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El señuelo del mercado único europeo

¿A quién no le resulta atractiva la idea de un mercado único europeo? El concepto suena estupendamente tanto para empresarios como para consumidores. Para los primeros, la boca se hace agua al pensar en 300 millones de posibles compradores con un poder adquisitivo bastante razonable. Los segundos pueden soñar con obtener sus productos y servicios de empresas de todos los países europeos (como mínimo), compitiendo denodadamente para servirles mejor.

La idea no solo lo parece, es buena. Y eso fue lo que movió en los años 50 a la creación de la CECA, origen de la actual Unión Europea, con la que se abrían mutuamente los mercados de carbón y acero los países fundadores, a la sazón Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Se creaba así un mercado único europeo para el carbón y el acero en esos seis países.

Eliminar las barreras

Hay consenso entre los economistas en que la eliminación de barreras legales para la competencia es muy buena para la sociedad, y la creación de este mercado único europeo consistía básicamente en eliminar las barreras que creaban los países firmantes mediante sus aranceles y aduanas. Los fundadores de la CECA tenían presentes sin duda estos conocimientos económicos, aunque seguramente sus objetivos fueran más allá y anticiparan que esta liberalización mutua de los mercados también supondría una robusta base para la pacificación del Viejo Continente, sumido en constantes guerras desde la Pax Romana. ¿No era Mises quien decía aquello de que si no pasa el pan pasarán los tanques? Pues eso, a dejar “pasar el pan”, empezando por el carbón y el acero.

La idea fue tan buena, tan buena, que se fueron uniendo a la misma otros países, hasta llegar en la actualidad a 27 los que tratan de alcanzar ese mercado único (aunque llegaron a ser 28 antes de que Reino Unido se replanteara su pertenencia), que ya no se limita al carbón y al acero, sino que se extiende a un sinfín de productos y servicios. Se trata de un mercado único europeo construido sobre principios de libertad: libre circulación de trabajadores, de productos, de capitales. Un mercado único construido sobre la libertad.

Una buena idea… en manos de burócratas

Pero como siempre suele pasar con las ideas que quedan en manos de Estados y funcionarios, el concepto de mercado único europeo en algún momento empezó a corromperse. Y es que a los Estados siempre les da alergia la libertad, aunque sean Estados supranacionales, como es el caso de la Comisión Europea y demás instituciones de la Unión.

Fue el momento en que los funcionarios de la Comisión Europea se dieron cuenta de que esgrimiendo la bandera del “mercado único”, podrían arrebatar competencias a los Estados Miembros que componen la Unión. En el fondo, era lo que había hecho la CECA, despojar de competencias aduaneras a los firmantes del tratado, reducir en suma su poder, lo que es siempre positivo para el mercado y por ende para la sociedad civil.

La clave era que la CECA no quitaba esas competencias a los Estados para quedárselas ella, por lo que el balance social era positivo: el poder total del Estado oprimiendo al individuo europeo descendía al perder competencias, el Estado Miembro que no asumía la institución supraeuropea.

“Armonización” regulatoria

Desgraciadamente, ya no va de eso el mercado único. Ahora el mercado único europeo ha cedido ante la “armonización” regulatoria, y no es más que  una lucha por saber quién regulará el mercado europeo, si lo hará cada Estado Miembro por su cuenta, o lo hará la Comisión Europea para toda la Unión. Es el señuelo que presenta a los empresarios y consumidores la Comisión: apoyadnos para conseguir ese mercado único (perdón, armonizado) que tan suculentas ganancias nos ha dado. Pero lo que dice realmente es: dadme a mí el poder de regular el mercado en la toda la Unión Europea y quitádselo a los Estados Miembros.

Como se ve, esta situación es bastante distinta de la que proponía la CECA, puesto que el mercado “armonizado” no supone una reducción del poder padecido por el individuo. Lo que se produce es un cambio en la ubicación de dicho poder, que pasa de una instancia de ámbito geográfico limitado a una de mayor alcance. Sabemos, además, que ceteris paribus esto es en realidad peor para el individuo, ya que se le hace más difícil “votar con los pies”, esto es, moverse de jurisdicción si no le gusta la regulación que sufre en la suya.

No es necesario

Pero es que, además, el mercado “armonizado” por la regulación, necesariamente habrá de dar lugar a consecuencias muy diversas en cada Estado Miembro, puesto que las circunstancias y coyunturas en cada uno de ellos son muy diferentes. Por poner un ejemplo muy burdo, imaginemos que el Salario Mínimo estuviera “armonizado”. En aquellos países cuya estructura de capital permite una mayor productividad, quizá no tendría efectos, mientras que en aquellos de menor productividad, la subida del paro sería intolerable. Es por ello que no cabe esperar esta armonización, que no obstante parecería fundamental con el concepto de mercado único europeo que maneja la Comisión.

Ello nos revela también que la armonización de la regulación no puede ser el camino para conseguir un mercado único, como nos dice la Comisión que pretende. En realidad, la forma de conseguir el mercado único ya la implementaron los fundadores de la CECA, y consiste precisamente en eliminar barreras legales y regulaciones.

Que no nos confunda su señuelo: el verdadero mercado único, el único “mercado único” posible es el mercado sin intervención regulatoria. El mercado único que ellos pretenden es solo un mercado armonizado regulado centralizadamente por la Comisión Europea. Es ese “mercado único”, pero muy regulado, es el que está llevando a la Unión a la pobreza y la irrelevancia global en todos los sectores económicos.

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Un nuevo atentado contra el mercado único. (Gabriel Calzada).

Europa le da la espalda al libre comercio. (Robert Tyler).

¿Son los dólares de la Fed un pasivo? (II)

En un artículo anterior, escrito a raíz de un debate en Twitter entre JP Koning, George Selgin y otros economistas, hice una reflexión sobre si los dólares que emite la Fed (billetes y reservas) son un pasivo o no. Hoy voy a introducir algunos argumentos adicionales sobre la cuestión.

La postura de Selgin es que no son un pasivo porque no son redimibles por nada. Considero que esta opinión de Selgin se basa en una definición de pasivo demasiado restrictiva y que no coincide con la definición de pasivo generalmente aceptada. De alguna manera, George Selgin se atiene a una definición económica y no puramente técnica contable. Veamos, la definición técnica contable de la Fundación Internacional de Estándares de Información Financiera (IFRS) es la siguiente:

Un pasivo es una obligación presente de la entidad que surge de eventos pasados, cuya liquidación se espera que resulte en una salida de recursos que incorporan beneficios económicos para la entidad.

Qué es un pasivo

Según esta definición técnica, queda claro que no todos los pasivos tienen que ser redimibles para serlo.  Si yo poseo 100 dólares emitidos por la Fed y además debo 100 dólares a la Fed, puedo entregar esos 100 dólares para pagar mi deuda que resultará en una salida de su activo del derecho de cobro que tenía contra mí, y ese derecho de cobro es un recurso que incorpora beneficios económicos para la Fed, es un activo valioso.  Dicho en otras palabras, las obligaciones no son solo de dar (redimir), también pueden ser de hacer (compensar).

Nótese que aunque no todo el mundo puede tener deudas con la Fed, eso no quita que eventualmente cualquier dólar pueda llegar a manos de agentes que sí tengan deudas con la Fed y utilicen esos dólares para pagar esas deudas. Basta con que exista la posibilidad de que a la Fed le puedan presentar los dólares que emite para que deban considerarse pasivos. 

El crimen de 1971

Cuando el dólar era convertible pre 1971, los dólares no eran convertibles por oro ni para los ciudadanos ni para los bancos (solo para los Estados) y exceptuando algunas transacciones entre Estados, por lo general el sistema funcionaba por compensación y no por redención. Es decir, la compensación no es ninguna cosa extraña, ni tampoco es un mecanismo que se introdujera en 1971, sino que ya era el mecanismo generalizado desde muchísimo antes pues es mucho más práctico y eficiente que redimir.

En todo caso, aún se podría argumentar que la obligación de compensar al estar autorreferenciada al dólar y no existir un activo externo como el oro, es una obligación nominal, no una obligación real, porque la Fed tiene la capacidad de devaluar el valor real de estas unidades nominales, y además sin consecuencias jurídicas, de manera que no se trata de una obligación real.

Quisiera destacar que el hecho de que no existan consecuencias jurídicas es irrelevante. Tampoco hubo consecuencias jurídicas cuando se suspendió la convertibilidad del dólar en oro, y siempre fue una posibilidad real mientras el dólar fue convertible, tan real que acabó por materializarse.  Y no porque existiese esa posibilidad de suspender la convertibilidad sin consecuencias, tiene sentido decir que el dólar pre 1971 no era un pasivo.  Es decir, que la Fed tenga la capacidad para devaluar sus pasivos sin consecuencias jurídicas es independiente de que el dólar sea redimible o no.

Promesa de recompra

Lo importante son las consecuencias económicas. Es decir, que el mercado otorgue menos valor a los dólares por el comportamiento del emisor para con esos dólares.  Por ejemplo, que emita dólares para comprar activos de menor calidad o más volátiles.  No es lo mismo que la reserva Federal emita dólares para comprar oro o deuda de los Estados Unidos, que para comprar deuda argentina denominada en dólares.  

Cuando la Reserva Federal utiliza la contabilidad por partida doble y coloca los dólares en el pasivo y los bienes que compra los coloca en su activo, le está diciendo al mercado que reserva esos bienes para recomprar esos dólares que ha emitido. Al contabilizarlos de esta manera, los dólares que la Fed emite llevan implícita una promesa voluntaria de recompra.  

Si, además, los activos que compra la Fed son activos de deuda, y tenemos en cuenta que las leyes de curso legal en Estados Unidos obligan a los acreedores a aceptar dólares para liquidar deudas, entonces en ese caso se trata de una obligación legal y ya no solo un compromiso voluntario de recompra.

¿Sólo es un pasivo si se paga?

Pero es verdad que esta obligación legal no es del todo real, porque la Fed es un organismo estatal o dependiente del Estado, y el Estado puede eximirse a sí mismo de las obligaciones legales, pues es el estado quien dicta las leyes. Pero de nuevo, esto es así también para la obligación de redimir, y no por ello se decía que los dólares convertibles en oro no eran un pasivo.  Es más, desde un punto de vista histórico o empírico, la Fed sí se ha saltado la “obligación” de redimir, y hasta la fecha nunca se ha saltado la “obligación” de compensar.

También hay que añadir que en el concepto de obligación va implícita la posibilidad de incumplir esa obligación, sea por el motivo que sea. Un deudor privado también puede incumplir sus obligaciones y desde un punto de vista económico al acreedor no le arregla nada que el deudor vaya a la cárcel.  Si, es cierto que la posibilidad de ir a la cárcel desincentiva que el deudor impague, pero esto es una cuestión que influye en la probabilidad de impago, pero no cambia la naturaleza de pasivo como tal.

Démonos cuenta de que llegaríamos a la conclusión absurda de que un pasivo es un pasivo sólo si se acaba pagando, o que un pasivo es “menos pasivo” cuanto más altas sean las probabilidades de impago.  Por tanto, sea por inmunidad legal o cualquier otro motivo, la posibilidad de incumplir con una promesa en absoluto cambia que la promesa sea una promesa.  

Una obligación presente

En la definición contable que presentamos al principio de este artículo se dice que un pasivo es “una obligación presente”, y es cierto que por obligación solemos entender algo que te viene impuesto desde fuera. Pero la definición de obligación tanto en español como en castellano incluye la auto-obligación o promesa. Por ejemplo, la primera definición del diccionario Merriam Webster es “the action of obligating oneself to a course of action”.  

George Selgin afirma que los dólares no implican ningún tipo de derecho para su propietario, pero ¿cuando el dólar era convertible en oro era verdaderamente un derecho del propietario o una promesa de recompra por parte de la Fed? Quizá antes de 1933 se podía decir que era un derecho del propietario, pero en retrospectiva y después de 1971 parece claro que sería más fiel a la realidad describir el dólar como una promesa voluntaria de la Fed (que acabó incumpliendo) y no tanto como un derecho inamovible del propietario del dólar. 

¿Obligación o promesa?

Creo que este debate se clarificaría mucho si en lugar de “obligación” habláramos de “obligación o promesa”. Porque es verdad que jurídicamente una obligación implica un derecho, pero una promesa no implica necesariamente un derecho, y aun así, desde un punto de vista económico una promesa es claramente un pasivo, independientemente de que quien prometa cumpla o no con lo prometido y de que incumplir tenga consecuencias jurídicas o no.  Si incumple, la consecuencia económica es que el valor de las promesas del incumplidor disminuye o incluso desaparece totalmente. Y esta consecuencia económica es así para cualquier promesa independientemente de que quien lo emita sea el Estado o un agente privado e independientemente de que la promesa sea además una obligación legal o no. 

Y enlazo este concepto de promesa con la duda que planteaba al final de mi artículo anterior. Si lo que el banco central compra no son activos de deuda como bonos o MBS sino otro tipo de bienes como podrían ser acciones, ETFs u oro, no aplicaría la obligación jurídica que implican las leyes de curso legal, pero el mero hecho de que el banco central utilice la contabilidad por partida doble y conserve celosamente esos bienes en su activo (no se los gasta), es en sí mismo un compromiso voluntario de recompra.  Si, de acuerdo que el compromiso podrá ejecutarse o no y es discrecional, pero como hemos explicado en los párrafos anteriores, el posible incumplimiento de una promesa no cambia la naturaleza de una promesa.

Reductio ad absurdum: es un pasivo

Lo importante de utilizar la contabilidad por partida doble es que el Banco Central se retrata a sí mismo para bien y para mal. Incluso si dejara de publicar información contable también se estaría retratando. Y el mercado evalúa sus promesas en función de la información contable que proporcione. En definitiva, como para todo activo financiero, lo relevante no es el instrumento en sí mismo (el billete o el apunte contable), sino el comportamiento del emisor.  Al contrario que un activo real, donde lo relevante sí que es la naturaleza de la cosa en sí misma. 

Por último, es cuestión pacífica en el debate con George Selgin que los dólares son un activo financiero. Lo que Selgin matiza es que son una especie extraña de activo financiero, es decir, un instrumento cuyo valor depende del comportamiento de un agente concreto. Pero es que un activo financiero sólo puede ser dos cosas: O es pasivo, o es equity.

Y poseer dólares no implica ser propietario de una parte de la Reserva Federal. Tampoco confiere derechos de voto en la junta de accionistas, y las empresas no suelen aceptar sus propias acciones para compensar deudas. Por tanto, si claramente no es equity, solo queda la opción de que sea un pasivo. Una promesa determinada nominalmente, pero indeterminada en términos reales. De esta manera, no se define con claridad la calidad y/o cantidad del bien con que se cancelará la obligación surgida y/o la fecha de cancelación. Es lo que Carlos Bondone califica como crédito irregular.

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¿Son los dólares de la Fed un pasivo? (I). (Manuel Polavieja).

¿Statu quo o nuevo paradigma en la economía global?

Tras el periodo estival conviene recapitular sobre el estado de la economía global y sus principales tendencias de cara al nuevo curso, para así disponer de una imagen más clara y fehaciente sobre cuáles serán los retos nuevos o persistentes en materia de política económica. En el entorno actual, la incertidumbre respecto a la senda que tomará la inflación, las oscilaciones de la demanda agregada o las complicaciones por el lado de la oferta en muchos mercados marcarán las decisiones de política económica que tomen los bancos centrales y los gobiernos. Es por ello por lo que, antes de analizar cualquier escenario de política económica, hemos de descifrar por donde sopla el viento en el escenario macroeconómico global.

No se han alcanzado los objetivos de inflación

Si hay algo claro tras la reunión de banqueros centrales en Jackson Hole en agosto es que la política monetaria ha de transitar de un marco diseñado para reducir explícitamente la inflación a uno para mantenerla bajo unos niveles determinados, una vez estos se alcancen -y que probablemente serán distintos al 2% de referencia de multitud de bancos centrales-.

Aún así, tal y como afirmaban con contundencia en dicha reunión Christine Lagarde y Jerome Powell, las tasas de inflación actuales aún no se sitúan en niveles que se puedan considerar adecuados para un funcionamiento correcto de la economía global o que garanticen su estabilidad social. Por ejemplo, en el caso de EE. UU. llama la atención los elevados niveles de demanda agregada que siguen registrando cada mes, lo que está contribuyendo a mantener la inflación en niveles muy altos a pesar de una política monetaria contractiva.

Además, a todo ello hay que sumar que el desempleo en el país norteamericano vuelve a situarse muy cerca de mínimos históricos, lo que está generando un efecto de crecimiento de los salarios y a su vez contribuyendo a la espiral inflacionaria. Por lo tanto, lo que preocupa en EE. UU., a diferencia de en Europa, no es una tasa de crecimiento demasiado baja, sino más bien un recalentamiento de la economía que lleve a un desanclaje de las expectativas de inflación.

Tipos de interés altos

Por otro lado, en Europa las perspectivas de crecimiento no son nada halagüeñas, pero el nivel de precios sigue creciendo -aunque a un ritmo menor- y los salarios siguen al alza, lo cual, unido a los datos de crecimiento, puede conducir a un pronóstico de estanflación que dure varios meses.

La principal conclusión que se puede extraer de todo ello no es otra que el hecho de que tanto la Fed como el BCE deberán prolongar su actual política monetaria durante algún tiempo, hasta que nos aseguremos de haber controlado los niveles de inflación. Esto no significa que se deban seguir subiendo tipos, sino que seguramente deban permanecer cercanos a los actuales elevados niveles en los que se encuentran hoy en día durante algún tiempo.

Precios y oferta

Además, en el escenario actual resulta mucho más complicado analizar o pronosticar la senda de la inflación, ya que multitud de factores de oferta -y no solo de demanda- continúan afectando a las variaciones en el nivel de precios, aportando una incertidumbre adicional al análisis de la inflación.

A pesar de ello, esto no es algo nuevo. Durante los últimos años, fenómenos como la pandemia de Coronavirus, la crisis energética o la invasión de Ucrania han hecho que las tensiones de oferta cobren mucho más peso en los análisis de inflación. Por lo tanto, es muy importante incorporar firmemente al análisis las tendencias del mercado laboral en cada país y región y la relación de estas con la variación de los salarios, ya que estas suelen estar muy correlacionadas con la tasa de inflación.

Déficit y deuda

Más allá de la evolución del nivel de precios, multitud de países muestran serios problemas de equilibrio de las cuentas públicas, que en muchos casos se han visto empeorados desde la implementación de programas de impulso fiscal a raíz de la crisis del Coronavirus. Un notorio ejemplo de ello es el caso de EEUU, que presenta a fecha de hoy un déficit público en términos absolutos que es el doble que en la misma fecha de 2022.

Esto presenta un grave problema para la Administración Biden y la sostenibilidad de la deuda pública americana, tal y como señala la Congressional Budget Office. La situación actual en EE. UU. de política fiscal expansiva acompañada de política monetaria contractiva muestra un claro viraje de timón desde los prolegómenos de la Gran Recesión. Entonces, el inicio de planes de política monetaria expansiva (QE, por ejemplo) iba acompañado de una política fiscal muy conservadora y cauta respecto a los niveles de gasto y déficit públicos. Además, la situación en Europa no es muy diferente, acrecentada por serios problemas estructuras relacionados con la demografía, el clima o el estancamiento de los niveles de productividad.

El peso de India

Por último, un factor de cambio económico que hay que destacar se sitúa en el plano geopolítico, siendo este el creciente peso de India sobre la economía global frente a la perdida de dinamismo de China. Mientras que hace una década la economía china crecía a tasas cercanas al 8% anual, hoy su crecimiento se encuentra muy resentido y superado por varias potencias emergentes, entre las cuales la de mayor peso es India.

Si bien es cierto que en términos absolutos el tamaño de la economía China es hoy en día el doble que el de India, las tasas de crecimiento cada vez divergen de mayor manera y en direcciones opuestas. De hecho, teniendo en cuenta el crecimiento poblacional de India, es muy probable que en los próximos años el peso del crecimiento económico de India sobre la media de la economía global sea mayor que la aportación de China al mismo.

Si esto es así, confirmaría uno de los mayores cambios de equilibrios de poder a nivel geopolítico del siglo, incrementando el poder de India en las negociaciones globales y mermando aún más el de los países occidentales. Además, la reducción del crecimiento económico chino hará que el crecimiento global se vea gravemente afectado, reduciéndose la media mundial al entorno del 3% anual, lo que podría perjudicar especialmente a los países emergentes más desfavorecidos.

Ver también

Inflación, crisis bancaria… ¿qué pasará con los tipos de interés? (Álvaro Martín).

Los peligros de la guerra comercial. (Álvaro Martín).

Una Universidad de Verano espectacular

56 es el número de participantes en la Universidad de Verano de Instituto Juan de Mariana. 56 participantes, mayormente jóvenes universitarios, y estudiantes de educación de postgrado. El más joven participante tenía 17 años, pero alguno superaba los 60. Independientemente de la edad, todos disfrutaron enormemente del programa. El aprendizaje continuaba en las muchas conversaciones entre alumnos y de éstos con los profesores. Y en programas extraoficiales como las inolvidables batallas de póker. Por la noche, los alumnos contribuían a la economía local a base de frecuentar los bares locales. Aprendizaje, discusiones, buena vida, conocerse y formar nuevas amistades… ¿Conoce alguien un mejor programa para la última semana de verano? ¡Una experiencia inolvidable!

¡Y el sitio! El majestuoso Escorial. Uno de los más emblemáticos palacios de Reyes en Europa y en el mundo. La universidad de verano fue celebrada en el adyacente colegio María Cristina, adscrito a la Universidad de Complutense.

El plan del edificio del colegio fue diseñado seguido los planes de monasterios de la edad medieval. En el centro hay un jardín grandísimo para estar, un lugar a pensar y debatir y hacer amistades. Mientras las pinturas antiguas en las paredes de los pasillos y el austero estilo de edad del Felipe II recordaba a todos los participantes que estábamos allí para estudiar, aprender, y no solo divertirse.

El programa académico

¡Y el programa académico! La Universidad empezó con el gran discurso de Juan Ramón Rallo. No por nada es Juan Ramón un superstar en España, con más que medio millón de seguidores en el YouTube. Nos dió una charla muy provocativa y al mismo tiempo muy interesante, aplicando unas ideas de Hirschman, una de las grandes figuras del pensamiento sociológico, a las grandes tribus políticas.

Los liberales superan los conflictos por medio del derecho a la “salida”, los de izquierda por medio de la “voz”, y la derecha mediante la “lealtad”. ¡Podrías ver el discurso pronto en nuestro canal de YouTube pronto!

En el orden cronológico, Rallo fue seguido por Francisco Capella, quien organizó dos veces unos debates muy interesantes con mucha participación de los estudiantes sobre cuestiones de ética y perspectiva de la libertad. Yo mismo presenté un pequeño curso, todos los días, en el que he dado un vistazo al desarrollo del pensamiento económico en el contexto del desarrollo económico y político de Europa. Desde Aristóteles al actual enfrentamiento entre EE.UU. y China.

Pedro López Arriba

Eduardo Blasco y Fernando Vicente no solo han dado charlas muy informativas sobre bitcoin, sino que organizaron talleres de debate entre los participantes sobre los asuntos teóricos y prácticos relacionados con el bitcoin. Aparte de ello, Eduardo Blasco también organizó un taller de debate sobre asuntos de políticas públicas que fue un éxito. Los alumnos mostraron tener conocimiento y destreza en el manejo de los argumentos.

Pedro López Arriba dió una charla ejemplar sobre el 200 aniversario del final del trienio liberal, y el número 150 del inicio la I República. Su participación ha ido más allá en la vida de la Universidad que una charla maestra. Pedro también era el centro de la vida extraoficial. Como él es una enciclopedia viva de todos los conocimientos relacionados con ciencias sociales, tenía comentarios muy agudos en todos los debates. Incluso, algunos participantes tenían a suerte a poder consultarle sobre sus tesis… La sabia María Blanco, con su estilo divertido, ha dado un masterclass sobre la importancia de recordar hoy la obra de Adam Smith, el padre fundador de la economía.

Luis Gómez

Luis Gómez organizó, en tres sesiones, unos debates entre grupos de estudiantes sobre sostenibilidad del medioambiente. Su tema era muy adecuado para hoy, y para pensar sobre los problemas más actuales. Además, su personalidad abierta y su disposición a departir hicieron que él estuviera en el centro de todas las charlas, en el jardín del colegio o en los bares. Así mismo, su método de involucrar los estudiantes y hacer trabajar y pensar fue muy bien recibido por los participantes.

El asunto de los problemas medioambientales fue también abordado por las charlas de Óscar Rodríguez Carreiro, quien hablo sobre la utilización para el control político de la idea de catástrofe ambiental.

El gran Miguel Anxo Bastos, quien recibió en este año el Premio de Instituto Juan de Mariana por promover la libertad, habló contra la idea del decrecimiento. Como es usual, no admitió ningún compromiso con las ideas erróneas. Javier Fernández-Lasquetty, aplicando las sanas ideas de Smith y Hayek, explicó cómo se puede hacer una política que promueve el crecimiento regulando menos. Recurrió al ejemplo del gobierno regional del Madrid, del que Javier fue un miembro especialmente destacado.

Tom Palmer

Los famosísimos Domingo Soriano y Nuria Richart hicieron un programa de radio en vivo desde la Universidad. Domingo añadió a eso una charla inolvidable sobre cómo Defender la libertad desde una perspectiva no académica. Ignacio García Medina ha organizado dos talleres de debates sobre el tema de cultura y libertad, además de hacer un programa en directo sobre cine. A los alumnos les ha encantado.

Tom Palmer, vicepresidente de Atlas Network, dió dos charlas en la Universidad, en inglés. Una de las charlas era sobre la Guerra de Ucrania y la segunda sobre cómo se puede pensar sobre los principios de libertad como un proyecto o guion de vida. Tom también, con una personalidad muy abierta, ha participado con muchas energías en los debates que se celebraban en los pasillos, en el patio, en las comidas y cenas. Un día estuvo debatiendo en el jardín, y hasta las dos y media de la mañana en los bares de la ciudad. En el último día de la Universidad, María Crespo dió una charla magistral sobre cómo los impuestos causan la muerte de la economía, con una sabiduría impecable y energía envidiable.

2024

Os invitamos todos, que, si quieren tener en el próximo año una semana inolvidable, divertida, con posibilidad adquirir nuevos conocimientos, y, por supuesto, conocer más gentes con pensamiento liberal, participéis en nuestra Universidad de Verano.

Nosotros queremos más participación y más debates. Queremos que el programa sea más igualitario también en términos de género. Por eso planeamos a invitar Yolanda Díaz para que nos explique qué es más importante: el impacto de ley del sólo sí es sí sobre las agresiones sexuales o un pico de un hijo de un político socialista. Reconozco que hay una mínima posibilidad de que Yolanda no venga. Aún así, os esperamos todos y todas a participar nuestra próxima Universidad de Verano en 2024.

En defensa del liberalismo de 1989 III: Alvise Pérez

Agosto es el mes de las serpientes de verano: noticias que en cualquier otra época no tendrían trascendencia pasan a ocupar el mayor espacio en los medios de comunicación. Este año hemos tenido dos que han eclipsado al resto: el asesino español en Tailandia y el beso de Rubiales a una jugadora.

La diferencia entre ambas ha sido la capacidad de manipulación política que permitía cada caso. El primero, más cerca de la actualidad del corazón, solo se ha prestado a dar vergüenza ajena ante la visión de nuestros reporteros patrios, haciendo el ridículo en un país extranjero. El segundo, en cambio, ha podido ser aprovechado para fomentar la nueva religión que procesan la mayor parte de nuestros periodistas: el feminismo woke.

Alvise Pérez

En pleno éxtasis estaban todos cuando un outsider, Alvise Pérez, publicó un vídeo que mostraba a la jugadora posando entre risas con un teléfono donde se reproducía el beso de marras. Según cuentan, el vídeo se lo había filtrado la Federación a todos los medios de comunicación y, ante la evidencia de que nadie lo iba a publicar, terminaron pasándoselo a Alvise.

¿Por qué la prensa no quiso publicar un vídeo que contaba con una fuente sólida y que mostraba información a todas luces relevante? ¿Es Alvise parte de una nueva hornada de periodistas honestos que van a permitirnos estar más cerca de la realidad del mundo?

El conocimiento inútil

Para intentar contestar a estas y otras preguntas vamos a continuar apoyándonos en la gran obra de Jean-François Revel, El conocimiento inútil. Si algo conocía Revel era el periodismo. Seguramente sea la persona que mejor ha sabido describir a esta profesión. Para alguien que, por edad, o falta de memoria, piense que el deprimente estado actual de los medios de comunicación se debe al imperio de internet y las redes sociales, solo debe leer las siguientes dos citas escritas por Revel hace más de treinta años, que para mí suponen las dos reglas principales sobre el periodismo:

Sería sin duda excesivo e injusto escribir que la información está prohibida en medio mundo y falseada en el otro medio. Porque está prohibida en mucho más de la mitad del mundo. En realidad, la mayoría de las gentes que crean periódicos u otros medios de comunicación lo hacen para imponer un punto de vista y no para buscar la verdad. Lo que ocurre es que vale más parecer buscar la verdad cuando se quiere imponer un punto de vista.

Jean François Revel

Todo lo que se debe saber sobre los medios de comunicación está condensado en estas dos perlas de sabiduría. Parafraseando a Robert Heinlein, la certeza de que la información está falseada, y que es falseada porque lo importante es imponer puntos de vista en vez de buscar la verdad, es al menos el ochenta por ciento de toda la sabiduría humana. Y el otro veinte por ciento no es muy importante.

Independencia y deshonestidad

Solo con esto ya podemos contestar a las dos preguntas formuladas anteriormente. Los medios no publicaron el vídeo porque iba contra el relato que querían imponer (se había producido una agresión sexual) y Alvise Pérez lo publica para imponer lo contrario (no se había producido tal agresión).

Aquí alguno me hará la salvedad que los medios de comunicación están dirigidos por grandes empresas con intereses políticos y económicos. Alvise Pérez es un mero periodista que se ve obligado a publicar la mitad de sus noticias en Telegram para evitar la censura. Es tan cierto como irrelevante. Como bien nos aclaraba Revel la independencia no conlleva escapar a la segunda regla del periodismo:

Se puede muy bien ser independiente y deshonesto. Yo puedo, si tengo o encuentro el dinero necesario, y si, además, soy leído por una parte suficiente de público, cuyas pasiones y prejuicios satisfago, crear un periódico con el objetivo deliberado de presentar con toda independencia una versión falsa de la actualidad y una descripción innoble de personas que no comparten mis puntos de vista. No es indispensable para ello que yo esté afiliado a un partido político, a intereses financieros o a un gobierno. El hombre no necesita que se le obligue a ser intelectualmente deshonesto para llegar a serlo. Lo consigue muy bien él solo.

Jean François Revel

Lo importante es que la información llegue

Las redes sociales han facilitado aún más este tipo de periodismo. Donde solo hace falta tener cierta masa crítica de seguidores en las redes sociales para tener un poder de manipulación considerable. Al final, la clave no es qué periodista es más honesto y puro de espíritu, sino qué capacidad tenemos los ciudadanos para conocer la información relevante de la actualidad. Y esa capacidad pasa por tener abiertas todas las vías de información que sean posibles. Y son algunas de esas puertas las que nos quieren cerrar con la excusa de la desinformación.

Veamos otro ejemplo: el vídeo de Jennifer Hermoso no fue la única exclusiva que Alvise Pérez publicó este mes de agosto. También sacó a la luz documentos filtrados por la policía vasca, donde se puede ver que la inmensa mayoría de las personas detenidas en las fiestas de Bilbao eran de origen magrebí.

Información y debate

Los delitos en cualquier sociedad los cometen principalmente los varones jóvenes de entornos desestructurados. Eso explica que las estadísticas sobre el crimen siempre sitúan a los inmigrantes en un porcentaje mucho mayor del que le debería corresponder dado su peso en la población total. La explicación es sencilla y podría haber permeado en la sociedad si los medios de comunicación no estuviesen formados por activistas que confían más en su capacidad de censura que en la inteligencia de la población.

Pero gracias a esta estupidez, que alimenta una huida hacia delante de los políticos y su burocracia estatal, la política de inmigración en Europa ya hace décadas que no tiene ni pies ni cabeza y está provocando problemas que van mucho más allá de explicaciones sociológicas sencillas. O dicho de otro modo más simple: no hay forma de explicar que los detenidos en unas fiestas locales del norte de España sean abrumadoramente personas de origen norteafricano. O la policía tiene un sesgo tremendamente racista o hay algo que funciona muy mal en nuestra sociedad y esas detenciones son un síntoma de una enfermedad que va a ser muy grave.

Como ha sido la propia policía la que ha filtrado el documento, creo que podemos quedarnos con la segunda opción. ¿Por qué casi nadie está hablando de esto?

Miedo a la condena moral

Aquí muchos señalan a la Agenda 2030, el gobierno mundial y demás sospechosos habituales. Voy a volver a citar al Revel de 1989 para que veamos que la cosa viene de más lejos:

El 1.º de diciembre de 1987, la policía detiene en París al misterioso «asesino de ancianas», un hombre que, en algunos años, había matado por lo menos una treintena de personas de edad, que vivían solas, para robarles sus ahorros. Resulta que el asesino es un negro, homosexual y drogadicto. Durante una semana, los diarios de izquierdas, Le Matin, Libération, Le Monde, La Croix, L’Humanité, esconden subrepticiamente en la moqueta de sus páginas interiores esta detención y la personalidad del asesino. La noticia y los detalles son comunicados con parsimonia. Son diseminados y ocultados en las profundidades del sumario, expresados de mala gana, algunos días, ni siquiera eso.

Se captan bien los motivos de tanta discreción: el miedo al racismo antinegro y al racismo antihomosexual.

Jean François Revel

Fomentar el racismo por medio del silencio

De igual manera, el racismo no puede más que agravarse cuando la opinión se da cuenta de que periódicos influyentes minimizan la responsabilidad del autor de una serie de crímenes atroces, porque el criminal resulta ser un ciudadano negro y homosexual. Suscitan la irritación de muchas personas que no pueden evitar pensar cuál habría sido la orquestación de este suceso si el asesino hubiera sido un blanco asesino de árabes. Estas miserables jugarretas periodísticas no conjuran el racismo; al contrario, lo reaniman, se inscriben en el círculo vicioso de las paranoias complementarias, de las que no se puede salir más que dejando de considerar la raza o la homosexualidad como factores que puedan modificar algo, para bien o para mal.

Jean François Revel

Información y sesgo

La prensa occidental lleva ocultando o quitando importancia a cualquier crimen cometido por inmigrantes o ciudadanos nacionales de raza no blanca desde hace décadas. No van a dejar de hacerlo, porque ya forma parte de su idiosincrasia. Asociar este comportamiento a conspiraciones solo confunde y desvía la atención de lo importante.

Y lo importante es que necesitamos todas las vías de información posibles para compensar los sesgos connaturales al periodismo. Y esto, como todas las cosas importantes de la vida, supone ir por el camino difícil. Navegar entre ruido y un mundo de tonalidades grises. Por suerte hay una brújula que nos va a ayudar en este viaje: desconfiar de aquellos que quieran cerrarnos vías de información por nuestro bien, sobre si estos personajes apelan como solución al animal más mitológico de nuestro tiempo: el periodismo honesto que solo busca la verdad.

Serie ‘En defensa del liberalismo de 1989’

(I) El fenómeno de Desokupa

(II) Matar al Boer

¿Cuánto cuestan las huelgas, en realidad?

Por Len Schackleton. Este artículo ha sido publicado originalmente en CapX.

Los partidarios de ambos bandos tienden a exagerar cuánto cuestan las huelgas. Los sindicatos y sus partidarios quieren destacar lo mucho que pierden los empresarios y los ciudadanos por no llegar a un acuerdo; los críticos señalan el daño que supuestamente causa a la economía la acción industrial irresponsable.

Pero, ¿cuánto cuestan realmente las huelgas? Es una pregunta difícil. La bibliografía académica sobre el tema es escasa y está desactualizada, lo que quizá no sorprenda, dada la menor importancia que ha cobrado el tema desde los años ochenta. Aquí me limito a esbozar algunas observaciones y a hacer sugerencias muy aproximadas sobre los órdenes de magnitud.

Jornadas laborales

En el año transcurrido hasta junio, perdimos alrededor de 4 millones de días laborables como consecuencia de las huelgas. Es una cifra importante, la más alta de los últimos años, pero es sólo una fracción de los 29 millones de días perdidos (en una plantilla más reducida) en 1979. O, para relacionarlo con otro problema actual, es poco más del 2% de los 185 millones de días laborables perdidos por enfermedad en 2022.

Normalmente (aunque no siempre), la pérdida de días de trabajo supone una pérdida de salario para los huelguistas. Sin embargo, la mayoría de las huelgas modernas son paros de uno o dos días, repetidos o intermitentes, en lugar de los maratones de varias semanas del pasado. Los costes para los propios huelguistas se reducen al mínimo al repartirse a lo largo de un periodo prolongado.

Es habitual centrarse en los efectos económicos de primer orden de las huelgas en términos de reducción de la producción. Esto puede medirse por el salario que pierden los trabajadores más los demás factores de producción que se pierden cuando se detiene el trabajo.

El coste de romper la división del trabajo

Si suponemos (se trata de suposiciones razonables, que puedo justificar) que los trabajadores cobran una media de 100 libras al día, el valor de la pérdida directa de producción resultante de la huelga será de unos 800 millones de libras en un año completo (suponiendo que las huelgas continúen a este ritmo). De nuevo, una cifra importante en algunos contextos, pero relativamente insignificante en una economía cuyo PIB superó los 2,2 billones de libras el año pasado.

Sin embargo, las repercusiones también son considerables. Si los trenes no funcionan, por ejemplo, muchas personas no podrán ir a trabajar o tendrán que incurrir en gastos adicionales, como los taxis. Tal vez de forma contraintuitiva, los viajes extra en taxi aumentan el PIB y compensan parcialmente la pérdida de producción ferroviaria. Sin embargo, los retrasos también tienen un coste en términos de pérdida de producción, que en principio puede cuantificarse, aunque es difícil hacerlo.

Hoy en día, los efectos de las huelgas de trenes pueden verse mitigados por nuestra nueva capacidad para trabajar desde casa, pero no todo el mundo puede hacerlo. Alrededor del 13% de los que normalmente viajan al trabajo en tren y no pueden trabajar en casa (encuestados en julio-octubre de 2022) declararon no poder trabajar en absoluto.

Huelgas ferroviarias

Como proporción de todos los trabajadores, esto es pequeño, quizás menos del 2%, pero aún así podría significar una pérdida de producción de 120 millones de libras más o menos por día de huelga. En total, el año transcurrido desde el 22 de junio acogió 25 días de huelga de tres sindicatos diferentes. Si bien no todas provocaron cierres totales, el coste total de la pérdida de producción de los trabajadores no ferroviarios que no pudieron trabajar podría rondar los 2.000 millones de libras en un año completo.

Las huelgas ferroviarias también pueden haber perjudicado a actividades que dependen del transporte en nuestras ciudades. Algunos ejemplos son el comercio minorista, el ocio, la hostelería y la restauración en torno a los centros urbanos, especialmente en Londres. En el momento de las huelgas ferroviarias y de metro de junio de 2022, el sector de la hostelería calculó que costarían a sus miembros más de 500 millones de libras en negocios perdidos esa semana. En junio de este año, se afirmaba que la hostelería británica había perdido 3.250 millones de libras por las huelgas de los 12 meses anteriores. Es casi seguro que estas afirmaciones exageran los efectos sobre la economía en su conjunto, un cri de coeur de un sector ya maltratado por repetidos cierres patronales.

Pérdidas para el conjunto de la economía

No cabe duda de que se habrían producido pérdidas como consecuencia de la menor asistencia a acontecimientos irrepetibles, como encuentros deportivos y conciertos. Pero algunos gastos simplemente se reorganizarían a tiempo, y las visitas previstas a los hoteles y teatros londinenses simplemente se trasladarían a las semanas sin huelga, con lo que experimentarían un aumento sobre sus ingresos previstos. Hay indicios de que se produce un efecto similar cuando hay un día festivo adicional (por ejemplo, el del jubileo de platino de la Reina).

Hay otros tipos de reordenación del consumo que compensan algunas pérdidas de producción. El gasto minorista puede desviarse de los centros urbanos a lugares fuera de la ciudad, o a compras en línea. Del mismo modo, los restaurantes, bares y cines de las afueras pueden ganar a costa de la capital en las semanas de huelga. Este tipo de desplazamientos se producen constantemente por motivos ajenos a la huelga, como el clima.

Así, a lo largo de todo el año, mientras que las pérdidas para las empresas de Londres y otras grandes ciudades pueden haber sido muy significativas, la pérdida neta global de producción para la economía podría ser más modesta, quizás de entre 1.000 y 2.000 millones de libras para el conjunto del año.

Desplazarse al trabajo

La mención de la deslocalización geográfica de la actividad debería recordarnos que el impacto de las huelgas puede variar considerablemente en todo el país. Por ejemplo, en Londres más de la mitad de los desplazamientos al trabajo se realizan en tren, metro o autobús, y sólo el 28% en coche. En Gales, poco más del 6% de los desplazamientos al trabajo se hacen en autobús o tren (sin metro, por supuesto), mientras que el 82% se hacen en coche. Así pues, una huelga nacional de ferrocarriles tiene un gran efecto en Londres, pero un efecto mucho menor en otros lugares.

Algunas huelgas nacionales tienen un impacto más parejo en todo el país: las huelgas escolares, por ejemplo. Ante el cierre de escuelas, muchos padres tendrán que ausentarse del trabajo. En el Reino Unido hay unos 6,5 millones de padres que trabajan. Según una encuesta de la ONS, el 31% de los padres encuestados dijeron que tendrían que trabajar menos horas, y el 28% informaron de que no podrían trabajar en absoluto. Esto puede ser una exageración: cuando la gente se enfrenta a una huelga real y no a una teórica, puede darse cuenta de que puede arreglárselas con amigos o familiares.

La salud

Pero incluso si suponemos que sólo la mitad de los que dicen que tendrían que quedarse en casa realmente lo hacen, el coste en producción perdida por un día sin trabajar ascendería a más de 180 millones de libras. Los profesores se han declarado en huelga en distintos momentos en los diferentes países del Reino Unido, pero si suponemos una media de seis días de huelga escolar al año, el coste del tiempo de trabajo perdido por los padres ascendería a algo más de 1.000 millones de libras.

Uno de los ámbitos más problemáticos para evaluar los efectos en cadena es también uno de los más controvertidos: los diversos conflictos en el Servicio Nacional de Salud. La ONS examinó los efectos de un total de 16 días de huelga durante el pasado mes de diciembre y los meses de enero y febrero de este año. No cabe duda de que se redujo la producción: al parecer, hubo que reprogramar “al menos” 93.022 citas ambulatorias, 18.716 procedimientos electivos, 27.957 citas de servicios comunitarios y 9.634 citas de salud mental y dificultades de aprendizaje.

Estas fueron las pérdidas de servicio correspondientes a la pérdida de producción medida por el valor de los días de huelga. Pero estos retrasos en el tratamiento tendrán consecuencias para los pacientes. Es posible que algunos no puedan volver al trabajo como podrían haberlo hecho, lo que supone más pérdidas de producción y probablemente algunas muertes prematuras, así como el “coste” subjetivo del retraso en términos de dolor, angustia y aprensión.

Efectos en cadena

Los retrasos podrían haber sido mayores si el NHS no hubiera contratado más médicos y enfermeras para sustituir al personal en huelga. El Director Financiero del NHS ha declarado que el coste de los cinco días de huelga de médicos en formación de abril incluyó 100 millones de libras esterlinas gastadas en pagar a personal más veterano con tarifas superiores para cubrir a los colegas en formación. Una vez más, sin embargo, a pesar de los costes para el NHS de estos pagos adicionales, en realidad se suman al PIB, compensando la pérdida de producción de los huelguistas.

Las conclusiones que extraigo de este breve estudio son, en primer lugar, que los costes de las huelgas para la economía no son fáciles de definir, ya que en algunos casos los consumidores cambian de gasto ante las huelgas, de modo que la pérdida para una organización o empresa puede verse compensada por una ganancia para otra. En segundo lugar, sin embargo, es inevitable que se produzcan efectos en cadena, puesto que las huelgas impiden trabajar a personas de otros sectores de la economía o les obligan a incurrir en costes adicionales. Tres: está claro que el coste total de las huelgas es un múltiplo de los costes directos en pérdida de producción de los huelguistas. En cuarto lugar, el coste de las huelgas en sectores clave como el transporte, la educación y la sanidad es soportado en gran medida por el público en general.

Ver también

Si han conseguido miles de millones, ¿por qué los sindicatos de enseñanza siguen en huelga? (Mark Lehain).

Huelga e irresponsabilidad. (Jorge Valín).

¿Huelga o coacción? (Alberto Illán Oviedo).

Javier Milei: el economista argentino que podría convertirse en el primer presidente libertario de la historia moderna

Por Michael Peterson. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

En otros tiempos, antes de la Primera Guerra Mundial, Argentina era uno de los diez países más ricos del mundo. Pero poco después de que Juan Perón tomara el poder en 1943, el país se embarcó en una serie de reformas socialistas que hundirían la economía y la convertirían en un remanso económico, del que aún no ha salido. El país era considerado una “nueva Europa”. Ahora sus edificios parecen más viejos que sus antiguos antepasados europeos.

El libertarismo, o liberalismo como se le llama en América Latina, nunca ha acaparado tanta atención como hoy. Javier Milei es una de las principales razones. Milei, un economista bullicioso y personalidad de la televisión, ha rebautizado la tradición liberal clásica de una manera que habla de la experiencia de los argentinos y de su lucha de toda la vida contra el estancamiento económico.

El principio de no agresión

“El liberalismo se basa en el principio de no agresión”, afirma en su discurso de victoria ante un grupo de simpatizantes tras su sorprendente victoria en las primarias presidenciales argentinas de este mes. Si Milei triunfa en las elecciones generales de octubre, que probablemente desemboquen en una segunda vuelta, sería el primer presidente libertario de la historia moderna.

Muchos analistas políticos pronosticaban un tercer puesto para el excéntrico economista, pero su infatigable campaña ha galvanizado a muchos argentinos, impulsándole a la cabeza de la carrera. A pesar de su retórica populista, Javier Milei es un libertario convencido. Incluso sus perros llevan nombres de economistas populares de tendencia libertaria, como Murray Rothbard, Milton Friedman y Robert Lucas.

“El liberalismo”, dice Javier Milei, “defiende el derecho a la vida, la libertad y la propiedad. Las instituciones del liberalismo apoyan la propiedad privada, la movilidad laboral, la división del trabajo, la cooperación social y los mercados libres con una intervención limitada del Estado. Es servir al prójimo ofreciéndole mejores bienes y servicios. Esto es en lo que creemos”.

Los votantes

Según los resultados de las primarias, aproximadamente un tercio del país cree o simpatiza con estos principios. Con más del 40% de los argentinos viviendo en la pobreza, el aumento de la delincuencia y la corrupción, y una tasa de inflación anual que supera el 100%, no es de extrañar por qué. Muchos votantes dicen estar hartos del statu quo. “Hay que echar a los que llevan 30 años y no han hecho nada. Estamos podridos”, dijo un votante. Otro votante comentó: “Me gusta lo que piensa Javier Milei. No nos miente y no se lleva nuestro dinero con los impuestos”. En un giro sorprendente, los principios básicos del liberalismo clásico -mercados libres, gobierno limitado y Estado de derecho- están resonando entre millones de ciudadanos argentinos.

Lo más sorprendente, sin embargo, no es cuántos votos ha obtenido el incendiario libertario, sino quiénes le han votado a él y a su partido, Avances Libertarios. Desde las últimas elecciones presidenciales de hace cuatro años, Milei ha dado la vuelta a doce provincias muy favorables al peronismo, el partido de la izquierda dura del país. Ganó dieciséis provincias en total y reunió más de siete millones de votos, una cifra sin precedentes para un candidato presidencial libertario. El último político libertario que obtuvo tanto apoyo fue Ricardo López Murphy en las elecciones presidenciales argentinas de 2003, pero incluso entonces obtuvo el 16% del voto popular, menos de la mitad que Javier Milei.

Los jóvenes

En ninguna parte fue más fuerte este apoyo que entre los votantes más jóvenes. La aguda capacidad de Milei para conectar con los jóvenes, muchos de los cuales han vivido la mayor parte de su vida en recesión económica, explica gran parte de su éxito. “Cuando empecé a hacer apariciones en televisión hace diez años, la palabra ‘liberal’ era una mala palabra”, afirma Javier Milei en su discurso. Lo que a los liberales clásicos les falta en comunicación, Milei lo compensa con estilo y sinceridad. La promesa de Javier Milei de dolarizar la economía argentina, por ejemplo, se ha convertido en un eslogan popular. “Todos los países que han sido dolarizados acabaron avanzando y dejaron de tener inflación”, dice un partidario.

La promesa de Milei de defender los derechos de propiedad y reducir la carga fiscal del Estado se defiende utilizando un lenguaje que conecta con el votante medio. También planea eliminar los controles de precios, permitir el porte legal de armas y autorizar el mercado de órganos humanos. Incluso la propuesta de Javier Milei de cerrar el banco central está ganando adeptos entre los descontentos por la deuda que el país mantiene desde hace décadas con el Fondo Monetario Internacional.

El liberalismo clásico

Aunque Milei no llegue a las elecciones generales, su meteórico ascenso es una lección no sólo de política, sino de ilustración del poder de las ideas. El liberalismo clásico es una rica tradición que a menudo no encuentra eco entre las personas que más se identificarían con él. En otras palabras, las ideas del liberalismo clásico tienen un enorme potencial para crear un cambio real, pero han pasado de moda.

Las personalidades no deberían llevar el peso de una tradición, pero encontrar formas de comunicar eficazmente estas ideas es a menudo tan importante como las propias ideas. Al capturar las mentes y la imaginación de millones de argentinos, Javier Milei demuestra, una vez más, que la libertad puede empaquetarse de más de una manera.

Ver también

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

El lenguaje económico (XXXI): la eficiencia

La eficiencia es «la mejor combinación de medios para fines establecidos» (Rothbard, 2016: 1). Normalmente, decimos que una cosa es más eficiente que otra cuando su relación utilidad-coste es superior. Por ejemplo, la máquina «A» es más eficiente que «B» cuando, por unidad de input consumido, la primera obtiene mayor output que la segunda; o que «A» es más eficiente que «B» si, a igual rendimiento, la primera consume menos que la segunda.

En la técnica, eficiencia es sinónimo de rendimiento. En el ámbito social, sin embargo, la idea de eficiencia se torna problemática, pues tanto las utilidades como los costes son subjetivos y no son susceptibles de medida. Por extraño que pueda parecernos, «la economía cuantitativa no existe» (Huerta de Soto, 2004: 65). En las empresas, a través del cálculo económico, podemos averiguar si determinada acción ha resultado más o menos eficiente en términos monetarios, algo que llamamos «rentabilidad». Ya en el ámbito social «no puede haber ningún análisis válido o significativo sobre coste-beneficio en las decisiones legales o políticas» (Rothbard, 2016: 3) por las siguientes razones:

Fines diversos

a) Primero, tanto los individuos como los grupos tienen fines diversos y, a menudo, conflictivos entre sí. Por ejemplo, si la máquina «A» requiere la mitad de operarios que «B», sustituir una por otra será útil para la empresa y, tal vez, para ciertos empleados, pero nunca para quienes son despedidos. La «eficiencia social» una secuela del utilitarismo de Jeremy Bentham que ha desembocado en el espurio análisis de coste-beneficio: «En cualquier situación puede hacerse un cómputo de beneficios —unidades de placer—, compararlo con los costes —unidades de dolor—, y ver cuál de los dos supera al otro» (Rothbard, 2013a: 648).

Pero ni utilidad ni costes es mensurable y todo intento de matematizar un balance entre ambos es metodológicamente imposible. Volviendo al ejemplo anterior, ¿qué es socialmente más eficiente? ¿El aumento de la producción? ¿El (esperado) incremento salarial de los operarios? ¿O el desempleo temporal de los otros? La respuesta dependerá de quién sea preguntado.

Un concepto subjetivo de eficiencia

b) Segundo, ni siquiera las acciones individuales pueden ser definidas objetivamente como «eficientes»; por ejemplo, mediante la experiencia y la práctica, un trabajador va incrementando gradualmente su destreza y rendimiento de tal forma que hoy es más «eficiente» que ayer, pero las vicisitudes personales podrían invertir lo anterior. El concepto de eficiencia puede servirnos sólo cuando comparamos medios y procesos relativamente simples dentro de un sistema orientado hacia una misma finalidad. Una vez que abordamos los complejos e intrincados procesos sociales, resulta de todo punto estéril establecer juicios sobre la mayor o menor eficiencia de un sistema sobre otro; «la eficiencia es, por lo tanto, una quimera» (Rothbard, 2016: 1).

Dada la problemática apuntada, lo único razonable es permitir que cada individuo pueda expresar lo que subjetivamente considere más «eficiente» en cada circunstancia, momento y lugar, a través del proceso social del mercado (Huerta de Soto, 2012: 55). Solamente la libertad, en ausencia de coacción y fraude, puede aproximarnos a lo que habitualmente se entiende como «eficiencia o utilidad social», tal y como afirma Rothbard (2013b: 10):

Cuando la gente es libre de actuar, actúa siempre de una forma que cree que maximizará su utilidad (…) Si nos permitimos usar el término «sociedad» para describir el patrón de todos los intercambios individuales, podemos decir que el libre mercado «maximiza» la utilidad social, pues todos ganan en utilidad.

Murray N. Rothbard

Mercado y eficiencia

O como dice Huerta de Soto (2004: 57), refiriéndose explícitamente al vínculo entre libre mercado y eficiencia:

Tan sólo éste, y no otro, puede ser el criterio relevante de eficiencia económica. Un sistema será tanto más eficiente conforme más libremente actúe la función empresarial buscando oportunidades de beneficio (…) El fantasmagórico concepto paretiano de eficiencia es inútil e irrelevante, pues ha sido elaborado en el invernadero teórico de la escuela de los economistas del bienestar, y exige para su manejo operativo un entorno estático y de plena información que jamás se da en la vida real.

Jesús Huerta de Soto

El criterio de Pareto

Ilustremos nuestra crítica de la eficiencia social con un caso imaginario. Supongamos que mediante un trasplante de córnea una persona puede recuperar la vista. Si un vidente decide libremente donar (o vender) una de sus córneas a un ciego, ambos salen beneficiados del acto y no hay terceros perjudicados; en este caso, podríamos aseverar que la «sociedad» ha mejorado en su conjunto o que el resultado ha sido Pareto-eficiente.

Supongamos ahora que el gobierno, mediante un análisis de coste-beneficio, determina que es socialmente más eficiente que haya dos tuertos antes que un ciego y un vidente; ¿debería extirparse forzosamente (i.e. mediante sorteo) una córnea al número suficiente de videntes para erradicar la ceguera? Si entendemos por sociedad el conjunto de todos los individuos de una comunidad —y aquí la escala no es relevante— no es posible afirmar que la utilidad social aumenta cuando uno solo de sus miembros ha sido perjudicado.

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2004). Estudios de Economía Política. Madrid: Unión Editorial.

Huerta de Soto, J. (2012). “La esencia de la Escuela Austriaca y su concepto de eficiencia dinámica”. Revista de Economía ICE, marzo-abril 2012, Nº 865.

Rothbard, M. (2013a). Historia del Pensamiento Económico. Madrid: Unión Editorial.

Rothbard, M. (2013b). Poder y Mercado. [Versión Kindle]. Guatemala: UFM.

Rothbard, M. (2016). «El mito de la eficiencia». Recuperado de http://www.miseshispano.org/2016/04/el-mito-de-la-eficiencia/#_ftnref1

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXX) Los fallos del mercado

(XXIX) Gasolineras

(XXVIII) Dad al César lo que es del César

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

Dolarización en Argentina

Gracias a la influencia de Juan Bautista Alberdi, Argentina creció espectacularmente desde mediados del siglo XIX hasta alcanzar una prosperidad semejante a la de Estados Unidos de América en menos de un siglo. Allí se fundó el primer Metro, antes que en Norteamérica. Su moneda era firme y aceptada en todo el mundo. No se necesitaba una dolarización. Un siglo de crecimiento y desarrollo que se perdió con la llegada del populista izquierdista Juan Domingo Perón en 1946.

¿Cuáles eran las ideas de Alberdi? Muy simple, aplicar liberalismo económico. Es decir, dejar que la gente gozara de libertad completa para establecer negocios de todo tipo sin que el gobierno interfiriera. Algunos se dedicaron a la ganadería, otros a la agricultura, a la industria, al comercio, etc. No necesitaban pedir permiso al gobierno y podían vender su producción a donde más les convenía. Exportaban productos a todo el mundo y atrajeron las mejores inteligencias para sus escuelas y universidades.  Pero algo falló, el edificio se les cayó y es la hora que todavía no saben dónde estuvo el error.

Entregar la educación a Karl Marx

Los argentinos no llegaron a entender que su prosperidad descansaba en la filosofía de la libertad, se embriagaron de riqueza pensando que ya nada los detendría. Fundamentalmente, se olvidaron de promover y cuidar que la cultura liberal fuera abrazada fuertemente por cada hombre, mujer, joven y niño argentino. Creían que bastaba con saber hacer dinero, tener empresas exitosas y disfrutar de una buena economía; terrible error.

Es más, construyeron un sistema de escuelas públicas, subsidiadas con impuestos, y dejaron que allí, naturalmente, se enquistaran los marxistas, izquierdistas, socialistas, fascistas, comunistas y hasta nazis. Todos éstos, naturalmente, se apropiaron de las instituciones y recursos del erario para hacerse amos y señores de su línea de pensamiento.

Reemplazaron a los que pensaban como Alberdi y desde entonces se convirtieron en adoradores de Carlos Marx, Lenin, Mao, Stalin, Che Guevara, Domingo Perón, y otros. Con esta cultura izquierdista los llevó a denostar, denigrar, expulsar y hasta asesinar a liberales, empresarios, banqueros, hombres de negocios, inversionistas y todo lo que sonara a capitalismo o liberalismo.

Javier Milei

La izquierda peronista engañó a todo un pueblo con su falso discurso de los “empresarios explotadores”, de los “ricos malditos culpables de las desigualdades”. Esa izquierda engañó y ofreció que si le daban el poder a Juan Domingo Perón, todos los argentinos serían más felices en virtud de que Perón sería como un padre que cuida a sus hijos; acabaría con la desigualdad, se preocuparía por darles de comer a todos, les proveería de habitación salud, diversión, etc. Y sólo necesitaba que le dieran todo el poder al gobierno para manejar la economía, la salud, la educación, el Banco Central, etc. Los argentinos creyeron y así se pusieron la soga al cuello, cayeron en la trampa. Ahora no tienen ni salud, ni educación, ni felicidad. Su PIB per cápita ya cercano al de Venezuela, Cuba o Bolivia. Los peores en la escala internacional.

Después de muchos años en un ambiente de miseria maldita e innecesaria, surge una esperanza con un líder libertario que puede llegar a la presidencia: Javier Milei. En efecto, Milei representa el resurgimiento del pensamiento de Juan Bautista Alberdi y de grandes intelectuales como Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek, Milton Friedman, Murray Rothbard y otros de la Escuela Austriaca de Economía. Veamos algunas de sus ideas.

Dolarización

Javier Milei propone dolarizar la economía Argentina.  Los gobiernos han usado el Banco Central para imprimir millones de pesos argentinos para financiar locuras, obras faraónicas de dudoso beneficio y programas sociales: aeropuertos, palacios de gobierno, carreteras, regalan dinero a los ancianos, a los estudiantes, a las madres solteras, etc. Programas populistas que parecen buenos, pero que destruyen al país que las aplica.

Milei quiere quitarle al gobierno el poder de imprimir dinero argentino porque así evitaría inflaciones, que hoy rebasan el cien por ciento. Propone al dólar porque es moneda que ninguna empresa argentina podría producirlo, tiene aceptación mundial, lo que favorecería el comercio internacional de Argentina y, aunque también sufre devaluación debido a gobiernos irresponsables de USA, no se compara con las devaluaciones de los gobiernos que ha tenido Argentina. La tasa de cambio ya no se dictará en el gobierno, se resolverá en el mercado de divisas. El gobierno dejará de asumir la responsabilidad de proveer de dólares al comercio, industria y turismo. Quien necesite dólares los conseguirá en el mercado de divisas, en la calle. Para esto, en argentina se decretará la libre circulación del dólar u otras monedas, como la libra esterlina, los euros o los yenes. La gente podrá elegir la moneda a su gusto y conveniencia.

El apoyo de la Reserva Federal

Si Javier Milei contara con el apoyo del gobierno norteamericano, éste podrá ordenar imprimir una cantidad de dólares suficiente para hacer la conversión al tipo de cambio real del momento. Se anunciaría que la gente haga el cambio en los bancos en un plazo de una semana, por ejemplo. Cumplido el plazo quedarían sin valor los pesos argentinos. Ahora bien, todos los billetes argentinos capturados por el cambio deben ser destruidos, incinerados. Nótese que, aunque el gobierno de USA haya mandado a imprimir una gran cantidad de dólares para la conversión, no tendría efectos distorsionantes en USA ni en Argentina porque no aumenta la masa monetaria de estos países. Por esa cantidad enorme de dólares que recibiría Argentina, solo pagaría por el papel y la tinta, pues no estaría adquiriendo deuda.

En realidad, no es tan necesario desplazar al peso argentino. Pero es mejor porque el dólar tiene aceptación mundial, el peso argentino solo en Argentina. No es tan necesario si ya se ha adoptado la política monetaria de mantener la masa de dinero sin variación. La imprenta puede funcionar sólo para restituir billetes deteriorados o para compactación de dinero o para fraccionar billetes. Pero se debe tener cerca el incinerador. Con masa monetaria fija, libre circulación del dólar y tasa de cambio por oferta y demanda se vería una pronta fortaleza del peso argentino.

Cheque escolar

La idea es que el gobierno elimine el sistema de subsidio directo a escuelas y universidades públicas. Se trata de que las instituciones aprendan a vivir del cliente, no del gobierno. Temporalmente, el presupuesto educativo no tendría variación, pero se daría al alumno mediante un voucher o cheque intransferible para que pague en la escuela pública donde estudia.

En un primer momento, la escuela recibe la misma cantidad de dinero, pero la recibe de manos del alumnado. Con el tiempo y buena labor, las escuelas podrán recibir más vouchers si elevan su prestigio y los profesores podrán recibir mejores sueldos. Este proyecto implica darle autonomía a las instituciones educativas. El personal docente decidiría sus propios sueldos y administrará mejor los recursos, a fin de ganar más clientes. Por supuesto, si una escuela no es capaz de dar buen servicio, se enfrentaría al abandono del estudiante, quien se cambiaría, con su cheque en mano, a otra escuela.

En efecto, se trata de convertir a las escuelas existentes en escuelas competitivas, de hacer que universidad pública trabaje como si fuera privada para que ponga atención e interés en sus alumnos, pero con la ventaja de tomar decisiones sin intervención del Estado. Es un plan avanzado y lo mejor que se haya escuchado en el mundo.

Salud y burocracia

El mismo sistema de vouchers se puede aplicar en las clínicas y hospitales del gobierno. El cliente o enfermo paga por el servicio que recibe y luego el enfermo se lo cobra al gobierno. Sin embargo, la idea de más fondo es separar salud y seguro. Es decir, el ciudadano paga por un seguro y si se enferma, el seguro cubre el gasto. Y mejor aún si los hospitales del gobierno son vendidos a los médicos que allí laboran.

Milei piensa reducir drásticamente el tamaño de la burocracia estatal. Hoy día esa enorme burocracia no deja desarrollar al país porque consume una cantidad bestial de recursos. Milei solo dejará tres o cuatro ministerios y el resto del personal tendrá que dedicarse a actividades productivas en lugar de vivir del erario.

Impuestos y gasto público

Milei considera que los impuestos son un robo legalizado. Empezará por aplicar la política de “impuesto cero” a las ganancias de las empresas, es mejor que inviertan y generen nuevas fuentes de trabajo. Significa que Argentina volverá a ser la tierra de oportunidades. Surgirán empresas donde los burócratas desplazados tendrán mejores ingresos que los actuales.

El gobierno no tendrá qué gastar tanto en virtud que no necesitará subsidiar empresas inútiles, ni organismos burocráticos parasitarios. Milei piensa que el gobierno debe reformar todo para que únicamente se dedique a cuidar que no haya asesinatos, ni robos, ni extorsiones y hacer justicia en su caso. Para tal efecto, la cantidad de impuestos será cada vez menores. Es la revolución libertaria que Argentina necesita.

Ver también

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, el economista argentino que puede convertirse en el primer presidente libertario de la historia moderna. (Michael Peterson).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

La (i)responsabilidad social corporativa

La narrativa del empresario panzudo y engominado ha impregnado nuestro imaginario colectivo. Al mismo tiempo, nuestros empresarios compungidos por tales acusaciones han intentado purgar sus almas recubriendo su actividad de una responsabilidad que no es social y aún menos corporativa. La responsabilidad social corporativa, RSC, ha sido el elemento expiatorio de nuestros empresarios, que acomplejados y afligidos por una culpabilidad inocua, han teñido su actividad de la moralina de la responsabilidad.

La empresa ya es responsable

Durante las últimas décadas la RSC se ha instalado en cada eslabón de nuestra estructura productiva y se halla especialmente presente en aquellas etapas más cercanas al consumo. La RSC ha puesto patas arriba nuestra estructura productiva, convirtiéndose en un elemento crucial en el cálculo económico. Aquellos que afirman que cualquier actividad empresarial debe ser ejercida responsablemente, desconocen en su mayoría los fundamentos ideológicos que sostienen tal afirmación.

Dejando de lado otras cuestiones más profundas, encontramos que tales afirmaciones se fundamentan en el rechazo a la propiedad privada de los medios de producción y en la ilegitimidad de la plusvalía y el beneficio empresarial. Más allá de los evidentes pilares erróneos que cimientan la RSC, estas afirmaciones obvian que el empresario ya ha actuado responsablemente. En un contexto de libre mercado, la soberanía del consumidor es absoluta y el desarrollo empresarial sólo tiene lugar en la medida en que tal empresa satisface una necesidad con la mayor calidad posible y al menor precio posible. El consumidor hace relucir su guadaña y se deshace de aquellas empresas que no satisfacen sus necesidades. La mera existencia de una empresa nos informa de que ya ha participado de la satisfacción de una necesidad. La empresa no tiene una deuda con la sociedad, y no tiene obligación de actuar responsablemente.

La RSC como fin y medio

Según afirma Jesús Huerta de Soto (1992),

La función empresarial, en un sentido estricto, consiste básicamente en descubrir y apreciar las oportunidades de alcanzar algún fin o, si se prefiere, de lograr alguna ganancia o beneficio, que se presentan en el entorno, actuando en consecuencia para aprovecharlas.

Jesús Huerta de Soto

En un sentido más práctico, esta definición afirma que, con su particular perspicacia, el empresario hará uso del cálculo económico para asignar recursos (medios) a aquellos procesos productivos que respondan de la mejor manera a las necesidades (fines) de los consumidores. Si aceptamos las premisas de esta definición nos podemos dar cuenta del principal problema que subyace a la RSC. Desde el momento en el que tanto la oferta – a través de incentivos directos e indirectos, y regulaciones -, como la demanda – a través de regulaciones de precios y adoctrinamiento – son sesgadas y corrompidas por la coacción vertical estatal, el cálculo económico deviene ineficaz e ineficiente, creando descoordinación entre los agentes y en los procesos productivos.

Por ejemplo, concentrando recursos y esfuerzos en la producción de bienes responsables sin una demanda que lo sostenga o encareciendo otros bienes no responsables debido a la pérdida de productividad tras la mala asignación del capital productivo. El beneficio neto de la RSC sería negativo, al mismo tiempo que desconocido.

Politizar la pirámide de Maslow

Algunos defensores de la RSC contraargumentan que los medios y los fines son cambiantes y han evolucionado. Una vez cubiertas las necesidades fisiológicas, se podría dar el caso de que los consumidores fuesen atraídos por servicios o productos que cubran otras necesidades de otro orden más elevado, como pueden ser la necesidad de autorrealización o de valoración (como fue el caso de los productos orgánicos a partir de los años 2000). La RSC vendría a cubrir dichas necesidades, a través de bienes o servicios evidentemente más caros o de menor calidad, pero que aportasen estas características supuestamente apreciadas por el consumidor.

Dicho esto, la RSC puede ser pertinente y beneficiosa en el caso de que surja de una evolución natural (horizontal) de los fines individuales. El problema viene cuando la coacción (vertical) estatal distorsiona las señales del mercado e impone arbitrariamente su voluntad en favor de sus deseos políticos. Los fines y los medios no habrían cambiado naturalmente, sino coactiva y forzosamente. Los fines son siempre individuales, pueden ser compartidos, pero nunca sociales; los medios deberán satisfacer entonces los fines individuales que conforman a lo sumo los fines sociales.

Queda entonces por resolver la validez parcial o total de la información mediante la cual los agentes toman sus decisiones económicas en un contexto de economía intervenida. Lo que sí queda claro es que los empresarios honestos ya vienen purgados de fábrica, y que solo pueden ser y son responsables para con la sociedad.

Ver también

El objetivo de la empresa en las economías de mercado (I). (Luis Pablo de la Horra).

El objetivo de la empresa en las economías de mercado (II). (Luis Pablo de la Horra).

Responsables. (Alberto Illán Oviedo).