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Aragón en la Guerra Civil, ¿una verdadera experiencia anarquista? (I): las colectividades

Vamos a analizar, en varios artículos, las características principales de la experiencia anarcosindicalista en la Guerra Civil en Aragón. Estudiaremos si en algún momento entró en conflicto el ideario político anarquista con las actuaciones de los propios militantes. Por supuesto, intentaremos responder a la pregunta de cómo fue posible que surgiera en Aragón una experiencia anarquista y se pusiera en práctica en un contexto bélico. También nos plantearemos si realmente podemos hablar de verdadero anarquismo o simplemente fue la antesala a una verdadera revolución. Para ello, centraremos nuestro análisis en tres pilares fundamentales: las colectividades, las columnas militares, y el Consejo de Aragón.

La estructura de la tierra

Antes de comenzar a hablar sobre el colectivismo en Aragón, es necesario detallar una serie de puntos indispensables para nuestro análisis. La primera observación está relacionada con la estructura de la propiedad de la tierra. Hemos de tener en cuenta que, pese a lo que se ha solido exponer, el campo aragonés no vivía una situación prerrevolucionaria antes del golpe de Estado.

El sindicalismo en Aragón estaba en un proceso de restructuración y la conflictividad social distaba mucho de una situación revolucionaria. Otro factor relevante es que en Aragón predominaba la pequeña y la mediana propiedad, por lo que hubo muy poca incidencia del Instituto de Reforma Agraria.

“Comuna libertaria”

En segundo lugar, el golpe de Estado de julio provocó un colapso en la administración de gran parte de las localidades aragonesas. Los ayuntamientos, regentados en su mayoría por socialistas, fueron controlados por la Guardia Civil, apoyada por caciques y propietarios locales. Todo ello provocó la paralización de la industria, el transporte y el comercio al por mayor. Un aspecto importante es si las colectivizaciones tuvieron un carácter voluntario o forzoso. El conflicto entre colectivistas y propietarios irá de la mano del poder militar y político en todo Aragón[1].

El último aspecto por señalar es terminológico, Julián Casanova expone que el término colectivismo puede llegar a ser demasiado amplio y abstracto. Por ello, defiende que es mejor referirnos al término “comuna libertaria”. Es una organización social que se caracteriza por ser un ideal económico basado en el autogobierno de las comunidades, el federalismo y, en definitiva, la supresión de la autoridad.

Destitución del “poder económico”

Tras la derrota de las tropas insurgentes, se formaron en los municipios comités de defensa o revolucionarios. El origen de estas colectividades estará estrechamente relacionado con estos comités, aunque sigue habiendo muchas dudas a su alrededor. La historiografía anarquista ha tratado de dar respuesta al origen de las colectividades. Dentro del anarquismo hay distintas perspectivas en torno a este debate. Una de las figuras más relevantes es Souchy Bauer, delegado de la AIT, en 1938 se refería a las colectividades aragonesas de la siguiente manera:

La colectivización fue una consecuencia directa de la conquista del poder político y social por la clase obrera, después del aniquilamiento de la sublevación militar. Los obreros vencedores quisieron destruir también el poder económico de aquellos que se habían aliado en la traición: los terratenientes y su séquito en las ciudades.[2]

La espontaneidad de la revolución

Defendía que Aragón era el origen de las colectivizaciones en toda España y donde la justicia social se ponía en práctica por primera vez. Solucionaba por primera vez el problema de la distribución de las tierras y campos de pasto entre los diferentes municipios[3]. En la misma línea estará el anarcosindicalista francés Gaston Leval, para él, la revolución se había dado “espontánea y naturalmente”, ya que existía una vanguardia con un ideal que continuaba a través de la historia[4].

Por otro lado, tenemos la visión del Comité Nacional de la CNT, para ellos las colectividades no fueron algo espontáneo que emergió gracias a un contexto determinado. Para el historiador y militante anarcosindicalista, las colectividades fueron un “proceso de maduración revolucionario” y que gracias a la nueva coyuntura que aparece tras el golpe de Estado tuvo la capacidad de conformarse[5].

El programa de Caspe

El primer documento de la CNT sobre las colectividades del que tenemos constancia es el informe del primer Pleno de Sindicatos de la CNT, celebrado en Caspe el 29 de agosto de 1936.  Se establecían cuatro puntos esenciales en torno a las colectividades[6]:

  • “Abolición de la propiedad privada de los medios de producción y del trabajo asalariado.”
  • “Aceptación libre de la colectividad (se excluía a los considerados facciosos, a quienes se les incautaba las tierras) por los campesinos.”
  • “Reconocimiento de la opción “individualista”, a los que únicamente se les privaría de la producción si las necesidades de la guerra así lo dictasen.”
  • “Libertad para todos los pueblos aragoneses de intercambiar o vender sus productos con las demás regiones.”

Hemos de añadir que parte de las colectivizaciones se pudieron realizar gracias a las expropiaciones de tierras pertenecientes a elementos considerados como facciosos. Es por ello por lo que la excepcionalidad de la situación bélica es esencial para entender el proceso. La CNT fue la gran impulsora de estas colectividades, gracias al amparo de las columnas de milicianos. Aunque es cierto que la UGT también constituyó sus propias colectividades: “En algunos pueblos de la comarca existen también colectividades de la UGT; pero éstas se han adherido igualmente a la Federación Comarcal de la CNT”[7].

Individualistas vs. colectivistas

Tenemos que señalar la problemática entre los individualistas y los colectivistas. Tanto el Consejo de Aragón como la CNT, al menos en teoría, respetaban la pequeña propiedad y las soluciones individuales. En agosto de 1937, la federación comarcal de Binefar-Monzón, celebró una asamblea en la que se ratificó el derecho de los campesinos que estaban insertos en las colectividades a volver a su propiedad individual, devolviéndole su parte correspondiente.

Si acudimos a la prensa de la época podemos verlo claramente, concretamente en el diario Cultura y Acción: “El individuo que trate a los individualistas de forma despectiva y violenta y quiera imponer el colectivismo de forma que no sea la libre determinación, debe correr la misma suerte”[8]. El individuo que estaba en contra de los individualistas era considerado como faccioso. Los anarquistas en Aragón no fueron partidarios de la colectivización completa debido al fuerte arraigo de la pequeña propiedad en la región.

El papel de la CNT

Por lo tanto, de este estudio preliminar podríamos destacar dos características principales del origen de las colectividades en Aragón. En primer lugar, la CNT fue el principal impulsor del surgimiento de las colectividades en la región aragonesa, aunque no tenemos que olvidar que muchas otras colectividades fueron constituidas en lugares donde ni la CNT ni ninguna otra fuerza del Frente Popular tenía presencia. Por ejemplo, Graham Kelsey relata como en la localidad oscense de Alcampel, los vecinos del pueblo se reunieron en la plaza y organizaron la colectividad.

En segundo lugar, tenemos que señalar y a la vez desmentir, que en Aragón no se implantó el comunismo libertario, podríamos hablar, como indican los propios dirigentes cenetistas, de un paso previo, que sería la colectivización[9]. Julián Floristán defendía lo siguiente: “Lo que sí sé es que, en todo el Bajo y Alto Aragón, por propia voluntad, por deseo unánime, se organiza la vida en comunidad y dentro de la mayor libertad posible. Y ello sin hablar para nada del comunismo libertario”[10].

Pese a todo, las colectividades se encontraron con gran cantidad de dificultades. Frank Mintz señala cinco principalmente. En primer lugar, el surgimiento de una especie de “neocapitalismo” en el que algunos individuos comenzaron a repartirse los beneficios de las colectividades, olvidándose de la situación bélica. Otra traba fue la falta de personal cualificado, sobre todo de contabilidad, ya que la mayoría de ellos habían marchado al frente. Mintz también señala el abandono de la autogestión por parte de la dirección de la CNT-FAI y la falta de ayuda institucional por parte del gobierno de la República y la Generalitat. Por último, el ataque y represión final a las colectividades tras mayo de 1937.

Autogestión

Como conclusión, podríamos establecer varios aspectos. A nivel económico podríamos señalar que teniendo en cuenta la difícil situación bélica en la que se encontraba España mantener la producción anterior fue un éxito. Debemos señalar también que, pese al relato militante, no se implantó el comunismo libertario o la revolución, es posible que el objetivo fuera ese, pero únicamente se llegó al paso previo[11].

Las colectividades han sido uno de los mayores ejemplos de autogestión en la historia, uno de los pocos ejemplos donde se ha puesto en práctica el anarcosindicalismo. Si bien es cierto, tuvieron una vida muy corta por lo que no podemos hacer un balance general en condiciones. Si hubieran continuado tras la guerra seguramente se hubieran encontrado con infinidad de problemas a nivel burocrático y administrativo. Por no mencionar los problemas de autoridad y poder, siempre presentes en cualquier comunidad humana. En definitiva, un suceso histórico breve pero intenso que todavía tiene mucho por ofrecernos.


[1] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa (1936-1938). Barcelona, Editorial Crítica, 2006, pp. 116-117.

[2] Ibidem, pp. 121.

[3] Agustín, Souchy Bauer, Entre los campesinos de Aragón. El comunismo libertario en las comarcas liberadas. Barcelona, Tusquets Editor, 1977, p. 73.

[4] Gaston, Leval, Colectividades libertarias en España, Madrid, Aguilera, 1977, pp. 90 y 106-107.

[5] Frank, Mintz, La autogestión de la España revolucionaria. Madrid, las Ediciones de la Piqueta, 1977, p. 115.

[6] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., pp. 123.

[7] Agustín, Souchy Bauer, Entre los campesinos de Aragón…, op. cit., p. 77.

[8] Raimundo, Soriano, “¿Socialismo federal o autoritarismo constitucional?, Cultura y Acción, (Alcañiz, 6/VIII/1937), p. 2.

[9] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., p. 217.

[10] Víctor, Lucea Ayala, “El Aragón republicano: guerra y revolución”, en Angela Cenarro (ed.), Contrarrevolución y revolución: dos proyectos políticos y sociales enfrentados, Barcelona, Diputación Provincial de Zaragoza-El periódico de Aragón, 2006, col. “La Guerra Civil en Aragón”, p. 69.

[11] Pablo, García Colmenares, “Las colectividades libertarias en la Guerra Civil (1936-1939), la necesidad de recuperar su memoria”. Académico Numérico. 89, (2018), pp. 115-128.

Por qué la energía es cada vez menos fiable -y menos asequible- en todo el mundo

Jared Wall. Este artículo fue publicado originalmente en FEE.

En el libro Green Tyranny -una fantástica historia del movimiento alarmista ecologista-, el autor Rupert Darwall atribuye la responsabilidad del inicio de este movimiento a los alemanes y los suecos.

En 1967, un científico sueco publicó la primera “teoría” sobre la lluvia ácida. Cuatro años más tarde, Bert Bolin, un sueco que llegaría a presidir el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, redactó el primer informe gubernamental de la historia sobre la lluvia ácida.

Era el típico informe gubernamental. Con noventa páginas, comienza con una certeza: “La emisión de azufre a la atmósfera (…) ha demostrado ser un grave problema medioambiental”. Cincuenta páginas más adelante, sin embargo, Bolin admite algunas dudas cuando dice: “Es muy difícil demostrar que el daño (…) se ha producido de hecho”. No obstante, el informe gubernamental concluye con rotundidad: “Es necesaria una reducción de las emisiones totales tanto en Suecia como en los países adyacentes” (el subrayado es mío).

Contra la energía nuclear

Fue en Alemania donde los ecologistas y los activistas antinucleares contrajeron santo matrimonio. Reducir la energía nuclear, dificultar la vida a los propietarios de centrales de combustibles fósiles y subvencionar parques solares y eólicos poco fiables e ineficaces ha sido la política constante de Alemania en las décadas posteriores. El resultado ha sido una subida vertiginosa de los precios de la energía y una red eléctrica cada vez menos fiable. Históricamente, los ingenieros alemanes nunca habían tenido problemas con su red eléctrica. Sin embargo, en 2012, el país sufrió un millar de caídas de tensión. En 2013, esa cifra ascendió a dos mil quinientos, y desde entonces no ha dejado de empeorar. Como resultado, la base industrial de Alemania, siempre líder mundial, ha ido decayendo tristemente a medida que las empresas optan por abandonar el país en busca de pastos eléctricos más fiables.

En 1988, se creó el IPCC durante una reunión en Ginebra, presidida por muchos de los mismos personajes que habían liderado los movimientos ecologistas de Suecia y Alemania durante las décadas anteriores.

Los informes del IPCC

Una de las principales tareas asignadas al IPCC es la publicación periódica de “informes de evaluación” sobre el estado del cambio climático global. Estos informes constan de cientos de páginas y pueden ser extremadamente técnicos. Para los políticos y periodistas con déficit de atención, estos informes van acompañados de un resumen. De forma rutinaria, este resumen tergiversa la sustancia e incluso las conclusiones del informe real. También suele ser objeto de intromisiones políticas; por ejemplo, cuando el IPCC publicó su quinto informe de evaluación en 2014, el delegado alemán ante el IPCC insistió en que se eliminara el lenguaje relacionado con una pausa o hiato en el aumento de la temperatura global porque “confundiría a los votantes alemanes”.

Además, los líderes del movimiento ecologista se han equivocado históricamente en casi todo. Es para reírse:

  1. 1989 – la ONU predijo que naciones enteras serían “borradas de la faz de la Tierra” por el aumento del nivel del mar para el año 2000.
  2. 2006 – Al Gore dijo que los humanos podrían tener solo diez años para salvar al planeta de “convertirse en una sartén total.”
  3. 2018 – Alexandria Ocasio-Cortez declaró que el “mundo se va a acabar en doce años si no abordamos el cambio climático.”

A pesar de todo esto, el tirón emocional de la propaganda de “salvar el mundo” sigue siendo poderoso, y la agenda ecologista marcha.

Un mar de baterías para cinco minutos de consumo

Uno de los principales objetivos de esta agenda ha sido sacarnos de la electricidad generada con combustibles fósiles y llevarnos a la electricidad generada con energía eólica y solar. Hay que reconocer que los ecologistas han tenido mucho éxito instalando un gran número de turbinas eólicas y paneles solares. Sin embargo, han fracasado estrepitosamente en la consecución de su objetivo principal de “sacarnos” de los combustibles fósiles.

A pesar del crecimiento masivo de la capacidad de generación de los parques eólicos y solares, las centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles siguen siendo un componente insustituible de las redes eléctricas fiables. La tecnología actual de la energía eólica y solar no puede sustituir adecuadamente a la de los combustibles fósiles. Las turbinas eólicas no funcionan cuando no hace viento, y los paneles solares no funcionan cuando no brilla el sol.

Algunos han sugerido que podríamos construir grandes instalaciones de almacenamiento de baterías que, en días soleados o ventosos, podrían utilizarse para almacenar el exceso de electricidad para su uso posterior y superar así este problema. Hace poco, Elon Musk llegó a plantear la idea de construir una instalación de almacenamiento de baterías a gran escala alimentada por parques eólicos y solares. Iba a costar 5.000 millones de dólares, necesitaría más baterías de litio de las que existen actualmente en el mundo y sería capaz de almacenar unos cinco minutos de la demanda de electricidad de Estados Unidos. El almacenamiento en baterías a gran escala no es viable todavía. Otro dato curioso sobre la energía eólica y solar y el almacenamiento en baterías es que almacenar electricidad en baterías es diez mil veces más caro que almacenar petróleo en tanques o carbón en pilas.

Unas fuentes poco fiables

Está claro que los parques eólicos y solares no han añadido nada de valor. Pero es peor que eso: trabajan activamente en nuestro detrimento. Para que una red eléctrica funcione con fiabilidad, la oferta de electricidad debe equilibrarse constantemente con la demanda. Si las centrales generan más electricidad de la que demandan los consumidores, la red eléctrica puede sobrecargarse y las infraestructuras críticas sufrir daños catastróficos.

Por otro lado, si la oferta es incapaz de satisfacer la demanda, el resultado son apagones y caídas de tensión. Para hacer frente a esta limitación física, las centrales eléctricas se han diseñado históricamente para servir a dos propósitos complementarios: generación de carga base y generación de carga variable. Dado que una cierta cantidad de demanda eléctrica puede considerarse constante, los generadores de base se diseñan para funcionar de forma fiable y barata para satisfacer esa demanda. Los picos de demanda se gestionan con generadores variables.

La energía eólica y la solar no son ni lo uno ni lo otro. A diferencia de los generadores de carga base o de carga variable, los parques eólicos y solares son generadores de electricidad aleatorios y poco fiables.

Posibles sobrecargas

Es cierto que en días soleados o ventosos pueden producir cantidades ingentes de electricidad. El problema es que esto hace que aumente la oferta independientemente de la demanda, de modo que cuando la demanda no es lo suficientemente alta como para tener en cuenta la generación de energía de los parques eólicos y solares, las centrales de carga variable e incluso las de carga base deben reducir su generación de energía para proteger la infraestructura de la red contra la sobrecarga.

Para las centrales de carga base, que no fueron diseñadas para funcionar así, los efectos negativos sobre el mantenimiento y la vida útil de los equipos son significativos. En tiempo real, estamos viendo cómo la parte fiable de nuestra red eléctrica se desgasta antes de lo que lo haría en otras circunstancias.

El ejemplo de Tejas

El estado de Texas lo demuestra. Texas ostenta el título de primer estado eólico de Estados Unidos. Durante años, las autoridades han invertido miles de millones de dólares en la instalación de miles de molinos de viento en todo el estado. Para conectar estos parques eólicos a la red se necesitaron mil seiscientos kilómetros de líneas de transmisión. Sólo el coste de esas líneas de transmisión superó los 6.500 millones de dólares. La parte fiable de la red eléctrica de Texas se quedó sin fondos para pagar esta mala asignación política de recursos.

Como resultado, el mantenimiento rutinario se ha ido ignorando cada vez más, y el mantenimiento de emergencia se ha hecho cada vez más rutinario. Cuando Texas fue azotada por una tormenta invernal en el invierno de 2021, provocó un aumento inesperado de la demanda eléctrica invernal. Por desgracia, en ese momento, varias centrales eléctricas críticas estaban paradas por mantenimiento de emergencia, la red fue incapaz de mantener el ritmo, y cientos de personas murieron trágicamente.

Capitalismo de amiguetes

Por si todo esto fuera poco, también está el aspecto de corrupción y capitalismo de amiguetes de la energía eólica y solar. Cuando los parques eólicos y solares aumentan su oferta, el precio mayorista de la electricidad baja de forma natural. Esto hace que los propietarios de las centrales de carbón y gas natural ganen muy poco dinero o incluso pierdan dinero en los días de viento y sol.

Por otro lado, como los políticos quieren obligar a la energía eólica y solar a funcionar independientemente de las realidades del mercado, los propietarios de parques eólicos y solares ganan una tarifa subvencionada por la electricidad que generan independientemente de la tarifa mayorista. Por tanto, los propietarios de parques eólicos y solares están aislados de las consecuencias que su producción arbitraria y políticamente incentivada de electricidad tiene en el mercado.

Para terminar, en los lugares donde la energía solar y eólica están muy extendidas, tanto la calidad de la red eléctrica como el coste de la electricidad son peores que en los lugares donde la energía solar y eólica escasean. Alemania ha multiplicado por trece su capacidad de generación eólica y solar entre 1999 y 2012; también han anunciado recientemente el cierre de su última central nuclear, y su coste por kilovatio-hora ha subido a casi cincuenta céntimos.

En las Carolinas, pagamos entre seis y diez céntimos por kilovatio-hora de electricidad. Sin duda, los hogares y las empresas se verían muy afectados si sus facturas de electricidad se multiplicaran por cinco u ocho. Por desgracia, esa parece ser la dirección que estamos tomando. En Carolina del Norte pagamos un 18% más por la electricidad que nuestros vecinos de Carolina del Sur, simplemente porque los políticos de Carolina del Norte insisten en aumentar la producción solar, mientras que Carolina del Sur sigue dependiendo principalmente de los combustibles fósiles y la energía nuclear.

Un futuro fósil

Ciertamente, hay problemas muy reales relacionados con el estado actual de las cosas. Sin embargo, el problema no es que nos enfrentemos a un cambio climático inducido por los combustibles fósiles tan grave que sea necesario tomar medidas drásticas para “salvar el planeta”. Más bien, el problema al que nos enfrentamos es la reacción a este alarmismo, que está llevando a la degradación de la red eléctrica de la que dependemos para nuestro estilo de vida moderno.

Un camino prometedor para encontrar una solución a este problema se encuentra en el gran libro de Alex Epstein, Un futuro fósil.

La tesis general de su libro es que nuestra estrategia debería consistir en un cambio de retórica. Para ello, debemos enmarcar nuestros argumentos sobre esta cuestión desde el punto de vista de lo que es mejor para el florecimiento humano.

En este sentido, expone tres hechos:

  1. Los combustibles fósiles son una fuente de energía rentable.
  2. La energía rentable es esencial para la prosperidad humana.
  3. Innumerables personas sufren y mueren por falta de acceso a una energía rentable.

Por lo tanto, en lugar de insistir en reducir nuestro consumo de combustibles fósiles, deberíamos tratar activamente de aumentarlo, especialmente en las zonas más pobres del mundo.

Contra el alarmismo

Más allá de esta brillante tesis, el libro de Epstein es una fantástica refutación científica e histórica de todo el alarmismo ecologista. Quizá el mejor ejemplo de ello sea su demolición de la infame curva del “palo de hockey” de Al Gore. En primer lugar, demuestra claramente que el gráfico de Gore, que muestra que la temperatura de la Tierra se ha mantenido constante durante siglos para aumentar desde la Revolución Industrial de la década de 1850, es falso. En segundo lugar, demuestra que hay una curva del palo de hockey que es cierta y que debería dejar estupefacta a la gente: el gráfico del florecimiento humano a lo largo del tiempo.

Durante siglos, el florecimiento humano ha sido plano en términos de esperanza de vida, nivel de vida, acceso a la electricidad e ingesta calórica. Todo esto sólo ha cambiado desde la década de 1850, cuando la humanidad empezó a quemar combustibles fósiles. Desde entonces, hemos visto cómo el florecimiento humano -sea cual sea la medida que se elija- ha aumentado exactamente de la misma forma que el “palo de hockey”.

En conclusión, la economía de mercado lleva a los empresarios a realizar inversiones informadas y calculadas en cosas como la tecnología de iluminación LED con el fin de aumentar también su cuenta de resultados. La economía de mercado también conducirá al desarrollo de una red eléctrica robusta y fiable. La economía política, por el contrario, conduce a la corrupción, el amiguismo, una red eléctrica al borde del fracaso, mayores costes de la energía y una “solución” desde arriba a una falsa crisis que está provocando una disminución del florecimiento humano.

Como en todo lo demás, tanto en el caso de la eficiencia energética como en el de la producción de energía, lo mejor es confiar en el mercado.

Por qué la inteligencia artificial no puede pensar

David P. Goldman. Este artículo fue publicado originalmente por Law & Liberty.

Sólo por diversión, me burlo de ChatGPT en los momentos libres. Los chatbots no tienen yo, es decir, no tienen razón de ser, y por tanto no pueden pensar. No existe el pensamiento en abstracto: el pensamiento es siempre el pensamiento de alguien, y la actividad mental no constituye pensamiento a menos que provenga de un pensador que tenga una razón para pensar. Para pensar, debemos distinguir entre objetos de pensamiento significativos e insignificantes, es decir, los que nos importan y los que no (la excepción que confirma la regla es la esquizofrenia paranoide, que hace que todo sea significativo).

El pensamiento superior es autoconsciente, en el sentido de que implica la conciencia de cómo pensamos. Kant distinguía entre Vernunft, que suele traducirse como “razón”, y Verstand, la simple función categorizadora y clasificadora de la mente, o “entendimiento”. La traducción al español no expresa bien la diferencia: Vernunft deriva de la misma raíz que Vernehmen, “interrogar”. Implica un examen crítico de cómo pensamos.

Eso ayuda a explicar por qué ChatGPT lo hace tan mal con los chistes autorreferenciales que no ha oído antes. GPT no tiene yo, y el cambio del punto de vista del sujeto -lo que hace que los chistes autorreferenciales sean divertidos para empezar- lo deja confuso.

Explícame este chiste

ChatGPT, por ejemplo, no podría entender un chiste autorreferencial que contaría un niño de ocho años. He aquí un intercambio reciente, copiado y pegado de la página web de Chat GPT:

Yo: Explica por qué es gracioso este chiste: “Toc-Toc”. “¿Quién es?” “Vaca maleducada que interrumpe”. “Grosera interrumpiendo…” “¡Muuu!”

ChatGPT: Este chiste es divertido porque juega con el formato tradicional del chiste “Toc-Toc” pero subvierte el remate esperado. El planteamiento del chiste es familiar: una persona pregunta “¿Quién es?” y la otra responde. Sin embargo, la respuesta es inesperada y graciosa porque interrumpe a la otra persona en mitad de la frase con un fuerte “¡Muu!”.

El chiste también se basa en un juego de palabras, ya que la “vaca que interrumpe” es un juego de palabras con la frase “que te interrumpe”, que es lo que hace la vaca al interrumpir la frase de la otra persona. El hecho de que se describa a la vaca como “maleducada” contribuye al humor porque es inesperado que un animal muestre ese comportamiento.

Por supuesto, no hay “juego de palabras” entre “vaca maleducada que interrumpe” y “te interrumpe”. Hay un cambio de papeles: La “vaca maleducada que interrumpe” se convierte en el narrador del chiste en lugar de ser el objeto del chiste. En lugar de describir a una “vaca maleducada que interrumpe”, el narrador del chiste se convierte en la vaca.

Plutarco y Nietzsche

Un chiste más profundo juega con una antigua paradoja: nadie puede imaginar su propia inexistencia, porque si la está imaginando, debe existir. He aquí otro intercambio con ChatGPT:

Yo: Nietzsche cita el relato de Plutarco sobre el semidiós Sileno para argumentar que es mejor no haber nacido nunca. El coro de la obra de Sófocles Edipo en Colono dice lo mismo. Dos estudiantes de yeshiva debaten esta cuestión. Uno dice: “Nietzsche y Sófocles tenían razón. Es mejor no haber nacido nunca”. El otro responde: “Sí, pero ¿quién tiene esa suerte? Ni uno entre diez mil”. Explica por qué es gracioso.

ChatGPT: La respuesta del segundo alumno de la yeshiva es graciosa porque utiliza la ironía y el humor para rebatir la visión pesimista expresada por el primer alumno. El primer alumno argumenta que es mejor no haber nacido nunca, haciéndose eco de las ideas de Nietzsche y Sófocles, que también expresaron un sentimiento similar. Sin embargo, la respuesta del segundo estudiante sugiere que esa opinión no es práctica ni realista, ya que prácticamente todo el mundo ha nacido ya.

Al señalar la ironía de la afirmación del primer alumno, el segundo hace una observación humorística sobre lo absurdo de hacer una afirmación general que nadie puede cumplir. La respuesta también sugiere que, en lugar de insistir en la idea de si es mejor haber nacido o no, sería más útil centrarse en cómo aprovechar al máximo la vida que a uno le ha tocado vivir.

Yo: Aclare, por favor: Acaba de decir: “Prácticamente todo el mundo ya ha nacido”. ¿Estás afirmando que algunas personas que existen no han nacido?

ChatGPT: Le pido disculpas por la confusión. Tienes razón en que mi afirmación anterior era imprecisa. Lo que quería decir es que la inmensa mayoría de las personas que existen o existirán ya han nacido y, por tanto, no es práctico plantearse si es mejor no haber nacido nunca.

Para aclarar, todas las personas que existen han nacido de una forma u otra, ya sea por parto natural o por otros medios como la intervención médica o la adopción. Mi afirmación anterior no era exacta y pido disculpas por la confusión que haya podido causar.

Yo: Ahora dice que “la inmensa mayoría de las personas que existen o existirán ya han nacido”. ¿Cómo sabe cuántas personas nacerán en el futuro?

ChatGPT: Tienes razón en que es imposible saber con certeza cuántas personas nacerán en el futuro. Mi afirmación anterior era imprecisa y pido disculpas por la confusión que haya podido causar.

Lo que quería decir es que la inmensa mayoría de las personas que existen actualmente ya han nacido. Aunque es imposible predecir cuántas personas nacerán en el futuro, se puede afirmar con seguridad que la inmensa mayoría de los individuos que han existido alguna vez ya han nacido, vivido su vida y fallecido.

Pesimismo griego, optimismo judío

ChatGPT me preocupó por un momento: Me preguntaba si me estaba diciendo que las máquinas se han vuelto sensibles y que la afirmación “Prácticamente todo el mundo ha nacido ya” significaba que no nacerían muchos humanos en el futuro. Pero ChatGPT sólo estaba siendo denso.

El chiste, por supuesto, es que no podemos tener una discusión sensata sobre si es mejor no haber nacido, porque cualquier pensamiento que podamos tener sobre el tema presupone nuestra existencia.

El chiste tiene otra dimensión, y es que se trata de un chiste característicamente judío: Lo absurdo de la conversación entre los dos estudiantes de la yeshiva pone de manifiesto la estupidez del pesimismo griego y afirma un optimismo claramente judío. ChatGPT se perdió por completo ese aspecto del chiste.

La paradoja del mentiroso

Los bots de inteligencia artificial, por supuesto, pueden aprender sobre enunciados autorreferenciales e identificarlos. Chat GPT explicó correctamente la antigua Paradoja del Mentiroso:

Yo: Evalúa la verdad o falsedad de esta afirmación: “Te estoy mintiendo ahora mismo”.

ChatGPT: Este enunciado es un ejemplo clásico de enunciado paradójico o paradoja autorreferencial. Es imposible determinar si la afirmación es verdadera o falsa porque si fuera verdadera, entonces la afirmación sería una mentira, y si fuera falsa, entonces la afirmación seguiría siendo una mentira.

La afirmación crea una contradicción, que se conoce como la paradoja del mentiroso, y no puede resolverse lógicamente. Por tanto, no es ni verdadera ni falsa, sino un ejemplo de afirmación autocontradictoria.

“Nosotros haremos las preguntas”

Pero ChatGPT se limita a regurgitar un ejemplo bien conocido. Cuando una paradoja autorreferencial se esconde dentro de un chiste diseñado para despistar al oyente, el robot de IA no acaba de entenderlo. He aquí otro ejemplo:

Yo: ¿Por qué es gracioso este chiste? “Toc Toc”. “¿Quién es?” “La Gestapo”. “¿La Gestapo quién?” “Nosotros haremos las preguntas”.

ChatGPT: Este chiste es gracioso porque juega con la reputación de la Gestapo, la policía secreta de la Alemania nazi conocida por sus brutales tácticas de interrogatorio y sus abusos de los derechos humanos.

El humor del chiste viene de la inesperada respuesta a la pregunta “¿La Gestapo qué?”. En lugar de dar una respuesta típica a la pregunta, el remate subvierte las expectativas al insinuar que la Gestapo será quien haga las preguntas.

El chiste también pone de relieve la dinámica de poder entre la Gestapo y sus súbditos durante el régimen nazi, y el miedo y la intimidación que infundían. El absurdo de utilizar a la Gestapo en un chiste desenfadado de toc-toc contribuye al humor y ayuda a liberar la tensión que rodea a este oscuro periodo de la historia.

Esta respuesta vaga y un tanto woke no viene al caso: El oyente en una broma de toc-toc hace una pregunta (“¿Quién está ahí?”), y la respuesta “Gestapo” emplea un viejo cliché cinematográfico para cambiar la posición del que pregunta y del que responde.

Parménides y la teoría de los conjuntos

La IA puede imitar las funciones de orden inferior de la mente humana hasta cierto punto. Puede ordenar y categorizar. La IA hace maravillas en la automatización de fábricas, examinando miles de imágenes en tiempo real para identificar piezas defectuosas o el desgaste de las máquinas. Puede encadenar hechos y relaciones conocidos y producir una emulación creíble de un ensayo de primer año. Pero no puede examinar sus propias premisas. Incluso la simple actividad de ordenar y categorizar se topa con paradojas.

Parménides se lo explicó al joven Sócrates a finales del siglo VI antes de Cristo. Si clasificamos los objetos según cualquier cualidad percibida, por ejemplo, el “color rojo”, nos encontramos con una regresión infinita. ¿Incluye la categoría de las cosas rojas la propia “rojez”? Si es así, necesitamos otra categoría que incluya tanto los objetos rojos como el propio “enrojecimiento”. Esta nueva categoría también es roja, así que necesitamos otra categoría que la incluya, y así hasta el infinito. Esto persiste en la Teoría de Conjuntos moderna en forma de la llamada paradoja de Russell (el conjunto de todos los conjuntos que no son miembros de sí mismos, que no puede existir). Russell intentó resolver el problema con su teoría de los tipos, pero no lo consiguió.

Teorema de la incompletitud de Gödel

Kurt Gödel resolvió el problema en 1931, demostrando que cualquier sistema lógico lo suficientemente potente como para soportar la aritmética no puede demostrar sus propios axiomas. Dos milenios y medio después de Parménides, y tras innumerables intentos de resolver la vieja paradoja, resulta que el problema no puede resolverse. Para Gödel, esto significaba simplemente que los matemáticos nunca agotarían el tema, y siempre buscarían nuevos axiomas que resolvieran las paradojas que inevitablemente surgen en los sistemas matemáticos.

También implica, como dijo el gran matemático: “O las matemáticas son demasiado grandes para la mente humana o la mente humana es más que una máquina”. Explicó: “En el establecimiento sistemático de los axiomas de las matemáticas, se hacen evidentes una y otra vez nuevos axiomas que no se siguen por lógica formal de los previamente establecidos.” Es decir, no existe una lógica por la que un ordenador pueda descubrir los nuevos axiomas que resuelven las paradojas que una y otra vez surgen en matemáticas.

IA “débil” y “fuerte”

La IA “débil” -la clasificación y categorización de objetos por parte de los ordenadores- funciona perfectamente bien. Los ordenadores pueden distinguir rostros, o piezas malas de piezas buenas en una cinta transportadora, o fotografías de gatos y perros una vez que han “aprendido” a diferenciar la disposición de los píxeles, siempre que primero sean entrenados por un operador humano que marque el conjunto de aprendizaje como “gato” o “perro”. Por otro lado, la llamada “IA fuerte” -la sustitución de las funciones críticas de la mente humana por un ordenador- es una utopía.

Gödel lo demostró mediante la lógica formal. Se podría añadir que el impulso de detectar fallos en los cimientos de nuestro pensamiento y construir unos mejores surge de una personalidad con un propósito. Kant sólo consideraba el ejercicio de la razón como tal; el motivo para ejercer la razón, sin embargo, está incrustado en la personalidad. Buscamos la verdad no porque estemos programados para ello -la mayoría de las veces nos contentamos con engañarnos a nosotros mismos-, sino porque tenemos relaciones sociales, ambiciones y, sobre todo, una conciencia de nuestra propia mortalidad que nos infunde el deseo de dejar algo único que perdure más allá de nuestra existencia terrenal. La creatividad nace de la pasión, lo único de lo que es incapaz un ordenador.

El peligro de la inteligencia artificial somos nosotros

Pero hay que hacer una salvedad. Que la IA no pueda pensar no significa que no pueda ser peligrosa. La noción más perniciosa que jamás haya asolado a la humanidad sostiene que podemos elegir una identidad del mismo modo que compramos un traje de primavera. Ya he escrito sobre ello en otro lugar. Nos engañamos a nosotros mismos pensando que podemos (por ejemplo) elegir nuestro género. No pretendo denigrar al pequeño número de personas que creen que no tienen elección y están seguras de pertenecer al sexo opuesto. Pero las identidades de diseño que vende la cultura woke son un fraude. La IA puede potenciar esos delirios, por ejemplo, permitiéndonos habitar un mundo virtual con un avatar que encarne nuestras fantasías más oscuras. Uno se estremece al pensar lo que la IA podría conseguir en la pornografía interactiva.

Las aplicaciones distópicas de la IA, sin embargo, presuponen que ya hemos degradado nuestro sentido del yo, transformándolo en una cuestión de elección del consumidor, y aplastado las funciones superiores de la mente para dejar espacio a aventuras hedonistas. Eso no es la IA elevándose al nivel del pensamiento humano; eso, más bien, es la humanidad hundiéndose al nivel de la objetivación inanimada. El verdadero peligro no reside en la IA, sino en nosotros mismos.

¿Propiedad, trabajo y ahorro? Una crítica al discurso del profesor Bastos

En su discurso como premiado Juan de Mariana en la edición 2023, el profesor Miguel Anxo Bastos reivindicó la recuperación para la sociedad de tres valores esenciales: la propiedad privada, el trabajo y el ahorro. Bastos advirtió contra la visión estática del mundo y la asunción correspondiente de que las cosas que vemos son así porque sí e inmutables, y defendió que la situación actual de riqueza (en que podemos “comer salmorejo”) era completamente distinta hace pocos años, y se debe a los valores y esfuerzos asumidos por las generaciones pasadas.

Dichos valores, según él, se corresponden con los tres conceptos del título: Propiedad, trabajo y ahorro. Como no podía ser de otra forma, nos los recomendó como valores vitales para asegurar la prosperidad de la sociedad. El discurso del queridísimo profesor fue magnífico, e interrumpido por numerosas ovaciones, quizá demasiadas incluso para su gusto.

Trabajo y ahorro

¿Y quién puede discrepar de tal planteamiento? Los fundamentos teóricos de la recomendación de Bastos son impecables. Dado que el trabajo está presente en toda actividad productiva[1], es siempre necesario el concurso del trabajo para añadir valor. Es más discutible si hay proporción directa entre cantidad de trabajo y cantidad de valor añadido, que ya sabemos por teoría del valor que no; eso pone en entredicho la necesidad de trabajar más para que la sociedad progrese más. En todo caso, cuanto más se trabaje, mayor probabilidad hay de que se añada valor a la sociedad. Interpretemos así la reivindicación del trabajo por Bastos.

En cuanto al ahorro, en este caso hay menos dudas sobre su papel fundamental en el enriquecimiento de la sociedad. Esto es así porque solo mediante ahorro real se pueden conseguir procesos de mayor productividad para la sociedad. Y cuando digo mayor productividad, entiéndase en sentido muy amplio. También la aparición de activos que permiten hacer cosas previamente imposibles. El ejemplo paradigmático es el ahorro que tiene que hacer Robinson Crusoe para construir la vara que le permita recoger muchos más frutos de bosque por unidad de tiempo.

Y propiedad

Ambos conceptos se asientan, necesitan como precondición, la existencia del tercer valor de Bastos: la propiedad privada. En efecto, el ahorro solo se produce en un contexto en que la propiedad privada se puede defender. Y la motivación para trabajar tiene que ver en gran parte con la posibilidad de retener parte del valor que se genera con dicho trabajo, sea porque se obtiene un salario, o porque se anticipa la existencia de beneficios. O sea, porque vamos a ser propietarios de parte del valor que se ha creado con nuestro trabajo.

¿Qué ocurre si la propiedad privada está cuestionada por otras instituciones, aunque no sea de forma absoluta? Y a nadie se escapa, y menos que a nadie al profesor Bastos, que en muchos países, como España, la propiedad privada está bajo continúo acoso de muchas formas y maneras, y por todo tipo de organismos, empezando por el Estado en cada ámbito geográfico.

En este contexto, ¿qué se va a encontrar el individuo que siga los consejos de Bastos de trabajar y ahorrar para conseguir su progreso y el de la sociedad? Pues seguramente su proceso de descubrimiento va a terminar de forma decepcionante, a veces para él, a veces para la sociedad, y en ocasiones para ambos.

Trabajar para la destrucción

Si aceptamos la idea de trabajar más, hay un riesgo muy grande de que terminemos trabajando en un lugar que destruye valor para la sociedad, en vez de acrecentarlo. Esto es así porque hay muchas probabilidades de que ese trabajo se lleva a cabo, precisamente, para el Estado que amenaza la propiedad privada. ¿Querría el profesor Bastos que esta gente trabajara más? Pero esto ocurre no solo si trabajas para el Estado, puede que estés trabajando para empresas que se benefician de privilegios concedidos por el mismo, y que, por tanto, también tienden a destruir valor cuanto más trabajan. ¿Y cómo decidirán las personas en qué puestos de trabajo se crea valor y en cuáles se destruye?

Pero incluso si evitas este campo minado, cuanto más trabajes y valor generes, más impuestos deberás pagar por tus ganancias, vengan de donde vengan. Estos impuestos servirán para acrecentar el poder del enemigo declarado de la propiedad privada, por lo que ese trabajo tan reivindicado por Bastos resulta que, con una probabilidad muy alta, va a servir para dinamitar el valor base que defiende el profesor.

Éxito en el ahorro

En cuanto al ahorro, que no se engañe la persona que haga caso del profesor. No es nada fácil tener éxito ahorrando; lejos están los tiempos, narrados por Stefan Zweig en sus “Memorias de un europeo”, en que bastaba con hacer lo que hacía su padre: guardar la moneda obtenida de una venta. No, en la actualidad, el ahorrador que lo haga de esa forma verá como merma su riqueza por las políticas monetarias generalizadas de los Estados, que continuamente inflan la oferta monetaria para sus fines. Así, quien quiera ahorrar, deberá asumir una ocupación adicional a la de su trabajo normal, la de ser experto en decidir cómo ahorrar para no perder su esfuerzo (alternativamente, pagar a un experto para que lo haga por él).

De estas reflexiones surgen mis dudas sobre la recomendación del profesor. Pero, al mismo tiempo, sugieren un destino provechoso para dicho trabajo y para dicho ahorro: el de asegurar el primero de los valores de Bastos, la propiedad privada, para que la realización de los otros dos sea de verdad provechosa para todos.

En otras palabras, trabajemos, sí, y ahorremos, también, pero con el objetivo inicial de conseguir una institución de la propiedad privada bien defendida de los asaltos de los Estados.

* Este artículo está dedicado, por supuesto, al Premio Instituto Juan de Mariana 2023, el profesor Miguel Anxo Bastos.


[1] Aunque su aparición se produzca muy aguas arriba en el proceso, siempre es necesario el factor trabajo. Lo digo para los que estén pensando en las actividades productivas de robots y/o utilizando técnicas de Inteligencia Artificial.

Mercancías y economía de mercado

Es una lástima que el debate que mantengo con Joel Serrano se esté quedando en cuestiones superficiales. Como, por ejemplo, la definición de mercancía que yo pueda considerar más precisa. No se trata de ser precisos ni de que una definición sea mejor que otra, se trata de no cometer el gran error de leer a Menger en los términos de otro autor, tal y como yo mismo hice equivocadamente las primeras veces que leía a Menger con la definición de mercancía de Mises. Y por cierto, no sé de ni una sola persona que conozca bien la tradición austriaca que no cometiera este mismo error, incluyendo a notables Mengerianos como Selgin, Rallo, Bondone o Keith Weiner. ¿Quizá sea Serrano el primero que no lo ha cometido? 

El papel central de la mercancía

Como decía, Serrano no se está enfocando en lo esencial, y es el papel que juega el concepto de mercancía dentro de la teoría del intercambio de Menger. La mercancía es el instrumento crucial a través del cual abandonamos las formas primitivas de economía y evolucionamos hacia la economía de mercado. No hay mercancías sin mercado ni mercado sin mercancías. 

Por reducción al absurdo, una economía de supervivencia donde no hay nada más allá del valor de uso sería la “economía” del Ñú, si se me permite la expresión. La aparición del valor de cambio es lo que nos saca de la economía primitiva, por eso Menger elabora una Teoría de la Mercancía como elemento fundamental dentro de su Teoría del Intercambio, e insiste hasta la saciedad en que la esencia de la mercancía, lo que la caracteriza, es su valor de cambio.

Cuestiones irrelevantes

Menger denunció una y otra vez la profunda incomprensión de los intermediarios, tanto a nivel popular como a nivel académico.  Si la incomprensión era preocupante cuando el intermediario es una persona o entidad, no digamos cuando el intermediario es una cosa como son las mercancías o el dinero. Pareciera que este debate sobre la teoría de la mercancía es anacrónico y fútil, pero nada más lejos de la realidad. Esta incomprensión sigue de rabiosa actualidad. Y prueba de ello son, por ejemplo, los ataques a Mercadona como intermediario-entidad y la calificación de Bitcoin, intermediario-cosa, como burbuja especulativa de valor cero por parte de reputados economistas como Steve Hanke o Xavier Sala y Martí, o financieros de gran prestigio como Charlie Munger.

En fin, insisto en que me parece una lástima perderse en cuestiones de poco fondo. Aun así, paso a analizar el último artículo de Serrano. Los argumentos que aporta sobre el hecho de que Satoshi o MicroStrategy no intercambien sus Bitcoins para negar que sea una mercancía ni se sostienen, ni son relevantes para el debate.

No son relevantes porque es una cuestión pacífica en el debate que una vez que un bien dejó atrás su primer intercambio y ya tiene valor de cambio, el propio valor de cambio, en el sentido de los servicios de intercambio que proporciona, puede ser ya razón suficiente para atesorarlo. Tal y como el propio Mises reconoce. Es decir, según Mises, una vez que un instrumento tiene valor de cambio, no hace falta ya ser más papista que el Papa, intentando suponer ningún valor de uso actual para encontrar justificación al atesoramiento o demanda de ese bien.

Un experimento mental

Al reconocimiento de Mises yo añado, que se puede especular o apostar con un potencial valor de cambio aunque la cosa no tenga valor de uso ni precios, tal y como hizo el propio Hal Finney el 11 de Enero de 2009, tan solo dos días después de que Satoshi minara el bloque génesis (traducción libre):

Un problema inmediato con cualquier nueva moneda es cómo valorarla. Incluso ignorando el problema de que prácticamente nadie la aceptará al principio, aún existe la dificultad de encontrar un argumento razonable a favor de un valor específico distinto de cero para esta moneda.

A modo de divertido experimento mental, imaginemos que Bitcoin tiene éxito y se convierte en el sistema de pago dominante utilizado en todo el mundo. Entonces, el valor total de la moneda debería ser igual al valor total de toda la riqueza en el mundo. Las estimaciones actuales de la riqueza total de los hogares en todo el mundo que he encontrado varían de $100 billones a $300 billones. Con 20 millones de monedas, eso le daría a cada moneda un valor de aproximadamente $10 millones.

Por lo tanto, la posibilidad de generar monedas hoy en día con unos pocos centavos de tiempo de cálculo puede ser una apuesta bastante buena, ¡con un beneficio de aproximadamente 100 millones a 1! Incluso si las probabilidades de que Bitcoin tenga éxito en este grado son escasas, ¿realmente son de 100 millones a uno en contra? Algo en qué pensar…

Hal Finney

Independientemente de que estemos de acuerdo o no con el dudoso cálculo que hace del posible valor de Bitcoin, podemos ver como Hal Finney enuncia inicialmente el supuesto problema que identifica Mises sobre el valor inicial, que luego refuta con total contundencia. Esos pocos céntimos son el precio inicial para Finney y el valor que estima como posible, aunque poco probable es de 10 millones.

Pero lo relevante aquí no es el hecho histórico o anecdótico de que Finney inmediatamente pasase a la acción minando Bitcoin por la expectativa de que pudiera ser dinero cuando aún no existían precios interpersonales (si, Finney esperaba que fuera dinero, no un objeto de coleccionismo ni ninguna otra utilidad peregrina). Podía no haber minado ni un solo Bitcoin y haberse olvidado del invento para siempre, y aun así el hecho de haber realizado esta reflexión refutaría el Teorema de Regresión de Mises igualmente. 

Traigo aquí a Finney porque es evidente que él no es ningún capitán posteriori. Hizo esta reflexión en aquel momento y no a toro pasado cuando Bitcoin ya tenía precios interpersonales. Cualquiera puede comprender esta sencilla reflexión de Finney por mera introspección individual y, por tanto, deducir que es perfectamente racional, dentro de la categoría de la acción humana, invertir unos cuantos céntimos en obtener una cosa si tienes la única y exclusiva expectativa de que esa cosa pudiera convertirse en medio de cambio en el futuro. Y ya de paso, esos pocos céntimos serían el precio inicial que tanto preocupa a Mises. 

¿Bien a coste cero?

Es decir, en el marco metodológico de Mises no solo es irrelevante la acción de Satoshi o Finney demandando Bitcoin, también es irrelevante que empíricamente podamos demostrar que esta reflexión de Finney existió. La lógica nos dice que aunque Finney no la hubiera documentado o ni siquiera la hubiera realizado, esta reflexión es perfectamente posible y racional.

Como ya he expuesto en artículos anteriores, el problema que identifica Mises simplemente no existe. Yo defiendo que cualquier precio inicial o pasado es totalmente innecesario para demandar una cosa que crees que puede convertirse en medio de cambio. Pero es que si fuera necesario, que no lo es, no es posible obtener ningún bien a coste cero. No hay nada gratis. 

Dedicar aunque sea una parte de tu tiempo a recolectar, fabricar, atesorar o crear una cosa ya implica valorar esa cosa más que tu tiempo, y todos tenemos una idea aproximada de cómo valorar nuestro tiempo. Siempre hay un intercambio aunque sea autístico, y los intercambios generan precios que se pueden utilizar como referencia.

Todavía el valor objetivo

Por tanto, la siguiente afirmación de Mises es insostenible:

Ni el comprador ni el vendedor pueden estimar determinada unidad monetaria si no conocen su valor de cambio —su poder adquisitivo— en el inmediato pasado.

Ludwig von Mises. La Acción Humana, capítulo XVII, sección 4

La anterior afirmación denota que Mises no fue capaz de abandonar totalmente la teoría del valor objetivo (costes) en lo que respecta a los medios de intercambio. Pero es que además incluso en el contexto equivocado de la teoría del valor objetivo, tal afirmación no tiene ningún sentido porque es imposible que no exista un precio de referencia aunque proceda de un intercambio autístico. Como ya expliqué, si la cosa no tiene valor de uso ni valor de cambio conocido, el incentivo para demandarla por parte del comprador racional es de hecho ¡mayor! porque el coste de obtener dicha cosa no será cero, pero casi seguro será ínfimo precisamente porque no tiene valor de uso ni tampoco aún valor de cambio. ¡La cosa es inútil a ojos del resto del mundo!

El primer precio de Bitcoin

En el caso de Satoshi, pretender que para él Bitcoin no era un medio de cambio me parece surrealista teniendo en cuenta lo que escribe en el whitepaper y en los diversos foros. En una ocasión, por cierto, negando explícitamente el teorema de regresión al describir como un objeto que no tuviera ningún valor de uso podría tener un valor inicial “circular” porque la gente apreciara su potencial utilidad para el intercambio. Afirmar que la satisfacción de que pueda funcionar como medio de cambio es un valor de uso distinto a ser medio de cambio es una pirueta ridícula. 

Dice Serrano que Satoshi no intercambió uno solo de sus Bitcoin. Esto no solo es irrelevante, sino también rotundamente falso. Desconoce lo elemental de la historia temprana de Bitcoin. El primer intercambio interpersonal de Bitcoin fue de 10 bitcoins de Satoshi a Finney el 12 de enero de 2009 (asumiendo que no fueran la misma persona). Ya tiene Serrano el intercambio de esa parte “por pequeña que fuera” de los bitcoins de Satoshi. También hizo algunos pagos, que se sepa, a Dustin Trammell, Nicholas Bohm o Mike Hearn. Se ha analizado que gastó como mínimo 900 bitcoins en los primeros meses.

Las estimaciones de los bitcoins de Satoshi varían entre 700.000 y 1.100.000. Hay 500.000 bitcoins sobre los que existen dudas. Y da igual si los intercambios fueron a título lucrativo, a cambio de ayuda en la programación, o a modo de simple prueba. Si Serrano quiere entrar en el barro del empirismo (allá él), los hechos son que Satoshi demandó bitcoins para posteriormente intercambiarlos, y sabemos que el primer receptor conocido, Finney, valoró expresamente la posibilidad de que fuera dinero un día antes de recibirlos.

Teorema de regresión

Además, es patente que Satoshi lo planificó todo con sumo cuidado ¿Cómo sabe Serrano que Satoshi no minó bitcoins con un equipo distinto y posteriormente vendió esos bitcoins con su identidad real? También sabemos que Finney vendió unidades de Bitcoin ¿Cómo puede estar n seguro de que Finney no era Satoshi?, y por tanto Finney fue el primer demandante que posteriormente vendió, y además demandó única y exclusivamente por su potencial como medio de cambio tal y como explicó el 11 de Enero de 2009, ¿Cómo encaja esto en el teorema de regresión?

Como digo, Serrano hace afirmaciones sin documentarse debidamente, pero sobre todo se pierde en lo anecdótico. Porque si entramos en lo empírico las razones por las que Satoshi y los primeros mineros no vendieran sus bitcoins pueden ser muchas sin que esto implique que tengan valor de uso para ellos: Porque pueden haber fallecido, porque a día de hoy creen que aún valdrán más, porque ya no tienen las claves privadas para gastar esas monedas, porque viendo lo que les pasó a otros que intentaron lanzar dinero privado, valoran más su anonimato, libertad e integridad física que la riqueza que pudieran obtener a cambio de sus Bitcoin, etc. Pero con tal de aferrarse al teorema de regresión, Serrano pretende negar lo que Satoshi o Finney afirmaron de manera expresa. Serrano está convencido de conocer mejor que ellos mismos la razón por la que demandaban Bitcoin. En cuanto a Microstrategy ¿Cómo van a plantearse vender si aún no ha terminado de pagar las que está comprando y en estos precios aún creen que están baratas? 

New Liberty Standard

Serrano menciona el caso de New Liberty Standard que yo ya cité en mi artículo anterior. No comprendo cómo puede pensar que estos hechos apoyan su argumento. Entiendo que Serrano recurre a él porque cree erróneamente que Satoshi nunca intercambió y que, atención, ¡el creador de un  “Peer-to-Peer Electronic Cash System“ no consideraba que su creación fuera un bien destinado al intercambio!, y pasa a analizar el supuesto de que el primer intercambio de Bitcoin lo protagonizaran otras personas en la página web de New Liberty Standard.

Pero, ¿Qué referencia a ningún valor de uso por parte del vendedor o del comprador existió en el primer intercambio de esta página web? Qué Martin Malmi venda una pequeña fracción de sus Bitcoin para ayudar al propietario de un exchange que expresamente publicita Bitcoin como moneda (”Bitcoin is the gold standard of digital ¡¡currency!!”), va en favor de promocionar la demanda de Bitcoin como moneda y su valor de cambio, porque Malmi tenía muchos. Aquí la labor de Malmi es claramente la de market maker o proveedor de liquidez, todo un señor valor de uso, claro que sí. Serrano se vuelve a refutar a sí mismo.   

Especula Serrano que podría darse el caso de que Bitcoin no fuese una mercancía porque para algunos tuviera algún valor de uso. Si, y también podríamos afirmar que para muchos Bitcoin era una simple cosa y no tendría absolutamente ningún valor, que no era un bien para ellos. ¿Y?. La teoría del valor subjetivo es así, el valor lo otorga el sujeto. Esto no es más que enunciar la definición de mercancía de Menger: El carácter de mercancía es una relación con el sujeto. Además, ¿Qué tiene que ver esto con el teorema de regresión de Mises? Nada. El teorema de regresión de Mises afirma de manera concreta y tajante que el primer precio de una mercancía debe ser consecuencia del valor de uso. En el marco metodológico de Mises no vale especular de manera inespecífica. Hay que demostrar de manera concreta, por la vía de la lógica y no por empirismo, que el primer precio de Bitcoin solo pudo tener origen en un valor de uso.  

Confusión entre bien entregado y bien obtenido

Aludir a que la “satisfacción” de que el sistema funcione es un bien de uso, a pesar de ser un argumento ridículo no me sorprende en absoluto. Desde la irrupción de Bitcoin, este tipo de argumentos son toda una tradición entre aquellos Miseanos que no están dispuestos a cuestionar una coma de Mises. Para empezar no es lo mismo el sistema Bitcoin, el software que es un bien libre (no económico), que las unidades de Bitcoin. No son el mismo bien. Además, ¿Qué tendrá que ver el atesoramiento de unidades de Bitcoin con esa satisfacción? La satisfacción de que el sistema funcione en todo caso te la proporcionará el tiempo que le dediques a crear, mejorar y ejecutar el sistema, no las unidades en si. No es necesario en absoluto atesorar unidades. Y si contribuyes minando, puedes obviar las unidades que obtengas despositándolas en direcciones de las que no tengas las claves.

En cuanto al subsidio a los demás propietarios, Serrano se refuta de nuevo a sí mismo, pues estamos hablando de transmitir valor utilizando Bitcoin como medio de intercambio, y los intercambios son intercambios sean lucrativos o no. Sería como decir que una cantidad de  Euros no son medio de cambio sino “satisfacción” cuando se utilizan como medio de pago en una donación. El refrito que hace aquí Serrano es antológico, confundiendo el bien entregado  con el bien obtenido. 

Confusión entre utilidad y costes

Serrano también confunde gravemente utilidad con costes. Esto es básico. Vender un bien siempre tiene fricción, implica costes de oportunidad, puede tener consecuencia negativas, etc. Resumiendo: Vender tiene costes. Estos costes no son la inversa de la utilidad del bien. Si por ejemplo concluyo que vender bitcoins pone en riesgo mi libertad física, de ninguna manera  cabe afirmar que la utilidad de atesorarlos sea proporcionarme libertad. Al contrario, si considero que nunca podré venderlos sin correr ese riesgo, seré más libre si no los atesoro o nunca los hubiera atesorado. 

Mercancías y atesoramiento

Como decía al principio, los argumentos de Serrano no se sostienen porque se puede atesorar un bien únicamente por su valor de cambio, y tal y como explica Menger puedes acabar por no intercambiarlo jamás (“Pero no a cualquier precio”). Concluir que una mercancía ha de tener algún valor de uso por el hecho de no ponerla a la venta es insostenible. 

Es perfectamente posible y racional no poner a la venta una mercancía si crees que su valor presente es menor que el valor de cambio futuro que tú estimas, y no por ello se puede concluir que se le esté asignando ningún valor de uso o consumo. Circunstancia que puede darse durante muchos años o indefinidamente si se trata de un bien en proceso de adopción o demanda creciente, que es lo que creen (equivocados o no) los hodlers que dicen que nunca van a vender sus bitcoins. 

También es perfectamente racional no vender una mercancía si en tu patrimonio dispones de otros medios de cambio líquidos que poder vender y que crees que se van a comportar relativamente peor que esa mercancía en el futuro, y esto en absoluto implica asignar ningún valor de uso o consumo a esa mercancía. Se puede atesorar una mercancía como reserva patrimonial y también como activo que poder vender en el mercado en caso de necesitarlo y que esa necesidad resulte por no llegar, y de nuevo esto no implica asignar ningún valor de uso o consumo a esta mercancía.

El oro atesorado

Hay muchos otros motivos para atesorar una mercancía únicamente por su valor de cambio y acabar por no intercambiarla. Por ejemplo, que los pagos que finalmente tengas que realizar con ella acaben por resultar en una fiscalidad, divisibilidad o proceso de verificación que en ese momento hagan más conveniente utilizar otra mercancía menos gravosa fiscalmente, más divisible o más fácil de verificar, atesorando la mercancía original para otros intercambios más adecuados a sus características, sin que ello implique que la mercancía original tenga menor valor para tí. Estas y otras circunstancias podrían encadenarse indefinidamente, de manera que no vendas la mercancía en mucho tiempo o incluso nunca (pase a tus herederos).

Nótese que según el razonamiento de Serrano llegaríamos al absurdo de que el oro no sería mercancía o dinero cuando se atesora indefinidamente al no querer venderlo en favor de intercambiar otros bienes que valoremos menos como puedan ser plata, dólares, euros o pesos argentinos. El concepto de mercancía lleva implícito el atesoramiento por más o menos tiempo, y solo dejará de ser mercancía en el momento que se use o consuma.

Para cerrar esta cuestión, el propio Serrano apunta correctamente a la explicación de Menger de que una mercancía sigue siendo una mercancía aunque no esté puesta a la venta, y es que simplemente o el mercado no ofrece lo suficiente, o no resulta económico por los costes (“no a cualquier precio”). Las valoraciones son siempre dinámicas y cambian con el tiempo, por tanto esta situación puede prolongarse indefinidamente incluso si el mercado actualiza lo que ofrece, y a su vez el propietario mantiene o actualiza el valor que le otorga a su mercancía por encima del ofrecido por el mercado.

Mercancías y medios de cambio

Insisto en que la polémica de los medios de cambio es prescindible en este debate. Pero como, por otro lado, de lo que se trata es de interpretar correctamente a Menger, retomo la polémica. Dice Joel Serrano que he cercenado a propósito la segunda parte del párrafo donde Menger expone la definición de medio de cambio porque contradice la primera parte. Esta segunda parte dice así:

Pero como, en el lenguaje de la ciencia, para ambos conceptos se emplea la expresión «medio de cambio», y resulta difícil repetir continuamente la expresión «intermediario en el intercambio», en la exposición que sigue nos hemos atenido a la expresión usada hasta ahora, siempre que la rigurosa distinción en los mencionados conceptos no da lugar a dudas

Carl Menger

De ninguna manera este fragmento contradice ni matiza la primera parte. Al contrario, la corrobora. Que Menger aclare que va a utilizar medios de cambio en lugar de intermediarios del intercambio no niega la definición: “medio de cambio que en alemán se utiliza también para dar a entender cualquier otro bien destinado al intercambio”. Tampoco aprecia Serrano el adverbio “también”. Es decir, explica Menger que medio de cambio se utiliza para referirse no sólo a los intermediarios del intercambio, sino ¡también! a cualquier otro bien destinado al intercambio. Y esta definición “cualquier otro bien destinado al intercambio” es esencialmente idéntica a la definición de mercancía: “Bienes (económicos) de todo tipo destinados al intercambio”.

Medios de (inter)cambio

Tampoco aprecia Serrano que en el texto que supuestamente no me venía bien, Menger habla de “ambos conceptos” y “rigurosa distinción de los mencionados conceptos” ¿Qué dos conceptos? Pues el de intermediario del intercambio, por un lado, y el de cualquier otro bien destinado al intercambio por otro. Es decir, es totalmente falso que en este párrafo Menger se esté refiriendo al único concepto de intermediario del intercambio. Lo que está aclarando aquí Menger es que por claridad expositiva a veces va a sustituir el concepto específico y preciso (intermediarios del intercambio), por otro concepto ¡distinto!, y más amplio (medios de cambio) que incluye al específico.

Dice Serrano que cualquiera que lea con atención el capítulo I de El Dinero podrá darse cuenta de que Menger utiliza siempre medios de cambio en el sentido de “intermediario del intercambio”. Falso. Igual que no conoce el ABC de la historia temprana de Bitcoin, tampoco ha leído con atención el primer capítulo de El Dinero. En la nota al pie 11 (p.99), Menger utiliza los términos medio de cambio y mercancía indistintamente explicando cómo unos mismos medios de cambio pueden ser en su mayor parte protagonistas de intercambios directos, y en menor medida para menos gente, medios de cambio indirectos:

Cuando solo una parte de la población de un territorio se sirve de los medios de cambio, utilizándolos como intermediarios para vender sus bienes, mientras la otra, normalmente la parte más numerosa, los emplea simplemente como bienes de consumo a voluntad, los medios de cambio de ese territorio están aún tan poco evolucionados que hacen dudar que puedan definirse ya como dinero. 

Carl Menger

Mercancías y dinero

En el anterior pasaje la mayoría de los intercambios son directos. Menger no daba puntada sin hilo, y si no quisiera utilizar medios de cambio para este tipo de intercambios podría haber utilizado el término mercancía, pero no lo hace. Y no será porque no tuviera el término mercancía presente, pues lo utiliza en el párrafo inmediatamente siguiente, donde continúa desarrollando la misma idea:

Quien en el mercado cambia sus propias mercancías por abalorios, panecillos de té prensado, tabletas de sal u otras cosas parecidas, de modo que adquiere por esta vía intermedia los bienes de que tiene necesidad inmediata de manera más fácil, más económica y más segura que cambiando directamente sus propias mercancías por aquellos bienes, esas mercancías intermediarias de sus transacciones se puede decir que son su dinero. Pero cuando una gran parte, o incluso la mayor parte de la población, acepta de buena gana estas mercancías a cambio de los bienes que lleva al mercado, pero las emplea solo para su propio uso y consumo, utilizando como adorno los abalorios, consumiendo el té y la sal adquiridos, etc, estas podrán ser también las mercancías más queridas y preferidas por esta porción de la población, pero jamás serán dinero.

Carl Menger

Dinero y consumo

Después, Menger explica en qué circunstancias los medios de cambio pueden empezar a considerarse dinero. Utiliza el término mercancía para referirse a los medios de intercambio indirecto, y luego utiliza el término medio de cambio para referirse a aquel bien que por lo general se utiliza como medio indirecto. Es decir, que en algún caso aunque no sea el general acaban en el consumo, pudiéndose utilizar dichos medios de cambio en intercambios directos:

Del dinero en este sentido específico se puede hablar exclusivamente cuando no solo las clases de población que participan activamente en el desarrollo de las actividades económicas, sino también las que permanecen sustancialmente pasivas en el plano económico, utilizan una mercancía —por imitación y costumbre— como intermediario del cambio, o sea la aceptan a cambio de sus mercancías y de sus prestaciones, aunque de tales bienes no tienen necesidad o están ya provistas abundantemente; en tales circunstancias, por lo general, los medios de cambio no acaban en el consumo, sino que permanecen en circulación.

Carl Menger

De nuevo el cambio (in)directo

Por último, Menger también afirma que al poseedor de una mercancía no sólo le trae sin cuidado si el comprador la va a consumir o la va a revender, también explica que el hecho de que una mercancía se pueda llegar a consumir es una circunstancia incierta. Es decir, toda mercancía es de entrada un medio de cambio directo y al mismo tiempo un potencial medio de cambio indirecto, y esto es así porque si, para el vendedor era una mercancía, nada impide que también pueda serlo para el comprador:

También el comerciante, el especulador, etc., adquieren los bienes que luego ponen en venta, únicamente en la «confianza» de que estarán después en condiciones de cederlos a otros, y para ellos es absolutamente indiferente (en el aspecto que es aquí decisivo) el que quienes en el futuro adquieran sus mercancías se propongan luego consumirlas o revenderlas.

El Dinero, Menger 2013, p. 103

Así, recientemente un destacado comentarista sobre el dinero y la acuñación niega el carácter de mercancía del dinero, especialmente porque una ‘mercancía’, para cumplir su propósito, es decir, para ser usada y consumida, debe desaparecer del mercado, pero el dinero, como medio de cambio, presta sus servicios permaneciendo en el mercado. Esto es un error, porque la circunstancia de que una mercancía finalmente se llegue a consumir es incierta y, por lo tanto, no es una característica esencial del concepto de mercancía.

Geld – Menger, 1892, p.46 traducción libre. Énfasis mío

¿Un cambio retrospectivo?

La tableta de sal, que Menger califica indistintamente como “medio de cambio” o “mercancía”, cumple exactamente la misma función para su productor tanto si el comprador las revende como si las consume. ¿Qué función? La de medio de cambio. Pero es que si hubiera dos funciones distintas, que no las hay, ¿Qué sentido tendría afirmar que la función que desempeñó para el productor mutará dependiendo de lo que posteriormente haga el comprador con la tableta de sal? ¿Acaso si el comprador la consume o la revende, la función que cumplió en el pasado para el productor cambia retroactivamente? Absurdo.

Que una mercancía deje de serlo tras un solo intercambio, tras varios, o que nunca deje de serlo es una cuestión de grado, no de concepto. Y la enorme aportación de Menger es que el hecho de que una mercancía se utilice más o menos como tal, encuentra su causa en las propiedades que facilitan su vendibilidad.

No seré yo el que niegue que por lo general con medios de cambio nos solemos referir más a los indirectos y no tanto a los directos, pues en teoría monetaria los indirectos son más relevantes. Un medio de cambio es “más medio de cambio” en tanto en cuanto se utilice más para intercambios indirectos. Pero es que en la teoría de Menger esto es exactamente igual para las mercancías. Una mercancía es “más mercancía” en tanto en cuanto se utiliza para más intercambios indirectos, siendo el dinero la mercancía por excelencia. Otra corroboración más del mismo significado de estos dos términos en la teoría de Menger.

Conclusión

He mostrado que las definiciones que aporta Menger para mercancía y medio de cambio son exactamente las mismas. He mostrado cómo utiliza expresamente el término medios de cambio para referirse a intercambios directos, y mercancías para los indirectos (y viceversa). También he mostrado como Menger deja claro que para el vendedor es irrelevante si el comprador consume o revende la mercancía. En fin, esta polémica sobre los medios de cambio me demuestra que erre que erre la cabra tira al monte: Vuelta otra vez a gravitar el concepto de mercancía hacia el valor de uso, en este caso el (incierto y circunstancial) valor de uso por parte del comprador.

Cuando sostengo que Bitcoin es un medio de cambio o mercancía, me estoy refiriendo a que encaja como un guante en la definición de mercancía de Menger, pues se inventó expresamente para el intercambio y se utiliza para el intercambio, teniendo en cuenta además que el atesoramiento, ya sea temporal o indefinido, es inseparable de este concepto de mercancía. Cabe señalar, además, que el atesoramiento no es otra cosa que un intercambio intrapersonal-intertemporal.

Pero fuera de debates meramente semánticos, lo más importante es que, tal y como nos muestra la reflexión de Finney el 11 de Enero de 2009, es perfectamente posible dentro del marco de la acción humana valorar que una cosa pudiera utilizarse como un instrumento para el intercambio en el futuro sin que le asignemos ningún otro tipo de utilidad presente o futura, y para demandarla basta con que la estimación futura de su valor como medio de cambio sea superior al valor de aquello a lo que tenemos que renunciar para obtener esa cosa. No es necesario que un bien deba tener un precio previo para que un sujeto le asigne valor. El precio es siempre una consecuencia de la utilidad, y facilitar el intercambio es una utilidad como cualquier otra.

El debate sobre las mercancías

Joel Serrano

La liquidez frente al teorema de la liquidez del dinero: una crítica a J. R. Rallo

Manuel Polavieja

Mises no comprendió a Menger (I)

Mises no comprendió a Menger (II)

Mises no comprendió a Menger (III)

Bitcoin, dinero y mercancías

Bitcoin es una mercancía (I)

Mises no comprendió a Menger (IV)

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (I)

Manuel Polavieja

Bitcoin es una mercancía (II)

Refutación del teorema regresivo de Mises

Joel Serrano

Manuel Polavieja no comprendió a Mises; tampoco a Menger (II)

Manuel Polavieja

Mercancías y economía de mercado

El legado y la vigencia de Adam Smith a los 300 años de su nacimiento

Comencemos hablando de quien fue Adam Smith. De sus virtudes intelectuales a una temprana edad. Luego pasaremos a comentar y destacar sus grandes legados. No sólo en el pensamiento económico moderno, sino en la vigencia tanto teórica como práctica de sus principales líneas de pensamiento en el campo de la economía y la política actual.

Universidad de Glasgow

Adam Smith (5 de junio de 1723 – 17 de julio de 1790) Nació en Escocia. Según sus datos biográficos, Smith poseía una prodigiosa memoria y vocación por el estudio, facultades que le facilitaron el ingreso en la Universidad de Glasgow. En este centro, se apasionó por las matemáticas. Una vez graduado, obtuvo una beca para el Balliol College de Oxford, donde concluyó brillantemente sus estudios a la temprana edad de los 23 años, con un perfecto dominio de la filosofía clásica y sus máximos representantes: Platón, Aristóteles y Sócrates.

Durante los dos años siguientes a su graduación, profundizó en diferentes disciplinas desde la retórica a la economía, pasando por la historia, e inició su trayectoria como escritor de éxito publicando artículos en la Edimburgh Review.

Después de haber destacado como un docente excepcional en la Universidad de Glasgow, en el año 1758 fue nombrado decano de la Facultad de Filosofía de esta institución, rodeado de un gran prestigio. De hecho, valdría la pena mencionar, a título anecdótico, que son muchos los que afirman que Voltaire, afamado escritor francés y exponente de la Ilustración, solía enviarle a sus mejores alumnos como expresión de su reconocimiento y admiración.

Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones

Durante estos mismos años, Adam Smith formó parte de un selecto grupo en Glasgow conformado por intelectuales, científicos, comerciantes y hombres de negocios, un caldo de cultivo propicio para intercambiar ideas e información que posteriormente conformarían sus obras sobre filosofía y economía. Entre las cuales se pueden mencionar como las más destacadas, su Ensayo sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, principalmente y la Teoría de los sentimientos morales, entre otras obras.

Dicho esto, Adam Smith es considerado el padre de la economía moderna, por ser el precursor de esta disciplina al darle a la misma su carácter científico y distinguirla del resto de las demás ciencias. Pasando así a ser uno de los máximos exponentes de la economía clásica.

Teoría de los sentimientos morales

Smith en su primer gran libro titulado Teoría de los sentimientos morales, publicado en el año 1759, siendo esta su obra maestra desde una perspectiva filosófica, enunciaba los principios de la naturaleza humana, que según él guiaban el comportamiento social del hombre, a través, de su famosa teoría de “la mano invisible” proposición que sostiene que el hombre sin saberlo y sin proponérselo, orientaba el propio interés personal en función del bienestar de la sociedad en general, en términos materiales. Cabe destacar que el citado libro comienza explorando las conductas humanas, en las que en ningún lugar aparece el egoísmo con un rol principal, es importante resaltarlo a la luz de las críticas que de forma tergiversada han venido repitiendo a lo largo de los últimos años 240 años los enemigos del libre mercado. 

En cambio, Smith narra el proceso del ser humano como un sentir de empatía y ponerse en el lugar del otro como su mayor virtud, y no desde una posición egoísta donde el ser humano es visto como un explotador del hombre per se, inmerso en un juego suma-cero donde lo que gana uno el otro lo pierde.  Pues según este, el ser humano actúa de manera empática de forma natural, aun cuando no tenga beneficio de ello.

Francia

Es importante resaltar que en el año 1764, Adam Smith se instala en París, fue donde conoció a François Quesnay, economista y fundador de la escuela fisiocrática, una corriente ideológica fiel seguidora de la célebre máxima “laissez faire laissez passer” dejar hacer, dejar pasar”, que sitúa al margen la intervención del Estado en la economía, y destaca la existencia de una ley natural que podía asegurar el buen funcionamiento del sistema económico. La influencia de esta escuela sobre Smith fue patente, y se vio fuertemente reflejada en su máximo tratado económico antes mencionado titulado “Ensayo sobre la riqueza de las naciones” publicado en el año en 1776, es considerado el primer libro moderno de economía política, es decir, en este se aplicaban a la economía por vez primera los principios de investigación científica.

Adicionalmente, el libro fue una continuación del tema iniciado en su obra filosófica, donde mostraba cómo el juego espontáneo del egoísmo y empatismo humano bastaría para aumentar la riqueza de las naciones, si los gobiernos no interviniesen con sus medidas; en el desempeño de la economía. Siguiendo con este orden de ideas primarias, Adam Smith aplica estos principios al desarrollo de las teorías económicas sobre la división del trabajo, el mercado, la moneda, la naturaleza de la riqueza, el precio de las mercancías, los salarios, los beneficios y la acumulación del capital.

Cuatro principios de Adam Smith

Es importante destacar el rol fundamental, que han tenido a la luz del proceso de la globalización, el éxito del libre mercado global en generar riquezas, cuatro de los principios fundamentales expuestos por Smith en su Ensayo sobre “la riqueza de las naciones“, como los son el de las ventajas del libre mercado, el uso del dinero y los precios como el mecanismo que determina el funcionamiento de la economía, la división del trabajo y el desarrollo de la teoría de las ventajas absolutas posteriormente modificado por David Ricardo con su teoría sobre las ventajas comparativas.  Siendo estos postulados el mayor legado existencial que ha determinado los parámetros teóricos y prácticos bajo los cuales se ha desarrollado, a pesar de los tropiezos y dificultades históricas, el libre comercio mundial, desde el año 1945.

La aplicación de estas premisas teóricas, has traído aparejada la creación de mayor riqueza, por medio de la optimización en la localización y desempeño de los factores de producción globales, en función, de las ventajas comparativas y competitivas de las naciones bajo un esquema de libre comercio mundial, por un lado, y por el otro, en la diversificación de la producción de bienes y servicio, redundando en una   mejor calidad y menores precios de los mismos. De igual forma, esta dinámica ha estimulado la innovación y la invención tecnológica en función del progreso material de la humanidad.

¿Pensaba Smith en un hombre egoísta?

En lo referente a las críticas realizadas a Adam Smith por su idea de la libertad de los mercados, y al margen de las imperfecciones de los mismos, sea por barreras naturales o artificiales, creadas estas últimas por la misma intervención estatal. Smith, paradójicamente en su época, nunca creyó que el mercado fuese perfecto o funcionase automáticamente por arte de magia. Admitiendo que un mercado de comercio totalmente libre era una utopía. Así como tampoco apoyó un sistema anárquico, sin normas ni leyes, sino una economía de mercado, donde se permitiera en libre comercio, con una mínima intervención estatal que garantizase el funcionamiento óptimo del mismo, y donde el respeto a los derechos individuales tanto políticos como económicos y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley serían piezas fundamentales.

Otras de las críticas dirigidas hacia Adam Smith, ya arriba señaladas, pero que sería pertinente volver a remarcar, es la de considerar al ser humano como un individuo frío y egoísta, sin ninguna ética y solo preocupado por sus intereses materiales. Nada más lejos de la realidad, como ya lo hemos distinguido anteriormente. Pues Smith fue precisamente catedrático de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow, donde sostuvo en su ya citada obra «Teoría de los sentimientos morales» que el sentimiento del ser humano de la empatía, como su mayor virtud, produciría un beneficio en función social y no particular.

Sólidos cimientos

Los cimientos sobre los cuales se han sustentado los ataques distorsionadores a los idearios económicos y políticos de Adam Smith, han tenido más que fundamentos cientificos-empiricos serios, unos de índole políticos e ideológicos, que han resultado ser unos fracasos irrefutables en la historia contemporánea de la humanidad. Pues para muestra un botón y a título de evidencia existencial irrebatible nos planteamos la siguiente interrogante ¿Es que acaso el ascenso de China como potencia económica de alcance global, fue el producto de las vetustas, fracasadas y obsoletas, teorías económicas provenientes del pensamiento marxista-leninista, defensora de la propiedad colectiva y el control estatal de la economía a través de la planificación central? ¿O lo es principalmente de los fundamentos básicos de su contraparte ideológica y filosófica, el liberalismo defensor del libre mercado, sustentado en las originarias teorías económicas y filosóficas de Adam Smith? 

¿Un nuevo consenso de Washington?

No es nada nuevo decir que desde el inicio de la Administración Biden, EEUU adoptó un posicionamiento en materia económica radicalmente diferente al que tradicionalmente había caracterizado a este país tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, mientras muchos analistas pensaban que el cambio de rumbo de la política económica podía ser algo puntual y propiciado por la coyuntura de salida de la crisis de la Covid, una creciente guerra comercial con China o la invasión de Ucrania por parte de Rusia, la realidad es que ha sido el propio gobierno americano el que ha asegurado que este nuevo enfoque ha venido para quedarse.

Una nueva política industrial

En concreto, la semana pasada, Jake Sullivan, consejero de seguridad nacional del gobierno de Biden, planteó que la rivalidad sistémica y estratégica con China es el eje central del nuevo marco de pensamiento en materia de economía y geopolítica introducido por la Administración Biden. El discurso de Sullivan, además, trató de acomodar todos los objetivos nacionales e internacionales del gobierno de Biden en un solo marco de acción política.

La clave de ello se halla en la centralidad que EEUU ha dado a la nueva política industrial con el objetivo de revitalizar a la clase media americana y, con ello, supuestamente, la calidad democrática del país. Además, a diferencia con respecto a décadas pasadas, la lucha contra el cambio climático con herramientas de política económica -entre muchas otras-, ha tomado un rol central a la hora de decidir sobre políticas públicas.

Un nuevo ‘consenso de Washington’

Sin embargo, este nuevo enfoque geopolítico y económico no termina de convencer a muchos aliados de EEUU, ya que en ocasiones consideran que dichas nuevas políticas asociadas al proteccionismo y la política industrial activa pueden perjudicar sus propios intereses. Un ejemplo claro de ello es el Inflation Reduction Act, a través del cual el gobierno americano aprobó miles de millones en subvenciones a la industria y la energía verde, lo que supone una desventaja competitiva para los productores y trabajadores en Europa y Asia.

Además, la intensificación de la guerra comercial con China y los efectos que esta pueda tener sobre las cadenas de valor globales claramente afectará a los países miembros de la Organización Mundial del Comercio, al verse está severamente debilitada por las acciones y decisiones del gobierno americano.

La Administración Biden defiende que esto no es exactamente así y que lo que está tratando de hacer el gobierno americano es principalmente establecer un nuevo “Consenso de Washington” en el cual EEUU lidere la defensa de la política industrial activa y la lucha contra el cambio climático sin perjudicar los intereses de los aliados occidentales y los países del sur global.

Rivalidad y cadenas de valor

Asimismo, el consejero de seguridad nacional americano ha insistido en varias ocasiones en que la confrontación estratégica entre EEUU y China no resultará en una ruptura completa de las cadenas de valor entre países, sino una mayor diversidad de origen de insumos críticos como los microprocesadores. Por otro lado, además, ha defendido en varias ocasiones que los subsidios a la industria de la energía verde son necesarios y que, lo que deberían hacer países como los miembros de la UE es seguir los mismos pasos, proveyendo así de un impulso global a la energía verde y acelerando la transición ecológica.

A pesar de ello, estas posiciones del gobierno americano siguen sin convencer a muchos de sus aliados y socios estratégicos, resaltando que la actual política económica llevada a cabo por el gobierno de Joe Biden es un factor adicional de inestabilidad de las relaciones entre EEUU y sus aliados. Uno de los factores de mayor riesgo al respecto es el hecho de que, si EEUU sigue insistiendo en aplicar este tipo de políticas, en algún momento cercano países de Europa y/o Asia se vean forzados a iniciar una estrategia de retaliación que únicamente contribuiría a empeorar aún más las actuales dinámicas del comercio global. Por lo tanto, la consumación de una política industrial activa por parte de EEUU y su mantenimiento en el medio y largo plazo pueden ser un factor decisivo que conduzca a un mundo mucho más fragmentado a escala económica e inestable en términos geopolíticos.

‘Campeones europeos’

Las respuestas que los socios y aliados de EEUU pueden dar a la actual situación no son para nada sencillas ya que estas se ven influidas por múltiples aristas. Por ejemplo, aunque la UE siempre ha aplaudido la creación y consolidación de los llamados “campeones europeos” (grandes empresas europeas líderes en sectores estratégicos) a través de una política industrial activa, también es cierto que, si la UE sigue el mismo modelo que EEUU, la guerra de subsidios podría terminar en la ruptura del mercado único europeo y su funcionamiento, con las gravísimas consecuencias que ello tendría.

Además, competir con EEUU en volumen de subvenciones a la industria es imposible, ya que la capacidad fiscal del gigante norteamericano es muchísimo mayor que la de la UE y, además, la inexistencia de una unión fiscal a escala europea complica mucho más las cosas para la UE en este terreno.

Inestabilidad global

Por otro lado, la mayor preocupación de los aliados americanos de fuera de la UE, tal y como pueden ser Reino Unido o Canadá, es que el nuevo “Consenso de Washington” se base en que las políticas estratégicas occidentales se decidan bilateralmente entre EEUU y la UE en lugar de en un plano multilateral. Para evitar este escenario, algunos países como Canadá se están planteando proponer otorgar determinados poderes reales al G7, para así diseñar de manera conjunta las reglas del renovado escenario económico global.

Por lo tanto, tal y como podemos observar, la continuación de las políticas proteccionistas en el plano económico y la insistencia en la aplicación de una política industrial activa por parte de la Administración Biden, han contribuido a aumentar la inestabilidad económica y geopolítica a nivel global de manera notoria. A todo ello le ha seguido una respuesta por parte de la UE y algunas potencias asiáticas que confirma el viraje proteccionista y la tendencia a un mayor intervencionismo en materia de política industrial a nivel mundial. Podríamos, por lo tanto, encontrarnos ante un nuevo “Consenso de Washington”, pero desde luego no de uno del cual estarían orgullosos Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

Una visión crítica de la competencia institucional normativa

Durante el último año, Pedro Gómez Martín-Romo ha ofrecido conferencias sobre el contenido de sus libros. Uno de ellos llamado “Competencia Institucional Normativa” y el otro “El Patrón Interés”. Hoy, en mi primer artículo para el IJM, quería tratar sobre estas recientes aportaciones. La competencia Institucional Normativa me parece verdaderamente interesante, y mis críticas serán constructivas, con el objetivo de que, si es posible, se pueda mejorar la idea. El Patrón Interés, por el contrario, considero que es una idea errónea, y mi crítica será una enmienda a la totalidad. Lo trataré en un segundo artículo. Resumiré ambas ideas. Pero, para quien tenga interés, aquí puede escuchar ambas conferencias: Competencia Institucional Normativa y El Patrón Interés.

En primer lugar, debo informar que mis críticas son a lo expuesto en las conferencias, y no en los libros, que no he leído. Existe la posibilidad de que se trate alguna de ellas en los libros y por eso yo no lo tenga en cuenta, pero dudo que sea el caso para las críticas principales, dado que eso implicaría contradecir categóricamente casi todo lo dicho en las conferencias.

A partir de aquí, dividiré el artículo en tres secciones. En la primera, el grueso del artículo serán una serie de críticas constructivas a la Competencia Institucional Normativa (en adelante, CIN). En la segunda, criticaré algunas ideas o términos que utiliza el autor, no necesariamente relacionados con la CIN. Por último, trataré el patrón interés.

Competencia institucional normativa

En mi humilde opinión, la búsqueda de un sistema político-económico ideal debe implicar, más que la solución a cada problema concreto, la creación de un marco que genere fuertes incentivos a la solución adecuada de estos problemas. Es decir, un equilibrio de Nash fuerte. Esto debe hacerse para todos los problemas reales de una sociedad, especialmente los más importantes, reconociendo que en muchos casos existen diferencias entre ellos y que la solución puede no ser la misma en todos los casos. No se debe, por tanto, olvidar o ignorar ciertos problemas por el hecho de que echen por tierra el modelo que se pretende defender.

Esta es una regla muy básica y necesaria, y tan difícil para todos de cumplir por lo complejo del mundo. No son pocos los autores a lo largo de la historia han tratado de cumplirla con sus propuestas, y probablemente ninguno todavía la ha satisfecho en su totalidad.

Implicaciones

La Competencia Institucional Normativa implica los siguientes cambios:

  • Permitir que se formen, a distintos niveles territoriales agencias regulatorias con jurisdicción sobre un territorio y sobre un tema en concreto (fontanería, jardines, sector del calzado…) siempre y cuando cuenten con al menos el 25% de los profesionales del sector. De este modo, se permite (que no obliga, como veremos) la descentralización de la toma de decisiones, de modo que además participen los expertos e interesados.
  • Entrada en competencia de esas jurisdicciones con las existentes, y las existentes entre ellas. Existirían, de mayor a menor nivel de jurisdicción territorial, el Estado central, los regionales, locales y estos nuevos reguladores cuasi-privados.
  • Si el Estado central (se entiende que el Parlamento) aprueba una ley, por ejemplo, con el 65% de los votos que no funciona adecuadamente en la provincia de Valencia, el gobierno regional puede votarlo. Y, si obtienen al menos un voto más que el 65%, pueden aplicar una ley distinta (o derogar la ley nueva) sobre el territorio de su jurisdicción. De igual modo, si una región promulga una ley absurda, el Estado central puede derogarla si obtiene un porcentaje superior de los votos.
  • Asimismo, también pueden hacerse a nivel local o al nivel que opere el regulador de este tema específico.

“Cálculo social”

Una sociedad funcional no sólo necesita cálculo económico, sino también lo que el autor llama “cálculo social”. Es decir, una competencia y “mercado” de normas y leyes que incentiven a la innovación normativa, así como una diversidad que las permita acercarse a las realidades empíricas de grano fino de cada territorio.

Comenzaré con un elogio. Las ideas expuestas me parecen verdaderamente interesantes y, hasta donde sé personalmente, innovadoras. Es precisamente desde el aprecio por lo expuesto que me dispongo a efectuar una serie de críticas cuyo objetivo es que, en el mejor de los casos, sean resueltas o tenidas en cuenta. Lo que sí es cierto es que algunas de las críticas, en mi opinión, no son triviales y representan desafíos importantes que se han de superar.

Sin entrar aún en los detalles, quiero recalcar que este me parece un enfoque general muy correcto para tratar de encontrar un óptimo político. Es decir, no solo preguntarse qué leyes debe haber, sino cuál tiene que ser el ámbito de actuación de esas leyes, el tamaño de la comunidad política así como los incentivos para la creación continua de leyes correctas y adaptadas al tiempo y territorio. No es el primer autor liberal en tratar el tema con este enfoque, ni mucho menos (la descentralización es un tema tradicional ya en el liberalismo), pero sí ha hecho una propuesta muy interesante.

El control del mal

No tener en cuenta este enfoque en el liberalismo/libertarismo lleva a la clasificación entre anarcocapitalistas, minarquistas y liberales clásicos, por orden del más puro y verdaderamente liberal al más cobarde y menos consecuente. Este modelo es demasiado simple por no tener en cuenta el ámbito de aplicación.

Las críticas que lanzo están relacionadas entre sí, siendo algunas de las últimas más sencillas, en el sentido de que son defectos que podrían ser corregidos de forma arbitraria, aunque la solución correcta no tiene por qué ser sencilla de determinar. Cada una de ellas va sumando sobre lo anterior. Trataré además de proporcionar ejemplos que permitan entender cada una de ellas.

Por si acaso alguien considera que algún ejemplo es demasiado rebuscado, quisiera añadir que, del mismo modo que existe un mercado regular, de bienes y servicios, que incentiva que la gente desarrolle el ingenio por su propio interés, la existencia de un marco legal genera incentivos para tratar de encontrar trampas y agujeros legales que les permitan sacar provecho y vivir de los demás. Cuando los incentivos son correctos, la gente es muy buena. Cuando no… Dicho de forma más coloquial, hay gente muy mala y deseosa de aprovecharse. Hay que blindarlo todo muy bien, con mucho mimo y esfuerzo, tapar todos los agujeros. A ser posible, a priori.

Medidas a distinta escala.

Algunas normas requieren de aplicación a una cierta escala para ser funcionales. Por ejemplo, las externalidades se pueden extender a gran escala y puede existir el problema del free rider. La aplicación de la CIN podría permitir a ciertas regiones escaquearse y causar desequilibrios o perjuicios.

  • Emisiones de gases: El autor utiliza el ejemplo de los vehículos eléctricos o de combustión como un ejemplo de algo que podría solucionarse con la CIN. El problema es que, para la solución de problemas climáticos, es necesario que colaboren todos o, al menos, la mayor parte de los territorios, siendo además algo que les genera coste. El incentivo al free rider es muy claro. ¿Qué ocurre si una región decide escaquearse en el futuro de la prohibición de emitir ciertas sustancias (que se diseminarían por todo el planeta)? ¿Sería aceptable? El efecto del dióxido de carbono, por ejemplo, está actualmente en debate científico. Pero otros gases, como los clorofluorocarbonos (CFCs) generan daños severos a la capa de ozono con relativamente pocas emisiones.
  • Contaminación de ríos: Un municipio pequeño por donde pasa un río tiene una empresa que da trabajo a todas las familias y que les dice que, o votan por permitir el desagüe de residuos tóxicos en el río, o la empresa abandona el pueblo. Sale elegida esa exención por aplastante mayoría. El río pasa por otros municipios después.
  • Defensa dónut: Una región del interior, alejada de posibles invasores, se niega a contribuir (monetariamente, en especie o de cualquier forma) con la defensa nacional, beneficiándose sin embargo inevitablemente de la defensa pagada por el resto de regiones que la rodean por todas direcciones.

Externalidades y ósmosis

  • Externalidad de riesgos: Un municipio aprueba aplastantemente la construcción de una central nuclear con medidas de seguridad muy deficientes, que en caso de fallo pondría en serio peligro a las regiones e incluso países colindantes.
  • Radio: Una región aprueba salirse de la regulación estatal de radiofrecuencias, y comienza a emitir en su propia red. De este modo, tanto la red de dentro como la de fuera comienzan a interferirse entre ellas, siendo costosísimo o imposible sortear las fronteras.
  • Ósmosis: Tomemos por caso un ejemplo usado por el autor en la conferencia. España prohíbe las botellas de plástico, pero Valencia consigue eximirse. Para empezar, existe el problema del escaqueo. Se afirma que esto se hace porque Valencia tiene un mejor sistema de tratamiento de residuos, pero este no tiene por qué ser el caso. Dado que el peligro es que estas botellas puedan acabar en el océano (tragedia de los comunes), una comunidad podría sencillamente no querer asumir los costes de la prohibición y punto. Pero, además, el hecho de que solo se pueda comprar y vender agua embotellada en Valencia no impide a los clientes comprarla en Valencia y llevársela a otro lugar. Lo importante es dónde acaba desechada la botella. En especial, si la prohibición es costosa, se genera un incentivo de mercado (incluso mercado negro) para saltársela. Es cierto que este problema existe ya entre países (y es problemático), pero aumentar las jurisdicciones (y, por tanto, reducir la distancia entre jurisdicciones distintas) facilitaría mucho este proceso. ¿Habría que instalar aduanas entre todas las jurisdicciones? Esto tendría un coste enorme.

Captura por grupos de interés

  • Captura por grupos de interés: El autor afirma que ve difícil que ciertos agentes capturen regulatoriamente un territorio. Menciona que las regiones y jurisdicciones inferiores corregirían los excesos, errores o locuras de las superiores y las superiores las de las inferiores. Sin embargo, si existen suficientes intereses, también puede ocurrir lo contrario. En mi opinión, esto es más probable de lo que parece, especialmente en jurisdicciones pequeñas. Personas con mucho poder económico obtenido a nivel nacional o global podrían sobornar, presionar o intimidar a los interesados de cierto municipio o región para tener favores personales, e incluso, en el extremo, tener un vacío legal en cierto territorio para llevar a cabo acciones moralmente cuestionables que sean ilegales en cualquier otro sitio.

Reguladores privados

Además, el autor menciona que suficientes profesionales de un sector (en torno a un 25%) pueden constituir un regulador local. Eso se argumenta como algo positivo, ya que fomenta que decidan los interesados y expertos. Al fin y al cabo, los profesionales de una región (que son, según el autor, los integrantes de las agencias regulatorias) suelen ser agentes interesados. Para bien (cuando les interesa que se tome la decisión correcta) o para mal (cuando son los productores y pueden capturar al consumidor y establecer monopolios). Esto genera incentivos al abuso de poder, la tiranía del productor, gremios… Al final, los consumidores también son agentes interesados. Pero, por no ser expertos, quedarían excluidos de la decisión.

¿Quiénes pueden participar en el regulador? El autor dice que quienes tengan un título oficial y quienes tengan 5 años de experiencia en el sector. Lo de los 5 años, ¿es discutible? ¿Quién puede cambiarlo? ¿Quién decide qué es un título oficial? ¿No está esto abierto a sabotaje desde dentro?

Gremios

  • Privilegios gremiales: Una proporción de profesionales de un sector de un territorio deciden asociarse para prohibir la competencia de grandes empresas extranjeras en su sector, permitiéndose solo a pequeños artesanos locales. Esto puede hacerse de forma descarada y directa o con regulaciones ad-hoc diseñadas para dificultar o impedir esa competencia, excepto para las personas interesadas. Los ebanistas locales pueden querer prohibir IKEA; las tiendas locales prohibir El Corte Inglés y cantidad de situaciones similares.
  • Privilegios gremiales 2: Siguiendo el ejemplo anterior, se crearía un incentivo a que profesionales de un sector se mudasen en grupo a cierta población, para pasar a constituir allí mayoría suficiente para crear o controlar un regulador y establecer un monopolio u oligopolio.
  • Privilegios gremiales 3: Una serie de graduados de economía de una universidad minoritaria que cerró sus puertas años atrás deciden mudarse a un municipio pequeño. Allí son mayoría suficiente para constituir un regulador, cuya primera medida consiste en decretar que el único título válido para ser considerado experto en economía es el de su universidad, de modo que se convierten en los únicos con derecho a decidir, abriendo la puerta a casos como los anteriores, teniendo ahora unanimidad total sobre ese regulador. Puede parecer un ejemplo extremo, pero también puede darse en casos más rebuscados. La gente es muy lista. Críticas similares a esta se hacen a los proponentes de que haya que pasar ciertos exámenes de conocimiento político para votar, y son de sobra conocidas las ofertas de empleo, por ejemplo, en universidades, cuyos requisitos están convenientemente diseñados para que el candidato perfecto sea un amigo de quien la redactó.

Ámbito de aplicación

  • Ámbito de aplicación: ¿Qué tipo de leyes y regulaciones están sujetas a competencia regulatoria? ¿Reglamentos, leyes, la constitución…? ¿Sería posible, por ejemplo, abolir la prohibición del asesinato? ¿Podría permitirse en cierta región la firma de contratos de servidumbre perpetua? Si no se pueden cuestionar ciertas normas, ¿cuáles y por qué? ¿Existe peligro de que se utilice mi argumento como excusa para blindar leyes que no deberían estarlo? Hay que recalcar que estos ejemplos pueden resultar locos o absurdos porque no es algo que hayamos visto pasar nunca, pero eso es porque es imposible en nuestro sistema político actual. Pero el mundo es complicado, y cosas de estas pasan. Dejarse un agujero abierto pensando que nadie en su sano juicio lo aprovechará o que es muy descabellado es arriesgado, y puede abrir la puerta a situaciones realmente desastrosas.
  • Un municipio decide amparar a agentes peligrosos o terroristas. Parece un caso remoto, pero no debemos olvidar que hay zonas en España y otros países en las que existen simpatías políticas con ciertos sectores violentos.

Bienes peligrosos

  • Sustancias, artefactos o programas peligrosos: Un municipio decide (deliberadamente o por accidente al derogar una prohibición general) permitir la fabricación o posesión de sustancias químicas extremadamente peligrosas, armamento nuclear (que por suerte es actualmente difícil de fabricar sin más, pero esto podría cambiar), laboratorios de armas biológicas o incluso futuros programas informáticos o inteligencias artificiales muy dañinos. Incluso la fabricación o venta de armas de fuego convencionales podría generar peligro de que esas armas se filtrasen a territorios colindantes libres de armas. Si ya las armas yugoslavas acabaron por todo el mundo, no imaginemos si fuese un asunto a decidir a nivel regional o municipal. Este ejemplo también atañe a la primera crítica.
  • Disputas entre jurisdicciones: Este es un problema que ya existe en la actualidad, y que podría agravarse con la CIN. Dada la aparición de internet y los delitos cibernéticos, ¿cómo se solucionan las disputas cuando agresor y agredido no están en la misma jurisdicción (y las normas en cada una son distintas)? ¿Se aplica la ley del territorio del agresor o del agredido? Cualquiera de las dos opciones es potencialmente abusiva.

Estafas, insultos

  • Estafas por internet: Un agente ofrece un contrato libre a quienes estén dispuestos a aceptarlo. Gente vulnerable cae en la trampa. El estafador está en una jurisdicción en la que, mientras se haga por contrato, todo vale. En la del estafado hay normas para evitar el abuso contractual. ¿Solución?
  • Insultos por internet: Una persona insulta por Twitter a un ídolo, profeta o tradición religioso, cosa prohibida en jurisdicciones inmediatamente colindantes, pero no en la suya. ¿Solución?
  • Resolución de empates: Puede parecer rebuscado, o que la solución podría incluso ser trivial. Pero, especialmente en casos extremos, puede ser importante.

Conflictos

  • Si una jurisdicción entra en conflicto con otra superior (por ejemplo, una provincia con el estado central), hasta el punto de que en ambas hay un consenso de un 100% de los votos (en cada una a favor de lo contrario), ¿cómo se resuelve?
  • Resolución de problemas o conflictos graves a posteriori: Supongamos que uno de los puntos anteriores generase un problema que no se hubiera contemplado en el ordenamiento jurídico. Es decir, hemos fracasado en la tarea de tapar un agujero legal a priori.
  • Resulta evidente que una región se está aprovechando injustamente de su poder o ha sido capturada por grupos de interés, pero ese problema en concreto no ha sido contemplado como posible excepción. ¿Hay alguna forma de estado de emergencia que permita invalidar o desautorizar a ese regulador? De haberla, existiría también la posibilidad de corromper ese poder, evidentemente, pero eso no significa que su ausencia no pudiese ser también problemática.

Pedro Gómez Martín-Romo, profeta

Tanto en el caso de la CIN como del patrón interés, el autor las presenta como ideas revolucionarias, correctas, prácticamente sin lugar a dudas y que, por tanto, tampoco hay duda alguna de que se aplicarán en el futuro.

Esta es una forma algo arriesgada y, a mi modo de ver, mejorable forma de presentar las ideas. Especialmente cuando se presenta una idea nueva y, efectivamente, revolucionaria, conviene estar abierto a la posibilidad de que haya problemas con esa idea, aunque sean menores. Y esto lo digo desde el respeto e incluso cierta admiración, ya que lo que propone me parece realmente meritorio e interesante.

Se me asemeja solo en este asunto a Karl Marx, que hablaba del comunismo como una fase histórica que iba a llegar sin duda. Se presenta a sí mismo como un mero catalizador para que la revolución sucediese antes. Asumamos que el autor tuviese razón en la totalidad de su propuesta. No por ello existe un determinismo que lleve a que se lleven a cabo. Son muchos los autores de diversos ámbitos, quizá especialmente en economía, que publicaron ideas hoy consideradas correctas, pero que, sin embargo, fueron olvidados por la historia, convirtiéndose en mainstream otros autores que tratan ese mismo ámbito con una teoría menos cierta o más simplona.

Insuficiente atención a la alternativa al socialismo

Durante la conferencia, el autor critica a los liberales por haber dedicado demasiado tiempo y energía a la crítica al estatismo y socialismo e insuficiente a tratar de explicar los beneficios del mercado, diciendo que esta es la causa del fracaso del liberalismo a la hora de lograr éxito político. Esto está en línea con su modo de ver las cosas. Si lo hubieran hecho, eso habría llevado a la sociedad a adoptar esas ideas, por ser correctas.

Sin embargo, no es cierto. Es cierto que muchos liberales han adoptado y adoptan una actitud de “encerrarse en su torre teórica de marfil”. Pero son muchos los que han escrito extensamente, con mayor o menor éxito, sobre las ventajas y virtudes del mercado. No por ello se ha ganado automáticamente la batalla cultural. Al contrario, mucho ha quedado en el olvido o la heterodoxia.

Si bien es cierto que el desarrollo y la creciente complejidad de las sociedades llevan a cambios sociales que son relativamente predecibles (especialmente a posteriori), la batalla de las ideas es importantísima también. Y, en este caso, no creo que haya un mecanismo histórico demasiado determinista que lleve a la aplicación de la CIN.

Cálculo social

Como he expuesto, el autor llama “cálculo social” a la competencia entre distintas jurisdicciones que permite incentivos similares a los del mercado para la creación de normas y leyes óptimos y cercanos a la realidad empírica de cada lugar.

Mi crítica se dirige exclusivamente al nombre elegido para este mecanismo. Es cierto que es la sociedad la que calcula, pero esto ocurre también en el cálculo económico. Se le llama cálculo económico porque ese cálculo que realiza la sociedad tiene que ver con asuntos económicos. Del mismo modo, dado que en este caso el cálculo tiene que ver con asuntos normativos o legales, creo que serían más apropiados los nombres “cálculo normativo” o “competencia normativa”.

El mercado normativo

El mercado normativo: El autor argumenta que su propuesta de CIN crearía un mercado normativo. Estoy de acuerdo con esta afirmación, pero no por lo que el autor argumenta.

Él utiliza el símil para referirse a la competencia entre administraciones por establecer la norma, siendo el porcentaje de votos obtenido el equivalente al precio. Considero que no es adecuado llamar a esto mercado. Más bien, competencia democrática (que a su vez permite el cálculo normativo). No se comporta como un mercado. Cada consumidor no obtiene aquello que elige, sino que los resultados de esa competencia se aplican a toda la jurisdicción de aplicación.

No obstante, sí se crea algo que puede llamarse mercado normativo. Y es la situación para el individuo/consumidor en la que puede elegir en qué jurisdicción vivir. Lo que se suele llamar votar con los pies. De este modo, el producto/servicio sería vivir en esa jurisdicción, con sus ventajas naturales y sus normas, y el precio sería pagar los impuestos correspondientes.

Definición de capitalismo

El autor define el capitalismo como “el puro y libre intercambio de trabajo”. Me sorprendió al escucharlo, pero dado que lo dice de igual modo en varias conferencias distintas, parece que no se trata de un lapsus.

El motivo por el que me sorprendió es porque, en vez de “trabajo”, esperaba escuchar “bienes y servicios”. Sustituir este término por “trabajo” lleva a pensar en la teoría del valor trabajo. Esto es extraordinariamente inusual en los liberales desde Menger y la revolución subjetivista.

De hecho, no creo siquiera que los marxistas llegasen a aceptar esta definición. Admiten que la teoría del valor trabajo aplica solo a las mercancías fruto del trabajo, y no a recursos naturales escasos como los diamantes. En este caso, su precio no depende (sólo) del trabajo requerido para encontrarlos o minarlos. Y es evidente que existe mercado (y capitalismo) de diamantes y otros recursos similares.

Proteccionismo, ni para la seguridad nacional ni para los sectores estratégicos

Nacho Raggio decía este lunes que el liberalismo es una forma sofisticada de nihilismo. Que él te puede curar (si eres liberal) y que un país debe poder abastecerse por completo, especialmente ciertos sectores estratégicos. Aunque no lo diga Raggio, entiendo que el argumento es que o bien por seguridad nacional (menciona la geopolítica) o bien por las externalidades positivas que obtenemos de la producción de ciertas industrias, el proteccionismo está a veces justificado. Según Raggio, se debe “aplicar proteccionismo para defender nuestros intereses”.

Los intereses ¿de quién?

El primer problema con esto es que no están claros de quienes son los intereses que hay que defender. Si son los intereses de todos los españoles, entonces el libre mercado es lo mejor. El libre mercado puede dañar a ciertos productores. A aquellos cuya mercancía sea más barata importar que producir nacionalmente; es decir, aquellos cuyas líneas de producción son más costosas y, por tanto, los recursos utilizados estarían mejor destinados a otras líneas de producción. También es verdad que con la liberalización del mercado laboral a estos debería costarles menos de lo que les costaría en otros casos encontrar nuevos trabajos. No obstante, todos somos consumidores, pero no todos somos productores de aquello cuya producción nacional es más costosa que la importación. Por tanto, a simple vista parece que los intereses de la mayoría están mejor salvaguardados con el libre mercado.

Digamos que la solución que propone Raggio es que sea el gobierno el que decida cuáles son estos sectores estratégicos que merecen ser defendidos. Cualquiera con un mínimo de cultura política española podrá suponer lo muy diferentes que serían estos si la selección la hace el PSOE o el PP. O el PSOE con la coalición de izquierdas o el PP con Vox. ¿Cómo es posible que estos intereses estén tan claros si por un pequeño margen pueden cambiar tanto? Según las últimas encuestas, PP y Vox sumarían 179 diputados y PSOE más la coalición que les invistió en 2020, 158.

¿Patatas y mantequilla?

¿No se da cuenta Raggio que los sectores estratégicos los eligen políticos? ¿No se da cuenta de que igual que estos pueden elegir los que él cree que son necesarios, un gobierno del PSOE podría terminar defendiendo sectores que Raggio crea que no deberían defenderse? Pero es que, incluso si los políticos son los de tu color, estos se ven sometidos a incentivos perversos.

Todos los productores domésticos intentarán decir que su producto es vital para la seguridad nacional. Puede que Raggio tuviese solo en mente la producción de alimentos, ¿pero qué alimentos? Técnicamente, podemos sobrevivir a base de patatas y mantequilla. Si esto es todo lo que necesitamos, ¿por qué no defender solo las industrias nacionales de estos dos productos?

Quizá Raggio vea obvio que esto no sería suficiente y que tendríamos que asegurar la producción nacional de muchos más productos de alimentación, a fin de cuentas, es geopolítica. ¿De cuáles? ¿Tenemos que ser capaces de producir aguacates en España a pesar del gran coste de producción que eso supondría? ¿Tenemos que producir de todo sin importar el coste? ¿O solo de aquello que los políticos consideren vital para la subsistencia? Igual si tenemos un gobierno del PSOE decide que todos tenemos que poder vivir a base de langostinos y cigalas. Pero, ¿sería esto realmente necesario y una cuestión de seguridad nacional?

La protección del pelo de cabra en Angola

También habría que preguntarse que por qué solo alimentos. Raggio no lo dice explícitamente, pero ambas fotos de su hilo hablan sobre alimentación. ¿Por qué no también proteger la industria del acero? ¿No es también necesaria para la defensa nacional? O la producción de microchips. En Estados Unidos, desde 1954 hasta 1993, el gobierno consideraba que el mohair, la fibra procedente del pelo de la cabra de Angora, era vital para la defensa nacional, puesto que era usada para la producción de uniformes militares.

Durante cuatro décadas, los productores de mohair recibieron millones de dólares anuales en subsidios. Puede parecer ridículo, pero era un caso real. Y lo sigue siendo. En 2002 volvieron los subsidios a esta industria, los cuales están regulados por el Marketing Assistance Loan Program del 2014 Farm Act.

Externalidades positivas

La otra razón que interpreto que da Raggio para defender el proteccionismo es que ciertas industrias generan externalidades positivas. Para este caso, no obstante, el proteccionismo no sería la mejor política, sino los subsidios. El problema con este argumento es que este proteccionismo en un área de especial interés puede ser contraproducente, pues, puede traducirse en que entren menos de esos bienes al mercado nacional y sean de peor calidad.

Si lo que te preocupa es que quieres que tus ciudadanos puedan disfrutar de ese bien, entonces querrán que tengan la mejor opción disponible. Si crees que producirlo tú te genera unas externalidades positivas al, por ejemplo, estar entrenando a tus ciudadanos en la producción de microchips, tendrás que defender por qué estas externalidades superan los beneficios de que los consumidores nacionales puedan hacerse con los microchips de una mejor calidad a un menos precio.

Otro problema es el decidir cuáles son estas industrias clave. El gobierno y los burócratas que industrian generarán spillovers positivos. Si se equivocan y deciden proteger una industria que después no tendrá demanda, lo pagamos todos. Por ejemplo, Raggio puede pensar que las nuevas gafas de Apple son el futuro y que tenemos que defender a los productores de alternativas a estas. Si se equivoca, pagamos todos, dañando así los intereses nacionales.

La ley de asociación de Ricardo

Como decía Adam Smtih:

El conceder el monopolio del mercado nacional a la producción nacional, en cualquier arte o industria, equivale en alguna medida a dictar a los ciudadanos particulares la manera en que deberían emplear sus capitales, y en todos los casos resulta una intervención inútil o perjudicial. Si la producción nacional puede llegar al mercado tan barata como la extranjera, es evidente que la intervención es inútil. Si no puede hacerlo, será generalmente perjudicial. La máxima de cualquier prudente padre de familia es nunca intentar hacer en casa lo que le costaría más hacer que comprar. El sastre no fabrica sus zapatos, sino que se los compra al zapatero. El zapatero no se hace sus vestidos, sino que recurre al sastre. El granjero no intenta hacer ni unos ni otros, sino que acude a esos artesanos. Todos ellos comprenden que les resulta más conveniente emplear su esfuerzo de forma de tener alguna ventaja sobre sus vecinos, y comprar lo que necesitan con una parte del producto de su esfuerzo, o lo que es lo mismo: con el precio de una parte. Lo que es prudente en la conducta de una familia nunca será una locura en la de un gran reino.

Adam Smith, Una investigación sobre el origen y las causas de la riqueza de las naciones. Libro 4, capítulo 2.

Esto nos debe recordar a la ley de asociación de Ricardo.

‘Feria’ de Ana Iris Simón, y la baja natalidad

El autor liberal de mi juventud fue Jean-François Revel. Su libro Conocimiento inútil seguramente sea la mejor iniciación para una persona joven que aspira a entender la sociedad, ya que imprime una sana desconfianza por todo lo que rodea a la política. La mentira es la primera fuerza que rige el mundo, saberlo no te convierte en inmune a la manipulación, pero ayuda bastante.

Izquierda y antiamericanismo

Aunque no todo era aprender de Revel. También tenía frases que me dejaban confuso. Por ejemplo, esta:

La certeza de ser de izquierdas descansa en un criterio muy simple, al alcance de cualquier retrasado mental: ser, en todas las circunstancias, de oficio, pase lo que pase y se trate de lo que se trate, antiamericano.

Para mí era raro escuchar que la izquierda se basa en ser antiamericano porque la mitad de las personas con fobia a los EEUU que conocía en ese momento no eran de izquierda. ¿Esto significa que esas personas, que tenían ideas conservadoras que los encuadran en la derecha, eran en realidad izquierdistas? Con el tiempo aprendes que las cosas son algo más complicadas y que hay ideas que pueden convivir en ambos lados. De hecho, hay ideas que pueden habitar en casi todas las ideologías, y el antiamericanismo casi lo ha conseguido.

Los rojipardos y su mundo

Todo esto viene a propósito de un artículo que leí el mes pasado: Los ‘rojipardos’ y su mundo de Javier Benegas. Es una crítica acertada al culto que cierta derecha está haciendo de una periodista de izquierdas: Ana Iris Simón. El libro de Simón tiene una virtud: retrata fielmente lo que era una familia manchega de izquierdas en los noventa, dejando testimonios como esta frase de su abuelo:

Antes todo esto era un secarral, luego lo dejaron más apañao, plantaron los pinos y pusieron los merenderos. Fue el PSOE.

Ana Iris Simón

Las obras públicas no las hace el ayuntamiento, ni la diputación, ni la Junta, ni el Estado; las hace el PSOE. Ese partido omnipresente desde la transición, al que hay que votar cuando se pone un lazo negro por la muerte de Miguel Ángel Blanco, y cuando negocia con sus asesinos. Cuando financia la corrida de toros del pueblo, y cuando vota en el Congreso junto con los animalistas. Cuando va en la cabeza en la procesión de la Virgen, y cuando organiza la exposición de arte moderno donde se la ridiculiza.

Modernidad mala y modernidad fetén

Siempre es bueno que esa España tan nuestra, y que, por suerte, va quedando atrás, sea inmortalizada para que los historiadores del futuro puedan entender muchas cosas que hemos vivido estas décadas. Pero hasta ahí llega el valor de Feria. No hay por donde coger el resto del libro, dejando aparte el respeto que nos pueda merecer los recuerdos que cada uno tenga de su infancia y familia.

Al final, las críticas sociales que se pueden leer no dejan de retratar las contradicciones en las que vive la izquierda en el siglo XXI. Los parques de bolas y el Burger King son partes de la modernidad que hay que rechazar, ya que son imposiciones del liberalismo. En cambio, estudiar periodismo y emparejarte con un politólogo que se llama París debe ser la modernidad buena, que nos viene de otro lado. Pero lo importante no es lo que nos cuenta esta autora, sino la influencia que pueda tener en la derecha y de la que trata Javier en su artículo. Y aquí voy a intentar complementar su reflexión.

Tres tipos de simonitas

Yo distingo tres tipos de derecha en aquellos que se ven atraídos por las ideas de Simón:

Los rojipardos, que voy a limitar a las personas que genuinamente tienen una ideología que los lleva a rechazar el libre mercado y la globalización. Se llega al núcleo de este grupo por dos vías: conservadores que se han estudiado, quizá en exceso, la historia española y han llegado a la conclusión que nuestra decadencia llegó por la aparición de liberalismo (anglófilo y/o masónico). Y progresistas que con los años han derivado en una visión moral más conservadora y nacionalista española.

Luego están los enfadados con el mundo. Personas de derechas desencantadas con la sociedad, que quieren estar enfadados y muestran su enfado públicamente porque les permite ganar notoriedad entre otra gente enfadada. Lo que provoca más enfado. Y así sucesivamente hasta que se rompa la cadena.

Por último, tenemos a la derecha junior. Son las personas que, bien por edad o porque se habían dedicado a vivir su vida, tienen poca experiencia en el mundo político y al iniciarse nace en ellos un anhelo, casi enfermizo, por compartir espacios en común con personas de izquierda que puedan ver como razonables. Este último grupo es interesante, porque, a diferencia de los otros dos que se encuadran en un extremo, existe en todas las variantes de la derecha. Desde el centrista que comparte las últimas declaraciones de Alfonso Guerra, hasta el liberal que no se pierde un artículo de Juan Soto Ivars.

La influencia de Ana Iris Simón

Algunas personas pueden que se ofendan al dar estos ejemplos. Nada más lejos de mi intención. Leer a personas razonables de izquierda es algo muy recomendable. El problema es hacerlo porque son de izquierda y contar con que ello les da más autoridad. Es una fase por la que se pasa y, con suerte, se suele superar rápido. Aceptar que la izquierda no es la fuente de todo mal, a la vez de que no necesitas pagarle vasallaje intelectual alguno, es señal de madurez, y esa llega con el tiempo y la reflexión.

Una vez listadas las tres categorías nos podemos hacer una idea de la influencia real de Ana Iris Simón en la derecha. El rojipardismo es algo que siempre va a existir, pero por sus propias características suele tener poco recorrido. Es un club que, una vez dentro, se tiende a competir en quién añora épocas más lejanas y tiene como referentes a personajes más peregrinos. Lo digo desde el cariño, ya que tengo buenos amigos en ese mundillo con los me río bastante sacando ejemplos del extremo al que conservadores y liberales pura sangre llevan a veces nuestras respectivas ideas.

La suerte de aprender los principios

Por otro lado, tanto los enfadados con el mundo como la derecha junior son personas que normalmente están atravesando una fase de su vida, y, por tanto, sí pueden ser fácilmente influenciables. O, dicho de otro modo, pueden enraizar en ellos ideas bastante erróneas que les cueste años superar.

No todo el mundo ha tenido la suerte de leer a Revel (o a Hayek o a Thomas Sowell) en su juventud, así que desde el liberalismo se debe hacer un esfuerzo por facilitar la introducción a nuestras ideas a las personas que llegan en circunstancias peculiares a cuestiones filosóficas y políticas. Lo que ahora desde el mundo empresarial se llama hacer mentoring.

Javier Benegas

Voy a utilizar como ejemplo una parte del artículo de Javier que me parece que merece una ampliación enfocada para un público no liberal:

Los integrantes de esta generación recurrirían a la idealización del pasado, su tradicionalismo y convenciones, para condenar el presente, olvidando que el pasado dista mucho de ser idílico, y que antes, por ejemplo, se tenían hijos, más que por devoción cristiana, por pura necesidad: porque hacían falta brazos que ayudaran en el campo. Por eso, según los hijos podían valerse por sí mismos y levantaban dos palmos del suelo, se les llevaba a la faena.

No digo que no existieran vínculos afectivos entre padres e hijos, sino que la procreación no tenía como fin principal satisfacer deseos emocionales u obligaciones morales. Era una necesidad bastante más material de lo que se reconoce. Esta idea de necesidad sobrevivió por inercia en nuestros padres, que habían sido educados en un mundo antiguo, hasta acabar agotándose en nosotros, porque nosotros ya no trabajamos de sol a sol, sino que gozamos del privilegio del ocio.

Javier Benegas. Los ‘rojipardos’ y su mundo. The Objective.

Natalidad

Efectivamente, hay mucho romanticismo cuando se habla de la paternidad. No deja de ser lógico, ya que los sentimientos están vinculados a este proceso en los humanos, dado el dilatado periodo que se necesita para criar a un hijo. Pero en vez de llevarlo al lado contrario y hablar del materialismo, de traer hijos para que ayuden en el campo, voy a ir un poco más lejos y sentar una base que podría ayudarnos a enfocar mejor el problema: el estado natural del ser humano fértil es procrear siempre que sea posible.

¿Qué quiere decir eso? Que no tiene que existir una cultura, ni un proceso racional, que fomente la natalidad. Ya venimos equipados de serie con eso. Solo unas condiciones extremadamente malas (desnutrición o estrés) pueden llevar a las mujeres a perder su fertilidad. Que la cultura o la economía hayan fomentado hasta hace poco tener hijos es lógico. También ha fomentado la producción de alimentos calóricos y vivir lejos de letrinas. Nuestra forma de vivir suele ir de la mano de lo que le conviene a nuestros genes, no al contrario.

Las causas

Así que la clave no es por qué nuestros antepasados han tenido hijos, sino por qué hemos dejado de tenerlos. Javier da una buena razón: el aumento del ocio y la propagación de ideas estúpidas que éste provoca. En mi opinión hay algunas razones más: la percepción de falta de recursos (tenemos muchos más recursos que nuestros antepasados para criar a nuestros hijos, pero percibimos lo contrario), la profesionalización de las mujeres (años de mayor fertilidad ocupados en formación e inicio de carrera profesional) y perdida de familias amplias (abuelos demasiado mayores y dispersión geográfica).

Se puede discutir cada una de estas razones y dar más motivos. Lo importante aquí es entender que mitigar un instinto como el reproductor no es algo que pase por aprobar una ley en el BOE o porque Mercadona saque un nuevo producto. Es algo extremadamente complejo, y que está sucediendo a nivel global según se enriquecen las sociedades.

Como este argumento no habrá convencido a los escépticos, vamos a hacer el ejercicio de culpar al capitalismo, ya que en su afán de maximizar la producción provoca todos estos desbalances. En este escenario imaginario tenemos dos soluciones: la intervencionista y la liberal.

Las soluciones

La primera pasa por usar el Estado para externalizar el coste que tiene sacar de la producción económica a la mitad de la población durante parte de su edad fértil (que coincide con su edad más productiva). El resto de población tendrá que subvencionar vía impuestos esta merma en la productividad, creando descontento, emigración y todos los efectos que acompañan a una fiscalidad alta en país económicamente estancado.

La segunda pasa por persuadir a la población joven, mediante un cambio cultural, de que la paternidad es lo suficientemente valiosa como para renunciar, individualmente, a parte de sus ingresos. A cambio, sus hijos podrían ser excluidos en sus impuestos futuros del mantenimiento de las pensiones de aquellos que hayan optado por no tener descendencia.

Se puede optar por un híbrido entre las dos vías, mitigando con ello los efectos perversos de la primera opción. Pero al final la apuesta tiene que ir principalmente por uno de los dos caminos. En mi opinión ninguna de estas vías va a tener éxito, por pecar de simplistas. Pero mientras que la primera llevaría a una situación económica que la haría contraproducente, la segunda no le haría daño a nadie.

Es fácil: harás lo que yo te diga

Y es que al final con el problema de la natalidad nos encontramos con el mismo fenómeno que con el resto de los problemas sociales: unos tipos a los que se les da bien vender crecepelos prometiendo que la solución es sencilla y pasa por darles un poco de nuestra libertad. La nostalgia, el enfado y la frustración son vías de acceso a nuestra mente que saben usar bien. No solo no notamos el intento de engaño, sino que hasta elogiamos lo bien que comunican sus ideas.

Hay que aceptar que esto forma parte del juego, y simplemente estar alerta. Especialmente cuando los sentimientos que nacen en nosotros al leerlos es el pesimismo y autoflagelación. Ya que, como nos advirtió el maestro Revel, eso no conduce a nada bueno:

Clearly, a civilization that feels guilty of everything it is and does will lack the energy and conviction to defend itself