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La economía a través del tiempo (V): La educación y el trabajo para los sumerios

Hemos hablado de los primeros escritos encontrados en la historia y como estos tenían un marcado tinte económico. En esta ocasión vamos a tratar de revisar una serie de textos cuneiformes provenientes de Sumeria. En concreto, veremos unas traducciones de diversas tablillas.

Y es que los sumerios son los primeros en comenzar a dejar un registro escrito. Por ello, somos capaces de conocer determinados elementos sociales y creencias que mantenían, a diferencia de otros pueblos. Bien es verdad que existen tribus que han sabido mantener relatos probablemente durante milenios, pues antiguamente existía cierto nivel de incorruptibilidad en la tradición oral que ahora puede parecer fantasiosa.

Textos escolares de hace cuatro milenios y medio

Sin embargo, he decidido tratar esos casos cuando lleguemos a los primeros registros escritos de sus historias. Estoy pensando, por ejemplo, en los aborígenes australianos. En este caso no tenemos constancia de su tradición oral hasta pasado el 1.800, cuando los ingleses comenzaron a tener los primeros contactos con los indígenas. Por tanto, pese a que es probable que sus leyendas sean mucho más antiguas que las sumerias (hay registros de vida humana en el Lago Victoria de Australia hace alrededor de 40.000 años), dejaremos su análisis para otro momento posterior.

Entre 1902 y 1903, los arqueólogos descubrieron numerosos “textos escolares” sumerios provenientes del 2500 a.C. En concreto, estas tablillas muestran como era la educación de aquellos que se preparaban para ser escribas: los “hijos de las tablas”. La importancia de esta clase social era inmensa por ser los responsables de la administración y gestión económica de los templos y palacios. La dirección del centro escolar estaba a cargo de los ummia (especialistas) y los profesores eran conocidos como “padres de la escuela”. Existía la figura del  profesor auxiliar que era conocido como “gran hermano”.

¿Dónde has ido desde tu más tierna infancia?

Para hacernos una idea de la relevancia de los colegios sumerios podemos acudir al siguiente texto traducido de una tablilla (Company, 2011):

– ¿Dónde has ido desde tu más tierna infancia?

– He ido a la escuela.

– ¿Qué has hecho en la escuela?

– He recitado mi tablilla, he desayunado, he preparado mi nueva tablilla, la he llenado de escritura, la he terminado, después me han indicado mi recitación y por la tarde, me han indicado mi ejercicio de escritura. Al terminar mi clase he ido a mi casa, he entrado en ella y me he encontrado a mi padre que estaba sentado. He hablado a mi padre de mi ejercicio de escritura, después le he recitado mi tablilla y mi padre ha quedado muy contento… Cuando me he despertado, al día siguiente, por la mañana muy temprano, me he vuelto hacia mi madre y le he dicho: Dame mi desayuno, que tengo que ir a la escuela. Mi madre me ha dado dos panecillos y yo me he puesto en camino; me he ido a la escuela. En la escuela, el vigilante de turno me ha dicho: ¿Por qué has llegado tarde? Asustado y con el corazón palpitante, he ido al encuentro de mi maestro y le he hecho una respetuosa reverencia (pp. 136-137)

Estudias, o trabajas

Podemos ver una serie de escenas que podrían corresponder perfectamente a algo plenamente actual. Pero eso no es todo. Los sumerios rechazaban completamente la holgazanería. De manera que si uno no estudiaba, debía de trabajar para aportar algo a su familia. Así lo vemos en el siguiente texto traducido de una tablilla en el que se muestra un diálogo entre un padre y un hijo (Company, 2011):

¿Adónde has ido?

A ninguna parte.

Si es verdad que no has ido a ninguna parte, ¿por qué te quedas aquí como un golfo sin hacer nada? Anda, vete a la escuela, preséntate al “padre de la escuela”, recita tu lección; abre tu mochila, graba tu tablilla y deja que tu “hermano mayor” caligrafíe tu tablilla de nuevo. Cuando hayas terminado tu tarea y se la hayas enseñado a tu vigilante, vuelve acá, sin entretenerte por la calle. ¿Has entendido bien lo que te he dicho? (p. 139).

Y tras la regañina, el padre le muestra la suerte que tiene por estar estudiando en vez de tener un trabajo arduo: “Sé hombre, caramba. No pierdas el tiempo en el jardín público ni vagabundees por las calles (…). ¿Crees que llegarás al éxito, tú que te arrastras por los jardines públicos? Piensa en las generaciones de antaño, frecuenta la escuela y sacarás un gran provecho (…).

En mi vida no te he ordenado que llevaras cañas al juncal. En toda tu vida no has tocado siquiera las brazadas de juncos que los adolescentes y niños transportan. Jamás te he dicho: Sigue mis caravanas. Nunca te he hecho trabajar ni arar mi campo. Nunca te he constreñido a realizar trabajos manuales. Jamás te he dicho: ¡Ve a trabajar para mantenerme!”. (p.140)

Profesiones

Estas palabras, cargadas de actualidad, continúan dándonos varios detalles sobre las profesiones que se desempeñaban en el contexto sumerio:

Otros muchachos como tú mantienen a sus padres con su trabajo. Si tú hablases a tus camaradas y les hicieses caso, les imitarías. Ellos rinden 10 gur (72 celemines) de cebada cada uno; hasta los pequeños proporcionan 10 gur cada uno a su padre. Multiplican la cebada para su padre, les abastecen de cebada, de aceite y de lana.

No obstante, tú sólo eres un hombre cuando quieres llevar la contra. Pero comparado con ellos no tienes nada de hombre. Evidentemente, tú no trabajas como ellos… ellos son hijos de padres que hacen trabajar a sus hijos, pero yo… no te hice trabajar como ellos (…).

Conforme a la prescripción de Enlil, el hijo debe suceder a su padre en el oficio (p. 141).

Comportamientos que se mantienen

De esto último se deriva algo muy común en el mundo antiguo: la profesión era algo estrechamente ligado a la familia. Heredar el oficio del padre era lo habitual. Además, se puede extraer de esta reprimenda la importancia que el sumerio daba al trabajo. El aprendiz había tenido la oportunidad de estudiar para realizar una labor mucho menos pesada que los que se dedican a la agricultura. Su progenitor le recuerda, por tanto, la suerte que tiene al poder acceder a esa posición. También le ordena que no “vagabundee” y le pide que se centre. En consecuencia, podemos ver que hay determinados comportamientos que perviven inmutables a lo largo de los tiempos.

La educación es un privilegio, el trabajo es una obligación, la función paternal consiste en corregir al hijo… Principios atemporales, pese a que puedan existir idealistas que proponen modelos utópicos en los que se prometen eliminar estos elementos.

Bibliografía

Company Seva, D. (2011). Apuntes sobre los orígenes de nuestra civilización. Autopublicado.

Serie ‘La economía a través del tiempo’

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

El camino autoritario de Bolivia

Unas semanas atrás participé como ponente en un ciclo de conferencias (aquí) que organiza la universidad UCEMA de Buenos Aires. Fui como representante de la organización Libres en Movimiento. Nos convocaron los desafíos de la democracia, los avances y retrocesos experimentados al respecto en la región. También el análisis sobre el papel de las instituciones públicas a la hora de plantear respuestas en este contexto de constante cambio y volatilidad en Latinoamérica.

La conferencia giró en torno a la situación política en Bolivia en un momento clave. Hay proceso de desgaste interno que atraviesa el Movimiento al Socialismo (MAS). Se agudizan las prácticas autoritarias del régimen de Luis Arce. La oposición política actúa en un contexto de persecución, de carencia de propuestas estructurales alternativas. Y ello bajo un evidente intervencionismo del Gobierno en todas las instituciones públicas. Esto dificulta enormemente la construcción de un proyecto de oposición que prospere en el largo plazo.

Degradación institucional

Desde el año 2006, Bolivia ha sido testigo de la degradación institucional permanente y progresiva que ha ejecutado el MAS. Se agravaron las carencias que quedaron pendientes antes de la llegada del régimen al poder y que era necesario corregir, respecto de elementos que no se habían superado entonces. Desde el retorno a la democracia el año 82’, el sistema de justicia o la corrupción como enfermedad incrustada en las instituciones pública ha creado un sistema totalmente sometido al poder central. Tenemos una economía al borde de la crisis y una sociedad tan dividida y polarizada como en los peores momentos de la historia nacional, pero con un ingrediente adicional que caracteriza a este tipo de autoritarismos de corte populista: la fragmentación a través del odio.

En las próximas elecciones nacionales, en caso de noticia de última hora, se habrán cumplido casi veinte años desde la conquista del poder –atendiendo a los términos que ellos suelen batir en sus arengas: la permanencia en el poder pasa por el asalto y la lucha irreconciliable entre unos y otros– de Evo Morales y el MAS.

Trazos del sistema masista en Bolivia

El panorama que se vislumbra no es halagüeño. A lo largo de este periodo se ha reproducido una práctica política que será difícil superar. Ha exacerbado las falencias del sistema político bolivariano, como una base social construida desde el propio ideario autoritario. El sometimiento de todos los poderes públicos. La corrupción y el narcotráfico impulsados desde las instituciones públicas de representación, como el Gobierno. El prebendalismo y el corporativismo a costa de la distribución equitativa de los recursos del Estado. La inexistencia de un principio de imparcialidad a la hora de impartir Justicia. Y la desinstitucionalización de todo el sistema político. Todo ello para que, en medio del caos, sea más sencillo imponer el rodillo totalitario y someter a la ciudadanía.

El MAS representa lo opuesto a una alternativa democrática. Los componentes de este partido son diversos en cuanto a la base y la representación social. Pero se distinguen por su método de interacción con la sociedad y la administración pública. También por la concepción que tienen del espacio público en lo que respecta al quehacer institucional y a la práctica política democrática en sí misma.

Luis Arce

Ese es uno de los motivos por los cuales la lógica autoritaria del MAS no se diferencia en uno y otro momento desde el 2006. Y ello teniendo en cuenta el periodo transitorio entre el 2019 y el 2020, que significó un recambio en la representación del partido y en la presidencia del Estado. Habiendo ganado las elecciones nacionales en 2020, Luis Arce continúa poniendo a disposición de sus propias bases la síntesis de los trece años de gobierno de Morales. Esto supone un autoritarismo desempeñado desde el poder central que busca capturar el debate en torno a la sociedad, la igualdad, la conciencia ciudadana y la justicia social. Hilvana una lógica hegemónica de ruptura con el orden constitucional ya seriamente debilitado en ese momento.

Incluso, la lógica autoritaria de Luis Arce se agudiza porque carece de tres factores claves que, en parte, explican este proceso. Son la base social y política, la bonanza económica y la imagen internacional. Además, que su propio proyecto político está en juego y el tablero no se inclina en particular frente a un adversario de oposición, sino a un enemigo interno que le impone la radicalidad de su juego.

MAS es el problema

Por tanto, el problema no es del caudillo de turno, sino del partido político en sí mismo. Se agotan aquellos que piensan que con el MAS es posible llegar a acuerdos de Estado. Y que los hechos de violencia y de interrupción del orden constitucional son circunstanciales. Para que ello ocurra, el partido tendría que experimentar un revulsivo que haga reflexionar a las bases que lo componen y renovar los liderazgos que se vislumbran en su interior. Cuestión improbable observando su naturaleza de origen: organizaciones hiper-verticalistas y personalistas, que entienden el proceso democrático como un puente entre lo deseado y lo obtenido a costa de la legalidad.

La democracia es una conversación pública de voces plurales. Es el proceso mediante el cual convergen posiciones distintas, pero que tienen la predisposición de llegar a un acuerdo que construya la idea de habitabilidad entre todos. La política es el vehículo para ello.

En Bolivia es necesario y urgente cambiar esa concepción de la política. Fortalecer la idea que se ha concebido a la hora de defender la democracia y asegurar su instalación en el sistema público, como forma de convivencia entre todos los bolivianos. No caben medias tintas a la hora de denunciar los hechos que ponen en evidencia el totalitarismo perpetrado por el MAS. Es el momento de trasladar a la ciudadanía, con contundencia, la esperanza en un proyecto político alternativo. Éste ha de ser capaz de atraer la convicción de la gente en hacia una propuesta para de su vida, más allá de la falsa política que ha experimentado el país en las últimas décadas.

El innecesario terror empresarial hacia la inteligencia artificial

ChatGPT, un prototipo de un robot de inteligencia artificial que es capaz, por medio de un sistema de chat, de producir respuestas a preguntas escritas, se ha convertido en el nuevo terror nocturno de muchas personas.

El bendito robot

Comencemos con los abogados y la ingente cantidad de horas de sueño que pierden ante el prospecto de ser reemplazados por el robot escribiendo contratos. Ya un par de ellos se me han acercado con los ojos vidriosos, llenos de pánico ante la noción, ante la posibilidad. Uno requirió del robot que redactara un contrato, tomando en cuenta determinadas condiciones, como las formas en las que se repartirán los riesgos en algunas situaciones, indicando el precio, el objeto contractual y, la identificación de las partes. Ante la mirada incrédula del mecanógrafo glorificado, el robot convirtió todo ésto en un texto plagado de cláusulas. Todo esto en cuestión de segundos y a un costo energético inferior al de freír un huevo.

Lo siento por mis cercanos abogados practicantes. Muchas de sus tareas serán automatizadas por el robot. De hecho, mucho antes de la llegada del temido robot artificialmente inteligente ya estaban funcionando como autómatas, respondiendo automáticamente a estímulos externos. ¡Mírenme a los ojos y nieguen lo usual que resulta recibir una consulta de un cliente, tomar nota del nombre, del de la contraparte, de lo que se quiere hacer por medio del contrato, los plazos y la condiciones, para después abrir un archivo en una carpeta alojada en el disco duro de sus computadores con nombre “modelos y minutas,” y reemplazar los elementos necesarios en el texto modificado solo hace un día!

If this, then that

Se trata ésta de una tarea típica de ITTT (if this, then that). Cuando el potencial cliente atraviese la puerta, saludar. Después de dar la mano, caminar a través del pasillo donde están colgados los certificados de todos los seminarios de actualización los sábados en la mañana en algún hotel de cadena -ante los vestigios de la fiesta de grado de la noche anterior. Donde se lea “nombre,” introducir el de una de las partes. Cuando se diga “domiciliado en,” introducir lugar donde vive la parte. Cuando se lea “cláusula arbitral,” introducir la misma bendita cláusula que ya hace años redactó x o y cámara de comercio, etc. No antes de las 18:00 del viernes siguiente, enviar texto del contrato como archivo de Word 96 adjunto a un mensaje de correo electrónico a dirección gerenciapollollon@orotel.org. Fin de la instrucción.

El empresario y la automatización

Cualquier individuo que ejerza la función empresarial, es decir, cualquier individuo que se encargue de coordinar las acciones de los dueños de los factores de producción con las de los consumidores por medio de la innovación, puede ver que varias de sus tareas más cotidianas sean susceptibles de automatización. Su ejecución, entonces, puede ser por medio de un robot que integre algún tipo de tecnología de IA. Cuando el vendedor reciba una transferencia bancaria como pago por un servicio, el robot puede encargarse de enviar automáticamente una confirmación, con un agradecimiento y un número de rastreo. Éste correspondería a un envío que, segundos antes, ya habría ejecutado, por medio de una empresa de transporte.

Un abogado podría -y será- asistido por un robot similar. Es probable que, eventualmente, reciba un mensaje de correo electrónico de un cliente habitual, solicitando un contrato con tal persona, para hacer tal cosa, y el robot se encargaría, en cuestión de segundos, de responder el mensaje adjuntando el archivo con el contrato -posiblemente, mejor- redactado. Incluso se podría instruir al robot para que incluyera el grado óptimo de latinismos.

El innecesario terror empresarial hacia la inteligencia artificial

Éstas son actividades que son necesarias para el empresario al enfrentar el problema de comprender cuáles son las necesidades de los agentes del mercado: cuáles sus grados de urgencia, cuál el momento en el que se podrían satisfacer y a qué precios lo haría. La verdadera pregunta no es si puede la IA ejecutar esas acciones a un menor costo que cualquier humano, pues esta pregunta se contesta con un sí vociferante. En realidad, la pregunta de fondo es si la inteligencia artificial puede reemplazar la función social dentro de la economía de mercado del empresario.

Las opiniones en favor del reemplazo del empresario por robots de inteligencia artificial son tantas como son ambiciosas. Se ha afirmado al respecto que mejores y más sofisticados algoritmos conllevan a mejor servicio y un mayor éxito empresarial. Incluso, que los atributos del empresario -de materia individual, de naturaleza racional- exitoso, cómo enfrentar la incertidumbre del futuro y mantener un agudo sentido para interpretar señales del mercado, son prácticamente cosas del pasado. Además de esto, también se ha dicho, haciendo referencia al deep machine learning, que es comparable con el aprendizaje del que son capaces los seres humanos, dando a entender que, mientras que un agente puede posiblemente perder la concentración y cometer un error en ese proceso de aprendizaje, un robot no estaría expuesto a esa posibilidad.

El robot triunfa en un mundo de valores objetivos

El empresario exitoso, es decir, aquel que es capaz de satisfacer las necesidades de los consumidores a cambio de ganancias empresariales, actúa en un contexto de incertidumbre, aprovechando los errores que se comenten en el mercado. Las afirmaciones acerca del eventual reemplazo del empresario parten de una premisa esencialmente problemática: la objetividad del valor de los fines de los individuos y de los medios para conseguirlos. Siendo el valor objetivo, no es más una experiencia de los individuos, sino algo intrínseco que irradia de los medios, y que se puede conocer respecto de las necesidades sin esperar a que los individuos lo revelen por medio de sus acciones voluntarias.

Para conocer el valor de las necesidades, por ejemplo, las acciones no valdrían más que mil palabras. El conocimiento sobre las valoraciones sería científico y, por ende, la forma de llegar a él sería por medio de, por ejemplo, por medio de la lectura o el cálculo matemático. Sería medible y expresable por medio de una serie de complejos sistemas de ecuaciones. Para conocer las valoraciones, entonces, tanto de los individuos como de la sociedad, sería tan solo necesario una sofisticada operación matemática de maximización.

El conocimiento sobre las valoraciones, de los costos, de lo que está llamado a ser producido y de lo que no, no tendría que ser descubierto, por medio de la acción de los individuos, vendiendo y comprando todo el tiempo. Por el contrario, ese conocimiento estaría ya dado (y de ahí la palabra dato) como aquellos que procesaría el robot.

Una cuestión de maximización

Con una cantidad vasta de datos acerca de las preferencias de los agentes, un robot de inteligencia artificial podría conocer las necesidades de los consumidores, las valoraciones de los dueños de los factores de producción en cuestión de segundos y por medio de algún tipo de función de maximización, ejecutada un computador con una alta capacidad de procesamiento de información. De ser esto así, un robot no tendría por qué preocuparse de cometer errores ni lidiar con la incertidumbre.

Gran parte de la incertidumbre que enfrentamos los individuos es acerca del rumbo de las acciones de los demás en el futuro, determinadas por sus respectivas escalas de valoración. Acertamos o erramos, entonces, en nuestro intento de conocer y actuar de acuerdo a esos cursos de acción, tratando de satisfacer aquellas necesidades directa o indirectamente. Con información perfecta acerca de las preferencias de los demás agentes del mercado en el futuro, no habría posibilidad alguna de cometer errores y tampoco falta de certeza acerca del rumbo de las acciones de los demás, puesto que la información en la que se expresa es data.

Valor subjetivo

Precisamente por no ser el valor objetivo, sino subjetivo, precisamente por el hecho de que hay cosas que son necesidades para unos individuos, pero no para otros, precisamente porque para algunos individuos algunas cosas son valoradas como medios, pero para otras no, la información necesaria para poder determinar qué producir y qué no, no está dada.

Esta información está llamada a ser descubierta, en un proceso a través del cual los individuos, voluntariamente, revelan sus preferencias a través de sus acciones. Son sus acciones las que revelan sus preferencias y la información acerca de éstas se transmite a través de los precios que resultan de todo el concierto de intercambios que componen el mercado. Como la información respecto de aquellas valoraciones es del sujeto, obedeciendo a coordenadas de tiempo y lugar que surgen, pero que jamás se repiten, no es susceptible de conocerse por medio de operaciones matemáticas; no es posible conocerlo de manera perfecta. Conforme van cambiando las preferencias, así va creándose cada vez nueva información acerca de ellas -y ese proceso, al no cesar jamás, no puede alcanzar un grado de perfección, en donde nada le sobre o falte.

Un robot no puede sustituir a un empresario

El empresario no puede conocer qué producir, en qué momento hacerlo ni a qué precio por medio del análisis de datos, sino que tiene que juzgar qué curso de acción tomar por medio de la comprensión de la información que transmiten los precios. Esa información no puede ni siquiera verbalizarse, mucho menos formalizarse de manera escrita, de tal manera que se pueda alimentar un procesador con ella. En ese proceso, haciendo una imagen de cómo será el futuro en términos de las valoraciones, el empresario puede acertar, pero también cometer errores -y los cometerá, independientemente de lo ingente de su esfuerzo por no desconcentrarse.

Sus errores son, a su vez, conocimiento en el mercado, para otros empresarios, acerca de lo que no es prudente hacer y “sugieren” otros cursos de acción. Incluso cuando el empresario acierta y consigue ganancias, también esto es interpretado como un error por parte de otros. Satisfizo el empresario ciertas necesidades, pero, siendo subjetivas las preferencias, no pudo hacerlo con todas y esto es comprendido por otros potenciales empresarios como un error para aprovechar. El aparente éxito empresarial de Apple con el iPhone es interpretado por Google como una oportunidad de ganancia empresarial por medio de la producción de Android.

El robot artificialmente inteligente no puede reemplazar al empresario y, por ahí derecho, ninguna acción humana que se encargue de comprender las necesidades futuras de los demás para actual de acuerdo a ellas. Al desaparecer tanto el error como la incertidumbre del futuro -lo cual no es posible mientras tengamos agencia- desaparecen las dos condiciones de posibilidad de la función empresarial.

Not today…

Así que, por el momento, a despreocuparse. El robot no nos reemplazará. Lo que sí hará será disminuir una gran cantidad de costos de producción de aquellos procesos que podrán automatizarse -que ya, de entrada, lo estaban- lo cual liberará la mente humana aún más para continuar con su incansable afán de inventar medios novedosos, para aquellas necesidades que seguirán surgiendo.

Eso sí, el final del abogado escribano que responde a estímulos externos automáticamente está cerca. Muy cerca -y lo último que verán sus ojos será la fría sonrisa de ChatGPT.

Ver también: Por qué la inteligencia artificial no puede pensar

A vueltas con el positivismo jurídico (III): sus antecedentes filosóficos en Kant

En los artículos anteriores de esta serie (I, II) recordamos, en una primera aproximación, los rasgos característicos esenciales del positivismo y destacamos algunas de las contradicciones internas del sistema. Además, puse de manifiesto el distanciamiento que dicha corriente supone respecto de la idea de la justicia y del derecho clásicos. En este artículo vamos a intentar bucear en el origen de esa ruptura -del positivismo con los planteamientos “clásicos”-. Buscamos entender el recorrido que, desde ahí, han tenido las dos posturas fundamentales que estamos comparando -positivismo jurídico frente a la corriente del derecho natural- y la relación de ambas con el liberalismo.

Como ya recordábamos, si bien los clásicos distinguían dos ideas de justicia -la general y la particular- no existía realmente contradicción entre ambas. La justicia general es una suerte de conformidad entre la conducta del individuo y la ley moral. Por justicia particular se entendía lo “debido”, aquello que le corresponde al otro y que, por tanto, “hay que darle”. El hombre justo es quien no coge más de lo que le corresponde, ni contribuye con menos de lo que es su obligación. “Lo que corresponde” depende de la naturaleza de las cosas y de las personas. También depende de la situación actual a la que se ha llegado tras el transcurso del tiempo. Así, la justicia particular era una suerte de concreción o especie de la justicia general.

Immanuel Kant

Con Kant, sin embargo, los campos de lo jurídico y de la moral se deslindan. Distingue entre ambos en función de la motivación de la acción: aquella norma que hace del deber interno el motivo de la acción es moral. La que admite otras motivaciones -más allá de la actitud interior- es jurídica. Así, mientras el derecho es una norma heterónoma -externa- cuya razón de deber le viene al sujeto dada del exterior, la moral -aunque pueda prescribir también acciones exteriores- es una norma interna. De ahí se deduce que la legalidad o ilegalidad de la acción es la mera coincidencia -o no- de la acción con la ley externa. La moralidad viene dada por la coincidencia entre la motivación del obrar y el deber impuesto por la ley interna.

Pero la cosa no se queda ahí y se complica: aunque la moral es, para Kant, el reino de las normas internas, y el derecho el de las externas, existe un deber moral de cumplir por imperativo categórico interno. Es decir, por prescripción moral, el deber de cumplir la norma jurídica. El derecho debe, así, cumplirse por razones estrictamente formales (porque es un simple deber: “El convertir en máxima para mí el obrar de acuerdo con el derecho es una exigencia que la ética me formula”). Y con ello se empieza a quebrar la necesidad de que el deber moral de cumplir la norma jurídica tenga relación con valores materiales relacionados con lo justo o con el bien común. Esto es, existe ese deber no en virtud de unos valores materiales o unos fines -imperativo hipotético-, sino en virtud de un imperativo absoluto: hay que hacerlo simplemente porque es obligación.

La semilla del positivismo

Como vemos, esa concepción de la norma jurídica, que debe cumplirse porque existe un deber moral -interno- de que así se haga, al margen de su contenido, vemos que tiene ya resabios, aunque sean seminales, de lo que después será el positivismo. Eso no implica que Kant sea positivista. Y es que Kant sí reconoce el fundamento racional del derecho positivo. Para el filósofo de Könisberg, hay una serie de principios que la Ciencia del derecho debe tener en cuenta. Pero se trata, como se ha visto, de unos principios formales, a priori.

Aun así, que Kant no sea positivista en el sentido que nosotros venimos utilizando no significa que se le pueda considerar iusnaturalista, como pretenden algunos. En efecto, Kant habla de derechos y leyes “naturales”, innatas. Leyes jurídicas anteriores al derecho positivo y que obligan a priori antes de cualquier imposición por parte de la autoridad. Esto lleva a algunos a considerarle “iusnaturalista”. Pero para él dichas leyes -les dé el nombre que les dé- no son “naturales” en el sentido de que se refieran a la naturaleza o puedan ser conocidas por la experiencia. Utilizar el término “iusnaturalista” no deja de ser un jugar con las palabras, cambiando su sentido en medio de la partida, para aparentar lo que no se es.

La ley es formal, y queda desvinculada de la justicia

El valor del derecho queda, pues, reducido con Kant a un mero condicionamiento formal (“cumplir porque es un deber”). No hay una eferencia a algo material -porque sea lo “justo” o lo dirigido al “bien común”-. Está basado en unos principios generales e inmutables previos que la Ciencia del derecho debe tener en cuenta. Pero siendo el derecho formal por su esencia, y desentendido de sus contenidos. Así, con Kant se abre una grieta, por tanto, en la relación entre el derecho y los fines naturales del hombre. Con el tiempo llevará a la ruptura entre el positivismo jurídico, según lo conocemos, y los planteamientos iusnaturalistas clásicos. Ello derivará en que la ley sea obligatoria por el simple hecho de ser ley -al margen de su justicia-.

Nuestro autor continúa hablando de derecho “natural”, leyes “naturales”. Pero es en un uso del término “natural” alejado del de los clásicos. Habla de derechos subjetivos innatos, pero los reduce a la “libertad”, de la que los demás son corolario. Y es que para Kant el derecho es “el conjunto de las condiciones en virtud de las cuales la libertad de cada uno puede coordinarse con la libertad de los demás, según una ley general de la libertad”.

En la próxima entrega profundizaré en la fundamentación iusnaturalista -en comparación con la kantiana-, en su concepción del hombre y en el papel que la libertad juega en la naturaleza y vida de éste, distinguiéndola también de las posturas liberales.

Serie ‘A vueltas con el positivismo jurídico

(I) Las inconsistencias del iuspositivismo

(II) La idea clásica de la justicia, y su relación con el Derecho

Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista? (II): Las columnas libertarias

En el primer artículo de esta serie analizamos las colectividades anarquistas en la Guerra Civil. Cómo se llevaron a cabo, su recorrido e importancia en el conflicto, y atendiendo al título del artículo, nos preguntamos si fueron una verdadera experiencia anarquista. En este segundo artículo hablaremos del segundo de los pilares que conforman mi estudio del anarquismo en Aragón: las columnas militares.

Milicias Antifascistas

Si en una guerra la economía es importante, el aspecto militar lo es aún más. El control armado es imprescindible para estructurar cualquier revolución. Tras el golpe de Estado de julio de 1936, había aparecido un vacío de poder que habían ocupado las milicias armadas. El Estado republicano fue incapaz de controlar militarmente la situación. Las milicias, organizadas muchas veces a través de los sindicatos y partidos, acabaron haciéndose con el control de la calle.

El día 21 de julio se creó el Comité Central de Milicias Antifascistas y comenzaron a organizarse las columnas militares desde Valencia y Cataluña para liberar a Zaragoza de la “bestia fascista”. Se trataba de un organismo compuesto por las fuerzas y sindicatos leales a la república, controlado por la CNT, que se encargaría de dirigir el proceso bélico y revolucionario. Algunas de las figuras más relevantes que formaron parte del comité fueron García Oliver o Abad de Santillán.

Comité de Guerra del Frente de Aragón

Más tarde se constituiría el Comité de Guerra del Frente de Aragón, su composición era muy heterogénea. Tenía tres cenetistas (Buenaventura Durruti, Antonio Ortiz y Cristóbal Aldabaldetrecu), un ugetista (José del Barrio), un representante del POUM (Jordi Arquer) y seis asesores militares: Franco Quinza, el coronel Villalba, el teniente coronel Joaquín Blanco, el comandante Reyes y los capitanes Medrano y Menéndez[1]. Se ha hablado mucho en torno a las cifras de los hombres que conformaron las columnas. Las fuentes anarquistas oscilan entre los 20.000 y los 30.000, lo que es una cifra del todo exagerada. El historiador Martínez Bande habla de 15.000, una cifra que puede estar más cercana a la realidad.

Entre los días 21 y 23 de julio las milicias penetraron en el territorio aragonés para intentar tomar las tres capitales de provincia, Zaragoza, Huesca y Teruel. Las tropas de la V División y miembros de la guardia civil controlaron las principales localidades de Aragón, a excepción de Barbastro. Desde mediados de agosto Aragón quedó dividido en dos zonas bien diferenciadas, el oeste, zona de mayor implantación ugetista, controlado por el bando sublevado. El este, zona mayoritariamente cenetista, controlado por las milicias y las columnas.

La miliciana

Las milicias impusieron su autoridad más fácilmente en aquellas localidades donde no había sindicatos antes de la sublevación[2]. Los milicianos realizaron una dura represión contra comerciantes, propietarios, conservadores y miembros del clero. Se quemaron iglesias y conventos a la vez que se destruían imágenes y objetos de culto religioso delante de las puertas de los centros religiosos. En Aragón fueron asesinados 549 miembros de la Iglesia, de ellos casi 400 en Huesca, con el caso especial de Barbastro, donde se asesinó al 88% de la diócesis[3].

En la situación inicial de las milicias, la mujer cobró un protagonismo que hasta ahora no había conseguido. La figura de la miliciana aparecería como algo mítico, empuñando un fusil y vistiendo un mono azul como cualquier otro hombre. Pero este sueño fue muy efímero, desde septiembre de 1936, con la llegada de Largo Caballero a la presidencia del gobierno, la mujer fue apartada del frente. Ni siquiera la asociación de Mujeres Libres pudo hacer oposición a esta situación, la mujer se vio relegada una vez más a labores de retaguardia e intendencia.

Homenaje a Cataluña

En cuanto a la organización de las columnas, durante los primeros meses fue bastante similar. El primer paso era el reclutamiento de combatientes, cada sindicato o partido político anunciaba por los distintos medios de comunicación el llamamiento a filas con una dirección a la que acudían los voluntarios. En el momento en el que se alistaba se les pagaba diez pesetas diarias y comenzaba su proceso de instrucción. El material militar que recibían los milicianos era de pésima calidad, en ocasiones incluso inservible. Orwell lo relató muy bien en su obra Homenaje a Cataluña, muchos de los fusiles y granadas que utilizaban eran del S.XIX y prácticamente no había ametralladoras y morteros.

Posteriormente veremos como dependiendo de la afinidad ideológica de cada columna se organizaban de una manera diferente. Centrándonos en el caso que nos ocupa, las milicias de la CNT-FAI se organizaban de una manera revolucionaria, evitando jerarquías típicas del ámbito castrense. La unidad básica era la centuria, divididas en grupos de 25 hombres. Cinco centurias componían una agrupación.

“Microcosmos de una sociedad sin clases”

En cuanto a la elección de delegado se hacía de manera asamblearia, cada grupo elegía a su delegado, y todos ellos, al delegado superior de la centuria. Los delegados de la centuria elegían a su vez al delegado de la agrupación que integraban el Comité de Agrupación, organismo supremo de una columna anarcosindicalista. A estos delegados se le sumaba un asesor militar, normalmente un oficial del ejército, pero que no contaba con voto. No había una vestimenta o un armamento reglado, cada miliciano tenía libertad para vestir como quería, además tanto delegados como soldados se trataban de la misma manera. En palabras de Orwell: “Las milicias españolas, mientras duraron, constituyeron una especie de microcosmos de una sociedad sin clases”[4].

Hubo gran cantidad de columnas, pero sin duda las más relevantes fueron las que partieron desde Barcelona: La Columna Lenin (organizada por el POUM), Ascaso, Carlos Marx, Ortiz, Durruti y Macià-Companys. La Columna Ortiz fue una de las primeras en estructurarse en Barcelona, alrededor de 800 combatientes salieron de Barcelona hasta llegara Caspe. Allí absorbió a gran parte de las milicias que estaban combatiendo desde los primeros días de la guerra, llegando a acumular alrededor de 2.000 hombres.

Las columnas

La Columna Ortiz era una de las más efectivas a nivel militar y logístico, fue el contingente que más se adentró en el territorio aragonés, aunque tuvo que replegarse. Antonio Ortiz fijaría su cuartel general en Caspe y, posteriormente, en Híjar. La Columna Ascaso saldría de Barcelona un día más tarde, el 25 de julio, y tomaría su nombre del recién fallecido anarquista, Francisco Ascaso. Estaba compuesta por alrededor de 1500 hombres y establecieron el cuartel general en la localidad de Vicién, protagonizaría enfrentamientos en las inmediaciones de Huesca[5].

Cabe destacar también la acción de la Columna Pirenaica, compuesta por milicianos aragoneses y catalanes comandados por Mariano Bueno, que tomaron la posición más septentrional del frente. La única columna compuesta en su totalidad por combatientes aragoneses fue la denominada Milicias de Barbastro, estaba comandada por el coronel Villalba. Recordemos que Barbastro fue la única gran localidad de Aragón donde no triunfó el golpe de Estado en primera instancia.

El PSUC y la UGT también tuvieron su propia columna, más tarde se denominaría Carlos Marx, estaba compuesta por alrededor de 3.000 milicianos. Su aportación militar más relevante fue la toma de Almudévar. El POUM también contaba con su propia columna, la Columna Lenin, integrada por 1.500 hombres dirigidos por Jordi Arquer y Manuel Grossi, procedente de Asturias.

El frente aragonés

Tras el fracaso de la toma de la isla de Mallorca, parte de las tropas destinadas a las Islas Baleares fueron enviadas al frente aragonés, creándose la columna Roja y Negra. También se constituyó en el mes de agosto la columna de ERC, Maciá-Companys, cuya área de actuación fundamental será Montalbán. Las columnas procedentes de Valencia tardaron unos días más en organizarse, hasta agosto no salieron las dos grandes columnas valencianas. La Torres-Benito, compuesta por milicianos de distintos sindicatos y partidos políticos, y la Columna de Hierro, con un claro carácter revolucionario. Ya en septiembre tendremos la columna valenciana con mayor influencia comunista, la Eixea-Uribe, comandada por Juan Antonio Uribe, diputado del PCE.

A principios de octubre se organizará la que seguramente fue la columna valenciana con mayor eficacia en el campo de combate, la Columna Peire, compuesta por militares entrenados y con buen material[6]. Los enfrentamientos entre las columnas y los militares sublevados se dieron a lo largo y ancho de todo el frente. La falta de preparación, experiencia y material de las columnas hizo que partieran con una gran desventaja. 

Largo Caballero llega al poder

Con la llegada de Largo Caballero al poder y sobre todo tras los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, se produjo un proceso de militarización de las columnas. Como indica Julián Casanova, no seriamos honestos si dijéramos que no hubo un debate interno dentro de las filas del anarquismo en torno a la militarización. Son necesarias nuevas investigaciones que estudien las posibles contradicciones entre el ideario anarquista y las actuaciones que llevaron a cabo, no sólo a nivel militar, sino también a nivel político.

Entre enero y febrero de 1937, prácticamente todas las columnas de milicianos fueron integradas en el nuevo Ejército Popular de la República (EPR), encuadrando a los soldados en una tradicional jerarquización militar. Únicamente quedaron excluidas de la militarización dos columnas, la Macia-Companys y la Pirenaica, que se quedaron como dos brigadas autónomas, la 131 y la 130 respectivamente.

La Columna Ortiz quedó integrada en la División 25, compuesta por las brigadas 116, 117 y 118. La Columna Durruti pasará a ser la División 26, compuestas por las brigadas 119, 120 y 121. Su jefe será Ricardo Sanz, recordemos que Buenaventura Durruti había fallecido el 20 de noviembre. El comunista Antonio Trueba será el encargado de dirigir las brigadas 122, 123 y 124, que componían la División 28, antigua Columna Ascaso. Finalmente, la Columna Lenin quedará restituida como la División 29, con únicamente dos brigadas, la 128 y la 129.

CNT y FAI no aceptan la militarización

Esta sería la estructura militar básica hasta la caída del frente de Aragón en marzo de 1938[7]. Aunque había sectores anarquistas que no apoyaban esta militarización, había grandes personalidades como Joaquín Ascaso que sí que la vieron con buenos ojos. En una entrevista de Lucien Hausard decía lo siguiente: “En las presentes circunstancias, la militarización es absolutamente precisa, indispensable […] Es evidente que, de acuerdo con ello, la CNT y la FAI no pueden aceptar la militarización y el mando único más que bajo el control de las organizaciones revolucionarias”[8].

A pesar de la innovación y el furor revolucionario de las milicias, a nivel estrictamente militar podemos decir que fue un fracaso. Su objetivo principal era tomar las tres capitales de provincia de la región aragonesa, especialmente Zaragoza. Pese a que tuvieron sitiadas a Huesca y Teruel, no pudieron conseguirlo. Paola Lo Cascio explica este fracaso por varios factores, en primer lugar, la falta de organización y coordinación. La improvisación de los propios milicianos hizo que no se estableciera ningún plan concreto a nivel estratégico, además del continuo debate sobre si hacer primero la revolución y después la guerra o al contrario[9].

Una corta experiencia anarquista

Por otro lado, la gran cantidad de sindicatos y partidos políticos que organizaron las milicias provocó una gran atomización del poder. La falta de un organismo central hizo que cada columna hiciera la guerra por su cuenta, sin conformar un plan operacional y táctico entre las distintas milicias. Por último, un tema tremendamente relevante en un conflicto bélico, el material militar. La mala calidad y antigüedad del armamento que utilizaban las milicias era enorme, sin contar con la falta de municiones, armamento pesado y artillería.

De nuevo, al igual que con las colectividades, nos encontramos con una experiencia anarquista muy corta. El conflicto interno dentro de las filas anarquistas entre el ideario anarcosindicalista y su actuación dentro del campo de batalla era evidente. Con esta información podríamos entrar en un largo debate sobre la defensa y la seguridad descentralizada. ¿Es realmente efectivo un ejército sin una autoridad jerárquica y central? ¿Fueron las milicias anarquistas un fracaso a nivel militar por no estar sujetas a una estructura castrense?


[1] Julián, Casanova, De la calle al frente…, op. cit., p. 166.

[2] Ibidem, pp. 170-171.

[3] Ibidem, p. 174.

[4] George, Orwell, Homenaje a Cataluña…, op. cit., p. 133.

[5] Paola, Lo Cascio, “las columnas hacia el frente de Aragón”, en José Luís Ledesma (ed.), El estallido de la guerra. La sublevación militar y la llegada de las milicias, Barcelona, Diputación Provincial de Zaragoza-El periódico de Aragón, 2006, col. “La Guerra Civil en Aragón”, pp. 70-80.

[6] Ibidem, pp. 81-90.

[7] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., p. 114.

[8] Joaquín, Ascaso, Memorias (1936-1938) Hacia un nuevo Aragón. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2006, p. 138.

[9] Paola, Lo Cascio, “las columnas…”, op. cit., p. 90.

Serie Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista?

(I) Las colectividades

‘Get Woke, Go Broke?’

James E. Hartley. Este artículo fue publicado originalmente por Law & Liberty.

El capitalismo de mercado es una dimensión creciente y preocupante de la vida económica y política contemporánea, especialmente entre las gigantescas corporaciones multinacionales que dominan tantos aspectos de nuestras vidas.

Carl Rhodes

Capitalismo moralista

Estos lamentos se han hecho omnipresentes en los círculos conservadores. Se ha vuelto difícil seguir el ritmo de la indignación del día. Las empresas despiertas han adoptado las normas de los programas favoritos de la izquierda, tanto en la publicidad como en las declaraciones públicas, así como en la adopción de las directrices ESG (Environmental, Social, and Governance) y DEI (Diversity, Equity, and Inclusion), dejando a los conservadores echando humo.

Lo sorprendente es que la cita inicial no fue escrita por un conservador. Es la valoración de Carl Rhodes en Woke Capitalism: How Corporate Morality is Sabotaging Democracy. Rhodes, profesor de Estudios de Organización en la Universidad Tecnológica de Sydney, es un progresista muy orgulloso. Aunque odia el capitalismo moralista tanto como todos esos “reaccionarios de derechas”, se esfuerza por asegurar al lector en casi todas las páginas que él no es uno de ellos.

La concentración del poder político

¿Hemos encontrado por fin un punto de acuerdo entre conservadores y progresistas? ¿Es éste el principio del fin de la guerra cultural? Consideremos el siguiente par de citas. La primera es de Mark Hemingway en Law and Liberty. La segunda es de Rhodes.

Parece obvio que el capitalismo, y su necesaria regulación, funciona mejor cuando todos tenemos claro dónde acaba el interés propio y dónde empieza la responsabilidad social. El “capitalismo despierto” está desdibujando claramente esa línea. Si crees que se puede confiar en los directores ejecutivos obscenamente ricos para que digan al votante medio qué es lo que más le conviene en relación con la masculinidad tóxica, los derechos de los homosexuales, la libertad religiosa o cualquier otra cuestión controvertida, probablemente comprarás cualquier otra cosa que vendan.

El verdadero peligro del capitalismo woke no es que debilite el sistema capitalista, sino que cimente aún más la concentración del poder político en una élite corporativa … [lo que es] una amenaza para una política progresista que se atreve a mantener la esperanza en la posibilidad de la igualdad, la libertad y la solidaridad social.

Carl Rhodes

El fenómeno del rico moralista

Obsérvese que, aunque el lenguaje es diferente, ambos pasajes critican exactamente lo mismo. ¿Qué derecho tienen los CEO ricos a engrandecerse más allá de la esfera económica para convertirse en las principales voces a la hora de abordar los males sociales?

En cierto sentido, el análisis del problema que hace Rhodes podría estar sacado directamente de la obra de Michael Novak El espíritu del capitalismo democrático, en la que se describe perspicazmente una división tripartita del poder. Primero está el orden político, un conjunto de representantes elegidos democráticamente; en segundo lugar, el orden económico, un sistema de libre mercado con empresas que buscan beneficios; y en tercer lugar, el orden moral-cultural, con iglesias, universidades y medios de comunicación que compiten por la influencia en el mercado de las ideas. Novak argumenta enérgicamente que esta división de poderes da lugar a una sociedad más sana que aquella en la que existe una fuente unitaria de poder.

En términos de Novak, el problema del capitalismo woke es que hace que el propio sistema se desmorone. Como dice Rhodes

El capitalismo woke no respeta los límites. Implica que las organizaciones del segundo sector asuman las responsabilidades de los otros dos. El problema es que, mientras que el Estado y el tercer sector no tienen ánimo de lucro, el segundo sector, por definición, sí lo tiene. Cuando este afán de lucro repercute en las actividades de los otros dos sectores, las cosas cambian.

Carl Rhodes

Rhodes tiene poca paciencia con los progresistas que se alegran de que los líderes empresariales abracen sus causas favoritas. Los que celebran el Capitalismo Woke son “ingenuos, si no crédulos”.

¿Por qué es un problema el Capitalismo Woke?

En cuanto al criterio de la ferocidad retórica dirigida a las empresas que adoptan causas políticas progresistas, Rhodes no cede nada a los críticos conservadores que tan claramente desprecia. Está totalmente de acuerdo con los conservadores en que las empresas están sobrepasando los límites que les corresponden en la sociedad. Pero, antes de celebrar esta unificación de la izquierda y la derecha, debemos señalar que hay una diferencia fundamental en las críticas. En la frase de dos palabras “Capitalismo moralista”, ¿cuál es la palabra problemática?

Para los conservadores, el problema es “Woke”. Como dijo Milton Friedman: “La responsabilidad social de las empresas es aumentar sus beneficios”. El trabajo del directivo es actuar de acuerdo con los deseos de los accionistas, cuyos deseos “generalmente serán ganar tanto dinero como sea posible mientras se ajustan a sus reglas básicas de sociedad, tanto las plasmadas en la ley como las plasmadas en la costumbre ética”. El problema del capitalismo moralista son los directores generales que han decidido perseguir otros objetivos, independientemente de la rentabilidad de la empresa o, en algunos casos, en detrimento de ella. Especialmente irritante para los conservadores es que las empresas parecen abrazar todas las obsesiones de la izquierda.

Excoriar a Jeff Bezos

Rhodes, por su parte, cree que el problema del capitalismo moralista es el “capitalismo”. El problema no es que las corporaciones expresen su acuerdo con las causas que Rhodes abraza. El verdadero problema es que las corporaciones aún no se han comprometido a un pacto suicida.

Considere algunos de los ejemplos que Rhodes discute ampliamente. Jeff Bezos se comprometió con 10.000 millones de dólares para luchar contra el cambio climático. También batalló con Trump por la inmigración. Ganó un premio de la Campaña de Derechos Humanos por su apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo. Después de señalar todas estas cosas, Rhodes excoria a Bezos. El principal problema: Amazon, la empresa que generó tanta riqueza para Bezos, gestiona activamente sus asuntos financieros para minimizar los impuestos que paga. Como señala Rhodes, no están haciendo nada ilegal al evitar los impuestos. Simplemente están siendo inmorales. “Tenemos que recordar aquí que pagar impuestos es la principal forma en que las corporaciones pueden contribuir a la sociedad”. Se podría pensar que las empresas contribuyen a la sociedad pagando a sus empleados y suministrando bienes y servicios a sus clientes, pero esas contribuciones no son nada comparadas con los ingresos fiscales que aportan al gobierno.

Gilette y la “masculinidad tóxica”

El libro está lleno de ejemplos en la misma línea. Claro, Nike abrazó a Colin Kaepernick después de su arrodillamiento durante el himno nacional en los partidos de la NFL. No fue un hecho aislado. Nike abrazó el movimiento feminista en la década de 1970 y Rhodes señala: “Conectar su marca con causas socialmente conscientes ha sido un motivo para Nike desde entonces.” Pero, no se dejen engañar. Nike utiliza fábricas de explotación forzando a la gente a “condiciones de vida inhumanas” para fabricar sus productos.

¿Por qué Rhodes es tan crítico con estas empresas que apoyan públicamente causas en las que él cree? Su capítulo sobre Gillette lo deja claro. En 2019, Gillette lanzó un nuevo anuncio de televisión, atacando directamente la masculinidad tóxica, vinculándose así al movimiento #MeToo. A estas alturas del libro, el lector está condicionado a esperar una letanía de horrores corporativos cometidos por Gillette. Pero Rhodes no ofrece tal lista. El único pecado de Gillette: publicaron este anuncio porque pensaron que sería bueno para sus ventas. Su objetivo era “influir en la opinión pública y mejorar la actitud de los consumidores hacia la empresa”. Ese segundo objetivo, como el pecado original, mancha todo el esfuerzo. “Ya no contentas con influir en nuestros hábitos de gasto y estilos de vida, con el capitalismo woke las grandes empresas enrolan el corazón mismo de nuestras creencias morales en sus estrategias comerciales”.

Como antaño

Rhodes echa claramente de menos los viejos tiempos:

Hubo un tiempo en que las empresas estaban inextricablemente asociadas al conservadurismo de derechas. El capitalismo moralista cambió todo eso con empresas que se promocionan directa e inequívocamente como progresistas y políticamente activas, a menudo con un director general multimillonario como portavoz conspicuo y héroe de acción (política).

Carl Rhodes

Atrás quedaron los días en que la izquierda sabía que las empresas eran monstruos chupasangres que querían destruir todo lo bueno. Esos malvados cerebros que dirigen las grandes corporaciones han aprendido a ponerse una máscara, engañando a los incautos en su intento de “hacerse con el poder político”.

Incluso el esfuerzo de Bill Gates por convencer a los multimillonarios de que dediquen la mitad de su riqueza a causas benéficas forma parte de esta conspiración maligna. “Al final, la filantropía multimillonaria moderna es un ejercicio del poder capitalista, efectivamente una extensión de ese poder más allá de los confines de la economía. Desvía activos privados a fines públicos, pero sin ninguna responsabilidad pública. Es profundamente antidemocrática y sirve para apuntalar el poder y la influencia de los protagonistas multimillonarios de la sociedad contemporánea”. ¿Quiere un ejemplo? La Fundación Mellon donó 5,3 millones de dólares para suministrar libros a las cárceles. Rhodes se queja de que el regalo no hace más que enmascarar el problema del encarcelamiento masivo. A caballo regalado, Rhodes le mira el diente.

Abrazando a Milton Friedman

Aunque es divertido ver cómo Rhodes vuelve cada acto de progresismo corporativo contra sí mismo en su búsqueda por demostrar que la única cura para el capitalismo de guardia es el fin del capitalismo, el libro plantea una cuestión bastante provocativa para los críticos conservadores del capitalismo de guardia. Cuando se trazan las líneas de batalla sobre la conveniencia de las causas políticas progresistas, es bastante natural que los conservadores vean a los líderes empresariales como meros comparsas del otro bando. Rhodes, sin embargo, cree que esa línea de batalla está mal trazada. En su opinión, la división estriba en la conveniencia de que las empresas maximicen sus beneficios. En opinión de Rhodes, el capitalismo moralista es un problema porque engaña a la gente, haciéndole creer que los líderes empresariales se centran en algo más que en los beneficios.

He aquí la pregunta inquietante: ¿y si Rhodes tiene razón sobre el verdadero objetivo de los capitalistas moralistas? Utilizando la formulación de Friedman, la responsabilidad de los líderes empresariales es obtener beneficios. Para obtener beneficios, es necesario persuadir a la gente para que compre su producto. Supongamos por un momento que abrazar causas progresistas se traduce en mayores beneficios para una empresa. Supongamos que a la clientela de una empresa le gustan las causas progresistas y es más proclive a comprar productos de empresas que comparten sus valores. Si eso es cierto, ¿qué debería hacer una empresa si quiere seguir el mandato de Friedman de que la única responsabilidad de la empresa es obtener beneficios?

Get woke, go broke

Antes de reflexionar sobre las implicaciones de esta pregunta, deberíamos examinar primero la presuposición. En la cadencia popular, si una empresa se vuelve woke, ¿realmente quiebra? Tanto los detractores como los defensores de la adopción de causas progresistas por parte de las empresas nos proporcionarán muchas pruebas anecdóticas. Las ventas de Nike aumentaron tras el anuncio de Kaepernick; las de Bud Light cayeron tras la promoción de Mulvaney. Encontrar anécdotas que confirmen tu sesgo inicial sobre el asunto es fácil; encontrar estudios desapasionados que sean persuasivos para las personas que no están de acuerdo es imposible.

Pero, dejemos a un lado la cuestión de si la moralina woke es o no rentable; en realidad, esa no es la pregunta correcta. Imaginemos que un director general cree que una campaña publicitaria de woke será rentable. Al fin y al cabo, la publicidad no es una ciencia exacta; si lo fuera, nunca habría campañas publicitarias fallidas. Si un dirigente empresarial cree que será bueno para los beneficios adoptar la moralina woke, ¿qué debería hacer? Parece un poco extraño que la gente argumente que las empresas deben centrarse en los beneficios, pero que una empresa no debe adoptar causas progresistas cuando los directivos creen que será rentable hacerlo.

Todo por el dinero

Pensado así, surge una conclusión curiosa. Si se está convencido de que una empresa que se vuelva woke irá a la quiebra, ¿cuál es el problema con el capitalismo moralista? ¿No desaparecerán las empresas que adopten posiciones progresistas? El verdadero problema para los conservadores se produce si el wokismo es rentable. El verdadero problema es si Rhodes tiene razón, que el Capitalismo Woke no es más que una forma cínica de maximizar los beneficios. Si es rentable, ¿no debería fomentarse?

Pensar en las implicaciones de estas preguntas hace evidente que el debate sobre las Empresas Woke no es más que una guerra de poderes para el debate sobre el mejor conjunto de normas culturales. En una sociedad profundamente dividida sobre esta cuestión, ¿es sorprendente que las empresas se hayan dado cuenta de que unirse a la guerra cultural de forma selectiva puede ser un medio de atraer nuevas ventas? Esta estrategia puede fracasar, pero también puede funcionar. En un mercado libre, toda decisión empresarial conlleva un riesgo; si quiere evitarlo por completo, manténgase fuera del mercado. Sin embargo, si se quiere ganar la guerra cultural, en lugar de quejarse de las empresas que intentan maximizar sus beneficios, sería mejor centrarse en las instituciones morales y culturales.

Oxfam vuelve a hacer de las suyas contra el capitalismo

Len Shackleton. Este artículo fue publicado originalmente en CapX.

¿Qué le pasa a Oxfam? Esta enorme organización benéfica internacional, fundada en 1942 como Comité de Oxford para el Alivio de la Hambruna (Oxfam) para ayudar a los hambrientos ciudadanos de la Grecia ocupada por los nazis, ha realizado durante décadas una excelente labor en el mundo en desarrollo; o lo que ahora debemos llamar el Sur Global. Pero en los últimos años parece haber perdido el rumbo.

Escándalos sexuales y antisemitismo

El comportamiento escandaloso de sus agentes en Haití y Chad, y más tarde en la República Democrática del Congo, y la forma inadecuada en que Oxfam reaccionó ante las denuncias de graves conductas sexuales inapropiadas, intimidación y acoso. En dos ocasiones se ha prohibido temporalmente a la organización optar a fondos de ayuda del gobierno británico. Éstos constituyen una parte importante de sus ingresos.

Ha habido acusaciones de que Oxfam ha sido sistemáticamente anti-israelí, si no directamente antisemita. Y en 2015 su filial belga fue acusada de financiar indirectamente el terrorismo palestino.

Más cerca de nosotros, se ha afirmado que sus tiendas benéficas, que pagan impuestos más bajos y están exentas de IVA, han contribuido al declive de la High Street británica. Y han destruido negocios privados, especialmente en el comercio de libros de segunda mano.

Lenguake woke y anticapitalismo

En marzo de este año, la organización se metió de lleno en la guerra cultural. Publicó un documento de 92 páginas en el que instaba a sus empleados a cambiar palabras como “madre” y “padre” por “progenitor”, más inclusivo. Y a llamar a las futuras madres, “personas que se quedan embarazadas”. Unas semanas más tarde, a este discurso habitual le siguió un extraordinario vídeo en el que se celebraba el Mes del Orgullo. En él, aparecía JK Rowling como una odiosa “Terf”.

Dejando todo esto a un lado, una constante en la personalidad pública de Oxfam desde hace varios años ha sido su gusto por los ataques en toda regla contra el sistema capitalista. Afirma que es una estafa que empobrece a los pobres, una afirmación naturalmente acompañada de demandas de intervención política masiva y niveles confiscatorios de impuestos.

Impuestos a los ricos

Así, cada año, coincidiendo con la reunión de Davos del Foro Económico Mundial, Oxfam publica un informe en el que ataca a los multimillonarios y a las grandes empresas y aboga por una redistribución a una escala sin precedentes. A menudo estas afirmaciones se basan en estadísticas poco fiables y en una mala interpretación de los datos, mientras que las propuestas políticas son ingenuas en extremo.

A estas diatribas anuales se suman de vez en cuando otras de tono similar. La semana pasada vimos un buen ejemplo, cuando Oxfam unió fuerzas con ActionAid para afirmar que 722 grandes empresas obtuvieron más de 1.000 millones de dólares de “beneficios extraordinarios” en 2021 y 2022, mientras que “mil millones de trabajadores de 50 países sufrieron un recorte salarial real de 746.000 millones de dólares” en 2022.

A raíz de esto, Oxfam y ActionAid propusieron un impuesto del 50%-90% sobre estos beneficios extraordinarios para recaudar entre 523.000 y 941.000 millones de dólares. Esta cantidad podría utilizarse para “ayudar a las personas que luchan contra el hambre, el aumento de las facturas energéticas y la pobreza en los países ricos, y para proporcionar cientos de miles de millones de dólares para apoyar a los países del Sur Global”.

Amitabh Behar

El director ejecutivo interino de Oxfam Internacional, Amitabh Behar:

La gente está harta de la codicia de las empresas. Es obsceno que las empresas hayan obtenido miles de millones de dólares en beneficios extraordinarios mientras la gente de todo el mundo lucha por conseguir alimentos suficientes o productos básicos como medicinas y calefacción… unas pocas empresas cada vez más dominantes están monopolizando los mercados y fijando precios por las nubes para llenar los bolsillos de sus ricos accionistas. Las grandes farmacéuticas, los gigantes de la energía y las grandes cadenas de supermercados engordaron descaradamente sus márgenes de beneficios durante la pandemia y la crisis del coste de la vida.

¿Es esto cierto? Casi seguro que no. Un vistazo a la metodología empleada por los autores del informe sugiere que han vuelto a las andadas.

Las trampas de Osfam

Para medir los “beneficios extraordinarios”, comparan los beneficios de 2021 y 2022 con la media de los beneficios de 2017-2020, pero sin ajustarlos a la inflación. En cambio, la caída de los salarios de los trabajadores es una caída en términos reales. Así que no están comparando lo mismo con lo mismo. En cualquier caso, es exagerado suponer que todos los aumentos de beneficios se deben a la subida de precios, sin tener en cuenta la evolución de las ventas y otros factores que determinan los beneficios. No es de extrañar, por ejemplo, que “Big Pharma” -uno de los villanos de pantomima habituales de Oxfam- haya aumentado sus beneficios dada la mayor demanda de vacunas durante y después de Covid.

El mecanismo para recaudar y distribuir los ingresos adicionales que los impuestos propuestos por Oxfam podrían teóricamente recaudar (en la práctica sería mucho, mucho menos) es inexistente. Todo este ejercicio no es más que otro palo con el que golpear al perro capitalista. Sin duda hace que las personas que escriben este tipo de informes se sientan orgullosamente enfadadas. Pero, ¿de qué sirve?

Oxfam depende del capitalismo

En realidad, todo lo que hace Oxfam depende del sistema capitalista. Los alimentos y el agua que distribuye son producidos por alguien con ánimo de lucro. También los vehículos que los distribuyen. También los equipos que utiliza para cavar pozos o construir escuelas.

En algún recóndito lugar del cerebro de la organización benéfica seguramente se reconoce este hecho. En su informe anual, por ejemplo, Oxfam reconoce su asociación con empresas como IKEA y Unilever. Imagino que muchas de estas empresas colaboradoras habrán obtenido algunos de esos “obscenos” beneficios inesperados. Hay que tener la piel gruesa para asociarse con Oxfam. Tal vez se unirían más si la retórica antiempresarial se atenuara un par de grados.

En última instancia, esta retórica, al igual que el comportamiento del personal de la organización, es responsabilidad de los fideicomisarios de Oxfam. Pocos de ellos tienen mucha experiencia empresarial, y los que la tienen tienden a estar en el extremo más apacible de la economía. El Presidente de Oxfam GB también preside Guardian Media, y ocupó un cargo similar en Channel 4. Otros fideicomisarios han trabajado en marketing y publicidad. Otros fideicomisarios han trabajado en marketing, en bufetes de abogados o para otras organizaciones benéficas y organismos sin ánimo de lucro.

Tal vez deberían contratar a algunos administradores que hayan trabajado en las partes más duras de la economía y que tengan una visión más positiva de las empresas que la de los fanáticos de la virtud que parecen constituir una gran proporción de sus empleados.

Ver también

Las trampas de Intermón Oxfam contra los paraísos fiscales (Juan Ramón Rallo)

Oxfam: mentiras sobre autoridad y pobreza (Juan Ramón Rallo)

Camelos Oxfam (Carlos Rodríguez Braun)

Oxfam: la libertad amenaza y la desigualdad mata (Carlos Rodríguez Braun)

Una teoría alternativa del ciclo económico

Recientemente, en el último curso del grado de Economía en la Universidad de Cambridge, comenzamos la asignatura de teoría avanzada del ciclo económico. Se basa en comprender, estudiar y analizar matemáticamente las principales características de las diferentes teorías y modelos del ciclo económico. Sin duda, es una asignatura que me ha parecido fascinante y de gran utilidad para comprender el mundo en el que vivimos.

Tal y como nos han explicado multitud de veces, cada teoría del ciclo tiene sus fortalezas y debilidades. Y cada una es más eficiente explicando unos u otros aspectos de la economía. Es por ello por lo que un día en clase me surgió el interés en profundizar algo más en una teoría del ciclo alternativa como es la de la Escuela Austriaca. Tras haber asistido a varias conferencias en el Instituto Juan de Mariana o la URJC y, sin ni siquiera ser yo un férreo austriaco, conocía la teoría algo por encima. Sobre todo en lo relacionado con las principales variables de su modelo y algunas de sus dinámicas.

Teoría austríaca del ciclo económico

Tras profundizar algo más en ella, sin embargo, me he percatado de que, a pesar de que algunos de sus aspectos puedan resultar parcialmente desdeñables desde el punto de vista de la macroeconomía moderna, sin duda muchos otros siguen en vigor y facilitan el entendimiento de muchas de las tendencias económicas que observamos hoy. Es por ello por lo que, en la presente columna, me dispongo a dar algunas pinceladas sobre la teoría austriaca del ciclo económico.

Comenzando por sus orígenes, cabe resaltar que la teoría austriaca del ciclo tiene sus raíces en el trabajo de Böhm-Bawerk. Es uno de los primeros economistas en resaltar las intervenciones de las autoridades monetarias sobre los tipos de interés como causa principal de las recesiones. Durante las fases alcistas, la masa monetaria y el crédito creados a raíz de la liquidez adicional generada por el banco central dispararía los niveles de inversión y consumo por encima de los correspondientes a la tendencia. Ello genera, por lo tanto, una descompensación o desequilibrio entre la capacidad productiva de la economía y los planes de consumo y ahorro intertemporales de los agentes económicos. Dicho desequilibrio sería el que, tras algún tiempo, terminaría causando una recesión que corregiría los excesivos niveles de inversión y endeudamiento y volvería a situar a la economía dentro de sus capacidades productivas reales.

Implicaciones de política monetaria

Tras leer el párrafo anterior, cualquier con unas mínimas nociones de historia del pensamiento económico, habrá podido observar que el pensamiento de los austriacos difería y difiere en gran medida de lo que podríamos considerar el mainstream académico. En este caso, las diferencias son notorias, sobre todo en lo respectivo a las visiones sobre política monetaria. Esta política está en el núcleo de la teoría austriaca del ciclo.

Los austriacos, a este respecto, no solo argumentan que la intervención de los bancos centrales en la economía es la causa primaria de las recesiones, sino que defienden asimismo que las políticas monetarias expansivas (como los tipos cero o el quantitative easing), simplemente contribuyen a postergar en el tiempo los ajustes estructurales necesarios para que la economía vuelva a situarse dentro de su potencial productivo.

En la teoría austriaca, la expansión crediticia generada por el exceso de liquidez introducido en la economía por los bancos centrales durante la fase alcista del ciclo, o como política contracíclica durante una recesión, son la causa motora del desequilibrio en la asignación de recursos productivos en la economía, contribuyendo únicamente a agravar y posponer los ajustes necesarios para retornar a un punto de equilibrio dinámico.

Coordinación intertemporal

Un punto fundamental en la teoría austriaca es la relevancia que se le otorga a la coordinación intertemporal entre las decisiones de producción, ahorro y consumo, siendo (muy en la tradición de Kirzner) las decisiones empresariales agregadas las cuales determinan la asignación intertemporal de recursos productivos, incluyéndose en dichas decisiones la estructura, evolución y utilización del stock de capital disponible.

La clave se encuentra en que dichas decisiones en su conjunto han de ser consistentes intertemporalmente con los planes de consumo de los agentes para que la economía se mantenga en equilibrio en el largo plazo. Para ello, una herramienta esencial en una economía de mercado son los precios, entre los cuales se encuentran los tipos de interés, ya que estos ejercen de señal para la coordinación intertemporal del consumo y la producción, es decir, de la oferta y la demanda.

Los tipos de interés: coordinación o descoordinación

Por su parte, los tipos de interés ejercen como mecanismo de señalización principal en el mercado de fondos prestables, siendo este en el que los agentes ofrecen sus ahorros tras tomar la decisión de posponer su consumo en el tiempo (a cambio de una rentabilidad en formato de tipo de interés) y los emprendedores demandan fondos para inversión (pagando por ello un tipo de interés), generando así producción futura. El precio de equilibrio en dicho mercado sería denominado como tipo de interés natural, Wicksell dixit. En dicho punto de equilibrio, la rentabilidad total percibida por los ahorradores sería igual al incremento de producción futura, posible a raíz de un empleo productivo de dichos ahorros, canalizados a través de proyectos empresariales generadores de valor en el largo plazo.

En todo este proceso, según los austriacos, serían los bancos centrales los principales culpables de la generación de recesiones, por su manipulación de los tipos de interés. Tras una reducción artificial de los tipos de interés, el boom de crédito que se generaría no tendría su raíz en un aumento de la propensión marginal al ahorro o un incremento previo de la oferta de fondos prestables, sino a una transferencia forzada de recursos entre ahorradores e inversores, generando, además, una mayor demanda de crédito para el consumo e inflando de manera artificial la demanda agregada. Parte de dicho incremento de demanda se podría ver satisfecho por aquellas industrias con una mayor elasticidad de oferta, pero no asimismo por aquellas con mayor rigidez en los procesos productivos, lo cual terminaría destruyendo tejido productivo y descompensando la estructura de la economía, conllevando a una recesión.

Reducir la intervención

Si bien es cierto que los austriacos consideran las recesiones económicas como algo inevitable e incluso sano para la economía en un escenario de desequilibrio, también consideran que, en una fase recesiva, una pérdida de confianza inversora y reducción del flujo de crédito por expectativas negativas puede intensificar la tendencia recesiva más allá de lo necesario para la reestructuración del tejido productivo.

Es por ello por lo que algunos austriacos, como era el caso de Hayek, defendían que en un escenario así una mínima intervención en forma de políticas contracíclicas en la economía era aceptable, ya que esto evitaría lo que catalogó como contracción secundaria, escenario en el cual en plena recesión, una mayor preferencia por activos líquidos por parte de los agentes económicos conduciría a un colapso de los niveles de demanda, caída del nivel de precios, y, consecuentemente, un agravamiento de dicha recesión; tal y como ocurrió en la Gran Depresión de los años 30.

En conclusión, tal y como hemos analizado en el presente artículo, la teoría austriaca del ciclo sitúa la creación artificial de liquidez por parte de los bancos centrales como causa nuclear de las crisis económicas, al generar niveles de inversión y consumo superiores al potencial productivo real de la economía. Además, dicha teoría establece que las políticas contracíclicas por parte de los bancos centrales solo contribuyen a atrasar y agravar la recesión, al no permitir que la recesión realice los ajustes estructurales necesarios en la economía para su retorno a un equilibrio dinámico, con la única excepción de la prevención de un escenario de contracción secundaria.

Debate Sánchez-Feijóo: sobre la falta de un proyecto político

Anoche, lunes 10 de julio, fue el debate Sánchez-Feijóo, en el que discutieron por ver cuánto nos van a robar a cada uno y en qué se lo van a gastar. Feijóo mencionaba su proyecto político, por el cual le han criticado antes del debate y le criticaron después de él. O más bien por la ausencia de este.

En Twitter, tras el debate, muchas de las críticas concurrían, Alberto Núñez Feijóo carece de proyecto político. El exministro de Sanidad de Pedro Sánchez Salvador Illa criticaba a Feijóo por esta supuesta falta de proyecto de país. Este mismo reproche se le ha hecho en repetidas ocasiones a Isabel Diaz Ayuso. Mi opinión es que quien dice eso está muy equivocado. Ojalá estuviesen en lo cierto. Ojalá los políticos no hicieran nada y se dedicasen a cobrar sin tocar nada (salvo que fuese pare minimizar el estado, pero eso ya sería mucho pedir). Todos los partidos políticos sufren de un exceso de proyecto de país. Todos quieren intervenir demasiado y regularnos hasta la saciedad.

Un programa común: el control del país

No obstante, parece que la gente no lo vea así y que los partidos de todos los colores necesiten un claro y extenso programa de mediadas sobre cómo controlar el país y cómo solventar todos y cada uno de los problemas que le puedan aparecer hasta al último de los ciudadanos. Esto se debe a que los votantes se encuentran bajo dos sesgos: de pensar que lo importante es el trabajo y no la productividad y el sesgo por lo físico. Esto, traducido a la política, significa que los votantes quieren ver a los políticos trabajar, es decir, quieren verlos pasar nueva legislación, construir y arreglar cosas con dinero público, decir que están llevando a cabo programas y abriendo observatorios para solucionar problemas y demás.

Los votantes son irracionales y saben poco de economía, como demuestra Bryan Caplan en The Myth of the Rational Voter. Los políticos que vemos, los que han sido exitosos en su carrera política, saben darle a los votantes lo que quieren sin importar cuál sería la mejor acción para cada caso, aunque ellos mismos lo sepan. A los políticos no les guía ni la eficiencia ni la eficacia, sino el rédito electoral. La única excepción parece darse cuando los votantes relacionan el trabajo del político con la situación económica. Si lo relacionan en un alto grado, entonces sí que los políticos tendrían incentivos para aprobar políticas más impopulares, pero que mejorasen la economía del país.

Hacer mucho, no haciendo nada

Si lo que la mayoría de los votantes demanda es ver a los partidos legislar para intentar solucionar sin problemas sin ver las consecuencias inintencionadas, lo que los políticos les ofrecerán será esto mismo. Si los votantes no piensan en estas consecuencias, los políticos carecerán de incentivos para hacerlo. Una sociedad de votantes proteccionistas generará una clase política proteccionista, aunque de clones de Adam Smith se trataran. En este caso, como estamos hablando de clones de Adam Smith, estos políticos podrían explicarle al electorado por qué están equivocados y por qué es mejor el libre mercado que el proteccionismo.

En un primer momento, nos tendríamos que enfrentar al sesgo de la productividad vs. el trabajo. Permitir el libre mercado implica no hacer nada. Como decía Murray Rothbard, para un tratado de libre mercado solo necesitas una línea donde diga, ambos países comerciarán libremente. El resto es intervencionismo. Pues bien, de liberalizar cualquier industria, implicaría que los políticos no están haciendo nada, solo dejando hacer a los agentes privados. Esto aumentaría la productividad y la riqueza del país, pero no les haría trabajar. Mucha gente cree que la riqueza viene por el trabajo cuando no, viene de ser más productivos.

Explicar como éxito propio el trabajo ajeno

Los políticos tendrían que explicar esto y, con esta lección, vendría el segundo obstáculo para los clones de Adam Smith: proporciona un mayor rédito electoral, exacerbar la irracionalidad de los votantes que reducirla. A los votantes no les gusta que les digan que están equivocados. Como dice Paul Krugman: “los votantes sienten una aversión visceral por los candidatos que parecen intelectuales, y menos aún por los que intentan que el electorado haga cálculos aritméticos”.

Los votantes critican cuando los políticos no tienen un gran proyecto de país porque eso es lo que demandan, políticos que hagan o que parezca que hagan mucho, regulación diseñada a medida para sus problemas particulares y logros de su equipo para poder lucir los colores ante los demás y decir “mira este aeropuerto fantasma lo construyo mi partido”.

Por qué los economistas son los que peor entienden Bitcoin

No hay más remedio que reconocer que las opiniones acerca del dinero son más difíciles de describir que las nubes deformadas por el viento.

J. A. Schumpeter. Historia del análisis económico,

Suelo emplear un meme que dice “Economist have the worst understanding of Bitcoin. Change my mind”. Los economistas no entienden bitcoin. Una y otra vez compruebo cómo es este gremio el que tiene peor comprensión del activo. Y no depende de la escuela que sigan, de si son catedráticos o directivos de banca, de que sean de izquierdas o derechas, de la Escuela austriaca o de la Teoría Monetaria Moderna. Tras cuatro años dedicados a Bitcoin, cientos de entrevistas, conferencias y debates, puedo contar con los dedos de una mano los economistas que lo entienden.

Y es que Bitcoin ataca a creencias establecidas, y las creencias, como bien sabía Ortega, nos constituyen, estamos “sujetos” por ellas. Es desde las creencias desde donde interpretamos el mundo, y no admitiremos un pensamiento distinto ni una ocurrencia opuesta a ellas.

¿Qué les ocurre a los economistas?

Indudablemente, Bitcoin se sitúa en el campo económico —aunque no solo en él—. ¿Cómo es posible que algo de tanta trascendencia se les haya escapado a sus teóricos? “¡Es una burbuja! ¡Los tulipanes digitales!”, con la leve diferencia de que los tulipanes multiplicaron su precio por 22 y bitcoin por 60 millones. “No puede ser, el mercado se debe estar equivocando al valorarlo”, deben de pensar. Pero, ¿qué se les está pasando?

Bitcoin consigue resolver una serie de problemas históricos en el mundo digital. En éste, por defecto, carecemos de privacidad, puesto que siempre tiene que haber un proveedor del servicio. La privacidad es revelarse selectivamente. Hay que elegir a quién revelar tu información (un proveedor del servicio). Y éste siempre va a poder vulnerar tu decisión de no dar tus datos. Cuando das en mano una carta, el contenido de esa carta es privado. Sin embargo, cuando envías un correo electrónico, esa privacidad puede ser vulnerada por el proveedor del servicio, por lo que por defecto careces de privacidad. Lo mismo pasa con el dinero en efectivo.

Si tú pagas en una tienda con un billete físico, el tendero no tiene por qué saber quién eres o cuál es el origen de ese dinero, ni el que ha emitido ese billete, saber qué compras, cuándo y a quién, o de dónde procede ese dinero. Sin embargo, si nos movemos en el mundo digital, esa privacidad se pierde. Tu proveedor de ese servicio, tu banco, sí lo sabe, y con ello puede llegar esa información a muchos otros agentes.

Efectivo electrónico

Pues bien, el primer paso es entender que bitcoin vendría a ser ese “efectivo electrónico” que Satoshi describía en el whitepaper. Sin embargo, estas dos palabras han llevado a una serie de presunciones, a mi juicio totalmente erróneas, que son las que llevan a los economistas a no entenderlo. Bitcoin no es una alternativa al dinero fiat y a los bancos centrales, como propone el libro de Saifedean El Patrón Bitcoin. Veamos por qué.

Los dos problemas que conseguía resolver Bitcoin en el mundo digital son los siguientes: el problema del doble gasto y el problema de este tercero de confianza que provee un servicio digital. Lo fácil en este ámbito digital es multiplicar las unidades sin apenas coste. Por ejemplo, podemos distribuir una misma imagen a través de una aplicación de mensajería a múltiples personas. Pero el hecho de poder replicarla tantas veces como se quiera impide que sea un bien escaso y, por tanto, que merezca la pena atesorarlo.

La dependencia de un tercero

Además, para un activo que aspire a convertirse en un bien económico, su reproducción ilimitada equivale a la falsificación. Imaginemos que 100 unidades monetarias de nuestro banco pudiesen ser enviadas a muchas personas a la vez (problema del doble gasto). Este problema se podría resolver introduciendo un tercero que haga de intermediario y que garantice que esa imagen o esas 100 unidades monetarias no puedan ser reenviadas, como por ejemplo hacen las plataformas de series y películas o los bancos con nuestras monedas digitales.

Pero si tienes que depender de un tercero hay una serie de riesgos considerables, empezando por la pérdida de privacidad, dependes de su diligencia, estás sometido a sus normas, si tiene problemas técnicos te ves perjudicado en tu servicio, puede establecer mecanismos de censura, puede ser atacado, puede quebrar, puede ser intervenido por el Estado, etc. (problema del tercero de confianza).

Solución del doble gasto y tercero de confianza

Pues bien, bitcoin es el primer y único activo digital que consigue resolver estos problemas del doble gasto y del tercero de confianza, siendo el único activo real digital, una commodity digital. Sí, bitcoin es un activo real, no es el pasivo de nadie, no tiene emisor, ni una empresa que lo controle o que se centre en generar valor respecto de él. Entender bitcoin como un activo real es su primera dificultad.

La segunda dificultad es la comparación con los medios de pago. Bitcoin no es un gran medio de pago, no por problemas técnicos, sino porque no está diseñada principalmente para eso. Tampoco tenemos problemas para pagar en el día a día en la mayoría de casos, así que su demanda para eso tampoco nos importa demasiado. Además, incrementa considerablemente los costes de transacción —R. Coase— para hacer pagos. Por si fuera poco, bitcoin tiene una oferta determinística, por lo que cualquier cambio en la demanda se refleja vía precio, no hay manera de ajustar la oferta a la demanda para estabilizarlo, por lo que encima es inherentemente volátil. Los medios de pago y unidades de cuenta requieren ser estables para permitir el cálculo económico, pero precisamente esa estabilidad se logra sacrificando la revalorización del activo en el largo plazo. Entonces, ¿qué valor aporta bitcoin?

Redefinición del derecho de propiedad

Pues lo primero es que es una redefinición del derecho de propiedad, hasta ahora, toda nuestra propiedad dependía del orden establecido por el poder coactivo. Como Bitcoin suprime al tercero de confianza y genera un sistema global autónomo donde se puede poseer y transmitir el control de un activo real —bitcoin—, en realidad se parece más a un sistema global de derechos de propiedad privada absolutos.

El cambio es de dimensiones históricas, porque como además hace depender la propiedad de un activo del conocimiento de unas palabras, permite hacer tu riqueza y tus transacciones de forma privada a una escala global por ser digital. Por primera vez, todos los seres humanos tenemos la posibilidad de acceder a propiedad para ahorrar, intercambiar y dejar en herencia a quien consideremos sin censura, con una accesibilidad total y sin que nadie la pueda diluir. No me parece poco.

Deterioro, divisibilidad, costes de custodia…

Lo segundo, es que si es un activo real debe tener unas propiedades X, puesto que no es el pasivo de nadie, su valor dependerá de la demanda de esas propiedades. Al no depender de nadie, se convierte en el primer y único activo resistente a la censura, siendo muy difícil de confiscar. Además, reduce enormemente los costes de transacción para ahorrar, para transmitir valor en el tiempo. Al tener una oferta determinística, en realidad deflacionaria por errores de custodia, con el paso del tiempo tu parte respecto del total no para de incrementarse, lo que acaba con el riesgo de dilución e incrementa tu concentración.

Tampoco requiere de información asimétrica para elegir en qué depositar tus ahorros. Es como si comprases oro, no hay que elegir entre miles de empresas en cuál invertir, ni entre un fondo u otro. Sin embargo, el oro es caro de dividir, custodiar, verificar y transportar. Y tiene una dilución del 1,6-2% al año, lo que a largo plazo es considerable. Bitcoin no solo no se deteriora. Tampoco tiene unos costes de custodia altos. Es fácil de dividir, verificar y transportar. La divisibilidad, el no tener deterioro, ni riesgos regulatorios también lo hacen una opción atractiva frente a los bienes inmuebles, en los cuales sí necesitas una parte de tus ahorros, tienes que liquidar el bien entero, tienen muchos gastos asociados por el deterioro y su exposición a mayores impuestos o regulaciones y okupas es significativa.

La superioridad de Bitcoin

Si lo comparamos con aquellos activos que utilizamos para aparcar riqueza, para transportar valor en el tiempo, tiene propiedades muy superiores a la mayoría de ellos. Bitcoin está diseñado para el atesoramiento, que con una oferta fija es lo que realmente da valor a un activo, que sea demandado para ser atesorado, no para desprenderte de él, no para hacer pagos. Además, por ser un activo real, no tiene riesgo de contrapartida, no tiene que estar respaldado por nada ni hay posibilidad de que alguien incumpla su obligación.

¿Qué opciones hay de que los Estados dejen de devaluar sus monedas? ¿Cuáles son las perspectivas de que no se incrementen las regulaciones? ¿Qué se puede esperar de los impuestos sobre todos los activos, especialmente los más ilíquidos? ¿Dejarán los políticos los fondos de pensiones privados intactos sabiendo que allí hay acumulado dinero? ¿Ha quebrado alguna vez un banco y no ha podido devolver el dinero a sus depositantes? ¿Ha quebrado alguna vez un Estado o una empresa y no ha podido hacer frente a sus obligaciones? Bitcoin puede ser una respuesta para muchas de estas preguntas.

Los economistas tienen pendiente hacer los deberes. No se trata de pensar Bitcoin desde las categorías y las creencias preconcebidas que tenemos, sino que repensemos todas estas creencias, estas teorías y categorías a la luz de Bitcoin.