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En defensa del liberalismo de 1989 (I): el fenómeno de Desokupa

Una de las ideas que están empezando a calar en la derecha social es la que afirma que un pilar del liberalismo ha quedado obsoleto: su anticomunismo anterior a la caída del Muro de Berlín.

La esencia de esta idea la resume muy bien Quintana Paz en este tuit

Es una crítica razonable, pero de trazo gordo (muy en la línea de todo lo que expresamos en Twitter). Por un lado, es obvio que no se puede intentar entender el mundo solo basándose en un marco mental de hace treinta cuatro años. Por otro lado, sería absurdo desechar un marco muy rico de ideas que se basa en décadas de experiencia sobre el comportamiento de un ser, el humano, que evoluciona mucho más lentamente de lo que nos gustaría creer.

Así que creo que todos podríamos llegar al acuerdo de que las ideas reinantes en 1989 son dignas de estudio, al mismo tiempo que precisan ser adaptadas según los hechos vividos desde entonces las vayan invalidando.

El liberalismo antes de la caída del muro

Por lo tanto, este es el inicio de una serie de artículos que no pretende afirmar que en 1989 llegamos al cenit del conocimiento, pero sí reivindicar que muchas de sus ideas siguen siendo extremadamente valiosas. Tanto, que solo requieren ligeras adaptaciones para explicar problemas que nos parecen muy actuales. Seguramente algún lector perspicaz piense que voy a darle la razón a Quintana limitándome a hacer divulgación. Puede ser, pero creo que divulgar ideas de otros intentando aportar tu grano de arena no deja de ser una forma de pensar ideas, y seguramente una más útil que intentar partir de la nada.

Para ello, me voy a basar en el que seguramente sea el libro que mejor resume el pensamiento liberal justo antes de que el Muro cayera: El conocimiento inútil de Jean-François Revel, publicado en 1988.

Podría escoger cualquier libro de Revel, ya que si de algo se le acusó hasta su muerte en 2006 es de no haber abandonado ese marco mental reaccionario pre-1989. Pero los que hemos leído al liberal francés sabemos que no solo evolucionó su pensamiento después de 1989, sino que supo ver antes que nadie el cambio de rumbo que había iniciado la izquierda, plasmándolo magistralmente en La gran mascarada en el año 2000.

Algo que, por desgracia, no ha podido ver Revel es a una izquierda, que en una época se preocupaba por Pinochet o por el apartheid sudafricano, ahora pierde el sueño porque el dueño de una pequeña empresa española (Desokupa) ha puesto una lona en un edificio de Madrid con un mensaje político.

Desokupa

Daniel Estévez es el dueño de una empresa cuya finalidad es sencilla: dar una solución privada a una dejación de funciones del Estado. Nuestros políticos han decidido que la usurpación de un inmueble no sea una prioridad para las fuerzas de seguridad y la justicia. No es una decisión que se base en la incompetencia, sino en una serie de ideas que tiene algo en común: el desprecio a la propiedad privada.

Como el propio señor Estévez repite continuamente, su negocio puede dejar de existir en el momento en el que el Estado vuelva a asumir sus funciones de seguridad, y restablezca la defensa de la propiedad privada (sea la morada de alguien o no) de la usurpación.

La empresa ha podido ejercer su función durante todos estos años por una razón sencilla, lo que hace es perfectamente legal. Y lo que es más importante, es extremadamente difícil de ilegalizar. Su funcionamiento se basa en dos procedimientos: negociar la salida de los usurpadores neutralizando la principal vía de fuerza que éstos tienen: la intimidación. Cuando esto falla, recurren a utilizar un recurso que muchas personas no entienden: los derechos que acompañan a la propiedad privada comunal.

Voy a emplear un momento en explicar las dos vías, porque la confusión aquí es importante.

Los derechos de la comunidad

Los trabajadores de Desokupa son físicamente intimidantes no como vía de coacción sobre los usurpadores, sino como vía de defensa de ellos. Es la misma táctica que utilizan los antidisturbios de las policías, o los porteros de las discotecas. Si quieres evitar el enfrentamiento con alguien conflictivo, la regla número uno es mandarle el mensaje de que va a salir perdiendo iniciando la agresión. Es curioso que un principio tan sencillo que se incorporó a la sabiduría humana hace siglos sea imposible de deglutir por cierto sector de la sociedad.

Sobre utilizar la propiedad comunal, es aún más sencillo y frustrante para los enemigos del sentido común. Alguien puede usurpar una vivienda y convertirla en su morada, pero no puede usurpar los derechos de la comunidad de propietarios de la finca donde se sitúa esa vivienda. Por lo tanto, no hay nada más fácil para poner fin a una usurpación que encerrar en su morada al usurpador, impidiéndole salir, ya que, si saliera, no tiene el derecho a volver a entrar atravesando las zonas comunes.

Estévez

La genialidad del empresario no está en inventar algo muy complejo para dar servicio a sus clientes, sino de utilizar recursos simples que estaban a la vista de todos, pero que nadie más supo aprovechar.

Así que, respecto a su faceta de empresario, solo se puede admirar a Daniel Estévez y su capacidad de sacar partido a una legislación vergonzosa al mismo tiempo que da una solución a los ciudadanos para mitigarla. Pero la izquierda no solo está demonizando a Estévez por su faceta como empresario, sino que son sus características personales las que están a punto, sino lo ha hecho ya, de convertirle en un oponente de leyenda para el antifascismo patrio.

El señor Estévez es un personaje peculiar. Adopta perros, ha votado a PACMA y tiene una asociación que ayuda a los niños con cáncer (hasta se disfraza de Batman para ir a verlos al hospital). Pero claro, también es bastante de derechas. Y de una clase de derecha a la izquierda solo está acostumbrada a ver caricaturizada en sus películas.

Si unes un lenguaje mundano: llamar guarros a los activistas de extrema izquierda, o ratas a los okupas de movimientos alternativos, con discursos pasionales sobre lo que le dan ganas de hacer o dejar de hacer cuando ve desórdenes públicos, la cosa se pone tensa. Y si a eso le sumas una estética de cabeza rapada, tatuajes y una masa muscular considerable, ya nos podemos imaginar que los gritos de la izquierda se van a oír muy alto.

Defensa de los bienes públicos y privados

Pero lo cierto es que Daniel Estévez no es un elemento peligroso, ni pertenece a organizaciones violentas. Yo no le pondría como interlocutor para negociar con la izquierda temas delicados, pero en ningún caso está incitando a la violencia sobre nada, ni nadie.

Hace unos días hizo unas declaraciones que son de un gris que pueden incomodar a muchos. A saber, ante los disturbios en Francia, donde la convivencia en ese país se ha roto por un sector muy concreto de la sociedad, el señor Estévez declaró en un directo en la red social Instagram que de pasar algo así en España, él se pondría a la cabeza de la defensa de los bienes públicos y privados que se estaban destruyendo.

¿Es eso razonable? Bueno, podríamos empezar analizando si es razonable que un sector de la sociedad se dedique a quemar y destruir bienes en base a no sé muy bien qué protesta social. Si estamos en el bando que lo ve razonable, no hay mucha discusión sobre las declaraciones del dueño de Desokupa. Si unos ciudadanos pueden destruir cosas excusándose en sus pasiones, otros pueden pararles los pies en nombre de las suyas.

Usurpar la función de la policía

Si somos más razonables, y pensamos que nadie puede ir quemando cosas por ahí para protestar, podemos llegar al acuerdo que sean las fuerzas de seguridad del Estado las que paren los pies a los que lo intenten, mientras el resto esperamos pacientemente a que el orden sea restituido y revoltosos respondan ante la ley. Lo que yo interpreto de las manifestaciones pasionales y en caliente del señor Estévez es que si no somos todos razonables (de ahí que pida que le den los medios a la policía para no llegar a esa situación) él estaría en su derecho de liderar a quienes se les uniera para confrontar a los que están destruyendo bienes.

Puede ser una interpretación buenista por mi parte, así que voy a aceptar otra visión: el señor Estévez está afirmando que, ante una revuelta violenta de terceros, puede usurpar el uso de la fuerza a las policías estatales para ejercerla él y el grupo (que ahora no existe) que lidera. Incluso en esta interpretación radical de sus declaraciones, no está haciendo otra cosa que soltar una bravata cuyo fin evidente es ganar cierta popularidad entre un sector que está bastante harto de ver como las revueltas tienen el sello de reivindicaciones que siempre les son ajenas. En definitiva, en el peor de los escenarios no está haciendo otra cosa que no haga cualquier líder sindical de medio pelo: o nos tienes en cuenta o se acaba la paz social. O expresado de manera más mundana: si nos pisas (metafóricamente) arderán las calles.

El juego de la coacción

En realidad, hay una diferencia de grado entre estos dos ejemplos: defenderte de una coacción puenteando a la policía es menos grave que iniciar la coacción porque otro no quiera aceptar alguna de tus reivindicaciones sociales. Para evitar lo primero solo tienes que abstenerte de agredir a tu supuesto enemigo, para lo segundo tienes que pasar por el aro. O sea, dejar que te coaccione.

Pero, por simplicidad, vamos a considerarlas equivalentes. Daniel Estévez ha cometido la fechoría de ponerse en el mismo nivel que cualquier dirigente de izquierda que utilice la paz social como moneda de cambio para colar sus líneas rojas en el debate social. O sea, que se ha rebajado al nivel de la mayor parte de la izquierda española. ¿Cómo puede haber tanto escándalo por algo así?

Hostilidad hacia el comunismo

Pues aquí vamos a pedir ayuda al Revel de 1989 para que nos aclare algunas cosas:

Las democracias en el siglo XX han sido amenazadas en su existencia por dos enemigos totalitarios, decididos, por doctrina y por interés, a hacerlas desaparecer: el nazismo y el comunismo. Han conseguido deshacerse del primero, al precio de una guerra mundial. El segundo subsiste. No cesa, desde 1945, de aumentar su poderío y de ampliar su imperio. Ahora bien, la izquierda no ha cesado de imponer el mito curioso de que los dos totalitarismos han sido y continúan siendo igualmente activos, igualmente presentes, igualmente peligrosos, y que es, pues, un deber no atacar o criticar nunca a uno sin atacar al otro.

Aún más, esta igualdad de tratamiento y esta rigurosa equivalencia entre un totalitarismo que ya no existe y un totalitarismo que continúa existiendo representa una posición considerada ya como inclinada a la derecha. Es el límite que no se debe pasar en la hostilidad al comunismo, so pena de convertirse uno en sospechoso de fascismo, o de simpatizante de los «totalitarismos de derechas»

Jean François Revel.

Mitos

Esta idea nos da dos pistas cruciales de por qué el mito de una Desokupa nazi dispuesta a tomas las calles es demasiado tentador para la izquierda. Por un lado, en nazismo nunca va a desaparecer de sus obsesiones. Y unos tipos de cien kilos con la cabeza rapada, insultándolos abiertamente y soltando bravatas ante escenarios inexistentes, son una señal de neón de veinte metros de alto que escribe en sus mentes la palabra NAZI.

Por otro lado, de igual forma que había que tapar las tropelías del comunismo con una extrema derecha que solo tenía un poder equivalente en las disparatadas mentes de la intelligentsia izquierdista, ahora hay que tapar que las políticas sociales buenistas que ha reinado en muchas partes de Europa están haciendo aguas, inventando unos supuestos movimientos muy poderosos y violentos que se están fraguando en la derecha.

Lo cierto es que los hechos son los que son. Los que queman coches y edificios y saquean comercios no son la extrema derecha. Ni ahora en Francia, ni en el 2020 en Estados Unidos. Pero escuchando a nuestros pares progresistas, nadie lo diría.

La actualidad del nacional socialismo

Dejemos que Revel nos siga aportando luz a esto:

La izquierda, incluso —y sobre todo⁠— la no comunista, necesita cultivar la ficción de que existe un totalitarismo de derechas tan imponente como el de 1935 o de 1940, a escala mundial, con objeto de poder pasar la esponja sobre el totalitarismo comunista. Ciertamente, violaciones de los derechos del hombre, tiranías, represiones, exterminios e incluso genocidios pululan fuera del sector comunista del planeta. Es una evidencia, y pulularon mucho antes de que el comunismo hiciera su aparición en escena. Que sea preciso combatirlos y esforzarse en crear una especie de orden democrático mundial es algo de lo que todo hombre honrado está convencido.

Pero esto es precisamente lo que nosotros no hacemos. Porque nos prohibimos a nosotros mismos comprender y, por consiguiente, tratar los males que pretendemos atacar, cuando asimilamos los unos a los otros y reducimos a la unidad supuesta de un totalitarismo de esencia nazi realidades tan dispares como el apartheid sudafricano, la dictadura del general Pinochet en Chile, la represión de manifestaciones estudiantiles por el gobierno de Seúl o, incluso, en una democracia, la expulsión a su país de origen de inmigrados clandestinos desprovistos de autorización de residencia.

Radicales

Hay gente de derecha que es radical. Debe ser la obviedad más aprovechada de la historia. Un empresario español se ofrece en medio de una bravata a hacer de fuerza parapolicial si unos disturbios raciales llegan a España. Eso permite, en la cabeza de la izquierda, olvidar los miles de coches y edificios quemados de los disturbios franceses de estas semanas. Se produce un empate entre dos circunstancias que están en grados extremadamente dispares.

Y estamos siendo generosos, porque lo cierto es que solo empatan en las mentes más moderadas, siendo mayoritariamente aceptado que es mucho más peligroso los desmanes del sector friki de la derecha, que revueltas masivas, violentas y perfectamente organizadas en varias ciudades de millones de habitantes. Al final, tan preocupados estamos de la reacción de una parte de la derecha a unos eventos sociales graves, que no se atiende en absoluto a estos eventos. Se podría argumentar que la situación social de ciertas zonas de Francia es un tema muy complejo. Sería razón de más para no distraerse con asuntos menores. Pero aceptando esto, ¿qué tenemos que decir de la usurpación de viviendas? ¿Es eso complejo?

El mundo real

Si aceptamos el hombre de paja que la izquierda ha hecho de Daniel Estévez y, por tanto, creemos que estamos ante el nacimiento de un nuevo Mussolini, abordemos la causa de su popularidad. Que el Estado vuelva a proteger la propiedad privada, sea la morada de alguien o no. Que sea delito usurpar, y que los jueces lo tengan como prioridad (con nuevos tribunales, por ejemplo). Fin de la historia.

Pero esto no va de acabar con Desokupa. Como bien nos advirtió Revel desde un pasado remoto donde la izquierda tenía unos procesos mentales que han variado bien poco, esto va de construir hombres de paja que mantengan la ficción de que si unos te queman el coche, te saquean el negocio o te usurpan la casa en el mundo real, otros están preparándose para tomar el poder en nombre del extremismo reaccionario de derechas en un mundo imaginario que, aunque solo se puede ver en periódicos y pantallas LED, consigue calar en el imaginario colectivo como más real que la propia realidad.

Y aquí quiero terminar intentando abordar la mayor objeción que se me puede hacer a este artículo: que estoy sustituyendo el comunismo, que era el enemigo al que Revel combate en este libro por otros monstruos que, supuestamente, al liberalismo no le han interesado nunca (o incluso ha ayudado a alimentar), haciendo trampas con ello. Este razonamiento parte de dos errores, que Revel solo combate al comunismo en este libro, y que otros temas ahora candentes no eran de su interés (y de otros liberales) en esa época. Los dos errores tendrán una respuesta que vendrá en futuras entregas, pero quiero adelantar lo principal.

Los derechos básicos

Revel se opone al comunismo por una razón muy humana: considera que los totalitarismos que irremediablemente engendran aplastan los derechos más básicos. Podía haber luchado contra estos Estados totalitarios de muchas formas, pero él escoge una que nos regala a las generaciones futuras unas herramientas fabulosas para nuestra propia época: unas que permiten entender la capacidad de la izquierda para imponer su relato en las sociedades occidentales de su época.

Si alguien cree que en 1989 desaparecieron por arte de magia unos mecanismos que consiguieron que personajes tan repugnantes, y sistemas tan obviamente antihumanos, como los que generó el comunismo, pudieran ser tapados en occidente durante décadas por una élite intelectual dominante, y no tienen nada que ver con el actual rodillo que se está aplicando para empresas sociales muy ambiciosas, pero, reconozcámoslo, mucho menos hercúleas, es que no hemos entendido nada de la historia del siglo XX.

Razón de más para seguir leyendo a Revel.

Confiemos en el mercado para acabar con los nuevos coches de combustibles fósiles desde 2030

Por Lynsey Jones. Este artículo fue originalmente publicado por CapX.

A pesar del reciente frenesí mediático, el Gobierno no debe vacilar en cuanto a la fecha límite de 2030 para la venta de coches nuevos propulsados por combustibles fósiles. Es cierto que ese objetivo plantea algunos retos, pero no son insuperables. De hecho, la fecha de 2030 ya está impulsando la innovación, con nuevos coches que entran en el mercado cada año y que van más lejos y más rápido que el anterior.

2030

La transición también es mucho más suave de lo que sugieren algunas voces escépticas. En lugar de prohibir todos los coches de gasolina y diésel, como han afirmado algunos medios, el objetivo se limita a las nuevas ventas. Esto significa que podremos seguir comprando coches de gasolina y diésel de segunda mano. En el Reino Unido, los conductores ya son más propensos a comprar coches de segunda mano: en 2022 se vendieron 6,8 millones de coches usados, frente a 1,6 millones de nuevos.

También podrán comprarse los nuevos coches híbridos enchufables. La nueva fecha de retirada progresiva de estos vehículos es cinco años después del objetivo de 2030 para los vehículos de gasolina y diésel. Los híbridos alternan la gasolina y la electricidad, utilizando la electricidad para los trayectos cortos y la gasolina para los viajes más largos. Por tanto, los conductores que no se atrevan con los coches totalmente eléctricos seguirán disponiendo de una nueva opción híbrida en el mercado después de 2030.

La respuesta del mercado

Las ventas de coches eléctricos puros, que son mejores para el medio ambiente que los híbridos, están aumentando más rápido de lo previsto. En 2014, el 2,2% de las ventas de coches nuevos eran eléctricos. Ocho años después, en 2022, esta cifra era del 16%. Ahora, con una industria establecida y nuevos modelos de coches eléctricos entrando en el mercado cada año, se espera que esta cifra aumente hasta cuatro de cada cinco coches en los próximos ocho años. Y eso sin contar los híbridos.

Las ventas de coches eléctricos han aumentado en gran medida gracias a la mejora de la tecnología y la experiencia del conductor. El coche eléctrico más vendido en 2009 fue el G-Wiz, un coche que Top Gear tituló en su día el “Peor Coche del Año”. Tenía una velocidad máxima de 80 km/h y una autonomía de 48 millas. El año pasado, el coche eléctrico más vendido en el Reino Unido fue el Tesla Model Y, que puede alcanzar velocidades de hasta 240 km/h, y su autonomía con una sola carga es casi siete veces superior a la del G-Wiz.

Ya es más barato

Los costes también están bajando. El precio de venta de un coche eléctrico sigue siendo superior al de un equivalente de gasolina o diésel, pero los costes de vida útil ya son más bajos. Y la paridad de precios con los equivalentes de gasolina y gasóleo debería alcanzarse en 2027. A pesar del aumento del coste de la electricidad debido a la crisis del gas, sigue siendo mucho más barato cargar la batería de un VE que llenar un depósito de gasolina o gasóleo. Las nuevas tarifas y paquetes de empresas como Octopus Energy permiten cargar el coche por tan sólo 7 céntimos por kWh o unos 3 céntimos por kilómetro.

Repostar un coche de gasolina o gasóleo cuesta, de media, entre 19 y 21 céntimos por kilómetro. Sin duda, este mismo ingenio seguirá reduciendo el coste inicial de los vehículos eléctricos. Y a medida que más VE lleguen a las carreteras, el mercado de segunda mano desempeñará un papel más importante en el despliegue de los VE. Como ya hemos visto, es aquí donde la mayoría de los británicos adquieren sus coches.

Por encima de todo, como sabrán apreciar los lectores de CapX, tenemos que confiar en el sector privado. La retirada progresiva de 2030, junto con la exigencia de que los fabricantes aumenten las ventas de vehículos eléctricos, ha dado seguridad a las empresas, que han respondido con innovación y reducción de costes.

A finales de 2023, habrá más de 120 modelos diferentes de coches eléctricos en el mercado británico. El aumento de la variedad significa que habrá algo para todos los gustos, desde coches familiares para llevar a los niños al colegio hasta coches familiares de gran autonomía para los viajes de trabajo. Abandonar el objetivo enviaría una señal equivocada al mercado, penalizaría a las empresas automovilísticas concienciadas con el medio ambiente y pondría en peligro los avances logrados hasta ahora.

La red

Pero para que la transición sea lo más fluida posible, la red de recarga debe mejorar rápidamente. Una vez más, la industria está marcando el camino. El Gobierno ha marcado la dirección a seguir con su objetivo de instalar 300.000 puntos de recarga para 2030, y las empresas de recarga están respondiendo con dinero contante y sonante. Las mayores empresas de puntos de recarga del Reino Unido están dispuestas a invertir 6.000 millones de libras para 2030 y duplicarán el tamaño de la red de recarga de vehículos eléctricos del Reino Unido en 2023.

Abandonar la retirada progresiva sería políticamente problemático. Con el clima como una de las cinco principales preocupaciones de los votantes y las credenciales medioambientales del Primer Ministro puestas en duda recientemente, el Gobierno debería ser consciente del daño político que supondría incumplir este compromiso. Sobre todo porque vamos camino de cumplirlo. Retrasar el objetivo enviaría una señal equivocada a los fabricantes, crearía incertidumbre y pondría en peligro la innovación y la inversión que necesitamos para lograr una transición fluida hacia vehículos más limpios.

El salario mínimo hace que haya más gente sin hogar

Por Jon Miltimore. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

Una cosa que Lang Martínez dijo que aprendió después de vivir en las calles del condado de Ventura, California, fue que ser un sin techo era peor que estar en la cárcel. “Es un estilo de vida diferente. ¿Crees que la cárcel es mala? No. La cárcel tiene una estructura.”. Fue lo que declaró recientemente a California Insider Martínez, antiguo miembro de una banda de Los Ángeles convertido en defensor de los sin techo. “Las calles tienen lo que llaman reglas de enfrentamiento”. Martinez está de acuerdo con la creencia generalizada de que las enfermedades mentales y el abuso de drogas son los principales catalizadores de la falta de vivienda. Pero una nueva investigación académica sugiere que el panorama es más complicado.

Estudio de la Universidad de California

Un nuevo estudio de la Universidad de California en San Francisco sugiere que la pérdida de ingresos es el principal factor desencadenante del sinhogarismo. Está por delante de las enfermedades mentales, la drogadicción y otras causas. “Creo que es muy importante tener en cuenta hasta qué punto la gente pobre está desesperada, y hasta qué punto son su pobreza y los elevados costes de la vivienda los que están provocando esta crisis”, afirma Margot Kushel, médico y director de la Iniciativa Benioff sobre Vivienda y Personas sin Hogar de la UCSF, que ha realizado el estudio.

California alberga aproximadamente al 30% de toda la población estadounidense sin hogar (115.491 personas en 2022), y algunos defensores expresaron su esperanza de que la nueva investigación “informe una estrategia estatal” para combatir el problema. Otras investigaciones, sin embargo, sugieren que las propias políticas de California han exacerbado su epidemia de personas sin hogar. Ello incluye un nuevo documento escrito por el economista de la Universidad de California Seth J. Hill titulado Salarios mínimos y personas sin hogar publicado el mes pasado.

Mayores salarios mínimos, más personas sin hogar

Utilizando datos del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano y otras fuentes, Hill examinó 100 ciudades entre 2006 y 2019. Determinó la relación entre los pisos salariales y la falta de vivienda. Las conclusiones son sombrías.

La fusión de los datos administrativos de HUD con las leyes de salario mínimo estatales y locales sugiere que los salarios mínimos inducen aumentos en los recuentos de personas sin hogar. Cuando las ciudades aumentan su salario mínimo en un 10%, los recuentos relativos de personas sin hogar aumentan entre un tres y un cuatro por ciento.

Seth J. Hill

El artículo de Hill no será la última palabra sobre la relación entre las leyes de salario mínimo y el sinhogarismo. Pero aporta una prueba más de una terca realidad que los defensores del salario mínimo suelen pasar por alto. Las leyes de salario mínimo suelen perjudicar a las mismas personas a las que pretenden ayudar.

Todo el mundo lo admitía

Durante décadas, fue un evangelio económico universalmente aceptado que el aumento del salario mínimo conllevaba contrapartidas negativas. Muchos economistas señalaron a menudo que estas consecuencias adversas, incluida la pérdida de puestos de trabajo, recaían a menudo sobre los trabajadores menos cualificados y menos valorados. “Entre los efectos de una ley de salario mínimo, cuando es eficaz, está el que muchos trabajadores no cualificados y sin experiencia se quedan sin trabajo, cuando los empresarios no consideran que valgan lo que la ley especifica”, observó en una ocasión el economista Thomas Sowell.

Por eso, hasta hace relativamente poco, incluso publicaciones de izquierdas como el New York Times admitían que utilizar las leyes del salario mínimo para combatir la pobreza era una idea “antigua, honorable y fundamentalmente errónea” porque “sacaría del mercado laboral a los trabajadores pobres”. Que las subidas del salario mínimo aumentan el desempleo no era un tema discutible entre los economistas, e incluso hoy en día una revisión de la literatura muestra que una “clara preponderancia” de la investigación científica muestra un impacto de destrucción de empleo.

Prohibir el trabajo por debajo de un salario causa pobreza

Así pues, a la luz de estas pruebas y de los resultados más recientes de la UCSF, la conclusión de Hill no debería sorprendernos.

En la medida en que el salario mínimo provoca el desempleo de los trabajadores poco cualificados, la pérdida del puesto de trabajo puede agravar la inseguridad económica existente y reducir la capacidad de pago de la vivienda.

Seth J. Hill

Esta conclusión no sólo es trágica, sino también irónica. Los políticos y los fundamentalistas de la justicia salarial, que se enorgullecen de la idea de que luchan contra la pobreza abogando por leyes de salarios mínimos más altos, no sólo están costando puestos de trabajo a innumerables trabajadores poco cualificados. En realidad, están empujando a muchos de ellos a la indigencia.

Te ahogas, y te retiran el salvavidas

Una vez más, esto no debería ser una sorpresa. Hace décadas, el economista Murray Rothbard observó lo absurdo de la idea de que prohibir empleos era un camino hacia la prosperidad.

Recuerden que la ley del salario mínimo no proporciona puestos de trabajo, sólo los proscribe. Y los puestos de trabajo proscritos son el resultado inevitable.

Murray N. Rothbard

Esto no quiere decir que los suelos salariales sean la única causa de la falta de vivienda, que es un tema tan complicado como los seres humanos. Lang Martínez tiene sin duda razón cuando afirma que el abuso de sustancias y las enfermedades mentales desempeñan un papel importante. Pero estas realidades no deben eclipsar otra verdad: para muchas personas con dificultades, un trabajo peor pagado no es “explotación”. Es un salvavidas.

La libertad de los mercados en el marco de la competencia política y económica global

Si bien las economías de mercado han ganado la lucha económica, esto no significa que la competencia entre los sistemas se haya ganado de una vez por todas.

Angela Merkel

Siguiendo con el orden de pensamientos y opiniones de la hoy excanciller, Angela Merkel, arriba citados, los cuales fueron divulgados por su biógrafo Stefan Kornelius, antes del final de su gobierno en el año 2021, la otrora Canciller Alemana sostuvo según Kornelius, “que el sistema liberal podría no sobrevivir y que la economía de mercado y la democracia podrían ser muy debiles al final”. Su mensaje fue que “La prueba de fuego para la libertad aún está por llegar para Occidente”.  Thorsten Benner Germany’s Sep 2021 Acid Test: Systemic Competition,  published in lnternationale Politik Quarterly. Pag 1.

Estas tres importantes reflexiones, más allá de reafirmar un tema que ha venido preocupando a los defensores del Orden Liberal Internacional en los últimos diez años, principalmente a ciertas comunidades académicas, como a algunos actores políticos del citado orden. Las mencionadas reflexiones de la excanciller alemana configuran el triángulo de un complejo juego de competencia sistémica de alcance global, donde las democracias que sustentan las sociedades abiertas y los principios básicos de la economía de mercado, están siendo desafiadas tanto desde dentro, como desde fuera por fuerzas autoritarias y totalitarias disfrazadas en algunas ocasiones con un velo “democrático”.   

Competencia sistémica

Competencia sistémica que ha comenzado a endurecerse no sólo en el ámbito geopolítico, como lo demuestra la guerra contra Ucrania, y las tensiones militares de carácter geoestrategia en el sureste asiático.  Si no en el escenario geoeconómico internacional, con el incremento de las restricciones comerciales a ciertos sectores de alta tecnologías entre los Estados Unidos y China, principalmente.

Las respuestas dadas por los Estados Unidos y sus aliados occidentales a estos desafíos han sido tardías y más reactivas que proactivas. Como lo ejemplifican las iniciativas tanto individuales como colectivas tomada por los EE.UU. y la Unión Europea, dentro de sus respectivas estrategias comerciales y económicas, como en el marco del G7. Podemos citar como ejemplo, en materia de asistencia económica y financiera, las iniciativas hacia África principalmente y en menor grado las dirigidas hacia la América Latina y el Caribe, con el fin de contrarrestar o equilibrar la presencia económica de China en estos espacios geográficos.  Iniciativas que tienen como telón de fondo una competencia estratégica para asegurar el acceso a materias primas vitales para la revolución energética global que está en ciernes.

Fricciones UE-EEUU

En el ámbito militar nos encontramos, exceptuando la ayuda militar a Ucrania, y la coordinación de ejercicios y presencia militar en el sudeste asiático, con la existencia de un discurso ambiguo que pone en duda la voluntad política de occidente a mediano y largo plazo de hacer frente en el estrecho de Taiwán a una operación militar liderada por China a gran escala. Las razones de estos juegos de palabras reflejan, por un lado, la diversidad y mezcolanza de intereses, capacidades, tanto económicas, como políticas y militares de las naciones occidentales, a la hora de delinear una acción común frente a los desafíos existenciales que enfrentan.

Otro elemento de mayor peso aún dentro de este complejo juego de competencia sistémica global ha sido el establecimiento de medidas de orden geoeconómico que parecerían perseguir un objetivo común, pero han terminado creando fricciones entre los Estados Unidos y la Unión Europea, principalmente. Muchas de estas medidas, no sólo han afectado la libertad de los mercados de bienes y servicios internacionales, sino que han creado un escenario de diferencias comerciales y económicas entre los EEUU y el bloque europeo, en lo referente a las políticas de nearshoring y offshoring, específicamente en el caso las de empresas de alta tecnología.

Orden Liberal Internacional

Siendo esto un grave error no sólo en términos políticos, sino económicos y comerciales, pues la competencia que se debe dar entre EUA y sus aliados europeos, tiene que estar enmarcada dentro del contexto del Orden Liberal Internacional y sus instituciones. No dentro de una competencia geoeconómica que se libra contra China principalmente y en segundo orden contra Rusia.  Pues esto ha dado pie a que naciones como Francia busquen acercamientos económicos con China, así como otros socios importantes países de la Unión Europea. Esto debilitaría el accionar de las estrategias comunes que son requeridas en estos momentos, frente a la competencia sistémica global que estos enfrentan frente al modelo sistémico global chino-ruso. 

En el orden interno de las sociedades democráticas de occidente se pueden observar la carencia de una visión compartida, frente a los riesgos antes mencionados, valdría la pena citar la reflexión hecha por el Presidente de los Estados Unidos, John Biden, en el marco de su discurso por la celebración de la independencia su país en este 4 de julio,

El 4 de julio llega en un momento crítico. Nuestra economía está creciendo, pero no sin dolor. La libertad está bajo asalto. Asalto tanto aquí como en el extranjero. En los últimos días, hubo razones para pensar que este país está retrocediendo. Esa libertad se está reduciendo. Que los derechos que asumimos que estaban protegidos ya no lo están. Recordatorio de que seguimos en una batalla continua por el alma de Estados Unidos, como lo hemos hecho durante más de 200 años.

Joe Biden.

China

Estas palabras reflejan el fuerte deterioro interno no sólo en los Estados Unidos, base principal del Orden Liberal Internacional, sino en el marco de las democracias del bloque económico y militar europeo, que de igual manera han venido enfrentando fuertes cuestionamientos internos, en contra el citado orden, impulsados por las crisis migratorias, los movimientos xenofóbicos y nacionalistas, más el resurgir de grupos proclives al proteccionismo económico. 

La competencia sistémica contra el modelo chino, el cual ha estado basado en un sistema Estado-partido de carácter políticamente totalitario, con un capitalismo de Estado, combina cada vez más su totalitarismo político radical con su éxito económico. Por ende, el estilo chino de capitalismo de Estado autoritario plantea el reto más difícil en marco de la competencia de sistemas global.

Los sistemas políticos autoritarios y totalitarios, no sólo responden a sus críticos internos con acciones brutales, también se sellan a sí mismos de influencias no deseadas del exterior. Rusia, por ejemplo, impone prohibiciones a las organizaciones no gubernamentales extranjeras. De igual, restringe el trabajo de los periodistas extranjeros independientes. En el caso chino vemos un patrón de conducta similar a través de las restricciones del acceso a internet. El sistema de Estado-partido chino solo tolera la cooperación internacional en investigación, que sirva principalmente a los intereses tecnológicos y económicos propios de Beijing.

Un rumbo diferente

Las democracias occidentales, por otro lado, son en gran medida abiertas, lo cual le permite a los sistemas autoritarios y totalitarios utilizar esta asimetría de la apertura unilateral para ejercer influencia, ya sea, a través, de la desinformación y la propaganda, o construyendo dependencias económicas, o “comprando” élites democráticas, tanto académicas, empresariales, y políticas. Algo que no sólo ocurre en los países desarrollados, sino, de manera más patética en los países en vías de desarrollo, donde la corrupción institucional y social está bien arraigada como forma de sobrevivencia económica y política, lo que les facilita aún más el trabajo.

Frente a esta situación cabría citar dos expresiones adicionales hechas por la ya citada excanciller alemana, según su ya mencionado biógrafo, “Liberemos las fuerzas del despertar”. Esta consigna no es más que un llamado a la concienciación en todos los sectores de las sociedades occidentales democráticas del peligro que se enfrentan las mismas, tanto en sus ámbitos internos como externos, frente esta amenaza sistémica de alcance global, autoritaria y totalitaria. Según Merkel “La alternativa es clara, queridos amigos: o ser invadidos por el cambio, o cambiar de forma”. Lo cual implicaría, a nuestro juicio y entender, que según ella, los Estados Unidos como el resto de sus socios occidentales deberán cambiar la forma en la cual han comenzado a enfrentar esta amenaza. Sin sacrificar sus valores y principios democráticos, así como los fundamentos básicos de las economías de libre mercado.

Crítica al patrón interés

Dediqué mi primer artículo a una de las propuestas de Pedro Gómez Martín-Romo, la “competencia institucional normativa”. Su otra propuesta, el llamado “patrón interés”, es el objeto de este artículo. Comenzaré resumiendo la idea. Pero, para quien tenga interés, puede escuchar la presentación del autor en una charla TED:

Al igual que en el artículo anterior, debo informar que mis críticas al patrón interés son a lo expuesto en las conferencias, y no en los libros, los cuales no he leído. Existe la posibilidad de que se trate alguna de ellas en los libros y por eso yo no lo tenga en cuenta, pero dudo que sea el caso para las críticas principales porque eso implicaría contradecir categóricamente casi todo lo dicho en las conferencias.

Monopolio

Los lectores habituales del IJM serán de sobra conocedores del problema monetario. Actualmente, existe un monopolio de la emisión de dinero por parte de los bancos centrales, los cuales, pese a ser supuestamente independientes, a menudo se ven influenciados por presiones de distinto tipo y acaban causando gran diversidad de problemas y distorsiones en la economía. Los liberales acusamos al monopolio de los bancos centrales de dos problemas. El posible abuso del monopolio de la emisión, generando inflación, y su control de los tipos de interés, que es responsable de los ciclos económicos financieros.

Recordemos que el buen dinero incluye entre sus cualidades básicas el ser un invariante de valor. Es decir, que mantenga su poder adquisitivo en el tiempo, sin inflación ni deflación. Para permitir esto, deberá emitirse nuevo dinero en proporción al aumento en la producción de bienes y servicios.

Patrón oro

Antiguamente, los billetes emitidos estaban respaldados por oro, lo cual limitaba la capacidad de emisión de estos bancos, imponiendo también la disciplina fiscal. Era el llamado patrón oro. Sin embargo, este modelo fue abandonado definitivamente en 1971. Desde entonces, el único respaldo de las monedas ha sido la confianza en los bancos centrales emisores y en las economías de sus países.

El autor no entra en detalle en las conferencias sobre su crítica al patrón oro, pero dado lo expuesto por Milton Friedman, estoy de acuerdo con la conclusión de que el patrón oro no es ideal. Friedman argumenta que la minería de oro necesaria para mantener el sistema podría costar varios puntos del PIB, lo cual es un problema muy significativo.

El patrón interés

La propuesta consiste en obligar a los bancos centrales a aumentar la masa monetaria de forma proporcional al tipo de interés (entiendo que igualando el aumento de la masa monetaria al tipo de interés). En concreto, llevar esto a cabo de forma mensual. De este modo, supuestamente, se llega a esa coordinación que permite mantener el valor del dinero sin corromper a los bancos centrales y frenando la inflación. Cita de las palabras del autor: “El tipo de interés es la única herramienta que nos da un valor matemático y real de la cantidad de dinero que necesita la economía para que el dinero mantenga su poder adquisitivo.”

Un problema que tiene el patrón interés, para empezar, es que requiere que los bancos centrales lo adopten. El problema del sistema actual no es que los bancos centrales no sepan cómo mantener estable la moneda. Saben hacerlo, y podrían hacerlo con bastante precisión a medio plazo si ese fuera su único objetivo. El problema es que son monopolios con incentivos a tener otras prioridades. Otro es que no tiene mecanismo para contrarrestar la deflación. Un tercero es que se declara defensor del coeficiente de caja del 100%, para lo cual me limito a remitirle a esta conferencia de Juan Ramón Rallo sobre el tema.

El concepto de interés

En primer lugar, es necesario refutar la definición que el autor da del tipo de interés. Y es que cae en el error común de definir al tipo de interés como el precio del dinero. Esto no es correcto, y este error es probablemente del que se derivan los errores posteriores. El precio de una mercancía se mide en la cantidad de otros bienes que se pueden comprar intercambiando el bien original. Para evitar los problemas del trueque y facilitar la situación, se inventó el dinero. Al tratar de ser un invariante de valor comúnmente aceptado para el intercambio, lo utilizamos como intermediario y expresamos todos los demás precios en unidades monetarias.

Sin embargo, esto no se puede hacer con el dinero. O, al menos, carece de sentido. ¿Cuánto valen 50€? La respuesta es 50€. La única forma de medir el precio del dinero es observando la cantidad de otros bienes y servicios que se pueden comprar con él. El tipo de interés no es el precio del dinero, sino el precio del ahorro (y, en cada caso, se añaden el precio del riesgo y las expectativas de inflación). Para pedir prestados 100€ a devolver a un año, hay alguien que los tiene ahora y renuncia a su uso durante un año, por lo cual requiere una compensación (aún más si el prestamista considera que hay riesgo de que no le puedas pagar). Esa compensación, ese precio de ahorrar y retrasar su consumo un año, es el tipo de interés. Por eso es distinto, dependiendo del período, de cuánto haga esperar al prestamista. No es el mismo tipo de interés a un mes, que a tres, a un año o a diez. Esto solo tiene sentido con la explicación de que el tipo de interés es el precio del ahorro.

Interés e inflación

El autor menciona que, cuando la cantidad de dinero en circulación es excesiva, el tipo de interés baja. Pone el ejemplo de 2015. Esta afirmación es errónea. De hecho, es al revés. Cuando hay inflación, los prestamistas incorporan las expectativas de inflación al tipo de interés para mantener igual el tipo de interés real. De modo que el tipo nominal aumenta. Por ejemplo, este es el caso actualmente de Argentina, que tiene unos tipos de interés del 97% dado que tiene una inflación que ronda esa cifra.

El autor llega a este error por considerar al tipo de interés como el precio del dinero. Con la definición errónea de tipo de interés, se llega a que, al haber exceso monetario, baja su precio (el tipo de interés). Cuando hay exceso de oferta, el precio baja. Y en efecto es así, pero con la definición correcta de tipo de interés. La inflación es la pérdida de poder adquisitivo del dinero en términos de otros bienes, de modo que sí baja al haber exceso de emisión monetaria. El tipo de interés, que es otra cosa, tiende a subir.

¿Qué ocurrió en 2015?

En los países desarrollados, los bancos centrales controlan el tipo de interés a base de ofrecer préstamos a un tipo más bajo que el de mercado. En condiciones normales, esto conduciría a la quiebra del banco central. Sin embargo, como puede imprimir dinero a voluntad, esto no puede ocurrir. De este modo, permite que los bancos comerciales presten gran cantidad de dinero a un tipo similar, estableciendo así el tipo de interés en la economía. Nadie pediría un préstamo a un tipo mayor estando disponible uno con un tipo menor.

La cantidad de dinero que hace falta imprimir para mantener este modelo no es excesiva. Los problemas que tiene son frecuentemente criticados por los liberales, pero no voy a entrar en ellos aquí. La cuestión es que, siguiendo este modelo, cuando la cantidad impresa es relativamente pequeña y no genera apenas inflación, esto permite forzar los tipos de interés a la baja. Esto es lo que ocurrió en 2015 y sigue ocurriendo. De hecho, en cuanto la inflación comienza a subir, los bancos centrales se ven obligados a subir el tipo de interés.

Interés y evolución de la masa monetaria

Ahora llega la crítica fundamental. Y es que el tipo de interés no es la medida correcta del ritmo al que sería necesario aumentar la masa monetaria. La aplicación del patrón interés llevaría en la práctica a inflaciones galopantes.

Sospecho que el autor estaba intentando llegar a algo similar al patrón PIB. Si la cantidad producida de bienes y servicios (PIB) aumenta, que la masa monetaria aumente en igual proporción. El tipo de interés, cuando es controlado por los bancos centrales, es lo que a los bancos centrales les parezca oportuno, dentro de lo posible. Cuando no está controlado por ellos (como consideraré en adelante), es el precio de mercado del ahorro y el riesgo.

Sociedades anticomerciales

Tradicionalmente, las sociedades comerciales y libres tenían tipos de interés enormemente inferiores a las reprimidas y anticomerciales. Como se imaginarán, las primeras crecían casi siempre más que las segundas en producción de bienes y servicios, necesitando mayor creación de moneda para estabilizar precios. Esta paradoja desmonta el patrón interés.

En los países reprimidos, dada la inseguridad jurídica y el enorme riesgo de las inversiones, los tipos de interés exigidos suelen ser muy altos. Hay muy pocos agentes con capacidad de ahorro y dispuestos a prestarlo, lo que eleva enormemente el tipo de interés. Cuenta Escohotado que, en ciertos momentos del Imperio Romano, el tipo de interés rondaba el 8% mensual. Cuando hay escasez de ahorro prestable, hay poca inversión, y por tanto poco crecimiento. Solo las inversiones más rentables podrían acometerse, y de esas hay relativamente pocas.

Sociedades ahorradoras

Por el contrario, cuando hay más ahorro prestable, más oferta de inversión, el tipo de interés tiende a bajar, permitiendo acometer no solo las inversiones más rentables sino también aquellas que lo sean, pero no tanto. Estas sociedades ahorradoras, que sacrifican el consumo actual para aumentar el futuro (aumentando así la estructura de capital) son las que más crecen.

De modo que el patrón interés llevaría a la creación de relativamente poco dinero en las sociedades ahorradoras que más crecen (que podría quedar por encima o por debajo del crecimiento). Pero en las sociedades con poco ahorro (y, por tanto, altos tipos de interés) llevaría a la creación de cantidades ingentes de dinero. Imaginen una sociedad muy pobre y poco ahorradora, en la que solo unos pocos se atreven a prestar, y consecuentemente con poco crecimiento y un tipo de interés muy alto (digamos de nuevo 8% mensual). Y ahora imaginen aumentar la masa monetaria un 8% mensual.

¿Por qué fracasan las empresas públicas?

Las empresas públicas son las que crea un gobierno con fondos del erario, con un administrador nombrado por el presidente de la república, con trabajadores integrados a la nómina gubernamental y que produce bajo la filosofía de no ser negocios lucrativos que generan ganancias. Es decir, no son empresas capitalistas, sino “de servicio al pueblo”. Pueden ser empresas que administran el agua de un país, que producen fertilizantes, electricidad, libros, telefonía, pero también hospitales y escuelas.

Sin dueño

El primer problema que tienen estas empresas es que no tienen dueño, no son propiedad de nadie, no hay accionistas. Los directivos son colocados allí por políticos y algunas veces pueden ser personajes caídos en desgracia, castigados por disentir, pero también pueden ser oportunistas o que están preocupados por escalar puestos políticos que les rindan mejores ingresos personales.

Al no existir dueños, nadie se preocupa por el funcionamiento de la empresa. El director durará dos, tres o cuatro años hasta que surja una mejor oportunidad o sea llamado a ocupar otro puesto de un superior que aspira a niveles superiores. Pero hay que mencionar que quien dirige en el momento a esa empresa estatal se percata que es una buena oportunidad para obtener beneficios extras, ya sea refacturando a precios alzados, colocando a familiares, amigos o compadres que le cubrirán la extracción de recursos. No pocas veces esa extracción de recursos es ordenada por los niveles superiores a fin de promover su propia movilidad política.

Salarios desligados de la productividad

El segundo problema de estas empresas públicas es que todo su personal está anclado a la nómina gubernamental, es decir, recibe cheques seguros del gobierno. No importa si la empresa produce poco o muchos fertilizantes, poco o mucha electricidad, pocas o muchas consultas médicas. Los trabajadores se sienten seguros, inamovibles y protegidos por sus sindicatos. Los salarios del personal administrativo y trabajadores en general son impuestos burocráticamente desde las oficinas de Hacienda del gobierno y cambian cada año mediante negociación falsa con el sindicato.

Como los trabajadores de base nada pueden hacer para negociar mejores salarios, optan por trabajar menos; sin antes limpiaba diez salones, luego limpiará 9 y ven que su salario nominal no baja; luego limpiará ocho, 7, 6, 5, y a veces ninguno, pues es una forma natural de hacer lo mínimo, que es equivalente a ganar más por lo que hace. Si es profesor faltará a sus clases; si es médico dará cada vez menos consultas, etc. Es una respuesta natural bajo es sistema de empresas o instituciones del gobierno.

Al margen de los beneficios y de las pérdidas

El tercer problema de las empresas públicas es que la variable “ganancia” no les importa. Es más, ven como natural que trabajen con números rojos, es decir, con pérdidas. Su discurso es que mientras rindan “beneficios sociales”, no importan las pérdidas. Así, la producción está regida no por la demanda del mercado, sino por los objetivos políticos del líder; es decir, del gobierno en turno.

Puede ser que ordene entregar toneladas gratis de fertilizantes a los campesinos, ordenar que los hospitales estatales den consultas y medicinas gratis, llevar electricidad a poblaciones muy alejadas sin importar el costo; ordenar que se otorgue matrícula a todos los que quieran entrar a una universidad pública, etc.

Al no preocuparse por los costos y los beneficios, nunca se sabe si se está actuando bien o no, pero más bien, se abre la puerta a la corrupción en todos los niveles. Se desvían los fertilizantes para los mejores amigos; las medicinas se esfuman porque los mismos médicos se la llevan a sus consultorios privados; los edificios se deterioran porque a nadie le interesa darles mantenimiento.

Destrucción del capital

El cuarto problema de esas empresas del gobierno consiste en la destrucción de capital. Nadie quiere poner una fábrica de fertilizante pues el gobierno ya puso una y lo regala. Nadie se anima al negocio educativo pues el gobierno ya puso escuelas y universidades  “gratuitas”, nadie pagará en la universidad privada si el gobierno da “educación regalada”; nadie pondrá un hospital privado pues el gobierno ya se arrogó esa actividad. Y así, la gente, el sector privado se ve desplazado, inhibido a producir, a invertir, a innovar o arriesgarse ante la apabullante actividad infructuosa, abusiva y deficiente del Estado. Es competencia desleal y abusiva.

Si una empresa privada fracasa, el propietario la cierra de inmediato para no seguir perdiendo. Una empresa pública puede tener desfalcos, pérdidas, corrupción y seguir como si nada ocurriera, puede durar años, décadas. Pero solo está malgastando los recursos de la sociedad y generando más pobreza. Es el caso manifiesto de las universidades y hospitales públicos. Es tarea casi imposible clausurar estas empresas depredadoras pues se generan mafias sindicales o paramilitares que se oponen a todo cambio.

Ir más allá de la seguridad y la justicia

¿Era necesario que el gobierno se desviara de sus funciones de dar seguridad e impartir justicia? ¿Acaso era necesario que el gobierno construyera escuelas, universidades, hospitales, aeropuertos, etc.? ¿Acaso el Estado estaba seguro de que nadie se interesa en fundar escuelas? Bien pudo haber incentivado a la gente que estaba interesado en abrir una escuela.

Por ejemplo, a quienes ya se habían atrevido a abrir una universidad privada les pudo ofrecer créditos bancarios para que pusieran una, dos o más sucursales. O mejor aún, el presupuesto educativo se coloca en un banco comercial para que cualquier persona interesada en abrir escuelas o universidades pudieran contratar créditos a largo plazo.

El otro sendero

Estos agentes privados naturalmente tendrían que preocuparse por hacer que la escuela funcionara muy bien para que los padres de familia estuvieran dispuestos a pagar la colegiatura. De esos ingresos pagarían al personal docente, administrativo y de apoyo para dar un excelente servicio. Obtendrían ganancias y pagarían la deuda para seguir creciendo.

Lo mismo se podría hacer con las empresas de fertilizantes, telefonía u hospitales. Por ejemplo, se invita a que se formen grupos de médicos para abrir un negocio de hospital privado. Se les facilita que cuenten con créditos bancarios para que compren un terreno o alquilen una casa grande para dar servicios de medicina. Ellos, los médicos, ponen el costo de las consultas, operaciones, cirugías, etc. Y así obtienen ingresos para sus sueldos y pagar los créditos. Si son capaces de ofrecer excelentes servicios y atención al público, obtendrán buenas ganancias para crecer, modernizarse, abrir sucursales y sostenerse en el mercado competitivo.

Gobiernos insensatos

Por supuesto, un gobierno con filosofía liberal nunca trataría de desplazar a la iniciativa privada. Al contrario, buscaría que los agentes privados se apropiaran de la economía, sin obstáculos estatales y promoviendo la libre competencia. Pero no se ha hecho así. No hemos tenido gobiernos liberales cuya función fundamental es la de proteger al individuo y que nadie mate a nadie, nadie robe a nadie y nadie cometa fraudes a nadie.

Más bien, hemos tenido gobiernos que tienen la creencia de que pueden hacerlo mejor que los agentes privados. Pero, la realidad es cruda y demuestra que ningún gobierno, ningún político o burócrata del Estado puede manejar mejor una empresa, porque todas, irremediablemente, fracasan. La explicación es que no arriesgan sus propios recursos.

Un apartado en la Constitución

Luego, deberíamos tener en nuestras constituciones políticas la prohibición expresa de que el gobierno tenga empresas, ni de salud, ni educativas, ni de transporte, ni de calzado, ni de armamento o satelitales. Dejar que un gobierno penetre en el campo empresarial termina por dañar toda la economía de un país. Los casos más extremos de gobiernos que invaden y se apropian de la economía lo vemos en la vieja Unión de Repúblicas Soviéticas, en la Alemania de Hitler, en la Albania del Dictador Enver Halil Hoxha o en la Cuba de Fidel Castro. Todos esos países fracasaron. Sin embargo, los Estados Unidos de América de 1796 hasta 1912 florecieron por la casi nula intervención del Estado, u Hong Kong, con una economía 99% libre y sin intervención estatal, crecieron como hongos en primavera.

Ahora bien, se sabe que fundar una empresa privada no es garantía de éxito. De hecho, el 65% de las nuevas empresas privadas fracasan y terminan por cerrar. Fundar, sostener y llevar al éxito a un negocio no es como coser y cantar.

En resumen, las empresas privadas pueden tener éxito o fracaso; pero las empresas gubernamentales, invariablemente fracasan. Si la empresa privada fracasa, es el dueño el principal afectado; pero el fracaso de una empresa estatal, daña a toda la población que son los que aportaron los recursos vía impuestos.

La lección es clara: Es un error permitir que el gobierno funde y administre empresas. Tenemos que decirles a los gobernantes: “no te metas donde no te corresponde”.

El lenguaje económico (XXIX): gasolineras

Las gasolineras, como cualquier otro negocio, aprovechan las innovaciones tecnológicas para incrementar productividad y beneficios. Hoy veremos como se emplea un lenguaje falaz para atacar dos innovaciones: el autoservicio y las máquinas de aire para el inflado de neumáticos.

Capitalismo de amiguetes

Los sistemas de autoservicio —cajeros automáticos, supermercados, máquinas expendedoras, máquinas de lavado, facturación de equipaje, alquiler de vehículos, aparcamientos, etc.— han supuesto importantes mejoras en la productividad de las empresas; por su parte, los consumidores se han beneficiado de una reducción de los precios y una ampliación del horario comercial. El incremento de la calidad de vida depende de una mayor capitalización de la economía; a pesar de ello, todo automatismo tiene detractores. ¿Quiénes se oponen a las gasolineras automáticas?

Primero, aquellos cuyos intereses se ven directamente afectados; por ejemplo, hay empresarios que no pueden o no quieren deshacerse de la maquinaria existente (surtidores antiguos) y, en lugar de encajar la reducción de sus ventas, acuden a los políticos para que prohíban o limiten la competencia. Esto se llama capitalismo de amiguetes. Al igual que sus cómplices en el gobierno, estos lobbistas son una lacra social que se lucra a expensas de los consumidores y de otros empresarios más audaces.

Facua, y otros, contra los consumidores

Segundo, por extraño que parezca, la organización de consumidores Facua pide que haya al menos un empleado por turno para garantizar los «derechos» (espurios) de los consumidores. La OCU,[1] con mejor criterio, defiende las estaciones automáticas porque ofrecen mejores precios y amplían el horario de servicio al público.

Tercero, las asociaciones de discapacitados creen que esta innovación es discriminatoria; sin embargo, aun en el improbable caso de que desaparecieran absolutamente todos los empleados de las gasolineras, el mercado proporcionará combustible a quienes por conveniencia o incapacitad no quieran o no puedan repostar. Recordemos que ya existen servicios a domicilio para lavado, ITV, sustitución de baterías, etc.

Y cuarto, los sindicatos, con su habitual ludismo, afirman que estas máquinas «destruyen» empleo; sin embargo, «Las máquinas y las herramientas no son primariamente dispositivos para economizar mano de obra, sino medios que aumentan la producción por unidad de gasto» (Mises, 2011: 914). Una gasolinera que instala un surtidor automático no tiene por qué reducir plantilla; pero, si así fuera, no hay nada malo en ello: por un lado, quien mantiene su puesto de trabajo ve aumentada su productividad y su salario; por otro lado, el automatismo permite al consumidor la realización de las tareas más fáciles y menos productivas (i.e. suministrar, pagar), liberando mano de obra necesaria en otros trabajos más difíciles y productivos.

Gasolineras “desatendidas”

Es falsa la afirmación que estas nuevas gasolineras están «desatendidas» o «desasistidas». Todas las máquinas expendedoras —dinero, alimentos, bebidas, revistas— están perfectamente abastecidas y mantenidas por la cuenta que le trae a su dueño. Tampoco están «desatendidos» los aviones cuando usan el piloto automático o los trenes sin conductor (shuttle) que conectan las terminales de un aeropuerto.

La crítica del «desatendimiento» es aún más absurda desde la óptica del consumidor; por ejemplo, en las zonas poco pobladas son precisamente las gasolineras automáticas las que atienden a sus clientes durante la noche o en días festivos. En definitiva, el autoservicio mejora la calidad de vida de la población: reduce el precio del combustible, amplía el horario de la oferta e incrementa la productividad del trabajo en el conjunto de la economía.

Es indignante que las gasolineras cobren por el aire

Recientemente, las gasolineras han empezado a cobrar por el inflado de neumáticos, un servicio que antes ofrecían gratis. Algunos han puesto el grito en el cielo: “En estos tiempos de drama humanitario […] ¡Cobrar por el aire! ¡Insoportable e indignante! ¡Cobrar 1€ por el aire es inmoral!” Analicemos esta falacia. La gasolinera no cobra por el “aire”, sino por el servicio que presta una máquina que inyecta aire a presión. El aire que respiramos no es un bien económico, abunda y por eso es gratis; sin embargo, para producir aire comprimido necesitamos bienes escasos: máquina, electricidad, un espacio habilitado, etc.

Las empresas, por lo general, no exigen a sus clientes el pago de determinados servicios: aseos, aparcamientos, transporte, etc.; pero eso no significa que sean gratis. Tan justo es cobrar por la emisión de aire a presión (inflado) como por la de agua y jabón (máquina de lavado); incluso sería lícito cobrar por el uso de los aseos. Quienes se escandalizan porque las empresas cobren lo que antes ofrecían “gratis” cometen un doble error.

Doble error

a) Económico: no entienden que todo aquello se consume debe ser pagado de alguna manera por alguien; por ejemplo, las bolsas de plástico que los supermercados ofrecían «gratis» era un gasto colectivizado: los clientes que acopiaban bolsas en la caja se beneficiaban a expensas del resto que cogía las necesarias o que llevaba sus propias bolsas. Este abuso se eliminó al cobrar 5 céntimos por unidad. Vincular pago y consumo incentiva la conducta económica y reduce las externalidades.

b) Ético: no es justo exigir la gratuidad de un servicio. Si cobrar 1€ por el aire a presión nos parece indignante, ¿qué podemos hacer al respecto? Hay dos posturas que llamaremos «estatista» y «liberal». El hombre estatista apela a la violencia: acude al político para forzar, por ley, la gratuidad del servicio o para imponer precios máximos. El hombre liberal entiende que el «aire a presión» no es gratis y reconoce el derecho del propietario a cobrarlo. Si no desea pagar, buscará otra gasolinera o incluso comprará un pequeño compresor doméstico, pero no acudirá a los políticos para obtener privilegios.

Bibliografía

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.


[1] Organización de Consumidores y Usuarios.

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXVIII) Dad al César lo que es del César

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

Lo que revela MrBeast de la tiranía de la mayoría

Jess Gill. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

En un vídeo reciente, MrBeast, el creador más popular de YouTube, invitaba a personas de entre 1 y 100 años a participar en una serie de juegos y actividades. Cada edad tenía un representante que debía permanecer en una caja de cristal para seguir en el juego. El objetivo era, a través de diversas tareas, eliminar progresivamente a los participantes hasta que sólo quedara una persona, que ganaría un glorioso premio de 500.000 dólares.

De la justicia al beneficio a corto plazo

En una de estas tareas, todos los participantes tenían que votar para eliminar a diez de los jugadores. Esta parte del juego ofrecía una sugerente analogía de cómo actúan los votantes en una democracia; reflejaba cómo la gente vota por sus propios intereses y forma alianzas estratégicas para hacerlo. Al principio, el voto de eliminación estaba casi dividido entre dos de los jugadores, 54 y 74. Ambos habían mentido o mostrado crueldad hacia otros jugadores en la primera ronda. Setenta y cuatro fue el que recibió la patada esa vez.

En la segunda ronda, el concursante de diez años fue expulsado. Sin embargo, el razonamiento general para su eliminación fue mucho menos noble y mucho más cínico. Un jugador dijo: “Si no voto por diez, me expulsarán a mí”; y otro comentó que “si se mantuviera todo el tiempo, podría ganar”. En sólo dos rondas, la motivación general pasó de la justicia al beneficio a corto plazo.

Una coalición de electores cincuentones

Durante el resto de la partida, los cincuentones formaron un grupo de interés que votaba al unísono para eliminar las amenazas percibidas y mantenerse a salvo unos a otros. “Los cincuentones estaban decididos a eliminar gente y eran, con diferencia, los que tenían más poder de voto”. Uniéndose, los cincuentones consiguieron eliminar sin piedad del juego a todos los septuagenarios.

Esto refleja la democracia de la vida real, en la que se da prioridad a los intereses del grupo a expensas del individuo y de la justicia universal. Como dijo Thomas Jefferson: “Una democracia no es más que el gobierno de la turba, donde el cincuenta y uno por ciento del pueblo puede quitar los derechos al otro cuarenta y nueve”.

Una guerra intergeneracional

En el vídeo de MrBeast, aunque los jugadores habían tenido la oportunidad de expulsar a quienes habían sido deshonestos o crueles, no triunfó la justicia. A pesar de su comportamiento antisocial en las partidas anteriores, 54 consiguió sobrevivir a la ronda al aliarse con los otros cincuentones. Con el fin de favorecer sus propios intereses, el grupo de los 50 estaba dispuesto a pasar por alto esto para salvar su propio pellejo. Mientras tanto, los que no hicieron nada malo fueron sacrificados, como el número 10, cuyo amigo le traicionó.

Esta guerra intergeneracional también puede producirse en democracia, especialmente cuando el gobierno puede convertirse en un arma para promover los intereses de un grupo de edad a expensas de los demás. Por ejemplo, en el Reino Unido, los jóvenes sufren políticas que favorecen los intereses a corto plazo de la generación de los “boomer”, como verse obligados a pagar impuestos elevados para sufragar la sanidad pública, las pensiones y otras prestaciones que reciben los mayores en el Reino Unido. Mientras los jóvenes tienen que hacer frente a la mayor presión fiscal que Gran Bretaña ha visto en 70 años, las pensiones estatales han aumentado un 7%.

Expolio legal

Del mismo modo, en los Estados Unidos se ha impulsado la condonación de los préstamos estudiantiles y la gratuidad de la matrícula universitaria. Se trataría de una nueva prestación masiva para los jóvenes que tendría que salir de los bolsillos de las generaciones mayores, que pagan más impuestos.

Son casos de lo que el economista francés del siglo XIX Frederic Bastiat denominó expolio legal. El Estado se ha apoderado de la riqueza de la juventud productiva y la ha redistribuido entre los mayores (y viceversa). Ambos grupos demográficos están utilizando el Estado para saquear y ambos están siendo saqueados a su vez. Los jóvenes y los mayores están extrayendo beneficios para sí mismos que el otro tendrá que pagar.

Como escribió Bastiat: “El delirio actual es un intento de enriquecer a todos a expensas de todos los demás; de universalizar el saqueo bajo la pretensión de organizarlo”.

Estado del Bienestar y guerra económica

Con el juego de suma cero de un Estado democrático del bienestar, al igual que en el juego de suma cero del MrBeast, la gente está incentivada para priorizar el interés del grupo sobre la justicia. En el juego de MrBeast, todo es por diversión, y al final todos “ganan” jugando, especialmente porque el MrBeast dio premios de consolación en metálico a muchos de los “perdedores”, si no a todos. Pero en un Estado del bienestar democrático, es más parecido a una guerra económica que a un juego.

El vídeo de MrBeast sirve como poderoso recordatorio de las trampas potenciales de la democracia cuando los prejuicios individuales, la búsqueda del beneficio personal y los intereses de grupo, y las hostilidades entre grupos suplantan los derechos del individuo.

En la vida real, deberíamos evitar los juegos de suma cero, como el Estado del bienestar, en favor de los juegos de suma positiva que fomentan, no el conflicto, sino la cooperación: como los mercados libres y las sociedades libres. La forma más justa de que los individuos promuevan sus propios intereses debería ser a través de su propio trabajo duro, no votando políticas que prioricen sus necesidades por encima de las de los demás.

Por qué el bloqueo de la cuenta bancaria de Nigel Farage nos debería preocupar a todos

Jordan Tyldesley. Este artículo ha sido publicado originalmente en CapX.

Nigel Farage está contemplando dejar Gran Bretaña después de que se hayan cerrado sus cuentas bancarias. La noticia ha sido recibida con una mezcla de alarma, alegría e indiferencia, dependiendo de cómo te sientas acerca del señor Brexit. Para aquellos de nosotros cuyos cerebros no han sido completamente derretidos por el referéndum de la UE en 2016, la historia requiere una inspección más cercana. Los bancos están rechazando de manera abrupta atender a miembros del público, ya sea Joe Bloggs o el último ganador del Mejor Presentador de Noticias en los Premios TRIC. Y eso es un asunto serio que debería preocuparnos a todos.

Expulsado del sistema bancario

Nigel Farage recurrió a Twitter la semana pasada para revelar que su banco lo llamó para decirle que estaban cerrando sus cuentas, sin recibir ninguna explicación. Después de quejarse ante el Presidente, le dijeron que era “una decisión comercial” por parte de un “subordinado”. Dijo que se le ha negado una cuenta personal o empresarial por parte de otros seis o siete bancos. Y que tres miembros de su familia también han visto cómo se cerraban sus cuentas.

Por supuesto, sin revisar con un peine de dientes finos, la cuenta bancaria de Nigel Farage (que, no está confirmado, pero se asume comúnmente que pertenece a la prestigiosa Coutts, propiedad de NatWest), y sin estar al tanto de todas las formas de comunicación entre las dos partes implicadas, uno debería ser cauteloso a la hora de llegar a una conclusión definitiva. Se están barajando todo tipo de razones en este juego de Cluedo sobre por qué se ha cerrado la cuenta bancaria de Nigel. “Creo que fue Chris Bryant en la sala de billar con privilegios parlamentarios” (…) “No, fue una empresa woke, en la cocina, con una bandera del orgullo”, etcétera.

“Persona políticamente expuesta”

La explicación más probable es que Nigel Farage haya sido identificado como una “persona políticamente expuesta” (PEP, por sus siglas en inglés). Siguen los Reglamentos Obligatorios de Lavado de Dinero de 2017. Los bancos ahora están obligados a realizar una “diligencia debida mejorada del cliente”, con la riqueza y la fuente de los fondos de las PEP. Por razones obvias, las figuras políticas son influyentes. Y, por lo tanto, podrían ser vulnerables a personajes sin escrúpulos que ofrecen sobornos o buscan corromper el sistema. Sin duda, esto es un dolor de cabeza para los bancos. La regulación es costosa de implementar, y se ha teorizado que están optando por cerrar cuentas en lugar de asumir los costos de cumplimiento.

Esto plantea una serie de preguntas inquietantes. ¿Quién decide si una persona está “políticamente expuesta”? Y ¿qué impide que esta regulación se use para silenciar la disidencia? Y ¿qué impacto tiene esto en el futuro de la política británica, una carrera que cada vez resulta menos atractiva día tras día? No sólo nuestros parlamentarios electos y potenciales deben tener en cuenta su seguridad para poder servir. Ahora se enfrentan a perder la capacidad de adquirir una cuenta bancaria. Además, sus propios miembros de familia están en riesgo.

Varios casos

De hecho, Farage no es la única víctima de esta regulación hipervigilante. Dominic Lawson ha escrito que a su hija se le denegó inicialmente una cuenta bancaria en Barclays porque su abuelo, el difunto Nigel Lawson, era un PEP. Además, HSBC rechazó la solicitud de su esposa Rosa de abrir una cuenta para su organización benéfica, Team Domenica, porque su hermano es vizconde. En un debate parlamentario presidido por Sir Charles Walker en 2016, la diputada conservadora Heather Wheeler dijo que ella también se había visto afectada cuando le cerraron dos de sus cuentas bancarias “sin explicación alguna”.

El exdiputado laborista Simon Danczuk tuiteó: una empresa de transferencia de dinero se negó recientemente a permitirme utilizar sus servicios, y finalmente descubrí que era porque estoy identificado como PEP”. Hay muchos más.

No podemos saber con certeza cuántos diputados y familiares directos se han visto afectados. Como es natural, las finanzas personales son un tema delicado. Quizá algunos hayan mantenido en privado sus estresantes experiencias por vergüenza, asumiendo, erróneamente, que sus cuentas no han estado en buena forma.

Como criminales

Pero si indagamos un poco más, nos damos cuenta de que hay otra capa siniestra en esta historia. No es sólo un problema de los PEP. Miles de clientes se quejan de que NatWest -del que el público sigue siendo propietario de una participación del 38,6%- les trata como delincuentes sin motivo aparente. Un grupo de Facebook llamado “NatWest cerró mi cuenta” tiene más de 5.000 miembros, muchos de ellos asustados, confusos y exasperados por la mano dura del banco. A algunos les han cerrado la cuenta sin dar explicaciones, les han congelado el acceso al dinero y a veces no han podido encontrar después otro proveedor.

En una época de crisis del coste de la vida, que el banco te bloquee el dinero de repente no es algo que se pueda pensar. Estaría bien que el autodenominado “hombre del pueblo” Nigel Farage llamara la atención sobre su difícil situación, pero en el mundo de la política tribal de las redes sociales quizá sus testimonios políticamente neutrales no sean tan “clickbaity”.

Justin Trudeau

Sin embargo, sería erróneo sugerir que los bancos no se han utilizado como arma contra quienes no se ajustan a las opiniones “aceptables”. Ni que no decidan utilizar su poder de fuego cuando les conviene. Basta con mirar a Canadá en 2022, cuando Justin Trudeau introdujo medidas de emergencia para congelar las finanzas de los manifestantes contra el mandato antivacunas. Y en los últimos días un líder de la iglesia anglicana ha acusado a la Yorkshire Building Society de cerrarle la cuenta cuando protestó porque supuestamente impulsaba la “ideología” trans.

Una cosa es segura: en 2023 no es razonable esperar que nadie se quede sin cuenta bancaria. Tanto si los cierres bruscos se deben a una aversión extrema al riesgo como a un conflicto de valores, restringir la capacidad de alguien para desenvolverse en una sociedad cada vez más carente de efectivo es inmoral y peligroso. Por una vez, tanto la izquierda como la derecha deberían condenar unánimemente esta medida.

Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (IV)

Sobre la idea de bien en Menger

En mi réplica al artículo de Polavieja decía que, de acuerdo a las condiciones que establecía Menger para poder considerar que una cosa era un bien, Bitcoin se podía considerar un bien desde el momento de su “nacimiento”. Y citaba un caso particular para demostrarlo, como era que al surgir el genesis block Satoshi Nakamoto daba satisfacción a esa necesidad intelectual que le llevó a trabajar en un proyecto tan complejo. Sólo por ese motivo, ya era posible considerar a Bitcoin como un bien.

Según Menger, para que una cosa sea considerada un bien, debe darse, en primer lugar, la existencia (o anticipación) de una necesidad humana; en segundo lugar, que la cosa tenga cualidades que la capaciten para mantener una relación causal con la satisfacción de dicha necesidad; en tercer lugar, que se conozca esta última posibilidad; y, en cuarto lugar, que el ser humano tenga poder de disposición sobre la cosa y la pueda utilizar para satisfacer su necesidad.[1]

No obstante, no se trataba de decidir si Bitcoin era un bien, sino de decidir si era un bien monetario (si tenía utilidad monetaria en el momento de su “nacimiento”). Y, en ese sentido, en mi réplica a Polavieja decía que se incumplía la segunda parte de la cuarta condición de Menger. Es decir, que aun teniendo poder de disposición sobre sus bitcoins, Satoshi no los podía utilizar para satisfacer sus necesidades mediante el intercambio indirecto. Por tanto, concluía que “en ese momento inicial, Bitcoin no se ajustaba a todas las exigencias de Menger para que pudiera ser considerado un bien de tipo monetario (un medio de intercambio)”.[2] En referencia a esto, dice Polavieja:

Es curioso que Serrano parece utilizar el texto de la segunda edición de Principios de Economía Política donde Menger añade la palabra “anticipación” en la primera condición, pero no parece utilizar esta segunda edición para citar la cuarta condición donde Menger añade: “aunque sea una necesidad futura y solo con la ayuda de otros bienes”.[3]

Anticiparte a las necesidades futuras

En su respuesta, Polavieja desvía la atención hacia la palabra anticipación. Pero la necesidad que detectaba Satoshi Nakamoto estaba bien presente, no necesitaba anticiparla. Y, precisamente, Satoshi trató de satisfacerla mediante la creación de Bitcoin. Por tanto, dado que la necesidad estaba ya presente en él, la palabra anticipación no aporta nada. De hecho, cuando cité las condiciones que establece Menger para que una cosa sea considerada un bien, añadí la palabra anticipación (de la segunda edición de Principios de Economía Política) precisamente para tratar de evitar que Polavieja recurriera a ese ardid, algo que hace habitualmente y que, en realidad, es irrelevante para la discusión.

Sin embargo, esto no ha sido suficiente para lograr que Polavieja abandonara ese asunto. Como se ha podido comprobar, decidió añadir la frase de Menger: “aunque sea una necesidad futura y solo con la ayuda de otros bienes”, y lo hizo señalando en negrita la palabra futura como si aportara algo novedoso. Pero es obvio que referirse a una necesidad futura es volver a insistir en la anticipación de una necesidad, que como he dicho es irrelevante en la discusión.

Posteriormente, Polavieja todavía vuelve a insistir en que “la necesidad puede ser futura, no tiene que ser presente”.[4] Dado que esto yo no lo he negado, no es más que un intento continuado de desviar la atención del asunto principal. Enseguida hablaremos sobre lo que quiere decir realmente Menger cuando se refiere a anticipar una necesidad o, también, cuando se refiere a “una necesidad futura y solo con la ayuda de otros bienes”, pero ya adelanto que nada tiene que ver con lo que da a entender Polavieja.

Crusoe naufraga y llega a una isla desierta

Lo dicho hasta ahora se podrá entender mejor a través de unos ejemplos. Imaginemos a Robinson Crusoe tras el naufragio de su barco. Completamente solo en una isla. La desgraciada circunstancia que vive le lleva a agudizar el ingenio para tratar de satisfacer de la mejor forma posible sus necesidades más básicas. Con esa intención, fabrica un sortricultor, utensilio que le facilita mucho la vida.

Evidentemente, Crusoe considera ese utensilio como un bien desde el mismo momento de su fabricación. Menger estaría de acuerdo con él, pues cumple todas las condiciones para que un objeto pueda ser considerado un bien: Crusoe tiene una necesidad; el utensilio tiene cualidades para satisfacer su necesidad; conoce esas cualidades; tiene poder de disposición sobre el utensilio que ha creado, y puede utilizarlo para satisfacer su necesidad. Es decir, el sortricultor sería un bien para Crusoe, y no importaría si nadie más en el mundo apreciara su utilidad, seguiría siendo un bien para Crusoe. Vemos que en este caso no hace falta que Crusoe anticipara la necesidad, pues la necesidad estaba ya presente. Es esa necesidad la que motivó que Crusoe fabricara el utensilio.

Imaginemos ahora que unos monos con muy mala intención se llevan el sortricultor y lo cuelgan en el árbol más alto de la isla, de forma que es inalcanzable para Crusoe. En esta situación dejaría de ser un bien para Crusoe (en el sentido de Menger), pues ya no tendría poder de disposición sobre el utensilio.[5] Vemos que en tal caso sería irrelevante cualquier referencia a la anticipación de la necesidad o a una necesidad futura de Crusoe.

Conchas, plata y dinero

Pasado el tiempo, Crusoe se encuentra ya en unas circunstancias muy diferentes. Tiene cubiertas las necesidades más básicas y su imaginación se dirige hacia otro tipo de cosas. Añora su país natal y piensa en el porqué de que se utilizara la plata como dinero. Se acuerda de la libra esterlina y, al mismo tiempo, recuerda haber leído que a lo largo de la historia muchos bienes habían sido utilizados como dinero antes de que se empezaran a utilizar las monedas metálicas. De repente, se pone a recoger conchas marinas, convencido de que algún día se convertirían en el dinero de su isla. Tras unos días de intensa recolección, Crusoe da por terminada esa actividad y guarda celosamente su colección de conchas marinas en una cueva. Está muy satisfecho. Las conchas son, sin duda, su tesoro más preciado.

En esa situación, ¿se podría considerar que las conchas marinas eran un bien para Crusoe? Según los criterios de Menger, Crusoe tiene una necesidad; las conchas marinas tienen cualidades para satisfacer su necesidad; conoce esas cualidades; tiene poder de disposición sobre las conchas marinas, y puede utilizarlas para satisfacer su necesidad. Por tanto, es evidente que las conchas marinas son un bien para Crusoe.

Pero, ¿cuál es la necesidad que puede satisfacer Crusoe con sus conchas marinas? Esa necesidad es meramente psicológica, en su difícil situación seguramente necesitaba alguna esperanza que le proporcionara ánimo para seguir adelante. Y en su mente delirante, las conchas marinas le llevaban a imaginar que poseía el equivalente a muchas libras esterlinas de buena plata y le permitían soñar que era inmensamente rico.

No hay dinero sin intercambio

Ahora bien, la cruda realidad nos dice que las conchas de Crusoe no eran dinero, tampoco eran un medio de intercambio, ni siquiera había gente en la isla con la que pudiera utilizarlas en el intercambio. Así las cosas, ¿se podría considerar que las conchas marinas eran un bien de tipo monetario para Crusoe? Según los criterios de Menger, Crusoe tiene una necesidad monetaria; las conchas marinas tienen cualidades para satisfacer esa necesidad (ya lo han hecho en otros períodos de la historia); conoce esas cualidades; y tiene poder de disposición sobre las conchas marinas, pero ¿puede utilizarlas para satisfacer su supuesta necesidad monetaria?

Como ya he dicho, en tales circunstancias las conchas no son dinero. ¿Podrían llegar a serlo? Sí, pero no lo son. Tampoco son medios de intercambio. ¿Podrían llegar a serlo? Sí, pero no lo son. En la isla no hay habitantes que puedan intercambiar las conchas. ¿Podrían llegar nuevos habitantes a la isla? Sin duda, pero de momento no han llegado. Y, además, ¿qué garantías existen de que esos nuevos habitantes acepten las conchas como medio de intercambio? Evidentemente, ninguna. Por tanto, ¿se puede decir que las conchas marinas tenían utilidad como medio de intercambio indirecto para Crusoe? De ningún modo. Las conchas marinas no eran un bien de tipo monetario para Crusoe y, de nuevo, sería totalmente irrelevante cualquier referencia a la anticipación de una necesidad o a una necesidad futura.

Martes, Miércoles, Jueves y Viernes

Tiempo después llega Viernes a la isla. Crusoe piensa inmediatamente en su tesoro más preciado, piensa en utilizar sus conchas marinas como medio de intercambio indirecto con su nuevo vecino. Pero Viernes enseguida le devuelve a la realidad. Siendo solo dos personas, no tiene demasiado sentido usar medios de intercambio. El cambio puede ser directo. Viernes le dice a Crusoe que para utilizar las conchas marinas como medio de intercambio sería preferible que hubiera más habitantes en la isla. Ante semejante golpe de realidad, Crusoe cae en depresión.

Meses más tarde llegan a la isla Martes, Miércoles y Jueves. Esto anima mucho a Crusoe. De hecho, está eufórico, piensa que por fin podrá usar su preciado tesoro. Enseguida entabla relación con ellos y trata de comprarles unos relucientes cuchillos que llevaban colgados del cinturón. Les ofrece a cambio un buen número de conchas marinas. Pero una vez más se lleva una decepción. Martes, Miércoles y Jueves rechazan las conchas. Crusoe les explica que no son unas meras conchas, sino un medio de intercambio indirecto muy valioso. Pero los tres personajes, entre risas, le contestan que si las conchas son tan valiosas se las puede quedar todas. Crusoe cae de nuevo en la depresión.

Pan y cuchillos

Un buen día, la lucidez hizo aparición en la mente de Crusoe. Había encontrado una forma de satisfacer la imperiosa necesidad que sentía de poseer aquellos relucientes cuchillos. Decidió hacer pan. El olor a pan recién hecho se extendió inmediatamente por toda la isla y llegó al resto de habitantes, que acudieron como las moscas a la miel. Finalmente, tras una intensa negociación, Crusoe consiguió sus deseados cuchillos a cambio de un buen número de panes.

Se podría pensar que Crusoe logró satisfacer sus necesidades mediante un simple trueque y en parte es cierto, pero esto se puede ver también desde otro punto de vista. ¿Cómo logró realmente Crusoe sus cuchillos? En primer lugar, anticipando una necesidad. La que sentirían los habitantes de la isla al oler sus panes. Es decir, intuyendo que, en algún momento de su vida, todos ellos habrían comido pan recién hecho y lo apreciarían mucho, máxime en la situación de penuria en la que se encontraban en la isla. Y, en segundo lugar, anticipando que esa necesidad futura se podía satisfacer con la ayuda de otros bienes, en este caso, con las plantas de maíz y la harina de maíz que previamente hubo de procurarse Crusoe.

La planta crecía por sí sola en una parte remota de la isla y la harina la obtuvo Crusoe moliendo con piedras los granos de maíz maduros que había dejado secar. De ese modo, el maíz, que hasta ese momento no era un bien para Crusoe, pues desconocía su existencia en la isla, se convirtió en un bien de producción o bien de orden superior (esto es así, independientemente de que el pan fuera para consumo propio o para destinar a la venta).

Conclusiones obtenidas a partir de los ejemplos

Menger reconoce dos formas indirectas de satisfacer las necesidades. La primera de ellas es a través del valor de cambio de los bienes (aquellos bienes que son apreciados por muchas personas pueden tener valor de cambio para su poseedor). La principal consecuencia histórica del hecho de que mucha gente reconociera valor de cambio en un bien y de que aumentara mucho la negociabilidad de ese bien fue el descubrimiento del intercambio indirecto. En la actualidad, sigue sucediendo algo similar. Determinados bienes muy comercializables se convierten en medios de intercambio. Y algunos llegan a convertirse en dinero (medios de intercambio común o generalmente aceptados).

La segunda forma indirecta de satisfacer las necesidades es la que se va a analizar en estos momentos. Antes de comenzar con las peripecias de Crusoe en la isla, dejé pendiente de explicar qué quería decir realmente Menger cuando se refería a la anticipación de necesidades o, específicamente, a “una necesidad futura y solo con la ayuda de otros bienes”. Pues bien, el ejemplo del maíz indica claramente a qué se refería. Menger tenía en mente los bienes de producción.

Los bienes de un orden superior piden y afirman su cualidad de bienes no con referencia a necesidades del presente inmediato, sino únicamente respecto a necesidades que, a tenor de las expectativas humanas, sólo aparecerán en unos momentos en los que ya habrá llegado a su fin el proceso de producción…[6]

Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, p. 121.

Bienes de orden superior

Por ese motivo, las condiciones que establecía Menger para que una cosa se pudiera considerar un bien debían incluir las especificidades de estos bienes de orden superior. Y eso es precisamente lo que hace cuando se refiere a la anticipación de una necesidad, cuando habla de necesidades futuras y cuando añade solo con la ayuda de otros bienes.

Los bienes de producción se emplean para dar satisfacción a necesidades en el futuro, puesto que estos bienes se transforman en bienes de consumo tras un periodo más o menos largo de producción (i. e., son usados para producir bienes de consumo en un proceso que conlleva tiempo). Por tanto, esas necesidades deben ser anticipadas necesariamente.

Estos bienes de producción son apreciados como bienes porque, como diría Menger, tienen cualidades que los capacitan para mantener una relación causal con la satisfacción de una necesidad (la harina es indispensable para ese bien de consumo que es el pan, las ruedas son indispensables para ese bien de consumo que es un coche). En líneas generales, esto es de lo que habla Menger y, como se ve, nada tiene que ver con lo que da a entender Polavieja cuando cita sus palabras.

Una utilidad desconocida

Algunos lectores podrán pensar que, al igual que Crusoe anticipó la necesidad de pan que sentirían los habitantes de la isla, Satoshi Nakamoto también podría haber anticipado la necesidad futura de bitcoins (como medio de intercambio) por parte de otras personas. Y, a partir de esta idea, estos lectores tal vez deducen que los bitcoins serían un bien monetario desde su “nacimiento”, como el sortricultor era un bien desde el momento en que lo creó Crusoe, o el pan desde el momento en que estaba listo para comerse, o la harina desde el momento en que podía ser utilizada para hacer pan. Evidentemente, esto es un error. Veamos el porqué y las diferencias entre estos casos.

En primer lugar, nadie en el mundo sabe qué es ni para qué sirve un sortricultor, por tanto, solo podía ser un bien para Crusoe. Y lo mismo pudo suceder en el caso del primer pan de la historia. En ese momento, ese pan solo era un bien para aquel que lo cocinó. Esta persona era la única que conocía de qué estaba hecho el pan, es decir, era la única que sabía que era un alimento. Esto no era conocido por el resto del mundo, el resto del mundo necesitó conocerlo y probarlo, antes de considerarlo como un bien.

Valor de cambio

El caso de Bitcoin tiene algunas similitudes con el primer pan de la historia, al igual que ese pan Bitcoin también era un bien para su creador desde el momento de su “nacimiento” (ya se ha hablado de los valores de uso que se podían otorgar a Bitcoin en los momentos iniciales). Sin embargo, si se considera desde el punto de vista de un bien monetario, tiene algunas diferencias insalvables.

Ni siquiera su creador (que conocía perfectamente el sistema Bitcoin) podía considerarlo como un bien monetario desde sus inicios, pues un bien monetario depende de otras personas, es una institución social (Viernes enseguida se dio cuenta de eso y se lo hizo ver a Crusoe, lo que le produjo una gran depresión).

El hecho de que Satoshi especulara con la posibilidad de que en el futuro Bitcoin fuera aceptado y usado como medio de intercambio era un valor de uso[7] similar al que Crusoe otorgaba a sus conchas marinas (el valor de uso otorgado por ambos personajes existe y es completamente independiente de la verosimilitud que cualquiera de nosotros podamos otorgar a la idea de Satoshi o a la de Crusoe).

En todo caso, en aquellos momentos iniciales ni Satoshi ni Crusoe podían otorgar valor de cambio[8] a sus bienes. Antes de poder hacerlo, era necesario que se estableciera un precio de esos bienes en el mercado como consecuencia de la utilidad apreciada en ellos (del tipo que fuera).

Hal Finney

Eso tal vez es lo que intentaba provocar “Hal” Finney tan solo ocho días después del genesis block. El 11 de enero de 2009, Finney imagina a Bitcoin convertido en el sistema de pagos dominante en el mundo, y calcula que en ese caso su valor sería aproximadamente de 10 millones de dólares por bitcoin. A continuación dice lo siguiente: “Entonces, la posibilidad de generar monedas hoy con unos pocos centavos de tiempo de cómputo puede ser una buena apuesta, ¡con una rentabilidad de algo así como 100 millones a 1!”[9] Es decir, Finney incitaba a que se apreciara una utilidad especulativa en Bitcoin, buscando sin duda hash rate, pero también buscando un primer precio.

En el caso de Bitcoin, la aparición de un precio de mercado se demoró más de lo que es habitual en cualquier bien novedoso que aparece en el mercado. Esto fue debido a que Bitcoin no era un bien al uso, un bien del que se pudiera valorar fácilmente su utilidad. Era necesario un trabajo de “investigación” previo. Transcurridos varios meses, casi un año, surgió ya un precio de Bitcoin en el mercado. A partir de la existencia de ese precio, podía darse el caso de que Bitcoin alcanzara una buena comerciabilidad (como le puede suceder a cualquier otro bien) y a partir de esa situación era igualmente susceptible de convertirse en medio de intercambio (i. e., la gente podía decidir usarlo como intermediario de los intercambios).

Bitcoin, medio de intercambio

Bitcoin se convirtió en medio de intercambio muy rápidamente, solo fue necesario el transcurso de varios años, todo un hito histórico. Evidentemente, puede haber personas que anticiparan esta circunstancia, de hecho, la propia hipótesis de trabajo de Satoshi Nakamoto pasaba necesariamente por anticipar que Bitcoin se convertiría en medio de intercambio. Lo contrario no tendría sentido.

Sin embargo, esa anticipación intelectual e hipotética, esa anticipación esperanzada, expectante y especulativa de Satoshi Nakamoto no se debe confundir con la anticipación de Menger, que se refiere al empleo de un bien de producción. Por definición, un bien de producción sirve para dar satisfacción a una necesidad futura. Esta necesidad debe ser necesariamente anticipada por aquel que use un bien de producción para tratar de satisfacerla.

Menger sobre los bienes

Veamos cómo se aplicarían las condiciones establecidas por Menger a la harina de Crusoe. Para que la harina pueda ser considerada un bien, debe darse, en primer lugar, la existencia (o anticipación) de una necesidad humana (Crusoe anticipa que en el futuro los habitantes de la isla tendrán hambre, es decir, anticipa una necesidad futura sobre la base de una necesidad presente y constante en el ser humano). En segundo lugar, que la harina tenga cualidades que la capaciten para mantener una relación causal con la satisfacción de dicha necesidad (con la harina se puede hacer pan y el pan sacia el hambre).

En tercer lugar, que se conozca esta última posibilidad (Crusoe sabe que con la harina se puede hacer pan y que el pan sacia el hambre). Y, en cuarto lugar, que el ser humano tenga poder de disposición sobre la harina (Crusoe tiene ese poder de disposición sobre la harina que ha elaborado) y la pueda utilizar para satisfacer su necesidad (no hay duda de que Crusoe puede saciar el hambre con el pan hecho con harina).

Por tanto, la harina es un bien. Pero la harina es un bien, no porque permita satisfacer directamente las necesidades alimenticias, sino porque se puede emplear para hacer pan. Es decir, se anticipa que usando la harina en el presente como bien de producción se podrá satisfacer una necesidad futura cuando el pan esté listo para el consumo (bien de consumo). Ese y no otro es el sentido de la anticipación de Menger.

Los primeros bitcoin

¿Sucede lo mismo en el caso de los primeros bitcoins? El hecho de que Bitcoin pudiera ser considerado un bien está fuera de toda duda, lo que nos interesa aquí es si los bitcoins surgidos en el primer bloque efectivo[10] podían ser considerados desde un inicio bienes de tipo monetario. Veamos. A este respecto, tendríamos que, según Menger, para que los bitcoins surgidos en el primer bloque efectivo puedan ser considerados un bien de tipo monetario, debe darse, en primer lugar, la existencia (o anticipación) de una necesidad humana (Satoshi sentía la necesidad de una moneda digital que se pudiera intercambiar sin necesitar terceros de confianza y, además, podía anticipar que otras personas sentirían esa misma necesidad).

En segundo lugar, que los bitcoins surgidos en el primer bloque efectivo tengan cualidades que los capaciten para mantener una relación causal con la satisfacción de dicha necesidad (no hay duda de que los bitcoins tenían esas cualidades). Tres: que se conozca esta última posibilidad (nadie más indicado que Satoshi Nakamoto para conocerlo). Y, en cuarto lugar, que Satoshi tenga poder de disposición sobre los bitcoins surgidos en el primer bloque efectivo (aceptemos que desde el primer momento Satoshi tenía ya ese poder de disposición sobre sus bitcoins)[11] y que pueda utilizar esos bitcoins para satisfacer su necesidad (aquí es donde se incumplen las condiciones de Menger, pues en aquel momento los bitcoins no se podían utilizar para tal fin).

Por tanto, aquellos bitcoins eran un bien, pero no eran un bien monetario (pues no era posible usar ese bien como dinero o como medio de intercambio cuando todavía no existía un precio de mercado de ese bien). Y, además, nadie podía saber si algún día llegarían a ser un bien monetario.

Producción y premonición

Ciertamente, es posible inventar algo y que ese algo en el futuro se convierta en dinero/MoE, e incluso es posible inventarlo específicamente con esa intención (aunque la intención no sea relevante a la hora de que se logre el objetivo), pero no es posible utilizarlo como medio de intercambio sin la referencia de precios de intercambio pasados[12] y tampoco es posible adivinar si un bien se convertirá en medio de intercambio en el futuro.

Desde el punto de vista de Menger, se puede anticipar razonablemente una necesidad futura (e. g., el hambre), pero no es posible adivinar el futuro (en el caso del surgimiento de Bitcoin, no era posible adivinar lo que le depararía el futuro). Este tipo de anticipación premonitoria no es, de ninguna manera, el tipo de anticipación que contemplaba Menger a la hora de aceptar que un objeto pudiera ser considerado un bien.

Una vez más, Polavieja juega con el significado de las palabras para forzar las conclusiones en el sentido que le conviene, pero lo que dice es completamente ajeno a Menger. Pensar que un bien es un bien monetario (i. e., que tiene utilidad monetaria) antes de que sea posible utilizar ese bien para satisfacer las necesidades a través del intercambio indirecto es autoengañarse. Polavieja afirma:

Si Bitcoin no cumpliera la segunda parte de la cuarta condición de Menger por razón de no poder ser utilizada en el presente de forma inmediata a voluntad de su propietario, entonces ninguna otra mercancía sería un bien económico.[13]

Manuel Polavieja. Bitcoin es una mercancía II.

Pero, cuando dice esto, Polavieja está tergiversando los argumentos, pues nadie ha puesto en duda que Bitcoin se pudiera considerar un bien económico. Lo que se afirma es que, en sus inicios, no se podía considerar un bien monetario. Pretender tal cosa es como pretender que las conchas marinas de Crusoe tenían utilidad monetaria debido a algún tipo de anticipación trascendental de este personaje.

Contingentes, especulativos, inciertos

En el mismo párrafo que acabo de citar, afirma Polavieja que “tanto el valor de uso como el valor de cambio, son contingentes, especulativos y más o menos inciertos”.[14] Evidentemente, hace esta afirmación con la intención de reforzar sus argumentos. Pero no estoy de acuerdo con él en absoluto. De hecho, voy a rechazar los tres atributos que Polavieja adjudica al valor de uso y al valor de cambio.

En primer lugar, estos valores no son contingentes (lo que es contingente es el resultado perseguido por la acción, pero no el valor que le otorgamos al llevarla a cabo). Ese valor que le otorgamos subjetivamente es lo contrario de contingente, es cierto y seguro, pues los valores se manifiestan a través de la acción y si hemos actuado en cierto sentido esto demuestra la existencia de determinada valoración en el momento de nuestra actuación.

En segundo lugar, el valor de uso y el valor de cambio no son especulativos en ningún sentido. El hecho de que, en un momento dado, otorguemos a un bien determinado valor de uso o de cambio solo quiere decir que en nuestra escala de valoración lo situamos en determinada posición en relación con otros bienes y que actuamos en consecuencia para satisfacer de la mejor manera posible nuestras necesidades. En relación con estos valores, no existe especulación ninguna, puesto que la acción es la demostración de nuestra valoración en un momento determinado, es decir, solo atañe al presente, no al futuro (en el futuro podemos cambiar de valoración y actuar de un modo distinto).

Y en tercer lugar, el valor de uso y el valor de cambio tampoco son inciertos. Se aplica aquí lo mismo que se ha dicho en el primer caso, lo único incierto son los resultados perseguidos con la acción, pero no el valor que le otorgamos al llevarla a cabo.

Diez razones

Esto es, los ejemplos utilizados con Robinson Crusoe, así como el resto de cuestiones que he relacionado con estos ejemplos, sirven para mostrar lo siguiente.

En primer lugar, que el sortricultor es un bien para Crusoe, pero no es un bien para nadie más, porque nadie sabe qué es un sortricultor ni para qué sirve. En segundo lugar, que el pan es un bien para Crusoe. También lo es para cualquier otra persona (al menos en potencia), quien lo niegue que se quede un mes a pan y agua y veremos si lo considera o no un bien. En tercer lugar, que la harina de maíz es un bien de producción que permite obtener pan (un bien de consumo). Por tanto, de forma indirecta, se aplica igualmente el dilema del mes a pan y agua.

En cuarto lugar, que las conchas marinas eran consideradas un bien por Crusoe y también podrían ser consideradas un bien por otros habitantes de la isla (e. g., para hacer adornos, sonajeros, carrillones de viento, etc.) En quinto lugar, que los primeros bitcoins eran considerados un bien por Satoshi Nakamoto. También podían ser vistos como un bien por todos aquellos que en el momento de su surgimiento ya se hubieran formado una idea de qué era Bitcoin (acertada o equivocada, no importa) y consideraran que para ellos cierta cantidad de bitcoins tenía valor de uso (del tipo que fuera).

Utilidad monetaria

En sexto lugar, que el sortricultor de Crusoe no tenía utilidad monetaria, ni podía tenerla en las circunstancias descritas. Siete: que los panes de Crusoe no tenían utilidad monetaria, pero no era posible descartar que se pudieran convertir en un medio de intercambio en la isla (a pesar de que, siendo perecederos, difícilmente serían un buen medio de intercambio). En octavo lugar, que la harina de maíz de Crusoe no tenía utilidad monetaria, pero no era posible descartar que se pudiera convertir en un medio de intercambio en la isla (a pesar de que, siendo perecedera, difícilmente sería un buen medio de intercambio).

En noveno lugar, que las conchas marinas no tenían utilidad monetaria, pero no era posible descartar que se pudieran convertir en medio de intercambio en la isla (a pesar de que, siendo tan abundantes y fáciles de conseguir, difícilmente serían un buen medio de intercambio). Y, en décimo lugar, que los primeros bitcoins no tenían utilidad monetaria, pero no era posible descartar que se pudieran convertir en un medio de intercambio utilizado en todo el mundo. Para ello deberían alcanzar previamente un precio de mercado (sin precio de mercado no podrían convertirse en medio de intercambio); luego deberían alcanzar una gran comerciabilidad, pues solo así podrían competir con las alternativas existentes (esta gran comerciabilidad, en caso de alcanzarse, implica que se aprecian sus características); y, por fin, la gente debería empezar a utilizarlos en el intercambio indirecto.

Como conclusión, es evidente que Polavieja no puede alegar la anticipación de una necesidad futura para defender que el sortricultor de Crusoe, sus panes, la harina de maíz, las conchas marinas o los bitcoins en sus inicios tuvieran utilidad monetaria. Sin embargo, a todos estos bienes se les apreciaba una utilidad de otro tipo (no monetaria), por tanto, antes de que cualquiera de ellos pudiera convertirse, hipotéticamente, en medio de intercambio (como así ha sucedido en el caso de Bitcoin) ya eran valorados previamente por otros usos, tal y como establece el teorema de la regresión de Mises.[15]


Notas

[1] Véase “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger

[2] Ídem

[3] Véase “Bitcoin es una mercancía II

[4] Ídem

[5] “Un bien pierde esta su cualidad [cualidad de bien] cuando el hombre carece del poder de disposición sobre ella, de modo que o no puede utilizarla para la satisfacción inmediata de sus necesidades o no dispone de los medios necesarios para volver a ponerla bajo su dominio”. Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, p. 105 Vemos que esta idea de Menger, además de aplicarse al ejemplo citado, también se aplica perfectamente a lo que sucede cuando un bitcoiner pierde la semilla que da acceso a sus bitcoins.

[6] Menger, Carl (1871) Principios de Economía Política. Madrid:Unión Editorial, 2019, p. 121

[7] Se ha explicado ese valor de uso en “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger (III)”

[8] Se ha explicado ese valor de cambio en “Polavieja no comprendió a Mises, tampoco a Menger (III)”.

[9] Véase https://www.mail-archive.com/cryptography@metzdowd.com/msg10152.html

[10] Recordemos que los bitcoins surgidos en el genesis block (3 de enero de 2009) no se pueden gastar y que el primer bloque efectivo tuvo lugar seis días después, el 9 de enero de 2009.

[11] En realidad, la primera transferencia de bitcoins no tuvo lugar hasta tres días más tarde y a modo de prueba. Se produjo el día 12 de enero de 2009 entre Satoshi Nakamoto y “Hal” Finney, un desarrollador y activista de la criptografía que recibió 10 bitcoins. Finney había publicado en 1993 dos estudios, uno acerca del doble gasto “Detecting Double Spend” y otro sobre el dinero digital y la privacidad “Digital Cash and privacy”, y apoyó el proyecto Bitcoin desde un inicio. Esta transferencia de bitcoins recibida por Finney fue solo una prueba de funcionamiento del sistema. https://bitcointalk.org/index.php?topic=155054.0 En palabras de Finney: “I mined block 70-something, and I was the recipient of the first bitcoin transaction, when Satoshi sent ten coins to me as a test. I carried on an email conversation with Satoshi over the next few days, mostly me reporting bugs and him fixing them.”

[12] En el caso de Bitcoin, como en el de cualquier otro bien, la existencia de precios de intercambio anteriores es un requisito necesario para poder convertirse en medio de intercambio. Ahora bien, no es suficiente, como lo demuestra el hecho de que una vez que existieron precios de intercambio de Bitcoin en el mercado, todavía tardó algunos años en convertirse de hecho en medio de intercambio.

[13] Véase “Bitcoin es una mercancía II

[14] Ídem

[15] Aprovecho para decir que en esta serie de artículos no daré respuesta a lo alegado por Polavieja en referencia al teorema de la regresión de Mises. Ello es debido a que Polavieja suscribe la refutación de Bondone y Rallo del teorema de la regresión y ya he expuesto mi posición en el artículo “La liquidez frente al teorema de la regresión del dinero: una crítica a J. R. Rallo”. Revista Procesos de Mercado, vol. 19, no. 1, Aug. 2022, pp. 63-96.  Los argumentos utilizados por Rallo contra el teorema de la regresión son igualmente rebatidos aquí:

Bagus & Serrano (2023): “Anexo: Por qué el teorema regresivo del dinero no es lógicamente defectuoso”, en Bagus, Philipp (2023): Anti-Rallo: Una crítica a la teoría monetaria de Juan Ramón Rallo. Madrid: Unión Editorial, pp. 155-179. https://www.unioneditorial.net/libro/anti-rallo/ 

El debate sobre las mercancías

Joel Serrano

La liquidez frente al teorema de la liquidez del dinero: una crítica a J. R. Rallo

Manuel Polavieja

Mises no comprendió a Menger (I)

Mises no comprendió a Menger (II)

Mises no comprendió a Menger (III)

Bitcoin, dinero y mercancías

Bitcoin es una mercancía (I)

Mises no comprendió a Menger (IV)

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (I)

Manuel Polavieja

Bitcoin es una mercancía (II)

Refutación del teorema regresivo de Mises

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (II)

Manuel Polavieja

Mercancías y economía de mercado

Joel Serrano

Manuel Polavieja no entendió a Mises; tampoco a Menger (III)

Manuel Polavieja no entendió a Mises; tampoco a Menger (IV)