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La titiritera del PP ataca de nuevo

La cómplice de Teddy Bautista ha criticado el plan antipiratería por el que usted y yo pagamos las campañas de la SGAE no porque se malgaste dinero público en esos menesteres, sino porque ha fracasado. Escandalizada por las cada vez más exiguas cifras del cine español, ha acusado a la piratería a través de Internet de ser la responsable de "una caída de espectadores y recaudación del cine español alarmante" y reclamó un pacto con las empresas de telecomunicaciones para luchar contra ese "delito".

Según la inteligencia preclara de la responsable de Cultura del partido de Rajoy, Internet es culpable de que la gente cada vez acuda menos al cine español. Por eso mismo ha aumentado en recaudación y porcentaje el cine estadounidense. No hay más que pasarse por los sitios web con enlaces para descargar películas con eMule o BitTorrent, a las que imagino que cerrará Calvo en cuanto aprueben su ley fascista, para ver que no tienen nada más que películas españolas, mientras que los grandes estrenos de Hollywood pasan completamente desapercibidos, cuando no despreciados y escarnecidos. Mientras grandes masas de fans enfervorecidos se bajan Azuloscurocasinegro, la última de Superman es ignorada vilmente.

Cuando la diputada no está ocupada llamando, literalmente, ladrones y mafiosos a sus votantes, pergeña leyes que ayuden a que una parte importante de la población española, la que copia música y películas para uso personal, cometa un delito que hace medio año no existía. Pero dado que dichas leyes parecen estar redactadas al alimón entre ella y Carmen Calvo, sólo cabe esperar que se les cuelen errores como el que me envía Ana. La nueva ley incluye una disposición transitoria que especifica las cifras que se han de pagar por el canon por copia privada. Primero especifican una cifra distinta dependiendo de si se trata de un DVD de datos o de vídeo, una diferencia que imagino que sólo se podrá averiguar consultando a un astrólogo. Pero lo más gracioso es que para uno especifican un canon de 0,30 euros la hora y para otro 0,70 euros… ¡pero la misma cantidad por minuto, es decir, 0,011667 euros! Será que disponen de un sistema matemático avanzado al que sólo tienen acceso legisladores escogidos.

Mientras las empresas y trabajadores del entretenimiento (culturales, dirán) sigan empeñados en parar el reloj de la historia en beneficio propio, sus acciones tendrán al menos el efecto colateral y completamente involuntario de permitirnos ver qué políticos están a su servicio y no al de sus votantes. Por el momento, no hay muchos que salgan bien parados. Pero pocos podrán presentar una hoja de servicios tan lamentable como la diputada Rodríguez-Salmones.

Por cierto, me dice Ana que el juicio que le ha puesto la SGAE comienza el 15 de enero. Crucemos los dedos.

España con su cine

De las veinticinco películas más vistas del año, tan sólo cuatro son españolas, y de ellas sólo dos están entre las diez más vistas. Se trata de "Alatriste", en cuarto lugar, y "Volver", en séptimo. Hasta aquí llegó la riada del talento.

Si la gente hubiera decidido dejar de ver películas españolas sencillamente porque en su mayoría son una castaña, la solución no sería demasiado complicada. Bastaría con eliminar las subvenciones para que el ingenio de los cineastas empezara a conectar con los gustos del público. Sin embargo, quizás la fuerte ideologización del mundo del cine y de las artes, casi siempre escorado a la extrema izquierda, haya tenido también algo que ver en este pequeño desastre.

Durante la segunda parte de la guerra del golfo, los artistas se pusieron del lado de la izquierda y salieron a la calle a gritarle asesino al gobierno que nos había metido en el conflicto de las cuatro íes (ilegal, injusto, inmoral e ilegítimo). Cuatro años más tarde, las tropas españolas siguen en diversos escenarios de la guerra contra el terrorismo, incluido Irak, en cuyas aguas la fragata Alvaro de Bazán ha dado cobertura a las naves de guerra norteamericanas. De la platajunta "Cultura para la guerra" nunca más se supo.

En las últimas elecciones generales, la ofensiva de la izquierda contra su adversario político alcanzó cotas nunca vistas en una democracia. Los artistas, y en lugar preferente los actores y cineastas, fueron la vanguardia en todas las algaradas, a cual más violenta. Una de estas representantes de la cultura afirmó en una entrevista que quienes votaban al PP eran unos hijos de puta. Bien, es su opinión. Gran parte de la gente a la que iba dirigido el piropo opina que lo que hacen nuestros artistas es una mierda y por eso no van a ver sus películas. Es otra opinión.

Paradójicamente, la mayor afluencia de espectadores a las salas que proyectaban películas españolas se produjo durante el mandato del Partido Popular, que mantuvo la riada constante de subvenciones para engrasar la maquinaria, no fuera que los artistas se ofendieran y les llamaran fachas. En 2001 y 2003 las películas españolas fueron vistas por veintiséis y veintidós millones de espectadores respectivamente (en 2006 la cifra ha bajado a quince). No tengo claro que este hecho sea un mérito del que el PP deba sentirse especialmente orgulloso, especialmente después de ver cómo le devolvieron el gesto los beneficiarios de estas ayudas entre el 11 y el 14 de marzo de 2004. ¿Cuándo aprenderán que la cinematografía española, como Roma, no paga a traidores? Seis millones de espectadores lo han captado perfectamente sólo en este año 2006. No parece que sea tan difícil.

Si castigamos a las empresas, todos perdemos

Un conocido diario económico ilustraba la noticia así: "Buena noticia para los trabajadores, pero no tanto para el bolsillo de los empresarios". En demasiadas ocasiones los periodistas económicos hacen juicios de valor que no se basan en ningún principio económico, sino emocional o de puro dogma. La medida de Caldera puede tener muchas repercusiones negativas para los trabajadores y para el resto de la comunidad. Veamos algunas:

1. España es un país terriblemente regulado con un alto nivel impositivo para las empresas y el mercado de trabajo es más propio de un país tercermundista que de uno desarrollado. La nueva ley entorpecerá a las empresas más pequeñas (de entre las que tienen más de 250 empleados, que es a las que se le va a aplicar), a las más apuradas financieramente y a las más acosadas por la nueva competencia extranjera (China, por ejemplo).

2. Un evidente coste adicional en los resultados de las empresas y reducción de la producción evocará, necesariamente, un aumento de los precios en toda la estructura productiva que repercutirá, de una forma u otra, sobre el consumidor; esto significa precios más altos.

3. La pérdida de un trabajador temporalmente producirá una evidente reducción de la productividad, y teniendo en cuenta que España es uno de los países con menos productividad del mundo, obtenemos dos cosas: un menor grado de competitividad internacional y más horas de trabajo para el resto de compañeros de trabajo. En las empresas españolas el trabajo suele ser absorbido por los compañeros y no realizado por otro nuevo trabajador debido a los altos costes monetarios (contratación, aprendizaje…) y trámites burocráticos que esto supone.

4. La propuesta Caldera tendrá un efecto evidente en la relocalización de puestos de trabajo. Hace unos años el fenómeno de la deslocalización sólo se daba en grandes empresas, ahora se ha expandido a las medianas y pequeñas ubicando sus servicios centrales (departamento financiero, informático, de atención al cliente…) en países de Europa del Este. Si el gobierno aumenta el coste por empleado, la deslocalización de trabajo acelerará la tendencia actual.

5. Las leyes que penalizan el trabajo, esto es, que hacen aumentar los costes laborales tal y como hace el "Permiso Caldera" afectan más directamente a los trabajos y grupos menos cualificados. Esto significa que una empresa se lo pensará mucho antes de contratar a un joven, a un inmigrante o a aquellos que tengan un tipo de trabajo de baja remuneración. El problema es que España es uno de los países de la UE con mayor desempleo juvenil. No es por tanto una buena noticia para los recién graduados, aunque sí para la economía sumergida ya que muchos de ellos van a tener que empezar sus primeros pasos laborales en el mercado que corre al margen del control gubernamental.

6. Pero si miramos más allá aún, las cosas se ponen más feas y la incertidumbre aumenta. Parte de esta ausencia laboral va a estar pagada por la Seguridad Social que, recordemos, se financia con dinero usurpado del sueldo del trabajador y la empresa. El principal problema en este tema es el delicado estado financiero de las pensiones futuras. Por ejemplo, entre los años 2015 y 2020 habrá un fuerte aumento de las jubilaciones. El Estado, si no ahorra, y de momento lo hace en un grado insuficiente, va a tener serios problemas para afrontar sus responsabilidades con nosotros. Actualmente sólo confía en poderlas pagar por algo tan relativo y contingente como es el aumento de la inmigración que, dicho sea de paso, está enviando con sus leyes a la economía sumergida. Actualmente sólo hay una solución realista futura: subir impuestos.

Paro juvenil, disminución de la productividad, subidas de precios, deslocalizaciones… No tiene por qué ser una debacle, pero tampoco parece que el permiso de Caldera vaya a ser una "buena noticia para los trabajadores". La única buena nueva la recibe el PSOE que, con esta medida populista que demuestra una clara intención de comprar votos, verá crecer sus adeptos a sabiendas del importante sacrificio social que todos vamos a pagar. Después, en la hipocresía habitual del gobierno, éste dirá que los malos datos se deben a las empresas, que no contratan trabajadores. Lo de siempre.

Los internautas, el hombre del año

Nada más aprobarse este apuntalamiento del edificio en ruinas de las pensiones numerosos expertos y políticos han afirmado que pronto habrá que elevar aún más esa edad, o reducir las prestaciones de otra manera. En España esta suspensión de pagos encubierta se ha concretado recientemente en la elevación de los años mínimos de cotización para acceder a la prestación, dejándose sin jubilación a los que no haya cotizado más de 14 años. Pero los verdaderos problemas financieros del sistema –y las soluciones más drásticas– se prevén de aquí a 2050, año en el que el gasto público en pensiones rondará el 14,5% del PIB.

En realidad estas supuestas soluciones son bombas de achique que tratan de evitar el inminente naufragio de los sistemas de pensiones públicas. Sin embargo, el esquema de reparto público, fundamentado en la necesaria entrada de un número creciente de contribuyentes forzados en la base de la estructura poblacional, sigue siendo inviable a largo plazo. Si la realidad demográfica le da la espalda a este esquema a lo Ponzi, el timo se destapa a través de humillantes suspensiones de pagos que se reconocen en sucesivas pero continuas entregas por episodios en los que los partidos, los sindicatos y la patronal anuncian la consumación de la estafa como si de logros sociales se tratara.

Como bien indica un reciente estudio del Instituto Juan de Mariana titulado "Una sociedad de propietarios: el camino de los ciudadanos hacia la independencia financiera", la verdadera solución pasa por "elevar la cultura financiera media de las familias, mejorar notablemente la fiscalidad del ahorro y", sobre todo, "afrontar la transición a un sistema de capitalización". De este modo, las desoladoras perspectivas podrían evitarse si alguno de nuestros políticos tuviese la valentía de reconocer la tomadura de pelo –y de recursos– y observara sin prejuicios reformas como la australiana. En 1992 Australia decidió reconocer la inviabilidad del sistema social de pensiones y modificarlo de arriba a abajo. Así se pasó de un sistema de reparto a uno de capitalización. En la actualidad el 90% de los trabajadores australianos está disfrutando de la capitalización de un mínimo obligatorio del 9% de sus sueldos. Pues bien, la revalorización de estas aportaciones está convirtiendo las prestaciones subsidiarias públicas en auténtica calderilla. Pero todavía más importante que el esperable éxito económico ha sido la reubicación de las pensiones en el lado ético de la prestación de servicios, es decir, en el mercado.

El malogro social de las pensiones

La rebelión contra el totalitarismo ha tratado de controlarse tradicionalmente a través de diversos mecanismos, como la represión, la censura, la corrupción y, sobre todo, el engaño. El Estado, en sus diversas formas, ha pretendido inculcar a sus súbditos que sus restricciones a la libertad resultan legítimas y convenientes para preservar otros valores, como la igualdad, la seguridad, el bienestar; o incluso la propia libertad.

Basta con apelar a una extensión de alguna supuesta libertad para aumentar la injerencia del poder político y así limitar la auténtica libertad. Se trata de una táctica que los antiliberales han interiorizado desde hace tiempo; así, han equiparado libertad con democracia, libertad de enseñanza con educación pública, libertad económica con Estado del Bienestar y libertad religiosa con anticlericalismo. La última ocurrencia liberticida consiste en reclamar la libertad para todos los animales, que disfruten de ella en las mismas condiciones que los seres humanos.

La plataforma Igualdad Animal (IA) organizó la semana pasada una serie de manifestaciones y concentraciones en la capital de España. "Todos los animales, humanos y no humanos, somos iguales en lo que al respeto que merecemos se refiere (…) no es justo que el sufrimiento o la vida de alguien sea considerada más importante simplemente porque posea capacidades cognitivas mayores", dicen los de IA.

Así pues, la vida de un ratón, una serpiente o una gallina tiene el mismo valor y debe regirse por los mismos principios que la de un ser humano. Así pues, los carnívoros venimos perpetrado el mayor holocausto de la historia y somos culpables del imprescriptible delito de genocidio. Sólo una amnistía universal podría evitar que pasáramos el resto de nuestros días en la cárcel.

Frente a lo que afirman los miembros de IA, los animales no pueden convertirse hoy por hoy en sujetos de derecho; simplemente, porque no tienen la capacidad cognitiva e intelectiva para asumir derechos y obligaciones. De nada serviría permitir que se rigieran por un conjunto de normas éticas y jurídicas, pues no serían capaces de entenderlas y de actuar en consecuencia.

Sólo los seres humanos somos capaces de insertarnos en un sistema de convivencia y reflexionar sobre la conveniencia de las normas por que nos regimos. Podemos comprender tanto nuestras acciones como la estructura por la que se desarrollan (praxeología), somos capaces de reconocer esa misma estructura en las acciones ajenas (empatía) y podemos generalizar una serie de principios comunes (ética), lo que permite la emergencia de instituciones cooperativas como el lenguaje, el derecho o el dinero.

Esta capacidad de llegar a acuerdos sobre el respeto a la libertad ajena es precisamente lo que nos convierte en sujetos de derecho, a los que se les puede conferir derechos y obligaciones. Ningún otro animal ha desarrollado hasta el momento una facultad similar. Mientras esto no suceda, los seres humanos podrán seguir dominando y apropiándose de los animales. Lo contrario sería caer en un ridículo igualitarismo primitivista que pretende olvidar y marginar la característica distintiva del ser humano: su capacidad de utilizar conscientemente la razón para lograr sus fines respetando la libertad y la propiedad privada ajenas.

Este rasgo, no la capacidad de sentir, es lo que permite respetar y ser respetado; del mismo modo que su quebranto –la iniciación de la violencia– legitima la defensa y la represalia.

Podríamos exigir a los leones que respetaran la vida de las gacelas y dejaran de cazarlas, pero de nada serviría, ya que no son capaces de entender el contenido de tal precepto ético, por lo que no tienen conciencia de estar quebrantándolo.

La situación no es distinta en el caso de los animales herbívoros, ya que su falta de instinto asesino no procede de una comprensión y asunción del respeto a la vida ajena, sino de una determinada dotación fisiológica que les imposibilita o les hace innecesario matar a otros animales.

De hecho, los herbívoros pueden perfectamente quebrantar los derechos de propiedad de otros seres humanos (los estorninos o los cuervos pueden arruinar cosechas enteras), pero no podemos exigirles que cumplan con unas normas de convivencia que no pueden entender.

Resulta, por consiguiente, un completo despropósito afirmar: "La vida de cada animal debe ser respetada por igual, ya que no hay ninguna característica que poseamos los humanos que haga que nuestra vida merezca ser considerada como más importante que la de los demás animales". Es precisamente la capacidad de comprender que nuestra vida, nuestra libertad y nuestra propiedad no pueden prevalecer por la fuerza sobre la de otros seres humanos lo que nos distingue del resto del reino animal. Como digo, omitir esta característica central supone volver a una suerte de salvajismo donde el Derecho y los sujetos de derecho están completamente ausentes.

Las premisas deformadas de IA conducen a sus miembros a conclusiones tan pintorescas como que ni podemos comer animales, ni protegernos del frío con sus pieles, ni siquiera utilizarlos en investigaciones científica. Las ratas de laboratorio deberían desaparecer; en todo caso, habría que utilizar los peligrosos medicamentos preeliminares en seres humanos (que se prestaran a ello voluntariamente).

Los seres humanos deberíamos renunciar a nuestra alimentación, a nuestra vestimenta, a nuestra diversión y a nuestra salud por la arbitrariedad de un grupo de iluminados que pretende construir artificiales nuevos sujetos de derecho con seres absolutamente incapaces de comportarse como tales.

De hecho, aun olvidando todo lo anterior, los integrantes de IA demuestran un nulo conocimiento sobre el modo de vida y supervivencia de muchos de los animales cuyos derechos artificiales quieren imponer. Hemos de suponer que las jaulas de las granjas, los zoos y los circos deberían vaciarse por respeto a la libertad de los animales.

El problema es que los animales domesticados, acostumbrados a vivir de la manutención que les brinda su propietario, han olvidado por completo cómo sobrevivir a la intemperie (si es que no se trata de crías que han vivido siempre en cautividad). Su modo de sobrevivir ya no consiste en cazar otros animales, sino en esperar que un señor les entregue cada día la comida y la bebida.

Soltar a todos los animales provocaría tan sólo un caos monumental, que terminaría con la muerte de la mayoría en tan sólo unos días. Los animales carnívoros no sabrían cazar; otros, como los conejos, los pollos o los cerdos, no sabrían cómo orientarse, dónde buscar sustento silvestre (entre otras cosas, porque ni siquiera habría suficiente para todos), cómo esconderse de sus depredadores.

Los animales liberados morirían, y sus crías ni siquiera llegarían a nacer. Espectaculares resultados para los amigos de los animales. De hecho, las extinciones de especies se producen siempre entre animales sobre los que no recae derecho de propiedad alguno; tanto los elefantes como las ballenas han empezado a prosperar cuando se ha permitido que unos dueños los cuidaran y protegieran.

Una cosa es que los propietarios de los animales debamos mostrar cierta humanidad con seres que son capaces de experimentar dolor y otra muy distinta que debamos reconocer un estatus ético a seres incapaces de comprenderlo, renunciando a buena parte de nuestro modo de vida.

De nuevo, imponer libertades a los animales sólo constituiría una excusa para limitar la auténtica libertad de los seres humanos mediante la coacción estatal. Si los integrantes de la plataforma IA quieren luchar por expandir la libertad, tienen un largo camino por delante: que luchen contra la coacción estatal y a favor del libre mercado. ¡Será por falta de restricciones a la libertad individual donde elegir!

Animaladas progres

Sin embargo, precisamente porque casi siempre se otorga a personajes positivos, hace ya tiempo que casi todo el mundo lo asocia mentalmente con una suerte de galardón para el afortunado. La misma revista se ha encargado de confirmarlo, por ejemplo, en 2001, cuando prefirieron a Rudolph Giuliani por encima de Osama Ben Laden, quizá por temor a perder suscriptores si elegían a quien debían elegir.

Este año la revista te ha escogido a ti. La portada consiste en una pantalla de ordenador a modo de espejo que refleja el rostro de quien lo está viendo. No deja de ser irónico que, al escoger a los internautas, hayan hecho una portada imposible de reproducir en una pantalla de ordenador, viéndose obligados a hacer una animación alternativa. Hay quien lo había predicho en octubre, tras la compra de YouTube por parte de Google. Lo cierto es que, siendo importante la revolución que la web está trayendo a nuestras vidas, la elección me resulta absurda. Precisamente la gracia del invento está en elegir un solo nombre de entre todos los que pueden merecerlo y la ocurrencia de este año consiste en no elegir a nadie sino a todos. Políticamente correcto hasta la náusea.

Si querían subrayar la creciente importancia de la web en los últimos años podían habérselo otorgado al bueno de Tim Berners-Lee, aunque fuese con unos años de retraso, que al fin y a la postre fue quien la inventó. O a un par de bloggers reconocidos. Con esto parece que quisieran dar una importancia a la gente que anteriormente no querían reconocer; las revoluciones que derribaron los gobiernos comunistas en los 90 no provocaron un premio a los ciudadanos de Rusia, Checoslovaquia o Rumanía sino a Gorbachov (dice mucho de Time, por cierto, que no se lo dieran a Reagan y Thatcher). Como por otra parte parece lógico en una elección con un nombre tan individualista.

La revista tiene razón cuando afirma que la nueva web es "una herramienta para unir las pequeñas contribuciones de millones de personas y hacer que importen". También cuando afirma que "la Web 2.0 pone de relieve la estupidez de las masas tanto como su sabiduría. Algunos de los comentarios en YouTube te hacen llorar por el futuro de la humanidad sólo por la ortografía". Pero concluye que el premio nos lo otorga "por tomar las riendas de los medios globales, por fundar la nueva democracia digital, por trabajar por nada y derrotar a los profesionales en su propio juego". Qué bonito, oiga. Y, hombre, un poco exagerado, al menos por ahora.

Claro que posiblemente la elección no sea más que un ardid publicitario para lograr eco tanto en Internet como fuera de ella. Y yo he caído como un pardillo. Hay semanas que no está uno para nada.

El consumo (anti)ecológico

La idea resulta atractiva. El mercado es como una democracia, pero con varias diferencias. La primera es que se cumple aún menos aquello de "un hombre-un voto". No se vota cada cuatro años, sino cuando uno lo desea o necesita. No elegimos un representante de nuestros intereses, sino que actuamos por nuestra cuenta y no votamos por asuntos que no nos conciernen; todo lo contrario. Lo que sí es cierto es que tenemos la capacidad de contribuir a cambiar las cosas con nuestro "voto" en el mercado. Pero a lo mejor no como nos lo imaginamos.

Porque aquello de la producción ecológica consiste básicamente en renunciar a muchos de los avances de la técnica de los últimos años. Fuera pesticidas y fertilizantes. El arado romano como ideal ético. El problema es que son esos productos químicos, junto con la maquinaria, los padres de la "revolución verde": el campo es varias veces más productivo, lo que ha permitido abandonar las áreas de cultivo que, después de varios milenios, están siendo de nuevo recuperadas por el bosque. Los productos orgánicos, o ecológicos, miran decenas de calendarios atrás. Así, para producir lo mismo, necesitan más y más terreno cultivado. No está claro que sea más ecológico.

El bosque, que ha sido allanado por el hombre durante milenios, transformándolo en cultivos y pastos, ha dejado de menguar. Un reciente estudio, elaborado con una nueva tecnología (Forest Identity), más justa con la realidad, demuestra que la superficie forestal se está recuperando en el mundo. Pero no de cualquier modo. Cuando un país alcanza una renta de en torno a los 4.600 dólares por persona, la introducción de los usos más capitalistas en la agricultura hace que se reduzca la superficie cultivada, y que la recupere el bosque. No hay por qué volver al pasado.

Desalojen a esa okupa

El último botón de muestra es su justificación de la inacción del gobierno catalán ante los usurpadores de inmuebles que se hacen llamar okupas. Su razonamiento, propio de una fanática seguidora de Proudhon, es que la okupación "es otro estilo de vida".

El sector del urbanismo es, desde la ley de 1956, lo más parecido que pueda encontrarse a una economía soviética. El intervencionismo extremo en este campo ha logrado que la especulación política y la corrupción sean el pan nuestro del cada día. Tampoco se le escapa a nadie que los precios de la vivienda están artificialmente inflados por la regulación estalinista que ha vuelto artificialmente escaso el suelo disponible, las cesiones forzosas a los ayuntamientos, los impuestos en concepto de plusvalía y un sinfín de intervenciones que no dejan ni asomar al mercado libre. Pues bien, para Trujillo y su equipo "está claro que el libre mercado ha creado un desequilibrio muy fuerte" y es el responsable del actual ritmo constructor y de todos estos males.

Su rechazo de la propiedad privada y del mercado es tan evidente que resulta intrigante por qué está tratando últimamente de enmascarar su incendiaria y okupadora ley del suelo con un barniz liberal. El texto de la ley no deja lugar a dudas: se cambia el sistema de valoraciones para poder expropiar a precios de risa, se incorpora una reserva mínima del 25% de la edificabilidad para viviendas protegidas que presionará los precios de mercado al alza, se aumenta (del 10% al 20%) el porcentaje de cesión de las plusvalías generadas por la promoción inmobiliaria que ayudará a una mayor subida artificial de los precios, se permitirá a todo ciudadano opinar sobre el destino de la propiedad ajena y se acepta el nauseabundo agente urbanizador del PP (una figura con derecho a suplantar al propietario a la hora de realizar una actuación urbanística), dejando abierta la puerta a la expansión de esta nueva okupación legal al sector de la edificación. Intervencionismo en dosis de caballo que exacerbarán la especulación política y la corrupción de quienes la ejercen.

A pesar de toda esta artillería contra la libertad y la propiedad, la ministra ha declarado que su nueva ley "protege la propiedad privada y la libre empresa". La desvergüenza de esta señora no tiene límites conocidos. ¿Cómo puede compaginarse el filocomunismo de la ley Trujillo con esta presentación liberal que le dedica la ministra? Pues porque ni corta ni perezosa añade: "siempre que sirvan al interés general", un interés que parece confundir con el suyo y el de su ideología liberticida. Y es que para truquillos lingüísticos, nadie mejor que la ministra de Okupación para quien el incremento de intromisión estatal en el sector "no supone intervencionismo, sino un ejercicio de responsabilidad". Si quedase alguien con un mínimo de cordura en este Gobierno, mandarían a desalojar a Trujillo del ministerio.

La cara oculta de El País: Ultra

Estefanía dice que Pinochet era ultraliberal para poder manchar moralmente al liberalismo las desapariciones en transitivo de centenares de chilenos, y los asesinatos; crímenes que se cuentan por tres millares. No nos hace falta hablar de socialismo y crímenes para dejar al periodista en su sitio. Dice que la libertad económica sólo se puede ensayar en una dictadura, porque en las democracias el pueblo tiene la capacidad de resistirse. En concreto ha escrito hoy que los Chicago boys "no pudieron experimentar con todo vigor en los países democráticos (por la resistencia de los ciudadanos, a través de los partidos políticos y de los sindicatos) lo ensayaron con éxito con Pinochet".

¿Es que la plena libertad de mercado no se ensayó en Alemania una vez se recuperó la democracia desde el socialismo? ¿Es que Nueva Zelanda estaba bajo una dictadura cuando realizó una de las reformas liberales más profundas, en los 80? ¿Es que tuvo que ir a Irlanda alguno de los dictadores adorados en su periódico, señor Estefanía, para liberalizar la economía irlandesa? Se acordará de que Pinochet convocó un referéndum, lo perdió (por poco) y abandonó el poder. Desde entonces Chile ha recuperado la democracia. ¿Han echado atrás los chilenos las reformas económicas de los 80? No, no lo han hecho.

Todo, para Estefanía es fruto de… ¿lo adivinan? Una conspiración chicaguense. Resulta que un grupo de economistas, en plena época de Allende, "convencidos de que (…) duraría poco, elaboraron un modelo económico para Chile, que Pinochet les compró después de bombardear el palacio de La Moneda". Sí. Después de que intentara llevar el ordeno y mando no sólo a la política sino a la economía, y de que fracasara miserablemente, como no podía ser de otra manera. Recaló en los Chicago Boys porque Chile estaba en una situación desesperada, le ofrecieron un plan y al régimen ya no le quedaba otro alternativo.

El deus ex machina de esta conspiranoia es Milton Friedman, que asesoró a Pinochet, pero "no ofreció sus teorías para apuntalar dictadura alguna como hizo John Maynard Keynes en el prólogo a la segunda edición alemana de la Teoría general", recuerda Manuel Jesús González. Fue a petición de Pinochet y lo único que le ofreció Friedman fueron consejos para hacer a los chilenos más libres, aunque fuera en la economía. Más elementos de la conspiración, según Estefanía: "Su libro Libertad de elegir (firmado a medias con su esposa, Rose) fue un best-seller en ese país". ¡Ajá! Editores, libreros y compradores de libros en una clara estrategia pinochetista.

Joaquín Estefanía pinta un cuadro fauvista con la paleta llena de tópicos cutreprogres. "El pueblo siempre pararía los retrógrados planes de la derechona económica", viene a ser el título del lienzo, que se queda en caricatura. Lo único que ocurrió en Chile, como en España en 1959, es que el dictador había intentado ejercer también en la economía y, al toparse con el fracaso y vislumbrar el descontento social, confía en los técnicos porque le ofrecen lo que parece un plan viable. Lo que ocurrió es que el plan funcionó y Chile salió de una crisis social enorme. Pero el liberal no era Pinochet, sino Friedman y los economistas que supieron conseguir lo inimaginable: ganar un espacio de libertad bajo una dictadura.

Cosas de adolescentes

Como decía aquel famoso torero cuando le preguntaron por el motivo de que un banderillero suyo hubiera llegado a gobernador civil ("pues ya ve, degenerando, degenerando…"), el llamémosle pensamiento de izquierdas también degenera, pero curiosamente para beneficiar a los mismos a costa de los de siempre.

Los modos alternativos de vida que patrocina la izquierda consisten en vivir a expensas de los demás; por otra parte lo más lógico en una ideología que ha convertido el parasitismo social en una de sus principales reivindicaciones. Porque el llamado estado del bienestar no es otra cosa que la revolución del orden social espontáneo, a través de la imposición estatal de un sistema de compensaciones coercitivas.

Lo de los okupas barceloneses y el cariño que despiertan entre los políticos de la izquierda es otro ejemplo más de cómo la legalidad tiene un carácter marginal en el nuevo régimen patrocinado por ZP. La principal responsabilidad del gobierno es preservar las vidas y propiedades de sus ciudadanos, pero el gabinete friki de ZP prefiere dedicarse a regular el tamaño de las hamburguesas y a reírle las gracias a los vagos antisistema. Las actitudes de estos últimos deben traerles gratos recuerdos de la juventud, pues en el gobierno actual, empezando por el propio ZP, pocos de sus miembros han experimentado alguna vez lo que vulgarmente se conoce como "trabajar".

El gobierno actual es un grupito de adolescentes que, de pronto, se ve reunido en torno a la mesa del consejo de ministros decidido a transformar el mundo según su interpretación inmadura de la realidad. Y como el socialismo, al contrario que la derecha, no suele dejar las cosas a medias, la ofensiva contra la propiedad privada, en última instancia lo que nos distingue de las sociedades precivilizadas, se complementa con la decisión de implantar un sistema de desalojo que ríase usted del castrismo. Por supuesto no van a expulsar a los que invaden las casas ajenas, sino a sus propietarios legítimos, que es lo que mola. Y todo con la excusa trasnochada del interés social(ista), que es la jaculatoria con la que los gobiernos disfrazan sus tropelías para que el público, en lugar de correrles a gorrazos, aplauda con ganas.

Mas hay algunas líneas morales que ni siquiera a los ungidos benefactores del género humano les es dado sobrepasar. La gente acepta las chorradas de la paz perpetua y el mejoramiento social de los más débiles porque no tienen un efecto inmediato sobre su patrimonio. Pero cuando llaman a tu puerta a las cinco de la mañana y no es el lechero sino "Los Hombres de Trujillson" (© El Grupo Risa), con una orden de incautación de la vivienda que has comprado para casar al bandarra de tu hijo, como fórmula de ahorro o sencillamente porque te ha salido de las pelotas, las cosas se ven de otra manera. Con el pan de los hijos no se juega. Y con ciertos apéndices menos aún.