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En defensa del liberalismo de 1989 (II): mata al boer

Elon Musk puso el foco hace pocos días en un problema que lleva años siendo ignorado por occidente: la violencia sobre los boer, la población blanca en Sudáfrica.

Mata al bóer es el grito de guerra de los movimientos populistas de este país. Las consecuencias de este clima racista están perfectamente documentadas y detalladas en el libro Kill the Boer: Government Complicity in South Africa’s Brutal Farm Murders, de Ernst Roets. En español es posible conocer este problema por medio de los artículos de Marcel Gascón en Libertad Digital, los que dan suficiente información para entender que estamos ante un problema muy serio que puede degenerar a algo mucho peor, lo que podría ser fácilmente atenuado si la prensa occidental no hubiera decidido mirar para otro lado.

La denuncia de Elon Musk

Y ha sido precisamente la denuncia de Musk la que ha sacado el problema del fondo del cajón y lo ha puesto sobre la mesa. La reacción de la prensa de izquierda no ha sorprendido a nadie: quitar hierro al asunto o incluso llamar racista al propio Musk. Una parte de la derecha está vinculando este comportamiento de la prensa a una consecuencia del pensamiento woke. Un efecto secundario del Black Lives Matter. Lo woke, como evolución de la izquierda de los últimos lustros, tienen su impacto en todo, pero me temo que se está perdiendo la perspectiva al relacionar problemas muy viejos con tendencias muy nuevas.

Y aquí retomamos la defensa de los análisis que grandes liberales hicieron antes de la caída del Muro de Berlín. Jean-François Revel le dedicó dos capítulos de su libro El conocimiento inútil a este tema: Función política del racismo y Función internacional del antirracismo. En ellos se explica el mecanismo que ha permitido a la izquierda conseguir utilizar el racismo como una cabeza de playa para atacar a las democracias liberales, y la forma en que el movimiento antirracista internacional (en ese momento con el apartheid sudafricano como su principal leitmotiv) estaba eclipsando al resto de desmanes de otros regímenes (casi todos socialistas y comunistas).

La ceguera voluntaria

Revel documenta de forma muy detallada los crímenes que gobiernos africanos cometieron sobre su propia población (dirigentes negros masacrando y condenando al hambre a población negra). La prensa occidental actuó del mismo modo entonces que ahora: ignoró el asunto y, cuando le obligó a prestar atención, quitó hierro al componente racial. Como explica Revel:

¿Por qué esta ceguera voluntaria? Porque es preciso que en ningún caso se pueda reprochar a africanos haber hecho morir deliberadamente a otros africanos.

Jean François Revel

En el caso sudafricano actual este sesgo se agrava considerablemente. No solo estamos ante un gobierno africano dejando morir deliberadamente a otros africanos, sino que estas víctimas africanas son de raza blanca, y herederos de quienes protagonizaron un régimen repulsivo cuya caída fue uno de los mayores éxitos internacional de la izquierda mundial.

Criterio racista sobre lo que es, o no es, racismo

Ante un panorama así existen serias dudas de que esta viñeta no pueda convertirse en realidad. Para muchos, aquí entra en juego lo woke. El racismo solo puede ser de blancos a negros, y nunca al revés. Pero Revel ya nos previno sobre esta trampa:

Y, para decirlo todo completamente, el racismo blanco no es reprensible más que si procede de una sociedad capitalista y democrática. La matanza de asiáticos o de africanos por socialistas europeos está autorizada, igual que la discriminación contra los negros en Cuba. En definitiva, el único racismo es el racismo blanco capitalista.

Jean François Revel

Esto es clave para entender la época que estamos viviendo. La izquierda actual es heredera de la que Revel estudió con tanto empeño. Décadas de intelectuales generando chatarra ideológica con un único fin: atacar a las democracias liberales para favorecer a los totalitarismos socialistas.

Los monos y la escalera

A mucha gente este razonamiento le parece caduco. Ya no existe el telón de acero, ahora tenemos al Foro de Davos y la Agenda 2030 como enemigos de nuestras libertades.

Se pasa por alto un mecanismo humano (y animal) muy básico que se describe en la fábula del experimento de los monos y la escalera. Es posible que la mayor parte de los intelectuales de la actual izquierda hayan olvidado con qué fin siguen escandalizando frente a un racismo muy concreto, mientras que el resto les deja indiferentes, pero su comportamiento no deja lugar a dudas. Y es exactamente el mismo que tenían aquellos intelectuales que eran fieles a la URSS.

La autocondena

Entendiendo esto se puede ir más allá de culpar al globalismo o a una URSS que ya no existe. La propaganda anticapitalista del siglo XX se construyó sobre las debilidades de la civilización occidental. Nuestra propensión a criticarnos a nosotros mismos de forma constante. Esto creó un relato en el que los malos siempre éramos nosotros, y donde nuestras víctimas nunca podrían ser culpadas de nada. Romper con ese relato es la única forma de liberarnos de la maldición que nos aflige desde hace demasiado tiempo.

Nuestra civilización ha inventado la crítica de uno mismo en nombre de un cuerpo de principios válido para todos los hombres y del que deben, pues, depender todas las civilizaciones con verdadera igualdad. Pierde su razón de ser si abandona ese punto de vista. Los persas de Heródoto pensaban que todo el mundo se equivocaba menos ellos; nosotros, occidentales modernos, no estamos lejos de pensar que todo el mundo tiene razón, salvo nosotros. Esto no es un desarrollo del espíritu crítico, siempre deseable; esto es su abandono total.

Jean François Revel
Serie ‘En defensa del liberalismo de 1989’

(I) El fenómeno de Desokupa

Por qué falló el conservadurismo

Artículo original en inglés por Claes G. Ryn en Law & Liberty

Los observadores serios de la escena política e intelectual de Estados Unidos difícilmente pueden dudar de que el conservadurismo estadounidense está desorganizado. Una serie de nociones incompatibles de conservadurismo compiten entre sí. ¿A qué se debe esta fragmentación y controversia? No hay una respuesta sencilla, pero un nuevo libro del presente autor relaciona la desorientación con el hecho de que el movimiento conservador no haya logrado sus objetivos de siempre y con que se vea obstaculizado por viejas debilidades, ahora quizá crónicas.

Fue en la década posterior a la Segunda Guerra Mundial cuando empezó a tomar forma en Estados Unidos un movimiento intelectual y político conscientemente conservador. Contaba con importantes pensadores en campos como la historia, la teoría política, el derecho, la sociología, la literatura y la economía. La publicación en 1953 del libro de Russell Kirk The Conservative Mind marcó un hito y le valió la reputación de “padre” del conservadurismo estadounidense moderno. William F. Buckley Jr. y su revista National Review (fundada en 1955) desempeñaron un papel fundamental en la conexión de las ideas con la política práctica. La revista proporcionó el fundamento intelectual para una alianza política de grupos dispares, como libertarios, católicos tradicionales y otros tradicionalistas. La coherencia intelectual pasó a un segundo plano para forjar un áspero consenso político.

El conservadurismo en los últimos 75 años

El movimiento quería apuntalar la civilización occidental tradicional con sus antiguas resonancias griegas, romanas y cristianas, y se oponía a lo que denominaba el Estado Leviatán. El totalitarismo había sido derrotado en Alemania, pero seguía existiendo en la Unión Soviética, y en Estados Unidos el Gran Gobierno estaba siendo impulsado por intelectuales y políticos progresistas.

El movimiento reafirmó el sistema estadounidense de gobierno constitucional limitado y descentralizado. Los valores morales y espirituales que, en su opinión, informaban la Constitución se estaban desvaneciendo en las universidades y otras instituciones estadounidenses. Este cambio cultural amenazaba en última instancia el Estado de derecho y las libertades tradicionales. En economía, el movimiento abogaba por el libre mercado y la disciplina fiscal en el gobierno.

En ocasiones, el conservadurismo parecía progresar considerablemente. Durante la presidencia de Ronald Reagan, los representantes del movimiento llegaron a declarar que el conservadurismo por fin había “triunfado”. Esta noción ilustraba una visión bastante superficial del estado de Estados Unidos y de lo que marca la dirección a largo plazo de una sociedad. En la década de 1980, la evolución de la cultura general, en concreto, de las universidades, no apuntaba en la dirección del triunfo. Como se puede comprobar aún más fácilmente hoy en día, el conservadurismo no había sido capaz de invertir las tendencias sociales más profundas a las que se oponía y que estaban configurando el futuro.

El gobierno federal estadounidense se ha expandido de forma espectacular y se ha centralizado progresivamente. El federalismo se ha debilitado enormemente. La Constitución estadounidense ha sido, en aspectos importantes, abandonada. Por ejemplo, el poder de ir a la guerra, que los Forjadores asignaron muy deliberada y explícitamente al Congreso, ha sido absorbido por el Ejecutivo. Se ha construido un elaborado estado de seguridad nacional con una capacidad casi ilimitada para vigilar a los estadounidenses, y el gobierno y los medios sociales, en tándem, censuran rutinariamente las opiniones desaprobadas.

El presidente Eisenhower advirtió contra “el complejo militar-industrial”, pero su tamaño y poder no han hecho más que crecer. La influencia de las grandes finanzas y las grandes empresas es mayor que nunca. Estados Unidos es hoy mucho menos una república constitucional que una plutocracia en la que las regulaciones y los mercados están fuertemente sesgados a favor de los grandes intereses económicos.

“Disciplina fiscal” es casi la última frase que podría utilizarse para describir la gestión financiera del gobierno federal. Los enormes déficits se han convertido en rutina, y el tamaño de la deuda nacional supera con creces el del PNB, condiciones que los economistas y políticos de los años 50 habrían considerado una pesadilla.

La delincuencia, incluidos los asesinatos, está más extendida y es más atroz que nunca, y en muchos lugares el Estado de Derecho sólo se aplica de forma selectiva. La drogadicción está por todas partes.

En cuanto a los valores tradicionales admirados por los antiguos conservadores, han sido sustituidos en las instituciones más influyentes de Estados Unidos, incluidas las universidades, y en la vida privada, incluso en algunas iglesias, por sus virtuales opuestos, la cultura woke y la de la cancelación.

A lo largo de los años, los conservadores han gastado cantidades increíbles de dinero en ganar elecciones e influir en los puntos de vista políticos en el Congreso de Estados Unidos y en otros lugares. Sin embargo, apenas han influido en las tendencias sociales generales. A los progresistas liberales y a los izquierdistas les gustaría pensar que el conservadurismo estaba atrasado desde el principio y que estaba destinado a ser derrotado por ideas superiores. La razón principal del fracaso del conservadurismo es bien distinta: el movimiento diagnosticó mal los problemas a los que se enfrentaba y adoptó las prioridades equivocadas. 

El papel de los intelectuales

Al principio, los principales intelectuales conservadores, entre los que destacaba Kirk, señalaban la cultura general como determinante de la evolución de la sociedad. Era la vida de la mente y la imaginación -en la religión, las universidades, la literatura, el cine, la música, las demás artes y los medios de comunicación- lo que daba a la gente su visión básica de la realidad y formaba su sensibilidad. Según Kirk, “la cultura” creó sus esperanzas y temores más profundos y les predispuso a determinadas actitudes políticas. Un pensador afín, que había llamado la atención del público incluso antes, era Peter Viereck.

Ambos habían estado profundamente influidos por el gran profesor de Harvard Irving Babbitt (1865-1933), que sostenía que la imaginación desempeña un papel central en la formación de la vida de los individuos. Una sociedad sana presupone ciudadanos con una mezcla de carácter moral e imaginación sólidos. Kirk, Viereck y otros argumentaron que, a menos que la deteriorada cultura moral-espiritual, intelectual y estética de Estados Unidos fuera reconducida por un tradicionalismo cultural creativo, un sentido deformado de la realidad destruiría lo que quedaba de la civilización occidental y el orden constitucional de Estados Unidos.

Muchos intelectuales han escrito sobre “principios”… pero rara vez sus debates sobre las cuestiones últimas han superado el nivel de las grandes generalidades, y normalmente han avanzado conclusiones ideológicas y políticas preconcebidas.

Pero una visión diferente de lo que era más necesario se convertiría en dominante en el movimiento conservador: La forma de lograr el cambio era ganar poder político. La línea editorial de la National Review de Buckley era paradigmática. Era una revista intelectual, pero, sin que los propios editores se dieran cuenta, las ideas se convirtieron para ellos en gran medida en un medio para conseguir victorias políticas, especialmente elecciones presidenciales. Este sentido de las prioridades desvió la atención y los recursos de la necesidad de cambiar la cultura.

El movimiento se vio afectado por una forma profundamente arraigada pero dudosa de pragmatismo estadounidense, que tiende a descartar la importancia de la mente y la imaginación y a veces roza lo filisteo. Pensemos en la atención que prestan los medios de comunicación a la política presidencial, las elecciones y las batallas en el Congreso de Estados Unidos. ¿Hay algún ámbito de actividad que pueda influir más en la vida de los estadounidenses? ¿Acaso el poder de determinar el futuro no reside en última instancia en Washington DC?

En la década de 1980, cuando el movimiento celebraba el “triunfo” del conservadurismo, las personas más atentas a “la cultura” podían ver que lo que allí ocurría en realidad seguía radicalizando la mente y la imaginación estadounidenses. La Nueva Izquierda y la Contracultura de los años sesenta y setenta no habían sido aberraciones transitorias. Reflejaban tendencias amplias y discernibles desde hacía mucho tiempo dentro de la sociedad occidental que estaban socavando o sustituyendo las creencias clásicas y cristianas. La cultura despierta y la cultura cancel no son sino nuevas manifestaciones extremas de las mismas tendencias generales. Son esas tendencias las que han producido la radicalización progresista de la política estadounidense y las que siguen sorprendiendo y confundiendo a los conservadores.

El movimiento nunca comprendió del todo las fuentes más profundas de la conducta humana ni la profundidad de los problemas a los que se enfrentaba. La política puede ser en algunas circunstancias supremamente importante, pero no puede haber una acción política realista y eficaz sin un diagnóstico adecuado de los problemas que hay que abordar y sin comprender los límites de la política.

El movimiento no ha ignorado las ideas. Muchos intelectuales han escrito sobre “principios” y han defendido cosas como los programas de “grandes libros”, pero rara vez sus debates sobre las cuestiones últimas han superado el nivel de las grandes generalidades, y normalmente han avanzado conclusiones ideológicas y políticas preconcebidas, como cuando se ha demostrado que el archi elitista Platón era en realidad un defensor de la “democracia”. Algunos conservadores del movimiento han hablado del papel crucial de las artes y la imaginación, pero rara vez han intentado explicar en profundidad qué es la imaginación o por qué influye tan fuertemente en los seres humanos.

El movimiento nunca alcanzó una cultura filosófica madura. Quizá el mejor ejemplo de esta debilidad sea que muchos pensadores supuestamente conservadores respaldaron una visión antihistórica de los valores superiores y de la existencia humana en general. Se sintieron atraídos por la opinión de Leo Strauss y sus discípulos de que, a la hora de comprender los valores superiores, no había nada que aprender de la historia y la tradición. Sólo importan los principios abstractos y ahistóricos. Sin embargo, el padre del conservadurismo moderno, el pensador y estadista británico Edmund Burke, había subrayado lo contrario. Temía las ideas abstractas de la Revolución Francesa. Sostenía que, aislados, los individuos y las generaciones individuales tienen escasos recursos morales e intelectuales.

Pero a través de un esfuerzo intergeneracional, podemos acceder y aportar creativamente la sabiduría de la humanidad, lo que Burke llamó “el banco y el capital de las naciones y de las épocas”. Aquí hizo explícita y desarrolló una predisposición que llevaba mucho tiempo implícita en la civilización occidental, especialmente en el cristianismo. Su inclinación era paralela a la de los Forjadores de Estados Unidos. Por ejemplo, en los Federalist Papers, James Madison respalda explícitamente confiar en la experiencia y rechaza pensar como un “teórico ingenioso” que planea una constitución “en su armario”.

Resulta paradójico que, al respaldar el pensamiento ahistórico y abstracto del derecho natural y rechazar la guía de la historia, muchos miembros de un movimiento estadounidense supuestamente conservador se sintieran atraídos por una postura intelectual asociada hasta entonces con izquierdistas y revolucionarios.

Preocupado por ganar las elecciones y los debates políticos, y poco dispuesto a abordar las cuestiones más exigentes de la mente y la imaginación, el movimiento se vio finalmente desbordado por las tendencias culturales que había ignorado en gran medida. Incluso su noción de la política quedó truncada. Ahora que el conservadurismo se encuentra en un estado de desorientación, cabe preguntarse si sus arraigados hábitos intelectuales y de otro tipo se interpondrán en el camino de un autoexamen y un examen de conciencia urgentemente necesarios.

Es hora de que el gobierno elimine la limitación del precio de la energía

Artículo original en inglés por Dillon Smith en CapX

En los últimos años se han producido cambios extraordinarios en los mercados energéticos. Los precios se han disparado hasta niveles impensables hace poco tiempo. El Gobierno ha intervenido para subvencionar directamente las facturas energéticas, con un coste asombroso para los contribuyentes, y se han sucedido las quiebras de proveedores, que han repercutido en los consumidores.

Pero hay un aspecto muy importante de esta crisis que ha pasado casi desapercibido: la competencia prácticamente ha desaparecido del mercado minorista. Antes de la crisis energética, se podía ahorrar mucho en la factura cambiando de tarifa o de proveedor, pero ahora ya no hay precios competitivos. Aunque la volatilidad de los precios al por mayor tiene mucho que ver, hay otro culpable: el tope de precios de la energía (EPC) de Ofgem.

¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Como tantas otras intervenciones del Gobierno, se introdujo con las mejores intenciones y sólo pretendía ser temporal. El tope de precios se diseñó para hacer frente a la “penalización por fidelidad”, por la que los clientes que llevaban muchos años con un proveedor se veían estafados en sus facturas. Los más avispados podían ahorrar mucho, pero para los clientes (a menudo de edad avanzada) que encontraban este proceso demasiado confuso o complicado (o los que se acogían a una “tarifa de adquisición” con descuento), la tarifa variable estándar de un proveedor solía tener una pésima relación calidad-precio.

Por eso se introdujo el tope de precios (tras un tope anterior para los clientes con contadores de prepago), esencialmente como sustituto de la competencia para quienes no podían “participar” en el mercado. El tope debía ser la mejor estimación de Ofgem sobre cuál debería ser el precio “justo” para esos clientes, y funcionar realmente como un tope, con la competencia prosperando por debajo de ese nivel. Y, por supuesto, esto sólo iba a ser temporal, mientras el Gobierno ponía en marcha otras iniciativas para hacer frente a la desvinculación, como el despliegue de contadores inteligentes y la mejora de los procesos de cambio de proveedor. 

Así funcionó durante los primeros años del límite (2019-2020). Pero la crisis energética lo cambió todo. Con los precios al por mayor por las nubes, muchos de los proveedores clandestinos quebraron. Se hundieron por sus arriesgadas prácticas empresariales, sin duda, pero también por la rigidez del EPC, cuyos periodos de revisión de seis meses eran demasiado infrecuentes para permitir a los proveedores ajustar sus precios a la volatilidad mayorista (Ofgem actualizó posteriormente este periodo, haciéndolo trimestral). 

Además, el nivel del EPC se convirtió rápidamente en el precio más barato del mercado en lugar de un tope, ya que las tarifas fijas (no cubiertas por el EPC) se encarecieron cada vez más, antes de que la mayoría de los proveedores acabaran retirándolas. Las tasas de cambio cayeron en picado y ahora casi todo el mercado está cubierto por el EPC, con tarifas fijadas al nivel máximo o justo por debajo. Y, por supuesto, el Gobierno intervino con la Garantía de Precios de la Energía el invierno pasado (sustituyendo al límite), hasta que expiró en junio. 

Distorsiones del mercado en la actualidad

La competencia en el mercado prácticamente ha desaparecido. Sí, han empezado a aparecer algunas ofertas de precio fijo, pero la mayoría se sitúan dentro del 1% del nivel máximo. Ofgem está tan preocupada por el riesgo de quiebra de los proveedores como consecuencia de la volatilidad del mercado mayorista que ha activado una medida conocida como “Cargo de Estabilización del Mercado”. Esta medida obliga a los proveedores a reembolsarse mutuamente cada vez que un cliente cambia de proveedor (a una tasa semanal fijada por Ofgem), con el fin de protegerse de las pérdidas financieras derivadas de los requisitos de cobertura de la CPE. En otras palabras, Ofgem desincentiva directamente la competencia en el mercado para salvaguardar las finanzas de los proveedores.

Estas y otras contorsiones están diseñadas para que el EPC funcione en un mundo para el que no fue diseñado. Fundamentalmente, el EPC se concibió para el mercado de ayer (benigno); en el mundo de hoy es evidente que ya no sirve para este propósito. Los expertos advierten de que los precios más altos podrían acompañarnos durante toda esta década y más allá, mientras que la volatilidad podría volver este invierno si el tiempo no coopera y Putin decide hacer de las suyas. De ser así, es la receta para que otra intervención “temporal” se convierta en permanente, mientras el público se acostumbra a que el Estado fije el precio de la energía, deshaciendo gran parte del duro trabajo de la privatización.

Es cierto que, si los mercados recuperan la estabilidad, la competencia podría empezar a surgir bajo la limitación. Pero nuestro régimen regulador no puede basarse en la esperanza de que los mercados se “normalicen”, e incluso si lo hacen, el tope de precios reduce el incentivo para competir (parte de la razón por la que siempre se pensó que era temporal). Además, el régimen actual desincentiva la innovación y es incompatible con nuestras necesidades energéticas futuras, como unas tarifas más dinámicas basadas en el tiempo de uso (fundamentales para nuestros esfuerzos por alcanzar el objetivo de energía neta cero). 

Por eso, en una nueva nota informativa del Centre for Policy Studies pedimos al Gobierno que suprima el límite de precios en su forma actual, ayudando así a estimular la competencia, bajar los precios para los consumidores y luchar contra la inflación. Analizamos otras formas en que el Gobierno puede abordar la “penalización por fidelidad” de una manera menos perjudicial, como hacer permanente la actual prohibición de las tarifas de adquisición única, o la idea de una “tarifa relativa”. 

Además, las reformas de la limitación de precios deberían ir acompañadas de un mayor apoyo a los clientes vulnerables y con rentas más bajas. Un mundo de precios más altos y volátiles significa que el Gobierno no puede confiar en soluciones ad hoc, dejando que los clientes se pregunten cuántas ayudas recibirán. Utilizar el sistema de prestaciones para determinar la elegibilidad (como es el caso de los programas actuales) crea el riesgo de precipicios y no cubre a todos los que razonablemente podrían necesitar ayuda. Por tanto, el Gobierno debería introducir una “tarifa social”, como muchos han sugerido, con una orientación más sofisticada dirigida a quienes gastan una proporción excesiva de sus ingresos en facturas energéticas. 

Fundamentalmente, el Gobierno necesita construir un régimen resistente que equilibre más eficazmente el apoyo a los clientes vulnerables con una competencia floreciente. Al fin y al cabo, como muestra cualquier libro de economía, la mejor protección para los consumidores es la competencia, no el control estatal de los precios.

El negocio del Software Libre (IV): Hackers frente a académicos

Hackers frente a académicos. En mi último artículo sobre modelos de negocio en el Software Libre comentaba las cuentas de las empresas que gestionan las principales redes sociales y, a modo de epífora, repetía que podía ser una casualidad que a mayor implicación en proyectos de Software Libre, mayores eran los beneficios de esas empresas.

Si bien yo no considero que sea una casualidad, tener que escribir ese artículo a modo de preámbulo del presente es algo que me permite ilustrar la sinrazón de los cientificistas que se empeñan en intentar crear modelos reproducibles cuando intervienen humanos.

Los humanos sueñan, los androides, no

Cuando intervienen humanos no se puede crear un modelo capaz de obtener los mismos resultados si la prueba se realiza de la misma forma. Porque no hay dos personas iguales. Y en la economía, el elemento fundamental de estudio es la persona. Igual que en la tecnología.

Entre los muchos puntos en común que tienen la Escuela Austríaca y el Materialismo Filosófico es que ambas escuelas tienen una premisa clara, que es que cuando intervienen humanos todo cambia respecto a si no intervienen humanos y, a partir de ahí, desarrollan metodologías de estudio.

Esta es la verdadera potencia de estas dos escuelas y por la que trituran cualquier cientificismo o cualquier academicismo. Ya sea analizando a través de la praxeología y el individualismo metodológico de la Escuela Austríaca o a través de las metodologías alfa y beta-operatorias del Materialismo Filosófico, vemos que es imposible aplicar modelos matemáticos que devuelvan los mismos resultados cuando al menos una de las variables implica la acción humana.

Sólo Dios conoce el precio matemático

Como ya explicó hace cuatro siglos el Cardenal Juan de Lugo: «Pretium iustum mathematicum licet soli Deo notum» (sólo Dios conoce el precio matemático justo [de las cosas]) o su contemporáneo Baltasar Gracián, quien en su aforismo 26 de Oráculo manual y arte de prudencia dice:

Todos son idólatras: unos de la estimación, otros del interés y los más del deleite. La maña está en conocer estos ídolos para el motivar, conociéndole a cada uno su eficaz impulso: es como tener la llave del querer ageno.

Baltasar Gracián

Y en su aforismo 252:

Entienda el atento que nadie le busca a él, sino su interés en él, o por él.

La actitud del hacker

Eric S. Raymond comienza su apartado “La actitud del hacker” de Cómo convertirse en hacker afirmando:

Los hackers resuelven problemas y construyen cosas, y creen en la libertad y la ayuda voluntaria mutua. Para ser aceptado como hacker, deberás comportarte como si tuvieras esta actitud en tu interior. Y para comportarte como si tuvieras esta actitud, deberás creerte de verdad dicha actitud.

Pero si piensas en cultivar las actitudes de hacker solo como una forma de ganar aceptación en esta cultura, te estás equivocando. Transformarse en la clase de persona que cree estas cosas es importante para ti —para ayudarte a aprender y mantenerte motivado. Como en todas las artes creativas, el modo más efectivo de transformarse en un maestro es imitar la mentalidad de los maestros —no sólo intelectualmente, sino también emocionalmente.

Eric S. Raymond

Software libre

Y aquí es donde está la clave por la que las empresas que desarrollan Software Libre llegan mejor a un mayor público. El principal valor de las empresas es su personal. De nada sirve tener grandes extensiones de terreno fértil si no tienen personal que lo sepa cultivar o de nada sirve tener costosísimas máquinas sin técnicos que operen con ellas.

Las empresas tecnológicas no requieren de terrenos en zonas con una determinada climatología y acequias para regar ni de naves industriales con hornos, prensas y otra maquinaria que requieren de un gran capital para poder desarrollar su actividad, sino que requieren de una inversión en material muy pequeña en comparación con otros sectores, pero, sobre todo, necesitan un personal muy competitivo.

Competencias frente a diplomas

En la selección de personal de las empresas suele haber un conflicto entre primar las titulaciones o las competencias de los candidatos. En las empresas tecnológicas, al ser un mercado menos intervenido, este conflicto es mucho más profundo.

En muchos sectores es necesario tener una titulación, incluso una colegiación, para poder desarrollar una actividad profesional. Ahí, poco conflicto hay: sólo aquellos que tienen tal o cual diploma ejercen esa actividad. Pero a la hora de trabajar en el sector tecnológico, en el que la demanda de personal supera en mucho a la oferta, esa barrera de entrada es inviable.

Enseñanza de la tecnología y la universidad

Es más, la lentitud y burocracia del sistema universitario intervenido ralentiza tanto la adaptación de los temarios que no puede abastecer de personal a las empresas que están demandando personal con unos conocimientos en permanente evolución. El mejor personal en un sector tan cambiante como es el tecnológico no es el que más títulos tiene, sino el que mejor se adapta a cada necesidad, evolucionando sus conocimientos y sus acciones a medida que evolucionan las demandas.

Pero encontrar esos perfiles requiere de un esfuerzo importante por parte de los reclutadores. Si bien es cierto que se le da cierta importancia a los «soft skills» (lo que en español siempre hemos llamado «competencias») en el sector tecnológico, al ser algo tan inherentemente humano, es imposible de parametrizar. Es menos costoso para el que toma la decisión de contratar a una persona mirar el número de títulos que tiene.

Y aquí entran en conflicto los intereses de la empresa con los intereses particulares del tomador de decisión.

Pañoleta como título

Hay diversas fórmulas para saber, o intuir, a priori, si un trabajador tiene determinadas competencias o no.

Aquel que ha sido Scout (o miembro de algún grupo similar basado en las enseñanzas de Lord Baden-Powell), quizá no entendía de niño por qué era bueno para su aprendizaje hacer una marcha de 200 kilómetros en una semana. Yo no entendía por qué tenía que cargar más peso que otros compañeros. De hecho, me molestaba.

Veinte o treinta años más tarde, ves la importancia de eso que aprendías de forma lúdica: si cargabas mucha comida, pesaban mucho las mochilas, pero si cargabas poco, podías quedarte sin comida al cuarto o quinto día. Si no preparabas bien la indumentaria, tenías rozaduras que acababan siendo un suplicio. Si alguien se quedaba rezagado, todo el grupo le ayudaba, porque la consecución del objetivo del grupo dependía de que todos los miembros del grupo lo alcanzasen.

Boy Scout

Ana Sáenz de Miera publicó en Forbes un artículo (Por qué contratar una persona que haya sido Scout) en el que plasmó una serie de competencias que se adquirían en Scouts:

  • Sabe trabajar en equipo.
  • Es creativo.
  • Respeta su escala de valores y su palabra.
  • Sabe liderar y ser liderado.
  • Es empático.
  • Valora el esfuerzo.
  • Sabe ponerse objetivos y evaluarlos.
  • Es generoso.
  • Lucha contra la injusticia.
  • Es una persona “con recursos”.

La academia es el problema, el Software Libre es la solución

Todos los puntos que describe Ana Sáenz de Miera son importantes a la hora de trabajar en equipo en cualquier sector. Pero, en el sector tecnológico, además, hay que tener dos competencias más: saber algo de tecnología y entender algo el mercado. Para el que tiene la actitud adecuada, aprender a programar o a administrar sistemas es extraordinariamente simple:

Aquel que es capaz de estructurar ideas de forma metódica, programar es sólo convertir esas ideas a un lenguaje de programación. Y siempre va a poder ayudarse de la documentación o de programas que le ayuden. Aquel que es capaz de estructurar cómo deben comunicarse los elementos de un sistema informático, administrar sistemas es sólo instalar o programar servicios en máquinas. Y siempre va a poder ayudarse de la documentación o de programas que le ayuden.

Lo importante no es saber todas las funciones de determinado lenguaje, sino cuándo utilizar una u otra funcionalidad. Y por qué unos programas funcionan y tienen muchos usuarios y una gran comunidad de desarrolladores y documentadores y otros no.

Diferencias entre el académico y el hacker

En el Software Libre, en el que el precio no es un hecho diferencial por el que un usuario acaba utilizando uno u otro programa, es donde mejor se puede comprobar la acción humana y la dispersión memética. No hace falta leer a Ludwig von Mises, ni a Richard Dawkins, ni a Daniel Dennett, ni a Susan Blackmore para comprobar que aquellos programas que mejor funcionan son aquellos en los que mejor funciona su comunidad.

El académico lee sobre la comunidad, el hacker vive la comunidad. El académico imagina e idealiza. El hacker materializa. Quizá, después de haber vivido la comunidad, lee sobre comunidades y memes. Pero, como ya tiene una base material, puede extrapolarlo a otros contextos. El hacker construye. Construye en comunidad. Construye para la comunidad. Construye con otras personas, para otras personas. El académico, en el mejor de los casos, escribirá un paper que sólo citarán otros académicos.

El Zen de Python, la clave del éxito del Python

La base del éxito de Python no es su simplicidad, su rápido aprendizaje, que tenga «las pilas incluidas» o su gran cantidad de paquetes de terceros. La base del éxito de Python es su zen:

  • Bonito es mejor que feo.
  • Explícito es mejor que implícito.
  • Simple es mejor que complejo.
  • Complejo es mejor que complicado.
  • Plano es mejor que anidado.
  • Disperso es mejor que denso.
  • La legibilidad cuenta.
  • Los casos especiales no son tan especiales como para romper las reglas.
  • Aunque la practicidad vence a la pureza.
  • Los errores nunca deberían pasarse por alto.
  • A menos que esté explícitamente pasado por alto.
  • En caso de ambigüedad, rechaza la tentación de adivinar.
  • Tendría que haber un — y preferiblemente únicamente uno — camino obvio para hacerlo.
  • Aunque ese camino puede no ser obvio la primera vez, a menos que seas holandés.
  • Ahora es mejor que nunca.
  • Aunque nunca es, en algunos casos, mejor que ahora mismo.
  • Si la implementación es difícil de explicar, es una mala idea.
  • Si la implementación es fácil de explicar, puede que sea una buena idea.
  • Los namespaces (espacios de nombres) son una gran idea — ¡hagamos más de estos!

La importancia de la comunidad

Esta gran aportación de Tim Peters, con su toque de humor (a menos que seas holandés, en referencia a Guido van Rossum) y el hecho de que el humor sea un elemento fundamental en este lenguaje desde su raíz, ya que el nombre de Python viene por la afición de Guido a los Monty Python o que la propia documentación oficial de Python cuente con un apartado de humor es lo que ha hecho que se cree una comunidad tan grande alrededor de Python. Y esa comunidad es lo que ha hecho grande a Python.

Podría poner muchos ejemplos de la importancia de la comunidad del Software Libre, pero me limitaré a dos que han desbordado el campo de la tecnología (y que desarrollaré en futuros artículos):

El primero son los hackatones. Muchos grandes proyectos de Software Libre como Bootstrap o React, nacen de reuniones de hackers. Como los hackathones han demostrado su funcionalidad, en otros ámbitos se ha copiado este modelo de solucionar necesidades.

El segundo ejemplo es que hay proyectos libres, como OpenStreetMap, que crecen gracias a que se reunen hackers para mejorarlos a través de acciones como el State of the Map, el Humanitarian OpenStreetMap Team o el Missing Maps. Modelos similares también se aplican en las comunidades de Wikipedia. los Beers and Blogs, o en las Install Partys, donde la tecnología es la base de partida, pero no el fin de la acción.

Hackers, académicos y redes sociales

Del mismo modo que el niño que recorre 200 kilómetros en una marcha de una semana aprende una serie de competencias y que las interioriza gracias a una experiencia vivencial, el hacker vive la comunidad del Software Libre.

Por eso, las empresas de redes sociales que se nutren de hackers son capaces de desarrollar aplicaciones que generen un marco mínimo de cooperación social. La acción humana desarrolla de forma espontánea todo lo demás.

El académico puede estudiar, analizar e intentar parametrizar las interacciones humanas. Pero la subjetividad no es parametrizable. Con las redes sociales ocurre como con la economía: todo intento de planificación acaba fallando.

Copyleft Fernando Vicente. Puede copiar este texto. Escrito originalmente en Markdown con vi sobre Ubuntu GNU/Linux, usando sólo Software Libre.

Serie ‘El negocio del software libre’

(I) Las instituciones

(II) El caso de Wikipedia

(III) Sólo crecen las redes sociales que liberan código

Para más información sobre las limitaciones de la academia: Alberto Mera: Ciencia fiat



El populismo es nocivo para la economía

El pasado domingo 23 de julio, más de 37 millones de españoles estaban llamados a las urnas. El resultado de las elecciones nos deja ante tres escenarios posibles: 1) Pedro Sánchez vuelve a repetir gobierno con Sumar y demás partidos regionalistas y nacionalistas; 2) El PP logra los apoyos para formar gobierno con Vox, UPN, CC y alguna abstención inesperada; y 3) se produce un bloqueo político en el que tendremos que volver a votar en los próximos meses. Lo que está claro es que, de un modo u otro, el populismo parece que condicionará la formación del nuevo ejecutivo.

La incidencia del populismo

Por este motivo, parece interesante conocer cuál es el efecto de los populismos —tanto los de derecha como los de izquierda— sobre la economía. En un paper elaborado por Manuel Funke, Moritz Schularick y Christoph Trebesch (ver aquí), precisamente se estima el efecto que han tenido más de 50 líderes populistas en 60 países a lo largo del último siglo. Su muestra cubre más del 95% del PIB mundial. Para el trabajo, los autores han reunido más de 700 libros, capítulos y artículos sobre el populismo de varias ramas de las ciencias sociales. Con estas referencias, son capaces de identificar a cada uno de los líderes y clasificarlos como populistas[1].

Lo primero que llama la atención es su monumental trabajo a la hora de recolectar estadísticas sobre la evolución del populismo en los países desarrollados. Sus conclusiones son las siguientes: 1) Vivimos en una era que consideran como populista. Nunca antes en la historia había habido tantos líderes populistas. 2) Si el populismo entra en las intuiciones de un país, este país tendrá, con mayor probabilidad, otros líderes populistas en el futuro. 3) Muchos populistas alcanzan el poder después de una crisis económica. 4) Los populistas logran permanecer en el poder el doble de tiempo que los líderes no-populistas. 5) Pocos populistas abandonan el poder de formas tradicionales (elecciones), a saber, dimisiones, mociones de censuras, crisis constitucionales o suicidios son los modos más habituales a través de las cuales los populistas dejan el cargo. 6) No hay un populismo mejor que otro. Tanto el de izquierdas como el de derechas ofrecen figuras de entrada, supervivencia y salida similares.

El populismo en economía

¿Qué hay de los efectos en la economía? En primer lugar, aunque parezca sorprendente, dado el énfasis en proteger a los más desfavorecidos de la casta o los poderosos, el populismo es bastante malo a la hora de reducir la desigualdad de renta. Además, la renta per cápita es más de 10 puntos porcentuales inferior cuando gobierna el populismo. La caída de la renta per cápita es explicada, principalmente, por los populistas de izquierda, pero en las últimas décadas la importancia del populismo de derechas ha cobrado un mayor protagonismo. Tal y como concluyen los autores, “un claro resultado es que ambas variantes del populismo son igualmente malos para la economía”.

Existen tres posibles canales que conducen estos resultados. En primer lugar, el nacionalismo y el proteccionismo que limitan el comercio internacional y las políticas de inversión. De hecho, las tasas aduaneras crecen, en promedio, 10 puntos porcentuales más durante gobiernos populistas. Segundo, las políticas macroeconómicas insostenibles, que prestan poca atención a la salud de las cuentas públicas. Finalmente, en los regímenes populistas los controles y contrapesos brillan por su ausencia. Una menor libertad de prensa y de la independencia judicial afectan a las instituciones necesarias para que se produzca el desarrollo económico en el largo plazo.

Nocivo

En definitiva, el resultado electoral resultante de las urnas del pasado 23 de julio adquiere una vital importancia. Cuando un paciente, fumador, acude a la consulta por problemas respiratorios, probablemente su médico lo primero que le recomendará es que deje el tabaco. Lo mismo debería ser aplicado a las instituciones. Si el populismo de todos los colores tiene un efecto perjudicial sobre la economía, lo mejor que nos podría pasar es que no condicione las políticas públicas durante los próximos cuatro años. En términos democráticos, debemos dejar el populismo. Es nocivo para la economía.


[1] Los autores consideran que los líderes populistas emplean la clásica retórica pueblo vs. élite.

Ponerse la soga al cuello

Cuando a un pueblo inculto, ignorante y lleno de ideas fantasiosas se le da la oportunidad de tomar decisiones políticas, lo más frecuente es que terminen poniéndose la soga al cuello. Los ejemplos abundan: democráticamente eligen a Adolfo Hitler, Hugo Chávez, Joe Biden, López Obrador. Aplauden los programas sociales, etc. Es decir, eligen lo peor; se ponen la soga al cuello.

Aguantar a los tiranos

Después de cometer democráticamente, un error, la intención de corregir es casi nula, puede tardar muchos años. La capacidad de los pueblos para sufrir y resistir a los tiranos que los gobiernan, sorprende. La Cuba de Fidel Castro mantiene una tiranía que supera el medio siglo; Enver Hoxha tirano en Albania, detentó el poder durante 41 años; Paul Biya con su sangrienta dictadura, sigue siendo el presidente de Camerún; Omar Bongo, con su dictadura disfrazada de democracia desde 1967 hasta 2009 en Gabón. Y así otros más.

No es un fenómeno nuevo. Al parecer, los pueblos que sufren largas tiranías se acostumbran y lo ven como algo normal. Las viejas tribus de hace miles de años, admitían como natural tener un dictador que les gobernara la vida. El líder de la tribu concentraba todo el poder y sus decisiones eran obedecidas sin discusión alguna. Si el líder decía que debían caminar hacia el norte, todos lo hacían; podía ordenar el asalto, asesinato y despojo a otra tribu y las órdenes eran sagradas. Así vivió la humanidad durante largos milenios y a nadie se le ocurría que podía ser diferente. La estructura política de un “líder y los demás obedecen” fue la constante durante miles de años. El intelecto se estancó, pues los subordinados no tenían necesidad de pensar. La actividad de pensar contraía riesgos ante el líder.

Disidentes

En efecto, algo cambia cuando un miembro de la tribu se atreve a pensar diferente. Surge el riesgo de romper el poder del líder, lo que es inaceptable. El disidente puede buscar la manera de matar al líder y tomar su lugar, lo cual fue muy frecuente. O bien, el líder detecta a aquél que quiere romper el orden y es asesinado para que todo siga igual. Pero también puede ser que el disidente huya al amparo de la noche, corre sin parar y posiblemente lo sigan dos, tres o diez seguidores y así se forma otra tribu. Pero la estructura política no cambia: un líder y todos obedecen. Era lo normal y eso explica la multiplicidad de lenguas e idiomas que tenemos.

El líder o dictador se asumía como dueño de vidas y haciendas. Éste podía disponer de los recursos de sus subordinados y también de sus vidas. Si se le ocurría hacer la guerra contra una tribu cercana, organizaba a sus ejércitos y la gente entregaba sus vidas, sintiendo gran orgullo de morir por su líder. Así es como se tienen historias tipo Genghis Khan, Atila, Mao Tse Tung, Pancho Villa, Adolfo Hitler, Vladímir Putin y muchos más.

Todos los dictadores y tiranos han destruido vidas y haciendas de sus pueblos y de los vecinos. Los vikingos, que vivían del asesinato y despojo, asesinaron a miles pobladores que ya se dedicaban a la producción agrícola e industrial de manera pacífica. Pero seguramente también murieron muchos vikingos que le daban “gloria y poder” a su tribu.

Democracia

La humanidad da un gran salto cuando descubre “la democracia”. El poder ya no se logra por la fuerza de la espada y cederlo solo a los descendientes para soportar largas dinastías. Los disidentes convencen de que se debe elegir al gobernador. La idea parece razonable y se adopta para crear las “sociedades democráticas”.

Con la democracia se forman partidos políticos y sus propuestas de gobierno, generalmente promesas que no se pueden cumplir. Colocan candidatos carismáticos, buenos oradores y campañas bien estudiadas para ganar las elecciones y votan los ciudadanos. Es una moneda al aire y solo queda contemplar la acción del nuevo presidente. Al final, casi todos terminan desencantados.  Así van cambiando de líderes que saben subir impuestos, establecer constituciones restrictivas, hacer construcciones faraónicas para que el pueblo perciba que son buenos gobernantes. Otros simplemente se encargan de saquear el erario para quedarse con grandes fortunas personales.

En fin, que la democracia no garantiza un buen gobierno ni prosperidad para la gente. Parece ser que la democracia ha resultado en la mejor alfombra no violenta para que la izquierda llegue al poder y coloque a los nuevos tiranos, dictadores y demagogos en el poder.

De la democracia al comunismo

La izquierda ya se percató de que la democracia puede ser empleada para construir un país socialista y luego uno comunista. Por ejemplo. El gobernante de izquierda convence al pueblo de la necesidad de construir escuelas y universidades. Consigue el aplauso de los gobernados y para ello, sube impuestos, compra o expropia terrenos, construye los edificios, contrata cientos o miles de profesores que deben impartir los planes y programas del gobierno. De esta manera, la izquierda crea las instituciones que se convierten en caldo de cultivo de promotores y defensores del socialismo. Esto conlleva un dominio de la mentalidad de la gente que pasa por las instituciones educativas. Quedarán agradecidas que el gobierno les haya dado la oportunidad de estudiar. Se han puesto una soga al cuello.

Democráticamente, el líder de izquierda convencerá a sus ciudadanos que el gobierno construya hospitales, clínicas y sanatorios para garantizar la salud del pueblo. Los ciudadanos aprobarán la política de salud del Estado y, sin saberlo, se han puesto la soga al cuello.

Lo mismo se podría decir respecto al manejo del petróleo y otros recursos naturales para que los administre el gobierno. Pero también la administración del dinero, ven como natural que el Banco Central quede en manos del Estado. El agua, el transporte, aeropuertos, puertos, ferrocarriles, etc. Con el beneplácito de la gente se va construyendo el socialismo sin aclararles que eso es socialismo. Cuando se llegan a dar cuenta, demasiado tarde.

Programas “sociales”

A los políticos de izquierda no les faltan palabras dulces y bellas para esconder sus objetivos perversos, que no son otra cosa que crear un poder político que controle a toda la sociedad, sea en la producción o en la distribución. Puede que nunca mencione la palabra comunismo, socialismo, fascismo, pero el hecho de monopolizar la educación, salud, petróleo, agua, carreteras, obra pública, banco central, financieras, etc. Está construyendo el fascismo, socialismo o estatismo. A esto se le puede agregar el control del sistema legislativo, judicial, policía, ejército, aduanas, rutas aéreas, telefonía, redes sociales, etc.

En México ya se ha dado un paso tenebroso, perverso y de aceptación popular hacia el socialismo, mediante el control de ancianos (tercera edad), madres solteras, estudiantes, profesores, campesinos, deportistas. ¿Cómo se da este control? Mediante programas sociales, dinero regalado a cambio de nada. Cada mes o cada dos meses el gobierno deposita en sus cuentas bancarias una cantidad de dinero que les hace pensar en la bondad del gobierno, “porque nunca antes se había hecho algo parecido”. Este reparto de dinero es la estrategia más sólida para que la gente siga votando por los gobiernos populistas.

Privatización de la educación

Desafortunadamente, nuestros países latinoamericanos carecen de buenos economistas que puedan aclararle a la gente que dejar la educación en manos del gobierno significa destruir el mercado educativo; que el gobierno maneje la salud significa destruir el mercado de salud; que el gobierno administre el petróleo, es destruir el mercado del petróleo. Y así es como todas estas acciones gubernamentales, aun cuando tengan el consenso, la aprobación del pueblo solo conllevan a una destrucción de la economía, destrucción del talento de jóvenes, destrucción del capital. Y finalmente, los votantes se pone la soga al cuello.

¿Cuál es la solución? Cambiar radicalmente la cultura del pueblo, destruir las fantasías marxistas que dominan en nuestras escuelas y universidades para que la gente se percate que el futuro bueno no está en dejar todo el poder en los gobernantes, sino en el mercado. Así podrán reconocer que solo hay un camino, una medicina: Privatizar todas las escuelas y universidades; privatizar todo el sistema de salud; pasar el petróleo a manos privadas, etc. Dicho de otra manera, el gobierno solo debe garantizar que los mercados funcionen bien, con seguridad, cuidar que no haya asesinatos, violencia, robos o fraudes y hacer justicia en su caso.

Una cultura libertaria

¿Existe otra alternativa? No, no hay. La medicina puede ser muy amarga, pero es la única que cura al enfermo. Por supuesto, esta medicina nunca la va a dar un gobierno izquierdista, pues significa perder el control político de la sociedad y sus recursos. Además, desconfían del poder del mercado, nada saben de la mano invisible de Adam Smith y jamás han leído un renglón de la Escuela Austriaca de Economía. En las universidades, publicas y privadas solo se enseña Carlos Marx, Maynard Keynes, Samuelson y otros autores estatistas. Al carecer de buenos teóricos, se traduce en una pobreza de ideas en la sociedad y ello explica la poca o nula resistencia a las políticas populistas de la izquierda.

En fin, para que la sociedad no se autoflagele ni se ponga la soga al cuello, se requiere el dominio popular de cultura libertaria y limitar la acción del gobierno a funciones muy limitadas y específicas.

Ver también

Gustavo Petro busca el voto de los incautos atacando a Nicolás Maduro. (Antonio José Chinchetru).

Caos en Colombia. (Edgar Beltrán).

Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (y V)

Réplica (4 de 4) al artículo “Bitcoin es una mercancía”[1]

Las tomas falsas de este debate

Algunos de los argumentos empleados por Polavieja en este debate los considero como tomas falsas. En el mundo del cine o de la televisión, las tomas falsas son aquellas tomas descartadas para su emisión o emitidas posteriormente, por ejemplo, por ser divertidas. En este caso, considero tales argumentos como errores o manipulaciones demasiado evidentes como para ser tomados en serio (es decir, los considero una toma falsa, una toma que debe ser descartada). Por ese motivo, apenas los analizaré. Simplemente, mostraré aquí esas “tomas falsas” para que no se lleve a engaño el autor y crea que sus argumentos han pasado por buenos.

Primera toma falsa

Para que se pueda entender a lo que me voy a referir con esta primera toma falsa, comenzaré por repetir de forma abreviada algunos de los argumentos que empleaba en mi réplica a Polavieja, en los que planteaba una duda que podía surgir a partir de ciertas palabras de Menger. La duda era si Menger consideraba necesario que una mercancía (un bien destinado al intercambio) tuviera usos distintos a ser medio de cambio. En primer lugar, citaba unas palabras de Menger referidas al dinero (la mercancía por antonomasia, según su definición) en las que parece entenderse que considera necesario el valor de uso:

La fuerza de la costumbre es tal que asegura al dinero su capacidad de intercambio, incluso cuando ya no se tiene inmediatamente en cuenta su carácter de metal útil. Esta observación es del todo correcta. Pero no es menos claro que desaparecería rápidamente la capacidad de intercambio del dinero, a una con la costumbre sobre la que se fundamenta, si, por la razón que fuere, el dinero perdiera su característica de metal útil.[3]

Manuel Polavieja

A continuación explicaba que “este párrafo se refiere a una observación de Oppenheim en Die Natur des Geldes (1855)” y decía que, se compartiera o no la última afirmación de Menger, tal vez Polavieja no estaba muy acertado “cuando interpreta que según Menger no sería necesario que una mercancía tuviera otros usos distintos a ser medio de cambio”.

La respuesta de Polavieja a mis argumentos fue la siguiente:

…al contrario de lo que parece insinuar Serrano, Menger no afirma que la amplia demanda de una mercancía tenga que venir porque además tenga valor de uso, e incluso si así fuera (que no lo es), tampoco afirma que sea una característica obligatoria.

Manuel Polavieja

Por supuesto, yo nunca insinué nada en ese sentido, simplemente plantee una duda y esperaba que Polavieja pudiera ofrecer alguna explicación, cosa que no hizo. Pero lo mejor viene a continuación. Dice Polavieja:

Con respecto al texto de Menger en el que se refiere a Oppenheimer, la conozco muy bien y la traducción al castellano omite la palabra “cantidades”. Este texto termina de la siguiente manera en el escrito original: “wenn der Charakter der Geldstücke, als Quantitäten von Nutzmetall, verloren ginge.” Que en la versión en inglés está traducido con mayor fidelidad que en castellano: “if the character of coins as quantities of industrial raw materials were lost. Menger se está refiriendo a que la cantidad de metal (oro o plata) desaparezca, es decir, al envilecimiento de la moneda.

Manuel Polavieja

El texto de Menger citado al comienzo y al que se refiere Polavieja en esta cita corresponde a una nota del primer apartado (“Naturaleza y origen del dinero”) del capítulo VIII (Teoría del dinero) del libro de Menger Principios de Economía Política. Cuando introduce esa nota a pie de página (larguísima nota), Menger está hablando de la gran importancia de la costumbre en el origen del dinero. La nota al completo (casi dos mil palabras) trata sobre las diferentes teorías del origen del dinero defendidas por los economistas a lo largo de la historia (desde Aristóteles, Jenofonte y Plinio, pasando por Law, Genovesi y Turgot, hasta llegar a Rau, Roscher y, finalmente, Oppenheim, entre muchos otros).

¿Por qué incluyo este asunto en la categoría de “tomas falsas”? Porque este texto no tiene absolutamente nada que ver con el envilecimiento de la moneda, ni en español, ni en inglés ni en alemán. Bajo ningún concepto se puede afirmar lo que dice Polavieja.[4] Les pido a aquellos que se creyeran la réplica políglota de Polavieja que la comprueben (don´t trust, verify). Aquí no cabe una mala interpretación. Polavieja se “saca de la manga” el sentido de las palabras de Menger para no dar explicaciones de la duda que se le estaba planteando y que ponía en un brete sus tesis.

Segunda toma falsa

Siguiendo con el tema anterior, en la réplica le mostraba a Polavieja otro texto en el que de nuevo se podía interpretar que Menger consideraba necesario que las mercancías tuvieran siempre un uso distinto al de estar destinadas al intercambio:

Por doquier vemos que las mercancías que, por condiciones históricas y geográficas, son más negociables, además de ser empleadas para fines útiles, asumen al mismo tiempo la función de medios de cambio de uso general.[5]

Menger, Carl (1892): El dinero. Madrid: Unión Editorial, 2013, p. 90

En mi opinión, Menger da por hecho que las mercancías usadas como dinero se emplean siempre para fines útiles. No dice a veces asumen, dice asumen al mismo tiempo… De hecho, se podría cambiar el orden de la frase sin alterar el significado. Las mercancías más negociables, además de ser usadas para el intercambio, se emplean al mismo tiempo para fines útiles. Sin embargo, Polavieja me saca del error con una lección magistral (nótese la ironía):

También trae Serrano otra cita donde Menger se refiere a mercancías donde dice: “además de ser empleadas para fines útiles”. En primer lugar, el adverbio “además” ya denota un carácter accesorio o accidental (no esencial).

Manuel Polavieja

Decir que el adverbio “además” denota un carácter accesorio o accidental (no esencial) es simplemente ridículo. El adverbio “además” se usa para introducir información que se añade a la ya presentada (RAE), pero ese uso no denota nada. La locución preposicional “además de” se usa para añadir información a algo que se indica expresamente (RAE) y, de nuevo, este uso no denota nada. El diccionario María Moliner dice que el adverbio “además” expresa que la acción del verbo a que afecta ocurre añadida a otra ya expresada. Y pone como ejemplo la frase tiene mucho dinero, además de fincas, que como se podrá entender no denota ningún “carácter accesorio o accidental (no esencial)” de las fincas, simplemente añade información.

Por los motivos expresados, este pequeño pasaje de Polavieja también se ha ganado el derecho a aparecer en la categoría de “tomas falsas”.

Tercera toma falsa

Dice Polavieja, en referencia al origen del dinero que

una cosa es que individualmente sea históricamente muy improbable, más bien virtualmente imposible, inventar algo tan abstracto como el dinero de forma individual, y otra muy distinta que una vez descubierto espontáneamente y sobre el soporte de los bienes con valor de uso, cualquiera pueda intentar lanzar, de manera expresa y exclusiva, un bien cuya finalidad sea únicamente servir como medio de intercambio.

Manuel Polavieja

Por supuesto, nada impide que cualquiera pueda lanzar un bien con la única intención de servir como medio de intercambio o cuya finalidad sea, desde su punto de vista, únicamente esa. Pero, por un lado, la intención del creador de ese bien no es relevante a la hora de que ese bien sea adoptado finalmente en sociedad como medio de intercambio y, por otro, el hecho de que el creador de un bien solo encuentre en ese bien una determinada finalidad no impide que otras personas encuentren finalidades distintas (la creatividad del ser humano es sorprendente e inagotable).

Y, relacionado con lo que dice Polavieja en ese párrafo, uno de los errores más habituales es pensar que la teoría del origen del valor del dinero de Mises (una teoría apriorístico-deductiva compatible con la teoría histórico-evolutiva del surgimiento del dinero de Menger) es solo aplicable al primer dinero, pero que cuando hay otros dineros en funcionamiento y es conocido el concepto de dinero las circunstancias son diferentes. En realidad, las circunstancias son, en última instancia, exactamente las mismas. Es posible inventar un bien con la intención de que se convierta en dinero, y ese bien puede efectivamente llegar a ser dinero, pero no es posible demandar algo como dinero/MoE si no se ha establecido antes un precio de ese bien en el mercado. Y precisamente de este asunto del primer precio es de lo que quería hablar ahora. En referencia a la hipotética invención de un bien con la intención de ser dinero, dice Polavieja:

Que dicha invención no tenga ningún valor de uso no monetario que genere un primer precio, o que dicha invención acabe por fracasar, en absoluto impide que el promotor la lance y que uno o más individuos consideren que puede funcionar como medio de cambio adquiriendo las primeras unidades al precio que voluntariamente acuerden las partes y generando así un primer valor de cambio basado única y exclusivamente en la expectativa de utilidad monetaria.[6]

Manuel Polavieja

Ya he analizado en profundidad el asunto de las expectativas, las esperanzas, etc., en la tercera parte de este trabajo,[7] y ese análisis las ha mostrado como valor de uso, así que no voy a repetirme. Lo único que voy a hacer aquí es mostrar un ejemplo similar al de Polavieja, el de Lawrence H. White en el año 2014 y su rectificación en el año 2015.

En 2014, poco después del 100 aniversario de la obra de Mises La Teoría del Dinero y del Crédito, Lawrence H. White organizó un debate en “Liberty Matters”.[8] Los participantes (Lawrence H. White, Jörg Guido Hülsmann, Jeffrey Rogers Hummel, y George A. Selgin) analizaron la importancia de La Teoría del Dinero y del Crédito de Mises como un paso más en la aplicación de los avances de los economistas austriacos a la teoría monetaria y discutieron la solidez de la teoría de Mises una vez que, supuestamente, había sido puesta a prueba por la aparición de Bitcoin. En ese debate Lawrence H. White consideraba un desafío dar cuenta de Bitcoin utilizando el teorema de la regresión de Mises y utilizaba muchos de los argumentos que hoy emplea Polavieja. Incluso llega a cuestionar el propio teorema. Pero al igual que le sucede a Polavieja, el cuestionamiento del teorema por parte de White estaba basado en asunciones manifiestamente erróneas acerca de los inicios de Bitcoin. No obstante, a diferencia de Polavieja, White corrigió algunos de esos errores en 2015:

Anteriormente (White 2014a) rechacé demasiado apresuradamente este argumento como explicación de cómo Bitcoin logró por primera vez un precio de mercado positivo, sobre la base de que «no ofrece lo que requiere el argumento, es decir, una descripción de cómo Bitcoin inicialmente alcanzó un valor independiente de su uso real o futuro como medio de intercambio. El valor en cada punto de este escenario deriva enteramente del uso o uso prospectivo como medio de intercambio…» Me equivoqué al pensar que el argumento requiere tal cosa. Una valoración de afinidad positiva de una criptomoneda bien puede estar referida a la posibilidad de que despegue como dinero no estatal, pero eso no implica el problema del huevo o la gallina. La demanda de afinidad y, por lo tanto, el valor de mercado pueden ser positivos antes de que comience el uso real del medio de intercambio.[9]

Lawrence H. White, The Market for Cryptocurrencies.

Polavieja sigue repitiendo hasta la saciedad que Bitcoin no tuvo nunca ningún valor de uso no monetario y que cualquier valor que se le apreciara y que condujera al primer precio de mercado fue debido únicamente a su utilidad monetaria esperada. Ese empeño absurdo de Polavieja, que como hemos visto White no tardó en abandonar, le hace merecedor de esta nueva “toma falsa”.

Cuarta toma falsa

Antes de comenzar, conviene recordar dos cosas: la primera, que tanto la utilidad como el valor son siempre subjetivos, y la segunda, que no se debe confundir la eficiencia de una máquina (utilidad técnica) con la utilidad que cada uno pueda encontrar en ella (utilidad praxeológica). Digo esto, porque Polavieja utiliza muy a menudo el ejemplo de los coches o los teléfonos para compararlos con Bitcoin. Según su opinión, son todos mercancías y no hay diferencias esenciales entre ellos. Pero las diferencias existen y son insuperables.

La utilidad técnica de un coche es innegable, al igual que la de un teléfono. Digamos que no es necesaria una red de personas para reconocer la utilidad técnica de un teléfono (la puede comprobar el inventor por sí mismo, poniéndose un auricular en el oído izquierdo y otro auricular en el derecho). Y el hecho de que se venda o no el teléfono es indiferente, la utilidad técnica existiría igualmente aunque no se vendiera un solo teléfono y se dejara de fabricar.

En el caso de Bitcoin (como en el caso del coche o del teléfono) también hay un funcionamiento técnico evidente (bueno… al principio no era tan evidente, Satoshi Nakamoto y “Hal” Finney pasaron algunos apuros corrigiendo los problemas que iban surgiendo, pero hace mucho tiempo que no hay ninguna duda al respecto). No obstante, a pesar de un funcionamiento técnico impecable, el sistema Bitcoin no produce medios de intercambio. Un congelador produce cubitos de hielo, y el sistema Bitcoin “produce” bitcoins, pero este sistema no produce medios de intercambio. El hielo se puede utilizar para enfriar bebidas, independientemente de que los usuarios finalmente decidan no enfriar sus bebidas.

Sin embargo, la utilidad monetaria de Bitcoin no es independiente de que los usuarios decidan utilizar los bitcoins como medio de intercambio indirecto, porque los medios de intercambio surgen precisamente como consecuencia de las acciones de los agentes económicos (no como consecuencia del funcionamiento técnico de un sistema). Es decir, los bitcoins solo se convierten en medios de intercambio si los usuarios los utilizan para tal fin. Mientras los usuarios no utilizaban los bitcoins para el intercambio indirecto, los bitcoins no eran medios de intercambio (a pesar de que el sistema desde el primer momento y sin descanso “producía” nuevos bitcoins cada diez minutos).

Pretender que la utilidad monetaria de Bitcoin es equivalente a la utilidad técnica de los coches, de los teléfonos o de la máquina de hielo es absurdo; es desconocer completamente las leyes que rigen el intercambio indirecto. Por ello, esta idea de Polavieja merece ser considerada como una nueva “toma falsa”.

Quinta toma falsa

Respecto a ciertos asuntos que no vienen al caso, dice Polavieja lo siguiente:

Esto ni siquiera lo disputa Mises en la cita que expuse en el IV artículo de mi serie, donde afirma que los servicios monetarios son capaces de generar valor, que Serrano parece que no leyó, pues la aporta como novedad en su crítica.

Manuel Polavieja

Antes de nada, decir que yo no aporto ese párrafo de Mises como novedad, sino que lo aporto en apoyo de mis argumentos. El hecho de que también lo citara Polavieja en su artículo es irrelevante, pues no tiene la exclusiva de las ideas de Mises. Además, seguramente las interpretemos de forma muy diferente. No obstante, lo que quiero decir sobre este asunto no tiene del todo que ver con la respuesta de Polavieja a mi crítica, sino más bien con esa alusión directa.

El caso es que hace un tiempo Polavieja publicó en Twitter el siguiente mensaje:

Incluso Ludwig V. Mises, a pesar de su desafortunado teorema de la regresión, finalmente reconoció que la función monetaria es en sí misma capaz de crear valor.[10] [Traducción propia]

Manuel Polavieja

Añadiendo una foto de un párrafo de Mises, que es precisamente el párrafo del que estamos hablando ahora:

Todos los que negaron la capacidad de los servicios del dinero para determinar su valor de cambio no supieron reconocer que el único elemento decisivo es la demanda. El hecho de que exista una demanda de dinero —el bien más comerciable (más vendible), por el cual los propietarios de otros bienes están dispuestos a intercambiar— significa que la función monetaria es capaz de crear valor.[11] [Traducción propia]

Mises, Ludwig von. Money, Method, and the Market Process : essays by Ludwig von Mises. Selected by Margit von Mises. United States of America: Kluwer Academic Publishers, 1990, p. 59

Esto que dice Mises en ese libro de 1990 (que la función monetaria es capaz de crear valor) coincide al cien por cien con lo que defiende Polavieja. Por ello, Polavieja interpretó esas palabras de Mises a su favor y dijo eso de “a pesar de su desafortunado Teorema de la Regresión, Mises finalmente reconoció que la función monetaria en sí misma era capaz de crear valor” [las cursivas son mías]. Como yo conocía la fecha en que Mises escribió tales palabras, le pregunté a Polavieja lo siguiente:

¿Qué quieres decir con eso de “finalmente reconoció”? Escribió eso en 1932, 17 años antes de escribir La Acción Humana y en este trabajo no necesitó cambiar nada esencial sobre su teorema de la regresión de 1912…[12] [Traducción propia]

Tras esto, Polavieja me responde: “Esa cita es de Money, Method, and the Market Process, publicado en 1990 por su esposa. No sabía que lo escribió en 1932, ¿estás seguro de esa fecha?”[13] [Traducción propia]. Una vez que le envié los datos de publicación,[14] Polavieja no tuvo inconveniente en reconocer su error:

Entonces me equivoqué usando la palabra “finalmente”.[15] [Traducción propia]

Manuel Polavieja

Pero aquí la cuestión verdaderamente importante no es reconocer el error de usar la palabra “finalmente”, sino lo que esto significaba. Polavieja daba a entender que Mises había planteado su teorema de la regresión en 1912 (en La Teoría del Dinero y del Crédito), lo había ratificado en 1949 (en La Acción Humana) y, sin embargo, en 1990 se daba cuenta por fin de su error y rectificaba. Es decir, Polavieja se había inventado una interpretación favorable a las tesis que defiende a partir de un dato erróneo y que no había comprobado antes de hacer su interpretación. A esto se le llama sesgo de confirmación. Ignacio Moncada lo explicaba muy bien en este mismo medio (el IJM):

Las personas tenemos una enorme tendencia a intentar confirmar nuestras ideas preconcebidas. Para ello, inconscientemente, buscamos y seleccionamos la información que nos interesa, la interpretamos como nos viene bien y le damos una importancia desproporcionada. Sin embargo, tendemos a evitar la información que pone en duda nuestras ideas, la reinterpretamos para no tener que modificarlas y le damos una importancia mucho menor que a la información que nos interesa.[16]

Ignacio Moncada

Polavieja aceptó su error al usar la palabra “finalmente”, pero la inclinación a hacer interpretaciones que favorecen los argumentos propios únicamente le condujo a cambiar de interpretación. Si primero decía que Mises, “a pesar de su desafortunado teorema de regresión, finalmente reconoció…” Ahora dice: “estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Mises en esa cita, y añado que ahí contradice de pleno su propio teorema de regresión”. En lugar de pensar que Mises difícilmente caería en tal contradicción y buscar una explicación plausible, eligió el camino fácil.

En realidad, en este caso a Polavieja no parece importarle demasiado qué versión dar, lo que parece interesarle más es confirmar sus ideas preconcebidas. Esto es una reinterpretación en el sentido que señalaba Ignacio Moncada cuando explicaba el sesgo de confirmación. En castellano antiguo esta actitud se describía como “sostenella e no enmendalla”. Y creo que merece ser incluida en la categoría de “tomas falsas”.

Evidentemente, el sesgo de confirmación es muy poco recomendable en la investigación, sobre todo si como dice Polavieja él solo busca “avanzar en conocimiento”. De hecho, el sesgo de confirmación es más propio de propagandistas que de investigadores. No quiero decir con esto que Polavieja actúe como un propagandista, si lo pensara lo diría. Ahora bien, ese peligro siempre está ahí, ¿a cuántas personas conocen que después de llevar mucho tiempo defendiendo una misma posición se dan cuenta de su error y rectifican? Eso es más fácil hacerlo cuando uno lleva poco tiempo, pero cuando lleva mucho…

En mi caso particular, siendo Jesús Huerta de Soto presidente del tribunal que me examinaba, defendí los errores del teorema de la regresión en un trabajo de investigación sobre Bitcoin. Pero, una vez que profundicé en esa investigación (en el doctorado que estoy realizando en la actualidad) y entendí el teorema en toda su profundidad, me di cuenta de que el error era mío, no de Mises ni del teorema. Y no tengo problema ninguno en admitirlo.

Por supuesto, cuando cometí ese error llevaba poco tiempo de investigación y, por lo tanto, era más fácil admitirlo que si hubiera llevado muchos años defendiendo la misma posición. Como simple curiosidad, quiero añadir que el hecho de que cualquier aprendiz de economista o cualquiera que empiece a profundizar en teoría monetaria encuentre (o crea encontrar) fallos en las teorías de Mises al parecer es algo muy habitual. Se lo he leído a Joseph T. Salerno e incluso también a Rallo:

… cuando releo a Mises intentando encontrar sus fallas me doy cuenta, la mayoría de las veces, de que cuando yo he ido, él ya ha vuelto. Es cierto que sigo manteniendo ciertas diferencias irreconciliables con él, en asuntos en los que estoy seguro de que se equivoca, pero en muchas otras ocasiones sólo me queda concluir que las objeciones que había desarrollado contra sus argumentos ya las había tenido él en cuenta, analizado enteramente y refutado en unas pocas líneas. Y es en esos momentos en los que me rindo ante la elegancia del austriaco y comprendo que una sola lectura de La acción humana no es suficiente: la riqueza intelectual que contiene cada uno de sus párrafos es demasiado grande como para apreciarla y comprenderla en toda su magnitud… [17]

Juan Ramón Rallo. El libro que me convirtió en economista

Me quedo con estas últimas palabras de Rallo y doy por terminada mi respuesta al artículo de Polavieja. A continuación añadiré un apartado final con unas breves reflexiones (simples pensamientos puestos por escrito).

Addenda

Unas breves reflexiones. Vaya por delante que estas reflexiones no son las conclusiones del análisis realizado (eso ya queda visto para sentencia de los lectores), sino solo unas reflexiones personales expuestas con luz y taquígrafos. Esta expresión, popularizada en su día por Antonio Maura en el Congreso de los Diputados quiere decir “claridad en los planteamientos y que quede por escrito para que conste”. Pues esa es precisamente mi intención con estas reflexiones.

Como ya he comentado anteriormente, Polavieja dice que prefiere hablar de mercancía para referirse al estatus inicial de Bitcoin, renunciando a hablar de medio de intercambio. Pero, en mi opinión, si pretende hablar de utilidad monetaria, no queda otro remedio que hablar de medios de intercambio. Según alega, el motivo de su renuncia es despejar el debate. Sin embargo, cuando Polavieja dice esto, parece que lo único que pretende es enredar los argumentos, no aclararlos. Comienza con las mercancías, que transforma en medios de cambio, luego cambia el significado del concepto valor de cambio de forma que pueda enlazar con los anteriores… Con estos tejemanejes presenta como verosímil lo que en realidad es una imposibilidad lógica (la existencia de una mercancía con valor de cambio sin haber tenido antes valor de uso) y, finalmente, mediante una interpretación ad hoc de Bitcoin, acaba sosteniendo que este novedoso fenómeno monetario refuta el teorema de la regresión de Mises.

En mi opinión, el verdadero interés de Polavieja es arrumbar el teorema de la regresión. Polavieja defiende una teoría monetaria muy difusa. Dado que esta teoría no cuenta con unos sólidos fundamentos y es puesta en evidencia desde su misma base por el teorema de Mises, Polavieja se afana en tratar de desprestigiarlo. Como curiosidad, decir que mientras escribía estas palabras me llegó un mensaje informándome de un nuevo artículo de Polavieja en el Instituto Juan de Mariana, adivinen sobre qué trataba… Efectivamente, sobre el teorema de Mises. El artículo se titulaba “Refutación del teorema de regresión de Mises”. La casualidad hizo que llegara esta supuesta “refutación” justo cuando trataba de explicar el porqué de la obsesión de Polavieja por dicho teorema.

En línea con lo ya apuntado, el intento de Polavieja de enfrentar a Mises y a Menger[18] se podría explicar por dos motivos, en primer lugar, por la imperiosa necesidad de refutar el teorema de Mises (los defensores de esa teoría monetaria tienen que aparentar haber refutado la teoría de Mises antes de poder seguir adelante con sus planteamientos). Y, en segundo lugar, porque al romper con Mises los defensores de esa teoría monetaria necesitan imperiosamente mantener un enlace con la Escuela Austriaca de Economía. De lo contrario, se quedarían huérfanos, espantando a todos aquellos que solo llegan a ellos atraídos por el prestigio de esta escuela económica (principalmente liberales, anarcocapitalistas y, en los últimos años, también bitcoiners). En el caso de Polavieja, el enlace con la escuela lo busca a través de la defensa de algunas teorías muy específicas de Menger y, en lo relacionado con Bitcoin, ese enlace lo busca principalmente a través de la teoría de la mercancía del mismo autor.

Desconozco si Polavieja se considera seguidor de la Escuela Austriaca de Economía o simplemente seguidor de Menger. Tal vez ninguna de las anteriores y, en realidad, solo se sirva de Menger de forma utilitarista para conseguir los objetivos citados. En todo caso, mi opinión es que en la actualidad desarrolla una estrategia que solo está enfocada hacia la defensa de su teoría monetaria (considero que esto es así incluso cuando habla de Bitcoin). Esa teoría monetaria que defiende supone un claro retroceso en el ámbito de la teoría económica y es un peligro para el entorno de Bitcoin (es un peligro siempre que esta teoría monetaria sea tomada en serio, por supuesto). A este respecto, resulta curioso (y triste) observar las contradicciones de aquellos que a lo largo de los años han convencido a muchos bitcoiners de que la teoría monetaria de Mises era rechazable porque implicaba la imposibilidad del surgimiento de Bitcoin como dinero/MoE (en una errónea interpretación del teorema de la regresión y del surgimiento de Bitcoin) y ahora tratan de convencerlos de que Bitcoin no puede llegar a ser dinero (por su volatilidad, falta de estabilidad, imposibilidad de adaptar la oferta a la demanda, etc.) Ver para creer.

En referencia a esto, últimamente veo asomar un peligro en el horizonte, no para Bitcoin, sino para el interés particular de aquellos bitcoiners que han aceptado la teoría monetaria defendida por Polavieja como si fuera una verdad absoluta e incuestionable. Este potencial peligro es que los defensores de dicha teoría traten de lanzar una nueva moneda digital que “solucione” los problemas de Bitcoin (por supuesto, una moneda que estaría basada en su defectuosa teoría monetaria). Hace mucho tiempo que sigo con interés las publicaciones de Polavieja referentes a Bitcoin y tengo que decir que me inquieta su actual deriva. Solo en los últimos días, he visto a Polavieja decir lo siguiente:

Esta fue claramente la intención de los cypherpunks desde la década de los 80 del siglo pasado, que Friedman veía venir con toda claridad, también es clara la intención de Satoshi viendo el título de su whitepaper, o la intención de todo aquel que esté trabajando hoy en diseñar una moneda totalmente independiente trust minimized sin vinculación a ningún activo que por ejemplo sea más estable que Bitcoin por la vía de adaptar algorítmicamente la oferta a la demanda.[19]

Manuel Polavieja. Bitcoin es una mercancía II

No parece que esta última idea le produzca a Polavieja ningún rechazo, toda vez que coincide con su teoría monetaria. Lo dice aún más claro en el siguiente mensaje:

Totalmente spot on. Una moneda estable e igual de trust-minimized que Bitcoin sería la muerte de las monedas fiat. Posiblemente, dejaría a Bitcoin agonizando, no lo sé. Pero si esa nueva moneda liquida las monedas estatales, yo firmo ya mismo.[20]

Manuel Polavieja. Una moneda estable e igual de trust-minimized que Bitcoin

Estos mensajes me resultan muy extraños. En primer lugar, porque Polavieja es uno de los mayores defensores del dólar que yo conozca. Pero dejando esto a un lado, qué lejano queda aquello de que Bitcoin era un berserker, la anti fragilidad, la resiliencia… cuando ahora los defensores de esta teoría monetaria sostienen que Bitcoin no sirve para aquello que fue creado (no sirve como dinero). Lamentablemente, algunos bitcoiners de perfil técnico aceptan con poco espíritu crítico las conclusiones que se deducen de dicha teoría monetaria, mientras asumen ingenuamente que tales conclusiones están basadas en hechos y no en teorías.[21]

Probablemente, cada vez está más cerca el momento de ver aparecer una nueva moneda patrocinada por los defensores de esa teoría monetaria (una stableshitcoin diseñada para “solucionar” los problemas de Bitcoin). Mientras llega ese momento, espero que muchos de los bitcoiners influidos por dicha teoría monetaria empiecen a darse cuenta de que los problemas no se sitúan en Bitcoin, sino en la teoría monetaria desde la que se interpreta. De no ser así, seguramente serán ellos los que soporten voluntariamente el coste de lanzar esa nueva moneda(por supuesto, a costa de sus bitcoins, como lo fue en su día para otros bitcoiners pensar que la solución de los problemas se encontraba en Bitcoin Cash o en Bitcoin Satoshi Vision). Incluso Fernando Nieto tiene esto muy claro, al menos cuando es capaz de abandonar el punto de vista de esa defectuosa teoría monetaria que defiende y lo analiza desde el punto de vista de un bitcoiner experimentado:

Complexity implies risk, and risks have a cost. Bitcoin excels as the simplest digital trust-minimized wealth. Trying to add complexity in the pursue of something that may be impossible or not provide enough utility to offset its cost puts you in the path for creating an altcoin.[22]

Para terminar quiero decir que mi interés está centrado desde hace ya tiempo en el análisis de Bitcoin desde los postulados de la Escuela Austriaca de Economía. Esta tarea autoimpuesta me obliga (y me obligará) a tratar de mostrar los errores que encuentro en las diferentes interpretaciones de Bitcoin (acertada o equivocadamente). Soy plenamente consciente de que la crítica no suele ser bien recibida, pero al menos los defensores del espíritu crítico, del don´t trust, verify y de la profundización en el conocimiento de Bitcoin no podrán achacarme que no sea perseverante y que no hable claro. Por supuesto, estas reflexiones en voz alta no son más que una opinión personal. Reflejan mi actual interpretación de la situación. Tal vez, dentro de un tiempo esa interpretación cambie. El tiempo lo dirá.

Notas

[1] El presente artículo es una réplica al artículo de Manuel Polavieja “Bitcoin es una mercancía II”, que a su vez es una contrarréplica a mi artículo “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger”, que asimismo es una réplica a la serie de artículos de Manuel Polavieja titulados “Mises no comprendió a Menger” (véase “Mises no comprendió a Menger”,Mises no comprendió a Menger II”, “Mises no comprendió a Menger III” y “Mises no comprendió a Menger IV”)

[3] Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, p. 326 (nota al pie). Esta nota de la edición en español aparece en la versión en inglés en el “Appendix J: History of Theories of the Origin of Money”: Menger, Carl (1871), Principles of Economics. Auburn, Alabama:Ludwig von Mises Institute, 2007, p. 320

[4] De hecho, ese tema del envilecimiento de la moneda solo es abordado por Menger, y muy tangencialmente, en las tres últimas páginas del libro (pp. 347-349) y en la nota 21 (p. 347).

[5] Menger, Carl (1892): El dinero. Madrid: Unión Editorial, 2013, p. 90

[6] Véase “Bitcoin es una mercancía II

[7] Véase “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger (III)

[8] Véase Lawrence-white-mises-theory-of-money-credit

[9] Este es el texto original: “I previously (White 2014a) too hastily rejected this argument as an explanation of how Bitcoin first achieved a positive market price, on the grounds that it «does not deliver what the argument requires, namely, an account of how Bitcoins initially had a positive value apart from their actual or prospective use as medium of exchange. The value at every point in this scenario derives entirely from use or prospective use as a medium of exchange …» I was mistaken to think that the argument has such a requirement. A positive affinity valuation of a cryptocurrency may well require the possibility of its taking off as a nonstate money, but that does not imply a chicken-or-egg problem. Affinity demand and hence market value can be positive before actual medium-of-exchange use begins.” White L. H., (2015), The Market for Cryptocurrencies

[10] Véase Even Ludwig V. Mises

[11] Mises, Ludwig von. Money, Method, and the Market Process : essays by Ludwig von Mises. Selected by Margit von Mises. United States of America: Kluwer Academic Publishers, 1990, p. 59

[12] Véase ¿Qué quieres decir con eso de “finalmente reconoció”?

[13] Véase ¿Estás seguro de esa fecha?

[14] Originally published in Die Wirtschaftstheorie der Gegenwart vol. 2, Hans Mayer, Frank A. Fetter, and Richard Reisch, eds. (Vienna: Julius Springer, 1932). Translated for this volume by Albert H. Zlabinger—Ed

[15] Véase Entonces me equivoqué…

[16] Véase Behavioral investing una cura de humildad

[17] Véase El libro que me convirtió en economista

[18] Recuerden sus cuatro artículos titulados “Mises no comprendió a Menger” I, II, III y IV

[19] Escrito el 12 de enero de 2023 en el artículo “Bitcoin es una mercancía II

[20] Escrito el 2 de febrero de 2023: Una moneda estable e igual de trust-minimized que Bitcoin

[21] Por ejemplo, Miguel Vidal, un bitcoiner al que tengo por una persona muy coherente, me sorprendió hace unos días con varios mensajes de apoyo al enésimo intento de refutación del teorema de la regresión de Mises, esta vez por parte de Polavieja. Decía, entre otras cosas, lo siguiente: “Yo creo que la mera existencia de Bitcoin falsa (y por tanto refuta) dicho teorema. … Es decepcionante que tantos académicos tengan más apego a la teoría que a los hechos”. Miguel Vidal no parece darse cuenta de que en las ciencias sociales las teorías se desarrollan para poder entender o explicar la realidad, es decir, la realidad solo se puede entender o explicar a partir de esas teorías. Usaré un ejemplo para mostrar lo que quiero decir (creo que este ejemplo o uno muy parecido se lo leí alguna vez a Rothbard o a Huerta de Soto, no estoy muy seguro). Si un extraterrestre observa a una persona acercarse a un cajero automático y sacar 200 euros en billetes de 50, de 20 y de 10. Lo único que capta es que un terrícola se acerca a lo que parece una máquina y después de manipularla salen de ella unos papeles de diferentes tamaños y colores, los recoge y se va. Esto es así, salvo que el extraterrestre parta de una teoría de los medios de intercambio y del dinero y que esta teoría, junto a su experiencia vital y su conocimiento histórico, le permita comprender lo que en realidad estaba haciendo el terrícola. En el mismo sentido de este ejemplo, se puede decir que no es posible interpretar el fenómeno monetario Bitcoin sin partir de una teoría de los medios de intercambio y del dinero o de la teoría del intercambio indirecto (como se prefiera denominar). Por supuesto, sobra decir que todo esto no tiene nada que ver con la utilidad técnica del sistema Bitcoin. Por otra parte, Miguel Vidal no cae en la cuenta de que Polavieja también extrae sus conclusiones acerca de Bitcoin a partir de la teoría (no puede ser de otra manera). En su caso, a partir de la teoría monetaria que defiende y de la teoría de la mercancía de Menger (que yo creo que malinterpreta, pero eso es cuestión aparte). Espero que estas palabras sirvan al menos para hacer reflexionar a Miguel…

[22] Véase The path for creating an altcoin

El debate sobre las mercancías

Joel Serrano

La liquidez frente al teorema de la liquidez del dinero: una crítica a J. R. Rallo

Manuel Polavieja

Mises no comprendió a Menger (I)

Mises no comprendió a Menger (II)

Mises no comprendió a Menger (III)

Bitcoin, dinero y mercancías

Bitcoin es una mercancía (I)

Mises no comprendió a Menger (IV)

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (I)

Manuel Polavieja

Bitcoin es una mercancía (II)

Refutación del teorema regresivo de Mises

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (II)

Manuel Polavieja

Mercancías y economía de mercado

Joel Serrano

Manuel Polavieja no entendió a Mises; tampoco a Menger (III)

Manuel Polavieja no entendió a Mises; tampoco a Menger (IV)

El lenguaje económico (XXX): fallos del mercado

¿Por qué se afirma que el mercado tiene «fallos»? Según Schumpeter, el origen reside en las exigencias del positivismo económico: «El ascenso general del rigor científico acabó por producir la sustancia, aunque no el término, de lo que hoy llamamos teoría de la competición pura o perfecta» (Schumpeter, 2012: 1059). Los economistas matemáticos se vieron obligados a trabajar con esquemas estrechos de la realidad, fácilmente manejables, hasta simplificar sus planteamientos drásticamente.

Falacia ‘nirvana’

El modelo de competencia perfecta, como ficción, no es problemático: «el sistema de investigación típico de la economía es aquél que se basa en construcciones imaginarias» (Mises, 2011: 288); tal es el caso de la economía de giro uniforme o la tan conocida ficción robinsoniana (Rothbard, 2009: 10). El argumento de los «fallos» del mercado ha sido acuñado como falacia «nirvana»: «En la práctica, quienes adoptan el punto de vista nirvana pretenden descubrir discrepancias entre lo ideal y lo real y si las discrepancias son encontradas, deducen que la realidad es ineficiente» (Demsetz, 1969: 1).

Hecha la comparación entre un mundo ideal y otro real, resulta irresistible concluir que el segundo tiene taras, que la realidad es imperfecta o que el mercado es ineficiente y posee fallos. Como afirma Coase (2011: 77): «En el fondo se precisa bien poco análisis para poner de manifiesto que un mundo ideal es mejor que un estado de laissez-faire». Veamos cómo Samuelson y Nordhaus (2006: 33-34) introducen la engañosa comparación entre lo ideal y lo real, entre el modelo de competencia perfecta y el mercado, tal cual es:

Una economía de mercado ideal es aquella en la que todos los bienes y servicios se intercambian voluntariamente por dinero a los precios de mercado. Este sistema extrae el beneficio máximo, los recursos existentes en la sociedad sin intervención del Estado. Sin embargo, en el mundo real, ninguna economía se ajusta por completo al mundo idealizado de la mano invisible que funciona sin dificultades. Más bien, todas las economías de mercado tienen imperfecciones que producen males como una contaminación excesiva, desempleo y extremos de riqueza y pobreza. Por este motivo, ningún Estado del mundo, por muy conservador que sea, mantiene sus manos alejadas de la economía (…).

Samuelson y Nordhaus (2006: 33-34)

Políticos “insensatos y presuntuosos”

Estos autores ponen en boca de Adam Smith algo que nunca afirmó, a saber, que la «mano invisible» fuera referida de algún modo a un mundo ideal. Al contrario, el escocés describe la cruda realidad: «No es la benevolencia del carnicero, el cervecero, o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio» (Smith, 2011: 46). Segundo, Smith (2011: 554) tampoco parecía tener demasiada fe en la labor beatífica del gobierno:

Nunca he visto muchas cosas buenas hechas por los que pretenden actuar en bien del pueblo (… ) El político que pretende dirigir a las personas privadas sobre la forma en que deben invertir sus capitales no sólo se carga a sí mismo con la preocupación más innecesaria sino que asume una autoridad que no debería ser delegada con seguridad en ninguna persona, en ningún consejo o senado, y que en ningún sitio es más peligrosa que cuando está en manos de un hombre tan insensato y presuntuoso como para fantasear que es realmente capaz de ejercerla.

Adam Smith (2011: 554)

Por un lado, resulta patente que la acción humana no es «perfecta». Por otro lado, el concepto de «eficiencia» es equívoco en el ámbito humano. Solamente el individuo está capacitado para valorar si su conducta ha sido acertada o errada, y en qué grado lo ha sido, lo que depende de factores que solamente él puede valorar (Hayek, 1945).

Pero aun admitiendo, a efectos dialécticos, que el mercado fuera ineficiente o que tuviera fallos, constituye un non sequitur afirmar que «el Estado puede contribuir significativamente a curar la enfermedad» (Samuelson y Nordhaus, 2006: 34). La teoría económica de la Elección Pública ha puesto de manifiesto que «los fallos o costes que genera la intervención del sector público en las decisiones de los agentes económicos pueden resultar superiores a los que provoca el mercado» (Lasheras, 1999: 25).

Economía metafórica

Lamentablemente, la elección de metáforas y analogías por parte de algunos economistas no facilita el análisis racional del problema. Por ejemplo, dan a entender que el mercado es el «enfermo» y el Estado, el «médico». Incluso aceptando la dudosa tesis de que el libre mercado «infraproduce» ciertos bienes (i.e. defensa), no se sigue que el gobierno deba intervenir: «La afirmación de que el gobierno se debería involucrar en la economía privada es una conclusión moral, que solamente puede alcanzarse si existen argumentos éticos en las premisas» (Block, 1983: 3).

Los defensores del intervencionismo, al atribuir al Estado una función reparadora, tácitamente asumen una (discutible) superioridad. Para ser justos, «uno debe comparar el mercado con el Estado, no como uno desearía que el Estado se comportase en un ambiente ideal, sino como debe comportarse en el mundo real» (Hummel, 1990: 101).

Para apreciar más claramente la falacia nirvana imaginemos que un grupo de «expertos» construye un modelo de matrimonio perfecto: las aportaciones de ambos cónyuges son similares, la pareja nunca discute, el amor mutuo es idéntico y constante en todo tiempo y lugar, los esposos conocen perfectamente sus expectativas, deseos y necesidades, etc. Luego, analizamos la realidad matrimonial: infidelidad, asimetrías en el amor y en los trabajos, egoísmo, incomprensiones, riñas, etc. Por último, comparamos el matrimonio nirvana con el real y alcanzamos dos conclusiones: 1) La institución matrimonial es «imperfecta». 2) Sus «fallos» deben ser subsanados mediante la intervención del Estado. Razonando de esta manera, no hay institución humana que esté a salvo de la tiranía.

Bibliografía

BLOCK, W. (1983): «Public Goods and Externalities: The Case of Roads». Journal of Libertarian Studies, vol. VII, n.o 1, primavera, pp. 1-34.

COASE, R. (2011): «El Problema del Coste Social». Madrid: CIP-Ecosocial.Recuperado de <http://www.fuhem.es/media/ecosocial/File/Actualidad/2011/Coasepdf>.

DEMSETZ, H. (1969): «Information and Efficiency: Another Viewpoint». Journal of Law & Economics, vol. 12, nº 1 (april), pp. 1-22.

HAYEK, F. (1945): «El uso del conocimiento en la sociedad». Estudios Públicos. pp. 157-169. Recuperado de <http://www.hacer.org/pdf/Hayek03.pdf>.

HUMMEL, J. (1990): «National Goods versus Public Goods: Defense, Disarmament and Free Riders». Review of Austrian Economics, vol. 4, pp. 88-122.

LASHERAS, M. A. (1999): La regulación económica de los servicios públicos. Barcelona: Ariel.

MISES, L.  (2011): La acción humana. Madrid: Unión Editorial

SAMUELSON, P. y NORDHAUS, W. (2006): Economía. Méjico: McGraw-Hill (18ª ed.)

SCHUMPETER, J. (2012): Historia del Análisis Económico. Barcelona: Ariel.

SMITH, A. (2011) [1776]: La Riqueza de las Naciones. Madrid: Alianza Editorial.

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXX) Los fallos del mercado

(XXIX) Gasolineras

(XXVIII) Dad al César lo que es del César

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

Entrevista a David D. Friedman

El presente de Europa y los Estados Unidos, el fenómeno Trump, el “wokismo”, el problema de China y los riesgos de las Inteligencias Artificiales (IAs)

Transcripción de la entrevista realizada a David D. Friedman, originalmente en inglés, por nuestro subdirector, Pablo Gianella, en Lisboa, el 23 de abril de 2023. 

PREGUNTA – Cada vez que vuelve a Europa, ¿qué siente por el continente? ¿percibe cambios a mejor o cierto declive?

RESPUESTA – No conozco lo suficiente el caso europeo para responder a esa pregunta. Usted vive aquí y está en mejores condiciones que yo para responder. He pasado aquí dos semanas recorriendo algunos lugares de Europa pero eso no me da una idea clara sobre si está mejorando o empeorando.

P.- En la misma línea ¿Qué me puede decir de los Estados Unidos, su país?

R:- Estados Unidos está mejorando y empeorando. Está empeorando en el hecho de que… bueno, en un par de sentidos; por un lado está empeorando en cuanto a que la gente está más claramente dividida en líneas ideológicas. Los dos lados del espectro político no confían el uno en el otro y no pueden llegar a grandes acuerdos.

David D. Friedman

P.- ¿Quizás a causa de la famosa “polarización” en el ámbito cultural?

R:- Ese es el verdadero problema. Otra cosa a tener en cuenta es que tenemos una nueva religión llamada “wokismo” o nuevo “progresismo”, algo por el estilo, a la que no le preocupan los hechos, sino los sentimientos. Además percibo el regreso de los reaccionarios religiosos… La gente cree en todo esto muy firmemente, pero con razones muy débiles. Cualquiera que niegue los dogmas de estas nuevas religiones es señalado como un hereje malvado y así sucesivamente. Es interesante para mí porque nunca viví en un país que tuviera una religión realmente ortodoxa en ese sentido, por lo que ahora puedo identificarme más claramente con los que me precedieron al enfrentar este problema, aunque no es una situación atractiva.

El Partido Libertario llevaba años tratando de suavizar todos aquellos puntos de vista que pudieran ofender al Centro y a la Izquierda. Pero ahora, ¡han pasado a suavizar los puntos de vista que puedan ofender a la gente de la Derecha! También es un error.

P.- Por otro lado, ¿cómo vive un libertario estadounidense en un contexto de auge de todo lo que representa la “nueva derecha” de Trump y compañía?

R:- Trump no es libertario.

P.- No lo es, en efecto, pero ha dividido a muchos libertarios.

R:- Lo que es relevante para el libertarismo en los EE.UU. es la gente que se hizo cargo del Partido Libertario, que son sin duda más simpatizantes de Trump que yo, sin que probablemente signifique que sean en su mayoría partidarios de Trump; y que, básicamente, identificaron, acertadamente, que el Partido Libertario llevaba años tratando de suavizar todos aquellos puntos de vista que pudieran ofender al Centro y a la Izquierda. Es un análisis correcto. Pero al tomar las riendas del PL, ¡han pasado a suavizar los puntos de vista que pudieran ofender a la gente de la Derecha! Creo que es lo que están haciendo en la actualidad y también es un error. He intentado discutir con algunas de esas personas y no sé hasta qué punto he tenido o tendré éxito.

P.- ¿Le asusta, hasta cierto punto, el auge del nacionalismo en Estados Unidos y en otros países? Por ejemplo: la Nueva Derecha en Estados Unidos, el America First, lo que sucede en Italia, Hungría y Polonia, el regreso del concepto “soberanía” como elemento clave en el análisis de la esfera pública y política, el retorno de la defensa de los estados-nación frente a las instituciones supranacionales, la crítica al globalismo, etc.?

R:- No conozco muy bien lo que sucede en otros países. Y tampoco estoy seguro de que los Estados Unidos se estén volviendo más nacionalistas de lo que eran en el pasado. Supongo que se ha convertido en una cuestión más política que en el pasado. Sobre lo que ocurre en esos otros países, de nuevo, no los conozco lo suficiente. Hay artículos que sugieren que Hungría se ha vuelto nacionalista y que es demasiado amiga de Putin.

P.- De hecho, al hacer la pregunta estaba pensando también en la Rusia de Vladimir Putin.

R:- Rusia ha sido nacionalista durante bastante tiempo y siempre ha tenido inclinaciones históricas a ello, por lo que no es nada nuevo en su caso. Puede que sí, puede que las cosas estén empeorando en ese sentido, pero no es un campo en el que tenga conocimientos que me permitan hacer afirmaciones precisas.

“El sistema menos atractivo es ese en el que dependes de que el dictador que tienes sea benevolente, y Xi parece no ser ese tipo de dictador”

P.- Pasemos a China, al “problema chino” ¿lo ve realmente como una amenaza o como una oportunidad?

R:- Ambas cosas. Por supuesto. Por un lado, que China abandonara la economía marxista es lo más significativo que le ha ocurrido al mundo en los últimos 50 años. El resultado es que una enorme cantidad de ciudadanos chinos están ahora mucho mejor de lo que estaban al principio del proceso. Al mismo tiempo, han mantenido un sistema no democrático que parece haber caído en un… no… bueno… bajo Mao, China era un sistema no democrático con un dictador. Después de Mao fue más bien un sistema no democrático con una élite dirigente con todas las intenciones benévolas para el país, algo así como tener partidos políticos dentro de la propia élite dirigente. Ahora parece que están volviendo al punto de partida. El sistema menos atractivo es ese en el que dependes de que el dictador que tienes sea benevolente, y Xi parece no ser ese tipo de dictador. Al mismo tiempo, el hecho de que la gente sea ahora más libre que bajo Mao parece una mejora.

P.- Es un análisis preciso en cuanto al bienestar de los ciudadanos chinos, aunque mi pregunta se centraba más en lo que significa el ascenso de esta nueva China para el resto del mundo. A veces oímos a Xi Jinping abogar por el libre comercio global, más capitalismo e innovación, etc… que son mensajes que los liberales clásicos y libertarios también compartimos. Pero todo esto sucedió a la vez que muchos libertarios se escandalizaron con los movimientos de Donald Trump en el ámbito del comercio internacional, regresando de alguna forma al proteccionismo.

R:- Pero es que, como dije, Trump no es un libertario, ¡ni siquiera es un conservador!

Trump es un político hábil. Un demagogo competente.

P.- ¿Qué es Trump entonces? Su respuesta empuja a hacer esta pregunta.

R:- Es un hombre inteligente que se dio cuenta de que una parte considerable de la población se sentía excluida del mundo político. El término que me parece más útil para describir a esta población es “Flyover country“. Se trata de un término para describir todo lo que hay entre Nueva York y San Francisco, desde el punto de vista de la gente que dice: “Las élites costeras piensan que somos ignorantes, idiotas y probablemente también racistas y no nos prestan atención”. Y tienen razón. Es una exageración de un patrón real y Trump, creo, reconoció ese patrón, vio que hay una gran cantidad de votos allí y que si usted logra antagonizar al The New York Times y similares, podría obtener una respuesta positiva de muchas de estas personas en forma de apoyo electoral.. Por lo tanto, lo definiría como un demagogo bastante hábil, por desgracia. No creo que tenga una política propia. A veces ha simpatizado con ideas demócratas, a veces con ideas republicanas… Básicamente lo que quiere es poder y atención. E hizo un trabajo bastante eficaz para conseguirlo.

P.- ¿Sugiere entonces que, de alguna manera, es un “attention seeker”? (risas por ambas partes).

R:- Sí, es un “attention seeker”, pero también es un político hábil. Un demagogo competente.

P.- Las dos últimas preguntas: Usted escribió un libro bastante exitoso sobre tecnología, llamado Future Imperfect. Con los últimos avances en la tecnología de la IA, ¿cree que ésta será positiva para la humanidad, trayendo más prosperidad o la ve como una amenaza? Los libertarios suelen ver con buenos ojos los avances tecnológicos, pero los últimos acontecimientos les han dividido en cuanto a las respuestas a los peligros de que una IA general tome el control, sea capaz de influir en la esfera de opinión de forma autónoma, o incluso la posibilidad de que sea una herramienta para los rogue states (estados canalla), delincuentes y terroristas. Qué opina de todo esto, ¿dónde se sitúa David Friedman?

David D. Friedman

R:- Sin duda, la IA producirá beneficios y podría producir graves costes. En particular, existe la posibilidad de desarrollar programas informáticos con IA a nivel humano. Si siguen haciéndose más inteligentes y nosotros no, al cabo de un tiempo serán IAs de nivel sobrehumano y más nos vale que les caigamos bien. Ese es uno de los posibles riesgos. Hablé de ello en mi libro, hace diez años.

P.- Pensemos en los motores de ajedrez. Hoy en día hay algunos que son mucho mejores que los humanos…

R:- No creo que sean mucho mejores. Creo que son un poco mejores.

P.- Bueno, incluso la versión simple que tengo en mi teléfono podría derrotar a Magnus Carlsen 99 de cada 100 veces. Lo que quiero decir es que, aunque estos motores han superado con creces a los humanos, estamos viendo cómo los jugadores profesionales también están mejorando, tras estudiar las jugadas de los motores que parecen no humanas, contraintuitivas, y a partir de ahí desarrollando nuevas ideas o conceptos para utilizarlos en sus partidas entre humanos.

R:- Pero aún así, no es una persona con sus propios propósitos. Una IA avanzada podría ser una persona con sus propios propósitos y éstos podrían no estar alineados con los nuestros.

El problema es que este tren no tiene frenos. Dado que el desarrollo tecnológico puede llevarse a cabo en cualquier país, por cualquier persona o por muchas personas diferentes, es muy difícil bloquearlo, por lo que creo que es poco probable que se logre regular globalmente

P.- Desde su punto de vista, ¿cree que habrá que establecer alguna regulación para evitar estas situaciones? Ya sabe que cuando un libertario oye la palabra “regulaciones” se activan todas sus alarmas.

R:- El comentario que hice sobre ese tema, en mi libro, es que un montón de tecnologías probablemente podrían desarrollarse, todas o la mayoría, de maneras que causen muy malos resultados. Leer sobre estos potenciales resultados podría hacernos querer parar el tren y bajarnos. El problema es que este tren no tiene frenos. Dado que el desarrollo tecnológico puede llevarse a cabo en cualquier país, por cualquier persona o por muchas personas diferentes, es muy difícil bloquearlo, por lo que creo que es poco probable que se logre regular globalmente.

P.- Entonces, mejor que nos preparemos para…

R:- ¡Mejor que os preparéis para el peor escenario posible! Lo que tal vez quieras hacer es desarrollar una IA a la que le gusten los humanos, y tal vez averigües cómo ajustar los propósitos de las otras IAs de forma que se alineen con los nuestros. Pero de todos modos, no sabemos lo que va a pasar. Ésta es sólo una de las posibilidades. La gente confía demasiado en saber lo que va a suceder en el futuro.

P.- Fascinante, de verdad. Terminaremos aquí con la última pregunta: ¿Qué le diría a cualquier liberal clásico o libertario, jóvenes, pero no sólo, que ha perdido la esperanza y está preocupado al no percibir mejoras evidentes en su entorno respecto a la victoria de las ideas de la libertad sobre los colectivismos, etc.?.

R:- Le contaría una historia: después de que los revolucionarios norteamericanos ganaran una batalla clave en la Guerra de la Revolución Americana, la noticia llegó a Escocia. Uno de los estudiantes de Adam Smith le dijo: ¡Sr. Smith, esto será la ruina de Inglaterra! A lo que Smith respondió: ¡Joven! ¡Hay mucha ruina en una nación! (se repiten las risas por los dos lados)

P.- Muchas gracias, señor, es un placer hablar con usted.

R:- El placer es mío

Feijóo, la derecha Vicente

Buscar una explicación al resultado de las elecciones generales del 23J se ha convertido en el ejercicio favorito este verano de comentaristas políticos y de cualquier ciudadano mínimamente atento a la cuestión. Simplemente, porque haber apostado por el resultado que salió resultó muy rentable por lo arriesgado, pues todos los pronósticos iban en dirección muy distinta.

Siempre es más fácil a toro pasado analizar lo sucedido que preverlo anticipadamente. Pero no debería resultar tan llamativo dicho resultado inesperado si atendemos especialmente al caso del ganador que no ha ganado, el PP. Siendo más específicos, a su candidato Feijóo.

Lo imprevisto de los resultados del 23J se basó especialmente en un hecho: los resultados de las elecciones autonómicas del 28 de mayo. Y en una premisa: parecía casi imposible que en menos incluso de 2 meses la marea de derechas de mayo pudiera significativamente cambiar.

Razones para un cambio de rumbo electoral

Al intentar responder por qué se ha podido producir semejante movimiento electoral en sólo 7 semanas, hay dos cuestiones tan insoslayables como cruciales. Los candidatos y su campaña (que no son los mismos para un municipio o autonomía que para la presidencia del Gobierno), y la gestión post elecciones autonómicas de los pactos.

Hacía años, al menos desde 2011, que un candidato del PP no afrontaba unas elecciones generales con un escenario tan favorable. Feijóo pensó que sólo era cuestión de dejar pasar los días sin hacer mucho ruido. El triunfo le iba a llegar caído cual fruta madura. No había ninguna batalla especial que dar. Así que fue una campaña relajada y playera de ‘Verano Azul’ (‘que te vote Txapote’ era como una mera y graciosa boutade de las bases). Sánchez acumulaba tan enorme cúmulo de cifras económicas negativas y políticas impopulares fruto de su alianza con la extrema izquierda, que parecía innecesaria tal batalla. Y la indignación de los populares pareció centrarse casi más que en otras cosas en el fastidio para el votante de unas elecciones en verano.

Un PP socialdemócrata y aceptable para votantes del PSOE

La campaña tan discreta e incluso ausente de Feijóo (es imposible hoy no ver su ausencia a debates televisivos como un mayúsculo error) en verdad iba muy bien con su perfil. A Feijóo en alguna ocasión como jefe de la oposición se le preguntó que definiera ideológicamente a su partidoel encaje de bolillos que respondió para no mentar el término ‘derecha’ en ninguna parte debería ser motivo cuanto menos de sorpresa para cualquier votante que no se considera de izquierdas. Así, Feijóo definía al PP como ‘un partido socialdemócrata, de centro, con el que se pueden identificar socialistas templados’. Imaginémonos a un candidato del PSOE en Madrid que apele a los ‘ayusistas templados’.

Notemos, pues, la importancia de lo templado para el PP de Feijóo, que es templado porque -siempre según Feijóo- la derecha quema. Prudente porque ser de derechas es insensato. Moderado porque la derecha es extremismo. Tolerante porque la derecha es intolerancia. La falta de batalla por parte de Feijóo durante la campaña electoral dejó constataciones tan evidentes de dicha ausencia como cuando remarcó públicamente que él había votado al PSOE en 1982 y 1986 (en un par de décadas probablemente el PP ponga de candidato a las generales un votante de Sánchez). O cuando aclaró que tomaría consejo no de Aznar ni de Rajoy tan siquiera, sino de Felipe González (como si un candidato del PP en Andalucía dijera que tomaría consejo de Chaves para gobernar). En resumen, Feijóo ha sido especialista en proyectar sobre su propio partido todos los clichés y evangelio izquierdistas.

El PP, un partido de centro (en el centro del PSOE)

Ser moderado en las formas puede verse sin duda como una virtud. Pero, ¿qué significa ser ideológicamente moderado? Un partido que no es de izquierdas, ¿debe ser moderado en la defensa de la propiedad privada, moderado en la defensa de la Constitución española, moderado contra el crimen o el terrorismo? Si Tony Blair inventó eso de la tercera vía en los años 90 en la izquierda británica, parece que en España el PP está investigando en la séptima vía para refundarse en el centro, pero en el centro del PSOE.

Pero una estrategia así difícilmente genera líderes. Un líder se caracteriza por solidez ideológica y saber imprimir cambios en la sociedad. El rajoyismo del PP que simboliza Feijóo intenta simplemente amoldarse a la realidad que cree ver, una derecha Vicente que intenta ir donde cree que va la gente. Por eso fueron líderes natos Ronald Reagan o Thatcher, y no Ford o Major y Boris Johnson. Y por eso lo han sido o son Aznar, Aguirre o Ayuso y no Rajoy ni Feijóo.

Presidente de Galicia

En realidad, tampoco debería nada de esto sorprender del Feijóo presidenciable a nivel nacional si observamos su trayectoria como presidente de Galicia. Entre otras cosas, Feijóo ha presidido la comunidad de Galicia ganándose el voto y la simpatía nacionalistas: mostrando públicamente su cercanía ideológica con el BNG, homenajeando a iconos del nacionalismo gallego antiespañol, o afirmando que Galicia es una nación. Y éste era el candidato alternativo a un PSOE que resultaba traidor por pactar con nacionalistas.

La etapa del covid fue la mayor suspensión de libertades y derechos vivida en período democrático (nótese como al PP nacional no le ha parecido una cuestión de debate ni mínimamente tocada en campaña). En esa etapa, Feijóo, por ejemplo, estuvo en las antípodas en España de la política anti-pasaporte covid de Ayuso en Madrid. Incluso llegó a aprobar multas por no consumir un fármaco, un nivel de coacción superior incluso al visto en regiones como Cataluña.

En lo fundamental, el PP a nivel nacional ha estado desde Rajoy en este viaje para acercarse al campo de la izquierda hasta en constantes ocasiones levantar la valla que le separa de ella para impregnarse de sus ideas. Si bien hubo momentos que apuntaban en dirección opuesta, en concreto la elección de Pablo Casado en lugar de Soraya, pronto Casado acabó llevando con Egea y compañía el partido al terreno donde lo habría situado Soraya. 

Vox

La otra gran cuestión que analizar aparte del candidato popular es, claro está, la otra parte de la derecha. O al menos la única que parece reconocerse como tal. Vox, formación que surge precisamente en respuesta a ese PP rajoyista que dejó ideológicamente sin mucho (o muy poco) sostén a parte importante de sus bases.

Por un lado, está su retroceso electoral por la fuerza del ‘voto útil’ y la suma de diversos errores de la formación. Como tales, podemos fácilmente identificar la profundización en ciertos populismos antiliberales en detrimento del liberal-conservadurismo. Su postura ambivalente y difusa frente a la pérdida de libertades y derechos durante la era covid, que parte relevante de sus simpatizantes no comprenden. O la mejorable comunicación de sus posturas sobre ciertos temas. Igual que el PP, Vox no puede estar exento de autocrítica por unos resultados inferiores a los esperados, especialmente con un candidato como Feijóo enfrente, que jugaba el partido lejos de la zona de confort ideológico voxista.

La relación entre PP y Vox

En lo que atañe al período entre las autonómicas de mayo y las generales de julio, es imposible negar que la relación PP-Vox ha jugado un rol, y uno no menor. El PP en todo este asunto ha jugado a una llamativa bipolaridad. Ha llegado a pactos, pero negando a la vez la mayor. Buen ejemplo de ello resultó cuando la candidata popular de Extremadura solicitó el apoyo parlamentario de Vox sin nada a cambio.

Un buen caso comparativo es simplemente el de la relación del PSOE con su aliado natural a su izquierda frente a la relación del PP con su aliado natural a su derecha. Mientras los primeros reconocen el hecho de esta natural convergencia, el PP se resiste. Se siente incómodo, o entra en una suerte de enajenación. No es ya que el PP obviamente prefiera gobernar en solitario, es que siente que su convergencia -tal como expresó Feijóo en campaña con palabras no muy distintas- está antes con el PSOE que con Vox. Y esto es claramente anómalo.

Es un problema digno de psicoanálisis cómo el propio PP durante dos meses ha alimentado el ‘miedo a la ultraderecha’, repitiendo sobre Vox la misma caricatura hecha por la izquierda. Ha querido hacer oposición simultáneamente y con semejante intensidad al PSOE y a Vox, al partido que desea derrocar y con el que está destinado naturalmente a converger para formar eventuales mayorías. Imagínense a Sánchez alimentado un ‘que vienen los rojos’.

Engullir a Vox

Tras las elecciones generales, el PP parece abocado a definir claramente su relación cara a los electores con Vox so pena de mantenerse en esa bipolaridad. El caso de los que defienden como el presidente popular andaluz. Se ha centrado en el distanciarse y en marcar las diferencias. Creen exitosa una estrategia opuesta a la que hace el PSOE con sus socios naturales y que, sin embargo, parece haberle reportado buenos resultados.

Pero esa postura esconde un objetivo que debería resultar un tanto iluso: absorber a Vox como se hizo con Ciudadanos. Intentar comparar Ciudadanos con Vox es como querer comparar, salvando las distancias oportunas, UPyD con Podemos. En gran parte porque esa mencionada estrategia presume absorber a Vox, siendo aún mucho más (si es que se puede), “moderados”. Querer absorber lo que se te escapa por la derecha yéndote hacia la izquierda (pues eso es ir al centro para el PP), simplemente desafía las leyes no ya de la ciencia geográfica sino del sentido común.

El ayusismo

Por eso parece que una postura distinta del PP en este sentido tendrá muchas más probabilidades de éxito. El ayusismo como estrategia antes incluso que como candidato. Como sensatamente dice Hugues: “El mayor peligro que encuentra Vox es que Ayuso vaya drenando votos y, sobre todo, que su política de verso suelto construya la impresión de que hay un PP eterno, invariable, españolazo, conectado a la tradición de la derecha, como un Vox sin rarezas, sin sospecha: un PP leal a todo(patria, Rey, Cristo) pero con el sello de la modernidad y la gestión”.

Porque por mucho que nos preocupemos por el peligro de Sánchez para nuestra economía, nuestras instituciones…si la derecha no se construye y reconstruye realmente como una alternativa real de liderazgo liberal-conservador España va a estar condenada no durante cuatro años más, sino durante largas legislaturas.