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Policía y sociedad: de ovejas, lobos, y perros pastores

Vamos a analizar cuatro historias que han sido de actualidad este último mes. La primera historia comenzó el 24 de febrero de 2018. Esa noche dos asaltantes (con otros dos cómplices esperando fuera) asaltaron una finca aislada en Palma de Mallorca. Amenazaron a los propietarios (un matrimonio de ancianos) para acceder a la caja fuerte, y en algún punto en el transcurso de su asalto, uno de ellos resultó muerto por un disparo de escopeta del propietario. El resto consiguió huir, no sin dejar heridos por diversos traumatismos a los propietarios de la finca.

Asalto y muerte

Primero, tengo que reconocer que pese a estar bien informado sobre estos temas, no supe de esta historia hasta que empezó el juicio el pasado mes de septiembre. La prensa lo cubrió superficialmente en febrero de 2018, resaltando siempre que el muerto era un ladrón, y lo metió en un cajón hasta septiembre de 2023. Es lo que se hace con cualquier crónica de sucesos. Se informa de lo que ha pasado sucintamente, para años más tarde, si se tercia, volver a informar del resultado del juicio.

Segundo, hay delitos que precisan de años de investigación y cuyos juicios son muy complicados. No era el caso que nos ocupa. Cuatro delincuentes comunes asaltan la casa de dos personas mayores ante la información de que guardaban dinero en efectivo de un negocio del que se acababan de retirar. Durante el asalto suceden unos hechos de los que las pruebas y testimonios de las partes fijan desde un principio lo fundamental: el dueño dispara durante el asalto a uno de los asaltantes, que, por el simple hecho de persistir en su asalto, estaba amenazando su vida. Es algo que un sistema de justicia normal podría haber juzgado en un año, dos a lo sumo.

Homicidio en la autodefensa

Tercero, la Guardia Civil no solo no centra su investigación en los asaltantes y la violencia que ejercieron sobre dos personas mayores, sino que lleva su ciencia policial al extremo para determinar qué golpes recibió el propietario de la finca antes y después de disparar a uno de los asaltantes. De hecho, determina que la mayoría de los golpes los recibe después de disparar (solo les falta añadir que en justa venganza). Cuarto, pese a ser un caso que iba a ser juzgado por un jurado popular, y el propietario de la finca podría contar con la simpatía de una parte importante de la sociedad, alguien (¿su abogado?) decide no hacer ruido y dejar que el rodillo de nuestro sistema pase tranquilamente por encima de este señor.

Y quinto, finalmente la fiscal acusa al propietario de homicidio sin eximente completa de defensa propia porque, como ya sabemos, no hay forma humana de que un civil dispare un arma de fuego sin ser condenado. Y sí, el jurado popular lo condena. Lo hace de forma tan surrealista como el resto del proceso, ya que solo hay un voto de diferencia entre los que condenan y los que absuelven, algo que por lo que dicen los expertos va a provocar un juicio nulo y que un pobre señor, que ya superar los ochenta años de edad, tenga que volver a someterse a la maquinaria judicial. Más allá de lo humano, el caso es el ejemplo perfecto de que este tipo de situaciones no tienen un culpable. Tienen muchos, y están en todas las capas que intervienen.

Fatal llamada de auxilio

La segunda historia tuvo lugar en Madrid en 2021. Una mujer llama a emergencias porque su hijo está agresivo y les amenaza con un cuchillo. Los policías intentan lidiar con él utilizando un escudo y sus defensas, pero se ven sobrepasados y finalmente le disparan entre tres agentes causándole la muerte. Sorprendentemente, el juez de instrucción decide que se celebre el juicio al no poder determinar que existía una eximente completa de defensa propia. El juicio comenzó el mes pasado y el titular de los medios (especialmente de eldiario.es) destacan que el muerto recibió diecinueve disparos de los agentes. En este caso, por fortuna, la fiscal sí ve eximente completa de legítima defensa y se espera que el jurado lo vea de la misma manera. Por contra, la madre del fallecido, cuya llamada comenzó toda esta historia, solicita a través de su abogado que los agentes sean condenados.

Sobre el funcionamiento de la justicia hay dos formas de ver este caso. La primera es asombrarse porque a unos policías, que acuden a una llamada de auxilio, se les pueda atacar con un cuchillo sin que eso les exima de ir a juicio por defender su vida. La segunda es preguntarse qué clase de magia opera en la justicia española para que este caso se pueda juzgar en menos de dos años, y la fiscalía entienda que hay eximente completa de legítima defensa cuando varios policías defienden su vida frente a un solo agresor, cuando no lo hace cuando es un septuagenario el que está siendo asaltado en un domicilio aislado por varios asaltantes.

Se reconoce el derecho a la autodefensa de los policías

Por otro lado, aquí opera el desconocimiento (reforzado por algo de ideología anti-policía importada de EEUU) sobre cómo son los enfrentamientos violentos con armas de fuego. Diecinueve disparos pueden parecer muchos para alguien que no haya visto un tiroteo en su vida, pero no lo son. Y vivimos en una época en la que si se quiere tener experiencia en tiroteos no hace falta alistarse como voluntario en Ucrania, solo hace falta una conexión a internet y muchas horas libres para ver los miles de vídeos de estos hechos que existen. Escuchar o leer a gente que haya experimentado en sus carnes situaciones así tampoco es difícil. Pero a una parte ilustrada de nuestra sociedad le parece muy desagradable este tipo de visualizaciones, y prefieren seguir profiriendo sandeces desde su púlpito moral cada vez que un caso mediático aparece.

Y, por último, en una sociedad abierta como la española hay de todo. Es algo que hay que asumir como coste por los beneficios que disfrutamos. Pero las leyes deben penalizar aquellos comportamientos antisociales que dificultan la convivencia pacífica entre los ciudadanos, o al menos no fomentarlos. Que una señora llame a la policía para pedir ayuda porque su propio hijo la amenaza con un cuchillo y luego el sistema la incentive a denunciar a estos policías por haber defendido su vida (y la de la señora) es delirante.

Resistencia ante la autoridad

La tercera historia tuvo lugar hace unas semanas. Un inmigrante africano fue reprendido por el personal de seguridad de Adif en Barcelona. Ante tu actitud agresiva le intentaron reducir, lo que finalmente no fue posible por la obstrucción de los propios usuarios de la estación y finalmente, por un sujeto que parece que se identifica como policía y ordena soltar al inmigrante. Los medios de comunicación publican el video resaltando que se produce una agresión racista del personal de seguridad y Adif pide retirar a los trabajadores del servicio.

Curiosamente, pocos días antes de este hecho, se publicó en las redes sociales un video de la estación de autobuses de Zaragoza donde varios policías nacionales reducen a un sujeto joven de raza negra de forma bastante aparatosa, mientras varios usuarios de la estación intentan dificultar la detención. La principal diferencia entre ambos videos es que en Zaragoza las personas que afean a los policías su acción no consiguen su objetivo. La prensa no tituló la noticia como una agresión racista. De hecho, ni siquiera la tituló como agresión de ningún tipo.

La autoridad de la Policía

Estamos ante un caso bastante claro de que lo que la sociedad le permite a la policía no se lo permite a trabajadores de seguridad, pese a que dentro del recinto donde trabajan están habilitados para detener (hasta la llegada de la policía) a cualquiera. O, dicho de otra forma, la sociedad no permite a unos trabajadores realizar las funciones que la ley sí les habilita a hacer, dejando su trabajo en una zona gris absurda.

A día de hoy no he conseguido acceder a la versión de los hechos de los trabajadores de seguridad. Las asociaciones del gremio viven con síndrome de Estocolmo, algo que opera en todos los profesionales que trabajan bajo la supervisión de los Cuerpos de Seguridad del Estado, y prefieren pasar página sin más.

Estas tres historias vienen a describir el estado social en el que estamos inmersos respecto a la violencia y la capacidad que tres tipos de ciudadanos tiene para enfrentarse a ella: ciudadanos en su propia morada, personal de seguridad privada en su recinto de trabajo y policías en su respuesta a una emergencia.

Samuel Vázquez

Sobre este tema, Samuel Vázquez es la persona que más está haciendo para denunciar la deriva social en la que estamos entrando. Samuel es un policía nacional que ha ganado notoriedad denunciando tanto en el Congreso de los diputados, como en la Asamblea de Madrid los problemas de la actual organización de las FCSE ante la criminalidad actual. En su libro Don’t fuck the police, escrito conjuntamente con un exguardia civil, desarrollan esta crítica de forma más extensa. Esta actividad intelectual que ejerce fuera de servicio le ha llevado a estar expedientado, y seguramente le impida seguir ejerciendo su profesión.

Solo por eso vale la pena leer a Samuel, ya que no abundan las personas que sacrifican su carrera profesional por transmitir lo que ellos creen que es lo correcto.

Una vez dicho esto, algunas ideas que transmite su libro son muy matizables y a veces simplistas en exceso. Es un tópico, que no por ello deja de ser cierto, que para un martillo todo es un clavo. Y en mis conversaciones con miembros de las FCSE ya había notado que nos ven a todos con forma de clavo. El caso de Samuel no es una excepción, aunque se agradece que el corporativismo lo limite a sus compañeros operativos, y no a toda la organización policial, que es lo que suele ser habitual.

Lobos y ovejas

Pese a todo, hay una parte de su visión que me parece especialmente errónea, y que queda reflejada en este extracto de su libro:

Por un lado, están los que no tienen capacidad para la violencia, ciudadanos normales que viven su vida sin interferir en la del prójimo; esos son las ovejas. Por otro están los que sí tienen capacidad para la violencia y ninguna empatía con el resto de seres humanos; esos son los lobos. Por último, están los que sí tienen capacidad para la violencia y a su vez sienten una tremenda empatía por sus semejantes; eso son los perros pastores, los policías.

Lo curioso y paradójico es que desde el punto de vista de las ovejas, no es el lobo sino el perro pastor el que representa el peligro, porque este, en su afán protector, no hace otra cosa que ladrarles y morderlas para que obedezcan. Lo hace por el bien del rebaño, sí, pero eso la oveja lo desconoce porque, si aparece el lobo y el perro pastor consigue ahuyentarlo, la oveja no llega a percibir la sensación de peligro. Si la suerte cambia de bando, la opinión de la oveja ya no contará porque estará en el estómago del lobo

No es una forma de ver el mundo que me sea desconocida. De hecho, es muy popular entre cierta derecha amante de los parches y pulseras de las FCSE. Y es una visión muy estúpida.

Pastor, no guardián

Antes de nada, voy a hacer un pequeño inciso que no trata sobre lo más importante, pero sí es interesante aclarar. En la ganadería extensiva se usan dos tipos de perros de trabajo. Los pastores y los guardianes. Los perros pastores se crían con los seres humanos, y se les adiestra para acechar al ganado de tal forma que puedan dirigirlo a voluntad del pastor. No permanecen con el ganado una vez que han terminado su trabajo, y su función no es defender a este de ataques. Los segundos, se crían desde cachorros con el ganado para impregnar en ellos una pertenencia al rebaño. Con esto se consigue que permanezcan siempre a su lado, y que les defiendan de cualquier agresión.

Si quisiéramos utilizar la metáfora de los perros y las ovejas (lo que no es recomendable), sería bueno escoger al tipo de perro correcto. Porque de escoger al perro pastor en vez del al perro guardián, lo que se está diciendo es que la policía es aquella que lleva a los ciudadanos por donde el poder quiere, y luego se va a casa a dormir caliente mientras los lobos atacan por la noche.

Una vez aclarado esto, vamos a lo importante: los seres humanos no tienen categorías naturales (más allá de las diferencias por género) respecto a su rol en la defensa de su vida y propiedad. Todos los seres humanos son perfectamente capaces de ejercer la violencia. De hecho, es la cultura la que tiene que atenuar esta capacidad para hacer posible la vida en sociedad. Lo que se lleva al extremo cuando hablamos de sociedad abiertas.

La Policía siempre tiene la razón

Y ahí nace el monopolio de la violencia (Samuel lo llama monopolio de la fuerza porque los eufemismos son parte de ese enorme esfuerzo que nuestro sistema tiene que hacer para que la sociedad acepte una situación que nos es naturalmente anómala).

Si no se entiende esto, difícilmente se puede diagnosticar los problemas que estamos viviendo, ya no digamos proponer soluciones. En las tres historias de las que hemos hablado no existen lobos, ovejas y perros pastores. Existen personas honradas forzadas a emplear la violencia y una sociedad que en su conjunto les penaliza por ello.

A Samuel le gustaría una sociedad que asuma (ante ausencia de evidencia contraria) que si la policía ha disparado veinte veces a un sujeto que amenazó a su propia madre es porque había que hacerlo. A mí me gustaría una sociedad donde si avisas a la policía de que has disparado a un asaltante a las tres de la noche el operador del 091 no te abroncara y te pidiera que vayas a ver si se encuentra bien. Seguramente nosotros podríamos llegar a un acuerdo para que estas dos cosas fueran así, pero hay otros 47 millones de habitantes con voz y voto, y muchos de ellos consideran que nuestras posturas son propias de radicales.

La cuestión de la legitimidad de la violencia

De esto hay dos culpables:

La ideología que niega la naturaleza humana por sistema y cuyas élites consiguen poder con la máxima de contra peor, mejor para ellos. En esta parte estamos de acuerdo, así que no voy a incidir en ella.

El segundo culpable es más complejo de ver: el monopolio de la violencia del Estado ha llevado a una sociedad donde lo que provoca rechazo es el empleo de la violencia en sí, no la legitimidad de la misma.

La prueba de esto es que los propios policías como Samuel se toman muy en serio que cada vez que un compañero mata a una persona, se evite el verbo matar, y se utilice en su lugar neutralizar. La policía no mata, la policía neutraliza. Tecnicismos profesionales aparte, a provocar lesiones a un ser vivo que pongan fin a su vida se le llama matar, lo haga alguien con placa policial o sin ella. Pero como la sociedad no asume que se pueda matar, ni siquiera en los casos en los es evidente que era la única opción, hay que inventarse una nueva palabra que solo camufla lo evidente.

Seguridad a cambio de libertad

Es un atajo que no lleva a ninguna parte. De hecho, empeora la situación, al aislar a la sociedad aún más de la realidad. Pero se usa, porque si estás dentro de una lucha con un periodismo activista que tiende a manipular titulares, la vía fácil siempre es muy tentadora.

Y en esa vía fácil está recurrir a la solución de más policía o policía más fuerte y mejor organizada como panacea a nuestros males. Y sí, seguramente cuando nuestra sociedad sea expuesta a dosis más altas de violencia (y lo va a ser, ahí Samuel tiene toda la razón) caminaremos por ese camino, aunque seguramente no de la forma que nos gustaría.

Las FCSE tendrán más poder, el ciudadano común tendrá aún menos. Compraremos seguridad con libertad, pero seguirán ahí las ideas estúpidas y el dogma de suprimir por completo la violencia que todos tenemos dentro (convertirnos en ovejas), en vez de encauzarla en la dirección correcta con reglas claras y que todos compartamos (apostar por la civilización). Y eso no hay martillo que lo solucione. Porque no todo es un clavo.

Ver también

Quis custodiest ipsos custodies? (José Antonio Baonza Díaz).

Defensa propia sí, pero constitucional y moderada (Fernando Parrilla).

Claudia Goldin: Nobel para una estudiosa de la civilización

Por Peter Jacobsen. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

El Premio Sveriges Riksbank 2023 de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel (coloquialmente conocido como Premio Nobel de Economía) ha sido concedido a la economista Claudia Goldin.

Como introducción a este artículo, no creo que deba existir un premio Nobel de Economía, como ya he señalado en otras ocasiones. Mi razonamiento al respecto está en línea con el anterior premio Nobel, F.A. Hayek, que dijo: “el premio Nobel confiere a un individuo una autoridad que en economía ningún hombre debería poseer”.

La necesaria humildad

No hace falta ser un erudito en el campo de la economía. La lógica de las leyes económicas combinada con la aplicación de los detalles institucionales es un método accesible a todos. Al conceder un Nobel, el comité corre el riesgo de conferir un estatus de asesor “sacerdotal” a una profesión que debería estar llena de humildes filósofos, tomando prestada una metáfora de los profesores de Economía de George Mason Boettke, Coyne y Leeson.

Sin embargo, el hecho es que existe un premio Nobel de Economía (o un premio del Sveriges Riksbank en memoria de Nobel, para los quisquillosos). Ya que existe un premio, creo que merece la pena destacar cuando se conceden premios a economistas que, como Hayek, reflejan la humildad necesaria para que la profesión tenga éxito. Creo que Claudia Goldin es una buena elección precisamente por esta razón.

Reparadores frente a estudiantes de civilización

Al pensar en los premios Nobel de economía, creo que es útil diferenciar entre los premios otorgados a quienes están interesados en tratar de controlar el futuro de la economía y los premios otorgados a los estudiantes de cómo se han manifestado las leyes económicas a lo largo de la historia.

En mi opinión, los premios Nobel de 2019 concedidos a Duflo y Banerjee representan lo primero. El discurso publicado por Duflo ante la Asociación Americana de Economía titulado El economista como fontanero tiene el siguiente resumen:

A medida que los economistas ayudan cada vez más a los gobiernos a diseñar nuevas políticas y normativas, asumen la responsabilidad añadida de comprometerse con los detalles de la elaboración de políticas y, al hacerlo, adoptar la mentalidad de un fontanero. Los fontaneros intentan predecir lo mejor posible lo que puede funcionar en el mundo real, conscientes de que será necesario hacer retoques y ajustes, ya que nuestros modelos nos dan muy poca orientación teórica sobre qué (y cómo) importarán los detalles. Este ensayo sostiene que los economistas deberían comprometerse seriamente con la fontanería, en interés tanto de la sociedad como de nuestra disciplina.

Un desafío para los poderosos

Para Duflo, lo correcto es que los economistas retoquen y ajusten las cosas en la economía para beneficiar los intereses de la sociedad. Sin embargo, este es el camino equivocado. Como ya he escrito anteriormente,

¿Por qué los economistas no pueden ofrecer soluciones como lo hacen los fontaneros? En pocas palabras, la economía no es un sistema cerrado de tuberías. No hay tuberías definidas y, por tanto, no hay atascos, obstrucciones o fugas… ¿Por qué deberíamos creer que alguien con un título, una pizarra o un ordenador puede hacer un mejor trabajo planificando la vida de la gente que ellos mismos?

Entonces, ¿qué deben hacer los economistas? En primer lugar, el economista tiene un papel que desempeñar en el uso del razonamiento económico como “profiláctico contra las falacias populares” en la formulación de políticas. Por eso, el economista Ludwig von Mises argumenta,

La economía como tal es un desafío a la presunción de quienes detentan el poder. Un economista nunca puede ser el favorito de autócratas y demagogos. Con ellos es siempre el hacedor de fechorías, y cuanto más convencidos están interiormente de que sus objeciones están bien fundadas, más le odian.

Un estudioso de la civilización

Pero éste no es el único papel adecuado para un economista. El economista también puede ser un estudioso de la civilización y de la historia. La historia económica como campo está muy infravalorada. En un mundo que exige la predicción como medio de controlar los resultados económicos, la historia económica mira humildemente hacia atrás para ver cómo se manifestaron las reglas económicas en tiempos ya pasados. Por su naturaleza, el campo de la historia económica considera lo que realmente sucedió más que lo que puede controlarse.

Esto no quiere decir que algunos no intenten utilizar los hallazgos de la historia para predecir hechos futuros y jugar con la economía, pero el campo está menos predispuesto a este tipo de cosas.

Un largo y cuidado estudio

El trabajo de Goldin encaja con esta visión del economista como estudioso de la civilización. Veamos la explicación del Premio en la página web del Nobel. El comunicado de prensa dice,

La galardonada de este año en Ciencias Económicas, Claudia Goldin, ha proporcionado la primera descripción exhaustiva de los ingresos de las mujeres y su participación en el mercado laboral a lo largo de los siglos. Su investigación revela las causas del cambio, así como las principales fuentes de la brecha de género que aún persiste. Las mujeres están muy infrarrepresentadas en el mercado laboral mundial y, cuando trabajan, ganan menos que los hombres. Claudia Goldin ha rebuscado en los archivos y recopilado más de 200 años de datos de EE.UU., lo que le ha permitido demostrar cómo y por qué han cambiado a lo largo del tiempo las diferencias de género en los salarios y las tasas de empleo. (énfasis añadido)

Las diferencias en las remuneraciones

Fíjese en lo que se destaca en la descripción de su premio: no se trata de recomendaciones políticas. Se elogia a Goldin por su arduo trabajo de búsqueda en archivos históricos para estudiar el papel de la mujer en el mercado laboral. Esta información se utilizó después para clasificar las mejores explicaciones de la brecha salarial. He aquí un gráfico que ilustra sus conclusiones.

¿Obvio? Sí, pero…

He observado que algunos en Twitter se burlan de algunas de las conclusiones de Goldin por considerarlas obvias. Esto es un error por tres razones. En primer lugar, la gente infravalora hasta qué punto las conclusiones parecen obvias porque, sin saberlo, ya han sido alimentados con los resultados del trabajo de Goldin sin saberlo. Los resultados académicos suelen distribuirse al público de tal forma que éste no se entera de quién o de dónde proceden.

En segundo lugar, aunque esta explicación pueda parecer plausible sin pruebas que la verifiquen, hay muchas explicaciones que suenan plausibles para fenómenos sociales complejos. La cuestión es cuál de las explicaciones plausibles es la que más influye en los fenómenos del mundo real. Goldin seleccionó la mejor respuesta entre una miríada de respuestas plausibles.

Las leyes de la economía suelen ser fáciles de entender. Al ciudadano medio no le sorprende que la gente compre menos cuando sube el precio. Pero cómo se manifiestan esas leyes no siempre es obvio, y el análisis histórico puede ayudar al estudiante de civilización a descubrir cómo ha sucedido en el pasado.

Por último, aunque en el comunicado de prensa el comité del Nobel destaca su trabajo sobre la brecha salarial, Goldin es una prolífica investigadora que se ocupa de muchos temas. Este hilo profundiza en muchas de sus contribuciones.

El economista como detective

Es un error pensar que los grandes avances en la investigación económica tienen que ser grandes ejercicios de planificación política realizados para planificar una sociedad “mejor”. Los avances se producen a menudo en el trabajo minucioso de bucear en los archivos históricos para crear un conjunto de datos en el que nadie había pensado antes.

El trabajo de Goldin refleja a los economistas como buscadores de la verdad o, por usar su palabra, detectives. En su artículo El economista como detective, Goldin concluye con varios sabios consejos,

Sé el mejor detective que puedas ser. No se limite a ‘acorralar a los sospechosos habituales’; no se limite a mirar bajo la farola existente. Localice nuevos sospechosos. Encienda luces donde nunca antes han brillado. Siga la sentencia de Holmes de que ‘No hay nada como las pruebas de primera mano’, así como su admonición de que ‘Cualquier verdad es mejor que una duda indefinida’.

Aunque sostengo que deberíamos abolir el premio Nobel de Economía, no puedo evitar alegrarme de que se conceda a alguien que busca la verdad lejos de las luces habituales.

Ver también

Liberalismo y feminismo. (Ignacio Moncada).

Así prosperan las mujeres bajo el capitalismo. (Diego Sánchez de la Cruz).

La brecha salarial no existe. (José Carlos Rodríguez).

El día más negro de Israel

David P. Goldman. Este artículo fue publicado originalmente en Law & Liberty.

Más de 1.000 israelíes murieron a manos de terroristas de Hamás el 7 de octubre, con diferencia el peor día de la historia de Israel, aproximadamente el triple que el día más sangriento de la Guerra de Yom Kippur de 1973. El ejército y la sociedad civil israelíes se vieron sorprendidos y respondieron con lentitud e ineficacia. El ataque de Hamás puso al descubierto profundos fallos en las capacidades tácticas de Israel, así como en su perspectiva estratégica. La existencia de Israel depende de la rápida corrección de estos fallos.

Fallo de inteligencia

El término “fallo de inteligencia” se convirtió en un cliché de la noche a la mañana. Hamás empleó ataques con drones emulando las tácticas empleadas con éxito por ambos bandos en la guerra de Ucrania durante casi dos años, destruyendo puestos de observación israelíes y al menos un carro de combate principal Merkava IV israelí lanzando granadas desde drones baratos. Israel introdujo los aviones teledirigidos en la guerra en el teatro de operaciones sirio en 1983 durante el llamado tiroteo del pavo en el valle de Beqaa, y su fracaso a la hora de adoptar contramedidas electrónicas ampliamente desplegadas en Ucrania implica una ventaja técnica fallida.

A pesar de las advertencias sobre la vulnerabilidad de la barrera de Gaza de algunos analistas de inteligencia militar israelíes, los combatientes de Hamás condujeron una excavadora a través de la valla de Gaza y cientos de asesinos de Hamás -cuyo número aún se desconoce- entraron en Israel en vehículos motorizados. Sabemos esto por los vídeos difundidos por la propia Hamás; no sabemos si la organización terrorista utilizó medidas de seguridad de las comunicaciones más sofisticadas para eludir la detección israelí.

La inteligencia de Hamás

Sin embargo, los detalles del fallo táctico de inteligencia importan menos que el autoengaño israelí. El gobierno de Netanyahu pensó que tenía todas las bases estratégicas cubiertas y que podía sobornar a Hamás para que se mantuviera al margen mientras negociaba relaciones diplomáticas con Arabia Saudí. Se adormeció en una bruma complaciente que ocultó los elementos recalcitrantes del mundo antiguo que se oponían al impulso modernizador de los Acuerdos de Abraham.

Como escribió Edward Luttwak en la revista Tablet, Hamás engañó a Israel proporcionándole información sobre los ataques con cohetes de su rival chií la Yihad Islámica. “Israel no tardó en corresponder al alto el fuego de facto de Hamás permitiendo que miles de gazatíes trabajaran en Israel: primero 17.000, luego 20.000, con la posibilidad de que fueran muchos más. Sus ingresos estaban cambiando la vida de 100.000 familiares, con la posibilidad de beneficios aún mayores. Lo que estaba ocurriendo sobre el terreno parecía abrir un camino hacia la tranquilidad para Israel y cierto grado de prosperidad para Gaza”.

El papel de Qatar

Mientras tanto, el gobierno de Netanyahu seguía animando a Qatar a financiar a Hamás. En 2020, el jefe del Mosad viajó en secreto a Doha para instar a Qatar a continuar con la financiación, que ascendió a más de 1.000 millones de dólares entre 2012 y 2020. El estado del Golfo Pérsico, el único partidario de la Hermandad Musulmana entre los Estados del Golfo, siguió enviando a Hamás 30 millones de dólares al mes, como observó Daniel Pipes el 8 de octubre en el Wall Street Journal. Qatar propone ahora mediar en un intercambio de prisioneros entre Hamás e Israel, como informó Reuters el 9 de octubre.

Qatar es un importante aliado de Estados Unidos fuera de la OTAN y el emplazamiento de su mayor base aérea extranjera en Al Udeid, que es también el cuartel general avanzado del Mando Central estadounidense (Centcom). Cuando el Centcom asumió la responsabilidad de la relación militar de Estados Unidos con Israel, en sustitución del Mando Europeo, las IDF creyeron que la inteligencia militar estadounidense les cubría las espaldas en la región. El atentado de Hamás fue también una humillación para la inteligencia estadounidense, con su insuperable capacidad de vigilancia electrónica. Hamás es, formalmente hablando, simplemente la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, y la familia real qatarí ha sido el principal patrocinador de los Hermanos Musulmanes durante décadas.

Judíos expulsados del norte de África

Algunos medios de comunicación afirman que Irán ayudó a planear los atentados con Hamás. Irán es el principal proveedor de armas de Hamás, y los informes son creíbles. Puede que no sepamos pronto, si es que alguna vez lo sabemos, cómo se entrecruzaron y divergieron exactamente las políticas sectarias del islam radical entre el yihadismo suní encarnado en la Hermandad y el yihadismo chií patrocinado por Irán. Lo que el desastre de Gaza deja claro es que ni la inteligencia israelí ni la estadounidense comprendieron a la oposición. La Administración Biden cortejó a los iraníes con un rescate en efectivo de 6.000 millones de dólares por los rehenes estadounidenses, mientras que los qataríes financiaban a Hamás como si nada ante las narices de los militares estadounidenses.

Sobre todo, Israel malinterpretó completamente las implicaciones de las relaciones diplomáticas con Arabia Saudí para los palestinos. Ningún árabe se llamaba palestino antes de que Israel declarara su independencia en 1948. Cinco ejércitos árabes invadieron Israel con la intención de exterminar al recién nacido Estado judío. Unos 800.000 árabes huyeron o fueron expulsados del territorio judío en el transcurso de la guerra.

Poco después, unos 800.000 judíos fueron expulsados del norte de África, Irak e Irán. Los judíos de Irak y Persia, cuyos antepasados habían vivido allí desde el Primer Exilio en 586 a.C., se marcharon con lo puesto, junto con los descendientes de los judíos españoles expulsados en 1492. Israel los absorbió, y su población judía pasó de 630.000 en 1948 a 1,59 millones en 1955. Los Estados árabes se negaron a absorber a los 800.000 refugiados de la guerra de 1948 e insistieron en segregarlos como refugiados que debían regresar a Palestina tras la destrucción del Estado judío.

Palestinos

Los palestinos son el único grupo de población del mundo para el que el estatuto de refugiado es hereditario. El millón de griegos que habían vivido en Asia Menor durante 3.000 años fueron expulsados en 1922 y se convirtieron en ciudadanos de Grecia; los 3 millones de alemanes de los Sudetes que habían vivido en Bohemia durante siglos fueron expulsados en 1945 y se convirtieron en alemanes; el casi millón de judíos expulsados de países musulmanes después de 1948 se convirtieron en israelíes.

Excepcionalmente, los palestinos siguieron siendo refugiados por dispensa especial de las Naciones Unidas, con una agencia de la ONU separada para atenderlos.

Aproximadamente la mitad de los árabes que vivían en Palestina antes de la declaración del Estado judío eran emigrantes económicos que llegaron cuando los sionistas empezaron a reconstruir el país. No eran una nación, sino sólo rehenes de la negativa de los Estados árabes a aceptar la existencia de Israel. Del mismo modo, las relaciones diplomáticas entre Israel y el mundo árabe, y sobre todo con Arabia Saudí, guardián de los lugares más sagrados del Islam, eliminarían la razón de ser del estatuto de refugiado palestino. En efecto, los palestinos serían simplemente árabes sin Estado.

Los límites de la diplomacia económica

El ataque de Hamás contra Israel ha provocado una respuesta que costará muchas vidas árabes. En privado, los Emiratos Árabes Unidos (que mantiene relaciones diplomáticas con Israel) y los saudíes esperan que Israel destruya a Hamás. Los Hermanos Musulmanes son el enemigo mortal de las monarquías del Golfo, un partido totalitario moderno con credenciales islamistas que representa la mayor amenaza para el control del poder por parte de las monarquías. Públicamente, los saudíes no pueden mantener relaciones diplomáticas con Israel mientras haya árabes muriendo a manos de las FDI. Por el momento, la prórroga de los Acuerdos de Abraham está fuera de la agenda y, en ese sentido, la operación de Hamás debe considerarse un gran éxito.

Israel creyó que podía comprar a los árabes palestinos con beneficios económicos. Esto funcionó hasta cierto punto en Cisjordania. El PIB per cápita en Gaza era de sólo 3.664 dólares en 2021. Pero en las provincias cisjordanas de Judea y Samaria, donde Israel mantiene el control último, la renta per cápita era casi el doble, de 6.245 dólares. Esta cifra contrasta con los 3.019 dólares de Egipto, los 4.405 dólares de Jordania y los 4.208 dólares de Túnez.

Fuera de los países productores de petróleo, los residentes en Cisjordania son los árabes más ricos, mejor educados y más sanos del mundo, con 132.000 estudiantes universitarios. En el propio Israel, los árabes israelíes constituyen el 17% de la población estudiantil universitaria, casi la misma proporción que los árabes en la población general (21%). Pero los palestinos -como muchos otros pueblos- se niegan a ser disueltos en la sopa insípida de la modernidad.

La vulnerabilidad de Occidente

Hamás escenificó escenas de horror que no se veían en los países occidentales desde la Segunda Guerra Mundial: la exhibición del cuerpo desnudo de un turista alemán asesinado en la parte trasera de una camioneta de Gaza, el asesinato aleatorio de niños pequeños y ancianos, la violación de niñas, la profanación de cadáveres. Se trata de un instrumento de guerra deliberado, no de una mera erupción de rabia precivilizatoria.

Justo después de los atentados del 11-S, advertí de que el islam radical esgrimía un arma mortal contra Occidente que aún podría arruinarnos:

La gran vulnerabilidad de la mente occidental es el horror. Los nazis lo comprendieron y aplicaron una política de “des Schreckens” (causar horror) y “Entsetzens” (terror; literalmente, desalojo). El horror no era un mero instrumento de guerra en el sentido tradicional, sino una forma de teatro wagneriano, o guerra psicológica a gran escala. La ventaja táctica de Hitler residía en su capacidad para ser más horrible de lo que sus oponentes podían imaginar. Lo más horrible de todo es que bien podría haber triunfado de no ser por su propia propensión megalómana a extralimitarse.

Estados Unidos, como se burlaba Osama bin Laden esta semana, perdió en Vietnam. Pero no fueron los reveses militares, sino las horribles imágenes de civiles vietnamitas quemados por el napalm, lo que hizo perder la guerra. La experiencia de Estados Unidos en la guerra está consagrada en la cultura popular en la película Apocalypse Now, inspirada en el relato de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas. El funcionario de la compañía comercial belga, Paul Kurtz, se hunde en la bestialidad y muere con estas palabras: “¡El horror! El horror”. Era una película espantosa, pero una referencia inteligente. Al término de la Primera Guerra Mundial, T. S. Eliot subtituló su epitafio de la civilización occidental, Los hombres huecos, con una cita del relato de Conrad: “El Sr. Kurtz, ha muerto”.

Una decadencia militar

La actual generación de israelíes se ha vuelto blanda y complaciente. Su juventud no ha sido llamada a luchar desde que sus abuelos hicieron el servicio militar. Israel no ha librado una guerra terrestre desde el Líbano en 1982, y ningún oficial en activo de las IDF tiene experiencia de combate. El coronel (retirado) Eran Lerman observó esta semana:

Las IDF, que antaño eran un ejército bien entrenado y relativamente grande basado en sus formaciones blindadas de reserva, se han vuelto mucho más pequeñas, menos disciplinadas, menos entrenadas (ya que rara vez se llama a filas a los reservistas), mal preparadas para la guerra terrestre y las maniobras, y demasiado dependientes de los ataques aéreos, las municiones de precisión y la inteligencia altamente específica. Como resultado, había poco que pudiera compensar la falta de inteligencia el 7 de octubre.

El desorden civil que asoló Israel este año a causa de la reforma judicial también indica una debilidad en el tejido de la sociedad israelí. Esto alcanzó a las fuerzas armadas. Cientos de reservistas de las Fuerzas Aéreas declararon el pasado julio que no se presentarían a filas para protestar contra las reformas. Esta ruptura de la disciplina no tiene precedentes en un país en el que la tasa de presentación de los reservistas superaba anteriormente el 100% (algunos reservistas jubilados se presentaron aunque no estaban obligados a hacerlo). El deseo de los israelíes laicos de ser un país normal cuya actividad principal sea la búsqueda de la realización individual, en lugar de un Estado judío, contrasta terriblemente con el asesinato en masa de israelíes por el mero hecho de ser judíos.

El gran salto tecnológico de Irán

El objetivo a largo plazo de Hamás y otros yihadistas es hacer que Israel sea inhabitable para un gran número de sus ciudadanos, especialmente los jóvenes y seculares tecno-cognoscentes que podrían trabajar con la misma facilidad en Berlín, Budapest o Brooklyn. El terrorismo eleva el nivel de sacrificio necesario para mantener el Estado judío por encima del nivel de tolerancia de muchos ciudadanos israelíes. No está claro si los israelíes se unirán en torno al proyecto de un Estado judío y de qué manera lo harán.

Los analistas israelíes llevan tiempo advirtiendo de que la ventaja tecnológica del país sobre Irán se estaba esfumando. En 2015, el jefe de inteligencia militar Herzl Halevi advirtió: “Si me preguntas si tendremos una guerra con Irán en los próximos 10 años, te daré una respuesta sorprendente: Ya estamos en guerra con Irán”, dijo Halevi. “Estamos teniendo una guerra tecnológica con Irán. Nuestros ingenieros están luchando contra los ingenieros iraníes, hoy en día, y cada vez es más significativo. Hoy tenemos ventaja. Irán se está acercando”. Desde la revolución de 1979, el número de universidades y estudiantes universitarios en Irán se ha multiplicado por veinte, frente a las tres veces y media de Israel.” La supervivencia de Israel puede depender de si su industria de alta tecnología prefiere diseñar dispositivos de interferencia para drones o aplicaciones de citas para el mercado estadounidense.

Las opciones de Israel a corto plazo son limitadas

Para desarraigar a Hamás de Gaza sería necesaria una incursión terrestre con un alto coste. No está claro hasta qué punto prevalecerá la ventaja tecnológica histórica de Israel. La guerra de Ucrania ha producido numerosas innovaciones en la guerra antitanque, incluido el uso de drones para destruir tanques. Hamás difundió un vídeo de un dron inutilizando un carro de combate principal israelí con una granada de la década de 1980. Rusia ha desarrollado eficaces herramientas de interferencia para inutilizar drones. Se desconoce si Israel dispone de una tecnología similar. La capacidad de Israel para organizar una operación terrestre en Gaza depende de factores sobre los que no se dispone de información. Los ataques aéreos son ineficaces contra un enemigo que ha tenido dieciséis años para construir túneles profundos.

Israel teme con razón una guerra en dos frentes, a saber, con Hamás en el sur y con Hezbolá en el norte. Hezbolá tiene entre 40.000 y 150.000 misiles, incluidos algunos sofisticados misiles maniobrables que la defensa antiaérea israelí Cúpula de Hierro no puede contrarrestar. Los misiles están en gran medida emplazados en poblaciones civiles. Para derrotar una andanada de misiles de Hezbolá, Israel tendría que atacar lanzaderas en zonas civiles densamente pobladas, con muchos miles de civiles muertos. Hezbolá es tanto una milicia local libanesa como un instrumento de la política iraní. Probablemente no lanzará un ataque contra Israel a menos que Israel ataque a Irán, lo que da a Israel una muy buena razón para dejar a Irán fuera de la guerra en un futuro previsible.

La leve capa de la modernidad

Por el momento, Israel mantendrá Gaza sitiada. Tiene un periodo de gracia debido a la repulsa del mundo hacia Hamás, pero esto no durará para siempre. A medida que en las próximas semanas circulen imágenes de gazatíes hambrientos, el sentimiento mundial volverá a volverse contra los israelíes. Si Israel no puede asestar un golpe mortal a Hamás sobre el terreno durante las próximas semanas, su posición estratégica quedará debilitada de forma permanente.

Los terribles sucesos de los últimos días dejan claro que los impulsos existenciales del mundo antiguo no pueden borrarse con la brocha suave de la modernidad, algo que ya aprendieron los serbios de Kosovo, los armenios de Nagorno-Karabaj y los ucranianos de Donetsk, Luhansk y Kherson. El siglo XX resolvió sus guerras étnicas mediante traslados de población, algunos ordenados, otros horribles. El conflicto árabe-israelí debería haberse resuelto a finales de la década de 1940 con una transferencia de poblaciones aproximadamente iguales. Los Estados árabes abortaron la transferencia encarcelando a 800.000 palestinos como refugiados permanentes e incubaron un monstruo.

Los dos Estados no son la solución

No habrá una solución de dos Estados en Israel; después de que Hamás indujera a los israelíes a la complacencia y luego cometiera actos horribles que recuerdan al Holocausto, Israel no tolerará, ni debería tolerar, la creación de un Estado palestino. De un modo u otro, el intercambio de población de 1948 se completará en algún momento de los próximos años. O bien Israel destruirá a Hamás y la población de Gaza disminuirá con el tiempo debido a la emigración, o bien un gran número de israelíes considerarán que el coste de una política judía es demasiado elevado y se marcharán a Europa o Estados Unidos. Esto puede parecer cruel, pero si los acontecimientos de los últimos días nos han enseñado algo, es que los monstruos del mundo antiguo todavía caminan a la luz del día, y no serán desterrados por las anodinas declaraciones de los diplomáticos.

Ver también

Israel es culpable. (Ramón Audet).

Israel, o la lucha contra la infamia. (Carlos Alberto Montaner).

Jerusalén, capital eterna del pueblo judío. (José Carlos Rodríguez).

¿Qué es un precio para un quant? Del cálculo de Itô al equilibrio general de Arrow-Debreu

La doctrina económica desde tiempos de los escolásticos se ha planteado esta cuestión, la cuestión sobre la naturaleza de los precios, con gran asiduidad. La noción de precio justo, que de alguna forma viene a recoger y servir de confluencia entre los factores subjetivos y los más ligados a la escasez y la producción, acabó derivando en la clásica noción de precio de equilibrio que gran parte de los economistas utilizan a día de hoy.

Sólo Dios lo sabe

Juan de Lugo zanjó esta cuestión diciendo que “el precio justo matemático solo Dios lo conoce”, y de esta forma, sin él saberlo, le marcaría el camino a economistas de siglos posteriores, que verían en ese equilibrio más un benchmark que un precio cuya naturaleza gozara de algún tipo de realidad empírica. El precio de equilibrio, o mejor dicho, el vector de precios de equilibrio, sería aquel que garantizaría la igualdad entre la oferta y la demanda y que todos los actores económicos maximizaran su bienestar, sea en forma de utilidad o de beneficio empresarial. El perfecto win win.

Los fundamentos ya estaban ahí, solo hubo que rescatarlos y darles otro nombre. De esto se encargó la economía neoclásica y el paradigma del equilibrio general competitivo, tan brillantemente expuesto por dos de los economistas más afamados e importantes del siglo XX: Kenneth Arrow y Gérard Debreu.

Valoración

Sin embargo, este esquema oferta – demanda se ha demostrado completamente insuficiente a la hora de darle precio a ciertos contratos financieros de una naturaleza muy distinta: por su gran iliquidez, esto es, o bien porque la demanda es escasa o porque directamente la oferta de ese producto es inexistente hasta la fecha, tenemos que darles un precio sin contar con las referencias habituales.

Este es el caso, por ejemplo, de muchos derivados exóticos, el dolor de cabeza de cualquier quant de front office en la industria bancaria. Y aquí el marco diseñado por los economistas se viene abajo. Tenemos que buscarnos una alternativa, una metodología que se base en comparables. Si no sé cuánto vale algo, intento acercarme al valor de sus homólogos y de ahí extraigo conclusiones.

Esta metodología, aunque parezca algo aproximada e incluso de compromiso, es la metodología estándar que usamos los financieros para valorar. Los financieros más orientados a corporate, cuando quieren valorar una empresa, esto es, darle un precio, hacen uso de los famosos ratios (P/E, EV/EBITDA…) sobre sus comparables de mercado y de ahí aproximan el valor de la empresa target, aquella que quieren valorar.

Este enfoque, el enfoque por múltiplos, es uno de los más importantes en IB, si no el que más. De hecho, la teoría de la valoración puede demostrar que cualquier otro enfoque basado en descuento de cash flows, descuento de flujos, es en verdad otra técnica basada indirectamente en comparables, al contrario de lo que pueda parecer a simple vista. Y esto los quant desde hace mucho tiempo lo sabemos.

Kenneth Arrow y Gérard Debreu

La teoría fundamental de la valoración surge al calor de los estudios de dos economistas que ya hemos citado anteriormente: Arrow y Debreu. Arrow y Debreu postularon una economía con activos básicos, activos cuyo precio conocemos en un conjunto de posibles estados de la naturaleza, y a partir de aquí construyeron un framework que nos permitía valorar por replicación. Esto es, si queremos valorar un activo financiero X y a la vez disponemos de una cartera de activos básicos cuyos flujos son idénticos a los de X, sea cual sea el escenario, el valor del activo X se corresponde con el propio valor de la cartera, con el coste de replicación.

Esto es, podemos conocer el valor del activo desconocido simplemente agregando los valores de los activos básicos necesarios para formar la cartera replicante, y si es necesario, descontando su valor a fecha presente. Estos dos señores parecieron ver antes que nadie que su enfoque era tal vez excesivamente teórico, y que por ello necesitaban construir una teoría de los precios sobre un esquema radicalmente distinto. Pues bien, es este esquema, y no otro, el que usamos los quant para valorar activos financieros: el precio como el coste de la cartera réplica.

Hipótesis martingala

El problema radica en que este enfoque, salvo casos muy particulares, tiene un manejo bastante complicado. Los quant tuvieron que arreglársela para traducir este nuevo lenguaje de Arrow y Debreu a un lenguaje completamente equivalente pero más familiar para los matemáticos: el lenguaje de la probabilidad. Ya armados con un conjunto de probabilidades de valoración, que se deducen a partir de esos mismos activos básicos, podemos empezar a ver el precio como un descuento de flujos futuros esperados.

Para ello, tuvimos que añadir una hipótesis adicional: la hipótesis martingala. Una martingala no es más que un proceso aleatorio (estocástico) que trata de emular a la clásica noción de juego justo: el mejor valor que puedes esperar para mañana es el valor que tienes hoy. Gracias al marco martingala, podemos asegurar que ese descuento de flujos es libre de arbitraje, esto es, que no podemos conseguir alfas en mercado sin tomar ningún riesgo, situación con diferencia más común en los mercados financieros. De esta forma, el marco de la valoración por replicación acaba transformado en un descuento de flujos futuros, y el precio, reformulado usando un marco conceptual distinto (aunque en cierto modo equivalente) al que usan tradicionalmente los economistas.

Cálculo estocástico

Muchos modelos financieros típicos, como es el modelo de Gordon para calcular el precio de una acción por descuento de dividendos, no es más que el marco de valoración quant aplicado a un caso muy concreto. Y todo esto se lo debemos al trabajo de dos economistas esenciales a la vez que muy desconocidos para el público en general, además de a Itô, Girsanov y otros matemáticos que sentaron las bases del cálculo estocástico a lo largo del siglo XX. A pesar de haber generado poca polémica con sus estudios, mucha menos que la que generaron otras personalidades de la economía más mediáticas y ruidosas, Arrow y Debreu sentaron las bases de la economía neoclásica y de la industria financiera al mismo tiempo. Dos en uno. Que sirva este breve artículo como tributo a su figura.

Ver más

La cuestión de las matemáticas en economía. (Vicente Moreno).

El uso de las matemáticas en economía. (Juan Morillo).

La escuela austríaca y sus críticos. (Vicente Moreno).

El capitalismo y la mercantilización del arte

Siempre me ha llamado la atención la vehemencia con la que se critica desde ciertos sectores la forma en la que hoy se relega el arte a un producto destinado a sacar beneficio económico. Los liberales conocemos como funciona el cálculo económico, y sabemos que el beneficio mide el valor que un bien aporta marginalmente a una sociedad, por lo que no nos escandalizamos cuando vemos a un museo tratando de rentabilizar sus obras. Ese no es el caso de quienes apelan a un pasado mítico e indeterminado en el que el artista estaba libre de las exigencias del mercado y su producción artística se debía tan sólo a sí misma. Es en aquella época de luz en la que las mentes sensibles disfrutaban de un arte puro cuya calidad radicaba en la libertad artística.

Lo cierto es que dicho pasado, más que en los anales de la historia, habría de buscarse en las fantasías de alguno. El arte lleva siendo producto desde la génesis misma del oficio de artista. Sería necesario, quizá, remontarse a las cuevas de Altamira para encontrar sociedades en las que el arte existía ajeno al mercado e, incluso ahí, habría que ver qué se entiende por mercado, siendo que seguramente los bisontes que aparecen en las cuevas se hayan pintado más como parte de un intercambio, del que se espera obtener comida, protección o estatus, que de la libertad creativa de su autor.

La libertad del artista

Sin embargo, se sigue entendiendo la mercantilización artística como un fenómeno propio de la posmodernidad y del capitalismo. Que las estatuas y las cerámicas ornamentadas se encuentren en los ajuares funerarios de las personalidades relevantes de las sociedades en las que se entierran, debería decirnos algo. Alguno podría pensar que los artistas, como faro de la cultura, estaban tan bien considerados en la época que se les dedicaba a ellos las tumbas más fastuosas en las que, por supuesto, había de enterrarse con su producción artística. Los menos fantasiosos preferimos creer que, efectivamente, la orfebrería hallada en el tesoro de Aliseda hubo de ser adquirida en algún momento a través del mercado.

Incluso en la época dorada del reconocimiento artístico el arte se debía a unos consumidores. ¿Tuvo total libertad Miguel Ángel al pintar la Capilla Sixtina? Probablemente, el pintar a unas prostitutas le hubiera acarreado algún que otro problema con el Vaticano, su cliente. De la misma forma, Da Vinci, como tantos otros, se debían a unos mecenas cuyo patronato no era tan gratuito.

Siglos de un mercado artístico

Por ello, cuando se dice que el consumidor hoy ha ganado protagonismo frente al autor, no se está diciendo nada nuevo. En el archivo capitular de Módena, se conservan unas miniaturas en las que se representa el traslado de los restos de San Gimignano a la cripta de la nueva catedral del siglo XI. De las cuatro miniaturas hay solo una en la que el arquitecto, Lanfranco, aparece en un plano completamente secundario y es aquella en la que, como elemento principal, tenemos a la condesa Matilde, la clienta del artista[1].

Había, por supuesto, como lo hay ahora, un mercado artístico. Un mercado en el que los artistas competían por los proyectos que se les pudiese encargar y, para ello, demostraban seguir las tendencias artísticas del momento y en el que, además de pintores, arquitectos, músicos o escultores, eran auténticos hombres de negocios que obtenían más beneficio comerciando con su obra que pintándola. Cuando inició la contrarreforma, hubo cierto cambio en las tendencias artísticas, pero esas nuevas soluciones no se debieron tanto a un cambio en la mentalidad del artista soberano como a las necesidades de la iglesia, como gran cliente del arte en el mundo católico.

Descentralizar la demanda

El arte, en aquel entonces, no se servía a sí mismo, sino que servía al poder. Si de algo se puede acusar al capitalismo es de descentralizar la demanda y democratizar el mercado.

Con la Revolución Industrial el mercado se expandió y los artistas tuvieron la oportunidad de buscar la forma de acaparar a toda la nueva demanda que estaba surgiendo. Paganini fue capaz, incluso, de convertirse a sí mismo en un producto. Desde su estética, hasta su forma de moverse, pasando por las leyendas que él mismo alentaba, le servían para comercializar su propia imagen con la venta de “bizcochos Paganini”[2]. Que el fenómeno Paganini fue un producto de su época no hace falta decirlo, pero habría de preguntarse si el haberse hecho tan comercial afectó a la calidad de su obra. Sinceramente, dudo que haya nadie capaz de decirme que paganini fuese peor músico que la media de los trovadores medievales.

Muchas de las obras que hoy consideramos maestras no hubiesen podido hacerse de no ser por el creciente mercado de masas. Cualquiera que haya tenido en sus manos El Conde de Montecristo conocerá su enorme extensión. Durante el siglo XIX se pusieron de moda las novelas publicadas por fragmentos en los periódicos. En aquella época no existía el copyright por lo que pagar a un autor para que vaya escribiendo las partes de su libro era una buena forma de rentabilizar su talento. Dumas no se recuerda hoy como un gran novelista por nada y ya en aquél entonces gozaba de popularidad. El Conde de Montecristo era un éxito y había que capitalizarlo al máximo, por lo que se alargó voluntariamente con nuevas tramas y personajes para poder vender más y más fragmentos[3].

Arte “puro” en la sociedad burguesa

Por supuesto que en su momento estas prácticas ya causaron el rechazo de quienes abogaban por un arte más puro[4], pero eso no quita que fuese una práctica habitual y que grandes novelistas como Benito Pérez Galdós tomaran cuenta de ella. Las críticas llegaron también a las artes plásticas, donde Baudelaire llegó a reprochar que se pagase más por un Meissonier que por un Delacroix[5].

Lo que sí es cierto es que esas críticas eran nuevas. La historia del arte va unida a la historia de la técnica y la historia económica, pero nunca antes se habían arremetido tantos ataques a las nuevas formas de hacer arte. Eso es porque el arte “puro” era un producto de su propia época industrial. Algo que solo es posible en una sociedad burguesa en la que el artista tiene tiempo y medios para producir un arte que no necesite ser vendido.

Más mercado, más arte

Quizá sea osado por mi parte, no lo niego, decir que el arte por el arte no existía antes de la llegada del capitalismo. Es posible que si lo hubiera. Pero que hoy solo queden aquellas producciones que han sido mantenidas y custodiadas por poderosos clientes. Seré cauto y no propondré tal cosa. Pero lo que está claro es que dicho arte jamás fue tan popular hasta la llegada de las vanguardias. Un mayor mercado, con agentes más heterogéneos, implica más posibilidades a la hora de colocar tus obras.

No todo el mundo demanda lo mismo y la oferta ha de adaptarse. No es casualidad que el momento en el que las modas literarias y artísticas dejan de aparecer en sucesión para empezar a ramificarse en varias corrientes que coexisten coincida con el auge del capitalismo, en tanto que la gente tiene mayor acceso al arte no solo como consumidor sino también como productor. Tanto la formación como el abastecimiento de materiales se abre para más gente y muchos pueden empezar a disfrutar del arte como puro pasatiempo personal y, ahí sí, explotar su creatividad al margen de las exigencias del mercado.

Es por ello que cuando dicen que el capitalismo es el responsable de la mercantilización del arte no puedo sino estar en rotundo desacuerdo. El capitalismo es el responsable de que todos podamos entrar en el mercado artístico que siempre ha existido y el que ha permitido la proliferación de artistas excluidos del propio mercado.


Bibliografía

[1] Garín, Alberto. Historia Irreverente del Arte. Madrid: La Esfera de los Libros. 2023. pps. 153/157.

[2] Figes, Orlando. Los Europeos Tres Vidas y el Nacimiento de la Cultura Europea. 6ed. Barcelona: Taurus. 2022. pp. 39

[3] Ibid pp. 75

[4] Carreras, Luis. Los Malos Novelistas. Barcelona: imprenta de Celestino Verdaguer. 1867

[5] citado en Figes, op. cit., pp. 89.

Ver también

El arte del capitalismo. (Albert Esplugas).

El mercado a favor de la cultura. (Albert Esplugas).

Por el anarquismo artístico. (Alberto Illán Oviedo).

Capitalismo y cultura. ¿Una historia de desamor? (Ignasi Boltó).

El lenguaje económico (XXXII): el free rider

La literatura económica define al free-rider como «polizón», «parásito», «oportunista», «gorrón», etc. Hoy analizaremos todos estos términos —normalmente acusatorios— para demostrar que el comportamiento del free-rider es impecable desde las ópticas económica, jurídica y ética.

Externalidades

En ocasiones, el productor de un bien anticipa que ciertas personas —los free-riders— pueden consumirlo sin pagarlo. Según Mises (2011: 777) caben dos posibilidades:

1. El interesado estima tan grande su ganancia personal que está dispuesto a soportar íntegramente los costes.

2. El coste resulta tan elevado que ninguno de los potenciales beneficiarios está dispuesto a soportarlo íntegramente por separado y la obra únicamente puede ejecutarse si un número suficiente de personas aúna sus esfuerzos.

“Polizón” y “parásito”

Llamar al free-rider «polizón» es incorrecto. El polizón embarca, clandestinamente, ilegalmente, en un medio de transporte. Para viajar «gratis», debe previamente invadir una propiedad privada, sin autorización del propietario. El free-rider, por el contrario, es un beneficiario no intencional: no invade la propiedad privada y no viola la ley. Solamente se aprovecha de una circunstancia sobrevenida sobre la que no tiene control. La conducta del free-rider, en definitiva, es jurídicamente correcta, pues no viola derecho alguno, en particular: la propiedad del productor o la de terceros que pagan.

Un parásito es un organismo que vive sobre otro organismo —huésped— o en su interior y del que se alimenta. Desde un punto de vista biológico, un parásito (al igual que un depredador) no es mejor ni peor que su huésped. En el ámbito humano, en cambio, la metáfora «parásito» introduce un juicio moral condenatorio. El parásito biológico vive a expensas de su huésped depauperándolo, enfermándolo e incluso matándolo; es decir, el parásito invade a su huésped perjudicándolo.

En cambio, el consumo del free-rider no se produce en detrimento de terceros que pagan. Cabalmente, solo podemos decir que A parasita a B cuando, de forma invasiva, el primero vive a expensas del segundo; ello implica un vínculo hegemónico, de fuerza entre A y B. Esta circunstancia no se da en el free-rider, en cambio, se produce cotidianamente cuando políticos, funcionarios y otros consumidores netos de impuestos viven a expensas de los productores del sector privado.

“Gorrón” y “oportunista”

Tal vez, «gorrón» sea la definición más aproximada al free-rider, pero un «aprovechado», en su caso, no invade, no ataca, ni sustrae la propiedad privada de terceros. El gorrón, eventualmente, puede tener un comportamiento egoísta y antisocial, pero no viola ninguna ley ni comete crimen alguno.

¿Es malo ser un oportunista? Una oportunidad es una situación que, debidamente identificada[1] y gestionada, proporciona al agente un gran beneficio en relación con el coste soportado. El oportunismo es propio de la función empresarial, pero también de la acción humana misma. Disfrutar los beneficios de una situación preexistente o sobrevenida no solo forma parte de la racionalidad económica, sino que es una causa no intencionada del progreso humano: «Heredamos de nuestros antepasados no solo bienes y productos diversos, de los que derivamos riquezas materiales, sino también ideas y pensamientos, teorías y técnicas, a las que nuestra inteligencia debe su fecundidad» (Mises, 2011: 214).

El mito de la «deseabilidad social»

Un grave error de la teoría de los bienes públicos es colectivizar el valor, ya que este es subjetivo. Solo el individuo puede saber si una determinada externalidad le beneficia o perjudica. Por ejemplo, conspicuos economistas afirman que los fuegos artificiales constituyen una externalidad positiva que debe sufragarse mediante la coacción fiscal, de otro modo, la cantidad producida sería menor a la «deseable socialmente»; pero sólo los individuos tienen deseos.

Los pirómanos seguramente desearían quemar más pólvora, mientras que otros sufren el ruido de las explosiones y desearían su prohibición. ¿Cuál es el estándar para determinar que la cantidad producida de un determinado bien sea «excesiva» o «insuficiente»? ¿Es posible conocer los deseos de todos los individuos? Y aún dándolos por sabidos, ¿es posible sumarlos y restarlos? Solo el libre mercado, mediante el sistema de precios, puede producir las cantidades y calidades de bienes que los consumidores demandan.

¿Debe el free-rider pagar por la externalidad?

En el supuesto de existir una externalidad positiva, el beneficio del free-rider no procede de una relación contractual, explícita o tácita, que obligue al pago de la utilidad recibida. Como dice Block (1983: 9): «Ciertamente, él no ha demandado esos beneficios y, en ningún caso, puede alegarse que los haya contratado».

Bibliografía

Block, W. (1983): «Public Goods and Externalities: The Case of Roads». Journal of Libertarian Studies, vol. VII, n.o 1, primavera, pp. 1-34.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.


[1] Las oportunidades no se crean, tal y como dice la publicidad del BBVA. Las oportunidades son preexistentes y solo pueden ser descubiertas.

Ver también

El paraíso de los free riders. (María Blanco).

El free rider y sus secuelas. (Joaquín Santiago).

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXXI) La eficiencia

(XXX) Los fallos del mercado

(XXIX) Gasolineras

(XXVIII) Dad al César lo que es del César

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

Una perspectiva libertaria sobre el movimiento de derechos de los homosexuales

Walter Block. Este artículo ha sido publicado originalmente por FEE.

Uno de los puntos álgidos de la historia de la comunidad gay, desde el punto de vista libertario, fue su lucha contra la policía en Nueva York en 1969. Fueron los disturbios de Stonewall, y los homosexuales y sus partidarios tenían toda la razón.

Hasta ese momento, la policía hacía redadas en bares, pubs, casas de baños, etc., frecuentados por homosexuales. Lo hacían impunemente, sin apenas oposición por parte de los homosexuales ni de nadie. Pero en esta ocasión, se encontraron con una feroz resistencia y la relación entre estos dos grupos de jóvenes nunca volvió a ser la misma. (Sí, aparte de las preferencias sexuales, no había tanta diferencia entre los dos; ambos eran hombres jóvenes, por ejemplo).

Un amor ilegal

¿Por qué la policía hacía continuas redadas en los establecimientos frecuentados por este grupo de personas? Porque era ilegal que adultos del mismo sexo mantuvieran relaciones sexuales consentidas entre sí. Estos lugares eran utilizados por los miembros de esta comunidad para reunirse entre sí para, entre otros fines, mantener dichas relaciones ilegales. Esto suena terriblemente anticuado para el oído moderno, pero en algunos países musulmanes y africanos ese comportamiento sigue siendo ilegal, y a menudo se castiga severamente.

La perspectiva libertaria es clara como el agua en esta cuestión. Ningún comportamiento adulto consentido, sea cual sea, debería estar prohibido por la ley. Los gays de Stonewall estaban en todo su derecho y la policía, a pesar de la ley, estaba totalmente equivocada. (Los juicios de Nuremberg establecieron la justificación de la ley ex post facto; sólo porque una promulgación estuviera en los libros no la hace necesariamente justificada).

Uno podría pensar, entonces, que los homosexuales, al menos un gran porcentaje de ellos, serían libertarios. Lo eran entonces, en 1969, o al menos actuaban de forma compatible con esta filosofía. Por desgracia, si alguna vez fue así, hoy en día dista mucho de serlo. De defender su derecho a asociarse libremente para fines mutuamente aceptables, en la era moderna han pasado a violar los derechos de otras personas.

¿Derecho para mí, pero no para ti?

Por ejemplo, muchos homosexuales insisten ahora en que los demás tienen la obligación legal no sólo de abstenerse de violar sus derechos, impidiendo sus asociaciones, sino de cooperar activamente con ellos en la promoción de sus estilos de vida. Así, ahora están dispuestos a coaccionar a panaderos, floristas y fotógrafos para que cooperen con ellos en la promoción de sus matrimonios entre sí. Los homosexuales han presentado demandas ante los tribunales con el propósito de obligar a otros (en su mayoría cristianos devotos) a violar sus propios principios.

¿Actúan estos homosexuales de forma compatible con el libertarismo al hacerlo? Por supuesto que no. En efecto, están pidiendo al gobierno que utilice la violencia del tipo que se empleó contra ellos en Stonewall, y durante muchas décadas antes, contra sus víctimas actuales. Entonces tenían razón al oponerse al trato que se les daba, pero ahora se equivocan al instigar violaciones de derechos similares contra quienes ahora se niegan a cooperar con ellos.

Los homosexuales tienen todo el derecho a participar en su comportamiento adulto consentido, pero ningún derecho a obligar a otros, que se oponen a estas prácticas suyas, a cooperar con ellos. La libre asociación es una calle de doble sentido. Sí, a los homosexuales se les debe permitir disfrutar de los beneficios de la libre asociación, pero se les debe impedir que nieguen esos mismos derechos a los cristianos.

Movimiento gay antiliberal

¿Son sensatos los homosexuales al adoptar un comportamiento tan antilibertario? Es difícil ver cómo podrían serlo. Representan menos del 10% de la población total. Los que se oponen amargamente a su comportamiento siguen siendo muy numerosos.

Una cosa es que una mayoría poderosa se meta con una pequeña minoría débil y viole sus derechos. Desgraciadamente, con demasiada frecuencia se salen con la suya. Otra muy distinta es que un pequeño grupo, despreciado por muchos, meta el dedo en el ojo a personas que les superan ampliamente en número. ¿Están los homosexuales tomando una sobredosis de la película El ratón que rugía? Se trata de una película en la que el gran Peter Sellers interpretó prácticamente todos los papeles. En la película, un pequeño país ficticio (pensemos en Mónaco o Liechtenstein) conquistaba al poderoso ejército de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial.

Volver a Stonewall

Este tipo de cosas pueden ocurrir en la realidad. David, después de todo, a veces conquista a Goliat. Pero, a la larga, se trata de la excepción que confirma la regla. Los homosexuales, si consultaran sus propios intereses a largo plazo, por no hablar de la justicia del asunto, dejarían inmediatamente de conseguir que el gobierno violara los derechos de personas mucho más numerosas que ellos. En primer lugar, un gran número de personas desprecian el comportamiento gay, y este continuo acoso no inducirá probablemente ningún cambio positivo en sus valoraciones.

Estas víctimas de la comunidad gay actual también son humanos. Crecerán resentidas por este maltrato. Es muy probable que los actos homosexuales de este tipo más moderno se vuelvan en su contra. Harían bien en limitarse a su anterior comportamiento heroico y libertario de 1969.

Post scriptum. Acabo de ver la película The Imitation Game, en la que aparece Alan Turing y su máquina (uno de los primeros ordenadores). Probablemente hizo más por Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial que nadie, incluidos Winston Churchill y todos los generales y almirantes juntos. Sin embargo, la forma en que el gobierno del Reino Unido trató a este homosexual, y a muchos otros de esta categoría también, fue peor que despreciable.

Ver también

El capitalismo es gay-friendly. (Adolfo Lozano).

La libertad sexual es una genuina causa liberal. (Adolfo Lozano).

La doctrina Milei

Patrick Carroll. Este artículo ha sido publicado originalmente por FEE.

El 13 de septiembre de 1970, el New York Times publicó un artículo de Milton Friedman que se convertiría en uno de los más famosos -y controvertidos- de toda la economía. El artículo se titulaba “La doctrina Friedman: la responsabilidad social de las empresas es aumentar sus beneficios”.

Según la ahora famosa doctrina Friedman, la única misión de una empresa es generar beneficios para sus accionistas. No tiene otras “responsabilidades sociales”, como ocuparse de los pobres o proteger el medio ambiente. “Los empresarios que hablan así son marionetas involuntarias de las fuerzas intelectuales que han estado socavando las bases de una sociedad libre en las últimas décadas”, escribió Friedman.

La doctrina Friedman

El quid del argumento de Friedman es que quien paga debe elegir la melodía. Si los accionistas son los dueños de la empresa, deben decidir cómo funciona, y si sólo les interesan los beneficios (ya sea por avaricia o porque quieren gastar el dinero en causas que les importan personalmente), entonces todo lo que haga la empresa debe estar orientado a obtener el máximo beneficio posible. En resumen, la primacía del accionista debería ser la norma.

En un sistema de libre empresa y propiedad privada, un ejecutivo es un empleado de los propietarios de la empresa. Tiene una responsabilidad directa ante sus empleadores. Esa responsabilidad consiste en dirigir la empresa de acuerdo con sus deseos, que generalmente serán ganar tanto dinero como sea posible, ajustándose al mismo tiempo a las normas básicas de la sociedad, tanto las plasmadas en la ley como las plasmadas en las costumbres éticas. En cualquier caso, el punto clave es que, en su calidad de ejecutivo corporativo, el directivo es el agente de los individuos que poseen la corporación… y su principal responsabilidad es hacia ellos.

Milton Friedman. La doctrina Friedman.

La libertad de accionistas, clientes y empleados

Para estar seguros, Friedman no está diciendo que no debamos preocuparnos por los pobres o el medio ambiente – una mala interpretación común de la doctrina Friedman. Lo que quiere decir es que no corresponde a un ejecutivo gastar el dinero de otros en causas que él considera importantes. “Los accionistas, los clientes o los empleados podrían gastar por separado su propio dinero en una acción concreta si así lo desearan”, señala Friedman.

Friedman concluye el artículo con una cita de su libro Capitalismo y libertad.

Hay una y sólo una responsabilidad social de las empresas: utilizar sus recursos y participar en actividades diseñadas para aumentar sus beneficios siempre que se mantengan dentro de las reglas del juego, es decir, que participen en una competencia abierta y libre sin engaños ni fraudes.

Milton Friedman. Capitalismo y libertad.

La alternativa: El capitalismo de los concernidos

Más de 50 años después, la doctrina Friedman sigue siendo un principio rector para muchos en la comunidad empresarial. Pero no todo el mundo está de acuerdo con la idea.

Los defensores de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), ahora conocida como políticas Medioambientales, Sociales y de Gobernanza (ESG), se han opuesto durante mucho tiempo a la primacía de los accionistas, argumentando que otras partes, como los trabajadores, los clientes y el gobierno, también deberían tener un sitio en la mesa a la hora de determinar cómo se dirigen las empresas y en qué invierten. La insistencia en tener en cuenta a estas y otras “partes interesadas” ha dado lugar al nombre de capitalismo de las partes interesadas para describir esta perspectiva.

“En los años 50 y 60 era bastante natural que una empresa y su Director General tuvieran en cuenta no sólo a los accionistas, sino a todos los que tienen un “interés” en el éxito de una empresa”, escribieron Klaus Schwab y Peter Vanham en un artículo de 2021 para el Foro Económico Mundial (FEM).

Ese es el núcleo del capitalismo de las partes interesadas: es una forma de capitalismo en la que las empresas no sólo optimizan los beneficios a corto plazo para los accionistas, sino que buscan la creación de valor a largo plazo, teniendo en cuenta las necesidades de todas sus partes interesadas, y de la sociedad en general.

Klaus Schwab y Peter Vanham. El capitalismo de las partes interesadas.

Klaus Schwab y Peter Vanham

A continuación contrastan explícitamente el capitalismo de las partes interesadas con la doctrina Friedman.

El capitalismo de las partes interesadas se convirtió en la norma en Occidente a medida que las empresas se globalizaban, aflojando sus lazos con las comunidades locales y los gobiernos nacionales, y centrándose en su lugar en maximizar los beneficios a corto plazo para los accionistas en mercados globales competitivos (…). El modelo [de las partes interesadas] es sencillo, pero revela de inmediato por qué la primacía de los accionistas y el capitalismo de Estado conducen a resultados subóptimos: Se centran en los objetivos más granulares y exclusivos de los beneficios o la prosperidad de una empresa o un país en particular, en lugar del bienestar de todas las personas y del planeta en su conjunto.

Klaus Schwab y Peter Vanham. El capitalismo de las partes interesadas.

“Las personas por encima de los beneficios”

El espacio no permite una discusión completa de los errores y tergiversaciones que implica este punto de vista de “las personas por encima de los beneficios”. Baste decir que los capitalistas del libre mercado rechazan rotundamente la acusación de pensamiento “granular” y “a corto plazo”, y nosotros argumentaríamos que el “bienestar de todas las personas y del planeta en su conjunto” se consigue mejor con un enfoque de laissez-faire y primacía del accionista.

Estas son las líneas de batalla tradicionales: los capitalistas del libre mercado, por un lado, que defienden la doctrina Friedman de la primacía del accionista como la clave de la libertad y la prosperidad, y los capitalistas de las partes interesadas del FEM, por otro, que sostienen que la prosperidad (la libertad brilla por su ausencia) se logra mejor con un enfoque basado en las partes interesadas.

La addenda de Javier Milei

En su reciente entrevista con Tucker Carlson, el candidato presidencial argentino Javier Milei hizo referencia a Milton Friedman y añadió su propio giro a las ideas de Friedman.

Tucker Carlson: Argentina es ahora un país pobre debido a esas políticas [socialistas]. ¿Qué consejo daría a los estadounidenses que lo han vivido?

Javier Milei: Nunca abracen los ideales del socialismo. Nunca se dejen seducir por el canto de sirena de la justicia social… Al mismo tiempo, tenemos que concienciar al sector empresarial de que las masas son necesarias-Milton Friedman solía decir que el papel social de un empresario es hacer dinero. Pero eso no basta. Parte de su inversión debe incluir invertir en quienes defienden los ideales de libertad, para que los socialistas no puedan avanzar más. Y si no lo hacen, ellos [los socialistas] entrarán en el Estado, y utilizarán el Estado para imponer una agenda a largo plazo que destruirá todo lo que toque. Así que necesitamos un compromiso de todos los que crean riqueza, para luchar contra el socialismo, para luchar contra el estatismo, y para entender que si no lo hacen, los socialistas seguirán viniendo.

Milei frente a Friedman

La idea de que los empresarios tienen el deber, no sólo de obtener beneficios, sino de invertir en las personas y organizaciones que promueven la libertad tiene mucho sentido. Esta “doctrina Milei”, como podríamos llamarla, pone de relieve la realidad de que persuadir a las masas para que crean en la libertad es una parte crucial para que todo el mundo esté mejor. El empresario que se limita a perseguir beneficios pero no se preocupa de salvaguardar el propio sistema de pérdidas y ganancias pronto se verá rodeado de socialistas y estatistas. Y cuando llegue ese día, todos los beneficios del mundo no podrán salvarlo de la tiranía de la mayoría.

¿La doctrina Milei entra en conflicto con la doctrina Friedman? No lo creo. Más bien, es mejor considerarla como un apéndice de la doctrina Friedman. He aquí por qué. La etiqueta “doctrina Friedman” se utiliza a veces con cierta ligereza, por lo que es importante aclarar exactamente lo que se está diciendo. En su artículo de 1970, Friedman argumentaba que las empresas deberían gestionarse para satisfacer los deseos de los accionistas por encima de todo lo demás. Considero esto como la doctrina Friedman propiamente dicha. Friedman también es conocido por la idea de que los empresarios deben perseguir los beneficios por encima de todo, pero esto es técnicamente un punto aparte. Y es este punto el que Milei rechaza.

La responsabilidad de los accionistas

Milei no está diciendo que los agentes deshonestos deban utilizar los fondos empresariales en contra de los deseos de sus dueños. Más bien, está diciendo que los jefes, los accionistas, no deben centrarse únicamente en obtener beneficios, por muy beneficioso que sea. También deben invertir parte de su dinero en personas y organizaciones que defiendan la causa de la libertad. Milei está diciendo efectivamente, “sí, las empresas deben ser dirigidas bajo un modelo de primacía del accionista. Pero también, los propietarios de empresas deberían utilizar parte de sus beneficios para financiar la defensa del libre mercado”.

La idea de que los capitalistas deben invertir en la defensa del libre mercado es perfectamente compatible con la doctrina Friedman propiamente dicha, tal como se expone en el artículo de 1970. A lo que Milei se opone en Friedman es a la discusión, relacionada pero distinta, de qué es lo que los empresarios y los accionistas deberían valorar si quieren ayudar a la sociedad: sólo los beneficios, como a menudo se interpreta que dice Friedman, o los beneficios más la defensa del libre mercado, como sostiene Milei.

Un llamamiento a los empresarios

Lo único que yo añadiría al argumento de Milei es que, aunque un empresario no quiera dedicar ningún recurso a la causa de la libertad, debería al menos prestar su voz a esta causa. Sería increíblemente poderoso que la mayoría de los empresarios del país defendieran audazmente el capitalismo de libre mercado como la clave de la libertad y la prosperidad.

Pero la mayoría no lo hace, y esto es un problema grave. De hecho, los librecambistas llevan mucho tiempo lamentando que sus supuestos aliados, los empresarios y emprendedores, guarden un llamativo silencio sobre economía o, peor aún, se unan activamente al clamor por favores y protecciones gubernamentales.

Ya es hora de que esto termine. Los empresarios saben de primera mano lo restrictiva que puede ser la intervención del Estado. Viven en un mundo de burocracia, de licencias, permisos, códigos, reglamentos y estatutos. Como tales, están perfectamente situados para enseñar a sus amigos, familiares y a la población en general hasta qué punto el Estado ahoga la innovación y el progreso.

Así que es hora de que defiendan el sistema de libre empresa, con su voz y preferiblemente con sus finanzas. Es hora de que los líderes del mundo empresarial defiendan con franqueza y coherencia los principios de una sociedad libre. Es hora de adoptar la doctrina Milei.

Ver también

Responsables. (Alberto Illán Oviedo).

Get woke, go broke? (James E. Hartley).

La (I)responsabilidad social corporativa. (Adrián Navarro Rocha).

Filosofía de la economía

La economía siempre se encuentra atravesada por la política, no es meramente una ciencia aséptica. Para entender mejor esta afirmación, podemos pensar en cómo verán la economía un liberal, un ecologista y un comunitarista. El primero primará el crecimiento económico sin barreras fruto del libre mercado e intercambio, y verá que la economía va bien cuando se refleje dicho crecimiento.

El papel de la economía

El ecologista se llevará las manos a la cabeza ante tal propuesta, y verá con mejores ojos una economía decrecentista, que respete el medio ambiente. Un pequeño pueblo en la costa italiana, que solo quiere seguir viviendo y manteniendo su comunidad política, a lo mejor está interesado en no permitir un libre mercado de turismo o de compraventa de viviendas, para no alterar el estilo de vida que tienen. Prima más sus relaciones sociales sobre un crecimiento económico cuantificable o unas regulaciones medioambientales que les son innecesarias.

Con estos breves ejemplos se puede ver cómo en función de la cosmovisión que tengamos así abordaremos las cuestiones económicas. La ciencia económica no puede emitir juicios desde su campo sobre qué dirección se debe tomar. Debe dar las herramientas para que esas decisiones alcancen sus objetivos. Por eso requiere de un saber reflexivo que acote su campo una vez lo haya explorado, poniéndolo en relación con los demás saberes del momento. Y ese es el papel de la filosofía.

El papel de la filosofía

La filosofía es un saber de segundo orden, requiere previamente que los campos técnicos y científicos alcancen cierto nivel de desarrollo para poder hacer los análisis propios de la disciplina. Así, Platón tenía en el frontispicio de la Academia inscrito que “No entre nadie que no sepa geometría”. Dejaba claro que para poder filosofar previamente había que conocer algo sobre lo que reflexionar. La filosofía no es la madre de las ciencias, sino que bebe de la confrontación entre los distintos saberes (técnicos, científicos, sociales, políticos) para poder ordenar y clasificar sus ideas. Para desarrollar mapamundis o cosmovisiones actualizados al saber de su época.

Así entendida, no sería un saber doxográfico sobre textos de filósofos, ni un mero amor al saber, sino una disciplina orientada a los saberes de su tiempo para ordenarlos acorde a una cosmovisión. La tarea de la filosofía, de ese modo, no terminaría nunca, porque necesitaría estar constantemente actualizándose basándose en las nuevas tecnologías, saberes y acontecimientos. Es por ello por lo que hay hueco para una Filosofía de Bitcoin o una Filosofía de la inteligencia artificial. Y sí, los filósofos tienen algo que decir en esas materias.

Filosofía espontánea de los científicos

Esta reivindicación de la filosofía se hace especialmente importante en los campos científicos, donde predomina cierta visión reflejada en estas palabras de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow: «la filosofía ha muerto. La filosofía no se ha mantenido al corriente de los desarrollos modernos de la ciencia, en particular de la física. [Por lo que] los científicos se han convertido en los portadores de la antorcha del descubrimiento en nuestra búsqueda del conocimiento»[1]. Al no entender cuál es el papel de la filosofía en el conjunto del saber, muchos científicos se aventuran a tratar de temas que corresponden a la filosofía tratando de mantener la autoridad que tienen en tanto que científicos. Es la conocida filosofía espontánea de los científicos.

Esto da lugar a que la ciencia se vuelva relato, porque como la academia filosófica se ha olvidado de los saberes de su tiempo para centrarse en la interpretación de textos, son los propios científicos los que construyen esos relatos sobre la realidad cuando solo tienen conocimiento sobre una parcela de la misma.

Sucedáneo de filosofía

La economía también tiene ese sesgo. Por ello siempre me ha parecido que en el pensamiento sobre la economía hacen falta más filósofos. Parece difícil comprender la necesidad de esta afirmación, al fin y al cabo, el filósofo que más ha tratado temas económicos fue Marx, un hombre que dejó una serie de aportaciones brillantes. Recordamos entre ellas que la Economía siempre es Economía política. Y dejó una influencia tan terrible en el mundo que cualquiera se atreve a decir que los filósofos se tienen que dedicar a hacer una Filosofía de la economía después del siglo XX.

Sin embargo, la Economía como disciplina adolece de reflexiones sobre los análisis que realiza en su campo. Normalmente, estas reflexiones sobre los análisis son realizados por los propios economistas, que rara vez tienen formación en campos como la política y la filosofía. En ocasiones tienen alguna formación jurídica, pero por lo general tratan de aplicar las conclusiones de sus análisis a las sociedades políticas. Y eso es algo que excede su campo. Por ello, cuando rebasan el plano meramente económico, hacen filosofía sin saberlo. Un sucedáneo en el que dan su cosmovisión del mundo sobre la base de las conclusiones de los análisis de su campo.

La Escuela Austríaca

Una protofilosofía de la economía es la Escuela austríaca de economía. Esta corriente ve claramente que las implicaciones sociales y políticas de la economía son de extraordinaria importancia. Una importancia muy superior a la que tiene saber hacer modelos matemáticos tratando de predecir y maximizar beneficios. Sin embargo, en múltiples ocasiones cae en esta filosofía espontánea de los economistas.

Hay un hueco claro para desarrollar una disciplina que se encargue de encontrar el papel de la economía en el conjunto del saber y del hacer —siguiendo la estela de la Escuela austríaca— y los elementos para su desarrollo ya están maduros. Recogiendo el guante de Jesús Huerta de Soto, esta tarea podría ser un paso clave a la hora de consolidar la Escuela de Madrid.


[1] Hawking, Stephen y Mlodinow, Leonard, (2010) El Gran Diseño, Ed. Crítica, Barcelona, pág. 11.ç

La banca Simons y la estabilidad monetaria y económica

El ámbito monetario ha sido uno de los focos de las propuestas económicas de Javier Milei, candidato a la presidencia de Argentina. Y esto no es de extrañar, considerando la inflación que ha sufrido el país durante los últimos años. La dolarización es sin duda la propuesta estrella en este ámbito, es decir, sustituir el Banco Central de Argentina por la Reserva Federal. Pero Milei no se restringe únicamente a esta propuesta en materia monetaria, también propugna el modelo de banca abogado por Henry Simons. Bajo este modelo, los bancos se dividirían en dos departamentos: el de depósitos, donde estos estarían respaldados al 100% por los saldos de tesorería; y el de inversión, en el que el banco se dedicaría a realizar inversiones no financiadas por depósitos a la vista, sino por lo que en este artículo denominaremos “instrumentos de inversión a plazo”. Veámoslo en forma de balance:

Ejemplo hipotético de banca Simons

Para Simons este era un paso fundamental para conseguir una good financial society (Henry Simons, 1951, p. 243), tal y como él la denominó. Para tal fin, su reforma financiera pretendía simplificar los esquemas de crédito dentro de la economía (Friedman, 1967, p. 2), evitando los efectos catastróficos que tenía la expansión y contracción del crédito a lo largo del ciclo económico (Simons, 1951, p.243). Según Simons, esta flexibilidad se agravaba en un esquema donde los bancos privados crean la mayor parte de la oferta monetaria día a día (Friedman, 1967, p. 5), derivando en un descalce de plazos –y riesgo– que conduce a un esquema financiero inestable –lo cual nos recuerda a aquella transición de finanzas robustas a especulativas que Minsky señalaba (Mehrling, 1999). Simons, en definitiva, estaba en contra de crear sustitutos monetarios –pasivos a la vista pagaderos en un activo real o financiero–, y, por consiguiente, de la banca con reserva fraccionaria.

En primer lugar, es el banco central, y no los bancos privados, los causantes de que los bancos descalcen plazos constantemente. Cuando un banco comercial se ve falto de liquidez y ya no puede acudir a los mercados interbancarios (como los Repurchase Market Agreements o el Fed Funds Market), entonces se dirige a la ventana de descuento del banco central y obtiene liquidez a cambio. Sea como fuere, no es negativo que en tales circunstancias los bancos cooperen entre ellos para evitar el pánico bancario. Lo realmente nocivo es que los bancos puedan acceder de forma cuasi ilimitada a liquidez, perpetuando esa descoordinación temporal entre los pasivos y los activos de los bancos. Esta situación se agrava aun más cuando los bancos centrales pueden emitir sus pasivos sin restricción alguna, es decir, bajo el patrón monetario fiat.

En un sistema de patrón oro, este actúa como una restricción a la sobreemisión de medios fiduciarios: cuando los bancos ven reducidas sus reservas de oro, reducen el crédito y, en caso contrario, lo amplían. Desde que se suspendió la convertibilidad en este activo real, el banco central ya no tiene limitación alguna para crear reservas que puedan proveer de liquidez a bancos que se endeudan a corto plazo y prestan a largo. En definitiva, los bancos privados actúan bajo unos incentivos perversos que introducen los bancos centrales, pues, bajo libre competencia, cualquier banco que ejecutara tal estrategia se vería abocado a la quiebra.

La banca con reserva fraccionaria permite financiar proyectos empresariales que de otra manera no verían la luz, pero el perfil temporal del ahorro y de la inversión han de estar coordinados. Que en la actualidad esto suceda no implica que la reserva fraccionaria conduzca indefectiblemente al ciclo económico tal y como lo entiende la Escuela Austriaca. La expansión crediticia no es negativa, sino un fenómeno natural en economías con un desarrollo económico creciente. Más bien, la emergencia de descoordinaciones ocurre cuando se financian inversiones a largo plazo con la emisión de pasivos corrientes. En forma de balance:

Otro problema inherente al modelo de banca de Henry Simons es el de la estabilidad de precios, lo cual él ya contempló al afirmar que la debilidad de una oferta monetaria fija es que pueda haber fluctuaciones en la velocidad. Observémoslo en la ecuación cuantitativa del dinero, donde M representa la masa monetaria, V la velocidad de esta, P el nivel de precios y Q la cantidad de bienes producidos en la economía, todo ello en forma de variaciones:

Dado que la velocidad es la inversa de la demanda, tanto fiscal como no fiscal (Rallo, 2017):

Lo que preocupaba a Simons era cambios en la velocidad –y en la demanda– de dinero que generasen distorsiones en el nivel general de precios –que debía ser la guía de la política monetaria del banco central (Simons, 1951, p. 174). Veamos la ecuación cuantitativa del dinero ya en función de la demanda:

 No obstante, incluso si presumiéramos que la demanda de dinero (k) es constante, resulta difícil pensar que 1) la oferta monetaria pudiera ajustarse de forma centralizada –es decir, a través de las decisiones del banco central– a todas las demás variables; 2) se pudiera emitir crédito suficiente como para atender a los agentes con necesidad de financiación mediante depósitos a plazo u otros instrumentos; y 3) que el patrón monetario resultante fuera estable en términos del índice general de precios. Esto es, porque no todos son flexibles a cambios en el gasto nominal (oferta monetaria), ni lo son en la misma medida. En este sentido, habrá algunos precios que se ajustarán antes que otros, siendo el resultado una modificación de la estructura de precios, no en función de las preferencias subjetivas de los agentes, sino como consecuencia de desequilibrios monetarios (Rallo, 2019).

Con todo, asumiendo lo expuesto, no es cierto que los medios fiduciarios respaldados al cien por cien por saldos de tesorería pudieran circular óptimamente por la economía. Evidentemente, si los bancos no emplean parte de su financiación captada mediante los depósitos a la vista en inversiones a corto plazo –evitando entonces el descalce de plazos–, tendrán que obtener sus beneficios de algún otro modo. Lo lógico sería aplicar una comisión al depositante, pero ¿a quién se le cobra la comisión si estos medios fiduciarios están circulando como medio de intercambio en la economía?, y, además ¿cuál sería el coste de soportar tal sistema? Si este fuera, por ejemplo, el 2% del Producto Interior Bruto al año, al cabo de 15 años la producción habría caído un 26% con respecto a su nivel inicial.

En conclusión, la banca Simons es un modelo disfuncional que no conseguiría adecuarse a las características básicas de un patrón monetario estable, donde la oferta monetaria ha de ajustarse a la demanda –por mucho que haya austriacos que defiendan que toda cantidad de dinero es óptima– y donde el crédito es imprescindible tanto para esto como para que se canalice ahorro real en forma de pasivos a la vista –a la postre, medios fiduciarios. Además, todo este modelo de banca parte de un supuesto erróneo: que la reserva fraccionaria es la causante última de la expansión crediticia que genera distorsiones en la economía real, induciendo el ciclo económico. Como bien hemos señalado, tal y como asegura la teoría cualitativa del dinero, lo que nos debe preocupar es el descalce de plazos y el deterioro de la liquidez de los activos financieros (Rallo, 2019).

Referencias

Friedman, Milton (1967). The Monetary Theory and Policy of Henry Simons. The Journal of Law and Economics.

Mehrling, Perry (1999). The vision of Hyman P. Minsky. Journal of Economic Behavior & Organization.

Rallo, Juan Ramón:

 

    • Contra la Teoría Monetaria Moderna (2017). Ediciones Deusto.

    • Una Crítica a la Teoría Monetaria de Mises (2019). Unión Editorial.

Simons, Henry (1951). Economic Policy for a Free Society. University of Chicago Press.