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Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina

Mi intención este mes era escribir y entregar a mi editor en el Juan de Mariana un texto sobre alguno de varios temas. Estaba tratando de decidir si escribir sobre la naturaleza expansiva del socialismo, tratando de dar una explicación de su propagación en Latinoamérica -algo que no deja de sorprender a muchos. Otro tema que quería discutir era el del absurdo reclamo de algunas personas de tener derechos fundamentales al uso de cigarrillos electrónicos (vapes), tratando de reflexionar sobre el fenómeno de una especie de hiper-inflación de derechos y las causas remotas de esto. Otro posible tema habría sido cómo ciertas formas de corrupción pueden ser eficientes, tomando como punto de partida la ensalada Cesar y cómo su receta se manifiesta corrupta en varios países.

El terremoto político

Pero el pasado domingo, después de un paseo con amigos, llegué a mi casa a leer la noticia de que Javier Milei ganó las elecciones primarias (PASO) en Argentina. Si bien trataré los temas que mencioné anteriormente en el futuro próximo, aquel hecho me obliga -como seguramente lo hace con muchos otros- a escribir sobre él. Para un libertario en América Latina, ¿qué otro tema puede ser tan interesante como este? No tengo respuesta ante esto.

Para nadie, libertarios o no, es un suceso sin trascendencia. Lejos de serlo. El anarcocapitalismo es aquella facción dentro de la ideología política del libertarismo que, a partir de la convicción de ser el estado injustificable desde cualquier punto de vista, considera que la única fuente justificable de orden y prosperidad económica es el proceso de mercado, cuya condición ética habitante es la propiedad privada, particularmente sobre los factores de producción.

Pues bien, la razón por la cual no puede ser un hecho sin trascendencia para absolutamente nadie es que Javier Milei se ha hecho conocer consistentemente como anarcocapitalista, y que así, en un país de dónde no ha salido enunciada la palabra libertarismo de parte de ningún gobernante, ha ganado unas elecciones, con una ventaja nada despreciable respecto de las dos opciones restantes -una de ellas, justamente representando la continuidad de socialismo rancio.

Javier Milei

Un par de meses y la concurrencia de otras circunstancias separan a Javier Milei de convertirse en el presidente de Argentina, no deja de ser excitante -por decirlo de alguna manera, que exista una relativamente alta probabilidad de que un país de América Latina pudiera tener un presidente que haya distraído a los electores en su favor, enunciando ideas que se derivan de la libertad en su sentido original.

En uno u otro tono, en varios grados de calma -y en ocasiones, sin ninguna- Milei ha llamado positivamente la atención de los votantes hablando de: propiedad privada, primacía de la economía de mercado. Respeto por el plan individual de vida de cada quien sin interrupciones estatales. Y libre competencia -entendida como a ausencia de bloqueos institucionales para producir en favor de los demás. De esta forma, Milei promete ser un presidente que va a favorecer el campo de acción de la economía de mercado, de tal forma que sea a través de este proceso que los individuos avancen en sus respectivos proyectos de vida en búsqueda de bienestar individual.

A la par, promete, como presidente, restar campo de acción al estado eliminando el número de sus agencias, como varios ministerios, reduciendo la capacidad operativa estatal para intervenir por medio del uso de la fuerza en los planes que diseñen los individuos a lo largo de sus vidas -lo que viene, hay que decirlo, como una bocanada de aire fresco. ¡Me importa un pimiento el carné de cualquier libertario! Tómense un minuto de darse de trompadas por al menos un momento para ver quién es el más libertario de los libertarios. Les digo que no está de más darse licencia y experimentar algo de emoción.

Libertarismo

Dejando la emoción a un lado, para darle paso a una reflexión con algo más de cabeza fría, algo no cuadra del todo. Milei es abiertamente libertario. El libertarismo es la ideología política que se articula de un axioma muy sencillo de entender y de justificar: ningún individuo, ni ningún grupo de individuos, puede agredir la persona o la propiedad de nadie. Al axioma solemos conocerlo como el axioma de no agresión, o NAP, por sus siglas en inglés, en donde agresión se traduce en el uso o la amenaza del uso de violencia física en contra de la persona o propiedad de los individuos.

Propiedad significa el derecho que tienen los individuos de controlar exclusivamente los cursos de acción a los que asignan sus medios -esto es, su cuerpo y sus bienes. Si una persona gana 100 pesos y el estado cobra en impuestos 5 o 75 para pagar a los jueces o para alimentar a los pobres, eso es una violación de NAP. Si dos hombres o dos mujeres quieren celebrar un contrato de matrimonio y el estado prohíbe o condiciona ese intercambio, eso también es una violación del NAP, luego reprochable desde un punto de vista libertario. Una explicación más extensa de este derecho se puede encontrar acá.

Presidente libertario, una contradicción

Siendo esto el libertarismo -reduciéndose a tan sencilla noción, ¿no es acaso la aspiración y el triunfo de Javier Milei una contradicción frente a esa noción? Es decir, siendo Milei libertario, estaría él en contra de dirigir cualquier manifestación de violencia física a la alteración de los cursos de acción a los que libremente los individuos han asignado sus medios. Y siendo el estado la agencia dentro de la sociedad que monopoliza la violencia física, cuyos ingresos son solo posibles por medio de una violación sistemática del NAP, ¿no es acaso una contradicción ser libertario y querer llegar a la posición de ser la cabeza de aquella organización, cuya existencia es injustificable a partir del reconocimiento de la propiedad privada?

Pues, por el perro, ¡claro que lo es! Se trata de entregarle un agente más a aquella organización criminal, que desde el libertarismo se quiere eliminar. Porque no puede haber dudas acerca de que llevar a sus últimas consecuencias lógicas, el NAP resulta en la eliminación del estado, sea el colombiano, el español o el argentino. Existe en el libertarismo un relato que se suele utilizar para brindarnos una imagen de esto. De existir un botón con el cual se lograría la desaparición del estado, se nos ampollaría el dedo al oprimirlo, sin descanso y con mucho ahínco. Así que, de nuevo, sí, es una contradicción ser libertario y querer formar parte del estado.

Presidente libertario, una estrategia

Lo que acabamos de describir es el fin último del libertarismo, su objetivo más caro. Y es tomándolo en cuenta que la candidatura y éxito electoral de Javier Milei resulta ser una grotesca contradicción. Y a pesar de esto, aquel botón no existe y, me atrevo a decir, que el estado será eliminado, no de un golpe certero, sino a través de un proceso tan largo y complejo como aquel por medio del cual surgió y terminó, siendo lo que conocemos como el proyecto estatal absolutista contemporáneo. Así como el estado surgió como una evolución de un grupo desorganizado de rufianes a una mafia criminal con un alto grado de organización por medio de reglas, el declive del estado podría darse como la devolución de ese proceso. Así, tomará no solo tiempo, sino estrategia.

Y es en términos de estrategia donde no me parece que haya contradicción alguna respecto del triunfo de Milei en Argentina. Es más, los que nos alegramos, por ello, en el fondo lo hacemos en función de la esperanza que representa. En términos estratégicos, y en el papel, las promesas de Javier Milei de destruir el estado desde adentro son atractivas y excitantes. Porque, si bien de manera tímida, representan un paso en el largo y paciente camino de acabar con el estado.

Eliminar instituciones

Y a pesar de lo emocionados que estemos, algo de cautela no está de más. Como estrategia, disminuir el estado corre el riesgo de ser una estrategia fallida. Por ejemplo, en primer lugar, la alianza con otras organizaciones criminales, de las que ya se es parte como presidente, como otros estados, puede generar cierta influencia impropia para que las reformas liberales avancen. Estas reformas liberales, libertarias, no pueden ser otras diferentes a eliminar instituciones que den pie a la intervención del estado.

Una clara reforma liberar sería, sí, disminuir impuestos, como aquellos a las ventas o a las ganancias empresariales. Pero sería una gran reforma liberal eliminar estos impuestos. No puedo, sino temer -y ojo que es temor, más no convicción- que este tipo de iniciativas, que serían las verdaderamente libertarias y las que se esperarían de Milei, se vean retrasadas y hasta entorpecidas con las alianzas que habría anunciado, como con EE.UU. e Israel.

Las que nos parecen medidas que prometen una muy baja probabilidad de éxito en la consecución del fin de reducir el estado son aquellas, dentro de las propuestas conocidas de Javier Milei, que mantienen ciertas intervenciones. En efecto, según reportes periodísticos, para Milei el gasto público no es que vaya a ser eliminado, sino que “tiene que reducirse.” Nuestra principal preocupación con esto, con que se mantenga cierto grado de gasto público, es que esto llevará a ineficiencias en la asignación de recursos. Y esto, a su vez, podría llevar a la necesidad de incrementar ciertas intervenciones estatales. Ello corre el riesgo de mantener el tamaño del estado y hasta aumentarlo, siquiera marginalmente.

Sólo ocho ministerios

Por ejemplo, Milei ha anunciado en el pasado que mantendría ocho ministerios, siento infraestructura uno de ellos. Nuestro temor -y este sí es por convicción- es que gasto público en infraestructura es, después de todo, gasto estatal. El estado no cuenta con herramienta mental de economía de mercado como el cálculo económico. El motivo es que no participa del sistema de precios de la misma manera en la que un empresario lo hace. Así que cualquier asignación de recursos que haga, en algún grado, así sea en carreteras y puentes, será un desperdicio. Tal desperdicio de recursos, en tiempo, creará un déficit fiscal que, probablemente, se tenga que tapar con impuestos adicionales a los que ya estarían en vigencia.

La verdad es que poco sabemos de estrategia -sobre todo nosotros, que llevamos una vida dentro de la segura burbuja académica. Nos parece que respecto del fin último del libertarismo no debería quedar duda alguna cuál es este. La fortuna nos dirá qué estrategia será la más eficiente. Que reducir el campo de acción del estado desde adentro sea o no una estrategia efectiva, de tal forma que avance la libertad y con ello la prosperidad material y el recobro de la fibra moral de la sociedad, es una cuestión empírica.

Otra estrategia -de largo plazo y aliento y sin violar el NAP

Tal efectividad será juzgada por sus resultados y el tiempo dirá todo. Javier Milei, a todas luces, se ha ocupado más de estas cuestiones estratégicas, y a su futuro equipo de trabajo. En ese sentido, solo resta desearle toda la suerte en el eventual caso de que gane las elecciones presidenciales de Argentina. ¡Javier, estoy a una llamada para cuando quieras discutir aspectos fundamentales de teoría de eficiencia dinámica o el error intelectual que es el socialismo!

Consideramos que existe una estrategia que promete una mayor probabilidad de éxito, en el largo plazo. Tiene estas varias consideraciones. Una de ellas es que requiere de mucha visión. Por medio de ella, se promete eliminar el estado en el largo plazo. Es una estrategia, muy diferente a la de relativo corto plazo, que es a lucha electoral. Requiere también de bastante paciencia y esto nos lleva a considerar otra cosa: requiere también perseverancia y valentía. Los embates y las desavenencias que encuentra en el tiempo son muchas. Y no dejarse derrotar por ellas es muy importante, para lo cual se necesita muchísima fibra moral.

Por último, requiere de agudeza intelectual. Pues la idea de la libertad y sus últimas consecuencias demandan cierto rigor mental para identificar todas sus implicaciones lógicas. Esta estrategia es la de hablarle directa y diariamente a la opinión pública. Pues sin el apoyo, así sea pasivo y resignado de ella, no puede haber estado. Esta estrategia es, además, consecuente con el NAP, pues dialogar no viola este axioma.

El poder y la aquiescencia de la mayoría

El estado es un grupo minoritario de individuos que tiene en sus manos el monopolio de la violencia física. Loo utiliza como un revolver para extraer involuntariamente riqueza de la parte de la sociedad que previamente la ha creado. Y, ayudado por su monopolio del derecho, decide en última instancia la cuestión de lo justo. Esa minoría, al final, solo puede mantenerse por medio del apoyo de la mayoría.

El estado está soportado, entonces, porque la opinión pública lo soporta. La mayoría, a la altura de nuestros tiempos, tienen profundamente arraigada la creencia, de que la única forma de generarse orden es a partir de la existencia de un estado. Esa mayoría cree que siempre ha sido así y que no hay otra forma de que sean las cosas. Esa mayoría, que representa la opinión pública, ha nacido y morirá en un tiempo donde se insiste en la noción, sin descanso, de que el estado es, por un lado, la única forma de coordinar las acciones de la sociedad para generar bienestar; y, por otro lado, que sin estado la sociedad sería presa del caos que acabaría con ella misma en cuestión de días.

Bienvenidas las estrategias de libertad

Así, posiblemente una estrategia más efectiva, con resultados que resulten un tanto más blindado a los vaivenes electorales, que se dirija al profundo desarraigo de la creencia sobre el estado y su utilidad es una estrategia que merece toda nuestra atención como libertarios -una sin la cual, nos atrevemos a decir, el triunfo de Javier Milei en Argentina no habría sido posible en primer lugar.

¡Qué aquellos confundidos sigan llamando fascista a todo aquello que no entienden! Mientras tanto, bienvenidas todas las estrategias para avanzar la libertad. El paso del tiempo cumplirá con su función de depuración y nos encontraremos al final del camino sin estado y libres.

Ver también

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Javier Milei y la bandera de libertad

Los albores de un liberalismo pragmático afloraron el domingo en el país del sur de una América Latina sumida en la incertidumbre y el caos político. Que aquel ‘bicho raro’ de Javier Milei se haya hecho con una primera victoria en un país aquejado por la descomposición institucional, por la ruina económica ocasionada por la inflación y la crisis social y, sobre todo, por la domotización perpetrada por más de setenta años de peronismo es un hecho histórico que sorprende para bien de la democracia en el continente Latinoamericano y en occidente.

Este acontecimiento ejemplifica una cuestión de orden social y político muy importante. Más allá de los esquemas peligrosos en los que algunos se empecinan en insistir. Toda vez que la izquierda más radical trata de encasillar cualquier alternativa a su proyecto rupturista en un extremismo insalvable o cuando se repite un descalificativo que para el análisis es poco útil. Categoriza de ultra una verdad a secas: la libertad como principio rector en la vida de los individuos.

La propuesta de Milei

La propuesta liberal de Milei no hace más que determinar con certidumbre cuestiones que los ciudadanos de cualquier país en quiebra reconocen sin paliativos. El Estado no genera trabajo (empleo) ni riqueza por sí mismo. La burocracia es un mal endémico ineficaz propio de la administración pública que se traduce en dificultades para el ciudadano. El derecho a decidir lo que es mejor para uno corresponde a la misma persona que es capaz de discernir su conveniencia por encima de las imposiciones de un Estado que también vela por sus intereses. En conclusión: menos poder para el Estado es sinónimo de mayor capacidad y ventaja para las personas, quienes son los actores reales de su propio bienestar.

Esto es, en resumen, lo que ha venido defendiendo el candidato de La Libertad Avanza y aquello que los ciudadanos argentinos han reconocido como una propuesta pragmática a la situación en la que se encuentra el país que antes del afloramiento del peronismo era una potencia económica mundial. 

La libertad importa a los ciudadanos

No es baladí detenerse a analizar un elemento clave a la hora de estudiar aquel principio que Montesquieu había establecido: la libertad es poder hacer lo que debemos. Y en ello se enmarca una idea sobre tal virtud que permite reflexionar acerca de las cuestiones que condicionan la vida de los individuos. La protección de sus derechos y la estricta garantía del principio de subsidiariedad que debe revestir todo Estado democrático que reconozca el Estado de Derecho como la base de la convivencia entre los ciudadanos y su relación con el poder público.

Que un liberal pueda ser el próximo presidente de uno de los países más debilitados por décadas de socialismo pone sobre la mesa un hecho incontrastable. La libertad es una cuestión que importa a los ciudadanos y es deber de los líderes de aquellos países que padecen el malestar del igualitarismo y la corrupción de una casta política pervertida ofrecerlo a los ciudadanos como un elemento constructivo de bienestar, superación y enriquecimiento en clave propositivo.

El enemigo del Kirchnerismo

Sobre el terreno hay dos cuestiones clave para analizar. Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), como su nombre indica, son obligatorias. Por tanto, ofrecen una fotografía bastante aproximada de lo que puede acabar ocurriendo en las elecciones generales de octubre en Argentina. Y a eso se suma el hecho de que Javier Milei haya ganado el pasado domingo en plazas tradicionalmente peronistas. Y en segundo lugar, Milei se ha convertido en el enemigo número uno a batir en los dos meses que quedan hasta las elecciones. Enemigo, sobre todo, del kirchnerismo que, de confirmarse el resultado del pasado domingo, tendrá que buscar refugio tras años de corrupción, enriquecimiento ilícito y crisis económica y social.

Milei está muy bien posicionado para ser el próximo presidente de Argentina, con un programa con un claro horizonte de ampliación de las libertades de los argentinos. El bagaje liberal del candidato es una ventana de oportunidad para un cambio real que vendrá acompañado de una idea que pone al ciudadano en el centro.

Respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo

Fue lo manifestó en su alocución tras conocerse los primeros resultados del domingo, citando al profesor Alberto Benegas Lynch. La libertad es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia entendida como libre entrada y salida, la división del trabajo y la cooperación social.

Quedan alrededor de ocho semanas difíciles que serán la antesala de un desafío a la altura de las circunstancias: un país roto económicamente, donde las políticas liberales pueden ser difíciles de aplicar en el corto plazo e, incluso, impopulares en cuanto al cambio de modelo económico, y una sociedad polarizada en la que el peronismo continuará perfectamente organizado y con las herramientas dispuestas para hacer tambalear un gobierno centrado en el cambio radical no solo de la económica o las políticas públicas, sino en la percepción que el individuo tiene sobre su trabajo frente al poder público. Cuestión que resulta nada sencilla en un país dilapidado por la ruina del peronismo y el socialismo. Por ello, en estos momentos históricos es cuando resulta más importante aún elevar la bandera de la libertad, asumiendo que su precio es la eterna vigilancia.

Ver también

¿Es Javier Milei el milagro económico que necestia Argentina?

A vueltas con el positivismo jurídico (IV): sus antecedentes filosóficos en Comte y Kelsen

Aunque en la anterior entrega de esta serie vimos cómo, con Kant, se rompe por completo con los fundamentos filosóficos y la cosmovisión en la que se apoya el iusnaturalismo, al rechazar la necesidad de que las leyes se refieran a la experiencia y/o partan de la naturaleza, tanto la filosofía positivista como el positivismo jurídico -según lo planteó uno de sus representantes más conocidos, Hans Kelsen- dieron un paso más allá.

En efecto, el positivismo filosófico llega a considerar innecesario, por estéril, intentar cualquier reflexión humana sobre lo universal, circunscribiendo el conocimiento al resultado de las ciencias positivas particulares y negando valor a cualquier afirmación que vaya más allá de los puros hechos y de sus relaciones. Así, Kant rechazaba las éticas “materiales” (por contraposición a las “formales”, como es la suya) por derivar su contenido de la “experiencia”, cuando, en su opinión, para que sus imperativos fuesen “universales” debían responder a juicios a priori.

Auguste Comte

Por otro lado, el positivismo filosófico de autores como Comte, aunque regresa a la experiencia como única fuente de verdad, niega la posibilidad de cualquier explicación única de los fenómenos, tanto de carácter trascendente como inmanente, siendo la finalidad de la filosofía positiva la simple síntesis de los conocimientos adquiridos por las distintas ciencias, sin intentar ir más allá de ellas. Así, el propio Comte fija el “estado positivo” como un tercer estado -en el progreso de la humanidad- posterior a los estados teológico y metafísico. Este último es el propio de la Edad Moderna, en el que el hombre deja, en opinión de Comte, de remitirse a seres personificados para explicar los fenómenos.

En el fondo, el planteamiento positivista no es otra cosa que llevar al extremo el camino “racionalista” iniciado con Descartes, con quien se inicia el “problema crítico”. Postula la necesidad de la división de la dificultad que examinamos “en tantas partes como fuera posible y como requiriese para resolverlas mejor” hasta llegar a perder esa realidad única ontológica. Así, la gnoseología acaba primando sobre la metafísica y el conocimiento de la realidad deja de ser contemplativo -y luego, en una segunda fase, práctico- para ser pragmático desde su origen y buscar el dominio sobre la naturaleza y el mundo.

Hans Kelsen

Las afirmaciones de Kelsen sobre la justicia -entre otras en su “Teoría General del Derecho y del Estado”- dejan patente la línea de pensamiento del positivismo filosófico que hemos señalado: “la justicia es un ideal irracional” que “no es accesible al conocimiento”. Sólo el derecho positivo “puede ser objeto de la ciencia; y sólo él constituye el objeto de una teoría pura del derecho que no sea metafísica, sino ciencia jurídica”.

Y es que Kelsen, como los positivistas filosóficos, reduce el objeto de conocimiento a los puros hechos y sus relaciones, considerando, por ello, que sólo existen, en su caso, “intereses” y “conflictos de intereses”, los cuales se resuelven, como él mismo afirma, “por un orden que o bien satisface uno de los intereses en perjuicio del otro, o bien trata de establecer una transición entre los opuestos”, para afirmar después que “el que sólo uno de esos dos órdenes sea “justo” es algo que no puede establecerse por un conocimiento racional”, y “el conocimiento sólo puede revelar la existencia de un orden positivo, evidenciada por una serie de actos objetivamente determinables”.

Platón

De hecho, es muy interesante, y reveladora, la similitud que plantea Kelsen en la obra citada entre el derecho natural y la filosofía platónica:

La doctrina del derecho natural se caracteriza por el establecimiento de un dualismo fundamental entre derecho positivo y derecho natural (…) [que] se asemeja en tal aspecto al dualismo metafísico de la realidad y la idea platónica (…). El dualismo entre realidad e idea, entre el mundo imperfecto de nuestros sentidos y otro mundo perfecto, inaccesible a la experiencia de los mismos sentidos, es decir, el dualismo entre naturaleza y supernaturaleza, entre lo natural y lo sobrenatural, lo empírico y lo trascendente, el más acá y el más allá, esta reduplicación del universo, no es sólo un elemento de la filosofía platónica, sino ingrediente típico de toda interpretación metafísica, o, lo que es lo mismo, religiosa, de lo existente.

Hans Kelsen

Crítica al iusnaturalismo

En el fondo, por tanto, la postura del positivismo jurídico se basa en unos planteamientos filosóficos racionalistas llevados al extremo, en los que la posibilidad de conocimiento queda muy cercenada -se rechaza la posibilidad del conocimiento universal-. Su objeto se reduce exclusivamente a los fenómenos y sus relaciones y el objetivo de ese conocimiento es eminentemente pragmático (como afirma Bacon, “saber es poder”). De ahí la crítica tanto al iusnaturalismo clásico como a los planteamientos kantianos que hace Kelsen en la obra ya citada:

Lo que ha sido presentado como derecho natural o, lo que equivale a lo mismo, como justicia, consiste en su mayor parte en fórmulas vacías, como suum cuique, “a cada quien, lo suyo” o tautologías desprovistas de significado, como el imperativo categórico, esto es, la doctrina kantiana de que uno debe hallarse determinado solamente por principios que puede querer que sean obligatorios para todos los hombres. Pero la fórmula “a cada uno, lo suyo” no contesta la pregunta sobre qué es lo suyo de cada quien, y el imperativo categórico no dice cuáles son los principios que cada debiera querer se transformasen en obligatorios para todos.

Hans Kelsen

¿Es la justicia un ideal irracional?

Es decir, aunque Kant había querido evitar los preceptos hipotéticos o condicionados de las “éticas materiales” (y que, por tanto, sólo valen de modo condicional -no absoluto- para conseguir un fin: “si quieres conseguir o evitar”, entonces debes…), recurriendo a una ética “formal”, universalmente válida a priori, con imperativos absolutos y autónomos, Comte aprovecha dicho vacío de contenido de la ética kantiana también para criticarla, pero revelando, en el fondo, al hacer esa crítica tanto al “iusnaturalismo” kantiano como al clásico, cierta exigencia de certidumbre, de control, muy poco compatible con la realidad de un mundo de futuro incierto.

Y es que, ¿por qué es imprescindible, como pretende Kelsen, que existan fórmulas concretas, desde antes incluso de planteársenos un problema, que nos digan cómo debemos actuar? ¿No bastan las meras directrices genéricas que den las claves, exigiendo un trabajo posterior, aunque no las respuestas concretas desde el inicio? ¿Es realmente el hombre -el legislador- capaz de prever cualquier suceso que pueda planteársenos en el futuro? ¿Qué ocurre con los supuestos no previstos previamente, acaso no es posible darles una respuesta “justa” o cuando menos “correcta” -si no aparecen recogidos/previstos en la ley, no forman parte del derecho positivo-? ¿Realmente es la justicia un ideal irracional? A todo esos interrogantes les daremos respuesta desde los principios filosóficos de los que parte el derecho natural, pero será ya en la próxima entrega.

Serie ‘A vueltas con el positivismo jurídico

(I) Las inconsistencias del iuspositivismo

(II) La idea clásica de la justicia, y su relación con el Derecho

(III) Sus antecedentes filosóficos en Kant

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina?

Siempre seguí de cerca todo lo que ocurre en Argentina. Apenas era un niño cuando descubrí a Diego Armando Maradona, un hombre que hacía magia con un balón.
Apenas sabía qué es España y no sabía nada del Imperio Español, pero veía que ese hombre, además de hacer magia con el balón, hablaba español.

Y con un acento parecido al de Rubén Sosa, «el principito» que marcó el gol que hizo que el Real Zaragoza ganase la Copa del Rey 1986. Menos de dos meses después, se disputaba el Inglaterra-Argentina, en el que Maradona marcó dos de los goles más geniales que he visto, “la mano de Dios” y “el gol del siglo”. Argentina ganó el mundial. Y mi admiración.

Aunque la distancia, y mi corta edad, dificultaban desarrollar mi interés por Argentina. Incluso cuando Chilavert fichó por Vélez, intentaba seguir los resultados del equipo, pero era difícil para mí seguir las noticias argentinas antes de tener Internet. Pero llegó Internet justo en la época en la que jugaba en el Real Zaragoza Poyet, Cáceres, Esnáider, Darío Franco… y fui leyendo todo lo que podía sobre Argentina, Paraguay y Uruguay. Y poco a poco me fui acostumbrando a seguir la actualidad de esos países.

Maradona me hizo admirar Argentina. El escudo del león me hizo descubrir Argentina.

Economistas argentinos

Y así, fui conociendo más a autores argentinos. Descubrí a Ricardo López Murphy, a Martín Tetaz, a Roberto Cachanosky… y mi interés por la economía y la Escuela de Salamanca crecía a medida que crecía mi interés por Argentina.

Siempre me resultó curioso la cantidad de libros y autores argentinos hablando sobre la Escuela de Salamanca. Así descubrí y leí a Gabriel Zanotti, a Carlos Rodríguez Braum, a Alejandro A. Chafuen o a Juan Carlos Cachanosky.

También me resultaba curioso que con tanto talento argentino la economía argentina fuera un auténtico disparate, con unos niveles hiperinflacionarios de 3079% y 2314%, en 1989 y 1990, respectivamente. Un país que, tiempo atrás, llegó a tener el mayor PBI per cápita del mundo.

La economía argentina era -y es- un digna de un chiste de Yayo pero, si los argentinos tienen el talento y la capacidad de trabajo suficiente como para llegar a tener el mayor PBI per cápita del planeta y el conocimiento suficiente de la Escuela de Salamanca, sólo es cuestión de tiempo que vuelvan a ser una gran potencia mundial y volver a recuperar una alta renta per cápita.

El milagro económico español

En España vivimos de 1959 a 1973 el conocido como milagro económico español, un cambio que Domingo Soriano define como: “Un país autoritario que abre su economía al mundo, desde una posición de partida muy mala y que consigue sumarse al tren de la modernidad”.

En ese periodo, en España hubo un crecimiento medio anual del 7,73%, gracias a unos pocos cambios estructurales. Veamos cuatro puntos:

  • Apertura internacional tanto a nivel industrial y de inversiones como a nivel de turismo. España pasó de recibir 6 millones de turistas en 1960 a más de 34 millones en 1973.
  • Reducción a través del primero de los Planes de Desarrollo Económico y Social de la inflación pasando del 12,6% en 1959 al 2,8% en 1963. Aunque luego, como siempre ocurre en cualquier economía planificada, volvió a subir en 1965 hasta el 14%.
  • Unas tasas bajas de criminalidad, como los 1,2 homicidios por cada 100.000 habitantes en 1970, según el INE.
  • Y un estado limitado con “sólo” 700 mil funcionarios de una población de 35,9 millones de españoles en 1975.

Gracias a estos cuatro hitos, en los 70, España fue la décima potencia mundial en PBI per cápita según el Banco Mundial y la ONU.


Argentina hoy

Comparemos estos mismos indicadores con la situación argentina actual. La tasa de inflación anual promedio ha pasado del 40,6% en el periodo 2015-2019 con Mauricio Macri como presidente a un 69,8% en el periodo 2020-2023 con el gobierno del Frente de Todos.

El nivel de control económico por parte del estado argentino lleva a situaciones como que siendo Argentina el primer exportador de harina y aceite de soja del mundo, el gobierno decidió suspender las exportaciones de estos productos en 2022. En 2022 sólo 3,9 millones de turistas durmieron al menos una noche en Argentina, cuando en 2019 lo hicieron 7,4 millones.

El número de homicidios en Argentina en 2021 fue de 2093 (4,62 por cada 100.000 habitantes), muchos, aunque es menos que los que ha habido desde 2001, que no había bajado de los 5  por cada 100.000 habitantes.

Un milagro económico es posible en Argentina

He comenzado hablando de mi relación con Argentina. Y cómo sigo a diario la actualidad argentina. Pero ese cariño no es unidireccional. Me consta por amigos argentinos que al otro lado del Atlántico siguen tanto o más la actualidad española como en España la de Argentina. También hemos visto que hay un fuerte conocimiento de la Escuela de Salamanca en Argentina y que cuando se aplicaron, aunque tímidamente, en España, la economía creció al 7,73% anual.

Y cómo la situación actual en Argentina horripilaría a cualquiera de nuestros escolásticos, por lo que hay un caldo de cultivo ideal para que alguien tome esas ideas en Argentina y las desarrolle. Esas ideas que, por otro lado, y como dice Borges, nunca dejaron de estar:

Estás, España silenciosa, en nosotros.

[…]

España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros

Esas mismas ideas que Javier Milei reivindica en Otra vez sopa, en El fin de la inflación, en El camino del libertario, en Libertad, libertad, libertad… Pero sobre todo, cuando reivindica la constitución de Alberdi, tan influida por la Escuela de Salamanca.

De hecho, Alberdi en “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, su obra más famosa, donde propone los principios fundamentales para la organización constitucional del país, basados en el respeto a las libertades individuales, el fomento de la inmigración, el desarrollo económico basado en el libre comercio y la producción agrícola, y la limitación del poder del Estado, se basa abiertamente en los principios planteados por la Escuela de Salamanca.

Este libro de Alberdi fue tomado como referencia por el Congreso Constituyente reunido en Santa Fe en 1853, que sancionó la primera Constitución nacional argentina. Sólo tres décadas después, en 1895 y 1896, Argentina tuvo el mayor PIB per cápita del mundo.

El rugido del león

En Argentina ya saben que el libre comercio y el estado limitado funcionan. En España también. La diferencia es que en Argentina hay un candidato a la presidencia que, aparentemente, quiere aplicar los postulados de la Escuela de Salamanca. Y ha sabido hacer llegar su mensaje a la población.

En la Plaza Holanda de Buenos Aires, dijo:

Esta no es una tarea para tibios. Esta no es una tarea para cobardes. Esta no es una tarea para los políticamente correctos. Yo no me metí acá para estar guiando corderos, yo me metí acá para despertar leones. ¡Quiero escucharlos rugir!

Ayer, los leones argentinos rugieron. Más del 30% de los votos en las PASO fueron para Milei. Ya han comenzado el camino para volver a ser libres. Para volver a ser ricos.

El camino de la Escuela de Salamanca. El camino de la Comunidad de Madrid.

En España, sin embargo, sólo nos queda el recuerdo. El recuerdo de la Escuela de Salamanca. El recuerdo del milagro económico español. El recuerdo de un león que acompañado de unos cuantos argentinos conquistó Europa. Pero que ahora está en segunda.

Un león que duerme, como durmió en Argentina.
Pero el rugido madrileño y el rugido argentino, puede hacerle despertar.

Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista? (III): el Consejo de Aragón

En los anteriores capítulos de esta serie (Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista?) de artículos repasamos dos aspectos fundamentales del anarquismo en Aragón durante la Guerra Civil española. En primer lugar, hablamos de las colectividades como las formas de organización social y económica que surgen tras el colapso del Estado republicano. En segundo lugar, explicamos como se estructuraba el anarquismo a nivel militar a través de las columnas y las milicias.

En este último capítulo hablaremos del Consejo de Aragón, si algo caracteriza este periodo revolucionario en Aragón es la propia institucionalización de la revolución. Esa institucionalización se realizaría a través del Consejo de Aragón. El momento en el que se comenzó a debatir sobre su constitución fue el Pleno de Bujaraloz del 6 de octubre de 1936. Entre las filas libertarias había discrepancias sobre su constitución, los sectores más radicalizados, representados por personajes como Ortiz, Jover o Aldabaldetrecu pensaban que la creación del Consejo entorpecería la lucha contra el fascismo. Por el contrario, muchos pueblos pensaban que eran necesario dotar a las zonas conquistadas de una estabilidad institucional[1].

CNT en Alcañiz

Finalmente, su composición y configuración fue establecida en una reunión del Comité Regional de la CNT en Alcañiz. Se establecieron seis departamentos, dirigidos todos ellos por anarquistas:

  • Justicia y Orden Público: Adolfo Ballano Bueno.
  • Agricultura: José Mavilla Villa.
  • Información y Propaganda: Miguel Jiménez Herrero.
  • Transportes y Comercio: Francisco Ponzán Vidal.
  • Instrucción Pública: José Alberola.
  • Economía y Abastos: Adolfo Arnal.
  • Trabajo: Miguel Chueca Cuartero.

El presidente sería Joaquín Ascaso Budría, merece la pena que nos centremos un momento en esta figura. Ascaso nació a principios del siglo XX en el barrio de Torrero de Zaragoza. Ya en su juventud fue conocida su militancia política, lo que le llevó a entrar en prisión en la dictadura de Primo de Rivera y posteriormente tomar la vía del exilio a Francia. Con la llegada de la República, Ascaso regresó a España y se convirtió en el líder del sindicato de la construcción de la CNT en Zaragoza. Dos años después, llegaría a convertirse en el líder nacional de la CNT, en este periodo también pasaría alguna temporada en prisión.

Joaquín Ascaso

El golpe de Estado le cogió por sorpresa en Barcelona, donde se enroló primero en la Columna Durruti y posteriormente en la Columna Ortiz. Participaría como delegado en el Pleno de Bujaraloz antes mencionado, donde sería elegido presidente del Consejo de Aragón. Tal como relata en sus memorias, Ascaso fue un gran organizador y negociador, pero la vida del Consejo fue muy efímera.

Tras la disolución del Consejo el 10 de agosto de 1937, Ascaso se dirigió a Valencia, donde fue arrestado por un robo de joyas. Unos meses más tarde sería puesto en libertad y se enrolaría de nuevo en la Columna Ortiz, tras la caída del frente aragonés se vio obligado a exiliarse de nuevo a Francia. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial conseguiría trasladarse a América. Primero estaría en Caracas con sus dos hijas, sobreviviendo con trabajos tremendamente precarios. Tras pasar una temporada en Chile, volvería a Caracas, donde moriría sin apenas recursos a los 70 años el 12 de marzo de 1977[2].

La composición exclusivamente anarquista del Consejo provocó las críticas de los distintos sectores de la izquierda, socialistas, anarquistas y republicanos veían en el Consejo una dictadura anarquista. Por ello, se comenzaron a enviar delegaciones para negociar con los máximos dirigentes del bando republicano. En primer lugar, Ascaso se trasladaría a Barcelona para conversar con el presidente de la Generalitat, Companys, y con el presidente de la República, Manuel Azaña.

El papel de Largo Caballero

Ambas figuras tenían discrepancias con el anarquismo cenetista, aunque Ascaso lo intentaría maquillar en sus memorias: “Antes de salir para Madrid —agregó— nos hemos entrevistado con Azaña y Companys, los cuales acogieron complacientes la idea de creación del Consejo de Defensa de Aragón”[3]. Otra muestra de las discrepancias que tendrá el Consejo con la Generalitat la veremos en la reunión del 3 de noviembre de 1936 con Josep Tarradellas, quien afirmaba “que el territorio on pretén actuar és zona de guerra i per tant no hi pot a ver més autoritat que la militar, i per altra part té cura de la población civil la Generalitat”[4].

Como bien relata, posteriormente tomaría el camino de Madrid para entrevistarse con Largo Caballero, presidente del Consejo de Ministros. La delegación dirigida por Joaquín Ascaso entregó un documento donde aparecía escrita la justificación de la creación del Consejo. Los motivos eran que las milicias habían tomado el poder sin ningún tipo de control, por lo que había que supervisarlos, además era necesario un órgano rector de las actividades económicas, sociales y económicas. Al gobierno republicano no le entusiasmaba demasiado la idea por lo que creo una comisión para que estudiara el caso[5].

“Estrechez revolucionaria”

En palabras del propio Ascaso:

Es indudable que el Gobierno de Largo Caballero, en esta oportunidad, pecó de blandura ante los anhelos populares. Fue poco valedor de las ansias aragonesas. Quizá un deseo de no alarmar al otro lado de las fronteras. El hecho es que su política de estrechez revolucionaria nos trajo meses más tarde consecuencias nefastas[6].

En definitiva, la constitución del Consejo de Aragón no fue tarea fácil, las luchas internas de poder entre el Gobierno republicano, la Generalitat y el Consejo eran evidentes y ninguno quería perder influencia. Finalmente, el reconocimiento oficial del Consejo se anunciaría el 25 de diciembre de 1936 en el artículo 11 del decreto de la Gaceta de la República: “En Aragón se creará el Consejo de Aragón, que abarcará con iguales atribuciones que las que se indican en este Decreto para los Consejos provinciales a todo el territorio aragonés reconquistado y aquel que reconquiste el Ejército Popular”[7]. Esto fue posible, en gran medida, a la actuación de Joan Peiró, ministro de Industria desde el 4 de noviembre, que, junto a Juan López, Juan García Oliver y Federica Montseny, conformaban el grupo de anarquistas que constituían el gobierno de Largo Caballero.

Primera reunión del Consejo

Tras esto se recompuso los departamentos del Consejo, se ampliaron de siete a trece departamentos y se incluyó a individuos de otras fuerzas políticas del Frente Popular: dos miembros de Izquierda Republicana, dos ugetistas, dos del Partido Comunista y un miembro del Partido Sindicalista. El 12 de enero de 1937 se celebró la primera reunión del Consejo. Se establecieron tres preceptos básicos[8]:

  • Establecer un nuevo orden estructurado en la libertad y la justicia social.
  • La organización de la economía aragonesa en torno a una estructura colectivista, respetando al pequeño propietario siempre y cuando no perjudicara al interés general.
  • Terminar con las requisas y excesos en el frente cometidos por las milicias.

Como ya hemos explicado, tras el golpe de Estado fueron los comités locales y posteriormente los consejos municipales los que ocuparon el vacío de poder. Pese a los preceptos del Consejo, los militantes de la CNT que configuraban estos consejos municipales no querían perder su posición de dominio, bajo el Consejo había 375 consejos municipales. Se repartían de la siguiente manera, la mayoría de ellos estaban integrados por militantes de la CNT, un total de 175 localidades. La UGT estaba presente en 91 pueblos, Izquierda Republicana en 22, el Frente Popular en 26, y finalmente 23 localidades compartían el poder entre la UGT y la CNT. Como vemos, pese a que hay una mayoría anarquista, no tenía el completo dominio del poder, el panorama era mucho más heterogéneo y complejo[9].

Primeras medidas

El Consejo de Aragón solicitó a los consejos municipales que realizaran un inventario con todos los bienes inmuebles que habían requisado tras los primeros días de conflicto, aunque finalmente la medida no resultó ser demasiado eficaz. Otra de las medidas del Consejo fue el Decreto de municipalización de las viviendas, autorizaba a intervenir aquellas propiedades que habían sido “abandonadas” por sus propietarios, esta medida tampoco tuvo demasiada influencia por su tardía aplicación. Estas medidas muestran la voluntad del Consejo por legislar, pero abandonaba el principio anarquista de autonomía y autogobierno a nivel local, un debate doctrinal que acompañará toda la existencia del Consejo.

En el verano de 1937 volverían a surgir dificultades para el Consejo, el día uno de agosto el PCE convocaría un pleno en Barbastro con la iniciativa de disolver el Consejo, que se veía como una “amenaza para la unidad antifascista”. Un ferviente comunista aragonés, Antonio Rosel, lo relataba así:

De una dictadura anarquista pasamos a otra comunista. Simplemente, porque era hostil a la CNT, se daba aliento y apoyo a gente que siempre había sido, y seguirá siéndolo, enemiga de la clase obrera, porque sus intereses se hallaban fundamentalmente opuestos[10].

Decreto de disolución

Pese a la defensa del Consejo por parte de la CNT en un pleno en Valencia, la República organizó a la 11 División, comandada por Enrique Líster, que se trasladara a Aragón. No tardaría en llegar la noticia, el 11 de agosto se anunciaba en la Gaceta de la República el decreto de disolución:

Decreto disolviendo el Consejo de Aragón y disponiendo cesen los que integran el citado organismo, así como el Delegado del Gobierno en el mismo don Joaquín Ascaso Budría, y disponiendo que el territorio de las provincias aragonesas afecto a la autoridad de la República quede bajo la jurisdicción de un Gobernador general nombrado por el Gobierno”[11].

Aquel gobernador sería el republicano José Ignacio Mantecón.

Los retos del Consejo de Aragón

Los planes del Consejo de Aragón estuvieron determinados por el contexto en el que surgieron. Podríamos establecer cuatro dificultades a las que tuvo que sobreponerse la institución. En primer lugar, las duras condiciones del conflicto bélico que se estaba viviendo en España. Por supuesto, la oposición por parte de los distintos organismos de poder del bando republicano, tanto del gobierno central como de la Generalitat.

También mencionar el breve periodo de tiempo que tuvo de actividad el Consejo, desde octubre de 1936 hasta agosto de 1937, apenas un año en el que el rango de actuación era muy limitado. Por último, señalar los enemigos internos del Consejo, en las propias filas anarquistas había voces discordantes que consideraban las actuaciones del Consejo demasiado intervencionistas.

Aquí termina nuestro breve recorrido por el anarcosindicalismo en Aragón, me he limitado a exponer las características y pilares fundamentales de este movimiento tan intenso como efímero. El siguiente paso sería discernir si verdaderamente fue una experiencia anarquista, eso es una tarea que dejo al juicio del lector y de futuros investigadores.

Notas

[1] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa (1936-1938). Barcelona, Editorial Crítica, 2006, pp. 133-134.

[2]Alejandro R., Díez Torre, “Joaquín Ascaso, primer presidente aragonés del siglo XX y gobernador libertario de Aragón”, en Angela Cenarro (ed.), Contrarrevolución y revolución: dos proyectos políticos y sociales enfrentados, Barcelona, Diputación Provincial de Zaragoza-El periódico de Aragón, 2006, col. “La Guerra Civil en Aragón”, pp. 88-89.

[3] Joaquín, Ascaso, Memorias (1936-1938) …, op. cit., p. 56.

[4] Julián, Casanova, De la calle al frente. El anarcosindicalismo en España. Barcelona, Crítica, 2010, p. 194.

[5] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., p. 136.

[6] Joaquín, Ascaso, Memorias (1936-1938) …, op. cit., p. 97.

[7] Gaceta de la República, 25 de diciembre de 1936.

[8] Julián, Casanova, Anarquismo y revolución…, op. cit., p. 143.

[9] Ibidem, pp. 155-156.

[10] Ronald, Fraser, Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española. Barcelona, Crítica, 1979, p. 125.

[11] Gaceta de la República del 11 de agosto de 1937.

Serie Aragón en la Guerra Civil española. ¿Una verdadera experiencia anarquista?

(I) Las colectividades

(II) Las columnas libertarias

Greta Thunberg y su club de fans necesitan ser realistas sobre el desafío climático

Por Eliot Wilson. Este artículo ha sido publicado originalmente en CapX.

El Festival Internacional del Libro de Edimburgo celebra este año su 40 aniversario. Por desgracia, este año no todo ha ido como la seda. A principios de mes, Greta Thunberg anunció que renunciaba a participar en un acto titulado “No es demasiado tarde para cambiar el mundo”. ¿Por qué? Porque el festival está patrocinado por la venerable gestora de inversiones Baillie Gifford, que, según Greta Thunberg, “invierte fuertemente en la industria de los combustibles fósiles”. Su apoyo al festival era, por tanto, poco más que “lavado verde”, justo el tipo de manipulación que la profetisa del clima considera inaceptable.

La Juana de Arco del calentamiento global, no llegó donde está hoy sin saber cuándo sus tropas caerán detrás de ella. Por eso, la semana pasada, más de 50 autores y presidentes de mesas redondas, entre ellos Zadie Smith, Gary Younge y Ali Smith, escribieron a los organizadores del festival en apoyo de Greta Thunberg, exigiendo que Baillie Gifford se deshaga de cualquier inversión en combustibles fósiles o sea sustituida como patrocinadora de la edición de 2024. De no ser así, advierten seriamente, boicotearán el evento del año que viene.

Thunberg, un éxito que no se basa en el debate

Dejando a un lado el tedio rutinario de este tipo de señalización de virtudes de bajo riesgo, el juicio de Thunberg sobre Baillie Gifford es en gran medida una cuestión de perspectiva. La inversión que califica de “pesada” asciende a alrededor del 2% de los activos gestionados por la empresa, en un sector en el que la inversión media en productores de combustibles fósiles es del 11%. Y de las inversiones que componen ese 2%, muchas son en empresas que ya están reduciendo su participación en los combustibles fósiles, mientras que otras se dedican activamente al desarrollo de energías limpias.

Pero la preeminencia de Thunberg en el movimiento climático mundial no se ha basado en la discusión, el debate o el intercambio de ideas. Más bien se ha basado en la pureza de sus creencias y la luz interior de su conciencia. Es una prerrogativa suya, por supuesto. Tiene todo el derecho a adoptar una línea intachable que no tolere ningún tipo de compromiso con los combustibles fósiles.

Baillie Gifford promueve la descarbonización

Los que se han unido a ella adoptan un enfoque igualmente absolutista. Según éste, el más mínimo rastro de contacto con la confusión de estas cuestiones se considera fuera de lugar. El punto de vista absurdamente maniqueo de este movimiento fue tipificado por la joven activista climática Mikaela Halls. Dijo dramáticamente a los asistentes al festival: “Vosotros no quemaríais libros, así que ¿por qué quemáis el planeta? Dejad a Baillie Gifford”.

La ironía, sin duda perdida por los fanáticos del clima, es que Baillie Gifford es una empresa con mucho que recomendar. Dejando a un lado la magnitud de su éxito y su modelo de propiedad no jerárquico, la empresa está tratando de utilizar su peso e influencia en los servicios financieros para fomentar la innovación y la descarbonización a través del progreso, en lugar de la insípida vergüenza del carbono. También se puede observar que lleva dos décadas patrocinando el Festival del Libro de Edimburgo, en un momento en que el patrocinio empresarial no siempre puede darse por sentado.

¿Cuáles son las soluciones de Thunberg?

Encontrar soluciones a los retos climáticos no es fácil. Pero, como señaló hace poco John Ashmore, editor saliente de CapX, las maniobras publicitarias para acaparar titulares anteponen el brillo de las credenciales climáticas de los propios activistas a la necesidad urgente de tomar medidas serias. No hay que olvidar tampoco que el Gobierno, a pesar de sus recientes ataques a los ecologistas, está firmemente comprometido con la reconversión de la economía británica hacia una energía y un transporte con bajas emisiones de carbono.

La condena y la intolerancia son fáciles hoy en día, y la doncella de Estocolmo las ha convertido en su especialidad. Lo que está mucho menos claro, sin embargo, es cuáles son realmente las soluciones de Greta Thunberg. O qué quiere que hagan los políticos, más allá de un grito bastante vago de “¡actúen!”. Quizá le convendría leer las famosas palabras de Teddy Roosevelt:

El mérito es del hombre que está en la arena, cuyo rostro está marcado por el polvo, el sudor y la sangre; que se esfuerza valientemente; que se equivoca, que se queda corto una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin error ni carencia.

Teddy Roosevelt.

Ver también

El ecologismo como iglesia de la Gretología (Daniel Rodríguez Herrera).

Menos Greta, más Nordhaus. (Álvaro Martín).

La ‘performance’ verde. (Alberto Illán Oviedo).

El activismo emocional no es el camino. (Pablo Castells).

Protección, contención y restitución: una visión liberal de la delincuencia y la justicia penal

Por Harrison Griffiths. Este artículo ha sido publicado originalmente en el IEA.

El aumento de los índices de delincuencia siempre es motivo de preocupación, pero los patéticamente bajos índices de resolución de delitos del Reino Unido están haciendo que sea imposible ignorar el problema. Cualquiera que viva en Londres conocerá muchos casos de robo de teléfonos o bicicletas en los que la Policía ha hecho muy poco por recuperar los objetos robados, por no hablar de procesar a los responsables. De hecho, sólo el 1,7% de los casos de robo de bicicletas denunciados acaban en juicio.

El robo de bicicletas es sólo una prueba de que los delitos contra la propiedad se han despenalizado en el Reino Unido. En 2021, más de un millón de robos y hurtos quedaron sin resolver. Las propiedades de los ciudadanos son, al parecer, bienes inmuebles gratuitos para los delincuentes.

La delincuencia violenta y los delitos contra la propiedad tienen efectos negativos claramente probados que van más allá de la victimización de personas inocentes. La alta criminalidad erosiona la confianza social, disuade a la gente de la actividad económica nocturna, obliga a la gente a gastar dinero que de otro modo no gastaría en arreglar y reparar propiedades dañadas o en mudarse fuera de las zonas de alta criminalidad.

Un enfoque liberal

La lucha contra la delincuencia no tiene nada de antiliberal: cumple con nuestra responsabilidad moral de defender a los inocentes de la violencia y es un componente esencial de una economía fuerte.

Lo primero que debe subrayar un enfoque liberal de la justicia penal es que la policía sólo debe ocuparse de las amenazas a la vida, la libertad y la propiedad. Una vez que la policía empieza a perseguir delitos sin víctimas, se convierte en su propio cártel violento y perjudicial. Esto significa despenalizar la posesión y venta de drogas y poner fin a las restricciones gubernamentales a la libertad de expresión, por ejemplo.

Esto no sólo es moralmente correcto, sino que también puede tener un efecto positivo en la persecución de otros delitos. Hay un coste de oportunidad para cada agente de policía que se sienta en un escritorio a vigilar Internet en busca de tuits “gravemente ofensivos” cuando podría estar patrullando las calles o resolviendo un delito. De hecho, reducir el exceso de celo en la vigilancia de la libertad de expresión por motivos políticos puede ser una forma de restablecer la confianza de los ciudadanos en la policía, que ha creado una especie de “anarco-tiranía” en la que se investiga sin piedad a la gente por su libertad de expresión pacífica, mientras que a los ladrones se les permite campar a sus anchas impunemente.

Más patrullas en la calle

Así pues, una vez que las fuerzas del orden se centran en hacer cumplir las leyes adecuadas, la función primordial de la policía debería ser la protección contra la delincuencia y minimizar el coste para cada víctima.

Lo primero que habría que hacer para solucionar este problema es volver a poner más agentes en las calles. Una de las únicas formas en que la policía puede disuadir de la delincuencia es mediante la visibilidad. Una revisión sistemática de los datos demostró que el 80% de los estudios concluían que el aumento de las patrullas policiales en zonas de alta criminalidad reducía la actividad delictiva en comparación con otros lugares de alta criminalidad. Un estudio constató una reducción del 31% de los delitos contra la propiedad en los puntos conflictivos patrullados por coches señalizados.

Las patrullas constantes también aumentan la disponibilidad de la policía para responder a las llamadas de delincuencia. Incluso, las llamadas de “prioridad uno” tardaron un promedio de 16,5 minutos para que la policía llegara a las escenas del crimen en 2022, un aumento del 9% en comparación con 2018.

La legítima defensa

Dado que los tiempos de respuesta a menudo significan la diferencia entre el éxito o el fracaso para los delincuentes, no hay excusa para no permitir que las personas recuperen un mayor control de su propia protección. El régimen legal actual en torno a la legítima defensa hace muy poco para proteger a quienes actúan en legítima defensa, esperando que las víctimas sopesen todo un conjunto de pruebas de equilibrio legal antes de actuar para defenderse a sí mismos y a su propiedad de los delincuentes.

Esto debería modificarse para dar seguridad a las víctimas de delitos de que habrá un listón legal excesivamente alto necesario para procesarlas por acciones en defensa propia.

Seguridad privada

Las empresas de seguridad privada deberían tener los mismos derechos legales que la policía a la hora de detener a delincuentes para defender la propiedad de las personas, y el gobierno debería considerar la posibilidad de relajar las restricciones a la tenencia de determinadas armas controladas en la propiedad de las personas.

Una vez que se ha cometido un delito, no debería cuestionarse que todas y cada una de las acusaciones de delito se investiguen en la medida en que las pruebas lo permitan. Una vez más, el sector privado tiene un papel que desempeñar. Debería permitirse a los particulares contratar detectives privados para investigar los delitos, y esos investigadores privados deberían tener el mismo acceso a los jueces para obtener órdenes de registro y pruebas. Si la policía no puede ofrecer investigaciones adecuadas, entonces el gobierno debería proporcionar a las víctimas un vale para encontrar una entidad privada que pueda hacerlo.

Contención y restitución

Una vez que se acusa a un delincuente y se le declara culpable, las penas no deberían centrarse en el castigo o la disuasión -ninguno de los cuales es especialmente eficaz para reducir la delincuencia-, sino en la contención y la restitución. Un enfoque basado en la restitución daría a las víctimas un papel más activo en la administración de justicia. Deberían poder exigir transferencias monetarias o de bienes a su agresor para ayudar a mitigar el impacto del delito. El valor de la transferencia y el plazo en que debe pagarse deberían ser decididos por jueces y jurados.

Sin embargo, hay muchos casos de delincuencia en los que la sociedad en general tiene interés en que los autores no vuelvan a delinquir. De hecho, la “ley del poder de la delincuencia” nos dice que la mayoría de los delitos son cometidos por un pequeño número de reincidentes. Un estudio de 30 años sobre la delincuencia en Suecia estimó que el 1% de la población comete el 63% de todos los delitos violentos. En Estados Unidos y el Reino Unido, una clara mayoría de las condenas recaen en personas con antecedentes penales.

Prioridades

La simple contención de este pequeño segmento de la población que en su inmensa mayoría comete delitos violentos debería ser la prioridad del sistema de justicia penal. Las penas impuestas a quienes tienen una o dos condenas previas deberían ser mucho más largas que las impuestas a quienes son condenados por primera vez por delitos similares. Las prisiones deben ser perfectamente humanas, con diversas oportunidades de superación y rehabilitación para quienes deseen dar un giro a su vida mientras están en prisión.

El centro de nuestros esfuerzos en materia de justicia penal debe ser capacitar a la policía y a las personas para defender a las víctimas contra los actos delictivos y aumentar nuestra capacidad para perseguirlos con éxito después de los hechos. Una vez que los delincuentes son declarados culpables de delitos, las víctimas deben tener voz para exigir indemnizaciones que les ayuden a reconducir sus vidas, y los delincuentes reincidentes deben ser separados humanamente de la sociedad para garantizar que los inocentes no vuelvan a ser aterrorizados por los agresores en el futuro.

Ver también

Delincuencia e ideología, un cócktail peligroso. (Alberto Illán Oviedo).

La pícara alcaldesa respetuosa con la delincuencia. (María Blanco).

Los pobres son pobres, no delincuentes. (Pablo Molina).

El asimétrico tratamiento del dinero y los datos en la Unión Europea

De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda hablar del valor de nuestros datos personales, y decir que son como el dinero, en el sentido de que constituyen nuestro pago por muchos servicios gratuitos que se nos prestan a través de Internet. El ejemplo paradigmático de ello es el buscador de Google. Incluso ha surgido un aforismo para describir esto: “si algo es gratis, es que el producto eres tú”.

Paralelismo entre los bancos y las Big Tech

Por ello, se podría establecer un paralelismo entre los bancos y las Big Tech (o simplemente las Tech). En efecto, de la misma forma que la gente deposita su dinero en los bancos para facilitar su uso y que se lo custodien, también “deposita” sus datos en dichas grandes empresas, a las que por tanto cabría exigirles algo similar a lo que hacen los bancos.

Se podría interpretar así una norma como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Mediante ella, se pretende garantizar que los depositarios de nuestros datos personales no hagan cosas con ellos a menos que tengan buenas razones y siempre con nuestro conocimiento y consentimiento. Todo ello parece perfectamente lógico, en un contexto en que se asume que la propiedad del dato personal es del individuo (lo que aceptaré a efectos dialécticos, aunque es bastante discutible), y, por tanto, es éste el que ha de decidir qué se puede hacer con ellos.

Haz con el dinero lo que quieras (no con los datos)

Visto así, lo llamativo es el gran contraste que existe con lo que se permite hacer a los bancos con nuestro dinero. En efecto, como bien conocen todos los amantes de la reserva fraccionaria, y también quienes la odian, los bancos pueden coger el dinero que se deposita en ellos y hacer con él básicamente lo que les dé la gana, sin informar para nada al dueño del dinero depositado. Lo único que se les exige es que, si el depositario reclama su dinero, se lo devuelvan.

Así pues, observamos un cuidado exquisito con los datos personales que depositamos en las páginas de Internet, y una negligencia lapidaria con el dinero que depositamos en las cuentas bancarias, hasta el punto de, como saben los conocedores de la teoría del ciclo, ser responsables de las crisis económicas que nos afectan periódicamente. Como a Amazon se le ocurra pasar nuestros datos a Apple sin nuestro consentimiento, le cae la del pulpo; si un banco usa nuestro dinero para invertir en un proyecto ruinoso, ni nos enteramos.

El valor subjetivo del dinero y de los datos

Sin embargo, si le preguntas a cualquier ciudadano normal qué le preocupa más, que sus datos personales estén bien custodiados o que lo esté su dinero, me atrevería a decir que la respuesta será clara (bueno, a lo mejor si la encuesta la hace Tezanos nos llevamos una sorpresa): a todos nos preocupa más, con diferencia, nuestro dinero.

Es más, todos sabemos qué hacer con el dinero, no se necesitan habilidades ni conocimientos especiales para sacarle valor. Justo lo contrario de lo que ocurre con los datos personales: ¿quién sabe cómo pagar con sus datos personales? Nadie. Ese valor que tienen los datos personales y que, supuestamente, les hace pasar por dinero, solo se lo pueden extraer precisamente aquellas empresas en las que los depositamos. Vamos, que si nos ponemos muy estupendos con lo que hacen con los datos personales, ellos no podrán obtener valor de algo de lo nosotros no podríamos o no sabríamos obtenerlo, y quizá tengan que dejar de ser gratuitos servicios que ahora lo son.

Una cuestión

En resumen, las características diferenciales entre dinero y datos personales harían pensar, sí, en la necesidad de  una protección regulatoria asimétrica entre los derechos asociados a ambos conceptos.  Pero mucho más exigente en el caso del dinero que para los datos personales, esto es, lo contrario de lo que tenemos en la UE.

¿Y por qué se protegen menos nuestros derechos respecto al dinero depositado en un banco, que aquellos en relación con los datos personales depositados en una empresa? Recuérdese: para el dinero, nuestro único derecho es que nos lo devuelvan; para los datos, además, tenemos derecho a saber para qué los usan, a impedirles que los usen, a que nos pregunten si los quieren usar…

Una respuesta

Una posible respuesta tiene que ver con lo dicho anteriormente: todo el mundo sabe cómo utilizar el dinero para conseguir cosas, muy pocos en cambio saben qué hacer con los datos personales. Y, claro, a los Estados les interesa más acceder al dinero de sus ciudadanos, que a sus datos personales (¿o quizá no?), lo que ha dado lugar históricamente a una especie de oligopolio colusorio entre Estados y banca para facilitar el acceso al dinero, sea por la vía de inflación o por la de deuda pública. En estas condiciones, la regulación de los bancos procura que nadie se haga mucho daño, buscando al mismo tiempo la apariencia de que se protege mucho al ciudadano.

Esta colusión no ocurre, en cambio y de momento en Europa[1], con las Big Techs, que además no son europeas. Así pues, a estas sí se les puede dar leña hasta la saciedad para que protejan una cosa que es relativamente poco interesante a sus “propietarios” quienes además no sabrían sacarle valor.

Y, de paso, ponerse la medallita con el ciudadano allá donde al ciudadano le importa menos, en lugar de dónde realmente debería hacerlo, de paso previniendo las graves crisis económicas a la que la permisividad con los bancos no aboca una y otra vez.

Ver también

El reglamento de protección de datos: enterrando recursos de los europeos en la economía improductiva (Fernando Herrera).

Contra las legislaciones de protección de datos (José Antonio Baonza Díaz).


[1] En China y otros países tal vez sea otro cantar.

Mercancías y dinero como bienes de capital

En la obra de Carl Menger podemos observar como el tiempo está presente como cuestión esencial en todos sus desarrollos teóricos. Ya desde el mismo prólogo de Principios de Economía Política define a la misma como “las condiciones bajo las cuales desarrollan los hombres su actividad previsora en orden a la satisfacción de sus necesidades”. Como es habitual en el lenguaje de Menger, el término “actividad previsora” es sencillo y tremendamente explicativo. El hombre economiza en el tiempo, mirando hacia el futuro.

De este modo, para que un bien pueda considerarse como tal tiene que satisfacer una necesidad humana, que puede ser inmediata o no.  Aunque yo creo que en la primera edición de Principios de Economía Política esto es bastante obvio, en la segunda edición Menger matizó su definición de bien para que quedara, más claro aún si cabe, este componente temporal añadiendo la palabra anticipación a la primera condición para que una cosa se pueda considerar un bien, quedando redactada de a la siguiente manera: “La percepción, o, la anticipación de una necesidad humana”.

El mero acto de almacenar o atesorar cosas ya implica que estamos anticipando una necesidad futura, pues si la necesidad fuera presente o inmediata, no almacenaríamos la cosa y la consumiríamos inmediatamente, o la utilizaríamos solo ahora para desecharla posteriormente. En este sentido la utilidad técnica de la cosa es irrelevante desde un punto de vista económico, lo relevante es que satisfaga efectivamente una necesidad. 

Si inventamos un extintor, no tendría ningún sentido afirmar que no es tal hasta que de manera efectiva satisfaga la necesidad de apagar un incendio (no un fuego de prueba controlado), o afirmar que realmente nunca fue un extintor si, afortunadamente, nunca padecemos un incendio o si cuando llega el momento de usarlo no es eficaz porque el fuego tuvo origen eléctrico, y a la hora de inventar el extintor erramos al no tener en cuenta esa posibilidad. Insisto que el carácter de bien del extintor no reside en la apreciación de las propiedades objetivas para apagar un fuego (utilidad técnica), sino en la conexión causal de que la cosa será apta para satisfacer la necesidad futura de apagar un eventual incendio.

La utilidad del extintor no es distinta mientras transcurra el tiempo hasta que satisfaga esa necesidad. La utilidad es siempre esperada, incluso hasta en los bienes de consumo más inmediato. Una nuez nos puede parecer útil hoy para satisfacer nuestro hambre en el futuro cercano, y cuando la abramos mañana encontrarnos con la desagradable sorpresa de que está podrida y es incomible. La utilidad de un bien es siempre esperada y conlleva un menor o mayor grado de incertidumbre.

En el capitulo 2.1 sobre La Necesidad Humana, donde Menger en su análisis comienza a poner en relación las cantidades de bienes con las necesidades humanas, el factor tiempo cobra un protagonismo total, explicando con detalle como las cantidades necesarias de un bien dependen totalmente de nuestra previsión futura de la necesidad de dicho bien a lo largo del tiempo.

Aquí comienza a dibujarse ya el concepto de utilidad marginal de Menger, donde la relación entre la cantidad de un bien y el tiempo es esencial.  Las unidades de un bien que necesitamos de manera inmediata son más necesarias que las unidades de un bien que prevemos necesitar en un futuro lejano.  Valga el clásico ejemplo de los vasos de agua, el vaso de agua n es más valioso que el vaso de agua n+1, porque el vaso n es el que utilizamos antes en el tiempo para satisfacer nuestra sed.

Las mercancías son bienes destinados a un eventual intercambio. En una economía moderna altamente especializada es muy habitual que los bienes y servicios que producimos no tengan ningún valor de uso para nosotros, y por tanto tenemos una enorme necesidad de intercambiar. Las mercancías son los bienes que posibilitan el intercambio en primera instancia, el primer eslabón en esa cadena. Las producimos por su valor de cambio y la utilidad de la mercancía es poder intercambiarla obteniendo el mayor valor posible.

De la misma forma que el extintor, la posibilidad de que una mercancía finalmente satisfaga la necesidad esperada, en este caso la de intercambiar, es incierta y se producirá en un futuro más o menos mediato, pero futuro en todo caso.  Y la incertidumbre no solo existe en el sentido del mayor o menor valor que consigamos obtener de dicho intercambio, incluso existe la posibilidad de no obtener ningún valor en absoluto.  Esto es muy habitual en aquellas mercancías que se producen en exceso, o las mercancías de nueva invención.

Sobre la conexión causal de los bienes, Menger acaba concluyendo lo siguiente:

Por consiguiente, lo primordial no está en los números ordinales de los bienes de que hemos venido hablando en esta sección y de los que se hablará en la siguiente, a propósito de las leyes que rigen estos bienes, aunque no es menos cierto que tales números constituyen, a condición de ser bien entendidos, un medio auxiliar provechoso para la exposición de un tema tan difícil como importante. Lo primordial, a nuestro entender, es la comprensión de la conexión causal entre los bienes y la satisfacción de las necesidades humanas y de la relación causal más o menos directa de los primeros respecto de las segundas.

Carl Menger. Capítulo 1.2 de los Principios de Economía Política)

Dado que la mercancía es un medio para obtener otros bienes, cabe la posibilidad de plantear que sea un bien de orden superior, pues no satisface nuestras necesidades finales de forma inmediata, sino de manera mediata o indirecta.  De la misma manera que vamos con trigo a un molino para obtener harina a cambio, se podría decir que el carácter de mercancía de un bien cumple la misma función que el molino si producimos trigo para intercambiarlo interpersonalmente por harina.  La mercancía, el trigo, en este caso actúa de intermediario que sirve para intercambiar nuestro tiempo y esfuerzo por harina. Puede ser trigo o cualquier cosa de valor suficiente para obtener la harina que necesitamos.

Considerando que en todo intercambio se crea nuevo valor, pues ambas partes valoran más lo que reciben que lo que entregan, todo lo anterior nos permite plantear, a su vez, y al igual que para cualquier bien de capital, que el valor de la mercancía proviene del valor añadido proporcionado por los intercambios que la mercancía se espera que facilite. Así que, por ejemplo, cuanto más duradera sea la mercancía más intercambios puede facilitar pasando de mano en mano, y mayor será su valor como medio para el intercambio.

Las mercancías que no abandonan nunca su carácter de mercancía son aquellas que el mercado reputa como más valiosas para el fin de intercambiar, y serían bienes de capital permanentes.  Este es el caso de la moneda, el bien de capital permanente más importante de una economía tal y como expone aquí Carlos Alberto Bondone.

Vox, Espinosa de los Monteros y la aniquilación del liberalismo

Vox nunca ha sido un partido liberal. Y, por ello -entre muchas otras cosas- nunca he sido cercano a ellos. Incluso he mostrado en público mi rechazo hacia dicha formación. Todo ello no quita que, aunque Vox jamás haya sido liberal, no tuviera integrantes liberales o liberal-conservadores, si aceptamos pulpo como animal de compañía. Uno de dichos integrantes y que, hasta el día de ayer, era una de las caras más visibles de Vox es Iván Espinosa de los Monteros. En una rueda de prensa en el Congreso de los Diputados, el que había sido portavoz de Vox en la cámara baja durante la pasada legislatura, dimitió de todos sus cargos en el partido. Y se negó a recoger su acta de diputado, alegando que regresaría a trabajar al sector privado.

Tal y como multitud de medios publicaron a primera hora de la mañana y varios de sus compañeros de partido ratificaron después, su marcha de la formación verde se produce tras los malos resultados de la formación el 23-J. Y tras serias discrepancias con la dirección del partido en materia ideológica y programática. Estas rencillas, a pesar de haber salido a la luz ahora, posiblemente llevaran tiempo presentes. Se podía intuir por un tuit de Ortega Smith en el que afirmaba que algunos en Vox nunca supieron valorar el trabajo de Espinosa de los Monteros.

Despeñándose por el nacionalismo

Si acudimos exclusivamente a los hechos, la situación es muy clara. Desde la llegada de Buxadé a la dirección nacional de Vox, el partido ha ido purgando paulatinamente cualquier atisbo de liberalismo económico de sus programas y discursos. Y ha eliminado a todos aquellos miembros del partido cercanos a las ideas del liberalismo económico.

Esto último lo pudimos comprobar cuando Buxadé vetó de las listas electorales a Rubén Manso y Sánchez del Real. Sin ir más lejos, Rubén Manso es doctor en economía, profesor de Economía financiera y técnico del Banco de España. También es el artífice del programa económico de Vox de 2019 (que no se parece en nada al de 2023 tras el viraje falangista de la formación). Por ello, con la salida del partido de Iván Espinosa de los Monteros, simplemente se consolida el programa y visión política profundamente nacionalista, proteccionista y, por ende, intervencionista. Es el que Vox venía pregonando desde hace ya más de un año.

Que nadie les engañe: en Vox ya no queda ni un atisbo de liberalismo económico. Tras la presentación de la “Agenda España” como marco de acción política del partido, pasaron a convertirse en un movimiento nacional-populista más. Un partido al estilo de Orbán en Hungría o Le Pen en Francia. Pero, para evitar ser acusados de simplistas, vayamos a lo fáctico. ¿Qué propone Vox en materia económica que pueda haber sido una de las principales causas para la marcha de Iván Espinosa de los Monteros?

Proteccionismo y pobreza

En primer lugar, cabe resaltar las fuertes posturas proteccionistas de Vox en materia comercial y de flujos internacionales de capital. En la Agenda España se menciona en múltiples ocasiones, por ejemplo, la necesidad de reducir la importación de productos extracomunitarios, como las hortalizas marroquíes. El objetivo es fomentar el consumo de productos internos, cuyo precio, según Vox, debe ser estipulado en un nivel de “precio justo”.

Para ello, Vox habla de una supuesta competencia desleal que en realidad no es tal. Y pide salirse de todos los tratados de libre comercio firmados por la UE que supuestamente conlleven a dicha competencia desleal. Tal y como hemos comentado en multitud de ocasiones en esta columna, dichas políticas solo conllevarían a un escenario de retaliación comercial. Veríamos un incremento notable del nivel de precios interno y una disminución de las posibilidades de consumo de los ciudadanos españoles.

Debido al peso de las exportaciones sobre el PIB español, España depende enormemente de lo que exporta. Una política proteccionista que conllevara a políticas de retaliación por parte de terceros países (Marruecos es uno de nuestros principales socios comerciales, por ejemplo) haría un enorme daño a la economía española.

Extremos, y juntos

Además de esto, Vox lleva ya un par de años pidiendo restricciones a la inversión extranjera en España. Por ejemplo, votaron en contra de los beneficios fiscales para extranjeros que fueran a vivir a la Comunidad de Madrid o invirtieran en ella. Alegaban que el Estado debe preservar las industrias nacionales… aunque estas sean gravemente deficitarias. Vox, en resumen, pretende atentar contra el libre comercio y la libre circulación de capital entre distintos países. Sigue la línea de algunos de sus amigos europeos como Marine Le Pen.

Llama la atención que en multitud de votaciones en materia relacionada con el comercio o la regulación de flujos de capital internacional, tanto en España como en Europa, Vox ha votado junto a la izquierda en repetidas ocasiones, situando al extranjero como chivo expiatorio de los problemas económicos de España.

Vox, Espinosa de los Monteros y el liberalismo

Un brillante ejemplo de ello fue la ya mencionada votación sobre la deducción del IRPF para contribuyentes que no hayan vivido en España en los últimos cinco años y se mudaran a vivir a la CAM, votando y argumentando Vox junto a Más Madrid y al PSOE y consecuentemente tumbando la propuesta de Ayuso. Una buena noticia de estas acciones es que el proteccionismo de Vox ya no podrá influir en la Comunidad de Madrid, ya que los votantes madrileños se cansaron de ello y decidieron quitarle 3 escaños a Vox (haciéndoles irrelevantes) y otorgar una amplia mayoría absoluta al liberalismo de Isabel Díaz Ayuso.

Si esto solo son algunos ejemplos de lo que Vox ha mostrado de cara al público en materia de política económica desde que Buxadé tomó de manera encubierta el control del partido, imaginen como pueden haber sido las disputas internas entre liberales y falangistas en Vox. Finalmente, con la dimisión forzada de Iván Espinosa de los Monteros, se consolida la victoria del falangismo en Vox, con la consecuente aniquilación del liberalismo que desde hace algún tiempo ya era irrelevante en dicha formación. Crónica de un viraje anunciado.

Ver también

En defensa de Espinosa de los Monteros. (Fernando Parrilla).

El fenómeno ideológico de Vox. (María Blanco).