista. Sabemos que este es uno de los motivos principales por los que el candidato Milei se hizo popular: su posición pro-dolarización, su defensa a ultranza del libre mercado y una feroz crítica a los modelos de estímulo peronistas y kirchneristas le hicieron muy popular antes de que el candidato se planteara entrar en el ámbito político. La dolarización y un plan económico para una nueva Argentina deben ser uno de los puntos fundamentales de esta posible llamada a los votantes de Juntos por el Cambio.

Victoria Villarruel

El segundo punto, quizá incluso más importante entre los votantes de Bullrich es la seguridad jurídica y ciudadana. La candidata a la vicepresidencia de La Libertad Avanza, Victoria Villarruel, es especialista en estos temas: lleva años trabajando en su estudio y proponiendo soluciones para combatir la inseguridad. Desde este punto de vista y buscando un posible acuerdo, Villarruel debería tener una posición esencial durante el próximo mes, explicando cuál es su modelo y tratando de incorporar a él los detalles que puedan convencer a los votantes de Bullrich de apostar por la candidatura libertaria. Villarruel podría representar una conexión entre los intereses de Cambiemos y los del posible gobierno de Javier Milei.

En definitiva, las elecciones que se celebrarán en noviembre están marcadas por la incertidumbre, tanto en el plano político como en el económico, donde el peso continúa devaluándose y la situación de pobreza ya es insostenible. Gane el candidato que gane, Argentina necesita un claro cambio de rumbo y retomar una senda de crecimiento que un día abandonó.

Ver también

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Culto de Estado

La forma tradicional de relación Iglesia-Estado a lo largo de los siglos ha sido la nula separación entre Iglesia y Estado. Cuando decimos Iglesia, no queremos decir necesariamente la Iglesia Católica, sino que nos referimos al poder religioso visto de forma genérica. Así, desde el antiguo Egipto de los faraones, éstos eran los sumos sacerdotes, únicos capaces de relacionarse con los dioses.

No ha habido civilización en la que el poder religioso se entremezclara con el poder civil, hasta el punto de convertirse recurrentemente en difícil de discernir dónde terminaba uno y empezaba el otro. Piénsese en la civilización, imperio o Estado cualquiera y veremos junto al soberano algún tipo de sacerdote, chamán o como se le quiera llamar con enorme influencia sobre el devenir de dicha sociedad.

La religión actual

Evidentemente, nuestra época no iba a ser menos. Desde la Ilustración, parece que esta separación se ha ido acrecentando. Es más, el Estado parece haber asumido funciones que, en otros tiempos, quedaban reservadas para las iglesias. El Estado del Bienestar es un buen ejemplo. El poder civil, cada vez en mayor medida, ha copiado la asistencia social, la educación o los servicios sanitarios desde hace tres siglos. Antes los habían provisto las organizaciones religiosas durante siglos en el mundo occidental.

Pues bien, en la época actual ha surgido un tipo de culto abrazado por los Estados que no admite disidencia. Nos referimos el feminismo. Fuera de la religión única del Estado, no cabe salvación alguna. Aunque más que religión, habría que llamarlo secta. De hecho, esto se compara injustamente con La Inquisición. Pero esto va más lejos. La Inquisición no tenía poder para juzgar a los no cristianos. Mientras, el feminismo actual, encumbrado por el poder político, tiene potestad para negar la vida civil a cualquier persona que ose oponerse. Y si no, que se lo diga a Alfonso Pérez.

Un jugador metido a economista

Alfonso Pérez ha sido un jugador profesional de fútbol, que ha militado en los dos grandes de nuestra liga, el Real Madrid y el F.C. Barcelona, así como en el Real Betis, el club donde desarrolló sus mejores temporadas. De hecho, fue jugador de la selección absoluta durante la Eurocopa de Bélgica y Países Bajos en el año 2000. Clasificó a España para cuartos de final tras un agónico gol frente a Yugoslavia. Sus éxitos deportivos le valieron que su localidad natal, Getafe, cambiara el nombre de su estadio para denominarlo Coliseum Alfonso Pérez en su honor.

Pero las bondades de Alfonso Pérez en el terreno de juego se vieron truncadas tras atreverse a blasfemar contra la fe única y verdadera. En una entrevista en El Mundo, el jugador se atrevió a decir que el pasto es verde o que el cielo es azul, pero en versión futbolística: las jugadoras no pueden ganar lo mismo que los hombres por la sencilla razón de que no generan lo mismo. No es difícil de entender: La Liga ha vendido los derechos de la liga femenina por 7 millones (aunque la CNMV dice que ha sido ilegalmente), mientras que la liga masculina ha hecho lo propio por 4.950 millones por cinco temporadas. Del coste de las entradas o las camisetas ni hablamos. Y eso que el gobierno socialista les ha regalado 36 millones de euros del dinero de los que madrugamos para intentar igualar un poco el asunto.

Pues bien, la reacción del ayuntamiento de Getafe, gobernado por los socialistas desde que el mundo es mundo, ha sido fulminante. En dos días se reunieron el club y la administración para acordar cambiar el nombre del estadio de tan indolente hereje por semejantes declaraciones machistas.

La ciencia económica y sus verdades

La pregunta que surge a continuación es si continuarán cerrando facultades de economía, cancelando a cualquier economista o sujeto pensante que se atreva a decir la obviedad más palpable. Esto es, en el mercado, cada factor productivo tiende a recibir una remuneración en función de su aportación al proceso de mercado. Ronaldo, Messi o el jugador de primer nivel que nos imaginemos no han ganado millones durante sus carreras “por darle patadas a un balón”, sino porque millones de personas hemos pagado entradas, camisetas o suscripciones televisivas para verlos hacer precisamente eso.

Luego estarán las mentes pensantes que nos tacharán de cavernícolas o de seres indolentes por gastarnos nuestro dinero en eventos deportivos de los que hemos disfrutado (unos días más que otros). Cuando, en realidad, lo que se esconde es una envidia galopante: hay personas que son capaces de generar unos ingresos que la mayoría de los mortales no seríamos capaces de alcanzar ni aunque naciéramos varias veces.

Supliquemos para que los libros y artículos que llenan las bibliotecas de las facultades de economía no ardan en una pira en nombre del dios (perdón, diosa) del feminismo. Que YouTube no borre las conferencias donde se alcance semejante conclusión tan ignominiosa. O que los economistas que hemos llegado a esa conclusión no seamos quedamos en la pira funeraria civil.

Ver también

Irene Montero contra el deporte femenino. (Daniel Rodríguez Herrera).

Liberalismo y feminismo. (Ignacio Moncada).

Murray Rothbard sobre el feminismo. (José Carlos Rodríguez).

La incoherencia liberticida del feminismo radical. (Juan Morillo).

Bitcoin y libertad

Llevo varios años publicando artículos sobre Bitcoin en esta casa, y después de todo este tiempo mi perspectiva sobre este activo ha ido cambiando en algunos aspectos. El cambio más relevante es sobre la posibilidad de que Bitcoin pueda llegar a ser moneda generalmente aceptada, debido a la volatilidad que genera su oferta fija.

He de decir que desde mi punto de vista que fuera o no dinero nunca fue algo que me importase en exceso sobre Bitcoin. Me importaba más por el hecho de que Bitcoin acabase con la moneda fiat. En este sentido, en numerosas ocasiones he “defendido” la moneda fiat frente a los ataques de bitcoiners maximalistas y algunos austriacos. Pero no porque a mí me parezca bien la moneda fiat; todo lo contrario. La he “defendido” porque creo que para derrotarla hay que atacarla con rigor. 

Fortalezas y debilidades de la moneda fiat

En mi opinión, la fortaleza de la moneda fiat está en la parte técnica y su gran debilidad en la parte política. Ruego al lector que me permita realizar momentáneamente esta separación para mi ejercicio de análisis, pues soy plenamente consciente de que la interferencia política tiene su origen en que la naturaleza técnica de la moneda fiat permite que tal interferencia exista. 

Con la fortaleza de la parte técnica me refiero a que en un supuesto entorno de banca libre sin intervención estatal, donde los agentes privados en libre competencia monetizasen activos privados, reales o financieros, creo que tendríamos monedas muy estables con una pérdida de poder adquisitivo a largo plazo mucho más controlada.

El gran problema es que esto es imposible en la era de los grandes Estados Nación. La naturaleza de crédito de este tipo de moneda requiere de emisores de confianza. Y un emisor de confianza, aunque sea privado, ha de tener nombre y apellidos, una sede, auditarse voluntariamente, etc.  Por tanto, son una presa muy fácil para caer bajo el control de los Estados. Para que los políticos desplieguen estrategias de financiación a través de este tipo de moneda. Dominancia fiscal.

La dominancia fiscal

Es esta dominancia fiscal el gran problema de las monedas fiat. Los políticos las utilizan para financiar sus gastos, o peor aún su déficit fiscal. También hay otras consecuencias muy graves para nuestra libertad. Por ejemplo, la facilidad que tiene el gobierno para embargarnos, la supresión de nuestra privacidad en lo que se refiere al dinero, o el control sobre en qué gastamos o dejamos de gastar.

En este contexto, los políticos pueden deteriorar la calidad de las monedas fiat que controlan, mientras no las empeoren significativamente más que las alternativas. Pues para el ciudadano el coste de cambiar a otra moneda puede ser demasiado elevado comparado con la mejora que podría obtener con el cambio. Solo cuando la moneda es muy mala es cuando los ciudadanos comienzan a abandonarla con contundencia. 

Bitoin, el activo real digital

Nótese, por tanto, que no es la intervención estatal, el curso forzoso, el control de capitales o de precios lo que confiere el valor a la moneda fiat. ¡Todo lo contrario!  Son las cualidades técnicas las que el mercado aprecia, y el control y la coacción lo que el mercado desprecia. Es muy fácil contrastar con ejemplos actuales e históricos que cuanto más coactiva e intervenida está una moneda, menos demanda de atesoramiento tiene. Y al revés, cuanto más se somete el poder político a lo que demanda el mercado, lo que podríamos llamar dominancia monetaria en contraposición a la dominancia fiscal, más demanda tienen estas monedas.

Lo he explicado en uno de mis primeros artículos en esta casa, y lo destaco en mi bio de twitter desde hace años. Lo nuevo y relevante que trae Bitcoin que no existía antes es su naturaleza de activo real digital. Es decir, que es digital y al mismo tiempo no es la deuda, obligación o promesa de nadie. Esta característica hace que sea una forma de poseer riqueza.

A diferencia no sólo de la moneda fiat, sino también de las acciones, los bonos, los fondos de inversión, los inmuebles, queda mucho más lejos del alcance de las garras de los Estados. Esta característica es, en mi opinión, donde está la gran utilidad de Bitcoin. Pero sobre todo y mucho más importante, donde Bitcoin más puede contribuir a mejorar nuestras cotas de libertad. 

Ver también

Liberalismo y bitcoin. (Manuel Polavieja).

Bitcoin: inmutabilidad y libertad. (Manuel Polavieja).

Bitcoin y el derecho de propiedad. (Manuel Polavieja).

Cadena de bloques para la libertad. (Jordi Pàmies Segura).

Los defensores del control de armas ignoran lo que pensaban los Padres Fundadores

Por Daniel Kowalski. Este artículo se ha publicado originalmente en FEE.

En todos mis años de existencia, la Segunda Enmienda de nuestra Constitución siempre se ha considerado controvertida. Sus detractores afirman que es la causa de la violencia armada. Los defensores afirman que ayuda a garantizar la libertad y la seguridad.

Siendo necesaria una Milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, no se infringirá el derecho del pueblo a poseer y portar Armas.

Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos.

Millones de palabras sobre 27 palabras

Estas veintisiete palabras han sido objeto de mucho debate durante los siglos XX y XXI. ¿Significa que los ciudadanos sólo tienen derecho a poseer armas si el Estado cuenta con una milicia bien regulada de la que formen parte? ¿O significa que, con rotundidad, no debe infringirse el derecho a portar armas? ¿Quizás significa que sólo se pueden usar armas para cazar? ¿O que no se permite tener nada más complicado que un mosquete del siglo XVIII porque eso es lo que tenían los fundadores cuando escribieron esto?

Las dos últimas preguntas no parecen tener sentido cuando se examina la redacción de la Segunda Enmienda. Pero de alguna manera los opositores han hecho de esto un pilar de sus argumentos porque no dejan de repetirlo, e insistir en ello con el argumento de que “no sabemos qué pretendían realmente los padres fundadores cuando escribieron esto”.

Pero eso no es cierto. Sí sabemos lo que pensaban los padres fundadores, porque escribieron una serie de setenta y ocho ensayos llamados The Federalist Papers para vender la Constitución al pueblo estadounidense a finales de la década de 1780. El estudio de estos escritos puede arrojar luz sobre las opiniones de los padres fundadores y, por tanto, sobre la interpretación correcta de la Segunda Enmienda.

El Federalista nº 46

En el período previo a la Guerra de la Independencia, los estadounidenses eran el pueblo más armado del planeta en lo que respecta a la posesión de armas de fuego por parte de los ciudadanos. Esto era una necesidad de la vida en la frontera porque era necesario para protegerse de los ataques de los nativos americanos y de los animales salvajes. En las zonas más pobladas de Nueva Inglaterra y las colonias centrales, los franceses se encontraban al norte y al oeste. Ello que suponía otra amenaza para la seguridad. Esencialmente, la gente estaba sola para protegerse y necesitaba tomar cartas en el asunto.

Durante la Guerra de la Independencia, el ejército británico cometió muchas atrocidades contra los colonos que luchaban por la independencia. Estas experiencias dejaron un sabor amargo a muchos respecto a un gobierno poderoso y un gran ejército permanente. El temor era que un tirano pudiera hacerse con el poder y luego utilizar el poder del ejército para oprimir al pueblo.

Al mismo tiempo, muchos ciudadanos estadounidenses identificaban su lealtad con su estado más que con el país, prefiriendo decir soy virginiano antes que soy estadounidense. Gran parte de la resistencia a la adopción de la Constitución provenía del temor a que un gobierno nacional centralizado se impusiera sobre los estados y oprimiera a sus ciudadanos.

James Madison

El Federalist Paper n.º 46, que se cree que fue escrito por el entonces futuro presidente James Madison, abordaba estas preocupaciones.

“El número máximo que, según los mejores cálculos, puede tener un ejército permanente en cualquier país, no excede de una centésima parte del número total de habitantes, o una vigésima quinta parte del número de personas capaces de portar armas. Esta proporción no daría, en los Estados Unidos, un ejército de más de veinticinco o treinta mil hombres. A éstos se opondría una milicia de cerca de medio millón de ciudadanos con armas en sus manos, dirigida por hombres elegidos entre ellos, luchando por sus libertades comunes, y unida y dirigida por gobiernos que poseen su afecto y confianza”.

Estas cifras que utiliza Madison se basan en la población durante el siglo XVIII, pero el concepto sigue siendo el mismo. Si el ejército estadounidense se utilizara para oprimir al pueblo estadounidense, la ciudadanía le superaría ampliamente en número. Continúa escribiendo:

“Además de la ventaja de estar armados, que los estadounidenses poseen sobre el pueblo de casi todas las demás naciones, la existencia de gobiernos subordinados, a los que el pueblo está vinculado, y por los que son nombrados los oficiales de la milicia, forma una barrera contra las empresas de la ambición, más insuperable que cualquiera que pueda admitir un simple gobierno de cualquier forma.”

El concepto de que la población supere en número a los militares como garantía contra el crecimiento de la tiranía sólo es efectivo si la ciudadanía está armada hasta el punto de que pueda marcar la diferencia si alguna vez estalla una lucha.

Milicias ciudadanas armadas durante la Guerra de la Independencia

Durante la Revolución Americana había esencialmente tres fuerzas combatientes en la tierra en América del Norte. Por un lado estaba el ejército británico, mientras que por el otro estaba el ejército estadounidense complementado por las milicias locales. Tanto el ejército británico como el estadounidense tenían en poca estima a las milicias, ya que eran poco profesionales y a menudo poco fiables.

Tras cinco años de combates indecisos en el Norte, los británicos idearon una estrategia consistente en conquistar el Sur. Consistía en avanzar hacia el Norte para aplastar a las colonias centrales y, por último, conquistar una Nueva Inglaterra hostil y aislada. En el peor de los casos, con el Sur asegurado, el alto mando británico pensó que al menos podrían conservar algunas de sus colonias, si perdían la guerra.

El general Cornwallis

El ejército británico al mando del general Cornwallis contaba con pocos efectivos. Así que su idea era aplastar al ejército estadounidense y luego instalar gobiernos locales leales con milicias que mantuvieran el orden público en su ausencia mientras se desplazaban por el continente.

Ese plan finalmente no funcionó porque las milicias locales de las Carolinas lucharon en lo que eran esencialmente campañas de guerrilla para impedir que los británicos pudieran retirarse de las zonas que habían tomado. Ello causó retrasos que impidieron al general Cornwallis una ejecución oportuna de sus planes. Para cuando llegó al norte de Virginia, el Ejército de Washington le emboscó y cortó el paso.

Y así es como algunos ciudadanos armados que no pertenecían al ejército contribuyeron a la derrota del ejército más poderoso del mundo en aquel momento.

Un AR-15 frente a un F-15

Llegados a este punto, debería quedar claro que los primeros estadounidenses consideraban el derecho a las armas como un importante freno al poder del gobierno. Pero, ¿quizás el armamento moderno hace que este punto sea discutible?

Un argumento extremo de los partidarios del control de armas es que los AR-15 y armas similares serían inútiles contra el avanzado arsenal armamentístico del gobierno, compuesto por armas como los cazas F-15. El propio presidente Biden dijo: “Si tienes que preocuparte por enfrentarte al gobierno federal, necesitas algunos F-15. No necesitas un AR-15. No necesitas un AR-15”.

Es realmente difícil imaginar por qué el Presidente en ejercicio de los Estados Unidos adoptaría este argumento. No hace nada para lograr que los partidarios de la Segunda Enmienda acepten las medidas de control de armas. Al contrario, sólo parece reforzar la opinión del ex presidente James Madison de que una ciudadanía armada es esencial como igualador de un gobierno corrupto.

Ver también

Una milicia bien regulada. (José Carlos Rodríguez).

La libertad de armas como defensa de los gays en los EE.UU. (Adolfo Lozano).

McDonald contra Chicago. (José Carlos Rodríguez).

Virginia Tech y el derecho a portar armas. (Gabriel Calzada).

El absurdo de un ‘Franco protestante’

Por James M. Patterson. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Joshua Abbotoy reflexionaba recientemente en First Things sobre si un Franco protestante es inevitable para Estados Unidos. Director general de New Founding y director ejecutivo del American Reformer, Abbotoy no es una figura marginal, sino una voz importante que demuestra que el nacionalismo cristiano está creciendo dentro del mundo intelectual protestante tradicional.

Un Franco protestante

Su argumento es sencillo: las condiciones republicanas en Estados Unidos están en peor forma que incluso durante los años previos a la Guerra Civil estadounidense. En estas condiciones, la fidelidad a la Constitución supone la perdición para unos creyentes rodeados de amenazas existenciales. En caso de que estas amenazas empeoren (y, como mínimo, no hay motivos para pensar que vayan a remitir), la única alternativa es un “Franco protestante” que devuelva el orden a la nación. Esta idea puede parecer extraña al lector. Para el que no esté familiarizado, un “Franco protestante” es un dictador que sirve como hombre fuerte vengador que castiga a los progresista por su injusticia y restaura un orden cristiano directamente a través de su gobierno personal.

Este argumento, por supuesto, es muy malo, pero es útil para revelar el estado de ánimo con el que los nacionalistas cristianos y otros pensadores religiosos antiliberales perciben el mundo. Aquellos que se sientan atraídos por este argumento deberían reconocer lo absurdo del concepto mismo de un “Franco protestante”, la tiranía y el fracaso del régimen histórico de Franco, y el desvarío autorradicalizado que tantos pensadores religiosos antiliberales están experimentando.

El franquismo

Como bromeé en un podcast a principios de este año, la persona que estaría más horrorizada ante la idea de un “Franco protestante” habría sido el propio Caudillo por la Gracia de Dios. El Franquismo como ideología era una combinación de integrismo católico, el carlismo (un partido monárquico que buscaba restaurar a un Borbón descendiente de la línea de Don Carlos, Conde de Molina), y una versión española del fascismo llamada falangismo. Los dos primeros elementos son expresamente católicos: el integralismo proporcionaba un modelo de cooperación de la Iglesia con el Estado y el carlismo el objetivo último de restaurar una monarquía católica. El falangismo era el medio de restauración, ya que proporcionaba la dictadura militar organizada necesaria para combatir a los enemigos del trono y del altar.

La legitimidad de Franco residía en que era Caudillo por la Gracia de Dios. Para conferirle este estatus, la jerarquía católica cautiva se debatía entre el exterminio por los republicanos y la sumisión a Franco. Algunos eran verdaderos creyentes en El Caudillo, pero no todos. Independientemente de las opiniones personales del clero, Franco contaba con la bendición de una Iglesia externa y visible y con apariciones regulares en misas católicas y otras ceremonias que enfatizaban su papel como gobernante temporal defensor de la Iglesia católica. La Iglesia tenía el monopolio de los asuntos espirituales. Esto significaba que los protestantes en España -a menos que fueran extranjeros de cierto prestigio- se exponían a un riesgo considerable al practicar su fe.

Isabel I de Inglaterra persiguió a los católicos

No está claro que la mayoría de las variedades del protestantismo pudieran aceptar este enfoque debido a la propia naturaleza de la mayoría de las creencias protestantes. El ejemplo más cercano podría encontrarse, quizás, en el largo reinado de la reina Isabel I, que utilizó su supuesta autoridad como soberana espiritual y temporal de su reino para perseguir a clérigos y laicos católicos por igual. Otro ejemplo podría ser la Kulturkampf de Otto von Bismarck. Deseaba arrancar a los católicos de sus instituciones religiosas y obligarlos a adoptar alternativas estatales.

Estos ejemplos distan mucho de la experiencia estadounidense. Durante los años coloniales, las instituciones lucharon con uñas y dientes para conservar su monopolio, pero fue una batalla perdida. El caso más fuerte fue el de los puritanos de Massachusetts, que pasaron del Pacto a medias de la década de 1660 a la disolución de su establecimiento en 1833. Gobernaron sin Ye Olde Sovereigne Chusen de Dios. En su lugar, funcionaban bajo asociaciones de miembros de la Iglesia y, finalmente, de ciudadanos de la Commonwealth.

La teología política puritana y anglicana

De hecho, la teología política puritana parecía prohibir por completo la idea de un “Franco protestante”, dado que el verdadero soberano sobre la Iglesia y el Estado era Dios mismo. La eclesiología reformada rechazaba la jerarquía episcopal en favor de una selección más “republicana”, como la de los ancianos de la iglesia. Los correligionarios puritanos que permanecieron en Inglaterra lucharían en la Guerra Civil inglesa en defensa de la supremacía parlamentaria a mediados del siglo XVII. La influencia reformada en el republicanismo inglés era aún lo bastante fuerte como para que el rey Jorge III coincidiera con su consejero, Sir William Jones, en que la Revolución Americana fue una “guerra presbiteriana.”

En cuanto a los anglicanos coloniales, dependían de la administración de ultramar, ya que carecían de obispo. Una de las principales causas (entre otras muchas) de la agitación de Nueva Inglaterra contra el gobierno británico fue el temor a que la Corona nombrara a dicho obispo. De ahí que se silenciara la experiencia de un fuerte establecimiento anglicano, aunque los evangelistas bautistas eran a menudo encarcelados por predicar en territorio anglicano. Por supuesto, los bautistas fueron la principal fuerza a favor del desestablecimiento religioso, como se desprende de la contundente argumentación de Isaac Backus. Ahí no hay terreno abonado.

Las Escrituras

La propia Escritura parece desaconsejar un “Franco protestante”. Fue tal figura la que esclavizó a los israelitas en Egipto, y fue abatido por el único y verdadero Dios. Moisés carecía de plena autoridad, pues era un líder temporal, y Aarón el sumo sacerdote. La edad de oro de Israel es aquella en la que las tribus se gobernaban a sí mismas. Y el final de esta edad de oro llega con el establecimiento de un monarca. En I Samuel 8, Dios dice: “Y Jehová dijo a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado para que no reine sobre ellos.” Si el pueblo de Israel quería un rey, entonces conseguiría uno bueno y duro, como Samuel profetiza:

Y Samuel contó todas las palabras de Jehová al pueblo que le pedía rey. Y dijo: Así será el rey que reinará sobre vosotros: Tomará a vuestros hijos, y los pondrá para sí, para sus carros, y para que sean su gente de a caballo; y algunos correrán delante de sus carros.

El pasaje continúa detallando largamente el destino que le aguardaba a Israel. Y la Biblia narra precisamente este desenlace hasta que finalmente el remanente del Sur es exiliado a Babilonia. No es de extrañar, pues, que el Salmo 146:1-5 implore:

No pongas tu confianza en príncipes, ni en hijo de hombre, en quien no hay ayuda.
Su aliento sale, vuelve a su tierra; en ese mismo día perecen sus pensamientos.
Dichoso el que tiene por socorro al Dios de Jacob, cuya esperanza está en Yahveh su Dios.

El fracaso de Francisco Franco

Abbotoy parece pensar que un “Franco protestante” sería reparador para los conservadores a los que no les queda otra opción. Pero Franco fue causa de una tremenda frustración incluso para quienes veían en él la posibilidad de restaurar una monarquía católica estable. Las razones del fracaso de Franco son muy oscuras.

Durante los años que pasó alineado con las Potencias del Eje, Franco entendía que sus enemigos no sólo eran los republicanos españoles que habían iniciado la crisis que condujo a la Guerra Civil española. También denunció una conspiración “judeo-masónica-comunista” que él creía que era una de las causas profundas de la crisis. España tenía una larga historia de sospecha de la influencia extranjera, que se remontaba a que la Inquisición cuestionara la autenticidad de los antiguos conversos judíos y musulmanes. Los judíos conversos experimentaron considerables prejuicios y sospechas. Pero los musulmanes conversos, o moriscos, fueron objeto de una larga purga de toda España a principios del siglo XVII. Y el temor a su presencia continuó hasta el siglo XVIII.

El temor decreciente a los moriscos se trasladó a la sospecha de la logia masónica en España, que se intensificó tras la Revolución Francesa. Los monárquicos trataron de reivindicar el ancien régime culpando a judíos y masones y, una vez que se convirtieron en una fuerza, a los comunistas. El desarrollo de estas narrativas comenzó con el abate Barruel, Félix Sardà y Salvany, Louis Veuillot, Charles Maurras y el padre Julio Meinvielle.

El Franco antisemita de Paul Preston

Franco había bebido profundamente de las narrativas católicas reaccionarias que reivindicaban el trono y el altar como víctimas inocentes traicionadas por potencias extranjeras. Y sus más allegados compartían la creencia en esas conspiraciones. Franco consideraba a sus enemigos en el Ejército Republicano Español como parte de esta conspiración y suprimiría las logias masónicas. Y, como ha demostrado recientemente Paul Preston, llevó a cabo prácticas ferozmente antisemitas, cuyo conocimiento trató de suprimir con sus esfuerzos propagandísticos de posguerra. Franco, según Preston, consideraba Los Protocolos de los Sabios de Sión como historia real.

Tras la guerra, Franco supervisó una autarquía fallida que empobreció y aisló al país del resto de Europa. Mediante los esfuerzos combinados de la propaganda y el uso generoso de la violencia de Estado, fue capaz de preservar su control. La avanzada edad de Franco aflojó su control del poder, como lo hizo el deseo de muchos españoles de integrarse en el Occidente democrático de la posguerra. Sólo en 1959, con la imposición del Plan de Estabilización, se puso fin al corporativismo falangista en favor de un comercio más libre y la apertura a la inversión. Poco después, empezó a liberalizar su régimen, delegando su autoridad en asesores y viendo horas y horas de fútbol.

Una Iglesia moribunda

Dios bendijo a Franco con una larga vida. Pero esta bendición fue una maldición para España, cuyo pueblo se resignó a esperar su muerte con la esperanza de que lo que viniera después fuera mejor. Afortunadamente, así fue. A su muerte, el 20 de noviembre de 1975, Franco fue sucedido por el Rey Juan Carlos. Inmediatamente inició la transición de España no hacia una monarquía católica centralizada, sino hacia una democracia liberal. La Iglesia católica española sigue moribunda, con sus iglesias vacías y sus cementerios llenos. Utilizando el lenguaje de sus actuales admiradores estadounidenses, uno se siente tentado a preguntar ¿qué conservó el conservadurismo de Franco?

Un examen de la retórica de Abbotoy revela una especie de autorradicalización. Abre su argumentación poniendo en evidencia una descripción recalentada del presente:

Los conservadores estadounidenses saben que las cosas van mal. Nuestra Constitución está al límite. Las elecciones disputadas, la imposibilidad de aprobar un presupuesto federal, los juicios políticos, las conversaciones para llenar el Tribunal Supremo, las incipientes luchas entre estados por la extradición, la persecución politizada de los disidentes y muchas otras tensiones similares revelan que Estados Unidos es un Estado esquizofrénico, dividido por visiones incompatibles de la justicia y la buena vida.

La tradición de saltarse la Constitución

Abbotoy parece ignorar que este tipo de disfunción es el status quo del gobierno estadounidense. La Constitución, aunque no se respete correctamente, está lejos de ser un punto de ruptura, y el incumplimiento de la Constitución no es nuevo. Ha sido, más bien, una constante desde su ratificación. Basta con echar un vistazo a los debates sobre las Leyes de Extranjería y Sedición, los ataques al Primer Banco de los Estados Unidos, el Arancel de las Abominaciones, el Traslado de los Indios, la Guerra Mexicano-Estadounidense, la Anexión de Texas, el Compromiso de 1850, Dred Scott, la Guerra de Utah de 1858, la Guerra Civil estadounidense, el primer Ku Klux Klan, el Pacto del Diablo de 1877, Jim Crow, las Guerras Indias, la Depresión económica de la década de 1880, la Revuelta Populista, Plessy contra Ferguson, el caso Robber’s Bargain de 1877, las Guerras Indias, la Depresión económica de la década de 1880, el caso Plessy contra Ferguson, el caso Robber’s Bargain de 1877

Ferguson, los Robber Barons, Buck contra Bell, toda la segunda Administración Wilson, el segundo Ku Klux Klan, la Gran Depresión, el linchamiento generalizado de afroamericanos, el internamiento de japoneses, el empaquetamiento en los tribunales de Roosevelt, Wickard contra Filburn, la revuelta Dixiecrat de 1948, el auge del Estado administrativo, y la lista sigue y sigue. Nunca hubo un periodo en la historia de Estados Unidos sin problemas morales y éticos aparentemente insuperables que amenazaran con consumir la Constitución. Sin embargo, los hemos superado manteniendo la fidelidad a la Constitución. Nunca hizo falta un “Franco protestante”.

Una renuncia a la virtud cívica

Dice Abbotoy: “La participación recíproca en el proceso republicano se ha roto, poniendo en peligro la capacidad del gobierno para garantizar bienes básicos como el orden y la seguridad. Cualquier régimen que no proporcione tales bienes básicos tiene una vida útil limitada.” La respuesta apropiada debería ser: “Debes ser nuevo aquí”. Estados Unidos experimenta crisis y tragedias nacionales con regularidad, y nuestras instituciones republicanas nos han servido lo suficientemente bien como para manejarlas. De ninguna manera son perfectas, pero son mucho mejores que las de Franco.

Estados Unidos no necesita un dictador paranoico y antisemita que lleve a los estadounidenses a la pobreza con propaganda y policía secreta. No hay nada en la España de los años 30 que pueda instruir a los estadounidenses sobre su orden constitucional. España nunca se había recuperado de la Revolución Francesa. Y su decadencia en luchas por la verdadera soberanía reflejaba un colapso total de la virtud cívica. Pedir un “Franco protestante” es pedir una renuncia a la virtud cívica en nombre de la venganza contra los enemigos. El resultado bajo Franco fue como el profetizado por Samuel: una nación despojada. Samuel advirtió: “Y clamaréis en aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido; y el Señor no os oirá en aquel día.” Parece que el salmista tenía razón.

Ver también

El Plan de Estabilización de 1959. (José Carlos Rodríguez).

Las élites integristas iliberales. (James Dominic Rooney).

Un dictador, claro está. (José Carlos Rodríguez).

Un primer análisis económico del derecho desde un punto de vista Austriaco

La competencia perfecta es un concepto ampliamente enseñado en la economía, y sobre el cual se fundamentan varios -y muy populares- estudios de análisis económico del derecho. Pero, ¿cuán válido es en la vida real? Este modelo puede no ser tan útil como parece, y hay que poner en tela de juicio la decisión de tomarlo como una herramienta analítica en análisis económico del derecho. La Escuela Austriaca de Economía ofrece una perspectiva diferente.

Desmitificando la competencia perfecta

En el mundo del análisis económico del derecho, fundamentado en la noción de equilibrio perfecto, se espera que las teorías predigan eventos futuros. Puesta en funcionamiento institución jurídica x, se seguirá efecto y, dadas condiciones u. Sin embargo, desde los Austriacos, se argumenta que una teoría debe hacer que el mundo sea comprensible en términos de la acción humana y la búsqueda de metas. Aquí es donde el modelo de competencia perfecta entra en escena, y comienzan las críticas.

El modelo de competencia perfecta asume que los mercados funcionan de manera precisa, con costos y beneficios marginales coincidiendo, lo que lleva a juicios sobre el mercado. Pero cuando la realidad se desvía de este modelo, se argumenta que el mercado ha “fallado”. La Escuela Austriaca de Economía considera que esta teoría es descriptivamente falsa debido a la especificación de supuestos fundamentales, como la objetividad del valor y la información perfecta sobre las preferencias de los actores. En otras palabras, se especifican como ausentes: el valor subjetivo, la función empresarial, la incertidumbre y el paso subjetivo del tiempo.

Un modelo estático

El problema no radica en la cantidad de detalles que se excluyen en la teoría económica, ya que todas las teorías necesitan cierto grado de abstracción. De ser así, el problema sería de fácil solución. Sencillamente, se enriquecería el modelo con un mayor número de presupuestos hasta que se consiga un grado satisfactorio de realismo. Por el contrario, la crítica principal de los Austriacos es que la abstracción específica, es decir, especificar como ausentes ciertos elementos de la realidad, en vez de presentarse una ausencia de especificación de estos, en del modelo de competencia perfecta, crea una imagen estática de los mercados en equilibrio, dejando de lado la imaginación, la sorpresa y la función empresarial que son esenciales en la realidad del mercado.

En el modelo de competencia perfecta, se asume que los agentes siempre maximizan su utilidad en un mundo de equilibrio perfecto. Esto ignora la dinámica de un mercado real, donde la innovación, la competencia y el cambio son constantes. Además, se basa en la idea de que se conocen todas las oportunidades disponibles, lo cual es irreal en un mundo en constante cambio y con información limitada.

La alternativa austríaca

Desde la Escuela Austriaca, se critica la representación del mercado como un equilibrio constante, ya que la realidad del mercado es un proceso dinámico y abierto. La abstracción específica del modelo de competencia perfecta no tiene en cuenta la subjetividad del valor ni el error empresarial, lo que lo hace descriptivamente falso -y falaces las consecuencias que se generen a partir de ese razonamiento.

En últimas, el modelo de competencia perfecta, aunque ampliamente enseñado en economía, y adoptado en análisis económico del derecho, presenta desafíos significativos cuando se aplica a la realidad de los mercados. La Escuela Austriaca de Economía ofrece una perspectiva más dinámica y realista, que no es descriptivamente falsa, enfatizando la importancia de la función empresarial, la subjetividad del valor y la incertidumbre en la toma de decisiones económicas. Esta visión nos invita a repensar la forma en que entendemos y evaluamos los mercados y sus interacciones con el derecho.

Equilibrio en Economía: ¿Realidad o Construcción Mental?

En la teoría económica, el equilibrio es un concepto fundamental que se utiliza para entender cómo funcionan los mercados. En el mundo de la economía, se supone que, en un estado de equilibrio, los actores económicos han agotado todas las posibilidades de intercambio. Es decir, nadie espera mejorar su situación a través de un nuevo acto de intercambio. Esta idea es lo que la Escuela Austriaca -más específicamente Ludwig con Mises- llama “equilibrio simple”.

Sin embargo, la crítica Austriaca se centra en que esta construcción mental del equilibrio no es adecuada para comprender el surgimiento y funcionamiento del mercado en la vida real. Esto se debe a que el equilibrio simple se basa en la eliminación hipotética del cambio, la información y el movimiento irregular del mercado. En el mundo real, existen la función empresarial, el error y la sorpresa, lo que hace que la noción de equilibrio simple sea irreal.

A pesar de esta crítica, desde la Escuela Austriaca no descarta el uso del modelo de competencia perfecta, en el que se basa el equilibrio simple. En cambio, lo considera una herramienta valiosa para comprender el cambio en el proceso de mercado. Este modelo se utiliza para estudiar cómo se comportan los mercados en un entorno de interacción constante y competencia.

Una visión limitada

El problema real radica en la visión instrumentalista de la teoría económica, especialmente en el contexto del análisis económico del derecho neoclásico. En lugar de concebir el mercado como un proceso en constante cambio, este enfoque utiliza una representación estática del mercado, lo que lleva a una visión limitada de cómo funcionan las interacciones económicas -y a diseñar instituciones jurídicas que, buscando corregir fallos del mercado, terminen distorsionándolo.

El mercado no se encuentra en un estado de equilibrio constante, como sugiere el modelo de competencia perfecta. En cambio, es un proceso en constante evolución, donde las preferencias individuales cambian, y las acciones de los agentes económicos responden a estas fluctuaciones. Este proceso es dinámico y no tiende a un equilibrio final alcanzado, ya que constantemente se descubren nuevas oportunidades. La función del derecho, entonces, no es la de forzar la asignación de recursos a un estado donde no se identifiquen fallas del mercado, sino a facilitar el proceso de coordinación que tiende siempre hacia el equilibrio (el proceso de equilibrio).

El cambio constante

La Escuela Austriaca de Economía aboga por una visión más realista y dinámica del mercado, que tenga en cuenta el proceso de mercado en constante cambio. No hace nada mal explorar ese paradigma económico y tomarlo como marco teórico para adelantar análisis económico del derecho. En lugar de centrarse en el equilibrio simple, se enfoca en el proceso de equilibrio, que implica una búsqueda constante de mejores oportunidades y un constante descubrimiento de nuevas formas de interacción -sin llegar nunca a un conocimiento perfecto de ellas.

En resumen, el concepto de equilibrio en economía es más que una imagen estática. Desde la Escuela Austriaca de Economía, se aboga por una comprensión más dinámica de cómo funcionan los mercados, que refleje la realidad de la competencia, el cambio y la innovación constantes. Este enfoque nos ayuda a apreciar la complejidad de las interacciones económicas y a comprender mejor cómo se relacionan con el derecho y las instituciones, tomando en consideración el papel que juegan facilitando el proceso de equilibrio o entorpeciéndolo.

Ver también

Monopolio desde Hayek y Schumpeter (Martín Sánchez).

El destino socialista de la competencia perfecta. (Juan Ramón Rallo).

Sobre la competencia. (José Ignacio del Castillo).

Sobre procesos de mercado. (Fernando González San Francisco).

Fallos de mercado. (José Hernández Cabrera).