Ir al contenido principal

La educación y el cinismo

Los estudiantes universitarios chilenos suelen protestar contra el Gobierno de su país. Lo hicieron contra la señora Bachelet, que es de izquierda, y lo hacen contra el señor Piñera, que es de derecha. A veces las protestas son pacíficas y a veces, como las más recientes, devienen en considerables actos vandálicos cometidos por minorías violentas infiltradas en el movimiento estudiantil.

Los jóvenes chilenos demandan buenas universidades y enseñanza de calidad, pero no quieren pagar por esos servicios. Exigen que otros se los paguen. (Eso siempre es estupendo). Tienen 18 años o más. Son mayores de edad. Pueden votar, elegir y ser electos, ir al ejército, casarse sin autorización de nadie, crear empresas, invertir, engendrar hijos a los que están obligados a cuidar, ir a la cárcel si cometen delitos, consumir alcohol o tabaco, pero suponen que la responsabilidad de pagar por su educación es cosa de otros. Son, o deben ser, adultos responsables en todo, menos en eso.

Realmente, es una conducta incoherente o, por lo menos, extraña. ¿Por qué el conjunto de la sociedad debe pagar los estudios universitarios de una minoría de adultos privilegiados que, a partir de la graduación, ganará una cantidad de dinero considerablemente mayor que la media de quienes no han pasado por esos recintos académicos? ¿No es una hiriente inmoralidad que los trabajadores de a pie paguen con sus impuestos los estudios de quienes luego serán sus jefes y empleadores?

Pero hay otra incongruencia todavía peor: los estudiantes universitarios chilenos pretenden que la educación no pueda ser objeto de lucro. Si Platón y Aristóteles hubieran ejercido su magisterio en el Chile de estos tiempos, y no en la Atenas de los siglos V y IV antes de Cristo, los hubiesen acusado de codiciosos explotadores por haber creado la Academia y el Liceo con el propósito de ganar dinero formando a sus alumnos.

Los estudiantes chilenos no advierten que están planteando un contrasentido. No hay nada moralmente censurable en el lucro.Lucro es sinónimo de logro, de misión cumplida. Si ellos quieren una educación de calidad, creativa, original, oficiada por profesores competentes, la mayor parte de las veces tendrán que atraer a los mejores con buena remuneración, con reconocimientos públicos y con posibilidades de enriquecimiento.

Hay algunos seres excepcionales, dotados de una intensa vocación, generalmente religiosos, dispuestos a enseñar por un plato de comida, una cama de tabla y dos palmos de techo, pero son pocos.A Einstein lo reclutaron en Princeton enviándole un cheque en blanco que él rellenó a su capricho.

¿Dónde está la falta en que unas personas decidan crear una empresa para vender enseñanza si hay otras criaturas dispuestas a pagar el precio que les piden para adquirir esos conocimientos? Una de las mejores universidades de Centroamérica es la Francisco Marroquín de Guatemala, una institución que es y se maneja como una empresa privada. ¿Por qué es inmoral vender educación y no vender agua, comida, medicinas o zapatos, bienes, sin duda, más importantes para la supervivencia que los conocimientos universitarios?

El argumento de que las universidades privadas con fines de lucro a veces no tienen suficiente calidad y deben clausurarse carece de sentido. Tampoco cerramos los restaurantes malos con fines de lucro, y mucho menos los comedores populares, que suelen servir unos platos espantosos a los indigentes. ¿Por qué no permitir que los consumidores de esos servicios educativos decidan libremente con su dinero cuáles universidades triunfan y cuáles fracasan?

En América Latina muchas universidades públicas sonrematadamente malas y no por eso pedimos que las cierren. Como no se cansa de denunciar Andrés Oppenheimer, entre las 500 mejores universidades del planeta apenas comparecen tres o cuatro latinoamericanas, y están a la cola del grupo.

Hay algo terriblemente autoritario e hipócrita en el comportamiento y las demandas de esos estudiantes chilenos. Lo terrible es que ellos, que esperan que otros les paguen sus estudios, y que condenan a quienes están dispuestos a arriesgar su capital y su trabajo para crear instituciones educacionales lucrativas, cuando terminan sus carreras suelen o intentan convertirse en profesionales económicamente exitosos. Para ellos el lucro sólo es malo cuando lo persigue el otro. Eso se llama cinismo.

elblogdemontaner.com

Otro torpedo a la solución de la banca

“The rules enshrined in countless pages behind the Basel Capital Accords did not prevent the crisis… In effect, faith in markets has given way to faith in regulation” – David T Llewellyn

“Vamos a ser los más sanos del cementerio", decía un banquero tras escuchar las conclusiones del acuerdo europeo de esta semana.

Cuento en un capítulo de Nosotros los Mercados que, en medio de la crisis financiera, un banquero francés me comentó lo siguiente: "Al Estado no se le estudia un crédito, se le concede". Por eso no es extraño que, acostumbrados a no sufrir nunca la falta de crédito y disponer siempre de recursos financieros, gran parte de nuestros políticos europeos simplemente no entiendan que la banca no puede soplar y sorber a la vez. Es decir, reducir deuda –recapitalizarse- y dar crédito a diestro y siniestro mientras, por supuesto, les atiborran de deuda soberana.

Sin embargo, eso es exactamente lo que se le pide al sector financiero. Soplar y sorber. 

Esta semana, otra resolución. Unos cientos de páginas más de reglas.

El proceso de cambios regulatorios constantes no fortalece los balances del sector financiero, sino que los debilita. Porque se torpedea el proceso de desinversiones, se introduce incertidumbre, que espanta a la demanda, y se sigue erosionando valor ahondando en la recesión.

Sí, la crisis financiera europea no es una crisis de "poca regulación" ni de sectores privados –un 50% de las entidades financieras europeas eran semi-estatales o controladas por políticos en 2006-. Miles de páginas de regulación publicadas cada año desde la creación de la Unión Europea y la Asociación Bancaria Europea (EBA).

Es una crisis de un modelo económico bancarizado -320% del PIB de la Eurozona- muy intervenido. Excesiva, compleja y burocrática regulación que ha prolongado la agonía del sector durante muchos años, en vez de facilitar las condiciones de mercado para las ampliaciones de capital y ventas de activos necesarios. 

A pesar de la regulación más detallada y compleja de la OCDE, entre 2008 y 2011 Europa gastó 4,5 billones (un 37% del PIB de la Unión Europea) en ayudas a instituciones financieras, una gran parte de ellas –las cajas, por ejemplo- públicas y muy supervisadas.

Más regulación no lo va a solucionar.

Es lo que se llama "el problema endógeno" -"endogeneity problem"– (lean el excelente análisis Regulation of European Banks and Business Models del Centre for European Policy Studies). Y es precisamente ese exceso de intervención lo que impide una solución rápida y quirúrgica a las dificultades del sector financiero. La regulación debe ser efectiva y sencilla.

Otra patada hacia delante…  El acuerdo del Eurogrupo.

La resolución del Eurogrupo esta semana es otro ejemplo de dicho problema endógeno. Se ha vendido como un éxito, que recupera la solución Chipre que comentaba yo aquí en El precio de la estupidez para la resolución de problemas de capitalización de la banca.

"El triunfo del rescate interno", me decía un analista. No, no lo veo así. Porque no cierra las puertas a la intervención de los estados unilateralmente y además no permite que la banca se adelante y cree sus propios mecanismos de defensa.

Es un acuerdo que debilita, pero no elimina, la necesidad de rescates o de dinero del contribuyente.

¿Por qué?

– Al llevar a cabo constantes revisiones regulatorias –ya van más de veinte en seis años- y crear incertidumbre, el Eurogrupo no ayuda, porque los bancos no pueden llevar a cabo la limpieza de sus balances lo suficientemente rápido.

– Esa zancadilla sin mala intención –nunca la tienen- ocurre a la vez que los estados se endeudan más, tirando del balance de la propia banca, que llega a acumular hasta el 45% de la deuda soberana de cada país. Por ello, el "circulo vicioso" –palabras del BCE, no mías- de riesgo financiero-soberano se dispara.

– Los precios de los activos y de la cartera de créditos se deterioran a la vez que la situación económica empeora por las constantes subidas de impuestos y reducciones de renta disponible, creando un efecto nada sorprendente. La represión financiera empeora la mora en el sector financiero.

– Para evitar ese deterioro, se introducen nuevos tomos de cientos de páginas de regulación que vuelven a retrasar cualquier solución de mercado para la banca.

Hace ya más de seis años que la banca europea tenía que haber reducido su endeudamiento agresivamente. Según BNP, no llega al 30%.

Nuestro ministro, Luis De Guindos, tenía razón al buscar a toda costa que se protegiesen los depósitos de más de 100.000 euros y se evitasen declaraciones maximalistas de solución Chipre. Porque sabe que primero hay que atraer inversión, compradores y depósitos para que la banca pueda aumentar su capitalización y desapalancarse. Hacer lo contrario, poner encima de la mesa el palo antes que la zanahoria, lleva a nuevos shocks.

De hecho, al debilitar a una banca tocada poniendo énfasis en los riesgos para accionistas, bonistas y depositantes, pero sin haber promovido antes la recapitalización y el mecanismo de colchón, se generan aún más probabilidades de rescates con dinero público, porque corren el riesgo de que no haya suficiente dinero privado cuando se necesite, creando el efecto perverso de acelerar lo que el acuerdo busca evitar. 

 

Los números son claros. Sin recapitalización y atraer inversión primero, la solución a lo Chipre que defiende el Eurogrupo simplemente es imposible. Porque no hay suficiente dinero entre accionistas, bonistas y depósitos mayores de 100.000 euros en caso de que un gran banco tenga dificultades. Ni de lejos, en una banca endeudada entre 25 y 40 veces.

El sistema bancario europeo tiene un volumen de activos de 26 billones de euros, de los cuales Francia es el mayor (€8,5 billones) y Alemania el segundo (€8 billones), seguido de Italia y España, con 4,1 y 3,5 billones aproximadamente. 

Francia es el país donde el sector financiero ocupa mayor peso, tanto comparado con los depósitos que lo soportan, como en relación al PIB.

Y es el sistema bancario de Francia la razón por la que Europa no llega a un acuerdo de solución de mercado, no España –tercer país de Europa donde la banca tiene mayores depósitos con respecto a sus activos-.

¿Por qué? Porque Francia quiere estar en misa y repicando. Mantener el control férreo y estatizado de su sector financiero, no recapitalizarlo con ampliaciones, fusiones o inversión extranjera, y que además se lleve a cabo una unión bancaria en la que los problemas se repartan. No es el único país que quiere seguir teniendo su sector financiero "atado y controlado" pero, además, con acceso al monedero de los demás. Por eso es imposible la "recapitalización directa".

La banca europea ha sido un arma esencial de los estados para expandir artificialmente las economías más débiles y, como el instrumento ya no les sirve adecuadamente, hoy –sin pretenderlo- lo ponen en peligro sin pensar en las consecuencias. Bueno, aun peor, pensando que no va a pasar nada y que en Bruselas "generan confianza".

La cumbre de esta semana, donde se trató el espinoso asunto de las recapitalizaciones bancarias, ha sido un ejemplo más de desconocimiento absoluto de los mecanismos de riesgo a los que se enfrenta el sistema financiero después de casi seis años de pasos en falso.

– Un desconocimiento preocupante de lo que es el capital de un banco y lo rápidamente que se extingue si no se dan condiciones económicas y de mercado positivas.

– Que a pesar de la crisis de Chipre y su mala resolución, aun piensen que entre bonistas, accionistas y grandes depósitos se cubren las pérdidas.

– Pensar que la deuda soberana no sufriría un brutal shock cuando los bancos con problemas tengan que vender sus carteras.

 

Vasos comunicantes

Lo he dicho muchas veces, el sector financiero europeo depende peligrosamente de que la deuda estatal sea segura. Pocos bancos de la Unión Europea sobrevivirían a una quita en la deuda soberana de su país, y el impacto sobre empresas y ciudadanos sería enorme. Sin embargo, la deuda soberana no hace más que crecer en casi todos los países miembros porque se torpedea el crecimiento, el consumo y la inversión con represión financiera.

Permitir el crecimiento y abrir las puertas al capital inversor es la solución de todos estos vasos comunicantes que confluyen en el sector financiero. Atrayendo capital, creando un entorno inversor favorable, con aumento de renta disponible y crecimiento económico, la banca se recapitalizaría, sus activos recobrarían valor, empresas y familias pagarían sus deudas y todo el sistema reduciría su deuda.

Sin embargo, con represión financiera, regulación depredadora e intervencionismo, podemos acordar lo que queramos en otro comité que el agujero de la economía y de los estados endeudados, crecerá, y con ellos el agujero de la banca, en una espiral descendente, The Downward Spiral recordando a Trent Reznor. 

Comentaba el lunes en una conferencia que el modelo de absorción de la banca inviable que se está llevando a cabo en España es positivo. Un modelo de reducción del sistema que se llevaría a cabo más rápida y eficientemente si en Europa se preocuparan menos de dar titulares diciendo que los contribuyentes están salvados, porque primero no es cierto y segundo es imposible de conseguir si seguimos creando una Europa intervenida y sin crecimiento.

Europa necesita ser un centro de atracción de capital, no de susto o muerte. La banca tiene una responsabilidad incuestionable en la crisis, pero no se puede desligar el empuje y la intervención de los estados en esa expansión de crédito artificial y excesivo. No lo olvidemos. Son dos caras de la misma moneda. La solución a una década de exceso no se iba a dar en dos años, pero tampoco perpetuemos el problema eternamente. Buen fin de semana.

En rojo, no

Ayer estuve a punto de atropellar a una embarazada. Por suerte yo conducía a unos 20km/h porque era zona urbana y estaba llegando a mi destino así que pude frenar a tiempo, pero ella bajó a la calzada entre dos coches aparcados, de forma que era imposible que yo la hubiera visto antes de tenerla justo delante. Pocos días antes había visto a una mujer cruzando una amplia avenida en diagonal, lejos de cualquier semáforo y de cualquier paso de peatones, corriendo como alma que lleva el diablo mientras empujaba un carrito de bebé que estuvo a punto de volcar. No consigo imaginar qué debía ser tan urgente como para ponerse a si misma y al bebé en semejante peligro.

Leí que, en España, hay una media diaria de 20 niños atropellados y que cada quince días uno fallece. Es una barbaridad, pero fácilmente comprensible si uno ve cómo actúan muchos adultos. En general les damos muy mal ejemplo, por eso el blog La orquídea dichosa puso en marcha una campaña de concienciación que llamó “en rojo, no” para pedirle a la gente que no cruce con los semáforos en rojo, especialmente cuando haya niños a la vista. Porque los niños hacen lo que ven, y da igual cuántas veces les repitas que se cruza en verde y se mira a ambos lados, y cuántas fichas de semaforitos les hagas rellenar, y cuántos juegos “didácticos” les obligues a jugar, si luego salen a la calle y ven a la gente cruzando cuándo y por dónde les da la gana.

Todos esos que se cuelan en las rotondas, que hablan por teléfono mientras conducen, que no usan los intermitentes (o los usan tarde y mal), tal vez tengan un título universitario, pero no tienen educación. Se juegan su vida y las de los demás sólo por ganar un par de minutos o por ser incapaces de controlar sus nervios. Además, se lo ponen muy difícil a los padres que intentan darles una educación vial a sus hijos, porque les ponen en la tesitura de tener que dar explicaciones de unos hechos que no son defendibles.

Es otra de las asignaturas pendientes que tenemos en este país. Han querido hacernos creer que la educación en nuevas tecnologías consiste en darle un ordenador a cada dos niños y decirles lo que tienen que hacer, igual que nos han contado que la educación financiera consiste en conocer el funcionamiento del sistema impositivo. Y algo muy parecido sucede con la educación vial. Les han dado unas fichas a los niños para que digan de qué color tiene que ser la luz del semáforo para poder cruzar y hasta aquí hemos podido leer. Luego eso no tiene ninguna conexión con el mundo real, no les sirve para nada y además comprueban que es una mentira cada vez que salen a la calle.

Veinte niños atropellados cada día es demasiado. Un niño muerto cada dos semanas es demasiado. Podríamos enseñarles a cruzar como es debido y a conocer y a respetar las señales, pero eso no depende en exclusiva de los padres ni de los profesores, sino de todos los que estamos en las calles, caminando o conduciendo. Ése niño podría ser el suyo. El mundo sería un lugar mejor si cometiéramos menos imprudencias y diéramos mejor ejemplo.

La Fed, ese cerdo salvaje

Sugirió Bernanke que podría comenzar a retirar sus (mal llamados) estímulos monetarios allá por las postrimerías de 2013 –fechas en las que él dejará de ser presidente de la Reserva Federal– y los mercados comenzaron a intranquilizarse. Las bolsas mundiales cayeron y los tipos de interés escalaron. Nada extraño: si la Fed es en estos momentos uno de los principales proveedores de financiación a los mercados de crédito, que vaya a interrumpir sus operaciones por fuerza se ha de dejar sentir, aunque sea un poquitín.

Mas hete aquí que uno de los consejeros de la Fed, a la sazón presidente del banco regional de Dallas, Richard Fisher, salió a la palestra a criticar a todos aquellos especuladores que se comportan cuales “cerdos salvajes” por cuanto buscan presionar al instituto emisor para que no deje de monetizar deuda pública y privada. Esto es, para que siga implementando la política monetaria expansiva que lleva cuatro años implementando y que todos los políticos europeos suspiran por que copie el Banco Central Europeo.

No seré yo, desde luego, quien defienda la labor de aquellos especuladores que se han especializado en lucrarse de las plusvalías que se derivan de las revalorizaciones de la deuda pública y privada promovidas por la Fed. Por mucho que, con toda seguridad, el mercado de renta fija estadounidense estaba condenado a experimentar un muy intenso auge tras la quiebra de Lehman Brothers, es evidente que la Fed, con su activa política de monetizaciones y de manipulación de los tipos de interés, contribuía a minimizar los riesgos asociados a especular en ese alcista mercado de renta fija. De hecho, algunos economistas, como Antal Fekete, han llegado a hablar de que la Reserva Federal proporciona unos “beneficios libres de riesgo” a los especuladores de deuda pública. Por lo que a mí respecta, si la deuda pública ya me parece un fraude, imagine cuál será mi opinión sobre las ganancias logradas mediante su manipulación por parte del monopolio estatal de la moneda.

Ahora bien, que los beneficios cosechados a cuenta de esa especulación política sean mucho menos defendibles que los logrados merced a la honrosa especulación económica, no significa que la Fed –y sus consejeros– sea el organismo más indicado para poner a caldo a esos “cerdos salvajes”. Al contrario, si hay alguien que por vergüenza debería guardar silencio y no zarandear más el avispero de su deplorable enjuague con los especuladores es, precisamente, la Reserva Federal.

El mayor especulador del mundo

De entrada, la Fed debería guardar silencio porque ha sido su heterodoxa política monetaria la que potenciado la especulación alcista en el mercado de renta fija, blindándola hasta ahora frente a cualquier riesgo. A buen seguro, muchos especuladores se habrán puesto las botas durante los últimos años (por eso, justamente, es verosímil que no quieran que se retiren los estímulos), pero lo habrán hecho porque a la Fed le interesaba que lo hicieran: su objetivo era precisamente el de arrastrar tanto capital como fuera posible hacia la deuda pública estadounidense y hacia la basurienta deuda “privada” de las quebradas y nacionalizadas Freddie Mac y Fannie Mae, de manera que todos ellos pudiesen financiarse y refinanciarse a tipos de interés de saldo. Un fiasco de política económica que abre la puerta a, digámoslo suavemente, consecuencias más que inciertas en el futuro: la Fed no sólo ha coadyuvado a que el gobierno estadounidense degradara su liquidez, sino que, sobre todo, ha degradado enormemente la suya propia (lo que amenaza con traer una alta inflación tan pronto como la economía yanqui haya terminado de purgar su mala deuda y se relance con fuerza la demanda de crédito privado).

Pero, además, existe otro motivo todavía más obsceno por el que resulta absurdo que la Fed critique a los “cerdos salvajes” de los especuladores: y es que ella misma es el mayor especulador que existe ahora mismo en el mundo (¡toma libre mercado!). Para que nos hagamos una idea, el activo de la Reserva Federal es 3,5 veces mayor al de Goldman Sachs, ese banco de inversión que a juicio de muchos controla el mundo. Por si fuera poco, la Fed obtuvo en 2012 unos beneficios antes de impuestos de 91.000 millones de dólares (no se apure, que su simbiosis con el gobierno es total: 88.000 millones los pagó en impuestos), de los cuales 13.300 millones procedieron de especular (comprar y vender) con deuda pública y privada en los mercados. Por seguir con la comparativa, los beneficios antes de impuestos de Goldman Sachs en 2012 no llegaron a los 7.500 millones, los de Bank of America no superaron los 4.200 millones y los de Morgan Stanley se quedaron en 515 millones.

Tan expuesta se halla la Reserva Federal a la renta fija estadounidense que, tan pronto como comiencen a subir los tipos de interés en el mercado, se quedará completamente vinculada a esos activos a largo plazo. Aunque son muchos quienes confían en que la Fed proceda entonces a drenar la extraordinaria liquidez que ha inyectado en los últimos años por la vía de enajenar buena parte de esos títulos de deuda, el instituto emisor se hallará maniatao: por cada punto que suban los tipos de interés en el mercado, experimentará minusvalías latentes de entre 200.000 y 300.000 millones de dólares sobre su cartera de activos, lo que prácticamente la obliga a, como ella misma ha anunciado, mantener todos sus títulos de deuda hasta vencimiento (y el vencimiento de más de la mitad de la cartera supera los 10 años).

En definitiva, existen sobrados motivos para criticar la política monetaria de la Fed antes, durante y después de la crisis, así como a todos los círculos cercanos al poder que de un modo más directo se han beneficiado de la misma. Pero, desde luego, el vértice de toda esa pirámide de intervención y especulación financiera, la Reserva Federal, no está en absoluto legitimada para calificarles de “cerdos salvajes”. A menos, claro está, que ella misma se incluya como jefa de la piara. 

Los pobres son pobres, no delincuentes

Las declaraciones del portavoz de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Madrid justificando el robo de supermercados para dar de comer a los niños hambrientos revelan bien a las claras la escasa consideración que la izquierda tiene hacia las personas más necesitadas. Después de haber llevado a la miseria a millones de españoles con su demencial política económica, basada en el subsidio, el gasto inútil y el aumento exponencial del déficit, la izquierda española considera adecuado recurrir ahora al delito para paliar una situación de la que ella, con sus perniciosas ideas, es la principal responsable. De hecho, Izquierda Unida sólo lamentó en su día que Zapatero no fuera más allá en su radicalismo disparatado, lo que nos hubiera llevado con toda seguridad a una situación irreversible.

Que un diputado con unos ingresos –sueldo y gabelas varias– muy por encima de la media nacional se atreva a incitar al delito debería suponer su inhabilitación inmediata. Incluso en un país como el nuestro, en el que el discurso público mayoritario, afecto a una visión degenerada de la democracia, justifica cualquier agresión a la propiedad privada, hay ofensas que no se deben tolerar, como la de este político con sueldo oficial que considera que los ciudadanos con menos recursos son ladrones potenciales cuyas actividades delictivas habría que apoyar para alcanzar la justicia social. Son pobres, no tesoreros de un partido ni gestores de ERE en Andalucía. Un respeto.

Lo que quiere la inmensa mayoría de las familias necesitadas no es asaltar hipermercados, sino alguno de los varios millones de puestos de trabajo que el socialismo ha destruido. La familia y la Iglesia, las dos instituciones más odiadas por la izquierda, evitan que sus víctimas pasen hambre, a pesar de lo cual socialistas y comunistas todavía se atreven a disfrazarse de comecuras y piden que Cáritas pague los impuestos que no pagan partidos políticos, sindicatos y demás culpables de la tragedia que vive actualmente España. A eso se le llama ensañamiento.

Los que más sufren bajo el socialismo son los pobres, porque a los poderosos les va igual de bien gobierne quien gobierne. Después de haber destruido la vida y las esperanzas de millones de españoles necesitados, a la izquierda sólo se le ocurre promover la delincuencia para paliar el desastre. Lo verdaderamente grotesco no es que los políticos de esos partidos digan que representan a los desfavorecidos, sino que todavía haya centenares de miles de pobres que se dejan timar. Ya aprenderán.

La reformilla de Don Mariano

Para Cristóbal Montoro culpar de la crisis al tamaño del Estado es un “error conceptual”, es decir, un error de concepto. Los que creemos eso –afortunadamente cada vez más–, estamos equivocados porque, como todo el mundo sabe dentro de los ministerios, el Estado es tan pequeño que aún podría duplicar su tamaño sin que la economía lo notase. No hay más que contratar a otros tres millones de funcionarios, aprobar un ambicioso plan de infraestructuras, dotar convenientemente a la política social y montar tres centenares de empresas públicas más para que todo se arregle como por ensalmo. La renovada actividad “estimularía” la demanda y así las empresas privadas se pondrían a crear empleo como locas. En cosa de meses los problemas se alejarían como vinieron: de golpe y sin causar daños colaterales.

Bien, resumiendo mucho, este es el mantra que circula entre los estatólatras de izquierdas y derechas desde hace varios años. A falta de poder imprimir dinero como en los buenos tiempos, todos los problemas habidos y por haber se solucionan con deuda. Todo ese dinero prestado se podrá devolver mañana con sus correspondientes intereses gracias a las recrecidas recaudaciones fiscales de una nueva burbuja. Aunque parezca mentira, los José Carlos Díez del mundo, que son muchos y siempre están cerquita del poder, van colocando esta mercancía averiada y se la compran.

Lo hacen porque el poder siempre quiere que le doren la píldora. Hace siglos, cuando los Habsburgo españoles se empeñaron en dejar el país hecho un erial, las voces de los que clamaban por no meterse en guerras y dejar así de envilecer el real de a ocho, nunca fueron escuchadas. Los que querían marcha, sin embargo, prosperaron en la Corte y se lo llevaron todo lo crudo que pudieron. Si alguna vez viaja de Madrid a Burgos a la altura de Lerma mire a su derecha. Verá un portentoso palacio herreriano, un Escorial en miniatura digno de un monarca que mandó construir Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma y valido de Felipe III. Mírelo bien, ese palacio fue todo un “estímulo” a la demanda agregada de la economía castellana de principios del siglo XVII, una economía moribunda y machacada por la tiranía y el derroche.

Sandoval era, amén de un granuja y un ladrón de marca mayor, un gran despilfarrador del dinero de los demás. Mientras el reino se desangraba en guerras lejanas, su aristocracia se engolfaba en la corrupción, el privilegio y la pereza. Hoy en España hay muchos Sandovales y muchos más que pululan alrededor de los Sandovales. “Lo público”, es decir, “lo estatal” lo asfixia todo por mucho que Soraya nos venga ahora con aquello de que la elefantiasis del Estado no es tal. Pues sí, es tal. Los Estados elefantiásicos son los que se pulen discrecionalmente la mitad de la riqueza que genera el país, los Estados elefantiásicos son los que tienen en nómina a más gente de la que trabaja en régimen de autónomo, los Estados elefantiásicos, en suma, son los que gastan más cuando se recauda menos.

Para cambiar este aberrante orden de cosas en el que se penaliza el esfuerzo individual y se premia el trinque colectivo hace falta algo más que una reforma y mucho, muchísimo más que la reformilla que acaba de anunciar el Gobierno. Dicen que, en el mejor de los casos, el Estado se ahorrará 37.000 millones de euros. Vale, muy bonito, pero el desfase entre gastos e ingresos es aproximadamente el doble. Si usted gasta al año 10.000 euros más de los que gana, de poco le servirá reducir ese gasto a la mitad. Seguirá incurriendo en un insoportable déficit que le llevará a la ruina y a la insolvencia más pronto que tarde. Pero, no olvide esto, el Gobierno puede hacer algo que a los particulares y empresas les está vedado. ¿Por qué? Porque el Gobierno fabrica el dinero y si, como es el caso del nuestro, no puede hacerlo, lo pide prestado en cantidades indecentes poniéndole a usted, a sus hijos y a sus nietos como garantía de pago.

Luego está la estimación misma del Gobierno. ¿Alguien en su sano juicio, alguien que conozca el paño –y a los tratantes de paños–, puede creerse esta cifra? Evidentemente no. Primero porque el Gobierno de Rajoy miente más que habla desde que llegó al poder. Su lema es hacer justo lo contrario de lo que dicen. Así que no sería descabellado encontrarse con un gasto extraordinario de 37.000 millones dentro de un año. Y segundo porque pretender realizar semejante ajuste con buenas palabras, sugerencias y recomendaciones es simplemente una quimera.

No es creíble que máquinas de quemar dinero como la Generalidad de Cataluña o la Junta de Andalucía vayan a apretarse el cinturón por las buenas. El modelo de financiación es el que es y nadie quiere cambiarlo. Las autonomías gastan lo que el Estado recauda. ¿Realmente los sátrapas autonómicos tienen algún incentivo para moderar el gasto. No, nada de eso. En España impera la ley de “tonto el último”, la percepción es que lo que uno deja de gastar lo va a gastar el vecino, así que hay que inflar los presupuestos todo lo que se pueda. Hay un incentivo sí, pero para gastar a lo loco y luego, si eso, pedir perdón y mostrar propósito de enmienda.

La reformilla marianil no va cambiar esto ni pretende hacerlo. Es puro bla, bla, bla estéril y autocomplaciente idéntico al del Zapatero. Siguen empeñados en ganar tiempo a cualquier coste, incluido el coste de los siete millones de desempleados que se avecinan. Todo con tal de no tocar lo suyo, lo de los Sandovales y de quienes mejor le sirven.

Otra vez, el cuento socialista

He vivido tanto en Suecia como en España, y cuando escucho a ciertos candidatos presidenciales de la izquierda chilena tengo la sensación de estar viendo una película repetida. Michelle Bachelet me recuerda a los políticos suecos de la década de los 80 o a los españoles de hace no mucho, cuando todo se resolvía diciendo "más Estado" y se prometían "derechos sociales" a diestra y siniestra, inflando las expectativas de unos votantes fascinados con ese Estado todopoderoso que les hacía creer que soñar no cuesta nada.

El carrusel de las ilusiones duró unos treinta años en Suecia gracias a unas condiciones económicas excepcionales. Entre 1960 y 1990 se duplicó el gasto fiscal, que pasó del 30 al 60% del PIB, y todo el crecimiento del empleo se dio dentro del sector público. Los derechos se multiplicaron y los subsidios se dispararon. Al final, casi daba lo mismo trabajar que no hacerlo. La mitad o más del salario de un modesto trabajador debía destinarse a pagar impuestos directos e indirectos. Muchos de ellos incluso caían bajo la línea de pobreza, dada la carga impositiva, y luego debían recurrir a los subsidios estatales para sobrevivir. Y así, muchos terminaron siendo súbditos del Estado más que ciudadanos.

De esta manera, no sólo se terminó ahogando al sector privado y destruyendo el incentivo a trabajar, sino creando un Gran Estado que, por su tamaño, era sumamente vulnerable. El triste despertar del pueblo sueco llegó a comienzos de los 90. Bastó una coyuntura difícil para que el Gran Estado se desmoronara: aumentó la cesantía, cayó la capacidad tributaria y el déficit público llegó al 11% del PIB en 1993. Luego vinieron los años duros, el recorte de losderechos sociales, las grandes reformas del sistema de pensiones, etc. La inflación de los derechos se pagó muy cara.

Luego viví en España y vi cómo el temperamento latino y la desvergüenza de los socialistas (incluidos los socialistas del Partido Popular) provocó en pocos años el mismo perjuicio que en Suecia tomó décadas perpetrar. Los tiempos del despilfarro y del todo gratis español dieron lugar a muchas burbujas sociales. Universidad para todos y gratuita, atención sanitaria para el mundo entero, aeropuertos sin viajeros… en fin, almuerzo gratis y café para todos. Hoy, los españoles saben que todo era un engaño, losderechos sociales sólo podían pagarse en situaciones de bonanza económica y con dinero prestado, no en tiempos de crisis.

Ahora, estando en Chile, me entristece ver que se trata de vender aquí el mismo cuento que ha llevado a otros países a profundas crisis. Hay que contarle a los chilenos, además, que cuando un político quiere más Estado, también quiere súbditos y no ciudadanos.

ideasyanalisis.wordpress.com

El sietemesino parto de los montes

Relataba Esopo que, tras terribles sufrimientos, los montes terminaron por parir un ratón. Acaso haya llegado el momento de actualizar la fábula con ese sietemesino informe del Comité para la Reforma de las Administraciones Públicas (CORA) que fue presentado ayer, tras meses de vacuos entusiasmos, por la vicepresidenta del Gobierno y el ministro de Hacienda. A buen seguro, semejante tocho de varios centenares de páginas no pasará a la historia como un copernicano documento que vaya a revolucionar nuestra Administración. Aunque, a decir verdad y atendiendo a la percepción del Gobierno, tampoco debe haber motivo para que lo sea. Fijémonos, si no, con qué convicción reformista empieza el informe:

En los últimos 35 años, las Administraciones Públicas han dado un salto de gigante a la excelencia, representando en muchas materias, un modelo a imitar para otros países. Desde la dificultad en que se encuentra nuestro país, se puede afirmar sin reservas que España tiene una buena administración.

(…)

En consecuencia, analizando el nivel de ingresos y gastos públicos de nuestro país, se puede concluir que el sector público español es relativamente reducido en comparación con nuestros socios de la Unión Europea.

Bueno, bonito y barato. ¿Para qué cambiar nada sustancial más allá de los cuatro parches de rigor? Pues, en efecto, apenas cuatro parches bien empolvados y coloreados es lo que nos ha ofrecido el Gobierno con su reforma de las Administraciones Públicas: cerrar algunos organismos por aquí, fusionar otros por allá, informatizar varios trámites superfluos por acá y liquidar diversos edificios vacíos por doquier. Todo, eso sí, sin despedir a uno solo de los empleados públicos que por tales pastos moraban, pues sabido es que, extinto su cometido, nada mejor que mantenerles el sueldo recolocándolos en cualquier otro menester.

Sorprendería que semejante intercambio de cromos arrojara, tal como promete Soraya, unos ahorros de 37.700 millones euros; sorprendería, digo, si no fuera porque tal guarismo nace de agregar las infladas estimaciones de recortes que en 2012, 2013, 2014 y 2015 se han practicado o se practicarán con tal de reorganizar la estructura estatal y que en buena medida suponen un refrito de medidas ya aprobadas y archianunciadas. De hecho, si nos limitamos a analizar el recorte derivado propiamente del documento presentado ayer, apenas alcanzamos un ajuste de 6.440 millones de euros acumulados durante el próximo trienio. Y ello asumiendo que, primero, el cálculo del Ejecutivo no esté –digámoslo suavemente– "sesgado al alza" y que, segundo, se terminen implementando la totalidad de unas reformas que, en la mayoría de los casos, no pasan de meras sugerencias al resto de administraciones.

A saber, en el mejor de los mundos imaginables, ahorraríamos una media de 2.150 millones anuales: el 0,44% del gasto total de nuestro buenobonitobaratísimo sector público y menos del 3% de los 75.000 millones de déficit que nuestras austerísimas administraciones siguen generando año tras año. O por terminar de poner tal equino ajuste en perspectiva: menos dinero del que el optimista cuadro macroeconómico del Gobierno pronostica que aumentarán nuestros pagos por intereses durante este año. Vamos, el austericidio de cada día; ése mismo que nos llevó en 2012 a gastar un 20% más de lo que ingresamos y que en 2013 nos permitirá repetir tan suicida proeza.

Al final, el problema es bien sencillo de entender: la sociedad española, incluida su clase política, lleva más de cinco años viviendo en el autoengaño. La inmensa mayoría de votantes, y la totalidad de los votados, se han negado a afrontar la necesidad de un ajuste en profundidad de las estructuras de nuestro Estado –incluido, de manera destacada, el Estado de Bienestar–, trasladando toda la carga de ese inexorable recorte a una genérica e imprecisa "reforma de la administración". Cuán felices éramos pensando que, tan sólo metiéndole mano a la burocracia, a los coches oficiales y a las duplicidades, el monstruo del sobreendeudamiento público se tornaría en fructuoso superávit que permitiría revertir todos los sablazos tributarios e incluso seguir subiendo las pensiones ad infinitum. Pero no: la caja de Pandora de los michelines administrativos apenas contenía un espejismo de migajas para cubrir dos de los 75.000 millones de nuestro déficit anual. Lo que suele denominarse, no sin cierta precisión, el chocolate del loro.

Diríase que, a la luz de los resultados del CORA, se han acabado las excusas para no comenzar con los recortes de verdad (y sí, digo comenzar porque Montoro saca pecho por haber minorado el gasto en 20.000 millones, cuando quedan todavía 75.000 pendientes a los que echar el lazo). Pero, precisamente para seguir postergando los ajustes por período equivalente a unos cuantos sietemesinos partos más, el Gobierno nos está camelando con que los michelines administrativos no pesan apenas 2.000 millones de euros, sino 37.000. Vamos, que el propósito no es reformar nada, sino extender cortina de humo para evitar la auténtica reforma de nuestro sobredimensionado e infinanciable sector público actual. ¿Hasta cuándo huiremos hacia adelante? Pues hasta que Draghi diga basta, y no descarten que para entonces sea demasiado tarde.

El cortaúñas de Montoro

Afirma indignado el ministro de Hacienda que “España ha hecho una reducción del gasto público como nunca antes se había hecho en su historia”. Le molesta a Montoro que algunos analistas hayamos optado por no bailarle el agua y que, al contrario, critiquemos sus más de 30 subidas de impuestos en apenas doce meses. Afirma el jienense que “no es la subida de impuestos lo que ha permitido el cambio en la posición financiera de España, sino la reducción del gasto”; reducción que él mismo cifra en dos puntos del PIB, esto es, algo más de 20.000 millones de euros.

Ciertamente, Montoro no ha dicho ninguna falsedad: durante 2012, las administraciones públicas españolas recortaron el gasto público en alrededor de 20.000 millones de euros, lo que constituye la mayor reducción de sus desembolsos en toda su historia y el motivo principal que ha permitido minorar el déficit desde el 8,96% del PIB en 2011 al 7,1% en 2012 (descontando el coste del rescate bancario). El problema del ministro de Hacienda no es tanto lo que dice, cuanto lo que calla.

Primero, un déficit de 75.000 millones de euros sigue siendo un desequilibrio presupuestario más alto que cualquier otro alcanzado en nuestra historia anterior a la crisis. No hemos regresado a ninguna situación de normalidad en la que podamos relajarnos y olvidarnos de la necesidad de seguir recortando los gastos de un modo aún más intenso de lo que lo hemos hecho hasta ahora. Por desgracia, el Gobierno sí está decidido a dormirse en los laureles, por cuanto su objetivo de déficit para 2013 es del 6,5%, que con la desviación de rigor permanecerá anclado estructuralmente en el 7% de 2012.

Segundo, si el déficit sigue anclado en el 7% es porque el Gobierno todavía no ha empezado a recortar el gasto estructural del Estado. En 2012, los egresos conjuntos en empleo público, consumos intermedios subvenciones y transferencias sociales apenas se redujeron en 8.500 millones de euros (0,8% del PIB); fue el (muy necesario) tajo de 14.000 millones de euros a la inversión pública el que realmente concentró el grueso del ahorro estatal. Sucede que, como decíamos, nos quedan 75.000 millones de euros que recortar y ya hemos tocado hueso en materia de inversión pública. En este sentido, las dos grandes rúbricas por ajustar son empleo público y transferencias sociales (fundamentalmente, pensiones). Sería necesario minorar en 30.000 millones de euros la primera y en al menos 40.000 millones de euros la segunda, pero es más que dudoso que el PP vaya a hacerlo: en cuanto a los empleados públicos, porque los populares ya han prometido restablecer la paga extra suspendida en 2012; en cuanto a pensiones, porque el informe de los “expertos” está concebido para cuadrar las cuentas de la Seguridad Social a largo plazo (y sin recortes nominales a los pensionistas actuales), cuando nuestro problema financiero es de corto y medio plazo.

Y tercero, semejante ajuste no podrá venir del lado de los ingresos. Las 30 brutales subidas aprobadas por Montoro apenas han servido de nada, como él mismo reconoce con incomprensible desparpajo. Ahora mismo, no existe margen para 30 nuevas (inútiles) subidas: al contrario, si deseamos aumentar las posibilidades de que España vuelva a generar riqueza, tocará bajarlos. ¿Cómo cuadrar, entonces, el tercer mayor déficit de toda la Unión Europea? Pues sólo bajando los gastos a un nivel que Montoro y sus cuates socialdemócratas se niegan a bajar.

Pírrico e insuficiente recorte

Por poner en perspectiva el pírrico ejercicio de “austeridad” de Montoro: Letonia, país que en 2008 tenía unos problemas presupuestarios muy parecidos a los nuestros (misma presión fiscal, mismo peso del sector público sobre el PIB y mayor déficit) optó por recortar su gasto público un 20% para despejar los temores de bancarrota; le costó pero finalmente lo ha conseguido: en 2012, incluso cerró con superávit sus cuentas públicas. El gigantesco tijeretazo de Montoro en 2012 apenas fue del 4,5% del gasto total: a saber, para seguir el camino de Letonia deberíamos haber recortado los desembolsos en 90.000 millones de euros, y no en 20.000.

En suma, el ministro de Hacienda no tiene ningún motivo para sacar pecho: al contrario, tiene sobrados motivos para quedarse guarecido en casa. Lejos de solventar de verdad los problemas financieros de España, sólo ha consolidado una estructura tributaria confiscatoria, un Estado sobredimensionado y un déficit insostenible. Ese es el resultado del primer año de gobierno del PP y, según nos informan, están tan orgullosos que desean quedarse ahí tanto tiempo como los mercados financieros se lo permitan. Pero los desequilibrios fundamentales siguen sin haberse solventado y nuestro stock de deuda no para de crecer. ¿Cuánto tiempo creen que puede resistir España?

Sin escuela – Presentación en Madrid

Después de recorrer gran parte del continente americano, por fin he recalado en Madrid para presentar “Sin escuela” mi nuevo libro sobre educación que está triunfando en Amazon. La presentación tuvo lugar en la sede del Instituto Juan de Mariana así que, lógicamente, el público era mayoritariamente liberal. No obstante, en cualquier lugar donde haya presentado mis libros (y éste es el cuarto) siempre distingo tres clases de personas entre los asistentes: en primer lugar, los padres que quieren desescolarizar (o no escolarizar) a sus hijos pero que están cargados de dudas y miedos. Ellos vienen con la esperanza de escuchar algo que les de ese empujón que les falta, con la necesidad de escuchar historias de éxito de sistemas alternativos de educación y con el deseo de salir de allí cambiados, lo que sucede muy a menudo. Es ya clásico el email que recibo una o dos semanas después de cualquier charla y que empieza con un sincero agradecimiento y un “mis hijos no han vuelto al colegio desde que fui a tu charla”.

En segundo lugar están los que, padres o no, consideran que el sistema escolar español es un absoluto despropósito y están dispuestos a escuchar a cualquiera que venga a cargar contra el Estado del Bienestar. A cualquiera que les cuente las historias negras del sistema escolar y del estatalismo imperante hoy en día en gran parte del mundo. Historias como la de Domenic, que le quitan el sueño a cualquiera. O teorías como la de Daniel Quinn, que explica cuándo y por qué se ha ampliado realmente el período de escolaridad obligatoria en el mundo “civilizado”.

Y en tercer lugar están los maestros, que ahora gustan de llamarse profesores, que no siempre lo son por vocación y que no siempre acuden con la mente abierta. Los maestros vocacionales que están realmente preocupados por lo que está sucediendo en el sistema aportan mucho valor al debate; son los que han analizado la situación y han extraído interesantes conclusiones, muy necesarias para proceder a la propuesta de reformas positivas; son los que están sinceramente comprometidos para con sus alumnos pero sienten que es muy poco lo que está en su mano, que la huella que puedan dejar es demasiado endeble como para ser útil. Éstos son los que felicitan a las madres educadoras en casa cada vez que conocen a una. Luego están los otros, los que vienen con la mente cerrada, que se sienten personalmente atacados y automáticamente se ponen a la defensiva. Los que son incapaces de comprender que la educación nos importa y nos preocupa a todos, a los que tenemos hijos y a los que no, a los que educamos en casa y a los que no, a los que son maestros y a los que no. Nos preocupa a todos menos a los que se están beneficiando del pútrido sistema heredado de Federico Guillermo I, segundo rey de Prusia. Es decir, a los que se llevan la mordida con los conciertos y el reparto de recursos, a las editoriales, a los maestros-burócratas y a los padres que sólo buscan en la escuela un parking razonablemente barato donde colocar a sus hijos largas horas al día.

Abro el libro al azar y leo esta frase: “A veces sucede que adoptamos una actitud defensiva cuando nos sentimos cuestionados”. Y pienso que me viene de perlas para terminar este artículo, porque eso nos pasa a todos: a los maestros, a los padres que escolarizan y a los padres que educamos en casa. Tomemos nota y actuemos en consecuencia.

*******

ps. en breve estará disponible el vídeo de la presentación en el canal de youtube del IJM